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Albornoz: Especie de capa o capote con capucha.
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Algazara: 2. f. Vocería de los moros y de otras tropas, al sorprender o acometer al enemigo (Diccionario de la lengua española, RAE).
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Luis de Montes y Quiñones nació en Granada en 1812. Cursó latinidad bajo la dirección de D. Miguel Molinero, quien contaba entre sus discípulos a los más eminentes hijos de aquella provincia, citándose en su número a D. Francisco Martínez de la Rosa. Terminado este estudio, y el de francés, que aprendió con un capellán de regimiento de la división del general Molitor; emprendió a los doce años el de la filosofía, que siguió en la universidad de su patria, graduándose de bachiller y comenzando el de la medicina, que abandonó al tercer año por la repugnancia que le causaba su práctica. Dedicado desde entonces al cultivo de las letras, intentó en familiarizarse con las literaturas griega, latina, española (antigua y moderna) francesa e italiana, para lo que le sirvió de mucho su buena memoria, pues le bastaba la lectura de un suceso histórico para que se le quedase grabado de modo que no conseguía borrarle de su imaginación el trascurso del tiempo.
Nombrado en 1835 escribiente de una de las administraciones de aquella provincia, no por eso abandonó sus tareas favoritas, cobrando cada vez más decidida afición a la literatura. Así cuando en 1839 se estableció el Liceo de Granada, fue uno de sus socios fundadores, figurando también como secretario de La Alhambra, periódico que publicaba —54— aquella corporación, en que escribieron entre otros distinguidos literatos los Sr. Burgos, Ortiz de Zúñiga, marqués de Gerona, Peñalver, la señora Avellaneda, Fernández Guerra y Cañete. En los cuatro volúmenes de que consta esta publicación, dio a luz Montes, además de muchos artículos descriptivos y de crítica, una serie de tradiciones granadinas; entre las que figuran como las más notables La toma de la cautiva, El Padre Piquiñote, La torre de los siete suelos, El aljibe de la gitana, La toma de Alhama, Ave María, El sacristán del Albaicín, Los dos pintores, El ciprés de Generalife, Luisa de Sandoval y El alcalde de Oliver. Declarado cesante por la Junta de Granada en 1840, pasó a poco en clase de secretario particular con D. Javier de Burgos, cuando este notable literato se ocupaba de la revisión de su traducción, ya publicada en 1820, de las obras de Horacio. A su lado adquirió Montes gran número de conocimientos administrativos, que le han sido muy útiles después en su carrera de empleado, reformando al mismo tiempo sus estudios literarios con la lección y ejemplo de tan ilustrado escritor. Elegido Burgos diputado en 1843, Montes se encargó de sus negocios en Andalucía, teniendo que dejar esta ocupación por haber sido nombrado oficial —55— último de la contaduría de Hacienda, de cuyo destino fue sucesivamente trasladado de administrador interino de la aduana de Motril, propietario de la administración de Ugijar, y secretario de la intendencia de Granada. En 1848 vino a Madrid a ver a su amigo y protector el Sr. Burgos; pero tuvo la desgracia de llegar solo con el tiempo suficiente para presenciar su fallecimiento. Iba a regresar a Granada, cuando su antiguo amigo D. Ramón Sardina, subdirector de contribuciones, le presentó al celebérrimo y nunca bien ponderado Sr. Sánchez Ocaña, quien le destinó a la dirección de su cargo. Desde aquella época ha continuado sin interrupción en aquel cuerpo directivo, habiendo llegado por riguroso ascenso a obtener la plaza de primer jefe de negociado de primera clase, desempeñando en la actualidad el importante de estadística territorial del reino, donde ha hecho algunos estudios y trabajos que juzgaremos en otra ocasión. Sus tareas financieras no le han hecho perder sus aficiones literarias, y así, durante su permanencia en la corte se han ejecutado en los principales teatros, por su amigo de la niñez el actor D. Joaquín Arjona, las comedias Los cuentos de la reina de Navarra y El capricho, que arregló de los originales franceses de Scribe y Musset. También —56— ha escrito dos zarzuelas originales, La flor del Zurgesen y La Sirena, puestas en música por Inzenga y Rovira, y ejecutadas en el teatro del Circo con éxito la primera, y aplauso la segunda.
El Secretario de la redacción, J. SÁNCHEZ.
Escenas contemporáneas. Reseña histórica, publicada bajo la dirección de Manuel Ovilo y Otero (n.º 4), octubre, noviembre, 1859.