Siguiente
Antología poética Manuel Pantigoso
El tren paraba/ sí/ en todas las estaciones/ pero toma tu café
abrígate pues y prepárate cabrilleante lago/ luminiscente tempero -mi vida-
precaria múltiple como la lluvia/el líquido calor/ el pez táctil de mis palabras
(letra cuando llega amor a los tobillos)
feo y deforme el nocturno/ espera/ demasiada larga exasperada/ de alquitrán
su bocina brumaria forja vulcano/ y repara las ruedas gastaron los ejes
menos los coches camas vagones de sueños a la luna
la despertada con su guiño/ aquella/ la del óvalo traslúcido la que ahueca
toda la plaza y el más lejano indicio
CARANTOÑA CARIÑO CARAÑUELA
es necesario oponer el ocio creador/ me dice/ la desollada mano olvida
(el otoño los aniegos son
alfombras
y ráfagas de flores)
amando de otro modo : soledoso
para saber lo que es traslado : muelle al caminar
ahorcado por propia lengua : plateada la yerba cómplice
calles largas y lisas como brazos
como sílabas silban teleféricos alambres
pa-· sa-· je-· ros-· a-· la-· no-· che-· mas-· ti-· ca-· el-·An-· ti-·guo
puúuupuúuupuúuuu capacidad ilimitada chuuucchuuucchuuuc
lucífera muralla la nubr opaca
racimos de uvas cómpreme usted
pámpanos de miel para ahuyentar noctuela
la memoria de la mesa del bar
mañana lejos
tumultuosa bocanada de humo
(cicatriz metálica/ salamandra)
me dejarás de mirar
un globo muy inflado
fosfórico rebota
cerca el enorme río
bracea llamaradas
la correspondencia lleva un rumbo no se sabe
si derretida forma parábola incompleta o cortejo sobre terraplén extraño
silencio o tempestad/ el sol sube sus escombros/ es decir tus espaldas
estrías desprendidas
¿desembarcas en la próxima?
El tren conduce y presencia su llegada a petición suya y dispone
a su propio costo el cuerpo y los sueños a su propio costo
sus alegrías lamiendo huellas venideras
saltadas hacia el yerbal
lejos de las Horas/ las porteras/
desvisto todas las flores y todas
y guijarro
( solo ahora )
la rosa
-¿y mis zapatos? ¿y mis espejos? quiero llevar conmigo mi casa vagón
y mis cortinas
-solo agua elemental y exhalación de escarcha es decir
más tierno
más leve el viento
elevando lo cotidiano a la altura del encanto y sobre todo
y todavía
LIMPIA BIEN TU VENTANA A TAJOS/ EMPAÑADA
Los tripulantes escapan a todo humo/ cancelado
el ferrocarril sigue su ruta
sin tornamesa
sin boletos
sin calderas
conoces ahora tu pecho plomada pura tu boca fuera de la noche
quinta estación crean vivaldis
sin umbrales sin ábsides celestes sin esfinge el asta de los bosques
solo jardín ramoso transporta liberado imán el corazón dentro del cuerpo
cuando alisa
sus guías ferroviarias semi
llas sin quebrantos su fecundació
n ritual su impresión de itinerarios d
e ramblas cuando chimenean al humo de las
flores y rueda abalorio sin elipse el zodiaco vertical
en lontananza convoyes confortables guarda
faros de labios escarlata su nombre el hombre sin
agujas sin puntos y rayas espira el tie
mpo cruza en el levante y abre el júbi
lo a toda velocidad llevan
EN FERROLUZ LAS POBLACIONES
No derramo hoy mi corazón ni se destruye
fogata en los jardines
hoy la contaminación ni medio ya me alcanza ni amarillan
astillas sobre el césped
hoy no me atascan los pulmones esta bolsa
llena aprisa su presa de cemento
hoy finalmente la calle ve su árbol
colgado el aire
en mis brochas tus pezones
hoy la claridad del reino
no me entibia este paisaje no lo engrillan
mercaderes en caminos
caravanas
de fresas dibujadas limpiamente
no defraudan los gorriones estos campos para siempre
(hoy mi soledad me salva de ser
de ti tu solitario solamente)
qué importa si a mi lado de horizonte
barniza al fondo distinta otra costumbre
si buenos girasoles hoy se vuelcan por mi nuca y me devuelven
mis ojos sorprendentes para verte
hoy de una vez
al fin perdura ardor en su momento
hoy que yo discurro y tú te llevas
deleitosa de veras/ confianzudo entre tu valle mi poema
hoy que mi orgasmo no tiene báscula cronómetro ni eje
y te acierta y te enlaza y a tiempo te lee hoy todavía
aunque sufras a colores esta euforia
estos surcos
que enmarcan alegre mi pena iluminada.
Encadenada tu voz al gozo sydal viajas conmigo
y se agazapan en la nostalgia los fastos tu ternura
y abruptas florecen encerradas las palabras
como el sol cuando el horizonte lo divide y lo devuelve
supiste detener el mar mas no la playa
(las olas dejaron abiertos tus aromas)
cada segundo sydal tu luz entre mis yemas
cada segundo mis ansias de irme dejando atrás para mañana
supiste abrevar mis ojos los espacios antiguos
y juntos beber los labios dolidos que se inclinan
al ausentarse mis infancias y acudir en su agonía
plácido dolor tan suave ahora y siempre ya sin término
supiste todavía mostrar recuperado el sueño
y al fondo de ese sueño el otro sueño que perdimos
para que cada uno tenga su cuota asegurada
y se busque en sus capas infinitas donde la piel se muerde
desplomada
para que se conozca en el retorno a su propio corazón
(pesa dijiste demasiado)
y se descifre
en todas las auroras soñadas desprendidas o más lejos
más lejos donde encuentra de bruces bastante espacio
nuestra hermosa y solitaria soledad deshilachada
sydal primera y siempre nueva explosión donde escondimos
la hora secreta de soplo amanecida
sydal la bienvenida
y el adiós hasta siempre el tiempo se levante
sydal la travesía
apretada sangre sydal alondra derramada.
Meio palmo abaixo do ombro
dali em diante
ficavam-lhe os braços à mostra
«Uns braços» (Machado de Assis )
Líneas Camino
debajo tus hombros y
cruz a mi pecho tu abrazo
meciendo
a pasos el tiempo tal vez descolgando
al lado del sueño despierto otro sueño
tu búsqueda
de espacio en el aire
mi red
gaviota neblinada las andanzas
(y tris la tristeza trina/ bulla suave en su quebranto)
porque son las revueltas
aguas próximas esquinas en el canto
lluvias robadas del jardín a toda costa
esa orilla de papel al fondo que inscribe
y dibuja al alboroto
nevados brazos que se encrespan y deshacen
par en par
impar tus pechos caedizos sobre el cielo
(cruzados remos sin palabras que me traen
y por ti queda
por ti
estático beso la sombra del río
hoja de agua lejana que me corta
fluidos los pétalos vacíos).
Paralelas Y quién te sueña si despiertas
la mejor fruta lo mejor de tus malvas
por tus yerbas largas hamacas liberadas
vienen de visita para darle al viento su tamaño
a la onda de tu abrazo la doble
onda con sus peces
una red distraída y constante que se tira y se le atrapa
al perder y encontrar a tientas
mecido al corazón de sobresalto
hay botón más floral de luz al sumergir
al tuyo que revienta
líquida
sin tregua
la bruma incursionada en mi calor
y atravesar paredes arrastrando aire al sol de paz
sitio de tu nombre antiguo y ya regado y todavía
no ver crecidos tus cabellos
mi memoria textual tu viaje hacia
la conciencia
coge polvo la conciencia deja impresa
lámpara votiva que me acerca
a mis labios
tus sospechas.
Ángulos Durmiendo por tus brazos ramas para el barco
ir sorteando sus cánticos gemelos
(en la vigilia -limbo- el sueño que te mueve)
y no querer cómo saltar a la misma línea si es la otra
prisión generosa quedada con mi amarra
cuando ríes y rompes a salir detrás de mi ventana
-porque duele y hace bien dices
no agotar al viento tus lampos por mis calles-
y me estiro y me aferro adivina de hastíos
al cordel de tus brazos donde cierra un paréntesis
y solo cuelga un beso pendular de mi boca
descalza huyes en vela a la pastura
y me dejas
reo voluntario
de mar horadado el horizonte
porque sé que has estado
ahora
t i n t a d e r o s a l a b a t a l l a
inundando tus sembríos
red que siempre lanzas y me atrapa y te abrevia el día
la sensación de un
domingo intercalar junto a la vida
molde que se vuelve
melancólico de caza
Como pájaro de balde broto de tu floresta diluido de sol y de algas y aspiro el sonido reversible de la yerba de la brisa desprendida de los pámpanos al pico de pura llama templando a la noche sus puntadas sus rugientes zumos manando rubores sin fin porque sabes que aún persiste la vida en sus raíces en sus zanjas en su piel de alamedas donde bisbisean párpados y rocíos de puro corazón a borbollones la existencia filtrando al cerrojo posible de evitar al calendario palpitante y lúcido como un pájaro de balde y repartir otros treinta y uno y más los sueños y ser otras primaveras caminando y herir el capullo el silencio solo de seda mientras voy dejando cada día algunas plumas como rastros para cubrir tu cuerpo claro y recogernos luego a dúo por tu flora donde pía tu sangre tu licor hasta las ramas porque el amor es ala ligera y fugitiva música y torbellino que degusta apetencias por la tarde la reclusa de vuelos la de élitros a tus hojas desflecadas a mis dedos transparentes por causa del nuevo árbol que se viene devastando guarismos otro silencio con bellotas -tu verde mar a la intemperie- subiendo con el jugo de tu peso insobornable clepsidra goteando tu migración virginal tanto y cuánto apetecible seno de todas las imágenes eufónico al cristal purísimo de frutos donde cada letra penetra al mundo flavo hasta la piel o hasta las plumas para evocar un lluvioso amanecer de adioses cuando todavía el otoño no ha llegado y sin aires es posible devolverle la vida al sueño como un
pájaro de balde.
(desde los orígenes remotos
la ceremonia colectiva
cada vena
mutatis mutandis)
De aceite y sal el río
en el fluir del árbol
pez votivo pájaro verde
de aceite y sal
mimético instinto las hojas que volaron
cubriéndote de escama y clorofila
para hacerte crecer muy al desenfado
cálida planta de agua en las arenas
en tus poros ardiéndose de soles
colorando este velero de polen de salmos que se vienen
la tierra vegetal donde me planto y
corro los ojos
los sueños muy abiertos
desgarrando la tarde salpicando las orillas.
Porque acrisolas en cendal y mimbres
candeladas y crepúsculos
porque destilas en la tarde mi pasión y mi gozo
y el corazón flexible se estremece
y el follaje lentamente
cuán rápido oscurece purificado el viento
la savia donde mojo mi mano
para repasar toda tu piel con mi íntima lluvia en tu pecho
de aceite y sal candente de sudores
mi aleta que te envuelve y te salpica
para hacerte rodar otra en la playa y otra
distinta y concertina vez
el tiempo verde
como ubre de licor que fermenta al río
cada letra en las raíces venero de la tierra
un exhalo de mantillos y retamas.
Es que desliza el cielo desvelado de la nube
el río umbilical a tus espaldas
flota y rutila al pescador en su cedazo
el cabello de tus pastos
las algas de tus muslos
como ave antigua que desprende setos y zarzas y rastrea
ceñida en mis ramas tus pistilos
a puro pico la yerba de tus pubis
la cuenca que encarama los rescoldos de la ola
de sal al fuego
para pulsar más aún el día
-hasta el exilio reprimido el vasallaje-
licuando en tus senos el sueño fluido de los lirios
y ya no ser más ni árbol ni sobral ni pájaro
solo gema verde rediviva
trillada planicie/ férvida palabra
desde el humus de tu cuerpo
hasta la brisa que chispea el polvo nuevo
Cinco (canon) -¡hola correhuela ama-rillo tras el túnel
-el eco es-capa y desabriga
y un pasajero detiene al tren
en la dirección contraria y silba y arde de espaldas
sus ilusiones
y los turistas enmohecidos y a tientas
sin poder soportar la resolana/ apiñados
juntan sombras en su propia ciudad
los azogados
y de la oscuridad corren para no sentir
la soledad en cada plaza/ dehiscentes
los relojes de agua/ alfaguaras
corren desde donde alguna vez bebieron las palomas sus arrullos
sal-picando
los pliegues rosados de sus alas
(y tu pañuelo nupcial y mi mano silábica
por alimentar la humareda agitan en el parque
veladuras
y copula el otro sueño sin amarlo)
mientras dibujan como niños aspavientos
los arcos tornasoles
saltando
solfeando
desamor por rosamor las hojas álgidas
las volutas ardidas de tu lazo/ mi ritmo y tu gracia
la hebra encontrada de mi sangre/ tu naturaleza y mi goce
veneroestampayligadura
(y los apergaminados palmares azuzando disturbios
y renuevos en la niebla)
y el sol en la palabra soplando
abierto corazón
iluminando la armonía de su enjambre
el sol del clavecín y su nervadura en fuga hasta encontrarte
sol en la palabra que te ama y te inventa y te vigila
porque la vida no se va sino se entrega
impresa como una rosa
tan igual como la vida
Cinco por cinco (fuga) Desde la lluvia que deletrea al río en la cañada
desde el templo del párpado irisado
del crepúsculo
desde el carda detenido Intihuatana
falo del tiempo
padre sol con su cenit enhiesto
hinchándole el ombligo al mundo el nuevo cusco
asoma la cabeza.
Siete (canon) Si laba a sí la va cristal hirviendo
-mi prisma y tu pantalla-
a ti me empino como animal en celo/ extendiéndote
y es un refractar tus rubores y un andar sin fin libando
terminantemente contigo
cuerpo a cuerpo hincándote con mis letras/ tu exorcismo
arbolándome tu carne mis harapos/ tus cábalas ceñidas
tus manteles servidos hasta el canto
(buen domingo
tus siete sabores
capitales)
y no eres más la rosa que se exhala y te disuelve
y desfallece
sino la rosa que te encarna y me instruye y vive
para velarme el viento de los sueños que te crean
(al sueño solo se le puede robar una ceniza)
y las ascuas por tu antigua boca afinan
hueso y sonido tras la fragua
carnadura y lienzo tras la arcilla
mientras las hojas rescinden su contrato y traspapelan
por su propia cuenta
resoplando
y de simiente a sello/ tu brújula y mi pulso
CLAVIS CORDIS en vaso rojo
rosaleda
vamos dejando áncoras y esperma
una escala de milenarios óvulos fecundados
un mural de cromáticos deudos conjurados
(de espejo de fondos de chequera)
asperjado arpegio vaciado en pizzicatos
tu cesto va de lluvia y de raíces
confluentes
amorosa mitomanía r o s a m o r
bajando tus siete letras de extravíos
multiplicando tu primer día tu última nota
cuerpo y sangre
tremedal y altura
implicada misa
y coda terrenal
desde el introito
Siete por siete (fuga)Es decir
se desbarrancan estalactitas de cuervos
yertos
fariseos del andamio
es decir
un diluvio silencioso
la constelación y del pan y del vino
el desayuno saludable del huerto justo
bien horneado
es decir
se derrumba tanta belleza y se reencarna
en el barro del hombre por la tierra
es decir la palabra
a puro aire
a pura cumbre
a puro fuego
atalaya del viento vertical y exacto
es decir la calma
tobogán después de la tormenta
al pie del Machu Picchu
despejado.
Soy el padre de mi padre
su geometría plana sin fronteras
soy el rostro de mi hijo y de mi abuelo
-atónita historia-
sus nuevas líneas y sus ángulos
algunas veces ando a trancos y otras
retrocedo en las vetas de tus cabellos quebradizos
luego nos caemos
ánima sola
por la arena
hasta que hembra y macho al fin
desnudamos nuestros cuerpos
(en la dirección de la Osa Mayor extendemos a la intemperie nuestras ropas)
-en el punto del cielo que acuatiza
la curva de la hoja que renace-
el vástago que soy
el resalto acodado de mi abuelo
lame tu extremidad derramada de sal en la neblina
así
hilvanando mi tú y tu yo
la lenta salida de tu línea en mi llanura
mi volumen de tu sueño en el espacio
por un ligero desplazamiento de la guja del sol
en tanto el candelabro -su amor tridente-
filtra el resplandor de la playa al otro lado de la colina donde el mar
se precipita
donde ciertos dioses moldeados de arcilla impulsaron el movimiento
del granito y de la arena
(algunos cuentan
que Wiracocha estrenó su corazón desde la altura
y Mama Ocllo resbaló de sus manos
preñada del rayo y de la brisa
soy el rastro del padre de mi padre superpuesto
ni burlado
ni agredido
inmune al gatillo que en la noche
lame sus uñas y en tus ojos se dispara
soy la ceniza de la marca del hijo de mi hijo
dormido y sin embargo
muy despierto
a la aventura
cruzadas las piernas y holgados los brazos
mi genealogía está en la monda del mundo de todos los tiempos
en el lomo de un toro refractario que galopa
todavía no astillado por los astros
estampando con grafitos
Delgado es el sueño de tus alas
y herbosos los huesos sobre las antiguas líneas
sobre la redondez de la pampa roza como un cuchillo el ave
le casca oído de agua bajo su vientre
más allá de la jauría los venados
olfatean el aire
encrespan su resuello
y levantan vuelo batidos por la sombra del cernícalo
(solo queda el silencio como un péndulo entre el jardín
y el jardinero)
envuelta en gasas
puedo verte ahora
inmóvil
con tu mechón de humo
acaso una simple metáfora
o un suave golpe del viento
para voltearte reloj de arena
se ha vaciado la playa
se ha cincelado tu piel encandilada por las olas
para que tu ademán aflore y estampen tus hilos
de libélula y de avispero
mientras se exilia tu luna fértil
erizada por mi pico
oleada y sacramentada por mis garras por las eriazas pampas
cuando desciendo las laderas después del naufragio de tu cuerpo
y los últimos rayos del sol no oscurecen tu hechura
cuando todos los rincones deletrean tu nombre
en la intimidad del tiempo que deshora
y la soledad lumbrosa es un boquete que despunta
y que te indaga
esculpida en el espejo
¿por cuáles líneas escapa el sol desde tu ombligo?
¿por cuáles rayos engendra la ceguera
tu espléndido secreto?
Desde inmemoriales rayas sellada la pizarra negra Encontrarás
cada piedra que viene desde el fondo del mar
cada habitante en su sitio
desde inmemoriales rayas -sellada la pizarra negra-
comprenderás el mensaje de la distancia
del humus calcinado por la brisa
en sus eriales
verdes sombras asidas a sus colinas de cascajos
electrizadas
es cierto que hallarás guarangos y coágulos de soles
por la tarde
es cierto que oirás a nietos y abuelos ancestrales
vegetar los campos
-buena familia cuchicheando en su nicho húmedo y cómplice
pero no leerás el poema acuñado en las arenas
solo cabecearás desde el orto hasta el ocaso
otros ritmos
(no olvides que algunas líneas solo pueden medirse media hora
antes de la salida y media hora
después de la puesta del sol}
así
sin contundir las pistas con las pisadas
ni el cuerpo de la pampa con sus arterias
(todo tu tiempo marcando a pulso tus estrías)
encontrarás a la larga el trazo corto
el espacio oculto
el intrincado zigzag del corazón
allí cohabitando con el sueño y la cosecha coincidirás
con sus hombres perseverantes
con sus mujeres abriéndote las manos en sus pechos
con los buenos dioses comulgando el pan y el vino
desde el levante
(rueca de peces
hilos
y telares)
allí copulando por sus propias cuentas y multiplicando sus abalorios
verás como gozan en fila sus palabras
cómo procrean laboriosamente otras figuras a ras del cielo
desflorado
-e l c o i t o d e l a a r e n a y l a s e s t r e l l a s -
allí
alfarero de la abstracción
alargarás la soga del río que llega hasta el fondo del mar
y hasta tus aletas irás soltando
y volverás a ver
al pez fuera de sus redes.
Háganse los sueños
no de memoria
sino a pulso
sobre la arena
(jadeo de tu molde
arrobadizo)
sin hacer agua háganse
la barca de tus brazos
la vela alzada de tus piernas
para remarte a todos
los puntos cardinales
y el corazón por arrecifes
encallado
para saquear a pocos
tu cuerpo
como debe ser
caído el cielo por la tierra
y sobre
todo bien ejecutada la justicia
bien distribuida
sin lugar a reclamos
para darle gusto a mi mano
y a mi boca
cada espacio tuyo
cueva o montaña
así
extenuados los salinos vientos
háganse los sueños
muy leves
como flameadas gaviotas
desde tu arena.
Nos fuimos dorando con destreza
todos los pasos/ todas las poses
(malabaristas y saltimbanquis)
desde el filo del estío hasta el resto de tus ojos
todo el alfabeto
(el oleaje llamó a ese fuego soplo de arena)
como si el poema no se bastara con su enigmas
y destellando para que la vida sea
atravesara a pocos tus mares y de su propia
marea se olvidara
hasta que fueron reverberando líneas de fuga
-gotas de sudor o cristales por la tarde-
hasta que fue extinguiéndose de sumiso
amor gran laberinto
por tu cuerpo
(lamiendo sus propias llagas
saurio prensil y loba
varados sobre las ardorosas piedras)
anclados
donde florece el fuego
volvimos tu y yo
al centro del poema
a la cueva abierta donde consumimos soledades que no lees
donde vale la pena el hilo de la letra
y la perplejidad de la sangre
la que sabe abrir la playa y reconocerte todos los días
corriendo tablas sobre la ola
penetrándote como niño primerizo encovado en un antiguo sueño
al tocar fondo el venero que sustenta todos los sentidos
ahora soy un humilde guardabosque que cuida
la tala de tu sexo
o un corderillo eternamente pastando dentro de ti
o tal vez un pájaro de alto vuelo
El lascivo gozo del mar sobre la arena Que estás cerca y ultramarina tus ojos en la arena
que estás cerca y remota la creciente y decreciente de tu cuerpo
y una cosecha de peces a mis pies en la red que se me abre
-de salados manantiales este olvido que muerde y encabrita
mi silencio y tus colinas suavísimas-
caracol o cornucopia que arena en mis oídos para decirte
no hay afonías en el mar
en tu brisa de miel o hiel libada es mi boca que se empina
y traga tus besos y pronuncia cada letra en tu marea
(tu culpa perfecta al tacto rasgueando mi voz sobre tu tela)
trenzando al sueño con tus muslos que de vuelo llevan
cristales ahuecando este vacío
esta violencia de espanto
esta realidad que nos eriza entre la niebla
labrando yo tu sexo
porque era tan buen escondite el aire donde hablábamos a solas
entrando y saliendo sin contemplaciones
holgándome a tus espaldas
y era el cielo azul río en tu dulce trampa
y lidiándote eras encrespada como mar picado
en pleamar
que estás cerca en el origen de la ola
en el precipicio
y el vértigo de tus ojos como hostia a punto de engullirme
que estás lejos de esta ajusticiada tristeza que me entregaste
sobre la piel del agua
la palabra al acecho al sementar arena sobre arena
en busca del ajuste de cuentas.
ME SACO DE TI MISMA, me invento desde tu isla desierta y flotante, desde tu arcadia autónoma y fecunda donde las piedras del río recrean a fuego lento las voces abiertas y vacías. Lleno de ti el corazón se ha tornado animal de tu cuerpo para ser sensitivo al palpar tu viento. Toda me vales en este páramo de hojas, en este espasmo rampante del verano cuando escapas hacia los montes, virgen púdica, con tus sandalias de cazadora errante y tu aljaba de infalibles saetas. ¡Oh diosa incorruptible, montañosa y salvaje, resistente a la conquista! un partidor de agua fresca y una avalancha de aves mezcla de apetito y garabato se afilan a tu ombligo cuando corres disparando al que no quiere dejarte cabo suelto, al que desea que acojas como campana esta estupenda impudicia mimada en tu follaje. Mis dedos memorizan el ansiado rigor de tu rastro para que no me pierdas, para que nada quede sin tu gemido, sin tu práctica hiriente y dura en esta fragosa celda donde me habito, en esta cuesta sin levante que me impide hacer trato soleado con tu carne, solo ceguera colgada en cada esquirla de tu luz, solo crispado fulgor hecho tizne por el aire. En tu espalda el horizonte, la mentira larga y azul del sueño y esos tus múltiples senos recogidos de la noche para alimentar a los hombres y a la naturaleza, suelta y despejada te vas con tus ninfas hacia el mar.
POR LOS CERROS REAPARECES al caer la tarde, vienes en tu carro celeste arrastrado por toros bufantes. La antorcha que llevas ilumina tu cabeza de luna creciente, el día regresa a su nido y solo de ti -siempre contigo- voy cavando un paisaje que no sea mi espejismo donde estés tan riente bajo la piel, tan corazón descalzo al resbalar en tus secretos, río o surtidor de sed. Y naturaleza pintada en agua fresca, en agua mansa, sin la furia de amarte al punto y sobre mojado sino pesando la carnada de tu aire en mi mano, tus cosas acezantes y desencajadas del mundo, sin desbocar en luceríos de palabras que atascan el fuego interior de tu mirada. Entre el ocaso y el aura en celo tu piel extática sin joyas ni adornos, como si callara, perpetúa tu virginidad andando por los bosques y deshaciendo entuertos, iluminada por la luna. Orión está colgado en el cielo por el deseo de conocer tus misterios. Desde allí te escribe y redime sus culpas aguijado por el escorpión y su espléndido veneno.
EL MAR VIGILA EN LA OLA su cresta y su pasión mientras el náufrago tirita a la deriva en su fondo de botella, en su ampollada cueva. Todo es verde-gris, agua y cielo agitando los vientos, hacia la luz. A lo lejos un puente colgante sobre los arrecifes y una dulce centinela con su flor de cafetera en los labios aguardando la sed que se gesta desde este saladero. ¡Qué arado mapa afirmado entre los sueños, qué cerúleos islotes, qué averío! Una escalera de cangrejos enfilan entre tanto sus tenazas y suben hasta las peñas donde un pájaro ilumina sus velas y caen faroles de cristales como sólidas miradas. La oscuridad se exilia más todavía. Ya no hay abismo en la alforja que me bebe y me alimenta. Solo la cruz del ancla como un tridente crucificado debajo del agua. A su lado desciendo al encuentro de tu negra cabellera hilada de luna por la vigilia de la mañana. ¡Oh amada perseguida por los manzanares y las huertas! Tu baranda es mi borde-mar. Mi apetencia es tu hormiguero de estrellas marinas, de acústicas esporas errantes por el indomable fuego de la borrasca. ¿Quién te concentrará en las arenas? Acude pronto para salvarme. Que vengan de prisa tus oceánidas y ninfas. Ahora estoy a 40º de longitud norte y a 0º de latitud sur. Aquí tus burbujas en pasmo revientan mis cavernas. Aquí eres apenas un espejo o un cascarón ofrecido en el hoyo de mi mano. Estoy a punto de irme a pique entre las algas. Mal tiempo va inundando este vacío que me sostiene nadando o sobrenadando en mi marea, en mi andadera, en mi tragaluz. Algunos peces desconfían de mis aletas, de mi remolino y hasta de la primicia de tu memoria que arrojó su anzuelo o gluglú en mi garganta. Fondo de botella. Sordomudo desierto de mi lengua. Capital silencio que bombea tu voz a lo que salga y absorbe transparente y profundo todos los límites del amor, todos los ahogos socorridos de la muerte. Llamarada de la soledad y júbilo del deseo necesito de golpe el destape de un viento amable y manso.
Calicantos de la pared del viento (1999)No importa
que la noche sea cruel
que el mismo día
sea cruel
en tu río se ajustan
mis calicantos.
Temblorosa
en el agua
tu cara se queda
y mi mano
donde acaso
ya no llegas.
De
pronto
ella
vino
y
como
atrapando
la
garúa
me
entregó
su cuerpo.
Sobre tu inocencia
escribo
sobre el umbral flameado
de palomas y gemidos
sobre tu pubis cálido
y ligero
el papel tendido de mis manos.
Turgente
bajo las olas
se ha vuelto mi corazón
animal de tu cuerpo.
Dejar la puerta abierta
para que el aire entre
y por la ventana salga.
Geometría de símbolos astrales
de irradiaciones de alados felinos
de boas atávicas
(desde el mito
se abre la iconografía
el calco avenido de otros mundos)
desarbolada mudanza
del tiempo
diálogo de la magia y el misterio
aquí la noche al tacto conoce al sol
-crisol de la memoria-
y al zodíaco en trance
(desde el círculo se convocan y hablan
llama ancestral
los otros espacios)
bajo relieve serpenteando por las vigas
ardidas formas
pleito de lo visible e invisible
Sideral se abre
la vorágine de la tela
(la sombra se desnuda con el cielo)
sus grandes geometrías sobre las aguas
sobre la línea y sus azules
el agua y el cosmos
en espirales
y el oído que habla por los ojos.
Ahora el allá
es el acá
es decir el Pez de Oro
más allá de las órbitas estelares
remando con los balseros
con las estrellas cuando caen
como hojas
como lluvia
sobre el añil del Titikaka
¿estamos debajo o al lado de ellas?
Solo el sollozo navega con la luna
sobre esta vastísima
catedral del silencio.
En los ventanales del crepúsculo
en las fosforescencias del oro bermejo de la tarde
no es el camino de riachuelos y tapiales por donde
discurre cansina la majada
es el alma del paisaje que presiente
la forma callada del artista
su aireado silencio ya sin sombra
sin retórica
paisaje que reverbera como espejo
allá a lo lejos
cuando la noche de centellas
y jardines incendiados
crean en el lienzo la distancia
abstracta como los sueños
y la luz de luna es ahora
dorado otoño
y estatua su pedestal de yerba
ya vendrá la mañana ya vendrá
su leve trazo
o lirio de papel donde plasmar
inviolada
su claridad a cántaros.
Realidad y fantasía del Sheik y su camello o una noche en el palacio de Abu Dhabi Al fin un palacio
¡Un Palacio Real!
¿verdad o ilusión engullida en la arena?
¿sueño que frotó mi lámpara para que exista
este Palacio del Sheik de Abu Dhabi?
la cabalgata de viento y giba de cristal
busca en el desierto la máscara de su propio rostro
su espejismo palaciego
o un oasis donde aplacar su sed de camello
él necesita apenas palmeras en su sombra
(y dátiles… si acaso)
él no requiere de aposentos que arden
en flores y sedas
y columnas adosadas de oro hasta su joroba
lo cierto es que me encuentro aquí sin turbante
en este imposible Palacio de los Emiratos Árabes
y nadie me sustrae esta cama ¡qué caray!
en la que me estiro y bostezo a mi gusto
donde me pierdo a cuerpo de sheik y floto
a resoplados belfos
¿existe la realidad sin embargo?
¡qué más da si estoy en esta alfombra mágica
muy abrazado a mi camello!
trepa en sombra dora babea espiga
L U N A A I C D A E P L N E M A Ó N Z T A A L U Z D E L C O R Z Ó N
A cielo raso pétalo tras pétalo
avanza el corazón hacia la boca
filtran tus manos garúas de fuego
ardientes sílabas de húmedas aves
en surcos tan prendidos de la lluvia
aroman tus cantos todos los sueños
verso del alba azulina vela
bebe la embriaguez y hierve tu ola.
Los Siete Uni/versos del Jardín de Magdalena (2015)
es la palabra que te descubre
Paredes de cal y canto
y cuartos vacíos llenos de arena
en baldes a pulso
uno a uno
hasta el fondo del patio
hasta el fondo del pozo
llevaba mi madre
toda la luna los niños juegan y juegan
a la gallina ciega que picotea la oscuridad
(al filo del abismo la risa es de cuidado
¡atrapar o ser atrapado!)
de pronto
la que tanteaba la luz
la que trocaba ilusiones por silencio
se cayó al pozo
se cayó de frente y sin aviso
al pozo del Jardín
¿quiso encontrar en su rastro la ecuación
de lo real y lo falso?
¿se precipitó por el placer del abismo?
¿se resbaló perseguida por el propio susto de su voz?
por la negrura del túnel sin salida
al rescate
descendí en pos de su sombra
(«a la oscuridad hay que limpiarla
de miasmas escorias malos olores»
decía la sembradora del Jardín)
amarrado con sogas bajé lentamente
desde la orilla del pozo hasta su raíz
la gallina cacareaba
cacareaba más
todavía
aterrada estaba por una pesadilla sin fondo
por verse sin alas
desplumada
apretada en mis brazos hasta la asfixia
subí y subí al Ave Fénix
más muerta que viva renacía
la pobre ponedora
ese domingo los hermanos
quisimos jugar nuevamente bajo la luna
no fue posible
nadie quiso ser la gallinita ciega
al día siguiente
en el centro del Jardín
un huevo blanco
blanquísimo
resplandecía sobre las raíces
del Gran Árbol del Guayabo.
La Isla de Thule o la soberanía del tiempo En el poema se diluye
el antiguo borde del mundo
hiperbóreo reino y albergue
abisma las brisas del viento
navegando entre tanta niebla
siempre a Thule se está llegando
¡lo ficcional arborescente
aderezo es de la verdad!
Remoto
desterrado
abismal asomo
Reino de Cronos el divino
hijo del Cielo y la Tierra a la distancia
(último lindero del propio septentrión)
oh Isla de Thule al borde del mundo
en los confines
¿imaginada y feliz?
vaga la Poesía
imprecisa
diluida
próxima y lejana fosforescencia
tul invisible y siempre más allá
a la altura del fuego y del aire
Sol de luna
luna de Sol
asombro pleno
entrecruzado tejido a la distancia se esfuma
antes de alcanzar la travesía de la sangre
¿dónde el paisaje borroso el entorno
el cortejo de espuma y arena blanca?
¿dónde el prado el vergel las misteriosas alas?
en la copa de los árboles las hojas difusas
el silencio de las aves los pétalos de estrellas
una línea bienaventurada desmenuza el cielo y la tierra
(el horizonte es infinito)
la isla está en la inmensidad de su razón de ser
hasta donde quiera la mar que la contiene
ella se disipa y en su límite sigue creciendo
ritmo sincopado el poema acompasa el sonido fuerte y débil
de la hondura del hombre
de su callada isla
invisible luz
suave oleaje que adormece
Thule es sensibilidad navegando y de pronto
crispación del vapor fantástico
vaho en lejanía que aproxima el fondo
sin nunca acabar en las orillas
solo los silfos de las sombras
los miríficos ensueños de la mente
sus garúas y remolinos
en la dirección del mito zarandeado por el propio viento
la reverberación de la voz es la distancia
¿Thule estás?
¿Thule adónde vas?
El jardín interior de la biblioteca de mi infancia Para mis nietos de la mano con Paulo Freyre
1. Mi biblioteca era el mismo Jardín de Magdalena
los estantes llenos de alas gorjeaban
las páginas de la mañana
letra a letra los crepúsculos
el libro de las brevas de la higuera
(su puntita de miel compartían pájaros y hormigas)
el corazón de Madre ayudaba al propio viento limpiando
las hojas secas
huerto de Sol a sombra podando
cubierta de libélulas mariposas cigarras mientras le cantaba
una antigua copla a mi padre
sus ojos en mí
se fijaron con tal fuerza al mirar
que luego sentí
una cosa muy difícil de explicar
pero el caso fue que no tuve reflexión
y le di mi corazón
fue en la esquina del Jardín allí yo la escuchaba y aprendía
alrededor de nuestra lagunita de cisnes y peces de colores
redivivos
nuevas voces limpios vuelos lectura de la misma naturaleza
fui descubriendo el libro de los insectos voladores de la luna
los árboles del cosmos
a mis padres de luchas y veladuras
fiebres y pesadillas de hermanos
barcos que se alejaban al atardecer con toda su nostalgia
dioses que por allí se quedaban como estatuas
así fui leyendo mi diccionario
ordenándolo todo según mi ritmo de alfabeto
los frutos caían servidos sobre la yerba y yo iba poniendo
nombre a las cosas con el olfato y con los dientes
de codos en el suelo
echado sobre un tronco
o subido en el columpio suelo-aire del guayabo
donde sea el Jardín allí yo leía
en mi libro en mis hojas en mi viento
una nube blanca archivaba el cielo abierto de mi infancia
2. En esa biblioteca del Jardín fui alfabetizado en las grandes
páginas verdes de los platanales
muy bien ilustrado estaba con sus racimos de frutos amarillos
y su fragancia
las hormiguitas de la fábula me enseñaron el sudor de la alegría
llevaban pedacitos de granos frescos en sus espaldas
mi Madre entre tanto se daba tiempo para pintar de blanco
aquellas piedrecillas que soñaban los caminos
(senderos del vergel insomne con su batalla de amor
todos los días)
en el jugoso palpitar de árboles y frutos
estaban grabadas historias fantásticas que yo leía bajo la sombra
y luego reconocía en los libros que mi padre me compraba
al Caballero de la Triste Figura con su lanza en ristre
para cambiar el mundo
a los dioses del Olimpo especialmente Artemisa la solitaria
que solo llevaba venablo y racimo de senos
repartidos por el bosque
a «Juan Cristóbal» que en sus catorce tomos iba creciendo
a la vida a la música al amor
(antes de llegar a la oscura edad de la razón)
¡cuántos riegos todos los días! ¡cuántas macetas de colores!
¡nervaduras y destellos! ¡enredaderas! ¡tantas lejanías!
y páginas de sonidos y olores por todas las alturas
y alto castillo de letras en el desvelado palomar
3. Así fue el abecedario de mi biblioteca
de mis primeras lecturas
los primeros nombres aprendidos desde la savia
del propio árbol del Jardín
desde las raíces de la tierra las hojas verdes y los frutos
jugábamos a construir
el árbol de la vida
(todo en la casa eran palabras sueltas nervios
del libro que yo enhebraba)
desde que el día empinaba su trino
desde que el ocaso anunciaba sus violetas ascuas
el libro cerraba sus páginas y se reabría
durante el sueño
la realidad de la ficción y de la imagen eran
(por su propia cuenta)
rocío fantástico
el velado rostro de las cosas que nos miran
un escarabajo sobre una rama nunca visto por las flores
sus élitros fantasmales zumbando el universo
un capítulo jamás leído en cautiverio
los primordiales árboles conviviendo con las sombras
con los lirios de una melodía muy antigua
grietas y cascajos y llantos
rasguños de poeta leían en la soledad de cada canto
los libros de la biblioteca de mi infancia.
Atisbo la piel fugaz del río
las rugosas nubecillas
las lajas del agua como lavadas sombras
los cercos del aire
la mirada del espejo
tus pinceles bajo el brazo
desde el Jardín más hermoso mi Madre
ofrece nísperos a los pájaros
nada parece haber muerto en la tristeza de los años
en los oscuros caminos de siempre donde
las luciérnagas encienden sus alas
y se incineran
porque morir es fácil y vivires lo que cuesta
acodado en la hoguera de los techos
de los trenes extraviados
cortándonos la cara los largos túneles negros
nuestras largas caminatas hasta hallarnos Padre
una salida
es difícil
pero a sueño de arder se aprende
a conversar contigo en el silencio blanco del parque
en la estación próxima (donde fuera)
a parar otras violencias
otras vigilias que se pierden
otros olvidos que sobreviven este infierno
de salivar en mi sobresalto tu reseca lengua.