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El Cicerón

Gian Carlo Passeroni

Traducción del P. José Francisco de Isla

I

Voi a cantar del Orador Romano

Las glorias, las costumbres, las empresas,

Que su ingenio, su acumen Soverano

En todo el Universo dejó impressos:

Su vida cantaré; y si viene a mano
5

Puede ser, que entre lágrimas, no gruessas,

Cante su muerte; si antes, o primero

No me pongo yo ronco, o no me muero.

II

Y Tú, Febo, dispón una Corona

Para este Musiquillo poco diestro,
10

Aunque sea hyedra remolona,

Que le baste a su Numen, o a su Estro;

Y encomienda a la Musa más pelona,

Que con el brazo diestro o el siniestro,

Me traiga un frasco de agua o de aquel vino
15

Que llena el alma de furor Divino.

III

Y vosotros Señores, y Señoras

Que parte estáis en pie, parte sentados

No hagáis ruido a lo menos por dos horas

Ni me hagáis la mamola a los costados:
20

Antes oíd benignos las sonoras

(Si sois, como parece, hombres honrados)

Voces, conque a contaros me aparejo

La Historia que encontré en un Libro viejo.

IV

Este es un Libro raro y de vosotros
25

Serán mui pocos los que le ayan visto.

No le tengo mezclado con los otros,

Sino cerrado, porque no esté al pisto:

Yendo un Abuelo mío a comprar Potros,

A un Annio le compró, hombre mui listo,
30

De Viterbo, el qual puso en el Cartón:

Vida de Marco Tulio Cicerón.

V

Este título estaba en Castellano,

Mas por adentro es un estraño idioma,

Ni Tudesco, ni Arábigo, ni Indiano
35

Que no se entiende; ni en él hai punto, o coma.

Y aunque todo el carácter es Romano,

Y se escribió, a mi ver, dentro de Roma,

El Autor, por la cuenta, fue Caldeo

Porque se llama JUANBARTOLOMEO.
40

VI

Este su nombre es, y aunque pudiera

Mil cosas decir de él, y todas buenas,

Las callo; porque ya sabe qualquiera,

Que esto de escudriñar vidas agenas

Es algo peligroso, y el que quiera
45

Saber las del Autor, a manos llenas,

Espere a que su vida se publique

En Londres, en París, o Mozambique.

VII

Saldrá sin duda en Francia, o en Venecia,

Porque lo lleva assí el Siglo corriente,
50

En el qual toda pluma sabia o necia,

Dar quiere a conocer la docta gente,

Y aunque de cosas nuevas no se precia

(Bien que de esto hai también algo al presente)

Se hace honor, y mui grande a los Letrados
55

Que vivieron allá en tiempos passados.

VIII

Y no sólo se enciensa hoi a los muertos,

Sino también se buscan sus escritos,

Sin distinguir los falsos de los ciertos

Ni los comunes de los esquisitos:
60

Bien, o mal se traducen sus aciertos,

Y se imprimen por hombres eruditos.

Y estraño, que una obra tan nombrada

No esté ya traducida, y estampada.

IX

Hai quien diga, que este manuscrito
65

No sé quién le encontró en la Isla de Delfos,

Y que a Italia le trajo un Erudito,

Que fue allá en los tiempos de los Güelfos.

Otros, que se la dio un tal Rey de Egipto,

Llamado Filadelfo, o Filadelfos,
70

Antes que ardiesse aquella Librería,

No se sabe en qué año, ni en qué día.

X

Quizá el uno y el otro desatina.

Lo cierto es, que el Autor de nuestra Historia

Fue persona de rara y gran dotrina
75

Y en la antigüedad con mucha gloria

Fue mui versado, siendo obra divina

Para un Poema, según la perentoria

De Aristóteles regla, y de Argensolas,

Que debe ser la acción única y sola.
80

XI

Porque assí como aquel, que todo un día

Se estuviesse comiendo en su possada,

No más que una comida el tal haría,

Bien que fuesse una acción algo alargada;

Del mismo modo en nada desvaría
85

Quien diga, que la vida continuada,

Ni interrumpida de nuestro Cicerón,

No fue más que una sola, única Acción.

XII

Fuera de la unidad tan necesaria

De la Acción, igualmente se ha guardado
90

El tiempo, que, según ley ordinaria,

Debe ser mui medido y limitado;

Y por esso no llega a centenaria

Su edad reducida (si no ha errado

La quenta el que la hizo) al breve espacio
95

De sesenta años, según Flaco Oracio.

XIII

En sesenta años, poco más, de vida

Hizo cosas tan grandes, tan estrañas,

Que parece impossible hallar cabida

En tres siglos a todas sus azañas;
100

Las que Juanbartolomeo, con subida

Pluma escribió, y con sus buenas entrañas.

A la obra añadió Notas preciosas

Que cierto pueden ser mui provechosas.

XIV

Como yo no sé hacer cosa de mío,
105

Y rabio por hacer del Literato,

Vínome a la cabeza el desvarío,

O (si es frasse mejor) llámase el flato.

De entremeterme a Traductor sombrío,

Como allá lo hizo Arloto, en aquel rato,
110

Que resolvió la traducción ayrosa

Del verso de Virgilio en buena prossa.

XV

Verdad es que yo hice lo contrario;

Porque la prossa la traduge en verso

Con la escolta de un buen Vocabulario,
115

Que es conocido en todo el Universo;

Y a la sombra también del gran Rimario

De Rengifo, a quien nunca he sido averso,

La prossa escrita en frasses elegantes,

La eché a perder en bajos consonantes.
120

XVI

No quiero, ni imitar quiero al Trisino,

Que (a la Griega) escribió en verso no atado

La Italia libertada: Libro divino,

Pero nadie le lee, por lo cansado;

Y es que un verso vulgar, aun el más fino,
125

Quando del consonante está privado,

Es un cielo sin Sol, y sin estrellas,

Campo desnudo de sus flores bellas.

XVII

Ni menos seguir quiero al Estudiante,

Que, engañando a su Padre, le escribió,
130

Que en esdrújulo rígido y constante

Renovaba al Gofredo, en lo qual no

Le echaba Sanazar el pie adelante;

Y a esto, Señores míos, digo yo,

Que van iguales los Poetas, quando
135

En sus versos se están esdrujuleando.

XVIII

Ni escribo en ciertos versos forasteros

Que son más largos de lo necesario,

Y a Bolonia, de Reynos estrangeros,

Trajo un Poeta un poco estrafalario.
140

Vergüenza es que Italianos verdaderos

A los Franceses sirvan sin salario.

Tampoco escribo en consonantes mochos

Porque es cosa de simples, o de chochos.

XIX

Pero aquí será bien, que yo me escuse,
145

Antes que algunos me hagan el processo,

Porque tal qual de aquellos, que yo acuse

(Quizá con un poquito más de exceso)

No se queje de mí, y aun me recuse.

Protesto, pues, declaro, y lo confiesso
150

Que hablo de hombres y gentes ya passadas,

Ni más, ni menos, que los de oy, taimadas.

XX

Porque, Señores, es mui natural,

Que, oyendo mis octavas, diga alguno

Aora habla de una tal, aora de un qual;
155

Pero será un grandíssimo importuno,

Porque, fuera de hablar en general,

No conocéis vosotros a ninguno;

Antes tal vez, testigo me es San Pablo,

Ni aun yo mismo conozco de quien hablo.
160

XXI

Y no quisiera fuerais como aquellos,

Que oyendo reclamar contra algún vicio,

Como si libres de él se vieran ellos,

Le aplican a Sempronio, a Cayo, a Ticio.

Quando, si descubrieran bien los sellos
165

De su pecho, y tuvieran algún juicio,

Hallarían allá en sus corazones,

Que con ellos hablaban los sermones.

XXII

Por tanto si en aquesta mi leyenda

Se halla algo que aproveche, o que edifique,
170

Cada qual a sí mismo se lo aplique

Dejando lo que al otro le comprenda

Y no avrá quien esto me replique;

Que assí se hace en comida, y en merienda:

Cada qual come lo que a él le toca,
175

Y deja lo demás para otra boca.

XXIII

Ninguno vestir quiera la Garnacha,

Que el sastre no cortó para su talle;

Si acaso le tocare alguna tacha,

No mude de color, súfralo, y calle,
180

No sea que, mirándole a la facha,

Su oculto pecadillo eche en la calle;

Porque juro al concurso todo junto,

Que yo disparo al ayre, mas no apunto.

XXIV

Antes bien, yo no soi el que dispara,
185

Que es Juanbartolomé: si a alguno toca

Algo de munición azia la cara,

Tenga paciencia, y cósase la boca,

O quéjese de él, quando le encara,

No de mí; porque tengo el tapaboca,
190

De que sólo vertí literalmente

Lo que él nos dejó escrito francamente.

XXV

Pero aun el mismo Juanbartolomeo

Si no me engaño mucho, es disculpable,

Pues todo su gritar, y su vozeo
195

Para en humo, y su golpe formidable

Es de rabo de zorra, a lo que veo

Que, con toda la fuerza imaginable

De un Gigante, no quiebra las costillas,

Y a lo más limpia el polvo de las sillas.
200

XXVI

Él lame como el perro mas no muerde.

Porque es un hombre mui caritativo.

Si a alguno la conciencia le remuerde,

Bien puede agradecerme lo que escribo;

Porque, si el tal Autor fuera algo verde,
205

Y tocara a los hombres en lo vivo,

Por más Moral, por más docto que él fuesse,

No aya miedo, que yo lo tradugesse.

XXVII

Algún Traductorcillo acaso avría,

Que rendiesse esta obra como propia
210

Y la conciencia no le mordería,

Pues siempre de Ladrones huvo copia:

Más de uno, sin temor, que algún día

El hurto se descubra, a sí se apropia

Obras agenas, y se llama Autor
215

Siendo no más que un triste Traductor.

XXVIII

Si añade algo de suyo, es un dislate

(Como yo añadir puedo más de dos)

Y le parece al pobre Botarate,

Que campara (mas no lo quiera Dios)
220

Con el sudor ageno: disparate

De que ya se burló un tal Juan Quirós,

Diciendo, que este tal es la corneja

Que en cueros en la calle se la deja.

XXIX

Mas yo no soi capaz de tal engaño,
225

Y no me apropio aquello, que no es mío.

La alabanza, el provecho, y aun el daño,

Si hai alguno, todo es del buen Judío

Mi Juanbartolomé, que, sin engaño,

Lo chistoso mezcló con lo que es pío:
230

Lo mismo hacer yo pienso; pues pretendo,

Que la verdad se puede hablar riendo.

XXX

Hai ciertos gustos (no es el mío de ellos)

Que condenan a todo Autor gracioso,

Y solamente dan quartel a aquellos,
235

Que escriben serio, grave, y ponderoso,

Como el Petrarca, mas hai estilos bellos,

Y yo he de ver, aunque es dificultoso,

Si es que acierto a mezclar utile dulci

Como el buen Caporali, y el buen Pulci.
240

XXXI

Y pues Sócrates dice (y yo lo digo)

Que el reír gustar suele a las personas,

He resuelto, aprobándolo un Amigo,

Para que rían Legos, y Coronas,

Este Libro imprimir; él es testigo,
245

Que no temo a Catones, ni a Catonas;

Y ha de andar por el mundo en mi conciencia

Como la Inquisición me dé licencia.

XXXII

Otro qualquiera Autor nos vendería,

Que la tal obra avía traducido
250

Sólo por divertirse; y juraría,

Que aviendo treinta Octavas concluido,

Toda la vecindad con gritería

A darla luego a luz, le avía impelido,

Y que en fin sus Amigos, dicho y hecho.
255

La avían estampado a su despecho.

XXXIII

O diría sino, que un Cavallero,

Un Duque, un Cardenal, un Personage

Se lo avía mandado; y a su fuero

El rendirse era deuda, era omenaje:
260

Yo, que no sé mentir, quando no quiero

(Y aun por esso no soi Sastre ni Page),

Vuelvo a decir en frasse lisa y llana

Que la imprimí, porque me dio la gana.

XXXIV

O porque oy no se tienen por discretos
265

(Se entiende entre los lobos) los Autores

Que dan obra a luz sin diez Sonetos

Llenos de sus aplausos, y loores,

Cien pondría yo aquí, todos perfetos

Y que nadie avrá visto otros mejores,
270

Sino creyera, que están mejor servidos

Mis Letores, en darlos por leídos.

XXXV

Pues podría quizá decir la gente,

Que yo mismo, con ruegos y dinero,

Los avría comprado infamemente
275

De los que hacen venal pluma, y tintero.

O que eran todos partos de mi mente,

Y a falta de un vecino lisongero,

Escribía yo mismo mis Anales.

Como oy lo hacen unos ciertos tales.
280

XXXVI

Assí lo dice un Libro, que vi este año,

Y está escrito con sal, por vida mía;

El qual ha de tratar, si no me engaño,

De eruditorum Charlatanería

Y explica con gracejo, y gusto estraño
285

Las artes, la malicia, y picardía,

Conque los hombres ponen asechanzas

Para cazar sus propias alabanzas.

XXXVII

Por tanto yo aconsejo al Letor pío,

Que no juzgue del Libro ontes con antes
290

(Si ser no quiere del vulgar gentío)

Por lo que dicen de él los aprobantes,

Ni menos los Poetas: desvarío,

Que llorará con otros semejantes

Pues mejor no hace a un Libro (dice Erasmo)
295

Ni peor, el elogio, ni el sarcasmo.

XXXVIII

Si el éxito tuviere, que yo espero

Este Libro, otra vez será estampado,

Con el aumento de otro casi entero.

Imprimiráse el texto azia este lado,
300

Al otro la versión, y al Estrangero

Se avisará en Gazetas de contado,

Para que acuda con las suscripciones,

Y anticipados vengan los doblones.

XXXIX

Se venderá más caro al subscribiente,
305

Como se lo ha enseñado la experiencia,

Y en esto me acompaña mucha gente,

Si lo quiere decir en su conciencia,

Y porque a un Libro nuevo comúnmente

Ilustres nombres dan gran excelencia,
310

También a esto tengo proveído,

Que no soi bobo yo, ni me descuido.

XL

Veránse al fin del Libro relatados

Nombres de Ilustres Claros Personages

En la gran lista de los Associados,
315

Unos que concurrieron con sus gages,

Otros sólo fingidos, o soñados;

Y por librarlos de émulos y ultrages

El nombre llevará en la misma frente

De un Duque, de un Marqués, o un Presidente.
320

XLI

Este tal Duque, Conde, o lo que fuere,

Hará que se respete la obra mía,

Y quando en pasta fina se la diere

Lugar la hará en su inútil Librería,

Y con un te lo estimo, si ocurriere
325

Algo mandar, salió ya el tal día,

Quando no me haga el mismo cumplimiento

Que dejó al Ariosto mal contento.

XLII

Antes bien pienso a varios Protectores

Dedicar cada canto, grandes todos
330

Por sangre, por riquezas, por honores,

Y atestarlos mui bien hasta los codos

De Títulos, dictados, y esplendores,

Haciéndolos venir desde los Godos:

Con esso lograré en Italia tantos
335

Mezenates y Amigos, como Cantos.

XLIII

Un Prólogo he de hacer largo, y difuso

Como es uso, y costumbre; o encargarle

A un hombre docto (que también es uso)

Teniendo gran cuidado de cargarle,
340

Con los nombres de todos (no en confuso)

Que al Libro se dignaron de alabarle;

Y alabarlos a ellos quanto pueda,

Que esto es pagarlos en igual moneda.

XLIV

Si me llamaron docto, y erudito,
345

Yo los he de llamar Sabios, Profundos,

Pues ya entiendo la zifra algún tantito,

No ignorando lo que hacen los inmundos

Asnos, quando los pica algún prurito,

Que uno a otro se rascan mui jocundos,
350

Y esto es en pluma Crítica y moderna

La verdadera Caridad fraterna.

XLV

Haré por denigrar a otros Cantores,

Diciendo, que son unos Animales,

Como lo hacen oy muchos Escritores,
355

Que atacan malamente a sus Rivales,

Y quieren infamar a los Autores,

Aunque doctos, y sabios, con los quales

Presumen aspirar a competencia,

Tratándolos con poca reverencia.
360

XLVI

Hácenlo muchos, porque saben ellos,

Sino de cierto mui probablemente,

Que ellos serán tratados como aquellos,

A pesar de su mérito eminente,

Y por esto se esfuerzan a perdellos,
365

Sino a las claras, clandestinamente.

Porque es consuelo (dijo un tal Bartolo)

Quando uno ha de caer, no caer solo.

XLVII

Mostraré, que un Poeta ha de ser grato,

Ha de enseñar con dulce Magisterio,
370

Ya cante en tono grave, como Cato,

Ya en estilo festivo, como Augerio.

En lo que falta aquel que sólo el plato

Sirve al gusto, sin pizca de Criterio:

Y haré andar pensativos cabizbajos
375

Los más guapos Poetas, y más majos.

XLVIII

Probará al mismo tiempo mi systema,

Que a la luz hasta aora no ha salido

(Y rabie quien rabiare) algún Poema,

Que ser merezca al mío preferido
380

Ya por el chiste de su raro tema,

Ya también porque lo útil está unido

A lo dulce, y llamarse ha la Obra mía

Restauradora de la Poesía.

XLIX

Procuraré, que un docto Literato
385

La haga una alegoría un poco obscura,

Buscándola con ruido, y aparato

Donde no la ha de hallar, y así asegura

La fama de obra pía por un rato,

A costa de otro, que mi bien procura,
390

Y que haga a cada Canto su Argumento

Un Amigo; pues tengo más de ciento.

L

Porque, si sólo sirven los Amigos

Para quitarme el tiempo, y enfadarme,

Más los quiero tener por enemigos.
395

Ellos en la ocasión han de ayudarme

Como una mano a otra, y son testigos

De que assí lo hago yo, y no es alabarme.

Sabiendo que ayudando al Compañero,

En lo mismo me sirvo a mí primero.
400

LI

El mal es, que esta dicha siempre es rara

Para mí; y aunque siempre he procurado

Hacer a muchos bien; si se repara,

No son muchos los que aora tengo al lado,

Ni que quieran por mí sacar la cara,
405

Antes huyen de mí como apestado,

Y siempre que los busco, o necesito

Los parece que tengo un sanbenito.

LII

Y es lo peor, según a lo que entiendo,

Que han hecho empeño algunos monigotes,
410

De infamar mi Poema con estruendo,

Y un día me lo dijo en mis bigotes

Un personaje docto y reverendo,

Que serviría para hacer pegotes:

Possible es, que adivinen estos tales,
415

Mas al fin él me cuesta a mí mis reales.

LIII

De verdad los estoi mui obligado,

A estos Señores, por su alegre agüero;

Con todo esso no estoi desconfiado,

Antes bien más confío, y más espero
420

Que ningún egemplar avrá quedado

Primero que se cumpla el año entero.

Que un Libro malo (y más si es pernicioso)

Logra oy día un despacho prodigioso.

LIV

Basta que sea la impressión hermosa,
425

Que deleite al Letor, y que en la frente

Una, de buril diestro, estampa ayrosa

A los ojos curiosos represente;

Y más, si con el nombre de una Diosa,

Una bizarra Dama hace presente,
430

Como se hace en Países sospechosos,

Donde no hai Impresores melindrosos.

LV

Avrá en mi Libro Imágenes mui bellas,

y el retrato de Tulio será una:

Probablemente se verá entre ellas
435

El de su Historiador, que, por fortuna,

Era bien hecho; y aun quizá entre aquéllas

El mío se verá sin duda alguna.

Y al fin de cada canto una viñeta,

De la mano del célebre Piazzetta.
440

LVI

En una grande margen pondré Notas,

Todas de voces Griegas atestadas,

Y también de otras Lenguas más remotas,

Que no sepan leer mis camaradas,

Regalaré mi Libro, a manos rotas,
445

A las Bibliotecas más nombradas:

Sobre todo embiaré egemplares varios

A todos los Autores de Diarios.

LVII

De este modo estos públicos Censores,

Que en nuestros días van fiscalizando
450

A los pobres, y tristes Escritores,

Y a todos los están atenazando,

Sobre mi Libro no alzarán clamores,

Y dejarán passar el contravando:

Que una fuente de plata regalada,
455

No se mira si está bien fabricada.

LVIII

Haré un estracto fiel del Libro mío

Y en un Diario dispondré se ingiera;

Y aun sin esto tampoco desconfío

Que muchos me le alaben; porque fuera
460

No saber lo que sabe qualquier Tío:

Que el alabar es Cambio en esta Era.

Por la regla de todo Mozalbete,

Hazme la barba a mí, y te haré el copete.

LIX

Pero si el Diarismo se alborota
465

Contra el Libro, tratándole de gordo,

Acudiré al Abate Tartarrota,

El qual es Literato de alto bordo;

O a aquella Compañía, nada idiota,

Que me han dicho, y no lo han dicho a un sordo
470

Que va a los Diaristas a hacer frente,

Para librarnos de tan mala gente.

LX

Pero bien: atropéllenme a porfía,

Que desde luego a todos los perdono;

Porque aunque un Libro alaben por manía,
475

Si es malo, malo es, contra su abono

Por tanto, aunque desprecien la obra mía

Los Diaristas en su grave tono,

De su sentencia no se me da un pelo,

Y de ella al Tribunal Público apelo.
480

LXI

Esta Octava la he puesto adredemente;

Porque, si alguno de ellos me maltrata:

Como es cosa, que se hace fácilmente;

Tengo ya la respuesta preparata;

Pues entonzes diré: toda essa gente
485

Por venganza y no más assí me trata,

Que quien la hace la teme, dice un Sabio

Llamado Don Roldán, o Don Ottavio.

LXII

Por aora, encontrándose el Marelli

En más clásicas Obras impedido,
490

Como me lo assegura Pignatelli,

Aunque aquél me le avía ya pedido,

Quiero, que en la Oficina del Agnelli,

Se imprima el Libro; mas bien entendido,

Que si otra vez se imprime, y yo no muero,
495

Se debe hacer en Reyno forastero.

LXIII

Porque oy solamente es estimado

Todo lo Ultramontano, o Ultramarino,

Y por lo mismo es de todos despreciado

El género, que es hijo de vecino.
500

Mas el Mercante astuto y solapado

Haciendo burla de este desatino

Vende por de París, o Inglaterra

Los géneros, que son de nuestra Tierra.

LXIV

Sacaré el Privilegio, que ninguno
505

Pueda estamparlo, sin licencia mía,

En cien años, contados uno a uno,

Ni en Roma, ni en Florencia, ni en Turquía,

Bien que ocioso será, y aun importuno,

Este tal privilegio, o primacía,
510

Porque no avrá en el Mundo Botarate,

Que piense hacer tan grande disparate.

LXV

Prevenir quiero a todos una cosa

Que si tal vez llegare a vuestro oído,

En un Canto, y acaso en una glosa
515

Un mismo Consonante repetido;

No sólo no es acción pecaminosa,

Antes bien en conciencia es permitida,

Pues Ludovico Dolci assí lo usaba,

Y aun hacerlo solía en una Octava.
520

LXVI

Fuera de esso el oír de quando en quando

De un mismo consonante la pareja,

Es ir discretamente conservando

Una buena costumbre de la oreja,

Feliz repetición, que rebosando
525

En dulzura, y consuelo a ella la deja.

Mas si alguno dijere lo contrario,

Digo que tiene un gusto estrafalario.

LXVII

Y si al cabo del año, con perjuicio

Mío, se hallassen pocos egemplares
530

Despachados, pondré otro frontespicio,

Diciendo, que añadió muchos lugares

A la obra un Varón docto, y de juicio,

Y la adornó con Notas singulares:

Mentira que no tiene inconveniente,
535

Pues se hace assí dinero Santamente.

LXVIII

Ni el tal estratagema es aora nuevo,

Pues ya lo usaron muchos, y aun por esso

Entre los tontos a decir me atrevo,

Que ha tenido este ardid feliz sucesso.
540

Mas los que el pelo encuentran en el huevo,

Saben mui bien, y yo assí lo confiesso,

Que vale esta invención muchos millones;

Para ganar pesetas y doblones.

LXIX

Pero sabiendo yo, que han descubierto
545

No sólo éstas sino otras pataratas

Las Fe de erratas; es gran desacierto,

Manchar los Libros con las Fes de erratas.

Y assí váyanse todos al desierto,

Porque no hay en el mundo Ley tan seria,
550

Que en el mío no quiero essos Sonetos,

Que a publicar me obligue mi miseria.

LXX

Por tanto aquellos todos, que leyeren

Este Libro después que se publique,

algún error en él reconocieren,
555

(Que hallarán muchos) cada qual le aplique

(Si por hombres discretos passar quieren)

Al Impressor y nadie me replique,

Pues la culpa (claro es) de los errores

Siempre la han de tener los Impressores.
560

LXXI

Y valga la verdad, que los Modernos

Hacen mui poco honor a su noble Arte,

Llenando de mentiras los Quadernos,

Y el honor del Autor dejan a parte:

De aquí nacen sus justos, sus eternos
565

Lamentos; verdad es por otra parte,

Que yo temo, y también todo hombre sabio,

Que muchas veces se les hace agravio.

LXXII

A ellos han de ser siempre imputados

Los yerros de otros; y a llevar la pena,
570

Ya de los vuestros, ya de mis pecados

Dispuestos han de estar, que es gente buena,

Quando de mil errores estampados

Apenas reos son de una docena:

Y es que en el juego del Descargaburro
575

Es un gran jugador todo Cazurro.

LXXIII

Todo aquel, que este juego no ha aprendido,

Es por mi cuenta un pobre majadero:

Que echar la carga a otro está admitido

En todo el mundo, y yo soi el primero
580

(Dígolo, y no lo digo arrepentido)

Que, si lo puedo hacer, siempre lo quiero.

Por tanto mi Letor crea, y consienta,

Que, si hai algún error, yerro es de Imprenta.

LXXIV

Ha de tener el Libro dos copiosos
585

Índices: el primero brevemente

De Cicerón los hechos más famosos

Contendrá: el segundo largamente

Muchos puntos, que toco, mui curiosos:

Que los Índices oy son realmente
590

De un uso, y conveniencia singular

A quien no tiene gana de estudiar.

LXXV

Pondráse al fin del Libro su Rimario,

Pues con Poetas grandes assí se usa:

De la Historia también se hará un Sumario,
595

Porque en el verso está un poco difusa.

Su poco avrá también de Diccionario,

Por si se halla una voz algo confusa,

Como ésta verbigracia Soconusco

Que no la trae el Diccionario Etrusco.
600

LXXVI

Si aquellos que la Crusca compilaron,

Omitieron palabras y no pocas,

Que por etruscas no las computaron,

Por no usarse en el tiempo del Rey Focas,

Muchas saldrán aquí que ellos dejaron,
605

Y yo encontré por dicha entre unas rocas,

Como azia la mitad del Apenino,

Iendo a Florençia por aquel camino.

LXXVII

Con esto me parece he respondido

A ciertos paladares melindrosos,
610

Que, oyendo algún vocablo poco oído,

Crusca, Crusca vocean desdeñosos.

Sin saber que esta Crusca nunca ha sido

La que llaman Salvados los piadosos,

Y me burlo de todos los pedantes
615

Cruscusados, Cruscables, y Cruscantes.

LXXVIII

Ya sé que Horacio allá decir solía

(Y podría decirlo otro qualquiera)

Que una voz que algún tiempo florecía,

Dejó de florecer en otra Era,
620

Y que vemos volver a ver el día

Otra, que siglos ha difunta era;

Milagro, que hago yo resucitando

Alguna muerta voz de quando en quando.

LXXIX

Y acaso tomaréme la licencia
625

De mezclar algún término Lombardo,

Dejando el Florentín para Florencia,

O valiéndome de él con gran resguardo

Porque yo soi un hombre de conciencia

Y al ver ciertos peligros me acobardo
630

Y la lascivia de parlar Toscano

La dejo aparte, como buen Cristiano.

LXXX

Por lo mismo estaré alerta, y atento

In primis a evitar toda heregía.

Después a no mezclar en mi Comento,
635

Mentira alguna, que essa es picardía,

Y si hai sus Episodios en el Cuento,

Son para adorno de la Poesía;

Pero en lo substancial de nuestro asunto,

No he añadido una coma, ni aun un punto.
640

LXXX

Bien que no he sido tan escrupuloso

Como aquel hombre grande de Salvinos

Que tradujo de un modo algo tedioso

Varios Autores Griegos y Latinos,

Y un si es no es se hizo fastidioso,
645

Por más que digan ciertos Florentinos:

Yo digo la verdad sin embeleco,

He seguido a mi Autor, mas no a pie seco.

LXXXII

Y siendo uso poner una sentencia

De alguno Autor antiguo, y no reciente
650

En el frontis, yo di la preferencia

A la nec verbum verbo, y lo siguiente

Que dixo Horacio, y en la segunda Audiencia

Se estampará en mi Libro, justamente

Para probar, que una Versión si es buena,
655

No ha de estar amarrada a la cadena.

LXXXIII

Mas no por esto me halucino tanto,

Que presuma ésta ser obra esquisita:

Sé que no soi Poeta, y sé que canto

A lo ramplón; que el genio me lo dicta.
660

Fuera de esso volaba en cada Canto

La pluma, por la priessa en que fue escrita

Y sino lo queréis creer vosotros,

No importa, que ni yo creo a los otros.

LXXXIV

Me hace reír tal qual Don Bobalías,
665

Que nos quiere encajar, y aun lo pretende

Haver hecho un gran Libro en pocos días.

Gato por Liebre el probretón nos vende

Y si supiera más de picardías

Para dar más valor a su obra Duende
670

Debiera antes decir: este Librajo

Treinta años me ha costado de trabajo.

LXXXV

Todos los que obran diferentemente

(Yo digo la verdad) me hacen passar

Mil malos pensamientos por la mente,
675

De los quales me voi a confessar.

Y aunque me diga el confessor prudente,

Que su obra no puede ser peor,

Y si es buena, la hurtaron de otro Autor.

LXXXVI

Daráse esta Obra mía a un Aprobante
680

El qual dirá en sucinta aprobación,

Que a ninguna Obra antigua, y elegante

Cede en nada mi bella Traducción;

Que no hai en ella cosa disonante,

A las costumbres, ni a la Religión,
685

Y por tanto merece que se imprima

Sin quitarla una Octava, ni una Rima.

LXXXVII

Pero como aora escribo en Poesía,

Y en Poesía (que es peor) vulgar;

Puede ser, que, sin malicia mía,
690

Se escape alguna voz irregular,

Que a alguno escrupuloso menos pía

Le parezca, y le haga titubear.

Por lo que es necesaria una Protesta,

Que a hacerla pronto estoi, y será ésta.
695

LXXXVIII

La palabra Destino, Numen rojo

Hado, Fortuna, Dioses, o ya Diosas,

Y otros vocablos que a decir me arrojo

Son ya costumbres viejas, y rugosas

De quien escribe en verso por antojo,
700

No ya opiniones mías; pues son cosas

A que obliga la Ley clara y precisa

De quien es buen Cristiano y dice Misa.

LXXXIX

Soi tan Cristiano como el Rey de Francia

El qual es Cristianíssimo llamado:
705

Daré toda mi sangre sin jactancia,

Por la Religión que he professado.

Sé, que no hai otra cosa de importancia,

Y que Apolo, las Musas, Palas, Hado

Y la Fortuna, acá entre los Cristianos
710

Nombres son sin sugeto, Ídolos vanos.

XC

Pero ya va mui largo mi prefacio,

Y el que las cosas viejas sólo estima,

Dirá, que falto a lo que dixo Horacio,

Allá quando habla de la Octava rima.
715

El aviso es mui bueno, y la Ringrasio:

Si me le huviera dado más encima,

Al punto le quitaba todo el tedio,

Pero a lo hecho ya, ya no hai remedio.

XCI

Y si aora hiciera un gran razonamiento
720

Para escusar el yerro cometido,

El remedio sería más tormento,

Que el mismo mal, que avíais padecido.

Por lo qual sin hartaros más de viento.

Comienzo ya a cumplir lo prometido.
725

Bórrese, pues, lo dicho; y ahora Chitón,

Porque ya voi a hablar de Cicerón.

XCII

Pero si desde luego a hablar me meto

De Cicerón, me abismo en cierto golfo

Más hondo, que el de frente de Espoleto,
730

Donde murió ahogado un Duque Astolfo;

Y estando ya cansados con efeto,

No me embarco oy en esto, ni me engolfo,

Pues a lo menos por la vez primera,

Moler no quiero a quien oírme quiera.
735

XCIII

Yo no quiero ocultaros

La qual es enfadar al Auditorio;

Y aunque tal vez me vino a la Cabeza

Hacer, lo que en los días de Bodorio

Saben hacer las hembras con destreza,
740

De sus tachas, cubriendo el emboltorio,

Con el adorno de virtudes varias;

Hasta que el tiempo aclare las contrarias.

XCIV

Son modestas, afables, y discretas,

No se ve de altivez ni un movimiento;
745

Tienen a las passiones mui sugetas,

Y ocultan todo zurdo pensamiento.

Van descubriendo tierra, y están quietas

Que parecen Novicias de un Convento.

Mas después se la pegan al Marido,
750

Quando está más alegre, y divertido.

XCV

Yo no soi de esse humor (guárdeme el Cielo)

Ni de serlo tampoco soi capaz:

A ninguno tirar quiero del pelo,

Y assí podéis marchar en santa paz,
755

Mientras tomo en la cama, o en el suelo

Un poco de reposo, y de solaz,

Como volváis mañana, u otro día

A oírme recitar mi algarabía.


Fin del Canto I

I

Yo soi un hombre (y quien lo niega, miente)
760

Que cumplo mi palabra siempre, y quando

Me tiene cuenta, y no hai inconveniente.

Porque, andando a la Escuela en Villalpando,

Leí en un Libro, impresso en Benavente,

Que en un hombre de bien es contravando
765

No cumplir lo que a otro ha prometido.

Y assí voi a cumplir lo ofrecido.

II

Os prometí (y me alegro de averlo hecho)

Que una avíais de oír leyenda nueva,

A lo que en parte tengo satisfecho,
770

Dando en el primer Canto alguna prueba:

Aora, que descansé un poco en mi lecho,

Vuestra atención mi spíritu renueva,

Para seguir la comenzada Historia,

Mientras tenéis tan fresca la memoria.
775

III

Podréis de esta manera entender todos

lo que de Cicerón os he contado,

Y lo que en esta tarde en varios modos

Contaros pienso: aunque dirá un taimado

(Mordiéndose de risa entrambos codos)
780

Que bien puedo escusar este cuidado:

Porque de Cicerón, ni de su cuna

No he dicho tres palabras. ¿Qué es tres? ni una.

IV

Mas esto ha sido por inadvertencia,

Y casi casi contra el gusto mío;
785

Y assí de esta Poética licencia

Fue tanto mi dolor, que me entró frío.

Pero también merezco indulgencia;

Pues, si se mira bien, no fue valdío,

Ni por demás estuvo todo quanto
790

Se me antojó decir en aquel Canto.

V

Porque un Prólogo largo era preciso

Hacerle, fuesse en verso, fuesse en prosa.

Pues no puede aver Libro sin Aviso

Al Letor, y se aorra alguna cosa
795

En el verso, que en prosa es largo el guiso,

Fuera de ser un poco fastidiosa.

Y esto del Consonante, al más Parlero

Le hace dejar lo más en el tintero.

VI

Por tanto si mi Prólogo formado
800

Huviera en prossa, sabe Dios del Cielo,

Si estaría a estas horas acabado.

Quando ya tenéis todos el consuelo

De verle en media hora despachado;

Lo que no hacen jamás (dice Juanelo)
805

Aquellos habladores sempiternos

Que hacen en prossa Prólogos eternos.

VII

En los quales nos dicen cosas viejas,

Que todos saben, y son tan fastidiosos

Que hasta las más pacíficas orejas
810

Cansan, y a muchos de ellos por tediosos

Del Libro los arranco, y sus consejas

A oficios las aplico vergonzosos,

Pues, como dijo un Frayle Capuchino,

No hai papel, que no sirva a su destino.
815

VIII

Assí, pues, si mi Prólogo no fuere

Del gusto de tal qual de mis Letores,

Por mí, podrá hacer de él lo que quisiere,

Porque agradar a todos los humores

Nadie lo logra, aunque haga lo que hiciere.
820

Y entre tanto vosotros, mis Señores,

Haced cuenta que en este mismo punto

Doi principio a mi Historia, y a mi asunto.

IX

De Nápoles a Roma, a media vía

(Que es en nuestro Español medio camino)
825

Si no hai algún error de Geografía,

Huvo cierta ciudad, por nombre, Arpino,

Llamada assí de una Harpa o de una Arpía

En caso que no mienta el Calepino,

Y en ella a Cicerón parió su Madre,
830

El qual también fue hijo de su Padre.

X

Pero advertir contemplo necesario,

Que los que le engendraron; tales quales,

Eran hombre y muger, pues de ordinario

Nuestros Padres (aun oy) suelen ser tales.
835

Y de aquí se deduce el corolario,

Que tuvieron de Tulio los natales,

(Según los documentos, que nos rigen)

En Embra, y en Varón su propio origen.

XI

El nombre de los dos deciros quiero,
840

Pues sin Viscocho nunca yo me embarco,

Y porque no me trate de Embustero

Algún Émulo, cito aquí a Plutarco,

El qual llama (en idioma un poco huero)

Olbia a la Madre, y llama al Padre Marco
845

De manera que Olvia fue su Madre,

Y el buen Marco probablemente el Padre.

XII

Y porque el nombre de Olbia, aunque Romano,

Tiene alguna dureza en el oído,

Para hacerle más dulze, y más humano,
850

La llamaremos Elvia, que éste ha sido

Antiguo estilo, y uso mui anciano

De todo buen Poeta recivido,

Que ha de estropear las voces de otro clima,

Si no vienen al verso, o a la rima.
855

XIII

En esto sobresalen los Dramáticos,

Que suelen dar a un Griego Personage,

Nombre Español para mostrarse práticos

De las costumbres Griegas, y lenguage,

Burlándose de Críticos Gramáticos,
860

si los reprenden su libertinage.

Mas estos pecadillos son veniales,

Comparados con otros garrafales.

XIV

Pecan, dirélo assí, contra el decoro,

Contra lo verisímil, contra el Arte,
865

Y, a su cost[a], pudiera hacerme de oro,

Si en este punto yo me hiciera parte.

Mas no quiero, que alguno de su Coro

Piense, que fabricar mi Baluarte

Intento sobre ruinas de los otros,
870

Como lo hacen dos mil entre nosotros.

XV

Fuera de esso pudiéranme decir

Los Cómicos, al ver que los ataco,

Que ellos solos pretenden divertir

Al Pueblo, predicando para el saco,
875

Y que no han hecho voto de seguir

Las Reglas del Señor Horacio Flaco,

Especialmente siendo ya tan viejas,

Que sufrirlas no pueden las orejas.

XVI

Digo que en esto tienen mil razones,
880

Y de ellas me valdré con gentileza

Contra todos los Críticos bribones,

Que vengan a romperme la cabeza [:]

[Y]o no gusto de andar con citaciones;

Mi assunto es desterrar toda tristeza,
885

Y quedaré más hueco que Cervantes,

Como dé gusto a sabios y a ignorantes.

XVII

Como logre, Señores, divertiros,

Contento estoi; no quiero otra alabanza

Aunque todas las reglas haga giros;
890

En cada siglo se usa su mudanza,

Desde los Walsas, [Tulgas], y Ramiros.

Y si al próximo assierro por la panza,

De qué me servirá observar en parte

Ad amussim los Cánones del Arte?
895

XVIII

Sólo sé, que si leo alguna obrilla

Chistosa, dulce, bien escrita, y bella

Aunque encuentre quizá tal qual cosilla

Que no esté tan arreglada en ella,

No por esso me canso de aplaudilla,
900

Ni mucho menos dejo de leella.

Si hacéis esto conmigo, estoi contento,

Pues no soi codicioso, ni avariento.

XIX

Díjome cierto Amigo de Ferrara,

Que una Mozuela alegre, spiritosa,
905

Con tal qual defectillo en cuerpo y cara

Más le agradaba que otra mui hermosa.

Pues digo, que si en gruesso se repara

Esta Historia, si bien defectuosa,

Quien por esso la llame despreciable
910

Será una Criatura incontentable.

XX

Que yo también tal vez le escuso, y callo,

Quando sale a la luz un Libro nuevo,

Y algunas ciertas macas en él hallo,

Buscando el pelo que no tiene el huevo,
915

Me contento con poco, y digo: andallo;

Que una obra sin falta, tacha, o nevo,

Perfecta y absoluta in quarto modo,

Sólo la puede hacer quien lo hizo todo.

XXI

Antes tal vez (hablando en confianza)
920

Alabo los agenos disparates,

Paraque la prudencia, y la templanza

Disimulen y alaben mis dislates.

Vosotros, en conciencia, y en crianza

(Sino queréis os tengan por Orates),
925

Debéis hacer lo mismo con mis Cantos,

Pues tantas vezes, yo he alabado a tantos.

XXII

Pero aora me vuelvo un poco atrás,

Porque dejé una cosa que me importa:

No me voi a passear sin más ni más,
930

Y a Casa volveré por la más corta,

Que yo mido el camino con compás,

Como el buen Matemático Laporta,

Ni del Gran Marco Tulio diré cosa,

Que no se halle en el Texto, o en la Glossa.
935

XXIII

Debe el Letor también ser avisado,

Porque Elvia quede en su reputación,

Que con Marco se había ya casado,

En la común, y más cierta opinión.

His positis, se sigue de contado,
940

Que nació Marco Tulio Cicerón

De legítimo y santo matrimonio

De que da Juanbartolo testimonio.

XXIV

El qual, dando principio desde el huevo,

Como se dice, y como se requiere,
945

Dejando a Cicerón, que es tierno, y nuevo,

Quatro palabras antes nos refiere

De sus Padres, y en esto yo le apruebo,

Máximamente, quando el siglo quiere,

Que de ningún Héroe se use la alabanza,
950

Sinque entren sus Abuelos en la danza.

XXV

Marco, dice un papel de letra Gótica,

Nació en una ciudad, que fundó Marte,

Con más virtud, que tiene la betónica.

Gracia que el cielo a todos no reparte.
955

Aprendió la bella Arte Labradórica,

Y después aprendió a escribir con arte,

Tanto, que mereció alabanzas sumas,

Por una de las más gallardas plumas.

XXVI

Aprendió con su ingenio soverano
960

El idioma del Tybre, y el de Atena:

Madrugaba a estudiar por el verano,

Tanto que el pobre no dormía apenas,

Y viendo aquel talento más que humano

Para las Letras, que se llaman buenas,
965

Su Padre, que era cierto un buen Señor,

Le embió a tomar la borla de Doctor.

XXVII

A Bolonia partió, por darle gusto,

Y en menos de dos años fue un Legista

Tan grande, tan fornido, y tan robusto,
970

Que entró de los togados en la lista.

Dábale aquel estudio gran disgusto,

Como enfadó (según su Cronista)

Al Dante, y al Petrarca, y otros tales,

Que en la Fama son hombres inmortales.
975

XXVIII

Los quales siendo todos adornados

De un ingenio sutil, alto, profundo,

Y queriendo sus Padres que Avogados

Se hiciesen, por lo sabio, y lo facundo;

Ellos, del genio, y natural llevados,
980

Se hicieron admirar tanto en el mundo,

Logrando en él eterna inmortal fama,

Con el desprecio de lo que él aclama.

XXIX

No quisieron en Texto, Notas, Glossas

Perder, con la cabeza, la paciencia,
985

Sabiendo que hai mil Syrtes peligrosas

Ocultas en el mar de aquella Ciencia,

Y que en sus olas, siempre procelosas,

Naufragar suele el alma, y la conciencia,

Y del Foro quisieron escaparse,
990

Porque tenían gana de salvarse.

XXX

Y vivir escogieron con penuria

Haciendo versos, más que hacerse ricos,

Vendiendo clausulotas en la Curia,

Mentiras, trampas, cuentos y dichicos
995

Como saben hacerlo (Y no es injuria)

Más de dos ignorantes, y Borricos.

Aunque hai Padres que de esto forman queja,

Bien que después se tiran de la oreja.

XXXI

Pero Marco, como era tan modesto,
1000

Mientras vivió su Padre, a quien temía,

Al Código aplicóse, y al Digesto,

Aunque su inclinación lo resistía.

Por esso es bien que el Padre muera presto,

Para que el hijo siga su manía,
1005

Y por quitarme de este inconveniente,

Hágole aora morir de un accidente

XXXII

Muerto el Padre, razón será que muera

También la Madre, y étele que a un lado,

Con una y otra muerte verdadera
1010

Una pesada carga de mí he echado,

Pues tengo para mí de esta manera,

Que el hablar de los dos será escusado,

Porque ya saben todos, y están ciertos,

Que oy no se habla palabra de los muertos.
1015

XXXIII

Hecho ya Marco Dueño de sí mismo,

Leyó a Boecio de Consolatione:

Con esso se libró de un parasismo.

Lloró un poco, y con un Dios los perdone,

Salió del día; que esto es Heroísmo;
1020

Y luego a hacer su gusto se dispone,

Porque el viejo, y la vieja con sus faldas

Eran de grave peso a sus espaldas.

XXXIV

Libre, pues, de la carga, y hombre suelto,

Para hacerse inmortal, desde aquel día
1025

enteramente se mostró resuelto

A ser Cofrade de la Poesía,

Tanto, que su nombre andaba embuelto

En todos los certámenes que avía,

Y en hacer versos (dice un tal Leandro)
1030

Era un Cid, un Roldán, un Alejandro.

XXXV

Y que Alejandro fuesse un gran Poeta

Es una proposición extraordinaria,

Digna de prueba; por ser cosa secreta,

Y a la fama común casi contraria.
1035

Pruébola, pues; y con razón, que aprieta,

No aviendo en ella nada de arbitraria

Porque siempre habló en verso aquel Monarca,

Si es que habló, como habla en el Petrarca.

XXXVI

Llegó Alejandro con bizarra pompa
1040

Al sepulcro de Achiles, y llorando,

O Joven feliz (dixo)que tal Trompa

Lograste, que tu nombre va aclamando!

Y noto (porque nadie me corrompa)

Que el Petrarca, escribiendo, o ya dictando
1045

Estos dos versos, los dejó rayados,

Como que no eran suyos, sino hurtados.

XXXVII

Pero el Petrarca verdaderamente

Era mui delicado de conciencia;

Y si algunos Poetas realmente
1050

Practicaran la misma diligencia,

Rayando lo que roban a la gente,

Pocos versos, ni en Roma, ni en Plasencia,

Ni en Turín, ni en Asturias, ni en Vizcaya,

Saldrían a la calle sin su raya.
1055

XXXVIII

Y volviendo a Alejandro Magno, digo,

Que, sino huviera sido aquel Guerrero,

De Apolo, y de las Musas tan amigo,

No huviera encomendado a aquel Platero,

Que de esmeraldas, grandes como un higo
1060

El sepulcro cubriesse todo entero

De Homero, ni leído, como es fama,

Cien versos suyos, quando se iba a cama.

XXXIX

No huviera dado aquellos cien doblones

Al cantor, que le avía celebrado,
1065

En versos valadíes, y chanflones;

Mas con pacto de ser luego ahorcado,

Si volvía a hablar de él en sus Canciones.

Digno egemplo de ser oy imitado

Por muchísimos Grandes y Señores,
1070

Con sus Panegiristas y Cantores.

XL

Fuera de esso, vosotros mis Oyentes,

Que todos sois Ingenios peregrinos,

Mil vezes oiríais a las gentes

De los versos hablar Alejandrinos,
1075

Y siendo tan versados y eminentes

En Históricos Griegos y Latinos,

Sabréis, que Alejandrinos se digeron

De Alejandro, o llamarse assí pudieron.

XLI

Volviendo a Marco, como llevo dicho,
1080

Era Homero y Virgilio su lectura,

La Cítara y el Canto eran su nicho.

De sus versos, su garbo, y su estatura

se enamoró, por gusto, o por capricho

Una bizarra Dama, una Hermosura,
1085

Id est Elvia, la qual sin declararse,

Estaba rebentando por casarse.

XLII

Desde la misma cuna avía ella

Hecho voto formal de ser casada,

Como le suele hacer toda Doncella,
1090

A excepción de tal qual, que es mui contada

Bien que en algunas, por su mala estrella,

El voto para en humo, para en nada.

Y ni en burlas, ni en versos (no lo invento)

Gustaba Elvia la hablassen de Convento.
1095

XLIII

Decía, que el estado Monacal

Quando no hai vocación, era una muerte,

Y abrazado una vez, no es racional

La que se queja de su triste suerte.

Como ella no quería ser Vestal,
1100

Deseaba un Marido sano, y fuerte,

Hombre docto, y de gran Literatura,

Que lo demás (decía) poco dura.

XLIV

Era Elvia una boníssima Doncella

En Bolonia nacida y educada,
1105

Y [aunque a la Escuela] no anduve con ella,

Sé, que en Latín y en Griego era versada;

Y más de algún Doctor, quando iba a vella,

Volvía con la cara sonrojada:

Era afable, cortés, dulce, tratable,
1110

Dama en fin Boloñesa; y más no se hable.

XLVI

Sobre la Patria de Elvia, sé que hai dudas;

Mas aora no es tiempo de averiguallas;

Las razones Cornutas, o Cornudas

Preciso me será desentrañallas,
1115

Y si llego a la fiesta de San Judas,

Avriguaremos estas antiguallas;

Mas será bien hacerlo a la memoria,

Si se olvida en el Cuento, o en la Historia.

XLVI

Cobró Elvia al buen Marco grande amor,
1120

Porque era docto, sabio, y entendido;

Mas llegando a saber, que era Doctor,

Rabiaba por que fuesse su Marido.

Era dócil, y tierno, el buen señor,

Conque al Convite diose por vencido.
1125

Pero antes hizo un rasgo de Romano:

Quitóse el guante, y la tocó la mano.

XLVII

Dos Mujeres en paz, estando juntas,

No puede ser, y menos Suegra y Nuera;

Una tira estocadas, [otra puntas];
1130

Esta quiere estar dentro, aquella fuera;

Una calla, otra grita, y en las juntas

Se maltratan a qual más Verdulera,

Diciéndose, encendidas como asquas,

Mutuamente los nombres de las Pasquas.
1135

XLVIII

A la Nuera la Suegra eternamente

Maldice, y al que a su casa la trajo:

La muerte se desean mutuamente

Ambas a dos, y anda revuelto el ajo:

El repelarse entrambas, es frequente;
1140

Y Elvia, que era de spíritu marrajo,

Buscó un hombre sin Suegra, y sin prejuicio,

Dando esta prueba más de su buen juicio.

XLIX

Porque aquella, que sólo a su Marido

Tiene que contentar con su persona;
1145

Manda en casa, anda holgada, y si hace ruido

No tiene quien la llame Picarona.

Y vamos claros, que es un gran partido

Para qualquier muger, más si es Matrona,

Poder decir, estándose en la cama,
1150

Soi Señora en mi casa, y soi el Ama.

L

Y Marco, hombre discreto, que sabía

Ser un tormento casi intolerable,

Una Muger insulsa, muda, y fría,

Siempre atada a una rueca perdurable,
1155

Con Elvia se casó, cuya alegría,

Juicio, y agrado la hacían mui amable;

Siendo Muger reñida con el ocio,

Por lo que hizo el buen Marco un gran negocio.

LI

Concluyóse el Tratado, o la Escritura
1160

Aquella tarde, y al punto se casaron,

Sin presencia del Clérigo, ni Cura,

Porque estas ceremonias no se usaron

Hasta mucho después, ni a Criatura

Alguna, muerta o viva, convidaron,
1165

Quedando ambos, sin estos accidentes,

Tan casados como unos Presidentes.

LII

Esto sí que me gusta, y da contento,

Y no el modo de andar los dos penando;

Pues verdaderamente es un tormento
1170

Passarse años enteros galanteando,

Rondando ya la Casa, ya el Convento,

Donde Filis está de amor rabiando.

Digo que no me gusta ciertamente

Tantos passos perder inútilmente.
1175

LIII

Vuelvo a decir, que no me gusta nada

Aquel hablarse, aquel mirarse aleve,

Ni el derretirse el atina enamorada

Como al fuego la cera, al sol la nieve,

Ni aquel tener tres años desmayada
1180

La Niña, que por ti los vientos bebe:

Digo, Señores, dígolo clarito,

Que todo esto me enfada a mi infinito.

LIV

Mejor os estaría, o Mozalvetes,

Andar sueltos, como andan en el prado
1185

Los Bueyes de los Frailes, y de los Pretes

Quando dejan el carro, o el arado.

Mas ya que, como simples y pobretes,

La hermosa libertad os causa enfado,

Y por el yugo andáis echando el resto,
1190

Lo que al fin se ha de hacer, hacedlo presto.

LV

Porque se pierde tiempo en los amores,

El alma, la salud, y la cabeza,

Y tal vez se da tiempo a otros Señores,

Para soplar la Dama, o bien la pieza
1195

Sí el fruto a recoger los Labradores

No acuden en sazón; y con pereza

Dan lugar a que otro se lo coja,

Quedan burlados, y se hallan con la hoja.

LVI

Y por moralizarlo un poquitico
1200

(Bien que no sea ésta mi menestra)

Aquel ser el Faldero, o el Perrico

De una Joven hermosa, astuta, y diestra,

Aquel tonto arrimársela al ozico,

Y aquel parlar continuo a la fenestra,
1205

Aquel tenerla siempre embelesada

(Repítolo mil vezes) no me agrada.

LVII

Las lisonjas, los dichos amorosos,

Que más de un corazón vencieron casto,

Las miradas, y encuentros cariñosos
1210

De los ojos, y más si a hacer el gasto

Entran también colores vergonzosos,

Suspiros, ayes y lágrimas a pasto,

Todo este tren, en una linda cara,

Aun al mismo Roldán le derribara.
1215

LVIII

Es con todo esso caso mui estraño,

Que antes de contraer el matrimonio,

No dure el galanteo mas de un año;

Dándose a solas mutuo testimonio

De un amor casto, puro, y sin engaño,
1220

Cosa, que hace reír al mal Demonio,

Que al que anda entre la pez (y más si es Griega)

Dice el refrán, que algo se le pega.

LIX

Siempre se sientan juntos, pegaditos,

Con más seguridad que fuera justo;
1225

juegan las manos, truecan de manguitos,

Dícense todo aquello que da gusto,

Hai a la oreja ciertos secretitos,

Búscanse ellos los pies, y fingen susto,

Cuentan sueños ya falsos, o ya ciertos,
1230

Que tuvieron estando mui despiertos.

LX

Juntos, y solos (más que el mundo ladre)

Van al Templo, al passeo, a la Visita,

Porque el bobo del Padre y de la Madre

Al Lobo le fiaron la Ovejita.
1235

Y si a cosa mayor el tal Compadre

No se atreve, es por cierta razoncita,

Aunque al cabo, cebándose aquel fuego,

Sabe Dios en qué para al fin el juego.

LXI

Padres y Madres, oídme una parola,
1240

Que luego volveré a seguir el Testo:

Si tenéis una Hija, una Filiola,

Marido la buscad, y sea presto.

Jamás me la degéis con hombre sola;

Por ninguna ocasión, ningún pretesto;
1245

Porque sólo unos pocos mentecatos

El tocino a guardar dan a los gatos.

LXII

No la degéis tratar nunca a ninguno

Con familiaridad y confianza,

Que hacen perder mil vezes el ayuno,
1250

Una buena ocasión, y una pitanza.

Ni que para casarse con alguno,

Trate con muchos (o necia esperanza!)

Como si una infeliz, mala simiente

Pudiera dar buen fruto comúnmente.
1255

LXIII

Y aunque la ayáis hallado un buen esposo,

No por eso la Niña está segura.

Hállase en un estado peligroso

Y sin gran precaución, es gran locura

Dejarla a la merced de un Can, de un Oso,
1260

Y está perdido aquél que se assegura.

Quién da a guardar el queso a los Ratones?

Ni fía la bellota a los Lechones?

LXIV

Ni me digáis, por Dios, que han de tratarse

Los dos Amantes, para conocerse,
1265

Y recíprocamente examinarse

Los defectos que pueden esconderse.

Vagatelas! Después de enamorarse

Dos Mozos no es posible ya entenderse.

Pues los ciega el amor hasta el abysmo,
1270

De que no se conoce uno a sí mismo.

LXV

Necios son verdaderamente aquellos mozos,

Que presumen tratando a las Mugeres,

Descubrir su enredos, sus embozos,

Sus tachas, sus pasiones, sus quereres:
1275

Son todas unas simas, unos pozos

Más hondos, que es el Piélago de Hyeres,

Y es un globo su pecho, cuyo centro

No hai rayo, que penetre tan adentro.

LXVI

Todas, o casi todas fuera de esso,
1280

Tienen aquella gracia singular,

De que aquello que piensan con más sesso,

Es justamente lo que van a errar.

Y si a su discreción se deja el peso

O la elección del que han de desposar,
1285

Veréis por la común aquel primor,

Conque las más escogen lo peor.

LXVII

Ni hai que salirme con la pamplingada

De que son dos personas mui compuestas

Los dos Amantes, y no hai que temer nada
1290

En punto a honor, ni a cosas poco honestas.

Esta es una valiente patochada:

El amor no repara en essas fiestas;

Que al amor (dixo el Sabio Antonio Reyes)

Quién le puso jamás freno, ni leyes?
1295

LXVIII

A la mano tener sabrosa fruta

Rabiar de hambre, y guardar tanta abstinencia

Como Tántalo: cosa es que se reputa

Por milagro de ayuno y continencia.

Marco y Elvia (esto es fuera de disputa)
1300

No quisieron tener tanta paciencia,

Y si alguna tuvieron, fue mui poca,

Pues luego la metieron en la boca.

LXIX

En los sucesos prósperos y adversos,

Siempre se hicieron buena compañía:
1305

Marco estaba en su quarto haciendo versos,

Elvia cuidando de la economía.

Y aunque el Diablo metió chismes diversos

Para turbar su paz; un año y día

La gozaron sin riña, ni bochorno,
1310

Con asombro de todo aquel contorno.

LXX

Es tradición constante, y aun es fama,

Que ganó Marco un bello Campo, el qual,

Viña del Papa Julio, hasta oy se llama

Y todo con aplauso universal.
1315

Cuya Viña dejó cierta gran Dama

En Roma al que en el estado conjugal:

Se conservasse en paz, y placentero

Con su Muger, un año y día entero.

LXXI

Ha muchos siglos que este Campo honrado,
1320

Por falta de legítimo heredero,

A cierta pobre gente está arrendado,

Desde que Marco fue el Dueño postrero

Porque después ninguno le ha heredado.

Yo no sé, si esto es falso, o verdadero,
1325

sólo sé, que conforme está oy el Mundo,

No hai que esperar que alguno herede el fundo.

LXXII

La condición es imposible, o vana,

Considerada bien nuestra flaqueza:

Ya si fuesse no más que una semana,
1330

Quizá heredara alguno aquella Pieza;

Mas conservarse un año en paz Cristiana,

Y un día (en nuestra edad) con fe, y firmeza

Un Matrimonio; si yo mismo lo viera,

(Confiesso la verdad) no lo creyera.
1335

LXXIII

Convidados del Pueblo, y del Senado,

A Roma partió Marco con su Esposa,

A tomar possessión de lo heredado.

Y al llegar, toda Roma presurosa,

Acudió con tropel alborotado,
1340

A ver aquella unión tan portentosa,

Palpándolos la Plebe, y Cavalleros,

Para ver si eran Cuerpos verdaderos.

LXXIV

Los Casados, que más se apresuraron

Por verlos, y palparlos, quando vieron
1345

Que eran de carne, mudos se quedaron,

Y al Cielo muchos de ellos se volvieron

Llenos de admiración, y suspiraron.

Esto no puede ser, otros digeron,

O en el mundo a lo menos tal pareja:
1350

Ni el ojo jamás vio, ni oyó la oreja.

LXXV

Tratóse Marco como un Duque en Roma,

Y passó algunos días divertidos,

Que aquel País se pega como goma

De todo forastero en el vestido,
1355

Como tenga quatrines conque coma.

Y yo que estuve allí un año cumplido,

De buena gana iría allá mañana,

Sino costara más que tener gana.

LXXVI

O bien que a la sazón no floreciesse
1360

En aquella Ciudad la Poesía,

O que algunos zelillos a Elvia diesse

Marco (que será malicia mía),

O que aquel ayre no le confiriesse,

El hecho es, que passando un mes, y un día
1365

Sé solo que no hai disputa ni contienda,

Se volvieron a Arpino, y a su hacienda.

LXXVII

Estaba Arpino en una gran montaña,

O (si assí lo queréis) en un gran llano;

Allí seguía cada qual su maña,
1370

Este iba tarde a Misa, aquel temprano,

Parecía el País de la Cucaña,

No avía en él imbierno, ni verano,

Gozábase una vida larga, y fuerte;

Pues se usaba vivir hasta la muerte.
1375

LXXVIII

Reynaba en él eterna Primavera,

Producía el País malvas, y ortigas,

Día y noche, en el Campo, y en la Era,

Trabajaban los hombres, como ormigas,

La pereza y el ocio odiado era,
1380

Como odiamos nosotros las fatigas,

Y de Arpino (repito) la Campaña

Se llamaba el País de la Cucaña.

LXXIX

Nuestro Marco era un hombre mui activo,

Y se dio a cultivar sus possessiones:
1385

Dejando a un lado lo speculativo;

A lo práctico dio sus atenciones,

Y el Campo de Elvia, como Amante vivo,

Le cultivaba en todas ocasiones,

Mas Elvia padecía sus congojas,
1390

Viendo que no brotaba flores, ni hojas.

LXXX

Ella tampoco mano sobre mano

Se estaba; porque no, no estaba ociosa;

Pero sabe mui bien el Hortelano,

Que ya esta, ya aquella, o la otra cosa,
1395

Le quitan la cosecha de la mano,

Hasta que Marco al fin con generosa

Resolución, al cabo de nueve años

Resarció a su muger todos los daños.

LXXXI

Elvia, passados estos en su Arpino,
1400

Lleno el vientre sintió; y no fue de viento:

Hizo luego llamar a un Adivino;

Éste la dixo, que en aquel momento

Tenía un hijo ya, grande Latino,

Pues avía hecho a Plauto un bel Comento.
1405

Quanto sería de Elvia el regocijo,

Díganlo las que están sin hija, ni hijo.

LXXXII

Compararse, a mi ver, puede al Villano,

Que, viendo árida, y seca la Campaña,

Las plantas agostadas, muerto el grano,
1410

Blasfema santamente, y aun se azaña;

Pero, oyendo algún trueno, aunque lejano,

Y más si ve que el agua al Campo baña,

Echa a passear toda melancolía,

Salta, brinca, y loquea de alegría.
1415

LXXXIII

Assí en Elvia cesaron los afanes,

Quando el vientre de un hijo vio fecundo,

Y no cabía ya en sus tafetanes.

Marco estuvo tan loco, y tan jocundo,

Que jugó con un Page a los hesanes,
1420

Y aun dicen que cogió un Zorro profundo,

O a lo menos que estuvo a medios pelos:

Tanto ansiaban los dos por ser Abuelos!

LXXXIV

Que algún sueño tuviesse Elvia entretanto

Es natural, y hablando lo que siento,
1425

Dudo, que al Texto falte aquí algún tanto,

Y yo añadir pudiera el suplemento.

Que de sueño hai sobra, en todo quanto

Baña el sol, riega el agua, y sopla el viento.

Mas al Texto añadir algo, es constante,
1430

Que es hacer sospechoso lo restante,

LXXXV

Y vosotros, benditos Correctores

De antiguos carcomidos manuscritos

Que por querer hacer de los Doctores,

Añadís disparates infinitos;
1435

No anochezcáis con lóbregos errores

La luz de los claríssimos Escritos;

Respetad como yo, si fuere dable,

La Antigüedad sagrada, y venerable.

LXXXVI

Venerad obsequiosos, reverentes
1440

Sus Libros, y dejad los suplementos,

Pues he oído decir a Inteligentes,

Que los dislates los echáis a cientos:

Sólo con dejar libres sus corrientes,

Estaremos pagados, y contentos;
1445

Y no digáis lo que ellos no pensaron:

Qué es pensar? ni siquiera lo soñaron.

LXXXVII

Sueños son de mugeres vuestros sueños,

Y caso que huviesse Elvia algo soñado,

Aunque fuessen sucesos halagüeños
1450

Ni Bartolo, hombre cuerdo, y assessado,

Ni menos yo (a pesar de mil empeños)

En la Historia lo huviéramos contado.

Y todo hombre de juicio ha de alabar,

Este prudente modo de pensar.
1455

LXXXVIII

Elvia entre tanto estaba disponiendo

Todo lo que en el parto es necesario:

Los pañales del niño iba cosiendo,

Y ya tenía lleno un buen Armario:

Lo passado y futuro previniendo
1460

Días y horas contaba en el Lunario,

Teniendo de parir un ansia fiera,

Pues sería quizá la vez primera.

LXXXIX

Aquí sí, que venía bellamente

Referir las cautelas, que en efeto
1465

Elvia tomó, como muger prudente,

Para no malograr el caro feto

Mas no es para de Passo, o de repente

Un assunto tan serio, y tan discreto:

Es materia tan grave, y es tan vasta,
1470

Que pide un Canto entero, y aun no basta.

XC

Mas ya siento decir a algún Compadre;

Señor Don Hablador, vamos con ello

Haga presto venir a la Comadre,

Y nazca Cicerón que quiero vello:
1475

Pero, Señor Don Padre, o Doña Madre,

A un Niño noble, tierno, y más si es bello,

Que ha de nacer desnudo, y sin camisa,

Hasta el Verano no le corre prisa.

XCI

Por esso voi a terminar el Canto
1480

Porque quiero que nazca quietamente,

y mientras llega el tiempo, o entretanto

Voime yo a descansar bonitamente

Que a la verdad me siento un tanto quanto

Cansado ya de hablar a tanta gente;
1485

Aunque más fatigadas a estas horas

Estarán, de callar, estas Señoras.

XCII

Pues ninguno de Ustedes me diría,

Que descansasse, y que me fuesse a casa,

Porque estoi viendo el gusto, y la alegría
1490

Con que oís esta Historia, y lo que passa.

Que a no ser esso, nadie reiría,

Y la risa a locura se traspassa;

Por lo mismo lo dejo por la posta,

Que sobrado reísteis a mi costa.
1495


Fin del Canto II

I

Más va que alguno de vosotros piensa,

Que estoi a todos mui agradecido,

Por los aplausos, por la bulla inmensa,

Conque uno y otro Canto fue admitido,

Pero esperaba yo otra recompensa,
1500

Y en vez de estaros mui reconocido

Por tanta carcajada estrepitosa,

Digo, que está mi Musa assaz quejosa.

II

Este Bribón sin duda tiene gana

(Otro Monsiur dirá de mis Oyentes)
1505

De curarse en salud robusta y sana.

Poco a poco, Señores Penitentes:

Qué es la alabanza? Es más que un aura vana,

Que a qué sabe no saben nuestros dientes?

Pues váyase a pasear, que no me toca
1510

Todo aquello que no entra por la boca.

III

Es la alabanza un ayre, es un sonido

Como el de las campanas de una Torre,

Que aquél, que no está sordo, ni dormido

Le suele oír, y más si el ayre corre;
1515

Mas con él nadie compra pan cocido,

Ni en sus necesidades le socorre.

En suma, todo bien considerado,

La alabanza no es carne, ni pescado.

IV

Y de ella nacer suelen casabeles
1520

En las cabezas flacas, tan fatales,

Que los que, antes que algunos Moscateles

Los untassen sus cascos, tales quales,

Andaban cabizbajos, qual Lebreles,

En Aguilas se mudan Imperiales.
1525

Y vosotros con vuestras alabanzas,

No me metéis por poco en estas danzas.

V

Y por cierto lo huviera yo sentido,

Porque la vanidad es gran pecado,

Y no hai obgeto tan aborrecido
1530

Como un hombre soverbio, y empinado;

Pues la envidia acomete al aplaudido

(Dixo un mudo; que hablaba apresurado)

Y a la embidia se siguen comúnmente

El odio, y el rencor, que es mala gente.
1535

VI

Yo, que de todos soi buen servidor,

Y ninguno, a mi ver, me quiere mal,

No querría perder vuestro favor,

Aunque el Papa me hiciera Cardenal,

Menos por cosa de ningún valor;
1540

Como lo es el aplauso universal

Y valga la verdad que la alabanza

No es cosa, que me llene a mí la panza.

VII

Dóisele yo de valde este tesoro

A los Poetas más altisonantes,
1545

Que buscan el aplauso a peso de oro,

Y andan vanos, soverbios, y arrogantes,

Pareciéndoles que hacen otro Coro,

Y teniéndose todos por Gigantes:

Yo soi, cierto, de genio mui diverso,
1550

Y la alabanza no me viene al verso.

VIII

Aquel gastar en cumplimientos vanos

El tiempo, me parece grande abuso.

Ayer todos estabais poco sanos,

Quando de ellos no hicisteis mejor uso:
1555

Aquel reír, aquel batir de manos,

Rabioso me hizo ir, y tan confuso,

Que de cólera (dígalo mi Ama)

Cené mui bien, y me metí en la cama.

IX

Mis versos todos son naturalotes,
1560

Que parecen los versos de aprendices;

Pero esso de reírse en mis bigotes,

Me hace subir el humo a las narizes.

Y pues no sois vosotros Monigotes,

Pensad, si me sabría a Codornizes,
1565

Hablando yo de cosas tan Sagradas,

El veros rebentar a carcajadas.

X

Casi me hacéis decir una heregía:

Pensáis, que Marco Tulio Cicerón,

(Aquel grande Orador, que fue algún día)
1570

Sea algún Dominguillo, algún Bufón?

Y porque su Vida escribo en Poesía,

Hago de él un Romance, o una Canción?

No Señores, y esténse calladitos,

Mientras leo unos versos aquí escritos.
1575

XI

Chitón, vuelvo a decir, que al canto llano

También se vuelve mi ramplona Musa;

Y aunque, a esse vuestro aspecto soverano,

En la primera noche algo confusa

Se vio; y tapóse el rostro con la mano
1580

Porque el cantar en público no lo usa,

Ya está despachada, y echa el resto,

Que un poco de vergüenza passa presto.

XII

Qual una Aldeanilla, la primera

Vez que entra en la Ciudad, y entre la turba
1585

Se vede gente noble y forastera,

Quando alguno la mira se conturba,

Mas después desembuelta y placentera,

Se mete entre la gente y no se turba,

Antes bien lo hace ya tan libremente,
1590

Que passa de cobarde a impertinente.

XIII

Mas porque el Exordio va ya un poco largo,

Y temo, no sin grave fundamento,

Que a más de dos los dé sueño, o letargo;

Vuélvome a mi camino, y a mi intento,
1595

Que es hablar del buen Tulio algo a lo largo;

Pero antes de meterme en este Cuento,

Es menester decir de Elvia púdica

Una breve, o una larga palabrica.

XIV

No era Elvia, como son ciertas Esposas,
1600

Que se dan a parir tan grande prisa,

Que hacen decir al mundo dos mil cosas

Y al Marido no dan gana de risa.

Mas ellas, que en mentir son primorosas,

Le embocan por verdad notoria, y lisa,
1605

Que es mui común hacerse el primer parto

Al quinto mes, al séptimo, y al quarto.

XV

Si, por desgracia, alguna Viudecilla

Tarda en parir, o para un poco tarde,

Entonzes mutan ellos de Cartilla:
1610

De juicios temerarios Dios nos guarde,

(Dicen) que allá en Pekín, Roma y Sevilla

(Según el gran Doctor Julián Velarde),

Y aun las Mugeres de los Holandeses,

Suelen estar en cinta quince meses
1615

XVI

Todo este tiempo tienen al Infante

En la barriga, a falta de calor.

Creémoslas, y vamos adelante,

Que assí se salva a muchas el honor,

Y más quando tal vez del Elefante
1620

Alegan el egemplo en su favor;

Que en algunas materias las Mugeres

Saben más que docientos Bachillieres.

XVII

Tanto saber en ellas no me place;

Mas por oy no me meto yo con ellas,
1625

Y me vuelvo a mi Elvia, la qual hace

Mil vezes bien en no imitar a aquellas,

Que paren tan aprisa, de que nace

Hablar tanto Casadas, y Doncellas.

Elvia, como Muger tan sosegada,
1630

No parió hasta diez años de Casada.

XVIII

Parir no avía alguna calabaza,

Llena de viento, que se pudre luego,

Sino una Criatura, que en la Plaza,

En la Calle, en la Iglesia, y en el juego
1635

Fuesse aplaudida, por modelo y traza

De Hermosura, Eloquencia, Ingenio, y fuego:

Por esso tardó tanto en acabarla,

Y diez años tomó para idearla.

XIX

Ya estaba el feliz día mui vecino
1640

En que avía de dar honor a Roma,

Y a sí mismo esplendor el Pueblo Arpino;

Ya el mes de Enero entró; ya en él se asoma

El tercer día, ya la Aurora vino.

Pide Elvia dos viscochos, y los toma;
1645

Da un estarnudo fuerte, y sin más arte

Arrojó a Cicerón por cierta parte.

XX

Prueba este nacimiento claramente,

Que el nacer de mugeres, no es de ogaño,

Y aun el nacer de pie regularmente;
1650

Si lo sabíais, no os hará daño,

Ni acordároslo tiene inconveniente:

Mas oíd otro caso mui estraño,

Y es que assí Marco y Elvia, ambos a dos,

Eran de carne y huesso como vos.
1655

XXI

Dígolo porque allá nuestros Abuelos,

Quando algún hombre vían hazañoso,

Padre, o Madre buscábanle en los Cielos,

Ni a Dios, ni a Diosa dejaban en reposo,

Que luego los traían por los pelos.
1660

Invención de algún pícaro Raposo,

O ya para encubrir algún petardo,

O decir de algún Tal, que era un bastardo.

XXII

Y aquellos Héroes, Grandes Capitanes,

Que eran tan venerados en la Grecia,
1665

Como en la Gran Tartaria son los Canes,

Hijos eran tal vez de una Lucrecia,

Engañada de pícaros Rufianes,

Que se fingían Dioses de Suecia,

Si ella misma quizá no lo fingía,
1670

Para escusar su propia picardía.

XXIII

Que a las hembras no faltan sobrescritos,

Quando ya su pecado es manifiesto,

Y Dioses llamarán a los malditos

Con quienes embidaron todo el resto:
1675

Quedando satisfechos los benditos

De los Maridos, con tan buen pretesto:

O tragarán prudentes sus disgustos,

Para lo qual siempre hai motivos justos.

XXIV

Y del hecho instruidos, e informados
1680

Callarán taciturnos los secretos,

Y acaso se darán por mui honrados;

(Y qué maridos éstos tan discretos!)

Y más, si ven indicios confirmados,

Deque el Dios que bajó a sus Gabinetes,
1685

Franqueando generoso su tesoro,

Entró en él, convertido en lluvia de oro.

XXV

Sabiendo Jove la virtud que tiene

Para ganar (el oro) a una Doncella,

A quien la fuerza, y el temor retiene
1690

Cerrada en una Torre, porque es bella;

Aunque es el primer Dios, no se contiene,

En lluvia de oro se convierte; y ella

Quando una lluvia vio tan cortesana,

Levantóse, y abrióla la ventana.
1695

XXVI

Esta Fábula, Amigos significa,

Que hasta un Castillo se le rinde al oro;

Y que assí de una vez se verifica,

El Cristiano lo sabe, el Turco, el Moro.

Assí también, con claridad se explica
1700

La questión que excitaba el Padre Toro:

En qué consiste que una pobre moza,

Andasse ayer a Pie, Y oy en carroza?

XXVII

O infelices y míseras las tales,

Y que triste en el mundo hacen figura!
1705

Quando pierden tal vez por pocos reales

Lo que después no admite soldadura.

No saben las desdichas, ni los males

Que la deshonra acá las assegura;

Ni que el honor (pues del honor se trata)
1710

Vale mil vezes más que el oro y plata.

XXVIII

No saben, que es igual a qualquier Dama,

Digna de estimación, y reverencia,

La Muger, que conserva buena fama,

Y a quien no la remuerde la conciencia.
1715

No saben, que el honor, como le llama

El Mundo, es nuestro bien por excelencia,

Y que respeto de él la pedrería,

Toda la plata, y oro es porquería.

XXIX

Pero el discurso un poco se ha alargado,
1720

Y quizá más de aquello que debiera,

Porque Yo estaba un poco acalorado,

Y mi Bartolomé acaso me espera,

Para seguir el nilo comenzado.

El qual, como ya dixe (y verdad era)
1725

Siguiendo su costumbre lisa y llana,

Hizo a Tulio nacer de carne humana.

XXX

Esto cierto me alienta, y da valor,

Infundiéndome ganas de estudiar,

Porque, si Tulio fue tan gran Dotor,
1730

Como a su tiempo me oísteis contar;

Si era de nuestra carne, y no mejor,

Por qué no le podremos imitar?

Dándonos a los libros día, y noche

Y, por sabios, llegar a andar en coche?
1735

XXXI

Añádese también la circunstancia,

Que me alienta y me anima a maravilla;

Y es que no, no se fue a nacer a Francia,

Ni a Londres, ni a Getafe, ni a Sevilla,

Ni a Flandes, ni al Perú, ni aun a Numancia,
1740

Terror de Roma, y honra de Castilla,

Ni menos nacer quiso en la Tesalia,

No Señores, nació aquí en nuestra Italia.

XXXII

Y esta Italia tened por cosa cierta,

Que se está donde estaba ha dos mil años,
1745

El clima el mismo es, sin que le invierta

El Po con niebla, ni el Reno con sus daños.

Siempre el Cielo la puerta tiene abierta,

Para llenarnos de hombres mui estraños:

Pues por qué no podrá salir de esta Arca,
1750

Otro Publio, otro Tasso, otro Petrarca?

XXXIII

La Italia no ha perdido sus ingenios,

Por más que digan plumas estrangeras,

Los Reynos ya son otros, no los genios:

Son las almas como eran las primeras,
1755

En tiempo de los Plautos, y los Ennios;

Pues alto a competir aquellas Eras

De los Brutos, Catones, y Mersenios;

Mas nosotros volvamos a la Historia

De Juanbartolo, de feliz memoria.
1760

XXXIV

Luego que nace un Niño, de ordinario,

Saluda con su llanto a los presentes:

El Niño Cicerón todo al contrario,

Riose, quando vio allí tantas gentes

Y, como suele hacerlo un Secretario,
1765

Una pluma traía entre los dientes;

Y después, a presencia de sus Tías,

A Elvia dio en Latín los buenos días.

XXXV

Pero ésta a mí paréceme mentira

(Hablando la verdad), y essa mui gorda,
1770

Porque aunque pudo ser, si bien se mira,

Pues que assí lo hace un tordo, y una torda

Que apenas de su huevo se retira,

Quando grita a su madre, por si es sorda:

Pero hablar en Latín, Griego, o Hebreo
1775

Un Niño assí al nacer? yo no lo creo.

XXXVI

Y tengo mui presente acá en la mente

El prudente consejo, que da Dante,

De que nada se diga ni se cuente,

Que de mentira tenga algún semblante,
1780

Y más si está presente [i]diota gente,

Ora detrás esté, o esté adelante,

Porque se ríe assaz con desvergüenza.

Y se queda uno lleno de vergüenza.

XXXVII

Y yo trato aora, por desgracia,
1785

Con gente buena sí mas maliciosa,

Que no cree (assí Dios me dé su gracia)

Como dicen a ciegas qualquier cosa,

Callar pensé sin arte, ni falacia

La tal salutación, por sospechosa,
1790

No pudiendo citar más Fiador

Que a Juanbartolo, nuestro Autor.

XXXVIII

Pero aora me acuerdo aver leído

En un libro, que un Niño de Bretaña,

Ave, dijo en voz clara, y aun salido
1795

Totalmente no avía de la entraña.

Y aun oy, todo rapaz recién nacido

Luego de decir A tiene la maña:

Pues, díganme, Señores, y quién sabe,

Si el rapaz en esta A nos dice Ave?
1800

XXXIX

Pero degemos esto: a una Criada,

Mandó Elvia llamasse al punto un Ama:

Fue a buscaría, y estúvose embobada

Más de seis horas; en cuyo tiempo es fama,

Que del Cielo bajó toda exalada
1805

La gran Diosa Minerva, (assí se llama)

En trage de Ama, y luego dicho y hecho,

Al Niño Marco Tulio diole el pecho.

XL

Determinado aquella Diosa avía

De Juno hacer con Tulio oficio y vezes,
1810

Porque, como era Astróloga, sabía,

Que no avía de ser un casca nuezes;

Que a Homero y a Demóstenes leería,

Y sabría más que ellos diez mil vezes:

Por esso este favor hacerle quiso,
1815

Pidiendo antes a Juno su permiso.

XLI

Al niño entre sus brazos y su pecho

Cogió Palas, uniéndole con sigo:

Tiróle la nariz (la cosa es de hecho)

Y ligóle después el tierno ombligo.
1820

Labóle ya al rebés, y ya al derecho,

Haciendo otras cosillas que no digo:

Un granito de sal le entró en la boca;

Que si fuesse de azúcar, era poca.

XLII

Cortóle del ombligo la cintica,
1825

y en el agua meneóle como vana.

Fajóle (boca a bajo la carica)

Sin apretarle, que no es cosa sana:

Otra vez a su pecho se le aplica,

Y mil besos le dio con linda gana.
1830

Desvanecióse luego de la estancia

Dejando en ella insólita fragancia.

LXIII

Y aunque avían passado pocas horas

Después que la buena Elvia avía parido,

No la causó dolor, ni desmejoras
1835

Aquel olor, aunque era tan subido;

Porque esta bella moda en las Señoras

Entonzes no se avía introducido,

Ni hasta siglo después (dice Baeza)

Se estiló ser tan flacas de cabeza.
1840

XLIV

En ellas, dicen que es tan delicada

Tan sutil la meninge, o duramadre,

Que el olor del hinojo en la ensalada

(Mil vezes lo oiría yo a mi Padre)

A una Dama la deja trastornada,
1845

Y al punto la acomete el mal de madre.

Pues qué mal no la harán otros olores,

Que no son de pastillas, ni de flores?

LXV

Tanto en solteras, como en las casadas,

Por deliquios, mingranias, y jaquecas,
1850

Aquellas convulsiones obstinadas,

Y opilaciones duras, y tan secas,

Aquellas contorsiones arrabiadas,

Aquellos figurones, gestos, muecas,

Y todos sus afectos medio histéricos,
1855

Todos nacen de olores hypotéticos.

XLVI

Una fingida flor, pero creída

Por flor fresca, real, y verdadera,

Que traiga otra, ya bien, ya mal prendida,

El tímpano del naso las altera,
1860

Y aquel olor, que juzga mui subido

La aprehensión de su fácil bodoquera,

Es capaz de tumbar a alguna Dama,

Y tenerla dos meses en la cama.

XLVII

En ella están las míseras gimiendo,
1865

Por un olor no más que imaginario;

Quando se acuerdan de él va el mal creciendo

Y por más que las diga el Boticario,

Que de él se olviden, dícenle plañendo,

Que las es imposible lo contrario;
1870

Pues siempre aquel olor tienen presente,

Quando no en las narizes, en la mente.

XLVIII

Pero este olor despierta un apetito

Y un hambre en todas ellas prodigiosa;

Comen pollas, perdizes, y Cabrito,
1875

Arroz, truchas, pescado, u qualquier cosa;

Y beben a escondidas su traguito;

Que las pone un color como una rosa:

Buen provecho las haga; que yo quiero

A Cicerón volverme todo entero.
1880

XLIX

Que pues ya nació en fin, es bien que ceda

Todo asunto a éste solo, y que adelante

Me distraiga lo menos que ser pueda

A cosas que no sean de mi Infante.

Confiesso que hasta aquí alargué la seda,
1885

Y que no he estado mui laconizante.

Ya soi todo de Tulio: e in primo loco

Quiero un punto assentar, que importa poco.

L

Si me pregunta alguno de la Fiesta

En qué año nació nuestro Mancebo,
1890

A pregunta tan justa, como honesta;

Una respuesta cortesana debo,

Que negarme a una cosa como esta,

Fuera mucha flaqueza, o mucho sebo.

Y he visto más que un Libro despreciado
1895

Por cosas que no importan un cornado.

LI

Escrúpulo no hicieron de conciencia

Los Antiguos; en dar a luz sin data

Sus Historias: ya fuera inadvertencia,

O ya que la juzgassen patarata.
1900

Juanbartolo siguió esta impertinencia,

Y aviendo de emendar yo aquesta errata

He de ver si una buena congetura

Puede suplir la falta de Escritura.

LII

Que Tulio fue nacido y engendrado
1905

Antes de Roma, dícelo una Historia;

Y que en su tan ilustre Consulado

Tuviesse de nacer Roma la gloria,

Lo prueba con el verso decantado,

De que hace el mismo tanta vanagloria.
1910

El verso dice assí: O fortunatam

Romam (Notadlo) me Consule Natam.

LIII

Mas que aquel verso no es de Cicerón

Lo saben ya los Niños Malabares

Y en que su Padre Marco, o bien Marcón
1915

Fue Romano, no hai dares ni tomares.

Por otra parte dicta la razón

Que nació antes que el hijo (ita Tabares).

Luego nació de Roma en el Imperio

Antes, después, o al tiempo que Tiberio.
1920

LIV

Id est después que era fundada Roma;

Mas esso de fijar año preciso,

Pedía otra cabeza menos roma,

Y Ustedes me han cogido de improviso.

Con todo esso, no aviendo otro diploma,
1925

Porque el punto no quede indeciso,

Siendo tan intrincado y tan perverso,

Quizá lo probaré con otro verso.

LV

Admiradas dejó a Athenas y a Arpino

Dice el Petrarca allá en el Canto ciento,
1930

Y sobre estas palabras el Landino

hizo un delicadíssimo Comento;

Diciendo, que el Poeta Florentino

Habló de Cicerón en este cuento.

De que infiero que Tulio claramente
1935

Fue anterior al Petrarca ciertamente.

LVI

Y aquél que de la Historia tiene ciencia,

Sabe bien que Tarquino fue Monarca

De Roma; y Cicerón, por consecuencia,

Floreció entre Tarquino y el Petrarca
1940

Y esta, a mi ver, es la mejor sentencia,

Para que ande derecha nuestra barca,

Debiéndose oy a mi Cronología

Esta invención, y sutileza mía.

LVII

Y vosotros, Amigos, Camaradas
1945

Cronólogos, callad, si yo, siguiendo

Vuestras intrincadíssimas pisadas,

En cómputos me meto, que no entiendo,

Y en essas vuestras cuentas rebesadas

Me he querido enredar; pues no pretendo
1950

En esta, ni en alguna otra ocasión,

Inquietar vuestra antigua posessión.

LVIII

Mas digo la verdad, no diera un quarto

Por todo mi trabajo, y mi fatiga,

Ni este de mi discurso pobre parto
1955

Un ardite valdría, ni una higa,

Si además de lo dicho (que ha sido harto)

No añadiera (cortando toda intriga)

Que nació nuestro Orador Romano,

Siendo un Cónsul Scipión y otro Serrano.
1960

LIX

Y pues (gracias a Dios) de este conflito

He salido con tanto lucimiento,

En otro golfo, un poco más hondito,

De engolfarme, me vino atrevimiento,

Bien que sólo la duda, o el quesito
1965

Propondré: lo demás del argumento

Se avrá de consultar con un Astrólogo,

Y después pondré fin a aqueste prólogo.

LX

Mas debe ser el tal persona prática,

Un si es no es versado en la Aritmética,
1970

Que esté ya graduado en Matemática,

Y también pique un poco en Geométrica.

Hará también al caso si es fanática,

Según buenos principios de la Ética,

Para alzar la figura Cicerónica
1975

Por reglas infalibles de la óptica.

LXI

Y a de saber contar una por una

Las estrellas, su influjo, sus efectos,

Como las influencias de la Luna,

Y de cada Planeta, en sus aspectos;
1980

Item si anuncian dichas, y fortuna

Los Astros, al Natal de Tulio electos;

Si estaban juntos Júpiter y Marte,

O estaba cada uno en otra parte.

LXII

Entonces anunciar mui de seguro,
1985

Se le pueden las dichas preparadas;

Y, fingiendo parlar de lo futuro,

Hablar de cosas viejas y passadas,

Como lo hacen (y yo os lo aseguro)

En nuestros días ciertos Camaradas,
1990

Los quales fingen ver allá en los Cielos

Mil cosas, que acá vieron sus Abuelos.

LXIII

Estos, sin embarazo, y sin engaños,

Como por una specie de prodigio,

Ven cosas sucedidas ya ha mil años,
1995

Y al Francés, al Tudesco, al Indio, al Frigio

Los venden profecías a rebaños,

Y aunque no hacía esto San Remigio,

Digo que los alabo la invención,

Si lo hacen por huir la Inquisición.
2000

LXIV

Pronósticos de cosas ya passadas,

Estos sí que me agradan mucho, mucho

Que las futuras son enrebesadas,

Y aquello es ser Astrólogo machucho,

Pues tengo por locuras rematadas,
2005

Que Aguila quiera ser el Aguilucho,

Y que en una obscuríssima caverna

Se pretenda ver algo sin linterna.

LXV

Los Profetas ya ha tiempo que passaron,

Ni tampoco esta gente es necesaria,
2010

Y muchos oy aquello que anunciaron

Lo vieron en visión imaginaria,

Siendo cierto (algunos lo observaron)

Que es gente miserable, estrafalaria,

La que en los Astros ve de otros las dichas,
2015

Y nunca ve en su plato unas salchichas.

LXVI

Miran al Cielo, y caen en la fossa,

Por no ver lo que está debajo de ellos:

Riquezas, vida larga, y mui dichosa

Anuncian a los simples, que a creellos
2020

Se aplican, y no advierten una cosa,

Que sucedió a Cardano, y a mil de ellos.

Sabe Milán, Turín, Roma, y Albano

El chusco que llevó el simple Cardano.

LXVII

Hízose a sí su horóscopo este tonto:
2025

Predijo el día y hora de su muerte;

Llegó el día en que estaba a morir pronto,

Mas de morir no le llegó la suerte,

No se ahorcó como otro de Bitonto,

Pero, impelido de un despecho fuerte,
2030

Viendo salir falaz su profecía,

Él se dejó morir de hypocondría.

LXVIII

Quantos simples hai oy que imitan esto?

Se hacen decir la buena o mala bentura,

Y si les dicen que han de morir presto,
2035

Antes del tiempo los entierra el Cura.

Quántos a la insolencia echan el resto,

Porque creen que está la sepultura

(Según el Adivino) mui distante:

Viene la muerte, y quítalos delante?
2040

LXIX

Señores, lo que está escrito en el Cielo

No lo sabe ni el Turco, ni el Cristiano;

Sólo sé, que soi libre, y que es consuelo

Esto de que mi suerte está en mi mano

Si soi malo, lo soi por mi cervelo,
2045

Si bueno por influjo soberano:

En mi alma no mandan las estrellas,

Antes, si sabio soi, las mando a ellas.

LXX

Sin razón nos quejamos de los Astros,

D[e] su influjo, o de nuestro mal destino:
2050

[N]uestras passiones son nuestros Padrastros

Y pensar otra cosa, es desatino.

Hagámoslas añicos con los Rastros,

Y no se nos dé un pito, ni un comino

Porque govierne el Carro de Bootes
2055

Marte, Saturno, o el célebre Antón Zotes.

LXXI

Obremos bien, y vaya enoramala

El herético error de Prisciliano;

Pues vemos nacer dos en una sala,

(Y en un punto también, si viene a man[o])
2060

Y el Niño es bueno, y es la Niña mala,

O al rebés, ésta humilde, y aquél vano

Y han de pagar después sus picardías

Venus, Juno, Minerva, o las Harpías!

LXXII

O infelices, y míseros mortales!
2065

Que presumís misterios tan ocultos

Penetrar, y qual brutos animales

Sólo sombras palpáis, y palpáis bultos.

El furor de los Dioses inmortales

Irritáis con tan bárbaros insultos;
2070

Pues tal vez no leéis con vuestros ojos

Un papel sin calaros los anteojos.

LXXIII

Pero aquí una palabra decir quiero

A los que pronostican que mañana,

Hará sol, sino llueve, y por Enero
2075

Avrá frío, y de lumbre mucha gana,

Como también por julio un calor fiero,

Y a la gente sencilla y Aldeana,

Conforme a ellos los viene la manía,

Prometen abundancia o carestía.
2080

LXXIV

Que el Turco, el Indio, el Trace, el Persa el Moro

Los crean; de esso cierto no me admiro;

Mas sí, deque los crea el que en el Coro

El Evangelio oyó, o en su Retiro

Le leyó, y abrazó; y al Dios que adoro
2085

Adora como yo: doi un suspiro,

Y digo que me pasma, y que me asombra

Porque el tal a su Fe la hace gran sombra.

LXXV

Pero a qué descamino obliquo y vario,

El estro me llevó sin mi licencia?
2090

No me está bien hacer del Misionario,

Ni discurrir en casos de conciencia.

Si fuera me salí del Seminario,

Por esta vez llevádmelo en paciencia,

Que antes de un Credo, bien o mal rezado
2095

Voi a soltar los Bueyes del arado.

LXXVI

Y el hilo a atar volviendo del discurso,

Repito lo que dije, en que estoi fijo,

Que a los Astros hacer algún recurso

Para saber, si brebe, o si prolijo
2100

Ha de ser de la vida el mortal curso,

Es locura, y yo sé que assí lo dijo

Sabéis quién? El mismo Spíritu Santo:

Mirad si hai aquí alguien que sepa tanto.

LXXVII

Con todo nuestro Autor callar no quiso
2105

Esta poco importante circunstancia

Porque no la notasse algún Narciso

De inadvertencia, ni otro de ignorancia.

Dice, que nació Tulio en el preciso

Punto de unión y noble concordancia
2110

De los Astros, el Sol, Luna, y Aurora.

Y que no era posible mejor hora.

LXXVIII

Venus con Jove estaba en Capricornio,

Marte dormía, el Sirio Can callaba,

Y Mercurio mandaba el pan y el horno.
2115

La Tierra se reía y se alegraba,

Porque no hacía frío ni bochorno,

Quando el Héroe de Arpino en ella entraba,

Y aun dice nuestro Autor, que hasta Saturno

Aquel día no estuvo taciturno.
2120

LXXIX

Y porque Ustedes lo han estado tanto,

Y a sus casas se vuelvan con contento,

Dejo mi habladuría, y dejo el Canto,

Faltando veinte octavas para ciento.

De callar doi palabra como un Santo,
2125

En dando a estos tres pies su cumplimiento:

Ya no falta más que uno, y el convite

De esta noche acabóse; y por tanto Ite


Fin del Canto III

I

Preguntada una vez cierta Doncella,

Si quería casar con un tal Ticio?
2130

Ella, que era tan franca como bella,

Y de mil hazañeras sin el vicio,

Con una voz más clara que una estrella,

Sin mudar de color, sin artificio

Al Cura respondió con tono entero,
2135

Señor Don Juan lo quiero, y lo requiero.

II

Esto sí que me agrada, dijo el Cura,

Y no aquellas que se hacen de rogar,

Con el Esposo al lado, y tal figura

Suelen poner delante del Altar,
2140

Estrujando allá un SI con boz obscura,

Que a mí me hacen de risa rebentar;

Como que las sonroja el ser Esposa,

Y no rabian las más por otra cosa.

III

Pero saben fingir tan bellamente,
2145

Y tener tan oculto su deseo,

Que hacen creer a mucha pobre gente

Que aborrecen de muerte el hymineo,

Siendo assí, que rebientan comúnmente

Por casarse con hombre, hermoso o feo,
2150

Y colocarse en Santo matrimonio

O con Cayo, o con Ticio, o con Sempronio.

IV

Quando van a casarse las Doticellas,

Las más se muestran tristes aquel día.

Al contrario, a ser Monjas las más de ellas
2155

Parecen van brincando de alegría,

Y al verlas, tanto aquestas, como aquellas

Causan admiración a quien se fía

De su exterior fingida carambola:

Pues a todos nos hacen la mamola.
2160

V

De todo esto inferir mui bien se puede

Quánto saben fingir las señoritas;

Pero esto no es mi asunto, y assí quede

Borrado con carbón, o con pepitas

Lo dicho, porque el Diablo no lo enrede;
2165

Y Señores, degémonos de hablitas,

Que Yo juro, protesto, y lo confiesso,

Que no quiero ofender al bello sexo.

VI

Quise decir, si alguno preguntara

Si esta noche mis versos leer quiero,
2170

Sin salirme colores a la cara

Respondería; sí; quiero y requiero

Mas los querréis oír? (pregunta rara!)

Desde el primero creo hasta el postrero

Respondería en voz nada melosa:
2175

Majadero, no estamos a otra cosa.

VII

Si oírlos no quisiéramos, cada uno

Metido huviera estádose en su casa,

Pues no creas venido aya ninguno

Solamente por ver tu calba rasa.
2180

Hora bien, suponiendo que importuno

No soi, porque veo lo que passa,

Chitón todos; que ya a parlar empiezo,

Sin rubor, sin empacho, y sin tropiezo.

VIII

Y porque temo mucho que este Canto,
2185

Se parezca un poquito a Portolongo,

Por averme crecido un tanto quanto

Entre las manos, como crece el ongo:

A la Isla destierro de Lepanto

El Exordio; y con esto me dispongo
2190

A entrarme de rondón en el asunto

Porque oigo murmurar, o lo barrunto.

IX

Oigo, digo, que alguno me murmura

(Porque, gracias a Dios, yo no soi sordo)

De que saco a bailar al Señor Cura,
2195

Después me olvido de él, y voime a bordo;

Quiero decir, hablando sin figura,

Que dejo a Cicerón en lo más gordo.

Ea, pues, aora estoi dispuesto

A hablar de él, y será quizá mui presto.
2200

X

Mas antes de seguir la bella Historia

De Cicerón, decir quiero entre tanto,

Que tuvo de Marco y Elvia la gran gloria

De nacer en Arpino. Y esto es quanto

He dicho de él (tenedlo en la memoria)
2205

En el primero, y el segundo Canto.

Mas nacer Cicerón, y estar tan quietas

Las Musas? Vergüenza es de los Poetas.

XI

Nace Tulio; que fue el honor de Roma,

Gloria de Arpino, Lauro de Oradores.
2210

Nace Tulio; que oy mismo no se toma

En boca, sin hacerle los honores.

Nace Tulio; y no veo yo en su idioma

De Italia verso alguno en sus loores!

Nace Tulio; y están todos quietos
2215

Sin verse una Raccolta de Sonetos!

XII

Una Colección digo no se estampa

De versos? Quando veo en la edad mía

Dar dos mil Colecciones a la estampa

Con poca honra de nuestra Poesía,
2220

Por qualquier friolera, y que se alampa

Por ellas todo el mundo cada día;

Sin que a tanto furor, que causa tedio,

Ni a pestilencia tal se halle remedio.

XIII

Oy por cierto ninguno se adotora,
2225

Que no se cante en verso su doctrina.

Si se casa una rica Labradora

Celebran su hermosura peregrina

Cien Sonetos: si la otra se enamora

De un Convento, y ser Monja Capuchina
2230

Resuelve, y más si es linda y es muchacha

Todo Poeta va a encerderla un hacha.

XIV

Éste Virgen y Mártyr la apellida,

Aquél dice, que al Ciego Dios Cupido

Le dejó sin aljava; y aun sin vida.
2235

El otro, un poco más enternecido,

La llama de los hombres homicida,

Y hasta el más circunspecto y detenido

Mil disparates echa por la boca:

Imprime un Papelón, y nos le emboca.
2240

XV

Quando la Niña viste áspera lana,

Quiere versos; después cuando professa,

Quiere versos; quando toca la campana,

Quiere versos; si la hacen Abadesa,

Quiere versos; y en fin si da la gana
2245

De morirse a una Gata (y más Maltesa)

Quiere versos. O Dios! y qué prurito

De coplar tiene un Siglo tan maldito!

XVI

O son (dirélo assí) tan poco duchos

En materia de juicio los Poetas,
2250

(No digo yo que todos, mas sí muchos)

Que en las más infelizes, más esquetas

Materias, sobre tristes Avechuchos,

Coplas hacen a cargas, y a carretas,

Y no sucede apenas cosa alguna,
2255

Que en verso al Sol no salga, o a la Luna.

XVII

Si nace un hijo de algún gran Señor,

No hai que temer de versos carestía

Llénase todo el Pindo de rumor,

Sin saber lo que el Niño será un día.
2260

Se profetiza que será un Doctor,

Que mil lenguas sabrá, y en Poesía

Será un nuevo Petrarca, un nuevo Dante,

Y es después un grandíssimo ignorante.

XVIII

Si se casa, será un soldado fiero,
2265

Un Ayace, un Aquiles, y un Orlando;

Al Turco, al Persa, al Trace, al Can Cervero,

A todo el mundo dejará temblando:

Un egército entero y verdadero

De nietos, le prometen, augurando,
2270

Que famosos serán en paz y en guerra,

Y no cabrán en Cielo, mar, ni tierra.

XIX

Italia, Italia, volverá el glorioso

Tiempo tuyo passado, tiempo viejo,

Gritan fuera de sí; y estando el Oso
2275

Vivo en el bosque, venden ya el pellejo:

A los futuros Héroes un Coloso

Levantan, con magnífico aparejo.

Y en qué suelen parar sus acertijos?

En que se muere el tal sin hijas ni hijos.
2280

XX

Y aun diréis, o Poetas, todavía,

Que estáis viviendo de lejos lo futuro;

Que el Cielo un luminoso rayo embía

A vuestro Numen, para ver lo obscuro;

Que cada voz que dais es profecía,
2285

Y que es un Dios quien sale a dar seguro:

Sí será; mas metiéndome a Adivino;

Digo que si un Dios es, es el del vino.

XXI

El vino, a decir vuelvo (que no entiendo

De ceremonias); él a vuestra testa
2290

Se sube; y en subiéndose, pretende

Que de dos mil locuras las atesta.

No, Hermanos míos, no, que yo os entiendo,

No es Febo, ni Anfión quien os apesta

Ni el agua de Aganipe; que esse instinto
2295

Es efecto del vino blanco, o tinto.

XXII

Debéis, de oy más, estar desengañados,

Y no debéis decir tantos dislates:

Dejad essas simplezas de los hados,

Y de los Genios essos disparates.
2300

Que el Pegaso a pacer vaya a los Prados,

Y embiad el Bruto alado a los Orates;

Pues si otra no tenéis Cavallería,

Siempre andaréis a pie, y de infantería

XXIII

Montados en tal Potro, alzáis el vuelo,
2305

Y encajarnos queréis lo que soñáis:

En un abrir de ojos hasta el Cielo

Subís, voláis, corréis, os remontáis;

Ya mil felicidades a un Mozuelo,

Ya mil proezas le pronosticáis,
2310

Pero al que diere crédito a Poetas,

Le debieran soltar las augetas.

XXIV

Pobre Papa! por Dios que estaba fresco,

Si el tal profetizar no fuera vano.

Porque no hai Cardenal, sea Tudesco,
2315

Sea Español, Francés, sea Italiano,

Sea Prete, o del género Fraylesco,

Que no aya de ascender al Vaticano,

Aunque el tal Cardenal lleve en su capa,

Veinte, o treinta años más que lleva el Papa.
2320

XXV

Mas Cicerón consuélese entre tanto,

Que, si quando nació no fue aplaudido,

Después de muerto nadie lo fue tanto.

Y si mi Autor huviera conseguido

Un Traductor de más subido Canto,
2325

Su Cicerón a fe huviera corrido

Con el mismo Bertoldo igual pareja

En toda delicada y fina oreja.

XXVI

O pobre de mí Si yo arrivara

Al Ingenio de aquel noble Congresso,
2330

Que en rima tan sutil, rima tan rara

(Aunque compuesto de uno y otro sexo)

A Bertoldo tradujo, e hizo tan clara

La lengua, o el lenguage Boloñeso,

Mi libro correría igual fortuna,
2335

Que el Bertoldo corrió desde la cuna.

XXVII

Sé muy bien, que tal qual, que ni una hoja

Del Bertoldo leyó, de él dice horrores

Siendo assí que la Italia sangre arroja,

Por la fuerza que hace en sus loores.
2340

Y esto es lo que a mí más me congoja.

Pues qué esperar podrán estos errores,

Saliendo a luz en cueros, y al desprecio

Sin estampas, que al Libro dan gran precio?

XXVIII

Pero al fin en el mar ya me he embarcado
2345

Y he de arrivar al Puerto, o aogarme,

Que abandonar no sé mi intento honrado;

Y esperando que avéis de perdonarme

(De lo que casi estoi assegurado)

Me sobra la razón para animarme,
2350

Y para que a Cicerón también bendiga,

Dando por mui dichosa mi fatiga.

XXIX

Luego que Cicerón al Mundo vino,

Su Padre Marco que era mui atento,

Sin un trago si quiera echar de vino
2355

Fue en persona a anunciar el nacimiento.

De su querido hijo, a todo Arpino,

Sirviéndole las piernas a contento,

Hechas ya a caminar de cumbre en cumbre:

Tanto puede en los hombres la costumbre.
2360

XXX

Aquí alguno quizá poco avisado,

De necio tratará a Marco, diciendo,

Que aquel trabajo fue bien escusado;

Pues sólo con decir, como riendo,

A una muger, que Elvia avía dado
2365

Un hijo a luz podría estar durmiendo;

Pues sin más diligencia, en un instante

Correría el natal del nuevo Infante.

XXXI

Y si quería ahún, que se supiesse

Más presto la noticia, el encargarla,
2370

Que a ninguno, a ninguno la digesse,

Era el medio mejor de publicarla;

Pues no hai cosa en el mundo que más pese

Casi a toda Muger, que el obligarla

A callar; y en diciéndola que calle,
2375

Es moverla a gritar más en la calle.

XXXII

Ya lo sabía Marco; mas no obstante

Tuvo el medio por algo peligroso,

Sabiendo bien que el sexo en un instante

De una pulga abultar sabe un Coloso,
2380

Y en fin temió como Varón constante;

Que aunque el secreto no era mysterioso,

Si a una Muger al fin se lo decía,

Sabe Dios lo que ella añadiría.

XXXIII

Tomó los guantes, echó un sombrero nuevo,
2385

Y el vestido mejor del día de fiesta,

Salió a la calle más galán que Febo.

Llamaba a aquella puerta, tocaba ésta,

Y a todo Arpino (casi no me atrevo

A decirlo, Señores, sin protesta)
2390

Dio vuelta entera en menos de una hora.

Que la mula no da más andadora.

XXXIV

No se estilaban maulas todavía,

Ni aun entonzes se avían inventado:

Por esso el pobre Marco en aquel día,
2395

El mismo fue en persona a dar recado;

Que si maulas se usaran embiaría,

A algún Page, o a algún otro Criado.

Que en ocasiones tales y tan tiernas

Todos saben tener mui buenas piernas.
2400

XXXV

Y si en otras su pie es un poco gordo,

En éstas no lo es seguramente:

Ninguno se hace cojo, ciego, o sordo,

Y el recado le dan puntualmente.

Después a la Taberna dan un bordo
2405

A brindar por la Dama parturiente,

Y entran también en estos regocijos

Su Muger, sus hermanos, y sus hijos.

XXXVI

Marco en casa aquel día ni un bocado

Comió, ni bebió un trago de vino:
2410

Quizá algún otro le avría convidado;

Qué sé yo? no lo afirmo; lo adivino.

Vuelto a casa; como hambre tan honrado,

Para mostrarse Esposo amante y fino

Un relox de oro (si el Autor no yerra)
2415

A Elvia regaló de Inglaterra.

XXXVII

Fuera de otros regalos no quantiosos,

Que por vivir en paz a las mugeres,

Deben hacer, a tiempo, los Esposos:

En los primeros partos y placeres,
2420

Es razón ser con ellas generosos,

Dándoles cien doblones de alfileres:

De otro modo se enojan de contado,

Y en la mesa no comen ni un bocado.

XXXVIII

Repito, que no comen en la mesa,
2425

O a lo más prueban algo del cocido;

Mas esto sólo lo hace la más tiesa,

Y essa sólo a presencia del Marido:

Por lo demás sabida es su turquesa,

Y lo que hacen a solas es sabido:
2430

Si la Baca no come con el Buey,

Antes comió o después, dice la Ley.

XXXIX

Pero quando el marido no la ve

En mis días hai más de una casada,

Que come, y bebe, y no es todo Café,
2435

Y en la mesa va a hacer la delicada.

Y de que esto es verdad pueden dar fe,

Su mole fuerte, fresca y abultada,

Sus mofletes carrillos, y colores,

Y aun vosotros Señoras, y Señores.
2440

XL

Comió Elvia aquel día mui poquito:

Una polla, dos huevos, unas sopas,

Y apenas quarto i medio de cabrito

Como su Mayordomo Fulano Opas

En su Libro de gusto dejó escrito.
2445

De vino no bebió más que dos copas,

Queriendo estar tan parca y detenida;

Como conviene a una recién parida.

XLI

Que no es cosa de chanza hacer un hijo,

Aunque yo cierto nunca lo he probado,
2450

Pero infiérolo bien, y lo colijo,

De que Elvira tenía destrozado

El tierno cuerpo, y si Bartolo dijo

Lo contrario en el Canto ya cantado;

No he de romperme la cabeza en esto,
2455

Que no me toca a mí ajustar el testo.

XLII

Estarían bien frescos los Autores,

Si huvieran de salvar y defender,

Sus descuidos, sus faltas, sus errores:

Por cierto que tendrían bien que hacer:
2460

Essa es obra de sus expositores,

A los quales los toca convencer,

Que en la Sabiduría de su Autor

No cupo falta, olvido, tacha, error.

XLIII

Ellos defender deben, si se trata
2465

Del Autor, de quien hacen el Comento:

Que aquel hombre era incapaz de errata,

Y quien dice otra cosa es un Jumento.

Ellos sostener deben, que en su data

El que parece error es Sacramento;
2470

Porque es su Autor el quinto Evangelista,

Y si hai algún error, es del Copista.

XLIV

A todos los que sienten lo contrario,

Los han de hacer pedazos, hacer trozos,

Diciendo son de un juicio estrafalario,
2475

Sean Clérigos, Frailes, Viejos, Mozos.

Hasta un punto, una coma es necesario

(Si es cosa de su Autor) que sin embozos

Defiendan con ardor, y que la espada,

Saquen como por cosa consagrada.
2480

XLV

Por tanto dejo yo que otro defienda

Los disparates, que, por mi desgracia

Podrán hallarse en esta mi leyenda,

Y obligado estaré a su buena gracia

Pues aora bien veis tengo otra hacienda
2485

A que atender. Ni puedo verbigracia

Pararme en todo; porque me da prisa

Elvira, que está en cama, y en camisa.

XLVI

Fueron al otro día a buena hora

A visitarla Amigos y parientes,
2490

Como entonzes se usaba, y se usa aora;

Que a las Mugeres nunca faltan gentes.

Otros cumplieron con la tal Señora,

Por recados, finezas, y presentes,

Y los Regalos fueron recividos
2495

(Según dicen) mejor que otros cumplidos.

LXVII

Elvia decía: me hacen gran favor,

Y siento que se tomen tal trabajo;

Pero un trago de vino, o de licor

(Si era más que verbal el agasajo)
2500

Mandaba dar a todo Portador.

Mas ya la noche se va viniendo abajo,

Ya va estendiendo lóbregos capuzes,

Y ya es tiempo también de encender luzes.

XLVIII

Ya está toda la casa iluminada
2505

Con velas; si de sobo, o si de cera,

Juanbartolo no dice en esto nada.

Ya entran las damas, ya entró la primera,

Cada qual de su Chis... acompañada

Que la da el brazo, y sube la escalera.
2510

Mas a las feas, y a las Vejarronas

Las dejaban subir por sus personas.

XLIX

Si una Muger entonzes en la cama

Se quedaba, los hombres por respeto

No entraban en el quarto de la Dama.
2515

Mas ésta (que es decencia con efeto)

Oy en el mundo rustiquez se llama:

Lo cierto es que de Elvira el Gabineto

A las Damas no más le abrió aquel uso,

Llevando cada qual su rueca, y huso.
2520

L

Los hombres ocuparon la antesala,

Unos por mucho tiempo, otros por poco,

Este hablaba noticias de la Mala,

Aquel contaba lances del Taroco:

Los más ni una palabra buena o mala
2525

De la parida hablaron: sólo un Loco,

Por cumplir, hizo una pregunta honesta,

Pero se fue sin aguardar respuesta.

LI

Quántos y quántos oy hacen lo mismo,

Si a un enfermo visitan, o a un Tullido?
2530

Van a conversación; van al abismo

Del juego; van a un rato divertido.

Y aunque le dé al infierno un parasismo

Mientras dura la trápala, y el ruido

Ni siquiera le miran a la cara
2535

O que gran Caridad! pero algo rara.

LII

Casi todos los hombres que allá fueron,

Lo hicieron por su propia conveniencia,

Pues se sabe, que entre ellos se comieron

Un costal de Castañas de Plasencia,
2540

Y seis frascos de vino se bebieron:

Hecho lo qual, marcharon sin licencia,

Y con Elvia quedó una Dama gorda,

Tres viejas, cinco feas y una sorda.

LIII

Todas dijeron cosas peregrinas,
2545

Que el contarlas sería una locura:

Esta cortaba un manto a sus vecinas,

Aquella blasfemaba contra el Cura;

Una de Elvia alabó las muselinas,

Otra del tierno Niño la hermosura,
2550

Su nariz sobre todo, en cuya pieza

Parece se esmeró Naturaleza.

LIV

Olá! Este verso tal, qual yo le digo,

Se hallará assí en la Vida de Mecenas,

Que ya entonzes Bartolo, nuestro Amigo,
2555

Conocido era en Roma, y en Atenas.

O quántos de estos versos un mendigo

Poetón le avrá hurtado a manos llenas!

Sabe Dios, sabe Dios, y qué destrozos

Avrán hecho en Bartolo algunos mozos.
2560

LV

Sirva al Letor benigno esta advertencia,

Para poner en salvo mi opinión,

[Si] tal qual verso ofrece la incidencia,

Que es de otro Autor en esta mi Versión.

Que soi hombre de honor y de conciencia
2565

Y de hurtar jamás hize professión.

Algunos hai agenos; lo confiesso;

Mas quién dirá, que soi Ladrón por esso?

LVI

Restituir aquello que se ha hurtado,

Dice Torquato Tasso, es cosa justa:
2570

Y él confiessa también aver robado

De Marón lo que más en él nos gusta.

Siendo pues cierto que otros han tomado

De Juanbartolo, sin acción injusta,

Mil frases, y conceptos los más bellos;
2575

Esta es restitución, que yo hago a ellos.

LVII

Oy quántos se hacen oy hombres famosos,

Porque pillaron tal qual manuscrito

De los Antiguos, y sus más hermosos

Conceptos los passaron a otro escrito!
2580

Creyendo que ocultaban cautelosos

De esta manera el cuerpo del delito;

Mas todo hombre de honor de hurtar se guarda,

Que el hurto se descubre presto, o tarde.

LVIII

Y si este original que aora vierto,
2585

Huviera al fin caído en otras manos,

De arriba abajo ya estaría abierto;

Y sacándole tripas y livianos,

Sólo con otro método, o concierto,

Correría por montes y por llanos,
2590

Como obra nueva de especies admirables,

Porque assí corren hoy inumerables.

LIX

Aunque otros con un poco de más juicio,

Sin tanto afán, trabajo, ni apretura

Usan otro más fácil artificio:
2595

Si hallan alguna inédita Escritura,

La mudan solamente el frontespicio,

Imprímenla, y la dejan su figura;

Pero su nombre plantan en la frente:

La cosa es mui notoria, y evidente.
2600

LX

Volviendo a las Mugeres referidas,

Que hacían del Infante el inventario,

Digeron mil simplezas ya sabidas,

Que contar por menor no es necesario.

Su hermosura alabaron dos paridas,
2605

Las tres Viejas llamáronle otro Mario,

Y la Sorda, augurando el Consulado,

Le puso un birretico colorado.

LXI

Quien, viendo su semblante alegre y lleno,

Pronosticó sería un gran Dotor:
2610

Quien, advirtiendo ser gruesso y relleno

Dixo: no; la cara es de Senador.

Tulio entre tanto estaba mui sereno,

Y se dormía sin hacer rumor:

Tanta era su humildad en tanta gloria!
2615

Reflexión oportuna de la Historia.

LXII

Una de ellas a besos le comía,

Otra mui tiernamente le abrazaba;

Esta dos mil cariños le decía,

Aquella las orejas le tiraba.
2620

Y Cicerón ni un movimiento hacía,

Ni lloraba, ni huía, ni pateaba,

Cosa (dice un Philósopho de Almagro)

Que quasi fue una especie de milagro.

LXIII

Mas no siempre andarán assí las cosas;
2625

Que si entonzes dejó Ciceroncico

Manosearse de manos peligrosas;

Tiempo vendrá, en que ponga tanto ozico

A las Damas ya feas, o ya hermosas

Que le quieran tratar como abanico
2630

Jugando de las manos, y en efeto,

Él hará que le traten con respeto.

LXIV

De las Mugeres, quando tenga juicio,

No sufrirá essas fiestas, ni llanezas:

Si ellas quieren tener en egercicio
2635

Las manos; las dirá, que essas simplezas,

O son mala crianza o son malvicio

De las que tienen huecas las cabezas,

Y si huvieran leído a Galateo,

No incurrirían en borrón tan feo.
2640

LXV

Como quatro horas avrían charlado

Aquellas buenas Damas sin cesar,

Y Elvira, como avía ya zenado

Deseaba dormir, y reposar:

Díxolas, pues, con modo y con agrado,
2645

Que la harían merced en descampar,

Porque su discreción y su agudeza

La havían aturdido la cabeza.

LXVI

Todas entendieron bien la frasse,

Aunque era tan obscura, y tan Latina
2650

Con esso cada qual a Casa vase,

Y Elvia quedó sola y tan mohína,

Que, por más que el Marido la rogasse

Por no aguantar segunda disciplina,

Al otro día qué hace? Va y calzóse,
2655

Abrigóse, vistióse, y levantóse.

LXVII

No se avía en Arpino introducido

La quarentena, que usan las Paridas

En nuestros días, calentando el nido

Donde empollaron; ni se hacía el ruido
2660

De sorbetos, refrescos, y bebidas,

Que no hacen buen estómago al Marido,

Porque decían, que las Quarentenas

Sólo en los Lazaretos eran buenas.

LXVIII

Pero usaban aquellas buenas gentes
2665

Convidar en iguales ocasiones

(Sola una vez) a Amigos, y Parientes,

Y no cierto a sandías ni a melones,

Sino a buenas pechugas de valientes,

Tiernos, sabrosos, tímidos Capones,
2670

Y por esso era frasse mui usada

Convidarlos a una Caponada.

LXIX

Siguiendo esta costumbre el Padre Marco,

Quiso hacer este honor a Cicerón,

Y aunque era por sí mismo hombre muy parco,
2675

De Amigos convidó a una gran porción.

No fue el Convite, en pluma de Plutarco,

Como aquél del simposio de Platón,

Ni tan soverbio fue como el de Dante;

Pero fue a costa suya, y abundante.
2680

LXX

Sentado estaba cada convidado,

Y exalaban los platos buen olor.

Todo el mundo mui serio, y mui callado,

Y sólo de los dientes el rumor

Se oía, ni era alguno molestado,
2685

Porque todos hacían el honor;

Pues esto de comer a casa agena,

Se hace sin ceremonias, y sin pena.

LXXI

Usábanse aquel tiempo Ciñidores,

Los quales ellos y ellas aflojaron,
2690

Y aunque algunas Señoras y Señores,

Más de un palmo y aun dos los alargaron,

Para que cupiessen más licores,

Todavía algo más los ensancharon,

Quando entró un vino rancio y esquisito
2695

(O mi Dios! quién me diera a mi un traguito!

LXXII

Tulio dormía en tanto quietamente;

Quando ételo, que al medio de la Cena,

Bajó del Cielo repentinamente,

Una llama, no rápida, serena,
2700

Que le lamió la Cara dulcemente.

Los hombres prosiguieron su faena,

Mas las Damas gritaron como locas,

Y perdieron la leche algunas pocas.

LXXIII

Al grito descompuesto y repentino
2705

Dispertó el Niño, y se apagó la llama:

Volvió el rostro risueño il bel Bambino

Azia el lugar de la asustada Mama,

Que cambió en risa el susto peregrino,

Como Ceusa, la qual, según es fama;
2710

Hizo lo mismo en semejante caso,

Que al Niño Ascanio sucedió de passo.

LXXIV

Entonzes se acordó de aver leído,

Que, en tiempo de Tarquino, un pobre honrado

A ser Emperador avía ascendido,
2715

Porque a presencia de aquel Rey malvado,

Siendo niño, y estando adormecido,

Una luz celestial le avía quemado

El Cabello, y se dice que fue en julio,

Y el rapaz se llamaba Sernó Tulio.
2720

LXXV

Sacó luego el Infante de la cuna,

Registróle todo él de arriva a bajo.

Y no encontrando en él señal alguna:

Por ti (dijo) he sufrido un gran trabajo,

Y no creí llegar viva a la una;
2725

Pero, pues ya se fue aquel espantajo,

Sin duda que el gran Jove te destina

A alguna cosa grande y peregrina.

LXXVI

Sí, Tulio mío, sí el Cielo declara,

Con esta llama ardiente y luminosa,
2730

Que algún día serás Antorcha clara

De Italia, y aun del Mundo luz hermosa,

Assí el feliz agüero le prepara,

Como otras Madres, que de qualquier cosa

Anuncian, al compás de sus cabezas,
2735

A sus hijos insólitas grandezas.

LXXVII

Porque todas las Madres, de sus hijos

Forjan grandes ideas en su mente,

Y al tiempo descubrir sus escondrijos

Pretenden, por qualquier vano accidente.
2740

Pero Elvia, podía, más prudente,

Fundar de Cicerón sus acertijos,

Porque sabía al fin quién su Padre era,

Y que el Fénix no engendra una Pantera.

LXXVIII

Y aora quiero decir dos palabritas,
2745

Aunque sea e[n] montón, id est en gordo

De lo que las memorias manuscritas

Dicen de Cicerón; que no fue sordo.

Lo que prueban mui bien dos estampitas,

Que abrió un tal Palomino, o un tal Tordo
2750

Las quales, aunque ya son algo viejas,

Pintan a Cicerón con dos orejas.

LXXIX

Y suelen ser mui vivos los sentidos,

Quando el órgano está más descubierto,

Pues son dos Catalejos más cumplidos;
2755

Quanto el vidrio es más ancho, y más abierto;

Pero si acaso algunos entendidos

Me quisieren decir, que esto no es cierto

Y que la prueba es floja, sobre falsa;

Que hagan ellos, si quieren, mejor salsa.
2760

LXXX

Confirmo un poco más esta sentencia.

Todo aquel que responde, no está sordo,

Sed sic est de Tulio la advertencia,

Dio un Libro de Respuestas, y bien gordo.

Ergo: sacad allá la consequencia,
2765

Que yo de Campanario no soi tordo,

Mas sé bien, que mil hombres y Mugeres

Hacen orejas hoy de Mercaderes.

LXXXI

Quantos hai , que, después de recivido

Un gran favor, y aviendo protestado
2770

Su eterna gratitud; si ha sucedido

Que de ellos te halles Tú necesitado;

Aunque cien veces grites al oído,

Y quedes ronco; a puro aver gritado,

Su tímpano es de mármol o salpetra,
2775

Que tu voz no la cala, ni penetra?

LXXXII

O si tal vez alguno, éste, u esotro

Muestra oír y entender lo que le dices,

Por un oído le entra, y por el otro

Le sale, como lo hacen los lombrizes.
2780

Si le pides dinero, como un Potro

Se vuelve contra ti, y en las narizes

Te da de cozes: o si es un poco, vicio,

Te da, en vez de doblones, un consejo?

LXXXIII

Quantos hai, que en su baja y vil fortuna
2785

Te oían con un gusto reverente;

Y elevados, imitan a la Luna,

Que no oye nuestros gritos, ni los siente?

Parécelos tu voz, voz importuna,

Y mientras los saludas humilmente,
2790

No sólo no se dignan contestarte,

Pero apenas si quiera de mirarte?

LXXXIV

Te llaman indiscreto, y moledor,

Si quieres acordar tiempos passados;

Si les pides su gracia, o su favor,
2795

No te conocen ya aquestos malvados.

Grita, clama, haz gran ruido, gran rumor,

Los oídos tener quieren tapiados;

Y por esso decía un Boticario,

Que no hai sordo peor que el voluntario.
2800

LXXXV

Con los Soverbios, ni con los ingratos,

Ni con los Cortesanos orgullosos,

Ni con los Tontos, simples, y pazguatos,

Ni con enamorados obsequiosos,

Ni con otros iguales mentecatos
2805

Si a palos no los hablas (y briosos)

Aunque rebientes y te desgañites,

No te responderán, por más que grites.

LXXXVI

Cicerón no lo hacía assí por cierto:

Siempre que le llamaban, respondía,
2810

Y su tímpano siempre estaba abierto.

Aunque era hombre de honrada Ierarchía,

Pronto estaba a escuchar, siempre dispierto

Hora fuesse de noche, hora de día,

Y al hombre más humilde, y más Villano,
2815

Daba respuesta el Orador Romano.

LXXXVII

Con razón, pues, siendo hombre tan atento,

No menos que tres nombres le impusieron,

Y aún merece le pusiessen ciento.

El primero de Marco le cogieron
2820

De su Padre; según cierto Comento;

Que los Antiguos siempre retuvieron

El uso de llamar, como a su Padre,

Al Varón, en pariéndole su Madre.

LXXXVIII

En orden al de Tulio variamente
2825

Se discurre, pues hai quien le deriva

De Tulo, Rey famoso, y mui valiente

De los Volscos, gente Marcial y viva;

Y que Tulio de Tulo fue pariente,

Pienso, que Silvio Itálico lo escriba,
2830

Haciéndole del Orden Cavallero,

Aunque Bartolo dice: non è vero....

LXXXIX

Porque los Cavalleros de aquel tiempo

No gastaban la vista, ni la testa

En estudiar; sí en bulla y pasatiempo.
2835

Madrugaban quando era hora de siesta,

Y si tal vez se alzaban más a tiempo,

Le pasaban en juego, zambra, y fiesta;

Ni del Latín (nos dice Teofrasto)

Hacía la Nobleza grande gasto.
2840

XC

Como Tulio se daba todo entero

Al estudio y en él se divertía;

De aquí infiere, el que no fue Cavallero

Nuestr[o Autor]; callarlo yo podía,

A fuer de Traductor fiel y sincero;
2845

Pues antes los dos ojos perdería,

Que perder el concepto; y el honor

De fiel, y verdadero Traductor.

XCI

Porque hai cierto no pocos Traductores,

Que el texto le adulteran malamente,
2850

Y callan lo que ofende a los Señores,

Mas yo (gracias a Dios) soi de otra gente,

Y defraudar no quiero a los Letores

De lo que dice el Texto claramente;

Porque en un traductor es gran delito
2855

No decir, bien o mal, lo que está escrito.

XCI

Pero fuesse, o no fuesse Tulio noble

(Dice Bartolo en el siguiente folio)

Su memoria es ilustre, y lo es al doble,

Que dos mil que nacieron para el solio,
2860

Cuyo nombre duró menos que un roble,

Y el de Tulio le aclama el Capitolio;

Que el nacer mui Señor mui poco prueva

En los Nietos de Adán, por hijos de Eva.

XCIII

Assí que al fin hermanos todos somos,
2865

De una muger, y un hombre producidos,

Sin que el nacer de bajos, u altos lomos,

Ensalzados nos tenga, ni abatidos.

Yo tengo por mui simples o mui romos

A los que de nobleza presumidos,
2870

Se imaginan ser Fabios, y Metelos,

Con las cabezas llenas de buñuelos.

XCIV

De qué sirve ostentar por ascendentes

Marqueses, Condes, Duques, Soveranos,

Senadores, Obispos, Presidentes,
2875

Ilustres nombres entre los Cristianos,

Si sus necios, soverbios descendientes,

Opere, verbo, et visu son Villanos?

La virtud sola (dice Juvenal)

Es la que al hombre da gloria inmortal.
2880

XCV

Volviendo a Tulio, cierto Autor pretende,

Que deriva de Tulia, Tribu Augusta,

Que de tronco Real baja, o desciende;

Pero a mí esta sentencia no me gusta,

Y es más probable aquella que defiende
2885

Que Tulio fue de Tribu más robusta,

Id est, de la Cornelia conocida

En el mundo, y por él tan estendida.

XCVI

Pero al fin, la opinión de nuestro Autor

Es, que este nombre a Tulio le fue dado
2890

La noche que se vio aquel resplandor,

De que se halló en la cuna circundado;

En memoria de Servio Emperador,

Que, hallándose dormido, o azorrado,

Igual prodigio tuvo, o accidente,
2895

Y esto sería verisímilmente.

XCVII

El tercero apellido Cicerón,

Nuestro buen Juanbartolo es de sentir,

Que fue a ocasión de un grano, o turumbón,

Que en la nariz del Niño fue a salir;
2900

Porque estando Elvia en cinta, vio un Cajón

De garbanzos, y quísole engullir,

Y este antojo imprimió en la Criatura

Aquella de un garbanzo fiel figura.

XCVIII

Pero desta virtud Apetitiva,
2905

Se ríen hoy no pocos eruditos;

Porque, si fuesse tan operativa,

Saldrían señalados infinitos;

Puesto que no hai muger tan poco viva,

Que no tenga mil locos apetitos,
2910

Y los más de los Niños racionales

Saldrían con ridículas señales.

XCIX

Foros, Teatros, Máscaras, Festines,

Piedras, Cofias, encages, y basquiñas,

Pages, Lacayos, Piélagos, Jardines,
2915

Tienen siempre en la mente nuestras Niñas

Y todos estos bellos matachines

(Sin contar nuezes, cáscaras, ni piñas)

Saldrían en los Niños figurados,

Por antojo de todos los preñados.
2920

C

O qué monstruos entonzes se verían!

Si esto fuera verdad; en muchos partos

Unas mugeres Naypes parirían,

Otras sapos, culebras, y lagartos.

Estas Cavallos nobles echarían,
2925

Aquellas los Cocheros hechos quartos;

Porque algunas no piensan más que en Potros

Como sabéis vosotras, y vosotros.

CI

Refiere un cierto Lippi (y no Cevallos)

Que una Dama parió suavemente
2930

Un Coche, con un tiro de cavallos,

En fuerza de un antojo mui vehemente

Créalo quien criado huviera callos

En creer; que en mi juicio, Lippi miente,

Pues una mole tal, por más que él diga,
2935

Pedía una grandíssima barriga.

CII

Pedía un parto tal en razón buena,

Casi un vientre tan grande, o una panza,

Como aquella feroz fiera Ballena,

Que se tuvo por Isla, y no fue chanza,
2940

Saliéronla a matar de Cartagena

Dos mil hombres, y todos de pujanza,

Y en un rincón, vecino a los reñones,

Un Convento encontraron de Barbones.

CIII

Yo no quiero mentir, y assí por esso,
2945

Basta saber, que Tulio, sobre el naso

Un garbanzo tenía como impresso,

Y Cicer se llamó por este caso.

Pero cómo, o porque passó el suceso

No puedo aora decirlo ni aun de passo.
2950

Oirálo el Curioso al canto ciento;

Que si vive hasta allá estará contento.

CIV

Sólo diré, que, como uno le dixesse,

Que aquel nombre ridículo mudasse;

Él le respondió luego, que estuviesse
2955

Mui seguro (y que de ello no dudasse)

Que él le haría tan célebre que fuesse!

Igual en todo a los de primera classe,

A los Fabios, Marcelos, y Catones,

Nombrados en los Indios Patagones.
2960

CV

Sólo quiero decir no son los nombres,

Como advierte con juicio cierto Autor,

Los que famosos hacen a los hombres,

Y a las personas llenan de esplendor.

Por esso me dan risa ciertos hombres,
2965

Que imaginan hacerse grande honor,

Quando cambian un nombre algo plebeyo,

Por el de Epaminondas, o Pompeyo.

CVI

Mui ridículos son aquellos Padres,

Y más si son de baja esfera, quando
2970

Encargan den al hijo los Compadres

El nombre de Roldán, de Cid, de Orlando.

Y el orgullo de Padres y de Madres

Le llama César, Carlos, Ferdinando,

Siendo assí que el de Juan le bastaría,
2975

Y el de Martín mui ancho le vendría.

CVII

Podría aquí decir alguna cosa

De lo que estilan ciertos Literatos,

Que de Fileno, Tyrsi, Anfión, Margiosa,

Usan nombres, que damos a los Gatos.
2980

Unos de la Academia Melindrosa

De los Furiosos, de los Mentecatos,

De la Academia son de las Esponjas,

Y luego avrá Academia de las Monjas.

CVIII

Mas, siendo un si es no es resbaladiza
2985

Esta materia, y escabroso el cuento,

Será mejor cubrirla con ceniza,

Y yo a meterme en ella no me tiento,

Aunque no falta alguno que me atiza;

Que no se ha de emprender qualquier intento
2990

(Decía Don Aquiles Bentivollo)

Por no meterse un hombre en un embrollo.

CIX

Aora me acuerdo en Plinio aver leído,

Que Tulio Cicerón se apellidaba,

Porque en sembrar garbanzos divertido,
2995

Muchas horas y días empleaba,

Como Fabio a las habas su apellido

Debió; y Poro a los puerros que plantaba.

Y en honor de este Rey y en su memoria

Los plantan muchos hoy con grande gloria.
3000

CX

Pero Plinio fue un hombre mui sincero,

Que quanto hallaba impresso o manuscrito,

Lo tenía por cierto, y verdadero,

Y a luz lo daba luego en un Escrito,

Pues le hervía la tinta en el tintero,
3005

Y assí caían dos en el garlito,

El primero era él mismo, y el segundo

El Letor bobarrón, de que hai un mundo.

CXI

Creo me estimaréis estas noticias,

Pues son cosas que se oyen raras vezes,
3010

Y no lo digo por pedir albricias,

Que (gracias al Señor) me sobran nuezes,

Y en prueba que a tales inmundicias,

No se abaten jamás mis altivezes,

Vuélvome a aquellas Damas, que cenando
3015

Las degé, y me están quizá esperando.

CXII

Digo, pues, que aquel fuego arriba escrito

Luego despareció, y con él mui presto,

El temor, y el concurso suprascrito

Al resto de la cena embidó el resto;
3020

Prosiguiendo en cenar con apetito;

Tanto, que Elvia en tono mui modesto

Dixo: Amigos, Señores, y Parientes,

Bendiga el Cielo tan honrados dientes.

CXIII

Acabada que fue la magra Cena,
3025

Todos, como es razón, se despidieron,

Iendo a sus casas con la panza llena

Muchos en una luz dos luzes vieron,

En pronunciar la R otros gran pena,

Dicen varios Autores que tuvieron,
3030

Y todos tropezaban al salir,

Pero al cabo se fueron a dormir.

CXIV

Marco y Elvia hicieron otro tanto,

Y al Niño antes dejáronle en la cuna,

El qual durmió sin gritos y sin llanto
3035

Hasta el día siguiente (y fue fortuna)

Que al dulce de las aves bello canto,

Los ogitos abrió, y boquita ayuna,

Y con un tierno llanto azia a la Aurora,

Pidió la mama a Elvia, su Señora.
3040

CXV

Y aunque a ésta la cama la gustaba,

Luego que lloró el Niño levantóse;

Y una bata que cerca de ella estaba,

Con sólo el Zagalejo encima echóse.

Mas antes de saber lo que passaba
3045

Con Elvia, que algún tanto refrióse,

Cierta noticia fuera bien decirla,

Pero no; que mejor será omitirla.

CXVI

Porque ya está cansado el Auditorio,

Y yo tengo también seca la boca,
3050

Y será; si prosigue el Parlatorio,

La discreción del juego de la Oca.

Por tanto, si queréis al Locutorio

Volver mañana, me haréis merced no poca,

Y oiréis, tanto flacos, como gordos,
3055

Las cosas que diré, si no sois sordos.


Fin del Quarto IV

I

De dos tachas que han puesto a mis canciones

Quiero, porque es razón justificarme,

Unos dicen que cansan mis sermones

Por largos, y que debo acomodarme
3060

A la moda que se usa en los calzones.

Otros reparan, que por ostentarme,

Hombre erudito, y atestado en cuentos

Introduzco en la Historia mil comentos.

II

A los que dicen (y ésta es cortesía)
3065

Que soi largo, respondo brevemente;

Que puede ser lo sea tal qual día;

Mas también puede ser que el que lo siente,

Por una cierta igual poltronería,

Se canse demasiado fácilmente,
3070

O que acaso padezca algún letargo,

Y equivoque lo breve con lo largo.

III

Al otro cargo, de que se me acusa,

Debo decir, que hago la glosa al Texto;

Como todo hombre honrado en verso lo usa,
3075

Y podría decir tanto sobre esto,

Que mi mente se hallara mui confusa

Con la misma abundancia, y assí presto

Sin entrar en disputa, ni en contraste

Procuraré decir lo que os baste.
3080

IV

Quieren muchos que el fin de los Poetas

Sea precisamente deleitar;

Pero otras opiniones mui discretas,

Dicen deben también aprovechar.

Y para confirmar ambas recetas,
3085

Cien Autores podría yo citar;

Pero digo que si hai sólo el deleite,

Perdióse la fatiga y el azeyte.

V

Para agradar basta frequentemente

Un Músico, un Bufón, y aun basta un mudo,
3090

Mas el Poeta debe juntamente

Aprovechar (dixo uno que no es rudo):

Quien las dos cosas junta dignamente

Merece el nombre Augusto y campanudo

De Poeta; pues sabe un Sacristán
3095

Que hai mucho de Poeta a Charlatán.

VI

Claro está, que assí el punto ser debía,

Y más reflexionando el alto suelo

Que noble origen dio a la Poesía;

Cuyo solar no es menos que en el Cielo;
3100

Pero que vaya assí el negocio hoi día,

Aunque yo lo jurara por mi Abuelo,

Dirían más de ciento, si lo apuro,

Que era yo un embustero, y un perjuro.

VII

Creo mui bien que assí en su origen fuesse
3105

Esta noble Arte; esto es, que fuesse tal,

Que aprovechasse a un tiempo y divirtiesse,

Por ser Sagrada, Mýstica, y Moral;

Pero que en igual tono hoi prosiguiesse,

Aunque soi hombre dócil, y cordial
3110

Y quisiera creerlo también; pero

No me atrevo a creer tan de ligero.

VIII

Creo que hoy a esta Arte ha sucedido

Lo que sucede al agua de una fuente,

Que cerca de su origen, o su nido,
3115

Es limpia, clara, pura, y trasparente;

Mas después que se aleja, ya es sabido,

Que se enturbia, y revuelve comúnmente,

Y un Lagunajo forma en muchas hebras,

Lleno de ranas, sapos, y culebras.
3120

IX

Assí la Poesía: ella fue un Arte,

No solamente amena y deleitosa,

Sino también (dejando el chiste aparte)

Al pueblo sumamente provechosa.

Oy, olvidada de esta noble parte,
3125

Sólo va a divertir la gente oziosa,

Y de Apolo la Cýtara bizarra

No es más que el Zagarrón de la Guitarra.

X

Aquella utilidad tan celebrada

Por muchos, que professan la Poética,
3130

Es fingida y no más, o imaginada

Como la qualidad Peripatética.

A rascar las orejas la mañada

De muchos Poetillos, con su Ética,

Tira y no más; y su ruda zampoña
3135

En vez de néctar, da a beber ponzoña.

XI

Y hablando sólo de dos mil Pedantes,

Que han escrito Poemas Castellanos,

Con aquellos sus Cuernos, sus Gigantes

Sus Monstruos, sus serpientes, sus Enanos,
3140

Halucinan a necios, y a ignorantes,

Y tal vez también a intendimientos sanos,

Y colocando al Vizio, allá en las cumbres,

Estragan, y corrompen las costumbres.

XII

No ignoro, que tal qual en la edad mía,
3145

Se toma la fatiga, o el trabajo

De descubrir alguna alegoría,

En todo aquel Chimérico Librajo,

Y a lo de Zahorí, se finge espía

Del sentido moral, que está debajo,
3150

Encontrando sentencias en cada hoja,

Que sólo hai , porque al Frayle se le antoja.

XIII

Pero sea que muchos no se paran

A leer la alegórica sentencia,

O que en la Alegoría no reparan,
3155

O no saben sacar la consequencia,

O que en la aplicación de ella disparan,

El caso es (y lo digo en mi conciencia)

Que no estoi de essos Libros satisfecho,

Y temo que hagan más daño, que provecho.
3160

XIV

Por esso no me mezclo en ciertas cosas,

Que el mismo lumbre natural me enseña

Pueden ser un tantico peligrosas;

Y por esso también mi honor me empeña,

En hacer por mí mismo aquellas glossas
3165

O Alegorías, que ninguno sueña,

Porque de mí en el Mundo no se diga,

Que escusé, por poltrón, esta fatiga.

XV

También otra razón por hacer esto

Tuve grande (y lo digo en confianza);
3170

Que algunos leerían sólo el texto;

Como lo hago yo a vezes (y no es chanza).

Y procurando, como lo protesto

El bien de otros, y no estender la panza,

No reparé en tomarme este trabajo,
3175

Aunque creciesse un dedo mi Librajo.

XVI

O Juanbartolo, por mejor decir,

Presago de que su Obra, escrita en prosa,

En verso se vendría a traducir;

Hizo él mismo las Notas, o la glossa,
3180

A las quales tal vez suelo añadir,

Para adornar la Historia alguna cosa,

Y al benigno Letor el texto allano,

Para escusarle algún trabajo vano.

XVII

Y tengo para mí, que aquestas Notas
3185

Son mejores, que Sierpes, y Leones,

Grifos Centauros, Buytres, o Garzotas,

Monstruos, Palacios, Hydras, Figurones,

De que las fantasías siempre rotas

De los Poetas siembran sus borrones,
3190

Y que en todo Letor, que no es discreto,

Nunca producen el mejor efeto.

XVIII

Aora que ya estoi justificado,

A la versión de Juanbartolo vengo,

A la qual, como yo tengo avisado,
3195

Por lo común, como hombre fiel me atengo.

Y porque a todos la palabra he dado

De dar una noticia, la mantengo,

Porque yo siempre, siempre amigo he sido

De cumplir, bien o mal, lo prometido.
3200

XIX

Digo, pues, que allá en tiempo de antaño

Pensaban las Mugeres delicadas,

Que las hacía a todas mucho daño

El criar a sus hijos, y, engañadas,

Los daban a criar (fatal engaño!)
3205

A otras, fuessen Solteras, o Casadas;

Y esto entonzes lo hacía tina Señora,

Ni más ni menos como se hace aora.

XX

Avéis visto lo que hacen las ovejas?

Si una bala, las otras también balan;
3210

Si corre, corren todas; si entre rejas

Se mete en la reja ellas se calan;

Si una levanta un poco las orejas,

Todas por levantarlas se desalan.

No hacen las Reses este barbarismo?
3215

Pues las mugeres de hoy hacen lo mismo.

XXI

Lo que hace una, las otras lo han de hacer,

Sin advertir, que en una es de alabar;

Lo que en otra se debe reprender,

Porque en una razón se puede hallar,
3220

Que en otra no se acierta a comprender,

Y lo demás es ser locas de atar;

Queriendo andar como la zarabanda,

Como se debe? No: como se anda.

XXII

Si gana de aorcarse a una la diere,
3225

Creo, que muchas de ellas se aorcaran.

Hallóse una sin leche en la frasquera,

O con poca en las dos, que la preparan,

Y dio a criar su Hijo a una Soltera.

Qué hicieron las demás que esto reparan?
3230

Buscan Amas, y gastan sus patacas,

Aunque tengan más leche que unas Bacas.

XXIII

Marco se hallaba un poco embrollado

Y no quería (claro está) ser menos:

Tenía Elvira su razón de estado,
3235

Y temía algún daño en sus dos senos;

Por lo qual él y ella avían pensado,

Embiar a Tulio con dos hombres buenos

A un famoso Colegio, que las Damas

Llaman Seminario de las Amas.
3240

XXIV

A él embiaban muchos estrangeros

Sus hijos a criar recién nacidos,

Marqueses, Condes, Duques, Cavalleros;

Porque en él se criaban mui fornidos;

Y salían Latinos verdaderos
3245

A los dos o más años no cumplidos

Porque las Amas de aquel Seminario,

Sabían más Latín que un Diccionario.

XXV

Mas no aviendo ninguna plaza vaca,

Marco escribió a un Arrugo de Gaeta,
3250

Llamada assí de un Ama gorda o flaca,

Como cantó de Mantua el Gran Poeta.

Encargóle le embiasse una sin maca,

Que fuesse de buen juicio, hábil, discreta,

De estómago robusto, y sin congojas,
3255

Blanca de cara, y de mejillas rojas.

XXVI

Moza, bien hecha, de cabello blondo,

Recién parida, buena dentadura;

De genio alegre, de pie un poco redondo,

De talle ayroso, y grande de estatura
3260

Honesta sobre todo y de buen fondo,

Fiándola a persona mui segura,

Súpolo Elvira, y iéndose a su estancia

Es fama, que le habló en esta substancia

XXVII

A nuestro Hijo común, Marido mío,
3265

Yo misma criaré con grande gusto,

Pues que yo le parí; y a nadie fío

Este oficio, que hacerle yo es mui justo.

Leche tengo en mis pechos, y confío

Que para criarle mui robusto
3270

El cielo me la guarde, y me la aumente.

Con que escusas para esto llamar gente.

XXVIII

Mi leche me parece será igual

A la de otra, y quizá sea mejor,

Pues ya sabes que tengo un pecho tal,
3275

Y tan lleno de cándido licor

Que pueda ir a ser Ama a un Hospital.

No me hagas, Marco mío, el deshonor

De hacer creer al Mundo estoi escasa

De aquello, que de sobra tengo en casa.
3280

XXIX

Y no sólo me empeño en el asunto

De criarlo, si tú me das permiso,

Sino también, hasta que llegue el punto

De que cumpla cinco años, es preciso

Que de educar al Niño haga yo punto;
3285

Pues las Madres que siguen otro aviso,

Y a sus hijos no educan con paciencia,

Tarde, o temprano harán la penitencia.

XXX

Tú en el bolsillo traes siempre a Homero.

Y de Eneas, Ulisses, y de Aquiles
3290

Leído avrás su ardor noble y guerrero

Jamás manchado con acciones viles.

También leído avrás, si fue sincero

Su Autor, que las hazañas Señoriales

De essos tres Héroes, grandes Capitanes
3295

A sus Madres costaron mil afanes.

XXXI

Y Demóstenes, célebre Orador,

Y Sócrates, Filósofo preclaro,

A sus Madres costaron gran sudor;

Y si uno y otro fue Varón tan claro
3300

Debiéronle a la leche, y al licor

Del pecho de sus Madres, como es claro;

Que si huvieren bebido de otra fuente,

Sabe Dios lo que fuere aquella gente.

XXXII

Quántos Niños enfermos a sus casas
3305

Vuelven, que salieron de ellas sanos?

Quántos se truecan? y en sus tiernas masas

Quántos vicios iprimen los Villanos?

Quántos hai más fogosos que unas brasas,

Que nunca están en paz con sus Hermanos?
3310

Mirándolos con cara siempre aversa,

Porque mamaron leche mui diversa.

XXXIII

La que niega a su Hijo esse alimento,

Contra la providencia se conjura,

Que el pecho no la dio tan corpulento,
3315

Para añadir más gracia a su hermosura;

Ni por vano symétrico ornamento

De su organizada arquitectura.

Diola los pechos para criar leche,

Que assí lo dijo un Cura de Campeche.
3320

XXXIV

Una hora, y aun más, discurrió Elvira

Sobre el punto, y citó muchos Autores;

Pero mi pluma de esto se retira

Porque es mejor no andar con ciertas flores,

Y en esto no hago más, si bien se mira,
3325

Que imitar a cien otros Traductores,

Los quales quieren despachar más presto,

Y capan, o cercenan algo al Texto.

XXXV

Y Marco, que era bueno, bueno, bueno;

Dixo lleno de gozo: bien me aclama
3330

El Mundo por feliz, de gustos lleno,

Puesto que mi Muger quiere ser Ama.

O si el Cielo infundiera hoy en su seno

De todas las casadas esta llama!

Mas no se asusten vuestros corazones,
3335

Que no siempre oye Dios mis oraciones.

XXXVI

Y aora sí, que ya todos entendido

Avrán lo que allá dixe en otro Canto;

Que apenas oyó Elvira aquel gemido

Del Niño Cicerón, y el tierno llanto;
3340

Quando saltó del tálamo mullido,

E inclinada a la cuna tanto quanto

A la boca del Niño aplicó el pecho:

Qué hizo Tulio? mamóle, y buen provecho.

XXXVII

Marco, que de la cama aquesto vía,
3345

Porque estaba dispierto adredemente,

Dentro de sí de gozo no cabía,

Y mil cosas volvía allá en su mente.

Este Niño (a sí mismo se decía)

Con el tiempo ha de ser hombre valiente,
3350

Porque mama (aunque a algunas no las quadre)

Con la leche las prendas de su Madre.

XXXVIII

Una vez le venía al pensamiento

La gran Cornelia, rígida Romana;

Otra en Elvira, con igual contento,
3355

Miraba alguna célebre Spartana,

Y renovado en ella aquel aliento

De la famosa Andrómaca Troyana,

Quando hizo de sus pechos dos granates,

Y todas las mamó el caro Astanates.
3360

XXXIX

Pocas te imitarán, o Muger fuerte,

(Marco la dixo con risueña cara)

Mas quien ha de burlarse de la muerte,

Y vivir mas allá es cosa clara,

Que ha de huir del montón, y azia la suerte
3365

Encarar de los pocos, que es más rara.

Y añadiendo otras mil esclamaciones,

No se hartaba de echarla bendiciones.

XL

Ya igual con Artemisa a Elvira hacía,

Ya mil amantes ósculos la daba,
3370

Ya que fuesse adelante la decía,

Y su gozo indecible la explicaba;

Y a las locas y necias maldecía

(Aunque estos nombres no los declaraba)

Que querrán sarna, lepra, y pujos fijos,
3375

Antes que ellas criar sus propios hijos.

XLI

Crían sus hijos aun las mismas fieras,

(Enojado decía) aunque estén flacas,

Y no lo hacen assí mil embusteras

Más gordas que las Yeguas, y las Bacas?
3380

Dicen que lo hacen por guardar severas

El decoro; más son unas bellacas;

Pues descubren sus pechos sin recelo

Al Sol, al ayre, al agua, al frío, al hyelo.

XLII

Esto decía Marco: mas no obstante
3385

Yo no a todas las Madres las condeno,

Si a sus hijos no crían; pues constante

Es, que muchas tendrán motivo, y bueno.

Conócense a sí mismas; y al Infante

Ya que al fin le tuvieron en su seno,
3390

Le desean costumbres las más puras,

Y no quieren pegarle sus locuras.

XLIII

Otras (no serán muchas por mi vida)

Como no aciertan nunca a estarse solas,

Y no pueden tener siempre escondida
3395

A ciertos ojos que hai de carambolas

(Si han de criar) la mole bipartida

En dos cándidas peñas, o dos bolas;

Escusan de criar la gran molestia

Por pudor, por recato, y por modestia.
3400

XLIV

Si es assí las escuso, y las alabo,

Mas no puede aguantar mi sufrimiento,

Que a sus Hijos no eduquen, y que al Rabo,

Echan este cuidado de un Jumento;

Que a muchas no se les da un clavo
3405

De un punto tal, y de tan gran momento

Perdóneme su ausencia, y su hermosura,

Que esto a mí me parece cosa dura.

XLV

A muchas las parece que en pariendo

A los Hijos, el cuento está acabado;
3410

Pero se engañan a lo que yo entiendo,

Que entonzes justamente ha comenzado

Entonzes da principio sin estruendo

El cumplimiento del mayor cuidado,

Que es de los propios hijos la crianza,
3415

Y no sólo el echarlos de la panza.

XLVI

Deben hacer las Madres con sus hijos

Lo que hace con sus pollos la Gallina,

Que los libra de pájaros prolijos,

Los recoge, los tapa, los acina.
3420

Han de enseñarlos a estar siempre fijos

En nuestra religión, y su doctrina,

Y no passar los días y los años

En bayles, juegos, Músicas, y engaños.

XLVII

La misma Ley que llaman natural
3425

Las impone esta grave obligación,

Y otro precepto tienen especial

Del Señor, que las carga esta pensión,

Diciéndolas a todas, que del mal

Que sus hijos, por mala educación,
3430

Hicieren; desde el día de la fecha,

Le han de dar una quenta mui estrecha.

XLVIII

Olá Señores; quando a las Madres hablo,

El Sermón también habla con los Padres,

Pues con ellos también habló S. Pablo,
3435

Y assí, cuidado, digo, mis Compadres,

Pues casi me endemonio, y aun me endiablo

Contra los Padres y contra las Madres,

Al ver aquello que con ellos hacen,

O por mejor decirlo, lo que deshacen.
3440

XLIX

Entregarlos no basta a una Criada,

Descargando sobre ella el grave peso,

Que tal vez es viciosa solapada,

O quando no, muger de poco sesso,

Y a ella se la da mui poco o nada,
3445

De que salga el Rapaz malo y travieso,

Antes le enseña ciertas maniobras

Si no con las palabras, con las obras.

L

Pero sea Cristiana, cuerda, y buena,

Pensar que ha de tener aquel cuidado
3450

De tus hijos, que a ti no te dan pena,

Es un gran disparate, y de contado

Mi opinión esta Moda la condena,

Y si alguna me alega que es usado,

Decirle a boca llena no recuso,
3455

Que tal uso no es uso, sino abuso.

LI

Por esso Marco apenas vio señales,

De que Elvia su Muger estaba encinta,

Quando buscó los Libros Magistrales,

Que tratan la Questión, larga o sucinta,
3460

De Filis educandis, u otros tales,

Escritos todos con la mejor tinta,

Y se aplicó a leerlos cuerdamente,

Porque Marco era un hombre mui prudente.

LII

Y también quiso que Elvia los leyesse
3465

Antes que diesse a luz il bel Bambino,

Para que más que flores produgesse

Fuera de tiempo el Orador de Arpino,

Y al fin de que el Chiquillo lo aprendiesse

Nos dice un manuscrito mui Latino,
3470

Que Marco a traducir se halló resuelto

La Ciropedia en verso libre, y suelto.

LIII

Assí quiso que fuesse intitulado

Su Libro Marco, de cuya energía

El que quiera saber lo bien pensado,
3475

Lea, siquiera, la Etimología

De Varrón, que aora en Roma se ha estampado,

En qué Imprenta no sé, ni Librería;

Sólo sé que es un Libro mui cumplido,

Es verdad, que yo nunca le he leído.
3480

LIV

Mas para hacer de un Libro cabal juicio,

El leerlo no es hoi mui necesario:

Basta sólo leer el frontespicio,

Y ver después el Índice, o Sumario:

Basta leer a Clerc, a Juan Fabricio,
3485

O qualquier Diario Literario,

Y aun sobr[e] la Eloquencia el Señor

Fontanini, o de algún otro Escritor.

LV

Hai en efeto no pocos Chorlitos,

Que en dos días se hacen Literatos,
3490

Y assí de Impresos como manuscritos

Su voto dan, siendo unos mentecatos;

Y aun de Libros tal vez jamás escritos,

Hacen graciosa Crítica y retratos.

Y es lo mejor, que entre hombres dozenales,
3495

Lucen, brillan, y triunfan estos tales.

LVI

Esparcen a costales la doctrina,

Presumiendo de doctos, y eruditos;

Pero su erudición es de Cocina.

Logran aplausos entre los benditos,
3500

Todos son confusión, y badurriña,

Dicen mil necedades con mil gritos:

Yo déjolos hablar, y punto en boca,

Más doi a cada qual lo que le toca.

LVII

Para mí, todos ellos son Pedantes,
3505

Con una buena dosis de Impostores;

Mas dejo que los bobos, o ignorantes

Los tengan por grandíssimos Doctores,

Sólo porque estos míseros Danzantes

Saben los nombres de dos mil Autores,
3510

Sus Ediciones, Índices, y Tomos,

Que miraron no más que por los lomos.

LVIII

Pero es menester leer lo que está dentro,

Masticarlo, pensarlo, digerirlo,

Dejar la superficie, e irse al centro,
3515

Penetrarlo mui bien sin confundirlo

Con lo que ofrece el casual encuentro:

Ni contentarse sólo con abrirlo;

Como suelen hacer muchas Cabezas,

Que en vez de leer Libros, leen piezas.
3520

LIX

Ni se tengan por Sabios, y eruditos

Aquellos, que revuelven solamente

Tantos compendios, como están escritos,

Perdiendo el tiempo miserablemente.

De estos necios se encuentran infinitos,
3525

Que con esta letura, falsamente

Se imaginan mui doctos, y mui sabios,

Cosa que no han gustado con los labios.

LX

Los que no quieran ser simples, o ciegos,

Siempre deben traer entre las manos
3530

Los mejores Autores de los riegos,

De los Latinos, y los Castellanos;

Si no lo hacen assí, serán tan legos

Como yo, y otros muchos mis hermanos;

Y todas las demás son pataratas,
3535

Que a las personas no hacen literatas.

LXI

Para lograr Literatura fina,

Es menester leer Libros de Historia,

De Poesía, y de Moral doctrina,

Y estamparlos después en la memoria.
3540

De esta manera se hace buena harina,

Y se logra también aquella gloria,

De dar a todos complacencia suma,

Ya se mueva la lengua, ya la pluma.

LXII

Y si en sublime estilo, y elevado,
3545

Cantar queréis los Héroes, las hazañas

De este siglo presente, o del passado;

Se roerán de embidia las entrañas

De los que al Cielo vean sublimado

Vuestro Numen; y en cláusolas estrañas
3550

Prorumpirán en mil esclamaciones

Pueblos, Reynos, Provincias, y Naciones.

LXIII

Pero diréis de mí, que incito al vuelo

A los demás, y yo siempre arrastrando,

No sé, ni acierto a levantar el vuelo.
3555

Tenéis razón; mas la verdad hablando,

Con una sola cosa me consuelo,

Y ésta es, que en las batallas, allá quando

No se avían usado los Charines

Un cuerno daba ardor a los Rocines,
3560

LXIV

Y hasta una Campana, por ejemplo,

Que desde una gran Torre al Pueblo avisa

Que ya dieron las diez, y venga al Templo

Ella no baja a él, ni va a la Misa.

Yo, pues, una Campana me contemplo,
3565

Y aunque mi Musa es pobre y sin camisa,

Pero al fin es Campana, que os llama;

A que aspiréis a honra, y a inmortal fama.

LXV

Y por volverme a Marco finalmente,

Digo, que en traducir se divertía
3570

La Ciropedia, y esto solamente,

Porque enseñar a Tulio pretendía,

A competir con Ciro en lo prudente,

Y debajo de aquella alegoría

Le enseñaba a ser Noble Ciudadano:
3575

Dixe poco: a ser Hombre Soverano.

LXVI

Y sobre este mismíssimo modelo

Se compuso el famoso Telemaco.

Libro lleno de juicio, y de aquel zelo,

Que predicar no sabe para el saco,
3580

Sino para la gloria, y para el Cielo

De todo aquel, que no ame ser bellaco,

Y que en octava rima ha traducido

Un poeta Italiano conocido.

LXVII

Libro, vuelvo a decir, tan bueno, y tal,
3585

Que de él mil cosas puedes aprender,

Porque está lleno del mejor Moral,

Y todos le debían de tener,

Bajo la almohada, o bajo del guansial.

Para saber mandar, y obedecer,
3590

Como junto a la almoada, y a una media

Tenia Cicerón la Ciropedia.

LXVIII

Bien que aora no estaba para esso,

Como tampoco para cosa alguna;

Porque estaba empañado, y como preso
3595

En brazos de la Madre, o en la Cuna;

Y ora Elvira le daba un dulce beso,

Ora al Cielo ensalzaba su fortuna,

Y ora hacía con él otras mil cosas,

Que hacer suelen las Madres amorosas.
3600

LXIX

La atención, el desvelo, y diligencia

Conque Tulio en Arpino fue criado,

Quien de oírme tuviera la paciencia,

Mañana lo sabrá; que hoi soi llamado

A poner en noticia de mi audiencia
3605

Un caso que en Bartolo hallo contado;

Porque fue Juanbartolo fidelíssimo,

O si es frasse mejor, era exactíssimo.

LXX

El tal Bartolo verdaderamente

(Porque quiero decirlo aquí de passo)
3610

Fue un hombre a todas luces excelente,

Un hombre de gran flema en qualquier caso,

Y las cosas contó menudamente

Del gran Tulio en estilo liso y raso.

Y quién sabrá si su discreta prosa
3615

No me valdrá a mí un día alguna cosa?

LXXI

Si Francisco Primero, Rey de Francia,

A todos los Franceses Traductores

Daba, para vivir con abundancia,

Ya pensiones, ya empleos, y ya honores:
3620

Tanto que la Eloquencia y la Elegancia,

Eran entonzes frutos, y no flores,

Y volaron las plumas más discretas,

De Oradores, Doctores, y Poetas.

LXXII

Quién sabe si tal qual de mis Oyentes,
3625

Sin ser aquel gran Rey, diga: yo quiero

Mil doblones, que traigo aquí calientes,

Regalar al Intérprete sincero

De Tulio? ¿Quién sabe, si entre dientes,

Dice otro: Yo le dejo mi heredero.
3630

Y quién sabe, si alguna Dama hermosa

Se empeña y me hace obispo, u otra cosa?

LXXIII

Pero ¡ola! que esto sólo es verbigracia;

Que aunque no estoi cortado en buena Luna

Ruego al Cielo, que me haga la gran gracia
3635

De que nadie me dé cosa ninguna;

Porque sería para mi desgracia,

La que otro contaría por fortuna,

Y tengo una esperanza mui fundada,

Que será mi oración bien despachada.
3640

LXXIV

De este modo estaré mui consolado,

Porque corre un proverbio entre la gente,

De que oy sólo es hombre afortunado

El necio, el ignorante, el insolente;

Y viendo yo que he sido desgraciado
3645

Hasta aquí: decir suelo acá en mi mente:

Pues jamás la Fortuna en mí tropieza,

Sin duda que soi hombre de cabeza.

LXXV

Por esso, si al oír mi algaravía,

En vez de decir: bravo! noble! bello!
3650

A alguno le viniesse la manía

De darme cien escudos; por el cuello

Yo mismo a vista de él me colgaría,

Como quedó Absalón por el cabello.

Porque entonzes pensara quizá alguno,
3655

Que era yo en el montón número uno.

LXXVI

Es verdad que tan dócil suelo ser,

Que viendo lo mejor, lo peor sigo;

Y si me dan regalos a escoger

(Cosa que raras vezes la consigo)
3660

Cedo a la fuerza, y hago esse placer

A una Dama, a un Canónigo, a un Amigo.

Y en estas (que son pocas) ocurrencias

Lo tomo, y no reparo en menudencias.

LXXVII

De lo qual dar fe puede una Señora,
3665

(Cuyo egemplo honrará a los Cavalleros)

La qual sabe mui bien que hasta esta hora,

De su gran bizarría a los esmeros

No se negó mi alma pecadora;

Pues nos enseñan Santos mui austeros,
3670

A recivir con gusto, y alegría

Los regalos que el Cielo nos embía.

LXXVIII

Mas del camino un poco me he apartado

Y es razón que volvamos al camino;

Porque no piense alguno que lo he errado,
3675

Para traer el agua a mi molino.

Oigamos ya, si assí es de vuestro agrado,

De boca de Bartolo, hombre divino,

El caso que en Arpino por Enero,

Sucedió el día treinta de Febrero.
3680

LXXIX

Un día que fue Elvira a cierta fiesta,

Se quedó Cicerón en casa solo,

Y la única vez creo fue aquesta,

Que solo le dejó, dice Bartolo.

Quando vino de un bosque, o una floresta
3685

Un enjambre de Abejas, y cercólo;

Y en la boquita abierta al natural

De miel le fabricó un dulze panal.

LXXX

Sonó el Ave María en el oído

De Elvira, y volvió a casa, como se usa,
3690

Acompañada siempre del Marido

(Ceremonia que ha tiempo que se escusa),

Y viendo lo que avía sucedido,

Pasmada, helada, atónita, confusa,

Se quedó inmoble mano sobre mano,
3695

Como está la columna de Trajano.

LXXXI

Pero Marco que al fin era hombre grave,

Se hizo traer un trago de buen vino,

Bebió, y dixo: O gran Dios! y qué bien sabe

Será Tulio un gran griego, un gran Latino,
3700

Y en uno y otro idioma más suave,

Que la miel. Y por Dios, que fue adivino.

Y Elvira se alegró en su corazón,

Porque lo mismo sucedió a Platón.

LXXXII

Y aora aquí se podría un buen problema
3705

Excitar: si fue más maravilloso

Este caso, y más digno de un Poema,

Que el de Rómulo y Remo tan famoso?

Mas porque esto no viene a mi systema,

Ni yo tampoco soi el más curioso,
3710

Dejo a algunos discretos pelucones,

Que examinen en Casa estas Questiones.

LXXXIII

Y, acabando por donde comenzé,

Porque al principio corresponda el fin,

Y porque ciertamente sé yo, que
3715

La brevedad agrada hasta un Rozín,

Antes que alguno se me queje, de

Que le serré por medio el peluquín,

Protesto, que ya voi a terminar,

Y cuidado no sirva de egemplar.
3720

LXXXIV

Porque en los otros Cantos quiero hacer

Lo que más cuenta en ellos me tuviere;

Breve, largo, ancho, angosto avrá de ser,

Como se me antojare, y yo quisiere.

Si lo largo da a alguno displacer,
3725

Sea breve, quando él a hablar viniere.

Y deje a cada uno en su Lonja

Hable como Cartujo, o como Monja.

LXXXV

Y otra cosa añadir quiero a lo dicho,

Y es, que si en criticarme todavía,
3730

Prosigue algún discreto, o algún Bicho,

En cada Canto avrá su apología,

Y entonzes, por merced de su capricho,

Saldrá más larga aquesta Historia mía,

Y el tiempo perderáse en cosas vanas,
3735

O en un mismo cantar, como las Ranas.

LXXXVI

Por esso avéis de hacer lo que os digere:

Sólo avéis de pensar en alabarme,

Si yo he de proseguir, o si quisiere

Alguno con su Crítica humillarme,
3740

Sepa el tal Malandrín, sea quien fuere,

Que sólo ha de lograr el enfadarme,

Y que le digo, es su ignorancia estrema,

Pues no sabe los Cristus del Poema.

LXXXVII

Y el recurso a Platón será mui vano;
3745

Ni al de Stagira, ni a nuestro Venusino,

Que essos sólo trataron, como es llano,

De el Poema ya Griego, ya Latino,

Mas no del Español, ni el Italiano,

Ni menos de el de mi Bartolomino.
3750

El qual no está sugeto a faramallas,

Ni a sutilezas de essas antiguallas.

LXXXVIII

Los que pensaron sólo en poner grillos

A los nobles Ingenios, que nacieron

Tan libres como nacen los Novillos.
3755

Yo de todas las reglas que nos dieron,

Me río; y no quiero más seguillos,

Que también ellos de otros se rieron.

Y por oy acabóse mi Sermón,

Pues ya espera la cena, o colación.
3760


Fin del Canto V

I

El Petrarcha, Bocacio, Ariosto, Dante,

Con otros que no tengo en la memoria,

Al sexo mugeril, siempre elegante

Tomaron por objeto de su historia.

Por varias sendas fue cada Danzante,
3765

Con que salió una buena pepitoria.

Más brillante que el Sol uno lo pinta,

Y otro le hace más negro que la tinta.

II

A la letra lo mismo se hace oy día:

Pues del sexo se habla en la ocurrencia,
3770

Ya bien, ya mal, como allá entonzes se hacía;

Y no hai hombre que no dé su sentencia.

Yo también esta moda seguiría,

Si en este mismo punto la prudencia

No estuviera tirándome la manga,
3775

Para apartarme desta mogiganga.

III

Porque si entrara en ella, es más que cierto,

Que no saldría yo mui bien librado,

Pues la venganza feminil, ni aun muerta

Perdona, ni aun después que está enterrada.
3780

Y desde que oí un día a un tal Roberto,

Que él mismo en sí lo avía assí probado.

Más miedo tengo a la ira femenil,

Que a apagar con los dedos un Candil.

IV

De lo malo se ha dicho en abundancia,
3785

Y si yo me metiera a ser Doctor,

Fuera fácil en tanta redundancia,

Parecer gran Poeta, y Orador.

De lo bueno expondría mi jactancia

A quedar desayrada, y sin honor;
3790

Que a la verdad el punto aun el más ducho

Tendría que pensarlo mucho, mucho.

V

Esto es cierto que hablándose in abstrato,

De todo hablar se puede bien y mal;

Pues hai un Panegýrico del Gato,
3795

Del Burro, de la Peste y Orinal.

No obstante, si a este sexo, de quien trato

Alabarle quisiera en general,

No sé yo si aun assí me atrevería,

Por miedo de que acaso pecaría,
3800

VI

Mas, si patente haría mi interior,

No sé qué haría, pues, por mi fortuna,

Tengo la dicha, tengo el grande honor,

De servir a una sola, que en sí aduna

Prendas, que la hacen ser la bella flor
3805

De todo el sexo; y en gracia de esta una

A todas ellas yo las perdonara,

Inclussas las que tienen mala cara.

VII

Es verdad, que hablo de una solamente;

Pero debe entenderse sano modo,
3810

Pues no quiero escluir enteramente

A otras, que en el sexo avrá de todo,

Y se debe creer piadosamente,

Que juiciosas las hai, las hai de modo,

De virtud, de prudencia, y aun también
3815

Calladas las avrá. Decid: Amén.

VIII

Solamente de aquellas que yo trato

Ha de aver más de veinte, por lo menos

Llenas de juicio, llenas de recato,

Y finalmente llenas de los llenos,
3820

Que hacen de la virtud el fiel retrato.

Mas dejando a las vivas, van mis Trenos

A hablar de una que ha siglos es difunta,

Y ha de ser el modelo de la Junta.

IX

Ya todos juzgarán, y bien, que es ésta
3825

La gran Madre de nuestro Cicerón,

Elvia, o Alvira; siendo cosa honesta,

Y también, a mi ver, puesta en razón,

Que, si el hijo es persona manifiesta,

Lo sea aquélla, que fue la ocasión
3830

De que venere a Tulio el Orbe entero,

Más que venera el Tormes a un Sesmero.

X

Haciéndola por cierto una injusticia

Todos los Poetas del pretérito

Tiempo, que nos dejaron gran noticia
3835

De otras Mugeres, no de tanto mérito,

Y fuesse por olvido, o por malicia,

No hablaron de Elvia, cuyo benemérito

Nombre apenas se halla en los Cartones

Roídos de polillas, y Ratones.
3840

XI

Mas yo procuraré, si os agrada,

Con el rudo, y el bajo ingenio mío,

Sacarla de aquel polvo, y de la nada,

Y darla a conocer al sexo pío:

Bien que mi Musa no es proporcionada,
3845

A empeño, que pedía mayor brío;

Mas de Bartolo suplirá la hacienda,

Como inventor que fue de esta Leyenda.

XII

Y, si quizá a tal qual le pareciere,

Que esto es salirme yo del argumento
3850

Que es un aplicar deum de dere

A un Cuerpo humano testa de un Jumento

Esse tal acuérdese, si quiere,

Que doi de Juanbartolo el instrumento

Y que tras de él me voi por donde guía,
3855

Ya se vaya a Pekín, o a Turquía.

XIII

Dejando, pues, a Cicerón dormido

A folio mil i tres, Libro primero,

Dice, que de Elvia el mérito cumplido

Pretende examinar mui por entero.
3860

Y yo que a ojos cerrados lo he seguido,

Y seguiré hasta el fin con todo esmero,

Aunque conozca que se descamina,

Detrás de él me he de ir hasta la China.

XIV

No es razón dispertar a Cicerón,
3865

Y assí no hablaré de él en un gran rato,

Porque sería grande indiscreción

Dispertar, aunque fuera a un Maragato,

Que se tuviera durmiendo en un rincón.

Y assí Chitón, Señores, que aora trato,
3870

De no inquietar el sueño al buen Rapaz,

Y dejarle dormir en santa paz.

XV

Un acto tan preciso como humano,

Acredita que soi hombre prudente,

Pues también duerme todo Fiel Cristiano,
3875

Y aun Quevedo, aquel hombre tan valiente,

Durmió, y durmió el Poeta Mantuano,

Uno en su Cama, y otro al inclemente

Cielo, junto a un Nogal, lleno de nuezes,

Y hasta Homero durmió algunas vezes.
3880

XVI

Y aun yo quedo alabarme en este punto,

Que no la cedo (a modo de decir)

Ni a Omero, ni al Parnaso todo junto,

Se entiende en quanto al punto de dormir,

Pues echo a cada Canto el contrapunto
3885

Con el sueño, y aun muchos, que a oír

Venís con atención la Historia mía,

Conmigo dormiréis, de compañía.

XVII

Y ya estoi viendo dar sus cabezadas

A algunos; que no a todos la materia
3890

Agradará, y assí vuelvo a las andadas,

Que mi Musa, aunque llena de lacería,

Es como algunas mulas alquiladas,

Que ambrientas, y atestadas de miseria,

Caminan al principio a passo lento,
3895

Mas, picadas después, ganan al viento.

XVIII

Assí la Musa mía, aunque Esqueleta,

Y sin picarla, sea una lechuga,

En picándola; vuela qual Saeta:

Ella más fresca es que una lechuga;
3900

Pero también es fresca una escopeta,

Quando nadie la carga, ni ataruga;

Mas echándola pólvora, allí luego,

Con tal que la disparen, dará fuego.

XIX

Dice, pues, nuestro Autor, digno de fe
3905

Que en una de las tres partes del Mundo

(Citando a Tolomeo) hai y se ve,

Un País mui ameno, y mui fecundo;

Y aun añaden Descartes, y otro, que

Se estiende en ancho, largo, y en profundo
3910

Y que nacen en él espinas, rosas,

Hombres, mugeres, bestias, y otras cosas.

XX

El que quiera tener más estendida

Noticia de un País tan soberano,

No gaste en Mapas el dinero, y pida
3915

A un Librero la Obra de un Paisano

Mío, y quedará al punto servida

Su Señoría con dinero en mano:

Su Autor es Passerón, y según fama

La Guía Geográfica se llama.
3920

XXI

En este, pues, País la Diosa Bona

Una hermosa ciudad llamada Buena

O Bolonia fundó, y de su persona

La dio el nombre, llamándola Rebuena,

Que, según un buen clérigo de Ancona,
3925

El nombre de Bononia aquesto suena,

Y aun se llama Felsina y no Felsino,

Si engañarme no quiere el Calepino.

XXII

Hai en Bolonia copia de Togados,

Y en ella comen bien los forasteros
3930

Como lleven zequines embolsados.

Hai en ellas plebeyos, hai muchos Cavalleros,

Hai Frayles petimetres y embrelados

Hai monjas, hai solteros, hai casados,

Hai casas con ventanas, y con puertas,
3935

Que cerradas no están, si están abiertas.

XXIII

Hai juezes, hai Sbirros, hai Notarios,

Y hai Señores llamados los Quaranta,

Hai Médicos también, y hai Boticarios,

Y hai quien compone en Música, y quien canta,
3940

Hai Pintores, Plateros, y Antiquarios,

Y con razón se alaba en gloria tanta,

De que ha dado en virtud, en paz, y en guerra

Héroes mil al Empyreo, y a la Tierra.

XXIV

Y ésta sí que era buena coyuntura,
3945

Para alabar a aquel Hombre divino,

En quien la Tierra y el Cielo se conjura

En hacerle modelo peregrino

De racional y sabia arquitectura:

Columna de la Fe; apoyo el más fino
3950

De Sagrada y Civil Literatura,

Que a los Urbanos, Píos, y Leones

Fue pisando (digamos) los talones.

XXV

Roma sabe mui bien, que yo no miento,

Y lo sabe el Herege, y el Cristiano,
3955

Y una Homilía haría, o más de ciento,

Sobre el que os govierna en Vaticano,

Pero estoi con mi suerte mui contento,

Y no quiero tomar su nombre en vano.

Diré, pues, porque sé vuestros antojos,
3960

Lo que en Bolonia vi por estos ojos.

XXVI

En ella estuve algunos pocos meses,

Y vi en ella mil cosas singulares.

Vi un Pozo, por el cual los Modeneses

Han tenido sus dares y tomares.
3965

Vi una Torre, a la qual los Boloñeses

Carisenda la llaman; los Vulgares,

Ni los Nobles no saben el motivo,

Ni aun yo mismo lo sé, quando lo escribo.

XXVII

Hai en ella Teatros, Galerías,
3970

Jardines, Templos, Fuentes soveranas;

Hai Bodegas, Cantinas, y Osterías,

Y hai buen pan tardes, noches, y mañanas;

Hai pequeñas, y hai grandes Sacristías,

Y hai Torres en las quales hai Campanas.
3975

Hai Pórticos, donde todos se recojen,

Para que quando llueve, no se mojen.

XXVIII

Vi uno, que se llama El Instituto

Lleno de cachibaches de Archimedes,

De mil curiosidades proveduto;
3980

Mas si vas sin dinero a verle, puedes

Hacer cuenta de averle ya veduto,

Aunque fueras el mismo Ganimedes;

Hai la Spécula en fin, más alta que él,

Que parece la Torre de Babel.
3985

XXIX

Quizá allá subirían los Caldeos,

Con aquel Telescopio Florentino

Que inventó Galileo Galileos:

Manfredi estaba en ellas de contino,

Y las manchas del Sol, lunares feos,
3990

Descubrió allí un Astrólogo Teatino,

Y desde ella otro Astrónomo de Flandes

Descubrió, que los astros eran grandes.

XXX

Desde ella vio un Strólogo al Bargelo,

Con todos los Satélites, al lado
3995

Del Dios de los ladrones; y el Burchielo

Vio las estrellas con el Sol nublado;

Otro vio a Venus componerse el pelo,

Y darse con color el encarnado

Y otro vio, sin tener Lente ninguna,
4000

A los hombres passearse por la Luna.

XXXI

Hai en Bolonia muchos Boloñinos,

Damas mui lindas; hai hombres pazguatos;

Hailos discretos, y hai muchos vecinos

Que se llaman Petronios; hai perros y gatos
4005

(Y de esta specie son los Birichinos);

Hai cuerdas para atar a mentecatos,

Hai Fábrica de Naypes singular;

Y hai también mucha sarna, que rascar.

XXXII

Quien quisiera contar menudamente
4010

Todo lo raro, que en Bolonia se halla,

Tendría bien que hacer seguramente;

Porque yo no he hecho más que designalla,

Y hablar de ella más sumariamente

El que quiera del todo penetralla,
4015

Haga lo que hize yo, tome la posta,

Que al Oste escribiré, y si no a la Osta.

XXXIII

Y no dude será mui bien tratado,

Como lleve quatrines, del Ostero,

Que en Bolonia es un hombre mui honrado
4020

Y siempre quiere bien al forastero.

El color de su sangre es colorado,

Mas su dulzura almíbar verdadero,

Que por esso esclamó cierta Condesa:

O qué dulze es la sangre boloñesa!
4025

XXXIV

Y cuidado, que no, no fue ironía,

Sino verdad mui seria, lisa y llana

Y dejando otras cosas que diría;

Y no pondría fin hasta mañana;

Si en otras partes hai Sabiduría,
4030

Que a Bolonia se debe, es de fe humana,

Pues no hai Lyceo apenas, que Colonia

No sea, o Municipio de Bolonia.

XXXV

Siempre ésta mereció gran reverencia,

Y mucha estimación por su doctrina.
4035

Tiene sus Profesores de Eloquencia

De Física, Moral, y Medicina,

De Astronomía, de Jurisprudencia,

De Lengua Griega, y también de la Latina:

Tanto, que bien se puede a sus Almenas
4040

Llamarlas, el recinto de otra Atenas.

XXXVI

Hai Letores insignes, todos varios,

Y casi todos la hacen grande honor;

Que aunque no son crecidos sus Salarios,

En sus pechos los suple el patrio amor.
4045

Los estudiantes no son Rufalandarios,

Antes cada uno aspira a ser Doctor,

Y assí el Bonia docet, en Navarra

Lo cantaba un Barbero a la Guitarra.

XXXVII

Sea el ayre sutil, o sea el clima,
4050

O el mucho estudio, o sea otra cosa,

Nobles tuvo Escritores, tanto en rima

Como también en elegante prosa.

De Poetas llegó casi a la cima

La Copia, o bien la turba numerosa,
4055

Pues nada debe, en punto a riego ameno,

Al Arno, al Tybre, el delicado Reno.

XXXVIII

A Oreste Boloñés, y al Guinizzelli

Los dejo estar, por ser un poco viejos

Pozzi, Manfredi, y Jacomé Martelli
4060

Fueron del Pindo tres claros espejos,

Como son, el Zanossi, y Scarelli,

Fabri, y Ghedini, y otros menos lejos,

Y en fin tienen la gloria las Señoras

En Bolonia, de que entre ellas hai Doctoras.
4065

XXXIX

De ti quisiera hablar, o Laura bella,

(A pesar de la edad, que ésta en el alma

Más hermosura añade en cada huella)

Laura, digo, de Bassi, a quien la palma

Cedió Euterpe, y quedó mui vana ella;
4070

Mas no quiero inquietar tu dulze calma,

Porque para alabarte dignamente,

Es menester tu Numen, o tu Mente.

XL

Mas no eres Tú la sola Boloñesa,

Que a pechos se echa toda la Elicona;
4075

Muchas faldas tan sabias como essa,

Cuenta Bolonia, que inmortal Corona

Ceñidas, y assí el Mundo lo confiessa,

Quando la fama a gritos lo pregona.

Y esta gloria no es de oy, ni tan reciente,
4080

Porque la misma fue perpetuamente.

XLI

Y de todo lo dicho es consequencia,

Que de Bolonia fue la Sabia Elvira.

Y si alguno llevare otra sentencia,

Yo le diré en su cara, que delira,
4085

Pues Bartolo fue hombre de conciencia;

Incapaz de decir una mentira,

Y dice, que a Bolonia fue de intento,

Por ver la casa de su nacimiento.

XLII

Y en aquella ocasión le fue mostrada,
4090

Por especial favor, la antigua Cuna,

Donde Elvira, al nacer, fue reclinada,

De que no nos quedó reliquia alguna;

Y también una bata apolillada,

Y otras cosillas que, si por fortuna,
4095

Las cogieran algunos antiquarios,

Harían cien preciosos Comentarios.

XLIII

Vio en ella, y conoció algunos Parientes,

Cuyo nombre escondió a nuestra noticia,

O el tiempo, por sus varios accidentes,
4100

O de algún embidioso la malicia,

Que el texto mutiló con falsos dientes,

Aunque, si se ha de hacer recta justicia,

Hai muchos más motivos y razones,

Para creer, que fueron los Ratones.
4105

XLIV

Éstos sin duda hicieron el Comento:

Voz Griega, que de Comedo deriva,

Y a la verdad con mucho fundamento;

Pues, si a entender el texto no se arriva,

Se trae con los dientes al intento,
4110

Y no hay Autor, por más claro que escriba,

De quien su Expositor no haga un Comento,

Fingiendo algún mysterio en su agudeza,

Que jamás le passó por la Cabeza.

XLV

Y por esso el Petrarca lloró tanto,
4115

Quando en vida alcanzó ser Comentado,

Y esperó merecer el común llanto,

Quanto más ser de todos perdonado;

Pues como él dixo en un suave Canto:

Ciertamente no sé en lo que he pecado,
4120

Quando un Comentador tan embustero

Me hace decir a mí lo que no quiero.

XLVI

Dejóme en tenebroso obscuro horror,

Tanto que no sé yo quién soi yo mismo;

Y quando oigo ensalzar mi gran valor,
4125

Por poco no me da algún parasismo.

Qué haré? qué me aconsejas dulze amor?

Cómo perdido me has en tanto abysmo?

O vuélveme al Estado que tenía,

O haz que conozca yo la prole mía.
4130

XLVII

Assí dixo el Petrarca; y yo le escuso,

Si tanto se irritó; pues no hizo poco.

Si a su Comentador, por el abuso,

A palos no molió; porque es un loco

Todo Comentador, que sigue él uso,
4135

Introducido oy día in omni loco,

De hacer un Comentario tan violento,

Que él mismo necesite de Comento.

XLVIII

Los tales tienen don particular

De saltar, como dicen, todo el fosso;
4140

Quando hai algo en que puedan tropezar.

Trinchan ellos, a roso y a belloso,

Y el agua clara la hacen enturbiar,

Y quando fingen, que uno como un Oso

Combate contra otro, comúnmente
4145

No hacen más que copiarse mutuamente.

XLIX

Equivocarse es cosa ya ordinaria,

(Y se equivocan de lo bueno, y gordo).

Como doctrina dar no necesaria,

Y gritar al Lector, que no es mui sordo.
4150

Dicen aquí una cosa, y la contraria,

La encuentra más allá qualquier Balordo,

Y se suele llevar la mayor palma

El que al texto le quita toda el alma.

L

Quédanse embueltos grandes Escritores
4155

En un olvido obscuro, y lastimoso,

Porque en presa los dejan los Letores

A la polilla, al polvo, y al reposo,

Por no sufrir a sus Comentadores,

Cuyo Comento se hace tan tedioso,
4160

Que el Letor, por la boca echa venablos,

Y el Texto, y el Comento da a los Diablos.

LI

Los dichos más notables de su Autor

Suponen, que sacados de otros fueron,

Aunque el nombre quizá del Escritor
4165

Que citan, sus oýdos nunca oyeron:

Como si fuera indudable, que a un Doctor

No ocurriera lo que otros ya digeron,

Y lo que antes cantó tímida Avena

No se cante después a boca llena.
4170

LII

Dicen tal vez mentiras garrafales,

Y lo que es oropel venden por oro,

Imponiendo al Autor errores tales,

Contra todo su honor, y su decoro,

Que, por merced de aquestos Animales,
4175

Ve su nombre manchado, y hacer coro

(A influjo de ignorantes atrevidos)

En la lista de Libros prohibidos.

LIII

No permita, pues, Dios, que algún Cristiano

Comentar se la antoje esta Leyenda,
4180

En la que yo no afecto hablar Toscano,

Sólo sí, que lo que hablo se me entienda;

Y si hai algún malsín, o algún Pagano

Tan ruin, y malicioso, que pretenda

Que hablo de éste, u de aquél, sepa, que miente
4185

Y se lo digo assí claritamente.

LIV

A lo más más, querrá que, a beneficio

De algunas gentes que hai un poco idiotas,

Me hiciesse una buena alma el gran servicio

De poner a la Obrita algunas notas,
4190

Como lo hizo un buen Prete, hombre de juicio

Con el Dante, en sus bellas anécdotas.

Esto agradeceré, y aora volvamos

A Elvira, y nuestra Historia prosigamos.

LV

Hize en Bolonia muchas diligencias
4195

Por saber, qué Familia era la suya;

Mas, lejos de encontrar con evidencias,

No hallé ni un solo indicio, que lo arguya;

Ni encontrar pude en muchas ocurrencias

Un Geanólogo solo que me instruya.
4200

Y tengo otro argumento convincente,

De que no hai tal casta, ni tal gente.

LVI

El argumento es éste: Yo en Bolonia

Estuve algunos meses del imbierno,

Y siendo aquella noble Babylonia
4205

(Como escrito lo hallé en cierto Quaderno)

De Italia bizarríssima Colonia,

Nadie me regaló, ni aun con querno,

Salvo un Señor Abad (ilustre Frate)

Con quien siempre tomaba Chocolate.
4210

LVII

Pues aora arguyo assí: si fuesse vivo

Algún pariente de Elvia en qualquier grado;

No pudiendo ignorar soi el que escribo

Su Vida, mostraríase obligado,

Y aunque fuesse del genio más esquivo,
4215

O, si es frasse mejor, más apretado,

Y aunque su bolsa fuesse un poco angosta,

Por lo menos me huviera hecho la costa.

LVIII

Y ganaría el tal ciento por uno:

Porque a lo menos, yo tengo la gloria
4220

De que nunca me olvido de ninguno

Que me aya hecho algún bien; y en la memoria

Tengo a todos, contados uno a uno

(Tan pocos son!) y acaso en esta Historia

No sólo yo inmortal su nombre haría,
4225

Sino el de toda su Genealogía.

LIX

Mas todavía el caso no es desesperado:

Basta sólo, que un hombre liberal

De Bolonia egecute por su lado

Lo que debiera ayer hecho aquel Tal,
4230

Y con esto está todo remediado;

Pues yo haré ver al Mundo racional,

Que este tal hombre no es algún qualquiera,

Sino nieto de Elvira, aunque él no quiera.

LX

Contaré más de cien generaciones
4235

De ideales supuestos Ascendientes,

Citando pergaminos, y Cartones

Escritos en los siglos precedientes.

Pondré a la vista varias inscripciones

Encontradas en lápidas corrientes,
4240

Y haré en suma lo mismo que hacen varios

Grandes Genealogistas y Anticuarios.

LXI

Porque en materia de Genealogía

En pelillos no debe repararse,

Fíngese hallado en una Librería
4245

Un Libro, cuya fe ni aun disputarse

Puede, y por accidente en otro día

En un Armario un Árbol pudo hallarse,

El qual cuenta a lo menos cien Abuelos

Con todas sus señales, y sus pelos.
4250

LXII

Pero esto en fin dejármelo a mi cargo,

Que como haiga pesetas y quatrines

Ya sabré yo jugar a juego largo,

E incensar bien a ciertos Matachines,

Siguiendo las pisadas de Camargo
4255

Y enseñaré a tener quatro tarines

A los que viven hoi entre laceria,

Sacando a los Poetas de miseria.

LXIII

Con este santo fin voi escogiendo

En mis Cantos a ciertos Poderosos,
4260

Y aquello que no tienen aplaudiendo,

A pesar de malignos y embidiosos;

Con lo qual justamente yo pretendo

Que mis versos aplaudan vergonzosos.

Porque es razón premiar al que trabaja,
4265

Y pagar el barato a la baraja.

LXIV

Mas cuidado: ninguno se envanezca

Por ver lo mucho que aora yo le alabo;

Ni por esso imagine, o le parezca,

Que siempre avré de remachar el clavo,
4270

Porque en caso de que ello desmerezca,

Sabré volver la cola y aun el Rabo,

Que el perro alaga a quien le da el zoquete,

Y a quien no, va, y le ladra, o le arremete.

LXV

Y en la otra impressión del Libro mío
4275

Sabré (como otros muchos) retratarme,

Precediendo un Aviso al Lector pío;

Y también sabré entonzes descartarme

De todo aquél, que, con humor sombrío,

No quisiere aplaudirme, ni alabarme,
4280

Y en su lugar pondré a todos aquellos

Que digan, que mis versos son mui bellos.

LXVI

Y haré entonzes lo que hacen muchos Juezes;

Los quales dan sentencia favorable

A aquel que echa en el cántaro más nuezes.
4285

Mas punto aquí; y ya de esto no se hable,

Que el callar es prudencia muchas vezes,

Y alguno pensará que esgrimo el sable

Contra tal qual, que usa este artificio,

No sé si por virtud, o si por vicio.
4290

LXVII

Elvia nació en Bolonia, de su Madre,

Noticia, que se hará a todos mui nueva:

Un Boloñés honrado fue su Padre,

Como el Petrarca doctamente prueva:

Si adónde, me pregunta algún Compadre
4295

No sé yo que a decírselo me atreva.

Sólo sé, que Elvia dio al nacer indicio,

De ser, andando el tiempo, de gran juicio.

LXVIII

Porque aseguran, que nació llorando,

Ya sea las miserias de este Valle,
4300

Ya las locuras mugeriles, quando

Se presentan mui vanas en la calle,

Porque tienen cabello blondo, y blando;

O porque son de ayroso, cuerpo y talle,

O (quizás de su suerte pesarosa)
4305

Lloró nacer Muger; o fue otra cosa.

LXIX

Para criarse a un Ama fue entregada,

Porque a su Madre la faltaba un pecho:

Falta, que se suplía, y se ocultaba

Con un bulto de estopa contrahecho:
4310

Malicia, que usa hoi la desdentada,

La calva y coja, estando en pie derecho

Pues la coja, la calva, y la sin dientes

Encubren con el arte estos frangentes.

LXX

No la faltaba a Elvira, cosa alguna,
4315

Como Bartolo lo dejó notado,

Diciéndonos, que ya desde la cuna

Tenía el pecho un poco levantado,

Que tenía dos brazos, dos pies, y una

Boca linda, color mui delicado;
4320

Dos orejas tenía en la cabeza,

Dos ojos en la cara, que era pieza.

LXXI

Mas era menester dejarla estar

Sin tocarla, que ya la disgustaba

Toda acción, o llaneza familiar
4325

Y ser de sangre noble acreditaba,

Porque, si algún la iba a acariziar,

Y a besarla, la cara retiraba,

Y pateaba, y lloraba, y se encogía,

Y una pequeña sierpe parecía.
4330

LXXII

Apenas dejó el pecho, tornó en mano

La Cartilla, y la pluma, deseosa

De aprender; y leyó a[u]n Catón Cristiano

En un mes; y a escribir alguna cosa

Aprendió, y a contar, en un verano.
4335

Y se mostraba en todo tan juiciosa

Que, oyéndola, y no viéndola, qualquiera

Por Dama de quince años la tuviera

LXXIII

Acaso pensaréis, que voi aora

A encajaros la Historia de su Vida,
4340

Y ya avrá alguna lengua pecadora

Armada contra mí; pero su herida

No me hará mucho mal en esta hora,

Pues de Elvia pienso hablar mui de corrido,

Porque, Señores, es mi genio tal,
4345

Que siempre hago las cosas presto, y mal.

LXXIV

El estilo que gusto es el Lacónico,

Y el hablar demasiado lo repudio,

Que en esto me parezco a un gran Canónico

Que es mi amigo y se llama Don Agudio:
4350

Como mi genio es algo melancólico,

En Salustio tengo hecho mucho estudio,

Y aun en Cornelio Tácito es frequente,

Para no machacar tanto a la gente.

LXXV

Enfada al Auditorio la gran charla,
4355

Y es menester usar mucha prudencia:

Tal qual materia basta el apuntarla,

O tomar a lo más su quinta esencia;

Alguna otra, es preciso abandonarla

A su misma supuesta inteligencia,
4360

Tomar el hilo en otras desde lo alto;

Y aun en otras tal vez dar un gran salto.

LXXVI

Con todo hai escritores tan loquazes,

Que en sus Psalmos jamás se llega al Gloria,

Teniendo a los Oyentes entre hazes
4365

De espinas, quando cuentan una historia

Como cuentan sus cuentos los Rapaces,

Y embrollan de tal modo la memoria,

Que se va con sus necias diversiones

El principio del cuento a los talones.
4370

LXXVII

Todas las circunstancias importunas

Las refieren, con grande impertinencia,

Y nos dejan a todos en ayunas

Del principal asunto; y sin conciencia

Verengenas nos dan por azeytunas:
4375

Cosa, que cansa a todos la paciencia,

Gastando en desatinos una hora,

Ni más; ni menos como yo hago aora.

LXXVIII

Mas lo hago adredemente y de cuidado,

Por dar a los Loquazes en lo vivo;
4380

Que aunque me veis tan gordo; y colorado,

Por lo demás soi hombre expeditivo,

Y si empuño el garrote, o el cayado

También soi algún tanto corrosivo.

Alto, pues; y a las manos! me decía
4385

Uno, que a la verdad no las tenía.

LXXIX

Elvia aprendió en dos meses la Aritmética,

A sumar, a restar, multiplicar,

Y en otros tres también la Aristotélica,

Cuya voga era entonzes singular;
4390

Dedicóse al estudio de la Ética,

De Platón, y en breve supo hablar

El idioma Romano, o el Latino,

Sin consultar jamás al Calepino.

LXXX

Fuera de esso aprendió, según el uso
4395

De aquel tiempo, aunque Elvira era tan niña,

A manejar la rueca, el haspa, el uso,

Y a coser un jubón, y una basquiña.

Por lo que a mí me enfada aquel abuso,

De una Doña Melindres, o Doña Armiña,
4400

Que ni cose, ni hila, ni devana

Por no manchar la Bata de Persiana.

LXXXI

Y si he de hablar verdad, en la edad mía

En muchas Damas poco se procura,

Trabajar, que es su hermana la acedía:
4405

Las manos tienen siempre en la cintura,

Cosa que Elvira nunca hacer sabía,

Pues siendo aún, como dicen, Criatura,

Trabajaba calzetas por sus manos,

Y remendaba a todos sus hermanos.
4410

LXXXII

Sabía repuntar mui bien un cuello,

Sabía hacer finíssimos encajes,

Sabía hilar sutil como un cabello,

Y sabía bordar lindos ramages.

Apuesto a que aora dice un Sprit bello
4415

(Y será el tal del Gremio de los Pages)

Si Elvia hacía todo esso que sabía,

Señal que estaba sola todo el día.

LXXXIII

Porque sólo trabajan las Donzellas

Quando están solas, por huir el tedio,
4420

Mas quando ya son grandes, las más de ellas

Sufren de Cortejantes el assedio,

Que no las faltará, si fueren bellas,

Y hacerlas que trabajen no hai remedio,

Porque tienen los ojos divertidos
4425

Donde están sus Adonis, y Cupidos.

LXXXIV

Alguno habla aora assí, que yo le siento,

Pues tengo dos orejas para oír,

Y penetro el mal fin de su argumento,

Porque el Vellaco quiere de aí inferir,
4430

Que Elvira no hera hermosa, y que a contento

La dejaban los Mozos acudir

A su labor; mas con su grata licencia,

Yo le puedo negar la consequencia.

LXXXV

Y le puedo decir, sin hesitar,
4435

Que aunque sea mui linda una Donzella,

Puede estar sola en casa a trabajar,

Si el Amor no la tira alguna pella,

Y si alguno la viene a perturbar,

Como de él no haga caso alguno ella,
4440

Y atienda a su Labor, esté segura

De que presto se irá aquella Figura.

LXXXVI

Pero el mal es, que en nuestros tristes días,

Muchas de ellas se buscan los Amantes,

Como en ciertas Octavas de estas mías
4445

Busco en las uñas yo los Consonantes,

Y aun aquellas, que arrastran para Tías,

Y por esso no tienen Cortejantes,

Con varias artes que sabéis vosotras

Se los quitan las unas a las otras.
4450

LXXXVII

Admitirían muchas a cinquenta,

Como yo lo he observado con reparo,

Quando visito a alguna mía Parienta

U a otra (bien que este es caso raro)

Aunque saben espera estrecha cuenta
4455

A quien del tiempo fuere poco avaro

Porque a las Damas mozas estar solas

Amarga más, que el caldo de amapolas.

LXXXVIII

Dejarán de comer muchas Señoras,

Antes que estar las tales sin amantes,
4460

Y en Vagatelas mil, y en cosas vanas,

Gastan muchas los años más brillantes.

Aviendo algunas Madres tan humanas,

Que ellas mismas las buscan Cortejantes,

Porque solas no estén sus pobres hijas,
4465

Y las coman algunas lagartijas.

LXXXIX

Elvia pudo tener, si huviera querido,

Cinco o seis Cortejantes, nada feos,

Mas como era de juicio conocido,

Fue enemiga mortal de Chichisbeos
4470

Vio a Marco y gustó de él para Marido,

Y él gustó de ella; con que sin más rodeos

Se casaron entrambos contrayentes

Con gusto universal de los parientes.

XC

Pensad un poco, Padres de Familia,
4475

Si esto se hace assí en el tiempo nuestro,

O si, teniendo algunos una Filia

Sólo pensáis casarla a gusto vuestro,

Sin saber si a la Niña se asimilia

El Esposo, o si es Asno de cabestro,
4480

Y si éste tiene acaso las costumbres

De los que al día beben doze azumbres.

XCI

Oigo decir, que sólo a vuestro cuento

Atendéis, y no al cuento de la Chica;

Que, si el mozo se adapta a vuestro intento,
4485

El contrato se ajusta, y se rubrica;

Sin advertir, que atada a aquel Jumento

Ha de estar, y dormir la pobrecica,

Y que lo de erunt duo in carne una,

No se dejó al azar, ni a la fortuna.
4490

XCII

Oigo decir, que hallándose una Esposa,

Que se contente con escasa dote,

Le mancáis para Yerno, y el ñudoso

Lazo se aprieta, con que dais garrote

A la triste hija; y siendo poderoso,
4495

Os basta, más que sea un Monigote,

No reparando (de codicia ciegos)

Que ella no ha de dormir con sus talegos.

XCIII

Y vosotros sabéis que esto no basta,

Y a la pobre metéis en un embrollo:
4500

Mal si admite, y peor si os contrasta;

Estrellándose siempre en un escollo.

Tal vez se determina a vivir casta,

Por no verse colgada de aquel Rollo,

Y Monja quiere ser, viendo lo maula,
4505

Aunque ella no era pájara de jaula.

XCIV

Y más de un Padre, con fingido zelo,

En esta jaula, o ya prisión obscura

(Al pensarlo me quedo como un hyelo),

Con pretexto de estar allí segura,
4510

Y en camino más fácil para el Cielo,

Encajar a la triste hija procura:

Y una vez enjaulada, y como pressa

Que importa diga ella: ya me pesa.

XCV

Fuera mejor torcerla sí, el pescuezo,
4515

Como a un pollo le tuerce una Criada,

Que usar con la pobre hija, sin tropiezo,

Lo que no haría un bárbaro en Canada.

Y con todo hombres hai de mucho rezo,

Que no hacen aprensión, ni temen nada,
4520

De inducir con engaños y lisonjas

Sus tiernas hijas a que sean Monjas.

XCVI

Hácenlas un retrato que embelesa

De la vida, que se hace en los Conventos,

Y que en llegando a ser Madre Abadesa,
4525

Todas la prestan dulzes rendimientos;

Que irán por aquí al Cielo más apriessa,

Porque los otros rumbos son violentos,

Y con gestos y acciones afectadas,

Abultan lo que passan las Casadas.
4530

XCVII

Pónenlas grande horror al matrimonio,

Diciendo de los hombres mil maldades,

Que Pedro, Juan, Domingo, Pablo, Antonio

Todos lo mismo son en sus ruindades;

Dícenlas, que ya el Mundo, ya el Demonio,
4535

(Como es común en todas las edades)

Ponen en las cabezas a los Casados,

Ciertos pelos, que están siempre enrizados.

XCVIII

Dícenlas que es el Mundo un inconstante,

Y es también inconstante, y mui traidora
4540

Toda fineza de terreno amante;

Y ay de aquella infeliz que se enamora.

Tales cosas la ponen por delante,

Que la Rapaza en fin se hace Sorora,

Aunque tenía gana de ser Madre.
4545

Mas vamos a otro assunto que más quadre.

XCIX

Pero no; mejor es pongamos punto

A este Canto, que va un poco pesado;

Y lo será, si al Auditorio junto

No le huviere gustado lo cantado;
4550

En cuyo caso yo las manos junto

Y le pido perdón de lo cansado,

Que, arrepentido de esta culpa mía,

Propongo serlo más en otro día.


Fin del Canto VI

I

Acuérdome, que, al fin del otro Canto,
4555

justamente me avía puesto a hablar

Del modo, que hoi se tiene, no mui santo,

En tratar a una hija de casar.

Merecían los diessen con un Canto

A los que gusto no la quieren dar,
4560

Como sea juiciosa la Rapaza,

Y los daría yo con una maza.

II

Desviáronme empero del camino

Aquellos, que tal vez son ocasión

De que otra sea Monja, aunque es destino,
4565

A que tiene mui poca vocación.

Volveré, pues, a hablar del desatino,

Que hacen muchos sin juicio y sin razón,

Dando ciertos Maridos a sus hijas,

Que no gustan de aquellas sabandijas.
4570

III

Danla tal vez a un hombre sin govierno

Danla a un mozo vicioso, atolondrado,

Y se empeñan, en que ha de ser su Yerno

El que no estaba de ella enamorado.

Danla a un Viejo tan duro como un querno
4575

Danla a un joven, que acaso está apestado,

Y hai en fin en el punto tantos hyerros,

Que hai Padres, que sus hijas dan a perros.

IV

Suele también el Santo matrimonio

Mezclarse con un poco de política,
4580

La qual hace reír al mal Demonio,

Y da bien que glossar a cierta Crítica.

Hai tal vez quien, teniendo un patrimonio

Crecido, tiene el alma tan estítica,

Que, sólo porque lleve menos dote,
4585

Dará al Diablo la hija, o la Nepote.

V

Y después todo el tiempo de su vida

Aquella mal casada es infelize,

Experiencia de todos tan sabida,

Porque el Cielo estas bodas no bendice.
4590

Por esso yo quisiera ver bandida

La moda, que, a mi ver, tanto desdice,

De dar una muchacha a un hombre tal,

Que sin él estaría menos mal.

VI

Hai algunos también, que, pretestando
4595

Ser buen marido un hombre de consejo,

O que ha de morir presto confiando,

A una Niña la juntan con un Viejo;

Y mejor estaría, conservando

De su pureza el cándido reflejo,
4600

Que, perdiendo con larga penitencia,

De Virgen el dictado, y la paciencia.

VII

Otros hai, que, por miedo de manchar

La sangre, que escorre por las venas,

Despreciando a todo Hombre popular,
4605

La dan a un pobre Noble, el qual apenas

Tiene pan que comer, ni que cenar.

Y qué hace la Muchacha en tales penas?

Lo que no halla en su casa, sin mucha arte

Lo sabe ella encontrar en otra parte.
4610

VIII

Hai quien su hija a un Médico la aplica,

Porque assí tiene el Médico pagado,

Otro (que a ser Pleitista se dedica)

Por lo mismo, la entrega a un Avogado,

Y otro, porque entre en una casa rica,
4615

Se la da a un Mercader adinerado,

Sin mirar, si la hija (necia, o sabia)

En vez de amor, el hombre la da rabia.

IX

Yo quisiera que el Padre la dejasse

Aquella libertad, que la dio el Cielo;
4620

Que tanto al interés no se inclinasse,

Ni al amor propio enmascarado en zelo,

Y que más caridad con ella usasse,

Dejándola (si es moza ya de pelo,

Y que nunca saldrá de lo que es justo)
4625

Que se case a su modo, y a su gusto.

X

Mas quisiera también, que las Muchachas,

Se contentaran con lo que es honesto,

No mirando a pelucas, ni a Garnachas,

Sino al juicio, y limpieza. Si en el resto
4630

No imitaren a Elvia (por sus tachas)

Imítenla a lo menos en aquesto,

Que en Marco prefirió lo virtuoso

A lo rico; y lo lindo, para Esposo.

XI

No buscó, no, un vestido estraordinario
4635

Ni una rica carroza en el marido,

Ni un número de Pages no ordinario,

Ni un Palacio de muebles proveído.

Solamente buscó lo necesario,

Id est un juicio claro, y conocido,
4640

Un hombre Literato, y de conciencia,

De bondad, de conducta, y de prudencia.

XII

Y finalmente, oviéndole encontrado,

Por su fortuna, justamente qual

Ella quería, id est, un buen Letrado,
4645

Cuerdo, prudente, honesto, y racional,

Con gusto de su Padre, y con su agrado,

El vínculo estrecharon conjugal,

Y no trocara Elvira su Marido

Por el más resoplado, y presumido.
4650

XIII

Viendo en Elvira tal discernimiento;

Hace Bartolo un punto admirativo,

Y siguiendo su genio algo sangriento,

Passa a tocar las hembras en lo vivo.

Son palabras (lo sé) que lleva el viento,
4655

y sé que inútilmente las transcribo:

Ya quisiera dejarlas todas; pero

El ser fiel Traductor es lo primero.

XIV

Otra moda se sigue (dice) aora:

Es mui otro el humor de nuestras Damas;
4660

Si se quiere casar una Señora

Una le busca noble entronco y ramas,

Otra del oro y plata se enamora;

Todas los quieren blandos y sin escamas,

Porque todas desean un Esposo,
4665

Que sea gastador, mas no zeloso.

XV

Quieren un hombre, que no tenga sal,

Que las mire y adore como Diosas,

Que nada de lo que hacen lleve a mal

Aunque no hagan tal vez mui santas cosas:
4670

Que sea generoso y liberal,

Y las haga finezas portentosas,

Y quieren unos hombres infelizes,

Que se dejen llevar por las narizes.

XVI

Con un Marido tal está contenta
4675

Una Muger; arrima los cuidados;

Sigue la moda; no vive violenta,

Dase a las galas, brilla en los estrados;

Y aunque vea el Marido que frequenta

Su casa un esquadrón de evaporados,
4680

Por no turbar la paz, que es santa i bella,

Qual otro Fabio ve, y sus labios sella.

XVII

Mas no por esso soi yo de opinión,

Que el Marido con ella se alborote,

Porque entrada los dé, y conversación:
4685

No hai arroz más enorme que el garrote,

Quando se usa sin sal, ni discreción.

Si es zeloso, lo harán luego gigote

En Calles, Plazas, Tiendas, y Congressos,

Aunque ya se usan pocos hombres de esos.
4690

XVIII

Oy vive en buena fe todo Marido,

Libre de escrupulillos, y recelos:

Aunque ven otro pájaro en su nido,

Dice que son enredos de Mozuelos;

O le parece a él que está dormido,
4695

Y que es efecto aquél de sus desvelos,

Y aunque le suene la cabeza a hueca,

No recela peligros de jaqueca.

XIX

Si lo hacen (dirá alguno) no es sin quare,

Pues hallan, en hacerlo assí, su cuenta,
4700

Viendo la casa suya redundare

De quanto ha menester, y que sustenta

A toda la Familia sin sudare.

Si esto lo hiciere alguno, entre cinquenta,

Ya penetro el mysterio, con Ovidio,
4705

Pero, a decir verdad, no se lo embidio.

XX

O, por decir mejor, mucho le lloro,

Porque se ciegan de una vil codicia,

Y el honor vale más que todo el oro:

Y si llegara alguno a mi noticia,
4710

Aunque me diera el tal un gran tesoro,

Detestaría su infernal nequicia;

Pues de ella solamente al acordarme,

Casi me daba gana de ahorcarme.

XXI

Vete de mí, diría, hombre malvado,
4715

Huye de todo racional consorcio,

Tú, que comes el pan de tu pecado.

Haz de essa ruin muger pronto divorcio,

Que está el mundo de ti escandalizado,

Y todos te apellidan otro Porcio,
4720

Pues, viendo esto el más torpe, y el más ciego,

Que Tú vas a meter en casa el fuego,

XXII

Esto, y aun más diría a los malditos,

Que a costa de su Esposa comer quieren,

No reparando en ruines sobrescritos
4725

Que al alma y al honor a un tiempo hyeren;

Pues como trataría a los benditos

Que por darlas los gustos que pudieren

Gastan sus pesos duros, sus dineros

Con los que los transforman en c[ar]neros?
4730

XXIII

Éstos comen mui bien a costa de ellos;

Mandan más que ellos mismos en su casa,

Y agarran la ocasión por los cabellos:

Cuéntanlos vanamente lo que passa,

Y todos estos mismos son aquellos;
4735

Que hacen pasteles con agena massa,

Y ya que no possean el Terreno,

Logran el usufruto de lo ageno.

XXIV

Éstos alaban la magnificencia,

Y la generosidad de las personas
4740

Y por malicia, o por inadvertencia;

Los atestan de ideas fanfarronas:

Celébranlos, estando en su presencia

Mas a espaldas los cortan las batonas,

Y a su salvo disparan los trabucos,
4745

Tratándolos de pobres Mamelucos.

XXV

Hasta la misma Dama que cortejan

Su ruin e ingrata lengua despedaza;

De vana, y de soverbia la motejan,

Y revuelven después contra su traza:
4750

Cosa sana a la pobre no la dejan,

Y al Marido le rascan con almoaza,

Diciendo (quando hablan con modestia)

Que es un gran [balalo]que, y un gran bestia.

XXVI

No obstante, muchos de ellos gustan ver,
4755

Que su casa esté siempre frequentada

De los que quieren bien a su Muger,

Y a comer los ayudan la ensalada,

Y muestran más de dos gran displacer,

De que esté Mariquita abandonada,
4760

Y ellos mismos la buscan Cortejantes.

Éstos, sí, que son hombres, no los de antes!

XXVII

A éstos, y otros grandíssimos simplones,

(Si es que hai algunos, como dicen muchos)

Quisiera yo bajarlos los calzones,
4765

Y hacerlos con el látigo machuchos;

Porque los tontos gastan sus doblones

Con ciertos alevosos Avechuchos,

Que a costa de su pan, y su dinero,

Con la Dama los soplan el tablero.
4770

XXVIII

Majaderos, mostrad que sois los Amos,

Y que mandar queréis en vuestra casa,

Sin sufrir que se vengan unos Gamos

A meteros sus quernos en la massa;

Para que no os pongan tantos ramos
4775

En la calle, sabiendo lo que passa,

Porque avéis de saber se dicen cosas

De Marido y Muger; poco sobrasas.

XXIX

Se murmura de aquella indiferencia,

Con que estáis viendo acciones no mui buenas,
4780

Dando a vuestra Muger plena licencia

Para andar entre Sirtes y Sirenas.

Se murmura de vuestra complacencia,

Conque dais facultades semiplenas

Para jugaros essos Señoritos,
4785

Las Cabras, los Cabrones, y Cabritos.

XXX

Mirad vuestra conducta, y aun la suya,

Que obligados quizá estaréis a hacerlo,

Para cantar alegres la Allelluya

Deque a tiempo supisteis entenderlo.
4790

Y si se hallare alguno que [me] arguya

Contra este mi consejo, a defenderlo

Estoi pronto, diciendo al Licenciado,

Que nadie hyerra más que el confiado.

XXXI

Y no es esto turbar del Matrimonio
4795

La Santa paz; (no lo permita el Cielo)

Que esse es ofizio propio del Demonio,

No mío, que Corona tengo en pelo.

Mas si yo fuera Tizio, o bien, Sempronio,

Mis cosas miraría con más zelo,
4800

Y encargaría a mi querida Berta,

Que estuviesse en reserva, y siempre alerta.

XXXII

Yo sé decir, que no quisiera ver

Todo el día pegados tantos piojos

A las costuras de mi fiel Muger,
4805

Picándola a lo menos con los ojos.

Ni menos gustaría mantener

Tanto [o]ragán con mis pobres rehojos,

Que por decirlo en sola una palabra,

Por nuevo rumbo, me harían otro Cabra.
4810

XXXIII

Úsase oy entre hombres y mugeres

(Salvo mejor sentir) mucha llaneza,

Y, conviniendo tantos pareceres,

En que no sobra en ellas la firmeza,

Siendo las hembras de oy en sus quereres
4815

Lo que la Historia de las otras reza,

Tienen grande ocasión, si las complacen

De hacer mal, y aun algunas quizá lo hacen.

XXXIV

Mi muger, dirá alguno, estoi seguro,

Que es gran Cristiana, y teme mucho a Dios
4820

Y no contestará a deseo impuro,

Zelosa de la honra de los dos

Y yo también a ti te lo asseguro;

Le diré, y en esto soi con vos,

Con tal que tu muger sea de aquellas,
4825

Que decrépitas son, o no son bellas.

XXXV

Mas si es de las que están mui adornadas

De hermosura, de garbo, y gentileza,

En la flor de su edad, y mui pagadas

De su vivacidad, y su belleza,
4830

Que assí dormidas, como desveladas

Piensan siempre en jugarte alguna pieza,

Digo que será bueno el confiarse,

Mas tengo por mejor el no fiarse.

XXXVI

Pero no se goviernan todas no, conforme.
4835

De Ulisse se portó la bella Esposa.

Según el verdadero y fiel enforme,

Que nos hace un Musa sentenciosa;

Diciendo, que rara est concordia forma

Et pudicitia (añade aquí la Glossa)
4840

Porque la Castidad y la Hermosura

Rara vez hacen buena ligadura.

XXXVII

Según esso (dirá algún Replicón)

No serán Castas las que fueren bellas.

Señor mío, no es essa mi aserción;
4845

Pues sé mui bien que hay muchas entre ellas,

Y para prueba de esta conclusión,

Dejando otras, me basta proponellas

El egemplo de Elvira en este punto,

Para no salir tanto del assunto.
4850

XXXVIII

Una hermosa y gentil fisonomía

Tenía Elvira; garboso el ayre, y grato;

Como lo vi yo en cierta Galería,

Donde estaba pendiente su retrato.

Pero la hizo favor la cortesía
4855

Del Pintor, nos dirá algún mogigato,

Y yo no me opondré al Señor Don Tal,

Porque conozco que no dice mal.

XXXIX

De los Pintores sé la complacencia,

Y sé, que de las Damas son parciales,
4860

Haciendo varias copias su prudencia,

Como desean los originales,

Y suplen, por respeto, o por decencia,

Lo que falta a las caras dozenales.

Porque en punto de lindas sin razón
4865

Todas se juzgan más de lo que son.

XL

Toda Muger padece este defecto,

Que otra Venus se juzga, o considera;

Y en su cara ven todas con efecto

La hermosura, que en muchas es chimera.
4870

Puesto, pues, que el Retrato más perfecto

No acredita belleza verdadera,

Tengo de la hermosura de Elvia un argumento

Que vale en mi opinión por más de ciento.

XLI

Era Marco un Poeta primoroso,
4875

Si nuestro Juanbartolo no nos miente;

Elvia fue su Muger: Ergo forzoso

Es que fuesse Beldad sobresaliente.

Porque Amor, quando el lazo cariñoso

Prende en Poeta noble, y excelente,
4880

Siempre benigno le une, y le destina

A una hermosura rara, y peregrina.

XLII

O porque todo Poeta es de buen gusto,

O porque, si hai en el Mundo no más que una

Belleza, esta tal parece justo,
4885

Que una Gracia a una Musa siempre se una,

Siempre le toca el más hermoso Busto,

Que hai debajo del Sol, y de la Luna.

Lea el que no me crea algún Poeta,

Y hallará ser verdad palpable, y neta.
4890

XLIII

Quieres ver el non plus de la hermosura?

Pues ven a ver el rostro de mi Clara,

(Dice uno); y otro dice: es la figura

De la Divinidad mi Fénix rara.

Éste añade: la luz del Sol obscura
4895

Es, si con mi Florinda se compara:

Todo lo hermoso que hai en Tierra y Cielo,

Todo escondido está tras de aquel velo.

XLIV

Marco hablaría assí, pues fue discreto,

En sus versos que fueron infinitos,
4900

Aunque sólo tenemos un Soneto,

Que el tiempo nos dejó de sus escritos.

Salvo que (y lo sospecho con efeto)

Ciertos Versos por Roma ahora proscritos,

De cuyo Autor el nombre no transpira,
4905

Fuessen obra de Marco, y de su Lyra.

XLV

Pero no, que es sospecha irracional

Achacar estos versos al buen Marco,

Que en sus obras era hombre mui moral,

Y en hablar remirado, cauto, y parco;
4910

Y alabando a una Dama, es natural

Que de lo honesto no passasse el marco,

Y assí creo que el Libro prohibido

Obra es de algún moderno conocido.

XLVI

Ello algunos Poetas, de su Dama
4915

Pintan ojos, megillas, cuello, y pechos,

Como el Pintor pudiera de más fama,

Con colores, al vivo contrahechos.

Y encendiendo en sí mismos torpe llama,

Después, en los que al fuego no están hechos,
4920

La pegan, porque el Diablo los atiza

Sabiendo, que es veloz, y pegadiza.

XLVII

Y por esto las Musas Italianas,

Son de muchos un Poco abborrecidas,

Tratándolas de torpes, y livianas.
4925

Mas condenadas son sin ser oídas;

Porque Críticas hai tan Chavacanas,

Aunque de mui discretas presumidas,

Que atribuyen al Arte injustamente

La culpa del Artífice imprudente.
4930

XLVIII

No distinguen lo muerto de lo vivo.

Y si algún Libro en verso se ha estampado

Pernicioso, es decir, algo lascivo,

Quántos se avrán en prossa publicado

Con un fuego, a lo menos, tan activo?
4935

Yo, que toda passión la arrimo a un lado.

Ningún Arte condeno en general,

Condeno sólo el que la trata mal.

XLIX

Vosotros; que cantáis, o avéis cantado

De Amor en verso, o escrito ciertas prosas,
4940

Que leer no se pueden sin pecado,

Porque inmodestas son, y escandalosas,

Ya citados seréis ante el juzgado

Del severo Bartolo que en sus Glossas

A todos cardará mui bien la Lana;
4945

Y a Dios, que ya vendrá vuestra Semana.

L

Pues yo aora me vuelvo a mi argumento,

Y digo, que las dos claras Donzellas,

Que el Clarín de la Fama al Firmamento

Elevó, añadiendo dos estrellas,
4950

Estarían mejor en un Convento;

Porque quizá fue más hermosa que ellas

Elvira, y aun quizá quando era viva,

Fue más hermosa que la Elena Argiva.

LI

Mas quién hace caudal de la hermosura?
4955

Ella es más que un embuste passagero?

Flor que el más lieve viento desfigura?

Sol, que el vapor le eclipsa más ligero?

Luz, que un soplo le vuelve en noche obscura?

Relámpago que alumbra lisongero,
4960

Y casi siempre a su brillante ensayo

Sigue siempre el terror, el trueno, el rayo?

LII

Queréis saber lo que hace la belleza?

Ella punza los pechos más que un tríbulo;

Ella anochezca muchos la Nobleza,
4965

Ella embía a Galeras, y al patíbulo,

Ella marca las caras con fiereza,

Ella a más de una llévala al prostíbulo;

Y ella hace, en fin, que sean unas locas

Las que hacen caso de ella (y no son pocas).
4970

LIII

Quántas presumen ser unas Deidades,

Porque son sus cabellos blondos, rojos?

Quántas juzgan que todas las edades

Esclavas son de sus brillantes ojos,

Y que de ciertas dos concavidades,
4975

Llenas de carne, todas son despojos?

Quántas, por su semblante rubicundo,

Se figuran tener vassallo al Mundo?

LIV

Mas valga la verdad, Señoras mías,

La virtud, la modestia, y el decoro
4980

Son las prendas, que en vuestras Señorías

Se aprecian; no tener un largo coro

De Amantes, que suspiran luengos días.

No dientes de marfil, cabello de oro,

No el ser jazmines, rosas, ni azuzenas,
4985

Sí el ser honestas, cuerdas, castas, buenas.

LV

Si queréis ser Deidades verdaderas,

De sola la virtud enamoradas

Debéis estar, no siendo ya altaneras,

Sino humildes, afables, moderadas,
4990

Enemigas de gentes lisongeras,

Cuyo fin es teneros engañadas.

Prudentes, y piadosas, como Elvira,

Nombre; que juicio y compostura inspira.

LVI

No la cedía, no; a la Reyna Dido,
4995

Que murió por su Esposo el Rey Sicheo,

No por Eneas, como se ha creído,

Siendo éste de Virgilio un error feo

Por lo qual de Poetas non mi fido,

Salvo sea mi Juanbartolomeo,
5000

El qual, por embidia ni rencor

A ninguno jamás quitó el honor.

LVII

Elvia fue en el vestir Muger honesta,

Y nunca usó aquel mueble estravagante

Que el brial convertiendo en una cesta;
5005

Cubre más de un descuido envergonzante,

Y el que era guardapiés con voz modesta,

Propiamente se llama Guarda infante,

Porque allá en aquel tiempo en que se usaba,

En más de una Soltera le guardaba.
5010

LVIII

Con aquel bulto tan descomunal,

Que ocupaba seis baras de terreno,

Nos hacían las Damas mucho mal,

Golpeándonos las piernas mui de lleno,

En la Iglesia, en la calle, en el Portal,
5015

Pues todo lo cogía aquel Balleno,

Y arruinaba una casa una basquiña,

Aunque fuesse no más para una Niña.

LIX

A la verdad me causa compassión

Ver gastar malamente su dinero,
5020

No sólo a las de noble condición,

Mas tal vez la Muger de un Sombrerero,

En vestir a la moda: indiscreción,

Que introdujo el capricho forastero;

Y sabe Dios cómo andará vestido
5025

El pobre Tontarrón de su Marido.

LX

Sabe Dios, si en su Casa tendrá pan,

Que dar a sus hijuelos, que comer:

Sabe Dios de qué medios se valdrán;

Yo no lo sé, ni quiérolo saber:
5030

Sólo sé que las más no ganarán

En todo el año, como es fácil ver,

Con hilar, con coser, teger, urdir,

Lo que gastan un mes sólo en vestir.

LXI

Pero aquello que apura mi paciencia,
5035

Y que más me consuma interiormente,

Es aquella torpíssima indecencia,

Con que muchas se visten comúnmente.

Y en algunas es tanta la insolencia,

Que casi están desnudas totalmente.
5040

Tanto, que quien lo entiende, bien podría

De todo el cuerpo hacer anatomía.

LXII

Elvia traía un dengue, o una mantilla,

Que le llegaba casi a la cintura;

Cautelando la más leve cosilla,
5045

Que pudiesse excitar especie impura.

De su zapato nadie vio la hevilla,

Ni aun de su bello cuello la hermosura,

Pues toda la cubría un blanco velo,

Con que siempre salía al Sol, y al hyelo.
5050

LXIII

Sin el manto jamás se presentaba

En el templo de sus falsas Deidades,

Y, como era de juicio, abominaba

De muchas, que ostentar profanidades

En los Sagrados Templos observaba,
5055

Aviéndolas de todas las edades:

Y decía no ser sus intenciones " Y

Infundir devoción en los Mirones.

LXIV

Y aunque eran Dioses falsos y mentidos,

Estaba Elvia en el Templo mui compuesta,
5060

Sin dejar que vagueassen los sentidos,

Ya por aquella parte, ya por ésta.

Escusaba en la Iglesia de cumplidos,

Y mucho más de acción menos modesta,

Que lo demás (decía) es gran pecado,
5065

No distinguiendo el Templo del Estrado.

LXV

No te quejes del Dios de las venganzas,

Italia mía, si el azote aferra,

Si contra tu impiedad dispara lanzas;

Si la discordia, que la paz destierra,
5070

Hace en ti los destrozos, y mudanzas,

Que son partos funestos de la guerra.

O trata de otro modo el Templo Santo,

O disponte a sufrir más triste llanto.

LXVI

Quando compuse esta postrera octava
5075

(Que ha muchos años) en Italia ardía

Una guerra cruel, que la asolaba;

Mas ya la libró Dios de aquella harpía,

Quizá, porque vio en fin que se enmendaba,

Y comenzaba a ser menos impía,
5080

Pues, si no nos engaña la apariencia,

Se ve en el Templo ya más reverencia.

LXVII

Animo, pues, amada Italia bella,

Vete enmendando de otros tus defectos,

Que aquel látigo son, que te desuella;
5085

Porque quiere el gran Dios sean perfectos

Tus hijos quando en ellos su Amor sella,

Tantos, de su Bondad, grandes efectos,

Y te verán los Siglos tan brillante,

Como el Mundo te vio en el más triunfante.
5090

LXVIII

No se verán sus Campos destruidos,

Ni llorarás tus míseros ganados,

Víctima del contagio, consumidos:

Brotarán nobles mieses tus sembrados;

Vinos darán tus pámpanos floridos,
5095

Que obscurezcan los más acreditados,

Y la piedra, el granizo, y el fatal rayo

Buscarán otra Tierra para ensayo.

LXIX

Vuélvome a Elvira, cuyo natural

La Honestidad amaba, como flor
5100

De una fragancia tan subida, y tal

Que esparze a todas partes un olor,

A que no hai en el mundo olor igual,

O a lo menos en él no le hai mejor;

Y más quando se junta a la Hermosura:
5105

Unión, que por mui rara se assegura.

LXX

Pluguiesse al Cielo fuesse conocida

La preminencia de virtud tan rara,

Sería de las Damas pretendida,

Y amada, como joya la más cara:
5110

Si a vuestra vista fuesse permitida

La celestial belleza de su cara

Por estrecharla en plácidos abrazos

Seríais Briareas (todas brazos).

LXXI

Ésta es la gran virtud, que os da precio,
5115

La que hace vuestro sexo tan amable,

Y si alguna la trata con desprecio,

Por hermosa que sea, es despreciable.

Sin esta Honestidad, aun el más necio

Dice, que es la belleza abominable,
5120

Y que a lo más conquistará los ojos,

Mas nunca entrará el alma en sus despojos.

LXXII

Si algún torpe discurso Elvira oía,

Quando estaba en Bolonia, o en Arpino,

De un color vergonzoso se cubría,
5125

Y estaba más modesta que un Teatino.

Una vez que leyó cierta Elegía

Ovidio en su presencia, perdió el tino,

Porque era un poco libre, o nada pura,

Y una buena le dio jabonadura.
5130

LXXIII

Bien que hai varias sentencias sobre este hecho;

Porque hai quien diga, que la oyó con gusto,

Y que después que le huvo satisfecho,

Mostró, o fingió algún tanto de disgusto,

Diciendo no era cosa de provecho;
5135

Y que afectando un zelo Santo y justo,

Con color de que no cundiesse el mal,

A Ovidio le arrancó el original.

LXXIV

Lo cierto es que Nasón en adelante

En sus escritos fue menos impuro,
5140

Corregiendo el Spíritu Galante,

Que de Poeta claro le hizo obscuro;

Aunque esto lo atribuye nuestro Dante

A su destierro (y es lo más seguro),

Donde hizo el pobre larga penitencia
5145

De su más que Poética licencia.

LXXV

Paréceme que algunos se menean;

Lo que quiere decir, que están cansados

Y que mis versos ya no los recrean:

Mas, contando no más con los passados
5150

Seteintaicinco Octavas; aora vean,

Si quieren, una vez que están sentados,

Permitirme añadir otras poquitas,

Con quatro al bello sexo palabritas.

LXXVI

Ciertas palabras, pues, que vergonzosa
5155

No quiere repetir la lengua mía;

Ciertos discursos, que una escandalosa

Encierran alusión, o alegoría

Ciertos cuentos en verso, y aun en prossa,

Que revuelven después la fantasía,
5160

Indigníssimos son de las orejas

De las Mugeres, maxime, no viejas.

LXXVII

Con todo esso, estos son en las visitas

Los discursos que a muchas les agradan,

Y más de dos se encuentran Señoritas,
5165

Que, si no se habla assí, se desagradan,

Y en tratándose cosas eruditas,

O assuntos serios, callan, y se enfadan,

Llamando el que en hablar es detenido,

Escrupuloso, insulso, o encogido.
5170

LXXVIII

Quánto mejor os fuera estar hilando,

Que oyendo más de dos conversaciones,

En que el veneno a sorbos va calando

Por el oído, a vuestros corazones?

Y el Amor mil especies dispertando,
5175

En que estaban dormidas las passiones

Descubre lo que estaba más oculto,

Excitando en el alma un gran tumulto?

LXXIX

Pero alguna dirá: en mí ciertamente

Tales discursos no hacen mella alguna,
5180

Ni causan más tumultos en mi mente,

Que los ladridos causan en la Luna.

Fuera de que no soi tan inocente

Que en los lances de Amor y de Fortuna

No sepa quizá más que todo quanto
5185

Puede decirme un Tulio, o un Crysanto.

LXXX

Ya lo sé, y no, no es menester jurarlo,

Que entre vosotras, Damas, tal qual se halla

Que en cierto assunto indigno de nombrarlo,

Sabe tanto, y aún más que la Canalla,
5190

Quando todas debiérais ignorarlo.

Y aunque iba a descargaros a metralla,

Quiero trataros con benignidad,

Porque una vez digisteis la verdad.

LXXXI

Y en gracia de esta cosa irregular,
5195

Os he de hablar en verdadero amigo:

No pretendiendo aora examinar

Vuestro interior (que de esto no hai testigo).

Un buen consejo os quiero a todas dar,

Hablando en confianza; y assí digo,
5200

Que si oís lo que nunca oír debéis

Aquello que no sois creer haréis.

LXXXII

Quando menos podrá pensar alguno,

Que sois un poco largas de conciencia;

Porque en el Mundo juzga cada uno
5205

Por los Auttos, que forma la apariencia;

Y más si el pleito es de una, o de uno

Con quien trato no hai, ni hai experiencia.

Diréis que la experiencia es engañosa:

Sí lo es; mas su sentencia es vergonzosa.
5210

LXXXIII

Y ella hace que el honor quede perdido;

Y como es el honor tan delicado,

Es a un relox precioso parecido,

Al qual, para quedar desbaratado,

Basta un golpe ligero, o un descuido.
5215

Y este vuestro relox tan estimado

Le pierde, le maltrata, o le desgasta

Una muger que no parece casta.

LXXXIV

Pero hai gran diferencia en el asunto;

Que el Relox componerle el relogero
5220

Puede mui bien; pero el honor difunto

Resucitar no puede al ser primero.

Y el Salmista, tratando de este punto,

Un símil trae, que es más verdadero;

Dice que es un Cristal hecho pedazos,
5225

Que unirle no es possible a humanos brazos.

LXXXV

Una cosa podéis tener por cierta,

O vosotras Mugeres, y Señoras,

Que muger sin honor, es muger muerta.

Yo lisonjas no gusto aduladoras,
5230

Y una vez que sinceramente advierta

Las verdades más claras, y sonoras,

Si de dichas verdades os riereis,

Servidor, y vivid como quisiereis.

LXXXVI

Pero escucho que alguna me replica:
5235

Oír hablar es uso antiguo, y vicio:

Ni yo para mostrar que soi púdica,

He menester armar el sobrecejo,

Quando habla otro, ni hacer la boca chica,

Ni estrujar con arrugas el pellejo,
5240

Y si hai un mal hablado no me toca

levantarme, y taparle aquella boca.

LXXXVII

Ni tampoco yo digo que hagáis esso;

Pero nunca mostréis gusto de oírle:

Dadle a entender que aquello es un exceso,
5245

Que vuestro honor no puede permitirle;

Lo que toda muger, que tiene sesso,

Sabe hacer fácilmente, sin herirle

Al que habla mal; y si él no es un salvage,

Veréis que muda presto de lenguaje.
5250

LXXXVIII

Basta no contestarle quando habla,

No prestando atención a lo que dice,

Como si hablara el tal con una tabla:

Basta que vuestra lengua no le atize,

Si discurso indecente, o torpe entabla,
5255

Que de vuestro rubor tanto desdize;

Y hasta no mostraros deseosas,

De que los hombres hablen ciertas cosas.

LXXXIX

Dice el proverbio: la Muger honrada

Ha de ser sorda y muda; si es que quiere
5260

Ser verdaderamente respetada;

Y ha de hacer que no entiende lo que oyere,

Siendo alguna palabra colorada,

La que discreta parecer quisiere:

Lección mui importante, y la más bella,
5265

Que debiera aprender toda doncella.

XC

De aquí podéis, Damitas, inferir

Lo mal que hacen aquellas que entender

Fingen lo que mejor fuera no oír;

Y mostrando que lo oyen con placer,
5270

Se suelen, poco cautas, sonreír.

Nunca fue Elvira de esse parecer,

Antes bien, si algo de esto Elvira oía,

Una estatua de mármol parecía,

XCI

Raras veces salía Elvia de casa,
5275

Y apenas se asomaba a la ventana.

Y aunque era ágil en una y otra bassa,

No era inclinada al bayle, ni era vana:

Nadie besó su mano; aunque aora passa

Por moda, bien que moda chavacana;
5280

Cubiertas las dos manos con los guantes,

Cosa que hace rabiar a los amantes.

XCII

Es verdad (no lo niego) que hoi ay muchas

Condenadas a guante sempiterno

Queriendo acreditarse de machuchas;
5285

Pero esto sólo prueva en mi quaderno,

Que huyen de la labor, o no están duchas,

A lo que suena mugeril govierno.

Si sólo por las manos las aprecias,

Otras tantas dirás que son Lucrecias.
5290

XCIII

Mas viendo que en tener siempre cubiertas

Las manos, sólo sois escrupulosas,

Y que expuestas al público están ciertas

Otras partes, que son más peligrosas,

Las gentes (con razón) dudan expertas,
5295

Que lo hacéis porque a caso están roñosas,

O llenas de berrugas, y de aristas,

Y conocéis que no son para vistas.

XCIV

Otros discurren otras mil razones,

Y dicen las guardan, porque están llenas
5300

De aquellos que se llaman turumbones,

O porque están mui flacas, y las venas

Lo salen a lucir con los tendones.

Otros dicen, que no las tenéis buenas,

Porque avéis empleado algunos ratos
5305

En retozar a solas con los gatos.

XCV

Y quando no, podrá alguno creer,

Que las tenéis guardadas por temor,

De que el Sol no las llegue a enegrecer,

Tostándolas después con su calor.
5310

Mas si cubiertas las queréis tener

Por otro fin más alto y superior,

Porque no cubriréis si sois modestas

Otras cosas, que son menos honestas.

XCVI

Ciertas cosas, repito, algo indecentes,
5315

Que hacéis ver a quien no quisiera verlas,

Cubriríais si fuerais más prudentes,

Teniendo gran cuidado de esconderlas.

Hablo (por vuestro bien y el de las gentes),

Y más sabiendo todos que las perlas,
5320

Las joyas, diamantes, y doblones,

Se esconden cuando se anda entre Ladrones.

XCVII

No hagáis el Gato guarda del Tocino.

Y pues a Elvia imitáis en traer guantes,

No hacerlo en lo demás es desatino.
5325

Ni los curiosos, ni los cortejantes

Vieron más que su rostro peregrino,

Y a los ojos negó más penetrantes

La peligrosa vista de dos pellas,

Que tenía, tan blancas, como bellas.
5330

XCVIII

Pero esto ya va largo demasiado,

Y estoy viendo que algunos se levantan

Sin aguardar se acabe lo empezado;

Y como sé que cansan los que cantan

Si al cantar mal añaden lo porfiado,
5335

Los que ya están cansados no me espantan,

Y por hoi pongo fin a nuestro testo

Para volver mañana a oír el resto.

XCIX

Mientras el Niño Cicerón reposa

De Elvira elogiaré mil prendas bellas,
5340

Y de otras de su sexo alguna cosa.

Diré también, que no quiero ofendellas,

Aunque es materia algún tanto escabrosa

Y quanto pueda haré porque ellos y ellas

Oigan con gusto lo que se digere,
5345

Mas paciencia si no lo consiguiere.


Fin del Canto VII

I

La ingratitud es vicio abominable,

Es un negro feíssimo pecado,

Tanto que a todos se hace imperdonable,

Y le detesta más el más malvado.
5350

Es indigno del nombre respetable

De Racional quien de él está tocado,

Y el Ingrato da pruevas verdaderas

De ser más fiera que las mismas Fieras.

II

Aunque del hombre nacen enemigas,
5355

Reconocidas son a sus favores;

Y muchas padecieron mil fatigas

En defensa de sus benefactores.

Y no hai que hacerme cocos, ni hacerme higas,

Como que vendo rábanos por flores.
5360

Quien no me crea a mí lea un poquito

A Cayo Plinio, Histórico erudito.

III

Leones verá allí, Tigres furiosos

Ser de sus bienhechores compañeros.

Serviciales, atentos, y obsequiosos
5365

Como son los amigos verdaderos,

Y con nobles impulsos generosos,

Despreciando ya ogueras, o ya aceros

Exponer, encrespada la melena,

Su propia vida, por salvar la agena.
5370

IV

Perros verá fielmente agradecidos,

Que viendo muerto al Amo no comieron,

Hasta que al hombre, y al dolor rendidos,

Víctimas de su amor la vida dieron;

Predicando a los hombres entendidos
5375

Con el egemplo, que los ofrecieron

El gran cuidado, y la gran solicitud,

Con que deben huir la ingratitud.

V

Los pueblos más ferozes, e inhumanos

Por un horrible monstruo la tuvieron;
5380

Pero nuestros Latinos, o Romanos

Ni aun de Ingratitud el nombre oyeron.

Ojalá que ignoraran los Cristianos

Lo que tan grandes hombres no supieron.

Mas por nuestra desgracia, ya esta Fiera
5385

Doméstica se ha hecho y mui casera.

VI

Hoi es la ingratitud casi de moda,

Poco menos que el pan de cada día,

Y el que te debe su fortuna toda

En vez de hacer por ti quanto podía,
5390

Si el hacerlo un tantico le incomoda,

Manos, piernas, y pies te cortaría,

Y antes que sufrir él algún trabajo,

Tu cabeza pondría sobre un tajo.

VII

De deudor se transforma en tu enemigo;
5395

Tu nombre despedaza, y mal te quiere,

Huye de verte, y de tratar contigo;

Y más si el beneficio tuyo fuere

Superior a las fuerzas del amigo,

Que al Amigo, y al Asno el que quisiere
5400

Guardar (dice un Filósofo machucho)

Nunca debe cargar, ni oprimir mucho.

VIII

Porque, si al uno carga demasiado,

Se echa desesperado con la carga

Y el otro prevarica, avergonzado
5405

Al benéfico afán de mano larga,

Y esto de verse más y más cargado

Se le hace cosa dura y mui amarga:

Piensa que el Bienhechor de mejor trato

Le está siempre diciendo: eres ingrato.
5410

IX

Ánimo vil es éste. No assí el mío,

Que en punto a recivir, es generoso.

Quanto es mayor el don, cobra más brío.

Recivo un beneficio poderoso,

Y espero otro mayor de un pecho pío;
5415

Porque no soi tan vil, ni vergonzoso,

Que no tengo por digna a mi persona

(Si me la quieren dar) de una Corona.

X

A recivir estoi siempre dispuesto;

Que en tornar (dicen todos) no hai engaño:
5420

Si tal vez no respondo al favor presto

Le tengo mui presente todo el año

Sobre mi corazón, y no hacen esto

Muchíssimos que visten fino paño:

Antes bien al Señor siempre le pido,
5425

Que me libre de ser desconocido.

XI

Qualquiera otro baldón, qualquier suplicio

Sufriré yo; primero que mancharme

Con tan negro borrón, tan feo vicio.

Quien no lo crea, podrá experimentarme,
5430

Y verá, que a quien me hace un beneficio,

En mis versos procuro demostrarme

Agradecido, como es Santo y justo,

Alabándole mucho con gran gusto.

XII

Yo, pues, que a las Mugeres me protesto
5435

Obligado, pues debo mi existencia

A una de ellas; si no lo manifiesto

De otro modo, por falta de potencia,

Embido en alabarlas todo el resto,

Siempre que lo permite la conciencia,
5440

Haciendo lo que puedo, o he podido,

De estimación, y gratitud movido.

XIII

Y aviéndose ofrecido la ocasión

De hablar de una a mi Auditorio junto,

De la Madre (esto es) de Cicerón,
5445

No sé acabar, no acierto a poner punto.

Y aunque acaso os fastidie mi Sermón,

Proseguir quiero tan glorioso assunto,

Y en describir sus dotes estenderme,

Pintando a Elvira, mientras Tulio duerme.
5450

XIV

Ni se diga que salgo de mi tema,

Quando en hablar de Elvira soi prolijo,

Pues anuncian en todo buen sistema

Las prendas de la Madre las del Hijo,

Sabiendo todos ya aquel apotema:
5455

Las encinas no dieron nunca miijo,

Ni (como cantó un Poeta viejo),

Una Aguila jamás parió un conejo.

XV

Esta vida (quizá diráme alguno)

Si prosigue a este passo, no se acaba,
5460

En cien años, ni aun en ciento y uno,

Bueno estaría yo, si oídos daba

A lo que dicen Pedro, Juan y Bruno.

Lo que sí es, que si yo me apresuraba

A subir un peñón del Apenino,
5465

Me faltaba el aliento en el camino.

XVI

Sin duda que tenía gran cabeza,

Y de las cosas gran discernimiento,

Aquél, a quien un hombre en la Bañeza

Daba de palos porque andaba lento.
5470

Y diciéndole otro con presteza

Camina, y ahorrarás de palos ciento;

Mas él le respondió (era Italiano)

Signor no, che va sano chi va piano.

XVII

Alguno avrá, que me juzgue enamorado
5475

De Elvira, quando tanto parlo de ella,

Y que bajo el nombre enmascarado

De una Casada, cubro una Doncella,

Que es mi Pique, mi Chichis, mi Cuidado,

O (hablando a la francesa) que es mi Bella,
5480

Buscando a una difunta por cubierta

De una, que come, bebe, y no es Tuerta.

XVIII

Yo no quiero decir lo que hai en esto:

Sólo diré, que aunque en hablar de Elvira

Sea un poco prolijo, seré honesto,
5485

Y a nadie ofenderá mi tararira,

Porque aunque no me llamen Fray Modesto,

Pero Clérigo sí. Con esta mira

Líbreme el Cielo, de que en mi leyenda

O Santa Honestidad a ti te ofenda.
5490

XIX

Y a propósito al verbo Honestidad,

El qual vino a ponérseme en la punta

De la pluma, por gran casualidad.

Ya dixe que en Elvira estava junta

Honestidad suma a singular beldad.
5495

Pues aora en Posdata, o por adjunta,

Quiero deciros por un fin mui Santo,

Todo lo que sé de ella en este Canto.

XX

Cada día iba Marco descubriendo

Alguna nueva prenda, que encerrava
5500

La bella alma de Elvira, y conociendo,

Que ella de freno no necesitava,

Puesto que por sí misma precaviendo

Los riesgos más remotos, no aguantava,

No ya que algún Morbín la manoseasse,
5505

Mas di que un sólo dedo la tocasse.

XXI

Y este era entonzes, dicen varias Glossas,

El proceder de toda Dama honesta,

Mas hoy no es moda el ser escrupulosas

Las Mugeres, y nuestro Autor lo atesta:
5510

Tienen (dice) en otras cien mil cosas

Un pánico temor, pero no en ésta;

Porque hoi se ve que el bello sexo amable

Más de lo que es menester es manejable.

XXII

Yo sé que más de alguna con enfado
5515

A la mano atrevida, que la toca

Echa de sí, y el rostro sonroseado

Muestra el dolor que aquello le provoca;

Pero observo también por otro lado

Que algunas dicen esto a media boca:
5520

Por esto la Muger, quando pelea,

Más que vencer, vencida ser desea.

XXIII

Hai motivo a lo menos de dudarlo

Viendo que algunas dan la escusa fría,

Que sus fuerzas no alcanzan a estorvarlo;
5525

Y un cierto no sé qué de hipocresía,

Con que hacen ademán de repugnarlo

Provando está a la luz del medio día,

Que aquella resistencia insuficiente,

En vez de resistencia, es aliciente.
5530

XXIV

Yo no llevo en paciencia lo que a algunas

Veo sufrir en paz y con sosiego;

Id est ciertas caricias importunas,

Que un grande amigo mío (y no era Lego)

Caricias, con razón, llama Perrunas.
5535

El Perro, en viendo al Amo, luego luego,

Por mostrarle su amor (es cosa de hecho)

Con las dos zarpas se avalanza al pecho.

XXV

Nunca permitió Elvira ser tocada,

Aunque de esto jamás yo fui testigo.
5540

Nunca se dejó dar una palmada,

Ni aunque un pellizco de el mayor amigo,

Ella tampoco, a fuer de Dama honrada,

Tocó a nadie, y yo sé que verdad digo,

Ni tocaría a un hombre esta Matrona,
5545

Aunque el Rey la ofreciera su Corona.

XXVI

Hai Mugeres, que tienen un prurito

En las manos, que le palpa un ciego,

Alentando al más tímido apetito,

A acompañarlas en el mismo juego.
5550

Quisiera, que entendieran lo aquí escrito,

Sin declararme más; y assí las ruego

Que un porte tengan de hoi en adelante

Más grave, más señor, menos danzante.

XXVII

Ni gustava tampoco nuestra Elvira,
5555

Que un hombre la mirasse fijamente:

Si alguno suspirava con la mira

De explicarla su amor, ella, prudente,

Mostrava no entenderlo, y la pyra

De aquel fuego apagava prontamente,
5560

Por no dar el más leve fundamento

De excitar un impuro pensamiento.

XXVIII

Sus cartas esconder Elvia savia,

Para no dejar ver a nadie el juego.

Si alguno se arrimava, y se atrevía
5565

En voz baja, a dejar caer un ruego,

O a insinuarla lo mucho que sufría

Por su amor, Ella, encendida en fuego,

Le arrojava de sí, y en un instante

Era un Volcán, un Etna su semblante.
5570

XXIX

Y lejos de mostrarse compasiva

Si alguno declarava su tormento,

De gravedad se armava, tan esquiva,

Que abatía el más alto pensamiento,

O le mirava ayrada, y vengativa
5575

Con tal resolución, con tanto aliento,

Que aquél, que de abrasado blasonava,

O de frío, o de miedo tiritava.

XXX

Mas si alguno adelante su porfía

Llevava, sin querer dejar el puesto,
5580

Ella se levantava, y luego huía,

Dejándole aburrido, porque en esto

A nadie de tropiezo ser quería.

Y en el caso que aora va propuesto

Quisiera yo (si se encontraren otras)
5585

Que lo hicierais assí todas vosotras.

XXXI

Yo no sé si lo hacéis: sólo estoi cierto

De que muchas conversan mui gustosas

Con quien saben las ama, y de concierto

Passan juntos semanas deliciosas.
5590

Sé, que gustan de oír, que uno está muerto

Por ellas, y sé otras muchas cosas.

Como aquel complacerse en ver delante

De sus pies suspiroso a un tierno amante.

XXXII

Sé, que no siempre se conversa entre ellas
5595

De cosas santas, y que no son pocas

Las que gustan de oír llamarse bellas,

Ni las disuenan las palabras locas,

Con que las llaman Sol, Luna, y Estrellas.

Sé que algunas resisten como rocas
5600

A ser tocadas; más no las dan enojos

Las licencias más libres de los ojos.

XXXIII

Ven, que alguno, qual perro perdiguero,

Que para la perdiz, sus ojos para

En cierta parte, que nombrar no quiero,
5605

Y que Amor mientras tanto algo dispara.

Saben que el hombre es hyesca, ellas azero,

Que el fuego fácilmente le prepara,

Y no obstante más de una está mui fresca

Arrimando aquel fuego azia la hyesca.
5610

XXXIV

Mas en vez de echar agua en el tal fuego,

Le suplan quanto pueden y con gusto

Mirando están, cómo el Amante ciego

Se va abrasando. No las da algún susto

El daño que hacen; antes con sosiego
5615

Se presumen un mármol mui robusto,

Y de la Honestidad Templo animado,

Que jamás malo egemplo a nadie ha dado.

XXXV

Qué importará, que un corazón de hyelo,

[O] tengan ellas, o bien sea de nieve,
5620

Insensible al amor, si un Mongibelo

Encienden en el pecho de ocho, o nueve?

Si fomentan un Etna en el Mozuelo

Con todo lo que impuro amor promueve.

Qué importa, que a la Vieja, Moza, o Niña
5625

No le passe el amor de la basquiña?

XXXVI

Tan Ladrón es aquél, que tiene el saco,

Como el que roba: lo que yo estoi viendo

Es, que un Petimetre, y un Bellaco

Siempre están junto a ellas discurriendo:
5630

Bien está; no haiga apego; mas por Bacco

(Aun esto en cortesía permitiendo)

Yo las vuelvo a decir con su licencia,

Que no me gusta a mí tanta frequencia.

XXXVII

Sean todas Penélopes (lo passo)
5635

Aunque alguno a Penélope condena;

Embauquen (como ella en otro caso

Lo hizo) a sus Galanes; norabuena

Mas por guardar su honor (guardóle acaso

Que yo tragar no sé esta verengena)
5640

Urdió una tela con ardid, y engaños,

Que acavarse no pudo en muchos años.

XXXVIII

Quando lo pudo hacer más fácilmente,

Y echarlos a passear el primer día,

Bastava recivirlos fríamente,
5645

Y no querer oír su algaravía:

Bastava averlos dicho claramente,

Que la cansava mucho su porfía.

Bastaba en fin que con semblante fiero

A todos los dixesse: No, No quiero.
5650

Si a mirarlos Penélope a la cara

No se huviera dignado; si severa

Ruegos, suspiros, iras despreciara,

Sin dársela un comino, entonzes viera

Que todos la dejavan, y lograra;
5655

Que el Universo entero la aplaudiera

Por su fidelidad, sin los emplastos

De tantas telas, y de tantos gastos.

XL

Mas esto no quería hacerlo ella,

Aunque era tan juiciosa, y tan prudente,
5660

Porque todos la decían, que era Bella,

Y estando acostumbrada a tratar gente,

Desde que comenzó a hablar siendo Doncella,

Esto la gustava grandemente,

Y no quería verse precisada
5665

A tratar con el Gato, y la Criada.

XLI

Lo mismo veo hacer con mucho empeño

A algunas, que conozco en la edad mía:

Aun las que no hablan más que parla un leño

Gustan de estar en grande Compañía,
5670

Porque si no lo están, las carga el sueño

Y las parece gran discortesía

Dejarlas sola; y assí están rabiando

Sin quatro, o seis junto a ellas suspirando.

XLII

Y ya que de Penélope la tela
5675

Tomé en boca, será bien que os diga

Ser un embuste (bien que es vagatela)

Lo que se dice de la gran fatiga,

Que se tomaba la sagaz mozuela

(Siendo de la labor tan enemiga)
5680

Quando de noche (dicen) deshacía

La tela trabajada por el día.

XLIII

El hecho es, que, estando día y noche

Con sus Cortejos siempre en grande fiesta

Y acompañada de ellos en el coche
5685

Quando se iba a passear después de siesta

Divirtiéndose siempre a troche y moche;

Tenía otras labores en la Testa,

Y en la tela (no siendo por ensalmo)

No pudo trabajar siquiera un palmo.
5690

XLIV

Esto mismo (creédmelo, Señores),

Es lo que hacen también ciertas Mugeres

Con esas, que ellas llaman sus labores,

Todos su[s] gustos, si observarlos quieres,

Se reducen a oír hablar de amores;
5695

Estas son sus delicias, sus placeres,

Y muchas tienen por trabajo estraño,

Si acavan dos calzetas en un año.

XLV

Pero no es esto lo que más condeno,

Porque tampoco yo trabajo mucho.
5700

Lo que a mí me parece nada bueno

(Y lo mismo dirá todo machucho)

Es aquel conversar de riesgos lleno;

A lo que viendo estoi, y a lo que escucho,

Con los hombres, con tonta confianza,
5705

Como Aldonza Lorenzo, y Sancho Panza,

XLVI

Ya se acabó aquel tiempo en que un marido,

Si viera que un Mozuelo avía tocado

Un dedo a su Muger, ya por perdido

Se daría, y por hombre desdichado.
5710

Ya no se tiene por prodigio oído

Var[i]as vezes, y más vezes provado,

Que en lugar de perrillos inocentes

Retoza una Muger con sus sirvientes.

XLVII

Ya no estamos en tiempo, en que un Amante
5715

Para hablar a su Niso, a la Criada

Deberá regalar un diamante,

O con algún ardid abrir la entrada.

Hoi la puerta está franca; cada instante

Logrará audiencia pública, o privada,
5720

Y para estar con ella sola a sola

Basta entrar sin decir una parola.

XLVIII

Ya se fue aquella edad escrupulosa,

Que condenava como cosa fea,

De mal egemplo, y mui escandalosa,
5725

Que Marte visitasse a Citerea,

Nuestra edad no es edad tan melindrosa.

Oy Acis puede estar con Galatea,

Sin que ninguno piense de ella cosa,

Que pueda hacer perjuicio a su decoro.
5730

Porque ha vuelto a nacer el Siglo de oro.

XLIX

Volvió, repito, aquella edad felize,

Que tanto celebró más de un Poeta,

En que todo Pastor su Berenize

Tratable siempre la encontrava, y quieta!
5735

Y si es verdad lo que un Autor nos dice

De aquella edad cabal, bella, y completa,

Para igualarla en toda su apariencia,

Sólo falta a la muestra la inocencia.

L

La qual sabemos ya, que dura poco,
5740

Entrando a sucederla la malicia.

Toda muger huía como el Coco

De tener con los hombres amicicia.

Y lo hacían según lo que aora toco,

Por conservar la Santa pudicicia,
5745

Porque en materia tanto delicada

Ninguna precaución era sobrada.

LI

Creían no poder impunemente

Con los hombres tratar el sexo flaco:

Por esto estaban solas comúnmente
5750

Con la labor debajo del sobaco,

Y las criadas trabajando en frente;

Si alguna no lo hiciera, por Dios Bacco

Que unos palos tan fuertes llevaría

Que el más sordo quizá los oiría.
5755

LII

Siendo esto assí, será porque ya aora

Las Mugeres no son de aquella pasta

Y que entre tantos riesgos a toda hora

Toda Muger sabe guardarse casta,

Sin que la carne flaca y pecadora
5760

Guerra haga a la razón, que la contrasta;

O que todas aquellas eran locas,

O que lo son las de hoi; salvo unas pocas.

LIII

Sí, Señores: nosotros somos locos;

Con más virtud que aquella que tenemos
5765

Nos figuramos, a excepción de pocos.

Ni los daños que todos padecemos

Nos hacen ser más cuerdos; y los cocos,

Que nosotros los hombres siempre hacemos

A las Mugeres jóvenes, y bellas
5770

Las hacen, que más locas sean ellas.

LIV

En artificios todas son Maestras,

Y no se dan tan presto por vencidas.

Ya de estatuas de hyelo nos dan muestras,

Ya de metal al fuego derretidas.
5775

De las feas no hablo: las más diestras

Son las lindas, las quales engreídas,

Que podrán, se figuran vanamente,

Con el fuego jugar impunemente.

LV

Mas al fin los suspiros amorosos,
5780

Las lisonjas, las vozes halagüeñas,

Hacen lo que hace el tiempo en los Colosos,

Y lo que el agua en las robustas peñas.

De sus efectos algo peligrosos,

Ya he dado en otra parte muchas señas,
5785

Y no quiero inculcar viejas verdades

A las que amigas son de novedades.

LVI

Conviene con todo eso, a honor y gloria

De la Verdad, lo que una vez se ha oído

Refrescarlo tal vez a la memoria,
5790

Para evitar injurias del olvido.

Assí también se alarga más la Historia,

Y vuestro gusto está más divertido;

Pero si fuere tedio, no me atajo,

Porque al fin será menos mi trabajo.
5795

LVII

Por tanto yo os vuelvo a repetir

Que este trato moderno vuestro es tal,

Que no puede buen fruto producir

Según el parecer universal;

Pues todo hombre de juicio es de sentir,
5800

Que en él se da ocasión a mucho mal.

Y mi Padre decía con razón:

La ocasión, y el dinero hacen Ladrón.

LVIII

Ya sabéis de los hombres la osadía,

Al caballo jamás tiran el freno,
5805

Y crece hasta lo sumo su porfía,

Si un poco dócil hallan el terreno.

Adelántanse tanto cada día,

Que aun lo poquito no sería bueno:

Si una Muger alarga un dedo a un loco,
5810

El brazo entero le parece poco.

LIX

Pensad aora cómo andara el ajo,

Quando ellas compasivas, o ligeras,

Permiten algo más al furbo Majo.

Y, si viéndolas éste tan someras,
5815

Le costará grandíssimo trabajo

El passar de las burlas a las veras,

Malogrando el momento favorable?

Ello bien puede ser, pero no es dable.

LX

Yo ya sé, que el amable sexo, y bello
5820

No es tan ruin como algunos le han pintado;

Sé, que está (y es preciso concedello)

De muchas bellas prendas adornado:

Su corazón, por lo común, el sello

De Noble tiene en sí mui estampado.
5825

Mas sé también, si el fuego de Amor prende,

Que en un corazón noble más se enciende.

LXI

Prende en él como en la hyesca el fuego,

Y ya de palabritas se alimenta,

Ya de un mirar; de un sonreír; el juego
5830

Y el trato familiar más le fomenta

La llama passa a incendio, a furor ciego,

Que todo lo atropella, y si le alienta

De el fuelle del Infierno el soplo fuerte

Dura vivo el Volcán hasta la muerte.
5835

LXII

Júzganse Salamandras las Mugeres,

Y que pueden burlarse con las brasas,

Diciéndonos, que a todos sus placeres

Los manda la razón y ponen tassas.

De todas creerás, si las oyeres,
5840

Que son Casandras dentro de sus Casas,

Sin notar, que Casandra aun en el Templo,

De que no están seguras las dio egemplo.

LXIII

Entre los Lobos nunca está segura

La oveja; y si la Cabra se encamina
5845

Azia ellos, quién más me la asegura

De que no corra ciega azia su ruina?

La Muger será honesta por ventura,

Mas la carne a no serlo siempre inclina,

Y decía allá un gire de Bearne
5850

Casta es la Muger, sí; pero es de carne.

LXIV

No las agravio, no, quando en mis Cantos

Las pinto algo movibles, e incostantes:

repito lo que han dicho tantos S

Para hacer los Maridos vigilantes.
5855

Quien se embarcó encomiéndese a los Santos,

Que el mar siempre engañó a los Navegantes;

Pero no fíe tanto en su Oración,

Que no atienda a la Vela, y al Timón.

LXV

Quiero decir, procuren tener lejos
5860

A su Muger de todas ocasiones:

A fuera Chichisveos y Cortejos,

A fuera peligrosas diversiones.

Salomón nos descrive los manejos

de una Muger cabal en sus sermones.
5865

Y sin embargo todo esto no hasta,

Quando no es la Muger de buena pasta.

LXVI

Mas si alguna me lee, o si me escucha,

Qué cosas no dirá de mi persona,

Sin culpa tener yo poca ni mucha?
5870

Allá se las avenga, si blasona

De discreta, prudente, y de machucha,

Con Juanbartolomé que lo pregona;

Que en estos versos yo, malos o buenos,

Ando, como anda un Niño en pies agenos
5875

LXVII

Yo no hago más que traducir el testo,

Verde, o seco, como el Autor lo dice,

Y no quiero cargarme (lo protesto)

Con lo que él diga mal, o escandalize.

Un huesso a roer duro yo me he expuesto,
5880

Confiéssolo, y conózcome infelize,

Porque temo, Señoras, y me assusto

De averos quizá dado algún disgusto.

LXVIII

Quien compone de suyo correr deja

Su fantasía adonde se la antoja.
5885

Lo que quiere callar de sí lo aleja,

Lo que escrivir, en el papel lo arroja.

Mas quien se empeña desde rabo a oreja

En traducir un Libro, hoja por hoja,

Encuentra a cada passo mil enojos,
5890

Que le hacen dar al Diablo sus antojos.

LXIX

Y como sé mui bien, Señoras mías,

Que de nadie gustáis ser motejadas,

Y que es crimen de lesa en nuestros días

Tocar a vuestras pieles delicadas;
5895

Debiendo traducir mil picardías;

Que Juan Bartolo nos dejó estampadas,

Estuve por quemar la tal Historia,

O a lo menos echarla en una Noria.

LXX

Porque aunque nuestro Autor la verdad diga,
5900

Yo no quiero mezclarme en vuestras cosas.

La traducción no obstante es bien prosiga,

Pues confío que al fin reís gustosas,

Porque es hombre sincero en su fatiga,

Y es de esperar no calle las preciosas
5905

Que al bello sexo adornan qualidades,

Superiores quizá a sus nulidades.

LXXI

Entonzes sí, que con consuelo mío

Manejaré mi pluma en honor vuestro,

Y veréis todas, si caliente, o frío
5910

En celebraros soi; ahora hado siniestro

Me ha empeñado en un trabajo impío;

Tan contrario a mi amor, y tal qual estro,

Que el sesso y juicio, por la rabia fiera

Perdido huviera ya, si le tuviera.
5915

LXXII

Mas si aora me da tanto tormento,

Este empeño, este afán que ya he emprendido,

Vendrá algún día en que me dé contento,

Y espero que seré compadecido.

Mi gran consuelo es éste, este mi aliento,
5920

Y me daré por mui correspondido,

Si del trabajo, que he de hacer y he hecho

Sacar viere algún fruto, algún provecho.

LXXIII

Yo creo que sería menos mal

Si alguno se aplicara a esta Leyenda,
5925

Que a la de un Libro medio heretical,

O desonesto, o Libro que no entienda.

Y aunque no sea este Poema tal,

Que aspire a competir, ni lo pretenda

Con vuelos de otras aves más canoras
5930

Puede (bien divertiros muchas horas.

LXXIV

Y no es esto mejor que murmurar

O hacer dos al amor de noche y día?

Y no será mejor que chacharear

Tres o quatro Mugeres a porfía,
5935

Y en lo que ellas no entienden cucharear?

Leed, pues, este Libro, y a fe mía,

Que aunque en todo no os dé gusto cumplido,

No os pesará, no, averle leído.

LXXV

Y si hiciere reír la Compañía,
5940

No toda risa es mala, o reprehensible:

Elvira era una Señora honesta, y pía,

Y aun casi racional como es creíble,

Sin embargo se sabe, que leía

Tal qual Autor gracioso y apacible.
5945

Y que eran para ella deliciosos

Los Poetas festivos, y piadosos.

LXXVI

Los Libros de un Autor grato, y modesto

Tienen contento, alegre, y divertido

Al Letor: mas con ningún pretesto
5950

Se sabe que jamás aya leído

Nuestra Elvira algún Libro poco honesto.

Y yo le doi un parabién cumplido,

De que, siendo muger, no aya gustado

De leer Libro alguno condenado.
5955

LXXVII

Nunca quiso leer ciertas Novelas,

Ni Romances, ni Cuentos disonantes,

Llenos de amor, y de otras bagatelas.

Sólo es fama, por vozes mui constantes,

Que de noche leía entre dos velas
5960

El grazioso Quixote de Zervantes,

Y en Agosto, a la sombra de un gran toldo

El festivo Poema de el Bertoldo.

LXXVIII

A Lucrecio, ni oír nombrar quería,

Como a ningún Autor que de los Cielos
5965

Hablasse mal. Si yo (decir solía)

Me viesse Emperador, O qué buñuelos

De estos malditos Libros presto haría!

Sus Autores, sus Padres, sus Abuelos,

Metidos con sus Libros en una hoya
5970

Arderían después como ardió Troya.

LXXIX

Ningún Libro leyó, que fuesse impresso

Sin licencia, o en sitio sospechoso.

Si Marco, que era hombre de gran sesso

No la decía: No, no es peligroso.
5975

Y es que entonzes a Italia con exceso

Ciertos Libros en número copioso

Venían, que llenavan a ignorantes

De ideas y principios disonantes.

LXXX

Aora daría yo una repasata
5980

A ciertas curiosíssimas Señoras,

Que ciertos Libros sin Autor, ni data,

Leyendo están ad Laudes et per horas,

Y beben el veneno que las mata,

Disimulado en cláusulas sonoras,
5985

Porque vienen de Tierras peregrinas,

Donde no son mui sanas las Doctrinas.

LXXXI

Unos Libros con títulos brillantes,

Atestados de errores pestilentes,

Que vestidos en trages rozagantes,
5990

Embocan la ponzoña a muchas gentes,

Y más si son curiosas, e ignorantes,

O necias presumidas de prudentes:

En estas se introduce hasta los huesos

La cicuta fatal de los impressos.
5995

LXXXII

Y tanto más a prissa se produce,

Quanto brinda más dulce su veneno,

Porque el brillante estilo le conduce

Hasta el alma, teniéndole por bueno,

Y mucho más si a lasismo reduce
6000

A estar entre los vizios mui sereno.

Entonzes se hace irremediable el daño.

Cerrada toda puerta al desengaño.

LXXXIII

Perdónemelo Dios, antes quisiera

Que no supiesseis leer, o que los ojos
6005

Perdierais; pues más cuenta os tuviera,

Que dejaros llevar de los antojos

De leer ciertos libros, que en la hoguera

Estarían mejor, o entre manojos:

Libros vuelvo a decir, Libros malditos
6010

Que con tinta infernal están escritos.

LXXXIV

Pero cuidado, que lo que hablo aora,

Con las Mugeres, igualmente lo hablo

Con los hombres; pues sé que a toda hora

A tales libros leer los tienta el Diablo.
6015

Y alguno avrá, que su Moral perora

Por más puro Moral que el de S. Pablo,

El Moral, digo, que a la Italia manda

Londres, Ginebra, Basilea, Clanda.

LXXXV

Mas qué digo el Moral? los dogmas puros
6020

Aprender de la Fe presume en ellos;

Pero qué aprende? Errores tan obscuros,

Que como ciego está, no puede vellos.

Llega a dudar si hai Dios: a estos apuros

Le reducen sus mismos descabellos.
6025

Y como ya su fe, en lo llano topa

Cree, sí, que hai un Dios, pero de estopa.

LXXXVI

Un Dios ocioso, un Soverano inerte,

Que no atiende a los míseros mortales,

A quienes vienen por la ciega suerte
6030

Igualmente los bienes, que los males.

Máximas impías que el Spíritu Fuerte

Siembra en libros dorados, con los quales

Haze más daño en simples corazones,

Que en las guerras han hecho los cañones.
6035

LXXXVII

De Clérigos, de Frayles, y de Roma

Habían siempre mui mal como de apuesta,

Y aquella gente, que a ser culta assoma,

Por hombres los aclama de gran testa

Porque la pez confunde con la goma,
6040

Sin notar que ésta agrada, aquélla apesta,

Y los que juzga de un saber profundo

Vienen a ser la corrupción del mundo.

LXXXVIII

Presumen no creer a la carlona,

Y que en el huevo hallar saben el pelo;
6045

Mas si el que hablare fuere una persona,

Que nació, o se crió allá en otro suelo,

Ninguno chista, mientras él razona,

Por su boca creyendo, que habla el Cielo,

Si bien que es su doctrina impía, y perversa
6050

De la que enseña el Cielo tan diversa.

LXXXIX

Ya sea que los gusta esta doctrina,

Porque da gran anchura a la conciencia,

Ya que la naturaleza al mal inclina

O no sino la vil concupiscencia;
6055

A sus malos discursos, que son ruina

De tantos, y de tantas más credencia

Se da, que a un Theólogo y Letrado,

Que sabe discernir lo que es pecado.

XC

De el Señor en el Campo, entre el buen trigo
6060

Se siembra poco a poco la zizaña,

Y es quien la siembra aquel hombre enemigo

De que da fruto bueno la Campaña.

Al cabo la recoge algún amigo

Y a arrojarla en el fuego se da maña.
6065

Pero de esto hablaré más otro día,

Que a Elvira se vuelve hoi la Musa mía.

XCI

Si oía discurrir a un estrangero

Que errores insinuava ultramontanos,

Decíale con voz, y gesto fiero:
6070

Essos vuestros discursos no son sanos

En otras bagatelas creer quiero,

Que venceréis quizá a los Italianos;

Pero no en Religión; pues sois vandadas

De ciegos locos, que andan a pedradas.
6075

XCII

Y si el Monsiur a replicarla osaba,

Ella enojada mui claritamente.

Añadía: no estoi acostumbrada

A oír hablar tan impía, y libremente

La puerta de mi casa está cerrada.
6080

A quien assí discurre, y assí siente.

O Cielos! Y es possible que esta classe,

Que esta casta de Elviras se acabasse!

XCIII

Ojalá que estuvieran atestadas

Las Casas, los Palazios, las Ciudades
6085

De Elviras, como lo eran las passadas!

No se verían no las novedades

Que aora se ven, ni casi trastornadas

Las grandes de la Fe sacras verdades,

Y a los hombres entonzes esta vida
6090

Más dulze les sería, y más querida.

XCIV

Sería entonzes el casarse un gusto,

Sería una cadena de placeres,

Y un hombre (por decirlo assí) robusto

Gustaría tener muchas mugeres
6095

A la usanza de aquel tiempo vetusto

En que éstas moderavan sus quereres.

Mas, por nuestra desgracia, ya es sabido,

Que hasta el nombre de Elvira se ha perdido.

XCV

Mas si su claro nombre se ha olvidado
6100

No se olvide imitarla en sus acciones.

Hagan todas honor, y empeño honrado

De competirla en sus operaciones.

Siempre descubrirán en tal dechado,

Nuevas gracias, o sean perfecciones
6105

Y al que Muger no tiene por fortuna,

Deseo (si hai más Elvias) que tome una.

XCVI

Contento embío a casa y mui gozoso

Con este anuncio a todo aquel Spitero,

Que tenga vocación de hacerse Esposo.
6110

Con tal que halle una Elvira qual yo quiero,

Téngase por feliz, y por dichoso,

Y guarde este tesoro verdadero,

Porque Elviras con estas calidades

No se encuentran en todas las Ciudades.
6115


Fin del Canto VIII

I

Es una Doncellita como rosa.

Metida en su botón, quando descoge

Sus hojas poco a poco vergonzosa,

Y el Villano va alegre, y la recoge.

Esto se ha dicho en verso; y esto en prosa
6120

Quiere decir, que buen partido escoge

El que toma Muger no manoseada,

Y más si es moza bella, y bien criada.

II

Otro, por el contrario, hombre entendido

Dixeo: toda Muger, quando casada,
6125

Es carga pesadísima al Marido;

Si en la primera breve temporada

De casados, el gusto ven cumplido

Que deseaban ambos, ven que es nada,

Y acabándose aquello en un momento
6130

Un Marido entre mil está contento.

III

Aora yo, a quien jamás la gana ha dado

De cargar con Muger, no sé qué diga,

Viendo a un Autor con otros encontrado.

No acertaré a salir sin gran fatiga
6135

De un laberinto para mí intrincado,

Ni hallo, para librarme de esta intriga,

Otro arbitrio, que el de una comparanza

Que era el medio, que usaba Sancho Panza.

IV

Supongamos, que al pie de un alto puerto
6140

Se encuentra, por egemplo, un peregrino:

Si va solo a subirle, ten por cierto,

Que se le hará tedioso aquel camino.

Mas, si otro le acompaña hombre dispierto,

Divertido, y de humor nada cetrino,
6145

Seguro es, que la buena compañía

La mitad del fastidio le desvía.

V

Assí aquél que Soltero triste estava,

Si se une a una Muger linda, y juiciosa,

Mejor ayre que el que antes respirava
6150

Le parece gozar, y es otra cosa

La que prueva, que la que provava.

Divertido y contento con su Esposa,

A todos hace ver, que aquella vida,

Es más alegre, y menos desabrida.
6155

VI

Mas, si aquel otro pobre Caminante

Se encuentra con un triste Compañero

Fastidioso, borracho, y tan vergante

Que se tiende a dormir hecho ya un cuero

Sin poder dar un passo azia adelante,
6160

En este caso sí que es verdadero

Aquel proverbio que es tan inculcado:

Más vale solo, que mal acompañado.

VII

Assí el pobre, a quien toca alguna Fiera

Por Muger, y que en ciertos intervalos
6165

Ni entender la razón, ni oírla quiera,

Sino que se la encage a sendos palos.

O que a su caprichosa bodoquera

Los antojos se den, buenos o malos

Para este tal sería mejor suerte
6170

Un suplicio, una horca, o qualquier muerte.

VIII

Mas hai entre estos dos la diferencia,

De que si al Peregrino le es molesto

El Compañero, tiene aquél licencia

Para dejarle con algún pretesto;
6175

Pero el Marido ha de tener paciencia,

O al arbitrio acudir de morir presto,

Porque de su Mujer por fastidiosa

Sólo le puede libertar la fossa.

IX

Es cierto, que pudiera la Guadaña
6180

Hacerle a él la merced, de que ella fuesse

La primera que andasse a tierra estraña;

Pero no hai que esperar lo consiguiesse

De la Muerte con ruegos, ni con maña

Y ni yo gustaría que lo hiciesse,
6185

Porque ay de las Mugeres! si ella oídos

Diesse a quanto la piden los Maridos.

X

A más de uno después de pocos días,

O sean, si quisiereis, pocos meses

Tanto como le importan las folías,
6190

Le importa la Muger con sus arneses.

Detesta, sí, la red, las mallas frías,

En que cogido fue como las Reses.

Hace lo que hace el pez para romperla,

Mas ya no puede el Pobre deshacerla.
6195

XI

Y pues el Pez a la memoria acuerda

El Mar; a quien se embarca es semejante

El que toma Muger o loca, o cuerda.

Al principio qué plácido semblante!

Qué alegre muestra el Mar, hasta que pierda
6200

A la tierra de vista el Navegante!

Mas étele, que al tiempo más sereno,

Huye el Sol, brama el Mar, y aturde el Trueno.

XII

Montes de agua las olas encrespadas,

Y al furor de los vientos comovidas,
6205

Van el buque a tragar, y las fíadas

A aquel monstruo embustero tristes vidas.

No se oyen más que vozes agitadas,

No se ven más que lágrimas perdidas:

Se encrespa la Tormenta, el ayre ruge,
6210

Roto el árbol mayor, el leño cruge.

XIII

Dé una ojeada benigna azia este leño

Quien mirándole está desde la playa.

Siempre es falaz el mar más alagüeño,

Y no se fíe de él quien juicio haya.
6215

Si se embarca, a lo menos sea dueño

De una gran provisión; con ella vaya

A examinar el barco: y, sino es chocho,

Nunca se embarque en él sin su viscocho.

XIV

Y sea este viscocho la paciencia,
6220

De la qual provisión haga abundante:

Si se inquietara el mar, haga evidencia

De lo que puede un pecho tolerante.

Si creciere del viento la insolencia,

Y sin Timón el barco fluctuante
6225

Anduviere, esté entonzes animoso,

Que es tiempo de provar lo valeroso.

XV

Quien quiere entrar en mar tan embustero

Para el reyno poblar de los vivientes,

Deve considerar (y es lo primero)
6230

Si tener le conviene descendientes:

Después ha de hacer ánimo sincero

A mazcar malo y bueno con los dientes:

Hecho todo esto embárquese en buenora,

Y encomiéndase a Dios, y a la Señora.
6235

XVI

Mas sobre todo, siendo buen Cristiano,

Busque una Esposa que también lo sea;

Este es aquel remedio soverano

Para que salga en todo al que procrea

Semejante la prole, y será en vano
6240

Buscar el egemplar allá en Guinea,

Pues en Elvia, y en Marco le tenemos

A la puerta de casa, si querernos.

XVII

Y éteme aquí metido en mi argumento

(Como suele decirse) a pies juntillas.
6245

Y no obstante tal qual no está contento

Diciendo, que, aunque digo maravillas,

Desde el principio, con mi passo lento

Canso a quien me oya a puro repetillas,

Con prólogos tal vez más dilatados
6250

Que los de Cicerón en sus Tratados.

XVIII

Es verdad (lo confiesso) que algún tanto

Me suelo divertir del propio assunto,

Y que un exordio hago en todo Canto,

Siguiendo a Cicerón en este punto;
6255

Pero ésta es atención; pues dice un Santo

Que empezar ex abrupto es un conjunto

De altivez, presunción; y de arrogancia,

O, quando menos, que es estravagancia.

XIX

Ni falta quien se queja de lo opuesto,
6260

Quiero decir que en esta tararira

Me meto de rondón, id est, mui presto.

O que necio es aquel Autor que aspira

A contentar a todos! Yo protesto

Que nunca presumió tanto mi Lira.
6265

Dichoso es todo Artífice en su Arte,

Que logró contentar la mejor parte.

XX

Son siempre en menor número los buenos

Que los malos, y assí, dice el Petrarca,

Procura siempre el voto de los menos:
6270

Según eso seré yo un Patriarca,

Si en mis versos, ni rápidos, ni llanos

Agrade al menor número del Arca;

Y más si lo consigo en este canto,

Donde temo serraros algún tanto.
6275

XXI

Pues, si a Elvira hasta aquí visteis pintada,

Dotada de especial rara belleza,

Como de otras mil prendas adornada,

Con que la regaló naturaleza:

Oy la veréis totalmente ocupada
6280

(A lo que de ella Juan Bartolo reza)

En hacer lo que hacen por salvarse,

Todas las que no quieren condenarse.

XXII

No basta, como piensan muchas gentes,

Ser castas las Mugeres, y Donzellas,
6285

De lo qual nos dan pruevas convincentes

Las diez del Evangelio, esto es, aquellas,

Que mitad por mitad eran prudentes,

Y la otra mitad no era como ellas.

Estas cinco quedaron, por estatuas,
6290

De el Esposo excluidas como fatuas.

XXIII

Y por fatuas yo entiendo las que mano

Sobre mano se están sin hacer nada,

Ociosas en imbierno, y en verano.

Y por prudentes cuento en la manada
6295

Las que activas previenen de antemano

De el Esposo el arrivo, o bien la entrada;

Sus lámparas de azeyte siempre llenas,

Siendo castas, y haciendo cosas buenas.

XXIV

De muchas prendas adornada estava
6300

Elvira, eternizadas en la Historia,

Aunque ocultarlas ella procurava,

Y entre otras, está aún fresca la memoria

De que perro ninguno se llegava

A sus puertas sin que ella hiciese gloria
6305

De darlo algo de pan: prueva que era

Elvira una muger mui limosnera.

XXV

Mas, si el serlo no se hace puramente

Por el amor de Dios, como lo muestra

El Evangelio, entonzes ciertamente
6310

No será Caridad, como la vuestra.

Por tanto yo no sé seguramente,

Si todo lo que serio se demuestra

Es por amor de Dios puro y sincero

Ni, si lo es, o no lo es, saberlo quiero.
6315

XXVI

Quizá la vanidad tendrá su parte,

Y más en las Mugeres, si hai algunas,

Que de hacer caridad sepan el arte.

Yo no lo juraré viendo que unas

Al pobre dicen: no tengo qué darte,
6320

Y otras, o casi todas, en ayunas

Embían a los pobres que las piden,

Y con un: Dios te ampare, le despiden.

XXVII

No pretendo meterme a governarlas;

Mas digo que si en tantas otras cosas
6325

Inútiles quisieren escusarlas,

Siendo modestas más, menos pomposas

Mucho al cabo podría oro sobrarlas

Para alivio de pobres vergonzosas.

En que harían a Dios un gran servicio,
6330

Y a muchas de ellas doble beneficio.

XXVIII

Lo mismo digo a aquellos hombres, que hacen

Tantos gastos superfluos y excesivos;

Y si a los pobres que en las calles yacen

Un octavo les dan, quedan altivos.
6335

Señores (las lisonjas no me placen)

Si queréis hombres ser caritativos,

No temáis, no temáis ser liberales

Con ciegos, mancos, cojos, y otros tales.

XXIX

Más cuidado, Señores, más cuidado
6340

Que esto de hacer limosna con lo ageno,

No es caridad, es robo enmascarado.

A lo menos a Elvira en esto bueno

Imitad, y tomadla por dechado,

Que yo dejo mil cosas en el seno,
6345

O no quiero decirlas claramente,

Porque al fin es preciso ser prudente.

XXX

Elvira era mui buena en la corteza,

Pero mucho más lo era por adentro,

Y Juan Bartolo espresamente reza
6350

Que de todas virtudes era el centro.

Y aun nos quiere meter en la cabeza

(Bien que en aquesto yo no salgo, ni entro)

Que nunca entre Elvia y Marco se vio tiña,

Aunque nació en Bolonia desde Niña.
6355

XXXI

Esto quiere decir (si la ignorancia

De algunos mal quizá lo havrá entendido)

Que fue constante su perseverancia

En vivir siempre en paz con el Marido,

Nunca se vio en el Mundo igual constancia,
6360

Nunca amor más igual se vio aplaudido,

Nunca el Diablo los hizo la mamola,

Ni pudo entre los dos meter la cola.

XXXII

Ambos a dos sabían claramente,

Que la discordia es madre de mil males,
6365

Y al contrario, que el Cielo santamente

Bendice a los que en Castos Esponsales

Viven unidos y en paz perpetuamente:

Felizes quando Mozos son los tales,

Y mucho más felizes, quando vienen
6370

A ser viejos, porque ambos se sostienen.

XXXIII

Hallan de gustos mil un Parayso

En este Mundo, y allá misericordia,

La que en el Cielo encuentren es preciso

Los casados, que viven en concordia.
6375

Mas si opuestos están en nuestro piso,

Quiero decir, si viven en discordia,

Acá padecen un Infierno, y presto

Allá se seguirá sufrir el resto.

XXXIV

Marco Romano y Elvia Boloñesa
6380

No eran no, como son ciertos casados,

Que en el lecho, en la sala, y en la mesa

Riñen, y gritan como spiritados

Siempre en guerra civil que nunca cesa,

Siempre en todas las cosas encontrados,
6385

Y en conclusión los pobres mentecatos

Siempre están como están perros y gatos.

XXXV

Elvia y Marco se amavan con perfecto

Amor como la vid abraza al olmo.

Era igual su ternura, igual su afeto,
6390

Y de gozo con ellos yo me colmo.

Tratávanse los dos con gran respeto,

Aunque su amor llegado avía al colmo,

No como aquellos, que aunque mucho se aman

No suelen respetarse, y después braman.
6395

XXXVI

Assí como unos perros, que unos días

Retozan mutuamente, otros se muerden,

O como pollos, quando en sus manías

Ya se despluman, ya a besarse pierden

Casi los picos. Otras Aves frías,
6400

Aunque de amarse bien nunca se acuerden,

Sólo por conservar cierta decencia,

Fingen que se aman, pero en apariencia.

XXXVII

Todo su amor consiste en esteriores

Ceremonias, o frívolos recados.
6405

Cómo estás? Han cesado tus dolores?

Dormiste bien? Te sirven los criados?

A estos tales vaníssimos Señores

Marco y Elvia debieran ser dechados

Pues decrépitos ya Elvia decía
6410

A Marco: Tú eres sólo mi alegría.

XXXVIII

Parecían dos cuerpos con un alma,

Un sólo corazón, un querer sólo:

A comer y cenar en dulce calma

Siempre juntos, y añade Juan Bartolo,
6415

Que se premió a los dos con una palma

Consagrada en un Templo al Dios Apolo,

Porque un lecho ocuparon solamente,

Siguiendo el uso de la prisca gente.

XXXIX

Ciertamente, que no practican esto
6420

El día de hoi muchísimos Casados,

A quienes nunca falta algún pretesto

Para estar mutuamente separados.

Comen juntos, cierto es; pero en el resto

Atiende cada qual a sus cuidados,
6425

Sin que a éste de aquél se le dé un pito,

Porque el antiguo amor ya está sopito.

XL

Señal de que era amor que en la corteza

(Por explicarme assí) le terminava;

Quiero decir en la exterior belleza,
6430

Y como fuego fatuo se apagava,

Porque no penetrava a la cabeza,

Ni al corazón, donde el fomento estava

Que siempre le conserva fresco y verde

Ni en la fría estación una hoja pierde.
6435

XLI

Nuestra Elvira de Marco nunca sacia;

Parece, que pegado lo tenía

Al corazón con cota, o verbi gracia

Que bebido ella algún hechizo avía

Y Marco por su parte de su gracia
6440

Estava tan contento como el día

Que de esposarla mereció la suerte,

Perseverando assí los dos hasta la muerte.

XLII

No era de humor ligero ni bizarro

Ni era Elvira, como otras enfadosa;
6445

Antes bien mui sociable, dice Varro.

Como una corderita cariñosa,

Cinco ruedas jamás buscó en un Carro,

Ni colérica fue, ni quisquillosa.

Tanto en fin siempre dio a Marco contento,
6450

Que jamás dixo de ello: me arrepiento.

XLIII

Pero hoi es cosa rara, que el Marido

Poco después de la primer semana

No coma el pan con ella, arrepentido

Como el ratón, quando le viene gana
6455

De comer el tozino, que metido

Está en la ratonera: ésta se aplana,

Y cogido el ratón se desespera

Dando al Diablo tozino y ratonera.

XLIV

Más de un Marido, sí, maldice el punto
6460

Y el día, en que a casarse resolvióse,

Y el momento en que al fin hallóse junto

A una Muger, sin que decir yo osse

Que no tiene razón en este assunto.

Pues, como dice un tal Monsiur La Rose,
6465

Las hembras de hoi de las del siglo de oro

Más diferentes son que el pez de el Toro.

XLV

Aora, dirá alguno, es la ocasión

Y una buena (es assí) oportunidad

De que haga Passeroni un parangón
6470

Entre las Damas de una y otra edad.

No lo niego mas tengo discreción,

Y tampoco me falta caridad,

Ni quando dé Elvia la virtud elevo

Puedo abatir a otras, ni lo debo.
6475

XLVI

Si llegava la hora de comer,

O de noche la hora de cenar,

Nunca fingía Elvira algún que hacer,

Para hacerse de Marcos esperar;

Como lo haze: quizá alguna, Muger;
6480

Poniéndose de estudio a trabajar.

Sentávase a la mesa la primera,

Y al fin se alzava de ella la postrera.

XLVII

Mas no era puntual en sólo esto;

Era dócil, suave, complaciente
6485

A todas las personas en el resto,

Bien que al Marido muy principalmente;

Porque hacía gustosa, alegre, y presto

Todo lo que él quería, y ciertamente

Que Elvira parecía ser compuesta
6490

Para estar siempre a Marco sotopuesta.

XLVIII

Estas cosas no son (yo lo confieso)

De Elvira las más altas, ni gloriosas;

Pero yo apuesto el cranio con el seso,

A que las tienen por maravillosas
6495

Los pobres, que han cargado con el peso

De unas Mugeres dignas, caprichosas,

juzgándolas tan dignas de memoria,

Que eternizarse deban en la Historia.

XLIX

Quando el Marido quiere que trabaje,
6500

Ociosa la Muger estarse quiere;

Si que esté en casa aquel la prescriviere,

Ella va a visitar a su linaje;

Si la comida, o cena aquél pidiere,

Traime aquella labor (dice ella a un Page);
6505

Si la manda callar, entonzes habla,

Y si hablar, no habla más que habla una tabla.

L

Especie es, a mi ver, de epidemía

El ser tercas las hembras, y temosas;

Pero mui fácil es de esta manía
6510

Curar las que se hallaren achacosas,

Y todo buen Marido cada día

Podrá hacer de estas curas milagrosas,

Con tomar de memoria, por descanso,

La gran Novela de la Puente al Ganso.
6515

LI

Bien sé que querríais la contasse,

Mas sé también la gente con quién vivo:

Y si el Diablo a contarla me tentasse

Me tragaría a las mugeres vivo.

Y assí permiteréis que aora la passe
6520

Por silencio, teniendo tal motivo.

Mas la sabrá qualquiera, que entendiesse

La lengua del Boccacio, y le leyesse.

LII

De la Novela nona en la Jornada

Nona también, se encuentra la Receta
6525

Para curar qualquier hembra ostinada.

Si es necesario, en práctica la meta,

Pero mi piel le dejo encomendada,

Y de no descubrirme me prometa;

Pues por menos motivos, a las manos
6530

De una Muger murieron diez Romanos.

LIII

Mas aora me acuerdo, que he salido

De mi assunto, por pura inadvertencia.

Pido a todos perdón, y también pido,

Que con migo tengáis todos paciencia,
6535

Pues yo también con muchos la he tenido,

Y a mí me tocará la penitencia,

Fuera de que el pecado confesado

Sinceramente es medio perdonado.

LIV

Y si en algo pequé, creed sin duda,
6540

Que sin malicia fue, y fue con buen zelo,

Ni fue culpa tan grande, que ceñuda

Gritando esté venganza al mismo Cielo.

Redújose toda ella a una desnuda

Verbosidad, tan fría como el hyelo.
6545

Que, a imitación de Elvira, quando parlo

En comenzando a hablar, no sé dejarlo.

LV

Propio es de las Mugeres hablar mucho,

Esta es su gracia y don particular:

Por eso a las más de ellas las escucho,
6550

Como oigo a las zigarras zigarrear.

Hablar con juicio y sal a lo machucho

Lo podemos de pocas esperar,

Y tan pocas, que desde aquí a Simancas

No serán más que son las moscas blancas.
6555

LVI

Oy sólo hablan las más, si no son todas,

De cofias, de abanicos, de alfileres,

De trages, de tocados, y de modas;

Y a lo más más tal qual, si assí lo quieres,

Se presume el oráculo de Rodas,
6560

Porque en una Visita de Mugeres

(O mugeril flanqueza! O Dios qué mengua!)

Ella sabe estropear más de una lengua.

LVII

Ésta saber presume la Francesa,

Porque sabe decir: Votre servante;
6565

O tal qual palabrita que en la mesa

La enseñó su afrancesado Amante.

Aquella se imagina ser Inglesa

Porque oyó hablar de Pope a un comerciante,

Otra Toscana, porque Don Gervasio
6570

Un Area la enseñó del Metastasio.

LVIII

Yo no digo por esto que no se halle

Quien bien escrive y hable en las Mugeres;

Picará en heregía el que esto falle,

O dile que es un macho, si le oyeres.
6575

Tienen testa en su casa, y en la calle

Sangre en las venas, quando tú las vieres

De la Regla común, si las escuchas,

Hallarás excepciones, pero muchas.

LIX

Si aquel tiempo que ocupan vanamente
6580

En bagatelas, ellas le emplearan

En leer buenos libros, ciertamente

Que un sólo quarto de hora que aplicaran

A tal ocupación diariamente,

A caso, y sin acaso, se encontraran
6585

No pocas, que a los hombres compitieran,

Y algunas, que quizá los excedieran.

LX

Yo conozco, entre otras una Dama,

Que tiene de saber hambre insaciable

Con un ingenio ilustre por la fama.
6590

Ya componga, ya escriva, o bien ya hable,

Sus aciertos el mundo todo aclama,

Por prodigio teniéndola admirable:

Y si alguno saber quién es desea,

Se llama Doña Celia Borromea.
6595

LXI

Ésta de la virtud por el camino

Desde Niña corrió a carrera abierta:

Todo sabio, ya estraño, o ya vecino

De su casa, y su amor franca la puerta

Siempre halló, y ella halló el feliz destino
6600

De una gloria inmortal segura y cierta,

No sólo en toda Italia celebrada,

Sino de el Mundo todo proclamada.

LXII

De otra Muger Milán goza la gloria

Docta en lenguas, aun más que un Calepino,
6605

Que echiza quando habla (y no es historia)

Ya hable Griego, o Toscano, o ya Latino.

Venero como Santa su memoria,

Y aun a adorarla casi que me inclino,

Dando mil parabienes reverente
6610

Al siglo que logró tan gran presente.

LXIII

Habla las doctas lenguas, y aun en todas

Escrive a maravilla, como lo hace

Casi en todas las vivas. Ni en las bodas

Del Cielo Estrella alguna, quando nace
6615

Descuella más en luminosas modas,

Que ésta en el sexo, que a los Dioses place

Versada en las más altas facultades

En la segunda de las cinco edades.

LXIV

Quién decirnos podrá cómo discurre
6620

En Álgebra, en Historia, y Theología?

No hai questión tan difícil, quando ocurre,

(Y ocurrir suelen muchas en un día)

Que no desate; ni sabe el que recurre

Si es superior a su Sabiduría
6625

Su modestia. Ésta es la Inés famosa

Por Muger celebrada portentosa.

LXV

Conocido su ingenio peregrino

De todo el Mundo es; mas señas me hace

De que calle; pues ya al amor Divino
6630

Toda entregada, nada más la place,

Que no acordarla Griego, ni Latino:

Callaré ya que en ello se complace,

Y a solas con su Dios la dejo a ella,

Por hablar de su Hermana sabia, y bella.
6635

LXVI

En ésta cuerpo y alma a competencia

Se disputan las dotes, sin saberse

A quales se ha de dar la preferencia.

A nada aspira a más, que a mantenerse

De el pudor sostenida, y la inocencia
6640

Ni otro deseo deja conocerse

Que el de saber; a esto sólo anela

Lo demás (ella dice) es vagatela.

LXVII

Para explicar la rara perfección,

Con que a un tiempo compone, canta, y toca
6645

Debiera ser Orfeo, u Anfión,

Y no ser el que soi con una boca

Que sólo sabe hablar de Cicerón,

Y sólo éste alabar con gracia poca.

Ni pudiera decir que esta Doncella
6650

Cosa tan grande, que alcanzase a ella.

LXVIII

Callaré, pues, y sólo un grito fuerte

Daré, que a las edades más remotas

Llegue, aplaudiendo la embidiable suerte

De los dichosos versos, que sus Notas
6655

Merecieron, y más (si bien se advierte)

La de aquellas ya tiernas, ya devotas

Canciones, que en su voz, y en su dulzura

Suspendieron a toda Criatura.

LXIX

Nueva llegava siempre al alma mía
6660

La que, de el Clave herido ecco sonoro

Resonava dulcíssima harmonía.

Olvidado de mí al ecco canoro

Exclamava en extática alegría

Elevando la mente al alto Coro:
6665

De la feliz Sión, diciendo: O quánto

Dulce aquélla será, quando ésta es tanto!

LXX

O verdaderamente afortunada

Casa, que tanto bien en sí contiene!

O dichosa Milán, Madre, y morada
6670

De un par de Hermanas, que otro par no tiene,

Digna de ser cada una celebrada

Por los doctos Cantores de Hipocrene!

O quánto embidiarán la edad presente

Las que vendrán después con otra gente!
6675

LXXI

De buena gana yo nombrar quisiera

A otra Muger gloriosa; vive Christo,

Que vi con estos ojos tal qual era.

Ojalá que jamás la huviera visto,

Por no acordar memoria lastimera
6680

De el acerbo dolor, que en llanto misto,

Al fatal de la Parca, cruel corte

Brotó en todos, y más en su Consorte.

LXXII

Docta Fenicia, que en el Cielo moras,

Ah! y quién oyera tu suave canto,
6685

Que yo tengo presente a todas horas!

Anegadas dejaste en triste llanto

(Bien lo sabes) las Musas más canoras

Sin poder resistir a golpe tanto.

Lloró Apolo, lloró todo el Parnasso
6690

La triste noche del horrible caso.

LXXIII

Siempre que éste me ocurre acá en la mente,

Acompañan al llanto los suspiros;

Bien que el Cielo me dio un equivalente,

Dándome a conocer, por varios giros
6695

A otra Tú, como Tú tan eminente

En virtud. Sólo puedo distinguiros

En que tú fuiste Urania, pero ésta

Es Euterpe en lo docta, en lo modesta.

LXXIV

De las Rimas parece la Comadre,
6700

Siendo de una modestia singular,

No obstante de ser Musa, es también Madre,

Porque al cabo ella quísose casar:

Cosa, que las que a Iove llaman Padre

No quisieron jamás egecutar;
6705

Si es verdad lo que a todos siempre he oído,

Que fueron celibatas sin Marido.

LXXV

No lo sé, sólo sé, que Lino, Orfeo

(Según los mitológicos, los quales

Saben bien estas cosas) e Imeneo,
6710

(Sin el qual nunca se hacen Sponsales)

Con Cimentón, con Reto, y el Museo

Fueron hijos de aquellas Damas tales.

Mas volvamos a aquella gran persona

Parecida a Vitoria de Colona.
6715

LXXVI

Su índole apacible, y dulce trato,

Su manera de hablar, su entendimiento,

Su estilo natural sublime y grato,

Sus virtudes sin tacha, o fingimiento

En el pecho tocaron a rebato
6720

De el Imbonatti, y ella en un momento

Digna Esposa se vio de un Conde raro,

Caro a las Musas, y a los Doctos caro.

LXXVII

Conde docto y gentil, estoi de prisa,

Y esta noche en el mar de tu alabanza
6725

Engolfarme no quiero. El Sabio avisa,

Que si hai mucha materia, y si no alcanza

El tiempo a decir todo, nos precisa

La prudencia a fiarlo a la esperanza

Que dará la ocasión: mientras la toco
6730

Escojo antes callar, que decir poco.

LXXVIII

Y una vez que a alabar a las Mugeres

He comenzado, quiero ir adelante,

Que estos mis gustos son, y mis placeres,

Como el tiempo lo hará a todos constante,
6735

Despreciando vulgares pareceres

De gente maliciosa, o ignorante

Mui propios de un Spíritu ordinario,

Que al bello sexo júzgame contrario.

LXXIX

De aquélla quiero hablar, por cuyas venas
6740

La Ottobónica sangre noble corre;

Que igualmente demuestran estar llenas

De el humor, que Hipocrene las socorre.

Obligadas a ella las Escenas

De Italia están, y la elevada Torre
6745

De Serbellonis es deudora a ella,

Que, bella siendo ya, sea más bella.

LXXX

Tentado estava yo a aplaudir aora

De las dos grandes Casas la excelencia;

Pero decir lo que ninguno ignora
6750

Parece un si es no es de impertinencia.

Y más que he dedicado aquesta hora

Para alabar con su grata licencia

A las hembras, ya pocas, o ya muchas,

Que son sabias, juiciosas, y machuchas.
6755

LXXXI

Es verdad, que ya Elvira se me queja,

De que a otras huviesse celebrado;

Y (hablando con vosotras a la oreja

Debajo del secreto más sagrado)

Elvira quiere, que a mi Musa vieja
6760

En ella sola emplee su cuidado,

Porque siendo Muger (claro es) negarla

De embidia un si es no es, fuera adularla.

LXXXII

Embidia, peste de Cristianas mentes,

Embidia, monstruo fiero, y detestable,
6765

Universal azote de las gentes,

Nacida en el infierno abominable

De inhumanos y bárbaros parientes.

Qué alegre sería! qué embidiable

Nuestra vida sin Ti! O qué jocundo
6770

Sin Ti sería nuestro pobre Mundo!

LXXXIII

Con tu negra saliva, con tu hiel

Gastas, corrompes toda la hermosura,

Y haces que sea amarga hasta la miel.

No hai tóssigo que llegue a tu amargura.
6775

Carcoma el corazón roes cruel,

Y hasta la misma luz haces oscura

Todo lo despedazas, y blasonas

De chupar sangre, y jugo a las personas.

LXXXIV

Las dichas de los otros te entristecen,
6780

Como si fueran para ti desgracias.

Los días claros noches te parecen,

Salvo quando de el mal de otros te sacias.

Entonzes todos bellos te amanecen,

Y para ti son días de hacer gracias.
6785

Nunca tu gran furor más satisfecho,

Que quando te apoderas de algún pecho.

LXXXV

Tú rompes las más viejas amistades

Tú, qual Proteo, te mudas en mil formas,

Conviertes en mentiras las Verdades,
6790

Confundes los zapatos con las Ormas.

Si permiten dormir tus crueldades,

Los colchones en potros los transformas,

Y haces tal vez, que a un pecho puro, y casto

Tu ponzoña, y tu hyel sirvan de pasto.
6795

LXXXVI

Centinela en las Cortes, día y noche

Te passeas por todos los Palacios,

Te atreves tanto al carro, como al coche;

No respetas monásticos espacios.

Tú lo envenenas todo a troche y moche
6800

Espadas, Togas, Libros, Cartapacios;

Mas, sobre todo, o Furia del Infierno,

En las hembras ejerces tu govierno.

LXXXVII

Si alguna de ellas es favorecida,

O cotejada de algún gran Señor,
6805

O si es de muchos jóvenes servida,

De embidia arden las otras, y livor.

Es verdad, que tal vez está escondida,

Y salir no la deja el pundonor,

Pero el fuego escondido, o encubierto
6810

Más daño suele hacer, que el descubierto,

LXXXVIII

Antes bien el cubierto entre ceniza

Por mucho mayor tiempo se conserva;

Quando el expuesto al ayre, que le atiza,

Aunque es de más vigor, presto se enerva.
6815

Assí la embidia suele hacer más riza

Dentro del corazón, que la reserva,

En las Mugeres mui specialmente,

Sexo en disimular tan eminente.

LXXXIX

Todas ellas, lo que es en la apariencia,
6820

Unas de otras están enamoradas;

Pero yo no las creo en mi conciencia,

Antes bien allá dentro atormentadas.

Se alaban, y se adulan en presencia

Con mil ternuras todas afectadas.
6825

Se besan y se muerden; mas sus besos

Son besos de Ratones a los quesos.

XC

Ninguna sufrir puede, que su Amiga

Más feliz sea, ni más linda que ella.

La Madre a la hija embidia, y sin fatiga
6830

La Hermana a la otra Hermana, que es más bella.

Esta de la Muger es la enemiga,

Sea Casada, o viuda, o bien Doncella;

Y siendo Elvia muger, como qualquiera,

Al achaque común sugeta era.
6835

XCI

No hablo de las Mugeres de gran sesso,

Que entre todas serán como unas seis;

Y porque Elvia no me haga algún processo,

De ella sola hablaré, como veréis.

Es verdad, que no hablaba con exceso,
6840

Como hablan quizá otras que sabéis

Porque era tan prudente, que callava

Todo el tiempo preciso, en que no hablava.

XCII

Mas no ya como vemos hablar tantas,

Que parlan sólo porque tienen boca.
6845

Sabía, que los Montes no eran mantas,

Y distinguía un Roque de una Roca.

No mezclava los quentos con las quantas,

Ni confundía el taco con la toca.

Era en fin un compendio de Oratoria,
6850

Y mostrava tener buena memoria.

XCIII

Un concepto ingenioso y delicado

La ocurría tal vez naturalmente:

Regia Parnassi avía decorado,

Y muchas frasses de él tenía in mente;
6855

Con su parlar correcto y castigado

Pasmava Elvira a toda culta gente,

Y al oírla, aun el alma más esquiva

Sin libertad clamava: Viva! Viva!

XCIV

Mas ni aplausos, ni elogios, ni su ciencia
6860

Jamás la empabonaron, ni engrieron:

Siempre humilde y modesta, sin violencia,

Siempre sin ambición todas la vieron.

Sabía hacer a todos reverencia,

Y apacible con todos, nunca oyeron,
6865

Que dejasse sin grato resaludo,

Al grande, al Chico, al Noble, y al desnudo.

XCV

Burlávase de aquellas altaneras

Mugeres, que al respeto más profundo

Se están tiesas como unas espeteras,
6870

Creyendo, que consiste el pudibundo

Honor del sexo en ostentarse fieras,

Y en afectar desprecio a todo el mundo;

Como si fuesse culpa en las Matronas

El tratar cortésmente a las personas.
6875

XCVI

O quántas (grita aquí Bartolomeo)

De nacimiento ilustre, de alto y bajo

En el Siglo presente hoi día veo,

Que adolecen también de este trabajo,

Por no aver leído al Galateo,
6880

(Libro, que tanto bien al mundo trajo)

De éstas burla[v]a Elvira, y se reía,

Porque avía aprendido cortesía.

XCVII

Quántas, por aver hecho quatro reales

(Sabe Dios cómo) que se acavan presto,
6885

O porque sus Maridos tales quales

(Por callar) ascendieron a un gran puesto

De tu nombre se olvidan, y a las tales

Si las saludas, mudan luego el gesto,

Tieso el cuerpo y cabeza, el labio mudo,
6890

Desprecian tu persona, y tu saludo.

XCVIII

A lo más un ligero movimiento

Con la cabeza harán engarrotadas,

Y pensarán dejarte mui contento,

Y honrado, si responden a mochadas
6895

A tu cortés rendido cumplimiento,

A manera de Bacas descornadas;

Bien que en esta ciudad, y culto suelo

Nada de esto se ve, gracias al Cielo.

XCIX

Mas si se viera, yo me guardaría
6900

De meterme en camisa de once baras,

Porque quizá mui caro costaría

A mis costillas, que me son mui caras,

Fuera de que mi larga habladuría

Las fauzes me ha secado; y en las Aras
6905

De Bacco Juno, que ya a parlar no atino,

Si no las riega un buen barril de vino.


Fin del Canto IX

I

Dicen, que un si es no es largo y pesado

Se hizo el Exordio de el passado Canto;

Y yo reconociéndome obligado
6910

A la restitución, seré otro tanto

Más breve en el presente. Antes dejado

Todo Exordio, me meto como un Santo

A hablar de Elvira en derechura, y sólo

Siguiendo el manuscrito de Bartolo.
6915

II

La Fénix del País Elvira era,

Cortés, atenta, a todos accesible

(En lo honesto se entiende), no ligera,

Antes sabia en hablar, el imposible

Venció, siendo Muger (y no severa)
6920

De aprender a callar, quando ocurría,

Y la materia assí lo permitía.

(Cosa que a muchos les será increíble.)

III

Era costumbre suya, y un santo uso

No hablar jamás de aquello, que ignorava,
6925

Y con aquel saber alto, e infuso

Aun mucho que sabía lo callava.

Era capaz de mantener recluso

Un secreto en el pecho, quando hablava:

O Muger! O Deidad! O gran portento!
6930

No se ha visto otro igual en siglos ciento.

IV

Y quién no admirará esta maravilla,

Esta virtud, quizá sin semejante,

Bajo un manto, una cofia, una mantilla?

Pero demos un salto, y adelante
6935

Caminemos. Era Elvia una sencilla,

Que su hablar era obrar, siendo, constante

Que mucho más hacía, que parlava.

Siglo feliz, que tal Muger gozava!

V

Pero ya atormentadas las orejas
6940

Con tu Elvira nos tienes (dirá alguno)

Todas son cosas buenas, pero añejas,

Y tanto que quizá no avrá ninguno

Que las ignore, y Tú, si no las dejas,

Te harás molesto a todos, e importuno.
6945

Háblanos ya de Tulio, pues cansados

Nos tienes ya de puro Enelvirados.

VI

A quien me hablare assí, con su licencia

Le diré, que quando él quiera meterse

A Historiador, podrá con su conciencia,
6950

Buena o mala, a su modo allá entenderse

Aora debe callar, y con paciencia

Oír mi relación sin ofenderse;

Porque si es bueno todo lo que digo,

Que hable de Elvira, o de Tulio, importa un hijo
6955

VII

Si el Autor (verbi grazia) de Morgante

Hizo, si no me engaño, siete Cantos,

Después que avía muerto aquel Gigante,

Que era su Héroe; no podré otros tantos

Hacer yo de Elvia, mientras que su Infante,
6960

Crezca, se ponga en bragas, haga Santos,

Y otras cosas emprenda con gran gloria,

Dignas de eternizarse en la memoria?

VIII

Y si hasta aquí de mí no descontentos

Todos estáis, en adelante espero
6965

No lo estaréis, ni creo que violentos

Aunque hablara de Elvira un Siglo entero

Assí, pues, chitón todos; dad atentos

Oídos al Autor, hombre sincero,

Que en su idioma Caldeo, Árabe, o Godo
6970

Continúa la Historia de este modo.

IX

Luego que Elvira fue de Marco Esposa,

Ella dejó el govierno de la Casa,

Y la informó de todo, como cosa

Tan precisa al manejo, y a la bassa
6975

De el gasto Marco en ella se reposa,

Y todo el tiempo con sus libros passa,

Por la tarde, la noche, y la mañana,

Y va a comer si suena la campana.

X

Como por su fortuna avía logrado
6980

Una Muger de tanto entendimiento

Y tanto juicio, puso a su cuidado

El govierno casero: pensamiento,

Que alguno juzgará desacertado,

Y aun dirá, que el buen Marco fue un Jumento,
6985

O quando menos menos un Orate,

Porque hizo aquel tremendo disparate.

XI

Que su hazienda verá malvaratada,

Y que avrá de tragar mal que no quiera

Mil píldoras al fin de la jornada
6990

Duras de digerir, pero qualquiera

Que echa esta cuenta, la echa mui errada,

Porque Marco ningún mentecato era,

Y siempre se mostró mui satisfecho

De su Muger, que era Dama de provecho.
6995

XII

Ni se arrepentió en toda su vida

De aquella su feliz condescendencia,

Porque Elvia era Muger mui detenida,

Prudente, y sobre todo de conciencia.

Marco observó su hazienda mui lucida
7000

A fuerza de govierno, y de prudencia,

Sin temer, que por ella al fin la Casa

Llegasse nunca a ser tabula rasa.

XIII

Para que una Muger disipadora

(Decía Marco, y con razón por cierto)
7005

Passe después a ser Ahorradora;

No hai medio más seguro, ni más cierto,

Que interesarla a ser Governadora

De la casa, y se verá el acierto

En que cesa el prurito envegecido,
7010

De esparramar las Rentas del Marido.

XIV

Por el contrario, viéndose tratada;

Como si fuera estraña, en casa propia,

No repara en gastar, no es limitada,

Y todo quanto ve todo se apropia;
7015

Aunque el Marido tenga rica entrada

Le reduce en dos días a la inopia,

Dejándole en camisa y zaragüelles,

Y más si el Señor es flojo de muelles.

XV

Gasta y más gasta, y como se divierta
7020

Un pito se la da, nada la importa,

Que el Marido y los hijos (ella muerta)

Se ahorquen a la larga o a la corta,

O que pidan el pan de puerta en puerta.

Por esso (dice el buen Autor Laporta)
7025

A los Maridos yo aconsejaría,

Fiarlas la menuda economía.

XVI

Una Baca y un Buey antiguamente

Con el arado el fosso a las Ciudades

Abrían; mas la Baca era inherente
7030

A las murallas siempre propiedades

O enigmas, que advertían sabiamente

Que a las hembras en todas las edades

El cuidado de adentro debido era

Como a los hombres todo lo de afuera.
7035

XVII

Sí Señores, el cargo de la Casa

De la hembra ha de ser, ni será vano,

Porque assí no estarán (como aora passa)

Lo más de el día mano sobre mano.

A todo han de atender con regla y tasa,
7040

Que un ahorro diario (como es llano)

Aunque parezca poco de presente

De el año al fin no es cosa indiferente,

XVIII

Mas qué Muger podremos oi hallar,

Que en los dijes que trae sobre sí
7045

No pudiera muchísimo ahorrar

Sin que la hiciesse falta? No es assí?

Pero diránme: deja de charlar,

En asunto, que no te toca a Ti,

Frayle o Prete, que seas temerario
7050

Y ande, y vete a rezar en tu Breviario.

XIX

Tienen razón, las dejo, y punto en boca,

Porque sé, que no estoi mucho en su gracia

(Bien, que ésta para mí sería poca,

Como no padeciesse otra desgracia).
7055

A mi Elvira me vuelvo, que no es loca,

Y su egemplo tendrá más eficacia,

Mas, si no le tuviere en nuestras Bellas,

No será mío el mal, será de ellas.

XX

Aunque Marco era un hombre liberal,
7060

Y más quando un bribón le embaucava;

Aunque heredó del Padre un gran Caudal,

Y proveído de dinero estava;

Aunque en Roma heredó aquel Capital,

De que yo allá al principio os hablava,
7065

No por esso menor la economía

Era en Elvia, y a fe que bien hacía.

XXI

No sustentava el Gato con rosquillas,

Ni con vizcochos pájaros, ni perros;

Con el dinero hacía maravillas,
7070

En las cuentas jamás cometió yerros:

Por sus manos hacía las morcillas,

Y huvo días en que hiló quarenta zerros;

Nunca supo gastar un real por vicio,

Porque abría la bolsa con gran juicio.
7075

XXII

Su casa siempre igual, siempre arreglada,

Provisión siempre avía de reserva;

Al Rezivo la Data era ajustada,

Y no comía la cosecha en hyerva,

A pan prestado no era acostumbrada,
7080

Ni a la fruta coger verde, y acerba.

Siempre a su tiempo hacía provisión

De trigo, vino, azeyte, y de carbón.

XXIII

De quedar siempre atrás, nunca adelante

Gustava nuestra Elvira de passar;
7085

Ni en bayle, ni en festín, ni en Cortejante

De plata un solo real supo gastar:

Assí ni en Mercader, ni en Comerciante

Contrajo nunca deuda que pagar,

Y todo sin faltar a la decencia:
7090

O qué Muger de garbo y de prudencia!

XXIV

La casta de estas hembras se ha perdido

Mas no de aquellas, que en un día sólo

Con la Casa, con hijos, con Marido

Dan en Tierra, como hacen con un bolo;
7095

O Mugeres! O sexo empedernido!

(Grita, y exclama aquí nuestro Bartolo)

No tiene compasión, no le da pena

El destrozar assí la hacienda agena?

XXV

De el Marido las Rentas desbaratan,
7100

Y en esto iguales son lindas, y feas.

Mas yo no culpo a las que assí las tratan,

Culpo sí a los grandíssimos Badeas

De los Maridos, porque no las atan;

Que ellas a la verdad son menos reas,
7105

Pues al fin la Muger, sea quien fuere,

Sólo hace aquello, que el Marido quiere.

XXVI

Son las Mugeres de un buen natural.

Pero este natural temprano, o tarde

Se estraga, si es un bestia, un animal
7110

El marido, o un hombre tan cobarde,

Que no sabe reñir, quando hacen mal.

Entonzes Dios nos libre, y Dios nos guarde,

Las Mugeres sin freno, y sin petrina

Corren precipitadas a su ruina.
7115

XXVII

Ellas en el gastar, naturalmente

Económicas son; pero al contrario,

Si desconfía de ellas imprudente

El Marido mezquino, o temerario;

Capazes son, si Dios se lo consiente,
7120

De empobrecer a Creso con su Erario,

El qual (si no nos miente un tal Raymundo)

Fue el mayor que jamás se vio en el mundo.

XXVIII

Gastan sin tino en mesas suntuosas

Y sus hijos lo ayunan en la cena.
7125

Gastan en juegos, en dijes, y en mil cosas,

A qual más loca. Dalas grande pena

Si sus galas no son aún más costosas,

Que las que Enrique Octavo a Ana Bolena

Regaló, y nos dicen que costaron
7130

Un millón los que assí nos lo espetaron.

XXIX

Lejos se vean siempre de mi casa

Mugeres de tal raza, y tal hechura,

Pues sobre estar de todo tan escasa,

Me gastarían hasta mi figura.
7135

Tiempo vendrá (que al fin el tiempo passa)

En que lloren su error, y su locura.

Mas de que servirá el dolor, ni el llanto,

Quando ya no hai remedio a yerro tanto?

XXX

Mas olá! que esto no; no es exortar
7140

Las Mugeres a ser interessadas,

Como alguno pudiera sospechar.

Sólo intento, que seais limitadas

Y discretas, Señoras, en gastar,

Se entiende de las cosas reservadas
7145

A vosotras, mas no de las agenas,

Y aun este gasto siempre en cosas buenas.

XXXI

Nuestra Elvira imitava las hormigas,

Que prudentes, pensando en lo futuro;

De el grano, que desprenden las espigas
7150

En el verano, su almazén seguro

Proveen recogiendo hasta las migas,

De el pan tanto blando, como duro,

Mientras que las Zigarras con su canto

Rebientan, porque no hacen otro tanto.
7155

XXXII

Viene después el riguroso imbierno,

Y la hormiga que estava proveída;

Encuentra qué comer, o duro, o tierno

Mas la Zigarra, muda, y encogida

Passa aquel tiempo en un silencio eterno,
7160

Si ya de un árbol viejo desprendida

De hambre no muere; o de rubor se esconde

En un sucio augero, o no sé dónde.

XXXIII

Quántas Mugeres hai en nuestros días,

Que imitan las Zigarras chocharreras,
7165

Y a las Hormigas no? Las almas pías

Se compadecen de ellas mui de veras:

Porque el tiempo presente en alegrías

Passan, sin advertir las venideras

Edades, es decir la edad futura,
7170

En que se muda el tiempo, y la figura.

XXXIV

La Muger; quando joven, sin gastar

Buena figura podrá cierto hacer,

Pero triste, si no tiene que dar,

Quando llegue la pobre a envegezer,
7175

Y peor, si a otros quiere incomodar.

Este era de Elvira el parecer,

Y por no verse ella en este Lince,

Con su ucha se armava a todo trance.

XXXV

Y si a la Hormiga la he parangonado,
7180

Ciertamente no fue para afrentarla:

Debe entenderse el símil limitado

Al empeño, que hizo en imitarla

En su fatiga, y próvido cuidado.

Que en el resto jamás supo copiarla
7185

En aquel vicio ruin, y nada bueno

De ir a robar el trigo, y grano ageno.

XXXVI

Mas O! y qué pocas hoi se han conocido,

Que no imitan aquella bestezuela

En robar la Panera del Marido,
7190

Y el bolsillo tal vez, si éste no vela;

Ignorando el proverbio tan sabido

Aun de los mismos Niños de la Escuela,

Que la Arina, y los pájaros robados

Se convierten en bichos, o en salvados.
7195

XXXVII

Lo robado a ninguno le aprovecha,

Testigo es el Ladrón que hurta un cavallo,

Que le monta, le alaga, y le coecha,

Mas el bruto no puede tolerallo:

Corre, brinca, se empina, un charco azecha,
7200

Y sin poder el triste embarazalle,

Levanta con las ancas la gualdrapa,

Da en el charco con él, y luego escapa.

XXXVIII

Lo peor es, que alguna vez le arroja

Contra un peñasco, que le descuaderna,
7205

Y de la vida al pobre le despoja,

Passando desde allí a la muerte eterna.

Queda la Tierra, con la sangre, roja,

Vuelan los Buitres a la carne tierna,

Y al Cadáver, en premio de su robo,
7210

Sepultura en su panza da algún Lobo.

XXXIX

Ninguna cosa agena, o mal ganada

Quería Elvira, que en su Casa entrasse,

Como lo debe hacer la gente honrada.

Ni yo la vi jamás, que se apropiasse
7215

Una auja, un dedal, una nonada,

Ni Marco olió, que nunca examinasse

Su bolsillo, naveta, o faltriquera:

Cosa increíble, si otro la digera.

XL

Si un uso, si una rueca, si un pañuelo
7220

Comprara, o fuesse sólo triste obillo,

Si la daba el antojo de algún velo,

Si jugando quizá algún dinerillo

Perdía, luego al punto con desvelo

Lo iba todo a pagar de su bolsillo,
7225

Y no de el de el Marido; porque en esso

Era Elvia escrupulosa, hasta el exceso.

XLI

Y aunque era en todo juego afortunada,

Raras vezes se sabe aver jugado,

Dejando esto a la gente descansada,
7230

U olgazana que juzga bien passado

El tiempo, que en jugar está empleada,

Con la baraja en mano, o con el dado,

Alegando que assí se evita el ozio,

Como si fuera el juego un gran negozio.
7235

XLII

Un juego honesto al hombre le conserva

Alegre, sea Frayle, Cura, o Lego,

Mas jugar con exceso el alma enerva.

Jugad, pues, decía Elvia, no lo niego,

Mas con tal precaución, con tal reserva,
7240

Que sea diversión, no empleo el juego.

Y Elvira (por decir la verdad neta)

Nunca quiso jugar a la Basseta,

XLIII

Decía, que era un juego desbarrado,

Propio de los que quieren arruinarse.
7245

Prueva clara, que ya en el retirado

Tiempo de Elvira acostumbrava usarse

La Basseta que a tantos ha arruinado,

De la qual procurando retirarse

Ella jugava al hombre, o al Tresillo,
7250

Y el pozo no passava de un realillo.

XLIV

Ni ganar, ni perder mucho dinero

En el juego supo Elvia, o no lo quiso

Ni por él empeñar un candelero,

O vender a un Adonis, o a un Narciso.
7255

La caja, o el relox, o alfiletero

U otro dije precioso, y más preciso

Que callo aunque a tal qual dé poco gusto

Que el hablar pan por pen no siempre es justo.

XLV

Ciertos puntos encuentro en esta historia,
7260

En que mi pluma poco se fatiga,

Pues vuestra comprehensión viva, y notoria

Bien los entiende, sin que yo lo diga,

Y aun intenta tal vez darme más gloria

De aquella, que merece mi fatiga,
7265

Quando en ella descubre una chimera,

Que yo no he dicho, ni decir quisiera.

XLVI

Mas no basta entender lo que leyerais:

Es menester también aprovecharos

De lo bueno que hallareis, o que oyereis,
7270

Y debéis, para hacerlo assí, aplicaros

Lo que haceros al caso conociereis,

Y tratar sobre todo de emendaros:

Para este santo fin único y solo

Escrivió aquesta Historia Juan Bartolo.
7275

XLVII

Si lo queréis hacer diversamente,

De nada os servirá la tal historia,

Antes vendréis a defraudar la mente

De aquel valiente Autor (que esté en la gloria)

Cuyo fin no fue hacer reír la gente
7280

Si la Vara, tal vez, usó censoria,

Sólo sí desterrar, o hacer ceniza

Todo lo que él condena, o critiquiza.

XLVIII

Assí el discreto Cómico reprende

(O reprender debiera) los pecados
7285

De éste, y de aquél, que la Comedia entiende~

Para que en otro al verlos censurados;

Él en sí los corrija, y los emiende.

A este fin los Theatros inventados

Fueron, para aprender a costa agena
7290

A evitar lo que en otros se condena.

XLIX

El Teatro debiera realmente

Ser (digámoslo assí) como una Escuela

De virtud; pero temo grandemente,

Que en hacer que lo sea no se zela.
7295

Concurre en tropa a él toda la gente,

Y hasta la media noche se está en vela

Y aun se alarga tal vez a la mañana,

Bien que en él más se pierde, que se gana.

L

No gana poco (dice cierto Autor)
7300

El que al Teatro va, y vuelve a su Casa

Tan malo como fue, mas no peor;

Porque, a vista de aquello que allí passa,

Es chimera esperar volver mejor,

O por lo menos ignorancia crasa.
7305

Pues en él (salvo siempre mejor juicio)

Se enseña, sí, no se condena el vicio.

LI

Todo obgeto, es a qual más arriesgado,

Lúbrico, y peligroso de mirarse.

Báilase allí, y se salta a lo alocado,
7310

Se ve lo que debiera recatarse,

La modestia, el pudor se echan a un lado,

Y suelen en las Farsas enseñarse

Con la voz y el egemplo cosas tales,

Que inspiran las costumbres más bestiales.
7315

LII

No se sabe inventar una Comedia

Que no esté de amorosas necedades

Atestada: lo mismo la Tragedia.

Óyense en ella obscenas liviandades,

O un insulso Bufón, que nos atedia.
7320

Vense gestos, posturas, e impiedades

Se oyen tal vez, que dejan impresiones

Capazes de apestar los corazones.

LIII

Mas no quiero decir, que acaso hoi día

El Teatro no esté emendado en parte;
7325

En prosa y verso se ve la Poesía

Dramática brillar con gusto, y arte;

Todo es mucha verdad; mas todavía

(Como dice mui bien un tal Lassarte)

El Teatro pudiera reformarse,
7330

Sin tanto chichisvear, ni amoricarse.

LIV

Sé, que a muchos fastidia mi franqueza,

Y que de otro sentir son cien Autores,

Que venero, inclinando la cabeza,

Mas paréceme a mí, que sin amores
7335

Se podrá componer alguna Pieza,

Que divierta a Señoras y Señores,

Juntando en lo discreto y lo bien hecho

La honesta diversión con el provecho.

LV

No ignoro, que las gentes gustan poco
7340

De oír representar cosas funestas;

Que al Teatro no van, ni yo tampoco,

Para volver después tristes y mestas.

Mas mil asuntos hai (y aun yo los toco)

De diversiones plácidas y honestas,
7345

Que dan cierto placer dulce y sereno,

Sin ensuziarse en el amor obsceno.

LVI

Va al Theatro un muchacho, una muchacha,

Y tanto aquél como ésta en él observa

Ciertas cosas, que entonzes no las tacha,
7350

Mas después en la mente las conserva,

Las revuelve; y con ellas se emborracha,

Y él atrevido se hace, ella proterva,

Comenzando los dos corazoncillos

A sentir ciertos lazos, ciertos grillos.
7355

LVII

Nuevo pensar, nuevo querer se enciende

En los dos tiernos pechos: de aquí luego

Un cierto no sé qué, que no se entiende,

Sienten, un nuevo hyelo, un nuevo fuego,

Que por todo su cuerpo al fin se estiende,
7360

Y vuelven otra vez a impulso ciego

Al mismo sitio que antes conocieron,

Donde la paz con el candor perdieron.

LVIII

Mas si al Teatro van en compañía

El Amante y la Amada; a Dios! qué llama!
7365

La Hogueraza de Troya era mui fría

Respeto a la que a aquél, y a aquesta inflama.

Piérdese en el Teatro cada día,

Lo que en una Doncella más se ama;

Porque hai en él, aunque en diversos grados
7370

Grande comodidad de hacer pecados.

LIX

Las jóvenes Mugeres van provistas

De atractivos y gracias comúnmente,

Y muchas van no más que a hacer conquistas.

Los hombres se calientan fácilmente.
7375

Con las Mozas mezcladas van, o mixtas

Las Doncellas, y allí lo que se siente

Lo que se ve, se palpa, y se suspira

Fuego, incendio, y amor todo respira.

LX

Finalmente el Teatro ha decaído
7380

De su ser primitivo, y si tuviera

Yo un hijo, o una hija, no haría ruido,

Mas sin hacerle: no los consintiera

Que fuessen al Teatro, a la Escuela de Cupido,

Que assí llamo al Teatro yo; y quisiera
7385

Que esto mismo también lo practicassen

Todos los que con hijos se encontrassen.

LXI

Quando no sea más que por no verlos

Tomar gusto a tan vivas diversiones;

Porque entonzes no hai forma de traerlos
7390

A otras, que por mil varias razones

Les convendrían más. Ni hai convencerlos

Con argumentos, ni demostraciones,

Porque a un gusto y estómago estragado

Sólo le gusta lo que le ha arruinado.
7395

LXII

Los Padres racionales y Cristianos

Desvían a sus hijos inocentes

De quanto puede hacerlos poco sanos.

De el mismo modo los que son prudentes

Los deben desviar de aquellos vanos
7400

Concursos, que corrompen a las gentes.

Y entre todo, si mucho no me engaño,

El Teatro es el que hace mayor daño.

LXIII

Mas no por esso crean aver hecho

Todo lo que hai que hacer, ni que a su cargo
7405

Sólo con hacer esto han satisfecho.

El mar de los peligros es mui largo;

Para obiar los escollos con provecho

Deberán (y yo mucho se lo encargo)

A un hombre consultar docto y prudente;
7410

O a un práctico piloto inteligente.

LXIV

Mas, volviendo al asunto, Elvia era tal,

Como quisiera yo a la Esposa mía

Si me inclinara al yugo conjugal.

No tenía otra igual su economía,
7415

Guardava bajo llave azeyte, y sal

El queso, la manteca, y no quería

Fiar a nadie, aunque mezquina no era

En la Bodega entrar, ni en la Panera.

LXV

Era criada suya una mozuela,
7420

A quien quería mucho desde infante,

Porque anduvieron juntas a la Escuela;

Mas la llave del vino ni un instante,

Confiar quiso a aquella muchachuela

Desde una vez que la cogió in fragante
7425

Mojando la palabra; y la bobona

Se halló al fin, sin querer, con media mona,

LXVI

Acostumbraba Elvira fuera de eso

Con su sello sellar frascos y Botas,

Dejando con el lacre el tapón preso;
7430

Porque sus gentes eran mui devotas

De beber vino con algún exceso;

Pues como dixo Séneca en sus Notas

Criados bebedores hai sin tino,

Que un río agotarán (id est) de vino.
7435

LXVII

Los de aquel tiempo tenían tanto amor

A sus Amos, su hazienda, y sus doblones,

Que no robaban cosas de valor,

Sino quando tenían ocasiones,

Hurtar el vino, y más si era el mejor,
7440

Lo hacían por cumplir sus devociones.

La familia de Elvira (es cosa cierta)

Era fiel; pero Elvira siempre alerta.

LXVIII

Oy estas precauciones son ociosas,

Porque todos, Criados, y Criadas
7445

Personas fieles son, y escrupulosas,

Ni puede aver contra ellos bien fundadas

Quejas; y, si las hai, son calumniosas.

Por eso ellas se dan por agraviadas

De cierto Abate Nelli, hombre de fama,
7450

Que gente vil y sórdida las llama.

LXIX

Mas no tiene razón el tal Abate,

Y casi le querría yo enseñar

A no ser a lo menos tan Orate,

Y a ser más circunspecto en el hablar.
7455

Mas si es muerto, sería un Boterate

Yo mismo, si anduviérale a inquietar,

Que pelear contra un muerto es cobardía,

O quando menos vil superchería.

LXX

Porque dirían, que esto era querer
7460

Adquirir con orgullo un honor vano.

Contra quien no se puede defender

El pelear, es el acto más villano.

Un hombre de valor la ha de emprender

Con quien le espera con la espada en mano;
7465

Y yo, donde me veis, soi tan valiente,

Que mi pecho ventajas no consiente.

LXXI

Yo no puedo sufrir ciertos Poetas,

Que teniendo algún pleyto literario

Afectan ser personas mui discretas.
7470

Mientras se halla en estado el adversario

De decir su razón, estánse quietas,

Pero si es un viejo octagenario,

Y más si ya murió, como Sangüesos

Se echan sobre él, y róenle los huesos.
7475

LXXII

Esto es un proceder vil y cobarde,

Que no puede caber en pecho honrado;

Al anciano es razón que se le guarde

El respeto debido. Al enterrado

Sus cenizas honrar mañana y tarde.
7480

Mientras vive el Autor robusto, es dado

Al crítico atacarle, si quisiere

Pero no quien ni aun sabe quién le hyere.

LXXIII

Quienquiera, que obra assí, es semejante

A la cobarde bestia, al vil Jumento,
7485

Que, quando vio al León agonizante

Dos cozes le espetó, y lleno de viento,

En tono victorioso, y de triunfante

Fue a contar a otros asnos aquel cuento.

Los jumentos el triunfo celebraron,
7490

Y tres noches enteras rebuznaron.

LXXIV

Si alguno criticar quiere esta historia,

Por cierto hará una gruesa villanía;

Porque el que la escribió con tanta gloria

Ha siglos, que murió de perlesía.
7495

Yo sólo la traduje a la memoria

De el Caldeo, en que el otro la escribía;

Y quando llegue al fin seré mui viejo,

O quizá avré dejado ya el pellejo.

LXXV

Por esto vuestra Crítica se mueva
7500

A otra parte, y a mí dégeme quieto.

Si quiere de sus armas hacer prueva,

Hágala, si gustara, en un Soneto

O en otra obra que sea cosa nueva,

Pues la mía ya es vieja con efeto,
7505

Y es pan mui duro para aquellos dientes,

Que gustan de bocados mui recientes.

LXXVI

Volviendo, pues, a hablar de los Criados,

Casi estava tentado a engrandecerlos,

A no saber que estáis bien enterados
7510

De lo que hoi día son. Si a defenderlos

Me dedicasse, quizá a todos pasmados

Os dejaría, quando haría verlos

Adornados, no ya de vizios viles,

Mas de virtudes y hábitos gentiles.
7515

LXXVII

Verbigracia la costumbre rancia

De no decir verdad: aquel esmero

En cultivar la bárbara ignorancia,

Que en ellos reyna con dominio entero.

En constante amistad, y sin jactancia,
7520

Con todo Bodegón, y Tabernero.

Aquella caridad, conque el Gremio ama

Al dado, al naype, al ocio, y a la cama.

LXXVIII

Pudiera hablar de aquellas disensiones,

Que con sus artificios y mentiras
7525

Suelen sembrar en muchas ocasiones

Entre los Amos, con perversas miras.

De sus blasfemias, y murmuraciones,

Votos, Retos, furores, rabias, iras.

Obras piadosas que de quando en quando
7530

Con tierna devoción van practicando.

LXXIX

De el escrúpulo que hace su conciencia

En callar el secreto, que supieron,

Esperando ganar indulgencia

En decir lo que vieron, y no vieron.
7535

Pues qué? de su admirable continencia,

Y de el egemplo, que a sus hijos dieron?

Quánto pudiera hablar de su malicia,

De su voracidad, y su codicia?

LXXX

Oh! y quánto a mí me huvieran celebrado
7540

Más de un Amo de nuestra edad presente,

Que (si mal no me huvieren informado)

De sus Criados no es mui diferente:

Mas sería mui largo, y he pensado

Dejarlo aquí; mayor y specialmente
7545

Que Elvira me hace señas con el guante

De que su Relación vaya adelante.

LXXXI

Pues, como iba diciendo de mi cuento,

Quanto de ello se diga será poco.

La mitad de sus prendas no las cuento,
7550

Y quando me parece, que ya toco

Al fin, me hallo al principio, y descontento

Al Auditorio dejo, y a mí loco.

Porque es de Elvira el mérito una bola;

Que no tiene cabeza, pies, ni cola.
7555

LXXXII

Por la mañana siempre a hora discreta

Se alzava Elvira, acostándose temprano.

Assí lo dice el Histórico Poeta,

Que se llama... se llama... (Ah! sí) Lucano.

Antes de la Oración alegre y quieta
7560

Se recogía aun en el Verano,

Y passava la noche (ita Plutarco)

Con su labor, su rueca, y con su Marco.

LXXXIII

Válgame Dios! qué delicado assunto,

He tocado aora yo! y si la prática
7565

Decir quisiera de hoi sobre este punto

Haría un solecismo en la Gramática.

No es menester echar el contrapunto

A todo lo que ocurre, y la Pramática

Se ha de observar no sólo en el vestir.
7570

Sino en oír, ver, observar y no decir.

LXXXIV

Ya murió tiempos ha la antigua moda

De decir cada uno lo que siente.

Lo que antes se aplaudía, hoi se chapoda,

Y es menester hablar diversamente.
7575

Yo perro quiero ser de toda boda,

Y me esfuerzo a alabar todo viviente.

Los ojos tal vez sierro, y bebo frío

No me meto en dibujos, y me río.

LXXXV

De quien todo condena y hace Crítica
7580

Huye la gente, como escapa a un Toro;

Yo quiero parecer persona stítica

De palabras, hasta en el mismo Coro:

Sé ver, y sé callar según política,

Y aun remedar al mudo con decoro.
7585

Quando de hablar me viene gran prurito,

Cierro la boca, y tápome el garlito.

LXXXVI

Hace mal todo aquel, que azecha, o indaga

Lo que otro dice, o hace, y lo publica:

Hiere más una lengua, que una daga,
7590

Y mucho más, si a las Mugeres pica:

No hai vívora que más estrago haga,

Que una hembra irritada, pobre, o rica.

Y assí con ellas, en sentir de Plauto,

Es menester vivir, y hablar mui cauto.
7595

LXXXVII

De el furor de la ira mugeril

Líbrenos Dios, y libre hasta los perros.

Antes quisiera verme en un Toril,

Que en las uñas de aquellas, que hilan zerros.

Recojo, pues, mi flauta y Tamboril,
7600

Sin meterme en dibujos con sus yerros.

Y dejando el estilo acre, o satírico,

Quiero seguir de Elvira el panegírico,

LXXXVIII

Grandes cosas os tengo que decir,

Bien que el Canto esté ya para acabar.
7605

Rara vez (gran prodigio vais a oír!)

Se vio Elvira al Espejo consultar;

Chismes, cuentos, ni menos murmurar

Nunca los pudo ver, nunca sufrir.

Decía que era gran impertinencia
7610

Hablar mal del ausente en su presencia.

LXXXIX

Como era una Muger tan gran Cristiana,

Decía: el difamar a una persona

Es pecado con cola, y tan villana,

Que Dios difícilmente lo perdona.
7615

Pero ya, si por santa, o por mui sana

Moda no se publica; se pregona

A lo menos por cosa indiferente,

Entre las hembras particularmente.

XC

Dicen con libertad quanto han sabido,
7620

Preciándose de claras y sinceras,

Ni un pito se las da ver estendido

Lo que han dicho en las plazas, y en las eras,

Ni el saber, que lo cantan entre el ruido

De el palo y el jabón las Lavanderas,
7625

Siendo assí, que, en lugar de propalarlo,

Debieran, si es posible, sepultarlo.

XCI

Y es lo peor que siempre alguna cosa

Añaden al suceso, que se pinta.

Nunca camina el Texto sin la glosa,
7630

Y lo saben hacer de buena tinta.

Oy así se tiene por escrupulosa

La que cuenta una cosa mui sucinta,

Y el caso, que refiere, no le aumenta

Con dos, o tres mentiras, o con treinta.
7635

XCII

A esto dicen: que deje la persona

De obrar mal, y no tendrá el disgusto

De que se diga. Qué razón tan mona!

Y dime: te daría a ti gran gusto

El saber, que en la calle se pregona
7640

Todo lo que haces tú? Ni será justo,

Que, porque Tú no estés acreditada,

Pierda su honor una Muger honrada?

XCIII

Con su manto la santa caridad,

Cubrir debe las faltas de su Hermano,
7645

Mas perdióse aquel manto en nuestra edad,

O no hai quien le quiera echar la mano,

Primero vuestro seno examinad,

Y acaso encontraréis, que no está sano,

Y que la lepra, que notáis en otros
7650

Tanto como a ellos, se pegó a vosotros.

XCIV

Entre otras muchas cosas, que saldrán,

Mostrava Elvia su grande entendimiento

En comer la vianda con el pan.

De este modo logró un temperamento,
7655

Que apostarlas podía al de un Jayán.

Nunca otro quiso usar medicamento

En sus males, que el grande de la dieta

Assí lo hace un mi amigo, que es Poeta.

XCV

La cama la ocupaba solamente
7660

Quando algún mal sentía estraordinario.

No hacía lo que hacen comúnmente

Las Mugeres de hoi, que de ordinario

En ella un mes se están sin accidente,

Ni otro mal, que no sea imaginario.
7665

Quiero decir un mal que se figuran,

Y en esta su aprensión siempre ellas duran.

XCVI

Allá se idean ciertas convulsiones,

Que no tienen, o al sexo femenino

Son comunes, y aquellas abstracciones,
7670

Con pervigilios, que no tienen tino:

Y hacen creer a simples y bobones

Que no pueden dormir. Gran desatino!

Quando me consta (y a esto apuesto un quarto)

Que duermen más que yo; y yo duermo harto.
7675

XCVII

Ellas comen (y bien) con apetito

(En esto las alabo, y buen provecho).

Beben al par de mí (sea Dios bendito),

Gordas están de cara, cuello, y pecho;

Sus colores parecen de un Corito;
7680

Y dicen que están malas? Yo las echo

Mi bendición, y digo claramente,

Que si lo están, lo están adredemente.

XCVIII

Si yo fuera Dotor, yo las curara,

Y a mi Muger, si yo Marido fuera,
7685

Y tres baras de mal me ponderara,

Un medio dedo apenas la creyera.

No píldoras, no emplastos recetara,

Y en un instante buena la pusiera,

O haría lo que tantos infelizes,
7690

Que se dejan llevar por las narizes.

XCIX

Porque al fin cada día estamos viendo,

Que uno da un buen consejo a otro su amigo,

Y él no sabe (en cosa igual entiendo)

Lo que el otro aconseja hacer con sigo.
7695

Fuera de que aquel sexo es tan tremendo,

Tan astuto y falaz (sé lo que digo)

Que en sentir de un Autor, por nombre Pablo,

Es capaz de engañar al mismo Diablo.

C

Por lo demás, Señoras vuestros males
7700

No siempre son, diciendo la verdad,

Aprensivos, fingidos, o ideales:

Tal vez sueños no son, son realidad,

Pero por lo común nunca son tales,

Que merezcan llamarse enfermedad.
7705

Malas estáis, es bien que aquí lo diga,

Mas sé yo que una paja la hacéis higa.

CI

Muchas vezes sólo es figura o sombra

De mal, pues tenéis buenos colores;

Y por una aprensión que os asombra
7710

La burla sois de todos los Dotores.

Cierta vuestra pensión, que no se nombra,

Embía a la cabeza unos vapores

Que algo la cargan; y me causa risa,

Que por esto querráis dejar la Misa.
7715

CII

En esto, a la verdad, tengo temor

Que tal vez se introduzga algún abuso:

Y si sucede, que un Predicador

Se escandalize, y grite, ya le escuso.

Ánimo, pues, esfuerzo, y con valor
7720

Señoras mías dejad esse mal uso.

Alzaos de la cama, si podéis,

Y andad a Misa, que no, no moriréis.

CIII

Pero alguno dirá: Frayle malvado

Este camino Tú nos lo enseñaste
7725

Quando estuviste un mes repantigado

En la cama, por un mal que soñaste.

No Señores, mi mal no fue soñado.

Fue un catharro, una fiebre, y esto baste

para creer, que si oprimí a la lana
7730

De los colchones, fue de mala gana.

CIV

Testigos sois vosotros, que lo visteis,

Caros Amigos, que con singular

Amor, día y noche concurristeis

A verme, a darme aliento, y consolar,
7735

Y conmigo benignamente hicisteis

Lo que en tal caso se usa practicar.

Id est, con tierno, dulce, y plácido lenguage

Alentarme al valor, y aun al corage.

CV

Bien quisiera yo aora, y con razón,
7740

(Ya que no pude entonzes otro tanto)

Dar las gradas de todo corazón

A los que en la ocasión de mi quebranto

Me mostraron tan grande compasión;

Mas no quiero interrumpir el Canto,
7745

Y espero (Dios mediante) firmemente

Cumplir con mi deber personalmente.

CVI

Y más que estoi resuelto por aora

A estar por muchos años sano y bueno;

Que el enfermar no es cosa que mejora
7750

El gusto, ni la bolsa (ita Galeno)

Y quiero en adelante en toda hora

Estar contento, alegre, y mui sereno,

Porque oí, quando Niño, a una mi Tía,

Que hacía gran provecho la alegría.
7755

CVII

Mui bien sabía Elvira esta Receta,

Y en virtud de ella siempre alegre estava.

Por esso, como Sabia, y tan discreta

Nunca quartel a la tristeza dava.

Y por vivir en paz, tranquila, y quieta
7760

En ninguna disputa se empeñava,

Siguiendo la Platónica dotrina,

Porque avía estudiado Medicina.

CVIII

Los aforismos Médicos sabía

De la Escuela (que fue) Salernitana.
7765

Mas médicos en casa no quería,

Porque gustava mucho de estar sana;

Antes bien los llamava cada día

Estirpadores de la estirpe humana,

Y que aquel que los da nimia creencia,
7770

Hace al fin, aunque tarde, penitencia.

CIX

Sábenlo bien aquellos desgraciados

Que hoi sanos y robustos estarían,

Y están, en gracia de ellos, enterrados,

O a lo menos más tarde morirían.
7775

Yo suplico a mis Santos Avogados,

Que, si mi pronta muerte no querían,

Los alejen de mí como cien años,

Y después lluevan purgas, lluevan baños.

CX

No estragó Elvira no su gran salud
7780

Con ciertas Mugeriles medicinas,

Especialmente allá en su juventud,

Como lo hacen cien Mozas malandrinas.

Muchas se han ido presto a la atahúd

(Pero todas cabezas golondrinas),
7785

O, con sus despropósitos bestiales,

Se han grangeado a sí mismas dos mil males.

CXI

O qué campo me ocurre aquí tan vasto

De correr, y saltar a mi talento!

Qué abundante, qué rico de buen pasto!
7790

Pero mui fatigado ya me siento,

Y aleviar es razón de el baste, o basto

A este mi flaco, y mísero jumento,

Dexándole dormir un tanto quanto,

Y hacer podréis vosotros otro tanto.
7795

CXII

Mi ronca voz apenas ya se siente

De el más cercano a mí: no tengo aliento.

Si mañana volvéis, probablemente

Os diré, entre otras cosas que no cuento,

Lo que hizo Elvia con Tulio sabiamente
7800

Aun antes de su mismo nacimiento.

Assí lo prometí en otro Tratado,

Y aora puntualmente me he acordado.


Fin del Canto X

I

Entre los bienes de Naturaleza

La salud me parece el principal.
7805

Sin esto se me ha puesto en la cabeza,

No poder ser feliz ningún mortal.

Qué vale la opulencia, la riqueza

Sin la salud, ni qué la Magestad?

Sin ella los dictados Soveranos
7810

Nada son, o a lo menos son mui vanos.

II

De qué sirve un Tesoro al Opulento

Gotoso, que en un lecho está postrado?

El oro no le alivia su tormento,

Ni el mal respeta a su bolsillo hinchado.
7815

Tal vez está cien veces más contento

Un pobrecito en su feliz estado;

Y aun por esso (años ha) proverbio era

Salud a mí, dinero a quien le quiera.

III

Con todo esso el proverbio me perdone,
7820

Que yo aun estando enfermo le querría;

Porque el dinero todo lo compone,

Y sin él ni aun un Médico tendría.

Mas, mientras la razón no me abandone

Al oro la salud preferiría,
7825

Porque de ésta el valor (dice Valverde)

Sólo conoce bien el que la pierde.

IV

Y no obstante hai algunos mentecatos

Que no la aprecian, ni hacen caso de ella.

Riéndose de Rehumas, y de flatos.
7830

Mas si les viene un mal (aquí es la bella)

Conocen quánto vale, y a Pilatos

Se dan los tristes por volverse a ella.

Como aquel Asno, que vendió la cola

Por un quarto, y después por mil compróla.
7835

V

Elvira procuró siempre estar sana,

Y la misma salud que al Mundo trajo

Conservó, y aumentó hasta mui anciana.

Esto no la costó mucho trabajo,

Porque hizo voto (y mui de buena gana)
7840

De no enfermar jamás, ni comer ajo,

Protestando, que todo lo contrario

Sería en ella un acto involuntario.

VI

Fuera de ser de un buen temperamento,

Que heredó de unos Padres mui robustos,
7845

Refrenó siempre con loable intento

Sus pasiones, antojos, y sus gustos,

Cuyo desorden causa más fermento

En los humores, quando están más justos,

Que la Rehuma, la gota, y la gangrena,
7850

Como nos lo avisó el Moro Avizena.

VII

Porque de las passiones desregladas

Efectos son dos mil enfermedades,

Que a tantas gentes tienen tan postradas

En la cama por sus temeridades,
7855

Y en ella no estarían amarradas,

Si desde sus primeras mozedades,

Tirando el freno a sus inclinaciones,

No se dejaran ir tras las passiones.

VIII

O quántos vivirían todavía,
7860

Como huvieran querido tener juicio

Quando sanos, no andando noche y día

En sumergirse en este, y en aquel vicio.

Ay de aquél que en sí mismo se confía

Y se entra en este charco a precipicio.
7865

Una vez que los males hagan pressa

Nada sirve después decir me pesa.

IX

Entre otros vicios el de Amor, Ovidio

Dixo, que ha muerto un número increíble.

Llénalos de un enfado, de un fastidio
7870

De la vida, que apenas es creíble.

No hai casa, en que no haga un homicidio.

Y aunque Marte es tan fiero, y tan terrible,

En un año no mata tanta gente,

Como Venus y Amor diariamente.
7875

X

Principalmente porque el fiero Marte

Descansa un tanto, y no hace siempre guerra.

En el Mundo siempre hai alguna parte,

De donde él mismo su furor destierra.

Pero Amor egercita su cruel arte
7880

En todo tiempo, y lugar, y en toda Tierra.

Y en los lugares menos sospechosos

Son sus dardos quizá más peligrosos.

XI

Ni es decir, que sólo en los Palacios entra:

De las chozas también sabe el camino.
7885

Con el pobre y el Rico Amor se encuentra,

Ni es para él forastero el más mezquino.

Tanto en el Labrador se reconcentra,

Como en el Vagabundo, y peregrino.

Ni están essentos de sus fogosos dardos
7890

Los que se tienen por los más gallardos.

XII

Marte en fin no ya a todos los destruye;

Comúnmente perdona a las Mugeres;

Mas Amor de ninguna classe huye,

Antes bien tiene todos sus placeres
7895

Quando el Arco y la flecha a ellas instruye.

Si burlarse tal vez de Amor las vieres

Es por poco; que si es larga la guerra,

Aquellas columnazas dan en tierra.

XIII

Yo las he visto flacas, y abatidas,
7900

Y aun vosotros algunas avréis visto,

Por pocas que os sean conocidas.

Que Amor en las Mugeres es un pisto,

Por el qual casi todas son perdidas.

Mas Elvia tuvo el ojo siempre listo,
7905

Porque era una Muger mui acatada,

Y a recados de Amor nunca dio entrada.

XIV

O porque nunca supo estar ociosa,

Sabiendo quánto el ozio al alma enerva,

O Porque siempre fue mui vergonzosa,
7910

Tratando a todo el mundo con reserva.

Su alma siempre libre y generosa

Conservó, qual Diana, o qual Minerva;

Hasta que de su Esposo enamorada,

A posseer entró la prenda amada.
7915

XV

Vosotros ya sabéis, que en posseyendo

Lo que se deseó vehementemente,

Contento el hombre está, ni va estendiendo

Sus deseos a más regularmente.

Mas quando el pecho está de Amor ardiendo
7920

Y nada logra el pobre Pretendiente,

Entonzes el amor es una cosa

A mi ver miserable, y lastimosa.

XVI

De aquí nacen después tantas manías,

Tantas locuras, ayes, y lamentos.
7925

De aquí angustias, de aquí melancolías,

De aquí el aborrecer los alimentos,

De aquí las caprichosas fantasías,

Que dan ganancia a Curas, y a Conventos,

Causando entre las Partes no contentas
7930

Tantas muertes tempranas, y violentas.

XVII

Assí pues, los que son de juicio sano

No pretenden aquello que lograr

No pueden, sólo sí lo que está llano

Y es para ellos fácil de alcanzar.
7935

Y quando ven que no fue empeño vano,

Porque posseen ya sin desear,

Bienaventurados son entre las gentes,

Por la regla: Beati possidentes.

XVIII

Mas posseer no basta el bien amado,
7940

Si con paz no se logra, y con contento.

Qué importa, que un caudal desmesurado

Possea el Rico, y tímido avariento,

Si siempre inquieto está, siempre assustado

Temiendo el Mar, la Tierra, el fuego, el Viento?
7945

Posseer de este modo es un delirio,

Que ya no es possessión, sino martyrio.

XIX

Casi estoi por decir, que mejor fuera

Ser pobre, que ser rico, si la vida

El Rico ha de passar de esta manera.
7950

La providencia, que de todo cuida,

Su bien conservará, como ella quiera;

Mas si ésta, quizá por ofendida,

Conservarlo no quiere, será vana

Toda atención, y diligencia humana.
7955

XX

Lo dicho de el caudal, y de el Tesoro,

A la propia Muger puede aplicarse.

Si ofendes sin motivo su decoro,

Recelando que de él pueda olvidarse

Tú mismo te imaginas Buey o Toro
7960

Y te matas, sin modo de evitarse.

Poco dixe: te matas; Es tu suerte

Mucho más infeliz; que lo es la muerte.

XXI

Por esso harán mui bien los Mariditos

En no arrimarse mucho a zelosía;
7965

Porque esta causa males infinitos,

Y ella misma es peor que perlesía.

Esto se entiende, quando son sus gritos

Imaginarios, o de fantasía,

Quiero decir, quando en razón, y en ley
7970

No tengan fundamento a parte rei.

XXII

Aunque Elvia amava tanto a su Marido,

Nunca observó si a otras cortejava,

Mostrando en esto un juicio assaz cumplido.

Jamás le preguntó a qué casa andava,
7975

Ni de dónde venía, aun por descuido.

Y a todos esta máxima enseñava:

La Muger debe hacer lo que la toca,

Y en orden al Marido, punto en boca.

XXIII

Era compuesta de una noble pasta
7980

Dulce, apacible, y de tranquila flema.

Más amable Muger, más pura, y casta

No se hallaría en toda la Maremma.

En quanto a hermosa era lo que basta,

Y en lo demás una preciosa gemma.
7985

Si no podía hacer lo que quería,

A lo que otros querían se rendía.

XXIV

Hacía en suma de su parte quanto

Podía hacer por conservarse santa,

Como lo dixe ya en el otro Canto,
7990

Que leí, no hace cierto una Semana.

En ella la tristeza, el tedio, el llanto

Nunca entravan, ni de ello tuvo gana,

Y de sí procurava desterrar

Quanto podía a la salud dañar.
7995

XXV

La salud fue la cosa más amada

De aquella gran Muger toda la vida.

Mas desde el día, en que se vio casada,

Fue mucho más guardada, y más querida;

Sabiendo bien que una Muger honrada,
8000

Con un hombre de bien, quando está unida,

A pocos meses, que esto se concluya,

Aprende ella a parir a costa suya.

XXVI

Quizá entendió también de agricultura,

Porque era de un ingenio peregrino,
8005

Y siempre fue inclinada a la letura.

Sabía, pues, que de un ingerto dulze, y fino,

Si se sabe hacer bien, y se procura;

Quando al tiempo le llega su destino,

El ingerto plantel da su tributo,
8010

Y al Dueño le produze dulze fruto.

XXVII

De el fruto son después las qualidades,

Como lo son las de la Madre planta,

Buenas, si buenas son sus propiedades,

Malas, quando algún vicio las quebranta.
8015

De las raízes las enfermedades

Al fruto el mismo ingerto las trasplanta,

Y en lugar de salir sano, y sabroso

Le produce podrido, o escabroso.

XXVIII

Esto mismo en los Niños acontece,
8020

(Porque a esta paridad no, no hai respuesta);

El Niño es como un roble, si acontece

Nacer de Madre sana, y bien dispuesta.

Al contrario es flacucho apenas crece

Si aquélla débil es, o está indispuesta
8025

Porque aquí aquel proverbio a punto viene:

Ninguno puede dar lo que no tiene.

XXIX

No es verdad que el barril si tiene pez,

O si ha entrado en la cuba mal olor,

Comunican al vino aquella hez,
8030

Y al mismo tiempo un pésimo sabor?

Y no es verdad (pregúntolo otra vez)

Que el terreno, que tiene más vigor

Da el trigo más hermoso y más entero

Como la obeja mejor mejor Cordero?
8035

XXX

Al contrario la Res quando es roñosa,

Si es enferma, si flaca, enjuta, y hueca;

Si la tierra es sin grassa, y arenosa,

Sin jugo, sin sustancia, magra, y seca,

El grano que produce es poca cosa,
8040

Y un poquito de niebla le deseca,

Y la roñosa Res nos da un muñeco

En forma de Cordero triste, y seco.

XXXI

Mas vosotros, Señores, que tenéis

Gran ingenio, y assaz penetrativo,
8045

Creo, que fácilmente entenderéis;

Que la cuba de olor malo, y nocivo,

Y aquel terreno magro, en que queréis

Poco grano sembrar, porque es esquivo

Con la roñosa Res (quadre o no quadre)
8050

Figura son de una malsana Madre.

XXXII

Demasiado (es assí) más de un chicuelo

Entre nosotros mismos oy se ve;

Esmirriado, flacucho, y tristezuelo

Que apenas puede mantenerse en pie,
8055

Por culpa de la Madre, y sabe el Cielo

Que mil males le afligen; más por qué?

Porque (según lo afirme el Dotor Lerma)

De una Madre nació, que estava enferma.

XXXIII

De una Madre a quien nunca le fue cara
8060

Su salud, más que fuera la de un Topo;

Ni una perla apreció tan rica y rara

Más que allá la estimó el Gallo de Esopo,

Que con zambra, alegría, y algazara

Mil hizo disparates a galopo,
8065

Y, en premio de sus necias mozedades,

Un carro se grangeó de enfermedades.

XXXIV

Enfermedades que ellas se grangearon,

Cambiadas a doblones trabucantes,

Y a sus hijos después comunicaron,
8070

No ya quando nacidos, sino antes.

Y fuera de que a sí se assassinaron,

También assasinaron sus Infantes,

Los que después lloraron desterrada

La salud de su vida desdichada.
8075

XXXV

De estos hijos al cabo nacerán

Otros peores que ellos, como escrito

Está: los que al mundo infestarán.

Cosa, que me parece gran delito;

Éstos a costa agena vivirán,
8080

Por no poder ganar el pan bendito,

Y de bocas inútiles veremos

Lleno el Mundo, si muertos no seremos.

XXXVI

Pues hoi día se ven en él ya tantas

De araganes en esta nuestra Tierra,
8085

Que a pocas más podrán las almas Santas

Invocar a la peste y a la guerra.

Y a no ser, que a no pocas de estas plantas

Inútiles la muerte las aterra,

Alguna hai, cuya sombra opaca y fría
8090

Al mundo todo inficionar podía.

XXXVII

Yo un edicto quisiera publicar,

Si (por desgracia) fuera Emperador,

Y en todos mis dominios intimar,

So pena de la vida, y de el honor,
8095

Que ninguna muger particular

Con nadie osasse tener jamás amor,

Ni casarse (en virtud de Ley tan justa)

No gozando salud fuerte y robusta.

XXXVIII

Toda planta nacida en la maleza,
8100

Que esperanza no dé de dar buen fruto;

Todo árbol poco sano en la corteza,

Nacido en mal terreno, seco, enjuto,

Entre broza, cambrones, y aspereza,

Torcido, monstruoso, en suma bruto
8105

Le haría abandonar de todo esmero,

Sin riesgo, sin labor, sin Jardinero.

XXXIX

Vivir le dejaría, y aun morir,

Sin jamás ingerirle, y esto veis

Que de egemplo podría a otros servir.
8110

Sois discretos, y todos me entendéis,

Pues, sin que yo lo deba sugerir,

A las mugeres luego aplicaréis

Quanto he dicho hasta aquí clarito, y neto,

Con lo demás que callo por respeto.
8115

XL

Todas aquellas, pues, de buen color,

(Se entiende sin estar embernizadas)

Sanas en lo exterior, y lo interior,

Frescas, fornidas, pero bien cortadas,

Llenas de jugo, fuego, y de vigor,
8120

Yo las quisiera ver enmaridadas

Con Mozos mui nervosos, y rollizos,

Pantorrilludos y de pocos rizos.

XLI

También quisiera yo, que las Casadas

Arreglassen su vida de manera,
8125

Que de nada pudiessen ser notadas,

Que disonante al Matrimonio fuera.

Y por las calles fuessen azotadas

Aquellas madres, cuya bodoquera

A sus hijos impele a ofizio inmundo,
8130

Siendo horror, siendo escándalo del mundo.

XLII

Item más, que el marido hacer divorcio

Pueda con la Muger que es disoluta,

Como con su Catona lo hizo Porcio,

Noticia verdadera, y sin disputa.
8135

Y que allá retirada del consorcio

Humano, en una zelda, o una gruta

Hiciesse de por vida penitencia

De lo que la remuerde su conciencia.

XLIII

Además de esso haría un gran servicio
8140

A todos los maridos desgraciados

Que gastan su dinero, con perjuicio,

En la cura de achaques heredados.

Y a todo el mundo haría beneficio

En librarle de tantos apestados
8145

Que nacieron assí, y no tienen cura,

Salvo una. Quál es? La sepultura.

XLIV

Toda la Tierra quedaría llena

De una gente robusta, fuerte, y sana.

Ni nos daría a todos tanta pena
8150

Estar viendo, por tarde, y por mañana

Ética, Bubas, Gota, y la gangrena,

Que va royendo la figura humana.

Por lo menos no avría tantos males,

Y sobrarían muchos Hospitales.
8155

XLV

Mas dejando las cosas como están,

Porque nadie me ha dado comisión

De hacerme Don Quixote, o Don Tristán;

Puesto que la salud de Dios es don,

O vosotras, que sois hijas de Adán,
8160

Estimadle, como es puesto en razón,

Y o bien seais Casadas, o Doncellas,

Apreciad más ser sanas, que ser bellas.

XLVI

Y más, quando no está en vuestra mano

Ser lindas, como está en gran parte
8165

Conservar la salud del cuerpo sano

Verdad, que espero demostrar sin arte.

Ni mi discurso se tendrá por vano,

Si, siguiendo al Dotor Don Juan Ugarte,

Entre cien enfermizas yo concluya,
8170

Que noventa lo son por culpa suya.

XLVII

Unas con una vida regalona,

Y demasiadamente delicada,

Comiendo bien, y bebiendo a la carlona,

Gastan una salud mui quebrantada.
8175

Por el contrario está la otra Mimona

A drogas de botica abandonada,

Como las más a tantas diversiones,

Que assassinan sus fuertes complexiones.

XLVIII

No pocas, por caprichos singulares,
8180

Achacosas están toda la vida,

Fastidian los más sólidos manjares,

Hacen de porquerías su comida;

Su Regla es ser en todo irregulares

Su método no hacer cosa seguida.
8185

Esto es tan cierto, que quando las miro,

Que llegan a veinte años yo me admiro.

XLIX

Por despecho parece con efeto,

Que quieren enfermar adredemente,

Viéndose en cada una un Lazareto,
8190

O un Hospital de miserable gente.

De la salud muy rara hace conceto,

Y las más (es decir que comúnmente)

En Aldeas, en Villas, y en Ciudades

Gran cazadoras son de enfermedades.
8195

L

Exageráis algunas vuestros males,

Los que no quiero aora disputar,

Si sean verdaderos, o ideales;

Pero os fuera mejor de ellos no hablar,

Porque hai entre vosotras tales quales,
8200

Que en esto no hacen más que publicar

A los que no son bobos o Novicios

Sus antojos, si ya no son sus vizios.

LI

Pero, si un saco alfín fuereis de huessos,

O esqueletos que espantan a la gente,
8205

Al médico culpáis, y hacéis procesos,

O al Marido (y esto es lo más frequente)

Quando culpar debéis vuestros excesos,

Y no a quien está de ellos inocente.

Mas, en punto a Mugeres de esta pasta,
8210

A mi ver, ya se ha dicho lo que basta.

LII

Sólo a lo dicho añadiré una cosa.

Si la Muger (no hablo ya de las ancianas)

Más que el comer aprecia ser hermosa,

Procurad todas conservaros sanas,
8215

Porque, según se dice en cierta glossa,

Hermosura y salud, son dos hermanas

Que dura aquélla, mientras ésta dura,

Y en quien salud no hai, no hai hermosura.

LIII

Pero principalmente en las casadas
8220

Conservar la salud es importante,

Bien que seais solteras, o ya atadas,

Si sospecháis, que acaso algún Infante

Allá dentro tenéis, más obligadas

Estáis con rigor mui apretante
8225

A procurar salud robusta, y llena,

Por vuestra propia vida, y por la agena.

LIV

Elvia, muger de singular prudencia,

Desde el primer día que quedó preñada

Lo conoció, y guardando continencia,
8230

Fue en comer y beber mui ajustada.

Casi escrúpulo hacía de conciencia

Beber el agua apenas envinada.

De el cozido y assado algo comía;

Mas de todo guisote se abstenía.
8235

LV

Nunca aquella bebió bebida oscura,

Que se llama Caffé, porque era ardiente;

Manjares simples, algo de verdura,

Con menestra, o con sopa bien caliente

Eran su pasto, huyendo de la hartura:
8240

La cena mui ligera: comúnmente

Caldo, dos huevos fritos en cazuela,

Y por postre qualquiera bagatela.

LVI

En nueve meses no montó a cavallo,

Quando andava era al paso de una hormiga,
8245

Todo concurso huía aun de nombrallo,

Todo susto y afán, toda fatiga.

Por no poner el pie tal vez en fallo

Se assía de una sierva, o de una Amiga.

Traje holgado conforme a su nobleza,
8250

Tieso el cuerpo, y ergida la cabeza.

LVII

Por conservar el hijo sano y salvo

Todo golpe evitava, y todo peso,

Toda opresión, y todo juego vano

Donde se hiciesse esfuerzo, aunque no grueso.
8255

No jugava a los bolos en Verano.

De bailar? Santo Dios! No se hable de esso,

Y aun en andar tal atención ponía,

Que al parecer apenas se movía.

LVIII

Quando rezava algunas oraciones
8260

No se atrevía a herirse mucho el pecho,

Como lo hacía en otras ocasiones.

Hasta mui tarde no dejava el lecho,

Guardávase de golpes, y empujones,

De cotilla, o de busto mui estrecho
8265

Y aun apenas, apenas se abrochava,

Por no abortar. Tan cuidadosa andava!

LIX

Quando Elvira iba al Templo se sentava

Con modestia en almohada, o en tarima,

Y con razón a aquellas censurava
8270

Que en banco alto se sientan, o ya encima

Se arrodillan. Esto a ella la causava

Tanto horror; que la ponía grima,

Diciendo ser postura descompuesta,

Y en qualquiera muger no mui honesta.
8275

LX

Sólo escusava a las que estando encinta

Hacía gran volumen el preñado,

Por ser en éstas la razón distinta,

Y decía: Si ponen tal cuidado

En el Templo, en la calle, y en la Quinta,
8280

Será mayor sin duda, y aun doblado,

Sin que indezencia en esto nadie encuentre,

Porque lo pide assí el túmido vientre.

LXI

Mas fuera de la Iglesia van holgadas;

Ni saben conocer peligro alguno.
8285

Sólo se consideran dispensadas

En el respeto a Dios, y en el ayuno.

Por lo demás no observan las preñadas

Nada de aquello, que es más oportuno,

Y hacen ya por antojo, o ligereza
8290

Quanto a ellas se las pone en la cabeza.

LXII

Métense en los concursos de la gente

Intrépidas: reziven empujones:

Aquí un golpe le dan a mantentente;

Allá en prensa las ponen los reñones,
8295

Y estrujado tal vez el inocente

Feto dentro las míseras mansiones,

Las Madres caprichosas, o aturdidas,

Oh! y quántas vezes son Infanticidas!

LXIII

He aquí la causa de la estropeatura
8300

De tanto Niño, que el materno seno

Da luz contra la recta architectura,

Falto de miembros, o de lacras lleno,

Menos hombre, que monstruo en la figura.

Quando no sea flor, cuyo terreno,
8305

Porque efímera es su lozanía,

Nacer la ve, y morir en sólo un día.

LXIV

Oh quántos Niños (horror me da el pensarlo)

Por culpa de quien sé, se ven hundidos

En sitio tenebroso sin buscarlo,
8310

Ni el Reyno de los hijos escogidos

Podrán jamás los míseros poblarlo,

Por furor de sus Padres fementidos

Y lloran, sin que el llanto se concluya,

De otros la culpa, y la desgracia suya.
8315

LXV

Mas dejando estos ayes por aora,

Digo, que Elvia durante su preñado,

Más cuidado ponía en cada hora,

De no hacer con su fruto un mal guisado.

Depositaria fiel, de el que atesora
8320

Hijo en su vientre, puso gran cuidado

En que fuesse algún día el Niño tierno

Tan robusto, y tan duro como un Querno.

LXVI

Ni la basta que fuesse solamente

Sano en el cuerpo: se aplicó con arte
8325

A que fuesse también sano en la mente.

Y Juan Bartolo en una nota aparte

Dice, que hai en el mundo mucha gente

De cuerpo sano, pero de otra parte,

Sino enferma, a lo menos achacosa,
8330

Y yo tengo por cierta aquesta glossa.

LXVII

Hablo de aquella enfermedad no oscura,

Que vemos producir varios efetos,

A la qual se da el nombre de locura,

Y cuenta cantidad de Hijos, y nietos.
8335

Bien que los hombres (según me dixo un Cura)

No están a ella nunca tan sugetos

Como las hembras. Éstas le parecen,

Que ya con ella nacen y adolecen.

LXVIII

Mas no es verdad, porque es cosa observada
8340

Que algunas la padecen quando mozas,

Otras en edad más avanzada,

Bien que assí en Casas grandes, como en Chozas.

Se conoce que es en ellas heredada.

Hai en Madrid más locas, que en las Rozas
8345

Mas de esto la razón precisamente

Es porque hai en Madrid mucha más gente.

LXIX

Si se diera una Ley tan soverana,

Que ninguno pudiesse ser marido

De Muger, cuya mente no esté sana.
8350

Siglos ha que ya huviera perecido

El Mundo, o, quando no, la Raza humana,

Como el Decreto fuesse obedecido,

Pues dice Ovidio, que una Muger savia

Es la rara Ave Fénix de la Aravia.
8355

LXX

Y bien pudiera yo de esta sentencia

Pruevas citar ya antiguas, y ya nuevas,

Mas sería una gran impertinencia,

Pues todos lo creeis sin otras pruevas,

Que las que nos enseña la experiencia,
8360

En Casas, en Cabañas, y aun en Cuevas:

Ni avrá quien no confiesse, si es sincero,

Que lo que dice Ovidio es verdadero.

LXXI

Que las Mugeres tengan su manía,

Y aun quando todas ellas fueran locas,
8365

Nada por cierto a mí me importaría:

Pues fuessen todas, muchas, o ya pocas,

Ninguna lo sería a costa mía.

Lo que me duele, y dolerá a las Rocas,

Es, que este achaque, si a ser Madres llegan,
8370

Comúnmente a sus hijos se le pegan.

LXXII

Y es lo peor, que siendo un mal terrible,

Es en lo natural irremediable.

Quien nace ciego curarle no es possible,

Sin milagro; ya es ciego perdurable.
8375

Assí el que nace loco (mal horrible)

A cuestas tiene un mal, que es incurable.

Y aquellos que le sufren; y padecen

No conocen el mal de que adolecen.

LXXIII

Y si el enfermo no conoce, o siente
8380

El mal (dice un Médico moderno)

Malum signum! Señal es evidente

De que está arraigado allá en lo interno.

Júzgase sano el mísero paciente,

Y en las entrañas todo es desgovierno.
8385

Quántos hai de éstos? Santo Dios! quántos!

Y quizá yo seré alguno de tantos.

LXXIV

Por esso Elvia, Muger de ingenio agudo,

Y de claro machucho entendimiento,

Mientras que estava encinta quanto pudo
8390

Hizo, para librar de tal cimiento

Al inocente feto informe, y rudo,

Por no padecer ella el gran tormento

De verle hacer después mil disparates,

Ocupando el Quartel de los Orates.
8395

LXXV

Donde a decir verdad se ven no pocos

Amarrados con grillos, y cadenas,

Los quales son acaso menos locos

Que otros, que no lo muestran. De estas penas

Elvia, por ahorrar llantos y mocos;
8400

(Provisión de que están las hembras llenas)

Hizo quando hacer pudo industria humana,

Para un hijo parir de mente sana.

LXXVI

Por milagro, a mi ver, de la Natura

Quasi siempre Elvia fue de sana mente.
8405

Con todo vivir quiso más segura,

Y se mandó sangrar frequentemente

De aquella vena (assí lo atestó un Cura)

Que suele abrirse a la aturdida gente,

Y tomó sin melindre, ni embarazo
8410

De eléboro un buen trozo, o ya pedazo.

LXXVII

Es ésta una esquisita medicina,

Que hace curas sin duda prodigiosas.

Para toda Muger cosa divina,

Mucho más eficaz, que agua de rosas.
8415

La debieran usar en vez de Quina,

De tintura violeta, ni otras cosas,

Como leche, Café, Sorbete, Mate,

Y (lo que es más) en vez de Chocolate.

LXXVIII

O no entienden los Médicos sus males,
8420

O ignoran la virtud de aquesta droga;

Pues tal vez de Dotores muchos tales

No tienen otra cosa que la toga.

Un simple de los más universales

En otros tiempos, hoi ya no está en voga,
8425

Y en gran daño de el linage humano

Se está en los Botes mano sobre mano.

LXXIX

Aun antes de estar Elvia embarazada,

Porque sus hijos fuessen de buen juicio,

Era del vino poco apassionada,
8430

Y de embriagarse aborrecía el vicio,

Sabiendo bien, que una muger preñada,

Y borracha, hace al mundo un gran perjuicio,

Dando a luz a su tiempo unos Infantes

Más a bestias, que a hombres semejantes.
8435

LXXX

Ahora es menester, quiera o no quiera,

Hacer justicia a Marco. Yo he leído,

Que en comer, y en beber mui parco era,

Mui circunspecto, sobrio, y mui medido,

Pues con la cena de Salvino austera
8440

Se iba a la cama, quando fue marido;

Y Juan Bartolo aquí no la Perdona

A Marido, y Muger que cogen Mona.

LXXXI

Porque, dice este Autor (y es cierto) el vino

Vapores densos al cervelo embía.
8445

Si se bebe a destajo, esto es, sin tino,

Al juicio echa a passear la fantasía.

Quanto se hace, y se dice es desatino,

Es frenesí, es locura, y es manía.

Mi juicio con el suyo se conforma,
8450

Que un borracho es materia sine forma.

LXXXII

El juicio en él huyósele de casa

Es figura de hombre, mas postiza,

Estólida la mente, a instinto passa

La que era antes razón: y hace más riza
8455

Esta brutal passión, porque es de massa

Contagiosa, apestada, y pegadiza,

Pues vemos comúnmente, que un Borracho

Otro Borracho engendra, hembra, o macho.

LXXXIII

Por esso quando Sócrates quería
8460

Tratar a alguno de Ebrio urbanamente:

Sin duda que tu Padre (le decía)

Bebido avía poderosamente

Aquella noche, o bien fuesse aquel día,

Que te engendró, por ser cosa evidente
8465

Que de un Padre beodo, e insensato

Suele nacer un hijo mentecato.

LXXXIV

Elvia, o de suyo, o fuesse por consejo

Ageno, en sintiéndose preñada,

Nunca comía carne de Conejo
8470

Ni provaba siquiera la ensalada.

Mucho menos gustar de abadejo

Ni cosa, que no fuesse delicada,

Y pudiesse quizá ser enemiga

De el Hijo que traía en la barriga.
8475

LXXXV

Porque la qualidad del alimento,

Se pega a todo aquel, a quien sustenta:

El Conejo Conejos hace a ciento,

La Gallina Gallinas a noventa.

Yo conocí de Pavos a un Convento,
8480

Otro de Gansos, y eran más de treinta;

Porque se hartavan sus Paternidades

De estas Aves allá en las Navidades.

LXXXVI

Las médulas de Lobos, de Leones,

Ni de otros semejantes animales
8485

Nunca Elvira comió; entre otras razones,

Por no querer parir hijos bestiales.

Y porque en sus Divinas Oraciones

Derramasse el buen Tulio tantas sales,

Todo quanto comía en su preñado,
8490

Quiso siempre, que fuesse mui salado.

LXXXVII

Leyó en un Libro de Monsiur Le Mame,

Que la carne de liebre hacía hermosos,

Y ella quiso comer de aquella carne,

Por ver si eran los libros mentirosos,
8495

Haciendo conducir desde Bearne

Las liebres, que se crían en sus fossos.

Pues no hai Madre que no haga una Diablura,

Por parir una hermosa Criatura.

LXXXVIII

Entre todas las prendas naturales,
8500

La hermosura, que el Cielo nos regala,

Envidiada es de todos los mortales,

Por más que alguno afecte, y haga gala

De despreciarla. Cuentan los Anales

Que hasta Jove por ella en cierta sala
8505

Se transformó en diversos animales,

Porque es la carta, a juicio de Platón,

De la más eficaz comendación.

LXXXIX

A par de ella no tiene fuerza alguna

La más viva, más rápida eloquencia.
8510

Quántos han hecho siempre gran fortuna

Solamente por su gentil presencia?

No hai hombre, que no quiera esposar una,

A quien haya tocado aquesta herencia;

Y las Doncellas sé que tienen gusto
8515

De ver un joven bello, esto es, venusto.

XC

Si tenerlo no pueden por marido,

Gustan tenerle al menos por amante,

Y es el cortejo más apetecido

El de un Mozo galán, y rozagante.
8520

Se complacen, según tengo entendido,

De ver en él aquel gentil semblante,

Cuya hermosura eleva en dulze calma

Su spíritu a inferir la de su alma.

XCI

Y algunas hai, que en ella un claro rayo
8525

Descubren, a su ver, de luz Divina,

Que da vigor, y alienta su desmayo

Al deseo, si ya a morir se inclina;

Y passando a uno de otro en este ensayo

De la humana beldad a la una y Trina,
8530

Hai Muger, que en aquel bello Narciso

Contempla la beldad del Paraíso.

XCII

Si Elvia llegó a tanto, yo lo ignoro;

Y aun ignoro, si supo aquella escala;

Sólo sé que en más de una su decoro,
8535

En lugar de subir, abajo cala,

Y que el volar hasta el celeste Coro

Es un vuelo que excede, o bien que iguala;

Quando se emprende temerariamente

Al de Dédalo, que no fue el más prudente.
8540

XCIII

Paréceme a lo menos invención

Algo arriesgada la de enamorarse,

Perdiendo todo miedo a la ocasión.

Si Platón lo enseñó, debe dudarse:

Mas quando sea suya esta opinión
8545

Podrá con ella su mercé empanarse,

Porque yo a este su sentir estrafalario

Junto el otro del mundo Imaginario.

XCIV

Elvira, pues, Muger de fino gusto,

Mirar solía (y nuestro Autor lo atesta)
8550

Estando encinta algún hermoso busto

Mas sin perjuicio de su alma honesta;

Mirar digo solía (y era justo)

Con los ojos se entiende de la testa

De mejor gana un Mozo ayroso y bello
8555

Que otro feo, y bien podéis creello.

XCV

Quando mirava a un hombre mal trazado

Con menos señas de hombre, que de bestia,

Los ojos, sin costarla gran cuidado,

En el suelo clavava con modestia,
8560

Un cojo, un contrahecho, un corcovado

La causavan grandíssima molestia:

Hacía sobre todo (es hecho cierto)

Escrúpulo de ver a qualquier tuerto.

XCVI

No sufría en su Quarto una figura
8565

Que pudiesse espantarla algunos ratos,

Aunque fuesse esquisita la pintura.

Ni tolerar podía los Retratos,

Que tal vez la excitavan calentura,

Como es decir de perros, ni de gatos,
8570

Ni aun de aquellos quadrúpedos, no tiernos

Que están armados (con perdón) de quernos.

XCVII

Porque sabía historias verdaderas

De algunas, que sintiéndose preñadas,

Por mirar Osos, Tigres, y otras Fieras,
8575

Que estavan en sus Cámaras pintadas

(Tanto pueden fantásticas chimeras

En la aprehensión de las embarazadas)

Varios monstruos a luz avían dado

Con horror del marido, y Parentado.
8580

XCVII

Por tanto ya no apruevo que la Gente

Tenga cerca del lecho conjugal,

Como lo veo hacer frequentemente,

Pintado Toro, Cabra, o animal,

Que tenga cuernos; porque fácilmente
8585

Puede a una muger fiel venirla mal,

Como se enseña en todas las Escuelas,

Por estar remirando aquellas telas.

XCIX

Puede tanto el mirar una pintura

En la que encinta está, o flaca, o gruessa;
8590

Que en la aún no bien formada Criatura

Tal vez se estampa aquélla, y queda impressa

Con su color, su forma, y su figura.

Assí lo reconoce, y lo confiessa

El mundo todo, y lo confirma el caso
8595

De Clorinda, cantada por el Tasso.

C

Un Quadro de la Virgen un Pintor

(Fuesse el Corregio ya, o fuesse el Bramante)

Pintado avía de especial candor,

Blanquíssimo, y bellíssimo semblante.
8600

Muchas vezes orava con fervor

La Madre de Clorinda allí delante.

Nació Clorinda blanca con disgusto

De su Madre, que tuvo grande susto.

CI

Por poco no causó a la negra Madre
8605

La blanca hija el más trágico accidente,

Porque, siendo ella negra, y negro el Padre

Se imaginó que mui probablemente

Pensaría, como hizo otro Compadre,

Menos bien de su fe siendo inocente,
8610

Borrando de la hija la blancura

El honor de la Madre, y la fe pura.

CII

Y por no dar al crédulo marido

La prudente muger motivo alguno

De sospecharse mal correspondido,
8615

Una Niña pidió de color bruno,

que otra buena muger avía parido,

Fiando este secreto a sólo uno

Y el buen Rey, no en verdad de los más duchos

Que era suyo creyó, como otros muchos.
8620

CIII

Mas la Madre después, compadecida

De la hija, entrególe en una cesta

A un fiel Criado, y fue tan bien servida

Que lo ignora el Marido a la hora de esta,

Y aun al mundo estaría hoi escondida,
8625

Si no la huviera hecho manifiesta

De el Gran Tasso el Clarín siempre sonoro,

Que de las Musas acompaña el Coro.

CIV

Porque son tan parleros los Cantores,

Que ninguno los sabe hacer callar,
8630

Y por eso disculpo a los Señores,

Que hoi día no los pueden tolerar;

Y es que haciendo ellos mismos mil errores,

Tienen mucha razón de recelar

Que los publiquen cuerdos, o imprudentes,
8635

Y los hagan juguete de las gentes.

CV

Volviendo al Tasso, el Tasso fue un Poeta

Digno del lauro, que la sien inunda.

O Bérgamo feliz, Madre discreta

De Ingenios, y de Héroes tan fecunda
8640

Que igualas, si no excedes qualquier meta

De la que más en esta specie abunda;

Y aun la Toscana no, no haría ascos,

Gloria sí, de infinitos Bergamascos.

CVI

Esto lo digo por aquel gran necio,
8645

Que, por aver en Bérgamo nacido

El Tasso, le trató con tal desprecio,

Como si el Canadá fuesse su nido.

Apuesto un ojo contra otro qualquier precio,

A que el mismo simplón, sino ha perdido
8650

El juicio, daría hoi qualquier cosa,

Por ser hijo de Bérgamo gloriosa.

CVII

De Bérgamo que al Tasos dio la cuna,

Al Tasso, que es de todos estimado,

No ya porque no tenga mancha alguna,
8655

Porque de manchas no está exceptuado

El mismo Sol, por no hablar de la Luna.

Y ya que al Gran Torquato hemos nombrado,

Confiesso la verdad, callar no puedo

De el feliz Traductor de su Gofredo.
8660

CVIII

Espero cierto, y no espero en vano,

Que a sí mismo inmortal se hará algún día,

Y a Milán ha de hacer honor la mano

Que escrivió tan hermosa Poesía

Por lo qual conservándote tan sano,
8665

y grande; como estás con alegría

Prosigue Ballestieri tu camino,

Que el juzgarte incapaz, es desatino.

CIX

Acaba de una vez, y haz estampar

Tu bellíssima amena traducción;
8670

Porque tu gloria no podrá faltar,

Publicada que sea la impressión.

Acaba de una vez; deja de andar,

Haciendo de el cobarde, o de el poltrón

No temas que a ninguno gastar pese
8675

En comprar al Gofredo Milanese.

CX

Y lo que digo a Balestieri; digo

A otros hermanos míos Transformados,

Que al uso antiguo, dixo cierto Amigo;

Son mui modestos, esto es, descuidados,
8680

Y parece, que no se les da un higo

De no ser en el mundo celebrados.

Y assí dejan las obras más limadas

En oscuras tinieblas sepultadas.

CXI

Tanta modestia mucho me disgusta,
8685

Y aun me disgusta más tanto descuido:

Ser audaz es tal vez cosa mui justa,

Y no siempre malo es ser atrevido

(Nada se me da a mí, si esto no os gusta)

No se estima el Tesoro, no, escondido.
8690

Es repressión el Pánico temor,

Y Frai Modesto nunca fue Prior.

CXII

Pues componéis en verso noblemente;

Y notablemente componéis en prosa,

Haced ver lo que sois a toda gente
8695

Ni vuestra Musa sea vergonzosa.

Salga a luz lo que esconde adredemente,

Essa modestia tropo melindrosa.

Dad uno, dad dos tomos a la Imprenta,

Y lo demás dejadlo de mi cuenta.
8700

CXIII

De el Plátano Real la augusta sombra

Ya por todos vosotros se derrama.

Ya su raíz se estiende, ya se nombra

En toda Europa a gritos de la fama.

Más de un Ingenio estraño (y no me asombra)
8705

Por agregarse a vuestro Gremio clama.

Rabia le Envidia en vano, y aun los vientos

Amenazan en vano a sus cimientos.

CXIV

Vientos rabiosos de furor en vano

Os armáis contra el Plátano robusto
8710

Inútilmente derrivarle al llano

Pretendéis. No altera, no su gusto

Esse vuestro furor tan inumano,

Y es para él diversión en vez de susto.

Inútilmente intenta al Tronco hacerle seco
8715

De el Toro, y de el Castrón el cuerno hueco.

CXV

Hasta oy dulcemente le han regado

En tiempos secos, y de varios modos

Con su afán y sudor le han cultivado

De nuestros Transformados casi todos;
8720

Mas al mundo no le han comunicado

Los frutos (sin temor de sus apodos)

De la planta feraz; pero hágase esto,

Que se debe de hacer, y embido el resto.

CXVI

Si el ecco de sus Cýtaras sonoro
8725

Pudo en un tiempo ser grato al oído;

Ya que estuvo por tanto su decoro

Silencioso de humilde, o de encogido,

Hoi más que nunca del clarín canoro

De la Fama será al Orbe estendido,
8730

Pues si al presente no puede lograrlo,

En lo futuro no, no hai que esperarlo.

CXVII

Todos sabéis lo mucho que debieron

Los antiguos Ingenios soveranos

A los grandes Avuelos que a luz dieron
8735

Al que oy nos govierna. Sus dos manos

Besad: sabed que hicieron...

Prodigios ya de honores más que humanos,

Y esperad, que el magnánimo Señor,

Franqueará a vuestras Rimas su favor.
8740

CXVIII

Si por cierto favores a favores

Añadirá el que todo el mundo aclama,

Obsequios tributándole y honores,

Por Príncipe mayor que su gran fama.

Y porque Insubria goza sus amores
8745

Es obgeto de embidia a quien no la ama.

Príncipe, que entre tanto, y tal manejo,

De las Musas no niégase al Cortejo.

CXIX

Más de uno de vosotros ya ha logrado

Grandes prendas de su magnificencia,
8750

Y puede todo Ingenio esperanzado

Vivir de su favor, y su clemencia.

Ea, pues, la pereza vaya a un lado,

Ya toda cobardía es indecencia;

Tome todo Académico su pluma,
8755

Que lo demás es necedad en suma.

CXX

Después que vuestras obras por la imprenta

Se ayan hecho famosas en el mundo,

Como yo las alcanze, me haré cuenta

De que en parte son mías; y lo fundo
8760

En que es Autor de un bien quien le fomenta,

Y yo, aunque Poetillo no profundo,

Con ocho o con diez Décimas, de intento

A que escriviesseis todos os di aliento.

CXXI

Mas para, para; adónde va mi Musa?
8765

O, por mejor decir, adónde voi?

Ciertamente mi alma está confusa,

Sin saber ni aun yo mismo dónde estoi.

Os pidiera perdón, piedad, y escusa,

Si no fuera por no cansaros hoi;
8770

Y pues conozco que he perdido el tino,

Mejor será volvernos al camino.

CXXII

Bien quisiera seguir yo mi viage;

Pues de Elvira decir mucho me resta;

Mas temo, que ya os canse este potage,
8775

Y que rota tengáis todos la testa.

Si quisiera hablar más fuera un salvage,

Y sería una cosa mui molesta;

Pues diciéndome están vuestros bostezos;

Que cansan, si son largos, aun los rezos.
8780

CXXIII

Yo mismo lo conozco, y lo confiesso,

Que ya es de noche, porque apenas veo.

Lo que he borrado en este gran proceso

Ya me fatiga tanto como leo;

Por lo qual punto aquí; mas no por esso
8785

Creais, que está agotado el parloteo,

Puesto que de Elvira falta decir tanto

Que quizá bastará para otro Canto.

CXXIV

De esta manera de una Suegra sola

Hago dos Yernos; pero no temais
8790

Que junto yo a los dos: os doi parola,

Que por hoi desunidos los veais.

Y en esto no os hago la mamola,

Antes assí menos cansados vais;

Porque el meteros más, en mi conciencia
8795

Sería un pecadazo de imprudencia.


Fin del Canto XI

I

Andando un día fuera de Milán

Sin bastón, con un cierto compañero,

Yo iba siempre tras él pian pian,

Tropezando, y él siempre iba el primero.
8800

Porque llevava un palo de Jayán

Tan largo, como un olmo verdadero.

Dividióle él en dos, diome a mí el uno,

Y assí fue más holgado cada uno.

II

Un Frayle, que debía por fortuna,
8805

O por desgracia hacer en una villa

Dos pláticas, teniendo sólo una,

Qué hizo? no hizo más que dividilla,

Como parten las passas en Osuna,

Y dejó más contenta a la Gavilla,
8810

La qual la oyó con gusto, y nada oyera

Con él, si la embocara toda entera.

III

Me agradó esta invención, y diome gana

De hacer lo mismo yo. Dispuse un Canto

Que no tenía fin (miseria humana!)
8815

Dividíle en dos partes; y por quanto

Ya recité la una. Aora su hermana

Quiero al baile sacar, porque entre tanto

En esto, si no yerro, formo juicio

Que a vosotros y a mí hago un servicio.
8820

IV

A vosotros; por quanto el otro día

Os retirasteis menos fatigados,

Pues antes de sonar la Ave María

A casa os embié ya despachados;

A mí; porque si de esta historia mía
8825

Todos los versos fueren recitados

Faltava la ocasión de empavonarme

De que esta vez venís también a honrarme.

V

Mas no penséis, que sea este artifizio

Mío, por interés o conveniencia
8830

Vendiendo esta leyenda: tan mal juizio

No le sufre mi honor, ni mi conciencia.

No gastará un quatrín quien tuvo el vizio

De comprar mi primera impertinencia.

Gratis tendrá esta otra, y sin usura,
8835

Pues se da como por añadidura.

VI

Siempre que son corteses las personas,

Ciego a su discreción yo me abandono

Sin distinguir Cerquillos, ni Coronas.

Mis cosas no las vendo, se las dono,
8840

Y aspiro sólo a que hombres, y Matronas

Me presten su atención mientras razono.

Qualquiera otro interés huyo y desprecio

Ni mis versos merecen otro precio.

VII

Busquen otros cantando hacer dinero,
8845

Y de sus versos hagan mercancía

El Avaro, el Bufón, y el Lisongero.

A precio de oro venda cada día

Cien mentiras en rima el Embustero:

No es tan baja, y tan vil la Musa mía
8850

Quando canto en Milán, ni su Trompeta

Trompa es de Mercader, es de Poeta.

VIII

Ni tampoco es mi intento por aora

Cantar de tantos Héroes las proezas

Como honran nuestra edad. Mi Musa adora
8855

Sus méritos, su sangre, sus grandezas;

Y aunque no teme ser aduladora,

Teme, si, ciertas lenguas, y cabezas,

Que sospechar podrían al oíllo;

Que mi Canto mirara a su bolsillo.
8860

IX

Porque a decir verdad los pobrecicos

No suelen ser Mezanos de Canciones;

Mas sí los poderosos, y los ricos.

Y la elección en todas ocasiones,

Salvo en mui pocos (pues no quiero ozicos)
8865

Al mérito prefiere los doblones;

Pero yo, que no soy interesado,

Canto porque me oigáis, y estoi pagado.

X

Por esso canto sólo a un hombre muerto,

Y no creo haiga aquí siquiera uno,
8870

Que me tache de injusto, siendo cierto,

Que su notorio mérito a ninguno

Fue inferior. Y ya que aora advierto,

Que passa el tiempo; paréceme oportuno,

De Elvira las hazañas acavar,
8875

Que ayer no tuve tiempo de contar.

XI

Decía, pues, que una muger preñada,

Si no ha perdido enteramente el juicio,

Cosa alguna real, ni imaginada

Deve mirar que al feto haga perjuicio.
8880

Qualquiera fealdad sólo pintada

Altera el feto, y pégale su vicio,

Haciendo nacer negro al que era blanco,

Y que el que era perfeto salga manco.

XII

Provélo de Clorinda con el caso;
8885

Por señas que el tal caso de el camino

Real me desvió, y en esto acaso,

O sin acaso un grande desatino

Cometí, y me arrepiento de aquel passo;

Mas por no perder oy también el tino,
8890

Vuelvo a decir, que Elvira tal vez rara

A los hombres mirava cara a cara.

XIII

Verdad es que por no causar enredos

A su pudor los ojos con las manos

Cubría, y los mirava entre los dedos,
8895

Que entreabiertos dejava en el Verano,

Suplía el abanico aquellos miedos

Con las barillas, medio soverano

Para ver a todo hombre ayroso, y bello

Desde pies a cabeza, cara, y cuello.
8900

XIV

Otra pequeña usava (Elvia) malicia,

Y la tal malizuela era ésta:

En señal de su grande pudicizia

Cubría con un velo rostro y testa.

El velo embarazava a la codicia
8905

De los otros a ver su faz honesta.

Mas la dejava ver como a nosotros

Las hermosas facciones de los otros.

XV

Avía esta cautela Elvia aprendido

En Bolonia, quando era pequeñita;
8910

Porque toda muger, según he oído,

Es allí vergonzosa, y la bonita

No quiere su belleza a un atrevido

Exponer, ocultando lo que irrita:

Por lo demás decía un Boloñés,
8915

Todo el mundo es París, todo Francés.

XVI

Si tal vez algún hombre fijo, fijo

Mirava Elvia por inadvertencia,

Ningún peligro avía (Assí lo dijo

Ella misma) de alguna complacencia.
8920

Todo lo hacía por el bien de el hijo,

Y no por acto de concupiscencia;

Porque su temperamento era mui frío,

Bien que yo en esto de ella no me fío.

XVII

Toda muger compárase a un Pintor,
8925

Que forme a pinzeladas los retratos,

Pálidos, negros, blancos, a tenor

De los que allá en su idea algunos ratos

Formando va. Assí, dice un Autor,

Los hijos son ya feos, o ya gratos,
8930

Según lo que la Madre tiene in mente,

Lo qual se entiende hablando comúnmente.

XVIII

Y si vemos tal vez de un Padre feo,

Que tiene una Muger blanca, y hermosa,

Nacer hijos, que en nada a su hymeneo
8935

Se parecen, es cosa peligrosa

Pensar mal de la Madre. Ni yo creo,

Que nadie pensará de ella tal cosa,

Porque, si bien podrá ser verdadera,

Un juicio temerario es cosa fiera.
8940

XIX

Esto nace; o nacer puede a lo menos,

De que en toda Muger la fantasía

Es mui viva, y si mirando obgetos llanos

De diversas facciones cada día,

Estos mismos se estampan en los senos
8945

Tiernos de el feto, que a luz embía,

Y assí de un Padre feo nace adrede

Un hijo mui hermoso, o nacer puede.

XX

Por esso, si ocurría la ocasión,

Nuestra Elvira alegrávase mirar
8950

Ya un Mozo lindo, ya un gentil Garzón.

Y al contrario sus ojos tolerar

No podían un torpe mascarón.

Y a otra parte volvíanse a girar,

Como en Roma, Pekín, París, y Amberes,
8955

Y en todo el mundo lo hacen las mugeres.

XXI

Por lo demás de Elvira las ogeadas

Casi estoi por decir, que eran mui puras,

Y no ya penetrantes más que espadas,

Como son las de tantas Criaturas
8960

Que hacen arder a ciertos camaradas

En llamas vivas, quando ellas mui seguras

Se mantienen tan frías, como un hyelo,

Sin sudar por su amor siquiera un pelo.

XXII

Mas y qué emportará, que ellas no sientan
8965

El fuego, si se fingen encendidas,

Y sus ojos saetas acrecientan

Afectándose en brasas convertidas?

Qué importa, que a sus ruegos no consientan

De los otros, haciendo de ofendidas,
8970

Si con aquel mirar enternecido,

Dispiertan al que estava más dormido?

XXIII

Fomentan en los hombres la esperanza

Las Mugeres con sus dulzes miradas,

Y alientan más y más su confianza,
8975

Haciéndolos creer que están prendadas

De ellos, que creyendo con baladanza

Las Islas ya tocar afortunadas

Se hallan en alta mar, y en un instante

Quien se soñó montado, hallóse Infante.
8980

XXIV

Porque aquella, que ayer se le mostrava

Tan inclinada a él, retira el freno,

Y le hace conocer, que sólo dava

Hojas en vez de fruto. Lo más bueno

De todo es, que ella después se alava
8985

A sí misma con ánimo severo,

Teniéndose por casta e inocente

La que hizo tanto mal adredemente.

XXV

El burlado infeliz se desespera

Se consuma, se seca hasta los huesos,
8990

Blasfema contra el Cielo, y la Embustera

Muger fue ocasión de estos excesos

Con aquella su ogeada lisongera,

Que al pobre Mozo revolvió los sessos.

Ojo, Señoras, ojo a esas ojeadas
8995

Y aprended de Elvia a ser más remiradas.

XXVI

Era el suyo un mirar magestuoso,

Que ganava atenciones y respeto:

A nadie alteró el sueño ni el reposo,

Y a todo corazón le dejó quieto.
9000

Antes bien observó cierto curioso,

Que infundía pureza con efeto.

Tan casta y tan púdica Elvira era,

Que quiera Juvenal, o que no quiera.

XXVII

Todos sabemos ya que Juvenal
9005

Era un hombre podrido hasta los ojos.

Y siendo él tan perverso hablava mal

De todos, buenos, malos, sanos, cojos.

No sólo ya a la especie racional,

Mas aun a los mismos Dioses dava enojos.
9010

Reduzgo a una palabra el panegírico:

Era el tal Juvenal un gran Satírico.

XXVIII

Los Satíricos son tal vil canalla,

Que dirán mal de el mismo Padre Santo.

Ninguna circunstancia los acalla,
9015

Ladran, y muerden aunque sea un canto.

A su mayor Amigo dan batalla,

Hacen con sus Parientes otro tanto,

Y aun tal vez (éste no es paralogismo)

No se perdona un Sátiro a sí mismo.
9020

XXIX

Si debemos dar crédito a estos tales,

El mundo está atestado de Jumentos.

En él sólo se estiman los costales,

O los talegos de oro, en que hai cien cuentos.

La Injusticia manda hoi los tribunales,
9025

La Fe murió en el mil y setecientos.

La virtud y la Ciencia desterradas,

La Ignorancia, y maldad intronizadas.

XXX

Al oír los Satýricos modernos,

Parece que se acerca el fin del mundo,
9030

Y según sus lamentos sempiternos,

Las ciencias se calaron al profundo.

Los Literatos no oyen más que eternos

Desprecios. Yo respondo, y los confundo,

Que el mundo es como fue, y en adelante
9035

Será lo mismo de hoi: esto es constante.

XXXI

Si miserables son, y pobretones

El día de hoi no pocos Literatos;

Quántos en todos siglos, y ocasiones

Se han visto sin camisa, y sin Zapatos?
9040

Siempre ha avido en el mundo mil hombrones

Despreciados de muchos mentecatos:

Siempre huvo en él docientos Protectores

De Músicos, de Enanos y Cantores.

XXXII

Pero un Sátyro siempre avinagrado
9045

Todo lo mezcla; quando todo acusa.

Dice, que el proteger a un gran Letrado

En los Señores Grandes ya no se usa;

Y que hoi día está todo en tal estado,

Que puede ir a enterrarse toda Musa,
9050

Porque por la mejor no avrá Mezenas,

Que el día de hoi dé quatro verengenas.

XXXIII

No avrá un Diablo que ahorque entre dos palos

A estos Sátyros, classe de Borricos;

Que a todos, sean buenos, sean malos
9055

Sean Nobles, plebeyos, pobres, ricos,

Tártaros, Turcos, Moros o bien Galos

Estampan sus dos pies en los ozicos,

Y aun se atreven tal vez tales personas

A perder el respeto a las Coronas?
9060

XXXIV

Desacreditan digo (esto se entiende

Quanto está de su parte) aun al más Santo;

Mas su livor no siempre los ofende,

Pues todo hombre de bien desprecia tanto

Sus dichos, que ni en burlas los atiende,
9065

Haciendo el mismo caso de su canto,

Que se hace en París, Madrid, Osuna

De los perros, que ladran a la Luna.

XXXV

Antes tal vez las lenguas maldicientes,

En lugar de quitar añaden fama.
9070

Como aquel cierto humor que entre las Gentes

Chímicas Oleoso humor se llama,

El qual vertido en fuego, a las ya ardientes

Brasas, no las apaga, las inflama,

Y la encendida hoguera siempre crece
9075

Al passo que el humor más la humedece.

XXXVI

Como palma de el viento que oprimida,

Se alza al Cielo más recia, y más robusta;

La Fama assí, quando hállase investida

De lengua vil, malédica, e injusta,
9080

Se dobla, sí, mas no resta abatida,

Antes brilla más clara, y más venusta,

Porque el que injustamente al bueno assalta,

En lugar de oprimirle, más le exalta.

XXXVII

Y volviendo a mi assunto; aunque de Elvira
9085

Habló mal Juvenal, y sin respeto,

Diciendo con grandíssima mentira,

Que no era su mirar mui circunspeto.

Nada pierde su mérito en la ira

De aquel Autor malévolo, e indiscreto,
9090

Antes bien yo la estimo por instantes

Cien vezes más, que la estimava antes.

XXXVIII

Paréceme que un poco me he encendido

Con Juvenal, y tantos Juvenales,

De que está nuestro siglo abastecido.
9095

Si el gremio numeroso de parciales,

Que tiene, se me dé por ofendido,

Pobres costillas mías! estos tales,

Si se suelta el furor que reconcentran,

Son Torrentes que arrastran quanto encuentran.
9100

XXXIX

Antes, que se los mueve el quieto chilo

O el atra bilis, quiero, y soi contento

En Penitencia, de mudar estilo,

Esto es de volver a mi argumento.

Decía pues (atando el noto hilo)
9105

Que por sacar en Tulio un gran portento,

Hizo Elvira quanto era de su parte

Ya por naturaleza, ya por arte.

XL

Fuera de esso primero que naciesse,

Procuró fecundar su fantasía
9110

De ideal, con el fin que docto fuesse,

Y por tal celebrado en algún día;

Porque quiso la dicha, que leyesse

Elvia buenos Autores, y sabía,

Que Ciencias, o bien ya Literatura,
9115

Según Platón, obra es de la Natura.

XLI

Quiere este Autor, que, estando aún recluso

El Infante en el útero materno,

Tenga un saber, que él mismo llama infuso;

Porque pretende, que por ser tan tierno
9120

Se estampa en él un Rayo algo confuso,

Cuya luz destello es del Sol eterno,

Y de ellas nacen, como plantas gratas,

Las que llama él ideas como innatas.

XLII

Para comunicar estas ideas,
9125

A su hijo, no obstante ser tan varias,

Abandonava Elvira sus tareas,

Y aun las cosas tal vez más necesarias.

Nunca hablava de hermosas, ni de feas,

Mas siempre de materias Literarias,
9130

Estando a tú por tú con su Marido,

O con otro hombre docto, y entendido.

XLIII

Si ocurría tratarse una questión,

Cosa, que entre ellos mui frequente era,

Quería Elvia tener siempre razón,
9135

Bien que lo hacía con gentil manera;

Pero siempre en qualquier conversación

Avía de hablar ella la postrera,

Porque éste en variedad de pareceres,

El gran privilegio es de las mugeres.
9140

XLIV

Quizá avrá visto alguno, que espiado

Aya las cosas diligentemente;

Como Tulio, que al fin era dotado

De una clara, sutil, y aguda mente;

Aplicava su oído delicado,
9145

Y aprendía quizá naturalmente,

(Aunque yo no lo entiendo) quanto oía

Bien que estava en el vientre todavía.

XLV

Y de aquí nació en él, a lo que pienso,

Aquel genio que siempre fue creciendo,
9150

Aquel desseo, y apetito inmenso

De saber, que cada hora iba subiendo,

Siendo cada momento más intenso

El hipo de ser sabio; y yo pretendo,

Que todo debe ser atribuido
9155

Al gusto que mostró aun sin ser nacido.

XLVI

Acostúmbrase (es cosa natural)

Un Niño, quando se halla todavía

En el vientre Materno al bien o al mal,

Como lo enseña la filosofía.
9160

Hace lo que su Madre en caso igual,

Porque la está observando noche y día.

O a lo menos después naturalmente

Movido a hacer lo mismo que se siente.

XLVII

Por eso vemos oy en los Señores,
9165

Tantos hijos nacer afeminados,

Cortejantes, oziosos, Jugadores,

Dormilones, y en todo descuidados.

Amigos de canalla, bebedores,

Y poquíssimos de ellos cultivados,
9170

Discurriendo de modas, cofias, telas

Y de otras mugeriles bagatelas.

XLVIII

Dime Tú con quién andas, y quién eres

Yo te diré, dice el refrán, provado

Con la experiencia entre hombres y mugeres.
9175

Lo que quiere decir, bien explicado,

Sin que haiga Variedad de pareceres,

Que todos, todos de qualquier estado,

Nos parecemos ordinariamente

A quien tratarnos cotidianamente.
9180

XLIX

Elvia por lo común sólo tratava

Con gente docta y sabia. Si venía

Un Necio a visitarla, la asserrava.

Sufrir a un Petimetre no podía.

A ningún Novelista oídos dava,
9185

Y a todo cortejante despedía.

Los Literatos eran su consuelo,

Los demás para ella un puro hyelo.

L

Cosa en aquella edad Rara; no en ésta,

En que las Damas muestran mayor juicio,
9190

Quando a los virtuosos tanta fiesta

Hacen, abandonando aquel prejuicio,

Que encajado tenían en la testa

Las Mugeres en tiempo de Fabricio,

Las quales sólo amavan sus maridos,
9195

Costumbre hoi abolida en nuestros nidos.

LI

Y no me diga alguno ser incierto,

Que de los Virtuosos son amantes.

Todos saben que el hecho es hecho cierto

Todos, digo, los mimos ignorantes.
9200

Negarlo será hacer el mayor tuerto

Entre las damas a las más brillantes,

Las que lejos de ser mui enemigas

De la virtud, son hoi las más amigas.

LII

Oy día el bello sexo está aplicado
9205

A honrar a todo aquel que en semi-tonos,

Y en cromáticos es más celebrado,

Y el que más diestro es en todos Tonos:

Por mayor Virtuoso es aclamado

En Italia, de Monas, y de Monos.
9210

O adorable virtud! O virtud clara!

Quién te ha de conocer por essa cara?

LIII

Mas, si son virtuosos los Cantores,

Y virtuosas son las Cantatrizes,

Virtuosos serán los Ruiseñores,
9215

Los Cuervos, las Calandrias, las Perdizes,

Virtuosos los Gallos, los Olores,

Virtuosas también las Codornizes,

Y aquellos tiernos pájaros, que en Mayo

Cantando, de su amor hacen ensayo.
9220

LIV

Más de una vez a alguno he preguntado,

Por qué se le da un nombre tan opuesto

A su carácter? y nadie me ha llenado,

Porque uno dice cesta, y otro cesto.

Sólo nuestro Bartolo me ha aquietado,
9225

Diciendo, aunque en tono mui modesto,

Que en su juicio se llaman assí oy día,

Por antífrasis, o bien por ironía.

LV

Las mugeres no saben de figuras,

Ni Retórica que nunca han estudiado
9230

Y como oyen en muchas coyunturas

Por Virtuoso a un Músico aclamado,

Creen (y en esto van seguras)

Que de toda virtud está adornado

Y por mostrar quánto veneran ésta,
9235

Hacen a todo Músico gran fiesta.

LVI

Viendo algunas que hoi se estiman tanto

Los Músicos, y que va ufano y pomposo

Alguno, sin más mérito que el Canto,

Quisieran que al tal músico orgulloso
9240

Sacudiera yo el válago algún tanto.

Mas qué me importa a mí? quiero en reposo

Dejarlos; pues soi hombre que en efeto

En lo que no me importa, no me meto.

LVII

Assí lo hacía el bello natural
9245

De nuestra Elvira; dejava andar al mundo,

Como andar lo veía, bien o mal,

Sin que nada alterasse su profundo

Dulce sueño, ni su semblante igual;

Y gozava un sosiego sin segundo.
9250

Sola una cosa allá dentro del pecho

La inquietava, y no hacíala provecho.

LVIII

Aquí, oyentes conviene suponer,

Que aún no avía nacido Cicerón,

Y que usa Bartolo en componer
9255

El estilo que llaman de Saltón.

Quiero decir, que déjale correr

Saltando aquí y allí, que en conclusión

Es como un trabajar de Cordeleros,

Quanto más laboriosos, más zagueros.
9260

LIX

De otro modo: Bartolo escrive al uso,

Que los Cangrejos andan (azia atrás)

Cosa que le hace un si es no es confuso,

Por no decir alguna cosa más.

Juzga el Letor que al fin está, y deluso
9265

Se halla al principio, y dase a Barrabás:

Digan Ustedes si esto es malo, o bueno;

Porque yo no lo apruevo, ni condeno.

LX

Si alguno es de sentir, o si porfía

En que no sabe andar azia adelante,
9270

Y que no entiende de Cronología,

O que escrive en Romance de Pedante,

No le condene no por vida mía

Ni le trate de Autor envergonzante,

Antes bien (dice un gran Peripatético)
9275

Essa es prueva de Ingenio assaz Poético.

LXI

Virgilio comenzó de el cuerdo Eneas

La historia, por su arrivo allá en Cartago:

Saltó después a las marañas feas

De Sinón, embustero más que Mago.
9280

Imitó Juan Bartolo en sus tareas

Al gran Marón; yo justicia le hago;

Porque seguir el orden natural,

Esso lo hace el Autor más dozenal.

LXII

Y aquello, que a la menos docta gente
9285

Parece yerro, o falta de memoria,

Astucia es del Autor que adredemente

Embrolla de propósito la historia,

Porque nadie presuma vanamente

Inferir lo que falta, ni haga gloria;
9290

Pues una vez sentado este supuesto;

No es fácil prevenir qué dirá el resto.

LXIII

Y assí saber vosotros la razón

Por la qual gime Elvira, y triste llora

Escondida allá dentro de un rincón
9295

No la sabréis, o no os la digo aora.

Movido su marido a compassión,

Viendo tan afligida a la Señora,

Come Hija (la decía) algún bocado,

Que este apetito está mui estragado.
9300

LXIV

Era entonces de pocos estimada

La muger, que no hacía muchos hijos,

Y mucho más si era muger casada.

Contaba Elvira quarenta años fijos,

Sin tener uno sólo: esto la daba
9305

Gran pena, y la causava retortijos,

Pareciéndole el caso un poco estraño,

Porque hacía mil votos cada año.

LXV

Con todo, quanto el Cielo oyó piadoso

Sus justos ruegos, que no fueron vanos,
9310

Dándola un hijo bello, y tan gracioso:

Aunque en Arpino aún no avía Cristianos,

Como los huvo en tiempo más dichoso,

Al Cielo levantando ojos y manos

La buena Elvira fervorosamente
9315

Dirigió a Jove la oración siguiente.

LXVI

Padre Jove, a mis ruegos, y a mi llanto

Un hijo has concedido, que por cierto

Vale; mi voz no alcanza a tanto

Que pueda declarar el gran contento,
9320

Que en su concepción tuve: más por tanto

Si ha de ser el tal hijo mi tormento,

Quiero decir un pícaro vagante,

O gran Padre, quitádmelo delante.

LXVII

Haz, que yo cumpla las obligaciones
9325

De buena Madre con este hijo mío;

Infundid en su pecho inclinaciones

Nobles, de pundonor, virtud, y brío

Y que el Niño quando ande ya en calzones,

Vaya a la escuela, haga calor o frío,
9330

No haciéndose de pencas, ni roncero,

Y que no salga un pobre majadero.

LXVIII

Dixo, y el caro Niño estrechó al seno.

Mas la oración apenas terminada,

Se vio a su mano diestra el quarto lleno
9335

(Cosa en aquel tiempo acostumbrada)

Una gran llama, sin fragor ni trueno,

Con la qual quedó Elvira consolada,

Y firmemente bien persuadida

A que del Cielo avía sido oída
9340

LXIX

Esta Oración, y otras semejantes

Las Madres de oy a Dios todos los días

Deberían hacer por sus Infantes;

Mas ellas piden otras gullerías,

De la Oración de Elvira mui distantes,
9345

Diciendo que éstas son bigoterías,

Por lo qual, si tal vez a orar se atreven,

Claman por todo aquello, que no deben.

LXX

El Cielo da a una Madre una hija hermosa

Y pide a Dios con toda devoción
9350

Que se digne de hacerla tan dichosa

Que a un rico enamorar sepa Garzón,

Y que éste la pretenda por esposa

Sino dote, y que después (como es razón)

La dé todos los gustos que pidiere,
9355

Dejándola a ella hacer lo que quisiere.

LXXI

Tiene otra un hijo, y pide luego al Cielo,

Que le destine a un cargo tan brillante

Como fue el de su Padre o de su Avuelo,

Aunque el tal Nieto sea un ignorante.
9360

Mas sobre todo que la dé el consuelo

De lograr tina Nuera Rozagante,

Que traiga rica dote con efeto

Y que a ella la tenga gran respeto.

LXXII

Suelen, o Madres, ser de este tenor
9365

Las súplicas, que al Cielo dirigís

Y aun tal vez suelen ser cosa peor

Lo que queréis, o aquello en que insistís:

Y assí debéis temer diga el Señor;

Que no sabéis las cosas que pedís.
9370

Como, según afirma S. Matteo,

Respondió a la Madre del Zebedeo.

LXXIII

Aprended, pues primero, a bien orar,

Si queréis ser de Dios bien despachadas;

Pero como es preciso cooperar,
9375

No debéis vos estar tan descuidadas:

Día y noche debéis siempre velar

En educar los hijos, empeñadas

Sobre todo en hacerlos mui Cristianos,

Después doctos, mui cuerdos, y mui sanos.
9380

LXXIV

Prudente Elvira, acudió a los Dioses todos,

Pidiéndolos, que a Tulio hiciessen bueno,

Mas ella por su parte de mil modos

Cooperó al mismo fin con todo el lleno

De su deber que el no arrimar los codos,
9385

Y estarse con las manos en el seno,

Pidiendo a Dios milagros, es tentarle,

O como dice un Santo, provocarle.

LXXV

Y si Elvira hizo tanto a benefizio

Del hijo, aun quando no avía nacido,
9390

Podrá inferir qualquiera hombre de juicio,

Lo que hacía después de ya parido;

Porque yo, por no incurrir el vizio,

De prolijo, pesado, y detenido,

Omitiendo las cosas principales,
9395

Sólo quiero contar las más speciales.

LXXVI

Lavava Elvira todas las mañanas

A su hijo con agua clara y fría,

Que el agua especialmente en tierras llanas,

Hace crecer las plantas cada día,
9400

Y un gran Dotor escrivía más de cien planas,

Para provar, que es húmida, y que enfría

Los nervios, los refuerza y humedece,

Y hasta los mismos huessos endurece.

LXXVII

No calló esta verdad el gran Omero
9405

Quando con toda seriedad nos cuenta,

Que Tetis, Madre del Marcial, y fiero

Aquiles, por tres vezes en su cuenta,

Le zabulló en el río, y a este agüero

Atribuye el Autor, si él no lo inventa
9410

La virtud, o patraña imperdonable,

De que el agua hace al hombre invulnerable.

LXXVIII

O qué gusto sería en los guerreros

De aquel tiempo el andar en las hileras

De el enemigo, aun quando fuesse en cueros
9415

Tan seguros (y dígolo de veras)

Como están los poltrones verdaderos

Tendidos en sus camas sobre esteras!

Si se lograra esta fortuna hoi día,

Nuestro Siglo qué de Héroes contaría!
9420

LXXIX

Bien sé, que el Padre Omero adredemente

Con otros sus amigos camaradas

No eran escrupulosos ciertamente

En contarnos verdades apuradas.

Hablaban siempre mysteriosamente,
9425

Y es cosa natural, que las soñadas

Virtudes, con que al agua enriquecieron,

Por las truchas, y anguilas lo digeron.

LXXX

Y si hoi día se encuentra algún tal qual

Inglés, que aya leído esta mentira,
9430

Y atendiendo al sonido material

En agua helada, con aquella mira

A sus hijos zabulle, moda tal

Tiritar me hace a mí de frío, y de ira;

Pues no hago poco si con agua clara
9435

Lavo tal vez las manos, y la cara.

LXXXI

Y no quisiera yo, si hijos tuviera,

Avezarlos a tan estraño juego;

En vez de esso a beber los indugera

Mucha agua, porque ésta templa el fuego,
9440

Y lo mismo también persuadiera

A todo hombre colérico, a quien ruego

Crea, que el agua clara y cristalina

Es para todos grande medicina.

LXXXII

Mas de nuestra salud los Taberneros
9445

Tienen hoi día un zelo singular,

Beben el vino puro, como Cueros,

Y el agua procúranle guardar

Para otros. Yo les digo: Cavalleros

En mi salud tócame a mi pensar,
9450

Y no es razón que alguno los imbuya

En cuidar más la agena, que la suya.

LXXXIII

Yo hidrófilo no soi, y discurrir

Dejo a ciertos Modernos Medicastros

Que hacer tragar nos quieren o imbuir
9455

Que el agua sin [reripe] ni emplastos

Todo lo cura, atrévome a decir

Que de la Medicina son Padrastros

Los que aclaman al agua en todo mal

Por divino remedio universal.
9460

LXXXIV

Por lo que toca a mí constantemente

Diré, que el vino nos conserva sanos,

Como se beba moderadamente.

Los demás todos son discursos vanos,

Y me confirmo viendo comúnmente,
9465

Que los que dan elogios Soveranos

Al agua, sin medida, y aun sin tino;

Ellos no obstante aplícanse al buen vino.

LXXXV

Por lo menos Elvira assí lo hacía

Mientras al Niño Tulio el pecho daba,
9470

Mucho al agua alavava, mas bebía

El vino más añejo que encontrava

Porque estava enformada, y bien sabía,

Que alegra el corazón, y aunque alavava

El agua cada día más y más,
9475

En todo un año no la probó jamás.

LXXXVI

O ya fuesse por arte o por natura

Logró Elvira el gran don de la templanza:

Sin embargo en aquella coyuntura

Bebía assaz contra la antigua usanza,
9480

Y assaz comía, pero bien segura

De que fuesse mui sana la pitanza;

Que el comer y beber hace provecho,

Para que acuda mucha leche al pecho.

LXXXVII

La leche es la que da fuerza y vigor
9485

A las Obejas bien apacentadas.

Que por esso procura el buen Pastor

Conducirlas, después de descargadas

A donde sabe está el pasto mejor

Que las llena de Yerba, y engordadas
9490

Ellas mismas con yervas y tomillos,

Crían tiernos, y gordos Corderillos.

LXXXVIII

Si Elvira, pues, comía un buen bocado,

Si bebía buen vino, era mui justo,

Ni piense por aí algún desalmado
9495

Que el beber y comer era por gusto:

Hacíalo con fin mui acertado,

Esto es por criar sano y robusto

Al hijo, y quien juzga lo contrario

Hace un juicio maligno, y temerario.
9500

LXXXIX

Gracias al Cielo, que lo que es en esto

Las hijas y las Madres de Familia,

Aunque de Elvia no tengan el pretesto,

La imitan que es por cierto maravilla.

Y si assí la imitaran en el resto
9505

Serían aplaudidas en Castilla

Por lo demás de Elvira la fortuna

De comer y beber no embidia alguna.

XC

Y si es que alguna carne, o bebe poco,

Contra el común y mugeril estilo,
9510

Es por el miedo (sea cuerdo o loco)

De no afear la cara, o porque el hilo

De el sutil talle engorde poco a poco

Con la sustancia del robusto chilo,

O por otro mecánico respeto,
9515

Que no es por lo común el más perfeto.

XCI

Antes bien nuestras Damas de ordinario

Suelen hacer mui poca diferencia,

Entre el tiempo que nota el Kalendario

De Carnaval, de ayuno, y penitencia.
9520

Siempre tienen un mal imaginario

Para desobligarse a la abstinencia,

Y sin hacer escrúpulo ninguno

La Quaresma atropellan, y el ayuno.

XCII

Un Médico no falta indulgente,
9525

Que por no disgustarlas, las concede

Que coman carne cotidianamente,

Y del ayuno, que fácilmente puede

Hacer cada una, no se habla adredemente,

Pues juzgando, que de él essenta quede,
9530

Con corazón tranquilo, y mui sereno

Ni aun consultar se digna al plácido Galeno.

XCIII

Créense, por ser Damas, con poder

Para hacer quanto quieren en conciencia,

Y buenamente juzgan no tener
9535

Necesidad de hacer más penitencia.

Piensan que darse puedan al placer

Todo el año con cándida inocencia,

Y, que haciendo assí, daran un vuelo,

Que las meta de patas en el Cielo.
9540

XCIV

Pero verán, verán las pobrecitas,

Quando la cuenta den de la semana,

Que ellas también, a no ser tan benditas,

Vivir vida debían más Cristiana

Y que al Cielo no guían esquisitas
9545

Sendas de Tierra tan florida y llana,

Como ellas mismas se abren, y procuran,

O, por mejor decir, se las figuran.

XCV

Verán, verán que no se llega al Cielo

Sin mucho padecer acá en la Tierra,
9550

De hambre, de sed, de ardor, y hyelo;

Qu[e] la vida del hombre es una guerra,

Y continua barulla acá en el suelo;

Y en fin verán quánto desbarra, y yerra

Aquel que piensa, sea mozo o moza;
9555

Irse derecho al Cielo en su carroza.

XCVI

O a quántos este error ha seducido!

Y a quántos los seduce todavía!

Un modo de vivir se ha introducido

Tan delicado (y lo es más cada día)
9560

Tan sensual, tan flojo, tan podrido,

Que temo por mi fe, y por vida mía,

Que el tal modo no sea mui Cristiano:

Ojalá que mi miedo fuesse vano.

XCVII

Si la vida del hombre fue llamada
9565

Una guerra continua en esta tierra,

Ya no sé, por mi ánima jurada,

En qué consista en muchos la tal guerra;

Porque, la cosa bien considerada,

Me parece, si el juicio no lo yerra;
9570

Que en los más una paz es incesante,

Algazaras, tripudio, y adelante.

XCVIII

Pero al fin será un día coronado

Sólo aquel, que bien aya combatido,

Y el que no huviera sido buen Soldado,
9575

No será por Cristiano conocido.

Mas ya sobradamente he predicado

Sobre este assunto; y temo que al oído

Me diga alguna a boca hinchada y llena,

Que no meta mi hoz en mies agena.
9580

XCIX

Por esso aquí lo dejo, y me descargo

En quien mover a emienda y a penitencia

Tenga el ofizio, o sea de su cargo

A tantos, que no observan la abstinencia,

Lo que me causa a mí un dolor amargo;
9585

Mas como yo no tengo esta incumbencia,

Dejarlo quiero a aquellos a quien toca,

Y assí en esta materia punto en boca.

C

Es verdad que esta tecla raras vezes

La tocan nuestros Padres Oradores;
9590

Y aun aquellos que no son casa-nuezes

Si la tocan, la tocan con mil flores,

(Por no sufrir los zeños y esquivezes

De ciertas Auditrizes, y Auditores)

Quiero decir tan delicadamente,
9595

Que se queda en ayunas mucha gente.

CI

Yo los ruego de hablar algo más claro

Por bien universal de sus Oyentes;

Un estilo sutil, sublime, y raro

Se les passa por alto a muchas gentes.
9600

No es razón que vender quieran tan caro

De la Ley las puríssimas corrientes,

Que a beber para su mayor provecho,

Todos tienen justíssimo derecho.

CII

Pastores sois del gran redil Cristiano,
9605

Y es de vuestro deber el fundamento

Las reses conducir a un pasto sano,

Pero no apacentarlas de ayre y viento.

Ni os escusará el pretesto vano

De que ellas tienen poco entendimiento;
9610

Por lo mismo es mayor vuestro delito,

Como lo dice Dante mui clarito.

CIII

Mas me diréis que estoi ya mui pesado:

Tenéis razón, y assí, mudando assunto

Vuelvo a mi Elvira. Juzgo la he dejado
9615

De Madre, y de Nutriz haciendo junto

El ofizio, y guardando con cuidado

Lo que Ypócrates dice en este punto,

Que durante el dar leche al recién nato,

La Madre observe estrecho celibato.
9620

CIV

Por tanto, amigo Marco, si quisieres

(Puesto que en casa estás aora ozioso)

Emprende algún viage, y donde fueres

No vivas agitado, o cuidadoso

Que cuidarán del Niño las mugeres,
9625

Y Elvira, como fuerte, de su Esposo

Llevará en paz la necesaria ausencia,

Y, por lo que es en mí, te doi licencia.

CV

Aquí no has de hacer cosa de provecho,

Y assí vete a Bolonia; mientras tanto
9630

Te doi palabra que en dejando el pecho

Tulio, y su Madre se refuerze alquanto,

De llamarte; y he aquí, que dicho y hecho

Parte Marco, y con secreto llanto,

Estas pocas palabras a Elvia dijo:
9635

Cara Esposa, el honor, la casa, el hijo.

CVI

Elvira quedó un poco contristada,

Y una y otra megilla humedecida

Se vio quando partió su prenda amada;

Mas no dejó por esso la comida,
9640

Porque como prudente y avisada

Temía, que una aflicción, si es desmedida,

Podía al Niño ocasionar perjuicio,

Y a la verdad en esto tuvo juicio.

CVII

Mas quánto ha que del pobre Cicerón
9645

Nada hablo? y no hago bien seguramente.

Cierto, que me venía tentación,

De dispertarle, pues tan altamente

Dormido está, y malogra la ocasión

De aspirar a la gloria ossadamente.
9650

Despierte, pues, y apréstese a hacer cosas

Insignes, admirables, portentosas.

CVIII

Mas ya la noche llega, y se avecina,

Y a todos nos convida al dulce sueño;

Veo que alguno la cabeza inclina
9655

A las rodillas, y es mi Amigo y Dueño.

Itibus, pues, diré en lengua Latina,

Que aprendí quando era yo pequeño.

Itibus, digo, y adredemente lo hago,

Porque la luz en este punto apago.
9660


Fin del Canto XII

I

Sobre el sueño se han dicho muchas cosas,

Ya en prosa, ya también en poesía,

Que verdaderamente son curiosas,

Y otras se están diciendo cada día

Quien dice bien de él, quien horrorosas
9665

Cosazas contra su Genealogía;

Otros prescinden, no hablando bien ni mal,

Como le dice el genio a cada qual.

II

Ordinariamente dice bien de él

Todo aquel, que a dormir es inclinado,
9670

Mas de quien duerme poco, y no es infiel

En lo que habla, es más tal vez vituperado,

Como celebra el bello sexo aquél,

Que está de alguna Bella enamorado,

Mas el que no lo esté, si no es bestial,
9675

No habla de las Mugeres bien, ni mal.

III

Unos llaman al sueño el más perfeto

Restaurador de la cansada vida;

Otros del Cielo don, dado en efeto

Para olvidar los males, por cumplida
9680

De el oprimido pecho, y un discreto

De la virtud le llama el homicida,

Hermano de la muerte, y hai quien dice

Que su Padre es el Érebo infelize.

IV

Este afirma, que al hombre tiene sano,
9685

Y que al enfermo es gran medicamento;

Aquél, que de la sangre es el Tyrano,

Estorvando su libre movimiento.

Y por mí estoi tocando con la mano,

Que quando duermo bien me hallo contento,
9690

Sin pesadumbre alguna, y no quisiera,

Que a dispertarme un simple se viniera.

V

El sueño a todo mal todo cuidado

Si paz no da, da tregua ciertamente,

Y el pecho, mientras dura, exonerado
9695

De el humor hipocóndrico se siente

Y, según escrivió cierto Letrado,

Mientras duerme es igual toda la gente.

Pues mientras duermo dentro de mi capa

Igual al Duque soi, al Rey, y al Papa.
9700

VI

Antes bien más dichoso me abandono

Al sueño, sin el miedo justo, o vano,

De que a usurparme la Corona y Trono

Se me venga algún bárbaro Tyrano.

Ni de que de algún clarín el ronco tono,
9705

El sueño me interrumpa dulce y sano.

Y sólo temeré por las mañanas

El devoto rumor de las Campanas.

VII

Si una imagen tal vez triste y funesta

El sueño me perturva, otras contento
9710

Soñando estoi hallarme en un fiesta,

O lleno de oro, y plata, o bien me siento

Con una Mytra encima de la testa;

Que de estas fantasías tienen ciento.

Y aunque despierto vea ha sido engaño,
9715

El rato que me holgué, no me hizo daño.

VIII

Por esso nunca quise ser casado,

Para poder dormir tranquilamente,

Ni Médico ser quise, ni Avogado,

Ni Ladrón; porque duermo largamente;
9720

Sobre todo después de aver cenado

El sueño se me adapta grandemente

A mi cuerpo, en echándome en la cama,

Y nada se me da por quien no me ama.

IX

Mas aora conozco he recitado
9725

Sobre el sueño una larga filastroca,

La qual si huviera un poco más durado

(Bien que esto decirlo no me toca),

O Dios! Y quánto huviera ya roncado

Más de uno, o bostezado con la boca!
9730

Pues vi a muchos durmiendo en essas sillas,

Y haciendo reverencia a las rodillas.

X

Paréceme acordar algún Doctor

El refrán de: el dormido, nada pesca;

Mas, como nunca he sido Pescador,
9735

No me hace fuerza una razón tan fresca.

Especialmente leyendo en cierto Autor,

Que hai entre los refranes mucha tresca

Y entre ellos el más apto a convencerme

Es el otro: Nunca peca aquel que duerme.
9740

XI

Pues si siempre estuviéramos dormidos

Tantas culpas no avría, y tantas penas;

Ni tampoco estaríamos surtidos

De tantas almas puras, Santas buenas,

De tantos hombres sabios, y entendidos,
9745

Que los siglos nos dan a manos llenas.

Si assí me replicare algún morondo,

Yo al Señor replicante assí respondo.

XII

Señor mío, es verdad; pero esa gente

En nuestros tristes días es mui rara;
9750

Aquella, que se ve frequentemente

Es la perversa, la que es cosa clara

Que lo ignorante aforra en lo insolente.

Y assí, si ésta durmiera todo el año,

El provecho sería más que el daño.
9755

XIII

Sólo exceptúo aquellos (son mui pocos)

Que todo el día están bien ocupados,

Y no lo emplean en amores locos,

Ni en el juego, por no verse arruinados,

Derramando zequines, y bayocos:
9760

Estos sí, que ser deben moderados

En dormir, y si yo fuere de aquellos,

Yo haría lo que hacer debían ellos.

XIV

Bien creo que ninguno dudará,

Que uno de tales Héroes luminosos
9765

Fue Tulio, y fácilmente creerá,

Que hasta estos nuestros días tenebrosos

No ha avido hombre más sabio, ni le avrá,

Dispertémosle pues, siendo piadosos,

Porque es razón se aveze desde Infante,
9770

A no ser dormilón, mas vigilante.

XV

Por lo qual me confiesso arrepentido

De averlo yo dejado dormir tanto.

Alto, pues, Cicerón, que harto has dormido,

Despierta, Tulio mío: mientras tanto
9775

Paréceme que siento algún gemido,

Como medio sollozo, o medio llanto

Y que la Madre acude apresurada,

Como la Obeja a la cordera amada.

XVI

La ventana abre en fin la buena Elvira,
9780

Y al Niño ve algún tanto avergonzado

De hallarse en cueros, quando alguien le mira;

Si ya, de la virtud enamorado,

No fue contra sí mismo enojo, o ira

Por aver tanto tiempo al sueño dado;
9785

Acaríciale Elvira, y le enamora,

Y sin embargo Tulio gime y llora.

XVII

Acaso gime y llora, porque piensa

En lo caduca que es aquesta vida,

Que poca miel, y mucha hyel dispensa,
9790

Empezando a morir desde nacida,

O llora de hambre, y Elvia la despensa

De el pecho en abrir tarda endurecida,

O llora ya (y esto es sin duda alguna)

Porque el pobrete se meó en la cuna.
9795

XVIII

Y veis aquí con qué desembarazo

Me he vuelto de patica a mi assunto,

De el que quizá más de un picaronazo

Me juzgava distante en este punto;

Pero yo nada tengo de pelmazo,
9800

Y assí un amigo mío ya difunto,

Decir solía en tono admirativo:

Paseroni es un hombre expeditivo.

XIX

Ya se cuentan con este trece Cantos,

Y de Tulio parece que aora empieza
9805

A hablar. Señores, por mil Santos

No vengáis a romperme la cabeza,

Que es cien vezes más dura que los Cantos,

Y, si la pican, crece la dureza.

Mas ya que está dispierto Tulio, y llora
9810

Sigámosle un poquito por aora.

XX

Alágale la Madre, y le consuela

Con dulzes besos, dulzes palabritas;

Y el Niño a responder en vano anhela,

Alargando acia el pecho las manitas,
9815

Y abriendo alegremente la bocuela,

Como suelen hacer las avecitas.

Y su Madre, que aquel lenguage entiende,

Le toma en brazos, y a su gusto atiende.

XXI

Si está fajado, al punto le desfaja.
9820

Muéstrese Tulio alegre allá a su modo,

Libre de la opinión, y de la faja.

Elvia le limpia, y registrado todo

Se desabrocha, y el pezón le encaja

En la boquita, y apoyando el codo,
9825

Como Muger modesta y recatada,

Mandó salir del quarto a la Criada.

XXII

Entonces Cicerón gallardamente

Avalanzóse al pecho no vedado,

Y a la materna nutritiva fuente
9830

Aplica el labio un poco apresurado;

Si Elvira mientras tanto dulcemente

Le besa, o ya le rasca, él mesurado,

Como quien su derecho la confiessa,

Calla, y prosigue en su gallarda empresa.
9835

XXIII

Pero, si otra muger le besa, o toca

(Porque el ver las Mugeres no las basta,

Y quieren con las manos y la boca

Palpar si es que los Niños son de pasta)

Cicerón, agarrándola la toca
9840

Con quanta fuerza tiene la contrasta.

Y con pies y manitas se defiende

De un manoseo, que el pudor ofende.

XXIV

Es fama que dio a Berta una puñada

Porque una vez, aviendo resistido,
9845

En brazos le tomó, y casi faltó nada

Para hacer tuerta a Gila de Bellido

Por lo mismo; y assí ninguna ossada

Era a tocarle, si no estava dormido.

Como otro Alcide, que aún no tenía dientes,
9850

Y supo sofocar a dos serpientes.

XXV

Bien que de el tal Alcides no es segura

La Historia, que antes bien es mui incierta,

Y el inventor, quizá por la figura,

Juzgó que era serpiente una Lacerta,
9855

Y encajónos por tal dicha aventura.

Esta opinión parece la más cierta,

Y seguirla es mejor, o menos mal,

Porque la cosa assí es más natural.

XXVI

Mas demos que el tal hecho fuesse cierto,
9860

Y que de dos serpientes en la curia

Se burlasse, en lugar de quedar muerto;

Mayor azaña fue sin duda alguna

La de Tulio, librándose despierto

De dos Mugeres, y aun de sólo una
9865

Pues sola una muger sabe qualquiera,

Que es mucho más feroz que qualquier fiera.

XXVII

Sábelo Alcides mismo, aquél que a Anteo

Derribó en tierra con robusto brazo;

Aquél que desolló al León Nemeo,
9870

Después de averle roto el espinazo;

Aquél que a Nesso y Caco echó al Leteo,

Y al Dragón le mató con un porrazo;

Este mismo; después de tanta gloria,

De una vil mugercilla fue victoria.
9875

XXVIII

Con razón las Mugeres comparadas

A las vívoras son en muchas cosas:

Unas y otras traidoras y taymadas,

Unas y otras a qual más maliciosas;

Especialmente quando son tocadas,
9880

Unas y otras irrítanse furiosas,

Y unas y otras (según dice Galeno)

Tienen también el más mortal veneno.

XXIX

Antes bien podrá más fácilmente

El de qualquier Muger emponzonarte,
9885

Pues parece sencilla, e inocente,

Y sabe la manera de engañarte.

Quando huye de la Vívora la gente:

En una está el veneno en una parte.

En otra no se encierra en una pieza,
9890

Pues de los pies se estiende a la cabeza.

XXX

En ellas, digo yo, todo es veneno:

Cabeza, cuello, cara, ojos, garganta

Y las pellas que ostentan oro el seno,

Movimientos, meneos, garbo, planta;
9895

Y hasta el mismo desdén parece lleno

De una dulce ponzoña que te encanta;

Y cantando en tu muerte, pues lo quieres,

Eres Cisne en verdad, pero al fin mueres.

XXXI

La risa mugeril es para el hombre
9900

Veneno, y más veneno el tierno llanto,

Al qual no hai resistencia, y no te asombre

Porque todo es en ellas un encanto;

O dale si gustares otro nombre

El hecho es, que aquel húmedo quebranto
9905

Penetra el corazón más valeroso

Y más si es noble, atento, y generoso.

XXXII

O tú, que tienes todavía sana

El alma del amor a las Mugeres,

Haz aquello, que al son de la campana
9910

A los tordos tal vez hacerlos vieres.

Suena el metal, mas no los da la gana

De moverse: Tú, pues, si cuerdo fueres,

Déjalas inventar mil trazas nuevas

Para moverte; pero no te muevas.
9915

XXXIII

Huye de la muger, como el lentisco

Huye sagaz el pájaro ya experto;

Si mata con la vista el Basilisco,

Con la vista mata ella, y esto es cierto,

Porque assí lo cantó un Frayle Francisco,
9920

Que se llamava el Padre Fray Roberto.

Pues, para que mirando no te mate,

Huye que lo demás es disparate.

XXXIV

Con la presencia, con la vista sola

Veneno brindan; qué harán con el tacto?
9925

Toda burla con ellas tiene cola,

Toda palabra dulce, todo acto

Cariñoso nos hace la mamola;

Porque al fin nos advierte Teofilacto,

Que son todas las hembras venenosas,
9930

Pero más que las feas las hermosas.

XXXV

Mas vuélvome a mi Tulio, el qual aferra

El pecho fuertemente mientras mama,

Y los ogitos vuelve, como perra,

Quando a sus cachorrillos lame, o llama,
9935

O quando con sus dientes roe, o cierra

Con un huesso de un Toro de Jarama,

Como quien dice: ésta es hacienda mía

Lejos de aquí gente profana e impía.

XXXVI

Elvia le deja estar junto al sobaco,
9940

Ni tampoco de el pecho le destaca,

Hasta que quiera el Niño, pues su saco

De leche lleno está como una baca.

Y Tulio, que ya muestra ser bellaco,

Sólo piensa llenar bien su barraca,
9945

Estrujando, esprimiendo los pezones;

Y hace venir la leche a rempujones.

XXXVII

Después, que huvo agotado la basija

No está contento, y descubriendo el seno,

Con garbo, aplica el labio a otra botija,
9950

Que está hinchada, como utre de ayre lleno;

En el cielo después los ojos fija,

Y ya que hablar no puede, da sereno

Mil gracias a las Diosas, y a los Dioses

Con dos estornudicos, o dos toses.
9955

XXXVIII

Después de aver mamado media hora,

Y retener lo que mamó procura,

Alza cabeza, y ojos, y enamora

A la Madre con su gentil postura.

Entonzes la castísima Señora,
9960

Por estar de peligros más segura,

De el lácteo manantial cierra la puerta,

Porque no entre el Ladrón, si la ve abierta,

XXXIX

Mas no niega a su hijo el alimento,

Antes de abrir la tienda está dispuesta,
9965

Siempre que pida el Niño su alimento

Aunque sea el mayor día de fiesta,

Y muestra Tulio su agradecimiento,

Haciendo mil monadas con la testa,

Con la qual mudamente a decir viene,
9970

Que conoce el amor, que ella le tiene.

XL

Y en verdad tanto Elvira le quería,

Que dejava por él comida y cena:

Al más mínimo llanto que le oía

Lo levantava, y de ternura llena
9975

En sus brazos gozosa le tenía

Hasta verle con faz clara y serena;

Ni a fatiga, o trabajo perdonava

Mientras no se dormía, o se aquietava.

XLI

Ella sola le arrulla, limpia, y faja,
9980

Ella ríe con él, llora si llora,

Y porque calle, enséñale la caja;

Ella le hace cariños, le enamora,

Sin decir que la muele, ni la maja:

Ella le da mil besos cada hora,
9985

Le alaga, le menea, le traquiña,

Y ella en fin con el Niño, se hace Niña.

XLII

Reír me hacen las Madres a la moda,

Que luego que a sus hijos ven nacidos

Los entregan a otras, y con toda
9990

Serenidad esperan, que crecidos

Amarán a sus Madres. No acomoda

A los hombres de juicio, y entendidos

Una costumbre tal, pues muestra el hecho,

Que el amor maternal le cría el hecho.
9995

XLIII

Los que este amor no tienen, hacen mal,

Y no pretendo yo escusar su error;

Porque es justo, es debido, es esencial

El respeto a los Padres, y el amor.

Pero por otra parte es natural,
10000

Que uno y otro mayor sea o menor,

Según menos o más fueron prolijos

Los Padres en criar ellos sus hijos.

XLIV

Es mui sabido lo de aquel Romano,

Que, retornando a Roma Victorioso,
10005

Salió el Pueblo a encontrarle alegre ufano,

Como a un Padre un buen hijo respetuoso

Sale a besar la venerada mano.

Descubrió entre el concurso numeroso

A su Madre y a la Ama, que le aclama;
10010

Qué hizo? dejó aquélla, y fuesse al ama.

XLV

La Madre se quejó, y él a su queja

Esta respuesta dio: me concebiste

Por tu deleyte, quando no eras vieja.

Después de concebido, me pariste,
10015

Porque más no podías, y assí deja

Que a esta Muger, que tú misma me diste

Por Madre, y como tal me dio su pecho,

Como a tal la conzerve su derecho.

XLVI

Ella con gran paciencia me arrullava,
10020

Y quando estava frío me encubría;

Enjugávame el llanto, si llorava:

Y mil impertinencias me sufría.

Quando era menester me castigava,

Y sobre mí velava noche y día.
10025

Juzga aora Tú, si es justa tu querella,

Viendo lo que Tú hiciste, y lo que hizo ella.

XLVII

Quántos hijos podrían otro tanto

Decir, como el Romano entonzes dijo;

A tantas Madres de mantilla y manto
10030

Que cuidan más de un perro, que de un hijo?

Ellas quieren holgarse todo quanto

Se pueden divertir: de que colijo

Que se casaron sólo por holgarse

Sin pretender en más embarazarse.
10035

XLVIII

Si Tulio fue de buen temperamento;

Si no le incomodó el calor, ni el frío;

Si fue sano el materno nutrimento;

Si al vizio resistió con tanto brío;

Si fue en el mundo un gran predicamento;
10040

Si fue un mar de eloquencia, y no ya un río,

Todo a su Madre Elvira lo debía,

Pues sin ella en verdad ni aun nacería.

XLIX

O el mundo poco huviérale logrado,

Porque suele venir presto la muerte,
10045

Especialmente a un hombre gran Letrado,

Y Letrado de aquella classe, o suerte.

Sin Elvia Tulio nunca huviera dado

Señales de varón constante y fuerte,

Y si siempre vivió robusto y sano
10050

Gracias dé a su buen juicio, y buena mano.

L

Fajava Elvira mui discretamente

Al Niño Tulio el tierno cuerpecito,

Y no como lo hacen comúnmente

Las Mugeres, que tienen mui poquito
10055

De sesso, que éstas oy tan fuertemente

Fajan al inocente parvulito,

Que por milagro más de alguno cuenta,

Si aquella Criatura no rebienta.

LI

Por eso el día de oy estamos viendo
10060

Tantos cojos, tullidos, y estropeados,

Por cansa de las fajas, no advertiendo

Que son sus miembrecitos delicados,

Y que aun los huessos pueden (no queriendo)

Quedar de su lugar desencajados:
10065

De manera, que en muchos son las fajas

Precursoras tal vez de las mortajas.

LII

Bendito, pues (decía Juan Meneses)

Aquel País sencillo y natural,

Que nunca conoció tales arnesses,
10070

O por mejor decir, tan grande mal,

Y bendito también todas las resses,

Porque no necesitan moda tal,

Pues las fajas jamás dieran molestia

A ninguna Ave, Bruto, insecto, o bestia.
10075

LIII

Elvira cuidadosa procurava

Conservar a su hijo en alegría,

Y desde su nacimiento desterrava

De el Niño toda triste fantasía;

Bien instruida de que ocasionava
10080

Gran daño en la salud la hypocondría.

Que como hyerva mala presto prende,

En qualquier campo, y por él largo se estiende.

LIV

Ella todo placer, y toda fiesta

Echa a perder, si es verdadera y fina;
10085

La cama es duro potro que molesta,

A todo aquel, que a la tristeza inclina,

Y el día se hace noche, quando ésta

Por su desgracia al hombre le domina.

No se sufre a sí mismo, es enfadoso,
10090

Sin saber qué es quietud, ni qué es reposo.

LV

Mas si alguno juzgare que yo miento,

Porque este mal maldito no ha provado,

Ponga los ojos, o bien el pensamiento

En algún Mozalvete enamorado.
10095

Verále pensativo, tardo, y lento,

Verále macilento y descarnado:

Si parla, parla siempre de su bella,

Si le hablan, sólo atiende, si hablan de ella.

LVI

Quiere dormir, y al punto presurosos
10100

Acuden los suspiros mordicantes,

Excitándole sueños pavorosos,

Que Amor quiere a los suyos vigilantes.

Siempre están malcontentos, y zelosos,

Siempre son intratables los amantes;
10105

Siempre tímidos son, y en compañía

De el Amor, siempre va la hypocondría.

LVII

Esta es una carcoma, es un gusano,

Un cáncer, un humor que va royendo

Poco a poco el corazón humano.
10110

Yo lo he experimentado, y yo lo entiendo.

Assí, pues no penséis que parlo en vano;

Prové a curar mil modos emprendiendo.

Pero prové de todos el desayre,

Pues todos hasta oy fueron al ayre.
10115

LVIII

Pero ninguno piense, ni aun por sueño,

Que esto nazca de amor, que amor no tiene

Dominio en mí, pues yo de mí soy Dueño.

Toda mi hypocondría, toda viene

De la Vida de Tulio, y de el empeño
10120

De escrivirla en Octavas, qual conviene.

Esto me tiene consumido y flaco,

Sin comer, sin dormir, y aun sin tabaco.

LIX

O Juan Bartolo, a tu fatal quaderno

Debo el ser esqueleto descarnado,
10125

Tiritar en Verano, y en imbierno

Sudar de pura cólera, y enfado.

Hace en mí la tristeza un desgovierno

Tan general, y tan desvaratado,

Que quisiera estar ya en el Paraýso,
10130

A los pies de S. Roque, o S. Narciso.

LX

Consuélame algún tanto aquel Platónico

Que escribió nunca hacerse u[n] buen Poeta

Sin algo de sindéresis harmónico;

Porque jamás arriva a la alta meta
10135

El que no pica un poco en melancólico:

Esto a decir verdad mucho me inquieta,

Porque a las vezes se distinguen poco

Un hombre melancólico, y un loco.

LXI

A la locura vive tan vezina
10140

La hypocondría, que apenas dista un passo;

Y quando ésta en el hombre predomina,

Luego comienza aquélla a hacer fracaso.

Supo por experiencia esta doctrina

Nuestro insigne Poeta Garzilaso;
10145

Sábenla mucho más que en otras artes

De los buenos Poetas las tres partes.

LXII

No ignorava estas cosas Doña Elvira,

Y por esso a su hijo procurava,

Tenerle siempre mui de tararira
10150

Para lo qual algunos le contava

Cuentos, fuessen verdad fuessen mentira,

Porque contra la murria no encontrava,

Remedio más activo, y más valiente,

Ni que más embelese a cierta gente.
10155

LXIII

Por esso cada día más de ciento

Invenciones forjava, o discurría

Para el Niño tener siempre contento;

Unas vezes haríale cosquillas,

Otras baylar moviéndole en el viento;
10160

Algunas un sylvato le ofrecía,

Enseñávale tal vez un real de a ocho,

Pero las más mostrávale un Vizcocho.

LXIV

Hacíale reír con sus enredos,

Y ella misma de risa rebentava,
10165

El Chicuelo mordíase los dedos

De risa, sin saber que la causava,

Como en el juego llamado Zepos quedos,

Que algún día en España se estilava.

Avréis visto reír también vosotros
10170

A muchos, porque ven reír a otros

LXV

Quántos mientras aora estoi leyendo

Estas Octavas, ríen sanamente,

Porque reír a otros están viendo?

Hacen bien, que el reír alegremente
10175

Es propio de hombres, a lo que yo entiendo,

Y el hacer de mui grave eternamente

Sin saber reír nunca no es modestia,

Sino arrastrar bayetas para bestia.

LXVI

La risa, y la alegría, si es discreta,
10180

No es, como algunos creen estultizia;

Pues nos prohíbe Dios por un Profeta

Darnos de la tristeza a la malicia.

Y aun el mismo Profético Poeta

Dice: Servite Domino in letitia,
10185

Y el Letamini in Domino, cantando

En sus Psalmos nos va de quando en quando.

LXVII

El que condena una alegría honesta,

Acompañada del temor de Dios,

No sabe él mismo dónde está su testa,
10190

Ni yo lo sé, ni aun quizá lo sabéis vos.

La alegría no fue jamás opuesta

A la piedad, decía un tal Quirón,

Y hasta el mismo Catón la pretendía,

Pues la iba a buscar a la Ostería.
10195

LXVIII

Quando un frasco, o bien dos, o a vezes tres

De Falerno se había al cuerpo echado,

Tanto gusto era oírle, que a sus pies

Era cosa de estarse uno embobado

Y con la boca abierta todo un mes,
10200

Pero el día infeliz y desgraciado,

Que no avía bebido, estava fiero,

Taciturno, espetado, y mui severo

LXIX

Aquel día, que fue de sí homicida,

Según nos cuenta un cierto Flaco Quinto
10205

No avía provado en la comida

Ni en el almuerzo vino blanco, o tinto.

Y assí huviera logrado aquella vida

Otro más noble fin, y más distinto,

Como huviesse bebido el gran Romano
10210

Un frasco, o dos de buen Montepulciano.

LXX

En esta infeliz vida nos conviene

Mezclar con los trabajos la alegría,

Y si alguno por grande loco tiene

Aquel sabio, que siempre se reía
10215

Más loco aún quizá, si a mano viene,

Era el otro perpetuo Jeremía,

O a lo menos (queriendo decir poco)

Problema es para mí quál es más loco.

LXXI

Aquél que nunca ríe, y siempre austero,
10220

Jamás sereno el lóbrego semblante,

Aquél que nunca ve al Sol placentero,

Sino siempre anublado por delante,

Camina presuroso al matadero

Porque vive mui poco, esto es constante;
10225

Pero el de alegre humor, sea quien fuere,

Mientras alegre vive, tarde muere,

LXXII

Yo que alegres quisiera ver a todos

Después de sesenta años, y aun de ciento,

Y con estas Octavas de mil modos
10230

Pretendo que lo estéis, y este es mi intento,

No me irrito, ni muérdome los codos,

Quando reís, antes me dais aliento;

Porque, entre otros, mi fin particular

Es haceros reír, o rebentar.
10235

LXXIII

Pero diráme alguno, que la risa,

No es de alegría prueva mui segura,

Porque tal vez entre ella se divisa,

Un corazón, que nada en amargura.

Assí es, y esso mismo me precisa
10240

A creer lo que oí decir a un Cura,

Que la risa es hypócrita y violenta

Quando el alma no está quieta y contenta.

LXXIV

De estas premisas es la consequencia,

Que Elvira era muger de gran juicio,
10245

Testa quadra, y grandíssima prudencia,

Pues no sólo cuidó que su Novicio

Hijo riesse siempre en la ocurrencia,

Sino también, sobre el común prejuicio,

Le enseñó que el contento mere externo
10250

Es mero fantasmón sin el interno.

LXXV

Aquel contento, digo, que se encuentra

Más fácilmente en Chozas, y en Cabañas,

Donde el ayre, y la nieve a su gusto entra,

Sin otro estorvo que el de paja, y cañas,
10255

Aquel contento, que se reconcentra,

De un Pastor inocente en las entrañas,

Pues del contento interno los Pastores

Saben más en verdad, que los Señores.

LXXVI

O! y cómo viven más alegremente
10260

Los rústicos Villanos en su inopia,

De lo que vive tanta y tanta gente

Que de riqueza tiene imensa copia.

Hállase en la Campaña fácilmente

La alegría sincera al hombre propia,
10265

La que por oro y plata no se halla,

Y en la ciudad es necedad buscalla.

LXXVII

No creo que en el mundo hai otra cosa,

Que el ánimo mantenga más tranquilo,

Que ver una Campaña deliciosa,
10270

Como aquella, que dicen baña el Nilo.

Rara vez entra aquí la fastidiosa

Tristeza a perturbar quietud, ni chilo,

Y rara vez se atreven las molestias

A inquietar plantas, frutos, hombres, bestias.
10275

LXXVIII

Aquí se come al doble de ordinario

De aquello, que se come en las Ciudades;

Porque de la Cozina el Kalendario

Señala doble sus Festividades:

Aquí se duerme doble, aquí el Lunario
10280

En cada quarto da sus libertades:

De aquí está desterrado el ayre impuro,

Y aquí siempre se bebe el vino puro.

LXXIX

Aquí se goza un Cielo claro, abierto,

Y el Paraíso aquí se ve terrestre;
10285

Tanto, que lo que es yo tengo por cierto,

Que casi embidio a un animal campestre,

Y aun por esto cada año hize concierto,

De andar a una Campaña algo sylvestre,

Bien que en un sitio hermoso, ameno, vago,
10290

Cómodo, alegre, que se llama Omago.

LXXX

Un Palacio magnífico se ostenta

En este sitio, donde más de ciento

Se pueden alojar, según mi cuenta.

Gózase aquí placer, divertimiento;
10295

La tristeza huye, se ausenta,

Sólo entrada se da al gozo, al contento,

A la alegría, al garbo, a la abundancia,

Al esplendor Real, y a la elegancia.

LXXXI

De los altos Palacios mui distante
10300

Gusta estar, y por eso el Campo abraza.

Tras de ella Elvira fue, como es constante,

A un sitio ameno, donde no embaraza

Nada al ayre correr puro, y fragante,

Donde Marco solía andar a caza,
10305

Por ayer heredado de un Sobrino

No sé qué possessión cerca de Arpino.

LXXXII

Aquí concurren Damas, Cavalleros,

Por explicarme assí, de todas partes,

A divertirse alegres, placenteros
10310

Con juegos, invenciones, y mil artes,

Y quantos más arrivan forasteros

Los Lunes, los Domingos, y los Martes,

Y en lo restante en fin de la Semana,

Son recividos todos con más gana,
10315

LXXXIII

O Gran Marqués, honor de los Licinos,

Cavallero sin par, Genio sublime,

Gran gloria de Milán, y sus vecinos;

Consuelo de el que llora, y el que gime,

Perdona, si a tus raros, peregrinos
10320

Talentos Musa humilde los oprime,

Sin temor de que alguno la condene,

Si de lo que ellos son noticia tiene.

LXXXIV

Tú digno hijo de la Patria eres,

Heredero feliz de tus Mayores.
10325

El amor de el Común tus pareceres

Siempre respiran, siempre tus sudores

Al bien universal consagrar quieres;

Y, añadiendo los frutos a las flores;

Como enseña el Político Propercio,
10330

Resucitar pretendes el Comercio.

LXXXV

Por esso, aquella Augusta, Gran Princesa,

Que en la más fiel justíssima balanza

El mérito, y valor de todos pesa,

Y sabe bien adónde el tuyo alcanza,
10335

Justamente le premió con essa

Noble prenda de amor y confianza;

Excitando con ella tu ardimiento

Siempre a servirla con mayor aliento.

LXXXVI

Atento, más que al propio, al bien ageno,
10340

Te encuentra el Forastero, y el Paysano,

Siempre afable con todos, siempre lleno

De amor, de urbanidad, y siempre humano;

Tan generoso, que émulo es tu seno

De el grande Augusto, Emperador Romano,
10345

Y mi Musa tal qua, o grave, o leve,

Todo quanto ella es a ti lo debe.

LXXXVII

En tu Palacio concebí el deseo

De parir a su tiempo a Marco Tulio:

No me acuerdo en qué mes, mas juzgo y creo,
10350

Que pudo ser allá entre Mayo y Julio.

Trece Cantos van ya en el arduo empleo,

En que he estado un tantico majatulio.

No huviera sido assí, a lo que imagino,

Si Elicona, en vez de agua, diera vino.
10355

LXXXVIII

Tú me mantienes, sin costarme nada,

Y yo, copleando, sin cuidado escrivo;

Tú me miras benigno (esto me agrada)

Y yo a tú sombra mui contento vivo.

Mas Marqués tu modestia es estremada,
10360

Y no quiero tocarla hoi en lo vivo,

Pues no me tiene cuenta el enojarte,

(Esto que es dicho a ti, dígolo a parte).

LXXXIX

Y tú, de mi Marqués digna Consorte,

O gloriosa magnánima Teresa,
10365

En cuya frente, movimiento, y porte

Tu excelsa estirpe se presenta impresa,

Tú que mil vezes te dignaste Norte

Ser, que el rumbo guiasse de mi empresa;

Tú, que enoblezes todo quanto miras
10370

Tú, que a mi Numen estro nuevo inspiras.

XC

Tú de Milán, y aun de la Insubria bella

Ornamento feliz, alto decoro,

Que resplandeces luminosa estrella,

Por tu virtud tan pura como el oro.
10375

Tú de quien todos dicen: ves aquella?

Pues aquella que ves es un Tesoro,

Que sólo saber puede quanto vale,

Aquella, que en el mérito la iguale.

XCI

Pero volver, por no enojarte, quiero
10380

A mi Elvira, que está en la Campaña

Con su hijo: viage lisongero,

Que dos vezes se usa en Alemaña,

Era en tiempo de flores el primero,

Y el segundo en Otoño, quando apaña
10385

El Labrador los frutos, coge el vino.

Y hecho esto retirávase a su Arpino.

XCII

Porque es estraño verdaderamente

El gusto de Campaña en el rigor

De el imbierno, en que estado el ambiente,
10390

Y no se ve una hoja, ni una flor:

Lleno el suelo de lodo comúnmente,

Y que quando se mira causa horror;

Quando el agua, la nieve, y la neblina

Te precisan a estar en la cozina.
10395

XCIII

Dirás, que en la Campaña hai libertad:

Se juega todo el día sans façon,

Y se duerme la noche con gran paz;

Pero, si no me das otra razón,

Todo esso también se hace en la Ciudad
10400

Yo en la Campaña busco diversión,

De selvas, prados, bosques, y florestas,

Pero di, en la Ciudad dónde están éstas?

XCIV

Quando vuelve a nacer la Primavera,

Quando Valles, y Montes reflorecen,
10405

Quando a encontrar nos vuelve la hechizera

Voz de pájaro pardo; quando crecen

Los racimos con granos, y se espera

De aquel licor, que tantos apetecen

Gran cosecha: entonzes, sí, que es justo
10410

Estar en la Campaña, y es grande gusto.

XCV

Entonzes passo allá quatro semanas,

Sin pensar otra cosa todo el día,

Que en comer, y beber si tengo gana;

Y quando estoi en buena compañía,
10415

Passo las noches, tardes, y mañanas

Sin saber qué cosa es melancolía,

Conservándome siempre en buen humor,

Y en la mesa sé hacerme grande honor.

XCVI

De esto el Conde Imbonati es buen testigo,
10420

Pues passamos un mes alegremente

Otros diez, él, y yo (doze conmigo)

Académicos todos, toda gente

De quien quejarse no pudo el amigo,

Que no supiesse hacer baylar al diente
10425

Y toda esta Académica Langosta,

Todo aquel mes mantúvola a su costa.

XCVII

A costa, sí, de su bolsillo, y lomo

De Visitar nos vino a todos gana

Montes, y Lagos de la antigua Como.
10430

Que un ayre puro la mantiene sana.

Se podría formar un gruesso tomo,

Si la historia de nuestra caravana

Contar quisiera, y sus sucesos varios,

Parte mui serios, parte estrafalarios.
10435

XCVIII

De Cavallasca la Campaña amena

Fuera a la pluma assunto, mui bastante:

Ella es Montaña de delicias llena;

En ella no hai vejez, todo es brillante:

En ella crece de coplear la vena,
10440

Soresi, y Balestier fueron su Dante.

Yo me detuve en ella mui poquito,

Y de Poeta vínome el prurito.

XCIX

De aquel ameno sitio, y dulze clima

Quedé perdidamente enamorado:
10445

Parecióme era el Pindo aquella cima,

Y de verdad estoi determinado

A volver a ponerme presto encima

De Cavallasca, ya que convidado

Estoi de su Señor, queriendo Dios,
10450

Y passaré con él un mes, o dos.

C

Tres servicios en solos dos caminos

Haré, pues iré a otros dos Señores:

El primero, el gentil Conde Rubinos,

Que esperándome está con mil amores,
10455

Con esso los lugares más vezinos

Veré también, gozando sus primores,

Y, por cumplir palabra, dicho y hecho

A mi gran Conde Sola voi derecho.

CI

El Conde Sola con su faz serena
10460

Es el Rey de los hombres generosos;

No hai que creer su gravedad austera,

Porque no cede no a los más garbosos.

Convidóme para esta Primavera

Y yo no soi de aquellos melindrosos,
10465

Que, si no los convidan treinta vezes,

Se niegan con esquinzes, y esquivezes.

CIII

Acuérdome también, que soi deudor,

No sé quánto ha, de una visita mía

Al Príncipe Trivulcio, y que a este honor
10470

Añadió el de dejar de el tiempo y día

La elección a su humilde Servidor,

Pues con gran gentileza y cortesía

Me convidó después del chocolate

A que el agua a provar fuesse de Omate.
10475

CIII

De mejor gana provaré yo el vino,

Que será bueno; porque en toda cosa

Es un Señor de un gusto plus quam fino.

Beberélo sin mano melindrosa

Y diré que el gran chorro Cristalino
10480

Al agua de su fuente tan preciosa

No llega; pues ya se usa en Nicaragua

Beber el vino y celebrar el agua.

CIV

A propósito de agua a Castelazio

Andaré, donde está del Arconati
10485

El famoso magnífico Palazio,

Y un jardín, que hace excesos a Frascati.

Desde allí al ameníssimo Cromazio

Caminaré al buen Conde Pertusati,

Donde hai mil juegos de agua, y en ninguna
10490

Parte se ve lo que allí se aduna.

CV

Iré después al sitio de Mombello

Ameno, delicioso, alegre, sano.

Sitio famoso y en estremo bello,

En el gusto mejor, y más Romano;
10495

Sitio, y fábrica tal, que por aquello,

Que se ve, digno es de un Soverano;

Mas de sus ornamentos el mayor

Es la bondad de su Dueño, y Señor.

CVI

Y ya que en fin a caminar me meto,
10500

A Moncuco andaré, y a un Patrón mío

El Conde Belgioyoso, que en efeto

Ama a mi Cicerón, porque es tan pío,

Que hace ya de este Niño gran conceto.

Y es buena prueva de esto, que os fío,
10505

Que, si el Conde me ve en alguna junta,

Por él, con gran cariño, me pregunta.

CVII

Treparé con el Conde Corio el monte

Llamado Orobio, y entre hyerva y flores

Beberemos los dos en su Orizonte
10510

Aquel vino, que aviva los colores.

Y si al mundo volviera Anacreonte,

Otro no bebería, no Señores.

Después a Oramo iré, que en su nobleza

Alberga la piedad y gentileza.
10515

CVIII

De el Conde Lambertengui no por cierto,

No penséis que me olvido, firmemente

Propongo visitarle en su desierto;

Donde su diversión continuamente

Es tratar con aquel, y aqueste muerto.
10520

A caza tal qual vez seguramente

Andaremos los dos de codornizes,

De liebres, de conejos, y perdizes.

CIX

Pero esta grande caza, si no es varia

Mi esperanza, será no más que un zero
10525

(Como mi pierna se mantenga sana)

Respeto a lo que hacer después espero

En un sitio de Casa Garombana,

Donde pienso passar un mes entero,

Con su Dueño y Señor, y otro qualquiera,
10530

Ello se entiende como el Dueño quiera.

CX

Luego que haya ajustado, o bien compuesto

Un negocio, que traigo entre las manos

Monto a cavallo, y parto luego a Sesto

A ver los Condes de Adda, dos hermanos,
10535

Que en lo sabio compiten, y modesto;

Y los tres leeremos en sus llanos

Tal qual trozo de el Niño Cicerón,

De quien tienen los dos buena opinión.

CXI

A Don Remigio Amigo verdadero,
10540

Andaré, porque está de allí vezino,

Sin tener que pagar al Calesero,

Pues seguiré por agua mi camino;

Y si es preciso el tiempo, como espero,

Derechamente a Vaprio me encamino,
10545

A ser huésped de cierto Señor Cripa,

Hombre a manera de Menenio Agripa.

CXII

Después parto a las Islas Borromeas,

Donde se usa comer con apetito

Faisanes, Esturiones, y Lampreas,
10550

Y beber un licor archiesquisito;

Pero que yo allá parta no lo creas,

Sin que bien de palabra o por escrito

Benignamente me aya convidado

Quien me puede mandar como a Criado.
10555

CXIII

Y espero que en aquellas cercanías

Veré a un Amigo mío, con quien pienso

Detenerme unos diez o veinte días,

(Si ya no fuere un mes), con su consenso,

Sin que sea pedirle gullorías;
10560

Pues me quiero cobrar con este censo,

De las pesetas, que jugando al Ombre,

Y a la Malilla me ganó aquel hombre.

CXIV

Mas, si perdiere, perderé con gusto,

Porque a lo menos juego, y me divierto
10565

En Casa Balestier, donde el disgusto,

El tedio, y la tristeza, allá al desierto

Desterrados están; y como es justo

El chiste, la alegría, y el concierto,

Sin que jueguen jamás con carta falsa,
10570

De el mismo juego son la mejor salsa.

CXV

Y ya que a viajar el gusto hago,

A disponer voi luego la maleta,

Para estar unos días en Parbiago

En la Casa Morigia, si me azeta,
10575

Antes que ande el camino de Santiago,

Porque la debo mucho, y si me aprieta

El prurito de hacer otros viajes,

A otros mil, como viva iré parajes.

CXVI

Andaré; mas si todavía quiero
10580

Andar más, me echaréis mui justamente

Donde no es bien decir. Ya considero

Que cansado estará aun el más paciente

De averme oído; pues que yo el primero

Lo estoi de aver garlado largamente.
10585

Punto, pues, de viages a la lista,

Buenas noches, y a Dios hasta la vista.


Fin del Canto XIII

I

Los que están todo el año en las Ciudades,

Sin irse a divertir en la Campaña,

(Como tengan con qué) en todas edades
10590

Tenidos fueron por Nación estraña

De los que intienden de comodidades,

Y saben de el vivir la arte y la maña,

Reputados por hombres infelizes

De Romanos, de Persas, y Fenizes.
10595

II

No saben de verdad, qué placer siente

Aquel que vive sin cuidado y pena

Lejos de los negocios y la gente,

En una Quinta sobre todo amena,

Se desahoga la oprimida mente,
10600

Respirando aire puro, aura serena

Entre campiñas, selvas, y florestas,

Pisando alfombras matizadas de éstas.

III

Es gran cosa sentarse uno a la sombra

De un árbol, sobre un césped, junto a un Monte
10605

A cuyo pie se ve una verde alfombra.

Gran cosa es descubrir un Orizonte,

Que recrea, embelesa, y casi assombra.

Y sobre todo, dice Genofonte,

Es gran cosa poder decir un día
10610

Esta bella Campaña toda es mía.

IV

Es gran cosa mirar al jardinero

Cómo se aplica todo a las labores;

Cómo coge las fresas, con qué esmero

Las yervas olorosas, y las flores;
10615

Cómo las ubas pálidas primero,

Se hacen rojas después con las calores,

Cómo creciendo va de mano en mano

La espiga, y después de ella crece el grano.

V

Es gran cosa, es sin duda grande gusto
10620

Ver cómo aquélla al ayre se despliega,

Y ver después al Segador adusto

El placer, con que canta, quando siega.

Pues que el ver en perretas y sin busto

Respigar a una Moza, y quando llega
10625

La vendimia, con pie suzio, y ufano

Pisar la uba al rústico Villano.

VI

Gran gusto ver saltar a los Cabritos,

Gran gusto oír balar en metros varios

A las Obejas, y a los Corderitos.
10630

Gran gusto oír cantar a los Canarios

Junto a un arroyo, haciendo gorgoritos,

Tanto más dulzes, quanto más contrarios

Y tal vez es gran gusto (aunque algo bajo)

Un zoquete almorzar, y un diente de ajo.
10635

VII

Es gran gusto dejar el blando lecho

Aun antes que la Aurora anuncie el día,

Para estender la red junto a un barbecho,

Y aplicar de el reclamo la harmonía,

Para engarchar las Aves; pero el hecho
10640

Es, que a mí me da melancolía

Esta especie de caza apoltronada,

Y la dejo a la gente delicada.

VIII

No niego, que da gusto, y que divierte

Ver embrollado a un pobre pajarillo
10645

En la red y tal vez quiere la suerte

Que caigan nueve y diez en el garlillo,

Y es mayor el placer quando se advierte

Que esto mismo es la salsa del gustillo;

Mas estar sin moverme es penitencia,
10650

Que no puede con ella mi paciencia.

IX

A mí me gusta ir a buscar los tordos

Entre zarzas, espinas, cambroneras,

Con cuya fruta viven, y están gordos.

Me gusta andar por Montes, por Laderas
10655

A caza de Conejos nada sordos,

O de liebres velozes, y ligeras;

Porque si no las cazo, ni las llevo,

Hago egercicio al menos, y me muevo.

X

Gústame mucho oír fuertes ladridos
10660

De el Lebrel, de el Mastín, y de el Alano,

Cuyos eccos rimbonben repetidos,

En el monte, en el bosque, y en el llano,

Oír del alcabuz los estallidos,

Y disparar tal vez, si viene a mano
10665

A una liebre, apartándolo azia el Norte,

Y darla con el susto un passaporte.

XI

Gústame a caza andar con perdiguero,

De buena munición bien prevenido:

Gústame ver que el plomo va ligero
10670

A matar la perdiz, quando de el nido

Alza el vuelo, y quando es más altanero

La abate a tierra el globo derretido;

Por este, y semejantes passatiempos

Me gusta el Campo, sí, pero a sus tiempos.
10675

XII

Me gusta en estación dulce, templada,

En sitio ameno, y de ayre puro y sano,

Con gente divertida, honesta, honrada,

Que estar no gusta mano sobre mano,

Quiero decir, estar repantigada
10680

Todo el día a la sombra en el Verano,

O, si es imbierno, revolviendo el fuego,

Y dada toda al vino, y toda al juego.

XIII

Gente, que va a dormir casi de día,

Y que contra la antigua buena usanza
10685

En la cama se está hasta medio día:

Gente poltrona, que sólo a criar panza

Atenta está con su poltronería

Y que, por no moverse, nunca danza,

Gente en fin, por decirlo claramente,
10690

Que tiene más de estatua que de gente.

XIV

Elvia, que era muger de mucho juicio,

Y viajava con diverso intento

Iba al campo a moverse en egercicio,

A lo qual la ayudara el buen cimiento
10695

De sus piernas, que en él tenían vicio,

Por no ser de manteca, ni de ungüento,

Y su Casa de la otra de Campaña,

Distava una (y no más) legua de España.

XV

La puerta principal de la tal Casa
10700

Mirava, al medio día; a su fachada

Una plaza, y un pórtico eran bassa,

De una grande Campiña circundada.

Su bodega, su pozo de argamasa,

Su Lagar, su Panera aventajada,
10705

Y a la frente de aquel y este Orizonte,

Distante millas tres, un breve monte.

XVI

Bañávala cercano un arroyuelo,

Que deleitava mucho a los Mirones

Y junto a él un Lago, que el anzuelo
10710

Regalava con Truchas, y Salmones.

Más allá un grazioso boscuezuelo,

Que criava gazapos retozones,

Y un jardín finalmente bien cuidado,

De un bellíssimo muro circundado.
10715

XVII

Adornado el jardín con gusto fino

De yervas odoríferas, de flores;

Y en el bosque escuchándose el divino

Concierto, de Canarios, Ruiseñores,

Y de Gilgueros el sonoro trino,
10720

El rumor de la Música, y colores

De los alados Músicos; es cierto,

Que si los viera, reviviera un muerto.

XVIII

Desde un árbol frondoso, do se esconde

Entre sus ramas verdes un sonoro
10725

Verdelín, canta, y embía el canto adonde

Una Calandria está, que con decoro

A la harmoniosa música responde,

Y hacen entre los dos un dulce coro,

Que es un gusto, un echizo, es un encanto
10730

Y el músico mejor no llega a tanto.

XIX

No niego ni negar jamás podría,

Que no sea la Música un valiente

Remedio contra toda hypocondría,

Y más, si canta un Músico excelente;
10735

Digo sí, que de un Ave la harmonía

Alegra mucho más la negra mente,

Y tal vez la dará mayor consuelo,

Porque la eleva de la Tierra al Cielo.

XX

De las Aves es cierto, que en el canto
10740

No se percive sýlaba, ni acento;

Mas tú Letor, assí Dios te haga santo,

Quando a un músico escuchas mui atento,

Juzgo yo que percibas otro tanto;

Porque yo de ordinario el rumor siento;
10745

Mas voz articulada no me toca,

Aunque un palmo el cantor abra de boca.

XXI

Los pájaros no se hacen de rogar,

Como hoi se hacen muchíssimos cantores,

Que, antes que se resuelven a cantar,
10750

Hacen rabiar a Damas, y a Señores.

Pero finge no más de no cuidar

De oír sus gorgoritos, ni primores,

Verás después, por ostentar su arte,

Que ellos te cantarán hasta serrarte.
10755

XXII

Si de aquéllos la Música te enfada,

Verás quán presto cessa su harmonía,

Con tirarlos no más que una pedrada,

Lo que fuera locura, y bobería

Hacer con éstos, aunque en su brigada
10760

Muchos Orfeos se hallarán oy día,

Tras los quales, por sus ásperos cantos,

Se irían los guijarros, y los cantos.

XXIII

Quatro horas es capaz un pajarito

De cantar, sin esguinzes, ni figuras,
10765

Y a un Músico da menos el garlito

Al primer quarto de hor[a]; si le apuras,

Canta, o rabia después otro poquito,

Y te cuestan cien reales sus figuras;

Quando un Canario ya de cantar harto
10770

Te deja alegre, y no te lleva un quarto.

XXIV

Fuera de esso hallo yo en mi Kalendario,

Que el pájaro más Músico y gentil

Se contenta con poco de ordinario,

Y su pasto es barato, corto, y vil;
10775

Pero un Músico más que un Dromedario

Comer suele sin mucho peregil,

Y quanto gana más, y más embucha,

Más hambrea, la panza, y más la ucha.

XXV

No por esso, Señoras Cantatrizes,
10780

y Señores Cantores, es mi intento

Ofenderos: Seremos mui felizes

Músicos, y Poetas, si el contento

Es igual, con algunos apendizes;

Puesto que la Poética es cimiento
10785

De la Música, siendo cosa llana,

Que si su Madre no es, será su hermana.

XXVI

Todos somos parientes distinguidos.

Aunque vosotros, más afortunados,

No nos tenéis por tales conocidos;
10790

Porque vuestros Mezenas deslumbrados

Os tienen; y por esso estáis erguidos,

Siendo ciertos, que aquellos engañados

De Músicos mantienen un enjambre,

Y a un Poeta morir le dejan de hambre.
10795

XXVII

Entiendo bien, que aquel que me divierte,

Y que me alegra quando triste me hallo

Digno es de premio; pero no de suerte

Que a los demás olvide por premiallo.

Mas si prosigue de la moda el fuerte
10800

A favor de los músicos, yo fallo,

Que, pena de passar por mentecatos,

Cierren sus tiendas hoi los Literatos.

XXVIII

Ni por esso a vosotros mi lamento

Se dirige pues no es la culpa vuestra,
10805

Si de oro y plata os carga el opulento,

Que con vosotros liberal se muestra:

Vuelvo pues, a decir que no lo siento,

Puesto que assí lo lleva la edad nuestra,

La qual quiere que naden en doblones
10810

Músicos, Lisongeros, y Bufones.

XXIX

Mas de vosotros (sí) me quejaría

De que en el recitar frequentemente,

Por hacerlo con brío, y gallardía

Los versos estropeáis infelizmente;
10815

Y al que sudando estava noche y día

En un músico Drama, malamente

Un Aria que él avía trabajado,

Le obligáis a que la haga Rezitado.

XXX

Fuera de eso queréis, que sea sierva
10820

De la vuestra nuestra arte sin razón,

Pues afloja la Música, y enerva

Mil vezes la mejor composición;

Y habláis mal de nosotros sin reserva,

Llenos de ventolera y presunción,
10825

Metiéndoos a Juezes del Parnasso,

De el que os echa a cozes el Pegasso.

XXXI

Quando de los Poetas habláis mal

No sabéis, ni entendéis lo que decís,

Y hacéis un disparate garrafal,
10830

Callad, pues, y si dóciles me oís

En viendo alguno que es juzgado tal,

Aunque no llegue a ser otro Solís,

Hacedle cortesía reverente,

E inclinaos a él profundamente.
10835

XXXII

Porque si no sois locos rematados

Precisamente avéis de conocer,

Que estáis a los Poetas obligados,

Pues no podríais vuestro ofizio hacer

Si ellos los materiales preparados
10840

No os dieran; y assí debéis creer,

Que el Músico mejor, y el menos bueno

Comen a costa del sudor ageno.

XXXIII

Antes a nuestra costa os hacéis ricos,

Las espinas tocando a nos, a vos las rosas,
10845

Como saben y ven grandes y chicos.

Ni por embidia digo yo estas cosas,

Porque nunca picaron mis ozicos

De la embidia las puntas venenosas

Antes deseo (hablando entre nosotros)
10850

Que haiga unión, y amistad entre uno y otros.

XXXIV

Mi rabia, pues, sólo es con los Señores

Que a vuestro arte (a quien haga buen provecho)

La dispensan grandíssimos favores

Y no se dignan de mirar derecho
10855

A los Poetas, vuestros Servidores.

De aquí proviene en vuestro erguido pecho,

El desprecio, con que a otros Professores

Mira vuestra altivez, vuestra soverbia,

Y desdichado aquel, que os proverbia.
10860

XXXV

Mas ya estoi con los Músicos pesado,

Y aviendo oído más de dos mil vezes,

Que siempre es fastidioso lo pesado,

No volvamos al cántaro las nuezes.

Y lleven los Poetas su recado,
10865

Porque no han de sonar los almirezes,

Para que ayunen unos y otros coman,

Y dejen éstos lo que aquéllos toman.

XXXVI

Digo, pues, lo primero, que obligados

A la Música están en la edad mía
10870

Muchos Poetas (como yo) menguados,

Cuyos versos se estiman todavía,

Precisamente por lo bien cantados,

Debiendo su valor a la harmonía

Que les prestan los Músicos Cantores,
10875

A los quales de todo son deudores.

XXXVII

Y si los míos logren la ventura,

De que los cante un Músico valiente,

No desconfío que hagan gran figura,

Y que echizen quizá a no poca gente,
10880

Quando en la boca de una Criatura,

Que los estropia, y lee malamente,

Pierden toda la gracia, y la sazón,

Pareciendo peor de lo que son.

XXXVIII

Por lo demás razón no veo alguna
10885

Para decir, que hoi bastará saber

Algo de canto para hacer fortuna.

En la Música hai mucho que aprender,

Y es fuerza estar cortado en buena Luna

Sudor mucho, afanar, y posseer
10890

Grande habilidad para encantar la gente,

Y assí es mui raro el Músico excelente.

XXXIX

Rara avis aora son los Farinellis,

Rara avis los Bernachis, y Amadores

Rara avis los canoros Monticellis,
10895

Y otros, como éstos, célebres Cantores,

Assí como rara avis, sono quelli,

Que hacen Dramas, y llámanse Pastores

De la Arcadia, en su Monte, o su Gimnasio,

Que puedan hoi hombrear con Metastasio.
10900

XL

Mas, a decir verdad, temo algún tanto

Aver andado fuera de camino.

Pues los Músicos y Aves con su canto

Me divirtieron. Vuelvo a mi destino,

Y quien tenga que hacer un tanto quanto
10905

Váyase luego; que si hace el desatino

De querer escuchar del Canto el resto,

Quizá a su casa no andará tan presto.

XLI

Porque no imito a ciertos Oradores,

Que dicen, engañando al Auditorio:
10910

Dos palabras, no más, caros Señores,

Y añaden en un tono precatorio:

Atención mis Amados Auditores,

A este egemplo, que a pocos es notorio:

Perdonad, y escucha[d] un raro caso
10915

Que confirma lo dicho en este passo.

XLII

Dad oídos no más que a esta prueva,

Con que acabo, que es bella; y el Oyente

Que le cree, un buen chasco al fin se lleva,

Y al Orador da al Diablo comúnmente.
10920

Este embuste mi genio no le aprueva;

Pues, aunque soi pesado grandemente

Quien de la buena fe abusa, y me engaña

Irrita mi furor, mi rabia, y saña.

XLIII

Yo soi en esto de mejor hechura:
10925

Soi pesado, es verdad, pero hablo claro.

Quien tuviere que hacer, seglar, o Cura,

Parta quanto antes sin algún reparo,

Porque Dios sabe quánto esta lectura

Durará; y después que lo declaro
10930

Lavo mis manos, y protesto a Dios,

Que si os queréis ir, la culpa tendréis Vos,

XLIV

Decía, pues, volviendo a nuestra historia,

Que dos vezes solía Elvira andar

(Lo que creo tendréis en la memoria)
10935

En el año a la Aldea a respirar;

Y no, como otras muchas, a hacer gloria

De arruinar su familia, y de[s]gastar

En dos meses con notable daño

Lo que gana el Marido en todo un año.
10940

XLV

Porque mesa tener quieren abierta,

Y gran conversación las noches todas,

A que concurren, como es cosa cierta,

Los que perricos son de todas bodas:

La economía assí se desconcierta,
10945

En obsequio de el luxo, y de las modas,

Y esto me duele mucho, pues gustara,

Que cada qual de su interés cuidara.

XLVI

No condeno el gastar, ni puede ser,

Mas sí los gastos tan exorbitantes,
10950

Que precisan a muchos a vender,

O a empeñar oro, plata, y diamantes.

Condeno a los que tienen que comer,

Y quieren reducirse a mendicantes,

Haciendo de magníficos Señores,
10955

Pero a costa de sus Acreedores.

XLVII

Condeno, que hagan cosas arbitrarias

Y que se hagan ridículos con todos,

Porque se olvidan de las necesarias,

Y parecer procuran de mil modos
10960

Lo que no son, con invenciones,

Mereciendo por ello mil apodos

Aun de sus mismos hijos, quando crecen,

Y por su vanidad de hambre perecen.

XLVIII

Divertíase Elvira en la Campaña,
10965

Y honor se hacía, mas con poco gasto,

Gracias a su prudencia, y a su maña.

Su libertad gozava a todo pasto,

Sin sugeción alguna a gente estraña,

Enemiga del ozio (jamás casto)
10970

Todo el tiempo que en Tulio no empleava,

Próvida a la labor le dedicava.

XLIX

Mas por aora sólo parlar quiero

De lo que con el Niño Tulio hacía.

Al rayar del albor del Sol primero
10975

De la Casa al jardín le conducía,

Que ya tenía abierto el jardinero,

Servida de una tal Doña María,

Aya del Niño y de Nación Tudesca,

Para hacerle gozar del aura fresca.
10980

L

Todos sabéis, que el ayre fresco, y puro

Despeja la razón y entendimiento;

Por eso entre el verdor de un monte oscuro

Esplayavan las Musas su contento,

Y todo buen Poeta os asseguro,
10985

Que entre el tumulto siempre está violento.

Díganlo el Ariosto, el Dante, el Taso,

Y dígalo en España Garzilaso.

LI

El Ariosto verdaderamente

Con razón fue llamado Gran Poeta,
10990

Y una corona de oro honró la frente

De el Taso, decretada en cierta Dieta;

De Garcilaso la canora mente

Se alzó con el renombre de discreta;

De Italia en fin las Musas y de España,
10995

Se hicieron grandes siempre en la Campaña.

LII

Sus Geórgicas, y Églogas compuso

En ella el gran Marón, el gran Virgilio,

Y de un insecto vil cantó el abuso,

Primero que de Creas el exilio.
11000

En ella cantó Omero, o lo dispuso

De Achiles el furor, la ruina de Ilio,

Mas quiso antes cantar en Rimas llanas

La guerra de los Topos y las Ranas.

LIII

De Poetas sylvestres gran modelo
11005

El Petrarca, hizo vida solitaria

A manera de Buho, o de Mochuelo,

Como el Sorga lo sabe, en cuya varia

Amena orilla, quando más mozuelo

Se passeava con su dulze contraria
11010

Y decir le solía: entre estas flores,

Cantaremos los dos nuestros amores.

LIV

Y aun Orazio decía, que es beato

Todo aquel, que con su amada Familia,

Distante de negocios, y del trato
11015

En una amena Aldea, o breve Villa,

Huyendo de el bullicio, y de el boato,

Entre gente vivir quiere sencilla,

Y entre flores, Campiñas, y ganados

Olvida pesadumbres y cuidados.
11020

LV

La Campaña, como antes os decía,

Especialmente en próspera estación,

No sólo auyenta la melancolía,

Sino también despeja la razón;

Y olvidar hace la poltronería,
11025

Infundiendo en las piernas comezón

De hacer mucho egercicio, por lo menos

En días largos, claros, y serenos.

LVI

Y goza además de esso el privilegio

De mantener los cuerpos fuertes, sanos,
11030

Por indulto Divino, y no ya Regio,

Como se ve en los míseros Villanos.

Y muchos dados ya por el Colegio

De Dotores por muertos, que en sus manos

Lo estarían mui luego ciertamente
11035

En el Campo vivieron largamente.

LVII

Éste los da salud, mas no los cura

Como cierto Dotor, que yo no quiero

Nombrar, de el qual Dotor es toda cura

Radical, aunque sea el mal más fiero,
11040

Tanto, que todo enfermo se assegura

Contra todo accidente venidero.

Sin temor de que vuelva a la porfía,

Porque enterrado está al tercero día.

LVIII

Pero al Campo no assí; si la quartana
11045

Te aflige, o bien la tos, parte a la Aldea,

Y al punto el puro Cielo o ya te sana,

O a lo menos te alivia, y te recrea

Si en ella estás no más que una semana,

La experiencia dirá quán útil sea.
11050

Mas si en ella murieres de contado

Será, porque assí estava decretado.

LIX

Pues al fin este es el sobrescrito

De los Dotores, quando muere alguno:

Dicen, que assí en el Cielo estava escrito,
11055

Y que no escapa de morir ninguno.

Venga en ello, pues sé que está prescrito;

Pero el consuelo júzgale importuno,

Porque aora se trata, como es llano,

De morir o más tarde, o más temprano.
11060

LX

Lo primero: lograr más fácilmente

En la Aldea se ve, que en la Ciudad:

En aquélla se vive largamente

Con mayor robustez, y sanidad,

Como se observa más principalmente
11065

En los que huyen de la ociosidad,

Y abandonan las sábanas temprano

Igualmente en imbierno, que en Verano.

LXI

Assí lo hacía Elvira, que a la Aurora

Se alzava, y al Jardín a passear iba
11070

Con Tulio mal despierto; y aunque llora

Llorar lo deja; y no por esso esquiva

Era con él, antes bien una Señora

Que lo amava con juicio, y con fe viva

De que era aquél el modo más seguro
11075

De que fuesse hombre sano en lo futuro.

LXII

Yo no sé comprender lo que oy se usa

De tener a los Niños todo el año

En una estrecha Cámara reclusa,

De su tierna salud en grave daño.
11080

Quien lo hace assí, de la razón abusa

Haciendo que ayre y sol les sea estraño,

Como si el ayre fuera pernicioso,

Y el Sol fuera un Planeta venenoso.

LXIII

En un estrecho cuarto retirado,
11085

Donde al ayre, ni al Sol se les da entrada,

Sino por algún vidrio, o encerado,

La pobre Criatura está encerrada;

Y después os quejáis de que esmirriado

Salga el Niño. Valiente panpringrada.
11090

Quando matarle pudo en la tal pieza,

El ayre corrompido, y la tristeza.

LXIV

Si embiarais vuestros hijos, o Señoras

Que están pálidos, flacos, y enfermizos;

Al ayre abierto por algunas horas,
11095

Los vierais colorados, y rollizos,

Tocando con las manos sus mejoras

Ni a vuestras hijas mendigar postizos

Colores las veríais por sus males,

Porque ellas los tendrían naturales.
11100

LXV

Antes bien, si no fuerais tan poltronas

Vosotras mismas, y si, despejadas,

Las sábanas dejarais regalonas

Más presto, haciendo a pie algunas jornadas,

Palparían el bien vuestras personas,
11105

Y seríais más bellas, y agraciadas,

Passando a vuestra tez clara, y serena

El color de la rosa y azuzena.

LXVI

Tampoco sé por qué han de ir a Campaña

Padres y Madres, y dejar los hijos
11110

A cargo en la Ciudad de gente estraña,

Que tal vez entre rústicos cariños

Los pegan una y otra mala maña.

Sólo sé, que son blancos los armiños,

Y, manoseados por un hombre prieto,
11115

Poco a poco negrean con efeto.

LXVII

Después de aver passeado Elvira un rato

En el Jardín con su querido hijo,

Se sentava en la yerva, y con recato

Desabrochava el pecho al escondrijo,
11120

Tulio, que no era nada mentecato,

Se avalanzava a él con regocijo,

Y estrujando el pezón con su manita

Aplicava azia el mismo la boquita.

LXVIII

En el mismo acto de mamar, dormido
11125

El gran Héroe de Arpino se quedava.

No era más dulze el sueño de Cupido,

Quando su Madre Venus le arrullava.

Elvia entre tanto un libro divertido,

Que quando iba a passear siempre llevava
11130

Leía, porque dada a la letura

Era ya desde que era Criatura,

LXIX

Mientras el Niño Tulio se alimenta,

Y Elvira en aquel libro está leyendo.

Una Criada fiel estava atenta
11135

A evitar todo ruido, y todo estruendo;

Mas ya aquél se espereza, ya se tienta

A bostezar. Qué digo? estoi ya viendo

Que está más listo ya, que está un lagarto

De mamar y dormir cansado, y harto.
11140

LXX

Suspende Elvira entonzes la leyenda.

Abróchese, levántase, y va a casa,

Llevando a Tulio en brazos por su hazienda.

El fresco y egercicio hizo en la masa

De su cuerpo un especie de contienda
11145

En los ácidos, de que ella no era escasa,

Que el lenguage vulgar llama prurito,

Pero en el culto dícese apetito.

LXXI

Para dar, pues, vigor al cuerpo flaco

Una sopa almorzó con un Capón,
11150

Y de el licor más puro que ama Bacco

Dos vasos se bebió por colación.

No almorzó más por no cargar el sacco,

Y por miedo a su débil complessión.

Assí vence el valor, y aun assí anula
11155

Las graves tentaciones de la gula.

LXXII

Entonzes no se usava el Chocolate,

Ni el Thé Chinese, ni el Caffé Africano.

No bebidas oriundas de Ternate,

Que vienen más allá del Occeano.
11160

Este es de nuestro siglo disparate,

Pues todas ellas son, si viene a mano,

A par de nuestro vino, y su alegría,

Bazofia, suciedad, y porquería.

LXXIII

Y si alguno de gusto contrahecho,
11165

El vino no le place, ni le agrada,

Que beba agua, y que le haga buen provecho,

Mas pesarále al fin de la jornada,

Quando no haiga remedio a lo ya hecho,

Y si por ventolera, o caprichada
11170

De beber a lo Grande, deja el vino,

Palpará que hizo un grande desatino.

LXXIV

Escrúpulo hará alguno de beber

Un vassito de vino, y sin temor

Un quartillo tal vez sabrá sorber
11175

De chocolate, y más si es el mejor.

Y en vez de gusto, dame rabia ver

A Mozalvetes llenos de calor,

Y a Vírgenes púdicas hacer gasto

De cálidas bebidas casi a pasto.
11180

LXXV

Comer nuezes moscadas, pimentones,

Que la ardiente Parténope las vende,

Y a su tiempo engullirse salchichones,

Con todo aquello, que la sangre enciende,

Sus barrigas passando a ser fogones,
11185

Cuyo ardor por la máquina se estiende,

El qual me temo mucho, y no me engaño,

Que al fin produzga algún efeto estraño.

LXXVI

Pero a Elvira volvamos, que a su quarto

Con su hijo en los brazos se retira,
11190

Cansado de mamar, de dormir harto:

Siéntase en un sitial, y en él respira,

Esperando que den las doce y quarto:

Va entonzes a comer, y no es mentira,

Ni Novela fingida, o embustera,
11195

Sino historia mui fiel, y verdadera.

LXXVII

Porque en Novelas y en Romances: no

se acostumbra comer, ni aun de ello hablar,

Ni a sus Héroes he visto apenas yo

Dar tiempo de comer, ni de cenar:
11200

Cosa que siempre mucho me admiró,

Pues sin comer ninguno puede estar,

Ni hacer hazaña alguna qual conviene

Que en pie el saco vazío no se tiene.

LXXVIII

Y no obstante Ferrau, Tancredo, y otros,
11205

Que boca, dientes, muelas y barriga

Tenían, mesmamente que nosotros,

De comer escusavan la fatiga;

Pero estos nuestros tiempos ya son otros,

Ninguno hai ya, que aquella Escuela siga.
11210

Nuestros bravos (inclusos los de Ronda)

Pares son de la tabla (olim) redonda.

LXXIX

Y hablando de los hombres lo primero,

En comer casi todos son valientes;

Hacer honor al plato y Cozinero
11215

Suben las Damas con sus blancos dientes.

La templanza en un siglo placentero

No reconoce amigos, ni parientes

Reducida a tratar Anacoretas,

Astrólogos, Beatas, y Poetas.
11220

LXXX

Mientras Elvira en la Campaña estava

Quatro vezes comía cada día,

Y después, que los platos acavava,

De su poco apetito se dolía.

Almorzava, comía, merendava,
11225

Cenava, y luego al sueño se rendía,

Por lo qual y tener ya el pancho harto

Retirávase presto azia su quarto.

LXXXI

Expuesto estava a todos quatro vientos

En lo más elevado de la casa,
11230

Para escusar tediosos cumplimientos,

Y registrar la gran campaña rasa.

En él soplava el Norte unos alientos,

Tan frescos, que aun en julio, quando abrasa

Más de el Sol y de el Can la unión ardiente,
11235

Por poco tiritava allí la gente.

LXXXII

En aquel quarto Elvira de ordinario,

Según lo que refiere nuestro Autor,

Tomar solía el sueño necesario,

Que no passava, hablando por mayor,
11240

De nueve horas; y en aquel Sagrario

Por un motivo justo, y superior

El ingresso era a todos prohivido,

Salvo a la sierva, al Loro, y al Marido.

LXXXIII

Y es que entonzes el mundo era un agreste,
11245

Que no sabía nada de crianza:

Con la Muger ni aquél, ni el otro, ni éste

Tenían amistad, ni confianza,

Sino el Marido fiel, y ellas de aqueste

(Según el rito de la antigua usanza)
11250

Estavan solamente enamoradas:

Selváticas al fin, y mal criadas.

LXXXIV

Sólo al uso atendían y a la rueca,

A hilvanar, a coser, y calzetear,

Como hace el día de hoi qualquier Batueca;
11255

Si alguno se atrevía a juguetear

Con ellas o ya hacer alguna mueca,

Con la rueca le echavan a passear;

No sabiendo qué cosa eran Amantes,

Chichisheos, Servientes, Cortejantes.
11260

LXXXV

Estarse sola una muger hoi día

Se juzga ser en todo desgraciada:

Es preciso que tenga compañía

Ya esté en la cama, ya esté levantada,

No lo sufriera yo, si fuera mía,
11265

Mas al Marido no se le da nada;

Sabe, que su muger es muger casta,

O la supone tal, y esto le basta.

LXXXVI

Sabe, que no hai peligro ni aun remoto

De menos pura y limpia pretensión:
11270

Ella es muger devota, él es devoto,

Y nada harán contrario a la razón.

Fuera de esso han passado ya aquel coto

De la edad más sugeta a la rebelión,

La qual, quando en tal término se halla,
11275

Resiste a todo más que una muralla.

LXXXVII

Antes bien oy los mozos conversar

Pueden ya con las jóvenes más bellas,

Sin riesgo de que puedan tropezar

En algún precipicio, ni ellos, ni ellas,
11280

Porque su amor se queda en sólo hablar,

Y a más no pasa; puesto que de aquellas

Todos los atractivos, por fortuna,

No hacen en ellos impressión alguna.

LXXXVIII

Esto dicen no pocos con jactancia,
11285

Después que en todo el mundo se ha estendido

Cierto ayre de tratar, que nació en Francia

Acaso un poco libre y corrompido;

Pero ésta ya es doctrina vieja y rancia,

De la que dice un Sabio conocido,
11290

Que aunque a muchos agrada, y es gustosa,

En la práctica es más que peligrosa.

LXXXIX

Mas yo a estos tales los pregunto luego,

Si fabricados son de alguna pasta,

Que, por decirlo assí, resiste al fuego?
11295

O si la carne en ellos no contrasta

A la razón? Después de esto les ruego

Me digan, con quál arte guardan casta

La mente en una vida disipada,

De escollos, y peligros circundada?
11300

XC

Si son del mismo barro quebradizo,

De que fueron, y son todos los Santos,

Deven al conversar resvaladizo

Tener el miedo, que le tienen tantos,

Sin fiarse de aquel dicho postizo,
11305

Mal entendido por los echa-cantos

De que ab assuetis non fit passio, cosa

Errónea en lo moral, y escandalosa.

XCI

Porque aquélla ya specie, o ya impressión

Que (dicen) no los hacen los obgetos,
11310

Demasiado se estampa en la ocasión,

Aunque entonzes no sienten sus efectos,

Por negar la costumbre la atención,

A lo que están los hombres más sugetos;

Y éstos el natural enseña lumbre,
11315

Que se llaman pecados de costumbre.

XCII

Y algunas libertades arriesgadas,

Que se usan con Casadas, y Donzellas

No las sufría Elvira, ni aun soñadas;

Porque no era Muger cierto de aquellas,
11320

Que toleran acciones descaradas,

Y llaman vagatelas ellos, y ellas.

Assí a nadie admitía en todo el rato,

Que a Tulio daba el pecho, ni aun al Gato.

XCIII

Hacer quería mui privadamente,
11325

Y a quatro ojos, no más; aquella hazienda,

Sin exponer jamás públicamente

Lo que debe esconderse a quien no entienda,

Que no es género aquel, que llame gente

A comprarse o venderse en una tienda.
11330

Quando más de una, con tal o qual pretesto...

No digo más; pues ya entendéis el resto.

XCIV

Verdad es, que este vicio no es moderno,

Pues Dante vio ya allá en cierto viage,

Rabiar a más de dos en el Infierno,
11335

Por la desemboltura de su trage

Andando ya en Verano, ya en imbierno

Con cierto inmodestíssimo equipage,

Es decir, tan desnudas, que aun a Misa

Muchas van poco menos que en camisa.
11340

XCV

Y en cólera encendido, o bien en zelo,

A ciertas hembras, no las más honestas,

Las carmenó la lana, y peynó el pelo,

Como los peluqueros en las Fiestas;

Y aunque yo nunca llegue a aquel modelo,
11345

Grito también a muchas imodestas:

Cubrid esso que debe estar cubierto;

Grito y clamo, mas clamo en el desierto.

XCVI

En el desierto clamo, y grito en vano

Contra un abuso tan inveterado:
11350

Pero viendo que al fin yo soi Cristiano

No me arrepiento de aver predicado.

Pesaríame sí, si por humano

Respeto vil me huviera acobardado,

Dejando de clamar con gran vehemencia
11355

Contra las que atropellan la decencia.

XCVII

Quiérolas permitir (lo que no creo)

que un pecho tengan todas de diamante

Impenetrable a todo impulso feo;

Pero será tan fuerte aquel Danzante
11360

(Y más si es Petimetre o Chichisveo)

Que en un trage las ve tan provocante,

Y, que su desnudez curioso azecha,

Sin que en su corazón llegue a abrir brecha?

XCVIII

Todo esto cierto ya lo saben ellas,
11365

O si ciegas no son, tarde o temprano

Lo conocen, y más las que son bellas.

Un mirar sólo, un apretar de mano

Las hace ver, que triunfan sus centellas

De el pecho más brioso, y más ufano:
11370

Triunfo de que están vanas, y orgullosas

Mas que a su tiempo llorarán rabiosas.

XCIX

Triunfo infeliz, que de cruel blasonas,

Quando cambias la más tranquila calma

En naufragio de mil y mil personas,
11375

Que en dulze tempestad pierden el alma.

Dejemos, pues, que nuestras Amazonas

Se empabonen con essa negra palma,

Que a tantos anegó; pero yo cierto

Temo, que ellas tampoco tomen puerto.
11380

C

Tiempo vendrá, que deis estrecha cuenta

De el mucho mal que hicieron vuestras modas,

A un Dios severo, a quien en vano intenta

Nadie engañar, porque penetra todas

Las fraudes, que el humano ingenio inventa,
11385

Mucho más que el Oráculo de Rodas.

O cómo entonces querríais aver sido

Modestas con los trages y vestidos!

CI

Porque veréis que la hermosura es vana,

Vana la gracia, vana la apariencia,
11390

Y sola es grande la Muger Cristiana,

Que a Dios temió, y amo con reverencia,

Pero a las que incitó moda profana

A vestir sin rubor, con indecencia

Mui caro costará el aver mostrado
11395

Lo que debiera estar más reservado.

CII

Pero diréis, Señoras, que ya enfado

Tocando vuestras cosas tan menudo,

Y que hablar mal del sexo es el bocado

Para mí más sabroso, asado, o crudo,
11400

Y que falto al respeto acostumbrado

Con vosotras; que nunca estilo mudo,

Y en fin, que de las hembras sólo escrivo,

Sin tocar a los hombres en lo vivo.

CIII

Respondo a esto y digo lo primero,
11405

Que uso la lima contra el seno vuestro,

Por ser notorio a todo el mundo entero,

Que en él más vizios hai, que hai en el nuestro.

Fuera de esso, tanto es lo que os quiero,

Que por veros a todas sin siniestro,
11410

Y modelos del puro Cristianismo,

Yo propio me olvido de mí mismo.

CIV

Y más aviendo oído a cien personas,

Que de aver en el mundo hombres perdidos

La culpa principal es de las Donnas,
11415

Que encantan sus potencias y sentidos;

Y que si aquellas fueran Santurronas

O menos provocantes sus vestidos,

Lo que toca a los hombres, todos quantos

Poco menos serían que unos Santos.
11420

CV

La respuesta también os puedo dar,

Que Eurípides dio un tiempo allá en Atenas.

Púsose en cierto Drama a ponderar

De la Avaricia muchas cosas buenas,

Y la Cazuela comenzó a silvar.
11425

Entonzes él sacó de las Escenas

La cabeza y gritó: sois mentecatos

Que hasta el fin no sentencian los silvatos.

CVI

Sosegóse la Audiencia, y ya impaciente

Esperó el fin de el Acto. Un Comediante
11430

Expuso el mucho mal que hace a la gente

La Avaricia en estilo fulminante,

Dixo que el Avariento realmente,

Verdugo de sí mismo, impío, y vergante,

Vivía entre zozobras, y tormentos;
11435

Con lo qual todos fueron mui contentos.

CVII

Esperad, pues, que sea concluida

Mi historia, poco más que comenzada,

Y veréis, como el cielo me dé vida

Que a todos tocará razión doblada.
11440

Yo cubriré con todos la partida,

Sin quedar a deber a nadie nada;

Y si a vosotras di la preminencia,

Fue respeto, fue amor, y reverencia.

CVIII

Aora, pues, que ya he cumplido en parte
11445

Con la atención debida y el respeto,

Quiero aplicarme a la segunda parte,

Y tocando andaré tal qual defeto

De los hombres, y haré, pero sin arte

Un fiel estracto, y tal, que os prometo,
11450

No perdonarme a mí desde esta hora

Y casi que iba a comenzar aora.

CIX

Pero ya estoi cansado y medio ronco

De un tan largo garlar; ya me parece,

Que me falta mui poco para tronco;
11455

Ya el aliento se va, o se desvanece,

Y la lengua un sonido hace tan bronco,

Como el rumor de el mar quando más crece;

Ya no puede sufrir el Auditorio,

Ni yo a mí mismo tanto parlatorio.
11460

CX

Veo, que son larguíssimos mis Cantos.

Y veo, que también lo veis vosotros:

Crecen como los hongos entre cantos,

Como crecen las modas en nosotros.

A nada que me alargo veo tantos
11465

Bostezos, quantos sois unos y otros,

Hartos todos de oír, y tolerarme,

Yo de leer, vosotros de escucharme.

CXI

Tengo tanta materia entre las manos,

Que ser breve, aunque quiera, ya no puedo,
11470

Y vosotros sois todos tan Cristianos

(La verdad se ha de decir sin miedo)

Tan corteses, tan buenos, tan humanos,

Que agravio haría (assí os lo concedo)

A vuestra gran bondad notoria y clara,
11475

Si de ello un punto mi aprensión dudara.

CXII

Pero esta misma vuestra cortesía

Me obliga a ser discreto, y limitado;

Y assí todos a Dios ha[s]ta otro día,

Porque la charla de oy ya se ha acabado.
11480

Mañana haré una gran parladuría

Sobre Tulio, tal qual oy le he dejado

Es decir no durmiéndose en las pajas,

Sino arrullado en Cuna, y entre fajas.


Fin del Canto XIV

I

Digan lo que quisieren, es un gusto
11485

Esto del estudiar. No hai en el mundo

Más noble oficio, como un ingenio justo

De un juicio acompañado esté, y profundo.

Vivir quisiera yo sano y robusto

Primero un siglo, después otro segundo
11490

No más que por saber; pues toda Luna

(Dice una vieja) nos enseña una.

II

O afortunada aquella sabia gente,

Que diez siglos vivía, y aun casi ocho:

Entonzes sí que verdaderamente
11495

Se hacía un hombre docto antes de chocho;

Mas, por nuestra desgracia, ya al presente

Aquello se acabó: oy hace ocho

Contra tres, el que llega a los cien años,

Come Pan, bebe vino, y toma baños.
11500

III

Ya se fue el tiempo en que la rueca Berta

Dejó, por falta de hilo, o porque manca

Quedó, de puro hilar: ya nadie acierta,

Cansado de vivir con muerte franca.

Todo escolar tenía entonzes cierta
11505

La borla de Doctor de Salamanca;

Y a los seis siglos (a quien esto no alegra?)

La barba de todo hombre era aún negra.

IV

Oy no es assí: quando a estudiar se aprende

Ya está cana la barba más hombruna;
11510

Y apenas del Estudio algo se entiende,

Ya es forzoso hacer luego la importuna

Maleta, sin la qual ninguno emprende

El viage de aquella infiel laguna,

Por la qual passa siempre al otro lado
11515

Entre mil ignorantes un Letrado.

V

Y pues la vida es breve, triste y corta

Y el arte grande, y grande la ignorancia,

La razón natural dicta, y exorta

A que aprendamos cosas de substancia,
11520

Y a que se emplee sólo en lo que importa

El tiempo, que se da a la estravagancia,

O a ciertas vagatelas, que, pesadas,

Valen tanto sabidas que ignoradas.

VI

Hai algunos, que hilvánanse los sessos
11525

Por saber lo que no importa un comino:

Uno busca entre Archivos y procesos

El color de las bragas de Tarquino;

Otro examina dónde están los huessos

De el perro favorito de Pipino;
11530

Éste indaga, si es cierto que en Venecia

Se guardan los zapatos de Lucrecia.

VII

Aquél de una inscripción cargada de años

Arábiga, Siríaca, o Latina,

De la edad quiere corregir los daños,
11535

Y Dios sabe, si acierta, o desatina:

Tal qual pretende remendar los paños

De un viejo Autor, o cree, que una mina

Halló en un medallón, de que no hai pocos,

Que en conclusión no vale dos bayocos.
11540

VIII

Sobre más de una lápida, o cubierta

De un libro, libros mil (os lo asseguro)

Se escriven, y la cosa aún se está incierta,

Es decir, que aún estamos al oscuro.

Y el tal descubrimiento es cosa cierta
11545

(Aun quando fuese justo) estoi seguro

De que el papel no vale, ni la tinta

Que gasta aquél, que, como tal le pinta.

IX

O necios! de qué sirve esta fatiga

Sobre una cosa vieja, inútil, vana?
11550

Queréis que yo clarito os lo diga?

De vendernos papel por filigrana:

Si tal vez acertáis (Dios os bendiga)

Vale más el trabajo, que la lana;

Pues se puede vivir sin essa ciencia,
11555

Y aun morir con saníssima conciencia.

X

Mas olá! o Grevios, llenos de dotrina,

No hablo yo con vosotros, ni otros varios.

No intenta adozenaros mi mohína

Con los que el vulgo de hoi llama Antiquarios.
11560

Sois de la Historia Griega, y la Latina

(Assí lo siento) oráculos primarios.

Lo bello, y bueno en tantos derramado

En vuestros libros todo está encerrado.

XI

Trasladáis al papel sinceramente
11565

Lo cierto, y verdadero con nobleza:

No como otros, que escriven comúnmente

Lo que sueñan, o finge su cabeza.

Quanto escrivís, copiáislo exactamente

Con suma lealtad, gusto, y limpieza.
11570

Si ocurre specie incierta, o bien dudosa,

Lo omitís, y passáis luego a otra cosa.

XII

Assí lo hizo el Autor, que tuvo gana

De escrivir esta no vulgar historia.

De la cuna de Tulio es cosa llana,
11575

Que no tuvo por bien hacer memoria,

Ni aun de las fajas, ya de seda o lana,

Que la dicha tuvieron, y la gloria

De fajar por Decreto Soverano

(O qué fortuna!) al Orador Romano.
11580

XIII

De aquel silencio muchos infirieron,

Que reliquias tan raras, y precisas

A nuestro Autor desconocidas fueron,

Como aora lo son otras mil cosas

O qué sabemos, si las escondieron
11585

Personas eruditas, y curiosas,

O (lo que no será gran maravilla)

Si el fuego las tragó, o bien la polilla.

XIV

Porque, en caso de averlas encontrado

Nuestro Autor, una docta compondría
11590

Disertación, que avría regalado

A alguna biblioteca, o Galería,

Donde hoi sin duda huviérase mostrado,

Bien por dinero, o bien por cortesía,

Cómo a Españoles, Turcos y Franceses
11595

Su Secchia muestran nuestros Modeneses.

XV

Y puesto que el Autor el gusto tiene

De en pluma no tomar fajas, ni cuna,

Lo mismo al Traductor hacer conviene,

Dejando otras razones, por sólo una.
11600

Y es, que si al texto (al qual tanto se atiene)

Pretendiera añadir tal qual laguna,

Los Críticos Censores le sylvaran,

Y Traductor infiel le publicaran.

XVI

Me dirían, que soi un embustero,
11605

Que con lo ageno mezclo lo que es mío;

Que yo estorpio un Autor franco y sincero,

Con lo que añado sin sazón, ni brío;

Que debo venerar, y no venero,

A todo Autor antiguo, grave, y pío:
11610

Y me dirán en fin cosas tan bellas,

Que no tendré gran gusto en entendellas.

XVII

Mas si Bartolo no nos dixo nada

De fajas, ni de cuna; hizo mención

De otros muebles, que estava amobillada
11615

La Sala, y es mui fiel su descripción.

Era la cama (ya se ve) colgada,

Y capaz para dos a proporción,

Recamadas de historias las Cortinas,

Con alusiones harto peregrinas.
11620

XVIII

Estava el Trono conjugal pintado,

Y en él la Honestidad, y Pudicicia,

Cubiertas con un velo delicado.

La fiel sinceridad, y sin malicia

Se dejava observar al otro lado
11625

Del Matrimonio toda la milizia.

Uno tenía al cuello como obillo

Como aquello que ponen a un Novillo.

XIX

Yugo se llama el que oprimía el cuello,

(Lo único que hoi resta a los Maridos)
11630

El Silencio tenía un grande sello,

Con el qual estampava los vestidos.

Todo era enigma, y yo no sé entendello.

Mas si queréis estar bien instruidos,

Balestieri está aí, Caros Hermanos,
11635

Insigne expositor de estos arcanos.

XX

El qual a punto está para casarse

Con una Dama joven, rica, bella,

Tanto, que no es mui fácil encontrarse

Otra que sea más hermosa que ella.
11640

En suma supo en ella amontonarse

Quanto hacer puede amable una Donzella.

Lo que yo en Balestieri más admiro

Es, que en ninguna cosa yerra el tiro.

XXI

Amor dulzes Esposos os bendiga,
11645

Y destierre de vos toda aflicción:

Suave os sea el reposo, y la fatiga,

Reyne siempre en los dos la paz, y unión.

Venus sea en el Cielo vuestra amiga,

Y haga nacer de vos un Cicerón
11650

Cuya vida eternize con su pluma

Otro Bartolo, u otro Motezuma.

XXII

Vuélvome aora al lecho conjugal,

Que atajó Balestier por esta vez.

Sobre un carro veíase triunfal
11655

Las Matronas antiguas, que de pez

No mancharon el lecho marital,

Que entre todas serían nueve, o diez.

Como un Autor Syncrónomo lo cuenta,

Salvo siempre algún error de cuenta.
11660

XXIII

En el Cielo del lecho retratada

Lucrecia estava, rabioso el sobrecejo,

Porque después de aquella su empanada

Se mató, sin pedir, ni oír consejo;

O si le oyó, fue mal aconsejada;
11665

Pues privó de la vida, y de el pellejo

A un niño, que, por ser hijo de pu...

Sería afortunado sin disputa.

XXIV

Pecar hoi, y matarse, esto no basta,

Mejor era vivir, y penitencia
11670

Hacer después; Lucrecia si es que casta

No fue, debió a lo menos la apariencia

Guardar y Colatino, hombre de pasta,

Callaría por propia conveniencia,

Ni huviera publicado el buen Romano
11675

Su desonor, como hizo allá Vulcano.

XXV

No lo sabría de este modo alguno,

Y desmentir podría a un Novelero,

Quando aora lo sabe cada uno;

El Cónsul, el Faquín, e el Zapatero
11680

Suben, que Colatino fue el pobre uno

De tantos, como bajo del sombrero

Llevan lo que los Turcos de Levante

Suelen llevar encima del Turbante.

XXVI

La vida es lo primero, que guardar
11685

Se debe: después de ella la Muger

Debe guardar la honra. Assí en vulgar

El Petrarca lo dijo, y puede ser

Que más de una este error quiera tragar,

Sin que llegue jamás a conocer,
11690

Que ella levanta un testimonio al texto,

Por estar arrancado de el contesto.

XXVII

En él se explica, pues se maravilla

De que sólo el dolor no la matasse

A Lucrecia; quando él bastó en Sevilla,
11695

Para que una Donzella de alta classe

De repente espirasse en una silla,

Aunque el ultrage a tanto no llegasse.

Que una muger al verse deshonrada

Se reputa por muerta y enterrada.
11700

XXVIII

Qué cosa puede amar en esta vida

La Muger, que llegó a perder su honor?

Preciso es, que estando embebecida

En su desgracia, en su ultrajado honor,

En la hora y lugar de aquella herida,
11705

Continuamente sufra un gran dolor,

Y que oprimida de un disgusto eterno

Sea el vivir para ella un nuevo infierno.

XXIX

Con todo esso, si por desgracia hoi día

Se hallara alguna, entre éstas, pecadora;
11710

Que tripudie y esté con alegría,

Decidirlo no quiero por aora.

Sólo diré, que si es que todavía

Alguna hai tal, ya plebeya, o ya Señora

(Sin que esto suene a pulla, o desvergüenza)
11715

No la embidio, el pudor, ni la vergüenza.

XXX

Entre la mugeril caterva honrada,

Que no manchó la fe matrimonial,

De Peto la Muger es celebrada.

Ésta, después que se clavó el puñal,
11720

A Peto le alargó, diciendo ossada:

No temas, Peto, no, que no hace mal,

Y si algún dolor siente el pecho pío

Sólo es el tuyo, pero no ya el mío.

XXXI

Después era Zenobia la constante,
11725

Y la fuerte Penélope valiente,

Cuyos retratos, émulo el semblante,

Mirava Elvira mui frequentemente

Fiel al Marido hasta el postrer instante,

Teniendo siempre el propio honor presente;
11730

Dándonos a entender, quanto en nosotros

Puede el egemplo bueno de los otros,

XXXII

A un casto lecho dan mayor decoro

Estos esmeros de el pincel y el Arte,

Que la historia de Angélica y Medoro,
11735

O las redes de Venus y de Marte,

Ni la caza del Ciervo, o la del Toro.

Que pueden explicarse en mala parte

Porque no es un obgeto dulce, y tierno

El mirar junto a un lecho tanto cuerno.
11740

XXXIII

Era el lecho de Elvira quatro bancas,

Un Sacón, una almoada, una Esclavina,

Un colchón con dos sábanas mui blancas

De tela ni mui vasta, ni mui fina.

Con sus manos, que cierto no eran mancas,
11745

Se vestía cerrada la cortina,

Por no ser vista en trage no decente,

Si alguno abría el quarto de repente,

XXXIV

Bien que no era possible, que en la cama

Pudiesse ser de nadie sorprendida,
11750

Porque se alzava siempre, aunque era Dama,

Con luz artificial ya prevenida

Por su fiel Camarera; y aun es fama,

Que quando estava ya medio vestida

Saltava de la cama, presto, presto,
11755

Y en medio del imbierno hacía esto.

XXXV

La cama (acostumbrava ella a decir)

Fue de nuestros mayores inventada,

En los sanos, a efecto de dormir;

En los enfermos por más acomodada
11760

Para menos penar, menos sufrir.

Pero a la gente en ella apoltronada,

Poco a poco la va haciendo podrir.

Y el consumirse el hombre más robusto

Es el fruto común de tan mal gusto.
11765

XXXVI

Su sueño a nueve horas no llegava

Por conservar el cuerpo ágil y sano:

Dormir en cama dura acostumbrava,

Como debiera hacer todo Cristiano,

Que la mui blanda convencida estava,
11770

De lo mucho que daña al cuerpo humano.

Bien que de esto avrá pocos pareceres

En nuestras poltroníssimas Mugeres.

XXXVII

Dormir no saben sino en cama blanda,

Ni sentarse sino en silla de pluma,
11775

Cubierto el canapé de fina holanda,

Y el assiento imitando blanca espuma

Formada de algodón sutil de Irlanda.

Me parecen a mí (díxelo en suma)

Otros tantos rubíes o topazios,
11780

Que entre algodón ocupan sus Palazios.

XXXVIII

A la hora de Nona se levantan,

Y de no haver dormido se lamentan,

Culpando de que el sueño las quebrantan

Al gallo, a la gallina, y aun nos cuentan
11785

Que las da mal de madre, quando cantan:

Todas escusas son que ellas inventan.

Mas la poltronería de las tales

Las llena de miserias, y de males.

XXXIX

Diz que en toda la noche no han podido
11790

Dormir: dicen verdad, y yo lo creo,

Porque se acuestan quando ya ha nacido

El Sol; y después al Dios Morfeo

Sacrifican en sueño bien cumplido

Lo que hai desde el cenith al apogeo,
11795

Siendo para ellos la primera Aurora

De el medio día la constante hora.

XL

Aunque yo no me acuesto mui temprano,

Por ser algo poltrón, esto no obstante,

Tal vez me alzo en imbierno y en verano
11800

Quando se acuestan muchos; y es constante

Que haciéndolo assí hoi, no es juicio vano

Creer que harán lo mismo en adelante,

Y de esta moda, que en el mundo hoi passa

El desgovierno nace de la casa.
11805

XLI

Qué digo de la casa? al pueblo entero

Se estiende el daño; pues también aquellos,

Que las cortejan con tan nimio esmero

Es preciso, que duerman también ellos,

Y en la Ciudad es cada uno un cero
11810

Que de nada la sirve, quando entre ellos

Hai tal qual, que si fuera más machucho,

Podría honrarla, y aun servirla mucho.

XLII

Pudiera ser soldado mui valiente,

En la guerra, y en paz un gran Ministro:
11815

Pudiera ser un gran Jurisprudente,

Un Filósofo, un Otro Trismegistro,

Y es por su culpa aora un puro niente,

Aun para Guarda inútil del Registro.

Mas ya cansan asuntos tan endebles:
11820

Basta de esto; y volvamos a los muebles.

XLIII

De aquellos muebles, digo, que tenía

Elvia en su alcova, quarto, u aposento,

Escritos en Caldeo: algaravía

Necesitada de sutil comento.
11825

Mas a mí me parece que es manía,

O ignorancia de corto entendimiento,

Pretender concordar en los quadernos

Con los nombres antiguos los modernos.

XLIV

En los tiempos de Elvira no se usava
11830

Las salas adornar con muebles ricos,

Ni tampoco traerlos se estilava

De estrangero País: grandes, y chicos

Tratavan al que en tal manía daba

De loco, o de insensato en sus ozicos.
11835

Estava entonzes por benigno influxo,

Mui distante de Italia el voraz luxo.

XLV

El luxo que hoi traspassa toda meta,

Y aun las columnas de Hércules traspassa:

El luxo digo, aquel fatal cometa,
11840

Que su esterminio anuncia a toda Casa

Singularmente el femenil, que arieta

El más fuerte Palazio de argamassa,

Pues el adorno de una sala sola

Casi medio Perú trae a la cola.
11845

XLVI

Sólo la sala del recivimiento

De la muger se engulle (a lo que he oído)

No digo ya a tal qual, a más de ciento)

La mitad de la renta del marido.

En la Toeleta míranse sin cuenta
11850

Cachivaches sin fin, que han consumido

No ya un caudal, sino un tesoro eterno.

A tanto llega ya el luxo moderno.

XLVII

El luxo, que Provincias ha arruinado,

Por el qual tanta gente hambrienta anda,
11855

Mui bien Italia lo ha experimentado,

Donde el luxo a baqueta a todos manda.

Véndense a precio aquí desmesurarlo

Los géneros de Francia, y los de Olanda:

Y esta Italia se lamenta, y dice,
11860

Que el hado no la quiere hacer felize.

XLVIII

Se duele de que ya la avara tierra

No corresponde al Labrador avaro;

Que ya las tempestades y la guerra

Convierten la Campaña en desamparo;
11865

Que a las lluvias el Cielo el passo cierra,

Que el Campo está abrassado sin reparo,

Que hombres y brutos muérense de hambrientos

Teniendo contra sí los elementos.

XLIX

En suspiros prorrumpen, y en gemidos,
11870

Porque ya de la Iberia, ya del Norte

Viene gente, que turba a sus sentidos

La bella paz. No advierte que a Mavorte

Llama ella con eccos repetidos

De su luxo, notorio en toda Corte,
11875

Y que una gente vil, vaga y ociosa

No hace frente a la fuerte y belicosa.

L

Conócete a ti misma Italia amada,

Ponte al pecho la mano por un poco,

Y después de estar bien examinada,
11880

Reconoce el origen vano, y loco

Que te tiene años ha desfigurada,

Y aplícate al remedio poco a poco.

Mira al tiempo presente, y al passado,

Y hallarás que tú misma lo has comprado.
11885

LI

Piensa quanto a las Artes fuiste atenta,

Nacidas y educadas en tu seno:

Piensa, que un día estavas mui contenta,

Con lo que producía tu terreno,

Y que hoi de ti tu antigua gloria auyenta
11890

De el luxo, y de la crápula el veneno,

La antigua parsimonia desterrando

Y que vas cada día empeorando.

LII

Entonzes aspiravas al honor

Por armas, Artes, letras y doctrina
11895

Hoi entre el ozio, el juego, y el amor

A desterrar la Magestad Latina.

Por su govierno, y su Marcial valor

Fuiste Reyna del mundo. Si tu ruina

Decretaron los Dioses con sus sellos,
11900

Cúlpate Tú a ti misma, mas no a ellos.

LIII

Vuelve a llamar las Artes a tu suelo,

Despierta ya este ingenio amodorrado,

Que en otro tiempo te elevó hasta el Cielo.

Destierra la ambición, y al moderado
11905

Uso de las costumbres, todo el zelo

Que hizo tan respetable a tu Senado

Aplica con constancia, y con decoro

Y verás revivir el Siglo de oro.

LIV

Echa de ti los usos perniciosos,
11910

Y las fatales modas estrangeras,

Con las quales te chupan los golosos

Tu substancia, tu honor, y tus dineros.

Vayan fuera los muebles suntuosos

De espejos, cornucopias, candeleros,
11915

Y de tantos inútiles arneses

Ingleses, Olandeses, y Franceses.

LV

O vieja oziosa, Vieja soñolenta

Dispierta ya de esse fatal letargo,

Y la ira de Dios teme sangrienta
11920

Yo te lo digo Italia en ancho y largo,

Mas si (lo que el Cielo no consienta)

Os burlaréis de mí, yo me descargo,

Y no me quitará nadie el consuelo

De que cumplí a lo menos con mi zelo.
11925

LVI

Aora, pues, que hize ya, como hais oído

Contra la pobre Italia una invectiva,

Creo averme librado (no sin ruido)

De un peso, que me hacía alguna giba,

Ni creo ser por esto reprendido,
11930

Pues gozan años ha la privativa

Nuestros Poetas de la Italia bella

De hablar, por lo común, mui mal de ella.

LVII

Todo aquel, que el Parnaso subir quiere,

Y mostrarse de Italia digno hijo
11935

El respeto la pierde, y aun la hyere

En tono de consejo: esto es mui fijo.

Yo ya hize mi deber, sea el que fuere,

Y aun pequé un si es no es en lo prolijo.

Vuelvo pues a la historia comenzada,
11940

Y a Elvira que me espera amostazada.

LVIII

En su cámara avía tres Armarios,

Con plumas, con papel, tintero, y tinta,

Argadillo, usos, rueca y tal qual cinta.

Dos mesas, un sitial, y libros varios,
11945

Y una estatua no grande, ni sucinta

De la Diosa que Cinthia el gentil llama,

Y una cuna mui cerca de la cama.

LIX

En ella sin dolor y sin cuidados

Passava muchas horas, noche y día,
11950

Nuestro Tulio, ya abiertos, ya cerrados,

Sus ogitos según le parecía,

Mientras Elvia atendía a sus usados

Labores, ya hilbanava, ya cosía;

Y el Niño se quedava dormidito,
11955

Con un sueño apacible, y dulcecito.

LX

No turbavan el sueño a Cicerón

Aquellos fantasmones y figuras

Que suelen espantar el corazón

De ciertas pavorosas criaturas,
11960

Y tal vez natural efecto son

De el excesso en usar bebidas puras,

Si ya no nace de franquear abiertas

A la imaginación sus locas puertas.

LXI

Quando el sueño sus artes desplegando
11965

Va poco a poco, y entra lentamente

Los cuidados de el día desterrando,

Deja a la fantasía libremente

Vagar por donde quiere, sin que al mando

De la razón se rinda, y comúnmente,
11970

Como no está tullida, ni está coja,

Gira y vuela a donde a ella se le antoja.

LXII

Por la región del ayre corre, y vuela,

Baja al abysmo, o bien súbese al Cielo,

Se entristeze, se aflige, o se consuela,
11975

Según lo que se agita en el cervelo,

Y, como enseña la moderna Escuela,

Lo que dispierto vio bien ordenado

Dormido sueña ver, mas trastornado.

LXIII

A tal uno, que arde, tiembla, espera
11980

Y muere por un rostro hermoso y tierno,

Parécele estar viendo allá en la Esfera

Su dulce prenda; y no ve más que un cuerno.

Juzga que le saluda placentera,

E imaginándose ya Marido, y Yerno.
11985

Iba a hablar a su Dueño idolatrado,

Dispierta, y reconócese burlado.

LXIV

Sueña en Selvas, y en Perros el que caza,

Y tal vez en Perdizes, y en Faisanes,

El soldado en sus armas, y amenaza
11990

A Franceses, Ingleses, y Alemanes.

El Pescante en sus redes, dando traza

De que no se las rompen los Caymanes,

Imagínalas llenas de Cabial,

Y halló, que pescó sólo el orinal.
11995

LXV

Más de una vez a mí me ha acontecido

Soñar, que un gran bolsillo avía hallado

Lleno de oro, y aviéndolo creído

Teníame por hombre afortunado,

Y decía entre mí: no estoi dormido.
12000

Dispertávame, y viéndome burlado

Conocía de el sueño los enredos,

Pues no hallava en la mano más que dedos.

LXVI

Mas volvamos ya al texto, y a su glossa:

Si se oye, o si se ve cosa funesta,
12005

En la imaginación (dice Barbosa)

Altamente estampada siempre resta,

Y tal vez dispertando aquella cosa

Convierte en llanto el sueño de la siesta.

Si quieres dormir quieto, huya tu vista
12010

De todo quanto assusta, y nos contrista.

LXVII

Sobre todo conciencia limpia y pura

Hace un sueño suave, dulce, leve,

Ninguna Larva, sombra, ni Figura

A turbarle se acerca, ni se atreve.
12015

Si la noche más larga, y más oscura

Quieres que te parezca clara, y breve,

Refrena las indómitas passiones,

Y libre te verás de fantasmones.

LXVIII

De Cicerón veremos con el tiempo,
12020

Que antes de ir a la cama examinava

Toda palabra, todo passatiempo

Toda acción, que entre día egecutava,

Y de su corazón en paz, y a tiempo

Todo indecente afecto desterrava.
12025

Con esto se iba al lecho sin quebranto,

Y se dormía como un Padre Santo.

LXIX

Su Madre procurava, que lejana

De él estuviesse toda Muger fea.

Y si a esto se añade lo profana,
12030

No hai Furia, no hai Medusa, no hai Medea

Comparable con ella. Viene gana

De vomitar al pobre que la vea

Quanto más ricamente esté vestida,

Con más asco, y orror es recivida.
12035

LXX

Nunca Elvira en presencia de su hijo,

De los antiguos célebres Autores

Leía las Tragedias; porque es fijo,

Que aquel trágico fin de los amores,

En lugar de excitar al regozijo,
12040

Engendra malincólicos humores,

Y se llena la pobre fantasía

De especies, que la dan melancolía.

LXXI

Si al hijo el sueño conciliar quería,

Quando estava de humor, y más dispierto
12045

Los Cómicos antiguos le leía,

Saltando con prudencia y con acierto

Lo que menos honesto parecía.

La Odissea (nos dice un Autor cierto)

Le leía, y un trozo de Platón,
12050

Y después le cantava esta canción.

LXXII

Haz la Nina y la Nana, hijo querido,

Y duerme siempre sueños placenteros.

Haz la Nina y la Nana, mi Cupido

Y si no pucheritos, haz pucheros.
12055

Haz la Nina y la Nana, esto te pido,

Y cierra essos ogitos embusteros.

Has la Nina y la Nana dulcemente

Y Morfeo te arrulle blandamente.

LXXIII

Cierra los ojos, y ciérralos quanto antes,
12060

Sin que inquiete tu sueño cosa alguna.

Cierra los ojos bellos y brillantes,

Y mírate con buenos la Fortuna.

Cierra los ojos, y ciérralos quanto antes,

Que ya me canso de mezer la cuna.
12065

Haz la Nina, que ya no hai paciencia,

Y todo esto cantábalo en cadencia.

LXXIV

Cantando Elvia, la cuna meneava,

Poco a poco, y el lento movimiento

Grandíssimo placer a Tulio dava.
12070

Los ojos cierra en fin con mucho tiento,

Y Elvia, que de hito en hito le mirava,

No hace rumor, no canta; a passo lento

Se retira; mas Tulio no dormía,

Y en su mente qué de cosas revolvía!
12075

LXXV

O si duerme, soñava grandes cosas,

Verbi gratia emular los Oradores

Antiguos en sus Obras primorosas,

Venciéndolos, si puede, en sus primores,

Pues (como dice un tal fulano Rosas)
12080

La Fortuna, a quien llama a los honores,

Hablando a nuestro modo, se complace

En dárselo a entender desde que nace.

LXXVI

Su risita era honesta, honesto el llanto,

Honesto en el mirar, y en quanto hacía:
12085

Pero en sus manecitas lo era tanto,

Que, mamando a tocar no se atrevía

El pezón de la Madre; era un encanto

Ver, que teniendo, como al fin tenía

Uñas, y dientes, ni por caso, ni arte
12090

Señaló nunca Tulio aquella parte.

LXXVII

No imaginéis, que Elvira fue frequente

En franquearle la tienda en que mamasse.

Quatro vezes al día solamente

Le dava el pecho; y es fácil que tomasse
12095

De aquí aquella costumbre de abstinente;

Porque es fama común, que praticasse

Solas quatro comidas cada día

O! quánto puede hacer una que cría!

LXXVIII

Notar a honor de Tulio aquí se debe
12100

Una cosa mui digna de alabanza.

Si de el seno materno el Niño bebe

La leche, que no falta, antes avanza,

A otro frasco beber jamás se atreve,

Y si alguna, que ignora aquella usanza,
12105

Se desabrocha, y Tulio lo repara;

Vuelve a otra parte la púdica cara.

LXXIX

De sola Elvira manejar se deja

Sus castos miembros: y mientras que le faja

Quietecito se está como una Oveja.
12110

Pero, fajado ya, tanto trabaja

Con pies y manos, que insiste y no lo deja

Hasta que poco a poco se desfaja:

Como quien dice: libre me ha hecho el Cielo,

Y libre he de vivir acá en el suelo.
12115

LXXX

Viendo la Madre a Cicerón dotado

De tal virtud, en su interior le alava,

De grandes cosas te tiene reservado

Hijo (le dice) el Cielo, y continuava

Diciendo: será Padre aclamado
12120

De la Patria. Diciendo esto exclamava:

O qué cosas harás en adelante!

Harás más que hizo en Francia Floravante.

LXXXI

Tal vez Elvira blandas palmaditas

Daba en el blanco pecho al tierno Niño;
12125

Tal vez en otras partes sus visitas

Le hacía por amor, y por cariño.

Mas veo que estas quatro palabritas,

La ocasionen rabia y desaliño

Y que con torbos ojos ya me mira.
12130

Huyo pues de su quarto, y de su ira.

LXXXII

Huyo, pues, y me pongo en salvamento,

Antes que al ayre vuelen las chinelas;

Que una Muger en el primer momento

De su furor hará besar las suelas,
12135

No digo a un hombre, a todo un Regimiento,

Ya sea de Brabante, o de Brusselas,

Y a falta de ellas, platos y escudillas

Andarán tras cabezas, y costillas.

LXXXIII

Quando fuera de casa Elvia salía,
12140

Llevando el caro peso entre los brazos,

Mugeres, y hombres todos a porfía

Se iban tras de los dos, y mil abrazos

Dar cada qual, al Niño pretendía,

En que no avía insultos ni pelmazos,
12145

Queréis ver? Corred pues adelante

Porque salen de casa en este instante.

LXXXIV

Lleva Elvira a su hijo en blanco lino

Embuelto, y el Infante mui sereno

A todo está mirando el Pueblo Arpino;
12150

Mas si no pone a sus manitas freno,

Esto es, si por juguete y sin destino

Llevar las quiere azia el materno seno,

Elvia se las aparta mesurada,

Dando a entender no quiere ser tocada.
12155

LXXXV

Una basquiña negra era su gala,

Y ocultava su cara un negro velo

Honesta precaución contra la mala

Inclinación de algún lascivo anhelo.

Por donde passa estampa Elvia, y señala
12160

Pruebas claras de honor, de juicio, y zelo

La basquiña cubríala los pies

O! quántas hoi lo hacen al rebés!

LXXXVI

Pero hacen pensar mal, y obrar peor,

Y aunque yo no soi cierto escrupuloso,
12165

Me hacen bajar los ojos con rubor,

Al ver aquel vestir escandaloso.

Cáusame esto tan íntimo dolor,

Que no puedo callar, y hablar no osso

Por lo que, con prudencia cauta y sabia,
12170

Sólo diré, que el verlo me da rabia.

LXXXVII

Si fueran al Teatro, u a los Toros

Las Mugeres, que van con inmodestia

Vestidas, adelante con mil Moros

No olería el desorden tanto a bestia;
12175

Pero ir assí a meterse entre los Coros

De un Templo, o de una Iglesia, con molestia

De almas pías, devotas, y Cristianas?

Casi de maldecirlas me dan ganas.

LXXXVIII

O qué campo aquí se abría
12180

De declamar contra tan reo abuso?

Aora sí, que otro Elías ser querría

Para gritar en tono no confuso:

Si la casa de Dios, de noche y día

Profanáis de esse modo, y con tal uso,
12185

Temed aquel Señor que se ayró tanto

Quando vio profanado el Templo Santo.

LXXXIX

Ya se vio de él con cólera arrojar

Los que vendían blancas Avecillas;

Que hará con los que a escandalizar
12190

Van a él a almas puras y sencillas,

Haciéndolas tal vez prevaricar

Quando con Dios trataran sus cosillas?

Y no temen a un Dios, que es vengador:

O qué assunto para un Predicador!
12195

XC

Siempre andava Elvia con modesto passo,

Nunca los ojos al contorno gira,

Y como dice de Sofronia el Tasso,

Míranla todos, y ella a nadie mira.

Si alguno le hace señas, no hace caso,
12200

Si otro atrevido de el brial la tira,

Si tosse, sylva, escupe, o gargagea,

Va adelante y desprecia aquel Badea.

XCI

En nuestros días no hacen todas esto.

Muchas, sean solteras, o Casadas,
12205

De su escasa beldad de puesto en puesto

Van a hacer pompa mui embelletadas,

Y a todo Molzavete de buen gesto

Regalan con dulcíssimas miradas,

Moviendo ojos, y pies acompassados,
12210

Mas unos y otros por diversos lados.

XCII

Una conversación al punto entabla

Con un Rufián, tan hablador como ella.

Otra es más reservada en lo que habla,

Mas sus ojos, loquaces como aquélla;
12215

Ésta tan tiesa como qualquier tabla

Gusta de cortesías, porque es bella;

Elvia volvía a casa con decencia,

Salvo siempre su honor, y su conciencia.

XCIII

Ni era de aquellas, que porque han parido
12220

Un hijo, se hacen vanas e insufribles

Al más tierno y pacífico Marido,

Pretendiendo mil cosas impossibles,

Por juzgar que en aquello le han servido

Con la hazaña mayor de las possibles
12225

En las débiles fuerzas de un Esposo,

Y que por ellas ellos no hacen cosa.

XCIV

Mas yo a tales Mugeres las remito

A un libro de láminas mui finas,

Donde dice el Autor (hombre erudito),
12230

Que hijas son de las Rosas las Espinas.

Lean lo que hallarán en el escrito,

Que yo lavo mis manos, y mohínas

Contra mí ver no quiero a las Mugeres,

Ni oponerme a sus bellos pareceres.
12235

XCV

Antes bien, por huir de disgustar

Al bello sexo, a quien venero tanto;

Si es que me dan licencia, quiero entrar

(Ya que parece da lugar el Canto)

En cierta Estancia, donde solía estar
12240

Elvia con Tulio, quieta como un Santo;

Estancia que en la Griega Biblioteca,

Creo se ha de llamar Pinacoteca.

XCVI

Y nosotros llamamos Galería,

La qual era como ésta justo, justo
12245

Que si, como es del Conde fuera mía

En verdad no tendría gran disgusto.

Mas gózela años mil su Señoría,

Y celebremos todos su buen gusto,

Ya que por tan Cavallero, y tan Cristiano
12250

Digno es de quanto hai más Soverano.

XCVII

Muchos quadros avía en dicha Estancia,

Pero mucho erraréis en mi conciencia,

Si imagináis que en ellos la elegancia

De el pincel se manchó con la indecencia.
12255

No cierto; no fue assí: con la arrogancia

De el pincel componía la decencia.

En ningún quadro avía pincelada,

Donde la honestidad no fuesse respetada.

XCVIII

Pintadas no, no avía al natural
12260

Ciertas historias de hediondo tasto;

Ciertos juguetes, que hacen pensar mal,

Y peor, quanto más vivo es el impasto.

No era de aquellas Cámaras la tal,

Donde el que entra, si quiere salir casto,
12265

Es preciso, que entrando para vella,

Vuelva a salir sin ver lo que hai en ella.

XCIX

O gente sin consejo, escandalosa!

Este pecado grita a Dios venganza.

Él es aquella planta ponzoñosa,
12270

Cuya raíz hasta el abismo alcanza;

Aquella res infecta, res roñosa

Que infiziona al redil sin esperanza.

Ay de aquel que a su hermano escandaliza,

Y a pecar de qualquier modo le atiza!
12275

C

Assaz irritan la concupiscencia

Ciertos al día de oy originales,

Assaz durará el mal de su presencia,

Sin hacerse en sus copias immortales,

Assaz reyrá en el mundo la licencia
12280

Y assaz son las Mugeres liberales

En mostrar ciertas cosas a compás,

Sin que el pincel descubra lo demás.

CI

Assaz más al mal, que al bien se inclina

Nuestra naturaleza enferma, impura,
12285

Sin que por otros medios a su ruina

Precipitarla quiera la pintura.

La fantasía assaz se lo imagina,

Y ella misma se forma la figura,

Sin que también conspire por su parte
12290

Con nuestra Naturaleza la misma Arte.

CII

Arte infeliz, si ya con tus colores

De las almas estrago eres, y daño;

Si en el pecho introducen tus primores

Amor vil, amor sucio, amor estraño,
12295

Causando en sólo un día más horrores,

Que la malvada Alcina en todo un año.

O! llueva sobre ti fuego de el Cielo;

Pero clama en desierto este mi zelo.

CIII

Veo, que sirven poco mis sermones,
12300

Y que en vano hasta aora han predicado,

Muchos grandes intrépidos Varones,

Aviendo ciertamente demostrado,

Ser difícil, o Dios, que nos perdones

En vida o muerte tan feroz pecado
12305

Porque hace más mal un Quadro puerco, imundo

Que diez malas mugeres en el mundo.

CIV

Sí, vuelvo a decir, una pintura oscena

Hace más mal que una Muger mundana,

Porque ésta, si vive hoy robusta y buena
12310

Fácilmente podrá morir mañana,

O arrepentirse como Madalena,

Y mucho más si llega a ser anciana.

Mas se burla de el tiempo, y de su injuria

Un quadro, que provoca a la lujuria.
12315

CV

Y en vez de aquellos premios, que dan todos

Con alabanzas mil a los Pintores,

Que ofenden la modestia de mil modos

Castigarlos debieran los Señores,

Como lo hizo un Rey Santo de los Godos,
12320

Entregando a las llamas los primores

De cierta Galería deshonesta,

Por luminarias de una grande fiesta.

CVI

Pintores hai, que hacen vanidad

De imitar demasiado vivamente,
12325

Al natural, lo que no hai necessidad

(De que no poco daño el mundo siente)

Pintando (más que no fuera verdad)

En puris naturalibus la gente.

Costumbre que adoptaron los Romanos,
12330

A excepción de tal qual, no tan profanos.

CVII

Viendo Cornelia un día una pintura

De un Senador, mostrando ciertas cosas,

Que no eran para verse, ni en figura,

Por inhonestas y por vergonzosas,
12335

Llena de horror, porque era casta y pura,

Encendido el semblante como rosas,

Llévala al Pintor (dixo a una Muchacha)

Y dile que le ponga una Garnacha.

CVIII

Pero mejor Solón lo practicó,
12340

El qual, viendo pintada a una Doncella,

Como su misma Madre la parió,

Más peligrosa, quanto era más bella

El retrato a las llamas arrojó,

Añadiendo: si aquí estuviera ella,
12345

Lo que hago con la copia en caso tal

Lo haría con el mismo original.

CIX

Ojalá, que estuviera el mundo lleno

En nuestros días de Solones tales.

Sin ruido, sin estrépito, y sin trueno
12350

Con quatro pinceladas magistrales,

Se remediava todo: un pincel bueno

Bastaría a cubrir ciertas Vestales

Que, desnudas con poca discreción

Se exponen al rigor de la Estación.
12355

CX

A más de una pintura, aunque modesta

Sólo porque era con exceso hermosa

Hizo Elvira poner un velo en testa;

Y como era un tantico escrupulosa,

Por cubrir otra parte poco honesta
12360

Echar al cuello no sé qué otra cosa.

Y de un Pintor de aquellos mazorrales,

Hizo alargar a todas los briales.

CXI

Entrando pues con ánimo seguro

En la ya dicha Estancia, o Galería
12365

De los Quadros que cuelgan en el muro

Razón daré de su Genealogía.

Mas ya comienza el Cielo a hacerse oscuro

Y ya se oye sonar la Ave María

Dejarémoslo pues hasta mañana.
12370

Venid, pues, y venid de buena gana.


Fin del Canto XV

Canto XVI

I

Los retratos de sus antepassados

Antiguamente usavan los Señores

Que adornassen sus salas. Bien pintados

Valientes Capitanes, Senadores
12375

Prudentes, y doctíssimos Letrados

Con insignias de todos sus honores,

Y entre ellos muchos, por mayor decoro

Pendiente de su cuello el Toysón de oro.

II

Y aun entre ellos avía más de dos,
12380

Que, aspirando a un origen inmortal,

Descender pretendían de algún Dios,

O a lo menos de alguna cosa tal.

Quien de Ércules, o de otro Semi-Dios

Venía en línea recta, o transversal,
12385

Y aun entonzes (como hoi mismo) se usava,

Que el que menos tenía, más mostrava.

III

Más de una vez prestados los pedía

El que ninguno en su Familia hallava.

Que la impostura ya entonzes corría,
12390

Y aun en todas materias se mezclava,

Éste nieto de Turco se fingía,

Aquél de Evandro nieto se jactava,

Y más de dos tontíssimos Badeas

Descendientes del piadoso Creas.
12395

IV

Esto supuesto, esperan más de dos

Oírme hablar de la ascendencia clara

De el gran Tulio; y aun muchos entre vos

(Según estoi leyendo en tal qual cara)

Un Catálogo aguarda, como hai Dios,
12400

Tan largo poco menos que una vara,

En que haga ver a todos los presentes

Mil de Tulio gloriosos ascendientes.

V

Mas, valga la verdad, o bien ya fuesse

Porque el buen Tulio en esta fantasía,
12405

Y necia vanidad nada tuviesse;

O porque en Arpino grande carestía

De Pintores entonzes quizá huviesse:

El hecho es, que en aquella Galería,

Ni en la pared colgado, ni en el suelo
12410

No se hallava pintado un solo Avuelo.

VI

Quizá en tiempos antiguos cien Retratos

De aquel Salón cubrían las murallas,

Y por algún enredo de los Gatos

(Entre los quales hai muchos canallas)
12415

Sucedió algún incendio; porque a ratos

Assí perecen muchas antiguallas;

Como efectivamente en casa mía

Se quemó toda mi Genealogía.

VII

Como quiera que el caso sucediesse,
12420

De el grande Tulio en la pequeña casa

No avía ni un retrato, y quien la viesse

La podía llamar Tabula Rasa,

Por lo que no me admiro ya que fuesse

En todos su noticia tan escasa;
12425

Pues poco, o nada se habla en conclusión

De la Casa de Tulio Cicerón.

VIII

Y aunque era aquí el lugar como pintado

De dar lugar a algún noble Ascendiente

De Marco Tulio, encuéntrome embrollado
12430

Pues nada de esto sé absolutamente,

Y en vano al grande Apolo he suplicado,

Que me ilumine la confusa mente.

Y como él se hace sordo, o no responde

No sé dónde volverme, no sé dónde.
12435

IX

Es verdad (no lo niego) que podría

De algún modo salir con este intento,

Porque todo ello al fin se reducía

Un árbol a fingir, o un instrumento,

Que ésta en no pocos es superchería
12440

Usada, mas yo a usarla no me aliento,

Porque nunca he sabido mentir tanto,

Siendo assí, que jamás he sido santo.

X

Sé, que siempre seré por mi desgracia,

Un pobretón; que nadie me hará rico
12445

Por mis versos insulsos, y sin gracia,

Porque el sincero de mi Musa el pico

Mentir no sabe, ni afectar audacia.

Podrá hacerme la suerte pordiosero

Mas nunca (vive Dios) me hará embustero.
12450

XI

Si Tulio en sus Salones no tenía

Un Esquadrón de Avuelos retratados,

Otros títulos, cierto poseía

Por nobleza mayor más estimados,

Y eran aquellos, en que descubría
12455

Su virtud, y sus hechos celebrados.

Esta es nobleza verdaderamente;

La de la sangre no es más que aparente.

XII

Mas olá! que yo aora no pretendo

Examinar este común abuso
12460

Sea antiguo, sea moderno. Sólo entiendo

Decir lo que otros dicen: dejo excluso

Que lo dé aquel valor que no comprendo.

Pues no toca a mi pobre calavera

Definir la nobleza verdadera.
12465

XIII

Sólo digo que aquellas buenas gentes,

Que chorrean Nobleza por los codos

Porque tuvieron grandes Ascendientes,

Conocidos en tiempos de los Godos,

Si a los tales no son correspondientes
12470

En hazañas, virtudes, trato, y modo,

Y se glorian de nobleza tal,

Digo, y vuelvo a decir, que hacen mui mal.

XIV

Tengan en ora buena mil retratos

Hechos por Cinabuè [sic], Pintor famoso.
12475

Si son los nietos unos mentecatos

Respecto a sus Avuelos, decir osso,

Que éstos fueron Leones, y ellos Gatos,

Y a lo más más, una Gentalla,

Que compone el rebés de la medalla.
12480

XV

Quando un Cavallo que es de buena raza,

Y semejante a ella se supone,

Ya sea en una Feria, o una plaza,

A la venta, y examen se le expone:

Si en medio de su hermosa, y noble traza
12485

Manco, o cojo se halla: al que le pone

Ninguno acudirá para comprallo,

Aunque de el mismo Sol fuera un Cavallo.

XVI

Lo mismo con razón podrá decirse

De el que es noble, o por tal el tal se tiene.
12490

(Y de esto sólo deben excluirse

O exceptuarse aquellos, que conviene)

Si deshonran la sangre, que a incluirse

En sus venas de origen alto viene

Qué importa, que ésta sea clara y pura
12495

Si él la envilece, y la hace al fin oscura?

XVII

Si tuvieran un poco de prudencia,

Los retratos de sus Antepassados,

Que de altivez lo llenan, e insolencia

Los debieran tener siempre enterrados
12500

Para no avergonzarse en su presencia,

Al verse de ellos con razón notados

De cobardes, de altivos, de ignorantes,

Y aun también de otros vicios semejantes.

XVIII

Sirvieron los retratos, y la Historia,
12505

Para (mal que les pese al tiempo viejo)

Conservar siempre viva la memoria

De los que al mundo fueron claro espejo,

Y excitar el deseo de la gloria

De los que en él se veían por reflejo,
12510

Procurando imitar las grandes dotes

De sus claros Avuelos los Nepotes.

XIX

Era mui santa y buena esta invención:

Ella produxo mil efectos buenos,

Como en César, en Bruto, y en Catón,
12515

Con Otros de que están los libros llenos.

Pues se ve hacer tal vez más impressión

Una muda pintura, que mil truenos.

Y una mirada (aunque la boca no abras)

Suele mover aún más que cien palabras.
12520

XX

O qué bien dixo Orazio allá en su Arte!

Más se pega lo que entra por los ojos,

Que lo que se oye, o se lee en alguna parte.

Si (verbi gratia) ves algunos piojos

Asco te dan, y llegan a nausearte;
12525

Mas oírlos nombrar no te da enojos.

A las palabras muchos no las creen

Pero quiénes negaron lo que ven?

XXI

Si un Orador famoso (verbi gracia)

Nos exorta a ser buenos, y de cierto
12530

Sabemos que él no lo es, por su desgracia,

Decimos (sin razón) clama en desierto.

Mas si a su predicar con buena gracia

Junta el egemplo, no hai corazón hierto,

Que haga resistencia a quien practica
12535

Aquello, que nos dice, y nos predica.

XXII

Si dixesse: ora bien Señores míos

Haced lo que os digo, y lo contrario

Hiciesse yo; aunque todos fuesseis píos,

Tanto, o más que el glorioso S. Hilario,
12540

Os burlaríais de mis desvaríos.

Oíd en este punto con silencio

Cierta noticia que leí en Terencio.

XXIII

Viendo un Impío un retrato, que mostrava

Al Dios Jove en un acto, poco honesto,
12545

Al tal Dios en lo mismo remedava

Y no quiero deciros todo el resto

Porque tampoco quiero en esta Octava

Ser a nuestros Pintores más molesto;

Solamente, los ruego, y los conjuro,
12550

Que huya de su pincel todo lo impuro.

XXIV

Antes, me vuelvo aora con mi glossa

A Vosotros, Cabezas de las Casas:

Tenéis muchos Familia numerosa,

Dios la bendiga, y libre de las brasas
12555

Eternas del Infierno, mas es cosa

(Decía el Misionero Padre Casas)

Precisa, que en las vuestras no se vea

Pintura, que honestíssima no sea.

XXV

No siendo assí, será mui natural,
12560

Que viéndola el Mozuelo, y la Doncella

El deseo se excite de algún mal

Tanto en el pecho de él como en el de ella.

Y assí por vuestro bien spiritual

Os propongo esta máxima, que es bella:
12565

Tened siempre las salas adornadas

De Imágenes devotas, bien pintadas.

XXVI

Esto hizo Cicerón. Si de Retratos

De sus avuelos tuvo carestía,

Los de otros hombres, a los Dioses gratos
12570

Adornavan su bella Galería.

Y veisme aquí, después de algunos ratos,

Vuelto al assunto, que evaquar quería.

Veamos pues, ya que ocurre la ocasión,

Qué tenía en su quarto Cicerón.
12575

XXVII

Veíase en aquella hermosa Estancia

De las Musas pintado el dulce Coro:

Febo entre ellas (o a mui poca distancia)

Con Magestad sentado, y con decoro.

Mercurio de camino para Francia;
12580

Y la Fama con su Trompeta de oro.

En la boca llevaba el Bruto alado

Un ramo de Laurel medio mazcado.

XXVIII

O Pintor temerario, y aun vergante!

Pues pones en la boca de un Rozín
12585

La hoja sacra, que sirve de turbante

A los Reyes más sabios; y por fin

Fue Corona de el Tasso, y aun de el Dante

Si los Pintores dan tales ensayos

O Júpiter, para quándo son los rayos?
12590

XXIX

Aquel árbol, gran Febo, que Tú amaste,

Quando tomar quisiste cuerpo humano,

Aquel con que Tú a ti te coronaste,

Quando el amor de Dafni te hizo insano,

Y de el furor del rayo te libraste,
12595

Sin que le toque su atrevida mano.

Permitirás, que ya roído sea

De una bestia con alas? (cosa fea!).

XXX

Pero quién sabe, si el Pintor marrajo

Quiso hacer alusión al gran desprecio,
12600

Con que hoi se miran del Danubio al Tajo

El myrto y el Laurel? pues se hace aprecio

Mucho mayor de la cebolla, y ajo.

El myrto sólo agrada a tal qual necio,

Y el Laurel no se sabe que aproveche
12605

Más que para dar gusto al escaveche.

XXXI

O quizá el tal Pintor aludiría

Al uso el día de hoi introducido,

De que el Laurel tan estimado un día

Se halle al mayor desprecio reducido,
12610

Pues lo que en otros tiempos ennoblecía

A un Soverano ingenio, hoi abatido

Tanto está ya, y aun tanto se abandona,

Que con él un jumento se corona.

XXXII

Tal vez se ve de un Improvissador
12615

De Laurel coronada la cabeza

Porque gorgorotear sabe de Amor

En verso atado, o suelto, en una pieza,

Y sobre un cabello blondo hace rumor,

O sobre un cándido pecho canta, o reza.
12620

O de Autores robando va diversos

Ya los conceptos, ya también los versos.

XXXIII

Fuera de las Imágenes nombradas

En ayre de gravíssimas Matronas,

Las Sybilas veíanse adornadas,
12625

Como correspondía a sus personas.

Sobre el número de ellas encontradas

Hai opiniones en entrambas Zonas.

Unas más, otras dos, otras que una,

Y muchíssimos dicen que ninguna.
12630

XXXIV

Si en otra parte ya no huviera hablado

De las antigüedades largamente,

Me vendría aora aquí como pintado

Solemne burla hacer de tanta gente,

Que en este nuestro Siglo deslumbrado
12635

Emplea el tiempo miserablemente,

En explicarnos monumentos viejos,

Y nos venden Ratones por Conejos.

XXXV

Hai en el mundo tantas cosas ciertas,

Tan provechosas, y aun tan necesarias,
12640

Que las ciertas dejar por las inciertas,

Y las precisas por las arbitrarias,

Si no se llaman atenciones muertas,

Llamar se deben mui estrafalarias,

Pues se deja lo propio, y más activo
12645

Por lo impropio, y no más que apelativo.

XXXVI

Las cosas más antiguas, más oscuras,

En que apenas se puede nada ver,

Se buscan, y se olvidan las seguras,

Cuya noticia es fácil de tener.
12650

Como aquellas curiosas Criaturas,

Que se matan ansiosas por saber

En casa del Vezino quanto passa,

E ignoran los sucesos de su casa.

XXXVII

Saben lo que sucede en casa agena,
12655

Mas lo que hai en la suya no lo saben.

Pero Catuja, Antonia, y Madalena

Todo lo saben bien; y quando laven

Lo cantarán con voz tan clara y llena

Que lo oigan los que aren, los que caben,
12660

Las Pasqualas, las Juanas, y las Gilas

Pero quiero volverme a mis Sybilas.

XXXVIII

Tenían estas Vírgenes prudentes

En sus manos un libro enquadernado,

Todas llenas de arrugas, y sin dientes,
12665

El semblante a manera de espantado,

Desgreñado el cabello, sin pendientes,

Y un Anteojo de a bara preparado,

Para ver en los siglos más distantes,

Con aquellos sus ojos penetrantes.
12670

XXXIX

Todas eran amigas de el Dios Delo,

Esto es, amantes de la Poesía.

A excepción de la cara, un negro velo

Todo el resto del cuerpo las cubría.

Todas estas pinturas en el Cielo
12675

Se miravan de aquella Galería,

Y en las paredes de ella laterales

Se veían las Artes liberales.

XL

Cierta insignia tenía en una mano

(Que era el símbolo suyo) cada una.
12680

Explicar quáles eran creo es vano,

Pues no lo ignorará persona alguna.

Assí sólo diré en mi estilo llano,

Y en general sin expressar ninguna,

Que se vían pintados cien retratos
12685

De Literatas, y de Literatos.

XLI

Según esso, diréis, aquella sala

Debía de ser grande, y espaciosa

Quando tanta pintura buena o mala,

Cabía en ella. Reflexión juiciosa,
12690

Mas concluyente no (según Zabala),

Pues en un sitio estrecho, cien pinturas

Cabrán, si son pequeñas las figuras.

XLII

Pendían, pues, como íbamos diciendo,

Muchos retratos de hombres eminentes,
12695

Cuyos nombres la Fama va estendiendo

De Nación en Nación entre las gentes.

Y porque poco a poco oscureciendo

No fuesse el tiempo hombrones tan valientes,

Al pie estavan de todos declarados
12700

Sus nombres, apellidos, y dictados.

XLIII

Siempre una cosa a mí me ha parecido

Digna de la aprovación universal.

La que todo Pintor ha introducido

Sea que pinte bien; o pinte mal,
12705

Y ésta es que quando el quadro ha concluido

Nos diga: esto es tal, aquello es qual,

Este es un buey; aquella es una planta.

Bella invención! Costumbre buena, y Santa!

XLIV

Entonzes se comprende a derechura
12710

La cosa; sin meterse a adivinar

Como hago yo, si veo una pintura

Y no sé lo que quiere presentar

Porque veo delante una figura

Tan embrollada, tan irregular,
12715

Que apenas ya distingo, ni discierno,

Si es un Dios, si es un Psiche, o es un Querno.

XLV

Muchos Pintores, aun en nuestros días,

Hacen tales figuras, y retratos,

Que con licencia de sus Señorías,
12720

Me parecen sus Ángeles Mulatos;

Sus Santos, Furias, y tal vez Harpías,

Y aun hai quien pinta una Matrona

Con golilla, Garnacha, y con balona.

XLVI

De la Mytología ni una parte
12725

Saben siquiera; y lo confunden todo:

Dan a Bacco el Tridente, el Tyrso a Marte,

Y trastornan las cosas a su modo.

Juzgan ser privilegio de su Arte

Vestir el Espartano a la Francesa,
12730

Y el Francés, y el Romano a la Chinesa.

XLVII

En medio al mar hacen nacer las plantas,

Fingen algún incógnito animal,

Inventan producciones mil y tantas,

Que no hai en la Historia natural;
12735

Las cosas más profanas con las santas

Confunden; y el egemplo más trivial

Algún retrato de la Madalena sea,

Que parece la diosa Cyterea.

XLVIII

Pintan a S. Cristóval un Gigante,
12740

Que al Redentor llevar a cuestas pudo.

A Gerónimo píntanle brillante

Con su Capelo rojo, mas desnudo,

A S. Joseph con un Agonizante

Que le ayuda a morir; qué hombre sesudo
12745

No llamará al Pintor, que esto pintava

Loco de prima classe con Octava?

XLIX

Dizen en su defensa los Pintores

Que al Poeta y Pintor es permitido

Fingir quanto se antoje a estos Señores.
12750

Porque assí lo dejó ya definido

Oracio en sus Poéticos verdores.

Lo que de ellos está mal entendido,

Pero déjolo aquí, porque no quiero

Me digan lo que al otro Zapatero.
12755

L

En gracia de proverbio tan juicioso,

Que siempre tener debe mui presente

Todo hombre presumido, o bien zeloso,

Que hable en ofizio ageno. Yo prudente

Queriendo ser, y a nadie hacerme odioso,
12760

A los Pintores digo: buena gente,

No intento criticaros, ni pretendo,

Porque de essa vuestra Arte nada entiendo.

LI

Antes bien si es que dicho alguna cosa,

Que pudiesse ofender a los Pintores;
12765

Digo in primis que siempre respetosa

A todos fue mi lengua los Autores.

Fuera de que hablo en verso, mas no en prossa;

Y los versos nos dicen los Doctores,

Que son de toda prossa mui diversos,
12770

Porque aquélla prossa es, y éstos son versos

LII

Por lo demás, si hablar mal yo quisiesse,

No lo sabría hacer, y assí lo juro.

Ni aunque, por mi desgracia, lo supiesse,

Primero me daría contra un muro
12775

Que por burla política lo hiciesse;

Porque yo me vería en grande apuro,

Puesto que entre Poetas y Pintores

Poca hacen diferencia los Autores.

LIII

De este dictamen era un tal Quindós,
12780

Porque a entrambos tocaba trabajar

Más de una vez por puro amor de Dios.

Pues muchos que son prontos a encargar,

Quando llega el pagar padecen tos,

O retención de bolsa singular,
12785

Y con un bravo! o bello! y un abrazo

Al Pintor, y al Poeta piden plazo.

LIV

Antes tal vez se encuentra un mentecato,

Que de los dos se da por ofendido:

De el Pintor porque hizo un mal retrato,
12790

Y de el Poeta porque lo ha servido

Solamente con vozes de boato

Sin concepto, sin alma, y sin sentido,

Llenándolos de injurias, y de vozes,

Y alguna vez de palos, y de cozes.
12795

LV

Uno y otro a la Crítica sugeto

De el vulgo necio está, y de el ignorante,

Para hablar mal de un quadro, o de un Soneto,

Todos creen, que saben lo bastante.

Éste es de nuestro siglo con efeto
12800

El gran vicio, o bien sea humor pecante,

Dar todos francamente su sentencia

Sobre lo que no entienden en conciencia.

LVI

Uno, que nada entiende de colores,

Nada de proporción, ni de figuras,
12805

Condena ciegamente a los Pintores,

Y dice contra ellos mil frescuras.

Califica de yerros los primores,

Y las finezas llama [estra]paduras.

En los versos censura lo escogido,
12810

Y celebra lo necio, y mal zurrido.

LVII

Si aquel Zapaterillo mentecato,

Que a Apeles criticó, se contentara

Con criticar las suelas de el zapato;

Tanto el mundo de él no se burlara.
12815

Marsias su piel tendría como un Gato,

Y Midas sus orejas conservara,

Ni se cantara en todas las esquinas

Rex Midas habet aures assininas.

LVIII

Pero; volviendo al parangón propuesto,
12820

De Poeta, y Pintor, digo que Dante

Poetas llamó a éstos, y al opuesto,

Algunas pocas hojas adelante,

A quanto el Ariosto avía compuesto,

Pintura apellidó viva y parlante,
12825

Como otros llaman, por metonomía

A la Pintura muda Poesía.

LIX

En cierto modo Pintores y Poetas

Son Hermanos, o Primos a lo menos,

Deudores ambos son a unos Planetas
12830

Que de ingenio, y pobreza hácenlos llenos.

Sin embargo unos y otros mil corbetas

Baylando hacen contentos y serenos.

Son bizarros, fantásticos, y a vezes

Parecen todos unos cascanuezes.
12835

LX

Antes generalmente el mundo estima,

Que entre los que el Pincel alza al excesso,

Y los que saben componer en rima,

Mui poca diferencia hai en el sesso,

Y que un buen trozo de materia prima
12840

Toca a entrambos a dos sólo por esso

No sé en esto lo que hai; sí que los tales

Suelen ser con nosotros liberales.

LXI

Nos honran demasiado, y favorecen

Con pinturas, elogios, y colores,
12845

Que por la mayor parte no merecen

Nuestros pobres Poéticos ardores.

Los míos a lo menos me parecen

Que a sus honras no son acrehedores.

Y assí renuncio quanto a mí me toca,
12850

Con que sobre este assunto punto en boca.

LXII

Confiesso ser Poeta, mas tal qual

Entre Pintores fue Margueritón,

O si huvo otro Pintor más docenal.

Y quédese esto aquí; pues con razón
12855

Sin duda llevaría mui a mal,

Que alguno, fuesse Mozo, o Vejarrón,

Me dijesse esta cosa, aunque tan justa,

Porque de estas verdades nadie gusta.

LXIII

Quántos y quántos de estos Tontarrones,
12860

De cabezas redondas, sólo buenas

Para comer pepinos y melones,

A sí mismos se llaman calvatruenos,

Ignorantes y necios bobarrones,

Mas si otros se los llaman dan mil vozes
12865

Y hártanlos de patadas; y de cozes.

LXIV

Entre las hembras, vese ésta y aquélla

Repetir con parlar poco sincero;

Ya soi mui vieja, soi fea, no soi bella.

Y entonzes digo yo: es verdadero
12870

Todo quanto ésta dice; mas si a ella

La digesse lo mismo un Majadero

Ira de Dios! mas calla boca mía

Y volvamos a nuestra Galería.

LXV

Repartidos estavan los retratos
12875

En dos hileras; en la superior

Todos los rostros flacos, mogigatos,

Ojos hundidos, y de mal color,

Pensativos, odiosos, poco gratos,

De modo, que qualquier conocedor,
12880

Comprehendía mui bien, con sólo vellos,

Que eran todos Filósofos aquéllos.

LXVI

La segunda mostrava retratados

Otros, a los primeros semejantes,

Muchos de ellos estavan afanados
12885

En ayre de quien busca consonantes.

Tristes muchos, los más como encantados,

Tan pensativos como los de antes.

Se conocía a la primera vista,

Que era de los Poetas la gran lista.
12890

LXVII

En la tercera estavan los mejores

(Como el buen Juan Bartolo nos enseña)

Históricos, Letrados, y Oradores,

Y quantos tienen de escritores seña

Letrados, Cirujanos, y Dotores
12895

Como Galeno, Hypócrates, y Peña.

Era en fin en la tal Pinacoteca

Toda la erudición Latina et Greca.

LXVIII

Después de aver comido Cicerón

Le llevava su Madre a aquella estancia,
12900

Y le decía: ves allí a Platón,

Y los otros que ves sin arrogancia

Son Sócrates, Empédocles, Zenón;

Omero, a quien tradujo España y Francia,

Aristóteles, Dídimo, Anaxágoras,
12905

Eráclyto, Domócrito, y Pitágoras.

LXIX

Aquel ciego que allí ves coronado

Es el gran Padre Omero; en aquel Monte

Demóstenes el Griego tan nombrado,

Están Píndaro, Lino, Anacreonte
12910

Y Demóstenes también Griego aclamado,

Eródoto, Varrón, y Xenofonte.

Imítalos si quieres ser amado

(Una vez que lo ayas conseguido),

Y meter en el mundo tanto ruido.
12915

LXX

Puestos los ojos Cicerón tenía

En aquellos retratos fijamente,

Y una violenta comoción sentía

Que le alegrava estraordinariamente.

Ya en éste, ya en aquél quando ponía
12920

La vista, se animava interiormente.

Imitarle, igualarle, parecerle,

Y (si fuesse possible) aun excederle.

LXXI

Mas, según cuenta Antonio de Nebrija,

Sobre todo Demóstenes gustále,
12925

Y hai más de una opinión (es cosa fija)

No ya que le igualó mas que vencióle.

Yo no me meto en esta baratija,

Sólo diré, que el Niño Tulio viole

Con suma admiración, con gran silencio,
12930

Sin hacer cosa alguna de Terencio.

LXXII

Elvia, que le observava atentamente,

Y el corazón leía en el semblante,

Conoció, que en su alma, y en su mente

Giravan pensamientos de un Gigante,
12935

Todos de honor, y todos igualmente

Nacidos de un spíritu arrogante.

Qué hizo entonzes? hilava; deja el cerro

Y mientras está caliente bate el yerro.

LXXIII

Fomenta aquellos nobles pensamientos,
12940

Que en Tulio descubrió, y le dice: advierte,

Que éstos fueron de heroicos talentos,

Y sin embargo de esso hasta la muerte

Los libros manejaron y contentos

Estavan en la Escuela; de esta suerte
12945

Se hicieron tan famosos, e immortales

Por armas, y por Letras estos tales.

LXXIV

Uno de la Naturaleza los arcanos

Más secretos caló; otro los Cielos

Medir supo, y los Astros Soveranos
12950

Con los ojos, y mente. Los desvelos

De éste hicieron los hombres más humanos.

Aquél fue Historiador, otro dio leyes,

Y defendió a los Reos, y a los Reyes.

LXXV

Si tu nombre hacer quieres immortal
12955

A esta triplicada sabia hilera

Hijo mío procura hacerte igual.

Tu nombre llegará a la edad postrera.

La Virtud, y la Ciencia es la Real

Senda, que guía el hombre hasta la esfera;
12960

Si éste te guía, ten hijo por cierto,

Que siglos vivirás después de muerto.

LXXVI

Tulio, cuya alma estava ya dispuesta

A seguir lo que Elvira aconsejava,

Sin darla la más mínima respuesta
12965

Llora de puro gozo, y forcejava

Por arrimar a la pared opuesta

Su boquita, y besar no sin trabajo

Los retratos que estavan más abajo.

LXXVII

Y entonzes fue, si mucho no me engaño,
12970

Quando hizo el juramento, o sea voto

(En un Niño sin duda mui estraño),

De huir de todo juego, inclusso el Lotto,

Como de el ocio, que hace tanto daño,

Y de el Estudio sólo ser devoto.
12975

Cosa rara en un Niño ciertamente

Quando apenas se ve en la vieja gente.

LXXVIII

Adelante veránse sus empressas

Grandes todas, y todas mui gloriosas.

Todas sus obras se verán impressas,
12980

Veránse sus virtudes prodigiosas,

Veránse sus magníficas promessas,

Cumplidas en Arengas ingeniosas,

Veránse (lo publico a todo el mundo)

Quando no en este tomo, en el segundo.
12985

LXXIX

Mas lo que se ha de hacer hágase presto,

Que a un Historiador no le conviene

Estar embarazado con el resto.

Assí, pues, nada aora me detiene,

Y una vez que mi Tulio haya propuesto
12990

Hacerse hombre; piense Elvira si le tiene

Más cuenta, comenzar actualmente,

Quando no mama ya, y el hambre siente.

LXXX

Pero dar es razón algún resalto

A lo que nuestro Autor apunta apenas,
12995

Que en un Poeta, y más siendo tan alto

El insinuar no más las cosas buenas,

Y tocarlas assí como por salto,

Es dejarlas vacías, y no llenas.

Y pues todos a mí me conocéis,
13000

No dudo que también me creeréis.

LXXXI

Mirava un día con la vista fija

A Demóstenes Tulio, y hai quien dice,

Que el quadro se cayó, con su cornija,

Algo le hirió, y manchóle la barnize.
13005

Un si es no es sintióse la halija

De el Niño, y su cara Genitrize

Atónita quedó, qual peregrino

Quando un rayo le cae mui vezino.

LXXXII

Quizá significava la caída,
13010

Que algún día la gloria celebrada

De Demóstenes veríase vencida

De aquel Niño, o al menos empatada;

Pero Elvira quedó tan aturdida,

Tan afligida, tan sobresaltada,
13015

Que perdió de repente dicho y hecho

Todo el blanco caudal de el blanco pecho.

LXXXIII

Y no pudiendo ya subministrar

A Cicerón el cándido alimento,

No es menester decir, ni declarar
13020

Que padeció un grandíssimo tormento,

Sin saber, ni podiendo remediar,

Biendo al Niño por falta de alimento,

Morir, o marchitarse, como flor,

Que está privada de el vital humor.
13025

LXXXIV

Al pezón le acercava la boquita,

Para que chupe el pasto necessario;

Arrima la labor, la Rueca quita,

Y comprime el pezón con modo vario;

Embócale también la cucharita,
13030

Llena de ayre, o licor imaginario:

Porque ambos pechos, con sus dos pezones

Parecían dos borlas de pendones.

LXXXV

A comer aún no estava acostumbrado

Ni el Niño Cicerón mazcar sabía,
13035

Aunque año i medio ya llevava andado,

Ni algún diente hasta entonzes parecía

Antes bien mucho tiempo fue passado

Y no por esso juntos los tenía;

Pronóstico de pareo, y abstinente,
13040

Cosa nada común en cierta gente.

LXXXVI

Se conocía ya, que aquel Chiquillo

Antes escogería estar ayuno,

Que engullir a este, aquel, y otro carrillo,

Como hacen tal vez muchos más de uno,
13045

Que no quiero nombrar, aunque decillo

Pudiera, sin escrúpulo ninguno;

Los que pescar se dejan como el pez:

Cosa, que me parece mui soez,

LXXXVII

Aquí añade dos notas mui prudentes
13050

Nuestro Autor. Dice, pues, que Cicerón

Cortas uñas tenía, y cortos dientes.

Sobre lo qual nos hace un gran Sermón;

Mas como dice en él pullas calientes

Contra ciertas personas, no es razón,
13055

Que las traduzga yo en mi protocolo;

Ni que esto complazca a Juan Bartolo.

LXXXVIII

Todo hombre honesto débese guardar

De hacer injuria a Gremios singulares:

Podráse descubrir tal qual altar,
13060

Pero ninguno puede todos los Altares,

Vuélveme a Elvira; pues la veo estar

Invocando los Dioses Tutelares.

A las Musas invoca, y no es en vano

Por que luego la vienen a la mano.
13065

LXXXIX

En trage Pastoril de Pastorcilla

Entra Polinia con alegre cara

Abre un poco azia el pecho la costilla,

Y a socorrer a Tulio se prepara.

Tulio se lanza azia ella, grita, chilla
13070

Y osado arrima el labio con efeto,

Porque el hambre no entiende de respeto.

XC

Después que el Niño al pecho se aplicó,

Y quanta leche quiso huvo mamado,

Ningún mal Marco Tulio receló,
13075

Que le hiciesse el excesso egecutado;

Porque en él solamente obedeció

A un natural precepto precissado,

Y la necessidad (dixo un gran Rey)

No está sugeta no a ninguna Ley.
13080

XCI

De aquel licor el Niño satisfecho,

Por mostrar su templanza y discreción,

Después de una grande hora soltó el pecho,

Y admirando su Madre aquella acción,

Diole un beso, y diciendo buen provecho
13085

Te haga querido aquesta refección,

Desparece Polinia presurosa,

Y en esto paró en fin aquella cosa.

XCII

Este sucesso, hablando en confianza,

Casi casi paréceme fingido,
13090

Pero aviendo abservado en cierta danza

Otro caso, a este caso parecido

Creílo ciegamente, y la fianza

De mi assenso dar quiero a vuestro oído,

Esto es probaros que las Musas fueron
13095

Las que a muchos muchachos leche dieron.

XCIII

Dante dejó escrito en su Poema,

Que el que cantó de Troya los horrores

A las Musas mamó; y el propio tema

De sí mismo el Boccacio a los Letores
13100

Quiere encajar, diciéndonos con flema

Que en sus brazos nació, y los licores

De sus pechos chupó en el Pindo Monte,

Como Platón, Virgilio, y Genofonte.

XCIV

Si Virgilio, Platón, y otras personas
13105

Las mamaron; si no hai quien contradiga

Cessa toda questión y en ambas zonas

Precisso es, que la opinión se siga

De que algunas Doncellas Mozanconas

Nutrizes pueden ser (Dios las bendiga).
13110

Por consiguiente es cierta la aserción

Que pudieron dar leche a Cicerón.

XCV

Pero aquellas que andan a buscar

El cabello en el huevo, y por Letradas

Entre muchos pretenden hoi passar,
13115

Dirán, y lo dirán mui remilgadas,

Que a ninguno pudieron leche dar

Las Musas, porque no fueron casadas.

Mas Señoritas, vuestra duda cesse,

Si no queréis oír lo que os pesse.
13120

XCVI

Yo sé, que muchas, sin tener marido

Saben criar, y crían grandemente;

Assí a valientes Médicos lo he oído.

Cómo se hace el milagro, claramente

Más de dos, más de tres lo han entendido,
13125

Y aun algunas lo saben ciertamente.

Confirma este juicio, y me lo atesta

Essa risita, esse bajar la testa.

XCVII

Quando se habla con hombres ingeniosos,

Y con gente discreta, es un contento.
13130

Pero tratar con hombres cabilosos,

O con gente incapaz, es un tormento.

Todos desconfiados y temosos,

Porque siendo de poco entendimiento

Dudan de todo, y su razón oscura
13135

No alcanza lo que puede la Natura.

XCVIII

Feliz me llamaré y afortunado

En lograr tan cortés, tan sabia audiencia,

Como ésta que mi dicha me ha alcanzado,

Y me hace tanto honor con su paciencia.
13140

A nada de quanto llevo recitado

Se ha opuesto, antes muestra complacencia,

Y aunque tal vez bosteze, y aun se ría,

Me cree, calla, y oie todavía.

XCIX

Permitid, pues, Señoras, y Señores
13145

Que mil gracias os rinda mui debidas

Por la paciencia con que mis errores

Todos y todas oís compadecidas.

De Tulio los aplausos, y loores

Escuchan vuestras mentes entendidas.
13150

Que gloria es para el grande Cicerón

Ser obgeto de vuestra admiración.


Fin del Canto XVI

Fin de El Cicerón