El Cicerón
Gian Carlo Passeroni
Traducción del P. José Francisco de Isla
I
Voi a cantar del Orador Romano
Las glorias, las costumbres,
las empresas,
Que su ingenio, su acumen Soverano
En todo
el Universo dejó impressos:
Su vida cantaré;
y si viene a mano
5
Puede ser, que entre lágrimas,
no gruessas,
Cante su muerte; si antes, o primero
No me
pongo yo ronco, o no me muero.
II
Y Tú,
Febo, dispón una Corona
Para este Musiquillo poco
diestro,
10
Aunque sea hyedra remolona,
Que le baste a su
Numen, o a su Estro;
Y encomienda a la Musa más pelona,
Que con el brazo diestro o el siniestro,
Me traiga un frasco
de agua o de aquel vino
15
Que llena el alma de furor Divino.
III
Y vosotros Señores, y Señoras
Que parte estáis en pie, parte sentados
No hagáis
ruido a lo menos por dos horas
Ni me hagáis la
mamola a los costados:
20
Antes oíd benignos las sonoras
(Si sois, como parece, hombres honrados)
Voces, conque
a contaros me aparejo
La Historia que encontré en
un Libro viejo.
IV
Este es un Libro raro y de vosotros
25
Serán mui pocos los que le ayan visto.
No le tengo
mezclado con los otros,
Sino cerrado, porque no esté
al pisto:
Yendo un Abuelo mío a comprar Potros,
A un Annio le compró, hombre mui listo,
30
De Viterbo,
el qual puso en el Cartón:
Vida de Marco Tulio Cicerón.
V
Este título estaba en Castellano,
Mas
por adentro es un estraño idioma,
Ni Tudesco, ni
Arábigo, ni Indiano
35
Que no se entiende; ni en él
hai punto, o coma.
Y aunque todo el carácter es Romano,
Y se escribió, a mi ver, dentro de Roma,
El Autor,
por la cuenta, fue Caldeo
Porque se llama JUANBARTOLOMEO.
40
VI
Este su nombre es, y aunque pudiera
Mil cosas
decir de él, y todas buenas,
Las callo; porque ya
sabe qualquiera,
Que esto de escudriñar vidas agenas
Es algo peligroso, y el que quiera
45
Saber las del Autor,
a manos llenas,
Espere a que su vida se publique
En Londres,
en París, o Mozambique.
VII
Saldrá
sin duda en Francia, o en Venecia,
Porque lo lleva assí
el Siglo corriente,
50
En el qual toda pluma sabia o necia,
Dar quiere a conocer la docta gente,
Y aunque de cosas
nuevas no se precia
(Bien que de esto hai también
algo al presente)
Se hace honor, y mui grande a los Letrados
55
Que vivieron allá en tiempos passados.
VIII
Y no sólo se enciensa hoi a los muertos,
Sino también
se buscan sus escritos,
Sin distinguir los falsos de los
ciertos
Ni los comunes de los esquisitos:
60
Bien, o mal
se traducen sus aciertos,
Y se imprimen por hombres eruditos.
Y estraño, que una obra tan nombrada
No esté
ya traducida, y estampada.
IX
Hai quien diga, que
este manuscrito
65
No sé quién le encontró
en la Isla de Delfos,
Y que a Italia le trajo un Erudito,
Que fue allá en los tiempos de los Güelfos.
Otros, que se la dio un tal Rey de Egipto,
Llamado Filadelfo,
o Filadelfos,
70
Antes que ardiesse aquella Librería,
No se sabe en qué año, ni en qué día.
X
Quizá el uno y el otro desatina.
Lo cierto
es, que el Autor de nuestra Historia
Fue persona de rara
y gran dotrina
75
Y en la antigüedad con mucha gloria
Fue mui versado, siendo obra divina
Para un Poema, según
la perentoria
De Aristóteles regla, y de Argensolas,
Que debe ser la acción única y sola.
80
XI
Porque assí como aquel, que todo un día
Se estuviesse comiendo en su possada,
No más que
una comida el tal haría,
Bien que fuesse una acción
algo alargada;
Del mismo modo en nada desvaría
85
Quien
diga, que la vida continuada,
Ni interrumpida de nuestro
Cicerón,
No fue más que una sola, única
Acción.
XII
Fuera de la unidad tan necesaria
De la Acción, igualmente se ha guardado
90
El tiempo,
que, según ley ordinaria,
Debe ser mui medido y limitado;
Y por esso no llega a centenaria
Su edad reducida (si no
ha errado
La quenta el que la hizo) al breve espacio
95
De
sesenta años, según Flaco Oracio.
XIII
En sesenta años, poco más, de vida
Hizo
cosas tan grandes, tan estrañas,
Que parece impossible
hallar cabida
En tres siglos a todas sus azañas;
100
Las que Juanbartolomeo, con subida
Pluma escribió,
y con sus buenas entrañas.
A la obra añadió
Notas preciosas
Que cierto pueden ser mui provechosas.
XIV
Como yo no sé hacer cosa de mío,
105
Y rabio por hacer del Literato,
Vínome a la cabeza
el desvarío,
O (si es frasse mejor) llámase
el flato.
De entremeterme a Traductor sombrío,
Como
allá lo hizo Arloto, en aquel rato,
110
Que resolvió
la traducción ayrosa
Del verso de Virgilio en buena
prossa.
XV
Verdad es que yo hice lo contrario;
Porque la prossa la traduge en verso
Con la escolta de
un buen Vocabulario,
115
Que es conocido en todo el Universo;
Y a la sombra también del gran Rimario
De Rengifo,
a quien nunca he sido averso,
La prossa escrita en frasses
elegantes,
La eché a perder en bajos consonantes.
120
XVI
No quiero, ni imitar quiero al Trisino,
Que
(a la Griega) escribió en verso no atado
La Italia
libertada: Libro divino,
Pero nadie le lee, por lo cansado;
Y es que un verso vulgar, aun el más fino,
125
Quando
del consonante está privado,
Es un cielo sin Sol,
y sin estrellas,
Campo desnudo de sus flores bellas.
XVII
Ni menos seguir quiero al Estudiante,
Que, engañando
a su Padre, le escribió,
130
Que en esdrújulo
rígido y constante
Renovaba al Gofredo, en lo qual
no
Le echaba Sanazar el pie adelante;
Y a esto, Señores
míos, digo yo,
Que van iguales los Poetas, quando
135
En sus versos se están esdrujuleando.
XVIII
Ni escribo en ciertos versos forasteros
Que son más
largos de lo necesario,
Y a Bolonia, de Reynos estrangeros,
Trajo un Poeta un poco estrafalario.
140
Vergüenza
es que Italianos verdaderos
A los Franceses sirvan sin salario.
Tampoco escribo en consonantes mochos
Porque es cosa de
simples, o de chochos.
XIX
Pero aquí será
bien, que yo me escuse,
145
Antes que algunos me hagan el processo,
Porque tal qual de aquellos, que yo acuse
(Quizá
con un poquito más de exceso)
No se queje de mí,
y aun me recuse.
Protesto, pues, declaro, y lo confiesso
150
Que hablo de hombres y gentes ya passadas,
Ni más,
ni menos, que los de oy, taimadas.
XX
Porque, Señores,
es mui natural,
Que, oyendo mis octavas, diga alguno
Aora
habla de una tal, aora de un qual;
155
Pero será un grandíssimo
importuno,
Porque, fuera de hablar en general,
No conocéis
vosotros a ninguno;
Antes tal vez, testigo me es San Pablo,
Ni aun yo mismo conozco de quien hablo.
160
XXI
Y no quisiera fuerais como aquellos,
Que oyendo reclamar
contra algún vicio,
Como si libres de él se
vieran ellos,
Le aplican a Sempronio, a Cayo, a Ticio.
Quando, si descubrieran bien los sellos
165
De su pecho, y tuvieran
algún juicio,
Hallarían allá en sus
corazones,
Que con ellos hablaban los sermones.
XXII
Por tanto si en aquesta mi leyenda
Se halla algo
que aproveche, o que edifique,
170
Cada qual a sí
mismo se lo aplique
Dejando lo que al otro le comprenda
Y no avrá quien esto me replique;
Que assí
se hace en comida, y en merienda:
Cada qual come lo que
a él le toca,
175
Y deja lo demás para otra boca.
XXIII
Ninguno vestir quiera la Garnacha,
Que el
sastre no cortó para su talle;
Si acaso le tocare
alguna tacha,
No mude de color, súfralo, y calle,
180
No sea que, mirándole a la facha,
Su oculto
pecadillo eche en la calle;
Porque juro al concurso todo
junto,
Que yo disparo al ayre, mas no apunto.
XXIV
Antes bien, yo no soi el que dispara,
185
Que es Juanbartolomé:
si a alguno toca
Algo de munición azia la cara,
Tenga paciencia, y cósase la boca,
O quéjese
de él, quando le encara,
No de mí; porque
tengo el tapaboca,
190
De que sólo vertí literalmente
Lo que él nos dejó escrito francamente.
XXV
Pero aun el mismo Juanbartolomeo
Si no me engaño
mucho, es disculpable,
Pues todo su gritar, y su vozeo
195
Para en humo, y su golpe formidable
Es de rabo de zorra,
a lo que veo
Que, con toda la fuerza imaginable
De un Gigante,
no quiebra las costillas,
Y a lo más limpia el polvo
de las sillas.
200
XXVI
Él lame como el
perro mas no muerde.
Porque es un hombre mui caritativo.
Si a alguno la conciencia le remuerde,
Bien puede agradecerme
lo que escribo;
Porque, si el tal Autor fuera algo verde,
205
Y tocara a los hombres en lo vivo,
Por más Moral,
por más docto que él fuesse,
No aya miedo,
que yo lo tradugesse.
XXVII
Algún Traductorcillo
acaso avría,
Que rendiesse esta obra como propia
210
Y la conciencia no le mordería,
Pues siempre
de Ladrones huvo copia:
Más de uno, sin temor, que
algún día
El hurto se descubra, a sí
se apropia
Obras agenas, y se llama Autor
215
Siendo no más
que un triste Traductor.
XXVIII
Si añade
algo de suyo, es un dislate
(Como yo añadir puedo
más de dos)
Y le parece al pobre Botarate,
Que
campara (mas no lo quiera Dios)
220
Con el sudor ageno:
disparate
De que ya se burló un tal Juan Quirós,
Diciendo, que este tal es la corneja
Que en cueros en la
calle se la deja.
XXIX
Mas yo no soi capaz de tal
engaño,
225
Y no me apropio aquello, que no es mío.
La alabanza, el provecho, y aun el daño,
Si hai
alguno, todo es del buen Judío
Mi Juanbartolomé,
que, sin engaño,
Lo chistoso mezcló con lo
que es pío:
230
Lo mismo hacer yo pienso; pues pretendo,
Que la verdad se puede hablar riendo.
XXX
Hai
ciertos gustos (no es el mío de ellos)
Que condenan
a todo Autor gracioso,
Y solamente dan quartel a aquellos,
235
Que escriben serio, grave, y ponderoso,
Como el Petrarca,
mas hai estilos bellos,
Y yo he de ver, aunque es dificultoso,
Si es que acierto a mezclar utile dulci
Como el buen Caporali,
y el buen Pulci.
240
XXXI
Y pues Sócrates
dice (y yo lo digo)
Que el reír gustar suele a las
personas,
He resuelto, aprobándolo un Amigo,
Para
que rían Legos, y Coronas,
Este Libro imprimir; él
es testigo,
245
Que no temo a Catones, ni a Catonas;
Y ha de
andar por el mundo en mi conciencia
Como la Inquisición
me dé licencia.
XXXII
Otro qualquiera Autor
nos vendería,
Que la tal obra avía traducido
250
Sólo por divertirse; y juraría,
Que aviendo
treinta Octavas concluido,
Toda la vecindad con gritería
A darla luego a luz, le avía impelido,
Y que en
fin sus Amigos, dicho y hecho.
255
La avían estampado
a su despecho.
XXXIII
O diría sino, que
un Cavallero,
Un Duque, un Cardenal, un Personage
Se lo
avía mandado; y a su fuero
El rendirse era deuda,
era omenaje:
260
Yo, que no sé mentir, quando no
quiero
(Y aun por esso no soi Sastre ni Page),
Vuelvo a
decir en frasse lisa y llana
Que la imprimí, porque
me dio la gana.
XXXIV
O porque oy no se tienen
por discretos
265
(Se entiende entre los lobos) los Autores
Que dan obra a luz sin diez Sonetos
Llenos de sus aplausos,
y loores,
Cien pondría yo aquí, todos perfetos
Y que nadie avrá visto otros mejores,
270
Sino
creyera, que están mejor servidos
Mis Letores, en
darlos por leídos.
XXXV
Pues podría
quizá decir la gente,
Que yo mismo, con ruegos y
dinero,
Los avría comprado infamemente
275
De los que
hacen venal pluma, y tintero.
O que eran todos partos de
mi mente,
Y a falta de un vecino lisongero,
Escribía
yo mismo mis Anales.
Como oy lo hacen unos ciertos tales.
280
XXXVI
Assí lo dice un Libro, que vi
este año,
Y está escrito con sal, por vida
mía;
El qual ha de tratar, si no me engaño,
De eruditorum Charlatanería
Y explica con gracejo,
y gusto estraño
285
Las artes, la malicia, y picardía,
Conque los hombres ponen asechanzas
Para cazar sus propias
alabanzas.
XXXVII
Por tanto yo aconsejo al Letor
pío,
Que no juzgue del Libro ontes con antes
290
(Si ser no quiere del vulgar gentío)
Por lo que
dicen de él los aprobantes,
Ni menos los Poetas:
desvarío,
Que llorará con otros semejantes
Pues mejor no hace a un Libro (dice Erasmo)
295
Ni peor, el
elogio, ni el sarcasmo.
XXXVIII
Si el éxito
tuviere, que yo espero
Este Libro, otra vez será
estampado,
Con el aumento de otro casi entero.
Imprimiráse
el texto azia este lado,
300
Al otro la versión,
y al Estrangero
Se avisará en Gazetas de contado,
Para que acuda con las suscripciones,
Y anticipados vengan
los doblones.
XXXIX
Se venderá más
caro al subscribiente,
305
Como se lo ha enseñado la
experiencia,
Y en esto me acompaña mucha gente,
Si lo quiere decir en su conciencia,
Y porque a un Libro
nuevo comúnmente
Ilustres nombres dan gran excelencia,
310
También a esto tengo proveído,
Que no
soi bobo yo, ni me descuido.
XL
Veránse
al fin del Libro relatados
Nombres de Ilustres Claros Personages
En la gran lista de los Associados,
315
Unos que concurrieron
con sus gages,
Otros sólo fingidos, o soñados;
Y por librarlos de émulos y ultrages
El nombre llevará
en la misma frente
De un Duque, de un Marqués, o
un Presidente.
320
XLI
Este tal Duque, Conde, o
lo que fuere,
Hará que se respete la obra mía,
Y quando en pasta fina se la diere
Lugar la hará
en su inútil Librería,
Y con un te lo estimo,
si ocurriere
325
Algo mandar, salió ya el tal día,
Quando no me haga el mismo cumplimiento
Que dejó
al Ariosto mal contento.
XLII
Antes bien pienso
a varios Protectores
Dedicar cada canto, grandes todos
330
Por sangre, por riquezas, por honores,
Y atestarlos
mui bien hasta los codos
De Títulos, dictados, y
esplendores,
Haciéndolos venir desde los Godos:
Con esso lograré en Italia tantos
335
Mezenates y Amigos,
como Cantos.
XLIII
Un Prólogo he de hacer
largo, y difuso
Como es uso, y costumbre; o encargarle
A un hombre docto (que también es uso)
Teniendo
gran cuidado de cargarle,
340
Con los nombres de todos (no
en confuso)
Que al Libro se dignaron de alabarle;
Y alabarlos
a ellos quanto pueda,
Que esto es pagarlos en igual moneda.
XLIV
Si me llamaron docto, y erudito,
345
Yo los he
de llamar Sabios, Profundos,
Pues ya entiendo la zifra algún
tantito,
No ignorando lo que hacen los inmundos
Asnos,
quando los pica algún prurito,
Que uno a otro se
rascan mui jocundos,
350
Y esto es en pluma Crítica
y moderna
La verdadera Caridad fraterna.
XLV
Haré
por denigrar a otros Cantores,
Diciendo, que son unos Animales,
Como lo hacen oy muchos Escritores,
355
Que atacan malamente
a sus Rivales,
Y quieren infamar a los Autores,
Aunque
doctos, y sabios, con los quales
Presumen aspirar a competencia,
Tratándolos con poca reverencia.
360
XLVI
Hácenlo muchos, porque saben ellos,
Sino de cierto
mui probablemente,
Que ellos serán tratados como
aquellos,
A pesar de su mérito eminente,
Y por esto
se esfuerzan a perdellos,
365
Sino a las claras, clandestinamente.
Porque es consuelo (dijo un tal Bartolo)
Quando uno ha
de caer, no caer solo.
XLVII
Mostraré, que
un Poeta ha de ser grato,
Ha de enseñar con dulce
Magisterio,
370
Ya cante en tono grave, como Cato,
Ya en
estilo festivo, como Augerio.
En lo que falta aquel que
sólo el plato
Sirve al gusto, sin pizca de Criterio:
Y haré andar pensativos cabizbajos
375
Los más
guapos Poetas, y más majos.
XLVIII
Probará
al mismo tiempo mi systema,
Que a la luz hasta aora no ha
salido
(Y rabie quien rabiare) algún Poema,
Que
ser merezca al mío preferido
380
Ya por el chiste
de su raro tema,
Ya también porque lo útil
está unido
A lo dulce, y llamarse ha la Obra mía
Restauradora de la Poesía.
XLIX
Procuraré,
que un docto Literato
385
La haga una alegoría un poco
obscura,
Buscándola con ruido, y aparato
Donde no
la ha de hallar, y así asegura
La fama de obra pía
por un rato,
A costa de otro, que mi bien procura,
390
Y que haga a cada Canto su Argumento
Un Amigo; pues tengo
más de ciento.
L
Porque, si sólo
sirven los Amigos
Para quitarme el tiempo, y enfadarme,
Más los quiero tener por enemigos.
395
Ellos en la ocasión
han de ayudarme
Como una mano a otra, y son testigos
De
que assí lo hago yo, y no es alabarme.
Sabiendo que
ayudando al Compañero,
En lo mismo me sirvo a mí
primero.
400
LI
El mal es, que esta dicha siempre
es rara
Para mí; y aunque siempre he procurado
Hacer
a muchos bien; si se repara,
No son muchos los que aora
tengo al lado,
Ni que quieran por mí sacar la cara,
405
Antes huyen de mí como apestado,
Y siempre que los
busco, o necesito
Los parece que tengo un sanbenito.
LII
Y es lo peor, según a lo que entiendo,
Que
han hecho empeño algunos monigotes,
410
De infamar
mi Poema con estruendo,
Y un día me lo dijo en mis
bigotes
Un personaje docto y reverendo,
Que serviría
para hacer pegotes:
Possible es, que adivinen estos tales,
415
Mas al fin él me cuesta a mí mis reales.
LIII
De verdad los estoi mui obligado,
A estos
Señores, por su alegre agüero;
Con todo esso
no estoi desconfiado,
Antes bien más confío,
y más espero
420
Que ningún egemplar avrá
quedado
Primero que se cumpla el año entero.
Que
un Libro malo (y más si es pernicioso)
Logra oy día
un despacho prodigioso.
LIV
Basta que sea la impressión
hermosa,
425
Que deleite al Letor, y que en la frente
Una,
de buril diestro, estampa ayrosa
A los ojos curiosos represente;
Y más, si con el nombre de una Diosa,
Una bizarra
Dama hace presente,
430
Como se hace en Países sospechosos,
Donde no hai Impresores melindrosos.
LV
Avrá
en mi Libro Imágenes mui bellas,
y el retrato de
Tulio será una:
Probablemente se verá entre
ellas
435
El de su Historiador, que, por fortuna,
Era bien
hecho; y aun quizá entre aquéllas
El mío
se verá sin duda alguna.
Y al fin de cada canto una
viñeta,
De la mano del célebre Piazzetta.
440
LVI
En una grande margen pondré Notas,
Todas de voces Griegas atestadas,
Y también de otras
Lenguas más remotas,
Que no sepan leer mis camaradas,
Regalaré mi Libro, a manos rotas,
445
A las Bibliotecas
más nombradas:
Sobre todo embiaré egemplares
varios
A todos los Autores de Diarios.
LVII
De
este modo estos públicos Censores,
Que en nuestros
días van fiscalizando
450
A los pobres, y tristes
Escritores,
Y a todos los están atenazando,
Sobre
mi Libro no alzarán clamores,
Y dejarán passar
el contravando:
Que una fuente de plata regalada,
455
No se
mira si está bien fabricada.
LVIII
Haré
un estracto fiel del Libro mío
Y en un Diario dispondré
se ingiera;
Y aun sin esto tampoco desconfío
Que
muchos me le alaben; porque fuera
460
No saber lo que sabe
qualquier Tío:
Que el alabar es Cambio en esta Era.
Por la regla de todo Mozalbete,
Hazme la barba a mí,
y te haré el copete.
LIX
Pero si el Diarismo
se alborota
465
Contra el Libro, tratándole de gordo,
Acudiré al Abate Tartarrota,
El qual es Literato
de alto bordo;
O a aquella Compañía, nada
idiota,
Que me han dicho, y no lo han dicho a un sordo
470
Que va a los Diaristas a hacer frente,
Para librarnos
de tan mala gente.
LX
Pero bien: atropéllenme
a porfía,
Que desde luego a todos los perdono;
Porque
aunque un Libro alaben por manía,
475
Si es malo, malo
es, contra su abono
Por tanto, aunque desprecien la obra
mía
Los Diaristas en su grave tono,
De su sentencia
no se me da un pelo,
Y de ella al Tribunal Público
apelo.
480
LXI
Esta Octava la he puesto adredemente;
Porque, si alguno de ellos me maltrata:
Como es cosa, que
se hace fácilmente;
Tengo ya la respuesta preparata;
Pues entonzes diré: toda essa gente
485
Por venganza
y no más assí me trata,
Que quien la hace
la teme, dice un Sabio
Llamado Don Roldán, o Don
Ottavio.
LXII
Por aora, encontrándose el
Marelli
En más clásicas Obras impedido,
490
Como me lo assegura Pignatelli,
Aunque aquél me
le avía ya pedido,
Quiero, que en la Oficina del
Agnelli,
Se imprima el Libro; mas bien entendido,
Que si
otra vez se imprime, y yo no muero,
495
Se debe hacer en Reyno
forastero.
LXIII
Porque oy solamente es estimado
Todo lo Ultramontano, o Ultramarino,
Y por lo mismo es
de todos despreciado
El género, que es hijo de vecino.
500
Mas el Mercante astuto y solapado
Haciendo burla de
este desatino
Vende por de París, o Inglaterra
Los
géneros, que son de nuestra Tierra.
LXIV
Sacaré el Privilegio, que ninguno
505
Pueda estamparlo,
sin licencia mía,
En cien años, contados uno
a uno,
Ni en Roma, ni en Florencia, ni en Turquía,
Bien que ocioso será, y aun importuno,
Este tal
privilegio, o primacía,
510
Porque no avrá
en el Mundo Botarate,
Que piense hacer tan grande disparate.
LXV
Prevenir quiero a todos una cosa
Que si tal
vez llegare a vuestro oído,
En un Canto, y acaso
en una glosa
515
Un mismo Consonante repetido;
No sólo
no es acción pecaminosa,
Antes bien en conciencia
es permitida,
Pues Ludovico Dolci assí lo usaba,
Y aun hacerlo solía en una Octava.
520
LXVI
Fuera de esso el oír de quando en quando
De un
mismo consonante la pareja,
Es ir discretamente conservando
Una buena costumbre de la oreja,
Feliz repetición,
que rebosando
525
En dulzura, y consuelo a ella la deja.
Mas
si alguno dijere lo contrario,
Digo que tiene un gusto estrafalario.
LXVII
Y si al cabo del año, con perjuicio
Mío, se hallassen pocos egemplares
530
Despachados,
pondré otro frontespicio,
Diciendo, que añadió
muchos lugares
A la obra un Varón docto, y de juicio,
Y la adornó con Notas singulares:
Mentira que no
tiene inconveniente,
535
Pues se hace assí dinero Santamente.
LXVIII
Ni el tal estratagema es aora nuevo,
Pues
ya lo usaron muchos, y aun por esso
Entre los tontos a decir
me atrevo,
Que ha tenido este ardid feliz sucesso.
540
Mas los que el pelo encuentran en el huevo,
Saben mui bien,
y yo assí lo confiesso,
Que vale esta invención
muchos millones;
Para ganar pesetas y doblones.
LXIX
Pero sabiendo yo, que han descubierto
545
No sólo
éstas sino otras pataratas
Las Fe de erratas; es
gran desacierto,
Manchar los Libros con las Fes de erratas.
Y assí váyanse todos al desierto,
Porque
no hay en el mundo Ley tan seria,
550
Que en el mío
no quiero essos Sonetos,
Que a publicar me obligue mi
miseria.
LXX
Por tanto aquellos todos, que leyeren
Este Libro después que se publique,
algún
error en él reconocieren,
555
(Que hallarán muchos)
cada qual le aplique
(Si por hombres discretos passar quieren)
Al Impressor y nadie me replique,
Pues la culpa (claro
es) de los errores
Siempre la han de tener los Impressores.
560
LXXI
Y valga la verdad, que los Modernos
Hacen
mui poco honor a su noble Arte,
Llenando de mentiras los
Quadernos,
Y el honor del Autor dejan a parte:
De aquí
nacen sus justos, sus eternos
565
Lamentos; verdad es por otra
parte,
Que yo temo, y también todo hombre sabio,
Que muchas veces se les hace agravio.
LXXII
A
ellos han de ser siempre imputados
Los yerros de otros;
y a llevar la pena,
570
Ya de los vuestros, ya de mis pecados
Dispuestos han de estar, que es gente buena,
Quando de
mil errores estampados
Apenas reos son de una docena:
Y
es que en el juego del Descargaburro
575
Es un gran jugador
todo Cazurro.
LXXIII
Todo aquel, que este juego
no ha aprendido,
Es por mi cuenta un pobre majadero:
Que
echar la carga a otro está admitido
En todo el mundo,
y yo soi el primero
580
(Dígolo, y no lo digo arrepentido)
Que, si lo puedo hacer, siempre lo quiero.
Por tanto mi
Letor crea, y consienta,
Que, si hai algún error,
yerro es de Imprenta.
LXXIV
Ha de tener el Libro
dos copiosos
585
Índices: el primero brevemente
De Cicerón
los hechos más famosos
Contendrá: el segundo
largamente
Muchos puntos, que toco, mui curiosos:
Que los
Índices oy son realmente
590
De un uso, y conveniencia
singular
A quien no tiene gana de estudiar.
LXXV
Pondráse al fin del Libro su Rimario,
Pues con
Poetas grandes assí se usa:
De la Historia también
se hará un Sumario,
595
Porque en el verso está
un poco difusa.
Su poco avrá también de Diccionario,
Por si se halla una voz algo confusa,
Como ésta
verbigracia Soconusco
Que no la trae el Diccionario Etrusco.
600
LXXVI
Si aquellos que la Crusca compilaron,
Omitieron palabras y no pocas,
Que por etruscas no las
computaron,
Por no usarse en el tiempo del Rey Focas,
Muchas
saldrán aquí que ellos dejaron,
605
Y yo encontré
por dicha entre unas rocas,
Como azia la mitad del Apenino,
Iendo a Florençia por aquel camino.
LXXVII
Con esto me parece he respondido
A ciertos paladares melindrosos,
610
Que, oyendo algún vocablo poco oído,
Crusca, Crusca vocean desdeñosos.
Sin saber que esta
Crusca nunca ha sido
La que llaman Salvados los piadosos,
Y me burlo de todos los pedantes
615
Cruscusados, Cruscables,
y Cruscantes.
LXXVIII
Ya sé que Horacio
allá decir solía
(Y podría decirlo
otro qualquiera)
Que una voz que algún tiempo florecía,
Dejó de florecer en otra Era,
620
Y que vemos volver
a ver el día
Otra, que siglos ha difunta era;
Milagro,
que hago yo resucitando
Alguna muerta voz de quando en quando.
LXXIX
Y acaso tomaréme la licencia
625
De mezclar
algún término Lombardo,
Dejando el Florentín
para Florencia,
O valiéndome de él con gran
resguardo
Porque yo soi un hombre de conciencia
Y al ver
ciertos peligros me acobardo
630
Y la lascivia de parlar
Toscano
La dejo aparte, como buen Cristiano.
LXXX
Por lo mismo estaré alerta, y atento
In primis
a evitar toda heregía.
Después a no mezclar
en mi Comento,
635
Mentira alguna, que essa es picardía,
Y si hai sus Episodios en el Cuento,
Son para adorno de
la Poesía;
Pero en lo substancial de nuestro asunto,
No he añadido una coma, ni aun un punto.
640
LXXX
Bien que no he sido tan escrupuloso
Como aquel hombre
grande de Salvinos
Que tradujo de un modo algo tedioso
Varios Autores Griegos y Latinos,
Y un si es no es se hizo
fastidioso,
645
Por más que digan ciertos Florentinos:
Yo digo la verdad sin embeleco,
He seguido a mi Autor,
mas no a pie seco.
LXXXII
Y siendo uso poner una
sentencia
De alguno Autor antiguo, y no reciente
650
En
el frontis, yo di la preferencia
A la nec verbum verbo,
y lo siguiente
Que dixo Horacio, y en la segunda Audiencia
Se estampará en mi Libro, justamente
Para probar,
que una Versión si es buena,
655
No ha de estar amarrada
a la cadena.
LXXXIII
Mas no por esto me halucino
tanto,
Que presuma ésta ser obra esquisita:
Sé
que no soi Poeta, y sé que canto
A lo ramplón;
que el genio me lo dicta.
660
Fuera de esso volaba en cada
Canto
La pluma, por la priessa en que fue escrita
Y sino
lo queréis creer vosotros,
No importa, que ni yo
creo a los otros.
LXXXIV
Me hace reír tal
qual Don Bobalías,
665
Que nos quiere encajar, y aun
lo pretende
Haver hecho un gran Libro en pocos días.
Gato por Liebre el probretón nos vende
Y si supiera
más de picardías
Para dar más valor
a su obra Duende
670
Debiera antes decir: este Librajo
Treinta años me ha costado de trabajo.
LXXXV
Todos los que obran diferentemente
(Yo digo la verdad)
me hacen passar
Mil malos pensamientos por la mente,
675
De
los quales me voi a confessar.
Y aunque me diga el confessor
prudente,
Que su obra no puede ser peor,
Y si es buena,
la hurtaron de otro Autor.
LXXXVI
Daráse
esta Obra mía a un Aprobante
680
El qual dirá
en sucinta aprobación,
Que a ninguna Obra antigua,
y elegante
Cede en nada mi bella Traducción;
Que
no hai en ella cosa disonante,
A las costumbres, ni a la
Religión,
685
Y por tanto merece que se imprima
Sin
quitarla una Octava, ni una Rima.
LXXXVII
Pero como aora escribo en Poesía,
Y en Poesía
(que es peor) vulgar;
Puede ser, que, sin malicia mía,
690
Se escape alguna voz irregular,
Que a alguno escrupuloso
menos pía
Le parezca, y le haga titubear.
Por lo
que es necesaria una Protesta,
Que a hacerla pronto estoi,
y será ésta.
695
LXXXVIII
La palabra
Destino, Numen rojo
Hado, Fortuna, Dioses, o ya Diosas,
Y otros vocablos que a decir me arrojo
Son ya costumbres
viejas, y rugosas
De quien escribe en verso por antojo,
700
No ya opiniones mías; pues son cosas
A que obliga
la Ley clara y precisa
De quien es buen Cristiano y dice
Misa.
LXXXIX
Soi tan Cristiano como el Rey de
Francia
El qual es Cristianíssimo llamado:
705
Daré
toda mi sangre sin jactancia,
Por la Religión que
he professado.
Sé, que no hai otra cosa de importancia,
Y que Apolo, las Musas, Palas, Hado
Y la Fortuna, acá
entre los Cristianos
710
Nombres son sin sugeto, Ídolos
vanos.
XC
Pero ya va mui largo mi prefacio,
Y
el que las cosas viejas sólo estima,
Dirá,
que falto a lo que dixo Horacio,
Allá quando habla
de la Octava rima.
715
El aviso es mui bueno, y la Ringrasio:
Si me le huviera dado más encima,
Al punto le quitaba
todo el tedio,
Pero a lo hecho ya, ya no hai remedio.
XCI
Y si aora hiciera un gran razonamiento
720
Para
escusar el yerro cometido,
El remedio sería más
tormento,
Que el mismo mal, que avíais padecido.
Por lo qual sin hartaros más de viento.
Comienzo
ya a cumplir lo prometido.
725
Bórrese, pues, lo dicho;
y ahora Chitón,
Porque ya voi a hablar de Cicerón.
XCII
Pero si desde luego a hablar me meto
De Cicerón,
me abismo en cierto golfo
Más hondo, que el de
frente de Espoleto,
730
Donde murió ahogado un Duque
Astolfo;
Y estando ya cansados con efeto,
No me embarco
oy en esto, ni me engolfo,
Pues a lo menos por la vez primera,
Moler no quiero a quien oírme quiera.
735
XCIII
Yo no quiero ocultaros
La qual es enfadar al Auditorio;
Y aunque tal vez me vino a la Cabeza
Hacer, lo que en los
días de Bodorio
Saben hacer las hembras con destreza,
740
De sus tachas, cubriendo el emboltorio,
Con el adorno de
virtudes varias;
Hasta que el tiempo aclare las contrarias.
XCIV
Son modestas, afables, y discretas,
No se
ve de altivez ni un movimiento;
745
Tienen a las passiones mui
sugetas,
Y ocultan todo zurdo pensamiento.
Van descubriendo
tierra, y están quietas
Que parecen Novicias de un
Convento.
Mas después se la pegan al Marido,
750
Quando está más alegre, y divertido.
XCV
Yo no soi de esse humor (guárdeme el Cielo)
Ni de serlo tampoco soi capaz:
A ninguno tirar quiero del
pelo,
Y assí podéis marchar en santa paz,
755
Mientras tomo en la cama, o en el suelo
Un poco de reposo,
y de solaz,
Como volváis mañana, u otro día
A oírme recitar mi algarabía.
Fin del Canto I
I
Yo soi un hombre (y quien lo niega, miente)
760
Que cumplo mi
palabra siempre, y quando
Me tiene cuenta, y no hai inconveniente.
Porque, andando a la Escuela en Villalpando,
Leí
en un Libro, impresso en Benavente,
Que en un hombre de
bien es contravando
765
No cumplir lo que a otro ha prometido.
Y assí voi a cumplir lo ofrecido.
II
Os
prometí (y me alegro de averlo hecho)
Que una avíais
de oír leyenda nueva,
A lo que en parte tengo
satisfecho,
770
Dando en el primer Canto alguna prueba:
Aora,
que descansé un poco en mi lecho,
Vuestra atención
mi spíritu renueva,
Para seguir la comenzada Historia,
Mientras tenéis tan fresca la memoria.
775
III
Podréis de esta manera entender todos
lo que de
Cicerón os he contado,
Y lo que en esta tarde en
varios modos
Contaros pienso: aunque dirá un taimado
(Mordiéndose de risa entrambos codos)
780
Que bien
puedo escusar este cuidado:
Porque de Cicerón, ni
de su cuna
No he dicho tres palabras. ¿Qué es tres?
ni una.
IV
Mas esto ha sido por inadvertencia,
Y casi casi contra el gusto mío;
785
Y assí de
esta Poética licencia
Fue tanto mi dolor, que me
entró frío.
Pero también merezco indulgencia;
Pues, si se mira bien, no fue valdío,
Ni por
demás estuvo todo quanto
790
Se me antojó decir
en aquel Canto.
V
Porque un Prólogo largo
era preciso
Hacerle, fuesse en verso, fuesse en prosa.
Pues no puede aver Libro sin Aviso
Al Letor, y se aorra
alguna cosa
795
En el verso, que en prosa es largo el guiso,
Fuera de ser un poco fastidiosa.
Y esto del Consonante,
al más Parlero
Le hace dejar lo más en el
tintero.
VI
Por tanto si mi Prólogo
formado
800
Huviera en prossa, sabe Dios del Cielo,
Si estaría
a estas horas acabado.
Quando ya tenéis todos el
consuelo
De verle en media hora despachado;
Lo que no hacen
jamás (dice Juanelo)
805
Aquellos habladores sempiternos
Que hacen en prossa Prólogos eternos.
VII
En los quales nos dicen cosas viejas,
Que todos saben,
y son tan fastidiosos
Que hasta las más pacíficas
orejas
810
Cansan, y a muchos de ellos por tediosos
Del Libro
los arranco, y sus consejas
A oficios las aplico vergonzosos,
Pues, como dijo un Frayle Capuchino,
No hai papel, que
no sirva a su destino.
815
VIII
Assí, pues,
si mi Prólogo no fuere
Del gusto de tal qual de mis
Letores,
Por mí, podrá hacer de él
lo que quisiere,
Porque agradar a todos los humores
Nadie lo logra, aunque haga lo que hiciere.
820
Y entre tanto
vosotros, mis Señores,
Haced cuenta que en este mismo
punto
Doi principio a mi Historia, y a mi asunto.
IX
De Nápoles a Roma, a media vía
(Que es
en nuestro Español medio camino)
825
Si no hai algún
error de Geografía,
Huvo cierta ciudad, por nombre,
Arpino,
Llamada assí de una Harpa o de una Arpía
En caso que no mienta el Calepino,
Y en ella a Cicerón
parió su Madre,
830
El qual también fue hijo de
su Padre.
X
Pero advertir contemplo necesario,
Que los que le engendraron; tales quales,
Eran hombre y
muger, pues de ordinario
Nuestros Padres (aun oy) suelen
ser tales.
835
Y de aquí se deduce el corolario,
Que
tuvieron de Tulio los natales,
(Según los documentos,
que nos rigen)
En Embra, y en Varón su propio origen.
XI
El nombre de los dos deciros quiero,
840
Pues
sin Viscocho nunca yo me embarco,
Y porque no me trate de
Embustero
Algún Émulo, cito aquí a
Plutarco,
El qual llama (en idioma un poco huero)
Olbia
a la Madre, y llama al Padre Marco
845
De manera que Olvia fue
su Madre,
Y el buen Marco probablemente el Padre.
XII
Y porque el nombre de Olbia, aunque Romano,
Tiene
alguna dureza en el oído,
Para hacerle más
dulze, y más humano,
850
La llamaremos Elvia, que éste
ha sido
Antiguo estilo, y uso mui anciano
De todo buen
Poeta recivido,
Que ha de estropear las voces de otro clima,
Si no vienen al verso, o a la rima.
855
XIII
En esto
sobresalen los Dramáticos,
Que suelen dar a un Griego
Personage,
Nombre Español para mostrarse práticos
De las costumbres Griegas, y lenguage,
Burlándose
de Críticos Gramáticos,
860
si los reprenden su
libertinage.
Mas estos pecadillos son veniales,
Comparados
con otros garrafales.
XIV
Pecan, dirélo
assí, contra el decoro,
Contra lo verisímil,
contra el Arte,
865
Y, a su cost[a], pudiera hacerme de oro,
Si en este punto yo me hiciera parte.
Mas no quiero, que
alguno de su Coro
Piense, que fabricar mi Baluarte
Intento sobre ruinas de los otros,
870
Como lo hacen dos mil
entre nosotros.
XV
Fuera de esso pudiéranme
decir
Los Cómicos, al ver que los ataco,
Que ellos
solos pretenden divertir
Al Pueblo, predicando para el saco,
875
Y que no han hecho voto de seguir
Las Reglas del Señor
Horacio Flaco,
Especialmente siendo ya tan viejas,
Que
sufrirlas no pueden las orejas.
XVI
Digo que
en esto tienen mil razones,
880
Y de ellas me valdré
con gentileza
Contra todos los Críticos bribones,
Que vengan a romperme la cabeza [:]
[Y]o no gusto de andar
con citaciones;
Mi assunto es desterrar toda tristeza,
885
Y quedaré más hueco que Cervantes,
Como dé
gusto a sabios y a ignorantes.
XVII
Como logre,
Señores, divertiros,
Contento estoi; no quiero otra
alabanza
Aunque todas las reglas haga giros;
890
En cada
siglo se usa su mudanza,
Desde los Walsas, [Tulgas], y Ramiros.
Y si al próximo assierro por la panza,
De qué
me servirá observar en parte
Ad amussim los Cánones
del Arte?
895
XVIII
Sólo sé, que si leo
alguna obrilla
Chistosa, dulce, bien escrita, y bella
Aunque encuentre quizá tal qual cosilla
Que no esté
tan arreglada en ella,
No por esso me canso de aplaudilla,
900
Ni mucho menos dejo de leella.
Si hacéis esto conmigo,
estoi contento,
Pues no soi codicioso, ni avariento.
XIX
Díjome cierto Amigo de Ferrara,
Que una Mozuela
alegre, spiritosa,
905
Con tal qual defectillo en cuerpo y cara
Más le agradaba que otra mui hermosa.
Pues digo,
que si en gruesso se repara
Esta Historia, si bien defectuosa,
Quien por esso la llame despreciable
910
Será una Criatura
incontentable.
XX
Que yo también tal vez
le escuso, y callo,
Quando sale a la luz un Libro nuevo,
Y algunas ciertas macas en él hallo,
Buscando el
pelo que no tiene el huevo,
915
Me contento con poco, y digo:
andallo;
Que una obra sin falta, tacha, o nevo,
Perfecta
y absoluta in quarto modo,
Sólo la puede hacer quien
lo hizo todo.
XXI
Antes tal vez (hablando en confianza)
920
Alabo los agenos disparates,
Paraque la prudencia, y la
templanza
Disimulen y alaben mis dislates.
Vosotros, en
conciencia, y en crianza
(Sino queréis os tengan
por Orates),
925
Debéis hacer lo mismo con mis Cantos,
Pues tantas vezes, yo he alabado a tantos.
XXII
Pero aora me vuelvo un poco atrás,
Porque dejé
una cosa que me importa:
No me voi a passear sin más
ni más,
930
Y a Casa volveré por la más
corta,
Que yo mido el camino con compás,
Como el
buen Matemático Laporta,
Ni del Gran Marco Tulio
diré cosa,
Que no se halle en el Texto, o en la Glossa.
935
XXIII
Debe el Letor también ser avisado,
Porque Elvia quede en su reputación,
Que con
Marco se había ya casado,
En la común, y más
cierta opinión.
His positis, se sigue de contado,
940
Que nació Marco Tulio Cicerón
De legítimo
y santo matrimonio
De que da Juanbartolo testimonio.
XXIV
El qual, dando principio desde el huevo,
Como se
dice, y como se requiere,
945
Dejando a Cicerón, que
es tierno, y nuevo,
Quatro palabras antes nos refiere
De sus Padres, y en esto yo le apruebo,
Máximamente,
quando el siglo quiere,
Que de ningún Héroe
se use la alabanza,
950
Sinque entren sus Abuelos en la danza.
XXV
Marco, dice un papel de letra Gótica,
Nació en una ciudad, que fundó Marte,
Con
más virtud, que tiene la betónica.
Gracia
que el cielo a todos no reparte.
955
Aprendió la bella
Arte Labradórica,
Y después aprendió
a escribir con arte,
Tanto, que mereció alabanzas
sumas,
Por una de las más gallardas plumas.
XXVI
Aprendió con su ingenio soverano
960
El idioma
del Tybre, y el de Atena:
Madrugaba a estudiar por el verano,
Tanto que el pobre no dormía apenas,
Y viendo aquel
talento más que humano
Para las Letras, que se llaman
buenas,
965
Su Padre, que era cierto un buen Señor,
Le embió a tomar la borla de Doctor.
XXVII
A Bolonia partió, por darle gusto,
Y en menos de
dos años fue un Legista
Tan grande, tan fornido,
y tan robusto,
970
Que entró de los togados en la lista.
Dábale aquel estudio gran disgusto,
Como enfadó
(según su Cronista)
Al Dante, y al Petrarca, y otros
tales,
Que en la Fama son hombres inmortales.
975
XXVIII
Los quales siendo todos adornados
De un ingenio sutil,
alto, profundo,
Y queriendo sus Padres que Avogados
Se hiciesen, por lo sabio, y lo facundo;
Ellos, del genio,
y natural llevados,
980
Se hicieron admirar tanto en el mundo,
Logrando en él eterna inmortal fama,
Con el desprecio
de lo que él aclama.
XXIX
No quisieron en
Texto, Notas, Glossas
Perder, con la cabeza, la paciencia,
985
Sabiendo que hai mil Syrtes peligrosas
Ocultas en el mar
de aquella Ciencia,
Y que en sus olas, siempre procelosas,
Naufragar suele el alma, y la conciencia,
Y del Foro quisieron
escaparse,
990
Porque tenían gana de salvarse.
XXX
Y vivir escogieron con penuria
Haciendo versos, más
que hacerse ricos,
Vendiendo clausulotas en la Curia,
Mentiras,
trampas, cuentos y dichicos
995
Como saben hacerlo (Y no es
injuria)
Más de dos ignorantes, y Borricos.
Aunque hai Padres que de esto forman queja,
Bien que después
se tiran de la oreja.
XXXI
Pero Marco, como era
tan modesto,
1000
Mientras vivió su Padre, a quien temía,
Al Código aplicóse, y al Digesto,
Aunque
su inclinación lo resistía.
Por esso es bien
que el Padre muera presto,
Para que el hijo siga su manía,
1005
Y por quitarme de este inconveniente,
Hágole aora
morir de un accidente
XXXII
Muerto el Padre,
razón será que muera
También la Madre,
y étele que a un lado,
Con una y otra muerte verdadera
1010
Una pesada carga de mí he echado,
Pues tengo para
mí de esta manera,
Que el hablar de los dos será
escusado,
Porque ya saben todos, y están ciertos,
Que oy no se habla palabra de los muertos.
1015
XXXIII
Hecho ya Marco Dueño de sí mismo,
Leyó
a Boecio de Consolatione:
Con esso se libró de un
parasismo.
Lloró un poco, y con un Dios los perdone,
Salió del día; que esto es Heroísmo;
1020
Y luego a hacer su gusto se dispone,
Porque el viejo, y
la vieja con sus faldas
Eran de grave peso a sus espaldas.
XXXIV
Libre, pues, de la carga, y hombre suelto,
Para hacerse inmortal, desde aquel día
1025
enteramente
se mostró resuelto
A ser Cofrade de la Poesía,
Tanto, que su nombre andaba embuelto
En todos los
certámenes que avía,
Y en hacer versos (dice
un tal Leandro)
1030
Era un Cid, un Roldán, un Alejandro.
XXXV
Y que Alejandro fuesse un gran Poeta
Es una
proposición extraordinaria,
Digna de prueba; por
ser cosa secreta,
Y a la fama común casi contraria.
1035
Pruébola, pues; y con razón, que aprieta,
No aviendo en ella nada de arbitraria
Porque siempre
habló en verso aquel Monarca,
Si es que habló,
como habla en el Petrarca.
XXXVI
Llegó Alejandro
con bizarra pompa
1040
Al sepulcro de Achiles, y llorando,
O
Joven feliz (dixo)que tal Trompa
Lograste, que tu nombre
va aclamando!
Y noto (porque nadie me corrompa)
Que el
Petrarca, escribiendo, o ya dictando
1045
Estos dos versos, los
dejó rayados,
Como que no eran suyos, sino hurtados.
XXXVII
Pero el Petrarca verdaderamente
Era
mui delicado de conciencia;
Y si algunos Poetas realmente
1050
Practicaran la misma diligencia,
Rayando lo que roban a
la gente,
Pocos versos, ni en Roma, ni en Plasencia,
Ni
en Turín, ni en Asturias, ni en Vizcaya,
Saldrían
a la calle sin su raya.
1055
XXXVIII
Y volviendo a Alejandro
Magno, digo,
Que, sino huviera sido aquel Guerrero,
De Apolo, y de las Musas tan amigo,
No huviera encomendado
a aquel Platero,
Que de esmeraldas, grandes como un higo
1060
El sepulcro cubriesse todo entero
De Homero, ni leído,
como es fama,
Cien versos suyos, quando se iba a cama.
XXXIX
No huviera dado aquellos cien doblones
Al
cantor, que le avía celebrado,
1065
En versos valadíes,
y chanflones;
Mas con pacto de ser luego ahorcado,
Si volvía a hablar de él en sus Canciones.
Digno egemplo de ser oy imitado
Por muchísimos Grandes
y Señores,
1070
Con sus Panegiristas y Cantores.
XL
Fuera de esso, vosotros mis Oyentes,
Que todos sois
Ingenios peregrinos,
Mil vezes oiríais a las gentes
De los versos hablar Alejandrinos,
1075
Y siendo tan versados
y eminentes
En Históricos Griegos y Latinos,
Sabréis, que Alejandrinos se digeron
De Alejandro,
o llamarse assí pudieron.
XLI
Volviendo
a Marco, como llevo dicho,
1080
Era Homero y Virgilio su lectura,
La Cítara y el Canto eran su nicho.
De sus versos,
su garbo, y su estatura
se enamoró, por gusto, o
por capricho
Una bizarra Dama, una Hermosura,
1085
Id est Elvia,
la qual sin declararse,
Estaba rebentando por casarse.
XLII
Desde la misma cuna avía ella
Hecho
voto formal de ser casada,
Como le suele hacer toda Doncella,
1090
A excepción de tal qual, que es mui contada
Bien
que en algunas, por su mala estrella,
El voto para en humo,
para en nada.
Y ni en burlas, ni en versos (no lo invento)
Gustaba Elvia la hablassen de Convento.
1095
XLIII
Decía, que el estado Monacal
Quando no hai vocación,
era una muerte,
Y abrazado una vez, no es racional
La que se queja de su triste suerte.
Como ella no quería
ser Vestal,
1100
Deseaba un Marido sano, y fuerte,
Hombre docto,
y de gran Literatura,
Que lo demás (decía)
poco dura.
XLIV
Era Elvia una boníssima
Doncella
En Bolonia nacida y educada,
1105
Y [aunque a la Escuela]
no anduve con ella,
Sé, que en Latín y en
Griego era versada;
Y más de algún Doctor,
quando iba a vella,
Volvía con la cara sonrojada:
Era afable, cortés, dulce, tratable,
1110
Dama en fin
Boloñesa; y más no se hable.
XLVI
Sobre la Patria de Elvia, sé que hai dudas;
Mas
aora no es tiempo de averiguallas;
Las razones Cornutas,
o Cornudas
Preciso me será desentrañallas,
1115
Y si llego a la fiesta de San Judas,
Avriguaremos estas
antiguallas;
Mas será bien hacerlo a la memoria,
Si se olvida en el Cuento, o en la Historia.
XLVI
Cobró Elvia al buen Marco grande amor,
1120
Porque era
docto, sabio, y entendido;
Mas llegando a saber, que era
Doctor,
Rabiaba por que fuesse su Marido.
Era dócil,
y tierno, el buen señor,
Conque al Convite diose
por vencido.
1125
Pero antes hizo un rasgo de Romano:
Quitóse
el guante, y la tocó la mano.
XLVII
Dos Mujeres en paz, estando juntas,
No puede ser, y menos
Suegra y Nuera;
Una tira estocadas, [otra puntas];
1130
Esta
quiere estar dentro, aquella fuera;
Una calla, otra grita,
y en las juntas
Se maltratan a qual más Verdulera,
Diciéndose, encendidas como asquas,
Mutuamente los
nombres de las Pasquas.
1135
XLVIII
A la Nuera la Suegra
eternamente
Maldice, y al que a su casa la trajo:
La muerte se desean mutuamente
Ambas a dos, y anda revuelto
el ajo:
El repelarse entrambas, es frequente;
1140
Y Elvia,
que era de spíritu marrajo,
Buscó un hombre
sin Suegra, y sin prejuicio,
Dando esta prueba más
de su buen juicio.
XLIX
Porque aquella, que sólo
a su Marido
Tiene que contentar con su persona;
1145
Manda en
casa, anda holgada, y si hace ruido
No tiene quien la llame
Picarona.
Y vamos claros, que es un gran partido
Para
qualquier muger, más si es Matrona,
Poder decir,
estándose en la cama,
1150
Soi Señora en mi casa,
y soi el Ama.
L
Y Marco, hombre discreto, que sabía
Ser un tormento casi intolerable,
Una Muger insulsa, muda,
y fría,
Siempre atada a una rueca perdurable,
1155
Con
Elvia se casó, cuya alegría,
Juicio, y agrado
la hacían mui amable;
Siendo Muger reñida
con el ocio,
Por lo que hizo el buen Marco un gran negocio.
LI
Concluyóse el Tratado, o la Escritura
1160
Aquella tarde, y al punto se casaron,
Sin presencia del
Clérigo, ni Cura,
Porque estas ceremonias no se usaron
Hasta mucho después, ni a Criatura
Alguna, muerta
o viva, convidaron,
1165
Quedando ambos, sin estos accidentes,
Tan casados como unos Presidentes.
LII
Esto
sí que me gusta, y da contento,
Y no el modo de andar
los dos penando;
Pues verdaderamente es un tormento
1170
Passarse
años enteros galanteando,
Rondando ya la Casa, ya
el Convento,
Donde Filis está de amor rabiando.
Digo que no me gusta ciertamente
Tantos passos perder inútilmente.
1175
LIII
Vuelvo a decir, que no me gusta nada
Aquel
hablarse, aquel mirarse aleve,
Ni el derretirse el
atina enamorada
Como al fuego la cera, al sol la nieve,
Ni aquel tener tres años desmayada
1180
La Niña,
que por ti los vientos bebe:
Digo, Señores, dígolo
clarito,
Que todo esto me enfada a mi infinito.
LIV
Mejor os estaría, o Mozalvetes,
Andar sueltos,
como andan en el prado
1185
Los Bueyes de los Frailes, y de los
Pretes
Quando dejan el carro, o el arado.
Mas ya que,
como simples y pobretes,
La hermosa libertad os causa enfado,
Y por el yugo andáis echando el resto,
1190
Lo que al
fin se ha de hacer, hacedlo presto.
LV
Porque se
pierde tiempo en los amores,
El alma, la salud, y la cabeza,
Y tal vez se da tiempo a otros Señores,
Para soplar
la Dama, o bien la pieza
1195
Sí el fruto a recoger los
Labradores
No acuden en sazón; y con pereza
Dan lugar a que otro se lo coja,
Quedan burlados, y se
hallan con la hoja.
LVI
Y por moralizarlo un poquitico
1200
(Bien que no sea ésta mi menestra)
Aquel ser el
Faldero, o el Perrico
De una Joven hermosa, astuta, y diestra,
Aquel tonto arrimársela al ozico,
Y aquel parlar
continuo a la fenestra,
1205
Aquel tenerla siempre embelesada
(Repítolo mil vezes) no me agrada.
LVII
Las lisonjas, los dichos amorosos,
Que más de un
corazón vencieron casto,
Las miradas, y encuentros
cariñosos
1210
De los ojos, y más si a hacer el
gasto
Entran también colores vergonzosos,
Suspiros,
ayes y lágrimas a pasto,
Todo este tren, en una linda
cara,
Aun al mismo Roldán le derribara.
1215
LVIII
Es con todo esso caso mui estraño,
Que antes de
contraer el matrimonio,
No dure el galanteo mas de
un año;
Dándose a solas mutuo testimonio
De un amor casto, puro, y sin engaño,
1220
Cosa, que hace
reír al mal Demonio,
Que al que anda entre la pez
(y más si es Griega)
Dice el refrán, que algo
se le pega.
LIX
Siempre se sientan juntos,
pegaditos,
Con más seguridad que fuera justo;
1225
juegan
las manos, truecan de manguitos,
Dícense todo aquello
que da gusto,
Hai a la oreja ciertos secretitos,
Búscanse
ellos los pies, y fingen susto,
Cuentan sueños ya
falsos, o ya ciertos,
1230
Que tuvieron estando mui despiertos.
LX
Juntos, y solos (más que el mundo ladre)
Van al Templo, al passeo, a la Visita,
Porque el bobo del
Padre y de la Madre
Al Lobo le fiaron la Ovejita.
1235
Y si
a cosa mayor el tal Compadre
No se atreve, es por cierta
razoncita,
Aunque al cabo, cebándose aquel fuego,
Sabe Dios en qué para al fin el juego.
LXI
Padres y Madres, oídme una parola,
1240
Que luego volveré
a seguir el Testo:
Si tenéis una Hija, una Filiola,
Marido la buscad, y sea presto.
Jamás me la degéis
con hombre sola;
Por ninguna ocasión, ningún
pretesto;
1245
Porque sólo unos pocos mentecatos
El tocino
a guardar dan a los gatos.
LXII
No la degéis
tratar nunca a ninguno
Con familiaridad y confianza,
Que
hacen perder mil vezes el ayuno,
1250
Una buena ocasión,
y una pitanza.
Ni que para casarse con alguno,
Trate con
muchos (o necia esperanza!)
Como si una infeliz, mala simiente
Pudiera dar buen fruto comúnmente.
1255
LXIII
Y aunque la ayáis hallado un buen esposo,
No por
eso la Niña está segura.
Hállase
en un estado peligroso
Y sin gran precaución, es
gran locura
Dejarla a la merced de un Can, de un Oso,
1260
Y
está perdido aquél que se assegura.
Quién
da a guardar el queso a los Ratones?
Ni fía la bellota
a los Lechones?
LXIV
Ni me digáis, por Dios,
que han de tratarse
Los dos Amantes, para conocerse,
1265
Y
recíprocamente examinarse
Los defectos que pueden
esconderse.
Vagatelas! Después de enamorarse
Dos Mozos no es posible ya entenderse.
Pues los ciega el
amor hasta el abysmo,
1270
De que no se conoce uno a sí
mismo.
LXV
Necios son verdaderamente aquellos mozos,
Que presumen tratando a las Mugeres,
Descubrir su enredos,
sus embozos,
Sus tachas, sus pasiones, sus quereres:
1275
Son
todas unas simas, unos pozos
Más hondos, que es el
Piélago de Hyeres,
Y es un globo su pecho, cuyo
centro
No hai rayo, que penetre tan adentro.
LXVI
Todas, o casi todas fuera de esso,
1280
Tienen aquella gracia
singular,
De que aquello que piensan con más sesso,
Es justamente lo que van a errar.
Y si a su discreción
se deja el peso
O la elección del que han de desposar,
1285
Veréis por la común aquel primor,
Conque
las más escogen lo peor.
LXVII
Ni hai
que salirme con la pamplingada
De que son dos personas mui
compuestas
Los dos Amantes, y no hai que temer nada
1290
En
punto a honor, ni a cosas poco honestas.
Esta es una valiente
patochada:
El amor no repara en essas fiestas;
Que al amor
(dixo el Sabio Antonio Reyes)
Quién le puso jamás
freno, ni leyes?
1295
LXVIII
A la mano tener sabrosa
fruta
Rabiar de hambre, y guardar tanta abstinencia
Como Tántalo: cosa es que se reputa
Por milagro
de ayuno y continencia.
Marco y Elvia (esto es fuera de
disputa)
1300
No quisieron tener tanta paciencia,
Y si alguna
tuvieron, fue mui poca,
Pues luego la metieron en la boca.
LXIX
En los sucesos prósperos y adversos,
Siempre se hicieron buena compañía:
1305
Marco
estaba en su quarto haciendo versos,
Elvia cuidando de la
economía.
Y aunque el Diablo metió chismes
diversos
Para turbar su paz; un año y día
La gozaron sin riña, ni bochorno,
1310
Con asombro de
todo aquel contorno.
LXX
Es tradición constante,
y aun es fama,
Que ganó Marco un bello Campo, el
qual,
Viña del Papa Julio, hasta oy se llama
Y todo
con aplauso universal.
1315
Cuya Viña dejó cierta
gran Dama
En Roma al que en el estado conjugal:
Se
conservasse en paz, y placentero
Con su Muger, un año
y día entero.
LXXI
Ha muchos siglos que
este Campo honrado,
1320
Por falta de legítimo heredero,
A cierta pobre gente está arrendado,
Desde que Marco
fue el Dueño postrero
Porque después ninguno
le ha heredado.
Yo no sé, si esto es falso, o verdadero,
1325
sólo sé, que conforme está oy el Mundo,
No hai que esperar que alguno herede el fundo.
LXXII
La condición es imposible, o vana,
Considerada
bien nuestra flaqueza:
Ya si fuesse no más que una
semana,
1330
Quizá heredara alguno aquella Pieza;
Mas
conservarse un año en paz Cristiana,
Y un día
(en nuestra edad) con fe, y firmeza
Un Matrimonio; si yo
mismo lo viera,
(Confiesso la verdad) no lo creyera.
1335
LXXIII
Convidados del Pueblo, y del Senado,
A Roma partió
Marco con su Esposa,
A tomar possessión de lo
heredado.
Y al llegar, toda Roma presurosa,
Acudió
con tropel alborotado,
1340
A ver aquella unión tan portentosa,
Palpándolos la Plebe, y Cavalleros,
Para ver si
eran Cuerpos verdaderos.
LXXIV
Los Casados, que
más se apresuraron
Por verlos, y palparlos, quando
vieron
1345
Que eran de carne, mudos se quedaron,
Y al Cielo
muchos de ellos se volvieron
Llenos de admiración,
y suspiraron.
Esto no puede ser, otros digeron,
O en el
mundo a lo menos tal pareja:
1350
Ni el ojo jamás vio,
ni oyó la oreja.
LXXV
Tratóse Marco
como un Duque en Roma,
Y passó algunos días
divertidos,
Que aquel País se pega como goma
De
todo forastero en el vestido,
1355
Como tenga quatrines conque
coma.
Y yo que estuve allí un año cumplido,
De buena gana iría allá mañana,
Sino costara más que tener gana.
LXXVI
O bien que a la sazón no floreciesse
1360
En aquella Ciudad
la Poesía,
O que algunos zelillos a Elvia diesse
Marco (que será malicia mía),
O que aquel
ayre no le confiriesse,
El hecho es, que passando un mes,
y un día
1365
Sé solo que no hai disputa ni contienda,
Se volvieron a Arpino, y a su hacienda.
LXXVII
Estaba Arpino en una gran montaña,
O (si assí
lo queréis) en un gran llano;
Allí seguía
cada qual su maña,
1370
Este iba tarde a Misa, aquel temprano,
Parecía el País de la Cucaña,
No avía
en él imbierno, ni verano,
Gozábase una vida
larga, y fuerte;
Pues se usaba vivir hasta la muerte.
1375
LXXVIII
Reynaba en él eterna Primavera,
Producía
el País malvas, y ortigas,
Día y noche,
en el Campo, y en la Era,
Trabajaban los hombres, como ormigas,
La pereza y el ocio odiado era,
1380
Como odiamos nosotros las
fatigas,
Y de Arpino (repito) la Campaña
Se llamaba
el País de la Cucaña.
LXXIX
Nuestro
Marco era un hombre mui activo,
Y se dio a cultivar sus
possessiones:
1385
Dejando a un lado lo speculativo;
A lo práctico
dio sus atenciones,
Y el Campo de Elvia, como Amante
vivo,
Le cultivaba en todas ocasiones,
Mas Elvia padecía
sus congojas,
1390
Viendo que no brotaba flores, ni hojas.
LXXX
Ella tampoco mano sobre mano
Se estaba; porque no,
no estaba ociosa;
Pero sabe mui bien el Hortelano,
Que
ya esta, ya aquella, o la otra cosa,
1395
Le quitan la cosecha
de la mano,
Hasta que Marco al fin con generosa
Resolución,
al cabo de nueve años
Resarció a su muger
todos los daños.
LXXXI
Elvia, passados estos
en su Arpino,
1400
Lleno el vientre sintió; y no fue de
viento:
Hizo luego llamar a un Adivino;
Éste la
dixo, que en aquel momento
Tenía un hijo ya, grande
Latino,
Pues avía hecho a Plauto un bel Comento.
1405
Quanto sería de Elvia el regocijo,
Díganlo
las que están sin hija, ni hijo.
LXXXII
Compararse, a mi ver, puede al Villano,
Que, viendo árida,
y seca la Campaña,
Las plantas agostadas, muerto
el grano,
1410
Blasfema santamente, y aun se azaña;
Pero,
oyendo algún trueno, aunque lejano,
Y más
si ve que el agua al Campo baña,
Echa a passear toda
melancolía,
Salta, brinca, y loquea de alegría.
1415
LXXXIII
Assí en Elvia cesaron los afanes,
Quando el vientre de un hijo vio fecundo,
Y no cabía
ya en sus tafetanes.
Marco estuvo tan loco, y tan jocundo,
Que jugó con un Page a los hesanes,
1420
Y aun dicen
que cogió un Zorro profundo,
O a lo menos que estuvo
a medios pelos:
Tanto ansiaban los dos por ser Abuelos!
LXXXIV
Que algún sueño tuviesse Elvia
entretanto
Es natural, y hablando lo que siento,
1425
Dudo,
que al Texto falte aquí algún tanto,
Y yo
añadir pudiera el suplemento.
Que de sueño
hai sobra, en todo quanto
Baña el sol, riega el agua,
y sopla el viento.
Mas al Texto añadir algo, es constante,
1430
Que es hacer sospechoso lo restante,
LXXXV
Y vosotros,
benditos Correctores
De antiguos carcomidos manuscritos
Que por querer hacer de los Doctores,
Añadís
disparates infinitos;
1435
No anochezcáis con lóbregos
errores
La luz de los claríssimos Escritos;
Respetad como yo, si fuere dable,
La Antigüedad sagrada,
y venerable.
LXXXVI
Venerad obsequiosos, reverentes
1440
Sus Libros, y dejad los suplementos,
Pues he oído
decir a Inteligentes,
Que los dislates los echáis
a cientos:
Sólo con dejar libres sus corrientes,
Estaremos pagados, y contentos;
1445
Y no digáis lo que
ellos no pensaron:
Qué es pensar? ni siquiera lo
soñaron.
LXXXVII
Sueños son
de mugeres vuestros sueños,
Y caso que huviesse Elvia
algo soñado,
Aunque fuessen sucesos halagüeños
1450
Ni Bartolo, hombre cuerdo, y assessado,
Ni menos yo (a
pesar de mil empeños)
En la Historia lo huviéramos
contado.
Y todo hombre de juicio ha de alabar,
Este prudente
modo de pensar.
1455
LXXXVIII
Elvia entre tanto estaba
disponiendo
Todo lo que en el parto es necesario:
Los pañales del niño iba cosiendo,
Y ya tenía
lleno un buen Armario:
Lo passado y futuro previniendo
1460
Días y horas contaba en el Lunario,
Teniendo de parir
un ansia fiera,
Pues sería quizá la vez primera.
LXXXIX
Aquí sí, que venía
bellamente
Referir las cautelas, que en efeto
1465
Elvia tomó,
como muger prudente,
Para no malograr el caro feto
Mas no es para de Passo, o de repente
Un assunto tan serio,
y tan discreto:
Es materia tan grave, y es tan vasta,
1470
Que
pide un Canto entero, y aun no basta.
XC
Mas ya
siento decir a algún Compadre;
Señor Don Hablador,
vamos con ello
Haga presto venir a la Comadre,
Y nazca
Cicerón que quiero vello:
1475
Pero, Señor Don
Padre, o Doña Madre,
A un Niño noble, tierno,
y más si es bello,
Que ha de nacer desnudo,
y sin camisa,
Hasta el Verano no le corre prisa.
XCI
Por esso voi a terminar el Canto
1480
Porque quiero que
nazca quietamente,
y mientras llega el tiempo, o entretanto
Voime yo a descansar bonitamente
Que a la verdad me siento
un tanto quanto
Cansado ya de hablar a tanta gente;
1485
Aunque
más fatigadas a estas horas
Estarán, de callar,
estas Señoras.
XCII
Pues ninguno de
Ustedes me diría,
Que descansasse, y que me fuesse
a casa,
Porque estoi viendo el gusto, y la alegría
1490
Con que oís esta Historia, y lo que passa.
Que a
no ser esso, nadie reiría,
Y la risa a locura se
traspassa;
Por lo mismo lo dejo por la posta,
Que sobrado
reísteis a mi costa.
1495
Fin del Canto II
I
Más va que alguno de vosotros piensa,
Que estoi a
todos mui agradecido,
Por los aplausos, por la bulla
inmensa,
Conque uno y otro Canto fue admitido,
Pero esperaba
yo otra recompensa,
1500
Y en vez de estaros mui reconocido
Por tanta carcajada estrepitosa,
Digo, que está mi
Musa assaz quejosa.
II
Este Bribón sin duda
tiene gana
(Otro Monsiur dirá de mis Oyentes)
1505
De
curarse en salud robusta y sana.
Poco a poco, Señores
Penitentes:
Qué es la alabanza? Es más
que un aura vana,
Que a qué sabe no saben nuestros
dientes?
Pues váyase a pasear, que no me toca
1510
Todo
aquello que no entra por la boca.
III
Es la alabanza
un ayre, es un sonido
Como el de las campanas de una Torre,
Que aquél, que no está sordo, ni dormido
Le suele oír, y más si el ayre corre;
1515
Mas
con él nadie compra pan cocido,
Ni en sus necesidades
le socorre.
En suma, todo bien considerado,
La alabanza
no es carne, ni pescado.
IV
Y de ella nacer suelen
casabeles
1520
En las cabezas flacas, tan fatales,
Que los que,
antes que algunos Moscateles
Los untassen sus cascos, tales
quales,
Andaban cabizbajos, qual Lebreles,
En Aguilas se
mudan Imperiales.
1525
Y vosotros con vuestras alabanzas,
No
me metéis por poco en estas danzas.
V
Y por cierto lo huviera yo sentido,
Porque la vanidad
es gran pecado,
Y no hai obgeto tan aborrecido
1530
Como un
hombre soverbio, y empinado;
Pues la envidia acomete al
aplaudido
(Dixo un mudo; que hablaba apresurado)
Y a la
embidia se siguen comúnmente
El odio, y el rencor,
que es mala gente.
1535
VI
Yo, que de todos soi buen
servidor,
Y ninguno, a mi ver, me quiere mal,
No querría
perder vuestro favor,
Aunque el Papa me hiciera Cardenal,
Menos por cosa de ningún valor;
1540
Como lo es el aplauso
universal
Y valga la verdad que la alabanza
No es cosa,
que me llene a mí la panza.
VII
Dóisele
yo de valde este tesoro
A los Poetas más altisonantes,
1545
Que buscan el aplauso a peso de oro,
Y andan vanos, soverbios,
y arrogantes,
Pareciéndoles que hacen otro Coro,
Y teniéndose todos por Gigantes:
Yo soi, cierto,
de genio mui diverso,
1550
Y la alabanza no me viene al verso.
VIII
Aquel gastar en cumplimientos vanos
El tiempo,
me parece grande abuso.
Ayer todos estabais poco sanos,
Quando de ellos no hicisteis mejor uso:
1555
Aquel reír,
aquel batir de manos,
Rabioso me hizo ir, y tan confuso,
Que de cólera (dígalo mi Ama)
Cené
mui bien, y me metí en la cama.
IX
Mis versos
todos son naturalotes,
1560
Que parecen los versos de aprendices;
Pero esso de reírse en mis bigotes,
Me hace subir
el humo a las narizes.
Y pues no sois vosotros Monigotes,
Pensad, si me sabría a Codornizes,
1565
Hablando yo de
cosas tan Sagradas,
El veros rebentar a carcajadas.
X
Casi me hacéis decir una heregía:
Pensáis, que Marco Tulio Cicerón,
(Aquel
grande Orador, que fue algún día)
1570
Sea algún
Dominguillo, algún Bufón?
Y porque su Vida
escribo en Poesía,
Hago de él un Romance,
o una Canción?
No Señores, y esténse
calladitos,
Mientras leo unos versos aquí escritos.
1575
XI
Chitón, vuelvo a decir, que al canto
llano
También se vuelve mi ramplona Musa;
Y
aunque, a esse vuestro aspecto soverano,
En la primera noche
algo confusa
Se vio; y tapóse el rostro con la mano
1580
Porque el cantar en público no lo usa,
Ya está
despachada, y echa el resto,
Que un poco de vergüenza
passa presto.
XII
Qual una Aldeanilla, la primera
Vez que entra en la Ciudad, y entre la turba
1585
Se vede gente
noble y forastera,
Quando alguno la mira se conturba,
Mas después desembuelta y placentera,
Se mete entre
la gente y no se turba,
Antes bien lo hace ya tan libremente,
1590
Que passa de cobarde a impertinente.
XIII
Mas
porque el Exordio va ya un poco largo,
Y temo, no sin grave
fundamento,
Que a más de dos los dé sueño,
o letargo;
Vuélvome a mi camino, y a mi intento,
1595
Que es hablar del buen Tulio algo a lo largo;
Pero antes
de meterme en este Cuento,
Es menester decir de Elvia
púdica
Una breve, o una larga palabrica.
XIV
No era Elvia, como son ciertas Esposas,
1600
Que se dan
a parir tan grande prisa,
Que hacen decir al mundo dos mil
cosas
Y al Marido no dan gana de risa.
Mas ellas, que en
mentir son primorosas,
Le embocan por verdad notoria, y
lisa,
1605
Que es mui común hacerse el primer parto
Al
quinto mes, al séptimo, y al quarto.
XV
Si, por desgracia, alguna Viudecilla
Tarda en parir,
o para un poco tarde,
Entonzes mutan ellos de Cartilla:
1610
De juicios temerarios Dios nos guarde,
(Dicen) que allá
en Pekín, Roma y Sevilla
(Según el gran Doctor
Julián Velarde),
Y aun las Mugeres de los Holandeses,
Suelen estar en cinta quince meses
1615
XVI
Todo este
tiempo tienen al Infante
En la barriga, a falta de calor.
Creémoslas, y vamos adelante,
Que assí
se salva a muchas el honor,
Y más quando tal vez
del Elefante
1620
Alegan el egemplo en su favor;
Que en algunas
materias las Mugeres
Saben más que docientos Bachillieres.
XVII
Tanto saber en ellas no me place;
Mas por
oy no me meto yo con ellas,
1625
Y me vuelvo a mi Elvia, la qual
hace
Mil vezes bien en no imitar a aquellas,
Que paren
tan aprisa, de que nace
Hablar tanto Casadas, y Doncellas.
Elvia, como Muger tan sosegada,
1630
No parió hasta diez
años de Casada.
XVIII
Parir no avía
alguna calabaza,
Llena de viento, que se pudre luego,
Sino
una Criatura, que en la Plaza,
En la Calle, en la Iglesia,
y en el juego
1635
Fuesse aplaudida, por modelo y traza
De Hermosura,
Eloquencia, Ingenio, y fuego:
Por esso tardó
tanto en acabarla,
Y diez años tomó para idearla.
XIX
Ya estaba el feliz día mui vecino
1640
En
que avía de dar honor a Roma,
Y a sí mismo
esplendor el Pueblo Arpino;
Ya el mes de Enero entró;
ya en él se asoma
El tercer día, ya la Aurora
vino.
Pide Elvia dos viscochos, y los toma;
1645
Da un estarnudo
fuerte, y sin más arte
Arrojó a Cicerón
por cierta parte.
XX
Prueba este nacimiento
claramente,
Que el nacer de mugeres, no es de ogaño,
Y aun el nacer de pie regularmente;
1650
Si lo sabíais,
no os hará daño,
Ni acordároslo tiene
inconveniente:
Mas oíd otro caso mui estraño,
Y es que assí Marco y Elvia, ambos a dos,
Eran de
carne y huesso como vos.
1655
XXI
Dígolo porque
allá nuestros Abuelos,
Quando algún hombre
vían hazañoso,
Padre, o Madre buscábanle
en los Cielos,
Ni a Dios, ni a Diosa dejaban en reposo,
Que luego los traían por los pelos.
1660
Invención
de algún pícaro Raposo,
O ya para encubrir
algún petardo,
O decir de algún Tal, que era
un bastardo.
XXII
Y aquellos Héroes, Grandes
Capitanes,
Que eran tan venerados en la Grecia,
1665
Como en
la Gran Tartaria son los Canes,
Hijos eran tal vez de una
Lucrecia,
Engañada de pícaros Rufianes,
Que se fingían Dioses de Suecia,
Si ella misma quizá
no lo fingía,
1670
Para escusar su propia picardía.
XXIII
Que a las hembras no faltan sobrescritos,
Quando ya su pecado es manifiesto,
Y Dioses llamarán
a los malditos
Con quienes embidaron todo el resto:
1675
Quedando
satisfechos los benditos
De los Maridos, con tan buen pretesto:
O tragarán prudentes sus disgustos,
Para lo
qual siempre hai motivos justos.
XXIV
Y del hecho
instruidos, e informados
1680
Callarán taciturnos los
secretos,
Y acaso se darán por mui honrados;
(Y
qué maridos éstos tan discretos!)
Y más,
si ven indicios confirmados,
Deque el Dios que bajó
a sus Gabinetes,
1685
Franqueando generoso su tesoro,
Entró
en él, convertido en lluvia de oro.
XXV
Sabiendo Jove la virtud que tiene
Para ganar (el oro)
a una Doncella,
A quien la fuerza, y el temor retiene
1690
Cerrada
en una Torre, porque es bella;
Aunque es el primer Dios,
no se contiene,
En lluvia de oro se convierte; y ella
Quando
una lluvia vio tan cortesana,
Levantóse, y abrióla
la ventana.
1695
XXVI
Esta Fábula, Amigos significa,
Que hasta un Castillo se le rinde al oro;
Y que assí
de una vez se verifica,
El Cristiano lo sabe, el Turco,
el Moro.
Assí también, con claridad se explica
1700
La questión que excitaba el Padre Toro:
En qué
consiste que una pobre moza,
Andasse ayer a Pie, Y oy en
carroza?
XXVII
O infelices y míseras las
tales,
Y que triste en el mundo hacen figura!
1705
Quando pierden
tal vez por pocos reales
Lo que después no admite
soldadura.
No saben las desdichas, ni los males
Que
la deshonra acá las assegura;
Ni que el honor (pues
del honor se trata)
1710
Vale mil vezes más que el oro
y plata.
XXVIII
No saben, que es igual a qualquier
Dama,
Digna de estimación, y reverencia,
La Muger,
que conserva buena fama,
Y a quien no la remuerde la conciencia.
1715
No saben, que el honor, como le llama
El Mundo, es nuestro
bien por excelencia,
Y que respeto de él la
pedrería,
Toda la plata, y oro es porquería.
XXIX
Pero el discurso un poco se ha alargado,
1720
Y quizá más de aquello que debiera,
Porque
Yo estaba un poco acalorado,
Y mi Bartolomé acaso
me espera,
Para seguir el nilo comenzado.
El qual, como
ya dixe (y verdad era)
1725
Siguiendo su costumbre lisa y llana,
Hizo a Tulio nacer de carne humana.
XXX
Esto
cierto me alienta, y da valor,
Infundiéndome ganas
de estudiar,
Porque, si Tulio fue tan gran Dotor,
1730
Como
a su tiempo me oísteis contar;
Si era de nuestra
carne, y no mejor,
Por qué no le podremos imitar?
Dándonos a los libros día, y noche
Y, por
sabios, llegar a andar en coche?
1735
XXXI
Añádese
también la circunstancia,
Que me alienta y me anima
a maravilla;
Y es que no, no se fue a nacer a Francia,
Ni a Londres, ni a Getafe, ni a Sevilla,
Ni a Flandes,
ni al Perú, ni aun a Numancia,
1740
Terror de Roma, y
honra de Castilla,
Ni menos nacer quiso en la Tesalia,
No Señores, nació aquí en nuestra Italia.
XXXII
Y esta Italia tened por cosa cierta,
Que
se está donde estaba ha dos mil años,
1745
El clima
el mismo es, sin que le invierta
El Po con niebla, ni el
Reno con sus daños.
Siempre el Cielo la puerta
tiene abierta,
Para llenarnos de hombres mui estraños:
Pues por qué no podrá salir de esta Arca,
1750
Otro Publio, otro Tasso, otro Petrarca?
XXXIII
La Italia no ha perdido sus ingenios,
Por más que
digan plumas estrangeras,
Los Reynos ya son otros, no los
genios:
Son las almas como eran las primeras,
1755
En tiempo
de los Plautos, y los Ennios;
Pues alto a competir aquellas
Eras
De los Brutos, Catones, y Mersenios;
Mas nosotros
volvamos a la Historia
De Juanbartolo, de feliz memoria.
1760
XXXIV
Luego que nace un Niño, de ordinario,
Saluda con su llanto a los presentes:
El Niño Cicerón
todo al contrario,
Riose, quando vio allí tantas
gentes
Y, como suele hacerlo un Secretario,
1765
Una pluma traía
entre los dientes;
Y después, a presencia de sus
Tías,
A Elvia dio en Latín los buenos
días.
XXXV
Pero ésta a mí
paréceme mentira
(Hablando la verdad), y essa mui
gorda,
1770
Porque aunque pudo ser, si bien se mira,
Pues que
assí lo hace un tordo, y una torda
Que apenas de
su huevo se retira,
Quando grita a su madre, por si es sorda:
Pero hablar en Latín, Griego, o Hebreo
1775
Un Niño
assí al nacer? yo no lo creo.
XXXVI
Y tengo
mui presente acá en la mente
El prudente consejo,
que da Dante,
De que nada se diga ni se cuente,
Que de
mentira tenga algún semblante,
1780
Y más si está
presente [i]diota gente,
Ora detrás esté,
o esté adelante,
Porque se ríe assaz con desvergüenza.
Y se queda uno lleno de vergüenza.
XXXVII
Y yo trato aora, por desgracia,
1785
Con gente buena sí
mas maliciosa,
Que no cree (assí Dios me dé
su gracia)
Como dicen a ciegas qualquier cosa,
Callar
pensé sin arte, ni falacia
La tal salutación,
por sospechosa,
1790
No pudiendo citar más Fiador
Que
a Juanbartolo, nuestro Autor.
XXXVIII
Pero aora
me acuerdo aver leído
En un libro, que un Niño
de Bretaña,
Ave, dijo en voz clara, y aun salido
1795
Totalmente no avía de la entraña.
Y aun oy,
todo rapaz recién nacido
Luego de decir A tiene
la maña:
Pues, díganme, Señores, y
quién sabe,
Si el rapaz en esta A nos dice Ave?
1800
XXXIX
Pero degemos esto: a una Criada,
Mandó
Elvia llamasse al punto un Ama:
Fue a buscaría, y
estúvose embobada
Más de seis horas; en cuyo
tiempo es fama,
Que del Cielo bajó toda exalada
1805
La gran Diosa Minerva, (assí se llama)
En trage de
Ama, y luego dicho y hecho,
Al Niño Marco Tulio diole
el pecho.
XL
Determinado aquella Diosa avía
De Juno hacer con Tulio oficio y vezes,
1810
Porque, como era
Astróloga, sabía,
Que no avía de ser
un casca nuezes;
Que a Homero y a Demóstenes leería,
Y sabría más que ellos diez mil vezes:
Por
esso este favor hacerle quiso,
1815
Pidiendo antes a Juno su
permiso.
XLI
Al niño entre sus brazos y
su pecho
Cogió Palas, uniéndole con sigo:
Tiróle la nariz (la cosa es de hecho)
Y ligóle
después el tierno ombligo.
1820
Labóle ya al rebés,
y ya al derecho,
Haciendo otras cosillas que no digo:
Un
granito de sal le entró en la boca;
Que si fuesse
de azúcar, era poca.
XLII
Cortóle
del ombligo la cintica,
1825
y en el agua meneóle como
vana.
Fajóle (boca a bajo la carica)
Sin apretarle,
que no es cosa sana:
Otra vez a su pecho se le aplica,
Y mil besos le dio con linda gana.
1830
Desvanecióse luego
de la estancia
Dejando en ella insólita fragancia.
LXIII
Y aunque avían passado pocas horas
Después que la buena Elvia avía parido,
No
la causó dolor, ni desmejoras
1835
Aquel olor, aunque
era tan subido;
Porque esta bella moda en las Señoras
Entonzes no se avía introducido,
Ni hasta siglo
después (dice Baeza)
Se estiló ser tan flacas
de cabeza.
1840
XLIV
En ellas, dicen que es tan delicada
Tan sutil la meninge, o duramadre,
Que el olor del hinojo
en la ensalada
(Mil vezes lo oiría yo a mi Padre)
A una Dama la deja trastornada,
1845
Y al punto la acomete el
mal de madre.
Pues qué mal no la harán otros
olores,
Que no son de pastillas, ni de flores?
LXV
Tanto en solteras, como en las casadas,
Por deliquios,
mingranias, y jaquecas,
1850
Aquellas convulsiones obstinadas,
Y opilaciones duras, y tan secas,
Aquellas contorsiones
arrabiadas,
Aquellos figurones, gestos, muecas,
Y todos
sus afectos medio histéricos,
1855
Todos nacen de olores
hypotéticos.
XLVI
Una fingida flor, pero
creída
Por flor fresca, real, y verdadera,
Que traiga otra, ya bien, ya mal prendida,
El tímpano
del naso las altera,
1860
Y aquel olor, que juzga mui subido
La aprehensión de su fácil bodoquera,
Es
capaz de tumbar a alguna Dama,
Y tenerla dos meses en la
cama.
XLVII
En ella están las míseras
gimiendo,
1865
Por un olor no más que imaginario;
Quando
se acuerdan de él va el mal creciendo
Y por
más que las diga el Boticario,
Que de él se
olviden, dícenle plañendo,
Que las es imposible
lo contrario;
1870
Pues siempre aquel olor tienen presente,
Quando no en las narizes, en la mente.
XLVIII
Pero
este olor despierta un apetito
Y un hambre en todas ellas
prodigiosa;
Comen pollas, perdizes, y Cabrito,
1875
Arroz, truchas,
pescado, u qualquier cosa;
Y beben a escondidas su traguito;
Que las pone un color como una rosa:
Buen provecho
las haga; que yo quiero
A Cicerón volverme todo entero.
1880
XLIX
Que pues ya nació en fin, es bien que
ceda
Todo asunto a éste solo, y que adelante
Me
distraiga lo menos que ser pueda
A cosas que no sean de
mi Infante.
Confiesso que hasta aquí alargué
la seda,
1885
Y que no he estado mui laconizante.
Ya soi todo
de Tulio: e in primo loco
Quiero un punto assentar,
que importa poco.
L
Si me pregunta alguno de la
Fiesta
En qué año nació nuestro Mancebo,
1890
A pregunta tan justa, como honesta;
Una respuesta cortesana
debo,
Que negarme a una cosa como esta,
Fuera mucha flaqueza,
o mucho sebo.
Y he visto más que un Libro despreciado
1895
Por cosas que no importan un cornado.
LI
Escrúpulo
no hicieron de conciencia
Los Antiguos; en dar a luz
sin data
Sus Historias: ya fuera inadvertencia,
O ya que
la juzgassen patarata.
1900
Juanbartolo siguió esta impertinencia,
Y aviendo de emendar yo aquesta errata
He de ver si una
buena congetura
Puede suplir la falta de Escritura.
LII
Que Tulio fue nacido y engendrado
1905
Antes de Roma, dícelo
una Historia;
Y que en su tan ilustre Consulado
Tuviesse
de nacer Roma la gloria,
Lo prueba con el verso decantado,
De que hace el mismo tanta vanagloria.
1910
El verso dice assí:
O fortunatam
Romam (Notadlo) me Consule Natam.
LIII
Mas que aquel verso no es de Cicerón
Lo saben ya
los Niños Malabares
Y en que su Padre Marco, o bien
Marcón
1915
Fue Romano, no hai dares ni tomares.
Por
otra parte dicta la razón
Que nació antes
que el hijo (ita Tabares).
Luego nació de Roma en
el Imperio
Antes, después, o al tiempo que Tiberio.
1920
LIV
Id est después que era fundada Roma;
Mas esso de fijar año preciso,
Pedía otra
cabeza menos roma,
Y Ustedes me han cogido de improviso.
Con todo esso, no aviendo otro diploma,
1925
Porque el punto
no quede indeciso,
Siendo tan intrincado y tan perverso,
Quizá lo probaré con otro verso.
LV
Admiradas dejó a Athenas y a Arpino
Dice el
Petrarca allá en el Canto ciento,
1930
Y sobre estas palabras
el Landino
hizo un delicadíssimo Comento;
Diciendo,
que el Poeta Florentino
Habló de Cicerón en
este cuento.
De que infiero que Tulio claramente
1935
Fue anterior
al Petrarca ciertamente.
LVI
Y aquél que
de la Historia tiene ciencia,
Sabe bien que Tarquino
fue Monarca
De Roma; y Cicerón, por consecuencia,
Floreció entre Tarquino y el Petrarca
1940
Y esta, a
mi ver, es la mejor sentencia,
Para que ande derecha nuestra
barca,
Debiéndose oy a mi Cronología
Esta
invención, y sutileza mía.
LVII
Y
vosotros, Amigos, Camaradas
1945
Cronólogos, callad, si
yo, siguiendo
Vuestras intrincadíssimas pisadas,
En cómputos me meto, que no entiendo,
Y en
essas vuestras cuentas rebesadas
Me he querido enredar;
pues no pretendo
1950
En esta, ni en alguna otra ocasión,
Inquietar vuestra antigua posessión.
LVIII
Mas digo la verdad, no diera un quarto
Por todo mi trabajo,
y mi fatiga,
Ni este de mi discurso pobre parto
1955
Un ardite
valdría, ni una higa,
Si además de lo dicho
(que ha sido harto)
No añadiera (cortando toda
intriga)
Que nació nuestro Orador Romano,
Siendo
un Cónsul Scipión y otro Serrano.
1960
LIX
Y pues (gracias a Dios) de este conflito
He salido con
tanto lucimiento,
En otro golfo, un poco más hondito,
De engolfarme, me vino atrevimiento,
Bien que sólo
la duda, o el quesito
1965
Propondré: lo demás
del argumento
Se avrá de consultar con un Astrólogo,
Y después pondré fin a aqueste prólogo.
LX
Mas debe ser el tal persona prática,
Un si es no es versado en la Aritmética,
1970
Que esté
ya graduado en Matemática,
Y también pique
un poco en Geométrica.
Hará también
al caso si es fanática,
Según buenos principios
de la Ética,
Para alzar la figura Cicerónica
1975
Por reglas infalibles de la óptica.
LXI
Y a de saber contar una por una
Las estrellas, su
influjo, sus efectos,
Como las influencias de la Luna,
Y de cada Planeta, en sus aspectos;
1980
Item si anuncian dichas,
y fortuna
Los Astros, al Natal de Tulio electos;
Si estaban
juntos Júpiter y Marte,
O estaba cada uno en otra
parte.
LXII
Entonces anunciar mui de seguro,
1985
Se
le pueden las dichas preparadas;
Y, fingiendo parlar de
lo futuro,
Hablar de cosas viejas y passadas,
Como
lo hacen (y yo os lo aseguro)
En nuestros días ciertos
Camaradas,
1990
Los quales fingen ver allá en los Cielos
Mil cosas, que acá vieron sus Abuelos.
LXIII
Estos, sin embarazo, y sin engaños,
Como por una
specie de prodigio,
Ven cosas sucedidas ya ha mil años,
1995
Y al Francés, al Tudesco, al Indio, al Frigio
Los
venden profecías a rebaños,
Y aunque
no hacía esto San Remigio,
Digo que los alabo la
invención,
Si lo hacen por huir la Inquisición.
2000
LXIV
Pronósticos de cosas ya passadas,
Estos sí que me agradan mucho, mucho
Que las futuras
son enrebesadas,
Y aquello es ser Astrólogo machucho,
Pues tengo por locuras rematadas,
2005
Que Aguila quiera ser
el Aguilucho,
Y que en una obscuríssima caverna
Se pretenda ver algo sin linterna.
LXV
Los Profetas
ya ha tiempo que passaron,
Ni tampoco esta gente es necesaria,
2010
Y muchos oy aquello que anunciaron
Lo vieron en visión
imaginaria,
Siendo cierto (algunos lo observaron)
Que es
gente miserable, estrafalaria,
La que en los Astros ve de
otros las dichas,
2015
Y nunca ve en su plato unas salchichas.
LXVI
Miran al Cielo, y caen en la fossa,
Por no ver lo que está debajo de ellos:
Riquezas,
vida larga, y mui dichosa
Anuncian a los simples, que a
creellos
2020
Se aplican, y no advierten una cosa,
Que sucedió
a Cardano, y a mil de ellos.
Sabe Milán, Turín,
Roma, y Albano
El chusco que llevó el simple Cardano.
LXVII
Hízose a sí su horóscopo
este tonto:
2025
Predijo el día y hora de su muerte;
Llegó el día en que estaba a morir pronto,
Mas de morir no le llegó la suerte,
No se ahorcó
como otro de Bitonto,
Pero, impelido de un despecho fuerte,
2030
Viendo salir falaz su profecía,
Él se dejó
morir de hypocondría.
LXVIII
Quantos simples
hai oy que imitan esto?
Se hacen decir la buena o mala bentura,
Y si les dicen que han de morir presto,
2035
Antes del tiempo
los entierra el Cura.
Quántos a la insolencia echan
el resto,
Porque creen que está la sepultura
(Según el Adivino) mui distante:
Viene la muerte,
y quítalos delante?
2040
LXIX
Señores,
lo que está escrito en el Cielo
No lo sabe ni el
Turco, ni el Cristiano;
Sólo sé, que soi libre,
y que es consuelo
Esto de que mi suerte está en mi
mano
Si soi malo, lo soi por mi cervelo,
2045
Si bueno por influjo
soberano:
En mi alma no mandan las estrellas,
Antes,
si sabio soi, las mando a ellas.
LXX
Sin razón
nos quejamos de los Astros,
D[e] su influjo, o de nuestro
mal destino:
2050
[N]uestras passiones son nuestros Padrastros
Y pensar otra cosa, es desatino.
Hagámoslas añicos
con los Rastros,
Y no se nos dé un pito, ni un comino
Porque govierne el Carro de Bootes
2055
Marte, Saturno, o el
célebre Antón Zotes.
LXXI
Obremos
bien, y vaya enoramala
El herético error de
Prisciliano;
Pues vemos nacer dos en una sala,
(Y en un
punto también, si viene a man[o])
2060
Y el Niño
es bueno, y es la Niña mala,
O al rebés, ésta
humilde, y aquél vano
Y han de pagar después
sus picardías
Venus, Juno, Minerva, o las Harpías!
LXXII
O infelices, y míseros mortales!
2065
Que presumís misterios tan ocultos
Penetrar, y qual
brutos animales
Sólo sombras palpáis,
y palpáis bultos.
El furor de los Dioses inmortales
Irritáis con tan bárbaros insultos;
2070
Pues
tal vez no leéis con vuestros ojos
Un papel sin calaros
los anteojos.
LXXIII
Pero aquí una palabra
decir quiero
A los que pronostican que mañana,
Hará
sol, sino llueve, y por Enero
2075
Avrá frío, y
de lumbre mucha gana,
Como también por julio un calor
fiero,
Y a la gente sencilla y Aldeana,
Conforme a
ellos los viene la manía,
Prometen abundancia o carestía.
2080
LXXIV
Que el Turco, el Indio, el Trace, el Persa
el Moro
Los crean; de esso cierto no me admiro;
Mas sí,
deque los crea el que en el Coro
El Evangelio oyó,
o en su Retiro
Le leyó, y abrazó; y al Dios
que adoro
2085
Adora como yo: doi un suspiro,
Y digo que me
pasma, y que me asombra
Porque el tal a su Fe la hace
gran sombra.
LXXV
Pero a qué descamino obliquo
y vario,
El estro me llevó sin mi licencia?
2090
No me
está bien hacer del Misionario,
Ni discurrir en casos
de conciencia.
Si fuera me salí del Seminario,
Por
esta vez llevádmelo en paciencia,
Que antes de un
Credo, bien o mal rezado
2095
Voi a soltar los Bueyes del arado.
LXXVI
Y el hilo a atar volviendo del discurso,
Repito lo que dije, en que estoi fijo,
Que a los Astros
hacer algún recurso
Para saber, si brebe, o si prolijo
2100
Ha de ser de la vida el mortal curso,
Es locura, y yo sé
que assí lo dijo
Sabéis quién? El mismo
Spíritu Santo:
Mirad si hai aquí alguien que
sepa tanto.
LXXVII
Con todo nuestro Autor callar
no quiso
2105
Esta poco importante circunstancia
Porque no la
notasse algún Narciso
De inadvertencia, ni otro
de ignorancia.
Dice, que nació Tulio en el preciso
Punto de unión y noble concordancia
2110
De los Astros,
el Sol, Luna, y Aurora.
Y que no era posible mejor hora.
LXXVIII
Venus con Jove estaba en Capricornio,
Marte dormía, el Sirio Can callaba,
Y Mercurio mandaba
el pan y el horno.
2115
La Tierra se reía y se alegraba,
Porque no hacía frío ni bochorno,
Quando
el Héroe de Arpino en ella entraba,
Y aun dice nuestro
Autor, que hasta Saturno
Aquel día no estuvo taciturno.
2120
LXXIX
Y porque Ustedes lo han estado tanto,
Y
a sus casas se vuelvan con contento,
Dejo mi habladuría,
y dejo el Canto,
Faltando veinte octavas para ciento.
De
callar doi palabra como un Santo,
2125
En dando a estos tres
pies su cumplimiento:
Ya no falta más que uno, y
el convite
De esta noche acabóse; y por tanto
Ite
Fin del Canto III
I
Preguntada una vez cierta Doncella,
Si quería casar
con un tal Ticio?
2130
Ella, que era tan franca como bella,
Y de mil hazañeras sin el vicio,
Con una voz más
clara que una estrella,
Sin mudar de color, sin artificio
Al Cura respondió con tono entero,
2135
Señor
Don Juan lo quiero, y lo requiero.
II
Esto sí
que me agrada, dijo el Cura,
Y no aquellas que se hacen
de rogar,
Con el Esposo al lado, y tal figura
Suelen poner
delante del Altar,
2140
Estrujando allá un SI con boz
obscura,
Que a mí me hacen de risa rebentar;
Como
que las sonroja el ser Esposa,
Y no rabian las más
por otra cosa.
III
Pero saben fingir tan bellamente,
2145
Y tener tan oculto su deseo,
Que hacen creer a mucha pobre
gente
Que aborrecen de muerte el hymineo,
Siendo assí,
que rebientan comúnmente
Por casarse con hombre,
hermoso o feo,
2150
Y colocarse en Santo matrimonio
O con Cayo,
o con Ticio, o con Sempronio.
IV
Quando van a casarse
las Doticellas,
Las más se muestran tristes aquel
día.
Al contrario, a ser Monjas las más de
ellas
2155
Parecen van brincando de alegría,
Y al verlas,
tanto aquestas, como aquellas
Causan admiración
a quien se fía
De su exterior fingida carambola:
Pues a todos nos hacen la mamola.
2160
V
De todo esto
inferir mui bien se puede
Quánto saben fingir las
señoritas;
Pero esto no es mi asunto, y assí
quede
Borrado con carbón, o con pepitas
Lo dicho,
porque el Diablo no lo enrede;
2165
Y Señores, degémonos
de hablitas,
Que Yo juro, protesto, y lo confiesso,
Que no quiero ofender al bello sexo.
VI
Quise
decir, si alguno preguntara
Si esta noche mis versos leer
quiero,
2170
Sin salirme colores a la cara
Respondería;
sí; quiero y requiero
Mas los querréis oír?
(pregunta rara!)
Desde el primero creo hasta el postrero
Respondería en voz nada melosa:
2175
Majadero, no estamos
a otra cosa.
VII
Si oírlos no quisiéramos,
cada uno
Metido huviera estádose en su casa,
Pues no creas venido aya ninguno
Solamente por ver tu calba
rasa.
2180
Hora bien, suponiendo que importuno
No soi, porque
veo lo que passa,
Chitón todos; que ya a parlar empiezo,
Sin rubor, sin empacho, y sin tropiezo.
VIII
Y
porque temo mucho que este Canto,
2185
Se parezca un poquito
a Portolongo,
Por averme crecido un tanto quanto
Entre
las manos, como crece el ongo:
A la Isla destierro de Lepanto
El Exordio; y con esto me dispongo
2190
A entrarme de rondón
en el asunto
Porque oigo murmurar, o lo barrunto.
IX
Oigo, digo, que alguno me murmura
(Porque, gracias
a Dios, yo no soi sordo)
De que saco a bailar al Señor
Cura,
2195
Después me olvido de él, y voime a bordo;
Quiero decir, hablando sin figura,
Que dejo a Cicerón
en lo más gordo.
Ea, pues, aora estoi dispuesto
A hablar de él, y será quizá mui presto.
2200
X
Mas antes de seguir la bella Historia
De Cicerón,
decir quiero entre tanto,
Que tuvo de Marco y Elvia la gran
gloria
De nacer en Arpino. Y esto es quanto
He dicho de
él (tenedlo en la memoria)
2205
En el primero, y el segundo
Canto.
Mas nacer Cicerón, y estar tan quietas
Las Musas? Vergüenza es de los Poetas.
XI
Nace Tulio; que fue el honor de Roma,
Gloria de Arpino,
Lauro de Oradores.
2210
Nace Tulio; que oy mismo no se toma
En boca, sin hacerle los honores.
Nace Tulio; y no veo yo
en su idioma
De Italia verso alguno en sus loores!
Nace
Tulio; y están todos quietos
2215
Sin verse una Raccolta
de Sonetos!
XII
Una Colección digo no se
estampa
De versos? Quando veo en la edad mía
Dar dos mil Colecciones a la estampa
Con poca honra de
nuestra Poesía,
2220
Por qualquier friolera, y que se
alampa
Por ellas todo el mundo cada día;
Sin que
a tanto furor, que causa tedio,
Ni a pestilencia tal se
halle remedio.
XIII
Oy por cierto ninguno se adotora,
2225
Que no se cante en verso su doctrina.
Si se casa una rica
Labradora
Celebran su hermosura peregrina
Cien Sonetos:
si la otra se enamora
De un Convento, y ser Monja Capuchina
2230
Resuelve, y más si es linda y es muchacha
Todo Poeta
va a encerderla un hacha.
XIV
Éste Virgen
y Mártyr la apellida,
Aquél dice, que al Ciego
Dios Cupido
Le dejó sin aljava; y aun sin vida.
2235
El otro, un poco más enternecido,
La llama de los
hombres homicida,
Y hasta el más circunspecto
y detenido
Mil disparates echa por la boca:
Imprime un
Papelón, y nos le emboca.
2240
XV
Quando la Niña
viste áspera lana,
Quiere versos; después
cuando professa,
Quiere versos; quando toca la campana,
Quiere versos; si la hacen Abadesa,
Quiere versos; y en
fin si da la gana
2245
De morirse a una Gata (y más Maltesa)
Quiere versos. O Dios! y qué prurito
De coplar
tiene un Siglo tan maldito!
XVI
O son (dirélo
assí) tan poco duchos
En materia de juicio los Poetas,
2250
(No digo yo que todos, mas sí muchos)
Que en las
más infelizes, más esquetas
Materias, sobre
tristes Avechuchos,
Coplas hacen a cargas, y a carretas,
Y no sucede apenas cosa alguna,
2255
Que en verso al Sol no
salga, o a la Luna.
XVII
Si nace un hijo de algún
gran Señor,
No hai que temer de versos carestía
Llénase todo el Pindo de rumor,
Sin saber lo que
el Niño será un día.
2260
Se profetiza que
será un Doctor,
Que mil lenguas sabrá, y en
Poesía
Será un nuevo Petrarca, un nuevo Dante,
Y es después un grandíssimo ignorante.
XVIII
Si se casa, será un soldado fiero,
2265
Un Ayace,
un Aquiles, y un Orlando;
Al Turco, al Persa, al Trace,
al Can Cervero,
A todo el mundo dejará temblando:
Un egército entero y verdadero
De nietos, le prometen,
augurando,
2270
Que famosos serán en paz y en guerra,
Y no cabrán en Cielo, mar, ni tierra.
XIX
Italia, Italia, volverá el glorioso
Tiempo tuyo
passado, tiempo viejo,
Gritan fuera de sí; y estando
el Oso
2275
Vivo en el bosque, venden ya el pellejo:
A los futuros
Héroes un Coloso
Levantan, con magnífico
aparejo.
Y en qué suelen parar sus acertijos?
En
que se muere el tal sin hijas ni hijos.
2280
XX
Y aun
diréis, o Poetas, todavía,
Que estáis
viviendo de lejos lo futuro;
Que el Cielo un luminoso rayo
embía
A vuestro Numen, para ver lo obscuro;
Que
cada voz que dais es profecía,
2285
Y que es un Dios quien
sale a dar seguro:
Sí será; mas metiéndome
a Adivino;
Digo que si un Dios es, es el del vino.
XXI
El vino, a decir vuelvo (que no entiendo
De
ceremonias); él a vuestra testa
2290
Se sube; y en subiéndose,
pretende
Que de dos mil locuras las atesta.
No, Hermanos
míos, no, que yo os entiendo,
No es Febo, ni Anfión
quien os apesta
Ni el agua de Aganipe; que esse instinto
2295
Es efecto del vino blanco, o tinto.
XXII
Debéis,
de oy más, estar desengañados,
Y no debéis
decir tantos dislates:
Dejad essas simplezas de los hados,
Y de los Genios essos disparates.
2300
Que el Pegaso a pacer
vaya a los Prados,
Y embiad el Bruto alado a los Orates;
Pues si otra no tenéis Cavallería,
Siempre
andaréis a pie, y de infantería
XXIII
Montados en tal Potro, alzáis el vuelo,
2305
Y encajarnos
queréis lo que soñáis:
En un abrir
de ojos hasta el Cielo
Subís, voláis,
corréis, os remontáis;
Ya mil felicidades
a un Mozuelo,
Ya mil proezas le pronosticáis,
2310
Pero
al que diere crédito a Poetas,
Le debieran soltar
las augetas.
XXIV
Pobre Papa! por Dios que estaba
fresco,
Si el tal profetizar no fuera vano.
Porque no hai
Cardenal, sea Tudesco,
2315
Sea Español, Francés,
sea Italiano,
Sea Prete, o del género Fraylesco,
Que no aya de ascender al Vaticano,
Aunque el tal
Cardenal lleve en su capa,
Veinte, o treinta años
más que lleva el Papa.
2320
XXV
Mas Cicerón
consuélese entre tanto,
Que, si quando nació
no fue aplaudido,
Después de muerto nadie lo fue
tanto.
Y si mi Autor huviera conseguido
Un Traductor de
más subido Canto,
2325
Su Cicerón a fe huviera
corrido
Con el mismo Bertoldo igual pareja
En toda
delicada y fina oreja.
XXVI
O pobre de mí
Si yo arrivara
Al Ingenio de aquel noble Congresso,
2330
Que
en rima tan sutil, rima tan rara
(Aunque compuesto de uno
y otro sexo)
A Bertoldo tradujo, e hizo tan clara
La lengua,
o el lenguage Boloñeso,
Mi libro correría
igual fortuna,
2335
Que el Bertoldo corrió desde la cuna.
XXVII
Sé muy bien, que tal qual, que ni
una hoja
Del Bertoldo leyó, de él dice
horrores
Siendo assí que la Italia sangre arroja,
Por la fuerza que hace en sus loores.
2340
Y esto es lo que
a mí más me congoja.
Pues qué esperar
podrán estos errores,
Saliendo a luz en cueros, y
al desprecio
Sin estampas, que al Libro dan gran precio?
XXVIII
Pero al fin en el mar ya me he embarcado
2345
Y he de arrivar al Puerto, o aogarme,
Que abandonar no
sé mi intento honrado;
Y esperando que avéis
de perdonarme
(De lo que casi estoi assegurado)
Me sobra
la razón para animarme,
2350
Y para que a Cicerón
también bendiga,
Dando por mui dichosa mi fatiga.
XXIX
Luego que Cicerón al Mundo vino,
Su
Padre Marco que era mui atento,
Sin un trago si quiera echar
de vino
2355
Fue en persona a anunciar el nacimiento.
De su
querido hijo, a todo Arpino,
Sirviéndole las
piernas a contento,
Hechas ya a caminar de cumbre en cumbre:
Tanto puede en los hombres la costumbre.
2360
XXX
Aquí
alguno quizá poco avisado,
De necio tratará
a Marco, diciendo,
Que aquel trabajo fue bien escusado;
Pues sólo con decir, como riendo,
A una muger, que
Elvia avía dado
2365
Un hijo a luz podría estar
durmiendo;
Pues sin más diligencia, en un instante
Correría el natal del nuevo Infante.
XXXI
Y si quería ahún, que se supiesse
Más
presto la noticia, el encargarla,
2370
Que a ninguno, a ninguno
la digesse,
Era el medio mejor de publicarla;
Pues no hai
cosa en el mundo que más pese
Casi a toda Muger,
que el obligarla
A callar; y en diciéndola que calle,
2375
Es moverla a gritar más en la calle.
XXXII
Ya lo sabía Marco; mas no obstante
Tuvo el
medio por algo peligroso,
Sabiendo bien que el sexo en un
instante
De una pulga abultar sabe un Coloso,
2380
Y en fin
temió como Varón constante;
Que aunque el
secreto no era mysterioso,
Si a una Muger al fin se lo decía,
Sabe Dios lo que ella añadiría.
XXXIII
Tomó los guantes, echó un sombrero nuevo,
2385
Y el vestido mejor del día de fiesta,
Salió
a la calle más galán que Febo.
Llamaba
a aquella puerta, tocaba ésta,
Y a todo Arpino (casi
no me atrevo
A decirlo, Señores, sin protesta)
2390
Dio
vuelta entera en menos de una hora.
Que la mula no da más
andadora.
XXXIV
No se estilaban maulas todavía,
Ni aun entonzes se avían inventado:
Por esso el
pobre Marco en aquel día,
2395
El mismo fue en persona
a dar recado;
Que si maulas se usaran embiaría,
A algún Page, o a algún otro Criado.
Que
en ocasiones tales y tan tiernas
Todos saben tener mui buenas
piernas.
2400
XXXV
Y si en otras su pie es un poco gordo,
En éstas no lo es seguramente:
Ninguno se hace cojo,
ciego, o sordo,
Y el recado le dan puntualmente.
Después
a la Taberna dan un bordo
2405
A brindar por la Dama parturiente,
Y entran también en estos regocijos
Su Muger,
sus hermanos, y sus hijos.
XXXVI
Marco en casa
aquel día ni un bocado
Comió, ni bebió
un trago de vino:
2410
Quizá algún otro le avría
convidado;
Qué sé yo? no lo afirmo; lo adivino.
Vuelto a casa; como hambre tan honrado,
Para mostrarse
Esposo amante y fino
Un relox de oro (si el Autor no yerra)
2415
A Elvia regaló de Inglaterra.
XXXVII
Fuera
de otros regalos no quantiosos,
Que por vivir en paz
a las mugeres,
Deben hacer, a tiempo, los Esposos:
En los
primeros partos y placeres,
2420
Es razón ser con ellas
generosos,
Dándoles cien doblones de alfileres:
De otro modo se enojan de contado,
Y en la mesa no comen
ni un bocado.
XXXVIII
Repito, que no comen en la
mesa,
2425
O a lo más prueban algo del cocido;
Mas esto
sólo lo hace la más tiesa,
Y essa sólo
a presencia del Marido:
Por lo demás sabida es su
turquesa,
Y lo que hacen a solas es sabido:
2430
Si la Baca
no come con el Buey,
Antes comió o después,
dice la Ley.
XXXIX
Pero quando el marido no la ve
En mis días hai más de una casada,
Que come,
y bebe, y no es todo Café,
2435
Y en la mesa va a hacer
la delicada.
Y de que esto es verdad pueden dar fe,
Su mole fuerte, fresca y abultada,
Sus mofletes carrillos,
y colores,
Y aun vosotros Señoras, y Señores.
2440
XL
Comió Elvia aquel día mui poquito:
Una polla, dos huevos, unas sopas,
Y apenas quarto i medio
de cabrito
Como su Mayordomo Fulano Opas
En su Libro de
gusto dejó escrito.
2445
De vino no bebió más
que dos copas,
Queriendo estar tan parca y detenida;
Como conviene a una recién parida.
XLI
Que no es cosa de chanza hacer un hijo,
Aunque yo cierto
nunca lo he probado,
2450
Pero infiérolo bien, y lo colijo,
De que Elvira tenía destrozado
El tierno cuerpo,
y si Bartolo dijo
Lo contrario en el Canto ya cantado;
No he de romperme la cabeza en esto,
2455
Que no me toca a mí
ajustar el testo.
XLII
Estarían bien frescos
los Autores,
Si huvieran de salvar y defender,
Sus
descuidos, sus faltas, sus errores:
Por cierto que tendrían
bien que hacer:
2460
Essa es obra de sus expositores,
A los
quales los toca convencer,
Que en la Sabiduría de
su Autor
No cupo falta, olvido, tacha, error.
XLIII
Ellos defender deben, si se trata
2465
Del Autor, de quien
hacen el Comento:
Que aquel hombre era incapaz de errata,
Y quien dice otra cosa es un Jumento.
Ellos sostener
deben, que en su data
El que parece error es Sacramento;
2470
Porque es su Autor el quinto Evangelista,
Y si hai algún
error, es del Copista.
XLIV
A todos los que sienten
lo contrario,
Los han de hacer pedazos, hacer trozos,
Diciendo
son de un juicio estrafalario,
2475
Sean Clérigos, Frailes,
Viejos, Mozos.
Hasta un punto, una coma es necesario
(Si es cosa de su Autor) que sin embozos
Defiendan con
ardor, y que la espada,
Saquen como por cosa consagrada.
2480
XLV
Por tanto dejo yo que otro defienda
Los disparates,
que, por mi desgracia
Podrán hallarse en esta mi
leyenda,
Y obligado estaré a su buena gracia
Pues
aora bien veis tengo otra hacienda
2485
A que atender. Ni puedo
verbigracia
Pararme en todo; porque me da prisa
Elvira,
que está en cama, y en camisa.
XLVI
Fueron
al otro día a buena hora
A visitarla Amigos y parientes,
2490
Como entonzes se usaba, y se usa aora;
Que a las Mugeres
nunca faltan gentes.
Otros cumplieron con la tal Señora,
Por recados, finezas, y presentes,
Y los Regalos fueron
recividos
2495
(Según dicen) mejor que otros cumplidos.
LXVII
Elvia decía: me hacen gran favor,
Y siento que se tomen tal trabajo;
Pero un trago de
vino, o de licor
(Si era más que verbal el agasajo)
2500
Mandaba dar a todo Portador.
Mas ya la noche se va viniendo
abajo,
Ya va estendiendo lóbregos capuzes,
Y ya
es tiempo también de encender luzes.
XLVIII
Ya está toda la casa iluminada
2505
Con velas; si de
sobo, o si de cera,
Juanbartolo no dice en esto nada.
Ya entran las damas, ya entró la primera,
Cada qual
de su Chis... acompañada
Que la da el brazo, y sube
la escalera.
2510
Mas a las feas, y a las Vejarronas
Las dejaban
subir por sus personas.
XLIX
Si una Muger entonzes
en la cama
Se quedaba, los hombres por respeto
No entraban
en el quarto de la Dama.
2515
Mas ésta (que es decencia
con efeto)
Oy en el mundo rustiquez se llama:
Lo cierto
es que de Elvira el Gabineto
A las Damas no más le
abrió aquel uso,
Llevando cada qual su rueca, y huso.
2520
L
Los hombres ocuparon la antesala,
Unos por mucho
tiempo, otros por poco,
Este hablaba noticias de la Mala,
Aquel contaba lances del Taroco:
Los más ni una
palabra buena o mala
2525
De la parida hablaron: sólo
un Loco,
Por cumplir, hizo una pregunta honesta,
Pero
se fue sin aguardar respuesta.
LI
Quántos
y quántos oy hacen lo mismo,
Si a un enfermo visitan,
o a un Tullido?
2530
Van a conversación; van al abismo
Del juego; van a un rato divertido.
Y aunque le dé
al infierno un parasismo
Mientras dura la trápala,
y el ruido
Ni siquiera le miran a la cara
2535
O que gran Caridad!
pero algo rara.
LII
Casi todos los hombres que
allá fueron,
Lo hicieron por su propia conveniencia,
Pues se sabe, que entre ellos se comieron
Un costal de
Castañas de Plasencia,
2540
Y seis frascos de vino se
bebieron:
Hecho lo qual, marcharon sin licencia,
Y con
Elvia quedó una Dama gorda,
Tres viejas, cinco feas
y una sorda.
LIII
Todas dijeron cosas peregrinas,
2545
Que el contarlas sería una locura:
Esta cortaba
un manto a sus vecinas,
Aquella blasfemaba contra el
Cura;
Una de Elvia alabó las muselinas,
Otra del
tierno Niño la hermosura,
2550
Su nariz sobre todo, en
cuya pieza
Parece se esmeró Naturaleza.
LIV
Olá! Este verso tal, qual yo le digo,
Se hallará
assí en la Vida de Mecenas,
Que ya entonzes Bartolo,
nuestro Amigo,
2555
Conocido era en Roma, y en Atenas.
O quántos
de estos versos un mendigo
Poetón le avrá
hurtado a manos llenas!
Sabe Dios, sabe Dios, y qué
destrozos
Avrán hecho en Bartolo algunos mozos.
2560
LV
Sirva al Letor benigno esta advertencia,
Para
poner en salvo mi opinión,
[Si] tal qual verso ofrece
la incidencia,
Que es de otro Autor en esta mi Versión.
Que soi hombre de honor y de conciencia
2565
Y de hurtar jamás
hize professión.
Algunos hai agenos; lo confiesso;
Mas quién dirá, que soi Ladrón
por esso?
LVI
Restituir aquello que se ha hurtado,
Dice Torquato Tasso, es cosa justa:
2570
Y él confiessa
también aver robado
De Marón lo que más
en él nos gusta.
Siendo pues cierto que otros han
tomado
De Juanbartolo, sin acción injusta,
Mil frases,
y conceptos los más bellos;
2575
Esta es restitución,
que yo hago a ellos.
LVII
Oy quántos se
hacen oy hombres famosos,
Porque pillaron tal qual
manuscrito
De los Antiguos, y sus más hermosos
Conceptos
los passaron a otro escrito!
2580
Creyendo que ocultaban cautelosos
De esta manera el cuerpo del delito;
Mas todo hombre de
honor de hurtar se guarda,
Que el hurto se descubre presto,
o tarde.
LVIII
Y si este original que aora vierto,
2585
Huviera al fin caído en otras manos,
De arriba abajo
ya estaría abierto;
Y sacándole tripas
y livianos,
Sólo con otro método, o concierto,
Correría por montes y por llanos,
2590
Como obra nueva
de especies admirables,
Porque assí corren hoy inumerables.
LIX
Aunque otros con un poco de más juicio,
Sin tanto afán, trabajo, ni apretura
Usan otro más
fácil artificio:
2595
Si hallan alguna inédita
Escritura,
La mudan solamente el frontespicio,
Imprímenla,
y la dejan su figura;
Pero su nombre plantan en la frente:
La cosa es mui notoria, y evidente.
2600
LX
Volviendo
a las Mugeres referidas,
Que hacían del Infante el
inventario,
Digeron mil simplezas ya sabidas,
Que contar
por menor no es necesario.
Su hermosura alabaron dos paridas,
2605
Las tres Viejas llamáronle otro Mario,
Y la Sorda,
augurando el Consulado,
Le puso un birretico colorado.
LXI
Quien, viendo su semblante alegre y lleno,
Pronosticó sería un gran Dotor:
2610
Quien, advirtiendo
ser gruesso y relleno
Dixo: no; la cara es de Senador.
Tulio entre tanto estaba mui sereno,
Y se dormía
sin hacer rumor:
Tanta era su humildad en tanta gloria!
2615
Reflexión oportuna de la Historia.
LXII
Una de ellas a besos le comía,
Otra mui tiernamente
le abrazaba;
Esta dos mil cariños le decía,
Aquella las orejas le tiraba.
2620
Y Cicerón ni un movimiento
hacía,
Ni lloraba, ni huía, ni pateaba,
Cosa
(dice un Philósopho de Almagro)
Que quasi fue una
especie de milagro.
LXIII
Mas no siempre andarán
assí las cosas;
2625
Que si entonzes dejó Ciceroncico
Manosearse de manos peligrosas;
Tiempo vendrá,
en que ponga tanto ozico
A las Damas ya feas, o ya hermosas
Que le quieran tratar como abanico
2630
Jugando de las manos,
y en efeto,
Él hará que le traten con respeto.
LXIV
De las Mugeres, quando tenga juicio,
No sufrirá
essas fiestas, ni llanezas:
Si ellas quieren tener en egercicio
2635
Las manos; las dirá, que essas simplezas,
O son
mala crianza o son malvicio
De las que tienen huecas
las cabezas,
Y si huvieran leído a Galateo,
No incurrirían
en borrón tan feo.
2640
LXV
Como quatro horas
avrían charlado
Aquellas buenas Damas sin cesar,
Y Elvira, como avía ya zenado
Deseaba dormir, y
reposar:
Díxolas, pues, con modo y con agrado,
2645
Que
la harían merced en descampar,
Porque su discreción
y su agudeza
La havían aturdido la cabeza.
LXVI
Todas entendieron bien la frasse,
Aunque era
tan obscura, y tan Latina
2650
Con esso cada qual a Casa vase,
Y Elvia quedó sola y tan mohína,
Que, por
más que el Marido la rogasse
Por no aguantar segunda
disciplina,
Al otro día qué hace? Va y calzóse,
2655
Abrigóse, vistióse, y levantóse.
LXVII
No se avía en Arpino introducido
La
quarentena, que usan las Paridas
En nuestros días,
calentando el nido
Donde empollaron; ni se hacía
el ruido
2660
De sorbetos, refrescos, y bebidas,
Que no hacen
buen estómago al Marido,
Porque decían, que
las Quarentenas
Sólo en los Lazaretos eran buenas.
LXVIII
Pero usaban aquellas buenas gentes
2665
Convidar
en iguales ocasiones
(Sola una vez) a Amigos, y Parientes,
Y no cierto a sandías ni a melones,
Sino a
buenas pechugas de valientes,
Tiernos, sabrosos, tímidos
Capones,
2670
Y por esso era frasse mui usada
Convidarlos a
una Caponada.
LXIX
Siguiendo esta costumbre el
Padre Marco,
Quiso hacer este honor a Cicerón,
Y
aunque era por sí mismo hombre muy parco,
2675
De Amigos
convidó a una gran porción.
No fue el Convite,
en pluma de Plutarco,
Como aquél del simposio
de Platón,
Ni tan soverbio fue como el de Dante;
Pero fue a costa suya, y abundante.
2680
LXX
Sentado
estaba cada convidado,
Y exalaban los platos buen olor.
Todo el mundo mui serio, y mui callado,
Y sólo de
los dientes el rumor
Se oía, ni era alguno molestado,
2685
Porque todos hacían el honor;
Pues esto de comer
a casa agena,
Se hace sin ceremonias, y sin pena.
LXXI
Usábanse aquel tiempo Ciñidores,
Los quales ellos y ellas aflojaron,
2690
Y aunque algunas Señoras
y Señores,
Más de un palmo y aun dos los alargaron,
Para que cupiessen más licores,
Todavía algo
más los ensancharon,
Quando entró un vino
rancio y esquisito
2695
(O mi Dios! quién me diera a mi
un traguito!
LXXII
Tulio dormía en tanto
quietamente;
Quando ételo, que al medio de la
Cena,
Bajó del Cielo repentinamente,
Una llama,
no rápida, serena,
2700
Que le lamió la Cara dulcemente.
Los hombres prosiguieron su faena,
Mas las Damas gritaron
como locas,
Y perdieron la leche algunas pocas.
LXXIII
Al grito descompuesto y repentino
2705
Dispertó
el Niño, y se apagó la llama:
Volvió
el rostro risueño il bel Bambino
Azia el lugar
de la asustada Mama,
Que cambió en risa el susto
peregrino,
Como Ceusa, la qual, según es fama;
2710
Hizo
lo mismo en semejante caso,
Que al Niño Ascanio sucedió
de passo.
LXXIV
Entonzes se acordó de aver
leído,
Que, en tiempo de Tarquino, un pobre honrado
A ser Emperador avía ascendido,
2715
Porque a presencia
de aquel Rey malvado,
Siendo niño, y estando adormecido,
Una luz celestial le avía quemado
El Cabello,
y se dice que fue en julio,
Y el rapaz se llamaba Sernó
Tulio.
2720
LXXV
Sacó luego el Infante de la
cuna,
Registróle todo él de arriva a bajo.
Y no encontrando en él señal alguna:
Por
ti (dijo) he sufrido un gran trabajo,
Y no creí llegar
viva a la una;
2725
Pero, pues ya se fue aquel espantajo,
Sin
duda que el gran Jove te destina
A alguna cosa grande
y peregrina.
LXXVI
Sí, Tulio mío,
sí el Cielo declara,
Con esta llama ardiente y luminosa,
2730
Que algún día serás Antorcha clara
De Italia, y aun del Mundo luz hermosa,
Assí el
feliz agüero le prepara,
Como otras Madres, que de
qualquier cosa
Anuncian, al compás de sus cabezas,
2735
A sus hijos insólitas grandezas.
LXXVII
Porque todas las Madres, de sus hijos
Forjan grandes
ideas en su mente,
Y al tiempo descubrir sus escondrijos
Pretenden, por qualquier vano accidente.
2740
Pero Elvia, podía,
más prudente,
Fundar de Cicerón sus acertijos,
Porque sabía al fin quién su Padre era,
Y
que el Fénix no engendra una Pantera.
LXXVIII
Y aora quiero decir dos palabritas,
2745
Aunque sea e[n] montón,
id est en gordo
De lo que las memorias manuscritas
Dicen de Cicerón; que no fue sordo.
Lo que prueban
mui bien dos estampitas,
Que abrió un tal Palomino,
o un tal Tordo
2750
Las quales, aunque ya son algo viejas,
Pintan
a Cicerón con dos orejas.
LXXIX
Y suelen
ser mui vivos los sentidos,
Quando el órgano está
más descubierto,
Pues son dos Catalejos más
cumplidos;
2755
Quanto el vidrio es más ancho, y más
abierto;
Pero si acaso algunos entendidos
Me quisieren
decir, que esto no es cierto
Y que la prueba es floja, sobre
falsa;
Que hagan ellos, si quieren, mejor salsa.
2760
LXXX
Confirmo un poco más esta sentencia.
Todo
aquel que responde, no está sordo,
Sed sic est de
Tulio la advertencia,
Dio un Libro de Respuestas, y bien
gordo.
Ergo: sacad allá la consequencia,
2765
Que yo
de Campanario no soi tordo,
Mas sé bien, que mil
hombres y Mugeres
Hacen orejas hoy de Mercaderes.
LXXXI
Quantos hai , que, después de recivido
Un gran favor, y aviendo protestado
2770
Su eterna gratitud;
si ha sucedido
Que de ellos te halles Tú necesitado;
Aunque cien veces grites al oído,
Y quedes ronco;
a puro aver gritado,
Su tímpano es de mármol
o salpetra,
2775
Que tu voz no la cala, ni penetra?
LXXXII
O si tal vez alguno, éste, u esotro
Muestra
oír y entender lo que le dices,
Por un oído
le entra, y por el otro
Le sale, como lo hacen los lombrizes.
2780
Si le pides dinero, como un Potro
Se vuelve contra ti,
y en las narizes
Te da de cozes: o si es un poco, vicio,
Te da, en vez de doblones, un consejo?
LXXXIII
Quantos hai, que en su baja y vil fortuna
2785
Te oían
con un gusto reverente;
Y elevados, imitan a la Luna,
Que no oye nuestros gritos, ni los siente?
Parécelos
tu voz, voz importuna,
Y mientras los saludas humilmente,
2790
No sólo no se dignan contestarte,
Pero apenas si
quiera de mirarte?
LXXXIV
Te llaman indiscreto,
y moledor,
Si quieres acordar tiempos passados;
Si les
pides su gracia, o su favor,
2795
No te conocen ya aquestos malvados.
Grita, clama, haz gran ruido, gran rumor,
Los oídos
tener quieren tapiados;
Y por esso decía un Boticario,
Que no hai sordo peor que el voluntario.
2800
LXXXV
Con los Soverbios, ni con los ingratos,
Ni con los Cortesanos
orgullosos,
Ni con los Tontos, simples, y pazguatos,
Ni
con enamorados obsequiosos,
Ni con otros iguales mentecatos
2805
Si a palos no los hablas (y briosos)
Aunque rebientes y
te desgañites,
No te responderán, por
más que grites.
LXXXVI
Cicerón no
lo hacía assí por cierto:
Siempre que le llamaban,
respondía,
2810
Y su tímpano siempre estaba abierto.
Aunque era hombre de honrada Ierarchía,
Pronto estaba
a escuchar, siempre dispierto
Hora fuesse de noche, hora
de día,
Y al hombre más humilde, y más
Villano,
2815
Daba respuesta el Orador Romano.
LXXXVII
Con razón, pues, siendo hombre tan atento,
No menos que tres nombres le impusieron,
Y aún merece
le pusiessen ciento.
El primero de Marco le cogieron
2820
De
su Padre; según cierto Comento;
Que los Antiguos
siempre retuvieron
El uso de llamar, como a su Padre,
Al
Varón, en pariéndole su Madre.
LXXXVIII
En orden al de Tulio variamente
2825
Se discurre, pues hai
quien le deriva
De Tulo, Rey famoso, y mui valiente
De los Volscos, gente Marcial y viva;
Y que Tulio de Tulo
fue pariente,
Pienso, que Silvio Itálico lo escriba,
2830
Haciéndole del Orden Cavallero,
Aunque Bartolo dice:
non è vero....
LXXXIX
Porque los Cavalleros
de aquel tiempo
No gastaban la vista, ni la testa
En estudiar;
sí en bulla y pasatiempo.
2835
Madrugaban quando era hora
de siesta,
Y si tal vez se alzaban más a tiempo,
Le pasaban en juego, zambra, y fiesta;
Ni del Latín
(nos dice Teofrasto)
Hacía la Nobleza grande gasto.
2840
XC
Como Tulio se daba todo entero
Al estudio y
en él se divertía;
De aquí infiere,
el que no fue Cavallero
Nuestr[o Autor]; callarlo yo podía,
A fuer de Traductor fiel y sincero;
2845
Pues antes los dos
ojos perdería,
Que perder el concepto; y el honor
De fiel, y verdadero Traductor.
XCI
Porque
hai cierto no pocos Traductores,
Que el texto le adulteran
malamente,
2850
Y callan lo que ofende a los Señores,
Mas yo (gracias a Dios) soi de otra gente,
Y defraudar
no quiero a los Letores
De lo que dice el Texto claramente;
Porque en un traductor es gran delito
2855
No decir, bien o
mal, lo que está escrito.
XCI
Pero fuesse,
o no fuesse Tulio noble
(Dice Bartolo en el siguiente
folio)
Su memoria es ilustre, y lo es al doble,
Que dos
mil que nacieron para el solio,
2860
Cuyo nombre duró
menos que un roble,
Y el de Tulio le aclama el Capitolio;
Que el nacer mui Señor mui poco prueva
En los Nietos
de Adán, por hijos de Eva.
XCIII
Assí
que al fin hermanos todos somos,
2865
De una muger, y un hombre
producidos,
Sin que el nacer de bajos, u altos lomos,
Ensalzados nos tenga, ni abatidos.
Yo tengo por mui simples
o mui romos
A los que de nobleza presumidos,
2870
Se imaginan
ser Fabios, y Metelos,
Con las cabezas llenas de buñuelos.
XCIV
De qué sirve ostentar por ascendentes
Marqueses, Condes, Duques, Soveranos,
Senadores, Obispos,
Presidentes,
2875
Ilustres nombres entre los Cristianos,
Si
sus necios, soverbios descendientes,
Opere, verbo,
et visu son Villanos?
La virtud sola (dice Juvenal)
Es
la que al hombre da gloria inmortal.
2880
XCV
Volviendo
a Tulio, cierto Autor pretende,
Que deriva de Tulia, Tribu
Augusta,
Que de tronco Real baja, o desciende;
Pero a mí
esta sentencia no me gusta,
Y es más probable aquella
que defiende
2885
Que Tulio fue de Tribu más robusta,
Id est, de la Cornelia conocida
En el mundo, y por
él tan estendida.
XCVI
Pero al fin, la opinión
de nuestro Autor
Es, que este nombre a Tulio le fue dado
2890
La noche que se vio aquel resplandor,
De que se halló
en la cuna circundado;
En memoria de Servio Emperador,
Que, hallándose dormido, o azorrado,
Igual prodigio
tuvo, o accidente,
2895
Y esto sería verisímilmente.
XCVII
El tercero apellido Cicerón,
Nuestro buen Juanbartolo es de sentir,
Que fue a ocasión
de un grano, o turumbón,
Que en la nariz del Niño
fue a salir;
2900
Porque estando Elvia en cinta, vio un Cajón
De garbanzos, y quísole engullir,
Y este antojo
imprimió en la Criatura
Aquella de un garbanzo fiel
figura.
XCVIII
Pero desta virtud Apetitiva,
2905
Se
ríen hoy no pocos eruditos;
Porque, si fuesse tan
operativa,
Saldrían señalados infinitos;
Puesto que no hai muger tan poco viva,
Que no tenga mil
locos apetitos,
2910
Y los más de los Niños racionales
Saldrían con ridículas señales.
XCIX
Foros, Teatros, Máscaras, Festines,
Piedras,
Cofias, encages, y basquiñas,
Pages, Lacayos, Piélagos,
Jardines,
2915
Tienen siempre en la mente nuestras Niñas
Y todos estos bellos matachines
(Sin contar nuezes,
cáscaras, ni piñas)
Saldrían en los
Niños figurados,
Por antojo de todos los preñados.
2920
C
O qué monstruos entonzes se verían!
Si esto fuera verdad; en muchos partos
Unas mugeres Naypes
parirían,
Otras sapos, culebras, y lagartos.
Estas
Cavallos nobles echarían,
2925
Aquellas los Cocheros hechos
quartos;
Porque algunas no piensan más que en Potros
Como sabéis vosotras, y vosotros.
CI
Refiere un cierto Lippi (y no Cevallos)
Que una Dama parió
suavemente
2930
Un Coche, con un tiro de cavallos,
En fuerza
de un antojo mui vehemente
Créalo quien criado huviera
callos
En creer; que en mi juicio, Lippi miente,
Pues una
mole tal, por más que él diga,
2935
Pedía
una grandíssima barriga.
CII
Pedía
un parto tal en razón buena,
Casi un vientre
tan grande, o una panza,
Como aquella feroz fiera Ballena,
Que se tuvo por Isla, y no fue chanza,
2940
Saliéronla
a matar de Cartagena
Dos mil hombres, y todos de pujanza,
Y en un rincón, vecino a los reñones,
Un
Convento encontraron de Barbones.
CIII
Yo no quiero
mentir, y assí por esso,
2945
Basta saber, que Tulio,
sobre el naso
Un garbanzo tenía como impresso,
Y Cicer se llamó por este caso.
Pero cómo,
o porque passó el suceso
No puedo aora decirlo ni
aun de passo.
2950
Oirálo el Curioso al canto ciento;
Que si vive hasta allá estará contento.
CIV
Sólo diré, que, como uno le dixesse,
Que aquel nombre ridículo mudasse;
Él le
respondió luego, que estuviesse
2955
Mui seguro (y que
de ello no dudasse)
Que él le haría tan célebre
que fuesse!
Igual en todo a los de primera classe,
A los Fabios, Marcelos, y Catones,
Nombrados en los Indios
Patagones.
2960
CV
Sólo quiero decir no son los
nombres,
Como advierte con juicio cierto Autor,
Los que
famosos hacen a los hombres,
Y a las personas llenan de
esplendor.
Por esso me dan risa ciertos hombres,
2965
Que imaginan
hacerse grande honor,
Quando cambian un nombre algo plebeyo,
Por el de Epaminondas, o Pompeyo.
CVI
Mui
ridículos son aquellos Padres,
Y más si son
de baja esfera, quando
2970
Encargan den al hijo los Compadres
El nombre de Roldán, de Cid, de Orlando.
Y el orgullo
de Padres y de Madres
Le llama César, Carlos, Ferdinando,
Siendo assí que el de Juan le bastaría,
2975
Y
el de Martín mui ancho le vendría.
CVII
Podría aquí decir alguna cosa
De lo que estilan ciertos Literatos,
Que de Fileno, Tyrsi,
Anfión, Margiosa,
Usan nombres, que damos a los Gatos.
2980
Unos de la Academia Melindrosa
De los Furiosos, de los
Mentecatos,
De la Academia son de las Esponjas,
Y luego
avrá Academia de las Monjas.
CVIII
Mas,
siendo un si es no es resbaladiza
2985
Esta materia, y escabroso
el cuento,
Será mejor cubrirla con ceniza,
Y yo a meterme en ella no me tiento,
Aunque no falta alguno
que me atiza;
Que no se ha de emprender qualquier intento
2990
(Decía Don Aquiles Bentivollo)
Por no meterse un
hombre en un embrollo.
CIX
Aora me acuerdo en Plinio
aver leído,
Que Tulio Cicerón se apellidaba,
Porque en sembrar garbanzos divertido,
2995
Muchas horas y días
empleaba,
Como Fabio a las habas su apellido
Debió;
y Poro a los puerros que plantaba.
Y en honor de este Rey
y en su memoria
Los plantan muchos hoy con grande gloria.
3000
CX
Pero Plinio fue un hombre mui sincero,
Que
quanto hallaba impresso o manuscrito,
Lo tenía por
cierto, y verdadero,
Y a luz lo daba luego en un Escrito,
Pues le hervía la tinta en el tintero,
3005
Y assí
caían dos en el garlito,
El primero era él
mismo, y el segundo
El Letor bobarrón, de que
hai un mundo.
CXI
Creo me estimaréis estas
noticias,
Pues son cosas que se oyen raras vezes,
3010
Y no
lo digo por pedir albricias,
Que (gracias al Señor)
me sobran nuezes,
Y en prueba que a tales inmundicias,
No se abaten jamás mis altivezes,
Vuélvome
a aquellas Damas, que cenando
3015
Las degé, y me están
quizá esperando.
CXII
Digo, pues, que aquel
fuego arriba escrito
Luego despareció, y con
él mui presto,
El temor, y el concurso suprascrito
Al resto de la cena embidó el resto;
3020
Prosiguiendo
en cenar con apetito;
Tanto, que Elvia en tono mui modesto
Dixo: Amigos, Señores, y Parientes,
Bendiga el Cielo
tan honrados dientes.
CXIII
Acabada que fue la
magra Cena,
3025
Todos, como es razón, se despidieron,
Iendo a sus casas con la panza llena
Muchos en una
luz dos luzes vieron,
En pronunciar la R otros gran pena,
Dicen varios Autores que tuvieron,
3030
Y todos tropezaban al
salir,
Pero al cabo se fueron a dormir.
CXIV
Marco
y Elvia hicieron otro tanto,
Y al Niño antes dejáronle
en la cuna,
El qual durmió sin gritos y sin llanto
3035
Hasta el día siguiente (y fue fortuna)
Que al dulce
de las aves bello canto,
Los ogitos abrió, y
boquita ayuna,
Y con un tierno llanto azia a la Aurora,
Pidió la mama a Elvia, su Señora.
3040
CXV
Y aunque a ésta la cama la gustaba,
Luego que
lloró el Niño levantóse;
Y una bata
que cerca de ella estaba,
Con sólo el Zagalejo encima
echóse.
Mas antes de saber lo que passaba
3045
Con Elvia,
que algún tanto refrióse,
Cierta noticia fuera
bien decirla,
Pero no; que mejor será omitirla.
CXVI
Porque ya está cansado el Auditorio,
Y yo tengo también seca la boca,
3050
Y será;
si prosigue el Parlatorio,
La discreción del juego
de la Oca.
Por tanto, si queréis al Locutorio
Volver
mañana, me haréis merced no poca,
Y oiréis,
tanto flacos, como gordos,
3055
Las cosas que diré, si
no sois sordos.
Fin del Quarto IV
I
De dos tachas que han puesto a mis canciones
Quiero,
porque es razón justificarme,
Unos dicen que cansan
mis sermones
Por largos, y que debo acomodarme
3060
A la moda
que se usa en los calzones.
Otros reparan, que por ostentarme,
Hombre erudito, y atestado en cuentos
Introduzco en la
Historia mil comentos.
II
A los que dicen (y ésta
es cortesía)
3065
Que soi largo, respondo brevemente;
Que puede ser lo sea tal qual día;
Mas también
puede ser que el que lo siente,
Por una cierta igual poltronería,
Se canse demasiado fácilmente,
3070
O que acaso padezca
algún letargo,
Y equivoque lo breve con lo largo.
III
Al otro cargo, de que se me acusa,
Debo decir,
que hago la glosa al Texto;
Como todo hombre honrado en
verso lo usa,
3075
Y podría decir tanto sobre esto,
Que
mi mente se hallara mui confusa
Con la misma abundancia,
y assí presto
Sin entrar en disputa, ni en contraste
Procuraré decir lo que os baste.
3080
IV
Quieren
muchos que el fin de los Poetas
Sea precisamente deleitar;
Pero otras opiniones mui discretas,
Dicen deben también
aprovechar.
Y para confirmar ambas recetas,
3085
Cien Autores
podría yo citar;
Pero digo que si hai sólo
el deleite,
Perdióse la fatiga y el azeyte.
V
Para agradar basta frequentemente
Un Músico,
un Bufón, y aun basta un mudo,
3090
Mas el Poeta debe
juntamente
Aprovechar (dixo uno que no es rudo):
Quien
las dos cosas junta dignamente
Merece el nombre Augusto
y campanudo
De Poeta; pues sabe un Sacristán
3095
Que
hai mucho de Poeta a Charlatán.
VI
Claro
está, que assí el punto ser debía,
Y más reflexionando el alto suelo
Que noble origen
dio a la Poesía;
Cuyo solar no es menos que en el
Cielo;
3100
Pero que vaya assí el negocio hoi día,
Aunque yo lo jurara por mi Abuelo,
Dirían más
de ciento, si lo apuro,
Que era yo un embustero, y un perjuro.
VII
Creo mui bien que assí en su origen
fuesse
3105
Esta noble Arte; esto es, que fuesse tal,
Que aprovechasse
a un tiempo y divirtiesse,
Por ser Sagrada, Mýstica,
y Moral;
Pero que en igual tono hoi prosiguiesse,
Aunque
soi hombre dócil, y cordial
3110
Y quisiera creerlo también;
pero
No me atrevo a creer tan de ligero.
VIII
Creo que hoy a esta Arte ha sucedido
Lo que sucede al agua
de una fuente,
Que cerca de su origen, o su nido,
3115
Es limpia,
clara, pura, y trasparente;
Mas después que se aleja,
ya es sabido,
Que se enturbia, y revuelve comúnmente,
Y un Lagunajo forma en muchas hebras,
Lleno de ranas, sapos,
y culebras.
3120
IX
Assí la Poesía: ella
fue un Arte,
No solamente amena y deleitosa,
Sino también
(dejando el chiste aparte)
Al pueblo sumamente provechosa.
Oy, olvidada de esta noble parte,
3125
Sólo va a divertir
la gente oziosa,
Y de Apolo la Cýtara bizarra
No es más que el Zagarrón de la Guitarra.
X
Aquella utilidad tan celebrada
Por muchos, que
professan la Poética,
3130
Es fingida y no más,
o imaginada
Como la qualidad Peripatética.
A rascar
las orejas la mañada
De muchos Poetillos, con su
Ética,
Tira y no más; y su ruda zampoña
3135
En vez de néctar, da a beber ponzoña.
XI
Y hablando sólo de dos mil Pedantes,
Que
han escrito Poemas Castellanos,
Con aquellos sus Cuernos,
sus Gigantes
Sus Monstruos, sus serpientes, sus Enanos,
3140
Halucinan a necios, y a ignorantes,
Y tal vez también
a intendimientos sanos,
Y colocando al Vizio, allá
en las cumbres,
Estragan, y corrompen las costumbres.
XII
No ignoro, que tal qual en la edad mía,
3145
Se
toma la fatiga, o el trabajo
De descubrir alguna alegoría,
En todo aquel Chimérico Librajo,
Y a lo de
Zahorí, se finge espía
Del sentido moral,
que está debajo,
3150
Encontrando sentencias en cada hoja,
Que sólo hai , porque al Frayle se le antoja.
XIII
Pero sea que muchos no se paran
A leer la alegórica
sentencia,
O que en la Alegoría no reparan,
3155
O no
saben sacar la consequencia,
O que en la aplicación
de ella disparan,
El caso es (y lo digo en mi conciencia)
Que no estoi de essos Libros satisfecho,
Y temo que hagan
más daño, que provecho.
3160
XIV
Por esso
no me mezclo en ciertas cosas,
Que el mismo lumbre natural
me enseña
Pueden ser un tantico peligrosas;
Y por
esso también mi honor me empeña,
En hacer
por mí mismo aquellas glossas
3165
O Alegorías,
que ninguno sueña,
Porque de mí en el Mundo
no se diga,
Que escusé, por poltrón,
esta fatiga.
XV
También otra razón
por hacer esto
Tuve grande (y lo digo en confianza);
3170
Que
algunos leerían sólo el texto;
Como lo hago
yo a vezes (y no es chanza).
Y procurando, como lo protesto
El bien de otros, y no estender la panza,
No reparé
en tomarme este trabajo,
3175
Aunque creciesse un dedo mi Librajo.
XVI
O Juanbartolo, por mejor decir,
Presago
de que su Obra, escrita en prosa,
En verso se vendría
a traducir;
Hizo él mismo las Notas, o la glossa,
3180
A las quales tal vez suelo añadir,
Para adornar
la Historia alguna cosa,
Y al benigno Letor el texto allano,
Para escusarle algún trabajo vano.
XVII
Y tengo para mí, que aquestas Notas
3185
Son mejores,
que Sierpes, y Leones,
Grifos Centauros, Buytres, o Garzotas,
Monstruos, Palacios, Hydras, Figurones,
De que las
fantasías siempre rotas
De los Poetas siembran sus
borrones,
3190
Y que en todo Letor, que no es discreto,
Nunca
producen el mejor efeto.
XVIII
Aora que ya estoi
justificado,
A la versión de Juanbartolo vengo,
A la qual, como yo tengo avisado,
3195
Por lo común, como
hombre fiel me atengo.
Y porque a todos la palabra he dado
De dar una noticia, la mantengo,
Porque yo siempre,
siempre amigo he sido
De cumplir, bien o mal, lo prometido.
3200
XIX
Digo, pues, que allá en tiempo de antaño
Pensaban las Mugeres delicadas,
Que las hacía a
todas mucho daño
El criar a sus hijos, y, engañadas,
Los daban a criar (fatal engaño!)
3205
A otras, fuessen
Solteras, o Casadas;
Y esto entonzes lo hacía tina
Señora,
Ni más ni menos como se hace
aora.
XX
Avéis visto lo que hacen las ovejas?
Si una bala, las otras también balan;
3210
Si corre,
corren todas; si entre rejas
Se mete en la reja ellas se
calan;
Si una levanta un poco las orejas,
Todas por levantarlas
se desalan.
No hacen las Reses este barbarismo?
3215
Pues las
mugeres de hoy hacen lo mismo.
XXI
Lo que hace
una, las otras lo han de hacer,
Sin advertir, que en una
es de alabar;
Lo que en otra se debe reprender,
Porque
en una razón se puede hallar,
3220
Que en otra no se acierta
a comprender,
Y lo demás es ser locas de atar;
Queriendo
andar como la zarabanda,
Como se debe? No: como se anda.
XXII
Si gana de aorcarse a una la diere,
3225
Creo,
que muchas de ellas se aorcaran.
Hallóse una sin
leche en la frasquera,
O con poca en las dos, que la
preparan,
Y dio a criar su Hijo a una Soltera.
Qué
hicieron las demás que esto reparan?
3230
Buscan Amas,
y gastan sus patacas,
Aunque tengan más leche que
unas Bacas.
XXIII
Marco se hallaba un poco embrollado
Y no quería (claro está) ser menos:
Tenía
Elvira su razón de estado,
3235
Y temía algún
daño en sus dos senos;
Por lo qual él y ella
avían pensado,
Embiar a Tulio con dos hombres
buenos
A un famoso Colegio, que las Damas
Llaman Seminario
de las Amas.
3240
XXIV
A él embiaban muchos estrangeros
Sus hijos a criar recién nacidos,
Marqueses, Condes,
Duques, Cavalleros;
Porque en él se criaban mui fornidos;
Y salían Latinos verdaderos
3245
A los dos o más
años no cumplidos
Porque las Amas de aquel Seminario,
Sabían más Latín que un Diccionario.
XXV
Mas no aviendo ninguna plaza vaca,
Marco escribió
a un Arrugo de Gaeta,
3250
Llamada assí de un Ama gorda
o flaca,
Como cantó de Mantua el Gran Poeta.
Encargóle
le embiasse una sin maca,
Que fuesse de buen juicio, hábil,
discreta,
De estómago robusto, y sin congojas,
3255
Blanca
de cara, y de mejillas rojas.
XXVI
Moza, bien hecha,
de cabello blondo,
Recién parida, buena dentadura;
De genio alegre, de pie un poco redondo,
De talle ayroso,
y grande de estatura
3260
Honesta sobre todo y de buen fondo,
Fiándola a persona mui segura,
Súpolo Elvira,
y iéndose a su estancia
Es fama, que le habló
en esta substancia
XXVII
A nuestro Hijo común,
Marido mío,
3265
Yo misma criaré con grande gusto,
Pues que yo le parí; y a nadie fío
Este
oficio, que hacerle yo es mui justo.
Leche tengo en mis
pechos, y confío
Que para criarle mui robusto
3270
El
cielo me la guarde, y me la aumente.
Con que escusas para
esto llamar gente.
XXVIII
Mi leche me parece será
igual
A la de otra, y quizá sea mejor,
Pues ya sabes
que tengo un pecho tal,
3275
Y tan lleno de cándido licor
Que pueda ir a ser Ama a un Hospital.
No me hagas,
Marco mío, el deshonor
De hacer creer al Mundo estoi
escasa
De aquello, que de sobra tengo en casa.
3280
XXIX
Y no sólo me empeño en el asunto
De criarlo,
si tú me das permiso,
Sino también, hasta
que llegue el punto
De que cumpla cinco años, es
preciso
Que de educar al Niño haga yo punto;
3285
Pues
las Madres que siguen otro aviso,
Y a sus hijos no educan
con paciencia,
Tarde, o temprano harán la penitencia.
XXX
Tú en el bolsillo traes siempre a Homero.
Y de Eneas, Ulisses, y de Aquiles
3290
Leído avrás
su ardor noble y guerrero
Jamás manchado con acciones
viles.
También leído avrás, si fue
sincero
Su Autor, que las hazañas Señoriales
De essos tres Héroes, grandes Capitanes
3295
A sus Madres
costaron mil afanes.
XXXI
Y Demóstenes,
célebre Orador,
Y Sócrates, Filósofo
preclaro,
A sus Madres costaron gran sudor;
Y si uno y
otro fue Varón tan claro
3300
Debiéronle a la leche,
y al licor
Del pecho de sus Madres, como es claro;
Que
si huvieren bebido de otra fuente,
Sabe Dios lo que fuere
aquella gente.
XXXII
Quántos Niños
enfermos a sus casas
3305
Vuelven, que salieron de ellas sanos?
Quántos se truecan? y en sus tiernas masas
Quántos vicios iprimen los Villanos?
Quántos
hai más fogosos que unas brasas,
Que nunca están
en paz con sus Hermanos?
3310
Mirándolos con cara siempre
aversa,
Porque mamaron leche mui diversa.
XXXIII
La que niega a su Hijo esse alimento,
Contra la providencia
se conjura,
Que el pecho no la dio tan corpulento,
3315
Para
añadir más gracia a su hermosura;
Ni por vano
symétrico ornamento
De su organizada arquitectura.
Diola los pechos para criar leche,
Que assí lo dijo
un Cura de Campeche.
3320
XXXIV
Una hora, y aun más,
discurrió Elvira
Sobre el punto, y citó muchos
Autores;
Pero mi pluma de esto se retira
Porque es mejor
no andar con ciertas flores,
Y en esto no hago más,
si bien se mira,
3325
Que imitar a cien otros Traductores,
Los
quales quieren despachar más presto,
Y capan,
o cercenan algo al Texto.
XXXV
Y Marco, que era
bueno, bueno, bueno;
Dixo lleno de gozo: bien me aclama
3330
El Mundo por feliz, de gustos lleno,
Puesto que mi Muger
quiere ser Ama.
O si el Cielo infundiera hoy en su seno
De todas las casadas esta llama!
Mas no se asusten vuestros
corazones,
3335
Que no siempre oye Dios mis oraciones.
XXXVI
Y aora sí, que ya todos entendido
Avrán
lo que allá dixe en otro Canto;
Que apenas oyó
Elvira aquel gemido
Del Niño Cicerón, y el
tierno llanto;
3340
Quando saltó del tálamo mullido,
E inclinada a la cuna tanto quanto
A la boca del Niño
aplicó el pecho:
Qué hizo Tulio? mamóle,
y buen provecho.
XXXVII
Marco, que de la cama aquesto
vía,
3345
Porque estaba dispierto adredemente,
Dentro
de sí de gozo no cabía,
Y mil cosas volvía
allá en su mente.
Este Niño (a sí mismo
se decía)
Con el tiempo ha de ser hombre valiente,
3350
Porque mama (aunque a algunas no las quadre)
Con la leche
las prendas de su Madre.
XXXVIII
Una vez le venía
al pensamiento
La gran Cornelia, rígida Romana;
Otra en Elvira, con igual contento,
3355
Miraba alguna célebre
Spartana,
Y renovado en ella aquel aliento
De la famosa
Andrómaca Troyana,
Quando hizo de sus pechos dos
granates,
Y todas las mamó el caro Astanates.
3360
XXXIX
Pocas te imitarán, o Muger fuerte,
(Marco
la dixo con risueña cara)
Mas quien ha de burlarse
de la muerte,
Y vivir mas allá es cosa clara,
Que
ha de huir del montón, y azia la suerte
3365
Encarar de
los pocos, que es más rara.
Y añadiendo otras
mil esclamaciones,
No se hartaba de echarla bendiciones.
XL
Ya igual con Artemisa a Elvira hacía,
Ya mil amantes ósculos la daba,
3370
Ya que fuesse adelante
la decía,
Y su gozo indecible la explicaba;
Y a
las locas y necias maldecía
(Aunque estos nombres
no los declaraba)
Que querrán sarna, lepra, y pujos
fijos,
3375
Antes que ellas criar sus propios hijos.
XLI
Crían sus hijos aun las mismas fieras,
(Enojado decía) aunque estén flacas,
Y no
lo hacen assí mil embusteras
Más gordas que
las Yeguas, y las Bacas?
3380
Dicen que lo hacen por guardar
severas
El decoro; más son unas bellacas;
Pues descubren
sus pechos sin recelo
Al Sol, al ayre, al agua, al frío,
al hyelo.
XLII
Esto decía Marco: mas no
obstante
3385
Yo no a todas las Madres las condeno,
Si a sus
hijos no crían; pues constante
Es, que muchas
tendrán motivo, y bueno.
Conócense a sí
mismas; y al Infante
Ya que al fin le tuvieron en su seno,
3390
Le desean costumbres las más puras,
Y no quieren
pegarle sus locuras.
XLIII
Otras (no serán
muchas por mi vida)
Como no aciertan nunca a estarse solas,
Y no pueden tener siempre escondida
3395
A ciertos ojos que
hai de carambolas
(Si han de criar) la mole bipartida
En dos cándidas peñas, o dos bolas;
Escusan
de criar la gran molestia
Por pudor, por recato, y por modestia.
3400
XLIV
Si es assí las escuso, y las alabo,
Mas no puede aguantar mi sufrimiento,
Que a sus Hijos no
eduquen, y que al Rabo,
Echan este cuidado de un Jumento;
Que a muchas no se les da un clavo
3405
De un punto tal, y de
tan gran momento
Perdóneme su ausencia, y su hermosura,
Que esto a mí me parece cosa dura.
XLV
A muchas las parece que en pariendo
A los Hijos, el cuento
está acabado;
3410
Pero se engañan a lo que yo
entiendo,
Que entonzes justamente ha comenzado
Entonzes
da principio sin estruendo
El cumplimiento del mayor cuidado,
Que es de los propios hijos la crianza,
3415
Y no sólo
el echarlos de la panza.
XLVI
Deben hacer las Madres
con sus hijos
Lo que hace con sus pollos la Gallina,
Que los libra de pájaros prolijos,
Los recoge, los
tapa, los acina.
3420
Han de enseñarlos a estar siempre
fijos
En nuestra religión, y su doctrina,
Y no passar
los días y los años
En bayles, juegos, Músicas,
y engaños.
XLVII
La misma Ley que llaman
natural
3425
Las impone esta grave obligación,
Y otro
precepto tienen especial
Del Señor, que las
carga esta pensión,
Diciéndolas a todas, que
del mal
Que sus hijos, por mala educación,
3430
Hicieren;
desde el día de la fecha,
Le han de dar una quenta
mui estrecha.
XLVIII
Olá Señores;
quando a las Madres hablo,
El Sermón también
habla con los Padres,
Pues con ellos también habló
S. Pablo,
3435
Y assí, cuidado, digo, mis Compadres,
Pues casi me endemonio, y aun me endiablo
Contra los
Padres y contra las Madres,
Al ver aquello que con ellos
hacen,
O por mejor decirlo, lo que deshacen.
3440
XLIX
Entregarlos no basta a una Criada,
Descargando sobre ella
el grave peso,
Que tal vez es viciosa solapada,
O quando
no, muger de poco sesso,
Y a ella se la da mui poco o nada,
3445
De que salga el Rapaz malo y travieso,
Antes le enseña
ciertas maniobras
Si no con las palabras, con las obras.
L
Pero sea Cristiana, cuerda, y buena,
Pensar
que ha de tener aquel cuidado
3450
De tus hijos, que a ti no
te dan pena,
Es un gran disparate, y de contado
Mi opinión
esta Moda la condena,
Y si alguna me alega que es usado,
Decirle a boca llena no recuso,
3455
Que tal uso no es uso,
sino abuso.
LI
Por esso Marco apenas vio señales,
De que Elvia su Muger estaba encinta,
Quando buscó
los Libros Magistrales,
Que tratan la Questión, larga
o sucinta,
3460
De Filis educandis, u otros tales,
Escritos
todos con la mejor tinta,
Y se aplicó a leerlos cuerdamente,
Porque Marco era un hombre mui prudente.
LII
Y
también quiso que Elvia los leyesse
3465
Antes que diesse
a luz il bel Bambino,
Para que más que flores produgesse
Fuera de tiempo el Orador de Arpino,
Y al fin de que
el Chiquillo lo aprendiesse
Nos dice un manuscrito mui Latino,
3470
Que Marco a traducir se halló resuelto
La Ciropedia
en verso libre, y suelto.
LIII
Assí quiso
que fuesse intitulado
Su Libro Marco, de cuya energía
El que quiera saber lo bien pensado,
3475
Lea, siquiera, la
Etimología
De Varrón, que aora en Roma se
ha estampado,
En qué Imprenta no sé,
ni Librería;
Sólo sé que es un Libro
mui cumplido,
Es verdad, que yo nunca le he leído.
3480
LIV
Mas para hacer de un Libro cabal juicio,
El
leerlo no es hoi mui necesario:
Basta sólo leer el
frontespicio,
Y ver después el Índice, o Sumario:
Basta leer a Clerc, a Juan Fabricio,
3485
O qualquier Diario
Literario,
Y aun sobr[e] la Eloquencia el Señor
Fontanini, o de algún otro Escritor.
LV
Hai en efeto no pocos Chorlitos,
Que en dos días
se hacen Literatos,
3490
Y assí de Impresos como manuscritos
Su voto dan, siendo unos mentecatos;
Y aun de Libros tal
vez jamás escritos,
Hacen graciosa Crítica
y retratos.
Y es lo mejor, que entre hombres dozenales,
3495
Lucen, brillan, y triunfan estos tales.
LVI
Esparcen
a costales la doctrina,
Presumiendo de doctos, y eruditos;
Pero su erudición es de Cocina.
Logran aplausos
entre los benditos,
3500
Todos son confusión, y badurriña,
Dicen mil necedades con mil gritos:
Yo déjolos hablar,
y punto en boca,
Más doi a cada qual lo que le toca.
LVII
Para mí, todos ellos son Pedantes,
3505
Con una buena dosis de Impostores;
Mas dejo que los bobos,
o ignorantes
Los tengan por grandíssimos Doctores,
Sólo porque estos míseros Danzantes
Saben
los nombres de dos mil Autores,
3510
Sus Ediciones, Índices,
y Tomos,
Que miraron no más que por los lomos.
LVIII
Pero es menester leer lo que está dentro,
Masticarlo, pensarlo, digerirlo,
Dejar la superficie, e
irse al centro,
3515
Penetrarlo mui bien sin confundirlo
Con
lo que ofrece el casual encuentro:
Ni contentarse sólo
con abrirlo;
Como suelen hacer muchas Cabezas,
Que en vez
de leer Libros, leen piezas.
3520
LIX
Ni se tengan por
Sabios, y eruditos
Aquellos, que revuelven solamente
Tantos
compendios, como están escritos,
Perdiendo el tiempo
miserablemente.
De estos necios se encuentran infinitos,
3525
Que con esta letura, falsamente
Se imaginan mui doctos,
y mui sabios,
Cosa que no han gustado con los labios.
LX
Los que no quieran ser simples, o ciegos,
Siempre
deben traer entre las manos
3530
Los mejores Autores de los riegos,
De los Latinos, y los Castellanos;
Si no lo hacen assí,
serán tan legos
Como yo, y otros muchos mis hermanos;
Y todas las demás son pataratas,
3535
Que a las personas
no hacen literatas.
LXI
Para lograr Literatura
fina,
Es menester leer Libros de Historia,
De Poesía,
y de Moral doctrina,
Y estamparlos después en la
memoria.
3540
De esta manera se hace buena harina,
Y se logra
también aquella gloria,
De dar a todos complacencia
suma,
Ya se mueva la lengua, ya la pluma.
LXII
Y si en sublime estilo, y elevado,
3545
Cantar queréis
los Héroes, las hazañas
De este siglo presente,
o del passado;
Se roerán de embidia las entrañas
De los que al Cielo vean sublimado
Vuestro Numen; y en
cláusolas estrañas
3550
Prorumpirán en mil
esclamaciones
Pueblos, Reynos, Provincias, y Naciones.
LXIII
Pero diréis de mí, que incito
al vuelo
A los demás, y yo siempre arrastrando,
No sé, ni acierto a levantar el vuelo.
3555
Tenéis
razón; mas la verdad hablando,
Con una sola cosa
me consuelo,
Y ésta es, que en las batallas,
allá quando
No se avían usado los Charines
Un cuerno daba ardor a los Rocines,
3560
LXIV
Y hasta
una Campana, por ejemplo,
Que desde una gran Torre al Pueblo
avisa
Que ya dieron las diez, y venga al Templo
Ella no
baja a él, ni va a la Misa.
Yo, pues, una Campana
me contemplo,
3565
Y aunque mi Musa es pobre y sin camisa,
Pero
al fin es Campana, que os llama;
A que aspiréis
a honra, y a inmortal fama.
LXV
Y por volverme
a Marco finalmente,
Digo, que en traducir se divertía
3570
La Ciropedia, y esto solamente,
Porque enseñar a
Tulio pretendía,
A competir con Ciro en lo prudente,
Y debajo de aquella alegoría
Le enseñaba
a ser Noble Ciudadano:
3575
Dixe poco: a ser Hombre Soverano.
LXVI
Y sobre este mismíssimo modelo
Se compuso el famoso Telemaco.
Libro lleno de juicio, y
de aquel zelo,
Que predicar no sabe para el saco,
3580
Sino
para la gloria, y para el Cielo
De todo aquel, que no ame
ser bellaco,
Y que en octava rima ha traducido
Un poeta
Italiano conocido.
LXVII
Libro, vuelvo a decir,
tan bueno, y tal,
3585
Que de él mil cosas puedes aprender,
Porque está lleno del mejor Moral,
Y todos
le debían de tener,
Bajo la almohada, o bajo del
guansial.
Para saber mandar, y obedecer,
3590
Como junto a la
almoada, y a una media
Tenia Cicerón la Ciropedia.
LXVIII
Bien que aora no estaba para esso,
Como
tampoco para cosa alguna;
Porque estaba empañado,
y como preso
3595
En brazos de la Madre, o en la Cuna;
Y ora
Elvira le daba un dulce beso,
Ora al Cielo ensalzaba
su fortuna,
Y ora hacía con él otras mil cosas,
Que hacer suelen las Madres amorosas.
3600
LXIX
La
atención, el desvelo, y diligencia
Conque Tulio en
Arpino fue criado,
Quien de oírme tuviera la paciencia,
Mañana lo sabrá; que hoi soi llamado
A poner
en noticia de mi audiencia
3605
Un caso que en Bartolo hallo
contado;
Porque fue Juanbartolo fidelíssimo,
O si es frasse mejor, era exactíssimo.
LXX
El tal Bartolo verdaderamente
(Porque quiero decirlo aquí
de passo)
3610
Fue un hombre a todas luces excelente,
Un hombre
de gran flema en qualquier caso,
Y las cosas contó
menudamente
Del gran Tulio en estilo liso y raso.
Y quién
sabrá si su discreta prosa
3615
No me valdrá a
mí un día alguna cosa?
LXXI
Si Francisco
Primero, Rey de Francia,
A todos los Franceses Traductores
Daba, para vivir con abundancia,
Ya pensiones, ya empleos,
y ya honores:
3620
Tanto que la Eloquencia y la Elegancia,
Eran
entonzes frutos, y no flores,
Y volaron las plumas más
discretas,
De Oradores, Doctores, y Poetas.
LXXII
Quién sabe si tal qual de mis Oyentes,
3625
Sin ser
aquel gran Rey, diga: yo quiero
Mil doblones, que traigo
aquí calientes,
Regalar al Intérprete
sincero
De Tulio? ¿Quién sabe, si entre dientes,
Dice otro: Yo le dejo mi heredero.
3630
Y quién sabe,
si alguna Dama hermosa
Se empeña y me hace obispo,
u otra cosa?
LXXIII
Pero ¡ola! que esto sólo
es verbigracia;
Que aunque no estoi cortado en buena Luna
Ruego al Cielo, que me haga la gran gracia
3635
De que nadie
me dé cosa ninguna;
Porque sería para mi desgracia,
La que otro contaría por fortuna,
Y tengo una
esperanza mui fundada,
Que será mi oración
bien despachada.
3640
LXXIV
De este modo estaré
mui consolado,
Porque corre un proverbio entre la gente,
De que oy sólo es hombre afortunado
El necio, el
ignorante, el insolente;
Y viendo yo que he sido desgraciado
3645
Hasta aquí: decir suelo acá en mi mente:
Pues jamás la Fortuna en mí tropieza,
Sin duda que soi hombre de cabeza.
LXXV
Por esso,
si al oír mi algaravía,
En vez de decir: bravo!
noble! bello!
3650
A alguno le viniesse la manía
De darme
cien escudos; por el cuello
Yo mismo a vista de él
me colgaría,
Como quedó Absalón por
el cabello.
Porque entonzes pensara quizá alguno,
3655
Que era yo en el montón número uno.
LXXVI
Es verdad que tan dócil suelo ser,
Que
viendo lo mejor, lo peor sigo;
Y si me dan regalos a escoger
(Cosa que raras vezes la consigo)
3660
Cedo a la fuerza, y hago
esse placer
A una Dama, a un Canónigo, a un Amigo.
Y en estas (que son pocas) ocurrencias
Lo tomo, y no reparo
en menudencias.
LXXVII
De lo qual dar fe puede
una Señora,
3665
(Cuyo egemplo honrará a los Cavalleros)
La qual sabe mui bien que hasta esta hora,
De su gran
bizarría a los esmeros
No se negó mi alma
pecadora;
Pues nos enseñan Santos mui austeros,
3670
A recivir con gusto, y alegría
Los regalos que el
Cielo nos embía.
LXXVIII
Mas del camino
un poco me he apartado
Y es razón que volvamos al
camino;
Porque no piense alguno que lo he errado,
3675
Para
traer el agua a mi molino.
Oigamos ya, si assí es
de vuestro agrado,
De boca de Bartolo, hombre divino,
El caso que en Arpino por Enero,
Sucedió el día
treinta de Febrero.
3680
LXXIX
Un día que fue
Elvira a cierta fiesta,
Se quedó Cicerón en
casa solo,
Y la única vez creo fue aquesta,
Que
solo le dejó, dice Bartolo.
Quando vino de un bosque,
o una floresta
3685
Un enjambre de Abejas, y cercólo;
Y en la boquita abierta al natural
De miel le fabricó
un dulze panal.
LXXX
Sonó el Ave María
en el oído
De Elvira, y volvió a casa, como
se usa,
3690
Acompañada siempre del Marido
(Ceremonia
que ha tiempo que se escusa),
Y viendo lo que avía
sucedido,
Pasmada, helada, atónita, confusa,
Se
quedó inmoble mano sobre mano,
3695
Como está la
columna de Trajano.
LXXXI
Pero Marco que al fin
era hombre grave,
Se hizo traer un trago de buen vino,
Bebió, y dixo: O gran Dios! y qué bien sabe
Será Tulio un gran griego, un gran Latino,
3700
Y en
uno y otro idioma más suave,
Que la miel. Y por Dios,
que fue adivino.
Y Elvira se alegró en su corazón,
Porque lo mismo sucedió a Platón.
LXXXII
Y aora aquí se podría un buen problema
3705
Excitar: si fue más maravilloso
Este caso, y más
digno de un Poema,
Que el de Rómulo y Remo tan
famoso?
Mas porque esto no viene a mi systema,
Ni yo tampoco
soi el más curioso,
3710
Dejo a algunos discretos pelucones,
Que examinen en Casa estas Questiones.
LXXXIII
Y, acabando por donde comenzé,
Porque al principio
corresponda el fin,
Y porque ciertamente sé yo, que
3715
La brevedad agrada hasta un Rozín,
Antes que alguno
se me queje, de
Que le serré por medio el peluquín,
Protesto, que ya voi a terminar,
Y cuidado no sirva de
egemplar.
3720
LXXXIV
Porque en los otros Cantos quiero
hacer
Lo que más cuenta en ellos me tuviere;
Breve,
largo, ancho, angosto avrá de ser,
Como se me antojare,
y yo quisiere.
Si lo largo da a alguno displacer,
3725
Sea breve,
quando él a hablar viniere.
Y deje a cada uno en
su Lonja
Hable como Cartujo, o como Monja.
LXXXV
Y otra cosa añadir quiero a lo dicho,
Y es,
que si en criticarme todavía,
3730
Prosigue algún
discreto, o algún Bicho,
En cada Canto avrá
su apología,
Y entonzes, por merced de su capricho,
Saldrá más larga aquesta Historia mía,
Y el tiempo perderáse en cosas vanas,
3735
O en un mismo
cantar, como las Ranas.
LXXXVI
Por esso avéis
de hacer lo que os digere:
Sólo avéis
de pensar en alabarme,
Si yo he de proseguir, o si quisiere
Alguno con su Crítica humillarme,
3740
Sepa el tal Malandrín,
sea quien fuere,
Que sólo ha de lograr el enfadarme,
Y que le digo, es su ignorancia estrema,
Pues no sabe los
Cristus del Poema.
LXXXVII
Y el recurso a Platón
será mui vano;
3745
Ni al de Stagira, ni a nuestro Venusino,
Que essos sólo trataron, como es llano,
De
el Poema ya Griego, ya Latino,
Mas no del Español,
ni el Italiano,
Ni menos de el de mi Bartolomino.
3750
El qual
no está sugeto a faramallas,
Ni a sutilezas de essas
antiguallas.
LXXXVIII
Los que pensaron sólo
en poner grillos
A los nobles Ingenios, que nacieron
Tan
libres como nacen los Novillos.
3755
Yo de todas las reglas que
nos dieron,
Me río; y no quiero más seguillos,
Que también ellos de otros se rieron.
Y por
oy acabóse mi Sermón,
Pues ya espera la cena,
o colación.
3760
Fin del Canto V
I
El Petrarcha, Bocacio, Ariosto, Dante,
Con otros que no
tengo en la memoria,
Al sexo mugeril, siempre elegante
Tomaron por objeto de su historia.
Por varias sendas fue
cada Danzante,
3765
Con que salió una buena pepitoria.
Más brillante que el Sol uno lo pinta,
Y otro
le hace más negro que la tinta.
II
A la
letra lo mismo se hace oy día:
Pues del sexo se habla
en la ocurrencia,
3770
Ya bien, ya mal, como allá entonzes
se hacía;
Y no hai hombre que no dé su sentencia.
Yo también esta moda seguiría,
Si en este
mismo punto la prudencia
No estuviera tirándome la
manga,
3775
Para apartarme desta mogiganga.
III
Porque
si entrara en ella, es más que cierto,
Que no
saldría yo mui bien librado,
Pues la venganza feminil,
ni aun muerta
Perdona, ni aun después que está
enterrada.
3780
Y desde que oí un día a un tal
Roberto,
Que él mismo en sí lo avía
assí probado.
Más miedo tengo a la ira femenil,
Que a apagar con los dedos un Candil.
IV
De lo
malo se ha dicho en abundancia,
3785
Y si yo me metiera a ser
Doctor,
Fuera fácil en tanta redundancia,
Parecer
gran Poeta, y Orador.
De lo bueno expondría mi jactancia
A quedar desayrada, y sin honor;
3790
Que a la verdad el punto
aun el más ducho
Tendría que pensarlo mucho,
mucho.
V
Esto es cierto que hablándose in
abstrato,
De todo hablar se puede bien y mal;
Pues hai
un Panegýrico del Gato,
3795
Del Burro, de la Peste y
Orinal.
No obstante, si a este sexo, de quien trato
Alabarle quisiera en general,
No sé yo si aun assí
me atrevería,
Por miedo de que acaso pecaría,
3800
VI
Mas, si patente haría mi interior,
No
sé qué haría, pues, por mi fortuna,
Tengo la dicha, tengo el grande honor,
De servir a una
sola, que en sí aduna
Prendas, que la hacen ser la
bella flor
3805
De todo el sexo; y en gracia de esta una
A todas
ellas yo las perdonara,
Inclussas las que tienen mala
cara.
VII
Es verdad, que hablo de una solamente;
Pero debe entenderse sano modo,
3810
Pues no quiero escluir
enteramente
A otras, que en el sexo avrá de todo,
Y se debe creer piadosamente,
Que juiciosas las hai, las
hai de modo,
De virtud, de prudencia, y aun también
3815
Calladas las avrá. Decid: Amén.
VIII
Solamente de aquellas que yo trato
Ha de aver más
de veinte, por lo menos
Llenas de juicio, llenas de recato,
Y finalmente llenas de los llenos,
3820
Que hacen de la virtud
el fiel retrato.
Mas dejando a las vivas, van mis Trenos
A hablar de una que ha siglos es difunta,
Y ha de ser el
modelo de la Junta.
IX
Ya todos juzgarán,
y bien, que es ésta
3825
La gran Madre de nuestro Cicerón,
Elvia, o Alvira; siendo cosa honesta,
Y también,
a mi ver, puesta en razón,
Que, si el hijo es persona
manifiesta,
Lo sea aquélla, que fue la ocasión
3830
De que venere a Tulio el Orbe entero,
Más que venera
el Tormes a un Sesmero.
X
Haciéndola por
cierto una injusticia
Todos los Poetas del pretérito
Tiempo, que nos dejaron gran noticia
3835
De otras Mugeres,
no de tanto mérito,
Y fuesse por olvido, o por malicia,
No hablaron de Elvia, cuyo benemérito
Nombre
apenas se halla en los Cartones
Roídos de polillas,
y Ratones.
3840
XI
Mas yo procuraré, si os agrada,
Con el rudo, y el bajo ingenio mío,
Sacarla de aquel
polvo, y de la nada,
Y darla a conocer al sexo pío:
Bien que mi Musa no es proporcionada,
3845
A empeño,
que pedía mayor brío;
Mas de Bartolo suplirá
la hacienda,
Como inventor que fue de esta Leyenda.
XII
Y, si quizá a tal qual le pareciere,
Que esto es salirme yo del argumento
3850
Que es un aplicar
deum de dere
A un Cuerpo humano testa de un Jumento
Esse
tal acuérdese, si quiere,
Que doi de Juanbartolo
el instrumento
Y que tras de él me voi por donde
guía,
3855
Ya se vaya a Pekín, o a Turquía.
XIII
Dejando, pues, a Cicerón dormido
A folio mil i tres, Libro primero,
Dice, que de Elvia el
mérito cumplido
Pretende examinar mui por entero.
3860
Y yo que a ojos cerrados lo he seguido,
Y seguiré
hasta el fin con todo esmero,
Aunque conozca que se descamina,
Detrás de él me he de ir hasta la China.
XIV
No es razón dispertar a Cicerón,
3865
Y assí no hablaré de él en un gran
rato,
Porque sería grande indiscreción
Dispertar, aunque fuera a un Maragato,
Que se tuviera durmiendo
en un rincón.
Y assí Chitón, Señores,
que aora trato,
3870
De no inquietar el sueño al buen
Rapaz,
Y dejarle dormir en santa paz.
XV
Un acto
tan preciso como humano,
Acredita que soi hombre prudente,
Pues también duerme todo Fiel Cristiano,
3875
Y aun Quevedo,
aquel hombre tan valiente,
Durmió, y durmió
el Poeta Mantuano,
Uno en su Cama, y otro al inclemente
Cielo, junto a un Nogal, lleno de nuezes,
Y hasta Homero
durmió algunas vezes.
3880
XVI
Y aun yo quedo
alabarme en este punto,
Que no la cedo (a modo de decir)
Ni a Omero, ni al Parnaso todo junto,
Se entiende en quanto
al punto de dormir,
Pues echo a cada Canto el contrapunto
3885
Con el sueño, y aun muchos, que a oír
Venís
con atención la Historia mía,
Conmigo
dormiréis, de compañía.
XVII
Y ya estoi viendo dar sus cabezadas
A algunos; que no
a todos la materia
3890
Agradará, y assí vuelvo
a las andadas,
Que mi Musa, aunque llena de lacería,
Es como algunas mulas alquiladas,
Que ambrientas, y atestadas
de miseria,
Caminan al principio a passo lento,
3895
Mas, picadas
después, ganan al viento.
XVIII
Assí
la Musa mía, aunque Esqueleta,
Y sin picarla,
sea una lechuga,
En picándola; vuela qual Saeta:
Ella más fresca es que una lechuga;
3900
Pero también
es fresca una escopeta,
Quando nadie la carga, ni ataruga;
Mas echándola pólvora, allí luego,
Con tal que la disparen, dará fuego.
XIX
Dice, pues, nuestro Autor, digno de fe
3905
Que en una de las
tres partes del Mundo
(Citando a Tolomeo) hai y se ve,
Un País mui ameno, y mui fecundo;
Y aun añaden
Descartes, y otro, que
Se estiende en ancho, largo, y en
profundo
3910
Y que nacen en él espinas, rosas,
Hombres,
mugeres, bestias, y otras cosas.
XX
El que quiera
tener más estendida
Noticia de un País tan
soberano,
No gaste en Mapas el dinero, y pida
3915
A un Librero
la Obra de un Paisano
Mío, y quedará al punto
servida
Su Señoría con dinero en mano:
Su Autor es Passerón, y según fama
La Guía
Geográfica se llama.
3920
XXI
En este, pues,
País la Diosa Bona
Una hermosa ciudad llamada Buena
O Bolonia fundó, y de su persona
La dio el nombre,
llamándola Rebuena,
Que, según un buen clérigo
de Ancona,
3925
El nombre de Bononia aquesto suena,
Y aun se
llama Felsina y no Felsino,
Si engañarme no
quiere el Calepino.
XXII
Hai en Bolonia copia de
Togados,
Y en ella comen bien los forasteros
3930
Como lleven
zequines embolsados.
Hai en ellas plebeyos, hai muchos Cavalleros,
Hai Frayles petimetres y embrelados
Hai monjas, hai solteros,
hai casados,
Hai casas con ventanas, y con puertas,
3935
Que
cerradas no están, si están abiertas.
XXIII
Hai juezes, hai Sbirros, hai Notarios,
Y hai
Señores llamados los Quaranta,
Hai Médicos
también, y hai Boticarios,
Y hai quien compone en
Música, y quien canta,
3940
Hai Pintores, Plateros, y
Antiquarios,
Y con razón se alaba en gloria tanta,
De que ha dado en virtud, en paz, y en guerra
Héroes
mil al Empyreo, y a la Tierra.
XXIV
Y ésta
sí que era buena coyuntura,
3945
Para alabar a aquel Hombre
divino,
En quien la Tierra y el Cielo se conjura
En
hacerle modelo peregrino
De racional y sabia arquitectura:
Columna de la Fe; apoyo el más fino
3950
De Sagrada y
Civil Literatura,
Que a los Urbanos, Píos, y Leones
Fue pisando (digamos) los talones.
XXV
Roma sabe
mui bien, que yo no miento,
Y lo sabe el Herege, y el Cristiano,
3955
Y una Homilía haría, o más de ciento,
Sobre el que os govierna en Vaticano,
Pero estoi con
mi suerte mui contento,
Y no quiero tomar su nombre en vano.
Diré, pues, porque sé vuestros antojos,
3960
Lo
que en Bolonia vi por estos ojos.
XXVI
En ella
estuve algunos pocos meses,
Y vi en ella mil cosas singulares.
Vi un Pozo, por el cual los Modeneses
Han tenido sus dares
y tomares.
3965
Vi una Torre, a la qual los Boloñeses
Carisenda la llaman; los Vulgares,
Ni los Nobles no
saben el motivo,
Ni aun yo mismo lo sé, quando lo
escribo.
XXVII
Hai en ella Teatros, Galerías,
3970
Jardines, Templos, Fuentes soveranas;
Hai Bodegas, Cantinas,
y Osterías,
Y hai buen pan tardes, noches, y mañanas;
Hai pequeñas, y hai grandes Sacristías,
Y
hai Torres en las quales hai Campanas.
3975
Hai Pórticos,
donde todos se recojen,
Para que quando llueve, no se mojen.
XXVIII
Vi uno, que se llama El Instituto
Lleno de cachibaches de Archimedes,
De mil curiosidades
proveduto;
3980
Mas si vas sin dinero a verle, puedes
Hacer
cuenta de averle ya veduto,
Aunque fueras el mismo Ganimedes;
Hai la Spécula en fin, más alta que él,
Que parece la Torre de Babel.
3985
XXIX
Quizá
allá subirían los Caldeos,
Con aquel Telescopio
Florentino
Que inventó Galileo Galileos:
Manfredi
estaba en ellas de contino,
Y las manchas del Sol, lunares
feos,
3990
Descubrió allí un Astrólogo Teatino,
Y desde ella otro Astrónomo de Flandes
Descubrió,
que los astros eran grandes.
XXX
Desde ella vio
un Strólogo al Bargelo,
Con todos los Satélites,
al lado
3995
Del Dios de los ladrones; y el Burchielo
Vio las
estrellas con el Sol nublado;
Otro vio a Venus componerse
el pelo,
Y darse con color el encarnado
Y otro vio, sin
tener Lente ninguna,
4000
A los hombres passearse por la Luna.
XXXI
Hai en Bolonia muchos Boloñinos,
Damas
mui lindas; hai hombres pazguatos;
Hailos discretos, y hai
muchos vecinos
Que se llaman Petronios; hai perros y gatos
4005
(Y de esta specie son los Birichinos);
Hai cuerdas para
atar a mentecatos,
Hai Fábrica de Naypes singular;
Y hai también mucha sarna, que rascar.
XXXII
Quien quisiera contar menudamente
4010
Todo lo raro, que en
Bolonia se halla,
Tendría bien que hacer seguramente;
Porque yo no he hecho más que designalla,
Y hablar
de ella más sumariamente
El que quiera del todo penetralla,
4015
Haga lo que hize yo, tome la posta,
Que al Oste escribiré,
y si no a la Osta.
XXXIII
Y no dude será
mui bien tratado,
Como lleve quatrines, del Ostero,
Que
en Bolonia es un hombre mui honrado
4020
Y siempre quiere bien
al forastero.
El color de su sangre es colorado,
Mas su
dulzura almíbar verdadero,
Que por esso esclamó
cierta Condesa:
O qué dulze es la sangre boloñesa!
4025
XXXIV
Y cuidado, que no, no fue ironía,
Sino verdad mui seria, lisa y llana
Y dejando otras
cosas que diría;
Y no pondría fin hasta mañana;
Si en otras partes hai Sabiduría,
4030
Que a Bolonia
se debe, es de fe humana,
Pues no hai Lyceo apenas, que
Colonia
No sea, o Municipio de Bolonia.
XXXV
Siempre
ésta mereció gran reverencia,
Y mucha estimación
por su doctrina.
4035
Tiene sus Profesores de Eloquencia
De
Física, Moral, y Medicina,
De Astronomía,
de Jurisprudencia,
De Lengua Griega, y también de
la Latina:
Tanto, que bien se puede a sus Almenas
4040
Llamarlas,
el recinto de otra Atenas.
XXXVI
Hai Letores insignes,
todos varios,
Y casi todos la hacen grande honor;
Que aunque
no son crecidos sus Salarios,
En sus pechos los suple el
patrio amor.
4045
Los estudiantes no son Rufalandarios,
Antes
cada uno aspira a ser Doctor,
Y assí el Bonia
docet, en Navarra
Lo cantaba un Barbero a la Guitarra.
XXXVII
Sea el ayre sutil, o sea el clima,
4050
O el
mucho estudio, o sea otra cosa,
Nobles tuvo Escritores,
tanto en rima
Como también en elegante prosa.
De
Poetas llegó casi a la cima
La Copia, o bien la turba
numerosa,
4055
Pues nada debe, en punto a riego ameno,
Al Arno,
al Tybre, el delicado Reno.
XXXVIII
A Oreste
Boloñés, y al Guinizzelli
Los dejo estar,
por ser un poco viejos
Pozzi, Manfredi, y Jacomé
Martelli
4060
Fueron del Pindo tres claros espejos,
Como son,
el Zanossi, y Scarelli,
Fabri, y Ghedini, y otros menos
lejos,
Y en fin tienen la gloria las Señoras
En
Bolonia, de que entre ellas hai Doctoras.
4065
XXXIX
De ti quisiera hablar, o Laura bella,
(A pesar de la edad,
que ésta en el alma
Más hermosura añade
en cada huella)
Laura, digo, de Bassi, a quien la palma
Cedió Euterpe, y quedó mui vana ella;
4070
Mas
no quiero inquietar tu dulze calma,
Porque para alabarte
dignamente,
Es menester tu Numen, o tu Mente.
XL
Mas no eres Tú la sola Boloñesa,
Que a pechos
se echa toda la Elicona;
4075
Muchas faldas tan sabias como essa,
Cuenta Bolonia, que inmortal Corona
Ceñidas,
y assí el Mundo lo confiessa,
Quando la fama a gritos
lo pregona.
Y esta gloria no es de oy, ni tan reciente,
4080
Porque la misma fue perpetuamente.
XLI
Y de todo
lo dicho es consequencia,
Que de Bolonia fue la Sabia Elvira.
Y si alguno llevare otra sentencia,
Yo le diré en
su cara, que delira,
4085
Pues Bartolo fue hombre de conciencia;
Incapaz de decir una mentira,
Y dice, que a Bolonia
fue de intento,
Por ver la casa de su nacimiento.
XLII
Y en aquella ocasión le fue mostrada,
4090
Por
especial favor, la antigua Cuna,
Donde Elvira, al nacer,
fue reclinada,
De que no nos quedó reliquia alguna;
Y también una bata apolillada,
Y otras cosillas
que, si por fortuna,
4095
Las cogieran algunos antiquarios,
Harían cien preciosos Comentarios.
XLIII
Vio en ella, y conoció algunos Parientes,
Cuyo
nombre escondió a nuestra noticia,
O el tiempo, por
sus varios accidentes,
4100
O de algún embidioso la malicia,
Que el texto mutiló con falsos dientes,
Aunque,
si se ha de hacer recta justicia,
Hai muchos más
motivos y razones,
Para creer, que fueron los Ratones.
4105
XLIV
Éstos sin duda hicieron el Comento:
Voz Griega, que de Comedo deriva,
Y a la verdad con
mucho fundamento;
Pues, si a entender el texto no se arriva,
Se trae con los dientes al intento,
4110
Y no hay Autor, por
más claro que escriba,
De quien su Expositor no haga
un Comento,
Fingiendo algún mysterio en su agudeza,
Que jamás le passó por la Cabeza.
XLV
Y por esso el Petrarca lloró tanto,
4115
Quando
en vida alcanzó ser Comentado,
Y esperó merecer
el común llanto,
Quanto más ser de todos
perdonado;
Pues como él dixo en un suave Canto:
Ciertamente no sé en lo que he pecado,
4120
Quando un
Comentador tan embustero
Me hace decir a mí lo que
no quiero.
XLVI
Dejóme en tenebroso obscuro
horror,
Tanto que no sé yo quién soi yo mismo;
Y quando oigo ensalzar mi gran valor,
4125
Por poco no me da
algún parasismo.
Qué haré? qué
me aconsejas dulze amor?
Cómo perdido me has
en tanto abysmo?
O vuélveme al Estado que tenía,
O haz que conozca yo la prole mía.
4130
XLVII
Assí dixo el Petrarca; y yo le escuso,
Si tanto
se irritó; pues no hizo poco.
Si a su Comentador,
por el abuso,
A palos no molió; porque es un loco
Todo Comentador, que sigue él uso,
4135
Introducido oy
día in omni loco,
De hacer un Comentario tan violento,
Que él mismo necesite de Comento.
XLVIII
Los tales tienen don particular
De saltar, como dicen,
todo el fosso;
4140
Quando hai algo en que puedan tropezar.
Trinchan ellos, a roso y a belloso,
Y el agua clara la hacen
enturbiar,
Y quando fingen, que uno como un Oso
Combate
contra otro, comúnmente
4145
No hacen más que copiarse
mutuamente.
XLIX
Equivocarse es cosa ya ordinaria,
(Y se equivocan de lo bueno, y gordo).
Como doctrina
dar no necesaria,
Y gritar al Lector, que no es mui sordo.
4150
Dicen aquí una cosa, y la contraria,
La encuentra
más allá qualquier Balordo,
Y se suele llevar
la mayor palma
El que al texto le quita toda el alma.
L
Quédanse embueltos grandes Escritores
4155
En un olvido
obscuro, y lastimoso,
Porque en presa los dejan los Letores
A la polilla, al polvo, y al reposo,
Por no sufrir
a sus Comentadores,
Cuyo Comento se hace tan tedioso,
4160
Que
el Letor, por la boca echa venablos,
Y el Texto, y el Comento
da a los Diablos.
LI
Los dichos más notables
de su Autor
Suponen, que sacados de otros fueron,
Aunque
el nombre quizá del Escritor
4165
Que citan, sus oýdos
nunca oyeron:
Como si fuera indudable, que a un Doctor
No ocurriera lo que otros ya digeron,
Y lo que antes cantó
tímida Avena
No se cante después a boca llena.
4170
LII
Dicen tal vez mentiras garrafales,
Y lo que
es oropel venden por oro,
Imponiendo al Autor errores tales,
Contra todo su honor, y su decoro,
Que, por merced de aquestos
Animales,
4175
Ve su nombre manchado, y hacer coro
(A influjo
de ignorantes atrevidos)
En la lista de Libros prohibidos.
LIII
No permita, pues, Dios, que algún Cristiano
Comentar se la antoje esta Leyenda,
4180
En la que yo no afecto
hablar Toscano,
Sólo sí, que lo que hablo
se me entienda;
Y si hai algún malsín, o algún
Pagano
Tan ruin, y malicioso, que pretenda
Que hablo de
éste, u de aquél, sepa, que miente
4185
Y se lo
digo assí claritamente.
LIV
A lo más
más, querrá que, a beneficio
De algunas
gentes que hai un poco idiotas,
Me hiciesse una buena alma
el gran servicio
De poner a la Obrita algunas notas,
4190
Como
lo hizo un buen Prete, hombre de juicio
Con el Dante, en
sus bellas anécdotas.
Esto agradeceré, y aora
volvamos
A Elvira, y nuestra Historia prosigamos.
LV
Hize en Bolonia muchas diligencias
4195
Por saber, qué
Familia era la suya;
Mas, lejos de encontrar con evidencias,
No hallé ni un solo indicio, que lo arguya;
Ni encontrar pude en muchas ocurrencias
Un Geanólogo
solo que me instruya.
4200
Y tengo otro argumento convincente,
De que no hai tal casta, ni tal gente.
LVI
El
argumento es éste: Yo en Bolonia
Estuve algunos meses
del imbierno,
Y siendo aquella noble Babylonia
4205
(Como escrito
lo hallé en cierto Quaderno)
De Italia bizarríssima
Colonia,
Nadie me regaló, ni aun con querno,
Salvo un Señor Abad (ilustre Frate)
Con quien siempre
tomaba Chocolate.
4210
LVII
Pues aora arguyo assí:
si fuesse vivo
Algún pariente de Elvia en qualquier
grado;
No pudiendo ignorar soi el que escribo
Su Vida,
mostraríase obligado,
Y aunque fuesse del genio más
esquivo,
4215
O, si es frasse mejor, más apretado,
Y
aunque su bolsa fuesse un poco angosta,
Por lo menos
me huviera hecho la costa.
LVIII
Y ganaría
el tal ciento por uno:
Porque a lo menos, yo tengo la gloria
4220
De que nunca me olvido de ninguno
Que me aya hecho algún
bien; y en la memoria
Tengo a todos, contados uno a uno
(Tan pocos son!) y acaso en esta Historia
No sólo
yo inmortal su nombre haría,
4225
Sino el de toda su Genealogía.
LIX
Mas todavía el caso no es desesperado:
Basta sólo, que un hombre liberal
De Bolonia
egecute por su lado
Lo que debiera ayer hecho aquel Tal,
4230
Y con esto está todo remediado;
Pues yo haré
ver al Mundo racional,
Que este tal hombre no es algún
qualquiera,
Sino nieto de Elvira, aunque él no quiera.
LX
Contaré más de cien generaciones
4235
De ideales supuestos Ascendientes,
Citando pergaminos,
y Cartones
Escritos en los siglos precedientes.
Pondré
a la vista varias inscripciones
Encontradas en lápidas
corrientes,
4240
Y haré en suma lo mismo que hacen varios
Grandes Genealogistas y Anticuarios.
LXI
Porque
en materia de Genealogía
En pelillos no debe repararse,
Fíngese hallado en una Librería
4245
Un Libro,
cuya fe ni aun disputarse
Puede, y por accidente en otro
día
En un Armario un Árbol pudo hallarse,
El qual cuenta a lo menos cien Abuelos
Con todas sus señales,
y sus pelos.
4250
LXII
Pero esto en fin dejármelo
a mi cargo,
Que como haiga pesetas y quatrines
Ya sabré
yo jugar a juego largo,
E incensar bien a ciertos Matachines,
Siguiendo las pisadas de Camargo
4255
Y enseñaré
a tener quatro tarines
A los que viven hoi entre laceria,
Sacando a los Poetas de miseria.
LXIII
Con
este santo fin voi escogiendo
En mis Cantos a ciertos Poderosos,
4260
Y aquello que no tienen aplaudiendo,
A pesar de malignos
y embidiosos;
Con lo qual justamente yo pretendo
Que mis
versos aplaudan vergonzosos.
Porque es razón premiar
al que trabaja,
4265
Y pagar el barato a la baraja.
LXIV
Mas cuidado: ninguno se envanezca
Por ver lo mucho
que aora yo le alabo;
Ni por esso imagine, o le parezca,
Que siempre avré de remachar el clavo,
4270
Porque en
caso de que ello desmerezca,
Sabré volver la cola
y aun el Rabo,
Que el perro alaga a quien le da el zoquete,
Y a quien no, va, y le ladra, o le arremete.
LXV
Y en la otra impressión del Libro mío
4275
Sabré
(como otros muchos) retratarme,
Precediendo un Aviso al
Lector pío;
Y también sabré entonzes
descartarme
De todo aquél, que, con humor sombrío,
No quisiere aplaudirme, ni alabarme,
4280
Y en su lugar pondré
a todos aquellos
Que digan, que mis versos son mui bellos.
LXVI
Y haré entonzes lo que hacen muchos
Juezes;
Los quales dan sentencia favorable
A aquel que
echa en el cántaro más nuezes.
4285
Mas punto aquí;
y ya de esto no se hable,
Que el callar es prudencia muchas
vezes,
Y alguno pensará que esgrimo el sable
Contra tal qual, que usa este artificio,
No sé si
por virtud, o si por vicio.
4290
LXVII
Elvia nació
en Bolonia, de su Madre,
Noticia, que se hará a todos
mui nueva:
Un Boloñés honrado fue su Padre,
Como el Petrarca doctamente prueva:
Si adónde, me
pregunta algún Compadre
4295
No sé yo que a decírselo
me atreva.
Sólo sé, que Elvia dio al nacer
indicio,
De ser, andando el tiempo, de gran juicio.
LXVIII
Porque aseguran, que nació llorando,
Ya sea las miserias de este Valle,
4300
Ya las locuras mugeriles,
quando
Se presentan mui vanas en la calle,
Porque tienen
cabello blondo, y blando;
O porque son de ayroso, cuerpo
y talle,
O (quizás de su suerte pesarosa)
4305
Lloró
nacer Muger; o fue otra cosa.
LXIX
Para criarse
a un Ama fue entregada,
Porque a su Madre la faltaba
un pecho:
Falta, que se suplía, y se ocultaba
Con
un bulto de estopa contrahecho:
4310
Malicia, que usa hoi la
desdentada,
La calva y coja, estando en pie derecho
Pues
la coja, la calva, y la sin dientes
Encubren con el arte
estos frangentes.
LXX
No la faltaba a Elvira, cosa
alguna,
4315
Como Bartolo lo dejó notado,
Diciéndonos,
que ya desde la cuna
Tenía el pecho un poco
levantado,
Que tenía dos brazos, dos pies, y una
Boca linda, color mui delicado;
4320
Dos orejas tenía
en la cabeza,
Dos ojos en la cara, que era pieza.
LXXI
Mas era menester dejarla estar
Sin tocarla, que ya
la disgustaba
Toda acción, o llaneza familiar
4325
Y
ser de sangre noble acreditaba,
Porque, si algún
la iba a acariziar,
Y a besarla, la cara retiraba,
Y pateaba, y lloraba, y se encogía,
Y una pequeña
sierpe parecía.
4330
LXXII
Apenas dejó
el pecho, tornó en mano
La Cartilla, y la pluma,
deseosa
De aprender; y leyó a[u]n Catón Cristiano
En un mes; y a escribir alguna cosa
Aprendió, y
a contar, en un verano.
4335
Y se mostraba en todo tan juiciosa
Que, oyéndola, y no viéndola, qualquiera
Por Dama de quince años la tuviera
LXXIII
Acaso pensaréis, que voi aora
A encajaros la Historia
de su Vida,
4340
Y ya avrá alguna lengua pecadora
Armada
contra mí; pero su herida
No me hará mucho
mal en esta hora,
Pues de Elvia pienso hablar mui de corrido,
Porque, Señores, es mi genio tal,
4345
Que siempre hago
las cosas presto, y mal.
LXXIV
El estilo que gusto
es el Lacónico,
Y el hablar demasiado lo repudio,
Que en esto me parezco a un gran Canónico
Que es
mi amigo y se llama Don Agudio:
4350
Como mi genio es algo melancólico,
En Salustio tengo hecho mucho estudio,
Y aun en Cornelio
Tácito es frequente,
Para no machacar tanto a la
gente.
LXXV
Enfada al Auditorio la gran charla,
4355
Y es menester usar mucha prudencia:
Tal qual materia basta
el apuntarla,
O tomar a lo más su quinta esencia;
Alguna otra, es preciso abandonarla
A su misma supuesta
inteligencia,
4360
Tomar el hilo en otras desde lo alto;
Y aun
en otras tal vez dar un gran salto.
LXXVI
Con todo
hai escritores tan loquazes,
Que en sus Psalmos jamás
se llega al Gloria,
Teniendo a los Oyentes entre hazes
4365
De espinas, quando cuentan una historia
Como cuentan sus
cuentos los Rapaces,
Y embrollan de tal modo la memoria,
Que se va con sus necias diversiones
El principio del cuento
a los talones.
4370
LXXVII
Todas las circunstancias
importunas
Las refieren, con grande impertinencia,
Y nos
dejan a todos en ayunas
Del principal asunto; y sin conciencia
Verengenas nos dan por azeytunas:
4375
Cosa, que cansa a todos
la paciencia,
Gastando en desatinos una hora,
Ni más;
ni menos como yo hago aora.
LXXVIII
Mas lo hago
adredemente y de cuidado,
Por dar a los Loquazes en lo vivo;
4380
Que aunque me veis tan gordo; y colorado,
Por lo demás
soi hombre expeditivo,
Y si empuño el garrote, o
el cayado
También soi algún tanto corrosivo.
Alto, pues; y a las manos! me decía
4385
Uno, que a la
verdad no las tenía.
LXXIX
Elvia aprendió
en dos meses la Aritmética,
A sumar, a restar,
multiplicar,
Y en otros tres también la Aristotélica,
Cuya voga era entonzes singular;
4390
Dedicóse al estudio
de la Ética,
De Platón, y en breve supo hablar
El idioma Romano, o el Latino,
Sin consultar jamás
al Calepino.
LXXX
Fuera de esso aprendió,
según el uso
4395
De aquel tiempo, aunque Elvira era tan
niña,
A manejar la rueca, el haspa, el uso,
Y a coser un jubón, y una basquiña.
Por lo
que a mí me enfada aquel abuso,
De una Doña
Melindres, o Doña Armiña,
4400
Que ni cose, ni
hila, ni devana
Por no manchar la Bata de Persiana.
LXXXI
Y si he de hablar verdad, en la edad mía
En muchas Damas poco se procura,
Trabajar, que es su hermana
la acedía:
4405
Las manos tienen siempre en la cintura,
Cosa que Elvira nunca hacer sabía,
Pues siendo
aún, como dicen, Criatura,
Trabajaba calzetas por
sus manos,
Y remendaba a todos sus hermanos.
4410
LXXXII
Sabía repuntar mui bien un cuello,
Sabía
hacer finíssimos encajes,
Sabía hilar sutil
como un cabello,
Y sabía bordar lindos ramages.
Apuesto a que aora dice un Sprit bello
4415
(Y será el
tal del Gremio de los Pages)
Si Elvia hacía todo
esso que sabía,
Señal que estaba sola
todo el día.
LXXXIII
Porque sólo
trabajan las Donzellas
Quando están solas, por huir
el tedio,
4420
Mas quando ya son grandes, las más de ellas
Sufren de Cortejantes el assedio,
Que no las faltará,
si fueren bellas,
Y hacerlas que trabajen no hai remedio,
Porque tienen los ojos divertidos
4425
Donde están sus
Adonis, y Cupidos.
LXXXIV
Alguno habla aora assí,
que yo le siento,
Pues tengo dos orejas para oír,
Y penetro el mal fin de su argumento,
Porque el Vellaco
quiere de aí inferir,
4430
Que Elvira no hera hermosa,
y que a contento
La dejaban los Mozos acudir
A su labor;
mas con su grata licencia,
Yo le puedo negar la consequencia.
LXXXV
Y le puedo decir, sin hesitar,
4435
Que aunque
sea mui linda una Donzella,
Puede estar sola en casa a trabajar,
Si el Amor no la tira alguna pella,
Y si alguno la
viene a perturbar,
Como de él no haga caso alguno
ella,
4440
Y atienda a su Labor, esté segura
De que presto
se irá aquella Figura.
LXXXVI
Pero el mal
es, que en nuestros tristes días,
Muchas de ellas
se buscan los Amantes,
Como en ciertas Octavas de estas
mías
4445
Busco en las uñas yo los Consonantes,
Y aun aquellas, que arrastran para Tías,
Y
por esso no tienen Cortejantes,
Con varias artes que sabéis
vosotras
Se los quitan las unas a las otras.
4450
LXXXVII
Admitirían muchas a cinquenta,
Como yo lo he observado
con reparo,
Quando visito a alguna mía Parienta
U a otra (bien que este es caso raro)
Aunque saben espera
estrecha cuenta
4455
A quien del tiempo fuere poco avaro
Porque
a las Damas mozas estar solas
Amarga más, que
el caldo de amapolas.
LXXXVIII
Dejarán de
comer muchas Señoras,
Antes que estar las tales sin
amantes,
4460
Y en Vagatelas mil, y en cosas vanas,
Gastan muchas
los años más brillantes.
Aviendo algunas Madres
tan humanas,
Que ellas mismas las buscan Cortejantes,
Porque
solas no estén sus pobres hijas,
4465
Y las coman algunas
lagartijas.
LXXXIX
Elvia pudo tener, si huviera
querido,
Cinco o seis Cortejantes, nada feos,
Mas
como era de juicio conocido,
Fue enemiga mortal de Chichisbeos
4470
Vio a Marco y gustó de él para Marido,
Y
él gustó de ella; con que sin más rodeos
Se casaron entrambos contrayentes
Con gusto universal de
los parientes.
XC
Pensad un poco, Padres de Familia,
4475
Si esto se hace assí en el tiempo nuestro,
O si,
teniendo algunos una Filia
Sólo pensáis
casarla a gusto vuestro,
Sin saber si a la Niña se
asimilia
El Esposo, o si es Asno de cabestro,
4480
Y si éste
tiene acaso las costumbres
De los que al día beben
doze azumbres.
XCI
Oigo decir, que sólo
a vuestro cuento
Atendéis, y no al cuento de la Chica;
Que, si el mozo se adapta a vuestro intento,
4485
El contrato
se ajusta, y se rubrica;
Sin advertir, que atada a aquel
Jumento
Ha de estar, y dormir la pobrecica,
Y que
lo de erunt duo in carne una,
No se dejó al azar,
ni a la fortuna.
4490
XCII
Oigo decir, que hallándose
una Esposa,
Que se contente con escasa dote,
Le mancáis
para Yerno, y el ñudoso
Lazo se aprieta, con que
dais garrote
A la triste hija; y siendo poderoso,
4495
Os basta,
más que sea un Monigote,
No reparando (de codicia
ciegos)
Que ella no ha de dormir con sus talegos.
XCIII
Y vosotros sabéis que esto no basta,
Y a la pobre metéis en un embrollo:
4500
Mal si admite,
y peor si os contrasta;
Estrellándose siempre en
un escollo.
Tal vez se determina a vivir casta,
Por no
verse colgada de aquel Rollo,
Y Monja quiere ser, viendo
lo maula,
4505
Aunque ella no era pájara de jaula.
XCIV
Y más de un Padre, con fingido zelo,
En esta jaula, o ya prisión obscura
(Al pensarlo
me quedo como un hyelo),
Con pretexto de estar allí
segura,
4510
Y en camino más fácil para el Cielo,
Encajar a la triste hija procura:
Y una vez enjaulada,
y como pressa
Que importa diga ella: ya me pesa.
XCV
Fuera mejor torcerla sí, el pescuezo,
4515
Como
a un pollo le tuerce una Criada,
Que usar con la pobre hija,
sin tropiezo,
Lo que no haría un bárbaro
en Canada.
Y con todo hombres hai de mucho rezo,
Que no
hacen aprensión, ni temen nada,
4520
De inducir con engaños
y lisonjas
Sus tiernas hijas a que sean Monjas.
XCVI
Hácenlas un retrato que embelesa
De la vida,
que se hace en los Conventos,
Y que en llegando a ser Madre
Abadesa,
4525
Todas la prestan dulzes rendimientos;
Que irán
por aquí al Cielo más apriessa,
Porque
los otros rumbos son violentos,
Y con gestos y acciones
afectadas,
Abultan lo que passan las Casadas.
4530
XCVII
Pónenlas grande horror al matrimonio,
Diciendo
de los hombres mil maldades,
Que Pedro, Juan, Domingo, Pablo,
Antonio
Todos lo mismo son en sus ruindades;
Dícenlas,
que ya el Mundo, ya el Demonio,
4535
(Como es común en
todas las edades)
Ponen en las cabezas a los Casados,
Ciertos pelos, que están siempre enrizados.
XCVIII
Dícenlas que es el Mundo un inconstante,
Y es también inconstante, y mui traidora
4540
Toda fineza
de terreno amante;
Y ay de aquella infeliz que se enamora.
Tales cosas la ponen por delante,
Que la Rapaza en fin
se hace Sorora,
Aunque tenía gana de ser Madre.
4545
Mas vamos a otro assunto que más quadre.
XCIX
Pero no; mejor es pongamos punto
A este Canto, que
va un poco pesado;
Y lo será, si al Auditorio junto
No le huviere gustado lo cantado;
4550
En cuyo caso yo las manos
junto
Y le pido perdón de lo cansado,
Que, arrepentido
de esta culpa mía,
Propongo serlo más en otro
día.
Fin del Canto VI
I
Acuérdome, que, al fin del otro Canto,
4555
justamente
me avía puesto a hablar
Del modo, que hoi se tiene,
no mui santo,
En tratar a una hija de casar.
Merecían
los diessen con un Canto
A los que gusto no la quieren dar,
4560
Como sea juiciosa la Rapaza,
Y los daría yo con
una maza.
II
Desviáronme empero del camino
Aquellos, que tal vez son ocasión
De que otra sea
Monja, aunque es destino,
4565
A que tiene mui poca vocación.
Volveré, pues, a hablar del desatino,
Que hacen
muchos sin juicio y sin razón,
Dando ciertos Maridos
a sus hijas,
Que no gustan de aquellas sabandijas.
4570
III
Danla tal vez a un hombre sin govierno
Danla a un
mozo vicioso, atolondrado,
Y se empeñan, en que ha
de ser su Yerno
El que no estaba de ella enamorado.
Danla
a un Viejo tan duro como un querno
4575
Danla a un joven, que
acaso está apestado,
Y hai en fin en el punto tantos
hyerros,
Que hai Padres, que sus hijas dan a perros.
IV
Suele también el Santo matrimonio
Mezclarse
con un poco de política,
4580
La qual hace reír
al mal Demonio,
Y da bien que glossar a cierta Crítica.
Hai tal vez quien, teniendo un patrimonio
Crecido, tiene
el alma tan estítica,
Que, sólo porque lleve
menos dote,
4585
Dará al Diablo la hija, o la Nepote.
V
Y después todo el tiempo de su vida
Aquella mal casada es infelize,
Experiencia de todos tan
sabida,
Porque el Cielo estas bodas no bendice.
4590
Por esso
yo quisiera ver bandida
La moda, que, a mi ver, tanto desdice,
De dar una muchacha a un hombre tal,
Que sin él
estaría menos mal.
VI
Hai algunos también,
que, pretestando
4595
Ser buen marido un hombre de consejo,
O que ha de morir presto confiando,
A una Niña
la juntan con un Viejo;
Y mejor estaría, conservando
De su pureza el cándido reflejo,
4600
Que, perdiendo
con larga penitencia,
De Virgen el dictado, y la paciencia.
VII
Otros hai, que, por miedo de manchar
La sangre,
que escorre por las venas,
Despreciando a todo Hombre popular,
4605
La dan a un pobre Noble, el qual apenas
Tiene pan que comer,
ni que cenar.
Y qué hace la Muchacha en tales
penas?
Lo que no halla en su casa, sin mucha arte
Lo sabe
ella encontrar en otra parte.
4610
VIII
Hai quien su
hija a un Médico la aplica,
Porque assí tiene
el Médico pagado,
Otro (que a ser Pleitista se dedica)
Por lo mismo, la entrega a un Avogado,
Y otro, porque entre
en una casa rica,
4615
Se la da a un Mercader adinerado,
Sin
mirar, si la hija (necia, o sabia)
En vez de amor,
el hombre la da rabia.
IX
Yo quisiera que el Padre
la dejasse
Aquella libertad, que la dio el Cielo;
4620
Que tanto
al interés no se inclinasse,
Ni al amor propio enmascarado
en zelo,
Y que más caridad con ella usasse,
Dejándola
(si es moza ya de pelo,
Y que nunca saldrá de lo
que es justo)
4625
Que se case a su modo, y a su gusto.
X
Mas quisiera también, que las Muchachas,
Se contentaran con lo que es honesto,
No mirando a pelucas,
ni a Garnachas,
Sino al juicio, y limpieza. Si en el resto
4630
No imitaren a Elvia (por sus tachas)
Imítenla a
lo menos en aquesto,
Que en Marco prefirió lo virtuoso
A lo rico; y lo lindo, para Esposo.
XI
No buscó,
no, un vestido estraordinario
4635
Ni una rica carroza en el
marido,
Ni un número de Pages no ordinario,
Ni un Palacio de muebles proveído.
Solamente buscó
lo necesario,
Id est un juicio claro, y conocido,
4640
Un hombre
Literato, y de conciencia,
De bondad, de conducta, y de
prudencia.
XII
Y finalmente, oviéndole encontrado,
Por su fortuna, justamente qual
Ella quería, id
est, un buen Letrado,
4645
Cuerdo, prudente, honesto, y racional,
Con gusto de su Padre, y con su agrado,
El vínculo
estrecharon conjugal,
Y no trocara Elvira su Marido
Por
el más resoplado, y presumido.
4650
XIII
Viendo
en Elvira tal discernimiento;
Hace Bartolo un punto admirativo,
Y siguiendo su genio algo sangriento,
Passa a tocar las
hembras en lo vivo.
Son palabras (lo sé) que lleva
el viento,
4655
y sé que inútilmente las transcribo:
Ya quisiera dejarlas todas; pero
El ser fiel Traductor
es lo primero.
XIV
Otra moda se sigue (dice) aora:
Es mui otro el humor de nuestras Damas;
4660
Si se quiere casar
una Señora
Una le busca noble entronco y ramas,
Otra del oro y plata se enamora;
Todas los quieren blandos
y sin escamas,
Porque todas desean un Esposo,
4665
Que sea gastador,
mas no zeloso.
XV
Quieren un hombre, que no tenga
sal,
Que las mire y adore como Diosas,
Que nada de
lo que hacen lleve a mal
Aunque no hagan tal vez mui santas
cosas:
4670
Que sea generoso y liberal,
Y las haga finezas portentosas,
Y quieren unos hombres infelizes,
Que se dejen llevar por
las narizes.
XVI
Con un Marido tal está
contenta
4675
Una Muger; arrima los cuidados;
Sigue la moda;
no vive violenta,
Dase a las galas, brilla en los estrados;
Y aunque vea el Marido que frequenta
Su casa un esquadrón
de evaporados,
4680
Por no turbar la paz, que es santa i bella,
Qual otro Fabio ve, y sus labios sella.
XVII
Mas
no por esso soi yo de opinión,
Que el Marido con
ella se alborote,
Porque entrada los dé, y conversación:
4685
No hai arroz más enorme que el garrote,
Quando se
usa sin sal, ni discreción.
Si es zeloso, lo
harán luego gigote
En Calles, Plazas, Tiendas, y
Congressos,
Aunque ya se usan pocos hombres de esos.
4690
XVIII
Oy vive en buena fe todo Marido,
Libre de escrupulillos,
y recelos:
Aunque ven otro pájaro en su nido,
Dice
que son enredos de Mozuelos;
O le parece a él que
está dormido,
4695
Y que es efecto aquél de sus
desvelos,
Y aunque le suene la cabeza a hueca,
No
recela peligros de jaqueca.
XIX
Si lo hacen (dirá
alguno) no es sin quare,
Pues hallan, en hacerlo assí,
su cuenta,
4700
Viendo la casa suya redundare
De quanto ha menester,
y que sustenta
A toda la Familia sin sudare.
Si esto lo
hiciere alguno, entre cinquenta,
Ya penetro el mysterio,
con Ovidio,
4705
Pero, a decir verdad, no se lo embidio.
XX
O, por decir mejor, mucho le lloro,
Porque se
ciegan de una vil codicia,
Y el honor vale más que
todo el oro:
Y si llegara alguno a mi noticia,
4710
Aunque me
diera el tal un gran tesoro,
Detestaría su infernal
nequicia;
Pues de ella solamente al acordarme,
Casi me
daba gana de ahorcarme.
XXI
Vete de mí,
diría, hombre malvado,
4715
Huye de todo racional consorcio,
Tú, que comes el pan de tu pecado.
Haz de essa
ruin muger pronto divorcio,
Que está el mundo de
ti escandalizado,
Y todos te apellidan otro Porcio,
4720
Pues,
viendo esto el más torpe, y el más ciego,
Que Tú vas a meter en casa el fuego,
XXII
Esto, y aun más diría a los malditos,
Que
a costa de su Esposa comer quieren,
No reparando en ruines
sobrescritos
4725
Que al alma y al honor a un tiempo hyeren;
Pues como trataría a los benditos
Que por darlas
los gustos que pudieren
Gastan sus pesos duros, sus dineros
Con los que los transforman en c[ar]neros?
4730
XXIII
Éstos comen mui bien a costa de ellos;
Mandan más
que ellos mismos en su casa,
Y agarran la ocasión
por los cabellos:
Cuéntanlos vanamente lo que passa,
Y todos estos mismos son aquellos;
4735
Que hacen pasteles con
agena massa,
Y ya que no possean el Terreno,
Logran
el usufruto de lo ageno.
XXIV
Éstos alaban
la magnificencia,
Y la generosidad de las personas
4740
Y por
malicia, o por inadvertencia;
Los atestan de ideas fanfarronas:
Celébranlos, estando en su presencia
Mas a espaldas
los cortan las batonas,
Y a su salvo disparan los trabucos,
4745
Tratándolos de pobres Mamelucos.
XXV
Hasta
la misma Dama que cortejan
Su ruin e ingrata lengua
despedaza;
De vana, y de soverbia la motejan,
Y revuelven
después contra su traza:
4750
Cosa sana a la pobre no
la dejan,
Y al Marido le rascan con almoaza,
Diciendo (quando
hablan con modestia)
Que es un gran [balalo]que, y un gran
bestia.
XXVI
No obstante, muchos de ellos gustan
ver,
4755
Que su casa esté siempre frequentada
De los
que quieren bien a su Muger,
Y a comer los ayudan la
ensalada,
Y muestran más de dos gran displacer,
De que esté Mariquita abandonada,
4760
Y ellos mismos
la buscan Cortejantes.
Éstos, sí, que son
hombres, no los de antes!
XXVII
A éstos,
y otros grandíssimos simplones,
(Si es que hai algunos,
como dicen muchos)
Quisiera yo bajarlos los calzones,
4765
Y
hacerlos con el látigo machuchos;
Porque los tontos
gastan sus doblones
Con ciertos alevosos Avechuchos,
Que a costa de su pan, y su dinero,
Con la Dama los soplan
el tablero.
4770
XXVIII
Majaderos, mostrad que sois
los Amos,
Y que mandar queréis en vuestra casa,
Sin sufrir que se vengan unos Gamos
A meteros sus quernos
en la massa;
Para que no os pongan tantos ramos
4775
En la calle,
sabiendo lo que passa,
Porque avéis de saber se dicen
cosas
De Marido y Muger; poco sobrasas.
XXIX
Se murmura de aquella indiferencia,
Con que estáis
viendo acciones no mui buenas,
4780
Dando a vuestra Muger plena
licencia
Para andar entre Sirtes y Sirenas.
Se murmura
de vuestra complacencia,
Conque dais facultades semiplenas
Para jugaros essos Señoritos,
4785
Las Cabras, los Cabrones,
y Cabritos.
XXX
Mirad vuestra conducta, y aun la
suya,
Que obligados quizá estaréis a
hacerlo,
Para cantar alegres la Allelluya
Deque a tiempo
supisteis entenderlo.
4790
Y si se hallare alguno que [me] arguya
Contra este mi consejo, a defenderlo
Estoi pronto, diciendo
al Licenciado,
Que nadie hyerra más que el confiado.
XXXI
Y no es esto turbar del Matrimonio
4795
La Santa
paz; (no lo permita el Cielo)
Que esse es ofizio propio
del Demonio,
No mío, que Corona tengo en pelo.
Mas si yo fuera Tizio, o bien, Sempronio,
Mis cosas miraría
con más zelo,
4800
Y encargaría a mi querida Berta,
Que estuviesse en reserva, y siempre alerta.
XXXII
Yo sé decir, que no quisiera ver
Todo el día
pegados tantos piojos
A las costuras de mi fiel Muger,
4805
Picándola a lo menos con los ojos.
Ni menos gustaría
mantener
Tanto [o]ragán con mis pobres rehojos,
Que por decirlo en sola una palabra,
Por nuevo rumbo, me
harían otro Cabra.
4810
XXXIII
Úsase oy
entre hombres y mugeres
(Salvo mejor sentir) mucha llaneza,
Y, conviniendo tantos pareceres,
En que no sobra en ellas
la firmeza,
Siendo las hembras de oy en sus quereres
4815
Lo
que la Historia de las otras reza,
Tienen grande ocasión,
si las complacen
De hacer mal, y aun algunas quizá
lo hacen.
XXXIV
Mi muger, dirá alguno, estoi
seguro,
Que es gran Cristiana, y teme mucho a Dios
4820
Y no
contestará a deseo impuro,
Zelosa de la honra de
los dos
Y yo también a ti te lo asseguro;
Le diré,
y en esto soi con vos,
Con tal que tu muger sea de aquellas,
4825
Que decrépitas son, o no son bellas.
XXXV
Mas si es de las que están mui adornadas
De
hermosura, de garbo, y gentileza,
En la flor de su edad,
y mui pagadas
De su vivacidad, y su belleza,
4830
Que assí
dormidas, como desveladas
Piensan siempre en jugarte alguna
pieza,
Digo que será bueno el confiarse,
Mas tengo
por mejor el no fiarse.
XXXVI
Pero no se goviernan
todas no, conforme.
4835
De Ulisse se portó la bella Esposa.
Según el verdadero y fiel enforme,
Que nos
hace un Musa sentenciosa;
Diciendo, que rara est concordia
forma
Et pudicitia (añade aquí la Glossa)
4840
Porque la Castidad y la Hermosura
Rara vez hacen buena
ligadura.
XXXVII
Según esso (dirá
algún Replicón)
No serán Castas las
que fueren bellas.
Señor mío, no es essa mi
aserción;
4845
Pues sé mui bien que hay muchas
entre ellas,
Y para prueba de esta conclusión,
Dejando otras, me basta proponellas
El egemplo de Elvira
en este punto,
Para no salir tanto del assunto.
4850
XXXVIII
Una hermosa y gentil fisonomía
Tenía
Elvira; garboso el ayre, y grato;
Como lo vi yo en cierta
Galería,
Donde estaba pendiente su retrato.
Pero
la hizo favor la cortesía
4855
Del Pintor, nos dirá
algún mogigato,
Y yo no me opondré al Señor
Don Tal,
Porque conozco que no dice mal.
XXXIX
De los Pintores sé la complacencia,
Y sé,
que de las Damas son parciales,
4860
Haciendo varias copias su
prudencia,
Como desean los originales,
Y suplen, por respeto,
o por decencia,
Lo que falta a las caras dozenales.
Porque
en punto de lindas sin razón
4865
Todas se juzgan más
de lo que son.
XL
Toda Muger padece este defecto,
Que otra Venus se juzga, o considera;
Y en su cara
ven todas con efecto
La hermosura, que en muchas es chimera.
4870
Puesto, pues, que el Retrato más perfecto
No acredita
belleza verdadera,
Tengo de la hermosura de Elvia un argumento
Que vale en mi opinión por más de ciento.
XLI
Era Marco un Poeta primoroso,
4875
Si nuestro Juanbartolo
no nos miente;
Elvia fue su Muger: Ergo forzoso
Es
que fuesse Beldad sobresaliente.
Porque Amor, quando el
lazo cariñoso
Prende en Poeta noble, y excelente,
4880
Siempre benigno le une, y le destina
A una hermosura rara,
y peregrina.
XLII
O porque todo Poeta es de buen
gusto,
O porque, si hai en el Mundo no más que una
Belleza, esta tal parece justo,
4885
Que una Gracia a una Musa
siempre se una,
Siempre le toca el más hermoso Busto,
Que hai debajo del Sol, y de la Luna.
Lea el que no
me crea algún Poeta,
Y hallará ser verdad
palpable, y neta.
4890
XLIII
Quieres ver el non plus
de la hermosura?
Pues ven a ver el rostro de mi Clara,
(Dice uno); y otro dice: es la figura
De la Divinidad mi
Fénix rara.
Éste añade: la luz del
Sol obscura
4895
Es, si con mi Florinda se compara:
Todo lo
hermoso que hai en Tierra y Cielo,
Todo escondido está
tras de aquel velo.
XLIV
Marco hablaría
assí, pues fue discreto,
En sus versos que fueron
infinitos,
4900
Aunque sólo tenemos un Soneto,
Que el
tiempo nos dejó de sus escritos.
Salvo que (y lo
sospecho con efeto)
Ciertos Versos por Roma ahora proscritos,
De cuyo Autor el nombre no transpira,
4905
Fuessen obra de Marco,
y de su Lyra.
XLV
Pero no, que es sospecha irracional
Achacar estos versos al buen Marco,
Que en sus obras
era hombre mui moral,
Y en hablar remirado, cauto, y parco;
4910
Y alabando a una Dama, es natural
Que de lo honesto no
passasse el marco,
Y assí creo que el Libro prohibido
Obra es de algún moderno conocido.
XLVI
Ello algunos Poetas, de su Dama
4915
Pintan ojos, megillas,
cuello, y pechos,
Como el Pintor pudiera de más fama,
Con colores, al vivo contrahechos.
Y encendiendo en
sí mismos torpe llama,
Después, en los que
al fuego no están hechos,
4920
La pegan, porque el Diablo
los atiza
Sabiendo, que es veloz, y pegadiza.
XLVII
Y por esto las Musas Italianas,
Son de muchos un Poco
abborrecidas,
Tratándolas de torpes, y livianas.
4925
Mas condenadas son sin ser oídas;
Porque Críticas
hai tan Chavacanas,
Aunque de mui discretas presumidas,
Que atribuyen al Arte injustamente
La culpa del Artífice
imprudente.
4930
XLVIII
No distinguen lo muerto de lo
vivo.
Y si algún Libro en verso se ha estampado
Pernicioso, es decir, algo lascivo,
Quántos se avrán
en prossa publicado
Con un fuego, a lo menos, tan activo?
4935
Yo, que toda passión la arrimo a un lado.
Ningún
Arte condeno en general,
Condeno sólo el que
la trata mal.
XLIX
Vosotros; que cantáis,
o avéis cantado
De Amor en verso, o escrito ciertas
prosas,
4940
Que leer no se pueden sin pecado,
Porque inmodestas
son, y escandalosas,
Ya citados seréis ante el juzgado
Del severo Bartolo que en sus Glossas
A todos cardará
mui bien la Lana;
4945
Y a Dios, que ya vendrá vuestra
Semana.
L
Pues yo aora me vuelvo a mi argumento,
Y digo, que las dos claras Donzellas,
Que el Clarín
de la Fama al Firmamento
Elevó, añadiendo
dos estrellas,
4950
Estarían mejor en un Convento;
Porque
quizá fue más hermosa que ellas
Elvira, y
aun quizá quando era viva,
Fue más hermosa
que la Elena Argiva.
LI
Mas quién hace caudal
de la hermosura?
4955
Ella es más que un embuste passagero?
Flor que el más lieve viento desfigura?
Sol,
que el vapor le eclipsa más ligero?
Luz, que un soplo
le vuelve en noche obscura?
Relámpago que alumbra
lisongero,
4960
Y casi siempre a su brillante ensayo
Sigue siempre
el terror, el trueno, el rayo?
LII
Queréis
saber lo que hace la belleza?
Ella punza los pechos más
que un tríbulo;
Ella anochezca muchos la Nobleza,
4965
Ella embía a Galeras, y al patíbulo,
Ella
marca las caras con fiereza,
Ella a más de una
llévala al prostíbulo;
Y ella hace, en fin,
que sean unas locas
Las que hacen caso de ella (y no son
pocas).
4970
LIII
Quántas presumen ser unas Deidades,
Porque son sus cabellos blondos, rojos?
Quántas
juzgan que todas las edades
Esclavas son de sus brillantes
ojos,
Y que de ciertas dos concavidades,
4975
Llenas de carne,
todas son despojos?
Quántas, por su semblante rubicundo,
Se figuran tener vassallo al Mundo?
LIV
Mas
valga la verdad, Señoras mías,
La virtud,
la modestia, y el decoro
4980
Son las prendas, que en vuestras
Señorías
Se aprecian; no tener un largo coro
De Amantes, que suspiran luengos días.
No dientes
de marfil, cabello de oro,
No el ser jazmines, rosas, ni
azuzenas,
4985
Sí el ser honestas, cuerdas, castas, buenas.
LV
Si queréis ser Deidades verdaderas,
De sola la virtud enamoradas
Debéis estar, no siendo
ya altaneras,
Sino humildes, afables, moderadas,
4990
Enemigas
de gentes lisongeras,
Cuyo fin es teneros engañadas.
Prudentes, y piadosas, como Elvira,
Nombre; que juicio
y compostura inspira.
LVI
No la cedía, no;
a la Reyna Dido,
4995
Que murió por su Esposo el Rey Sicheo,
No por Eneas, como se ha creído,
Siendo éste
de Virgilio un error feo
Por lo qual de Poetas non mi fido,
Salvo sea mi Juanbartolomeo,
5000
El qual, por embidia ni rencor
A ninguno jamás quitó el honor.
LVII
Elvia fue en el vestir Muger honesta,
Y nunca usó
aquel mueble estravagante
Que el brial convertiendo en una
cesta;
5005
Cubre más de un descuido envergonzante,
Y
el que era guardapiés con voz modesta,
Propiamente
se llama Guarda infante,
Porque allá en aquel tiempo
en que se usaba,
En más de una Soltera le guardaba.
5010
LVIII
Con aquel bulto tan descomunal,
Que ocupaba
seis baras de terreno,
Nos hacían las Damas mucho
mal,
Golpeándonos las piernas mui de lleno,
En la
Iglesia, en la calle, en el Portal,
5015
Pues todo lo cogía
aquel Balleno,
Y arruinaba una casa una basquiña,
Aunque fuesse no más para una Niña.
LIX
A la verdad me causa compassión
Ver
gastar malamente su dinero,
5020
No sólo a las de noble
condición,
Mas tal vez la Muger de un Sombrerero,
En vestir a la moda: indiscreción,
Que introdujo
el capricho forastero;
Y sabe Dios cómo andará
vestido
5025
El pobre Tontarrón de su Marido.
LX
Sabe Dios, si en su Casa tendrá pan,
Que
dar a sus hijuelos, que comer:
Sabe Dios de qué medios
se valdrán;
Yo no lo sé, ni quiérolo
saber:
5030
Sólo sé que las más no ganarán
En todo el año, como es fácil ver,
Con hilar,
con coser, teger, urdir,
Lo que gastan un mes sólo
en vestir.
LXI
Pero aquello que apura mi paciencia,
5035
Y que más me consuma interiormente,
Es aquella torpíssima
indecencia,
Con que muchas se visten comúnmente.
Y en algunas es tanta la insolencia,
Que casi están
desnudas totalmente.
5040
Tanto, que quien lo entiende, bien
podría
De todo el cuerpo hacer anatomía.
LXII
Elvia traía un dengue, o una mantilla,
Que le llegaba casi a la cintura;
Cautelando la más
leve cosilla,
5045
Que pudiesse excitar especie impura.
De su
zapato nadie vio la hevilla,
Ni aun de su bello cuello
la hermosura,
Pues toda la cubría un blanco velo,
Con que siempre salía al Sol, y al hyelo.
5050
LXIII
Sin el manto jamás se presentaba
En el templo
de sus falsas Deidades,
Y, como era de juicio, abominaba
De muchas, que ostentar profanidades
En los Sagrados Templos
observaba,
5055
Aviéndolas de todas las edades:
Y decía
no ser sus intenciones " Y
Infundir devoción en
los Mirones.
LXIV
Y aunque eran Dioses falsos y
mentidos,
Estaba Elvia en el Templo mui compuesta,
5060
Sin
dejar que vagueassen los sentidos,
Ya por aquella parte,
ya por ésta.
Escusaba en la Iglesia de cumplidos,
Y mucho más de acción menos modesta,
Que
lo demás (decía) es gran pecado,
5065
No distinguiendo
el Templo del Estrado.
LXV
No te quejes del Dios
de las venganzas,
Italia mía, si el azote aferra,
Si contra tu impiedad dispara lanzas;
Si la discordia,
que la paz destierra,
5070
Hace en ti los destrozos, y mudanzas,
Que son partos funestos de la guerra.
O trata de otro modo
el Templo Santo,
O disponte a sufrir más triste llanto.
LXVI
Quando compuse esta postrera octava
5075
(Que
ha muchos años) en Italia ardía
Una guerra
cruel, que la asolaba;
Mas ya la libró Dios
de aquella harpía,
Quizá, porque vio en fin
que se enmendaba,
Y comenzaba a ser menos impía,
5080
Pues, si no nos engaña la apariencia,
Se ve en el
Templo ya más reverencia.
LXVII
Animo, pues,
amada Italia bella,
Vete enmendando de otros tus defectos,
Que aquel látigo son, que te desuella;
5085
Porque quiere
el gran Dios sean perfectos
Tus hijos quando en ellos su
Amor sella,
Tantos, de su Bondad, grandes efectos,
Y te verán los Siglos tan brillante,
Como el Mundo
te vio en el más triunfante.
5090
LXVIII
No se
verán sus Campos destruidos,
Ni llorarás tus
míseros ganados,
Víctima del contagio, consumidos:
Brotarán nobles mieses tus sembrados;
Vinos darán
tus pámpanos floridos,
5095
Que obscurezcan los más
acreditados,
Y la piedra, el granizo, y el fatal rayo
Buscarán otra Tierra para ensayo.
LXIX
Vuélvome a Elvira, cuyo natural
La Honestidad amaba,
como flor
5100
De una fragancia tan subida, y tal
Que esparze
a todas partes un olor,
A que no hai en el mundo olor igual,
O a lo menos en él no le hai mejor;
Y más
quando se junta a la Hermosura:
5105
Unión, que por mui
rara se assegura.
LXX
Pluguiesse al Cielo fuesse
conocida
La preminencia de virtud tan rara,
Sería
de las Damas pretendida,
Y amada, como joya la más
cara:
5110
Si a vuestra vista fuesse permitida
La celestial
belleza de su cara
Por estrecharla en plácidos abrazos
Seríais Briareas (todas brazos).
LXXI
Ésta
es la gran virtud, que os da precio,
5115
La que hace vuestro
sexo tan amable,
Y si alguna la trata con desprecio,
Por hermosa que sea, es despreciable.
Sin esta Honestidad,
aun el más necio
Dice, que es la belleza abominable,
5120
Y que a lo más conquistará los ojos,
Mas
nunca entrará el alma en sus despojos.
LXXII
Si algún torpe discurso Elvira oía,
Quando
estaba en Bolonia, o en Arpino,
De un color vergonzoso se
cubría,
5125
Y estaba más modesta que un Teatino.
Una vez que leyó cierta Elegía
Ovidio
en su presencia, perdió el tino,
Porque era un poco
libre, o nada pura,
Y una buena le dio jabonadura.
5130
LXXIII
Bien que hai varias sentencias sobre este hecho;
Porque hai quien diga, que la oyó con gusto,
Y que
después que le huvo satisfecho,
Mostró, o
fingió algún tanto de disgusto,
Diciendo no
era cosa de provecho;
5135
Y que afectando un zelo Santo y justo,
Con color de que no cundiesse el mal,
A Ovidio le
arrancó el original.
LXXIV
Lo cierto es
que Nasón en adelante
En sus escritos fue menos impuro,
5140
Corregiendo el Spíritu Galante,
Que de Poeta claro
le hizo obscuro;
Aunque esto lo atribuye nuestro Dante
A su destierro (y es lo más seguro),
Donde hizo el
pobre larga penitencia
5145
De su más que Poética
licencia.
LXXV
Paréceme que algunos se menean;
Lo que quiere decir, que están cansados
Y que
mis versos ya no los recrean:
Mas, contando no más
con los passados
5150
Seteintaicinco Octavas; aora vean,
Si
quieren, una vez que están sentados,
Permitirme añadir
otras poquitas,
Con quatro al bello sexo palabritas.
LXXVI
Ciertas palabras, pues, que vergonzosa
5155
No quiere
repetir la lengua mía;
Ciertos discursos, que una
escandalosa
Encierran alusión, o alegoría
Ciertos cuentos en verso, y aun en prossa,
Que revuelven
después la fantasía,
5160
Indigníssimos
son de las orejas
De las Mugeres, maxime, no viejas.
LXXVII
Con todo esso, estos son en las visitas
Los discursos
que a muchas les agradan,
Y más de dos se encuentran
Señoritas,
5165
Que, si no se habla assí, se desagradan,
Y en tratándose cosas eruditas,
O assuntos
serios, callan, y se enfadan,
Llamando el que en hablar
es detenido,
Escrupuloso, insulso, o encogido.
5170
LXXVIII
Quánto mejor os fuera estar hilando,
Que oyendo
más de dos conversaciones,
En que el veneno a sorbos
va calando
Por el oído, a vuestros corazones?
Y
el Amor mil especies dispertando,
5175
En que estaban dormidas
las passiones
Descubre lo que estaba más oculto,
Excitando en el alma un gran tumulto?
LXXIX
Pero alguna dirá: en mí ciertamente
Tales
discursos no hacen mella alguna,
5180
Ni causan más tumultos
en mi mente,
Que los ladridos causan en la Luna.
Fuera
de que no soi tan inocente
Que en los lances de Amor y de
Fortuna
No sepa quizá más que todo quanto
5185
Puede decirme un Tulio, o un Crysanto.
LXXX
Ya
lo sé, y no, no es menester jurarlo,
Que entre
vosotras, Damas, tal qual se halla
Que en cierto assunto
indigno de nombrarlo,
Sabe tanto, y aún más
que la Canalla,
5190
Quando todas debiérais ignorarlo.
Y aunque iba a descargaros a metralla,
Quiero trataros
con benignidad,
Porque una vez digisteis la verdad.
LXXXI
Y en gracia de esta cosa irregular,
5195
Os he de hablar
en verdadero amigo:
No pretendiendo aora examinar
Vuestro interior (que de esto no hai testigo).
Un buen consejo
os quiero a todas dar,
Hablando en confianza; y assí
digo,
5200
Que si oís lo que nunca oír debéis
Aquello que no sois creer haréis.
LXXXII
Quando menos podrá pensar alguno,
Que sois un poco
largas de conciencia;
Porque en el Mundo juzga cada uno
5205
Por los Auttos, que forma la apariencia;
Y más si
el pleito es de una, o de uno
Con quien trato no hai,
ni hai experiencia.
Diréis que la experiencia es
engañosa:
Sí lo es; mas su sentencia es vergonzosa.
5210
LXXXIII
Y ella hace que el honor quede perdido;
Y como es el honor tan delicado,
Es a un relox precioso
parecido,
Al qual, para quedar desbaratado,
Basta un golpe
ligero, o un descuido.
5215
Y este vuestro relox tan estimado
Le pierde, le maltrata, o le desgasta
Una muger que
no parece casta.
LXXXIV
Pero hai gran diferencia
en el asunto;
Que el Relox componerle el relogero
5220
Puede
mui bien; pero el honor difunto
Resucitar no puede al ser
primero.
Y el Salmista, tratando de este punto,
Un símil
trae, que es más verdadero;
Dice que es un Cristal
hecho pedazos,
5225
Que unirle no es possible a humanos brazos.
LXXXV
Una cosa podéis tener por cierta,
O vosotras Mugeres, y Señoras,
Que muger sin
honor, es muger muerta.
Yo lisonjas no gusto aduladoras,
5230
Y una vez que sinceramente advierta
Las verdades más
claras, y sonoras,
Si de dichas verdades os riereis,
Servidor,
y vivid como quisiereis.
LXXXVI
Pero escucho que
alguna me replica:
5235
Oír hablar es uso antiguo, y vicio:
Ni yo para mostrar que soi púdica,
He menester
armar el sobrecejo,
Quando habla otro, ni hacer la boca
chica,
Ni estrujar con arrugas el pellejo,
5240
Y si hai un
mal hablado no me toca
levantarme, y taparle aquella boca.
LXXXVII
Ni tampoco yo digo que hagáis esso;
Pero nunca mostréis gusto de oírle:
Dadle
a entender que aquello es un exceso,
5245
Que vuestro honor no
puede permitirle;
Lo que toda muger, que tiene sesso,
Sabe hacer fácilmente, sin herirle
Al que habla
mal; y si él no es un salvage,
Veréis que
muda presto de lenguaje.
5250
LXXXVIII
Basta no contestarle
quando habla,
No prestando atención a lo que dice,
Como si hablara el tal con una tabla:
Basta que vuestra
lengua no le atize,
Si discurso indecente, o torpe entabla,
5255
Que de vuestro rubor tanto desdize;
Y hasta no mostraros
deseosas,
De que los hombres hablen ciertas cosas.
LXXXIX
Dice el proverbio: la Muger honrada
Ha
de ser sorda y muda; si es que quiere
5260
Ser verdaderamente
respetada;
Y ha de hacer que no entiende lo que oyere,
Siendo alguna palabra colorada,
La que discreta parecer
quisiere:
Lección mui importante, y la más
bella,
5265
Que debiera aprender toda doncella.
XC
De aquí podéis, Damitas, inferir
Lo mal
que hacen aquellas que entender
Fingen lo que mejor fuera
no oír;
Y mostrando que lo oyen con placer,
5270
Se suelen,
poco cautas, sonreír.
Nunca fue Elvira de esse parecer,
Antes bien, si algo de esto Elvira oía,
Una estatua
de mármol parecía,
XCI
Raras veces
salía Elvia de casa,
5275
Y apenas se asomaba a la ventana.
Y aunque era ágil en una y otra bassa,
No era
inclinada al bayle, ni era vana:
Nadie besó su mano;
aunque aora passa
Por moda, bien que moda chavacana;
5280
Cubiertas
las dos manos con los guantes,
Cosa que hace rabiar a los
amantes.
XCII
Es verdad (no lo niego) que hoi ay
muchas
Condenadas a guante sempiterno
Queriendo acreditarse
de machuchas;
5285
Pero esto sólo prueva en mi quaderno,
Que huyen de la labor, o no están duchas,
A
lo que suena mugeril govierno.
Si sólo por las manos
las aprecias,
Otras tantas dirás que son Lucrecias.
5290
XCIII
Mas viendo que en tener siempre cubiertas
Las manos, sólo sois escrupulosas,
Y que expuestas
al público están ciertas
Otras partes, que
son más peligrosas,
Las gentes (con razón)
dudan expertas,
5295
Que lo hacéis porque a caso están
roñosas,
O llenas de berrugas, y de aristas,
Y conocéis que no son para vistas.
XCIV
Otros discurren otras mil razones,
Y dicen las guardan,
porque están llenas
5300
De aquellos que se llaman turumbones,
O porque están mui flacas, y las venas
Lo salen
a lucir con los tendones.
Otros dicen, que no las tenéis
buenas,
Porque avéis empleado algunos ratos
5305
En retozar
a solas con los gatos.
XCV
Y quando no, podrá
alguno creer,
Que las tenéis guardadas por temor,
De que el Sol no las llegue a enegrecer,
Tostándolas
después con su calor.
5310
Mas si cubiertas las queréis
tener
Por otro fin más alto y superior,
Porque no
cubriréis si sois modestas
Otras cosas, que son menos
honestas.
XCVI
Ciertas cosas, repito, algo indecentes,
5315
Que hacéis ver a quien no quisiera verlas,
Cubriríais
si fuerais más prudentes,
Teniendo gran cuidado
de esconderlas.
Hablo (por vuestro bien y el de las gentes),
Y más sabiendo todos que las perlas,
5320
Las joyas,
diamantes, y doblones,
Se esconden cuando se anda entre
Ladrones.
XCVII
No hagáis el Gato guarda
del Tocino.
Y pues a Elvia imitáis en traer guantes,
No hacerlo en lo demás es desatino.
5325
Ni los curiosos,
ni los cortejantes
Vieron más que su rostro peregrino,
Y a los ojos negó más penetrantes
La
peligrosa vista de dos pellas,
Que tenía, tan blancas,
como bellas.
5330
XCVIII
Pero esto ya va largo demasiado,
Y estoy viendo que algunos se levantan
Sin aguardar se
acabe lo empezado;
Y como sé que cansan los que cantan
Si al cantar mal añaden lo porfiado,
5335
Los que ya
están cansados no me espantan,
Y por hoi pongo fin
a nuestro testo
Para volver mañana a oír
el resto.
XCIX
Mientras el Niño Cicerón
reposa
De Elvira elogiaré mil prendas bellas,
5340
Y
de otras de su sexo alguna cosa.
Diré también,
que no quiero ofendellas,
Aunque es materia algún
tanto escabrosa
Y quanto pueda haré porque ellos
y ellas
Oigan con gusto lo que se digere,
5345
Mas paciencia
si no lo consiguiere.
Fin del Canto VII
I
La ingratitud es vicio abominable,
Es un negro feíssimo
pecado,
Tanto que a todos se hace imperdonable,
Y le detesta
más el más malvado.
5350
Es indigno del nombre
respetable
De Racional quien de él está tocado,
Y el Ingrato da pruevas verdaderas
De ser más fiera
que las mismas Fieras.
II
Aunque del hombre nacen
enemigas,
5355
Reconocidas son a sus favores;
Y muchas padecieron
mil fatigas
En defensa de sus benefactores.
Y no hai
que hacerme cocos, ni hacerme higas,
Como que vendo rábanos
por flores.
5360
Quien no me crea a mí lea un poquito
A Cayo Plinio, Histórico erudito.
III
Leones
verá allí, Tigres furiosos
Ser de sus bienhechores
compañeros.
Serviciales, atentos, y obsequiosos
5365
Como son los amigos verdaderos,
Y con nobles impulsos generosos,
Despreciando ya ogueras, o ya aceros
Exponer, encrespada
la melena,
Su propia vida, por salvar la agena.
5370
IV
Perros verá fielmente agradecidos,
Que viendo
muerto al Amo no comieron,
Hasta que al hombre, y al dolor
rendidos,
Víctimas de su amor la vida dieron;
Predicando
a los hombres entendidos
5375
Con el egemplo, que los ofrecieron
El gran cuidado, y la gran solicitud,
Con que deben
huir la ingratitud.
V
Los pueblos más ferozes,
e inhumanos
Por un horrible monstruo la tuvieron;
5380
Pero
nuestros Latinos, o Romanos
Ni aun de Ingratitud el nombre
oyeron.
Ojalá que ignoraran los Cristianos
Lo que
tan grandes hombres no supieron.
Mas por nuestra desgracia,
ya esta Fiera
5385
Doméstica se ha hecho y mui casera.
VI
Hoi es la ingratitud casi de moda,
Poco
menos que el pan de cada día,
Y el que te debe su
fortuna toda
En vez de hacer por ti quanto podía,
5390
Si el hacerlo un tantico le incomoda,
Manos, piernas, y
pies te cortaría,
Y antes que sufrir él algún
trabajo,
Tu cabeza pondría sobre un tajo.
VII
De deudor se transforma en tu enemigo;
5395
Tu nombre despedaza,
y mal te quiere,
Huye de verte, y de tratar contigo;
Y más si el beneficio tuyo fuere
Superior a las
fuerzas del amigo,
Que al Amigo, y al Asno el que quisiere
5400
Guardar (dice un Filósofo machucho)
Nunca debe cargar,
ni oprimir mucho.
VIII
Porque, si al uno carga
demasiado,
Se echa desesperado con la carga
Y el otro prevarica,
avergonzado
5405
Al benéfico afán de mano larga,
Y esto de verse más y más cargado
Se
le hace cosa dura y mui amarga:
Piensa que el Bienhechor
de mejor trato
Le está siempre diciendo: eres ingrato.
5410
IX
Ánimo vil es éste. No assí
el mío,
Que en punto a recivir, es generoso.
Quanto
es mayor el don, cobra más brío.
Recivo un
beneficio poderoso,
Y espero otro mayor de un pecho pío;
5415
Porque no soi tan vil, ni vergonzoso,
Que no tengo por
digna a mi persona
(Si me la quieren dar) de una Corona.
X
A recivir estoi siempre dispuesto;
Que en tornar
(dicen todos) no hai engaño:
5420
Si tal vez no respondo
al favor presto
Le tengo mui presente todo el año
Sobre mi corazón, y no hacen esto
Muchíssimos
que visten fino paño:
Antes bien al Señor
siempre le pido,
5425
Que me libre de ser desconocido.
XI
Qualquiera otro baldón, qualquier suplicio
Sufriré yo; primero que mancharme
Con tan negro
borrón, tan feo vicio.
Quien no lo crea, podrá
experimentarme,
5430
Y verá, que a quien me hace un beneficio,
En mis versos procuro demostrarme
Agradecido, como es Santo
y justo,
Alabándole mucho con gran gusto.
XII
Yo, pues, que a las Mugeres me protesto
5435
Obligado,
pues debo mi existencia
A una de ellas; si no lo manifiesto
De otro modo, por falta de potencia,
Embido en alabarlas
todo el resto,
Siempre que lo permite la conciencia,
5440
Haciendo
lo que puedo, o he podido,
De estimación, y gratitud
movido.
XIII
Y aviéndose ofrecido la ocasión
De hablar de una a mi Auditorio junto,
De la Madre (esto
es) de Cicerón,
5445
No sé acabar, no acierto a
poner punto.
Y aunque acaso os fastidie mi Sermón,
Proseguir quiero tan glorioso assunto,
Y en describir
sus dotes estenderme,
Pintando a Elvira, mientras Tulio
duerme.
5450
XIV
Ni se diga que salgo de mi tema,
Quando
en hablar de Elvira soi prolijo,
Pues anuncian en todo buen
sistema
Las prendas de la Madre las del Hijo,
Sabiendo
todos ya aquel apotema:
5455
Las encinas no dieron nunca miijo,
Ni (como cantó un Poeta viejo),
Una Aguila
jamás parió un conejo.
XV
Esta vida
(quizá diráme alguno)
Si prosigue a este passo,
no se acaba,
5460
En cien años, ni aun en ciento y uno,
Bueno estaría yo, si oídos daba
A lo que
dicen Pedro, Juan y Bruno.
Lo que sí es, que si yo
me apresuraba
A subir un peñón del Apenino,
5465
Me faltaba el aliento en el camino.
XVI
Sin duda
que tenía gran cabeza,
Y de las cosas gran discernimiento,
Aquél, a quien un hombre en la Bañeza
Daba
de palos porque andaba lento.
5470
Y diciéndole otro con
presteza
Camina, y ahorrarás de palos ciento;
Mas
él le respondió (era Italiano)
Signor no,
che va sano chi va piano.
XVII
Alguno avrá,
que me juzgue enamorado
5475
De Elvira, quando tanto parlo de
ella,
Y que bajo el nombre enmascarado
De una Casada,
cubro una Doncella,
Que es mi Pique, mi Chichis, mi Cuidado,
O (hablando a la francesa) que es mi Bella,
5480
Buscando a
una difunta por cubierta
De una, que come, bebe, y no es
Tuerta.
XVIII
Yo no quiero decir lo que hai en
esto:
Sólo diré, que aunque en hablar de Elvira
Sea un poco prolijo, seré honesto,
5485
Y a nadie ofenderá
mi tararira,
Porque aunque no me llamen Fray Modesto,
Pero Clérigo sí. Con esta mira
Líbreme
el Cielo, de que en mi leyenda
O Santa Honestidad a ti te
ofenda.
5490
XIX
Y a propósito al verbo Honestidad,
El qual vino a ponérseme en la punta
De la pluma,
por gran casualidad.
Ya dixe que en Elvira estava junta
Honestidad suma a singular beldad.
5495
Pues aora en Posdata,
o por adjunta,
Quiero deciros por un fin mui Santo,
Todo lo que sé de ella en este Canto.
XX
Cada día iba Marco descubriendo
Alguna nueva prenda,
que encerrava
5500
La bella alma de Elvira, y conociendo,
Que
ella de freno no necesitava,
Puesto que por sí misma
precaviendo
Los riesgos más remotos, no aguantava,
No ya que algún Morbín la manoseasse,
5505
Mas
di que un sólo dedo la tocasse.
XXI
Y este
era entonzes, dicen varias Glossas,
El proceder de
toda Dama honesta,
Mas hoy no es moda el ser escrupulosas
Las Mugeres, y nuestro Autor lo atesta:
5510
Tienen (dice) en
otras cien mil cosas
Un pánico temor, pero no en
ésta;
Porque hoi se ve que el bello sexo amable
Más de lo que es menester es manejable.
XXII
Yo sé que más de alguna con enfado
5515
A la
mano atrevida, que la toca
Echa de sí, y el rostro
sonroseado
Muestra el dolor que aquello le provoca;
Pero observo también por otro lado
Que algunas dicen
esto a media boca:
5520
Por esto la Muger, quando pelea,
Más
que vencer, vencida ser desea.
XXIII
Hai motivo
a lo menos de dudarlo
Viendo que algunas dan la escusa fría,
Que sus fuerzas no alcanzan a estorvarlo;
5525
Y un cierto no
sé qué de hipocresía,
Con que hacen
ademán de repugnarlo
Provando está a
la luz del medio día,
Que aquella resistencia insuficiente,
En vez de resistencia, es aliciente.
5530
XXIV
Yo no
llevo en paciencia lo que a algunas
Veo sufrir en paz y
con sosiego;
Id est ciertas caricias importunas,
Que un
grande amigo mío (y no era Lego)
Caricias, con razón,
llama Perrunas.
5535
El Perro, en viendo al Amo, luego luego,
Por mostrarle su amor (es cosa de hecho)
Con las dos
zarpas se avalanza al pecho.
XXV
Nunca permitió
Elvira ser tocada,
Aunque de esto jamás yo fui testigo.
5540
Nunca se dejó dar una palmada,
Ni aunque un pellizco
de el mayor amigo,
Ella tampoco, a fuer de Dama honrada,
Tocó a nadie, y yo sé que verdad digo,
Ni
tocaría a un hombre esta Matrona,
5545
Aunque el Rey la
ofreciera su Corona.
XXVI
Hai Mugeres, que tienen
un prurito
En las manos, que le palpa un ciego,
Alentando
al más tímido apetito,
A acompañarlas
en el mismo juego.
5550
Quisiera, que entendieran lo aquí
escrito,
Sin declararme más; y assí las ruego
Que un porte tengan de hoi en adelante
Más grave,
más señor, menos danzante.
XXVII
Ni gustava tampoco nuestra Elvira,
5555
Que un hombre la mirasse
fijamente:
Si alguno suspirava con la mira
De explicarla
su amor, ella, prudente,
Mostrava no entenderlo, y la pyra
De aquel fuego apagava prontamente,
5560
Por no dar el más
leve fundamento
De excitar un impuro pensamiento.
XXVIII
Sus cartas esconder Elvia savia,
Para no dejar
ver a nadie el juego.
Si alguno se arrimava, y se atrevía
5565
En voz baja, a dejar caer un ruego,
O a insinuarla lo mucho
que sufría
Por su amor, Ella, encendida en fuego,
Le arrojava de sí, y en un instante
Era un Volcán,
un Etna su semblante.
5570
XXIX
Y lejos de mostrarse
compasiva
Si alguno declarava su tormento,
De gravedad
se armava, tan esquiva,
Que abatía el más
alto pensamiento,
O le mirava ayrada, y vengativa
5575
Con tal
resolución, con tanto aliento,
Que aquél,
que de abrasado blasonava,
O de frío, o de miedo
tiritava.
XXX
Mas si alguno adelante su porfía
Llevava, sin querer dejar el puesto,
5580
Ella se levantava,
y luego huía,
Dejándole aburrido, porque en
esto
A nadie de tropiezo ser quería.
Y en el caso
que aora va propuesto
Quisiera yo (si se encontraren otras)
5585
Que lo hicierais assí todas vosotras.
XXXI
Yo no sé si lo hacéis: sólo estoi
cierto
De que muchas conversan mui gustosas
Con quien
saben las ama, y de concierto
Passan juntos semanas deliciosas.
5590
Sé, que gustan de oír, que uno está
muerto
Por ellas, y sé otras muchas cosas.
Como
aquel complacerse en ver delante
De sus pies suspiroso a
un tierno amante.
XXXII
Sé, que no siempre
se conversa entre ellas
5595
De cosas santas, y que no son pocas
Las que gustan de oír llamarse bellas,
Ni las
disuenan las palabras locas,
Con que las llaman Sol, Luna,
y Estrellas.
Sé que algunas resisten como rocas
5600
A ser tocadas; más no las dan enojos
Las licencias
más libres de los ojos.
XXXIII
Ven, que
alguno, qual perro perdiguero,
Que para la perdiz, sus ojos
para
En cierta parte, que nombrar no quiero,
5605
Y que Amor
mientras tanto algo dispara.
Saben que el hombre es hyesca,
ellas azero,
Que el fuego fácilmente le prepara,
Y no obstante más de una está mui fresca
Arrimando aquel fuego azia la hyesca.
5610
XXXIV
Mas
en vez de echar agua en el tal fuego,
Le suplan quanto pueden
y con gusto
Mirando están, cómo el Amante
ciego
Se va abrasando. No las da algún susto
El
daño que hacen; antes con sosiego
5615
Se presumen un
mármol mui robusto,
Y de la Honestidad Templo animado,
Que jamás malo egemplo a nadie ha dado.
XXXV
Qué importará, que un corazón
de hyelo,
[O] tengan ellas, o bien sea de nieve,
5620
Insensible
al amor, si un Mongibelo
Encienden en el pecho de ocho,
o nueve?
Si fomentan un Etna en el Mozuelo
Con todo lo
que impuro amor promueve.
Qué importa, que a la Vieja,
Moza, o Niña
5625
No le passe el amor de la basquiña?
XXXVI
Tan Ladrón es aquél, que tiene
el saco,
Como el que roba: lo que yo estoi viendo
Es, que un Petimetre, y un Bellaco
Siempre están
junto a ellas discurriendo:
5630
Bien está; no haiga apego;
mas por Bacco
(Aun esto en cortesía permitiendo)
Yo las vuelvo a decir con su licencia,
Que no me gusta
a mí tanta frequencia.
XXXVII
Sean todas
Penélopes (lo passo)
5635
Aunque alguno a Penélope
condena;
Embauquen (como ella en otro caso
Lo hizo)
a sus Galanes; norabuena
Mas por guardar su honor (guardóle
acaso
Que yo tragar no sé esta verengena)
5640
Urdió
una tela con ardid, y engaños,
Que acavarse no pudo
en muchos años.
XXXVIII
Quando lo pudo hacer
más fácilmente,
Y echarlos a passear el primer
día,
Bastava recivirlos fríamente,
5645
Y no querer
oír su algaravía:
Bastava averlos dicho claramente,
Que la cansava mucho su porfía.
Bastaba en
fin que con semblante fiero
A todos los dixesse: No, No
quiero.
5650
Si a mirarlos Penélope a la
cara
No se huviera dignado; si severa
Ruegos, suspiros,
iras despreciara,
Sin dársela un comino, entonzes
viera
Que todos la dejavan, y lograra;
5655
Que el Universo
entero la aplaudiera
Por su fidelidad, sin los emplastos
De tantas telas, y de tantos gastos.
XL
Mas
esto no quería hacerlo ella,
Aunque era tan juiciosa,
y tan prudente,
5660
Porque todos la decían, que era Bella,
Y estando acostumbrada a tratar gente,
Desde que comenzó
a hablar siendo Doncella,
Esto la gustava grandemente,
Y no quería verse precisada
5665
A tratar con el Gato,
y la Criada.
XLI
Lo mismo veo hacer con mucho empeño
A algunas, que conozco en la edad mía:
Aun
las que no hablan más que parla un leño
Gustan
de estar en grande Compañía,
5670
Porque si no
lo están, las carga el sueño
Y las parece
gran discortesía
Dejarlas sola; y assí están
rabiando
Sin quatro, o seis junto a ellas suspirando.
XLII
Y ya que de Penélope la tela
5675
Tomé en
boca, será bien que os diga
Ser un embuste (bien
que es vagatela)
Lo que se dice de la gran fatiga,
Que se tomaba la sagaz mozuela
(Siendo de la labor tan
enemiga)
5680
Quando de noche (dicen) deshacía
La tela
trabajada por el día.
XLIII
El hecho es,
que, estando día y noche
Con sus Cortejos siempre
en grande fiesta
Y acompañada de ellos en el coche
5685
Quando se iba a passear después de siesta
Divirtiéndose
siempre a troche y moche;
Tenía otras labores
en la Testa,
Y en la tela (no siendo por ensalmo)
No pudo
trabajar siquiera un palmo.
5690
XLIV
Esto mismo (creédmelo,
Señores),
Es lo que hacen también ciertas
Mugeres
Con esas, que ellas llaman sus labores,
Todos su[s]
gustos, si observarlos quieres,
Se reducen a oír
hablar de amores;
5695
Estas son sus delicias, sus placeres,
Y muchas tienen por trabajo estraño,
Si acavan
dos calzetas en un año.
XLV
Pero no es esto
lo que más condeno,
Porque tampoco yo trabajo mucho.
5700
Lo que a mí me parece nada bueno
(Y lo mismo dirá
todo machucho)
Es aquel conversar de riesgos lleno;
A lo
que viendo estoi, y a lo que escucho,
Con los hombres, con
tonta confianza,
5705
Como Aldonza Lorenzo, y Sancho Panza,
XLVI
Ya se acabó aquel tiempo en que un marido,
Si viera que un Mozuelo avía tocado
Un dedo
a su Muger, ya por perdido
Se daría, y por hombre
desdichado.
5710
Ya no se tiene por prodigio oído
Var[i]as
vezes, y más vezes provado,
Que en lugar de perrillos
inocentes
Retoza una Muger con sus sirvientes.
XLVII
Ya no estamos en tiempo, en que un Amante
5715
Para hablar
a su Niso, a la Criada
Deberá regalar un diamante,
O con algún ardid abrir la entrada.
Hoi la
puerta está franca; cada instante
Logrará
audiencia pública, o privada,
5720
Y para estar con ella
sola a sola
Basta entrar sin decir una parola.
XLVIII
Ya se fue aquella edad escrupulosa,
Que condenava como
cosa fea,
De mal egemplo, y mui escandalosa,
5725
Que Marte
visitasse a Citerea,
Nuestra edad no es edad tan melindrosa.
Oy Acis puede estar con Galatea,
Sin que ninguno piense
de ella cosa,
Que pueda hacer perjuicio a su decoro.
5730
Porque
ha vuelto a nacer el Siglo de oro.
XLIX
Volvió,
repito, aquella edad felize,
Que tanto celebró más
de un Poeta,
En que todo Pastor su Berenize
Tratable siempre
la encontrava, y quieta!
5735
Y si es verdad lo que un Autor
nos dice
De aquella edad cabal, bella, y completa,
Para igualarla en toda su apariencia,
Sólo falta
a la muestra la inocencia.
L
La qual sabemos ya,
que dura poco,
5740
Entrando a sucederla la malicia.
Toda muger
huía como el Coco
De tener con los hombres amicicia.
Y lo hacían según lo que aora toco,
Por conservar
la Santa pudicicia,
5745
Porque en materia tanto delicada
Ninguna
precaución era sobrada.
LI
Creían
no poder impunemente
Con los hombres tratar el sexo flaco:
Por esto estaban solas comúnmente
5750
Con la labor debajo
del sobaco,
Y las criadas trabajando en frente;
Si alguna
no lo hiciera, por Dios Bacco
Que unos palos tan fuertes
llevaría
Que el más sordo quizá los
oiría.
5755
LII
Siendo esto assí, será
porque ya aora
Las Mugeres no son de aquella pasta
Y que entre tantos riesgos a toda hora
Toda Muger sabe
guardarse casta,
Sin que la carne flaca y pecadora
5760
Guerra
haga a la razón, que la contrasta;
O que todas aquellas
eran locas,
O que lo son las de hoi; salvo unas pocas.
LIII
Sí, Señores: nosotros somos locos;
Con más virtud que aquella que tenemos
5765
Nos figuramos,
a excepción de pocos.
Ni los daños que todos
padecemos
Nos hacen ser más cuerdos; y los cocos,
Que nosotros los hombres siempre hacemos
A las Mugeres
jóvenes, y bellas
5770
Las hacen, que más locas
sean ellas.
LIV
En artificios todas son Maestras,
Y no se dan tan presto por vencidas.
Ya de estatuas de
hyelo nos dan muestras,
Ya de metal al fuego derretidas.
5775
De las feas no hablo: las más diestras
Son las lindas,
las quales engreídas,
Que podrán, se
figuran vanamente,
Con el fuego jugar impunemente.
LV
Mas al fin los suspiros amorosos,
5780
Las lisonjas, las
vozes halagüeñas,
Hacen lo que hace el tiempo
en los Colosos,
Y lo que el agua en las robustas peñas.
De sus efectos algo peligrosos,
Ya he dado en otra parte
muchas señas,
5785
Y no quiero inculcar viejas verdades
A las que amigas son de novedades.
LVI
Conviene
con todo eso, a honor y gloria
De la Verdad, lo que una
vez se ha oído
Refrescarlo tal vez a la memoria,
5790
Para evitar injurias del olvido.
Assí también
se alarga más la Historia,
Y vuestro gusto está
más divertido;
Pero si fuere tedio, no me atajo,
Porque al fin será menos mi trabajo.
5795
LVII
Por tanto yo os vuelvo a repetir
Que este trato moderno
vuestro es tal,
Que no puede buen fruto producir
Según
el parecer universal;
Pues todo hombre de juicio es de sentir,
5800
Que en él se da ocasión a mucho mal.
Y mi
Padre decía con razón:
La ocasión,
y el dinero hacen Ladrón.
LVIII
Ya sabéis
de los hombres la osadía,
Al caballo jamás
tiran el freno,
5805
Y crece hasta lo sumo su porfía,
Si un poco dócil hallan el terreno.
Adelántanse
tanto cada día,
Que aun lo poquito no sería
bueno:
Si una Muger alarga un dedo a un loco,
5810
El brazo
entero le parece poco.
LIX
Pensad aora cómo
andara el ajo,
Quando ellas compasivas, o ligeras,
Permiten
algo más al furbo Majo.
Y, si viéndolas éste
tan someras,
5815
Le costará grandíssimo trabajo
El passar de las burlas a las veras,
Malogrando el
momento favorable?
Ello bien puede ser, pero no es dable.
LX
Yo ya sé, que el amable sexo, y bello
5820
No es tan ruin como algunos le han pintado;
Sé,
que está (y es preciso concedello)
De muchas bellas
prendas adornado:
Su corazón, por lo común,
el sello
De Noble tiene en sí mui estampado.
5825
Mas
sé también, si el fuego de Amor prende,
Que
en un corazón noble más se enciende.
LXI
Prende en él como en la hyesca el fuego,
Y ya de palabritas se alimenta,
Ya de un mirar; de un sonreír;
el juego
5830
Y el trato familiar más le fomenta
La llama
passa a incendio, a furor ciego,
Que todo lo atropella,
y si le alienta
De el fuelle del Infierno el soplo fuerte
Dura vivo el Volcán hasta la muerte.
5835
LXII
Júzganse Salamandras las Mugeres,
Y que pueden
burlarse con las brasas,
Diciéndonos, que a
todos sus placeres
Los manda la razón y ponen tassas.
De todas creerás, si las oyeres,
5840
Que son Casandras
dentro de sus Casas,
Sin notar, que Casandra aun en el Templo,
De que no están seguras las dio egemplo.
LXIII
Entre los Lobos nunca está segura
La oveja;
y si la Cabra se encamina
5845
Azia ellos, quién más
me la asegura
De que no corra ciega azia su ruina?
La Muger será honesta por ventura,
Mas la carne
a no serlo siempre inclina,
Y decía allá un
gire de Bearne
5850
Casta es la Muger, sí; pero es de
carne.
LXIV
No las agravio, no, quando en mis Cantos
Las pinto algo movibles, e incostantes:
repito lo que han
dicho tantos S
Para hacer los Maridos vigilantes.
5855
Quien
se embarcó encomiéndese a los Santos,
Que
el mar siempre engañó a los Navegantes;
Pero no fíe tanto en su Oración,
Que no atienda
a la Vela, y al Timón.
LXV
Quiero decir,
procuren tener lejos
5860
A su Muger de todas ocasiones:
A fuera
Chichisveos y Cortejos,
A fuera peligrosas diversiones.
Salomón nos descrive los manejos
de una Muger cabal
en sus sermones.
5865
Y sin embargo todo esto no hasta,
Quando
no es la Muger de buena pasta.
LXVI
Mas si
alguna me lee, o si me escucha,
Qué cosas no dirá
de mi persona,
Sin culpa tener yo poca ni mucha?
5870
Allá
se las avenga, si blasona
De discreta, prudente, y de machucha,
Con Juanbartolomé que lo pregona;
Que en estos versos
yo, malos o buenos,
Ando, como anda un Niño en pies
agenos
5875
LXVII
Yo no hago más que traducir
el testo,
Verde, o seco, como el Autor lo dice,
Y
no quiero cargarme (lo protesto)
Con lo que él diga
mal, o escandalize.
Un huesso a roer duro yo me he expuesto,
5880
Confiéssolo, y conózcome infelize,
Porque
temo, Señoras, y me assusto
De averos quizá
dado algún disgusto.
LXVIII
Quien compone
de suyo correr deja
Su fantasía adonde se la antoja.
5885
Lo que quiere callar de sí lo aleja,
Lo que escrivir,
en el papel lo arroja.
Mas quien se empeña desde
rabo a oreja
En traducir un Libro, hoja por hoja,
Encuentra
a cada passo mil enojos,
5890
Que le hacen dar al Diablo sus
antojos.
LXIX
Y como sé mui bien, Señoras
mías,
Que de nadie gustáis ser motejadas,
Y que es crimen de lesa en nuestros días
Tocar a
vuestras pieles delicadas;
5895
Debiendo traducir mil picardías;
Que Juan Bartolo nos dejó estampadas,
Estuve
por quemar la tal Historia,
O a lo menos echarla en una
Noria.
LXX
Porque aunque nuestro Autor la verdad
diga,
5900
Yo no quiero mezclarme en vuestras cosas.
La traducción
no obstante es bien prosiga,
Pues confío que al fin
reís gustosas,
Porque es hombre sincero en su fatiga,
Y es de esperar no calle las preciosas
5905
Que al bello sexo
adornan qualidades,
Superiores quizá a sus nulidades.
LXXI
Entonzes sí, que con consuelo
mío
Manejaré mi pluma en honor vuestro,
Y
veréis todas, si caliente, o frío
5910
En celebraros
soi; ahora hado siniestro
Me ha empeñado en un trabajo
impío;
Tan contrario a mi amor, y tal qual estro,
Que el sesso y juicio, por la rabia fiera
Perdido huviera
ya, si le tuviera.
5915
LXXII
Mas si aora me da tanto
tormento,
Este empeño, este afán que ya he
emprendido,
Vendrá algún día en
que me dé contento,
Y espero que seré compadecido.
Mi gran consuelo es éste, este mi aliento,
5920
Y me
daré por mui correspondido,
Si del trabajo, que he
de hacer y he hecho
Sacar viere algún fruto, algún
provecho.
LXXIII
Yo creo que sería menos
mal
Si alguno se aplicara a esta Leyenda,
5925
Que a la de un
Libro medio heretical,
O desonesto, o Libro que no entienda.
Y aunque no sea este Poema tal,
Que aspire a competir,
ni lo pretenda
Con vuelos de otras aves más canoras
5930
Puede (bien divertiros muchas horas.
LXXIV
Y no
es esto mejor que murmurar
O hacer dos al amor de noche
y día?
Y no será mejor que chacharear
Tres
o quatro Mugeres a porfía,
5935
Y en lo que ellas no entienden
cucharear?
Leed, pues, este Libro, y a fe mía,
Que aunque en todo no os dé gusto cumplido,
No os
pesará, no, averle leído.
LXXV
Y
si hiciere reír la Compañía,
5940
No toda
risa es mala, o reprehensible:
Elvira era una Señora
honesta, y pía,
Y aun casi racional como es creíble,
Sin embargo se sabe, que leía
Tal qual Autor gracioso
y apacible.
5945
Y que eran para ella deliciosos
Los Poetas
festivos, y piadosos.
LXXVI
Los Libros de
un Autor grato, y modesto
Tienen contento, alegre, y divertido
Al Letor: mas con ningún pretesto
5950
Se sabe que jamás
aya leído
Nuestra Elvira algún Libro poco
honesto.
Y yo le doi un parabién cumplido,
De que,
siendo muger, no aya gustado
De leer Libro alguno condenado.
5955
LXXVII
Nunca quiso leer ciertas Novelas,
Ni Romances,
ni Cuentos disonantes,
Llenos de amor, y de otras bagatelas.
Sólo es fama, por vozes mui constantes,
Que de noche
leía entre dos velas
5960
El grazioso Quixote de Zervantes,
Y en Agosto, a la sombra de un gran toldo
El festivo Poema
de el Bertoldo.
LXXVIII
A Lucrecio, ni oír
nombrar quería,
Como a ningún Autor que de
los Cielos
5965
Hablasse mal. Si yo (decir solía)
Me
viesse Emperador, O qué buñuelos
De estos
malditos Libros presto haría!
Sus Autores, sus Padres,
sus Abuelos,
Metidos con sus Libros en una hoya
5970
Arderían
después como ardió Troya.
LXXIX
Ningún
Libro leyó, que fuesse impresso
Sin licencia, o en
sitio sospechoso.
Si Marco, que era hombre de gran sesso
No la decía: No, no es peligroso.
5975
Y es que entonzes
a Italia con exceso
Ciertos Libros en número copioso
Venían, que llenavan a ignorantes
De ideas
y principios disonantes.
LXXX
Aora daría
yo una repasata
5980
A ciertas curiosíssimas Señoras,
Que ciertos Libros sin Autor, ni data,
Leyendo están
ad Laudes et per horas,
Y beben el veneno que las mata,
Disimulado en cláusulas sonoras,
5985
Porque vienen de
Tierras peregrinas,
Donde no son mui sanas las Doctrinas.
LXXXI
Unos Libros con títulos brillantes,
Atestados de errores pestilentes,
Que vestidos en trages
rozagantes,
5990
Embocan la ponzoña a muchas gentes,
Y más si son curiosas, e ignorantes,
O necias presumidas
de prudentes:
En estas se introduce hasta los huesos
La
cicuta fatal de los impressos.
5995
LXXXII
Y tanto más
a prissa se produce,
Quanto brinda más dulce su veneno,
Porque el brillante estilo le conduce
Hasta el alma,
teniéndole por bueno,
Y mucho más si a lasismo
reduce
6000
A estar entre los vizios mui sereno.
Entonzes se
hace irremediable el daño.
Cerrada toda puerta al
desengaño.
LXXXIII
Perdónemelo Dios,
antes quisiera
Que no supiesseis leer, o que los ojos
6005
Perdierais;
pues más cuenta os tuviera,
Que dejaros llevar de
los antojos
De leer ciertos libros, que en la hoguera
Estarían mejor, o entre manojos:
Libros vuelvo a
decir, Libros malditos
6010
Que con tinta infernal están
escritos.
LXXXIV
Pero cuidado, que lo que hablo
aora,
Con las Mugeres, igualmente lo hablo
Con los hombres;
pues sé que a toda hora
A tales libros leer los tienta
el Diablo.
6015
Y alguno avrá, que su Moral perora
Por
más puro Moral que el de S. Pablo,
El Moral,
digo, que a la Italia manda
Londres, Ginebra, Basilea, Clanda.
LXXXV
Mas qué digo el Moral? los dogmas
puros
6020
Aprender de la Fe presume en ellos;
Pero qué
aprende? Errores tan obscuros,
Que como ciego está,
no puede vellos.
Llega a dudar si hai Dios: a estos apuros
Le reducen sus mismos descabellos.
6025
Y como ya su fe, en
lo llano topa
Cree, sí, que hai un Dios, pero de
estopa.
LXXXVI
Un Dios ocioso, un Soverano
inerte,
Que no atiende a los míseros mortales,
A
quienes vienen por la ciega suerte
6030
Igualmente los bienes,
que los males.
Máximas impías que el Spíritu
Fuerte
Siembra en libros dorados, con los quales
Haze más
daño en simples corazones,
Que en las guerras han
hecho los cañones.
6035
LXXXVII
De Clérigos,
de Frayles, y de Roma
Habían siempre mui mal como
de apuesta,
Y aquella gente, que a ser culta assoma,
Por hombres los aclama de gran testa
Porque la pez confunde
con la goma,
6040
Sin notar que ésta agrada, aquélla
apesta,
Y los que juzga de un saber profundo
Vienen a ser
la corrupción del mundo.
LXXXVIII
Presumen
no creer a la carlona,
Y que en el huevo hallar saben el
pelo;
6045
Mas si el que hablare fuere una persona,
Que nació,
o se crió allá en otro suelo,
Ninguno
chista, mientras él razona,
Por su boca creyendo,
que habla el Cielo,
Si bien que es su doctrina impía,
y perversa
6050
De la que enseña el Cielo tan diversa.
LXXXIX
Ya sea que los gusta esta doctrina,
Porque
da gran anchura a la conciencia,
Ya que la naturaleza al
mal inclina
O no sino la vil concupiscencia;
6055
A sus malos
discursos, que son ruina
De tantos, y de tantas más
credencia
Se da, que a un Theólogo y Letrado,
Que sabe discernir lo que es pecado.
XC
De el
Señor en el Campo, entre el buen trigo
6060
Se siembra
poco a poco la zizaña,
Y es quien la siembra aquel
hombre enemigo
De que da fruto bueno la Campaña.
Al cabo la recoge algún amigo
Y a arrojarla en el
fuego se da maña.
6065
Pero de esto hablaré más
otro día,
Que a Elvira se vuelve hoi la Musa mía.
XCI
Si oía discurrir a un estrangero
Que errores insinuava ultramontanos,
Decíale con
voz, y gesto fiero:
6070
Essos vuestros discursos no son sanos
En otras bagatelas creer quiero,
Que venceréis quizá
a los Italianos;
Pero no en Religión; pues sois vandadas
De ciegos locos, que andan a pedradas.
6075
XCII
Y
si el Monsiur a replicarla osaba,
Ella enojada mui claritamente.
Añadía: no estoi acostumbrada
A oír
hablar tan impía, y libremente
La puerta de mi casa
está cerrada.
6080
A quien assí discurre, y assí
siente.
O Cielos! Y es possible que esta classe,
Que esta
casta de Elviras se acabasse!
XCIII
Ojalá
que estuvieran atestadas
Las Casas, los Palazios, las Ciudades
6085
De Elviras, como lo eran las passadas!
No se verían
no las novedades
Que aora se ven, ni casi trastornadas
Las grandes de la Fe sacras verdades,
Y a los hombres entonzes
esta vida
6090
Más dulze les sería, y más
querida.
XCIV
Sería entonzes el casarse
un gusto,
Sería una cadena de placeres,
Y un hombre
(por decirlo assí) robusto
Gustaría tener
muchas mugeres
6095
A la usanza de aquel tiempo vetusto
En que
éstas moderavan sus quereres.
Mas, por nuestra
desgracia, ya es sabido,
Que hasta el nombre de Elvira se
ha perdido.
XCV
Mas si su claro nombre se ha olvidado
6100
No se olvide imitarla en sus acciones.
Hagan todas honor,
y empeño honrado
De competirla en sus operaciones.
Siempre descubrirán en tal dechado,
Nuevas gracias,
o sean perfecciones
6105
Y al que Muger no tiene por fortuna,
Deseo (si hai más Elvias) que tome una.
XCVI
Contento embío a casa y mui gozoso
Con este
anuncio a todo aquel Spitero,
Que tenga vocación
de hacerse Esposo.
6110
Con tal que halle una Elvira qual yo
quiero,
Téngase por feliz, y por dichoso,
Y guarde
este tesoro verdadero,
Porque Elviras con estas calidades
No se encuentran en todas las Ciudades.
6115
Fin del Canto VIII
I
Es una Doncellita como rosa.
Metida en su botón,
quando descoge
Sus hojas poco a poco vergonzosa,
Y
el Villano va alegre, y la recoge.
Esto se ha dicho en verso;
y esto en prosa
6120
Quiere decir, que buen partido escoge
El
que toma Muger no manoseada,
Y más si es moza bella,
y bien criada.
II
Otro, por el contrario, hombre
entendido
Dixeo: toda Muger, quando casada,
6125
Es carga pesadísima
al Marido;
Si en la primera breve temporada
De casados,
el gusto ven cumplido
Que deseaban ambos, ven que es nada,
Y acabándose aquello en un momento
6130
Un Marido entre
mil está contento.
III
Aora yo, a quien
jamás la gana ha dado
De cargar con Muger, no sé
qué diga,
Viendo a un Autor con otros encontrado.
No acertaré a salir sin gran fatiga
6135
De un laberinto
para mí intrincado,
Ni hallo, para librarme de esta
intriga,
Otro arbitrio, que el de una comparanza
Que
era el medio, que usaba Sancho Panza.
IV
Supongamos,
que al pie de un alto puerto
6140
Se encuentra, por egemplo,
un peregrino:
Si va solo a subirle, ten por cierto,
Que
se le hará tedioso aquel camino.
Mas, si otro le
acompaña hombre dispierto,
Divertido, y de humor
nada cetrino,
6145
Seguro es, que la buena compañía
La mitad del fastidio le desvía.
V
Assí aquél que Soltero triste estava,
Si
se une a una Muger linda, y juiciosa,
Mejor ayre que el
que antes respirava
6150
Le parece gozar, y es otra cosa
La
que prueva, que la que provava.
Divertido y contento con
su Esposa,
A todos hace ver, que aquella vida,
Es más
alegre, y menos desabrida.
6155
VI
Mas, si aquel otro
pobre Caminante
Se encuentra con un triste Compañero
Fastidioso, borracho, y tan vergante
Que se tiende
a dormir hecho ya un cuero
Sin poder dar un passo azia adelante,
6160
En este caso sí que es verdadero
Aquel proverbio
que es tan inculcado:
Más vale solo, que mal acompañado.
VII
Assí el pobre, a quien toca alguna Fiera
Por Muger, y que en ciertos intervalos
6165
Ni entender la razón,
ni oírla quiera,
Sino que se la encage a sendos palos.
O que a su caprichosa bodoquera
Los antojos se den,
buenos o malos
Para este tal sería mejor suerte
6170
Un suplicio, una horca, o qualquier muerte.
VIII
Mas hai entre estos dos la diferencia,
De que si al Peregrino
le es molesto
El Compañero, tiene aquél licencia
Para dejarle con algún pretesto;
6175
Pero el Marido
ha de tener paciencia,
O al arbitrio acudir de morir presto,
Porque de su Mujer por fastidiosa
Sólo le puede
libertar la fossa.
IX
Es cierto, que pudiera la
Guadaña
6180
Hacerle a él la merced, de que ella
fuesse
La primera que andasse a tierra estraña;
Pero no hai que esperar lo consiguiesse
De la Muerte con
ruegos, ni con maña
Y ni yo gustaría que lo
hiciesse,
6185
Porque ay de las Mugeres! si ella oídos
Diesse a quanto la piden los Maridos.
X
A más
de uno después de pocos días,
O sean, si quisiereis,
pocos meses
Tanto como le importan las folías,
6190
Le
importa la Muger con sus arneses.
Detesta, sí, la
red, las mallas frías,
En que cogido fue como las
Reses.
Hace lo que hace el pez para romperla,
Mas ya no
puede el Pobre deshacerla.
6195
XI
Y pues el Pez
a la memoria acuerda
El Mar; a quien se embarca es semejante
El que toma Muger o loca, o cuerda.
Al principio qué
plácido semblante!
Qué alegre muestra el Mar,
hasta que pierda
6200
A la tierra de vista el Navegante!
Mas
étele, que al tiempo más sereno,
Huye el Sol,
brama el Mar, y aturde el Trueno.
XII
Montes de
agua las olas encrespadas,
Y al furor de los vientos comovidas,
6205
Van el buque a tragar, y las fíadas
A aquel
monstruo embustero tristes vidas.
No se oyen más
que vozes agitadas,
No se ven más que lágrimas
perdidas:
Se encrespa la Tormenta, el ayre ruge,
6210
Roto el
árbol mayor, el leño cruge.
XIII
Dé una ojeada benigna azia este leño
Quien
mirándole está desde la playa.
Siempre es
falaz el mar más alagüeño,
Y no se fíe
de él quien juicio haya.
6215
Si se embarca, a lo
menos sea dueño
De una gran provisión; con
ella vaya
A examinar el barco: y, sino es chocho,
Nunca
se embarque en él sin su viscocho.
XIV
Y
sea este viscocho la paciencia,
6220
De la qual provisión
haga abundante:
Si se inquietara el mar, haga evidencia
De lo que puede un pecho tolerante.
Si creciere del viento
la insolencia,
Y sin Timón el barco fluctuante
6225
Anduviere, esté entonzes animoso,
Que es tiempo
de provar lo valeroso.
XV
Quien quiere entrar en
mar tan embustero
Para el reyno poblar de los vivientes,
Deve considerar (y es lo primero)
6230
Si tener le conviene
descendientes:
Después ha de hacer ánimo sincero
A mazcar malo y bueno con los dientes:
Hecho todo esto
embárquese en buenora,
Y encomiéndase a Dios,
y a la Señora.
6235
XVI
Mas sobre todo,
siendo buen Cristiano,
Busque una Esposa que también
lo sea;
Este es aquel remedio soverano
Para que salga en
todo al que procrea
Semejante la prole, y será en
vano
6240
Buscar el egemplar allá en Guinea,
Pues en
Elvia, y en Marco le tenemos
A la puerta de casa, si querernos.
XVII
Y éteme aquí metido en mi argumento
(Como suele decirse) a pies juntillas.
6245
Y no obstante
tal qual no está contento
Diciendo, que, aunque digo
maravillas,
Desde el principio, con mi passo lento
Canso
a quien me oya a puro repetillas,
Con prólogos tal
vez más dilatados
6250
Que los de Cicerón en sus
Tratados.
XVIII
Es verdad (lo confiesso) que algún
tanto
Me suelo divertir del propio assunto,
Y que un exordio
hago en todo Canto,
Siguiendo a Cicerón en este punto;
6255
Pero ésta es atención; pues dice un Santo
Que empezar ex abrupto es un conjunto
De altivez, presunción;
y de arrogancia,
O, quando menos, que es estravagancia.
XIX
Ni falta quien se queja de lo opuesto,
6260
Quiero
decir que en esta tararira
Me meto de rondón, id
est, mui presto.
O que necio es aquel Autor que aspira
A contentar a todos! Yo protesto
Que nunca presumió
tanto mi Lira.
6265
Dichoso es todo Artífice en su
Arte,
Que logró contentar la mejor parte.
XX
Son siempre en menor número los buenos
Que los
malos, y assí, dice el Petrarca,
Procura siempre
el voto de los menos:
6270
Según eso seré yo un
Patriarca,
Si en mis versos, ni rápidos, ni llanos
Agrade al menor número del Arca;
Y más si
lo consigo en este canto,
Donde temo serraros algún
tanto.
6275
XXI
Pues, si a Elvira hasta aquí
visteis pintada,
Dotada de especial rara belleza,
Como
de otras mil prendas adornada,
Con que la regaló
naturaleza:
Oy la veréis totalmente ocupada
6280
(A lo
que de ella Juan Bartolo reza)
En hacer lo que hacen por
salvarse,
Todas las que no quieren condenarse.
XXII
No basta, como piensan muchas gentes,
Ser castas las Mugeres,
y Donzellas,
6285
De lo qual nos dan pruevas convincentes
Las diez del Evangelio, esto es, aquellas,
Que mitad por
mitad eran prudentes,
Y la otra mitad no era como ellas.
Estas cinco quedaron, por estatuas,
6290
De el Esposo excluidas
como fatuas.
XXIII
Y por fatuas yo entiendo las
que mano
Sobre mano se están sin hacer nada,
Ociosas
en imbierno, y en verano.
Y por prudentes cuento en la manada
6295
Las que activas previenen de antemano
De el Esposo
el arrivo, o bien la entrada;
Sus lámparas de azeyte
siempre llenas,
Siendo castas, y haciendo cosas buenas.
XXIV
De muchas prendas adornada estava
6300
Elvira,
eternizadas en la Historia,
Aunque ocultarlas ella procurava,
Y entre otras, está aún fresca la memoria
De que perro ninguno se llegava
A sus puertas sin que ella
hiciese gloria
6305
De darlo algo de pan: prueva que era
Elvira una muger mui limosnera.
XXV
Mas, si el
serlo no se hace puramente
Por el amor de Dios, como lo
muestra
El Evangelio, entonzes ciertamente
6310
No será
Caridad, como la vuestra.
Por tanto yo no sé seguramente,
Si todo lo que serio se demuestra
Es por amor de Dios puro
y sincero
Ni, si lo es, o no lo es, saberlo quiero.
6315
XXVI
Quizá la vanidad tendrá su parte,
Y más en las Mugeres, si hai algunas,
Que de hacer
caridad sepan el arte.
Yo no lo juraré viendo que
unas
Al pobre dicen: no tengo qué darte,
6320
Y otras,
o casi todas, en ayunas
Embían a los pobres que las
piden,
Y con un: Dios te ampare, le despiden.
XXVII
No pretendo meterme a governarlas;
Mas digo que si en
tantas otras cosas
6325
Inútiles quisieren escusarlas,
Siendo modestas más, menos pomposas
Mucho al cabo
podría oro sobrarlas
Para alivio de pobres vergonzosas.
En que harían a Dios un gran servicio,
6330
Y a muchas
de ellas doble beneficio.
XXVIII
Lo mismo digo
a aquellos hombres, que hacen
Tantos gastos superfluos y
excesivos;
Y si a los pobres que en las calles yacen
Un
octavo les dan, quedan altivos.
6335
Señores (las
lisonjas no me placen)
Si queréis hombres ser caritativos,
No temáis, no temáis ser liberales
Con ciegos,
mancos, cojos, y otros tales.
XXIX
Más cuidado,
Señores, más cuidado
6340
Que esto de hacer limosna
con lo ageno,
No es caridad, es robo enmascarado.
A lo
menos a Elvira en esto bueno
Imitad, y tomadla por dechado,
Que yo dejo mil cosas en el seno,
6345
O no quiero decirlas
claramente,
Porque al fin es preciso ser prudente.
XXX
Elvira era mui buena en la corteza,
Pero mucho más
lo era por adentro,
Y Juan Bartolo espresamente reza
6350
Que
de todas virtudes era el centro.
Y aun nos quiere meter
en la cabeza
(Bien que en aquesto yo no salgo, ni entro)
Que nunca entre Elvia y Marco se vio tiña,
Aunque
nació en Bolonia desde Niña.
6355
XXXI
Esto quiere decir (si la ignorancia
De algunos mal quizá
lo havrá entendido)
Que fue constante su perseverancia
En vivir siempre en paz con el Marido,
Nunca se vio en
el Mundo igual constancia,
6360
Nunca amor más igual se
vio aplaudido,
Nunca el Diablo los hizo la mamola,
Ni pudo
entre los dos meter la cola.
XXXII
Ambos a dos
sabían claramente,
Que la discordia es madre de mil
males,
6365
Y al contrario, que el Cielo santamente
Bendice
a los que en Castos Esponsales
Viven unidos y en paz perpetuamente:
Felizes quando Mozos son los tales,
Y mucho más
felizes, quando vienen
6370
A ser viejos, porque ambos se sostienen.
XXXIII
Hallan de gustos mil un Parayso
En este
Mundo, y allá misericordia,
La que en el Cielo encuentren
es preciso
Los casados, que viven en concordia.
6375
Mas
si opuestos están en nuestro piso,
Quiero decir,
si viven en discordia,
Acá padecen un Infierno, y
presto
Allá se seguirá sufrir el resto.
XXXIV
Marco Romano y Elvia Boloñesa
6380
No eran no,
como son ciertos casados,
Que en el lecho, en la sala, y
en la mesa
Riñen, y gritan como spiritados
Siempre
en guerra civil que nunca cesa,
Siempre en todas las cosas
encontrados,
6385
Y en conclusión los pobres mentecatos
Siempre están como están perros y gatos.
XXXV
Elvia y Marco se amavan con perfecto
Amor
como la vid abraza al olmo.
Era igual su ternura, igual
su afeto,
6390
Y de gozo con ellos yo me colmo.
Tratávanse
los dos con gran respeto,
Aunque su amor llegado avía
al colmo,
No como aquellos, que aunque mucho se aman
No
suelen respetarse, y después braman.
6395
XXXVI
Assí como unos perros, que unos días
Retozan mutuamente, otros se muerden,
O como pollos, quando
en sus manías
Ya se despluman, ya a besarse pierden
Casi los picos. Otras Aves frías,
6400
Aunque de amarse
bien nunca se acuerden,
Sólo por conservar cierta
decencia,
Fingen que se aman, pero en apariencia.
XXXVII
Todo su amor consiste en esteriores
Ceremonias,
o frívolos recados.
6405
Cómo estás?
Han cesado tus dolores?
Dormiste bien? Te sirven los criados?
A estos tales vaníssimos Señores
Marco y
Elvia debieran ser dechados
Pues decrépitos ya Elvia
decía
6410
A Marco: Tú eres sólo mi alegría.
XXXVIII
Parecían dos cuerpos con un alma,
Un sólo corazón, un querer sólo:
A
comer y cenar en dulce calma
Siempre juntos, y añade
Juan Bartolo,
6415
Que se premió a los dos con una
palma
Consagrada en un Templo al Dios Apolo,
Porque un
lecho ocuparon solamente,
Siguiendo el uso de la prisca
gente.
XXXIX
Ciertamente, que no practican esto
6420
El día de hoi muchísimos Casados,
A quienes
nunca falta algún pretesto
Para estar mutuamente
separados.
Comen juntos, cierto es; pero en el resto
Atiende
cada qual a sus cuidados,
6425
Sin que a éste de
aquél se le dé un pito,
Porque el antiguo
amor ya está sopito.
XL
Señal de
que era amor que en la corteza
(Por explicarme assí)
le terminava;
Quiero decir en la exterior belleza,
6430
Y como
fuego fatuo se apagava,
Porque no penetrava a la cabeza,
Ni al corazón, donde el fomento estava
Que siempre
le conserva fresco y verde
Ni en la fría estación
una hoja pierde.
6435
XLI
Nuestra Elvira de Marco
nunca sacia;
Parece, que pegado lo tenía
Al corazón
con cota, o verbi gracia
Que bebido ella algún hechizo
avía
Y Marco por su parte de su gracia
6440
Estava tan
contento como el día
Que de esposarla mereció
la suerte,
Perseverando assí los dos hasta la muerte.
XLII
No era de humor ligero ni bizarro
Ni era
Elvira, como otras enfadosa;
6445
Antes bien mui sociable,
dice Varro.
Como una corderita cariñosa,
Cinco ruedas
jamás buscó en un Carro,
Ni colérica
fue, ni quisquillosa.
Tanto en fin siempre dio a Marco contento,
6450
Que jamás dixo de ello: me arrepiento.
XLIII
Pero hoi es cosa rara, que el Marido
Poco después
de la primer semana
No coma el pan con ella, arrepentido
Como el ratón, quando le viene gana
6455
De comer
el tozino, que metido
Está en la ratonera: ésta
se aplana,
Y cogido el ratón se desespera
Dando
al Diablo tozino y ratonera.
XLIV
Más de
un Marido, sí, maldice el punto
6460
Y el día,
en que a casarse resolvióse,
Y el momento en que
al fin hallóse junto
A una Muger, sin que decir yo
osse
Que no tiene razón en este assunto.
Pues, como
dice un tal Monsiur La Rose,
6465
Las hembras de hoi de
las del siglo de oro
Más diferentes son que el pez
de el Toro.
XLV
Aora, dirá alguno, es la
ocasión
Y una buena (es assí) oportunidad
De que haga Passeroni un parangón
6470
Entre las Damas
de una y otra edad.
No lo niego mas tengo discreción,
Y tampoco me falta caridad,
Ni quando dé Elvia la
virtud elevo
Puedo abatir a otras, ni lo debo.
6475
XLVI
Si llegava la hora de comer,
O de noche la hora de
cenar,
Nunca fingía Elvira algún que hacer,
Para hacerse de Marcos esperar;
Como lo haze: quizá
alguna, Muger;
6480
Poniéndose de estudio a trabajar.
Sentávase a la mesa la primera,
Y al fin se alzava
de ella la postrera.
XLVII
Mas no era puntual en
sólo esto;
Era dócil, suave, complaciente
6485
A todas las personas en el resto,
Bien que al Marido
muy principalmente;
Porque hacía gustosa, alegre,
y presto
Todo lo que él quería, y ciertamente
Que Elvira parecía ser compuesta
6490
Para estar siempre
a Marco sotopuesta.
XLVIII
Estas cosas no son (yo
lo confieso)
De Elvira las más altas, ni gloriosas;
Pero yo apuesto el cranio con el seso,
A que las tienen
por maravillosas
6495
Los pobres, que han cargado con el
peso
De unas Mugeres dignas, caprichosas,
juzgándolas
tan dignas de memoria,
Que eternizarse deban en la Historia.
XLIX
Quando el Marido quiere que trabaje,
6500
Ociosa
la Muger estarse quiere;
Si que esté en casa aquel
la prescriviere,
Ella va a visitar a su linaje;
Si la comida,
o cena aquél pidiere,
Traime aquella labor (dice
ella a un Page);
6505
Si la manda callar, entonzes habla,
Y si hablar, no habla más que habla una tabla.
L
Especie es, a mi ver, de epidemía
El ser tercas
las hembras, y temosas;
Pero mui fácil es de esta
manía
6510
Curar las que se hallaren achacosas,
Y todo
buen Marido cada día
Podrá hacer de estas
curas milagrosas,
Con tomar de memoria, por descanso,
La
gran Novela de la Puente al Ganso.
6515
LI
Bien
sé que querríais la contasse,
Mas sé
también la gente con quién vivo:
Y si el Diablo
a contarla me tentasse
Me tragaría a las mugeres
vivo.
Y assí permiteréis que aora la passe
6520
Por silencio, teniendo tal motivo.
Mas la sabrá
qualquiera, que entendiesse
La lengua del Boccacio, y le
leyesse.
LII
De la Novela nona en la Jornada
Nona
también, se encuentra la Receta
6525
Para curar qualquier
hembra ostinada.
Si es necesario, en práctica la
meta,
Pero mi piel le dejo encomendada,
Y de no descubrirme
me prometa;
Pues por menos motivos, a las manos
6530
De una
Muger murieron diez Romanos.
LIII
Mas aora me acuerdo,
que he salido
De mi assunto, por pura inadvertencia.
Pido
a todos perdón, y también pido,
Que con migo
tengáis todos paciencia,
6535
Pues yo también
con muchos la he tenido,
Y a mí me tocará
la penitencia,
Fuera de que el pecado confesado
Sinceramente
es medio perdonado.
LIV
Y si en algo pequé,
creed sin duda,
6540
Que sin malicia fue, y fue con buen zelo,
Ni fue culpa tan grande, que ceñuda
Gritando esté
venganza al mismo Cielo.
Redújose toda ella a una
desnuda
Verbosidad, tan fría como el hyelo.
6545
Que, a imitación de Elvira, quando parlo
En comenzando
a hablar, no sé dejarlo.
LV
Propio es de
las Mugeres hablar mucho,
Esta es su gracia y don particular:
Por eso a las más de ellas las escucho,
6550
Como oigo
a las zigarras zigarrear.
Hablar con juicio y sal a lo machucho
Lo podemos de pocas esperar,
Y tan pocas, que desde aquí
a Simancas
No serán más que son las moscas
blancas.
6555
LVI
Oy sólo hablan las más,
si no son todas,
De cofias, de abanicos, de alfileres,
De trages, de tocados, y de modas;
Y a lo más más
tal qual, si assí lo quieres,
Se presume el oráculo
de Rodas,
6560
Porque en una Visita de Mugeres
(O mugeril flanqueza!
O Dios qué mengua!)
Ella sabe estropear más
de una lengua.
LVII
Ésta saber presume la
Francesa,
Porque sabe decir: Votre servante;
6565
O tal
qual palabrita que en la mesa
La enseñó su
afrancesado Amante.
Aquella se imagina ser Inglesa
Porque
oyó hablar de Pope a un comerciante,
Otra Toscana,
porque Don Gervasio
6570
Un Area la enseñó del
Metastasio.
LVIII
Yo no digo por esto que no se
halle
Quien bien escrive y hable en las Mugeres;
Picará
en heregía el que esto falle,
O dile que es un macho,
si le oyeres.
6575
Tienen testa en su casa, y en la calle
Sangre en las venas, quando tú las vieres
De la
Regla común, si las escuchas,
Hallarás excepciones,
pero muchas.
LIX
Si aquel tiempo que ocupan vanamente
6580
En bagatelas, ellas le emplearan
En leer buenos libros,
ciertamente
Que un sólo quarto de hora que aplicaran
A tal ocupación diariamente,
A caso, y sin acaso,
se encontraran
6585
No pocas, que a los hombres compitieran,
Y algunas, que quizá los excedieran.
LX
Yo conozco, entre otras una Dama,
Que tiene de saber hambre
insaciable
Con un ingenio ilustre por la fama.
6590
Ya componga,
ya escriva, o bien ya hable,
Sus aciertos el mundo todo
aclama,
Por prodigio teniéndola admirable:
Y si
alguno saber quién es desea,
Se llama Doña
Celia Borromea.
6595
LXI
Ésta de la virtud
por el camino
Desde Niña corrió a carrera
abierta:
Todo sabio, ya estraño, o ya vecino
De
su casa, y su amor franca la puerta
Siempre halló,
y ella halló el feliz destino
6600
De una gloria inmortal
segura y cierta,
No sólo en toda Italia celebrada,
Sino de el Mundo todo proclamada.
LXII
De otra
Muger Milán goza la gloria
Docta en lenguas, aun
más que un Calepino,
6605
Que echiza quando habla
(y no es historia)
Ya hable Griego, o Toscano, o ya Latino.
Venero como Santa su memoria,
Y aun a adorarla casi que
me inclino,
Dando mil parabienes reverente
6610
Al siglo que
logró tan gran presente.
LXIII
Habla las
doctas lenguas, y aun en todas
Escrive a maravilla, como
lo hace
Casi en todas las vivas. Ni en las bodas
Del Cielo
Estrella alguna, quando nace
6615
Descuella más en
luminosas modas,
Que ésta en el sexo, que a los Dioses
place
Versada en las más altas facultades
En la
segunda de las cinco edades.
LXIV
Quién
decirnos podrá cómo discurre
6620
En Álgebra,
en Historia, y Theología?
No hai questión
tan difícil, quando ocurre,
(Y ocurrir suelen muchas
en un día)
Que no desate; ni sabe el que recurre
Si es superior a su Sabiduría
6625
Su modestia.
Ésta es la Inés famosa
Por Muger celebrada
portentosa.
LXV
Conocido su ingenio peregrino
De todo el Mundo es; mas señas me hace
De que calle;
pues ya al amor Divino
6630
Toda entregada, nada más la
place,
Que no acordarla Griego, ni Latino:
Callaré
ya que en ello se complace,
Y a solas con su Dios la dejo
a ella,
Por hablar de su Hermana sabia, y bella.
6635
LXVI
En ésta cuerpo y alma a competencia
Se disputan
las dotes, sin saberse
A quales se ha de dar la preferencia.
A nada aspira a más, que a mantenerse
De el pudor
sostenida, y la inocencia
6640
Ni otro deseo deja conocerse
Que el de saber; a esto sólo anela
Lo demás
(ella dice) es vagatela.
LXVII
Para explicar la
rara perfección,
Con que a un tiempo compone, canta,
y toca
6645
Debiera ser Orfeo, u Anfión,
Y no ser
el que soi con una boca
Que sólo sabe hablar de Cicerón,
Y sólo éste alabar con gracia poca.
Ni pudiera
decir que esta Doncella
6650
Cosa tan grande, que alcanzase a
ella.
LXVIII
Callaré, pues, y sólo
un grito fuerte
Daré, que a las edades más
remotas
Llegue, aplaudiendo la embidiable suerte
De los
dichosos versos, que sus Notas
6655
Merecieron, y más
(si bien se advierte)
La de aquellas ya tiernas, ya devotas
Canciones, que en su voz, y en su dulzura
Suspendieron
a toda Criatura.
LXIX
Nueva llegava siempre al
alma mía
6660
La que, de el Clave herido ecco sonoro
Resonava dulcíssima harmonía.
Olvidado de
mí al ecco canoro
Exclamava en extática alegría
Elevando la mente al alto Coro:
6665
De la feliz Sión,
diciendo: O quánto
Dulce aquélla será,
quando ésta es tanto!
LXX
O verdaderamente
afortunada
Casa, que tanto bien en sí contiene!
O dichosa Milán, Madre, y morada
6670
De un par de Hermanas,
que otro par no tiene,
Digna de ser cada una celebrada
Por los doctos Cantores de Hipocrene!
O quánto embidiarán
la edad presente
Las que vendrán después con
otra gente!
6675
LXXI
De buena gana yo nombrar
quisiera
A otra Muger gloriosa; vive Christo,
Que vi con
estos ojos tal qual era.
Ojalá que jamás la
huviera visto,
Por no acordar memoria lastimera
6680
De el acerbo
dolor, que en llanto misto,
Al fatal de la Parca, cruel
corte
Brotó en todos, y más en su Consorte.
LXXII
Docta Fenicia, que en el Cielo moras,
Ah!
y quién oyera tu suave canto,
6685
Que yo tengo presente
a todas horas!
Anegadas dejaste en triste llanto
(Bien
lo sabes) las Musas más canoras
Sin poder resistir
a golpe tanto.
Lloró Apolo, lloró todo el
Parnasso
6690
La triste noche del horrible caso.
LXXIII
Siempre que éste me ocurre acá en la mente,
Acompañan al llanto los suspiros;
Bien que el Cielo
me dio un equivalente,
Dándome a conocer, por varios
giros
6695
A otra Tú, como Tú tan eminente
En virtud. Sólo puedo distinguiros
En que tú
fuiste Urania, pero ésta
Es Euterpe en lo docta,
en lo modesta.
LXXIV
De las Rimas parece la Comadre,
6700
Siendo de una modestia singular,
No obstante de ser Musa,
es también Madre,
Porque al cabo ella quísose
casar:
Cosa, que las que a Iove llaman Padre
No quisieron
jamás egecutar;
6705
Si es verdad lo que a todos
siempre he oído,
Que fueron celibatas sin Marido.
LXXV
No lo sé, sólo sé, que
Lino, Orfeo
(Según los mitológicos, los quales
Saben bien estas cosas) e Imeneo,
6710
(Sin el qual nunca se
hacen Sponsales)
Con Cimentón, con Reto, y el Museo
Fueron hijos de aquellas Damas tales.
Mas volvamos a aquella
gran persona
Parecida a Vitoria de Colona.
6715
LXXVI
Su índole apacible, y dulce trato,
Su manera
de hablar, su entendimiento,
Su estilo natural sublime y
grato,
Sus virtudes sin tacha, o fingimiento
En el pecho
tocaron a rebato
6720
De el Imbonatti, y ella en un momento
Digna Esposa se vio de un Conde raro,
Caro a las Musas,
y a los Doctos caro.
LXXVII
Conde docto y gentil,
estoi de prisa,
Y esta noche en el mar de tu alabanza
6725
Engolfarme no quiero. El Sabio avisa,
Que si hai mucha
materia, y si no alcanza
El tiempo a decir todo, nos precisa
La prudencia a fiarlo a la esperanza
Que dará la
ocasión: mientras la toco
6730
Escojo antes callar, que
decir poco.
LXXVIII
Y una vez que a alabar a las
Mugeres
He comenzado, quiero ir adelante,
Que estos mis
gustos son, y mis placeres,
Como el tiempo lo hará
a todos constante,
6735
Despreciando vulgares pareceres
De gente maliciosa, o ignorante
Mui propios de un Spíritu
ordinario,
Que al bello sexo júzgame contrario.
LXXIX
De aquélla quiero hablar, por cuyas
venas
6740
La Ottobónica sangre noble corre;
Que igualmente
demuestran estar llenas
De el humor, que Hipocrene las socorre.
Obligadas a ella las Escenas
De Italia están, y
la elevada Torre
6745
De Serbellonis es deudora a ella,
Que, bella siendo ya, sea más bella.
LXXX
Tentado estava yo a aplaudir aora
De las dos grandes Casas
la excelencia;
Pero decir lo que ninguno ignora
6750
Parece
un si es no es de impertinencia.
Y más que he dedicado
aquesta hora
Para alabar con su grata licencia
A las hembras,
ya pocas, o ya muchas,
Que son sabias, juiciosas, y machuchas.
6755
LXXXI
Es verdad, que ya Elvira se me queja,
De que a otras huviesse celebrado;
Y (hablando con vosotras
a la oreja
Debajo del secreto más sagrado)
Elvira
quiere, que a mi Musa vieja
6760
En ella sola emplee su cuidado,
Porque siendo Muger (claro es) negarla
De embidia un si
es no es, fuera adularla.
LXXXII
Embidia, peste
de Cristianas mentes,
Embidia, monstruo fiero, y detestable,
6765
Universal azote de las gentes,
Nacida en el infierno
abominable
De inhumanos y bárbaros parientes.
Qué
alegre sería! qué embidiable
Nuestra vida
sin Ti! O qué jocundo
6770
Sin Ti sería nuestro
pobre Mundo!
LXXXIII
Con tu negra saliva, con tu
hiel
Gastas, corrompes toda la hermosura,
Y haces que sea
amarga hasta la miel.
No hai tóssigo que llegue a
tu amargura.
6775
Carcoma el corazón roes cruel,
Y hasta la misma luz haces oscura
Todo lo despedazas, y
blasonas
De chupar sangre, y jugo a las personas.
LXXXIV
Las dichas de los otros te entristecen,
6780
Como si
fueran para ti desgracias.
Los días claros noches
te parecen,
Salvo quando de el mal de otros te sacias.
Entonzes todos bellos te amanecen,
Y para ti son días
de hacer gracias.
6785
Nunca tu gran furor más satisfecho,
Que quando te apoderas de algún pecho.
LXXXV
Tú rompes las más viejas amistades
Tú,
qual Proteo, te mudas en mil formas,
Conviertes en mentiras
las Verdades,
6790
Confundes los zapatos con las Ormas.
Si permiten
dormir tus crueldades,
Los colchones en potros los transformas,
Y haces tal vez, que a un pecho puro, y casto
Tu ponzoña,
y tu hyel sirvan de pasto.
6795
LXXXVI
Centinela
en las Cortes, día y noche
Te passeas por todos los
Palacios,
Te atreves tanto al carro, como al coche;
No
respetas monásticos espacios.
Tú lo envenenas
todo a troche y moche
6800
Espadas, Togas, Libros, Cartapacios;
Mas, sobre todo, o Furia del Infierno,
En las hembras ejerces
tu govierno.
LXXXVII
Si alguna de ellas es favorecida,
O cotejada de algún gran Señor,
6805
O si
es de muchos jóvenes servida,
De embidia arden las
otras, y livor.
Es verdad, que tal vez está escondida,
Y salir no la deja el pundonor,
Pero el fuego escondido,
o encubierto
6810
Más daño suele hacer, que el
descubierto,
LXXXVIII
Antes bien el cubierto entre
ceniza
Por mucho mayor tiempo se conserva;
Quando el expuesto
al ayre, que le atiza,
Aunque es de más vigor, presto
se enerva.
6815
Assí la embidia suele hacer más
riza
Dentro del corazón, que la reserva,
En las
Mugeres mui specialmente,
Sexo en disimular tan eminente.
LXXXIX
Todas ellas, lo que es en la apariencia,
6820
Unas de otras están enamoradas;
Pero yo no las creo
en mi conciencia,
Antes bien allá dentro atormentadas.
Se alaban, y se adulan en presencia
Con mil ternuras todas
afectadas.
6825
Se besan y se muerden; mas sus besos
Son
besos de Ratones a los quesos.
XC
Ninguna sufrir
puede, que su Amiga
Más feliz sea, ni más
linda que ella.
La Madre a la hija embidia, y sin fatiga
6830
La Hermana a la otra Hermana, que es más bella.
Esta de la Muger es la enemiga,
Sea Casada, o viuda, o bien
Doncella;
Y siendo Elvia muger, como qualquiera,
Al achaque
común sugeta era.
6835
XCI
No hablo de las
Mugeres de gran sesso,
Que entre todas serán como
unas seis;
Y porque Elvia no me haga algún processo,
De ella sola hablaré, como veréis.
Es verdad,
que no hablaba con exceso,
6840
Como hablan quizá otras
que sabéis
Porque era tan prudente, que callava
Todo el tiempo preciso, en que no hablava.
XCII
Mas no ya como vemos hablar tantas,
Que parlan sólo
porque tienen boca.
6845
Sabía, que los Montes no
eran mantas,
Y distinguía un Roque de una Roca.
No mezclava los quentos con las quantas,
Ni confundía
el taco con la toca.
Era en fin un compendio de Oratoria,
6850
Y mostrava tener buena memoria.
XCIII
Un concepto
ingenioso y delicado
La ocurría tal vez naturalmente:
Regia Parnassi avía decorado,
Y muchas frasses de
él tenía in mente;
6855
Con su parlar correcto
y castigado
Pasmava Elvira a toda culta gente,
Y al oírla,
aun el alma más esquiva
Sin libertad clamava: Viva!
Viva!
XCIV
Mas ni aplausos, ni elogios, ni su ciencia
6860
Jamás la empabonaron, ni engrieron:
Siempre humilde
y modesta, sin violencia,
Siempre sin ambición todas
la vieron.
Sabía hacer a todos reverencia,
Y apacible
con todos, nunca oyeron,
6865
Que dejasse sin grato resaludo,
Al grande, al Chico, al Noble, y al desnudo.
XCV
Burlávase de aquellas altaneras
Mugeres, que al
respeto más profundo
Se están tiesas como
unas espeteras,
6870
Creyendo, que consiste el pudibundo
Honor
del sexo en ostentarse fieras,
Y en afectar desprecio a
todo el mundo;
Como si fuesse culpa en las Matronas
El
tratar cortésmente a las personas.
6875
XCVI
O quántas (grita aquí Bartolomeo)
De nacimiento
ilustre, de alto y bajo
En el Siglo presente hoi día
veo,
Que adolecen también de este trabajo,
Por no
aver leído al Galateo,
6880
(Libro, que tanto bien al
mundo trajo)
De éstas burla[v]a Elvira, y se reía,
Porque avía aprendido cortesía.
XCVII
Quántas, por aver hecho quatro reales
(Sabe Dios
cómo) que se acavan presto,
6885
O porque sus Maridos
tales quales
(Por callar) ascendieron a un gran puesto
De tu nombre se olvidan, y a las tales
Si las saludas, mudan
luego el gesto,
Tieso el cuerpo y cabeza, el labio mudo,
6890
Desprecian tu persona, y tu saludo.
XCVIII
A lo
más un ligero movimiento
Con la cabeza harán
engarrotadas,
Y pensarán dejarte mui contento,
Y
honrado, si responden a mochadas
6895
A tu cortés
rendido cumplimiento,
A manera de Bacas descornadas;
Bien
que en esta ciudad, y culto suelo
Nada de esto se ve, gracias
al Cielo.
XCIX
Mas si se viera, yo me guardaría
6900
De meterme en camisa de once baras,
Porque quizá
mui caro costaría
A mis costillas, que me son mui
caras,
Fuera de que mi larga habladuría
Las fauzes
me ha secado; y en las Aras
6905
De Bacco Juno, que ya a
parlar no atino,
Si no las riega un buen barril de vino.
Fin del Canto IX
I
Dicen, que un si es no es largo y pesado
Se hizo el Exordio
de el passado Canto;
Y yo reconociéndome obligado
6910
A la restitución, seré otro tanto
Más
breve en el presente. Antes dejado
Todo Exordio, me meto
como un Santo
A hablar de Elvira en derechura, y sólo
Siguiendo el manuscrito de Bartolo.
6915
II
La
Fénix del País Elvira era,
Cortés,
atenta, a todos accesible
(En lo honesto se entiende), no
ligera,
Antes sabia en hablar, el imposible
Venció,
siendo Muger (y no severa)
6920
De aprender a callar, quando
ocurría,
Y la materia assí lo permitía.
(Cosa que a muchos les será increíble.)
III
Era costumbre suya, y un santo uso
No hablar jamás
de aquello, que ignorava,
6925
Y con aquel saber alto, e
infuso
Aun mucho que sabía lo callava.
Era capaz
de mantener recluso
Un secreto en el pecho, quando hablava:
O Muger! O Deidad! O gran portento!
6930
No se ha visto otro
igual en siglos ciento.
IV
Y quién no admirará
esta maravilla,
Esta virtud, quizá sin semejante,
Bajo un manto, una cofia, una mantilla?
Pero demos un salto,
y adelante
6935
Caminemos. Era Elvia una sencilla,
Que
su hablar era obrar, siendo, constante
Que mucho más
hacía, que parlava.
Siglo feliz, que tal Muger gozava!
V
Pero ya atormentadas las orejas
6940
Con tu Elvira
nos tienes (dirá alguno)
Todas son cosas buenas,
pero añejas,
Y tanto que quizá no avrá
ninguno
Que las ignore, y Tú, si no las dejas,
Te
harás molesto a todos, e importuno.
6945
Háblanos
ya de Tulio, pues cansados
Nos tienes ya de puro Enelvirados.
VI
A quien me hablare assí, con su licencia
Le diré, que quando él quiera meterse
A Historiador,
podrá con su conciencia,
6950
Buena o mala, a su modo
allá entenderse
Aora debe callar, y con paciencia
Oír mi relación sin ofenderse;
Porque si
es bueno todo lo que digo,
Que hable de Elvira, o de Tulio,
importa un hijo
6955
VII
Si el Autor (verbi grazia)
de Morgante
Hizo, si no me engaño, siete Cantos,
Después que avía muerto aquel Gigante,
Que
era su Héroe; no podré otros tantos
Hacer
yo de Elvia, mientras que su Infante,
6960
Crezca, se ponga en
bragas, haga Santos,
Y otras cosas emprenda con gran gloria,
Dignas de eternizarse en la memoria?
VIII
Y si
hasta aquí de mí no descontentos
Todos estáis,
en adelante espero
6965
No lo estaréis, ni creo que
violentos
Aunque hablara de Elvira un Siglo entero
Assí,
pues, chitón todos; dad atentos
Oídos al Autor,
hombre sincero,
Que en su idioma Caldeo, Árabe, o
Godo
6970
Continúa la Historia de este modo.
IX
Luego que Elvira fue de Marco Esposa,
Ella dejó
el govierno de la Casa,
Y la informó de todo, como
cosa
Tan precisa al manejo, y a la bassa
6975
De el gasto
Marco en ella se reposa,
Y todo el tiempo con sus libros
passa,
Por la tarde, la noche, y la mañana,
Y va
a comer si suena la campana.
X
Como por su fortuna
avía logrado
6980
Una Muger de tanto entendimiento
Y
tanto juicio, puso a su cuidado
El govierno casero: pensamiento,
Que alguno juzgará desacertado,
Y aun dirá,
que el buen Marco fue un Jumento,
6985
O quando menos menos
un Orate,
Porque hizo aquel tremendo disparate.
XI
Que su hazienda verá malvaratada,
Y que avrá
de tragar mal que no quiera
Mil píldoras al fin de
la jornada
6990
Duras de digerir, pero qualquiera
Que echa esta
cuenta, la echa mui errada,
Porque Marco ningún mentecato
era,
Y siempre se mostró mui satisfecho
De su Muger,
que era Dama de provecho.
6995
XII
Ni se arrepentió
en toda su vida
De aquella su feliz condescendencia,
Porque
Elvia era Muger mui detenida,
Prudente, y sobre todo de
conciencia.
Marco observó su hazienda mui lucida
7000
A fuerza de govierno, y de prudencia,
Sin temer, que por
ella al fin la Casa
Llegasse nunca a ser tabula rasa.
XIII
Para que una Muger disipadora
(Decía Marco,
y con razón por cierto)
7005
Passe después
a ser Ahorradora;
No hai medio más seguro, ni más
cierto,
Que interesarla a ser Governadora
De la casa, y
se verá el acierto
En que cesa el prurito envegecido,
7010
De esparramar las Rentas del Marido.
XIV
Por el
contrario, viéndose tratada;
Como si fuera estraña,
en casa propia,
No repara en gastar, no es limitada,
Y
todo quanto ve todo se apropia;
7015
Aunque el Marido tenga
rica entrada
Le reduce en dos días a la inopia,
Dejándole en camisa y zaragüelles,
Y más
si el Señor es flojo de muelles.
XV
Gasta
y más gasta, y como se divierta
7020
Un pito se la da,
nada la importa,
Que el Marido y los hijos (ella muerta)
Se ahorquen a la larga o a la corta,
O que pidan el pan
de puerta en puerta.
Por esso (dice el buen Autor Laporta)
7025
A los Maridos yo aconsejaría,
Fiarlas la menuda
economía.
XVI
Una Baca y un Buey antiguamente
Con el arado el fosso a las Ciudades
Abrían; mas
la Baca era inherente
7030
A las murallas siempre propiedades
O enigmas, que advertían sabiamente
Que a las hembras
en todas las edades
El cuidado de adentro debido era
Como
a los hombres todo lo de afuera.
7035
XVII
Sí
Señores, el cargo de la Casa
De la hembra ha de ser,
ni será vano,
Porque assí no estarán
(como aora passa)
Lo más de el día mano sobre
mano.
A todo han de atender con regla y tasa,
7040
Que un ahorro
diario (como es llano)
Aunque parezca poco de presente
De el año al fin no es cosa indiferente,
XVIII
Mas qué Muger podremos oi hallar,
Que en los dijes
que trae sobre sí
7045
No pudiera muchísimo
ahorrar
Sin que la hiciesse falta? No es assí?
Pero
diránme: deja de charlar,
En asunto, que no te toca
a Ti,
Frayle o Prete, que seas temerario
7050
Y ande, y vete
a rezar en tu Breviario.
XIX
Tienen razón,
las dejo, y punto en boca,
Porque sé, que no estoi
mucho en su gracia
(Bien, que ésta para mí
sería poca,
Como no padeciesse otra desgracia).
7055
A mi Elvira me vuelvo, que no es loca,
Y su egemplo tendrá
más eficacia,
Mas, si no le tuviere en nuestras Bellas,
No será mío el mal, será de ellas.
XX
Aunque Marco era un hombre liberal,
7060
Y más
quando un bribón le embaucava;
Aunque heredó
del Padre un gran Caudal,
Y proveído de dinero estava;
Aunque en Roma heredó aquel Capital,
De que yo allá
al principio os hablava,
7065
No por esso menor la economía
Era en Elvia, y a fe que bien hacía.
XXI
No sustentava el Gato con rosquillas,
Ni con vizcochos
pájaros, ni perros;
Con el dinero hacía maravillas,
7070
En las cuentas jamás cometió yerros:
Por
sus manos hacía las morcillas,
Y huvo días
en que hiló quarenta zerros;
Nunca supo gastar un
real por vicio,
Porque abría la bolsa con gran juicio.
7075
XXII
Su casa siempre igual, siempre arreglada,
Provisión siempre avía de reserva;
Al Rezivo
la Data era ajustada,
Y no comía la cosecha en hyerva,
A pan prestado no era acostumbrada,
7080
Ni a la fruta coger
verde, y acerba.
Siempre a su tiempo hacía provisión
De trigo, vino, azeyte, y de carbón.
XXIII
De quedar siempre atrás, nunca adelante
Gustava
nuestra Elvira de passar;
7085
Ni en bayle, ni en festín,
ni en Cortejante
De plata un solo real supo gastar:
Assí
ni en Mercader, ni en Comerciante
Contrajo nunca deuda que
pagar,
Y todo sin faltar a la decencia:
7090
O qué Muger
de garbo y de prudencia!
XXIV
La casta de estas
hembras se ha perdido
Mas no de aquellas, que en un día
sólo
Con la Casa, con hijos, con Marido
Dan en Tierra,
como hacen con un bolo;
7095
O Mugeres! O sexo empedernido!
(Grita, y exclama aquí nuestro Bartolo)
No tiene
compasión, no le da pena
El destrozar assí
la hacienda agena?
XXV
De el Marido las Rentas
desbaratan,
7100
Y en esto iguales son lindas, y feas.
Mas yo
no culpo a las que assí las tratan,
Culpo sí
a los grandíssimos Badeas
De los Maridos, porque
no las atan;
Que ellas a la verdad son menos reas,
7105
Pues al fin la Muger, sea quien fuere,
Sólo hace
aquello, que el Marido quiere.
XXVI
Son las Mugeres
de un buen natural.
Pero este natural temprano, o tarde
Se estraga, si es un bestia, un animal
7110
El marido, o un
hombre tan cobarde,
Que no sabe reñir, quando hacen
mal.
Entonzes Dios nos libre, y Dios nos guarde,
Las Mugeres
sin freno, y sin petrina
Corren precipitadas a su ruina.
7115
XXVII
Ellas en el gastar, naturalmente
Económicas
son; pero al contrario,
Si desconfía de ellas imprudente
El Marido mezquino, o temerario;
Capazes son, si Dios se
lo consiente,
7120
De empobrecer a Creso con su Erario,
El qual
(si no nos miente un tal Raymundo)
Fue el mayor que jamás
se vio en el mundo.
XXVIII
Gastan sin tino en mesas
suntuosas
Y sus hijos lo ayunan en la cena.
7125
Gastan
en juegos, en dijes, y en mil cosas,
A qual más loca.
Dalas grande pena
Si sus galas no son aún más
costosas,
Que las que Enrique Octavo a Ana Bolena
Regaló,
y nos dicen que costaron
7130
Un millón los que assí
nos lo espetaron.
XXIX
Lejos se vean siempre de
mi casa
Mugeres de tal raza, y tal hechura,
Pues sobre
estar de todo tan escasa,
Me gastarían hasta mi figura.
7135
Tiempo vendrá (que al fin el tiempo passa)
En que lloren su error, y su locura.
Mas de que servirá
el dolor, ni el llanto,
Quando ya no hai remedio a yerro
tanto?
XXX
Mas olá! que esto no; no es exortar
7140
Las Mugeres a ser interessadas,
Como alguno pudiera sospechar.
Sólo intento, que seais limitadas
Y discretas, Señoras,
en gastar,
Se entiende de las cosas reservadas
7145
A vosotras,
mas no de las agenas,
Y aun este gasto siempre en cosas
buenas.
XXXI
Nuestra Elvira imitava las hormigas,
Que prudentes, pensando en lo futuro;
De el grano, que
desprenden las espigas
7150
En el verano, su almazén seguro
Proveen recogiendo hasta las migas,
De el pan tanto blando,
como duro,
Mientras que las Zigarras con su canto
Rebientan,
porque no hacen otro tanto.
7155
XXXII
Viene después
el riguroso imbierno,
Y la hormiga que estava proveída;
Encuentra qué comer, o duro, o tierno
Mas la Zigarra,
muda, y encogida
Passa aquel tiempo en un silencio eterno,
7160
Si ya de un árbol viejo desprendida
De hambre no
muere; o de rubor se esconde
En un sucio augero, o no sé
dónde.
XXXIII
Quántas Mugeres hai
en nuestros días,
Que imitan las Zigarras chocharreras,
7165
Y a las Hormigas no? Las almas pías
Se compadecen
de ellas mui de veras:
Porque el tiempo presente en alegrías
Passan, sin advertir las venideras
Edades, es decir la
edad futura,
7170
En que se muda el tiempo, y la figura.
XXXIV
La Muger; quando joven, sin gastar
Buena figura
podrá cierto hacer,
Pero triste, si no tiene que
dar,
Quando llegue la pobre a envegezer,
7175
Y peor, si
a otros quiere incomodar.
Este era de Elvira el parecer,
Y por no verse ella en este Lince,
Con su ucha se armava
a todo trance.
XXXV
Y si a la Hormiga la he parangonado,
7180
Ciertamente no fue para afrentarla:
Debe entenderse el
símil limitado
Al empeño, que hizo en imitarla
En su fatiga, y próvido cuidado.
Que en el resto
jamás supo copiarla
7185
En aquel vicio ruin, y nada
bueno
De ir a robar el trigo, y grano ageno.
XXXVI
Mas O! y qué pocas hoi se han conocido,
Que no
imitan aquella bestezuela
En robar la Panera del Marido,
7190
Y el bolsillo tal vez, si éste no vela;
Ignorando
el proverbio tan sabido
Aun de los mismos Niños de
la Escuela,
Que la Arina, y los pájaros robados
Se convierten en bichos, o en salvados.
7195
XXXVII
Lo robado a ninguno le aprovecha,
Testigo es el Ladrón
que hurta un cavallo,
Que le monta, le alaga, y le coecha,
Mas el bruto no puede tolerallo:
Corre, brinca, se empina,
un charco azecha,
7200
Y sin poder el triste embarazalle,
Levanta
con las ancas la gualdrapa,
Da en el charco con él,
y luego escapa.
XXXVIII
Lo peor es, que alguna
vez le arroja
Contra un peñasco, que le descuaderna,
7205
Y de la vida al pobre le despoja,
Passando desde allí
a la muerte eterna.
Queda la Tierra, con la sangre, roja,
Vuelan los Buitres a la carne tierna,
Y al Cadáver,
en premio de su robo,
7210
Sepultura en su panza da algún
Lobo.
XXXIX
Ninguna cosa agena, o mal ganada
Quería
Elvira, que en su Casa entrasse,
Como lo debe hacer la gente
honrada.
Ni yo la vi jamás, que se apropiasse
7215
Una auja, un dedal, una nonada,
Ni Marco olió, que
nunca examinasse
Su bolsillo, naveta, o faltriquera:
Cosa
increíble, si otro la digera.
XL
Si un uso,
si una rueca, si un pañuelo
7220
Comprara, o fuesse sólo
triste obillo,
Si la daba el antojo de algún velo,
Si jugando quizá algún dinerillo
Perdía,
luego al punto con desvelo
Lo iba todo a pagar de su bolsillo,
7225
Y no de el de el Marido; porque en esso
Era Elvia
escrupulosa, hasta el exceso.
XLI
Y aunque era
en todo juego afortunada,
Raras vezes se sabe aver jugado,
Dejando esto a la gente descansada,
7230
U olgazana que juzga
bien passado
El tiempo, que en jugar está empleada,
Con la baraja en mano, o con el dado,
Alegando que assí
se evita el ozio,
Como si fuera el juego un gran negozio.
7235
XLII
Un juego honesto al hombre le conserva
Alegre, sea Frayle, Cura, o Lego,
Mas jugar con exceso
el alma enerva.
Jugad, pues, decía Elvia, no lo niego,
Mas con tal precaución, con tal reserva,
7240
Que sea
diversión, no empleo el juego.
Y Elvira (por decir
la verdad neta)
Nunca quiso jugar a la Basseta,
XLIII
Decía, que era un juego desbarrado,
Propio
de los que quieren arruinarse.
7245
Prueva clara, que ya
en el retirado
Tiempo de Elvira acostumbrava usarse
La
Basseta que a tantos ha arruinado,
De la qual procurando
retirarse
Ella jugava al hombre, o al Tresillo,
7250
Y el pozo
no passava de un realillo.
XLIV
Ni ganar, ni perder
mucho dinero
En el juego supo Elvia, o no lo quiso
Ni por
él empeñar un candelero,
O vender a un Adonis,
o a un Narciso.
7255
La caja, o el relox, o alfiletero
U otro dije precioso, y más preciso
Que callo aunque
a tal qual dé poco gusto
Que el hablar pan por pen
no siempre es justo.
XLV
Ciertos puntos encuentro
en esta historia,
7260
En que mi pluma poco se fatiga,
Pues
vuestra comprehensión viva, y notoria
Bien los entiende,
sin que yo lo diga,
Y aun intenta tal vez darme más
gloria
De aquella, que merece mi fatiga,
7265
Quando en
ella descubre una chimera,
Que yo no he dicho, ni decir
quisiera.
XLVI
Mas no basta entender lo que leyerais:
Es menester también aprovecharos
De lo bueno que
hallareis, o que oyereis,
7270
Y debéis, para hacerlo
assí, aplicaros
Lo que haceros al caso conociereis,
Y tratar sobre todo de emendaros:
Para este santo fin único
y solo
Escrivió aquesta Historia Juan Bartolo.
7275
XLVII
Si lo queréis hacer diversamente,
De nada os servirá la tal historia,
Antes vendréis
a defraudar la mente
De aquel valiente Autor (que esté
en la gloria)
Cuyo fin no fue hacer reír la gente
7280
Si la Vara, tal vez, usó censoria,
Sólo sí
desterrar, o hacer ceniza
Todo lo que él condena,
o critiquiza.
XLVIII
Assí el discreto Cómico
reprende
(O reprender debiera) los pecados
7285
De éste,
y de aquél, que la Comedia entiende~
Para que en
otro al verlos censurados;
Él en sí los corrija,
y los emiende.
A este fin los Theatros inventados
Fueron,
para aprender a costa agena
7290
A evitar lo que en otros se
condena.
XLIX
El Teatro debiera realmente
Ser
(digámoslo assí) como una Escuela
De virtud;
pero temo grandemente,
Que en hacer que lo sea no se zela.
7295
Concurre en tropa a él toda la gente,
Y hasta
la media noche se está en vela
Y aun se alarga tal
vez a la mañana,
Bien que en él más
se pierde, que se gana.
L
No gana poco (dice cierto
Autor)
7300
El que al Teatro va, y vuelve a su Casa
Tan malo
como fue, mas no peor;
Porque, a vista de aquello que allí
passa,
Es chimera esperar volver mejor,
O por lo menos
ignorancia crasa.
7305
Pues en él (salvo siempre
mejor juicio)
Se enseña, sí, no se condena
el vicio.
LI
Todo obgeto, es a qual más
arriesgado,
Lúbrico, y peligroso de mirarse.
Báilase
allí, y se salta a lo alocado,
7310
Se ve lo que debiera
recatarse,
La modestia, el pudor se echan a un lado,
Y
suelen en las Farsas enseñarse
Con la voz y el egemplo
cosas tales,
Que inspiran las costumbres más bestiales.
7315
LII
No se sabe inventar una Comedia
Que no
esté de amorosas necedades
Atestada: lo mismo la
Tragedia.
Óyense en ella obscenas liviandades,
O
un insulso Bufón, que nos atedia.
7320
Vense gestos, posturas,
e impiedades
Se oyen tal vez, que dejan impresiones
Capazes
de apestar los corazones.
LIII
Mas no quiero decir,
que acaso hoi día
El Teatro no esté emendado
en parte;
7325
En prosa y verso se ve la Poesía
Dramática brillar con gusto, y arte;
Todo es mucha
verdad; mas todavía
(Como dice mui bien un tal Lassarte)
El Teatro pudiera reformarse,
7330
Sin tanto chichisvear, ni
amoricarse.
LIV
Sé, que a muchos fastidia
mi franqueza,
Y que de otro sentir son cien Autores,
Que
venero, inclinando la cabeza,
Mas paréceme a mí,
que sin amores
7335
Se podrá componer alguna Pieza,
Que divierta a Señoras y Señores,
Juntando
en lo discreto y lo bien hecho
La honesta diversión
con el provecho.
LV
No ignoro, que las gentes gustan
poco
7340
De oír representar cosas funestas;
Que al Teatro
no van, ni yo tampoco,
Para volver después tristes
y mestas.
Mas mil asuntos hai (y aun yo los toco)
De diversiones
plácidas y honestas,
7345
Que dan cierto placer dulce
y sereno,
Sin ensuziarse en el amor obsceno.
LVI
Va al Theatro un muchacho, una muchacha,
Y tanto aquél
como ésta en él observa
Ciertas cosas, que
entonzes no las tacha,
7350
Mas después en la mente las
conserva,
Las revuelve; y con ellas se emborracha,
Y él
atrevido se hace, ella proterva,
Comenzando los dos corazoncillos
A sentir ciertos lazos, ciertos grillos.
7355
LVII
Nuevo pensar, nuevo querer se enciende
En los dos tiernos
pechos: de aquí luego
Un cierto no sé qué,
que no se entiende,
Sienten, un nuevo hyelo, un nuevo fuego,
Que por todo su cuerpo al fin se estiende,
7360
Y vuelven otra
vez a impulso ciego
Al mismo sitio que antes conocieron,
Donde la paz con el candor perdieron.
LVIII
Mas
si al Teatro van en compañía
El Amante y la
Amada; a Dios! qué llama!
7365
La Hogueraza de Troya
era mui fría
Respeto a la que a aquél, y a
aquesta inflama.
Piérdese en el Teatro cada día,
Lo que en una Doncella más se ama;
Porque hai en
él, aunque en diversos grados
7370
Grande comodidad de
hacer pecados.
LIX
Las jóvenes Mugeres van
provistas
De atractivos y gracias comúnmente,
Y
muchas van no más que a hacer conquistas.
Los hombres
se calientan fácilmente.
7375
Con las Mozas mezcladas
van, o mixtas
Las Doncellas, y allí lo que se siente
Lo que se ve, se palpa, y se suspira
Fuego, incendio, y
amor todo respira.
LX
Finalmente el Teatro ha decaído
7380
De su ser primitivo, y si tuviera
Yo un hijo, o una hija,
no haría ruido,
Mas sin hacerle: no los consintiera
Que fuessen al Teatro, a la Escuela de Cupido,
Que assí
llamo al Teatro yo; y quisiera
7385
Que esto mismo también
lo practicassen
Todos los que con hijos se encontrassen.
LXI
Quando no sea más que por no verlos
Tomar gusto a tan vivas diversiones;
Porque entonzes no
hai forma de traerlos
7390
A otras, que por mil varias razones
Les convendrían más. Ni hai convencerlos
Con argumentos, ni demostraciones,
Porque a un gusto y estómago
estragado
Sólo le gusta lo que le ha arruinado.
7395
LXII
Los Padres racionales y Cristianos
Desvían
a sus hijos inocentes
De quanto puede hacerlos poco sanos.
De el mismo modo los que son prudentes
Los deben desviar
de aquellos vanos
7400
Concursos, que corrompen a las gentes.
Y entre todo, si mucho no me engaño,
El Teatro es
el que hace mayor daño.
LXIII
Mas no por
esso crean aver hecho
Todo lo que hai que hacer, ni que
a su cargo
7405
Sólo con hacer esto han satisfecho.
El mar de los peligros es mui largo;
Para obiar los escollos
con provecho
Deberán (y yo mucho se lo encargo)
A un hombre consultar docto y prudente;
7410
O a un práctico
piloto inteligente.
LXIV
Mas, volviendo al asunto,
Elvia era tal,
Como quisiera yo a la Esposa mía
Si me inclinara al yugo conjugal.
No tenía otra igual
su economía,
7415
Guardava bajo llave azeyte, y sal
El queso, la manteca, y no quería
Fiar a nadie,
aunque mezquina no era
En la Bodega entrar, ni en la Panera.
LXV
Era criada suya una mozuela,
7420
A quien quería
mucho desde infante,
Porque anduvieron juntas a la Escuela;
Mas la llave del vino ni un instante,
Confiar quiso a aquella
muchachuela
Desde una vez que la cogió in fragante
7425
Mojando la palabra; y la bobona
Se halló al
fin, sin querer, con media mona,
LXVI
Acostumbraba
Elvira fuera de eso
Con su sello sellar frascos y Botas,
Dejando con el lacre el tapón preso;
7430
Porque sus
gentes eran mui devotas
De beber vino con algún exceso;
Pues como dixo Séneca en sus Notas
Criados bebedores
hai sin tino,
Que un río agotarán (id est)
de vino.
7435
LXVII
Los de aquel tiempo tenían
tanto amor
A sus Amos, su hazienda, y sus doblones,
Que
no robaban cosas de valor,
Sino quando tenían ocasiones,
Hurtar el vino, y más si era el mejor,
7440
Lo hacían
por cumplir sus devociones.
La familia de Elvira (es cosa
cierta)
Era fiel; pero Elvira siempre alerta.
LXVIII
Oy estas precauciones son ociosas,
Porque todos, Criados,
y Criadas
7445
Personas fieles son, y escrupulosas,
Ni
puede aver contra ellos bien fundadas
Quejas; y, si las
hai, son calumniosas.
Por eso ellas se dan por agraviadas
De cierto Abate Nelli, hombre de fama,
7450
Que gente vil y
sórdida las llama.
LXIX
Mas no tiene razón
el tal Abate,
Y casi le querría yo enseñar
A no ser a lo menos tan Orate,
Y a ser más circunspecto
en el hablar.
7455
Mas si es muerto, sería un Boterate
Yo mismo, si anduviérale a inquietar,
Que pelear
contra un muerto es cobardía,
O quando menos vil
superchería.
LXX
Porque dirían, que
esto era querer
7460
Adquirir con orgullo un honor vano.
Contra
quien no se puede defender
El pelear, es el acto más
villano.
Un hombre de valor la ha de emprender
Con quien
le espera con la espada en mano;
7465
Y yo, donde me veis,
soi tan valiente,
Que mi pecho ventajas no consiente.
LXXI
Yo no puedo sufrir ciertos Poetas,
Que teniendo algún
pleyto literario
Afectan ser personas mui discretas.
7470
Mientras
se halla en estado el adversario
De decir su razón,
estánse quietas,
Pero si es un viejo octagenario,
Y más si ya murió, como Sangüesos
Se
echan sobre él, y róenle los huesos.
7475
LXXII
Esto es un proceder vil y cobarde,
Que no
puede caber en pecho honrado;
Al anciano es razón
que se le guarde
El respeto debido. Al enterrado
Sus cenizas
honrar mañana y tarde.
7480
Mientras vive el Autor robusto,
es dado
Al crítico atacarle, si quisiere
Pero no
quien ni aun sabe quién le hyere.
LXXIII
Quienquiera, que obra assí, es semejante
A la cobarde
bestia, al vil Jumento,
7485
Que, quando vio al León
agonizante
Dos cozes le espetó, y lleno de viento,
En tono victorioso, y de triunfante
Fue a contar a otros
asnos aquel cuento.
Los jumentos el triunfo celebraron,
7490
Y tres noches enteras rebuznaron.
LXXIV
Si alguno
criticar quiere esta historia,
Por cierto hará una
gruesa villanía;
Porque el que la escribió
con tanta gloria
Ha siglos, que murió de perlesía.
7495
Yo sólo la traduje a la memoria
De el Caldeo,
en que el otro la escribía;
Y quando llegue al fin
seré mui viejo,
O quizá avré dejado
ya el pellejo.
LXXV
Por esto vuestra Crítica
se mueva
7500
A otra parte, y a mí dégeme quieto.
Si quiere de sus armas hacer prueva,
Hágala, si
gustara, en un Soneto
O en otra obra que sea cosa nueva,
Pues la mía ya es vieja con efeto,
7505
Y es pan
mui duro para aquellos dientes,
Que gustan de bocados mui
recientes.
LXXVI
Volviendo, pues, a hablar de los
Criados,
Casi estava tentado a engrandecerlos,
A no saber
que estáis bien enterados
7510
De lo que hoi día
son. Si a defenderlos
Me dedicasse, quizá a todos
pasmados
Os dejaría, quando haría verlos
Adornados, no ya de vizios viles,
Mas de virtudes y hábitos
gentiles.
7515
LXXVII
Verbigracia la costumbre
rancia
De no decir verdad: aquel esmero
En cultivar la
bárbara ignorancia,
Que en ellos reyna con dominio
entero.
En constante amistad, y sin jactancia,
7520
Con todo
Bodegón, y Tabernero.
Aquella caridad, conque el
Gremio ama
Al dado, al naype, al ocio, y a la cama.
LXXVIII
Pudiera hablar de aquellas disensiones,
Que con
sus artificios y mentiras
7525
Suelen sembrar en muchas
ocasiones
Entre los Amos, con perversas miras.
De sus blasfemias,
y murmuraciones,
Votos, Retos, furores, rabias, iras.
Obras
piadosas que de quando en quando
7530
Con tierna devoción
van practicando.
LXXIX
De el escrúpulo que
hace su conciencia
En callar el secreto, que supieron,
Esperando ganar indulgencia
En decir lo que vieron, y no
vieron.
7535
Pues qué? de su admirable continencia,
Y de el egemplo, que a sus hijos dieron?
Quánto
pudiera hablar de su malicia,
De su voracidad, y su codicia?
LXXX
Oh! y quánto a mí me huvieran
celebrado
7540
Más de un Amo de nuestra edad presente,
Que (si mal no me huvieren informado)
De sus Criados no
es mui diferente:
Mas sería mui largo, y he pensado
Dejarlo aquí; mayor y specialmente
7545
Que Elvira
me hace señas con el guante
De que su Relación
vaya adelante.
LXXXI
Pues, como iba diciendo de
mi cuento,
Quanto de ello se diga será poco.
La
mitad de sus prendas no las cuento,
7550
Y quando me parece,
que ya toco
Al fin, me hallo al principio, y descontento
Al Auditorio dejo, y a mí loco.
Porque es de Elvira
el mérito una bola;
Que no tiene cabeza, pies, ni
cola.
7555
LXXXII
Por la mañana siempre
a hora discreta
Se alzava Elvira, acostándose temprano.
Assí lo dice el Histórico Poeta,
Que se llama...
se llama... (Ah! sí) Lucano.
Antes de la Oración
alegre y quieta
7560
Se recogía aun en el Verano,
Y passava
la noche (ita Plutarco)
Con su labor, su rueca, y con su
Marco.
LXXXIII
Válgame Dios! qué
delicado assunto,
He tocado aora yo! y si la prática
7565
Decir quisiera de hoi sobre este punto
Haría
un solecismo en la Gramática.
No es menester echar
el contrapunto
A todo lo que ocurre, y la Pramática
Se ha de observar no sólo en el vestir.
7570
Sino en
oír, ver, observar y no decir.
LXXXIV
Ya
murió tiempos ha la antigua moda
De decir cada uno
lo que siente.
Lo que antes se aplaudía, hoi se chapoda,
Y es menester hablar diversamente.
7575
Yo perro quiero
ser de toda boda,
Y me esfuerzo a alabar todo viviente.
Los ojos tal vez sierro, y bebo frío
No me meto
en dibujos, y me río.
LXXXV
De quien todo
condena y hace Crítica
7580
Huye la gente, como escapa
a un Toro;
Yo quiero parecer persona stítica
De
palabras, hasta en el mismo Coro:
Sé ver, y sé
callar según política,
Y aun remedar al mudo
con decoro.
7585
Quando de hablar me viene gran prurito,
Cierro la boca, y tápome el garlito.
LXXXVI
Hace mal todo aquel, que azecha, o indaga
Lo que otro
dice, o hace, y lo publica:
Hiere más una lengua,
que una daga,
7590
Y mucho más, si a las Mugeres pica:
No hai vívora que más estrago haga,
Que una
hembra irritada, pobre, o rica.
Y assí con ellas,
en sentir de Plauto,
Es menester vivir, y hablar mui cauto.
7595
LXXXVII
De el furor de la ira mugeril
Líbrenos
Dios, y libre hasta los perros.
Antes quisiera verme en
un Toril,
Que en las uñas de aquellas, que hilan
zerros.
Recojo, pues, mi flauta y Tamboril,
7600
Sin meterme
en dibujos con sus yerros.
Y dejando el estilo acre, o satírico,
Quiero seguir de Elvira el panegírico,
LXXXVIII
Grandes cosas os tengo que decir,
Bien que el Canto esté
ya para acabar.
7605
Rara vez (gran prodigio vais a oír!)
Se vio Elvira al Espejo consultar;
Chismes, cuentos, ni
menos murmurar
Nunca los pudo ver, nunca sufrir.
Decía
que era gran impertinencia
7610
Hablar mal del ausente en su
presencia.
LXXXIX
Como era una Muger tan gran Cristiana,
Decía: el difamar a una persona
Es pecado con cola,
y tan villana,
Que Dios difícilmente lo perdona.
7615
Pero ya, si por santa, o por mui sana
Moda no se publica;
se pregona
A lo menos por cosa indiferente,
Entre las hembras
particularmente.
XC
Dicen con libertad quanto han
sabido,
7620
Preciándose de claras y sinceras,
Ni un
pito se las da ver estendido
Lo que han dicho en las plazas,
y en las eras,
Ni el saber, que lo cantan entre el ruido
De el palo y el jabón las Lavanderas,
7625
Siendo
assí, que, en lugar de propalarlo,
Debieran, si es
posible, sepultarlo.
XCI
Y es lo peor que siempre
alguna cosa
Añaden al suceso, que se pinta.
Nunca
camina el Texto sin la glosa,
7630
Y lo saben hacer de buena
tinta.
Oy así se tiene por escrupulosa
La que cuenta
una cosa mui sucinta,
Y el caso, que refiere, no le aumenta
Con dos, o tres mentiras, o con treinta.
7635
XCII
A esto dicen: que deje la persona
De obrar mal, y no tendrá
el disgusto
De que se diga. Qué razón tan
mona!
Y dime: te daría a ti gran gusto
El saber,
que en la calle se pregona
7640
Todo lo que haces tú?
Ni será justo,
Que, porque Tú no estés
acreditada,
Pierda su honor una Muger honrada?
XCIII
Con su manto la santa caridad,
Cubrir debe las faltas
de su Hermano,
7645
Mas perdióse aquel manto en nuestra
edad,
O no hai quien le quiera echar la mano,
Primero vuestro
seno examinad,
Y acaso encontraréis, que no está
sano,
Y que la lepra, que notáis en otros
7650
Tanto
como a ellos, se pegó a vosotros.
XCIV
Entre
otras muchas cosas, que saldrán,
Mostrava Elvia su
grande entendimiento
En comer la vianda con el pan.
De
este modo logró un temperamento,
7655
Que apostarlas
podía al de un Jayán.
Nunca otro quiso usar
medicamento
En sus males, que el grande de la dieta
Assí
lo hace un mi amigo, que es Poeta.
XCV
La cama
la ocupaba solamente
7660
Quando algún mal sentía
estraordinario.
No hacía lo que hacen comúnmente
Las Mugeres de hoi, que de ordinario
En ella un mes se
están sin accidente,
Ni otro mal, que no sea imaginario.
7665
Quiero decir un mal que se figuran,
Y en esta su aprensión
siempre ellas duran.
XCVI
Allá se idean
ciertas convulsiones,
Que no tienen, o al sexo femenino
Son comunes, y aquellas abstracciones,
7670
Con pervigilios,
que no tienen tino:
Y hacen creer a simples y bobones
Que
no pueden dormir. Gran desatino!
Quando me consta (y a esto
apuesto un quarto)
Que duermen más que yo; y yo duermo
harto.
7675
XCVII
Ellas comen (y bien) con apetito
(En esto las alabo, y buen provecho).
Beben al par de mí
(sea Dios bendito),
Gordas están de cara, cuello,
y pecho;
Sus colores parecen de un Corito;
7680
Y dicen que
están malas? Yo las echo
Mi bendición, y digo
claramente,
Que si lo están, lo están adredemente.
XCVIII
Si yo fuera Dotor, yo las curara,
Y a mi
Muger, si yo Marido fuera,
7685
Y tres baras de mal me ponderara,
Un medio dedo apenas la creyera.
No píldoras, no
emplastos recetara,
Y en un instante buena la pusiera,
O haría lo que tantos infelizes,
7690
Que se dejan llevar
por las narizes.
XCIX
Porque al fin cada día
estamos viendo,
Que uno da un buen consejo a otro su amigo,
Y él no sabe (en cosa igual entiendo)
Lo que el
otro aconseja hacer con sigo.
7695
Fuera de que aquel sexo
es tan tremendo,
Tan astuto y falaz (sé lo que digo)
Que en sentir de un Autor, por nombre Pablo,
Es capaz de
engañar al mismo Diablo.
C
Por lo demás,
Señoras vuestros males
7700
No siempre son, diciendo la
verdad,
Aprensivos, fingidos, o ideales:
Tal vez sueños
no son, son realidad,
Pero por lo común nunca son
tales,
Que merezcan llamarse enfermedad.
7705
Malas estáis,
es bien que aquí lo diga,
Mas sé yo que una
paja la hacéis higa.
CI
Muchas vezes sólo
es figura o sombra
De mal, pues tenéis buenos colores;
Y por una aprensión que os asombra
7710
La burla sois
de todos los Dotores.
Cierta vuestra pensión, que
no se nombra,
Embía a la cabeza unos vapores
Que
algo la cargan; y me causa risa,
Que por esto querráis
dejar la Misa.
7715
CII
En esto, a la verdad, tengo
temor
Que tal vez se introduzga algún abuso:
Y si
sucede, que un Predicador
Se escandalize, y grite, ya le
escuso.
Ánimo, pues, esfuerzo, y con valor
7720
Señoras
mías dejad esse mal uso.
Alzaos de la cama, si podéis,
Y andad a Misa, que no, no moriréis.
CIII
Pero alguno dirá: Frayle malvado
Este camino Tú
nos lo enseñaste
7725
Quando estuviste un mes repantigado
En la cama, por un mal que soñaste.
No Señores,
mi mal no fue soñado.
Fue un catharro, una fiebre,
y esto baste
para creer, que si oprimí a la lana
7730
De los colchones, fue de mala gana.
CIV
Testigos
sois vosotros, que lo visteis,
Caros Amigos, que con singular
Amor, día y noche concurristeis
A verme, a darme
aliento, y consolar,
7735
Y conmigo benignamente hicisteis
Lo que en tal caso se usa practicar.
Id est, con tierno,
dulce, y plácido lenguage
Alentarme al valor, y aun
al corage.
CV
Bien quisiera yo aora, y con razón,
7740
(Ya que no pude entonzes otro tanto)
Dar las gradas de
todo corazón
A los que en la ocasión de mi
quebranto
Me mostraron tan grande compasión;
Mas
no quiero interrumpir el Canto,
7745
Y espero (Dios mediante)
firmemente
Cumplir con mi deber personalmente.
CVI
Y más que estoi resuelto por aora
A estar por muchos
años sano y bueno;
Que el enfermar no es cosa que
mejora
7750
El gusto, ni la bolsa (ita Galeno)
Y quiero en adelante
en toda hora
Estar contento, alegre, y mui sereno,
Porque
oí, quando Niño, a una mi Tía,
Que
hacía gran provecho la alegría.
7755
CVII
Mui bien sabía Elvira esta Receta,
Y en virtud
de ella siempre alegre estava.
Por esso, como Sabia, y tan
discreta
Nunca quartel a la tristeza dava.
Y por vivir
en paz, tranquila, y quieta
7760
En ninguna disputa se empeñava,
Siguiendo la Platónica dotrina,
Porque avía
estudiado Medicina.
CVIII
Los aforismos Médicos
sabía
De la Escuela (que fue) Salernitana.
7765
Mas médicos en casa no quería,
Porque gustava
mucho de estar sana;
Antes bien los llamava cada día
Estirpadores de la estirpe humana,
Y que aquel que los
da nimia creencia,
7770
Hace al fin, aunque tarde, penitencia.
CIX
Sábenlo bien aquellos desgraciados
Que hoi sanos y robustos estarían,
Y están,
en gracia de ellos, enterrados,
O a lo menos más
tarde morirían.
7775
Yo suplico a mis Santos Avogados,
Que, si mi pronta muerte no querían,
Los alejen
de mí como cien años,
Y después lluevan
purgas, lluevan baños.
CX
No estragó
Elvira no su gran salud
7780
Con ciertas Mugeriles medicinas,
Especialmente allá en su juventud,
Como lo hacen
cien Mozas malandrinas.
Muchas se han ido presto a la atahúd
(Pero todas cabezas golondrinas),
7785
O, con sus despropósitos
bestiales,
Se han grangeado a sí mismas dos mil males.
CXI
O qué campo me ocurre aquí tan
vasto
De correr, y saltar a mi talento!
Qué abundante,
qué rico de buen pasto!
7790
Pero mui fatigado ya me siento,
Y aleviar es razón de el baste, o basto
A este mi
flaco, y mísero jumento,
Dexándole dormir
un tanto quanto,
Y hacer podréis vosotros otro tanto.
7795
CXII
Mi ronca voz apenas ya se siente
De
el más cercano a mí: no tengo aliento.
Si
mañana volvéis, probablemente
Os diré,
entre otras cosas que no cuento,
Lo que hizo Elvia con Tulio
sabiamente
7800
Aun antes de su mismo nacimiento.
Assí
lo prometí en otro Tratado,
Y aora puntualmente me
he acordado.
Fin del Canto X
I
Entre los bienes de Naturaleza
La salud me parece el principal.
7805
Sin esto se me ha puesto en la cabeza,
No poder ser
feliz ningún mortal.
Qué vale la opulencia,
la riqueza
Sin la salud, ni qué la Magestad?
Sin
ella los dictados Soveranos
7810
Nada son, o a lo menos son mui
vanos.
II
De qué sirve un Tesoro al Opulento
Gotoso, que en un lecho está postrado?
El oro no
le alivia su tormento,
Ni el mal respeta a su bolsillo hinchado.
7815
Tal vez está cien veces más contento
Un pobrecito en su feliz estado;
Y aun por esso (años
ha) proverbio era
Salud a mí, dinero a quien le quiera.
III
Con todo esso el proverbio me perdone,
7820
Que
yo aun estando enfermo le querría;
Porque el dinero
todo lo compone,
Y sin él ni aun un Médico
tendría.
Mas, mientras la razón no me abandone
Al oro la salud preferiría,
7825
Porque de ésta
el valor (dice Valverde)
Sólo conoce bien el que
la pierde.
IV
Y no obstante hai algunos mentecatos
Que no la aprecian, ni hacen caso de ella.
Riéndose
de Rehumas, y de flatos.
7830
Mas si les viene un mal (aquí
es la bella)
Conocen quánto vale, y a Pilatos
Se
dan los tristes por volverse a ella.
Como aquel Asno, que
vendió la cola
Por un quarto, y después por
mil compróla.
7835
V
Elvira procuró
siempre estar sana,
Y la misma salud que al Mundo trajo
Conservó, y aumentó hasta mui anciana.
Esto
no la costó mucho trabajo,
Porque hizo voto (y mui
de buena gana)
7840
De no enfermar jamás, ni comer ajo,
Protestando, que todo lo contrario
Sería en ella
un acto involuntario.
VI
Fuera de ser de un buen
temperamento,
Que heredó de unos Padres mui robustos,
7845
Refrenó siempre con loable intento
Sus pasiones,
antojos, y sus gustos,
Cuyo desorden causa más fermento
En los humores, quando están más justos,
Que la Rehuma, la gota, y la gangrena,
7850
Como nos lo avisó
el Moro Avizena.
VII
Porque de las passiones desregladas
Efectos son dos mil enfermedades,
Que a tantas gentes tienen
tan postradas
En la cama por sus temeridades,
7855
Y en
ella no estarían amarradas,
Si desde sus primeras
mozedades,
Tirando el freno a sus inclinaciones,
No se
dejaran ir tras las passiones.
VIII
O quántos
vivirían todavía,
7860
Como huvieran querido tener
juicio
Quando sanos, no andando noche y día
En sumergirse
en este, y en aquel vicio.
Ay de aquél que en sí
mismo se confía
Y se entra en este charco a precipicio.
7865
Una vez que los males hagan pressa
Nada sirve después
decir me pesa.
IX
Entre otros vicios el de Amor,
Ovidio
Dixo, que ha muerto un número increíble.
Llénalos de un enfado, de un fastidio
7870
De la vida,
que apenas es creíble.
No hai casa, en que no haga
un homicidio.
Y aunque Marte es tan fiero, y tan terrible,
En un año no mata tanta gente,
Como Venus y Amor
diariamente.
7875
X
Principalmente porque el fiero
Marte
Descansa un tanto, y no hace siempre guerra.
En el
Mundo siempre hai alguna parte,
De donde él mismo
su furor destierra.
Pero Amor egercita su cruel arte
7880
En
todo tiempo, y lugar, y en toda Tierra.
Y en los lugares
menos sospechosos
Son sus dardos quizá más
peligrosos.
XI
Ni es decir, que sólo en
los Palacios entra:
De las chozas también sabe el
camino.
7885
Con el pobre y el Rico Amor se encuentra,
Ni es para él forastero el más mezquino.
Tanto
en el Labrador se reconcentra,
Como en el Vagabundo, y peregrino.
Ni están essentos de sus fogosos dardos
7890
Los que
se tienen por los más gallardos.
XII
Marte
en fin no ya a todos los destruye;
Comúnmente perdona
a las Mugeres;
Mas Amor de ninguna classe huye,
Antes bien
tiene todos sus placeres
7895
Quando el Arco y la flecha
a ellas instruye.
Si burlarse tal vez de Amor las vieres
Es por poco; que si es larga la guerra,
Aquellas columnazas
dan en tierra.
XIII
Yo las he visto flacas, y abatidas,
7900
Y aun vosotros algunas avréis visto,
Por pocas que
os sean conocidas.
Que Amor en las Mugeres es un pisto,
Por el qual casi todas son perdidas.
Mas Elvia tuvo el
ojo siempre listo,
7905
Porque era una Muger mui acatada,
Y a recados de Amor nunca dio entrada.
XIV
O porque
nunca supo estar ociosa,
Sabiendo quánto el ozio
al alma enerva,
O Porque siempre fue mui vergonzosa,
7910
Tratando
a todo el mundo con reserva.
Su alma siempre libre y generosa
Conservó, qual Diana, o qual Minerva;
Hasta que
de su Esposo enamorada,
A posseer entró la prenda
amada.
7915
XV
Vosotros ya sabéis, que en
posseyendo
Lo que se deseó vehementemente,
Contento
el hombre está, ni va estendiendo
Sus deseos a más
regularmente.
Mas quando el pecho está de Amor ardiendo
7920
Y nada logra el pobre Pretendiente,
Entonzes el amor es
una cosa
A mi ver miserable, y lastimosa.
XVI
De aquí nacen después tantas manías,
Tantas locuras, ayes, y lamentos.
7925
De aquí angustias,
de aquí melancolías,
De aquí el aborrecer
los alimentos,
De aquí las caprichosas fantasías,
Que dan ganancia a Curas, y a Conventos,
Causando entre
las Partes no contentas
7930
Tantas muertes tempranas, y violentas.
XVII
Assí pues, los que son de juicio sano
No pretenden aquello que lograr
No pueden, sólo
sí lo que está llano
Y es para ellos fácil
de alcanzar.
7935
Y quando ven que no fue empeño
vano,
Porque posseen ya sin desear,
Bienaventurados son
entre las gentes,
Por la regla: Beati possidentes.
XVIII
Mas posseer no basta el bien amado,
7940
Si con paz no
se logra, y con contento.
Qué importa, que un caudal
desmesurado
Possea el Rico, y tímido avariento,
Si siempre inquieto está, siempre assustado
Temiendo
el Mar, la Tierra, el fuego, el Viento?
7945
Posseer de
este modo es un delirio,
Que ya no es possessión,
sino martyrio.
XIX
Casi estoi por decir, que mejor
fuera
Ser pobre, que ser rico, si la vida
El Rico ha de
passar de esta manera.
7950
La providencia, que de todo cuida,
Su bien conservará, como ella quiera;
Mas si ésta,
quizá por ofendida,
Conservarlo no quiere, será
vana
Toda atención, y diligencia humana.
7955
XX
Lo dicho de el caudal, y de el Tesoro,
A la propia
Muger puede aplicarse.
Si ofendes sin motivo su decoro,
Recelando que de él pueda olvidarse
Tú mismo
te imaginas Buey o Toro
7960
Y te matas, sin modo de evitarse.
Poco dixe: te matas; Es tu suerte
Mucho más infeliz;
que lo es la muerte.
XXI
Por esso harán
mui bien los Mariditos
En no arrimarse mucho a zelosía;
7965
Porque esta causa males infinitos,
Y ella misma es
peor que perlesía.
Esto se entiende, quando son sus
gritos
Imaginarios, o de fantasía,
Quiero decir,
quando en razón, y en ley
7970
No tengan fundamento a
parte rei.
XXII
Aunque Elvia amava tanto a su Marido,
Nunca observó si a otras cortejava,
Mostrando en
esto un juicio assaz cumplido.
Jamás le preguntó
a qué casa andava,
7975
Ni de dónde venía,
aun por descuido.
Y a todos esta máxima enseñava:
La Muger debe hacer lo que la toca,
Y en orden al Marido,
punto en boca.
XXIII
Era compuesta de una noble
pasta
7980
Dulce, apacible, y de tranquila flema.
Más
amable Muger, más pura, y casta
No se hallaría
en toda la Maremma.
En quanto a hermosa era lo que basta,
Y en lo demás una preciosa gemma.
7985
Si no podía
hacer lo que quería,
A lo que otros querían
se rendía.
XXIV
Hacía en suma de
su parte quanto
Podía hacer por conservarse santa,
Como lo dixe ya en el otro Canto,
7990
Que leí, no hace
cierto una Semana.
En ella la tristeza, el tedio, el llanto
Nunca entravan, ni de ello tuvo gana,
Y de sí procurava
desterrar
Quanto podía a la salud dañar.
7995
XXV
La salud fue la cosa más amada
De aquella
gran Muger toda la vida.
Mas desde el día, en que
se vio casada,
Fue mucho más guardada, y más
querida;
Sabiendo bien que una Muger honrada,
8000
Con un hombre
de bien, quando está unida,
A pocos meses, que esto
se concluya,
Aprende ella a parir a costa suya.
XXVI
Quizá entendió también de agricultura,
Porque era de un ingenio peregrino,
8005
Y siempre fue
inclinada a la letura.
Sabía, pues, que de un ingerto
dulze, y fino,
Si se sabe hacer bien, y se procura;
Quando
al tiempo le llega su destino,
El ingerto plantel da su
tributo,
8010
Y al Dueño le produze dulze fruto.
XXVII
De el fruto son después las qualidades,
Como
lo son las de la Madre planta,
Buenas, si buenas son sus
propiedades,
Malas, quando algún vicio las quebranta.
8015
De las raízes las enfermedades
Al fruto el
mismo ingerto las trasplanta,
Y en lugar de salir sano,
y sabroso
Le produce podrido, o escabroso.
XXVIII
Esto mismo en los Niños acontece,
8020
(Porque a esta
paridad no, no hai respuesta);
El Niño es como un
roble, si acontece
Nacer de Madre sana, y bien dispuesta.
Al contrario es flacucho apenas crece
Si aquélla
débil es, o está indispuesta
8025
Porque aquí
aquel proverbio a punto viene:
Ninguno puede dar lo que
no tiene.
XXIX
No es verdad que el barril si tiene
pez,
O si ha entrado en la cuba mal olor,
Comunican al
vino aquella hez,
8030
Y al mismo tiempo un pésimo sabor?
Y no es verdad (pregúntolo otra vez)
Que el terreno,
que tiene más vigor
Da el trigo más hermoso
y más entero
Como la obeja mejor mejor Cordero?
8035
XXX
Al contrario la Res quando es roñosa,
Si es enferma, si flaca, enjuta, y hueca;
Si la tierra
es sin grassa, y arenosa,
Sin jugo, sin sustancia, magra,
y seca,
El grano que produce es poca cosa,
8040
Y un poquito
de niebla le deseca,
Y la roñosa Res nos da un muñeco
En forma de Cordero triste, y seco.
XXXI
Mas vosotros,
Señores, que tenéis
Gran ingenio, y assaz
penetrativo,
8045
Creo, que fácilmente entenderéis;
Que la cuba de olor malo, y nocivo,
Y aquel terreno magro,
en que queréis
Poco grano sembrar, porque es esquivo
Con la roñosa Res (quadre o no quadre)
8050
Figura son
de una malsana Madre.
XXXII
Demasiado (es assí)
más de un chicuelo
Entre nosotros mismos oy se ve;
Esmirriado, flacucho, y tristezuelo
Que apenas puede mantenerse
en pie,
8055
Por culpa de la Madre, y sabe el Cielo
Que
mil males le afligen; más por qué?
Porque
(según lo afirme el Dotor Lerma)
De una Madre nació,
que estava enferma.
XXXIII
De una Madre a quien
nunca le fue cara
8060
Su salud, más que fuera la de un
Topo;
Ni una perla apreció tan rica y rara
Más
que allá la estimó el Gallo de Esopo,
Que
con zambra, alegría, y algazara
Mil hizo disparates
a galopo,
8065
Y, en premio de sus necias mozedades,
Un
carro se grangeó de enfermedades.
XXXIV
Enfermedades que ellas se grangearon,
Cambiadas a doblones
trabucantes,
Y a sus hijos después comunicaron,
8070
No ya quando nacidos, sino antes.
Y fuera de que a sí
se assassinaron,
También assasinaron sus Infantes,
Los que después lloraron desterrada
La salud de
su vida desdichada.
8075
XXXV
De estos hijos al
cabo nacerán
Otros peores que ellos, como escrito
Está: los que al mundo infestarán.
Cosa,
que me parece gran delito;
Éstos a costa agena vivirán,
8080
Por no poder ganar el pan bendito,
Y de bocas inútiles
veremos
Lleno el Mundo, si muertos no seremos.
XXXVI
Pues hoi día se ven en él ya tantas
De araganes
en esta nuestra Tierra,
8085
Que a pocas más podrán
las almas Santas
Invocar a la peste y a la guerra.
Y a
no ser, que a no pocas de estas plantas
Inútiles
la muerte las aterra,
Alguna hai, cuya sombra opaca y fría
8090
Al mundo todo inficionar podía.
XXXVII
Yo un edicto quisiera publicar,
Si (por desgracia) fuera
Emperador,
Y en todos mis dominios intimar,
So pena de
la vida, y de el honor,
8095
Que ninguna muger particular
Con nadie osasse tener jamás amor,
Ni casarse (en
virtud de Ley tan justa)
No gozando salud fuerte y robusta.
XXXVIII
Toda planta nacida en la maleza,
8100
Que esperanza
no dé de dar buen fruto;
Todo árbol poco sano
en la corteza,
Nacido en mal terreno, seco, enjuto,
Entre
broza, cambrones, y aspereza,
Torcido, monstruoso, en suma
bruto
8105
Le haría abandonar de todo esmero,
Sin
riesgo, sin labor, sin Jardinero.
XXXIX
Vivir le
dejaría, y aun morir,
Sin jamás ingerirle,
y esto veis
Que de egemplo podría a otros servir.
8110
Sois discretos, y todos me entendéis,
Pues, sin
que yo lo deba sugerir,
A las mugeres luego aplicaréis
Quanto he dicho hasta aquí clarito, y neto,
Con
lo demás que callo por respeto.
8115
XL
Todas aquellas, pues, de buen color,
(Se entiende sin estar
embernizadas)
Sanas en lo exterior, y lo interior,
Frescas,
fornidas, pero bien cortadas,
Llenas de jugo, fuego, y de
vigor,
8120
Yo las quisiera ver enmaridadas
Con Mozos mui nervosos,
y rollizos,
Pantorrilludos y de pocos rizos.
XLI
También quisiera yo, que las Casadas
Arreglassen
su vida de manera,
8125
Que de nada pudiessen ser notadas,
Que disonante al Matrimonio fuera.
Y por las calles fuessen
azotadas
Aquellas madres, cuya bodoquera
A sus hijos impele
a ofizio inmundo,
8130
Siendo horror, siendo escándalo
del mundo.
XLII
Item más, que el marido
hacer divorcio
Pueda con la Muger que es disoluta,
Como
con su Catona lo hizo Porcio,
Noticia verdadera, y sin disputa.
8135
Y que allá retirada del consorcio
Humano, en
una zelda, o una gruta
Hiciesse de por vida penitencia
De lo que la remuerde su conciencia.
XLIII
Además
de esso haría un gran servicio
8140
A todos los maridos
desgraciados
Que gastan su dinero, con perjuicio,
En la
cura de achaques heredados.
Y a todo el mundo haría
beneficio
En librarle de tantos apestados
8145
Que nacieron
assí, y no tienen cura,
Salvo una. Quál es?
La sepultura.
XLIV
Toda la Tierra quedaría
llena
De una gente robusta, fuerte, y sana.
Ni nos daría
a todos tanta pena
8150
Estar viendo, por tarde, y por mañana
Ética, Bubas, Gota, y la gangrena,
Que va royendo
la figura humana.
Por lo menos no avría tantos males,
Y sobrarían muchos Hospitales.
8155
XLV
Mas dejando las cosas como están,
Porque nadie me
ha dado comisión
De hacerme Don Quixote, o Don Tristán;
Puesto que la salud de Dios es don,
O vosotras, que sois
hijas de Adán,
8160
Estimadle, como es puesto en razón,
Y o bien seais Casadas, o Doncellas,
Apreciad más
ser sanas, que ser bellas.
XLVI
Y más, quando
no está en vuestra mano
Ser lindas, como está
en gran parte
8165
Conservar la salud del cuerpo sano
Verdad,
que espero demostrar sin arte.
Ni mi discurso se tendrá
por vano,
Si, siguiendo al Dotor Don Juan Ugarte,
Entre
cien enfermizas yo concluya,
8170
Que noventa lo son por culpa
suya.
XLVII
Unas con una vida regalona,
Y demasiadamente
delicada,
Comiendo bien, y bebiendo a la carlona,
Gastan
una salud mui quebrantada.
8175
Por el contrario está
la otra Mimona
A drogas de botica abandonada,
Como las
más a tantas diversiones,
Que assassinan sus fuertes
complexiones.
XLVIII
No pocas, por caprichos singulares,
8180
Achacosas están toda la vida,
Fastidian los más
sólidos manjares,
Hacen de porquerías su comida;
Su Regla es ser en todo irregulares
Su método no
hacer cosa seguida.
8185
Esto es tan cierto, que quando
las miro,
Que llegan a veinte años yo me admiro.
XLIX
Por despecho parece con efeto,
Que quieren
enfermar adredemente,
Viéndose en cada una un Lazareto,
8190
O un Hospital de miserable gente.
De la salud muy rara
hace conceto,
Y las más (es decir que comúnmente)
En Aldeas, en Villas, y en Ciudades
Gran cazadoras son
de enfermedades.
8195
L
Exageráis algunas
vuestros males,
Los que no quiero aora disputar,
Si sean
verdaderos, o ideales;
Pero os fuera mejor de ellos no hablar,
Porque hai entre vosotras tales quales,
8200
Que en esto no
hacen más que publicar
A los que no son bobos o Novicios
Sus antojos, si ya no son sus vizios.
LI
Pero,
si un saco alfín fuereis de huessos,
O esqueletos
que espantan a la gente,
8205
Al médico culpáis,
y hacéis procesos,
O al Marido (y esto es lo más
frequente)
Quando culpar debéis vuestros excesos,
Y no a quien está de ellos inocente.
Mas, en punto
a Mugeres de esta pasta,
8210
A mi ver, ya se ha dicho lo que
basta.
LII
Sólo a lo dicho añadiré
una cosa.
Si la Muger (no hablo ya de las ancianas)
Más
que el comer aprecia ser hermosa,
Procurad todas conservaros
sanas,
8215
Porque, según se dice en cierta glossa,
Hermosura y salud, son dos hermanas
Que dura aquélla,
mientras ésta dura,
Y en quien salud no hai, no hai
hermosura.
LIII
Pero principalmente en las casadas
8220
Conservar la salud es importante,
Bien que seais solteras,
o ya atadas,
Si sospecháis, que acaso algún
Infante
Allá dentro tenéis, más obligadas
Estáis con rigor mui apretante
8225
A procurar salud
robusta, y llena,
Por vuestra propia vida, y por la agena.
LIV
Elvia, muger de singular prudencia,
Desde
el primer día que quedó preñada
Lo
conoció, y guardando continencia,
8230
Fue en comer y
beber mui ajustada.
Casi escrúpulo hacía de
conciencia
Beber el agua apenas envinada.
De el cozido
y assado algo comía;
Mas de todo guisote se abstenía.
8235
LV
Nunca aquella bebió bebida oscura,
Que se llama Caffé, porque era ardiente;
Manjares
simples, algo de verdura,
Con menestra, o con sopa bien
caliente
Eran su pasto, huyendo de la hartura:
8240
La cena
mui ligera: comúnmente
Caldo, dos huevos fritos en
cazuela,
Y por postre qualquiera bagatela.
LVI
En nueve meses no montó a cavallo,
Quando andava
era al paso de una hormiga,
8245
Todo concurso huía
aun de nombrallo,
Todo susto y afán, toda fatiga.
Por no poner el pie tal vez en fallo
Se assía de
una sierva, o de una Amiga.
Traje holgado conforme a su
nobleza,
8250
Tieso el cuerpo, y ergida la cabeza.
LVII
Por conservar el hijo sano y salvo
Todo golpe evitava,
y todo peso,
Toda opresión, y todo juego vano
Donde
se hiciesse esfuerzo, aunque no grueso.
8255
No jugava a
los bolos en Verano.
De bailar? Santo Dios! No se hable
de esso,
Y aun en andar tal atención ponía,
Que al parecer apenas se movía.
LVIII
Quando
rezava algunas oraciones
8260
No se atrevía a herirse
mucho el pecho,
Como lo hacía en otras ocasiones.
Hasta mui tarde no dejava el lecho,
Guardávase de
golpes, y empujones,
De cotilla, o de busto mui estrecho
8265
Y aun apenas, apenas se abrochava,
Por no abortar.
Tan cuidadosa andava!
LIX
Quando Elvira iba al
Templo se sentava
Con modestia en almohada, o en tarima,
Y con razón a aquellas censurava
8270
Que en banco alto
se sientan, o ya encima
Se arrodillan. Esto a ella la causava
Tanto horror; que la ponía grima,
Diciendo ser postura
descompuesta,
Y en qualquiera muger no mui honesta.
8275
LX
Sólo escusava a las que estando encinta
Hacía gran volumen el preñado,
Por ser en
éstas la razón distinta,
Y decía: Si
ponen tal cuidado
En el Templo, en la calle, y en la Quinta,
8280
Será mayor sin duda, y aun doblado,
Sin que indezencia
en esto nadie encuentre,
Porque lo pide assí el túmido
vientre.
LXI
Mas fuera de la Iglesia van holgadas;
Ni saben conocer peligro alguno.
8285
Sólo se consideran
dispensadas
En el respeto a Dios, y en el ayuno.
Por lo
demás no observan las preñadas
Nada de aquello,
que es más oportuno,
Y hacen ya por antojo, o ligereza
8290
Quanto a ellas se las pone en la cabeza.
LXII
Métense en los concursos de la gente
Intrépidas:
reziven empujones:
Aquí un golpe le dan a mantentente;
Allá en prensa las ponen los reñones,
8295
Y estrujado tal vez el inocente
Feto dentro las míseras
mansiones,
Las Madres caprichosas, o aturdidas,
Oh! y quántas
vezes son Infanticidas!
LXIII
He aquí la
causa de la estropeatura
8300
De tanto Niño, que el materno
seno
Da luz contra la recta architectura,
Falto de miembros,
o de lacras lleno,
Menos hombre, que monstruo en la figura.
Quando no sea flor, cuyo terreno,
8305
Porque efímera
es su lozanía,
Nacer la ve, y morir en sólo
un día.
LXIV
Oh quántos Niños
(horror me da el pensarlo)
Por culpa de quien sé,
se ven hundidos
En sitio tenebroso sin buscarlo,
8310
Ni el
Reyno de los hijos escogidos
Podrán jamás
los míseros poblarlo,
Por furor de sus Padres fementidos
Y lloran, sin que el llanto se concluya,
De otros la culpa,
y la desgracia suya.
8315
LXV
Mas dejando estos
ayes por aora,
Digo, que Elvia durante su preñado,
Más cuidado ponía en cada hora,
De no hacer
con su fruto un mal guisado.
Depositaria fiel, de el que
atesora
8320
Hijo en su vientre, puso gran cuidado
En que fuesse
algún día el Niño tierno
Tan robusto,
y tan duro como un Querno.
LXVI
Ni la basta que
fuesse solamente
Sano en el cuerpo: se aplicó con
arte
8325
A que fuesse también sano en la mente.
Y Juan Bartolo en una nota aparte
Dice, que hai en el mundo
mucha gente
De cuerpo sano, pero de otra parte,
Sino enferma,
a lo menos achacosa,
8330
Y yo tengo por cierta aquesta glossa.
LXVII
Hablo de aquella enfermedad no oscura,
Que
vemos producir varios efetos,
A la qual se da el nombre
de locura,
Y cuenta cantidad de Hijos, y nietos.
8335
Bien
que los hombres (según me dixo un Cura)
No están
a ella nunca tan sugetos
Como las hembras. Éstas
le parecen,
Que ya con ella nacen y adolecen.
LXVIII
Mas no es verdad, porque es cosa observada
8340
Que algunas
la padecen quando mozas,
Otras en edad más avanzada,
Bien que assí en Casas grandes, como en Chozas.
Se conoce que es en ellas heredada.
Hai en Madrid más
locas, que en las Rozas
8345
Mas de esto la razón
precisamente
Es porque hai en Madrid mucha más gente.
LXIX
Si se diera una Ley tan soverana,
Que ninguno
pudiesse ser marido
De Muger, cuya mente no esté
sana.
8350
Siglos ha que ya huviera perecido
El Mundo, o, quando
no, la Raza humana,
Como el Decreto fuesse obedecido,
Pues
dice Ovidio, que una Muger savia
Es la rara Ave Fénix
de la Aravia.
8355
LXX
Y bien pudiera yo de esta
sentencia
Pruevas citar ya antiguas, y ya nuevas,
Mas sería
una gran impertinencia,
Pues todos lo creeis sin otras pruevas,
Que las que nos enseña la experiencia,
8360
En Casas,
en Cabañas, y aun en Cuevas:
Ni avrá quien
no confiesse, si es sincero,
Que lo que dice Ovidio es verdadero.
LXXI
Que las Mugeres tengan su manía,
Y
aun quando todas ellas fueran locas,
8365
Nada por cierto
a mí me importaría:
Pues fuessen todas, muchas,
o ya pocas,
Ninguna lo sería a costa mía.
Lo que me duele, y dolerá a las Rocas,
Es, que este
achaque, si a ser Madres llegan,
8370
Comúnmente a sus
hijos se le pegan.
LXXII
Y es lo peor, que siendo
un mal terrible,
Es en lo natural irremediable.
Quien nace
ciego curarle no es possible,
Sin milagro; ya es ciego perdurable.
8375
Assí el que nace loco (mal horrible)
A cuestas
tiene un mal, que es incurable.
Y aquellos que le sufren;
y padecen
No conocen el mal de que adolecen.
LXXIII
Y si el enfermo no conoce, o siente
8380
El mal (dice un Médico
moderno)
Malum signum! Señal es evidente
De que
está arraigado allá en lo interno.
Júzgase
sano el mísero paciente,
Y en las entrañas
todo es desgovierno.
8385
Quántos hai de éstos?
Santo Dios! quántos!
Y quizá yo seré
alguno de tantos.
LXXIV
Por esso Elvia, Muger de
ingenio agudo,
Y de claro machucho entendimiento,
Mientras
que estava encinta quanto pudo
8390
Hizo, para librar de tal
cimiento
Al inocente feto informe, y rudo,
Por no padecer
ella el gran tormento
De verle hacer después mil
disparates,
Ocupando el Quartel de los Orates.
8395
LXXV
Donde a decir verdad se ven no pocos
Amarrados con
grillos, y cadenas,
Los quales son acaso menos locos
Que
otros, que no lo muestran. De estas penas
Elvia, por ahorrar
llantos y mocos;
8400
(Provisión de que están las
hembras llenas)
Hizo quando hacer pudo industria humana,
Para un hijo parir de mente sana.
LXXVI
Por milagro,
a mi ver, de la Natura
Quasi siempre Elvia fue de sana mente.
8405
Con todo vivir quiso más segura,
Y se mandó
sangrar frequentemente
De aquella vena (assí lo atestó
un Cura)
Que suele abrirse a la aturdida gente,
Y tomó
sin melindre, ni embarazo
8410
De eléboro un buen trozo,
o ya pedazo.
LXXVII
Es ésta una esquisita
medicina,
Que hace curas sin duda prodigiosas.
Para toda
Muger cosa divina,
Mucho más eficaz, que agua de
rosas.
8415
La debieran usar en vez de Quina,
De tintura
violeta, ni otras cosas,
Como leche, Café, Sorbete,
Mate,
Y (lo que es más) en vez de Chocolate.
LXXVIII
O no entienden los Médicos sus males,
8420
O
ignoran la virtud de aquesta droga;
Pues tal vez de Dotores
muchos tales
No tienen otra cosa que la toga.
Un simple
de los más universales
En otros tiempos, hoi ya no
está en voga,
8425
Y en gran daño de el linage
humano
Se está en los Botes mano sobre mano.
LXXIX
Aun antes de estar Elvia embarazada,
Porque sus
hijos fuessen de buen juicio,
Era del vino poco apassionada,
8430
Y de embriagarse aborrecía el vicio,
Sabiendo bien,
que una muger preñada,
Y borracha, hace al mundo
un gran perjuicio,
Dando a luz a su tiempo unos Infantes
Más a bestias, que a hombres semejantes.
8435
LXXX
Ahora es menester, quiera o no quiera,
Hacer justicia
a Marco. Yo he leído,
Que en comer, y en beber mui
parco era,
Mui circunspecto, sobrio, y mui medido,
Pues
con la cena de Salvino austera
8440
Se iba a la cama, quando
fue marido;
Y Juan Bartolo aquí no la Perdona
A
Marido, y Muger que cogen Mona.
LXXXI
Porque, dice
este Autor (y es cierto) el vino
Vapores densos al cervelo
embía.
8445
Si se bebe a destajo, esto es, sin tino,
Al juicio echa a passear la fantasía.
Quanto se
hace, y se dice es desatino,
Es frenesí, es locura,
y es manía.
Mi juicio con el suyo se conforma,
8450
Que
un borracho es materia sine forma.
LXXXII
El juicio
en él huyósele de casa
Es figura de hombre,
mas postiza,
Estólida la mente, a instinto passa
La que era antes razón: y hace más riza
8455
Esta brutal passión, porque es de massa
Contagiosa,
apestada, y pegadiza,
Pues vemos comúnmente, que
un Borracho
Otro Borracho engendra, hembra, o macho.
LXXXIII
Por esso quando Sócrates quería
8460
Tratar a alguno de Ebrio urbanamente:
Sin duda que tu Padre
(le decía)
Bebido avía poderosamente
Aquella
noche, o bien fuesse aquel día,
Que te engendró,
por ser cosa evidente
8465
Que de un Padre beodo, e insensato
Suele nacer un hijo mentecato.
LXXXIV
Elvia,
o de suyo, o fuesse por consejo
Ageno, en sintiéndose
preñada,
Nunca comía carne de Conejo
8470
Ni provaba
siquiera la ensalada.
Mucho menos gustar de abadejo
Ni
cosa, que no fuesse delicada,
Y pudiesse quizá ser
enemiga
De el Hijo que traía en la barriga.
8475
LXXXV
Porque la qualidad del alimento,
Se pega a todo
aquel, a quien sustenta:
El Conejo Conejos hace a ciento,
La Gallina Gallinas a noventa.
Yo conocí de Pavos
a un Convento,
8480
Otro de Gansos, y eran más de treinta;
Porque se hartavan sus Paternidades
De estas Aves allá
en las Navidades.
LXXXVI
Las médulas de
Lobos, de Leones,
Ni de otros semejantes animales
8485
Nunca
Elvira comió; entre otras razones,
Por no querer
parir hijos bestiales.
Y porque en sus Divinas Oraciones
Derramasse el buen Tulio tantas sales,
Todo quanto comía
en su preñado,
8490
Quiso siempre, que fuesse mui salado.
LXXXVII
Leyó en un Libro de Monsiur Le Mame,
Que la carne de liebre hacía hermosos,
Y ella quiso
comer de aquella carne,
Por ver si eran los libros mentirosos,
8495
Haciendo conducir desde Bearne
Las liebres, que se crían
en sus fossos.
Pues no hai Madre que no haga una Diablura,
Por parir una hermosa Criatura.
LXXXVIII
Entre
todas las prendas naturales,
8500
La hermosura, que el Cielo
nos regala,
Envidiada es de todos los mortales,
Por más
que alguno afecte, y haga gala
De despreciarla. Cuentan
los Anales
Que hasta Jove por ella en cierta sala
8505
Se transformó
en diversos animales,
Porque es la carta, a juicio de Platón,
De la más eficaz comendación.
LXXXIX
A par de ella no tiene fuerza alguna
La más
viva, más rápida eloquencia.
8510
Quántos
han hecho siempre gran fortuna
Solamente por su gentil presencia?
No hai hombre, que no quiera esposar una,
A quien haya
tocado aquesta herencia;
Y las Doncellas sé que tienen
gusto
8515
De ver un joven bello, esto es, venusto.
XC
Si tenerlo no pueden por marido,
Gustan tenerle al
menos por amante,
Y es el cortejo más apetecido
El de un Mozo galán, y rozagante.
8520
Se complacen, según
tengo entendido,
De ver en él aquel gentil semblante,
Cuya hermosura eleva en dulze calma
Su spíritu a
inferir la de su alma.
XCI
Y algunas hai, que en
ella un claro rayo
8525
Descubren, a su ver, de luz Divina,
Que da vigor, y alienta su desmayo
Al deseo, si ya
a morir se inclina;
Y passando a uno de otro en este ensayo
De la humana beldad a la una y Trina,
8530
Hai Muger, que en
aquel bello Narciso
Contempla la beldad del Paraíso.
XCII
Si Elvia llegó a tanto, yo lo ignoro;
Y aun ignoro, si supo aquella escala;
Sólo sé
que en más de una su decoro,
8535
En lugar de subir, abajo
cala,
Y que el volar hasta el celeste Coro
Es un vuelo
que excede, o bien que iguala;
Quando se emprende temerariamente
Al de Dédalo, que no fue el más prudente.
8540
XCIII
Paréceme a lo menos invención
Algo arriesgada la de enamorarse,
Perdiendo todo miedo
a la ocasión.
Si Platón lo enseñó,
debe dudarse:
Mas quando sea suya esta opinión
8545
Podrá
con ella su mercé empanarse,
Porque yo a este su
sentir estrafalario
Junto el otro del mundo Imaginario.
XCIV
Elvira, pues, Muger de fino gusto,
Mirar
solía (y nuestro Autor lo atesta)
8550
Estando encinta
algún hermoso busto
Mas sin perjuicio de su alma
honesta;
Mirar digo solía (y era justo)
Con los
ojos se entiende de la testa
De mejor gana un Mozo ayroso
y bello
8555
Que otro feo, y bien podéis creello.
XCV
Quando mirava a un hombre mal trazado
Con menos
señas de hombre, que de bestia,
Los ojos, sin costarla
gran cuidado,
En el suelo clavava con modestia,
8560
Un cojo,
un contrahecho, un corcovado
La causavan grandíssima
molestia:
Hacía sobre todo (es hecho cierto)
Escrúpulo
de ver a qualquier tuerto.
XCVI
No sufría
en su Quarto una figura
8565
Que pudiesse espantarla algunos
ratos,
Aunque fuesse esquisita la pintura.
Ni tolerar
podía los Retratos,
Que tal vez la excitavan calentura,
Como es decir de perros, ni de gatos,
8570
Ni aun de aquellos
quadrúpedos, no tiernos
Que están armados
(con perdón) de quernos.
XCVII
Porque sabía
historias verdaderas
De algunas, que sintiéndose
preñadas,
Por mirar Osos, Tigres, y otras Fieras,
8575
Que estavan en sus Cámaras pintadas
(Tanto pueden
fantásticas chimeras
En la aprehensión
de las embarazadas)
Varios monstruos a luz avían
dado
Con horror del marido, y Parentado.
8580
XCVII
Por tanto ya no apruevo que la Gente
Tenga cerca del lecho
conjugal,
Como lo veo hacer frequentemente,
Pintado Toro,
Cabra, o animal,
Que tenga cuernos; porque fácilmente
8585
Puede a una muger fiel venirla mal,
Como se enseña
en todas las Escuelas,
Por estar remirando aquellas
telas.
XCIX
Puede tanto el mirar una pintura
En
la que encinta está, o flaca, o gruessa;
8590
Que en la
aún no bien formada Criatura
Tal vez se estampa aquélla,
y queda impressa
Con su color, su forma, y su figura.
Assí
lo reconoce, y lo confiessa
El mundo todo, y lo confirma
el caso
8595
De Clorinda, cantada por el Tasso.
C
Un
Quadro de la Virgen un Pintor
(Fuesse el Corregio ya,
o fuesse el Bramante)
Pintado avía de especial candor,
Blanquíssimo, y bellíssimo semblante.
8600
Muchas
vezes orava con fervor
La Madre de Clorinda allí
delante.
Nació Clorinda blanca con disgusto
De su
Madre, que tuvo grande susto.
CI
Por poco no causó
a la negra Madre
8605
La blanca hija el más trágico
accidente,
Porque, siendo ella negra, y negro el Padre
Se imaginó que mui probablemente
Pensaría,
como hizo otro Compadre,
Menos bien de su fe siendo inocente,
8610
Borrando de la hija la blancura
El honor de la Madre, y
la fe pura.
CII
Y por no dar al crédulo
marido
La prudente muger motivo alguno
De sospecharse mal
correspondido,
8615
Una Niña pidió de color bruno,
que otra buena muger avía parido,
Fiando este
secreto a sólo uno
Y el buen Rey, no en verdad de
los más duchos
Que era suyo creyó, como otros
muchos.
8620
CIII
Mas la Madre después, compadecida
De la hija, entrególe en una cesta
A un fiel Criado,
y fue tan bien servida
Que lo ignora el Marido a la hora
de esta,
Y aun al mundo estaría hoi escondida,
8625
Si
no la huviera hecho manifiesta
De el Gran Tasso el Clarín
siempre sonoro,
Que de las Musas acompaña el
Coro.
CIV
Porque son tan parleros los Cantores,
Que ninguno los sabe hacer callar,
8630
Y por eso disculpo a
los Señores,
Que hoi día no los pueden tolerar;
Y es que haciendo ellos mismos mil errores,
Tienen mucha
razón de recelar
Que los publiquen cuerdos, o imprudentes,
8635
Y los hagan juguete de las gentes.
CV
Volviendo
al Tasso, el Tasso fue un Poeta
Digno del lauro, que
la sien inunda.
O Bérgamo feliz, Madre discreta
De Ingenios, y de Héroes tan fecunda
8640
Que igualas,
si no excedes qualquier meta
De la que más en esta
specie abunda;
Y aun la Toscana no, no haría ascos,
Gloria sí, de infinitos Bergamascos.
CVI
Esto lo digo por aquel gran necio,
8645
Que, por aver en Bérgamo
nacido
El Tasso, le trató con tal desprecio,
Como si el Canadá fuesse su nido.
Apuesto un ojo
contra otro qualquier precio,
A que el mismo simplón,
sino ha perdido
8650
El juicio, daría hoi qualquier cosa,
Por ser hijo de Bérgamo gloriosa.
CVII
De Bérgamo que al Tasos dio la cuna,
Al Tasso, que
es de todos estimado,
No ya porque no tenga mancha alguna,
8655
Porque de manchas no está exceptuado
El mismo Sol,
por no hablar de la Luna.
Y ya que al Gran Torquato
hemos nombrado,
Confiesso la verdad, callar no puedo
De
el feliz Traductor de su Gofredo.
8660
CVIII
Espero
cierto, y no espero en vano,
Que a sí mismo inmortal
se hará algún día,
Y a Milán
ha de hacer honor la mano
Que escrivió tan hermosa
Poesía
Por lo qual conservándote tan sano,
8665
y grande; como estás con alegría
Prosigue
Ballestieri tu camino,
Que el juzgarte incapaz, es
desatino.
CIX
Acaba de una vez, y haz estampar
Tu bellíssima amena traducción;
8670
Porque tu
gloria no podrá faltar,
Publicada que sea la impressión.
Acaba de una vez; deja de andar,
Haciendo de el cobarde,
o de el poltrón
No temas que a ninguno gastar pese
8675
En comprar al Gofredo Milanese.
CX
Y lo que digo
a Balestieri; digo
A otros hermanos míos Transformados,
Que al uso antiguo, dixo cierto Amigo;
Son mui modestos,
esto es, descuidados,
8680
Y parece, que no se les da un higo
De no ser en el mundo celebrados.
Y assí dejan las
obras más limadas
En oscuras tinieblas sepultadas.
CXI
Tanta modestia mucho me disgusta,
8685
Y aun me
disgusta más tanto descuido:
Ser audaz es tal vez
cosa mui justa,
Y no siempre malo es ser atrevido
(Nada se me da a mí, si esto no os gusta)
No se estima
el Tesoro, no, escondido.
8690
Es repressión el Pánico
temor,
Y Frai Modesto nunca fue Prior.
CXII
Pues
componéis en verso noblemente;
Y notablemente componéis
en prosa,
Haced ver lo que sois a toda gente
8695
Ni vuestra
Musa sea vergonzosa.
Salga a luz lo que esconde adredemente,
Essa modestia tropo melindrosa.
Dad uno, dad dos tomos
a la Imprenta,
Y lo demás dejadlo de mi cuenta.
8700
CXIII
De el Plátano Real la augusta sombra
Ya por todos vosotros se derrama.
Ya su raíz se
estiende, ya se nombra
En toda Europa a gritos de la fama.
Más de un Ingenio estraño (y no me asombra)
8705
Por agregarse a vuestro Gremio clama.
Rabia le Envidia
en vano, y aun los vientos
Amenazan en vano a sus cimientos.
CXIV
Vientos rabiosos de furor en vano
Os armáis
contra el Plátano robusto
8710
Inútilmente derrivarle
al llano
Pretendéis. No altera, no su gusto
Esse
vuestro furor tan inumano,
Y es para él diversión
en vez de susto.
Inútilmente intenta al Tronco hacerle
seco
8715
De el Toro, y de el Castrón el cuerno hueco.
CXV
Hasta oy dulcemente le han regado
En
tiempos secos, y de varios modos
Con su afán y sudor
le han cultivado
De nuestros Transformados casi todos;
8720
Mas al mundo no le han comunicado
Los frutos (sin temor
de sus apodos)
De la planta feraz; pero hágase esto,
Que se debe de hacer, y embido el resto.
CXVI
Si el ecco de sus Cýtaras sonoro
8725
Pudo en un tiempo
ser grato al oído;
Ya que estuvo por tanto su decoro
Silencioso de humilde, o de encogido,
Hoi más
que nunca del clarín canoro
De la Fama será
al Orbe estendido,
8730
Pues si al presente no puede lograrlo,
En lo futuro no, no hai que esperarlo.
CXVII
Todos
sabéis lo mucho que debieron
Los antiguos Ingenios
soveranos
A los grandes Avuelos que a luz dieron
8735
Al que
oy nos govierna. Sus dos manos
Besad: sabed que hicieron...
Prodigios ya de honores más que humanos,
Y
esperad, que el magnánimo Señor,
Franqueará
a vuestras Rimas su favor.
8740
CXVIII
Si por cierto
favores a favores
Añadirá el que todo el mundo
aclama,
Obsequios tributándole y honores,
Por Príncipe
mayor que su gran fama.
Y porque Insubria goza sus amores
8745
Es obgeto de embidia a quien no la ama.
Príncipe,
que entre tanto, y tal manejo,
De las Musas no niégase
al Cortejo.
CXIX
Más de uno de vosotros
ya ha logrado
Grandes prendas de su magnificencia,
8750
Y puede
todo Ingenio esperanzado
Vivir de su favor, y su clemencia.
Ea, pues, la pereza vaya a un lado,
Ya toda cobardía
es indecencia;
Tome todo Académico su pluma,
8755
Que
lo demás es necedad en suma.
CXX
Después
que vuestras obras por la imprenta
Se ayan hecho famosas
en el mundo,
Como yo las alcanze, me haré cuenta
De que en parte son mías; y lo fundo
8760
En que es Autor
de un bien quien le fomenta,
Y yo, aunque Poetillo no profundo,
Con ocho o con diez Décimas, de intento
A que escriviesseis
todos os di aliento.
CXXI
Mas para, para; adónde
va mi Musa?
8765
O, por mejor decir, adónde voi?
Ciertamente
mi alma está confusa,
Sin saber ni aun yo mismo
dónde estoi.
Os pidiera perdón, piedad, y
escusa,
Si no fuera por no cansaros hoi;
8770
Y pues conozco
que he perdido el tino,
Mejor será volvernos al camino.
CXXII
Bien quisiera seguir yo mi viage;
Pues de
Elvira decir mucho me resta;
Mas temo, que ya os canse este
potage,
8775
Y que rota tengáis todos la testa.
Si quisiera
hablar más fuera un salvage,
Y sería
una cosa mui molesta;
Pues diciéndome están
vuestros bostezos;
Que cansan, si son largos, aun los rezos.
8780
CXXIII
Yo mismo lo conozco, y lo confiesso,
Que
ya es de noche, porque apenas veo.
Lo que he borrado en
este gran proceso
Ya me fatiga tanto como leo;
Por lo qual
punto aquí; mas no por esso
8785
Creais, que está
agotado el parloteo,
Puesto que de Elvira falta decir tanto
Que quizá bastará para otro Canto.
CXXIV
De esta manera de una Suegra sola
Hago dos Yernos;
pero no temais
8790
Que junto yo a los dos: os doi parola,
Que
por hoi desunidos los veais.
Y en esto no os hago la mamola,
Antes assí menos cansados vais;
Porque el meteros
más, en mi conciencia
8795
Sería un pecadazo de
imprudencia.
Fin del Canto XI
I
Andando un día fuera de Milán
Sin bastón,
con un cierto compañero,
Yo iba siempre tras él
pian pian,
Tropezando, y él siempre iba el primero.
8800
Porque llevava un palo de Jayán
Tan largo, como
un olmo verdadero.
Dividióle él en dos, diome
a mí el uno,
Y assí fue más holgado
cada uno.
II
Un Frayle, que debía por fortuna,
8805
O por desgracia hacer en una villa
Dos pláticas,
teniendo sólo una,
Qué hizo? no hizo
más que dividilla,
Como parten las passas en Osuna,
Y dejó más contenta a la Gavilla,
8810
La qual
la oyó con gusto, y nada oyera
Con él, si
la embocara toda entera.
III
Me agradó esta
invención, y diome gana
De hacer lo mismo yo. Dispuse
un Canto
Que no tenía fin (miseria humana!)
8815
Dividíle
en dos partes; y por quanto
Ya recité la una. Aora
su hermana
Quiero al baile sacar, porque entre tanto
En esto, si no yerro, formo juicio
Que a vosotros y a mí
hago un servicio.
8820
IV
A vosotros; por quanto el
otro día
Os retirasteis menos fatigados,
Pues antes
de sonar la Ave María
A casa os embié ya despachados;
A mí; porque si de esta historia mía
8825
Todos
los versos fueren recitados
Faltava la ocasión de
empavonarme
De que esta vez venís también
a honrarme.
V
Mas no penséis, que sea este
artifizio
Mío, por interés o conveniencia
8830
Vendiendo esta leyenda: tan mal juizio
No le sufre mi honor,
ni mi conciencia.
No gastará un quatrín quien
tuvo el vizio
De comprar mi primera impertinencia.
Gratis
tendrá esta otra, y sin usura,
8835
Pues se da como por
añadidura.
VI
Siempre que son corteses las
personas,
Ciego a su discreción yo me abandono
Sin distinguir Cerquillos, ni Coronas.
Mis cosas no las
vendo, se las dono,
8840
Y aspiro sólo a que hombres,
y Matronas
Me presten su atención mientras razono.
Qualquiera otro interés huyo y desprecio
Ni mis
versos merecen otro precio.
VII
Busquen otros cantando
hacer dinero,
8845
Y de sus versos hagan mercancía
El
Avaro, el Bufón, y el Lisongero.
A precio de
oro venda cada día
Cien mentiras en rima el Embustero:
No es tan baja, y tan vil la Musa mía
8850
Quando canto
en Milán, ni su Trompeta
Trompa es de Mercader, es
de Poeta.
VIII
Ni tampoco es mi intento por aora
Cantar de tantos Héroes las proezas
Como honran
nuestra edad. Mi Musa adora
8855
Sus méritos, su sangre,
sus grandezas;
Y aunque no teme ser aduladora,
Teme,
si, ciertas lenguas, y cabezas,
Que sospechar podrían
al oíllo;
Que mi Canto mirara a su bolsillo.
8860
IX
Porque a decir verdad los pobrecicos
No suelen ser
Mezanos de Canciones;
Mas sí los poderosos, y los
ricos.
Y la elección en todas ocasiones,
Salvo en
mui pocos (pues no quiero ozicos)
8865
Al mérito prefiere
los doblones;
Pero yo, que no soy interesado,
Canto
porque me oigáis, y estoi pagado.
X
Por
esso canto sólo a un hombre muerto,
Y no creo haiga
aquí siquiera uno,
8870
Que me tache de injusto, siendo
cierto,
Que su notorio mérito a ninguno
Fue inferior.
Y ya que aora advierto,
Que passa el tiempo; paréceme
oportuno,
De Elvira las hazañas acavar,
8875
Que ayer
no tuve tiempo de contar.
XI
Decía, pues,
que una muger preñada,
Si no ha perdido enteramente
el juicio,
Cosa alguna real, ni imaginada
Deve mirar que
al feto haga perjuicio.
8880
Qualquiera fealdad sólo pintada
Altera el feto, y pégale su vicio,
Haciendo nacer
negro al que era blanco,
Y que el que era perfeto salga
manco.
XII
Provélo de Clorinda con el caso;
8885
Por señas que el tal caso de el camino
Real me desvió,
y en esto acaso,
O sin acaso un grande desatino
Cometí,
y me arrepiento de aquel passo;
Mas por no perder oy también
el tino,
8890
Vuelvo a decir, que Elvira tal vez rara
A los
hombres mirava cara a cara.
XIII
Verdad es que
por no causar enredos
A su pudor los ojos con las manos
Cubría, y los mirava entre los dedos,
8895
Que entreabiertos
dejava en el Verano,
Suplía el abanico aquellos miedos
Con las barillas, medio soverano
Para ver a todo hombre
ayroso, y bello
Desde pies a cabeza, cara, y cuello.
8900
XIV
Otra pequeña usava (Elvia) malicia,
Y la tal
malizuela era ésta:
En señal de su grande
pudicizia
Cubría con un velo rostro y testa.
El
velo embarazava a la codicia
8905
De los otros a ver su faz honesta.
Mas la dejava ver como a nosotros
Las hermosas facciones
de los otros.
XV
Avía esta cautela Elvia
aprendido
En Bolonia, quando era pequeñita;
8910
Porque
toda muger, según he oído,
Es allí
vergonzosa, y la bonita
No quiere su belleza a un atrevido
Exponer, ocultando lo que irrita:
Por lo demás decía
un Boloñés,
8915
Todo el mundo es París,
todo Francés.
XVI
Si tal vez algún
hombre fijo, fijo
Mirava Elvia por inadvertencia,
Ningún peligro avía (Assí lo dijo
Ella
misma) de alguna complacencia.
8920
Todo lo hacía por
el bien de el hijo,
Y no por acto de concupiscencia;
Porque
su temperamento era mui frío,
Bien que yo en esto
de ella no me fío.
XVII
Toda muger compárase
a un Pintor,
8925
Que forme a pinzeladas los retratos,
Pálidos,
negros, blancos, a tenor
De los que allá en
su idea algunos ratos
Formando va. Assí, dice un
Autor,
Los hijos son ya feos, o ya gratos,
8930
Según
lo que la Madre tiene in mente,
Lo qual se entiende hablando
comúnmente.
XVIII
Y si vemos tal vez de
un Padre feo,
Que tiene una Muger blanca, y hermosa,
Nacer
hijos, que en nada a su hymeneo
8935
Se parecen, es cosa peligrosa
Pensar mal de la Madre. Ni yo creo,
Que nadie pensará
de ella tal cosa,
Porque, si bien podrá ser verdadera,
Un juicio temerario es cosa fiera.
8940
XIX
Esto nace;
o nacer puede a lo menos,
De que en toda Muger la fantasía
Es mui viva, y si mirando obgetos llanos
De diversas facciones
cada día,
Estos mismos se estampan en los senos
8945
Tiernos de el feto, que a luz embía,
Y assí
de un Padre feo nace adrede
Un hijo mui hermoso, o
nacer puede.
XX
Por esso, si ocurría la
ocasión,
Nuestra Elvira alegrávase mirar
8950
Ya un Mozo lindo, ya un gentil Garzón.
Y al contrario
sus ojos tolerar
No podían un torpe mascarón.
Y a otra parte volvíanse a girar,
Como en Roma,
Pekín, París, y Amberes,
8955
Y en todo el mundo
lo hacen las mugeres.
XXI
Por lo demás de
Elvira las ogeadas
Casi estoi por decir, que eran mui
puras,
Y no ya penetrantes más que espadas,
Como
son las de tantas Criaturas
8960
Que hacen arder a ciertos camaradas
En llamas vivas, quando ellas mui seguras
Se mantienen
tan frías, como un hyelo,
Sin sudar por su amor siquiera
un pelo.
XXII
Mas y qué emportará,
que ellas no sientan
8965
El fuego, si se fingen encendidas,
Y sus ojos saetas acrecientan
Afectándose en
brasas convertidas?
Qué importa, que a sus ruegos
no consientan
De los otros, haciendo de ofendidas,
8970
Si con
aquel mirar enternecido,
Dispiertan al que estava más
dormido?
XXIII
Fomentan en los hombres la esperanza
Las Mugeres con sus dulzes miradas,
Y alientan más
y más su confianza,
8975
Haciéndolos creer que
están prendadas
De ellos, que creyendo con baladanza
Las Islas ya tocar afortunadas
Se hallan en alta mar,
y en un instante
Quien se soñó montado, hallóse
Infante.
8980
XXIV
Porque aquella, que ayer se le mostrava
Tan inclinada a él, retira el freno,
Y le hace conocer,
que sólo dava
Hojas en vez de fruto. Lo más
bueno
De todo es, que ella después se alava
8985
A sí
misma con ánimo severo,
Teniéndose por casta
e inocente
La que hizo tanto mal adredemente.
XXV
El burlado infeliz se desespera
Se consuma, se seca
hasta los huesos,
8990
Blasfema contra el Cielo, y la Embustera
Muger fue ocasión de estos excesos
Con aquella su
ogeada lisongera,
Que al pobre Mozo revolvió los
sessos.
Ojo, Señoras, ojo a esas ojeadas
8995
Y aprended
de Elvia a ser más remiradas.
XXVI
Era el
suyo un mirar magestuoso,
Que ganava atenciones y respeto:
A nadie alteró el sueño ni el reposo,
Y a
todo corazón le dejó quieto.
9000
Antes bien observó
cierto curioso,
Que infundía pureza con efeto.
Tan
casta y tan púdica Elvira era,
Que quiera Juvenal,
o que no quiera.
XXVII
Todos sabemos ya que Juvenal
9005
Era un hombre podrido hasta los ojos.
Y siendo él
tan perverso hablava mal
De todos, buenos, malos, sanos,
cojos.
No sólo ya a la especie racional,
Mas aun
a los mismos Dioses dava enojos.
9010
Reduzgo a una palabra el
panegírico:
Era el tal Juvenal un gran Satírico.
XXVIII
Los Satíricos son tal vil canalla,
Que dirán mal de el mismo Padre Santo.
Ninguna circunstancia
los acalla,
9015
Ladran, y muerden aunque sea un canto.
A su
mayor Amigo dan batalla,
Hacen con sus Parientes otro
tanto,
Y aun tal vez (éste no es paralogismo)
No
se perdona un Sátiro a sí mismo.
9020
XXIX
Si debemos dar crédito a estos tales,
El mundo
está atestado de Jumentos.
En él sólo
se estiman los costales,
O los talegos de oro, en que hai
cien cuentos.
La Injusticia manda hoi los tribunales,
9025
La
Fe murió en el mil y setecientos.
La virtud y la
Ciencia desterradas,
La Ignorancia, y maldad intronizadas.
XXX
Al oír los Satýricos modernos,
Parece que se acerca el fin del mundo,
9030
Y según sus
lamentos sempiternos,
Las ciencias se calaron al profundo.
Los Literatos no oyen más que eternos
Desprecios.
Yo respondo, y los confundo,
Que el mundo es como fue, y
en adelante
9035
Será lo mismo de hoi: esto es constante.
XXXI
Si miserables son, y pobretones
El día
de hoi no pocos Literatos;
Quántos en todos siglos,
y ocasiones
Se han visto sin camisa, y sin Zapatos?
9040
Siempre
ha avido en el mundo mil hombrones
Despreciados de muchos
mentecatos:
Siempre huvo en él docientos Protectores
De Músicos, de Enanos y Cantores.
XXXII
Pero un Sátyro siempre avinagrado
9045
Todo lo mezcla;
quando todo acusa.
Dice, que el proteger a un gran Letrado
En los Señores Grandes ya no se usa;
Y que
hoi día está todo en tal estado,
Que puede
ir a enterrarse toda Musa,
9050
Porque por la mejor no avrá
Mezenas,
Que el día de hoi dé quatro verengenas.
XXXIII
No avrá un Diablo que ahorque entre
dos palos
A estos Sátyros, classe de Borricos;
Que
a todos, sean buenos, sean malos
9055
Sean Nobles, plebeyos,
pobres, ricos,
Tártaros, Turcos, Moros o bien Galos
Estampan sus dos pies en los ozicos,
Y aun se atreven
tal vez tales personas
A perder el respeto a las Coronas?
9060
XXXIV
Desacreditan digo (esto se entiende
Quanto
está de su parte) aun al más Santo;
Mas su
livor no siempre los ofende,
Pues todo hombre de bien desprecia
tanto
Sus dichos, que ni en burlas los atiende,
9065
Haciendo
el mismo caso de su canto,
Que se hace en París,
Madrid, Osuna
De los perros, que ladran a la Luna.
XXXV
Antes tal vez las lenguas maldicientes,
En
lugar de quitar añaden fama.
9070
Como aquel cierto humor
que entre las Gentes
Chímicas Oleoso humor se llama,
El qual vertido en fuego, a las ya ardientes
Brasas, no
las apaga, las inflama,
Y la encendida hoguera siempre crece
9075
Al passo que el humor más la humedece.
XXXVI
Como palma de el viento que oprimida,
Se alza al
Cielo más recia, y más robusta;
La Fama assí,
quando hállase investida
De lengua vil, malédica,
e injusta,
9080
Se dobla, sí, mas no resta abatida,
Antes
brilla más clara, y más venusta,
Porque el
que injustamente al bueno assalta,
En lugar de oprimirle,
más le exalta.
XXXVII
Y volviendo a mi assunto;
aunque de Elvira
9085
Habló mal Juvenal, y sin respeto,
Diciendo con grandíssima mentira,
Que no era
su mirar mui circunspeto.
Nada pierde su mérito en
la ira
De aquel Autor malévolo, e indiscreto,
9090
Antes
bien yo la estimo por instantes
Cien vezes más, que
la estimava antes.
XXXVIII
Paréceme que
un poco me he encendido
Con Juvenal, y tantos Juvenales,
De que está nuestro siglo abastecido.
9095
Si el gremio
numeroso de parciales,
Que tiene, se me dé por ofendido,
Pobres costillas mías! estos tales,
Si se suelta
el furor que reconcentran,
Son Torrentes que arrastran quanto
encuentran.
9100
XXXIX
Antes, que se los mueve el quieto
chilo
O el atra bilis, quiero, y soi contento
En Penitencia,
de mudar estilo,
Esto es de volver a mi argumento.
Decía
pues (atando el noto hilo)
9105
Que por sacar en Tulio un gran
portento,
Hizo Elvira quanto era de su parte
Ya por
naturaleza, ya por arte.
XL
Fuera de esso primero
que naciesse,
Procuró fecundar su fantasía
9110
De ideal, con el fin que docto fuesse,
Y por tal celebrado
en algún día;
Porque quiso la dicha, que leyesse
Elvia buenos Autores, y sabía,
Que Ciencias, o bien
ya Literatura,
9115
Según Platón, obra es de la
Natura.
XLI
Quiere este Autor, que, estando aún
recluso
El Infante en el útero materno,
Tenga
un saber, que él mismo llama infuso;
Porque pretende,
que por ser tan tierno
9120
Se estampa en él un Rayo algo
confuso,
Cuya luz destello es del Sol eterno,
Y de ellas
nacen, como plantas gratas,
Las que llama él ideas
como innatas.
XLII
Para comunicar estas ideas,
9125
A su hijo, no obstante ser tan varias,
Abandonava Elvira
sus tareas,
Y aun las cosas tal vez más necesarias.
Nunca hablava de hermosas, ni de feas,
Mas siempre de materias
Literarias,
9130
Estando a tú por tú con su Marido,
O con otro hombre docto, y entendido.
XLIII
Si
ocurría tratarse una questión,
Cosa, que entre
ellos mui frequente era,
Quería Elvia tener siempre
razón,
9135
Bien que lo hacía con gentil manera;
Pero siempre en qualquier conversación
Avía
de hablar ella la postrera,
Porque éste en variedad
de pareceres,
El gran privilegio es de las mugeres.
9140
XLIV
Quizá avrá visto alguno, que espiado
Aya las cosas diligentemente;
Como Tulio, que al fin era
dotado
De una clara, sutil, y aguda mente;
Aplicava su
oído delicado,
9145
Y aprendía quizá naturalmente,
(Aunque yo no lo entiendo) quanto oía
Bien
que estava en el vientre todavía.
XLV
Y
de aquí nació en él, a lo que pienso,
Aquel genio que siempre fue creciendo,
9150
Aquel desseo, y
apetito inmenso
De saber, que cada hora iba subiendo,
Siendo
cada momento más intenso
El hipo de ser sabio; y
yo pretendo,
Que todo debe ser atribuido
9155
Al gusto que mostró
aun sin ser nacido.
XLVI
Acostúmbrase (es
cosa natural)
Un Niño, quando se halla todavía
En el vientre Materno al bien o al mal,
Como lo enseña
la filosofía.
9160
Hace lo que su Madre en caso igual,
Porque la está observando noche y día.
O
a lo menos después naturalmente
Movido a hacer lo
mismo que se siente.
XLVII
Por eso vemos oy en
los Señores,
9165
Tantos hijos nacer afeminados,
Cortejantes,
oziosos, Jugadores,
Dormilones, y en todo descuidados.
Amigos de canalla, bebedores,
Y poquíssimos de ellos
cultivados,
9170
Discurriendo de modas, cofias, telas
Y de otras
mugeriles bagatelas.
XLVIII
Dime Tú con
quién andas, y quién eres
Yo te diré,
dice el refrán, provado
Con la experiencia entre
hombres y mugeres.
9175
Lo que quiere decir, bien explicado,
Sin que haiga Variedad de pareceres,
Que todos, todos
de qualquier estado,
Nos parecemos ordinariamente
A quien
tratarnos cotidianamente.
9180
XLIX
Elvia por lo común
sólo tratava
Con gente docta y sabia. Si venía
Un Necio a visitarla, la asserrava.
Sufrir a un Petimetre
no podía.
A ningún Novelista oídos
dava,
9185
Y a todo cortejante despedía.
Los Literatos
eran su consuelo,
Los demás para ella un puro
hyelo.
L
Cosa en aquella edad Rara; no en ésta,
En que las Damas muestran mayor juicio,
9190
Quando a los virtuosos
tanta fiesta
Hacen, abandonando aquel prejuicio,
Que encajado
tenían en la testa
Las Mugeres en tiempo de Fabricio,
Las quales sólo amavan sus maridos,
9195
Costumbre hoi
abolida en nuestros nidos.
LI
Y no me diga alguno
ser incierto,
Que de los Virtuosos son amantes.
Todos
saben que el hecho es hecho cierto
Todos, digo, los mimos
ignorantes.
9200
Negarlo será hacer el mayor tuerto
Entre
las damas a las más brillantes,
Las que lejos de
ser mui enemigas
De la virtud, son hoi las más amigas.
LII
Oy día el bello sexo está aplicado
9205
A honrar a todo aquel que en semi-tonos,
Y en cromáticos
es más celebrado,
Y el que más diestro
es en todos Tonos:
Por mayor Virtuoso es aclamado
En Italia,
de Monas, y de Monos.
9210
O adorable virtud! O virtud clara!
Quién te ha de conocer por essa cara?
LIII
Mas, si son virtuosos los Cantores,
Y virtuosas son las
Cantatrizes,
Virtuosos serán los Ruiseñores,
9215
Los Cuervos, las Calandrias, las Perdizes,
Virtuosos los
Gallos, los Olores,
Virtuosas también las Codornizes,
Y aquellos tiernos pájaros, que en Mayo
Cantando,
de su amor hacen ensayo.
9220
LIV
Más de una
vez a alguno he preguntado,
Por qué se le da un nombre
tan opuesto
A su carácter? y nadie me ha llenado,
Porque uno dice cesta, y otro cesto.
Sólo nuestro
Bartolo me ha aquietado,
9225
Diciendo, aunque en tono mui modesto,
Que en su juicio se llaman assí oy día,
Por antífrasis, o bien por ironía.
LV
Las mugeres no saben de figuras,
Ni Retórica
que nunca han estudiado
9230
Y como oyen en muchas coyunturas
Por Virtuoso a un Músico aclamado,
Creen (y en esto
van seguras)
Que de toda virtud está adornado
Y
por mostrar quánto veneran ésta,
9235
Hacen a todo
Músico gran fiesta.
LVI
Viendo algunas que
hoi se estiman tanto
Los Músicos, y que va ufano
y pomposo
Alguno, sin más mérito que el Canto,
Quisieran que al tal músico orgulloso
9240
Sacudiera
yo el válago algún tanto.
Mas qué me
importa a mí? quiero en reposo
Dejarlos; pues soi
hombre que en efeto
En lo que no me importa, no me meto.
LVII
Assí lo hacía el bello natural
9245
De nuestra Elvira; dejava andar al mundo,
Como andar lo
veía, bien o mal,
Sin que nada alterasse su
profundo
Dulce sueño, ni su semblante igual;
Y gozava
un sosiego sin segundo.
9250
Sola una cosa allá dentro
del pecho
La inquietava, y no hacíala provecho.
LVIII
Aquí, oyentes conviene suponer,
Que
aún no avía nacido Cicerón,
Y que usa
Bartolo en componer
9255
El estilo que llaman de Saltón.
Quiero decir, que déjale correr
Saltando aquí
y allí, que en conclusión
Es como un trabajar
de Cordeleros,
Quanto más laboriosos, más
zagueros.
9260
LIX
De otro modo: Bartolo escrive al
uso,
Que los Cangrejos andan (azia atrás)
Cosa que
le hace un si es no es confuso,
Por no decir alguna cosa
más.
Juzga el Letor que al fin está, y deluso
9265
Se halla al principio, y dase a Barrabás:
Digan
Ustedes si esto es malo, o bueno;
Porque yo no lo apruevo,
ni condeno.
LX
Si alguno es de sentir, o si porfía
En que no sabe andar azia adelante,
9270
Y que no entiende de
Cronología,
O que escrive en Romance de Pedante,
No le condene no por vida mía
Ni le trate de Autor
envergonzante,
Antes bien (dice un gran Peripatético)
9275
Essa es prueva de Ingenio assaz Poético.
LXI
Virgilio comenzó de el cuerdo Eneas
La
historia, por su arrivo allá en Cartago:
Saltó
después a las marañas feas
De Sinón,
embustero más que Mago.
9280
Imitó Juan Bartolo
en sus tareas
Al gran Marón; yo justicia le hago;
Porque seguir el orden natural,
Esso lo hace el Autor más
dozenal.
LXII
Y aquello, que a la menos docta gente
9285
Parece yerro, o falta de memoria,
Astucia es del Autor
que adredemente
Embrolla de propósito la historia,
Porque nadie presuma vanamente
Inferir lo que falta, ni
haga gloria;
9290
Pues una vez sentado este supuesto;
No es
fácil prevenir qué dirá el resto.
LXIII
Y assí saber vosotros la razón
Por
la qual gime Elvira, y triste llora
Escondida allá
dentro de un rincón
9295
No la sabréis, o no os
la digo aora.
Movido su marido a compassión,
Viendo tan afligida a la Señora,
Come Hija (la decía)
algún bocado,
Que este apetito está mui estragado.
9300
LXIV
Era entonces de pocos estimada
La muger,
que no hacía muchos hijos,
Y mucho más si
era muger casada.
Contaba Elvira quarenta años fijos,
Sin tener uno sólo: esto la daba
9305
Gran pena, y la
causava retortijos,
Pareciéndole el caso un poco
estraño,
Porque hacía mil votos cada
año.
LXV
Con todo, quanto el Cielo oyó
piadoso
Sus justos ruegos, que no fueron vanos,
9310
Dándola
un hijo bello, y tan gracioso:
Aunque en Arpino aún
no avía Cristianos,
Como los huvo en tiempo más
dichoso,
Al Cielo levantando ojos y manos
La buena Elvira
fervorosamente
9315
Dirigió a Jove la oración siguiente.
LXVI
Padre Jove, a mis ruegos, y a mi llanto
Un hijo has concedido, que por cierto
Vale; mi voz no alcanza
a tanto
Que pueda declarar el gran contento,
9320
Que en su
concepción tuve: más por tanto
Si ha de ser
el tal hijo mi tormento,
Quiero decir un pícaro vagante,
O gran Padre, quitádmelo delante.
LXVII
Haz, que yo cumpla las obligaciones
9325
De buena Madre con
este hijo mío;
Infundid en su pecho inclinaciones
Nobles, de pundonor, virtud, y brío
Y que el
Niño quando ande ya en calzones,
Vaya a la escuela,
haga calor o frío,
9330
No haciéndose de pencas,
ni roncero,
Y que no salga un pobre majadero.
LXVIII
Dixo, y el caro Niño estrechó al seno.
Mas
la oración apenas terminada,
Se vio a su mano diestra
el quarto lleno
9335
(Cosa en aquel tiempo acostumbrada)
Una
gran llama, sin fragor ni trueno,
Con la qual quedó
Elvira consolada,
Y firmemente bien persuadida
A que del
Cielo avía sido oída
9340
LXIX
Esta Oración,
y otras semejantes
Las Madres de oy a Dios todos los días
Deberían hacer por sus Infantes;
Mas ellas piden
otras gullerías,
De la Oración de Elvira mui
distantes,
9345
Diciendo que éstas son bigoterías,
Por lo qual, si tal vez a orar se atreven,
Claman
por todo aquello, que no deben.
LXX
El Cielo da
a una Madre una hija hermosa
Y pide a Dios con toda devoción
9350
Que se digne de hacerla tan dichosa
Que a un rico enamorar
sepa Garzón,
Y que éste la pretenda por esposa
Sino dote, y que después (como es razón)
La dé todos los gustos que pidiere,
9355
Dejándola
a ella hacer lo que quisiere.
LXXI
Tiene otra un
hijo, y pide luego al Cielo,
Que le destine a un cargo
tan brillante
Como fue el de su Padre o de su Avuelo,
Aunque
el tal Nieto sea un ignorante.
9360
Mas sobre todo que la dé
el consuelo
De lograr tina Nuera Rozagante,
Que traiga
rica dote con efeto
Y que a ella la tenga gran respeto.
LXXII
Suelen, o Madres, ser de este tenor
9365
Las
súplicas, que al Cielo dirigís
Y aun tal vez
suelen ser cosa peor
Lo que queréis, o aquello
en que insistís:
Y assí debéis temer
diga el Señor;
Que no sabéis las cosas que
pedís.
9370
Como, según afirma S. Matteo,
Respondió
a la Madre del Zebedeo.
LXXIII
Aprended, pues primero,
a bien orar,
Si queréis ser de Dios bien despachadas;
Pero como es preciso cooperar,
9375
No debéis vos estar
tan descuidadas:
Día y noche debéis siempre
velar
En educar los hijos, empeñadas
Sobre
todo en hacerlos mui Cristianos,
Después doctos,
mui cuerdos, y mui sanos.
9380
LXXIV
Prudente Elvira,
acudió a los Dioses todos,
Pidiéndolos, que
a Tulio hiciessen bueno,
Mas ella por su parte de mil modos
Cooperó al mismo fin con todo el lleno
De su deber
que el no arrimar los codos,
9385
Y estarse con las manos en
el seno,
Pidiendo a Dios milagros, es tentarle,
O
como dice un Santo, provocarle.
LXXV
Y si Elvira
hizo tanto a benefizio
Del hijo, aun quando no avía
nacido,
9390
Podrá inferir qualquiera hombre de juicio,
Lo que hacía después de ya parido;
Porque
yo, por no incurrir el vizio,
De prolijo, pesado, y detenido,
Omitiendo las cosas principales,
9395
Sólo quiero contar
las más speciales.
LXXVI
Lavava Elvira todas
las mañanas
A su hijo con agua clara y fría,
Que el agua especialmente en tierras llanas,
Hace crecer
las plantas cada día,
9400
Y un gran Dotor escrivía
más de cien planas,
Para provar, que es húmida,
y que enfría
Los nervios, los refuerza y humedece,
Y hasta los mismos huessos endurece.
LXXVII
No
calló esta verdad el gran Omero
9405
Quando con toda seriedad
nos cuenta,
Que Tetis, Madre del Marcial, y fiero
Aquiles, por tres vezes en su cuenta,
Le zabulló
en el río, y a este agüero
Atribuye el Autor,
si él no lo inventa
9410
La virtud, o patraña imperdonable,
De que el agua hace al hombre invulnerable.
LXXVIII
O qué gusto sería en los guerreros
De aquel
tiempo el andar en las hileras
De el enemigo, aun quando
fuesse en cueros
9415
Tan seguros (y dígolo de veras)
Como están los poltrones verdaderos
Tendidos
en sus camas sobre esteras!
Si se lograra esta fortuna hoi
día,
Nuestro Siglo qué de Héroes contaría!
9420
LXXIX
Bien sé, que el Padre Omero adredemente
Con otros sus amigos camaradas
No eran escrupulosos ciertamente
En contarnos verdades apuradas.
Hablaban siempre mysteriosamente,
9425
Y es cosa natural, que las soñadas
Virtudes, con
que al agua enriquecieron,
Por las truchas, y anguilas
lo digeron.
LXXX
Y si hoi día se encuentra
algún tal qual
Inglés, que aya leído
esta mentira,
9430
Y atendiendo al sonido material
En agua helada,
con aquella mira
A sus hijos zabulle, moda tal
Tiritar
me hace a mí de frío, y de ira;
Pues no hago
poco si con agua clara
9435
Lavo tal vez las manos, y la cara.
LXXXI
Y no quisiera yo, si hijos tuviera,
Avezarlos a tan estraño juego;
En vez de esso a
beber los indugera
Mucha agua, porque ésta templa
el fuego,
9440
Y lo mismo también persuadiera
A todo
hombre colérico, a quien ruego
Crea, que el agua
clara y cristalina
Es para todos grande medicina.
LXXXII
Mas de nuestra salud los Taberneros
9445
Tienen hoi
día un zelo singular,
Beben el vino puro, como Cueros,
Y el agua procúranle guardar
Para otros. Yo
les digo: Cavalleros
En mi salud tócame a mi pensar,
9450
Y no es razón que alguno los imbuya
En cuidar más
la agena, que la suya.
LXXXIII
Yo hidrófilo
no soi, y discurrir
Dejo a ciertos Modernos Medicastros
Que hacer tragar nos quieren o imbuir
9455
Que el agua sin [reripe]
ni emplastos
Todo lo cura, atrévome a decir
Que de la Medicina son Padrastros
Los que aclaman al agua
en todo mal
Por divino remedio universal.
9460
LXXXIV
Por lo que toca a mí constantemente
Diré,
que el vino nos conserva sanos,
Como se beba moderadamente.
Los demás todos son discursos vanos,
Y me confirmo
viendo comúnmente,
9465
Que los que dan elogios Soveranos
Al agua, sin medida, y aun sin tino;
Ellos no obstante
aplícanse al buen vino.
LXXXV
Por lo menos
Elvira assí lo hacía
Mientras al Niño
Tulio el pecho daba,
9470
Mucho al agua alavava, mas bebía
El vino más añejo que encontrava
Porque estava
enformada, y bien sabía,
Que alegra el corazón,
y aunque alavava
El agua cada día más y más,
9475
En todo un año no la probó jamás.
LXXXVI
O ya fuesse por arte o por natura
Logró
Elvira el gran don de la templanza:
Sin embargo en aquella
coyuntura
Bebía assaz contra la antigua usanza,
9480
Y assaz comía, pero bien segura
De que fuesse mui
sana la pitanza;
Que el comer y beber hace provecho,
Para
que acuda mucha leche al pecho.
LXXXVII
La leche
es la que da fuerza y vigor
9485
A las Obejas bien apacentadas.
Que por esso procura el buen Pastor
Conducirlas, después
de descargadas
A donde sabe está el pasto mejor
Que las llena de Yerba, y engordadas
9490
Ellas mismas con yervas
y tomillos,
Crían tiernos, y gordos Corderillos.
LXXXVIII
Si Elvira, pues, comía un buen
bocado,
Si bebía buen vino, era mui justo,
Ni piense
por aí algún desalmado
9495
Que el beber y comer
era por gusto:
Hacíalo con fin mui acertado,
Esto es por criar sano y robusto
Al hijo, y quien juzga
lo contrario
Hace un juicio maligno, y temerario.
9500
LXXXIX
Gracias al Cielo, que lo que es en esto
Las hijas
y las Madres de Familia,
Aunque de Elvia no tengan el pretesto,
La imitan que es por cierto maravilla.
Y si assí
la imitaran en el resto
9505
Serían aplaudidas en Castilla
Por lo demás de Elvira la fortuna
De comer
y beber no embidia alguna.
XC
Y si es que alguna
carne, o bebe poco,
Contra el común y mugeril estilo,
9510
Es por el miedo (sea cuerdo o loco)
De no afear la cara,
o porque el hilo
De el sutil talle engorde poco a poco
Con la sustancia del robusto chilo,
O por otro mecánico
respeto,
9515
Que no es por lo común el más perfeto.
XCI
Antes bien nuestras Damas de ordinario
Suelen hacer mui poca diferencia,
Entre el tiempo que nota
el Kalendario
De Carnaval, de ayuno, y penitencia.
9520
Siempre
tienen un mal imaginario
Para desobligarse a la abstinencia,
Y sin hacer escrúpulo ninguno
La Quaresma atropellan,
y el ayuno.
XCII
Un Médico no falta indulgente,
9525
Que por no disgustarlas, las concede
Que coman carne cotidianamente,
Y del ayuno, que fácilmente puede
Hacer cada
una, no se habla adredemente,
Pues juzgando, que de él
essenta quede,
9530
Con corazón tranquilo, y mui sereno
Ni aun consultar se digna al plácido Galeno.
XCIII
Créense, por ser Damas, con poder
Para hacer
quanto quieren en conciencia,
Y buenamente juzgan no tener
9535
Necesidad de hacer más penitencia.
Piensan que darse
puedan al placer
Todo el año con cándida
inocencia,
Y, que haciendo assí, daran un vuelo,
Que las meta de patas en el Cielo.
9540
XCIV
Pero verán,
verán las pobrecitas,
Quando la cuenta den de la
semana,
Que ellas también, a no ser tan benditas,
Vivir vida debían más Cristiana
Y que al
Cielo no guían esquisitas
9545
Sendas de Tierra tan florida
y llana,
Como ellas mismas se abren, y procuran,
O,
por mejor decir, se las figuran.
XCV
Verán,
verán que no se llega al Cielo
Sin mucho padecer
acá en la Tierra,
9550
De hambre, de sed, de ardor, y
hyelo;
Qu[e] la vida del hombre es una guerra,
Y continua
barulla acá en el suelo;
Y en fin verán quánto
desbarra, y yerra
Aquel que piensa, sea mozo o moza;
9555
Irse
derecho al Cielo en su carroza.
XCVI
O a quántos
este error ha seducido!
Y a quántos los seduce
todavía!
Un modo de vivir se ha introducido
Tan
delicado (y lo es más cada día)
9560
Tan sensual,
tan flojo, tan podrido,
Que temo por mi fe, y por vida mía,
Que el tal modo no sea mui Cristiano:
Ojalá que
mi miedo fuesse vano.
XCVII
Si la vida del hombre
fue llamada
9565
Una guerra continua en esta tierra,
Ya no sé,
por mi ánima jurada,
En qué consista
en muchos la tal guerra;
Porque, la cosa bien considerada,
Me parece, si el juicio no lo yerra;
9570
Que en los más
una paz es incesante,
Algazaras, tripudio, y adelante.
XCVIII
Pero al fin será un día coronado
Sólo aquel, que bien aya combatido,
Y el que no
huviera sido buen Soldado,
9575
No será por Cristiano
conocido.
Mas ya sobradamente he predicado
Sobre este
assunto; y temo que al oído
Me diga alguna a boca
hinchada y llena,
Que no meta mi hoz en mies agena.
9580
XCIX
Por esso aquí lo dejo, y me descargo
En quien
mover a emienda y a penitencia
Tenga el ofizio, o sea de
su cargo
A tantos, que no observan la abstinencia,
Lo que
me causa a mí un dolor amargo;
9585
Mas como yo no tengo
esta incumbencia,
Dejarlo quiero a aquellos a quien toca,
Y assí en esta materia punto en boca.
C
Es verdad que esta tecla raras vezes
La tocan nuestros
Padres Oradores;
9590
Y aun aquellos que no son casa-nuezes
Si la tocan, la tocan con mil flores,
(Por no sufrir los
zeños y esquivezes
De ciertas Auditrizes, y Auditores)
Quiero decir tan delicadamente,
9595
Que se queda en ayunas
mucha gente.
CI
Yo los ruego de hablar algo más
claro
Por bien universal de sus Oyentes;
Un estilo
sutil, sublime, y raro
Se les passa por alto a muchas gentes.
9600
No es razón que vender quieran tan caro
De la Ley
las puríssimas corrientes,
Que a beber para su mayor
provecho,
Todos tienen justíssimo derecho.
CII
Pastores sois del gran redil Cristiano,
9605
Y es de vuestro
deber el fundamento
Las reses conducir a un pasto sano,
Pero no apacentarlas de ayre y viento.
Ni os escusará
el pretesto vano
De que ellas tienen poco entendimiento;
9610
Por lo mismo es mayor vuestro delito,
Como lo dice Dante
mui clarito.
CIII
Mas me diréis que estoi
ya mui pesado:
Tenéis razón, y assí,
mudando assunto
Vuelvo a mi Elvira. Juzgo la he dejado
9615
De Madre, y de Nutriz haciendo junto
El ofizio, y guardando
con cuidado
Lo que Ypócrates dice en este punto,
Que durante el dar leche al recién nato,
La Madre
observe estrecho celibato.
9620
CIV
Por tanto, amigo
Marco, si quisieres
(Puesto que en casa estás aora
ozioso)
Emprende algún viage, y donde fueres
No
vivas agitado, o cuidadoso
Que cuidarán del Niño
las mugeres,
9625
Y Elvira, como fuerte, de su Esposo
Llevará
en paz la necesaria ausencia,
Y, por lo que es en mí,
te doi licencia.
CV
Aquí no has de hacer
cosa de provecho,
Y assí vete a Bolonia; mientras
tanto
9630
Te doi palabra que en dejando el pecho
Tulio, y su
Madre se refuerze alquanto,
De llamarte; y he aquí,
que dicho y hecho
Parte Marco, y con secreto llanto,
Estas
pocas palabras a Elvia dijo:
9635
Cara Esposa, el honor, la casa,
el hijo.
CVI
Elvira quedó un poco contristada,
Y una y otra megilla humedecida
Se vio quando partió
su prenda amada;
Mas no dejó por esso la comida,
9640
Porque como prudente y avisada
Temía, que una aflicción,
si es desmedida,
Podía al Niño ocasionar perjuicio,
Y a la verdad en esto tuvo juicio.
CVII
Mas quánto
ha que del pobre Cicerón
9645
Nada hablo? y no hago bien
seguramente.
Cierto, que me venía tentación,
De dispertarle, pues tan altamente
Dormido está,
y malogra la ocasión
De aspirar a la gloria ossadamente.
9650
Despierte, pues, y apréstese a hacer cosas
Insignes,
admirables, portentosas.
CVIII
Mas ya la noche
llega, y se avecina,
Y a todos nos convida al dulce sueño;
Veo que alguno la cabeza inclina
9655
A las rodillas, y es mi
Amigo y Dueño.
Itibus, pues, diré en lengua
Latina,
Que aprendí quando era yo pequeño.
Itibus, digo, y adredemente lo hago,
Porque la luz en este
punto apago.
9660
Fin del Canto XII
I
Sobre el sueño se han dicho muchas cosas,
Ya en prosa,
ya también en poesía,
Que verdaderamente son
curiosas,
Y otras se están diciendo cada día
Quien dice bien de él, quien horrorosas
9665
Cosazas
contra su Genealogía;
Otros prescinden, no hablando
bien ni mal,
Como le dice el genio a cada qual.
II
Ordinariamente dice bien de él
Todo aquel, que
a dormir es inclinado,
9670
Mas de quien duerme poco, y no es
infiel
En lo que habla, es más tal vez vituperado,
Como celebra el bello sexo aquél,
Que está
de alguna Bella enamorado,
Mas el que no lo esté,
si no es bestial,
9675
No habla de las Mugeres bien, ni mal.
III
Unos llaman al sueño el más perfeto
Restaurador de la cansada vida;
Otros del Cielo don,
dado en efeto
Para olvidar los males, por cumplida
9680
De el
oprimido pecho, y un discreto
De la virtud le llama el homicida,
Hermano de la muerte, y hai quien dice
Que su Padre es
el Érebo infelize.
IV
Este afirma, que al
hombre tiene sano,
9685
Y que al enfermo es gran medicamento;
Aquél, que de la sangre es el Tyrano,
Estorvando
su libre movimiento.
Y por mí estoi tocando con la
mano,
Que quando duermo bien me hallo contento,
9690
Sin pesadumbre
alguna, y no quisiera,
Que a dispertarme un simple se viniera.
V
El sueño a todo mal todo cuidado
Si paz
no da, da tregua ciertamente,
Y el pecho, mientras dura,
exonerado
9695
De el humor hipocóndrico se siente
Y,
según escrivió cierto Letrado,
Mientras
duerme es igual toda la gente.
Pues mientras duermo dentro
de mi capa
Igual al Duque soi, al Rey, y al Papa.
9700
VI
Antes bien más dichoso me abandono
Al sueño,
sin el miedo justo, o vano,
De que a usurparme la Corona
y Trono
Se me venga algún bárbaro Tyrano.
Ni de que de algún clarín el ronco tono,
9705
El sueño me interrumpa dulce y sano.
Y sólo
temeré por las mañanas
El devoto rumor
de las Campanas.
VII
Si una imagen tal vez triste
y funesta
El sueño me perturva, otras contento
9710
Soñando
estoi hallarme en un fiesta,
O lleno de oro, y plata, o
bien me siento
Con una Mytra encima de la testa;
Que de
estas fantasías tienen ciento.
Y aunque despierto
vea ha sido engaño,
9715
El rato que me holgué,
no me hizo daño.
VIII
Por esso nunca quise
ser casado,
Para poder dormir tranquilamente,
Ni Médico
ser quise, ni Avogado,
Ni Ladrón; porque duermo largamente;
9720
Sobre todo después de aver cenado
El sueño
se me adapta grandemente
A mi cuerpo, en echándome
en la cama,
Y nada se me da por quien no me ama.
IX
Mas aora conozco he recitado
9725
Sobre el sueño
una larga filastroca,
La qual si huviera un poco más
durado
(Bien que esto decirlo no me toca),
O Dios!
Y quánto huviera ya roncado
Más de uno, o
bostezado con la boca!
9730
Pues vi a muchos durmiendo en essas
sillas,
Y haciendo reverencia a las rodillas.
X
Paréceme acordar algún Doctor
El refrán
de: el dormido, nada pesca;
Mas, como nunca he sido Pescador,
9735
No me hace fuerza una razón tan fresca.
Especialmente
leyendo en cierto Autor,
Que hai entre los refranes
mucha tresca
Y entre ellos el más apto a convencerme
Es el otro: Nunca peca aquel que duerme.
9740
XI
Pues
si siempre estuviéramos dormidos
Tantas culpas no
avría, y tantas penas;
Ni tampoco estaríamos
surtidos
De tantas almas puras, Santas buenas,
De tantos
hombres sabios, y entendidos,
9745
Que los siglos nos dan a manos
llenas.
Si assí me replicare algún morondo,
Yo al Señor replicante assí respondo.
XII
Señor mío, es verdad; pero esa
gente
En nuestros tristes días es mui rara;
9750
Aquella,
que se ve frequentemente
Es la perversa, la que es cosa
clara
Que lo ignorante aforra en lo insolente.
Y assí,
si ésta durmiera todo el año,
El provecho
sería más que el daño.
9755
XIII
Sólo exceptúo aquellos (son mui pocos)
Que
todo el día están bien ocupados,
Y no
lo emplean en amores locos,
Ni en el juego, por no verse
arruinados,
Derramando zequines, y bayocos:
9760
Estos sí,
que ser deben moderados
En dormir, y si yo fuere de aquellos,
Yo haría lo que hacer debían ellos.
XIV
Bien creo que ninguno dudará,
Que uno de tales
Héroes luminosos
9765
Fue Tulio, y fácilmente creerá,
Que hasta estos nuestros días tenebrosos
No
ha avido hombre más sabio, ni le avrá,
Dispertémosle
pues, siendo piadosos,
Porque es razón se aveze desde
Infante,
9770
A no ser dormilón, mas vigilante.
XV
Por lo qual me confiesso arrepentido
De averlo yo dejado
dormir tanto.
Alto, pues, Cicerón, que harto has
dormido,
Despierta, Tulio mío: mientras tanto
9775
Paréceme
que siento algún gemido,
Como medio sollozo, o medio
llanto
Y que la Madre acude apresurada,
Como la Obeja
a la cordera amada.
XVI
La ventana abre en fin
la buena Elvira,
9780
Y al Niño ve algún tanto
avergonzado
De hallarse en cueros, quando alguien le mira;
Si ya, de la virtud enamorado,
No fue contra sí
mismo enojo, o ira
Por aver tanto tiempo al sueño
dado;
9785
Acaríciale Elvira, y le enamora,
Y sin embargo
Tulio gime y llora.
XVII
Acaso gime y llora,
porque piensa
En lo caduca que es aquesta vida,
Que poca
miel, y mucha hyel dispensa,
9790
Empezando a morir desde nacida,
O llora de hambre, y Elvia la despensa
De el pecho en abrir
tarda endurecida,
O llora ya (y esto es sin duda alguna)
Porque el pobrete se meó en la cuna.
9795
XVIII
Y veis aquí con qué desembarazo
Me he vuelto
de patica a mi assunto,
De el que quizá más
de un picaronazo
Me juzgava distante en este punto;
Pero
yo nada tengo de pelmazo,
9800
Y assí un amigo mío
ya difunto,
Decir solía en tono admirativo:
Paseroni
es un hombre expeditivo.
XIX
Ya se cuentan con
este trece Cantos,
Y de Tulio parece que aora empieza
9805
A
hablar. Señores, por mil Santos
No vengáis
a romperme la cabeza,
Que es cien vezes más
dura que los Cantos,
Y, si la pican, crece la dureza.
Mas
ya que está dispierto Tulio, y llora
9810
Sigámosle
un poquito por aora.
XX
Alágale la Madre,
y le consuela
Con dulzes besos, dulzes palabritas;
Y el
Niño a responder en vano anhela,
Alargando acia el
pecho las manitas,
9815
Y abriendo alegremente la bocuela,
Como
suelen hacer las avecitas.
Y su Madre, que aquel lenguage
entiende,
Le toma en brazos, y a su gusto atiende.
XXI
Si está fajado, al punto le desfaja.
9820
Muéstrese
Tulio alegre allá a su modo,
Libre de la opinión,
y de la faja.
Elvia le limpia, y registrado todo
Se desabrocha,
y el pezón le encaja
En la boquita, y apoyando el
codo,
9825
Como Muger modesta y recatada,
Mandó salir
del quarto a la Criada.
XXII
Entonces Cicerón
gallardamente
Avalanzóse al pecho no vedado,
Y a
la materna nutritiva fuente
9830
Aplica el labio un poco apresurado;
Si Elvira mientras tanto dulcemente
Le besa, o ya le rasca,
él mesurado,
Como quien su derecho la confiessa,
Calla, y prosigue en su gallarda empresa.
9835
XXIII
Pero, si otra muger le besa, o toca
(Porque el ver las
Mugeres no las basta,
Y quieren con las manos y la
boca
Palpar si es que los Niños son de pasta)
Cicerón,
agarrándola la toca
9840
Con quanta fuerza tiene la contrasta.
Y con pies y manitas se defiende
De un manoseo, que el
pudor ofende.
XXIV
Es fama que dio a Berta una
puñada
Porque una vez, aviendo resistido,
9845
En brazos
le tomó, y casi faltó nada
Para hacer tuerta
a Gila de Bellido
Por lo mismo; y assí ninguna
ossada
Era a tocarle, si no estava dormido.
Como otro Alcide,
que aún no tenía dientes,
9850
Y supo sofocar a
dos serpientes.
XXV
Bien que de el tal Alcides
no es segura
La Historia, que antes bien es mui incierta,
Y el inventor, quizá por la figura,
Juzgó
que era serpiente una Lacerta,
9855
Y encajónos por tal
dicha aventura.
Esta opinión parece la más
cierta,
Y seguirla es mejor, o menos mal,
Porque la
cosa assí es más natural.
XXVI
Mas
demos que el tal hecho fuesse cierto,
9860
Y que de dos serpientes
en la curia
Se burlasse, en lugar de quedar muerto;
Mayor
azaña fue sin duda alguna
La de Tulio, librándose
despierto
De dos Mugeres, y aun de sólo una
9865
Pues
sola una muger sabe qualquiera,
Que es mucho más
feroz que qualquier fiera.
XXVII
Sábelo
Alcides mismo, aquél que a Anteo
Derribó en
tierra con robusto brazo;
Aquél que desolló
al León Nemeo,
9870
Después de averle roto el espinazo;
Aquél que a Nesso y Caco echó al Leteo,
Y
al Dragón le mató con un porrazo;
Este mismo;
después de tanta gloria,
De una vil mugercilla fue
victoria.
9875
XXVIII
Con razón las Mugeres comparadas
A las vívoras son en muchas cosas:
Unas y otras
traidoras y taymadas,
Unas y otras a qual más maliciosas;
Especialmente quando son tocadas,
9880
Unas y otras irrítanse
furiosas,
Y unas y otras (según dice Galeno)
Tienen
también el más mortal veneno.
XXIX
Antes bien podrá más fácilmente
El
de qualquier Muger emponzonarte,
9885
Pues parece sencilla, e
inocente,
Y sabe la manera de engañarte.
Quando
huye de la Vívora la gente:
En una está el
veneno en una parte.
En otra no se encierra en una pieza,
9890
Pues de los pies se estiende a la cabeza.
XXX
En ellas, digo yo, todo es veneno:
Cabeza, cuello, cara,
ojos, garganta
Y las pellas que ostentan oro el seno,
Movimientos,
meneos, garbo, planta;
9895
Y hasta el mismo desdén parece
lleno
De una dulce ponzoña que te encanta;
Y cantando en tu muerte, pues lo quieres,
Eres Cisne en
verdad, pero al fin mueres.
XXXI
La risa mugeril
es para el hombre
9900
Veneno, y más veneno el tierno
llanto,
Al qual no hai resistencia, y no te asombre
Porque
todo es en ellas un encanto;
O dale si gustares otro nombre
El hecho es, que aquel húmedo quebranto
9905
Penetra
el corazón más valeroso
Y más si es
noble, atento, y generoso.
XXXII
O tú,
que tienes todavía sana
El alma del amor a las Mugeres,
Haz aquello, que al son de la campana
9910
A los tordos tal
vez hacerlos vieres.
Suena el metal, mas no los da la gana
De moverse: Tú, pues, si cuerdo fueres,
Déjalas
inventar mil trazas nuevas
Para moverte; pero no te muevas.
9915
XXXIII
Huye de la muger, como el lentisco
Huye
sagaz el pájaro ya experto;
Si mata con la vista
el Basilisco,
Con la vista mata ella, y esto es cierto,
Porque assí lo cantó un Frayle Francisco,
9920
Que se llamava el Padre Fray Roberto.
Pues, para que mirando
no te mate,
Huye que lo demás es disparate.
XXXIV
Con la presencia, con la vista sola
Veneno brindan;
qué harán con el tacto?
9925
Toda burla con ellas
tiene cola,
Toda palabra dulce, todo acto
Cariñoso
nos hace la mamola;
Porque al fin nos advierte Teofilacto,
Que son todas las hembras venenosas,
9930
Pero más que
las feas las hermosas.
XXXV
Mas vuélvome
a mi Tulio, el qual aferra
El pecho fuertemente mientras
mama,
Y los ogitos vuelve, como perra,
Quando a sus cachorrillos
lame, o llama,
9935
O quando con sus dientes roe, o cierra
Con
un huesso de un Toro de Jarama,
Como quien dice: ésta
es hacienda mía
Lejos de aquí gente profana
e impía.
XXXVI
Elvia le deja estar junto
al sobaco,
9940
Ni tampoco de el pecho le destaca,
Hasta que
quiera el Niño, pues su saco
De leche lleno está
como una baca.
Y Tulio, que ya muestra ser bellaco,
Sólo
piensa llenar bien su barraca,
9945
Estrujando, esprimiendo los
pezones;
Y hace venir la leche a rempujones.
XXXVII
Después, que huvo agotado la basija
No está
contento, y descubriendo el seno,
Con garbo, aplica el labio
a otra botija,
9950
Que está hinchada, como utre de ayre
lleno;
En el cielo después los ojos fija,
Y ya que
hablar no puede, da sereno
Mil gracias a las Diosas, y a
los Dioses
Con dos estornudicos, o dos toses.
9955
XXXVIII
Después de aver mamado media hora,
Y retener lo
que mamó procura,
Alza cabeza, y ojos, y enamora
A la Madre con su gentil postura.
Entonzes la castísima
Señora,
9960
Por estar de peligros más segura,
De el lácteo manantial cierra la puerta,
Porque
no entre el Ladrón, si la ve abierta,
XXXIX
Mas no niega a su hijo el alimento,
Antes de abrir la
tienda está dispuesta,
9965
Siempre que pida el Niño
su alimento
Aunque sea el mayor día de fiesta,
Y muestra Tulio su agradecimiento,
Haciendo mil monadas
con la testa,
Con la qual mudamente a decir viene,
9970
Que
conoce el amor, que ella le tiene.
XL
Y en verdad
tanto Elvira le quería,
Que dejava por él
comida y cena:
Al más mínimo llanto que le
oía
Lo levantava, y de ternura llena
9975
En sus brazos
gozosa le tenía
Hasta verle con faz clara y serena;
Ni a fatiga, o trabajo perdonava
Mientras no se dormía,
o se aquietava.
XLI
Ella sola le arrulla, limpia,
y faja,
9980
Ella ríe con él, llora si llora,
Y porque calle, enséñale la caja;
Ella le
hace cariños, le enamora,
Sin decir que la muele,
ni la maja:
Ella le da mil besos cada hora,
9985
Le alaga, le
menea, le traquiña,
Y ella en fin con el Niño,
se hace Niña.
XLII
Reír me hacen
las Madres a la moda,
Que luego que a sus hijos ven nacidos
Los entregan a otras, y con toda
9990
Serenidad esperan, que
crecidos
Amarán a sus Madres. No acomoda
A los hombres
de juicio, y entendidos
Una costumbre tal, pues muestra
el hecho,
Que el amor maternal le cría el hecho.
9995
XLIII
Los que este amor no tienen, hacen mal,
Y no pretendo yo escusar su error;
Porque es justo,
es debido, es esencial
El respeto a los Padres, y el amor.
Pero por otra parte es natural,
10000
Que uno y otro mayor sea
o menor,
Según menos o más fueron prolijos
Los Padres en criar ellos sus hijos.
XLIV
Es mui
sabido lo de aquel Romano,
Que, retornando a Roma Victorioso,
10005
Salió el Pueblo a encontrarle alegre ufano,
Como
a un Padre un buen hijo respetuoso
Sale a besar la
venerada mano.
Descubrió entre el concurso numeroso
A su Madre y a la Ama, que le aclama;
10010
Qué hizo?
dejó aquélla, y fuesse al ama.
XLV
La Madre se quejó, y él a su queja
Esta
respuesta dio: me concebiste
Por tu deleyte, quando no eras
vieja.
Después de concebido, me pariste,
10015
Porque
más no podías, y assí deja
Que a esta
Muger, que tú misma me diste
Por Madre, y como
tal me dio su pecho,
Como a tal la conzerve su derecho.
XLVI
Ella con gran paciencia me arrullava,
10020
Y quando
estava frío me encubría;
Enjugávame
el llanto, si llorava:
Y mil impertinencias me sufría.
Quando era menester me castigava,
Y sobre mí velava
noche y día.
10025
Juzga aora Tú, si es justa tu
querella,
Viendo lo que Tú hiciste, y lo que hizo
ella.
XLVII
Quántos hijos podrían
otro tanto
Decir, como el Romano entonzes dijo;
A tantas
Madres de mantilla y manto
10030
Que cuidan más de un perro,
que de un hijo?
Ellas quieren holgarse todo quanto
Se pueden
divertir: de que colijo
Que se casaron sólo por holgarse
Sin pretender en más embarazarse.
10035
XLVIII
Si Tulio fue de buen temperamento;
Si no le incomodó
el calor, ni el frío;
Si fue sano el materno
nutrimento;
Si al vizio resistió con tanto brío;
Si fue en el mundo un gran predicamento;
10040
Si fue un mar
de eloquencia, y no ya un río,
Todo a su Madre Elvira
lo debía,
Pues sin ella en verdad ni aun nacería.
XLIX
O el mundo poco huviérale logrado,
Porque suele venir presto la muerte,
10045
Especialmente a un
hombre gran Letrado,
Y Letrado de aquella classe, o suerte.
Sin Elvia Tulio nunca huviera dado
Señales
de varón constante y fuerte,
Y si siempre vivió
robusto y sano
10050
Gracias dé a su buen juicio, y buena
mano.
L
Fajava Elvira mui discretamente
Al Niño
Tulio el tierno cuerpecito,
Y no como lo hacen comúnmente
Las Mugeres, que tienen mui poquito
10055
De sesso, que éstas
oy tan fuertemente
Fajan al inocente parvulito,
Que
por milagro más de alguno cuenta,
Si aquella Criatura
no rebienta.
LI
Por eso el día de oy estamos
viendo
10060
Tantos cojos, tullidos, y estropeados,
Por cansa
de las fajas, no advertiendo
Que son sus miembrecitos delicados,
Y que aun los huessos pueden (no queriendo)
Quedar de su
lugar desencajados:
10065
De manera, que en muchos son las fajas
Precursoras tal vez de las mortajas.
LII
Bendito, pues (decía Juan Meneses)
Aquel País
sencillo y natural,
Que nunca conoció tales arnesses,
10070
O por mejor decir, tan grande mal,
Y bendito también
todas las resses,
Porque no necesitan moda tal,
Pues las
fajas jamás dieran molestia
A ninguna Ave, Bruto,
insecto, o bestia.
10075
LIII
Elvira cuidadosa procurava
Conservar a su hijo en alegría,
Y desde su
nacimiento desterrava
De el Niño toda triste fantasía;
Bien instruida de que ocasionava
10080
Gran daño en la
salud la hypocondría.
Que como hyerva mala presto
prende,
En qualquier campo, y por él largo se estiende.
LIV
Ella todo placer, y toda fiesta
Echa a perder,
si es verdadera y fina;
10085
La cama es duro potro que molesta,
A todo aquel, que a la tristeza inclina,
Y el día
se hace noche, quando ésta
Por su desgracia al hombre
le domina.
No se sufre a sí mismo, es enfadoso,
10090
Sin saber qué es quietud, ni qué es reposo.
LV
Mas si alguno juzgare que yo miento,
Porque
este mal maldito no ha provado,
Ponga los ojos, o bien el
pensamiento
En algún Mozalvete enamorado.
10095
Verále
pensativo, tardo, y lento,
Verále macilento y descarnado:
Si parla, parla siempre de su bella,
Si le hablan,
sólo atiende, si hablan de ella.
LVI
Quiere
dormir, y al punto presurosos
10100
Acuden los suspiros mordicantes,
Excitándole sueños pavorosos,
Que Amor quiere
a los suyos vigilantes.
Siempre están malcontentos,
y zelosos,
Siempre son intratables los amantes;
10105
Siempre
tímidos son, y en compañía
De el Amor,
siempre va la hypocondría.
LVII
Esta
es una carcoma, es un gusano,
Un cáncer, un humor
que va royendo
Poco a poco el corazón humano.
10110
Yo
lo he experimentado, y yo lo entiendo.
Assí, pues
no penséis que parlo en vano;
Prové a curar
mil modos emprendiendo.
Pero prové de todos el desayre,
Pues todos hasta oy fueron al ayre.
10115
LVIII
Pero
ninguno piense, ni aun por sueño,
Que esto nazca
de amor, que amor no tiene
Dominio en mí, pues
yo de mí soy Dueño.
Toda mi hypocondría,
toda viene
De la Vida de Tulio, y de el empeño
10120
De
escrivirla en Octavas, qual conviene.
Esto me tiene consumido
y flaco,
Sin comer, sin dormir, y aun sin tabaco.
LIX
O Juan Bartolo, a tu fatal quaderno
Debo el ser esqueleto
descarnado,
10125
Tiritar en Verano, y en imbierno
Sudar de pura
cólera, y enfado.
Hace en mí la tristeza
un desgovierno
Tan general, y tan desvaratado,
Que quisiera
estar ya en el Paraýso,
10130
A los pies de S. Roque, o
S. Narciso.
LX
Consuélame algún tanto
aquel Platónico
Que escribió nunca hacerse
u[n] buen Poeta
Sin algo de sindéresis harmónico;
Porque jamás arriva a la alta meta
10135
El que no pica
un poco en melancólico:
Esto a decir verdad mucho
me inquieta,
Porque a las vezes se distinguen poco
Un hombre melancólico, y un loco.
LXI
A
la locura vive tan vezina
10140
La hypocondría, que apenas
dista un passo;
Y quando ésta en el hombre predomina,
Luego comienza aquélla a hacer fracaso.
Supo por
experiencia esta doctrina
Nuestro insigne Poeta Garzilaso;
10145
Sábenla mucho más que en otras artes
De los
buenos Poetas las tres partes.
LXII
No ignorava
estas cosas Doña Elvira,
Y por esso a su hijo procurava,
Tenerle siempre mui de tararira
10150
Para lo qual algunos le
contava
Cuentos, fuessen verdad fuessen mentira,
Porque
contra la murria no encontrava,
Remedio más activo,
y más valiente,
Ni que más embelese a cierta
gente.
10155
LXIII
Por esso cada día más
de ciento
Invenciones forjava, o discurría
Para el Niño tener siempre contento;
Unas vezes
haríale cosquillas,
Otras baylar moviéndole
en el viento;
10160
Algunas un sylvato le ofrecía,
Enseñávale
tal vez un real de a ocho,
Pero las más mostrávale
un Vizcocho.
LXIV
Hacíale reír con
sus enredos,
Y ella misma de risa rebentava,
10165
El Chicuelo
mordíase los dedos
De risa, sin saber que la causava,
Como en el juego llamado Zepos quedos,
Que algún
día en España se estilava.
Avréis visto
reír también vosotros
10170
A muchos, porque ven
reír a otros
LXV
Quántos mientras
aora estoi leyendo
Estas Octavas, ríen sanamente,
Porque reír a otros están viendo?
Hacen bien,
que el reír alegremente
10175
Es propio de hombres, a lo
que yo entiendo,
Y el hacer de mui grave eternamente
Sin saber reír nunca no es modestia,
Sino arrastrar
bayetas para bestia.
LXVI
La risa, y la alegría,
si es discreta,
10180
No es, como algunos creen estultizia;
Pues
nos prohíbe Dios por un Profeta
Darnos de la tristeza
a la malicia.
Y aun el mismo Profético Poeta
Dice:
Servite Domino in letitia,
10185
Y el Letamini in Domino, cantando
En sus Psalmos nos va de quando en quando.
LXVII
El que condena una alegría honesta,
Acompañada
del temor de Dios,
No sabe él mismo dónde
está su testa,
10190
Ni yo lo sé, ni aun quizá
lo sabéis vos.
La alegría no fue jamás
opuesta
A la piedad, decía un tal Quirón,
Y hasta el mismo Catón la pretendía,
Pues
la iba a buscar a la Ostería.
10195
LXVIII
Quando
un frasco, o bien dos, o a vezes tres
De Falerno se había
al cuerpo echado,
Tanto gusto era oírle, que
a sus pies
Era cosa de estarse uno embobado
Y con la boca
abierta todo un mes,
10200
Pero el día infeliz y desgraciado,
Que no avía bebido, estava fiero,
Taciturno, espetado,
y mui severo
LXIX
Aquel día, que fue de
sí homicida,
Según nos cuenta un cierto Flaco
Quinto
10205
No avía provado en la comida
Ni en el almuerzo
vino blanco, o tinto.
Y assí huviera logrado
aquella vida
Otro más noble fin, y más distinto,
Como huviesse bebido el gran Romano
10210
Un frasco, o dos de
buen Montepulciano.
LXX
En esta infeliz vida nos
conviene
Mezclar con los trabajos la alegría,
Y
si alguno por grande loco tiene
Aquel sabio, que siempre
se reía
10215
Más loco aún quizá,
si a mano viene,
Era el otro perpetuo Jeremía,
O a lo menos (queriendo decir poco)
Problema es para mí
quál es más loco.
LXXI
Aquél
que nunca ríe, y siempre austero,
10220
Jamás sereno
el lóbrego semblante,
Aquél que nunca ve al
Sol placentero,
Sino siempre anublado por delante,
Camina
presuroso al matadero
Porque vive mui poco, esto es constante;
10225
Pero el de alegre humor, sea quien fuere,
Mientras alegre
vive, tarde muere,
LXXII
Yo que alegres quisiera
ver a todos
Después de sesenta años, y aun
de ciento,
Y con estas Octavas de mil modos
10230
Pretendo que
lo estéis, y este es mi intento,
No me irrito, ni
muérdome los codos,
Quando reís, antes me
dais aliento;
Porque, entre otros, mi fin particular
Es
haceros reír, o rebentar.
10235
LXXIII
Pero diráme
alguno, que la risa,
No es de alegría prueva mui
segura,
Porque tal vez entre ella se divisa,
Un corazón,
que nada en amargura.
Assí es, y esso mismo me precisa
10240
A creer lo que oí decir a un Cura,
Que la risa es
hypócrita y violenta
Quando el alma no está
quieta y contenta.
LXXIV
De estas premisas es la
consequencia,
Que Elvira era muger de gran juicio,
10245
Testa
quadra, y grandíssima prudencia,
Pues no sólo
cuidó que su Novicio
Hijo riesse siempre en
la ocurrencia,
Sino también, sobre el común
prejuicio,
Le enseñó que el contento mere
externo
10250
Es mero fantasmón sin el interno.
LXXV
Aquel contento, digo, que se encuentra
Más
fácilmente en Chozas, y en Cabañas,
Donde
el ayre, y la nieve a su gusto entra,
Sin otro estorvo que
el de paja, y cañas,
10255
Aquel contento, que se reconcentra,
De un Pastor inocente en las entrañas,
Pues
del contento interno los Pastores
Saben más en verdad,
que los Señores.
LXXVI
O! y cómo
viven más alegremente
10260
Los rústicos Villanos
en su inopia,
De lo que vive tanta y tanta gente
Que de
riqueza tiene imensa copia.
Hállase en la Campaña
fácilmente
La alegría sincera al hombre propia,
10265
La que por oro y plata no se halla,
Y en la ciudad es necedad
buscalla.
LXXVII
No creo que en el mundo
hai otra cosa,
Que el ánimo mantenga más tranquilo,
Que ver una Campaña deliciosa,
10270
Como aquella, que
dicen baña el Nilo.
Rara vez entra aquí la
fastidiosa
Tristeza a perturbar quietud, ni chilo,
Y rara
vez se atreven las molestias
A inquietar plantas, frutos,
hombres, bestias.
10275
LXXVIII
Aquí se come al
doble de ordinario
De aquello, que se come en las Ciudades;
Porque de la Cozina el Kalendario
Señala doble
sus Festividades:
Aquí se duerme doble, aquí
el Lunario
10280
En cada quarto da sus libertades:
De aquí
está desterrado el ayre impuro,
Y aquí siempre
se bebe el vino puro.
LXXIX
Aquí se goza
un Cielo claro, abierto,
Y el Paraíso aquí
se ve terrestre;
10285
Tanto, que lo que es yo tengo por cierto,
Que casi embidio a un animal campestre,
Y aun por
esto cada año hize concierto,
De andar a una Campaña
algo sylvestre,
Bien que en un sitio hermoso, ameno, vago,
10290
Cómodo, alegre, que se llama Omago.
LXXX
Un Palacio magnífico se ostenta
En este sitio,
donde más de ciento
Se pueden alojar, según
mi cuenta.
Gózase aquí placer, divertimiento;
10295
La tristeza huye, se ausenta,
Sólo entrada se da
al gozo, al contento,
A la alegría, al garbo,
a la abundancia,
Al esplendor Real, y a la elegancia.
LXXXI
De los altos Palacios mui distante
10300
Gusta estar,
y por eso el Campo abraza.
Tras de ella Elvira fue, como
es constante,
A un sitio ameno, donde no embaraza
Nada
al ayre correr puro, y fragante,
Donde Marco solía
andar a caza,
10305
Por ayer heredado de un Sobrino
No sé
qué possessión cerca de Arpino.
LXXXII
Aquí concurren Damas, Cavalleros,
Por explicarme
assí, de todas partes,
A divertirse alegres, placenteros
10310
Con juegos, invenciones, y mil artes,
Y quantos más
arrivan forasteros
Los Lunes, los Domingos, y los Martes,
Y en lo restante en fin de la Semana,
Son recividos todos
con más gana,
10315
LXXXIII
O Gran Marqués,
honor de los Licinos,
Cavallero sin par, Genio sublime,
Gran gloria de Milán, y sus vecinos;
Consuelo
de el que llora, y el que gime,
Perdona, si a tus raros,
peregrinos
10320
Talentos Musa humilde los oprime,
Sin temor
de que alguno la condene,
Si de lo que ellos son noticia
tiene.
LXXXIV
Tú digno hijo de la Patria
eres,
Heredero feliz de tus Mayores.
10325
El amor de el Común
tus pareceres
Siempre respiran, siempre tus sudores
Al bien universal consagrar quieres;
Y, añadiendo
los frutos a las flores;
Como enseña el Político
Propercio,
10330
Resucitar pretendes el Comercio.
LXXXV
Por esso, aquella Augusta, Gran Princesa,
Que en la más
fiel justíssima balanza
El mérito, y valor
de todos pesa,
Y sabe bien adónde el tuyo alcanza,
10335
Justamente le premió con essa
Noble prenda de amor
y confianza;
Excitando con ella tu ardimiento
Siempre
a servirla con mayor aliento.
LXXXVI
Atento, más
que al propio, al bien ageno,
10340
Te encuentra el Forastero,
y el Paysano,
Siempre afable con todos, siempre lleno
De
amor, de urbanidad, y siempre humano;
Tan generoso, que
émulo es tu seno
De el grande Augusto, Emperador
Romano,
10345
Y mi Musa tal qua, o grave, o leve,
Todo quanto
ella es a ti lo debe.
LXXXVII
En tu Palacio
concebí el deseo
De parir a su tiempo a Marco Tulio:
No me acuerdo en qué mes, mas juzgo y creo,
10350
Que
pudo ser allá entre Mayo y Julio.
Trece Cantos van
ya en el arduo empleo,
En que he estado un tantico majatulio.
No huviera sido assí, a lo que imagino,
Si Elicona,
en vez de agua, diera vino.
10355
LXXXVIII
Tú
me mantienes, sin costarme nada,
Y yo, copleando, sin cuidado
escrivo;
Tú me miras benigno (esto me agrada)
Y yo a tú sombra mui contento vivo.
Mas Marqués
tu modestia es estremada,
10360
Y no quiero tocarla hoi en lo
vivo,
Pues no me tiene cuenta el enojarte,
(Esto que es
dicho a ti, dígolo a parte).
LXXXIX
Y tú,
de mi Marqués digna Consorte,
O gloriosa magnánima
Teresa,
10365
En cuya frente, movimiento, y porte
Tu excelsa
estirpe se presenta impresa,
Tú que mil vezes
te dignaste Norte
Ser, que el rumbo guiasse de mi empresa;
Tú, que enoblezes todo quanto miras
10370
Tú, que
a mi Numen estro nuevo inspiras.
XC
Tú de
Milán, y aun de la Insubria bella
Ornamento feliz,
alto decoro,
Que resplandeces luminosa estrella,
Por tu
virtud tan pura como el oro.
10375
Tú de quien todos dicen:
ves aquella?
Pues aquella que ves es un Tesoro,
Que
sólo saber puede quanto vale,
Aquella, que en el
mérito la iguale.
XCI
Pero volver, por no
enojarte, quiero
10380
A mi Elvira, que está en la Campaña
Con su hijo: viage lisongero,
Que dos vezes se usa en Alemaña,
Era en tiempo de flores el primero,
Y el segundo en Otoño,
quando apaña
10385
El Labrador los frutos, coge el vino.
Y hecho esto retirávase a su Arpino.
XCII
Porque es estraño verdaderamente
El gusto
de Campaña en el rigor
De el imbierno, en que estado
el ambiente,
10390
Y no se ve una hoja, ni una flor:
Lleno el
suelo de lodo comúnmente,
Y que quando se mira causa
horror;
Quando el agua, la nieve, y la neblina
Te precisan
a estar en la cozina.
10395
XCIII
Dirás, que en
la Campaña hai libertad:
Se juega todo el día
sans façon,
Y se duerme la noche con gran paz;
Pero, si no me das otra razón,
Todo esso también
se hace en la Ciudad
10400
Yo en la Campaña busco diversión,
De selvas, prados, bosques, y florestas,
Pero di, en la
Ciudad dónde están éstas?
XCIV
Quando vuelve a nacer la Primavera,
Quando Valles, y Montes
reflorecen,
10405
Quando a encontrar nos vuelve la hechizera
Voz de pájaro pardo; quando crecen
Los racimos
con granos, y se espera
De aquel licor, que tantos apetecen
Gran cosecha: entonzes, sí, que es justo
10410
Estar en
la Campaña, y es grande gusto.
XCV
Entonzes
passo allá quatro semanas,
Sin pensar otra cosa todo
el día,
Que en comer, y beber si tengo gana;
Y quando
estoi en buena compañía,
10415
Passo las noches,
tardes, y mañanas
Sin saber qué cosa es melancolía,
Conservándome siempre en buen humor,
Y en
la mesa sé hacerme grande honor.
XCVI
De
esto el Conde Imbonati es buen testigo,
10420
Pues passamos un
mes alegremente
Otros diez, él, y yo (doze conmigo)
Académicos todos, toda gente
De quien quejarse no
pudo el amigo,
Que no supiesse hacer baylar al diente
10425
Y
toda esta Académica Langosta,
Todo aquel mes mantúvola
a su costa.
XCVII
A costa, sí, de
su bolsillo, y lomo
De Visitar nos vino a todos gana
Montes,
y Lagos de la antigua Como.
10430
Que un ayre puro la mantiene
sana.
Se podría formar un gruesso tomo,
Si la historia
de nuestra caravana
Contar quisiera, y sus sucesos varios,
Parte mui serios, parte estrafalarios.
10435
XCVIII
De Cavallasca la Campaña amena
Fuera a la pluma assunto,
mui bastante:
Ella es Montaña de delicias llena;
En ella no hai vejez, todo es brillante:
En ella crece
de coplear la vena,
10440
Soresi, y Balestier fueron su Dante.
Yo me detuve en ella mui poquito,
Y de Poeta vínome
el prurito.
XCIX
De aquel ameno sitio, y dulze
clima
Quedé perdidamente enamorado:
10445
Parecióme
era el Pindo aquella cima,
Y de verdad estoi determinado
A volver a ponerme presto encima
De Cavallasca, ya
que convidado
Estoi de su Señor, queriendo Dios,
10450
Y passaré con él un mes, o dos.
C
Tres servicios en solos dos caminos
Haré, pues
iré a otros dos Señores:
El primero, el gentil
Conde Rubinos,
Que esperándome está con mil
amores,
10455
Con esso los lugares más vezinos
Veré
también, gozando sus primores,
Y, por cumplir
palabra, dicho y hecho
A mi gran Conde Sola voi derecho.
CI
El Conde Sola con su faz serena
10460
Es el Rey de
los hombres generosos;
No hai que creer su gravedad austera,
Porque no cede no a los más garbosos.
Convidóme
para esta Primavera
Y yo no soi de aquellos melindrosos,
10465
Que, si no los convidan treinta vezes,
Se niegan con esquinzes,
y esquivezes.
CIII
Acuérdome también,
que soi deudor,
No sé quánto ha, de una visita
mía
Al Príncipe Trivulcio, y que a este honor
10470
Añadió el de dejar de el tiempo y día
La elección a su humilde Servidor,
Pues con gran
gentileza y cortesía
Me convidó después
del chocolate
A que el agua a provar fuesse de Omate.
10475
CIII
De mejor gana provaré yo el vino,
Que será
bueno; porque en toda cosa
Es un Señor de un
gusto plus quam fino.
Beberélo sin mano melindrosa
Y diré que el gran chorro Cristalino
10480
Al agua de
su fuente tan preciosa
No llega; pues ya se usa en Nicaragua
Beber el vino y celebrar el agua.
CIV
A propósito
de agua a Castelazio
Andaré, donde está del
Arconati
10485
El famoso magnífico Palazio,
Y un jardín,
que hace excesos a Frascati.
Desde allí al
ameníssimo Cromazio
Caminaré al buen Conde
Pertusati,
Donde hai mil juegos de agua, y en ninguna
10490
Parte
se ve lo que allí se aduna.
CV
Iré
después al sitio de Mombello
Ameno, delicioso, alegre,
sano.
Sitio famoso y en estremo bello,
En el gusto mejor,
y más Romano;
10495
Sitio, y fábrica tal, que por
aquello,
Que se ve, digno es de un Soverano;
Mas
de sus ornamentos el mayor
Es la bondad de su Dueño,
y Señor.
CVI
Y ya que en fin a caminar me
meto,
10500
A Moncuco andaré, y a un Patrón mío
El Conde Belgioyoso, que en efeto
Ama a mi Cicerón,
porque es tan pío,
Que hace ya de este Niño
gran conceto.
Y es buena prueva de esto, que os fío,
10505
Que, si el Conde me ve en alguna junta,
Por él,
con gran cariño, me pregunta.
CVII
Treparé con el Conde Corio el monte
Llamado Orobio,
y entre hyerva y flores
Beberemos los dos en su Orizonte
10510
Aquel vino, que aviva los colores.
Y si al mundo volviera
Anacreonte,
Otro no bebería, no Señores.
Después a Oramo iré, que en su nobleza
Alberga
la piedad y gentileza.
10515
CVIII
De el Conde Lambertengui
no por cierto,
No penséis que me olvido, firmemente
Propongo visitarle en su desierto;
Donde su diversión
continuamente
Es tratar con aquel, y aqueste muerto.
10520
A
caza tal qual vez seguramente
Andaremos los dos de codornizes,
De liebres, de conejos, y perdizes.
CIX
Pero esta
grande caza, si no es varia
Mi esperanza, será no
más que un zero
10525
(Como mi pierna se mantenga sana)
Respeto a lo que hacer después espero
En un
sitio de Casa Garombana,
Donde pienso passar un mes entero,
Con su Dueño y Señor, y otro qualquiera,
10530
Ello se entiende como el Dueño quiera.
CX
Luego que haya ajustado, o bien compuesto
Un negocio,
que traigo entre las manos
Monto a cavallo, y parto luego
a Sesto
A ver los Condes de Adda, dos hermanos,
10535
Que en
lo sabio compiten, y modesto;
Y los tres leeremos en sus
llanos
Tal qual trozo de el Niño Cicerón,
De quien tienen los dos buena opinión.
CXI
A Don Remigio Amigo verdadero,
10540
Andaré, porque está
de allí vezino,
Sin tener que pagar al Calesero,
Pues seguiré por agua mi camino;
Y si es preciso
el tiempo, como espero,
Derechamente a Vaprio me encamino,
10545
A ser huésped de cierto Señor Cripa,
Hombre
a manera de Menenio Agripa.
CXII
Después
parto a las Islas Borromeas,
Donde se usa comer con apetito
Faisanes, Esturiones, y Lampreas,
10550
Y beber un licor archiesquisito;
Pero que yo allá parta no lo creas,
Sin que bien
de palabra o por escrito
Benignamente me aya convidado
Quien me puede mandar como a Criado.
10555
CXIII
Y espero
que en aquellas cercanías
Veré a un Amigo
mío, con quien pienso
Detenerme unos diez o
veinte días,
(Si ya no fuere un mes), con su consenso,
Sin que sea pedirle gullorías;
10560
Pues me quiero cobrar
con este censo,
De las pesetas, que jugando al Ombre,
Y
a la Malilla me ganó aquel hombre.
CXIV
Mas, si perdiere, perderé con gusto,
Porque a lo
menos juego, y me divierto
10565
En Casa Balestier, donde el disgusto,
El tedio, y la tristeza, allá al desierto
Desterrados están; y como es justo
El chiste, la
alegría, y el concierto,
Sin que jueguen jamás
con carta falsa,
10570
De el mismo juego son la mejor salsa.
CXV
Y ya que a viajar el gusto hago,
A disponer
voi luego la maleta,
Para estar unos días en Parbiago
En la Casa Morigia, si me azeta,
10575
Antes que ande el camino
de Santiago,
Porque la debo mucho, y si me aprieta
El prurito de hacer otros viajes,
A otros mil, como viva
iré parajes.
CXVI
Andaré; mas si
todavía quiero
10580
Andar más, me echaréis
mui justamente
Donde no es bien decir. Ya considero
Que
cansado estará aun el más paciente
De averme
oído; pues que yo el primero
Lo estoi de aver garlado
largamente.
10585
Punto, pues, de viages a la lista,
Buenas noches,
y a Dios hasta la vista.
Fin del Canto XIII
I
Los que están todo el año en las Ciudades,
Sin irse a divertir en la Campaña,
(Como tengan
con qué) en todas edades
10590
Tenidos fueron por Nación
estraña
De los que intienden de comodidades,
Y saben
de el vivir la arte y la maña,
Reputados por hombres
infelizes
De Romanos, de Persas, y Fenizes.
10595
II
No saben de verdad, qué placer siente
Aquel que
vive sin cuidado y pena
Lejos de los negocios y la
gente,
En una Quinta sobre todo amena,
Se desahoga la oprimida
mente,
10600
Respirando aire puro, aura serena
Entre campiñas,
selvas, y florestas,
Pisando alfombras matizadas de éstas.
III
Es gran cosa sentarse uno a la sombra
De un
árbol, sobre un césped, junto a un Monte
10605
A
cuyo pie se ve una verde alfombra.
Gran cosa es descubrir
un Orizonte,
Que recrea, embelesa, y casi assombra.
Y sobre todo, dice Genofonte,
Es gran cosa poder decir
un día
10610
Esta bella Campaña toda es mía.
IV
Es gran cosa mirar al jardinero
Cómo
se aplica todo a las labores;
Cómo coge las fresas,
con qué esmero
Las yervas olorosas, y las flores;
10615
Cómo las ubas pálidas primero,
Se hacen rojas
después con las calores,
Cómo creciendo
va de mano en mano
La espiga, y después de ella crece
el grano.
V
Es gran cosa, es sin duda grande gusto
10620
Ver cómo aquélla al ayre se despliega,
Y
ver después al Segador adusto
El placer, con que
canta, quando siega.
Pues que el ver en perretas y sin busto
Respigar a una Moza, y quando llega
10625
La vendimia, con pie
suzio, y ufano
Pisar la uba al rústico Villano.
VI
Gran gusto ver saltar a los Cabritos,
Gran
gusto oír balar en metros varios
A las Obejas, y
a los Corderitos.
10630
Gran gusto oír cantar a los Canarios
Junto a un arroyo, haciendo gorgoritos,
Tanto más
dulzes, quanto más contrarios
Y tal vez es gran gusto
(aunque algo bajo)
Un zoquete almorzar, y un diente de ajo.
10635
VII
Es gran gusto dejar el blando lecho
Aun antes
que la Aurora anuncie el día,
Para estender
la red junto a un barbecho,
Y aplicar de el reclamo la harmonía,
Para engarchar las Aves; pero el hecho
10640
Es, que a mí
me da melancolía
Esta especie de caza apoltronada,
Y la dejo a la gente delicada.
VIII
No niego,
que da gusto, y que divierte
Ver embrollado a un pobre pajarillo
10645
En la red y tal vez quiere la suerte
Que caigan nueve y
diez en el garlillo,
Y es mayor el placer quando se
advierte
Que esto mismo es la salsa del gustillo;
Mas estar
sin moverme es penitencia,
10650
Que no puede con ella mi paciencia.
IX
A mí me gusta ir a buscar los tordos
Entre zarzas, espinas, cambroneras,
Con cuya fruta viven,
y están gordos.
Me gusta andar por Montes, por Laderas
10655
A caza de Conejos nada sordos,
O de liebres velozes, y
ligeras;
Porque si no las cazo, ni las llevo,
Hago
egercicio al menos, y me muevo.
X
Gústame
mucho oír fuertes ladridos
10660
De el Lebrel, de el Mastín,
y de el Alano,
Cuyos eccos rimbonben repetidos,
En el monte,
en el bosque, y en el llano,
Oír del alcabuz los
estallidos,
Y disparar tal vez, si viene a mano
10665
A una liebre,
apartándolo azia el Norte,
Y darla con el susto un
passaporte.
XI
Gústame a caza andar
con perdiguero,
De buena munición bien prevenido:
Gústame ver que el plomo va ligero
10670
A matar la perdiz,
quando de el nido
Alza el vuelo, y quando es más
altanero
La abate a tierra el globo derretido;
Por este,
y semejantes passatiempos
Me gusta el Campo, sí,
pero a sus tiempos.
10675
XII
Me gusta en estación
dulce, templada,
En sitio ameno, y de ayre puro y sano,
Con gente divertida, honesta, honrada,
Que estar
no gusta mano sobre mano,
Quiero decir, estar repantigada
10680
Todo el día a la sombra en el Verano,
O, si es imbierno,
revolviendo el fuego,
Y dada toda al vino, y toda al juego.
XIII
Gente, que va a dormir casi de día,
Y que contra la antigua buena usanza
10685
En la cama se está
hasta medio día:
Gente poltrona, que sólo
a criar panza
Atenta está con su poltronería
Y que, por no moverse, nunca danza,
Gente en fin, por decirlo
claramente,
10690
Que tiene más de estatua que de gente.
XIV
Elvia, que era muger de mucho juicio,
Y viajava
con diverso intento
Iba al campo a moverse en egercicio,
A lo qual la ayudara el buen cimiento
10695
De sus piernas, que
en él tenían vicio,
Por no ser de manteca,
ni de ungüento,
Y su Casa de la otra de Campaña,
Distava una (y no más) legua de España.
XV
La puerta principal de la tal Casa
10700
Mirava, al medio
día; a su fachada
Una plaza, y un pórtico
eran bassa,
De una grande Campiña circundada.
Su
bodega, su pozo de argamasa,
Su Lagar, su Panera aventajada,
10705
Y a la frente de aquel y este Orizonte,
Distante millas
tres, un breve monte.
XVI
Bañávala
cercano un arroyuelo,
Que deleitava mucho a los Mirones
Y junto a él un Lago, que el anzuelo
10710
Regalava con
Truchas, y Salmones.
Más allá un grazioso
boscuezuelo,
Que criava gazapos retozones,
Y un jardín
finalmente bien cuidado,
De un bellíssimo muro circundado.
10715
XVII
Adornado el jardín con gusto fino
De yervas odoríferas, de flores;
Y en el bosque
escuchándose el divino
Concierto, de Canarios, Ruiseñores,
Y de Gilgueros el sonoro trino,
10720
El rumor de la Música,
y colores
De los alados Músicos; es cierto,
Que
si los viera, reviviera un muerto.
XVIII
Desde
un árbol frondoso, do se esconde
Entre sus ramas
verdes un sonoro
10725
Verdelín, canta, y embía
el canto adonde
Una Calandria está, que con decoro
A la harmoniosa música responde,
Y hacen entre
los dos un dulce coro,
Que es un gusto, un echizo, es un
encanto
10730
Y el músico mejor no llega a tanto.
XIX
No niego ni negar jamás podría,
Que
no sea la Música un valiente
Remedio contra toda
hypocondría,
Y más, si canta un Músico
excelente;
10735
Digo sí, que de un Ave la harmonía
Alegra mucho más la negra mente,
Y tal vez
la dará mayor consuelo,
Porque la eleva de la Tierra
al Cielo.
XX
De las Aves es cierto, que en el canto
10740
No se percive sýlaba, ni acento;
Mas tú Letor,
assí Dios te haga santo,
Quando a un músico
escuchas mui atento,
Juzgo yo que percibas otro tanto;
Porque yo de ordinario el rumor siento;
10745
Mas voz articulada
no me toca,
Aunque un palmo el cantor abra de boca.
XXI
Los pájaros no se hacen de rogar,
Como
hoi se hacen muchíssimos cantores,
Que, antes que
se resuelven a cantar,
10750
Hacen rabiar a Damas, y a Señores.
Pero finge no más de no cuidar
De oír sus
gorgoritos, ni primores,
Verás después, por
ostentar su arte,
Que ellos te cantarán hasta serrarte.
10755
XXII
Si de aquéllos la Música te
enfada,
Verás quán presto cessa su harmonía,
Con tirarlos no más que una pedrada,
Lo que
fuera locura, y bobería
Hacer con éstos, aunque
en su brigada
10760
Muchos Orfeos se hallarán oy día,
Tras los quales, por sus ásperos cantos,
Se irían
los guijarros, y los cantos.
XXIII
Quatro horas
es capaz un pajarito
De cantar, sin esguinzes, ni figuras,
10765
Y a un Músico da menos el garlito
Al primer quarto
de hor[a]; si le apuras,
Canta, o rabia después
otro poquito,
Y te cuestan cien reales sus figuras;
Quando
un Canario ya de cantar harto
10770
Te deja alegre, y no te lleva
un quarto.
XXIV
Fuera de esso hallo yo en mi Kalendario,
Que el pájaro más Músico y gentil
Se contenta con poco de ordinario,
Y su pasto es barato,
corto, y vil;
10775
Pero un Músico más que un Dromedario
Comer suele sin mucho peregil,
Y quanto gana más,
y más embucha,
Más hambrea, la panza, y más
la ucha.
XXV
No por esso, Señoras Cantatrizes,
10780
y Señores Cantores, es mi intento
Ofenderos: Seremos
mui felizes
Músicos, y Poetas, si el contento
Es
igual, con algunos apendizes;
Puesto que la Poética
es cimiento
10785
De la Música, siendo cosa llana,
Que
si su Madre no es, será su hermana.
XXVI
Todos somos parientes distinguidos.
Aunque vosotros,
más afortunados,
No nos tenéis por tales conocidos;
10790
Porque vuestros Mezenas deslumbrados
Os tienen; y por esso
estáis erguidos,
Siendo ciertos, que aquellos engañados
De Músicos mantienen un enjambre,
Y a un Poeta morir
le dejan de hambre.
10795
XXVII
Entiendo bien, que aquel
que me divierte,
Y que me alegra quando triste me hallo
Digno es de premio; pero no de suerte
Que a los demás
olvide por premiallo.
Mas si prosigue de la moda el fuerte
10800
A favor de los músicos, yo fallo,
Que, pena de passar
por mentecatos,
Cierren sus tiendas hoi los Literatos.
XXVIII
Ni por esso a vosotros mi lamento
Se dirige
pues no es la culpa vuestra,
10805
Si de oro y plata os carga
el opulento,
Que con vosotros liberal se muestra:
Vuelvo pues, a decir que no lo siento,
Puesto que assí
lo lleva la edad nuestra,
La qual quiere que naden en doblones
10810
Músicos, Lisongeros, y Bufones.
XXIX
Mas
de vosotros (sí) me quejaría
De que en el
recitar frequentemente,
Por hacerlo con brío, y gallardía
Los versos estropeáis infelizmente;
10815
Y al que sudando
estava noche y día
En un músico Drama, malamente
Un Aria que él avía trabajado,
Le obligáis
a que la haga Rezitado.
XXX
Fuera de eso queréis,
que sea sierva
10820
De la vuestra nuestra arte sin razón,
Pues afloja la Música, y enerva
Mil vezes la mejor
composición;
Y habláis mal de nosotros sin
reserva,
Llenos de ventolera y presunción,
10825
Metiéndoos
a Juezes del Parnasso,
De el que os echa a cozes el Pegasso.
XXXI
Quando de los Poetas habláis
mal
No sabéis, ni entendéis lo que decís,
Y hacéis un disparate garrafal,
10830
Callad, pues, y
si dóciles me oís
En viendo alguno que es
juzgado tal,
Aunque no llegue a ser otro Solís,
Hacedle cortesía reverente,
E inclinaos a él
profundamente.
10835
XXXII
Porque si no sois locos rematados
Precisamente avéis de conocer,
Que estáis
a los Poetas obligados,
Pues no podríais vuestro
ofizio hacer
Si ellos los materiales preparados
10840
No os dieran;
y assí debéis creer,
Que el Músico
mejor, y el menos bueno
Comen a costa del sudor ageno.
XXXIII
Antes a nuestra costa os hacéis ricos,
Las espinas tocando a nos, a vos las rosas,
10845
Como saben
y ven grandes y chicos.
Ni por embidia digo yo estas cosas,
Porque nunca picaron mis ozicos
De la embidia las
puntas venenosas
Antes deseo (hablando entre nosotros)
10850
Que haiga unión, y amistad entre uno y otros.
XXXIV
Mi rabia, pues, sólo es con los Señores
Que a vuestro arte (a quien haga buen provecho)
La dispensan
grandíssimos favores
Y no se dignan de mirar derecho
10855
A los Poetas, vuestros Servidores.
De aquí proviene
en vuestro erguido pecho,
El desprecio, con que a
otros Professores
Mira vuestra altivez, vuestra soverbia,
Y desdichado aquel, que os proverbia.
10860
XXXV
Mas
ya estoi con los Músicos pesado,
Y aviendo oído
más de dos mil vezes,
Que siempre es fastidioso lo
pesado,
No volvamos al cántaro las nuezes.
Y lleven
los Poetas su recado,
10865
Porque no han de sonar los almirezes,
Para que ayunen unos y otros coman,
Y dejen éstos
lo que aquéllos toman.
XXXVI
Digo, pues,
lo primero, que obligados
A la Música están
en la edad mía
10870
Muchos Poetas (como yo) menguados,
Cuyos versos se estiman todavía,
Precisamente por
lo bien cantados,
Debiendo su valor a la harmonía
Que les prestan los Músicos Cantores,
10875
A los quales
de todo son deudores.
XXXVII
Y si los míos
logren la ventura,
De que los cante un Músico
valiente,
No desconfío que hagan gran figura,
Y
que echizen quizá a no poca gente,
10880
Quando en la boca
de una Criatura,
Que los estropia, y lee malamente,
Pierden
toda la gracia, y la sazón,
Pareciendo peor de lo
que son.
XXXVIII
Por lo demás razón
no veo alguna
10885
Para decir, que hoi bastará saber
Algo de canto para hacer fortuna.
En la Música
hai mucho que aprender,
Y es fuerza estar cortado en buena
Luna
Sudor mucho, afanar, y posseer
10890
Grande habilidad para
encantar la gente,
Y assí es mui raro el Músico
excelente.
XXXIX
Rara avis aora son los Farinellis,
Rara avis los Bernachis, y Amadores
Rara avis los canoros
Monticellis,
10895
Y otros, como éstos, célebres
Cantores,
Assí como rara avis, sono quelli,
Que hacen Dramas, y llámanse Pastores
De la Arcadia,
en su Monte, o su Gimnasio,
Que puedan hoi hombrear con
Metastasio.
10900
XL
Mas, a decir verdad, temo algún
tanto
Aver andado fuera de camino.
Pues los Músicos
y Aves con su canto
Me divirtieron. Vuelvo a mi destino,
Y quien tenga que hacer un tanto quanto
10905
Váyase luego;
que si hace el desatino
De querer escuchar del Canto el
resto,
Quizá a su casa no andará tan
presto.
XLI
Porque no imito a ciertos Oradores,
Que dicen, engañando al Auditorio:
10910
Dos palabras,
no más, caros Señores,
Y añaden en
un tono precatorio:
Atención mis Amados Auditores,
A este egemplo, que a pocos es notorio:
Perdonad, y escucha[d]
un raro caso
10915
Que confirma lo dicho en este passo.
XLII
Dad oídos no más que a esta prueva,
Con que acabo, que es bella; y el Oyente
Que le cree,
un buen chasco al fin se lleva,
Y al Orador da al Diablo
comúnmente.
10920
Este embuste mi genio no le aprueva;
Pues, aunque soi pesado grandemente
Quien de la buena fe
abusa, y me engaña
Irrita mi furor, mi rabia, y saña.
XLIII
Yo soi en esto de mejor hechura:
10925
Soi pesado,
es verdad, pero hablo claro.
Quien tuviere que hacer, seglar,
o Cura,
Parta quanto antes sin algún reparo,
Porque Dios sabe quánto esta lectura
Durará;
y después que lo declaro
10930
Lavo mis manos, y protesto
a Dios,
Que si os queréis ir, la culpa tendréis
Vos,
XLIV
Decía, pues, volviendo a nuestra
historia,
Que dos vezes solía Elvira andar
(Lo que
creo tendréis en la memoria)
10935
En el año a la
Aldea a respirar;
Y no, como otras muchas, a hacer gloria
De arruinar su familia, y de[s]gastar
En dos meses
con notable daño
Lo que gana el Marido en todo un
año.
10940
XLV
Porque mesa tener quieren abierta,
Y gran conversación las noches todas,
A que concurren,
como es cosa cierta,
Los que perricos son de todas bodas:
La economía assí se desconcierta,
10945
En obsequio
de el luxo, y de las modas,
Y esto me duele mucho, pues
gustara,
Que cada qual de su interés cuidara.
XLVI
No condeno el gastar, ni puede ser,
Mas sí
los gastos tan exorbitantes,
10950
Que precisan a muchos a vender,
O a empeñar oro, plata, y diamantes.
Condeno a los
que tienen que comer,
Y quieren reducirse a mendicantes,
Haciendo de magníficos Señores,
10955
Pero a costa
de sus Acreedores.
XLVII
Condeno, que hagan cosas
arbitrarias
Y que se hagan ridículos con todos,
Porque se olvidan de las necesarias,
Y parecer procuran
de mil modos
10960
Lo que no son, con invenciones,
Mereciendo
por ello mil apodos
Aun de sus mismos hijos, quando crecen,
Y por su vanidad de hambre perecen.
XLVIII
Divertíase
Elvira en la Campaña,
10965
Y honor se hacía, mas
con poco gasto,
Gracias a su prudencia, y a su maña.
Su libertad gozava a todo pasto,
Sin sugeción
alguna a gente estraña,
Enemiga del ozio (jamás
casto)
10970
Todo el tiempo que en Tulio no empleava,
Próvida
a la labor le dedicava.
XLIX
Mas por aora sólo
parlar quiero
De lo que con el Niño Tulio hacía.
Al rayar del albor del Sol primero
10975
De la Casa al jardín
le conducía,
Que ya tenía abierto el jardinero,
Servida de una tal Doña María,
Aya
del Niño y de Nación Tudesca,
Para hacerle
gozar del aura fresca.
10980
L
Todos sabéis, que
el ayre fresco, y puro
Despeja la razón y entendimiento;
Por eso entre el verdor de un monte oscuro
Esplayavan las
Musas su contento,
Y todo buen Poeta os asseguro,
10985
Que entre
el tumulto siempre está violento.
Díganlo
el Ariosto, el Dante, el Taso,
Y dígalo en
España Garzilaso.
LI
El Ariosto verdaderamente
Con razón fue llamado Gran Poeta,
10990
Y una corona de
oro honró la frente
De el Taso, decretada en cierta
Dieta;
De Garcilaso la canora mente
Se alzó con
el renombre de discreta;
De Italia en fin las Musas y de
España,
10995
Se hicieron grandes siempre en la Campaña.
LII
Sus Geórgicas, y Églogas compuso
En ella el gran Marón, el gran Virgilio,
Y
de un insecto vil cantó el abuso,
Primero que de
Creas el exilio.
11000
En ella cantó Omero, o lo dispuso
De Achiles el furor, la ruina de Ilio,
Mas quiso antes
cantar en Rimas llanas
La guerra de los Topos y las Ranas.
LIII
De Poetas sylvestres gran modelo
11005
El Petrarca,
hizo vida solitaria
A manera de Buho, o de Mochuelo,
Como el Sorga lo sabe, en cuya varia
Amena orilla, quando
más mozuelo
Se passeava con su dulze contraria
11010
Y
decir le solía: entre estas flores,
Cantaremos los
dos nuestros amores.
LIV
Y aun Orazio decía,
que es beato
Todo aquel, que con su amada Familia,
Distante
de negocios, y del trato
11015
En una amena Aldea, o breve Villa,
Huyendo de el bullicio, y de el boato,
Entre gente
vivir quiere sencilla,
Y entre flores, Campiñas,
y ganados
Olvida pesadumbres y cuidados.
11020
LV
La
Campaña, como antes os decía,
Especialmente
en próspera estación,
No sólo auyenta
la melancolía,
Sino también despeja la razón;
Y olvidar hace la poltronería,
11025
Infundiendo en las
piernas comezón
De hacer mucho egercicio, por lo
menos
En días largos, claros, y serenos.
LVI
Y goza además de esso el privilegio
De mantener
los cuerpos fuertes, sanos,
11030
Por indulto Divino, y no ya
Regio,
Como se ve en los míseros Villanos.
Y muchos
dados ya por el Colegio
De Dotores por muertos, que en sus
manos
Lo estarían mui luego ciertamente
11035
En el Campo
vivieron largamente.
LVII
Éste los da salud,
mas no los cura
Como cierto Dotor, que yo no quiero
Nombrar, de el qual Dotor es toda cura
Radical, aunque
sea el mal más fiero,
11040
Tanto, que todo enfermo se
assegura
Contra todo accidente venidero.
Sin temor de que
vuelva a la porfía,
Porque enterrado está
al tercero día.
LVIII
Pero al Campo no assí;
si la quartana
11045
Te aflige, o bien la tos, parte a la Aldea,
Y al punto el puro Cielo o ya te sana,
O a lo menos
te alivia, y te recrea
Si en ella estás no más
que una semana,
La experiencia dirá quán útil
sea.
11050
Mas si en ella murieres de contado
Será, porque
assí estava decretado.
LIX
Pues al fin este
es el sobrescrito
De los Dotores, quando muere alguno:
Dicen, que assí en el Cielo estava escrito,
11055
Y que
no escapa de morir ninguno.
Venga en ello, pues sé
que está prescrito;
Pero el consuelo júzgale
importuno,
Porque aora se trata, como es llano,
De morir
o más tarde, o más temprano.
11060
LX
Lo
primero: lograr más fácilmente
En la Aldea
se ve, que en la Ciudad:
En aquélla se vive largamente
Con mayor robustez, y sanidad,
Como se observa más
principalmente
11065
En los que huyen de la ociosidad,
Y abandonan
las sábanas temprano
Igualmente en imbierno,
que en Verano.
LXI
Assí lo hacía
Elvira, que a la Aurora
Se alzava, y al Jardín a
passear iba
11070
Con Tulio mal despierto; y aunque llora
Llorar
lo deja; y no por esso esquiva
Era con él, antes
bien una Señora
Que lo amava con juicio, y con fe
viva
De que era aquél el modo más seguro
11075
De que fuesse hombre sano en lo futuro.
LXII
Yo
no sé comprender lo que oy se usa
De tener
a los Niños todo el año
En una estrecha Cámara
reclusa,
De su tierna salud en grave daño.
11080
Quien
lo hace assí, de la razón abusa
Haciendo que
ayre y sol les sea estraño,
Como si el ayre fuera
pernicioso,
Y el Sol fuera un Planeta venenoso.
LXIII
En un estrecho cuarto retirado,
11085
Donde al ayre, ni
al Sol se les da entrada,
Sino por algún vidrio,
o encerado,
La pobre Criatura está encerrada;
Y después os quejáis de que esmirriado
Salga
el Niño. Valiente panpringrada.
11090
Quando matarle pudo
en la tal pieza,
El ayre corrompido, y la tristeza.
LXIV
Si embiarais vuestros hijos, o Señoras
Que
están pálidos, flacos, y enfermizos;
Al ayre
abierto por algunas horas,
11095
Los vierais colorados, y rollizos,
Tocando con las manos sus mejoras
Ni a vuestras hijas
mendigar postizos
Colores las veríais por sus males,
Porque ellas los tendrían naturales.
11100
LXV
Antes bien, si no fuerais tan poltronas
Vosotras mismas,
y si, despejadas,
Las sábanas dejarais regalonas
Más presto, haciendo a pie algunas jornadas,
Palparían
el bien vuestras personas,
11105
Y seríais más bellas,
y agraciadas,
Passando a vuestra tez clara, y serena
El color de la rosa y azuzena.
LXVI
Tampoco sé
por qué han de ir a Campaña
Padres y Madres,
y dejar los hijos
11110
A cargo en la Ciudad de gente estraña,
Que tal vez entre rústicos cariños
Los pegan
una y otra mala maña.
Sólo sé, que
son blancos los armiños,
Y, manoseados por un hombre
prieto,
11115
Poco a poco negrean con efeto.
LXVII
Después
de aver passeado Elvira un rato
En el Jardín
con su querido hijo,
Se sentava en la yerva, y con recato
Desabrochava el pecho al escondrijo,
11120
Tulio, que no era
nada mentecato,
Se avalanzava a él con regocijo,
Y estrujando el pezón con su manita
Aplicava azia
el mismo la boquita.
LXVIII
En el mismo acto de
mamar, dormido
11125
El gran Héroe de Arpino se quedava.
No era más dulze el sueño de Cupido,
Quando su Madre Venus le arrullava.
Elvia entre tanto un
libro divertido,
Que quando iba a passear siempre llevava
11130
Leía, porque dada a la letura
Era ya desde que era
Criatura,
LXIX
Mientras el Niño Tulio se
alimenta,
Y Elvira en aquel libro está leyendo.
Una Criada fiel estava atenta
11135
A evitar todo ruido, y todo
estruendo;
Mas ya aquél se espereza, ya se tienta
A bostezar. Qué digo? estoi ya viendo
Que
está más listo ya, que está un lagarto
De mamar y dormir cansado, y harto.
11140
LXX
Suspende
Elvira entonzes la leyenda.
Abróchese, levántase,
y va a casa,
Llevando a Tulio en brazos por su hazienda.
El fresco y egercicio hizo en la masa
De su cuerpo un especie
de contienda
11145
En los ácidos, de que ella no era escasa,
Que el lenguage vulgar llama prurito,
Pero en el
culto dícese apetito.
LXXI
Para dar, pues,
vigor al cuerpo flaco
Una sopa almorzó con un Capón,
11150
Y de el licor más puro que ama Bacco
Dos vasos se
bebió por colación.
No almorzó más
por no cargar el sacco,
Y por miedo a su débil complessión.
Assí vence el valor, y aun assí anula
11155
Las
graves tentaciones de la gula.
LXXII
Entonzes no
se usava el Chocolate,
Ni el Thé Chinese, ni
el Caffé Africano.
No bebidas oriundas de Ternate,
Que vienen más allá del Occeano.
11160
Este es
de nuestro siglo disparate,
Pues todas ellas son, si viene
a mano,
A par de nuestro vino, y su alegría,
Bazofia,
suciedad, y porquería.
LXXIII
Y si alguno
de gusto contrahecho,
11165
El vino no le place, ni le agrada,
Que beba agua, y que le haga buen provecho,
Mas pesarále
al fin de la jornada,
Quando no haiga remedio a lo ya hecho,
Y si por ventolera, o caprichada
11170
De beber a lo Grande,
deja el vino,
Palpará que hizo un grande desatino.
LXXIV
Escrúpulo hará alguno de beber
Un vassito de vino, y sin temor
Un quartillo tal vez sabrá
sorber
11175
De chocolate, y más si es el mejor.
Y en
vez de gusto, dame rabia ver
A Mozalvetes llenos de
calor,
Y a Vírgenes púdicas hacer gasto
De
cálidas bebidas casi a pasto.
11180
LXXV
Comer
nuezes moscadas, pimentones,
Que la ardiente Parténope
las vende,
Y a su tiempo engullirse salchichones,
Con todo
aquello, que la sangre enciende,
Sus barrigas passando a
ser fogones,
11185
Cuyo ardor por la máquina se estiende,
El qual me temo mucho, y no me engaño,
Que
al fin produzga algún efeto estraño.
LXXVI
Pero a Elvira volvamos, que a su quarto
Con su hijo
en los brazos se retira,
11190
Cansado de mamar, de dormir harto:
Siéntase en un sitial, y en él respira,
Esperando
que den las doce y quarto:
Va entonzes a comer, y no es
mentira,
Ni Novela fingida, o embustera,
11195
Sino historia
mui fiel, y verdadera.
LXXVII
Porque en Novelas
y en Romances: no
se acostumbra comer, ni aun de ello
hablar,
Ni a sus Héroes he visto apenas yo
Dar tiempo
de comer, ni de cenar:
11200
Cosa que siempre mucho me admiró,
Pues sin comer ninguno puede estar,
Ni hacer hazaña
alguna qual conviene
Que en pie el saco vazío no
se tiene.
LXXVIII
Y no obstante Ferrau, Tancredo,
y otros,
11205
Que boca, dientes, muelas y barriga
Tenían,
mesmamente que nosotros,
De comer escusavan la fatiga;
Pero estos nuestros tiempos ya son otros,
Ninguno hai ya,
que aquella Escuela siga.
11210
Nuestros bravos (inclusos los
de Ronda)
Pares son de la tabla (olim) redonda.
LXXIX
Y hablando de los hombres lo primero,
En comer casi
todos son valientes;
Hacer honor al plato y Cozinero
11215
Suben
las Damas con sus blancos dientes.
La templanza en un siglo
placentero
No reconoce amigos, ni parientes
Reducida
a tratar Anacoretas,
Astrólogos, Beatas, y Poetas.
11220
LXXX
Mientras Elvira en la Campaña estava
Quatro vezes comía cada día,
Y después,
que los platos acavava,
De su poco apetito se dolía.
Almorzava, comía, merendava,
11225
Cenava, y luego al
sueño se rendía,
Por lo qual y tener ya el
pancho harto
Retirávase presto azia su quarto.
LXXXI
Expuesto estava a todos quatro vientos
En
lo más elevado de la casa,
11230
Para escusar tediosos
cumplimientos,
Y registrar la gran campaña rasa.
En él soplava el Norte unos alientos,
Tan frescos,
que aun en julio, quando abrasa
Más de el Sol y de
el Can la unión ardiente,
11235
Por poco tiritava allí
la gente.
LXXXII
En aquel quarto Elvira de ordinario,
Según lo que refiere nuestro Autor,
Tomar
solía el sueño necesario,
Que no passava,
hablando por mayor,
11240
De nueve horas; y en aquel Sagrario
Por un motivo justo, y superior
El ingresso era a todos
prohivido,
Salvo a la sierva, al Loro, y al Marido.
LXXXIII
Y es que entonzes el mundo era un agreste,
11245
Que
no sabía nada de crianza:
Con la Muger ni aquél,
ni el otro, ni éste
Tenían amistad,
ni confianza,
Sino el Marido fiel, y ellas de aqueste
(Según
el rito de la antigua usanza)
11250
Estavan solamente enamoradas:
Selváticas al fin, y mal criadas.
LXXXIV
Sólo al uso atendían y a la rueca,
A hilvanar,
a coser, y calzetear,
Como hace el día de hoi qualquier
Batueca;
11255
Si alguno se atrevía a juguetear
Con ellas
o ya hacer alguna mueca,
Con la rueca le echavan a
passear;
No sabiendo qué cosa eran Amantes,
Chichisheos,
Servientes, Cortejantes.
11260
LXXXV
Estarse sola una
muger hoi día
Se juzga ser en todo desgraciada:
Es preciso que tenga compañía
Ya esté
en la cama, ya esté levantada,
No lo sufriera yo,
si fuera mía,
11265
Mas al Marido no se le da nada;
Sabe,
que su muger es muger casta,
O la supone tal, y esto
le basta.
LXXXVI
Sabe, que no hai peligro ni aun
remoto
De menos pura y limpia pretensión:
11270
Ella es
muger devota, él es devoto,
Y nada harán contrario
a la razón.
Fuera de esso han passado ya aquel coto
De la edad más sugeta a la rebelión,
La qual,
quando en tal término se halla,
11275
Resiste a todo más
que una muralla.
LXXXVII
Antes bien oy los mozos
conversar
Pueden ya con las jóvenes más
bellas,
Sin riesgo de que puedan tropezar
En algún
precipicio, ni ellos, ni ellas,
11280
Porque su amor se queda
en sólo hablar,
Y a más no pasa; puesto que
de aquellas
Todos los atractivos, por fortuna,
No hacen
en ellos impressión alguna.
LXXXVIII
Esto
dicen no pocos con jactancia,
11285
Después que en todo
el mundo se ha estendido
Cierto ayre de tratar, que nació
en Francia
Acaso un poco libre y corrompido;
Pero
ésta ya es doctrina vieja y rancia,
De la que dice
un Sabio conocido,
11290
Que aunque a muchos agrada, y es gustosa,
En la práctica es más que peligrosa.
LXXXIX
Mas yo a estos tales los pregunto luego,
Si fabricados
son de alguna pasta,
Que, por decirlo assí, resiste
al fuego?
11295
O si la carne en ellos no contrasta
A la razón?
Después de esto les ruego
Me digan, con quál
arte guardan casta
La mente en una vida disipada,
De escollos,
y peligros circundada?
11300
XC
Si son del mismo barro
quebradizo,
De que fueron, y son todos los Santos,
Deven
al conversar resvaladizo
Tener el miedo, que le tienen tantos,
Sin fiarse de aquel dicho postizo,
11305
Mal entendido por los
echa-cantos
De que ab assuetis non fit passio, cosa
Errónea en lo moral, y escandalosa.
XCI
Porque aquélla ya specie, o ya impressión
Que (dicen) no los hacen los obgetos,
11310
Demasiado se estampa
en la ocasión,
Aunque entonzes no sienten sus efectos,
Por negar la costumbre la atención,
A lo que están
los hombres más sugetos;
Y éstos el natural
enseña lumbre,
11315
Que se llaman pecados de costumbre.
XCII
Y algunas libertades arriesgadas,
Que
se usan con Casadas, y Donzellas
No las sufría Elvira,
ni aun soñadas;
Porque no era Muger cierto de aquellas,
11320
Que toleran acciones descaradas,
Y llaman vagatelas ellos,
y ellas.
Assí a nadie admitía en todo el rato,
Que a Tulio daba el pecho, ni aun al Gato.
XCIII
Hacer quería mui privadamente,
11325
Y a quatro ojos,
no más; aquella hazienda,
Sin exponer jamás
públicamente
Lo que debe esconderse a quien
no entienda,
Que no es género aquel, que llame gente
A comprarse o venderse en una tienda.
11330
Quando más
de una, con tal o qual pretesto...
No digo más; pues
ya entendéis el resto.
XCIV
Verdad es, que
este vicio no es moderno,
Pues Dante vio ya allá
en cierto viage,
Rabiar a más de dos en el Infierno,
11335
Por la desemboltura de su trage
Andando ya en Verano, ya
en imbierno
Con cierto inmodestíssimo equipage,
Es decir, tan desnudas, que aun a Misa
Muchas van poco
menos que en camisa.
11340
XCV
Y en cólera encendido,
o bien en zelo,
A ciertas hembras, no las más honestas,
Las carmenó la lana, y peynó el pelo,
Como
los peluqueros en las Fiestas;
Y aunque yo nunca llegue
a aquel modelo,
11345
Grito también a muchas imodestas:
Cubrid esso que debe estar cubierto;
Grito y clamo,
mas clamo en el desierto.
XCVI
En el desierto clamo,
y grito en vano
Contra un abuso tan inveterado:
11350
Pero viendo
que al fin yo soi Cristiano
No me arrepiento de aver predicado.
Pesaríame sí, si por humano
Respeto vil me
huviera acobardado,
Dejando de clamar con gran vehemencia
11355
Contra las que atropellan la decencia.
XCVII
Quiérolas
permitir (lo que no creo)
que un pecho tengan todas
de diamante
Impenetrable a todo impulso feo;
Pero será
tan fuerte aquel Danzante
11360
(Y más si es Petimetre
o Chichisveo)
Que en un trage las ve tan provocante,
Y,
que su desnudez curioso azecha,
Sin que en su corazón
llegue a abrir brecha?
XCVIII
Todo esto cierto
ya lo saben ellas,
11365
O si ciegas no son, tarde o temprano
Lo conocen, y más las que son bellas.
Un mirar
sólo, un apretar de mano
Las hace ver, que triunfan
sus centellas
De el pecho más brioso, y más
ufano:
11370
Triunfo de que están vanas, y orgullosas
Mas que a su tiempo llorarán rabiosas.
XCIX
Triunfo infeliz, que de cruel blasonas,
Quando cambias
la más tranquila calma
En naufragio de mil y mil
personas,
11375
Que en dulze tempestad pierden el alma.
Dejemos,
pues, que nuestras Amazonas
Se empabonen con essa
negra palma,
Que a tantos anegó; pero yo cierto
Temo, que ellas tampoco tomen puerto.
11380
C
Tiempo
vendrá, que deis estrecha cuenta
De el mucho mal
que hicieron vuestras modas,
A un Dios severo, a quien en
vano intenta
Nadie engañar, porque penetra todas
Las fraudes, que el humano ingenio inventa,
11385
Mucho más
que el Oráculo de Rodas.
O cómo entonces querríais
aver sido
Modestas con los trages y vestidos!
CI
Porque veréis que la hermosura es vana,
Vana
la gracia, vana la apariencia,
11390
Y sola es grande la Muger
Cristiana,
Que a Dios temió, y amo con reverencia,
Pero a las que incitó moda profana
A vestir sin
rubor, con indecencia
Mui caro costará el aver mostrado
11395
Lo que debiera estar más reservado.
CII
Pero diréis, Señoras, que ya enfado
Tocando vuestras cosas tan menudo,
Y que hablar mal del
sexo es el bocado
Para mí más sabroso, asado,
o crudo,
11400
Y que falto al respeto acostumbrado
Con vosotras;
que nunca estilo mudo,
Y en fin, que de las hembras sólo
escrivo,
Sin tocar a los hombres en lo vivo.
CIII
Respondo a esto y digo lo primero,
11405
Que uso la lima contra
el seno vuestro,
Por ser notorio a todo el mundo entero,
Que en él más vizios hai, que hai en
el nuestro.
Fuera de esso, tanto es lo que os quiero,
Que
por veros a todas sin siniestro,
11410
Y modelos del puro Cristianismo,
Yo propio me olvido de mí mismo.
CIV
Y
más aviendo oído a cien personas,
Que de aver
en el mundo hombres perdidos
La culpa principal es de las
Donnas,
11415
Que encantan sus potencias y sentidos;
Y que si
aquellas fueran Santurronas
O menos provocantes sus
vestidos,
Lo que toca a los hombres, todos quantos
Poco
menos serían que unos Santos.
11420
CV
La respuesta
también os puedo dar,
Que Eurípides dio un
tiempo allá en Atenas.
Púsose en cierto Drama
a ponderar
De la Avaricia muchas cosas buenas,
Y la Cazuela
comenzó a silvar.
11425
Entonzes él sacó
de las Escenas
La cabeza y gritó: sois mentecatos
Que hasta el fin no sentencian los silvatos.
CVI
Sosegóse la Audiencia, y ya impaciente
Esperó
el fin de el Acto. Un Comediante
11430
Expuso el mucho mal que
hace a la gente
La Avaricia en estilo fulminante,
Dixo
que el Avariento realmente,
Verdugo de sí mismo,
impío, y vergante,
Vivía entre zozobras, y
tormentos;
11435
Con lo qual todos fueron mui contentos.
CVII
Esperad, pues, que sea concluida
Mi historia,
poco más que comenzada,
Y veréis, como el
cielo me dé vida
Que a todos tocará razión
doblada.
11440
Yo cubriré con todos la partida,
Sin quedar
a deber a nadie nada;
Y si a vosotras di la preminencia,
Fue respeto, fue amor, y reverencia.
CVIII
Aora,
pues, que ya he cumplido en parte
11445
Con la atención
debida y el respeto,
Quiero aplicarme a la segunda parte,
Y tocando andaré tal qual defeto
De los hombres,
y haré, pero sin arte
Un fiel estracto, y tal, que
os prometo,
11450
No perdonarme a mí desde esta hora
Y
casi que iba a comenzar aora.
CIX
Pero ya estoi
cansado y medio ronco
De un tan largo garlar; ya me parece,
Que me falta mui poco para tronco;
11455
Ya el aliento se va,
o se desvanece,
Y la lengua un sonido hace tan bronco,
Como el rumor de el mar quando más crece;
Ya no
puede sufrir el Auditorio,
Ni yo a mí mismo tanto
parlatorio.
11460
CX
Veo, que son larguíssimos
mis Cantos.
Y veo, que también lo veis vosotros:
Crecen como los hongos entre cantos,
Como crecen las modas
en nosotros.
A nada que me alargo veo tantos
11465
Bostezos,
quantos sois unos y otros,
Hartos todos de oír, y
tolerarme,
Yo de leer, vosotros de escucharme.
CXI
Tengo tanta materia entre las manos,
Que ser breve,
aunque quiera, ya no puedo,
11470
Y vosotros sois todos tan Cristianos
(La verdad se ha de decir sin miedo)
Tan corteses, tan
buenos, tan humanos,
Que agravio haría (assí
os lo concedo)
A vuestra gran bondad notoria y clara,
11475
Si
de ello un punto mi aprensión dudara.
CXII
Pero esta misma vuestra cortesía
Me obliga
a ser discreto, y limitado;
Y assí todos a Dios ha[s]ta
otro día,
Porque la charla de oy ya se ha acabado.
11480
Mañana haré una gran parladuría
Sobre
Tulio, tal qual oy le he dejado
Es decir no durmiéndose
en las pajas,
Sino arrullado en Cuna, y entre fajas.
Fin del Canto XIV
I
Digan lo que quisieren, es un gusto
11485
Esto del estudiar. No
hai en el mundo
Más noble oficio, como un ingenio
justo
De un juicio acompañado esté,
y profundo.
Vivir quisiera yo sano y robusto
Primero un
siglo, después otro segundo
11490
No más que por
saber; pues toda Luna
(Dice una vieja) nos enseña
una.
II
O afortunada aquella sabia gente,
Que
diez siglos vivía, y aun casi ocho:
Entonzes sí
que verdaderamente
11495
Se hacía un hombre docto antes
de chocho;
Mas, por nuestra desgracia, ya al presente
Aquello se acabó: oy hace ocho
Contra tres, el que
llega a los cien años,
Come Pan, bebe vino, y toma
baños.
11500
III
Ya se fue el tiempo en que la
rueca Berta
Dejó, por falta de hilo, o porque manca
Quedó, de puro hilar: ya nadie acierta,
Cansado
de vivir con muerte franca.
Todo escolar tenía entonzes
cierta
11505
La borla de Doctor de Salamanca;
Y a los seis siglos
(a quien esto no alegra?)
La barba de todo hombre
era aún negra.
IV
Oy no es assí:
quando a estudiar se aprende
Ya está cana la barba
más hombruna;
11510
Y apenas del Estudio algo se entiende,
Ya es forzoso hacer luego la importuna
Maleta, sin la qual
ninguno emprende
El viage de aquella infiel laguna,
Por
la qual passa siempre al otro lado
11515
Entre mil ignorantes
un Letrado.
V
Y pues la vida es breve, triste y
corta
Y el arte grande, y grande la ignorancia,
La
razón natural dicta, y exorta
A que aprendamos cosas
de substancia,
11520
Y a que se emplee sólo en lo que importa
El tiempo, que se da a la estravagancia,
O a ciertas vagatelas,
que, pesadas,
Valen tanto sabidas que ignoradas.
VI
Hai algunos, que hilvánanse los sessos
11525
Por saber
lo que no importa un comino:
Uno busca entre Archivos y
procesos
El color de las bragas de Tarquino;
Otro
examina dónde están los huessos
De el perro
favorito de Pipino;
11530
Éste indaga, si es cierto que
en Venecia
Se guardan los zapatos de Lucrecia.
VII
Aquél de una inscripción cargada de años
Arábiga, Siríaca, o Latina,
De la edad quiere
corregir los daños,
11535
Y Dios sabe, si acierta, o desatina:
Tal qual pretende remendar los paños
De un
viejo Autor, o cree, que una mina
Halló en un medallón,
de que no hai pocos,
Que en conclusión no vale dos
bayocos.
11540
VIII
Sobre más de una lápida,
o cubierta
De un libro, libros mil (os lo asseguro)
Se
escriven, y la cosa aún se está incierta,
Es decir, que aún estamos al oscuro.
Y el tal descubrimiento
es cosa cierta
11545
(Aun quando fuese justo) estoi seguro
De
que el papel no vale, ni la tinta
Que gasta aquél,
que, como tal le pinta.
IX
O necios! de qué
sirve esta fatiga
Sobre una cosa vieja, inútil, vana?
11550
Queréis que yo clarito os lo diga?
De vendernos
papel por filigrana:
Si tal vez acertáis (Dios os
bendiga)
Vale más el trabajo, que la lana;
Pues
se puede vivir sin essa ciencia,
11555
Y aun morir con saníssima
conciencia.
X
Mas olá! o Grevios, llenos
de dotrina,
No hablo yo con vosotros, ni otros varios.
No intenta adozenaros mi mohína
Con los que el vulgo
de hoi llama Antiquarios.
11560
Sois de la Historia Griega, y
la Latina
(Assí lo siento) oráculos primarios.
Lo bello, y bueno en tantos derramado
En vuestros libros
todo está encerrado.
XI
Trasladáis
al papel sinceramente
11565
Lo cierto, y verdadero con nobleza:
No como otros, que escriven comúnmente
Lo
que sueñan, o finge su cabeza.
Quanto escrivís,
copiáislo exactamente
Con suma lealtad, gusto, y
limpieza.
11570
Si ocurre specie incierta, o bien dudosa,
Lo
omitís, y passáis luego a otra cosa.
XII
Assí lo hizo el Autor, que tuvo gana
De escrivir
esta no vulgar historia.
De la cuna de Tulio es cosa llana,
11575
Que no tuvo por bien hacer memoria,
Ni aun de las fajas,
ya de seda o lana,
Que la dicha tuvieron, y la gloria
De fajar por Decreto Soverano
(O qué fortuna!) al
Orador Romano.
11580
XIII
De aquel silencio muchos infirieron,
Que reliquias tan raras, y precisas
A nuestro Autor desconocidas
fueron,
Como aora lo son otras mil cosas
O qué sabemos,
si las escondieron
11585
Personas eruditas, y curiosas,
O (lo
que no será gran maravilla)
Si el fuego las
tragó, o bien la polilla.
XIV
Porque, en
caso de averlas encontrado
Nuestro Autor, una docta compondría
11590
Disertación, que avría regalado
A alguna
biblioteca, o Galería,
Donde hoi sin duda huviérase
mostrado,
Bien por dinero, o bien por cortesía,
Cómo a Españoles, Turcos y Franceses
11595
Su Secchia
muestran nuestros Modeneses.
XV
Y puesto que el
Autor el gusto tiene
De en pluma no tomar fajas, ni
cuna,
Lo mismo al Traductor hacer conviene,
Dejando otras
razones, por sólo una.
11600
Y es, que si al texto (al
qual tanto se atiene)
Pretendiera añadir tal qual
laguna,
Los Críticos Censores le sylvaran,
Y Traductor
infiel le publicaran.
XVI
Me dirían, que
soi un embustero,
11605
Que con lo ageno mezclo lo que es mío;
Que yo estorpio un Autor franco y sincero,
Con lo
que añado sin sazón, ni brío;
Que debo
venerar, y no venero,
A todo Autor antiguo, grave, y pío:
11610
Y me dirán en fin cosas tan bellas,
Que no tendré
gran gusto en entendellas.
XVII
Mas si Bartolo
no nos dixo nada
De fajas, ni de cuna; hizo mención
De otros muebles, que estava amobillada
11615
La Sala, y es mui
fiel su descripción.
Era la cama (ya se ve) colgada,
Y capaz para dos a proporción,
Recamadas de
historias las Cortinas,
Con alusiones harto peregrinas.
11620
XVIII
Estava el Trono conjugal pintado,
Y en él
la Honestidad, y Pudicicia,
Cubiertas con un velo delicado.
La fiel sinceridad, y sin malicia
Se dejava observar al
otro lado
11625
Del Matrimonio toda la milizia.
Uno tenía
al cuello como obillo
Como aquello que ponen a un
Novillo.
XIX
Yugo se llama el que oprimía
el cuello,
(Lo único que hoi resta a los Maridos)
11630
El Silencio tenía un grande sello,
Con el qual estampava
los vestidos.
Todo era enigma, y yo no sé entendello.
Mas si queréis estar bien instruidos,
Balestieri
está aí, Caros Hermanos,
11635
Insigne expositor
de estos arcanos.
XX
El qual a punto está
para casarse
Con una Dama joven, rica, bella,
Tanto,
que no es mui fácil encontrarse
Otra que sea más
hermosa que ella.
11640
En suma supo en ella amontonarse
Quanto
hacer puede amable una Donzella.
Lo que yo en Balestieri
más admiro
Es, que en ninguna cosa yerra el tiro.
XXI
Amor dulzes Esposos os bendiga,
11645
Y destierre
de vos toda aflicción:
Suave os sea el reposo, y
la fatiga,
Reyne siempre en los dos la paz, y unión.
Venus sea en el Cielo vuestra amiga,
Y haga nacer de vos
un Cicerón
11650
Cuya vida eternize con su pluma
Otro
Bartolo, u otro Motezuma.
XXII
Vuélvome
aora al lecho conjugal,
Que atajó Balestier por esta
vez.
Sobre un carro veíase triunfal
11655
Las Matronas
antiguas, que de pez
No mancharon el lecho marital,
Que entre todas serían nueve, o diez.
Como un Autor
Syncrónomo lo cuenta,
Salvo siempre algún
error de cuenta.
11660
XXIII
En el Cielo del lecho retratada
Lucrecia estava, rabioso el sobrecejo,
Porque después
de aquella su empanada
Se mató, sin pedir, ni oír
consejo;
O si le oyó, fue mal aconsejada;
11665
Pues privó
de la vida, y de el pellejo
A un niño, que, por ser
hijo de pu...
Sería afortunado sin disputa.
XXIV
Pecar hoi, y matarse, esto no basta,
Mejor
era vivir, y penitencia
11670
Hacer después; Lucrecia si
es que casta
No fue, debió a lo menos la apariencia
Guardar y Colatino, hombre de pasta,
Callaría por
propia conveniencia,
Ni huviera publicado el buen Romano
11675
Su desonor, como hizo allá Vulcano.
XXV
No lo sabría de este modo alguno,
Y desmentir
podría a un Novelero,
Quando aora lo sabe cada uno;
El Cónsul, el Faquín, e el Zapatero
11680
Suben,
que Colatino fue el pobre uno
De tantos, como bajo del sombrero
Llevan lo que los Turcos de Levante
Suelen llevar encima
del Turbante.
XXVI
La vida es lo primero, que guardar
11685
Se debe: después de ella la Muger
Debe guardar la
honra. Assí en vulgar
El Petrarca lo dijo,
y puede ser
Que más de una este error quiera tragar,
Sin que llegue jamás a conocer,
11690
Que ella levanta
un testimonio al texto,
Por estar arrancado de el contesto.
XXVII
En él se explica, pues se maravilla
De que sólo el dolor no la matasse
A Lucrecia; quando
él bastó en Sevilla,
11695
Para que una Donzella
de alta classe
De repente espirasse en una silla,
Aunque el ultrage a tanto no llegasse.
Que una muger al
verse deshonrada
Se reputa por muerta y enterrada.
11700
XXVIII
Qué cosa puede amar en esta vida
La Muger,
que llegó a perder su honor?
Preciso es, que estando
embebecida
En su desgracia, en su ultrajado honor,
En la
hora y lugar de aquella herida,
11705
Continuamente sufra un gran
dolor,
Y que oprimida de un disgusto eterno
Sea el
vivir para ella un nuevo infierno.
XXIX
Con todo
esso, si por desgracia hoi día
Se hallara alguna,
entre éstas, pecadora;
11710
Que tripudie y esté
con alegría,
Decidirlo no quiero por aora.
Sólo
diré, que si es que todavía
Alguna hai tal,
ya plebeya, o ya Señora
(Sin que esto suene a pulla,
o desvergüenza)
11715
No la embidio, el pudor, ni la vergüenza.
XXX
Entre la mugeril caterva honrada,
Que
no manchó la fe matrimonial,
De Peto la Muger es
celebrada.
Ésta, después que se clavó
el puñal,
11720
A Peto le alargó, diciendo ossada:
No temas, Peto, no, que no hace mal,
Y si algún
dolor siente el pecho pío
Sólo es el tuyo,
pero no ya el mío.
XXXI
Después era
Zenobia la constante,
11725
Y la fuerte Penélope valiente,
Cuyos retratos, émulo el semblante,
Mirava
Elvira mui frequentemente
Fiel al Marido hasta el postrer
instante,
Teniendo siempre el propio honor presente;
11730
Dándonos
a entender, quanto en nosotros
Puede el egemplo bueno de
los otros,
XXXII
A un casto lecho dan mayor decoro
Estos esmeros de el pincel y el Arte,
Que la historia de
Angélica y Medoro,
11735
O las redes de Venus y de Marte,
Ni la caza del Ciervo, o la del Toro.
Que pueden
explicarse en mala parte
Porque no es un obgeto dulce, y
tierno
El mirar junto a un lecho tanto cuerno.
11740
XXXIII
Era el lecho de Elvira quatro bancas,
Un Sacón,
una almoada, una Esclavina,
Un colchón con dos sábanas
mui blancas
De tela ni mui vasta, ni mui fina.
Con sus
manos, que cierto no eran mancas,
11745
Se vestía cerrada
la cortina,
Por no ser vista en trage no decente,
Si alguno abría el quarto de repente,
XXXIV
Bien que no era possible, que en la cama
Pudiesse ser
de nadie sorprendida,
11750
Porque se alzava siempre, aunque era
Dama,
Con luz artificial ya prevenida
Por su fiel Camarera;
y aun es fama,
Que quando estava ya medio vestida
Saltava
de la cama, presto, presto,
11755
Y en medio del imbierno hacía
esto.
XXXV
La cama (acostumbrava ella a decir)
Fue de nuestros mayores inventada,
En los sanos,
a efecto de dormir;
En los enfermos por más acomodada
11760
Para menos penar, menos sufrir.
Pero a la gente en ella
apoltronada,
Poco a poco la va haciendo podrir.
Y el consumirse
el hombre más robusto
Es el fruto común de
tan mal gusto.
11765
XXXVI
Su sueño a nueve horas
no llegava
Por conservar el cuerpo ágil y sano:
Dormir en cama dura acostumbrava,
Como debiera hacer todo
Cristiano,
Que la mui blanda convencida estava,
11770
De lo mucho
que daña al cuerpo humano.
Bien que de esto avrá
pocos pareceres
En nuestras poltroníssimas Mugeres.
XXXVII
Dormir no saben sino en cama blanda,
Ni
sentarse sino en silla de pluma,
11775
Cubierto el canapé
de fina holanda,
Y el assiento imitando blanca espuma
Formada de algodón sutil de Irlanda.
Me parecen
a mí (díxelo en suma)
Otros tantos rubíes
o topazios,
11780
Que entre algodón ocupan sus Palazios.
XXXVIII
A la hora de Nona se levantan,
Y de no
haver dormido se lamentan,
Culpando de que el sueño
las quebrantan
Al gallo, a la gallina, y aun nos cuentan
11785
Que las da mal de madre, quando cantan:
Todas escusas son
que ellas inventan.
Mas la poltronería de las
tales
Las llena de miserias, y de males.
XXXIX
Diz que en toda la noche no han podido
11790
Dormir: dicen verdad,
y yo lo creo,
Porque se acuestan quando ya ha nacido
El
Sol; y después al Dios Morfeo
Sacrifican en sueño
bien cumplido
Lo que hai desde el cenith al apogeo,
11795
Siendo
para ellos la primera Aurora
De el medio día la constante
hora.
XL
Aunque yo no me acuesto mui temprano,
Por ser algo poltrón, esto no obstante,
Tal vez
me alzo en imbierno y en verano
11800
Quando se acuestan muchos;
y es constante
Que haciéndolo assí hoi, no
es juicio vano
Creer que harán lo mismo en adelante,
Y de esta moda, que en el mundo hoi passa
El desgovierno
nace de la casa.
11805
XLI
Qué digo de la casa?
al pueblo entero
Se estiende el daño; pues también
aquellos,
Que las cortejan con tan nimio esmero
Es
preciso, que duerman también ellos,
Y en la Ciudad
es cada uno un cero
11810
Que de nada la sirve, quando entre ellos
Hai tal qual, que si fuera más machucho,
Podría
honrarla, y aun servirla mucho.
XLII
Pudiera ser
soldado mui valiente,
En la guerra, y en paz un gran Ministro:
11815
Pudiera ser un gran Jurisprudente,
Un Filósofo,
un Otro Trismegistro,
Y es por su culpa aora un puro
niente,
Aun para Guarda inútil del Registro.
Mas
ya cansan asuntos tan endebles:
11820
Basta de esto; y volvamos
a los muebles.
XLIII
De aquellos muebles, digo,
que tenía
Elvia en su alcova, quarto, u aposento,
Escritos en Caldeo: algaravía
Necesitada de sutil
comento.
11825
Mas a mí me parece que es manía,
O ignorancia de corto entendimiento,
Pretender concordar
en los quadernos
Con los nombres antiguos los modernos.
XLIV
En los tiempos de Elvira no se usava
11830
Las
salas adornar con muebles ricos,
Ni tampoco traerlos se
estilava
De estrangero País: grandes, y chicos
Tratavan
al que en tal manía daba
De loco, o de insensato
en sus ozicos.
11835
Estava entonzes por benigno influxo,
Mui
distante de Italia el voraz luxo.
XLV
El
luxo que hoi traspassa toda meta,
Y aun las columnas de
Hércules traspassa:
El luxo digo, aquel fatal cometa,
11840
Que su esterminio anuncia a toda Casa
Singularmente el
femenil, que arieta
El más fuerte Palazio de argamassa,
Pues el adorno de una sala sola
Casi medio Perú
trae a la cola.
11845
XLVI
Sólo la sala del recivimiento
De la muger se engulle (a lo que he oído)
No digo ya a tal qual, a más de ciento)
La mitad
de la renta del marido.
En la Toeleta míranse sin
cuenta
11850
Cachivaches sin fin, que han consumido
No ya un
caudal, sino un tesoro eterno.
A tanto llega ya el luxo
moderno.
XLVII
El luxo, que Provincias ha arruinado,
Por el qual tanta gente hambrienta anda,
11855
Mui bien Italia
lo ha experimentado,
Donde el luxo a baqueta a todos manda.
Véndense a precio aquí desmesurarlo
Los géneros de Francia, y los de Olanda:
Y esta
Italia se lamenta, y dice,
11860
Que el hado no la quiere hacer
felize.
XLVIII
Se duele de que ya la avara tierra
No corresponde al Labrador avaro;
Que ya las tempestades
y la guerra
Convierten la Campaña en desamparo;
11865
Que a las lluvias el Cielo el passo cierra,
Que el Campo
está abrassado sin reparo,
Que hombres y brutos
muérense de hambrientos
Teniendo contra sí
los elementos.
XLIX
En suspiros prorrumpen, y en
gemidos,
11870
Porque ya de la Iberia, ya del Norte
Viene gente,
que turba a sus sentidos
La bella paz. No advierte que a
Mavorte
Llama ella con eccos repetidos
De su luxo, notorio
en toda Corte,
11875
Y que una gente vil, vaga y ociosa
No hace
frente a la fuerte y belicosa.
L
Conócete
a ti misma Italia amada,
Ponte al pecho la mano por un poco,
Y después de estar bien examinada,
11880
Reconoce el origen
vano, y loco
Que te tiene años ha desfigurada,
Y
aplícate al remedio poco a poco.
Mira al tiempo presente,
y al passado,
Y hallarás que tú misma lo has
comprado.
11885
LI
Piensa quanto a las Artes fuiste atenta,
Nacidas y educadas en tu seno:
Piensa, que un día
estavas mui contenta,
Con lo que producía tu terreno,
Y que hoi de ti tu antigua gloria auyenta
11890
De el luxo, y
de la crápula el veneno,
La antigua parsimonia desterrando
Y que vas cada día empeorando.
LII
Entonzes
aspiravas al honor
Por armas, Artes, letras y doctrina
11895
Hoi entre el ozio, el juego, y el amor
A desterrar la Magestad
Latina.
Por su govierno, y su Marcial valor
Fuiste
Reyna del mundo. Si tu ruina
Decretaron los Dioses con sus
sellos,
11900
Cúlpate Tú a ti misma, mas no a ellos.
LIII
Vuelve a llamar las Artes a tu suelo,
Despierta
ya este ingenio amodorrado,
Que en otro tiempo te elevó
hasta el Cielo.
Destierra la ambición, y al moderado
11905
Uso de las costumbres, todo el zelo
Que hizo tan respetable
a tu Senado
Aplica con constancia, y con decoro
Y
verás revivir el Siglo de oro.
LIV
Echa
de ti los usos perniciosos,
11910
Y las fatales modas estrangeras,
Con las quales te chupan los golosos
Tu substancia, tu
honor, y tus dineros.
Vayan fuera los muebles suntuosos
De espejos, cornucopias, candeleros,
11915
Y de tantos inútiles
arneses
Ingleses, Olandeses, y Franceses.
LV
O vieja oziosa, Vieja soñolenta
Dispierta ya
de esse fatal letargo,
Y la ira de Dios teme sangrienta
11920
Yo te lo digo Italia en ancho y largo,
Mas si (lo que el
Cielo no consienta)
Os burlaréis de mí, yo
me descargo,
Y no me quitará nadie el consuelo
De
que cumplí a lo menos con mi zelo.
11925
LVI
Aora,
pues, que hize ya, como hais oído
Contra la pobre
Italia una invectiva,
Creo averme librado (no sin
ruido)
De un peso, que me hacía alguna giba,
Ni
creo ser por esto reprendido,
11930
Pues gozan años ha
la privativa
Nuestros Poetas de la Italia bella
De hablar,
por lo común, mui mal de ella.
LVII
Todo
aquel, que el Parnaso subir quiere,
Y mostrarse de Italia
digno hijo
11935
El respeto la pierde, y aun la hyere
En tono
de consejo: esto es mui fijo.
Yo ya hize mi deber,
sea el que fuere,
Y aun pequé un si es no es en lo
prolijo.
Vuelvo pues a la historia comenzada,
11940
Y a Elvira
que me espera amostazada.
LVIII
En su cámara
avía tres Armarios,
Con plumas, con papel, tintero,
y tinta,
Argadillo, usos, rueca y tal qual cinta.
Dos mesas,
un sitial, y libros varios,
11945
Y una estatua no grande, ni
sucinta
De la Diosa que Cinthia el gentil llama,
Y una cuna mui cerca de la cama.
LIX
En ella sin
dolor y sin cuidados
Passava muchas horas, noche y día,
11950
Nuestro Tulio, ya abiertos, ya cerrados,
Sus ogitos según
le parecía,
Mientras Elvia atendía a sus usados
Labores, ya hilbanava, ya cosía;
Y el Niño
se quedava dormidito,
11955
Con un sueño apacible, y dulcecito.
LX
No turbavan el sueño a Cicerón
Aquellos fantasmones y figuras
Que suelen espantar
el corazón
De ciertas pavorosas criaturas,
11960
Y tal
vez natural efecto son
De el excesso en usar bebidas puras,
Si ya no nace de franquear abiertas
A la imaginación
sus locas puertas.
LXI
Quando el sueño sus
artes desplegando
11965
Va poco a poco, y entra lentamente
Los
cuidados de el día desterrando,
Deja a la fantasía
libremente
Vagar por donde quiere, sin que al mando
De
la razón se rinda, y comúnmente,
11970
Como no está
tullida, ni está coja,
Gira y vuela a donde a ella
se le antoja.
LXII
Por la región del ayre
corre, y vuela,
Baja al abysmo, o bien súbese al
Cielo,
Se entristeze, se aflige, o se consuela,
11975
Según
lo que se agita en el cervelo,
Y, como enseña la
moderna Escuela,
Lo que dispierto vio bien ordenado
Dormido sueña ver, mas trastornado.
LXIII
A tal uno, que arde, tiembla, espera
11980
Y muere por un rostro
hermoso y tierno,
Parécele estar viendo allá
en la Esfera
Su dulce prenda; y no ve más que un
cuerno.
Juzga que le saluda placentera,
E imaginándose
ya Marido, y Yerno.
11985
Iba a hablar a su Dueño idolatrado,
Dispierta, y reconócese burlado.
LXIV
Sueña en Selvas, y en Perros el que caza,
Y tal
vez en Perdizes, y en Faisanes,
El soldado en sus armas,
y amenaza
11990
A Franceses, Ingleses, y Alemanes.
El Pescante
en sus redes, dando traza
De que no se las rompen los Caymanes,
Imagínalas llenas de Cabial,
Y halló, que
pescó sólo el orinal.
11995
LXV
Más
de una vez a mí me ha acontecido
Soñar, que
un gran bolsillo avía hallado
Lleno de oro,
y aviéndolo creído
Teníame por hombre
afortunado,
Y decía entre mí: no estoi dormido.
12000
Dispertávame, y viéndome burlado
Conocía
de el sueño los enredos,
Pues no hallava en la mano
más que dedos.
LXVI
Mas volvamos ya al texto,
y a su glossa:
Si se oye, o si se ve cosa funesta,
12005
En la
imaginación (dice Barbosa)
Altamente estampada siempre
resta,
Y tal vez dispertando aquella cosa
Convierte
en llanto el sueño de la siesta.
Si quieres dormir
quieto, huya tu vista
12010
De todo quanto assusta, y nos contrista.
LXVII
Sobre todo conciencia limpia y pura
Hace
un sueño suave, dulce, leve,
Ninguna Larva, sombra,
ni Figura
A turbarle se acerca, ni se atreve.
12015
Si la noche
más larga, y más oscura
Quieres que te parezca
clara, y breve,
Refrena las indómitas passiones,
Y libre te verás de fantasmones.
LXVIII
De Cicerón veremos con el tiempo,
12020
Que antes de ir
a la cama examinava
Toda palabra, todo passatiempo
Toda
acción, que entre día egecutava,
Y de su corazón
en paz, y a tiempo
Todo indecente afecto desterrava.
12025
Con
esto se iba al lecho sin quebranto,
Y se dormía como
un Padre Santo.
LXIX
Su Madre procurava,
que lejana
De él estuviesse toda Muger fea.
Y si
a esto se añade lo profana,
12030
No hai Furia, no hai
Medusa, no hai Medea
Comparable con ella. Viene gana
De
vomitar al pobre que la vea
Quanto más ricamente
esté vestida,
Con más asco, y orror es recivida.
12035
LXX
Nunca Elvira en presencia de su hijo,
De los
antiguos célebres Autores
Leía las Tragedias;
porque es fijo,
Que aquel trágico fin de los amores,
En lugar de excitar al regozijo,
12040
Engendra malincólicos
humores,
Y se llena la pobre fantasía
De especies,
que la dan melancolía.
LXXI
Si al hijo el
sueño conciliar quería,
Quando estava de humor,
y más dispierto
12045
Los Cómicos antiguos le leía,
Saltando con prudencia y con acierto
Lo que menos
honesto parecía.
La Odissea (nos dice un Autor cierto)
Le leía, y un trozo de Platón,
12050
Y después
le cantava esta canción.
LXXII
Haz la Nina
y la Nana, hijo querido,
Y duerme siempre sueños
placenteros.
Haz la Nina y la Nana, mi Cupido
Y si no pucheritos,
haz pucheros.
12055
Haz la Nina y la Nana, esto te pido,
Y cierra
essos ogitos embusteros.
Has la Nina y la Nana dulcemente
Y Morfeo te arrulle blandamente.
LXXIII
Cierra
los ojos, y ciérralos quanto antes,
12060
Sin que inquiete
tu sueño cosa alguna.
Cierra los ojos bellos y brillantes,
Y mírate con buenos la Fortuna.
Cierra los ojos,
y ciérralos quanto antes,
Que ya me canso de mezer
la cuna.
12065
Haz la Nina, que ya no hai paciencia,
Y todo esto
cantábalo en cadencia.
LXXIV
Cantando
Elvia, la cuna meneava,
Poco a poco, y el lento movimiento
Grandíssimo placer a Tulio dava.
12070
Los ojos cierra
en fin con mucho tiento,
Y Elvia, que de hito en hito le
mirava,
No hace rumor, no canta; a passo lento
Se retira;
mas Tulio no dormía,
Y en su mente qué de
cosas revolvía!
12075
LXXV
O si duerme, soñava
grandes cosas,
Verbi gratia emular los Oradores
Antiguos
en sus Obras primorosas,
Venciéndolos, si puede,
en sus primores,
Pues (como dice un tal fulano Rosas)
12080
La
Fortuna, a quien llama a los honores,
Hablando a nuestro
modo, se complace
En dárselo a entender desde que
nace.
LXXVI
Su risita era honesta, honesto el llanto,
Honesto en el mirar, y en quanto hacía:
12085
Pero en
sus manecitas lo era tanto,
Que, mamando a tocar no se atrevía
El pezón de la Madre; era un encanto
Ver,
que teniendo, como al fin tenía
Uñas, y dientes,
ni por caso, ni arte
12090
Señaló nunca Tulio aquella
parte.
LXXVII
No imaginéis, que Elvira fue
frequente
En franquearle la tienda en que mamasse.
Quatro
vezes al día solamente
Le dava el pecho; y es fácil
que tomasse
12095
De aquí aquella costumbre de abstinente;
Porque es fama común, que praticasse
Solas
quatro comidas cada día
O! quánto puede hacer
una que cría!
LXXVIII
Notar a honor de Tulio
aquí se debe
12100
Una cosa mui digna de alabanza.
Si
de el seno materno el Niño bebe
La leche, que no
falta, antes avanza,
A otro frasco beber jamás se
atreve,
Y si alguna, que ignora aquella usanza,
12105
Se desabrocha,
y Tulio lo repara;
Vuelve a otra parte la púdica
cara.
LXXIX
De sola Elvira manejar se deja
Sus castos miembros: y mientras que le faja
Quietecito
se está como una Oveja.
12110
Pero, fajado ya, tanto trabaja
Con pies y manos, que insiste y no lo deja
Hasta que poco
a poco se desfaja:
Como quien dice: libre me ha hecho el
Cielo,
Y libre he de vivir acá en el suelo.
12115
LXXX
Viendo la Madre a Cicerón dotado
De tal virtud,
en su interior le alava,
De grandes cosas te tiene
reservado
Hijo (le dice) el Cielo, y continuava
Diciendo:
será Padre aclamado
12120
De la Patria. Diciendo esto exclamava:
O qué cosas harás en adelante!
Harás
más que hizo en Francia Floravante.
LXXXI
Tal vez Elvira blandas palmaditas
Daba en el blanco pecho
al tierno Niño;
12125
Tal vez en otras partes sus visitas
Le hacía por amor, y por cariño.
Mas
veo que estas quatro palabritas,
La ocasionen rabia y desaliño
Y que con torbos ojos ya me mira.
12130
Huyo pues de su quarto,
y de su ira.
LXXXII
Huyo, pues, y me pongo en salvamento,
Antes que al ayre vuelen las chinelas;
Que una Muger en
el primer momento
De su furor hará besar las suelas,
12135
No digo a un hombre, a todo un Regimiento,
Ya sea de Brabante,
o de Brusselas,
Y a falta de ellas, platos y escudillas
Andarán tras cabezas, y costillas.
LXXXIII
Quando fuera de casa Elvia salía,
12140
Llevando el caro
peso entre los brazos,
Mugeres, y hombres todos a porfía
Se iban tras de los dos, y mil abrazos
Dar cada qual, al
Niño pretendía,
En que no avía insultos
ni pelmazos,
12145
Queréis ver? Corred pues adelante
Porque
salen de casa en este instante.
LXXXIV
Lleva
Elvira a su hijo en blanco lino
Embuelto, y el Infante mui
sereno
A todo está mirando el Pueblo Arpino;
12150
Mas
si no pone a sus manitas freno,
Esto es, si por juguete
y sin destino
Llevar las quiere azia el materno seno,
Elvia
se las aparta mesurada,
Dando a entender no quiere ser tocada.
12155
LXXXV
Una basquiña negra era su gala,
Y
ocultava su cara un negro velo
Honesta precaución
contra la mala
Inclinación de algún lascivo
anhelo.
Por donde passa estampa Elvia, y señala
12160
Pruebas claras de honor, de juicio, y zelo
La basquiña
cubríala los pies
O! quántas hoi lo hacen
al rebés!
LXXXVI
Pero hacen pensar mal,
y obrar peor,
Y aunque yo no soi cierto escrupuloso,
12165
Me
hacen bajar los ojos con rubor,
Al ver aquel vestir escandaloso.
Cáusame esto tan íntimo dolor,
Que
no puedo callar, y hablar no osso
Por lo que, con prudencia
cauta y sabia,
12170
Sólo diré, que el verlo me
da rabia.
LXXXVII
Si fueran al Teatro, u a los
Toros
Las Mugeres, que van con inmodestia
Vestidas, adelante
con mil Moros
No olería el desorden tanto a bestia;
12175
Pero ir assí a meterse entre los Coros
De un Templo,
o de una Iglesia, con molestia
De almas pías,
devotas, y Cristianas?
Casi de maldecirlas me dan ganas.
LXXXVIII
O qué campo aquí se abría
12180
De declamar contra tan reo abuso?
Aora sí, que otro
Elías ser querría
Para gritar en tono no confuso:
Si la casa de Dios, de noche y día
Profanáis
de esse modo, y con tal uso,
12185
Temed aquel Señor que
se ayró tanto
Quando vio profanado el Templo Santo.
LXXXIX
Ya se vio de él con cólera
arrojar
Los que vendían blancas Avecillas;
Que hará
con los que a escandalizar
12190
Van a él a almas puras
y sencillas,
Haciéndolas tal vez prevaricar
Quando
con Dios trataran sus cosillas?
Y no temen a un Dios, que
es vengador:
O qué assunto para un Predicador!
12195
XC
Siempre andava Elvia con modesto passo,
Nunca los ojos
al contorno gira,
Y como dice de Sofronia el Tasso,
Míranla todos, y ella a nadie mira.
Si alguno le
hace señas, no hace caso,
12200
Si otro atrevido de el
brial la tira,
Si tosse, sylva, escupe, o gargagea,
Va
adelante y desprecia aquel Badea.
XCI
En nuestros
días no hacen todas esto.
Muchas, sean solteras,
o Casadas,
12205
De su escasa beldad de puesto en puesto
Van
a hacer pompa mui embelletadas,
Y a todo Molzavete
de buen gesto
Regalan con dulcíssimas miradas,
Moviendo
ojos, y pies acompassados,
12210
Mas unos y otros por diversos
lados.
XCII
Una conversación al punto entabla
Con un Rufián, tan hablador como ella.
Otra es más
reservada en lo que habla,
Mas sus ojos, loquaces como aquélla;
12215
Ésta tan tiesa como qualquier tabla
Gusta de cortesías,
porque es bella;
Elvia volvía a casa con decencia,
Salvo siempre su honor, y su conciencia.
XCIII
Ni era de aquellas, que porque han parido
12220
Un hijo, se hacen
vanas e insufribles
Al más tierno y pacífico
Marido,
Pretendiendo mil cosas impossibles,
Por juzgar
que en aquello le han servido
Con la hazaña mayor
de las possibles
12225
En las débiles fuerzas de un Esposo,
Y que por ellas ellos no hacen cosa.
XCIV
Mas yo a tales Mugeres las remito
A un libro de láminas
mui finas,
Donde dice el Autor (hombre erudito),
12230
Que hijas
son de las Rosas las Espinas.
Lean lo que hallarán
en el escrito,
Que yo lavo mis manos, y mohínas
Contra mí ver no quiero a las Mugeres,
Ni oponerme
a sus bellos pareceres.
12235
XCV
Antes bien, por huir
de disgustar
Al bello sexo, a quien venero tanto;
Si es que me dan licencia, quiero entrar
(Ya que parece
da lugar el Canto)
En cierta Estancia, donde solía
estar
12240
Elvia con Tulio, quieta como un Santo;
Estancia que
en la Griega Biblioteca,
Creo se ha de llamar Pinacoteca.
XCVI
Y nosotros llamamos Galería,
La qual
era como ésta justo, justo
12245
Que si, como es del Conde
fuera mía
En verdad no tendría gran disgusto.
Mas gózela años mil su Señoría,
Y celebremos todos su buen gusto,
Ya que por tan Cavallero,
y tan Cristiano
12250
Digno es de quanto hai más Soverano.
XCVII
Muchos quadros avía en dicha Estancia,
Pero mucho erraréis en mi conciencia,
Si imagináis
que en ellos la elegancia
De el pincel se manchó
con la indecencia.
12255
No cierto; no fue assí: con la
arrogancia
De el pincel componía la decencia.
En ningún quadro avía pincelada,
Donde la
honestidad no fuesse respetada.
XCVIII
Pintadas
no, no avía al natural
12260
Ciertas historias de hediondo
tasto;
Ciertos juguetes, que hacen pensar mal,
Y peor,
quanto más vivo es el impasto.
No era de aquellas
Cámaras la tal,
Donde el que entra, si quiere salir
casto,
12265
Es preciso, que entrando para vella,
Vuelva a salir
sin ver lo que hai en ella.
XCIX
O gente
sin consejo, escandalosa!
Este pecado grita a Dios venganza.
Él es aquella planta ponzoñosa,
12270
Cuya raíz
hasta el abismo alcanza;
Aquella res infecta, res roñosa
Que infiziona al redil sin esperanza.
Ay de aquel que a
su hermano escandaliza,
Y a pecar de qualquier modo le atiza!
12275
C
Assaz irritan la concupiscencia
Ciertos al día
de oy originales,
Assaz durará el mal de su
presencia,
Sin hacerse en sus copias immortales,
Assaz
reyrá en el mundo la licencia
12280
Y assaz son las Mugeres
liberales
En mostrar ciertas cosas a compás,
Sin
que el pincel descubra lo demás.
CI
Assaz
más al mal, que al bien se inclina
Nuestra naturaleza
enferma, impura,
12285
Sin que por otros medios a su ruina
Precipitarla
quiera la pintura.
La fantasía assaz se lo
imagina,
Y ella misma se forma la figura,
Sin que también
conspire por su parte
12290
Con nuestra Naturaleza la misma Arte.
CII
Arte infeliz, si ya con tus colores
De las
almas estrago eres, y daño;
Si en el pecho introducen
tus primores
Amor vil, amor sucio, amor estraño,
12295
Causando en sólo un día más horrores,
Que la malvada Alcina en todo un año.
O! llueva
sobre ti fuego de el Cielo;
Pero clama en desierto este
mi zelo.
CIII
Veo, que sirven poco mis sermones,
12300
Y que en vano hasta aora han predicado,
Muchos grandes
intrépidos Varones,
Aviendo ciertamente demostrado,
Ser difícil, o Dios, que nos perdones
En vida o
muerte tan feroz pecado
12305
Porque hace más mal un Quadro
puerco, imundo
Que diez malas mugeres en el mundo.
CIV
Sí, vuelvo a decir, una pintura oscena
Hace más mal que una Muger mundana,
Porque ésta,
si vive hoy robusta y buena
12310
Fácilmente podrá
morir mañana,
O arrepentirse como Madalena,
Y mucho
más si llega a ser anciana.
Mas se burla de el tiempo,
y de su injuria
Un quadro, que provoca a la lujuria.
12315
CV
Y en vez de aquellos premios, que dan todos
Con alabanzas
mil a los Pintores,
Que ofenden la modestia de mil
modos
Castigarlos debieran los Señores,
Como lo
hizo un Rey Santo de los Godos,
12320
Entregando a las llamas
los primores
De cierta Galería deshonesta,
Por luminarias
de una grande fiesta.
CVI
Pintores hai, que hacen
vanidad
De imitar demasiado vivamente,
12325
Al natural, lo que
no hai necessidad
(De que no poco daño el mundo siente)
Pintando (más que no fuera verdad)
En puris
naturalibus la gente.
Costumbre que adoptaron los Romanos,
12330
A excepción de tal qual, no tan profanos.
CVII
Viendo Cornelia un día una pintura
De un Senador,
mostrando ciertas cosas,
Que no eran para verse, ni en figura,
Por inhonestas y por vergonzosas,
12335
Llena de horror, porque
era casta y pura,
Encendido el semblante como rosas,
Llévala al Pintor (dixo a una Muchacha)
Y dile que
le ponga una Garnacha.
CVIII
Pero mejor Solón
lo practicó,
12340
El qual, viendo pintada a una Doncella,
Como su misma Madre la parió,
Más peligrosa,
quanto era más bella
El retrato a las llamas arrojó,
Añadiendo: si aquí estuviera ella,
12345
Lo que
hago con la copia en caso tal
Lo haría con el mismo
original.
CIX
Ojalá, que estuviera
el mundo lleno
En nuestros días de Solones tales.
Sin ruido, sin estrépito, y sin trueno
12350
Con quatro
pinceladas magistrales,
Se remediava todo: un pincel bueno
Bastaría a cubrir ciertas Vestales
Que, desnudas
con poca discreción
Se exponen al rigor de la Estación.
12355
CX
A más de una pintura, aunque modesta
Sólo porque era con exceso hermosa
Hizo Elvira
poner un velo en testa;
Y como era un tantico escrupulosa,
Por cubrir otra parte poco honesta
12360
Echar al cuello no sé
qué otra cosa.
Y de un Pintor de aquellos mazorrales,
Hizo alargar a todas los briales.
CXI
Entrando
pues con ánimo seguro
En la ya dicha Estancia, o
Galería
12365
De los Quadros que cuelgan en el muro
Razón
daré de su Genealogía.
Mas ya comienza
el Cielo a hacerse oscuro
Y ya se oye sonar la Ave María
Dejarémoslo pues hasta mañana.
12370
Venid, pues,
y venid de buena gana.
Fin del Canto XV
Canto XVI
I
Los retratos de sus antepassados
Antiguamente usavan los
Señores
Que adornassen sus salas. Bien pintados
Valientes Capitanes, Senadores
12375
Prudentes, y doctíssimos
Letrados
Con insignias de todos sus honores,
Y entre
ellos muchos, por mayor decoro
Pendiente de su cuello el
Toysón de oro.
II
Y aun entre ellos avía
más de dos,
12380
Que, aspirando a un origen inmortal,
Descender pretendían de algún Dios,
O a lo
menos de alguna cosa tal.
Quien de Ércules, o de
otro Semi-Dios
Venía en línea recta, o transversal,
12385
Y aun entonzes (como hoi mismo) se usava,
Que el que menos
tenía, más mostrava.
III
Más
de una vez prestados los pedía
El que ninguno en
su Familia hallava.
Que la impostura ya entonzes corría,
12390
Y aun en todas materias se mezclava,
Éste nieto
de Turco se fingía,
Aquél de Evandro nieto
se jactava,
Y más de dos tontíssimos Badeas
Descendientes del piadoso Creas.
12395
IV
Esto supuesto,
esperan más de dos
Oírme hablar de la ascendencia
clara
De el gran Tulio; y aun muchos entre vos
(Según
estoi leyendo en tal qual cara)
Un Catálogo aguarda,
como hai Dios,
12400
Tan largo poco menos que una vara,
En que
haga ver a todos los presentes
Mil de Tulio gloriosos ascendientes.
V
Mas, valga la verdad, o bien ya fuesse
Porque
el buen Tulio en esta fantasía,
12405
Y necia vanidad nada
tuviesse;
O porque en Arpino grande carestía
De Pintores entonzes quizá huviesse:
El hecho es,
que en aquella Galería,
Ni en la pared colgado, ni
en el suelo
12410
No se hallava pintado un solo Avuelo.
VI
Quizá en tiempos antiguos cien Retratos
De aquel
Salón cubrían las murallas,
Y por algún
enredo de los Gatos
(Entre los quales hai muchos canallas)
12415
Sucedió algún incendio; porque a ratos
Assí
perecen muchas antiguallas;
Como efectivamente en
casa mía
Se quemó toda mi Genealogía.
VII
Como quiera que el caso sucediesse,
12420
De el
grande Tulio en la pequeña casa
No avía ni
un retrato, y quien la viesse
La podía llamar Tabula
Rasa,
Por lo que no me admiro ya que fuesse
En todos su
noticia tan escasa;
12425
Pues poco, o nada se habla en conclusión
De la Casa de Tulio Cicerón.
VIII
Y aunque era aquí el lugar como pintado
De dar lugar
a algún noble Ascendiente
De Marco Tulio, encuéntrome
embrollado
12430
Pues nada de esto sé absolutamente,
Y
en vano al grande Apolo he suplicado,
Que me ilumine la
confusa mente.
Y como él se hace sordo, o no responde
No sé dónde volverme, no sé dónde.
12435
IX
Es verdad (no lo niego) que podría
De
algún modo salir con este intento,
Porque todo
ello al fin se reducía
Un árbol a fingir,
o un instrumento,
Que ésta en no pocos es superchería
12440
Usada, mas yo a usarla no me aliento,
Porque nunca he sabido
mentir tanto,
Siendo assí, que jamás he sido
santo.
X
Sé, que siempre seré por
mi desgracia,
Un pobretón; que nadie me hará
rico
12445
Por mis versos insulsos, y sin gracia,
Porque el sincero
de mi Musa el pico
Mentir no sabe, ni afectar audacia.
Podrá hacerme la suerte pordiosero
Mas nunca (vive
Dios) me hará embustero.
12450
XI
Si Tulio en
sus Salones no tenía
Un Esquadrón de Avuelos
retratados,
Otros títulos, cierto poseía
Por nobleza mayor más estimados,
Y eran aquellos,
en que descubría
12455
Su virtud, y sus hechos celebrados.
Esta es nobleza verdaderamente;
La de la sangre no
es más que aparente.
XII
Mas olá!
que yo aora no pretendo
Examinar este común abuso
12460
Sea antiguo, sea moderno. Sólo entiendo
Decir lo
que otros dicen: dejo excluso
Que lo dé aquel valor
que no comprendo.
Pues no toca a mi pobre calavera
Definir
la nobleza verdadera.
12465
XIII
Sólo digo que
aquellas buenas gentes,
Que chorrean Nobleza por los codos
Porque tuvieron grandes Ascendientes,
Conocidos en
tiempos de los Godos,
Si a los tales no son correspondientes
12470
En hazañas, virtudes, trato, y modo,
Y se glorian
de nobleza tal,
Digo, y vuelvo a decir, que hacen mui mal.
XIV
Tengan en ora buena mil retratos
Hechos por
Cinabuè [sic], Pintor famoso.
12475
Si son los nietos unos
mentecatos
Respecto a sus Avuelos, decir osso,
Que
éstos fueron Leones, y ellos Gatos,
Y a lo más
más, una Gentalla,
Que compone el rebés de
la medalla.
12480
XV
Quando un Cavallo que es de buena
raza,
Y semejante a ella se supone,
Ya sea en una Feria,
o una plaza,
A la venta, y examen se le expone:
Si en medio
de su hermosa, y noble traza
12485
Manco, o cojo se halla: al
que le pone
Ninguno acudirá para comprallo,
Aunque de el mismo Sol fuera un Cavallo.
XVI
Lo
mismo con razón podrá decirse
De el que es
noble, o por tal el tal se tiene.
12490
(Y de esto sólo
deben excluirse
O exceptuarse aquellos, que conviene)
Si
deshonran la sangre, que a incluirse
En sus venas de origen
alto viene
Qué importa, que ésta sea clara
y pura
12495
Si él la envilece, y la hace al fin oscura?
XVII
Si tuvieran un poco de prudencia,
Los
retratos de sus Antepassados,
Que de altivez lo llenan,
e insolencia
Los debieran tener siempre enterrados
12500
Para
no avergonzarse en su presencia,
Al verse de ellos con razón
notados
De cobardes, de altivos, de ignorantes,
Y aun también
de otros vicios semejantes.
XVIII
Sirvieron los
retratos, y la Historia,
12505
Para (mal que les pese al tiempo
viejo)
Conservar siempre viva la memoria
De los que
al mundo fueron claro espejo,
Y excitar el deseo de la gloria
De los que en él se veían por reflejo,
12510
Procurando
imitar las grandes dotes
De sus claros Avuelos los Nepotes.
XIX
Era mui santa y buena esta invención:
Ella produxo mil efectos buenos,
Como en César,
en Bruto, y en Catón,
12515
Con Otros de que están
los libros llenos.
Pues se ve hacer tal vez más impressión
Una muda pintura, que mil truenos.
Y una mirada (aunque
la boca no abras)
Suele mover aún más que
cien palabras.
12520
XX
O qué bien dixo Orazio
allá en su Arte!
Más se pega lo que entra
por los ojos,
Que lo que se oye, o se lee en alguna parte.
Si (verbi gratia) ves algunos piojos
Asco te dan, y llegan
a nausearte;
12525
Mas oírlos nombrar no te da enojos.
A las palabras muchos no las creen
Pero quiénes
negaron lo que ven?
XXI
Si un Orador famoso (verbi
gracia)
Nos exorta a ser buenos, y de cierto
12530
Sabemos que
él no lo es, por su desgracia,
Decimos (sin razón)
clama en desierto.
Mas si a su predicar con buena gracia
Junta el egemplo, no hai corazón hierto,
Que haga
resistencia a quien practica
12535
Aquello, que nos dice, y nos
predica.
XXII
Si dixesse: ora bien Señores
míos
Haced lo que os digo, y lo contrario
Hiciesse yo; aunque todos fuesseis píos,
Tanto, o
más que el glorioso S. Hilario,
12540
Os burlaríais
de mis desvaríos.
Oíd en este punto con silencio
Cierta noticia que leí en Terencio.
XXIII
Viendo un Impío un retrato, que mostrava
Al Dios
Jove en un acto, poco honesto,
12545
Al tal Dios en lo mismo remedava
Y no quiero deciros todo el resto
Porque tampoco
quiero en esta Octava
Ser a nuestros Pintores más
molesto;
Solamente, los ruego, y los conjuro,
12550
Que huya
de su pincel todo lo impuro.
XXIV
Antes, me vuelvo
aora con mi glossa
A Vosotros, Cabezas de las Casas:
Tenéis
muchos Familia numerosa,
Dios la bendiga, y libre de las
brasas
12555
Eternas del Infierno, mas es cosa
(Decía
el Misionero Padre Casas)
Precisa, que en las vuestras
no se vea
Pintura, que honestíssima no sea.
XXV
No siendo assí, será mui natural,
12560
Que
viéndola el Mozuelo, y la Doncella
El deseo se excite
de algún mal
Tanto en el pecho de él como
en el de ella.
Y assí por vuestro bien spiritual
Os propongo esta máxima, que es bella:
12565
Tened siempre
las salas adornadas
De Imágenes devotas, bien pintadas.
XXVI
Esto hizo Cicerón. Si de Retratos
De sus avuelos tuvo carestía,
Los de otros hombres,
a los Dioses gratos
12570
Adornavan su bella Galería.
Y veisme aquí, después de algunos ratos,
Vuelto
al assunto, que evaquar quería.
Veamos pues, ya que
ocurre la ocasión,
Qué tenía en su
quarto Cicerón.
12575
XXVII
Veíase en aquella
hermosa Estancia
De las Musas pintado el dulce Coro:
Febo entre ellas (o a mui poca distancia)
Con Magestad
sentado, y con decoro.
Mercurio de camino para Francia;
12580
Y la Fama con su Trompeta de oro.
En la boca llevaba el
Bruto alado
Un ramo de Laurel medio mazcado.
XXVIII
O Pintor temerario, y aun vergante!
Pues pones en la boca
de un Rozín
12585
La hoja sacra, que sirve de turbante
A los Reyes más sabios; y por fin
Fue Corona
de el Tasso, y aun de el Dante
Si los Pintores dan tales
ensayos
O Júpiter, para quándo son los rayos?
12590
XXIX
Aquel árbol, gran Febo, que Tú
amaste,
Quando tomar quisiste cuerpo humano,
Aquel con
que Tú a ti te coronaste,
Quando el amor de Dafni
te hizo insano,
Y de el furor del rayo te libraste,
12595
Sin
que le toque su atrevida mano.
Permitirás, que ya
roído sea
De una bestia con alas? (cosa fea!).
XXX
Pero quién sabe, si el Pintor marrajo
Quiso hacer alusión al gran desprecio,
12600
Con que hoi
se miran del Danubio al Tajo
El myrto y el Laurel? pues
se hace aprecio
Mucho mayor de la cebolla, y ajo.
El myrto
sólo agrada a tal qual necio,
Y el Laurel no se sabe
que aproveche
12605
Más que para dar gusto al escaveche.
XXXI
O quizá el tal Pintor aludiría
Al uso el día de hoi introducido,
De que el
Laurel tan estimado un día
Se halle al mayor desprecio
reducido,
12610
Pues lo que en otros tiempos ennoblecía
A un Soverano ingenio, hoi abatido
Tanto está ya,
y aun tanto se abandona,
Que con él un jumento se
corona.
XXXII
Tal vez se ve de un Improvissador
12615
De Laurel coronada la cabeza
Porque gorgorotear sabe de
Amor
En verso atado, o suelto, en una pieza,
Y sobre
un cabello blondo hace rumor,
O sobre un cándido
pecho canta, o reza.
12620
O de Autores robando va diversos
Ya
los conceptos, ya también los versos.
XXXIII
Fuera de las Imágenes nombradas
En ayre de gravíssimas
Matronas,
Las Sybilas veíanse adornadas,
12625
Como correspondía
a sus personas.
Sobre el número de ellas encontradas
Hai opiniones en entrambas Zonas.
Unas más,
otras dos, otras que una,
Y muchíssimos dicen que
ninguna.
12630
XXXIV
Si en otra parte ya no huviera hablado
De las antigüedades largamente,
Me vendría
aora aquí como pintado
Solemne burla hacer de tanta
gente,
Que en este nuestro Siglo deslumbrado
12635
Emplea el
tiempo miserablemente,
En explicarnos monumentos viejos,
Y nos venden Ratones por Conejos.
XXXV
Hai
en el mundo tantas cosas ciertas,
Tan provechosas, y aun
tan necesarias,
12640
Que las ciertas dejar por las inciertas,
Y las precisas por las arbitrarias,
Si no se llaman atenciones
muertas,
Llamar se deben mui estrafalarias,
Pues se deja
lo propio, y más activo
12645
Por lo impropio, y no más
que apelativo.
XXXVI
Las cosas más antiguas,
más oscuras,
En que apenas se puede nada ver,
Se buscan, y se olvidan las seguras,
Cuya noticia es fácil
de tener.
12650
Como aquellas curiosas Criaturas,
Que se matan
ansiosas por saber
En casa del Vezino quanto passa,
E ignoran
los sucesos de su casa.
XXXVII
Saben lo que sucede
en casa agena,
12655
Mas lo que hai en la suya no lo saben.
Pero
Catuja, Antonia, y Madalena
Todo lo saben bien; y
quando laven
Lo cantarán con voz tan clara y llena
Que lo oigan los que aren, los que caben,
12660
Las Pasqualas,
las Juanas, y las Gilas
Pero quiero volverme a mis Sybilas.
XXXVIII
Tenían estas Vírgenes prudentes
En sus manos un libro enquadernado,
Todas llenas de arrugas,
y sin dientes,
12665
El semblante a manera de espantado,
Desgreñado
el cabello, sin pendientes,
Y un Anteojo de a bara
preparado,
Para ver en los siglos más distantes,
Con aquellos sus ojos penetrantes.
12670
XXXIX
Todas
eran amigas de el Dios Delo,
Esto es, amantes de la Poesía.
A excepción de la cara, un negro velo
Todo el resto
del cuerpo las cubría.
Todas estas pinturas en el
Cielo
12675
Se miravan de aquella Galería,
Y en las paredes
de ella laterales
Se veían las Artes liberales.
XL
Cierta insignia tenía en una mano
(Que
era el símbolo suyo) cada una.
12680
Explicar quáles
eran creo es vano,
Pues no lo ignorará persona alguna.
Assí sólo diré en mi estilo llano,
Y en general sin expressar ninguna,
Que se vían
pintados cien retratos
12685
De Literatas, y de Literatos.
XLI
Según esso, diréis, aquella sala
Debía de ser grande, y espaciosa
Quando tanta pintura
buena o mala,
Cabía en ella. Reflexión juiciosa,
12690
Mas concluyente no (según Zabala),
Pues en un sitio
estrecho, cien pinturas
Cabrán, si son pequeñas
las figuras.
XLII
Pendían, pues, como íbamos
diciendo,
Muchos retratos de hombres eminentes,
12695
Cuyos nombres
la Fama va estendiendo
De Nación en Nación
entre las gentes.
Y porque poco a poco oscureciendo
No fuesse el tiempo hombrones tan valientes,
Al pie estavan
de todos declarados
12700
Sus nombres, apellidos, y dictados.
XLIII
Siempre una cosa a mí me ha parecido
Digna de la aprovación universal.
La que todo Pintor
ha introducido
Sea que pinte bien; o pinte mal,
12705
Y ésta
es que quando el quadro ha concluido
Nos diga: esto es tal,
aquello es qual,
Este es un buey; aquella es una planta.
Bella invención! Costumbre buena, y Santa!
XLIV
Entonzes se comprende a derechura
12710
La cosa; sin meterse
a adivinar
Como hago yo, si veo una pintura
Y no sé
lo que quiere presentar
Porque veo delante una figura
Tan
embrollada, tan irregular,
12715
Que apenas ya distingo, ni discierno,
Si es un Dios, si es un Psiche, o es un Querno.
XLV
Muchos Pintores, aun en nuestros días,
Hacen
tales figuras, y retratos,
Que con licencia de sus Señorías,
12720
Me parecen sus Ángeles Mulatos;
Sus Santos, Furias,
y tal vez Harpías,
Y aun hai quien pinta una Matrona
Con golilla, Garnacha, y con balona.
XLVI
De la
Mytología ni una parte
12725
Saben siquiera; y lo confunden
todo:
Dan a Bacco el Tridente, el Tyrso a Marte,
Y trastornan las cosas a su modo.
Juzgan ser privilegio
de su Arte
Vestir el Espartano a la Francesa,
12730
Y el Francés,
y el Romano a la Chinesa.
XLVII
En medio al mar
hacen nacer las plantas,
Fingen algún incógnito
animal,
Inventan producciones mil y tantas,
Que no hai
en la Historia natural;
12735
Las cosas más profanas con
las santas
Confunden; y el egemplo más trivial
Algún retrato de la Madalena sea,
Que parece la
diosa Cyterea.
XLVIII
Pintan a S. Cristóval
un Gigante,
12740
Que al Redentor llevar a cuestas pudo.
A Gerónimo
píntanle brillante
Con su Capelo rojo, mas desnudo,
A S. Joseph con un Agonizante
Que le ayuda a morir; qué
hombre sesudo
12745
No llamará al Pintor, que esto pintava
Loco de prima classe con Octava?
XLIX
Dizen
en su defensa los Pintores
Que al Poeta y Pintor es permitido
Fingir quanto se antoje a estos Señores.
12750
Porque
assí lo dejó ya definido
Oracio en sus Poéticos
verdores.
Lo que de ellos está mal entendido,
Pero
déjolo aquí, porque no quiero
Me digan lo
que al otro Zapatero.
12755
L
En gracia de proverbio
tan juicioso,
Que siempre tener debe mui presente
Todo hombre presumido, o bien zeloso,
Que hable en ofizio
ageno. Yo prudente
Queriendo ser, y a nadie hacerme odioso,
12760
A los Pintores digo: buena gente,
No intento criticaros,
ni pretendo,
Porque de essa vuestra Arte nada entiendo.
LI
Antes bien si es que dicho alguna cosa,
Que
pudiesse ofender a los Pintores;
12765
Digo in primis que siempre
respetosa
A todos fue mi lengua los Autores.
Fuera
de que hablo en verso, mas no en prossa;
Y los versos nos
dicen los Doctores,
Que son de toda prossa mui diversos,
12770
Porque aquélla prossa es, y éstos son versos
LII
Por lo demás, si hablar mal yo quisiesse,
No lo sabría hacer, y assí lo juro.
Ni aunque,
por mi desgracia, lo supiesse,
Primero me daría contra
un muro
12775
Que por burla política lo hiciesse;
Porque
yo me vería en grande apuro,
Puesto que entre
Poetas y Pintores
Poca hacen diferencia los Autores.
LIII
De este dictamen era un tal Quindós,
12780
Porque
a entrambos tocaba trabajar
Más de una vez por puro
amor de Dios.
Pues muchos que son prontos a encargar,
Quando
llega el pagar padecen tos,
O retención de bolsa
singular,
12785
Y con un bravo! o bello! y un abrazo
Al Pintor,
y al Poeta piden plazo.
LIV
Antes tal vez
se encuentra un mentecato,
Que de los dos se da por ofendido:
De el Pintor porque hizo un mal retrato,
12790
Y de el Poeta
porque lo ha servido
Solamente con vozes de boato
Sin concepto,
sin alma, y sin sentido,
Llenándolos de injurias,
y de vozes,
Y alguna vez de palos, y de cozes.
12795
LV
Uno y otro a la Crítica sugeto
De el vulgo necio
está, y de el ignorante,
Para hablar mal de
un quadro, o de un Soneto,
Todos creen, que saben lo bastante.
Éste es de nuestro siglo con efeto
12800
El gran vicio,
o bien sea humor pecante,
Dar todos francamente su sentencia
Sobre lo que no entienden en conciencia.
LVI
Uno,
que nada entiende de colores,
Nada de proporción,
ni de figuras,
12805
Condena ciegamente a los Pintores,
Y dice
contra ellos mil frescuras.
Califica de yerros los
primores,
Y las finezas llama [estra]paduras.
En los versos
censura lo escogido,
12810
Y celebra lo necio, y mal zurrido.
LVII
Si aquel Zapaterillo mentecato,
Que a Apeles
criticó, se contentara
Con criticar las suelas de
el zapato;
Tanto el mundo de él no se burlara.
12815
Marsias
su piel tendría como un Gato,
Y Midas sus orejas
conservara,
Ni se cantara en todas las esquinas
Rex
Midas habet aures assininas.
LVIII
Pero; volviendo
al parangón propuesto,
12820
De Poeta, y Pintor, digo que
Dante
Poetas llamó a éstos, y al opuesto,
Algunas pocas hojas adelante,
A quanto el Ariosto avía
compuesto,
Pintura apellidó viva y parlante,
12825
Como
otros llaman, por metonomía
A la Pintura muda Poesía.
LIX
En cierto modo Pintores y Poetas
Son
Hermanos, o Primos a lo menos,
Deudores ambos son a unos
Planetas
12830
Que de ingenio, y pobreza hácenlos llenos.
Sin embargo unos y otros mil corbetas
Baylando hacen contentos
y serenos.
Son bizarros, fantásticos, y a vezes
Parecen todos unos cascanuezes.
12835
LX
Antes generalmente
el mundo estima,
Que entre los que el Pincel alza al excesso,
Y los que saben componer en rima,
Mui poca diferencia
hai en el sesso,
Y que un buen trozo de materia prima
12840
Toca
a entrambos a dos sólo por esso
No sé en esto
lo que hai; sí que los tales
Suelen ser con nosotros
liberales.
LXI
Nos honran demasiado, y favorecen
Con pinturas, elogios, y colores,
12845
Que por la mayor parte
no merecen
Nuestros pobres Poéticos ardores.
Los míos a lo menos me parecen
Que a sus honras
no son acrehedores.
Y assí renuncio quanto a mí
me toca,
12850
Con que sobre este assunto punto en boca.
LXII
Confiesso ser Poeta, mas tal qual
Entre Pintores
fue Margueritón,
O si huvo otro Pintor más
docenal.
Y quédese esto aquí; pues con razón
12855
Sin duda llevaría mui a mal,
Que alguno, fuesse
Mozo, o Vejarrón,
Me dijesse esta cosa, aunque
tan justa,
Porque de estas verdades nadie gusta.
LXIII
Quántos y quántos de estos Tontarrones,
12860
De cabezas redondas, sólo buenas
Para comer pepinos
y melones,
A sí mismos se llaman calvatruenos,
Ignorantes
y necios bobarrones,
Mas si otros se los llaman dan mil
vozes
12865
Y hártanlos de patadas; y de cozes.
LXIV
Entre las hembras, vese ésta y aquélla
Repetir con parlar poco sincero;
Ya soi mui vieja,
soi fea, no soi bella.
Y entonzes digo yo: es verdadero
12870
Todo quanto ésta dice; mas si a ella
La digesse
lo mismo un Majadero
Ira de Dios! mas calla boca mía
Y volvamos a nuestra Galería.
LXV
Repartidos
estavan los retratos
12875
En dos hileras; en la superior
Todos
los rostros flacos, mogigatos,
Ojos hundidos, y de
mal color,
Pensativos, odiosos, poco gratos,
De modo, que
qualquier conocedor,
12880
Comprehendía mui bien, con sólo
vellos,
Que eran todos Filósofos aquéllos.
LXVI
La segunda mostrava retratados
Otros, a los
primeros semejantes,
Muchos de ellos estavan afanados
12885
En
ayre de quien busca consonantes.
Tristes muchos, los más
como encantados,
Tan pensativos como los de antes.
Se conocía a la primera vista,
Que era de los Poetas
la gran lista.
12890
LXVII
En la tercera estavan los
mejores
(Como el buen Juan Bartolo nos enseña)
Históricos,
Letrados, y Oradores,
Y quantos tienen de escritores seña
Letrados, Cirujanos, y Dotores
12895
Como Galeno, Hypócrates,
y Peña.
Era en fin en la tal Pinacoteca
Toda
la erudición Latina et Greca.
LXVIII
Después
de aver comido Cicerón
Le llevava su Madre a aquella
estancia,
12900
Y le decía: ves allí a Platón,
Y los otros que ves sin arrogancia
Son Sócrates,
Empédocles, Zenón;
Omero, a quien tradujo
España y Francia,
Aristóteles, Dídimo,
Anaxágoras,
12905
Eráclyto, Domócrito, y
Pitágoras.
LXIX
Aquel ciego que allí
ves coronado
Es el gran Padre Omero; en aquel Monte
Demóstenes el Griego tan nombrado,
Están
Píndaro, Lino, Anacreonte
12910
Y Demóstenes también
Griego aclamado,
Eródoto, Varrón, y Xenofonte.
Imítalos si quieres ser amado
(Una vez que lo ayas
conseguido),
Y meter en el mundo tanto ruido.
12915
LXX
Puestos los ojos Cicerón tenía
En aquellos
retratos fijamente,
Y una violenta comoción
sentía
Que le alegrava estraordinariamente.
Ya en
éste, ya en aquél quando ponía
12920
La vista,
se animava interiormente.
Imitarle, igualarle, parecerle,
Y (si fuesse possible) aun excederle.
LXXI
Mas,
según cuenta Antonio de Nebrija,
Sobre todo Demóstenes
gustále,
12925
Y hai más de una opinión (es
cosa fija)
No ya que le igualó mas que vencióle.
Yo no me meto en esta baratija,
Sólo diré,
que el Niño Tulio viole
Con suma admiración,
con gran silencio,
12930
Sin hacer cosa alguna de Terencio.
LXXII
Elvia, que le observava atentamente,
Y el corazón
leía en el semblante,
Conoció, que en su alma,
y en su mente
Giravan pensamientos de un Gigante,
12935
Todos
de honor, y todos igualmente
Nacidos de un spíritu
arrogante.
Qué hizo entonzes? hilava; deja
el cerro
Y mientras está caliente bate el yerro.
LXXIII
Fomenta aquellos nobles pensamientos,
12940
Que
en Tulio descubrió, y le dice: advierte,
Que éstos
fueron de heroicos talentos,
Y sin embargo de esso hasta
la muerte
Los libros manejaron y contentos
Estavan en la
Escuela; de esta suerte
12945
Se hicieron tan famosos, e immortales
Por armas, y por Letras estos tales.
LXXIV
Uno de la Naturaleza los arcanos
Más secretos caló;
otro los Cielos
Medir supo, y los Astros Soveranos
12950
Con
los ojos, y mente. Los desvelos
De éste hicieron
los hombres más humanos.
Aquél fue Historiador,
otro dio leyes,
Y defendió a los Reos, y a los Reyes.
LXXV
Si tu nombre hacer quieres immortal
12955
A esta
triplicada sabia hilera
Hijo mío procura hacerte
igual.
Tu nombre llegará a la edad postrera.
La Virtud, y la Ciencia es la Real
Senda, que guía
el hombre hasta la esfera;
12960
Si éste te guía,
ten hijo por cierto,
Que siglos vivirás después
de muerto.
LXXVI
Tulio, cuya alma estava ya dispuesta
A seguir lo que Elvira aconsejava,
Sin darla la más
mínima respuesta
12965
Llora de puro gozo, y forcejava
Por arrimar a la pared opuesta
Su boquita, y besar
no sin trabajo
Los retratos que estavan más abajo.
LXXVII
Y entonzes fue, si mucho no me engaño,
12970
Quando hizo el juramento, o sea voto
(En un Niño
sin duda mui estraño),
De huir de todo juego, inclusso
el Lotto,
Como de el ocio, que hace tanto daño,
Y de el Estudio sólo ser devoto.
12975
Cosa rara en un
Niño ciertamente
Quando apenas se ve en la vieja
gente.
LXXVIII
Adelante veránse sus
empressas
Grandes todas, y todas mui gloriosas.
Todas sus
obras se verán impressas,
12980
Veránse sus virtudes
prodigiosas,
Veránse sus magníficas promessas,
Cumplidas en Arengas ingeniosas,
Veránse (lo publico
a todo el mundo)
Quando no en este tomo, en el segundo.
12985
LXXIX
Mas lo que se ha de hacer hágase presto,
Que a un Historiador no le conviene
Estar embarazado
con el resto.
Assí, pues, nada aora me detiene,
Y una vez que mi Tulio haya propuesto
12990
Hacerse hombre; piense
Elvira si le tiene
Más cuenta, comenzar actualmente,
Quando no mama ya, y el hambre siente.
LXXX
Pero
dar es razón algún resalto
A lo que nuestro
Autor apunta apenas,
12995
Que en un Poeta, y más siendo
tan alto
El insinuar no más las cosas buenas,
Y tocarlas assí como por salto,
Es dejarlas vacías,
y no llenas.
Y pues todos a mí me conocéis,
13000
No dudo que también me creeréis.
LXXXI
Mirava un día con la vista fija
A Demóstenes
Tulio, y hai quien dice,
Que el quadro se cayó, con
su cornija,
Algo le hirió, y manchóle la barnize.
13005
Un si es no es sintióse la halija
De el Niño,
y su cara Genitrize
Atónita quedó, qual
peregrino
Quando un rayo le cae mui vezino.
LXXXII
Quizá significava la caída,
13010
Que algún
día la gloria celebrada
De Demóstenes veríase
vencida
De aquel Niño, o al menos empatada;
Pero
Elvira quedó tan aturdida,
Tan afligida, tan sobresaltada,
13015
Que perdió de repente dicho y hecho
Todo el blanco
caudal de el blanco pecho.
LXXXIII
Y no pudiendo
ya subministrar
A Cicerón el cándido alimento,
No es menester decir, ni declarar
13020
Que padeció un
grandíssimo tormento,
Sin saber, ni podiendo remediar,
Biendo al Niño por falta de alimento,
Morir, o marchitarse,
como flor,
Que está privada de el vital humor.
13025
LXXXIV
Al pezón le acercava la boquita,
Para que
chupe el pasto necessario;
Arrima la labor, la Rueca
quita,
Y comprime el pezón con modo vario;
Embócale
también la cucharita,
13030
Llena de ayre, o licor imaginario:
Porque ambos pechos, con sus dos pezones
Parecían
dos borlas de pendones.
LXXXV
A comer aún
no estava acostumbrado
Ni el Niño Cicerón
mazcar sabía,
13035
Aunque año i medio ya llevava
andado,
Ni algún diente hasta entonzes parecía
Antes bien mucho tiempo fue passado
Y no por esso
juntos los tenía;
Pronóstico de pareo, y abstinente,
13040
Cosa nada común en cierta gente.
LXXXVI
Se conocía ya, que aquel Chiquillo
Antes escogería
estar ayuno,
Que engullir a este, aquel, y otro carrillo,
Como hacen tal vez muchos más de uno,
13045
Que no quiero
nombrar, aunque decillo
Pudiera, sin escrúpulo ninguno;
Los que pescar se dejan como el pez:
Cosa, que me
parece mui soez,
LXXXVII
Aquí añade
dos notas mui prudentes
13050
Nuestro Autor. Dice, pues, que Cicerón
Cortas uñas tenía, y cortos dientes.
Sobre
lo qual nos hace un gran Sermón;
Mas como dice en
él pullas calientes
Contra ciertas personas, no es
razón,
13055
Que las traduzga yo en mi protocolo;
Ni que
esto complazca a Juan Bartolo.
LXXXVIII
Todo
hombre honesto débese guardar
De hacer injuria a
Gremios singulares:
Podráse descubrir tal qual altar,
13060
Pero ninguno puede todos los Altares,
Vuélveme a
Elvira; pues la veo estar
Invocando los Dioses Tutelares.
A las Musas invoca, y no es en vano
Por que luego la vienen
a la mano.
13065
LXXXIX
En trage Pastoril de Pastorcilla
Entra Polinia con alegre cara
Abre un poco azia el
pecho la costilla,
Y a socorrer a Tulio se prepara.
Tulio
se lanza azia ella, grita, chilla
13070
Y osado arrima el labio
con efeto,
Porque el hambre no entiende de respeto.
XC
Después que el Niño al pecho se aplicó,
Y quanta leche quiso huvo mamado,
Ningún mal Marco
Tulio receló,
13075
Que le hiciesse el excesso egecutado;
Porque en él solamente obedeció
A un
natural precepto precissado,
Y la necessidad (dixo un gran
Rey)
No está sugeta no a ninguna Ley.
13080
XCI
De aquel licor el Niño satisfecho,
Por mostrar
su templanza y discreción,
Después de una
grande hora soltó el pecho,
Y admirando su Madre
aquella acción,
Diole un beso, y diciendo buen provecho
13085
Te haga querido aquesta refección,
Desparece Polinia
presurosa,
Y en esto paró en fin aquella cosa.
XCII
Este sucesso, hablando en confianza,
Casi
casi paréceme fingido,
13090
Pero aviendo abservado en
cierta danza
Otro caso, a este caso parecido
Creílo
ciegamente, y la fianza
De mi assenso dar quiero a vuestro
oído,
Esto es probaros que las Musas fueron
13095
Las
que a muchos muchachos leche dieron.
XCIII
Dante
dejó escrito en su Poema,
Que el que cantó
de Troya los horrores
A las Musas mamó; y el propio
tema
De sí mismo el Boccacio a los Letores
13100
Quiere
encajar, diciéndonos con flema
Que en sus brazos
nació, y los licores
De sus pechos chupó en
el Pindo Monte,
Como Platón, Virgilio, y Genofonte.
XCIV
Si Virgilio, Platón, y otras personas
13105
Las mamaron; si no hai quien contradiga
Cessa toda questión
y en ambas zonas
Precisso es, que la opinión
se siga
De que algunas Doncellas Mozanconas
Nutrizes pueden
ser (Dios las bendiga).
13110
Por consiguiente es cierta la aserción
Que pudieron dar leche a Cicerón.
XCV
Pero
aquellas que andan a buscar
El cabello en el huevo, y por
Letradas
Entre muchos pretenden hoi passar,
13115
Dirán,
y lo dirán mui remilgadas,
Que a ninguno pudieron
leche dar
Las Musas, porque no fueron casadas.
Mas
Señoritas, vuestra duda cesse,
Si no queréis
oír lo que os pesse.
13120
XCVI
Yo sé,
que muchas, sin tener marido
Saben criar, y crían
grandemente;
Assí a valientes Médicos lo he
oído.
Cómo se hace el milagro, claramente
Más de dos, más de tres lo han entendido,
13125
Y aun algunas lo saben ciertamente.
Confirma este juicio,
y me lo atesta
Essa risita, esse bajar la testa.
XCVII
Quando se habla con hombres ingeniosos,
Y
con gente discreta, es un contento.
13130
Pero tratar con hombres
cabilosos,
O con gente incapaz, es un tormento.
Todos desconfiados
y temosos,
Porque siendo de poco entendimiento
Dudan de
todo, y su razón oscura
13135
No alcanza lo que puede la
Natura.
XCVIII
Feliz me llamaré y afortunado
En lograr tan cortés, tan sabia audiencia,
Como ésta que mi dicha me ha alcanzado,
Y me hace
tanto honor con su paciencia.
13140
A nada de quanto llevo recitado
Se ha opuesto, antes muestra complacencia,
Y aunque tal
vez bosteze, y aun se ría,
Me cree, calla, y oie
todavía.
XCIX
Permitid, pues, Señoras,
y Señores
13145
Que mil gracias os rinda mui debidas
Por
la paciencia con que mis errores
Todos y todas oís
compadecidas.
De Tulio los aplausos, y loores
Escuchan
vuestras mentes entendidas.
13150
Que gloria es para el grande
Cicerón
Ser obgeto de vuestra admiración.
Fin del Canto XVI
Fin de El Cicerón