Descripción de la Palestina
Fidel Fita Colomé (S. I.)
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En Tierra Santa. La Judea, la Samaría y la Galilea, por D. Antonio Bernal de O'Reilly, Correspondiente de la Real Academia de la Historia, Cónsul general en Siria y Palestina. San Sebastián, 1896. En 4.º, págs. 306.
No pocos autores, desde Chateaubriand y Lamartine, han trazado durante la presente centuria el cuadro de sus observaciones y sentimientos al recorrer la Tierra Santa en que obró Jesucristo la redención del linaje humano; pero muy pocos libros, escritos á este propósito, ofrecen para la historia de España tanto interés como el presente, del que allí fué Cónsul general de nuestra nación, y bajo este concepto ninguna puerta halló cerrada para el estudio atento y reflexivo que en sus amenas páginas desarrolla. Desde el puerto de Jaffa, donde desembarcó, se le sigue con placer, mezclado no raras veces de admiración, por toda la Judea, Samaría y Galilea, porque no hay documento que no examine, ni monumento que pase por alto, si en ellos se refleja el idioma, la acción tutelar y la piedad é ilustración de nuestros mayores.
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«Media hora, dice1, después de haber fondeado (en el puerto de Jaffa), llegaron en dos lanchas entoldadas, una con la bandera de Tierra Santa y otra con la española, el Reverendísimo Padre Mora, presidente ó guardián del Hospicio y convento latino de Padres franciscanos de Tierra Santa y otros Padres, también mis compatriotas, para recibirme á bordo, y conducirme á su morada hospitalaria. Mi sensación fué grande al verla tierna acogida con que fuí recibido y saludado delante de aquellas costas en lengua castellana. Si nada hay más dulce en la extranjera tierra que el familiar acento del idioma natal, ¿cuánta delicia debe derramar en nuestra alma cristiana oirlo pronunciar por tan dignos varones en tierras tan sagradas?... En 1806, retiradas de Levante las tropas francesas, los turcos volvieron á incendiarlo (el Hospicio-convento); —319→ y en 1819 se reedificó á expensas de España, que en ello invirtió la suma de 90.300 reales. La reedificación fué de madera, como anteriormente, por no consentir el Gobierno turco que fuese de cal y canto, hasta que hallándose la Siria en poder de Mohamed-Alí, obtuvieron los Padres Franciscanos construirle de piedra, cuyos gastos pagó España, costando 450.260 reales de vellón. También se compraron con dinero de España dos casas contiguas en la parte oriental, más elevada, del convento; las cuales sirven, la una de hospedería y la otra de alojamiento para las dignísimas y ejemplares religiosas francesas, Hermanas de San José, en donde tienen la escuela, pues se dedican á la enseñanza. De todo esto se deducirá que el Hospicio y convento de Jaffa es de España, como pueden serlo los conventos, es decir, de patronato real y bajo la protección de España, tanto más cuanto que el guardián ha de ser español, según se manda por los Estatutos para el gobierno de la Santa Custodia en el cap. VI, art. 68; yo también así lo creo, y nuestro Gobierno lo cree; pero hay quien dice que no; más tarde diré cómo pienso sobre esta controversia, que apasiona á todos, sin poder remediarlo.» |
A este paso, el Sr. O'Reilly va dilucidando todas las cuestiones que atañen al patronato real de España en Jerusalén, Belén, Nazaret y otros parajes de la Tierra Santa en donde, á manos llenas, la nación española derramó los tesoros munificentísimos de su piedad y devoción fervorosa.
Bien recordamos cómo el actual Emperador de Alemania, Guillermo II, recabó no há mucho del Sultán de Constantinopla la adquisición del Santo Sepulcro de la Virgen Santísima en el Huerto de Getsemaní y lo devolvió al culto católico al que había sido arrancado por los griegos cismáticos desde el año 1740; mas no conviene olvidar lo que, fundado en la documentación de los Archivos de la Custodia de la Tierra Santa, hace observar el Sr. O'Reilly, demostrando2 por las Bulas de Inocencio VI (1360) y Urbano V (1362), que el Rey D. Pedro IV de Aragón adquirió entonces aquel monumento augusto á gran precio, con beneplácito y gratitud de la Santa Sede.
—320→Algunos años antes, la largueza liberal de tan preclaro monarca se había señalado con enviar una embajada al soldán de Babilonia, solicitando permiso para reparar la basílica del Santo Sepulcro de Cristo y la del monte Sión ó Santísimo Cenáculo, destinando al efecto un navío cargado de mercancías, de cuya venta se lograse un fin tan apetecible. Fueron de embajadores el franciscano D. Fray Antonio, arzobispo de Hierápolis en Frigia y Pedro de Mediavilla, comerciante y ciudadano de Barcelona. Precedíales en 1346 la bendición de Clemente VI, que había sido elegido Papa en 7 de Mayo de 1342. El precio de la venta, conforme á lo pactado, ó reconocido como mandato del Rey, había de entregarse al arzobispo, elevado á esta dignidad por Clemente VI para la mejor difusión del cristianismo en Oriente3. Sin embargo, el corazón avaro y orgulloso del Mediavilla se propasó no solamente á retener para su provecho la cantidad destinada á tan santa obra, sino que se alzó con todo el honor de la embajada, y no consintió que el Prelado metiese mano en cosa alguna, en términos que enterado por el arzobispo el Papa, justamente se lastimó y escribió al Rey la siguiente carta, que original se guarda en el Archivo general de la Corona de Aragón4. Está fechada en Aviñón, á 5 de Julio de 1347, y solicita del Rey lo que sin duda obtuvo, es decir, la justa pena y reparación del enorme agravio. Dice así:
(Al dorso.) Carissimo in christo filio Petro Regi Aragonum Illustri.
Mil otros datos de grande importancia yacen como éste inéditos ú ocultos en el fondo de los archivos, que convendría dar á conocer.
El rastro luminoso que ha dejado trazado el Sr. O'Reilly por semejante camino de investigación es muy apreciable, y ojalá tenga muchos imitadores en lo sucesivo.
Y no se crea por ello que la obra de tan distinguido autor se circunscribe á demostrar la gloria de España en la Tierra Santa, por más que sea éste, á mi entender, su mérito culminante. La descripción animada y bella, la ciencia metódica, la exposición sobria y exacta á la luz de todos los adelantos modernos, recomiendan —322→ esa labor magistral á la lectura del sabio y del peregrino, que buscan, éste la devoción y aquél el conocimiento científico del país que tan profundo y dilatado fundamento presta á la Historia universal de la Humanidad.
Por esta razón estimo que la obra del Sr. O'Reilly debe ocupar lugar si no preferente, por lo menos notable entre las que ha dado á luz nuestro siglo sobre tan valioso tema, siempre antiguo y siempre nuevo, de la Tierra Santa de Palestina.
Madrid, 25 de Mayo de 1900.