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    Santos Vega o Los mellizos de la flor : rasgos dramáticos de la vida del gaucho en las campañas y praderas de la República Argentina (1778 a 1808)
     por Hilario Ascasubi
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-[199]-



ArribaAbajo- XXIV -


El reo. -El escribano Siete-pelos. -El juez del crimen. -La sentencia. -Los empeños


    Más de mes y medio hacía
ya que al Mellizo encerrao
y siempre incomunicao
la cárcel lo consumía:
hasta que el alcalde un día,  5095
sin quitarle las prisiones,
a un corredor con balcones
del Cabildo lo llamó;
y en su cuarto le empezó
a tomar declaraciones.  5100

    Ese alcalde era un marrano
llamao don Judas Meirelos,
y a un don Tomás Siete-pelos
tenía por escribano:
viejo diablón y vaquiano  5105
para eso de escarmenar,
y para hacerlo enredar
en las cuartas278 a cualquiera,
-200-
que a Siete-pelos creyera
que lo podía engañar.  5110

    A ese cuarto, pues, entraron
dos soldaos con el Mellizo,
y en un banquito petizo
encogido lo sentaron;
y allí detrás se quedaron  5115
los dos soldaos de plantones,
¡ojo al cristo! y de mirones
ni uno ni otro resolló,
hasta que Luis no acabó
de dar sus declaraciones.  5120

    Allí, a la primer sentada
leyéronle el envoltijo
de Chascomún; y le dijo
el juez, peluca empolvada
que no le iba a pasar nada,  5125
si pronto, con claridá
y de buena voluntá,
confesaba de que aquel
envoltijo de papel
explicaba la verdá.  5130

    Sirviéronle de consuelo
al preso las expresiones
del juez, que allí en dos renglones
las escribió Siete-pelos;
y ya Luis sin más recelos  5135
se dispuso a confesar
sus mañas, sin ocultar
ninguna; y por consiguiente,
confiado y humildemente,
ansí empezó a declarar:  5140
-201-

    -Sí, usía, dijo el Mellizo;
por mi poca edá, confieso
que he sido medio travieso
¡cómo ha de ser! ¡Dios lo quiso!
pero ahora hago el compromiso  5145
de que me voy a enmendar,
por esta cruz Imagen cruz, y a dejar
de cometer más locuras,
que al fin tantas amarguras
me están haciendo pasar.  5150

    Entre tanto al viejo usía;
aquello que Luis hablaba
por una oreja le entraba,
y por la otra le salía;
de balde el preso ese día,  5155
queriendo hacerse el potrillo279.
hizo allí un batiburrillo
de excusas y de promesas:
el juez oía esas ternezas
serio, y tomando polvillo.  5160

    El alcalde a quién miraba
era a don Tomás, que a un lao
iba escribiendo apurao
todo lo que Luis hablaba;
y cuando concluida estaba  5165
la declaración del preso,
Siete-pelos dio un bostezo,
y a Luis lo mandó parar,
y una cruz le hizo rayar
con tinta al fin del proceso.  5170
-202-

    De allí al Mellizo lo echó
el alcalde a las crujías
de la cárcel, y ocho días
después de nuevo ordenó
el subirlo, y le tomó  5175
la confisión sin sentarlo;
y luego para enmendarlo,
descargando su conciencia,
el juez le dio por sentencia
nada más que ajusticiarlo.  5180

    El trueno de una centella
no habría aterrado tanto,
ni causádole el espanto
con que supo doña Estrella
la fatal sentencia aquella  5185
de muerte contra el juidor;
pues decía: «es deshonor
para mí el ajusticiar
a quien le dí de mamar
en la Estancia de la Flor...  5190

    Pues, aunque se haiga extraviado
ese muchacho aturdido,
¡infeliz! yo no me olvido
que Luis con mi hijo se ha criado.»
Luego, el patrón azorado  5195
con su esposa y Angelito
a empeñarse a lo infinito;
los tres en coche salieron,
y a ver al virrey se fueron
todos llenos de conflito.  5200

    Por llegar de priesa al Fuerte
los patrones se afligían,
-203-
pues salvar a Luis querían
a lo menos de la muerte;
y tuvieron tanta suerte,  5205
que a la primer diligencia
los recibió en su presencia
nada menos que el virrey,
por quien torcía a la ley
a veces la Rial Audiencia.  5210

    El virrey se enterneció
del pesar de doña Estrella;
y al verla llorar tan bella
el hombre se apichonó,
tanto, que la consoló  5215
diciéndole: -Deje estar,
amiga, no hay que llorar;
vaya, tranquilicesé,
que yo espero pronto el que
todo se ha de remediar.  5220

    El virrey dijo, sin duda:
«todo se ha de remediar,
sin saber ni calculiar
que la cosa era morruda;
pero, aunque era peliaguda,  5225
del Mellizo la escapada,
el virrey de una cuartiada,
y atenido a que dos testas
tiran más que diez carretas,
cumplió con la remediada.  5230

    Gracias a eso, le achicaron
la sentencia al delincuente,
y al presidio solamente
por diez años lo soplaron;
-204-
y allí al entrar le atracaron  5235
su cadena con grillete,
que a Luis se le hizo juguete
dejar que se la prendieran,
por tal que no lo volvieran
a las crujías ni al brete.  5240

    En el presidio pasaba
Luis la gran vida en chacota,
o en jugar a la pelota,
pues que nada le faltaba;
y allí tanto lo cuidaba  5245
la esposa de don Faustino,
que hasta le mandaba vino,
azúcar, yerba, café,
ropa, tabaco, y lo que
precisaba el asesino.  5250

    Así Luis, bien socorrido,
los patrones lo tuvieron,
y a los dos años creyeron
que se hallaba corregido
o que estaba arrepentido;  5255
pero ¡cuándo!... si en la vida
es cosa cierta y sabida
y a probarla el tiempo viene,
que, «quien malas mañas tiene,
tarde o nunca las olvida.»  5260
-[205]-



ArribaAbajo- XXXV -


La visita al presidio. -Doña Estrella. -Sus bondades. -La conmutación de la pena. -La hipocresía del preso. -La Semana Santa


    Una tarde de febrero
Luis iba a echarse a sestiar,
cuando lo mandó llamar
el alcaide carcelero,
y a su cuarto lo hizo entrar.  5265

    La entrada imprevista aquella
le hizo al Mellizo cosquillas,
y al ver allí a doña Estrella
y a su hijo junto con ella,
Luis se postró de rodillas.  5270

    Al crujir de la cadena
cuando el juidor se postró,
la señora se espantó,
y de sorpresa o de pena
cuasi allí se desmayó.  5275

    De ahí, don Ángel el primero
a llorar grueso empezó,
doña Estrella lo siguió;
y en fin, hasta el carcelero
allí también lagrimió.  5280

    Mientras, sin dar un sollozo,
-206-
seguía el Mellizo hincao,
creyendo hacer demasiao:
como que el facineroso
jamás se había postrao.  5285

    Desahogada con llorar,
la señora al carcelero
le suplicó, lo primero,
que allí lo hiciera sentar
un istante al prisionero.  5290

    Así fue, Luis se sentó,
pues la señora llevaba
un papel que allí mostraba;
en el cual, presumo yo,
que alguien la recomendaba.  5295

    Cuando entre ansias manifiestas
la dama al preso le habló,
sus palabras fueron estas
«Muchas lágrimas nos cuestas,»
y nuevamente lloró.  5300

    Después, menos afligida,
le dijo: -No te apensiones;
pues los buenos corazones
que te han salvado la vida
aliviarán tus prisiones.  5305

    Aguanta dos años más,
desde hoy que hemos conseguido,
que, el día que haigas cumplido
veinte años, libre saldrás
y esto a decirte he venido.  5310

    Ya hemos hecho lo imposible
-207-
al conseguir por clemencia
nuevo alivio a tu sentencia;
porque tu causa es horrible.
Sufrí, pues, Luis, con paciencia.  5315

    Ya sabes que en la ciudá,
o adonde quiera que estemos,
ni un solo día queremos
que tengas necesidá,
sin que te la remediemos.  5320

    Bien tratao aquí has de ser,
como en otra cualquier parte;
pues no hemos de abandonarte:
por eso vengo a saber
si tenés de quién quejarte.  5325

    -No, señora, el preso dijo:
no me quejo aquí de naide,
pues hasta el señor alcaide
me hace tratar como un hijo;
ansí, muy poco me aflijo  5330
en mi infeliz situación,
y sufriré la prisión,
de la cual saldré dichoso,
si usté y su señor esposo
me conceden su perdón.  5335

    Solamente desearía
que mi turno se llegara,
para que ansí me tocara
ver las calles algún día;
pues de aquí a la presería280  5340
-208-
siempre la veo salir,
a trabajar o pedir
limosna para los presos;
y conforme salen esos,
bien podría yo salir.  5345

    -Bueno, Luis, yo voy a ver,
esperando conseguir
el que te dejen salir
la limosna a recoger,
los días que hacen poner  5350
en el pretil de San Juan
a los Santos, que pondrán281
en esta Semana Santa,
cuyos días... allí tanta
limosna las gentes dan.  5355

    Entonces a la señora
le dijo afable el alcaide:
-No se empeñe usté con naide;
supuesto que usté no ignora
que debo yo desde ahora,  5360
por la orden que se me da,
hacer a su voluntá
lo que pida por el preso,
sin reserva, menos eso
de ponerlo en libertá...  5365

    Así le prometo a usté,
que en esta Semana Santa,
si don Luis aquí se aguanta,
sin falta lo mandaré
-209-
a San Juan; y le pondré  5370
su mesa junto al Jesús
Nazareno, que su cruz
al frente mirando está:
y allí don Luis juntará
hasta güevos de avestruz.  5375

    -¡Entonces, qué más querés,
le dijo a Luis la señora,
si me ofrecen desde ahora
que el jueves santo saldrés!
Pero ese día día debés  5380
ponerte tu ropa buena;
aunque ya pienso en la pena
que me dará el verte allí,
conforme te veo aquí,
con grillete y con cadena.  5385

    Luego, allí cuando al juidor
un atao le regalaron,
dos soldaos se lo llevaron
del presidio al interior.
De ahí el alcaide mayor  5390
con su facha pobretona,
sin sombrero y en persona,
acompañó a doña Estrella
hasta el coche, donde aquella
le dio una onza narigona282.  5395

    A tal regalo quedó
el alcaide agradecido,
y cumplió lo prometido
tal cual como lo ofreció:
-210-
pues, el jueves santo, yo,  5400
en San Juan, me acuerdo que
al ver a Luis me acerqué,
y echando mano al bolsillo
cogí un medio cordoncillo,
y en un plato se lo eché.  5405

    Muchas limosnas le dieron;
pues, al verlo allí sentao
tan joven y encadenao,
todos lo compadecieron.
Ansí, esa tarde tuvieron,  5410
para disfrutar los presos,
mucho pan, tortas y quesos,
güevos, manzanas, membrillos,
atados de cigarrillos;
y en plata ¡sesenta pesos!  5415

    Para el alcaide, un encanto
fue lo que Luis entregó,
ansí a San Juan lo volvió
a mandar el viernes santo:
y en ese día otro tanto,  5420
o algo más que el anterior,
trajo el dichoso juidor;
y desde ya283 el carcelero
lo destinó a limosnero
al astuto saltiador.  5425
-[211]-



ArribaAbajo- XXXVI -


El cacique en Chascomús. -Indulto. -El comandante complacido. -Berdún capitán



    Ya dije antes que Berdún,
después que la orden cumplió
con prender en la Salada
al Mellizo saltiador
y dejar muerto a Vizcacho,  5430
con los Indios se topó
luego en esa madrugada,
cuando al cacique rindió.
    Ya ustedes saben también
que el teniente regresó  5435
esa tarde a Chascomún
a rendir su comisión.
    Ahora me falta contarles
que en la villa se encontró
Genaro con su Azucena,  5440
quien su casa abandonó
la noche antes que pegaran
los salvajes su malón;
pues por fortuna a la moza
un Blandengue que pasó,  5445
trayendo el parte a la villa
que avanzaba la invasión,
que disparara a Azucena
-212-
ese hombre le aconsejó.
Ansí, asustada esa noche  5450
Azucena disparó,
del modo que su marido
al dejarla le encargó;
y por eso en Chascomún
con Genaro se encontró  5455
en medio de los festejos
a que el pueblo se entregó,
después que la Blandengada
a los Indios redotó.
    Bueno pues: voy a contar  5460
el cómo se presentó
Genaro con su sobrino,
a su vuelta, ante el señor
comendante general;
y cómo lo recibió  5465
don La Quintana esa vez
al teniente Vencedor.
    Antes de ver a su esposa,
Genaro fue y se bajó
en la Comendancia, adonde  5470
con su sobrino dentró,
y en seguida al comendante
a Manuel le presentó.
    Don Quintana, al ver un Indio
con Berdún, se sorprendió;  5475
pero este, que la sospresa
del comendante notó,
para sacarlo de dudas
de esta manera le habló:
    -Vengo a darle parte a usía,  5480
-213-
como es de mi obligación,
de que ya completamente
la orden que usía me dio
he cumplido: y además
vengo a pedirle, señor,  5485
que para este Indio aparente
me conceda su perdón;
y me permita llevarlo,
porque no es pampa, sino
hijo de aquel valeroso  5490
capitán Sotomayor,
que ahora más de catorce años
la Indiada lo asesinó
en la villa de los Ranchos;
cuando cautiva cayó  5495
mi hermana, la Lunareja,
la única que se salvó
con este hijo de dos años...

EL COMENDANTE

    ¡Es posible!

BERDÚN

Sí, señor:
pues ese día funesto  5500
hasta mi madre murió
a chuzazos por los Indios;
y, como antes dije yo,
sólo mi hermana y este hijo
de esa matanza salvó,  5505
gracias a que Cocomel
el cacique la libró.
-214-

EL COMENDANTE

    Cierto es, dijo el comendante,
y hasta ahora lamento yo
la muerte de ese oficial,  5510
que indefenso lo mató
la Indiada, porque postrao,
por desgracia, lo encontró
en la cama, de resultas
que el capitán se quebró  5515
la pierna en una rodada
que el caballo lo apretó,
por una fatalidá...
¿No fue así?

BERDÚN

Es verdá, señor
como es cierto que chiquito  5520
a este solo hijo dejó,
que es mi sobrino, sin duda;
y es cristiano como yo;
pues lo vide bautizar
poco después que nació,  5525
en la iglesia de los Ranchos,
adonde se cristianó:
y además, su cara dice
que es mi sobrino; y si no,
ahora que aquí está presente  5530
tan cerquita, mireló
usía, y verá el retrato
del finao284 Sotomayor.
-215-

EL COMENDANTE

    Sin duda, es muy parecido.

BERDÚN

    Además de eso, señor,  5535
hoy mesmo de mañanita,
apenas Manuel me vio
en medio de la pelea,
al punto me conoció.
A la cuenta, allá mi hermana  5540
de mí algún día le habló,
y de lo que me parezco
a ella, porque es como yo
Lunareja, ojos azules,
muy rubia y de mi color.  5545
    Pienso así, porque Manuel
hoy apenas me miró,
aunque andaba como furia,
al acercármele yo,
tirándose del caballo  5550
humilde se me postró,
y más manso que asustao
por mi nombre me llamó,
y me dijo: ¡«Lunareco;
tu hermana a mí me parió!»  5555
¿Qué mas prueba para creer
que es mi sobrino?

EL COMENDANTE

¡Pues no!
Esas sensibles palabras.
-216-
demasiadas pruebas son
que este mozo es su sobrino;  5560
y como tal, lleveló;
porque de eso y mucho más
es usté merecedor
por tanto, lo felicito;
y en cuanto a su comisión  5565
usté la ha desempeñao
muy a mi satisfación.
Ahora, quiero prevenirle,
de que hoy mismo supe yo
que este mozo su sobrino  5570
es cacique y valentón,
y quien mandaba la Indiada,
hoy al venir el malón
de manera que ha hecho usté
una presa superior;  5575
la cual pudiera servirnos
si usté aconsejandoló
lo reduce para que,
cuando llegue la ocasión,
también nosotros le demos  5580
a la Indiada un madrugón;
y entonces de Cocomel,
que ya está muy vejancón,
quizá a Rosa la libremos...
¿Qué le parece?

BERDÚN

¡Ah, señor!
 5585
Usía en este momento
dice lo mesmo que yo
he pensao esta mañana,
-217-
al ver que Manuel lloró
acordándose de Rosa...  5590
y creo, que hasta me dio
a entender lo mesmo que ahora
pensamos, usía y yo.

EL COMENDANTE

    Bueno pues: usté y su esposa,
vayan preparandoló;  5595
porque también le prevengo
el que, pronto, espero en Dios,
les daremos a los Pampas
tal susto y atropellón,
que al sur de la Cordillera,  5600
o del infierno al rincón,
con su chusma y tolderías
irán del arrempujón.
Ahora, vaya a descansar,
porque tiene precisión  5605
de reposo; y sepa usté
que a más de su comisión
ha hecho usté otro gran servicio,
que no he de olvidarlo yo.
Vaya, pues, con su sobrino.  5610

BERDÚN

    Mil gracias; adiós, señor.

EL COMENDANTE

    ¡Adiós, capitán Berdún!...


    Y Genaro comprendió,
-218-
que ese adiós del comendante
no era una equivocación.  5615



ArribaAbajo- XXXVII -


Azucena y su sobrino. -El abrazo. -¡Que olor a potro!


    Luego que se despidió
Berdún de su comendante,
con el sobrino al istante
medio al galope salió;
porque allí se anotició  5620
que Azucena se encontraba
en la villa; y dónde estaba
le dijieron igualmente,
y que fuera prontamente
porque ansiosa lo esperaba.  5625

    El teniente se apuró
desde que con gusto y pena
supo que estaba Azucena
ansiosa aguardandoló;
pero, de ahí reflexionó  5630
que no debía apurar
su caballo, a no llegar
de carrera y sosprender
redepente a su mujer,
y fiero hacerla asustar.  5635
-219-

    Pero esta, apenas sintió
que alguien llegaba a caballo
a su casa, como un rayo
trastavillando salió,
y por el zaguán corrió  5640
pisándose la pollera
hasta la mesma vedera,
donde a Genaro abrazó
de firme, y se le quedó
prendida como collera.  5645

    Después, cuando se calmó
de ese arrebato amoroso,
recién al Indio garboso
lo vido, y se sorprendió
tanto, que le preguntó  5650
a su esposo, ¿a qué venía
ese Pampa, y qué quería?
Y entonces al Indio aquel
le dijo Berdún: «Manuel,
dale un abrazo a tu tía.»  5655

    Como era poco ladino
el cacique, no entendió
lo que Berdún le mandó,
hasta que Azucena vino
y cariñosa al sobrino  5660
un fuerte abrazo le dio,
aunque la moza quedó
sin ganas de pegarle otro,
por el fiero olor a potro285
que al sobrino le tomó.  5665
-220-

    Luego, en la sala, al mirar
a Manuel tan lindo mozo,
y sobrino de su esposo,
dijo ella, lo he de curar
sin más que hacerlo sahumar  5670
con alhucema, y poner
brotos de álamo a cocer,
y que de esa agua olorosa
beba, porque es santa cosa;
en fin, veremos a ver.  5675

    Después allí lo vistieron
lindamente a lo paisano,
y al otro día temprano
para la estancia se fueron;
donde por fortuna vieron  5680
que no les faltaba nada
pues, si por allí la Indiada
pasó a la juria286 al malón,
pior juyó al arrempujón
que le dio la Blandengada.  5685

    Con todo eso, le tenía
Azucena a ese lugar
tal odio, que sin cesar
a Genaro le pedía
seguido, día por día,  5690
que buscase otro rincón
en cualesquier situación,
y fuera como se fuese,
por tal que la complaciese
mudando de población.  5695
-221-

    Finalmente, con Manuel
tantos extremos hicieron
que muy pronto consiguieron
hacerse estimar por él
y nunca amigo más fiel  5700
tuvieron, hasta que allá,
por una casualidá
se hizo el sobrino perdiz287;
y, de ese caso, un feliz
desenlace resultó.  5705



ArribaAbajo- XXXVIII -


El centinela Masramón. -La seducción astuta. -Los abusos del soldao. -El vicio



    Volvamos ahora al presidio,
donde el Mellizo quedó
recomendao al alcaide
don Silvestre Lobatón
por doña Estrella en persona,  5710
a la cual le prometió
ese mesmo don Silvestre,
que en adelante al juidor
lo mandaría salir,
-222-
ansí como lo mandó  5715
el jueves y viernes santo,
cuando en San Juan recogió
tanta plata, de la cual
la mitá se bolsiquió
el alcaide, porque luego  5720
esa pascua pelechó288
y muy currutacamente
anduvo de levitón.
    Alvierto que don Silvestre
era un viejo socarrón,  5725
como que fue presidario
sus seis años de un tirón
decían que solamente
por la amorosa razón,
de que en tres años no más  5730
cuatro veces se casó
con diferentes mujeres,
y de ninguna enviudó...
Háganse cargo, qué peine289
seria el tal Lobatón!  5735
    Luego, el Mellizo... no piensen
ustedes que se turbó
el viernes santo en San Juan;
pues también se solivió
del plato unos doce riales,  5740
para cierta operación
que esa mesma tarde allí
astuto la maniobró.
-223-
    Oigan cómo: el viernes santo,
cuando el Mellizo salió  5745
del presidio a limosniar,
dir al cuidao le tocó
de un soldao que parecía
por lo grande un fantasmón
mata siete, pero en suma  5750
era todo un bonachón
maturrango290, veterano
hablantín y preguntón
tan sumamente curioso,
que, al istante que salió  5755
del presidio, ya al mellizo
el soldao se le aparió;
y sin andar con rodeos
lueguito le preguntó,
¿por qué siendo tan muchacho  5760
estaba en esa prisión?
    Luis, que ni un pelo tenía
de lerdo291, le contestó:
    -Me encuentro en este trabajo,
le asiguro ¡como hay Dios!  5765
por nada más que porque
me desgracié292 una ocasión,
que en el campo lastimé
a un Portugués pescador,
el cual muchos rebencazos  5770
con un torzal me pegó
-224-
porque le comí un pescao;
y de pura rabia yo
le di un tajo en las quijadas:
y como al hombre le entró  5775
pasmo en la lastimadura,
esa noche se murió.
    De ahí, sin más culpa ninguna,
la justicia me agarró,
y el alcalde que era amigo  5780
del dijunto pescador,
sólo por ese motivo,
de Chascomún me mandó
por tres años al presidio,
adonde ya más de dos  5785
y medio llevo pasaos,
sin tener, gracias a Dios,
la menor necesidá;
porque nunca me faltó
plata, ni buena comida,  5790
y felizmente, señor,
cuando más de acá a tres meses
se acabará mi prisión

MASRAMÓN

    -¿Y usté tiene quien lo asista
acá en el pueblo?

EL MELLIZO

¡Pues no;
 5795
si tengo acá a mi padrino,
que es un hombre ricachón
y el Gallego más rumboso
de cuantos alumbra el sol!
-225-

MASRAMÓN

    ¿Que es gallego su padrino  5800
me dice usté? Pues, señor;
entonces es mi paisano.

EL MELLIZO

    Me alegro; pues trateló
en su casa, y cuando guste
francamente ocupeló  5805
en cualquier necesidá;
verá un hombre servidor
y amigo de sus paisanos
sí, aparcero, crealó.


    En fin, ya platicaremos;  5810
dijo Luis, cuando llegó
al punto adonde el alcaide,
conforme se lo ofreció,
junto al Jesús Nazareno
la mesita le plantó;  5815
y allí en una pobre silla
el Mellizo se sentó
con su morruda cadena
y el soldado de plantón.
    A esa hora precisamente  5820
ya el gentío principió
a pasar por esa calle;
por donde naides pasó
sin ver al preso tan joven
y tenerle compasión.  5825
    Ansí fue que a la media hora
-226-
después que allí se sentó,
tanta moneda le dieron
que de ella se manotió
seis pesetas colunarias  5830
que al soldao se las soltó,
diciéndole: -Tome, amigo;
remédiese, pues que Dios
que amanece para todos
hoy para usté amaneció.  5835
    Sin hacerse de rogar