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Bienvenido [Fragmentos]

Marta Brunet





«Juan Ramírez detuvo el caballo y se quedó contemplando el paisaje con las pupilas deslumbradas por la luminosidad meridiana. Lleno de sombras, resonante por el despeñarse de la cascada, húmedo por la evaporación de las aguas, el estrecho desfiladero terminaba bruscamente en un altozano, atalaya que abría sobre el valle. Los árboles desaparecían, las montañas se separaban a ambos lados, para luego, en línea recta, encajonar la vega: en la perspectiva se unían en una niebla azul. De ese fondo en que se escalonaban los volcanes blancos, las cordilleras pardas y las montañas verdegueantes, bajaba el río en una lonja de plata que a ratos esplendía al sol, que a ratos se ocultaba entre matorrales. En las cercanías del desfiladero se enanchaba el río llenando la cuenca formada por las montañas próximas y una laguna oval, de aguas quietas, profundas, reflejaba el cielo moteado de nubes blancas».



«Se peinaba como Pola Negri, se vestía como Bebe Daniels, gesticulaba como Constance Talmadge [...] y Enriqueta hacía el mohín favorito que aprendiera de Mary Pickford. A ella que amaba lo novelesco, lo imprevisto, la vida le ofrecía ser la protagonista de una novela estupenda...».



«Hablaba Marcela arrastrando las erres con una voz ronca que hería el oído, pero desde luego no la juzgó Juan francesa. El tipo era extraño y tampoco podía dársele nacionalidad. La melena rubia estaba partida al lado por una raya y con una gran onda tapaba la frente que se adivinaba grande y abombada; bajo esa cortina las cejas desaparecían y los ojos se tornaban misteriosos, inquietantes y obscuros, rodeados por un halo azulino. Un trazo de pintura los alargaba tirándolos hacia las sienes en una línea oblicua y ahí, en ese solo trazo, estaba íntegro el atractivo de la fisonomía que parecía venir de otras razas. La cara era de triángulo que tenía por vértices las sienes y la barbilla aguzada. La boca se dibujaba alta y pequeña, vermellón y húmeda. La nariz de pilluelo, respingada y graciosa, parecía husmear la vida alteando voluptuosamente».







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