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Comedia nueva El Iris de Salamanca

Cayetano de Cabrera y Quintero

PERSONAJES



SAN JUAN SAHAGÚN.
PEDRO, gracioso.
DON FÉLIX MANZANO.
DON DIEGO MORALES
DON PABLO MANZANO.
DON ANDRÉS MANZANO.
DON LUIS MANZANO.
SAN JUAN MONROY.
DOÑA LEONOR MONROY.
DOÑA CLARA MANZANO.
DON ANTONIO MONROY.
DON EUGENIO MONROY.
FABIO.
EL PRIOR DE SAN AGUSTÍN.
UNA MUJER.
UN NIÑO.
DOS EMBOZADOS.
LAS TRES FURIAS.

Jornada primera

(Salen SAN JUAN y PEDRO de clérigos.)

SAN JUAN
Sígueme Pedro.
PEDRO
A mi fe
pluguiera que menos corto,
de tu omnia mea meas porto,
no oyera el sequere me.
Cuanto tu ingenio agradando
5
ha ido, señor, adquiriendo
como lo vas poseyendo,
lo vas sin seso dejando.
Niño eras cuando colaste
un beneficio, y muy triste
10
a otro el beneficio hiciste,
cuando el tuyo renunciaste.
SAN JUAN
Sin servirlo, ¿fuera bien
lograr, Pedro, su caudal?
PEDRO
Pues digo ¿y quien sirve mal
15
no cobra, señor, también?
Todavía de estudiar
tu aplicación no acababa,
y ya tu padre estudiaba
en hacerte familiar
20
de aquel ilustre prelado
que, en Burgos constituido,
logró, en riesgos de temido,
obsequios de venerado.
Pero ya en ti se baraje
25
el proloquio introducido,
pues, aunque tú paje has sido,
no estudiaste para paje.
SAN JUAN
Si tanto erré como viste,
claro está que no estudié.
30
PEDRO
Por eso mismo, y porque
dejaste cuanto adquiriste,
hízote este gran prelado
su camarero y después
su limosnero, que es
35
cargo muy aprovechado.
Y cuando empezar debías
esta caridad por ti,
el caudal de tu amo, y
aun el tuyo, repartías.
40
Premio, que éste es nuevo modo,
de tu virtud extremada;
pues no persistiendo en nada
quiere así dejarlo todo.
SAN JUAN
Pedro, el consuelo previenen
45
los disgustos que te aquejan,
pues bienes que así se dejan,
mejor entonces se tienen.
A otra empresa me convoca
Dios, que mucho más nos ama;
50
y pues Dios, Pedro, me llama,
a mí seguirle me toca.
Advierto el sangriento estrago
de esta ciudad, y es buen medio
anticipar el remedio
55
a los golpes del amago.
Y si bien las señas oí
nos dio don Félix Manzano,
está la casa a esta mano
de doña María Monroy,
60
noble viuda en quien se advierte
que, al rigor de hados prolijos,
de dos sus amados hijos
llora la violenta muerte.
Guía para ella.
PEDRO
Señor,
65
Ya anochece, y no quisiera...
SAN JUAN
¿Qué?
PEDRO
...que alguno nos dijera
a palos...
DIEGO

(Dentro.)

¡Muere traidor!

(Ruido de cuchilladas. Sale DON FÉLIX de estudiante con cuello, media sotanilla, capa y broquel riñendo con DON DIEGO.)

FÉLIX
Obliguen iras y enojos
a quien no obligan corteses
70
razones.
DIEGO
Castigue el brazo
al que profanar se atreve
umbrales que yo venero.
SAN JUAN
Don Félix, amigo, tente.
DIEGO
(Aparte. Gente llega. Y, pues, llamado
75
mi brío en secreto viene
de doña María Monroy,
que me vean no es decente.)
¡Sígueme traidor!

(Vase.)

FÉLIX
¡Tras ti!
SAN JUAN
¡Teneos por Dios, don Félix!
80
¿Qué ha sido esto?
FÉLIX
Nada, padre,
soltad.
SAN JUAN
Ved que no parece
bien que quien a Salamanca
pasmada y absorta tiene
con su ciencia, la alborote
85
con bríos menos decentes.
Yo he de saber lo que ha sido.
FÉLIX
Pues vuestra porfía quiere,
declararos amoroso
más que mostraros prudente,
90
escuchadlo: en esa casa
que inmediata se previene,
vive una dama tan bella
No que la retrato pienses,
que -pues me quejo celoso-
95
no he de pintarla elocuente.
Su nombre callara, pero
mi ingenuidad no conviene
en que ignores algo, cuando
saberlo todo pretendes.
100
Doña Leonor de Monroy
es el centro de mis bienes,
la llama en que, mariposas,
mis rendimientos se encienden.
Galantéola tan fino
105
que, para verla, impaciente
con el día ruego al sol
que halle su ocaso en su oriente.
Esta tarde, cuando ya
ese rubicundo fénix
110
en las llamas de sí mismo
moría lúcidamente,
a hallar venía en sus ojos
luces más resplandecientes;
cuando ese galán cobarde
115
que, en traje de quien no teme,
finca en exterioridades
los resabios de valiente,
a sus umbrales, inmoble
estatua viva parece.
120
Yo, en quien las mismas finezas
celan tanto como quieren,
te suplico cortesano,
que tan ardua empresa deje.
Pero él, que quizá medía
125
del valor las altiveces
por el cuerpo, con la espada
determinó responderme.
Desnudo está y defendido
de ella y este broquel breve,
130
que a las letras no se oponen
armas, y menos broqueles.
Hasta aquí llegué riñendo,
donde tú, molesto quieres
saber de mí lo que ha sido.
135
Quise yo que lo supieses.
Obedézcote, y pregunto
si hay más en que obedecerte.
PEDRO
Ello es que no lo dijera
César más concisamente.
140
SAN JUAN
Don Félix, luego que yo
llegué a este emporio luciente
de las letras, me debísteis
un amor tan sin dobleces,
que estimándoos como a todos,
145
como a ninguno os prefiere.
No quisiera que la nave
de vuestro ingenio excelente,
entre escollos de sirenas,
prisionero Ulises fuese.
150
FÉLIX
Lo que debo hacer...
PEDRO
Lo sabe,
pero no hace lo que debe.
FÉLIX
Bufones y entrometidos

(Ásele de un brazo.)

si no lo sabe, me muelen.
Y, si no querrá que yo
155
contra esa pared lo estrelle.
PEDRO

(Aparte.)

Aquí dicen «guarda, Pablo»
y debe ser «guarda, Félix».
SAN JUAN
Saber, amigo, el camino
y en la jornada perderse,
160
más que culpas de ignorante,
son errores de rebelde.
Si acaso de vuestro padre,
de quien obligado huésped
soy, el amor no os obliga,
165
los respetos os enfrenen.
No queráis que, a estos disgustos,
su robustez consistente
pase de maduro agosto
a ser helado diciembre.
170
FÉLIX
La muerte, don Juan amigo,
es deuda que todos deben
y evitarla cada cual
debe en el modo que puede.
Si esto a mi padre acabare,
175
muera, que mi ardor no quiere
que de achaques de cobarde
me sobrevenga la muerte.
PEDRO
Vea que su vivir torcido
FÉLIX
El charlatán, pues pretende
180
enderezar en sus lomos,
rectos haga esos reveses.

(Dale y vase.)

PEDRO
¡Ay, ay, ay! ¡Tente, demonio!
¿Esto mi Padre consiente?
SAN JUAN
Sufrir Pedro, que en el valle
185
de lágrimas y de hieles
quien no sufre lo enojado,
no consigue lo paciente.

(Vase.)

PEDRO
Sufra él, a quien con razón
estos reveses se deben,
190
pues Quijote a lo divino
a deshacer tuertos viene.

(Vase.)

(Salen DON DIEGO, DOÑA MARÍA y LEONOR de luto.)

DIEGO
Bien, bella doña María,
antes que mi amor leyese
en el papel de tu cuerpo
195
esos negros caracteres,
me anunciaba tu desgracia
pues, apenas fijé en ese
umbral los primeros pasos,
cuando, del pesar que sientes,
200
los aspectos de un disgusto
fueron pronósticos fieles.
DOÑA MARÍA
¿Disgusto?
DIEGO
Sí, un caballero.
LEONOR

(Aparte.)

Sin duda, la infausta suerte
hizo maliciar a Diego
205
que Félix venía a verme.
DIEGO

(Aparte.)

Una, en su pesar dormida,
otra, hermosa, y detenerme
un hombre entrar en su casa,
no sé qué, el alma recele.
210
DOÑA MARÍA
¿Qué te ha asustado, Leonor?
Don Diego, ¿qué te suspende?
DIEGO
Mis pesares y los tuyos.
DOÑA MARÍA
Aun son más de los que entiendes.
Salte allá fuera Leonor.
215
LEONOR
Sin duda, informarle quiere
de todo. ¿Cómo evitara
que hablar a solas pudiesen?
Pero pierda yo la vida
antes que pierda a don Félix.
220

(Vase.)

DIEGO
Ya estamos solos.
DOÑA MARÍA
Pues ahora,
aunque a costa de que aneguen
los piélagos de mi llanto
de mis penas los bajeles,
de haberte solicitado
225
la causa sabrás, y breve.
Ya sabes, y pues lo sabes,
sólo quiero que te acuerdes
de nuestra antigua nobleza,
y que soy, y he sido siempre,
230
doña María de Monroy,
de aquel tronco floreciente
que, ilustremente poblado
de antiguas ramas aún verdes,
entre sus hojas por frutos
235
dio coronas y laureles.
También sabes que antes que
doce primaveras viese,
ya con don Enrique Henríquez
que, en paz (¡ay memoria tente!
240
no, pues son mis penas graves
las hagas por muchas leves),
me había desposado. El cual
desposo, a la parca débil,
quedé yo sin luz, sin padre
245
mis hijos, la villa alegre
de Villalba sin señor.
Yo, madre en edad tan breve,
que los hijos y la madre
creciendo iban juntamente.
250
No obstante, en mis pocos años
afectando madureces
de más edad, trató de
reparar el decadente
edificio de mi casa,
255
de darle columna fuerte
en mi hijo don Pedro Henríquez
-que éste era el mayor. Y a este
efecto buscó mi amor,
sujeto de tales creces,
260
que al paso que lo igualase
su persona mereciese.
Casó, y fue a la de su padre
tan semejante su suerte
que, logrando de su esposa
265
los cariños más recientes,
trocó las teas de himeneo
en las hachas de la muerte.
Quedaron sus dos hermanos
tiernos, sí, pero tan fieles
270
copias del original
de don Pedro que yo, al verlos,
para que al gusto engañasen,
no esperé a que adoleciesen.
Niños, discretos, galanes,
275
apersonados, corteses,
finalmente tan queridos
de todos, que solamente
les faltó ser niñas, para
que de mis ojos lo fuesen.
280
Mas como la suerte sólo
en villanías se estrene,
a los ojos de la cara,
me quiso tocar la suerte.
Lucían en Salamanca
285
con prendas no diferentes,
del mismo tiempo otros dos
jóvenes de la progenie
de los Manzanos. Sin duda
nobles, pero el labio miente,
290
que no es noble quien su estirpe
con delitos obscurece.
Estos dos, contravenidos
por cierto disgusto leve,
con mis tiernos benjamíes,
295
con sus amigos fieles,
a enconos de su malicia
quebraron villanamente,
si a su amistad los espejos,
a mí los ojos, ¡ah crueles!
300
¡Plegue a los cielos sagrados!
¡Plegue a su justicia! ¡Plegue
que, peregrinos y errantes,
ningún lugar os albergue!
¡El mar os niegue sus ondas
305
y cuando os las concediere,
hambriento monstruo de vidrio
os devore entre sus dientes!
El dolor que siento sientan,
y éste, a tal extremo llegue,
310
que de venganzas que espero,
ni aun el consuelo les quede.

(Sale LEONOR.)

DOÑA MARÍA
Pero ¿qué es esto Leonor?
LEONOR

(Aparte.)

Mucho mi recelo teme.
DOÑA MARÍA
¿Qué te asusta?
LEONOR
Don Juan
315
González hablarte quiere.
(Aparte. Así procuro evitar
que mi culpa revele.)
DOÑA MARÍA
Detente, Leonor, no quieras
que más enojada...
LEONOR
Apele
320
a su piedad mi aflicción.

(Vase.)

DIEGO
Vuelve en ti.
DOÑA MARÍA
Arrebatéme
del enojo que cortó
las razones que a atar vuelve.

(Salen SAN JUAN y LEONOR al paño.)

LEONOR
Aquí, humilde te suplica
325
doña María que esperes.
Y guarda, señor, mi vida,
que aquí se trata mi muerte.

(Vase.)

SAN JUAN
¡Oh mala conciencia! ¡Como
de cualquiera sombra temes!
330
DOÑA MARÍA
Desde entonces quedé yo...
Pero tú discurrir puedes
cómo quedaría. Baste
decir que, triste y rebelde,
con el pesar y el enojo
335
represé hasta las corrientes
de llanto. Sin admitir,
de amigas ni de parientes,
consuelo que a la venganza
su proa no dirigiese.
340
Hasta ahora, cuatro días
que con el feliz franqueante
de que, a esta ciudad, llegara
un santo varón.
SAN JUAN
Pluguiese
a los cielos que tú y todos,
345
como yo debo ser fuesen.
DOÑA MARÍA
Este, que como ya oíste,
me está esperando al presente
para que mi mal sanara.
SAN JUAN
¡Ojalá lo consiguiese!
350
DOÑA MARÍA
Dirigió a casa una amiga,
pero ya sin tiempo viene.
SAN JUAN
Siempre para Dios es tiempo.
DOÑA MARÍA
Porque ya mis penas tienen
en ti librado el alivio.
355
¡Ea don Diego!, si merece
mi dolor tu compasión,
si aún en tu aprecio florecen
aquellos finos cariños
con que insaciablemente
360
querías que en blando juego
nuestra voluntad se uniese,
cuando advirtiendo mi padre
tu pobreza, solamente
casándome con Enrique,
365
prefirió sus intereses.
Duélete de mi dolor,
mi agraviado honor defiende.
Mi sangre eres, pues también
mi agravio te pertenece.
370
Mi cuidado de estos dos
fugitivos delincuentes
el refugio no ha sabido.
Y ¡ojalá que lo supiese!,
que, aunque el abismo eligieran
375
para su seguro albergue,
fuera yo al infierno.
SAN JUAN
El cielo
tu ira desbocada enfrene.
DOÑA MARÍA
Y en las azufradas ondas
de sus fétidas corrientes
380
los sofocara, aunque yo
naufragante pereciese.
De ti este cuidado fío,
en ti espero que se vengue
el honor de los Monroyes.
385
¡Mueran, mueran los aleves
Manzanos!, pero no quiero,
para que mejor te empeñes,
intimarte obligaciones
de allegado y de pariente.
390
No que entre tantos bizarros
caballeros, que ennoblece
actualmente en Salamanca
mi sangre, a ti te eligiese
por más apto a mi venganza.
395
No te ruego que te acuerdes
que me quisiste algún tiempo,
sólo sí, que consideres
que soy mujer y agraviada,
que tú caballero eres,
400
que arrodillada a tus pies
quiero que rendidamente
los labios que te lo piden
estos pies humildes besen.

(Bésalos.)

DIEGO
¿Qué haces? Levanta, que bastan
405
para que en mí consiguieses
obediencias más rendidas,
insinuaciones más leves.
Yo haré pues que...

(Sale SAN JUAN.)

SAN JUAN
No haréis más
que lo que el cielo quisiere.
410
DOÑA MARÍA
¡Don Juan! ¿Vos? ¿No le mandaron
padre, que allá fuera espere?
SAN JUAN
Confieso el mandato, pero
¿cómo quieres que estuviese
quedo al mirar que aquí dos,
415
desde la cima eminente
hasta él más profundo seno,
se despeñaban?
DIEGO Y DOÑA MARÍA
¿Y quiénes?
SAN JUAN
Bien los conocéis vosotros.
Vosotros mismos, que desde
420
la cumbre de vuestras iras
os despeñáis tristemente
hasta el infierno.
DIEGO
Y a mí
¿con parábolas me viene?
Vaya al púlpito con ellas,
425
pues yo sé qué hacer se debe
cuando el honor se agravia
y suplican las mujeres.

(Vase.)

SAN JUAN
¿Posible es, doña María,
que así tu juicio se deje
430
arrastrar de la pasión?
DOÑA MARÍA
Disculpa en mis penas tiene...
SAN JUAN
No niego que es excesivo
tu pesar, mas tú pretendes
cuando haces tales excesos,
435
que a ser excesivo llegue.
El padecer no es más que
sentir lo que se padece,
luego, sentirá menos
el que menos sentir quiere.
440
DOÑA MARÍA
Don Juan, el peso conozco
de tus razones.
SAN JUAN
Pues cese
DOÑA MARÍA
la razón de persuadir
a quien sus pasiones vencen.

(Vase.)

SAN JUAN
Poco hará, Señor, la lengua
445
si tú el corazón no mueves.

(Entra y luego sale.)

Ya estoy en la calle y Pedro
no ha venido, ni parece.
¿Dónde estará?

(Sale PEDRO.)

PEDRO
En una ermita
he estado devotamente
450
chucheando con un amigo
que vino.
SAN JUAN
¿Pedro?
PEDRO
¿Qué gente?
¡Téngase! ¡Válgame Dios!
¡Qué procesión tan solemne!
¡Qué luces! Cielos, ¡qué estrellas!
455
SAN JUAN
Pedro, ve, el farol enciende.
PEDRO
¿Cómo? ¿Qué? No hay más farol
que los que en mis ojos vienen.
SAN JUAN
¿Qué en tan tenebrosa noche
se te olvidase?
PEDRO
Dejéle
460
encendido en una ermita,
pues sin luz vino en mi vientre.
SAN JUAN
Lo peor es que tempestuoso

(Ruido de tempestad.)

en diluvios se desprende
el cielo.
PEDRO
Para mí, padre,
465
ya sobre mojado llueve.

(Truenos.)

SAN JUAN
¡Ay Jesús!
PEDRO
¿Quién se persigna
porque el cielo ventosee?
A Dios, capote de luto.

(Truenos.)

SAN JUAN
¿Qué es, Pedro?
PEDRO
Aquel tranchete
470
relámpago que, rasgando
al cielo el obscuro vientre
hace que por el rasgón
redaños de luz enseñe.
SAN JUAN
¿Qué traes, que cayendo vas?
475
PEDRO
Un granizo que hasta veinte
arrobas me ha trascordado.
SAN JUAN
Aunque perdí, parece
la calle. Abrígate y anda.
PEDRO
Buen abrigo nos previenen
480
manteos en que calabazas
se pueden cernir por nueces.
SAN JUAN
Gente viene, no te aflijas.

(Salen dos EMBOZADOS.)

PRIMERO
¡Oh! Pese a los cielos, pese,
pues el remedio anticipan
485
antes que el estrago llegue.
SEGUNDO
En este hipócrita necio
todo el infierno se vengue.
SAN JUAN
Si van calle arriba, amigos,
guíennos.
PEDRO
¡Y cómo hieden
490
los hermanos!
PRIMERO
A los dos
nos sigan.
PEDRO
¿Y es buena gente?
No saquen luego las uñas.
SEGUNDO
Ande, si que lo guíen quiere.

(Dale un empellón y cae por un escotillón.)

PEDRO
¡Ay!, padre, que en una fosa
495
me he sumido hasta los dientes.
¡Que me ahogo!
SAN JUAN
¿No le decía
que con cuidado anduviese?
PEDRO
¿Qué hace el cuidado, si el diablo
rempujándome va?
SEGUNDO
Miente,
500
sólo el vino es quien le empuja.
PRIMERO
Por aquí.
PEDRO
Propiamente
esto es guiarnos calle arriba.

(Suben por la falda de un monte que estará, de suerte que, abriéndose por medio y cayendo los dos queda SAN JUAN y PEDRO cuasi en el aire sin poder bajar.)

PRIMERO
Bajen.
SAN JUAN
Ya vamos.
VOZ

(Dentro.)

Detente.
SAN JUAN
Traidores, ya os conocí.
505
PEDRO
Padre, mal camino es éste.
PRIMERO
Baje, que otro paso no hay
si desde aquí no descienden.
SAN JUAN
En nombre del Criador,
a quien tentaste igualmente,
510
te mando que a sus criaturas
infiel vestiglo no tientes.

(Húndense los dos y bajan quedando en el aire dos ángeles con hachas y suena música.)

LOS DOS
El infierno nos sepulte.
PEDRO
¡Padre, que se desvanece
la cabeza! ¡Que me caigo!
515
SAN JUAN
¡Oh Señor omnipotente!
¡Cuál te hallará quien te sirve,
si así te halla quien te ofende!
ÁNGELES
Sigue nuestras huellas, Juan.
SAN JUAN
¿Cómo puedo si aún no tienen
520
aquí firmeza las mías?
ÁNGEL PRIMERO
Pues a mi voz, obediente
la falda que te elevó
para que desciendas vuelve.

(Vuelve la apariencia de monte y bajan.)

ÁNGEL SEGUNDO
Repitiendo nuestras voces
525
para tu consuelo alegres.
LOS DOS

(Cantando.)

¡Qué importa que las fatigas
al justo las luces nieguen,
si en tinieblas de aflicciones
sus luces el cielo enciende!
530
SAN JUAN
Si así es la serenidad,
venga la tempestad siempre.
PEDRO
¡Oh qué lindos pajes de hacha!
¡Y quién fuera su pariente!

(Vanse.)

(Vanse los ÁNGELES alumbrando y sale DON DIEGO de labrador.)

DIEGO
Nadie admire mi mudanza
535
que a esto obligan, a fe mía,
ruegos de doña María
y deseos de su venganza.
A casa don Luis Manzano
me trae así mi destino
540
por ver cómo el camino
a mis deseos allano.
Pero, él viene.

(Sale DON LUIS.)

LUIS
Pues, buen hombre
¿qué quiere?
DIEGO
Guióme aquí
un amigo que de ti
545
me dio las señas y nombre,
diciéndome ser pudiese
que tu riqueza, no escasa,
quisiese quien en tu casa
o en el campo te sirviese.
550
LUIS
Es cierto, le busqué, sí,
mas para otro efecto fue.
DIEGO
¿Hacerlo yo no podré?
LUIS
Clara, manda abrir aquí.

(Sale CLARA.)

CLARA
Señor ¿qué mandas?
LUIS
Que hay, Clara...
555
DIEGO
¡Ah más divina hermosura!
LUIS
Muy poco Félix se apura
con mi encargo.

(Sale DON FÉLIXcon manteo.)

FÉLIX
Que te hallara
juzgué en otra parte, y fui
de san Bartolomé al gran
560
colegio.
LUIS
¿Ya está don Juan
Sahagún allá?
FÉLIX
Señor, sí.
Y esta tarde posesión
de la beca tomará.
LUIS
Así, discurro, tendrá
565
efecto su vocación.
¿Y de la suerte fatal
de tus primos no has sabido?
FÉLIX
Lo que oí decir, he oído,
es, señor, que a Portugal
570
algunos partir los vieron,
después de la ejecución
del homicidio.
DIEGO
Atención.
LUIS
¿Que a Portugal se partieron?
FÉLIX
Sí señor, mas ¿qué has de hacer?
575
LUIS
De este hombre, que por la puerta
se me ha entrado, si es cierta
tu noticia, he de saber.
¿Querrás,a Portugal ir?
DIEGO
De servirte sólo trato.
580
LUIS
Pues espera afuera un rato
mientras que puedo escribir.
DIEGO
Ya nuestra venganza encuentro
en este principio cierta.

(Va a entrar por donde está CLARA.)

FÉLIX
Oís, salid por esta puerta
585
que esotra cae allá dentro.

(Vase.)

DIEGO
¿Que mucho mis desvaríos
exciten estos enojos?
¿Si aquellos hermosos ojos
son ya el imán de los míos?
590

(Vase.)

LUIS
Manda, Clara, que a esta sala
saquen, de escribir, recado.

(Vase.)

CLARA
En villano no he notado
más presencia, ni más gala.

(Vase.)

(Salen DON PABLO y DON ANDRÉS.)

ANDRÉS
¿Quién podrá, hermano, sufrir
595
sin que lo acabe el tormento,
el torcedor de un temor
en el potro de un destierro?
PABLO
Gajes son del homicida,
Andrés, fugas y recelos,
600
mayorazgo a que Caín
lo hizo forzoso heredero.
Bien, que aunque nuestros bríos
son de este delito reos
de sus penas nos exime
605
así lo justo del hecho,
como que así lo conozcan
de los Monroyes los deudos.

(Sale DON DIEGO.)

DIEGO
Sobre la posta del aire,
espoleado del deseo
610
de mi venganza, he corrido
toda la raya al reino
de Portugal sin hallar
el blanco de mis anhelos.
No obstante, grande esperanza
615
aquí, en dos iglesias, tengo
de hallarlos. Pero ¿qué miro?
¿No me diréis caballeros...?

(Llega DIEGO por detrás, asústanse PABLO y ANDRÉS y sacan las espadas.)

LOS DOS
¿Quién es? ¿Quién va? Traidor, muere
a mis manos.
DIEGO
Deteneos.
620
ANDRÉS
¿Qué pretendéis? ¡Retiraos!
DIEGO

(Aparte.

Mucho de esta acción sospecho.
Ya todo el reino explorado,
hallar aquí dos mancebos
tan parecidos, y lo
625
que más es, a un solo eco
temerosos y alterados,
escribir, no sin misterio,
en el papel de sus rostros
las negras notas del miedo.
630
Indicio de que ellos son,
es. Y cuando no sean ellos
-que es difícil-, si no gano
nada, nada también pierdo.)
Recibid de vuestro tío.
635
PABLO
¿Don Luis Manzano?
DIEGO
El mismo.
ANDRÉS
¿De mi tío?
DIEGO
Él lo dirá.
PABLO
Dúdolo, aun cuando lo leo.

(Lee.)

Aunque mucho me enojasteis,
que me enojarais más, creo,
640
si os quedarais agraviados
los dos y no satisfechos.
Acá duermen los Monroyes,
mas no obstante, manteneos
allá hasta que su agravio
645
duerma en más profundo sueño.
DIEGO

(Aparte.)

Créanlo, sí, y bien creído
échense a dormir con ello.
PABLO
¿Qué dices?
DIEGO
Que por don Luis,
haberos hallado aprecio.
650
ANDRÉS
¿Le servís?
DIEGO
Le sirvo, sí es
ejecución el deseo.
PABLO
Tener a uno de su parte,
para un triste es gran consuelo.
Pues, si queréis con nosotros
655
quedaros, tendréis a un tiempo
amigos y...
ANDRÉS
A mí me basta
tener a los dos por dueño
de mi venganza. (Aparte. A la torre,
no es éste mal fundamento.)
660
PABLO
Ya, aunque tarde la fortuna,
mudo el semblante severo.

(Vase.)

ANDRÉS
Por dilatado, nunca es
mal recibido un consuelo.

(Vase.)

DIEGO
¡Oh! ¡Agraviado honor! Este es
665
el primer paso a tu duelo,
favoréceme, que yo
a tus altares prometo
que doña María, que es
la que más ama tus fueros,
670
los gustos de esta noticia
te recompense en obsequios.

(Vase.)

(Sale SAN JUAN de colegial de san Bartolomé de Salamanca y PEDRO de fámulo.)

PEDRO
Señor, ¿hasta dónde quieres
alejarte del colegio?
Cierto, que es muy buen descanso
675
que única tarde de asueto
la gaste un hombre de bien
en ir al campo barriendo
con el manto después de
estar encerrado y muerto
680
de hambre en un cofre de piedra
hecho alhaja de avariento.
SAN JUAN
Pedro, donde se halla gusto,
allí se busca el recreo.
Yo, a más de otros altos fines
685
que he tenido para esto,
no sé qué oculta razón
capta el humano sosiego,
para que a Dios se levanta
viendo sólo tierra y cielo.
690
PEDRO
Pues, si cazar almas quieres,
aquí no hay más que conejos.
Volvamos a la ciudad.
VOCES

(Dentro.)

¡Para! ¡Para!

(Salen de camino DOÑA MARÍA, LEONOR, EUGENIO y ANTONIO con escopetas en mano.)

EUGENIO
Descansemos
en esta florida margen
695
un poco.
DOÑA MARÍA
Tener no puedo
yo descanso.
LEONOR
Que mi muerte
me negase, avara, el tiempo
poder noticiar a Félix
mi partida. ¿Cuándo, cielos,
700
logrará un amor tan fino
las posesiones de quieto?
SAN JUAN
¡Doña María!
DOÑA MARÍA
¡Don Juan!
PEDRO
Buenas tardes, caballeros.
SAN JUAN
¿A dónde, doña María,
705
si guardada de tus deudos,
tan prevenida de armas
vas? Advierte que los cielos,
como leen los interiores,
intiman también los riesgos.
710
DOÑA MARÍA
Señor don Juan, con maduro
juicio a Salamanca dejo.
Y a mi villa de Villalba
me retiro, donde quiero
pasar de mi triste vida
715
los restantes contratiempos.
Donde no haya quien oculto
se sienta o alegre de ellos,
que igual pesar me daría
advertir que mis tormentos
720
son gustos para el contrario
y pesares para el deudo.
La que veis no es prevención
sino natural recelo
de mi desgracia, que como
725
hay infelices tan tercos,
que a hierros de la fortuna
es imán su sufrimiento.
No quisiera, pues son tantos
mis enemigos, que el cielo
730
mal seguras confianzas
me cobrara en escarmientos.
Esto lo cierto es; si acaso
esto no fuere lo cierto,
ni a mí conviene el decirlo,
735
ni a vos os toca saberlo.

(Vase.)

EUGENIO
Amigos, de los Manzanos
recela, no nos venguemos.

(Vase con ANTONIO.)

LEONOR
Don Juan, quien es tan curioso
está muy cerca de necio.
740

(Vase.)

PEDRO
Señor, para ti valientes
no son del género neutro,
pues rascarrabias encuentras
usque intra femineum sexum.
SAN JUAN
Mas, ¡oh Pedro!, su intención
745
siento, que no mi desprecio.
Difícil empresa sigo,
mucho conseguirla temo.
PEDRO
¿Qué empresa? Dila, que todos
la esperan.
SAN JUAN
Dirála el tiempo.
750
PEDRO

(Paseándose.)

Dios, por quien es, me separe
de tus empresas, que pienso
que ni todas mis mudanzas
han de sufrir el Proteo
de las tuyas. Ya estudiante,
755
ya paje, ya camarero,
ya canónigo, ya cura,
ya sacristán y a más de esto
colegial, ¿para qué yo
sea fámulo sempiterno?
760
SAN JUAN
Y ¿cuándo, di, más honrado
se ha visto mi encogimiento
que en este plantel de ciencias
y nobleza?
PEDRO
Yo confieso
nos da san Bartolomé
765
su piel en estos arreos.
Mas también, por esta piel
suelen quitar el pellejo.
Fuera de esto, ¿quién, señor,
sufrirá tu desaseo?
770
El manto cual liberal
rasgado, el cándido cuello
de ti tan ajado que
lo tratas como a tu negro,
el bonete que me cuesta
775
disgustos el defenderlo
de un cocinero bellaco,
que freírlo quiere en sí mismo.
No, señor, a toda ley
manto limpio, y neque Deo,
780
que, así, el que ni a Dios se quita,
es muy justo que llamemos
galán, antes que estudiante.
Pues, si a la experiencia creo
joven bien compuesto, malo,
785
joven mal compuesto, bueno.
SAN JUAN
Vamos, y deja locuras.
PEDRO
Allá, hay más en el colegio.

(Salen ANTONIO, EUGENIO y LEONOR.)

ANTONIO
¿Por dónde doña María
habrá ido?
EUGENIO
En la espesura
790
del monte se me ocultó,
y aunque me empeñé en su busca,
no la halló mi diligencia.
LEONOR
Temo nueva desventura.
Es vil, y sigue tenaz
795
al infeliz, la fortuna.
EUGENIO
En su busca por diversas
partes, cada cual discurra.

(Suena clarín.)

Mas, ¿qué galán caballero
es el que a esta parte cruza
800
y bizarramente armado
de negras galas y plumas,
obscuro caballo enfrena
y fornida lanza empuña?
ANTONIO
Caballero tan galán
805
en estas estancias rudas,
es encanto de los montes
fantasma de sus grutas.

(Clarín.)

(Tocan y sale por el patio, a caballo, en traje de hombre como dicen los versos.)

DOÑA MARÍA
¿Qué os admira caballeros,
nobles Monroyes? ¿Qué turba
810
vuestra atención? ¿No es encanto
el que excita vuestras dudas?
Corra la vergüenza el velo

(Quita la banda al rostro.)

y a la observación aguda
de la vista, sepan todos
815
a quién este traje oculta.
EUGENIO Y ANTONIO
¿Qué miro?
LEONOR
¡Doña María!
DOÑA MARÍA
¿Qué os admira? ¿Qué os apura?
Poderoso es el honor
agraviado. Y en sus turbias
820
ondas, antes transparentes,
bebe aquel que llora injurias.
¡Oh temor que lo acobarda!
¡Oh valor que lo estimula!
Mágica Circe, la tez
825
de su cristalina luna
en hembra al hombre convierte,
en varón a la hembra muda,
por eso mi débil sexo,
que a este espejo se consulta
830
y en la copa de un agravio
licores de Circe apura,
vigor toma, valor bebe,
fuerzas agota, iras gusta,
y en héroe valeroso
835
mi mismo honor me transmuta.
¡Ea!, ilustres caballeros
en quienes nuestra fortuna
volver a su lustre libra,
vengar sus oprobios funda.
840
Al arma, que aunque a vosotros
como a quienes sólo lo usan,
el manejo de las armas
se debe, quiere mi furia,
por ser la más lastimada,
845
que a toda esta noble turba
como soldado acompañe,
como capitán conduzca.
Ya de don Diego Morales
la sagacidad e industria,
850
halló dónde los Manzanos
cobardemente se ocultan.
A ellos, nobles parientes,
a ellos, ramas augustas
de las generosas cepas
855
que ha tantos siglos ilustran
de Henríquez y de Monroyes
las facciones y aventuras.
No sin misterio, en el campo,
mis iras os estimulan.
860
Porque si acaso negáis
el remedio a tanta injuria,
yo misma contra vosotros,
seré un rayo que os confunda;
y antes muerta a vuestras manos,
865
que mi venganza no cumpla.
Me servirán de mortaja
estas galas y estas plumas.
Será este negro caballo
de mi cuerpo viva tumba,
870
y muriendo a vuestro enojo
de mi honor en la conducta.
El campo en que pereciere
será, a mi cadáver, urna.
No dejaré, vive Dios,
875
decir a la edad futura,
que ya que cabeza me hizo
(por mi deshecha fortuna)
de los ilustres Monroyes
y de su nobleza suma,
880
no supe, muriendo yo
o matando a quien me injuria,
lavar con fuentes de sangre
borrones que la deslustran.
EUGENIO
Vive Dios, doña María,
885
que me corro cuando juzgas
que el valor menos ardiente
seguir tu intento rehúsa.
¿Quién habrá, que en tu defensa
no esgrima rayos por puntas,
890
y tanta sangre derrame
que diluvios se presuman?
ANTONIO
En vano para excitarnos
así tu valor estudia,
que los estímulos sobran
895
donde son tantas las furias.
LEONOR
Yo la primera seré
que te siga en tus fortunas.
Pues, para la imitación,
con tus acciones me ayudas.
900
DOÑA MARÍA
Pues a ellos, deudos heroicos,
y diga, con voces mudas,
la ejecución.
ELLA Y TODOS
¡Mueran cuantos
a los Monroyes injurian!

(Cajas y clarines.)

(Vanse y sale SAN JUAN con un breviario.)

SAN JUAN
¡Oh siervo inútil, el que
905
inobediente a su dueño,
si en una vigilia vela,
en otra se entrega al sueño!
Velé en la primer vigilia
y en la segunda -confieso
910
mi pecado- me rendí
al halago lisonjero
del sueño, debiendo a Dios
-si el acusador y reo
de la conciencia no miente-
915
el perfecto cumplimiento
al divino oficio. Mucho
de mi tardanza recelo,
que ya el tiempo me ejecute.
Mas ya da el reloj, atiendo,
920

(Da el reloj las once.)

las once son. Todavía
satisfacer el precepto
me permite. Mas, ¿cómo,
si acusándome de necio
me niega, ¡oh mi Dios!, la luz
925
lo que me concede el tiempo?
Ya todo el colegio está
en un profundo silencio.
Saldré a ver. Pero por todo
ni aun una centella veo,
930
Pedro, pero no responde
el cielo. Luz no da el cielo
y, en un infierno de ahogos,
quiero obrar bien y no puedo.
Ya el tiempo se pasa, Dios
935

(Arrodíllase.)

soberano, Rey eterno,
no mires mi culpa, mira
mi obediencia, y tu precepto
mucho en el poder me falta,
y lo más en querer tengo.
940
Tú eres Padre de las luces,
de ti vienen. Mas ¿qué veo?
Globo de luces padece
aquel árbol, verde incendio
y es ya el funesto ciprés,
945
verde mariposa al fuego.

(Descúbrense en el interior de un alto ciprés muchas luces. Suena la música. Aparece un ÁNGEL sobre el ciprés. Sube SAN JUAN en elevación que pueda rezar con las luces,)

Señor ¿quién no se deshace
tal favor agradeciendo,
y del polvo de sí mismo
aromas quema a tu templo?
950
ÁNGEL PRIMERO
No te aflijas, Juan, que para
que alabes al Rey supremo
en pavesas en un ciprés,
estrellas te enciende el cielo.
SAN JUAN
¡Oh mi Dios!, qué inútil soy
955
pues mi grave distraimiento
necesita de milagros
para ejecutar preceptos.
Pero a ellos también se extiendan
las alabanzas que os debo.
960

(Reza.)

ÁNGELES

(Cantando.)

Bendecid al Señor criaturas,
bendecid al Señor cielo y tierra.
ángeles, hombres, fieras y brutos,
árboles, plantas, mares y vientos.
SAN JUAN
Pues cuando más favoreces,
965
de pedirte más es tiempo,
mi ruego, Señor, obtenga
de Salamanca el sosiego.
ÁNGEL
Para que ése se consiga,
tú, Juan, has de ser el medio;
970
y eso tarde, porque ahora
comienzan sus desaciertos.
Y para que así lo veas,
mira en espíritu, aun lejos,
los efectos de un rencor.
975

(SAN JUAN queda como un éxtasis y sale DON DIEGO en su primer traje.)

DIEGO
Ya que a mi primer empeño
satisfice y descubrí
a los Manzanos, intento
satisfacer por mí solo
al segundo, cuerpo a cuerpo.
980
No como aleve criado
sepan que...

(Salen DON PABLO y DON ANDRÉS.)

PABLO Y ANDRÉS
De recogernos
ya es hora.
PABLO
La diversión
no la tiene. Mas ¿qué veo?
Un bulto aquí se previene.
985
ANDRÉS
¿Quién puede ser?
DIEGO
¡Caballeros!
Otro, y que agraviado está,
que desnudéis los aceros
os intima. Verme solo
no os retarde el vencimiento,
990
porque razón traigo y
de ella acompañada vengo.
LOS DOS
Con la muerte pagarás
las arrogancias de necio.
DIEGO
¡Morid, pues!
DOÑA MARÍA

(Dentro.)

Llegad, amigos,
995
y la casa les cerquemos.
Sepan, muriendo, si duermen
los Monroyes.
DIEGO
¿Qué oigo? ¡Cielos!
PABLO
Muy solo vienes, traidor.
DIEGO
Retirándoos hasta dentro
1000
de vuestra casa. La vida
que os quise quitar defiendo.

(Éntralos acuchillando y vuelven a salir.)

DOÑA MARÍA

(Dentro.)

Entrad, amigos, entrad.

(Sale DIEGO.)

DIEGO
Escoltada de sus deudos,
doña María de Monroy
1005
os asalta. ¡Deteneos!

(Salen PABLO y ANDRÉS.)

PABLO Y ANDRÉS
¡Déjanos salir, traidor!
DIEGO
Mirad que es patente el riesgo.
ANDRÉS
¡Suelta!
DIEGO
Así, vuestra vida
como leal criado defiendo.
1010

(Vase.)

ANDRÉS
Fuese, y llevando la puerta
nos ha encerrado.
DOÑA MARÍA

(Dentro.)

Don Diego,
¿cómo tú su muerte evitas,
cuando eres el instrumento?
DIEGO

(Dentro.)

Ve que es infamia, que a dos
1015
asalten tantos.
DOÑA MARÍA

(Dentro.)

¡Tenedlo!
¡Ay! Los unos y los otros
o rajando o encendiendo
haced que las puertas caigan.
DIEGO

(Dentro.)

Pese a mí.
ANDRÉS Y PABLO
¿Cómo podremos
1020
salir?

(Salen DOÑA MARÍA, LEONOR -también de hombre-, ANTONIO y EUGENIO con espadas y broquel.)

DOÑA MARÍA
¡Traidores! ¡Cobardes!
Encerraos ahora, que nuestro
enojo os hará salir
más las almas de los cuerpos.
ANDRÉS
No el número te acobarde
1025

(Riñen.)

hermano que yo el primero,
aunque el menor, seré quien
los castigue. Pero, muerto
soy.
PABLO
¿Qué veo? ¡Tened piedad!
EUGENIO Y ANTONIO
En darte muerte más presto.
1030
SAN JUAN
¿Qué miro, Señor, qué miro?
Teneos, amigos, teneos.
ÁNGEL
En vano la voz levantas.
Pues tú en Salamanca, y ellos
se miran en Portugal.
1035
PABLO
Ya rindo el último aliento.

(Cayendo.)

Cruel leona, a tus hijos
como nobles, cuerpo a cuerpo
dimos muerte, no traidores.
DOÑA MARÍA
Pues, espera piedad de ellos.
1040
PABLO
Permitidme confesar.
SAN JUAN
Ya voy.
ÁNGEL
Tente.
VOCES

(Dentro.)

¡Fuego!¡Fuego!
DIEGO

(Dentro.)

Así, veré yo si evito
vuestra muerte.
PABLO
Aunque muriendo
me veis mi valor. ¡Jesús!
1045

(Cae.)

Muerto, ¡ay de mí!, soy.
DOÑA MARÍA
¡Teneos!,
que ninguno ha de cortarles
las cabezas de los cuellos
más que yo.
ANTONIO
Hasta esta parte
viene llegando el incendio,
1050
y ya el lugar se alborota.
DOÑA MARÍA
Pues, celebrando el trofeo
de nuestra justa venganza,
a Salamanca guiemos
por más que decir oigamos
1055
al alborotado pueblo.
UNOS

(Dentro.)

¡Traición! ¡Traición! ¡Guerra! ¡Guerra!
SAN JUAN Y OTROS
¡Favor! ¡Favor! ¡Fuego! ¡Fuego!

(Vanse.)

(Desaparécese el ÁNGEL repitiendo la música, y al ir bajando la elevación, sale PEDRO en camisa rebozado con el manto de colegial.)

PEDRO
Aquí, si la luz no miente,
el fuego es. Quédome en cueros,
1060
y para apagar sus llamas,
con el manto las manteo.

(Da con el manto.)

Pero, aquí música se oye,
luz miro y llamas no veo.
Y mi amo, ¡ah Señor!, está
1065
cuarenta varas del suelo.
SAN JUAN
¡Favor, amigos, favor!
Acudid, socorred presto,
que se abrasan.
PEDRO
¿Qué se abrasa,
señor?
SAN JUAN
¿Adónde estoy, Pedro?
1070
PEDRO
Tú sabes de dónde vienes,
tan carisudado y hecho
un carmín cara y orejas.
SAN JUAN
Llevéme, sí, de un afecto.
PEDRO
Llévate de dos, y no hagas
1075
que yo me resfríe haciendo
que, quien creyó arder en llamas,
venga a tiritar al hielo.

(Vase.)

SAN JUAN
¡Oh mundo, centro de iras!
¡Oh mi Dios! Yo te prometo
1080
que en los claustros de agustino
tome mi ardiente deseo
contra sus golpes escudo,
contra sus borrascas puerto,
que allí oiré, y no oiré
1085
en desacordado estruendo.
ÉL Y MÚSICA
Bendecid al Señor criaturas,
bendecid al Señor tierra y cielo.
ÉL Y UNOS
¡Traición! ¡Traición! ¡Guerra! ¡Guerra!
ÉL Y OTROS
¡Favor! ¡Favor! ¡Fuego! ¡Fuego!
1090

Jornada segunda

(Sale DON FÉLIX como al principio.)

FÉLIX
Máteme mi amor, amén,
pues, en tan duros pesares,
estará la muerte ociosa,
si hay desgraciados amantes.
Desde que cruel mi fortuna
5
quiso tirana empeñarme
por los riesgos de una noche
a los disgustos de un lance,
a saber de mi Leonor,
no ha sido, cielos, bastante
10
mi diligencia. Si acaso
festejada de otro amante,
ya... Pero tente, discurso;
¿dónde vas, verdugo infame
de mi sosiego? No, cruel
15
en tus cadalsos mentales
acriminando sospechas,
quieras, sin tiempo, matarme.
Si no he de morir de celos,
no a matarme te propases.
20
Y si he de morir, deja
a la verdad que me mate.
Viviré, a lo menos, más,
el tiempo, que la ignorare.
Pero ¿cuándo, cielos, cuándo
25
en sospechas semejantes,
agudezas del discurso
no son al pecho puñales?
Bien, que ahora lugar no tienen,
pues no es posible me engañen.
30
Fieles testigos mis ojos
en bien repetido examen.
Desde aquella infausta noche
hora no ha habido, ni instante,
que de Leonor, centinela
35
no me hayan visto incansable.
fiel girasol sus ventanas,
viva estatua sus umbrales.
Y con todo, tan ajeno
estoy de ver quién me agravie,
40
que yo mismo me confundo
viendo en cláusula notable
sus ventanas tan de acero,
sus puertas tan de diamante,
que ni a las diarias visitas
45
del sol obsequioso se abren.
A Villalba no ha salido,
pues a más de no avisarme,
es argumento más claro
que en Villalba no se halle.
50
¿Si acaso -que es lo más cierto
observando mi coraje-
los suyos, aquella noche,
infiriendo, como es dable,
que dentro tendría prenda
55
quien peleaba los umbrales
a alguna estrecha clausura
la han llevado? Mas mi padre...

(Salen DON LUIS y FABIO.)

LUIS
Félix...
FÉLIX

(Aparte.)

¿Que no tenga un triste
ni aun la dicha de quejarse?
60
LUIS
¿Posible es que tan distraído
estés de tus literales
ejercicios, que aun en casa
rara vez, o nunca, te halles?
¡Vive Dios!, que me avergüenzo
65
de que se note, en mi sangre,
que quien corrió la palestra
a medio curso desmaye.
Guerra es la vida del hombre,
donde es bien, Félix, repares
70
de guerra serán también,
del estudio los afanes.
Pues, ¿por qué huirá el campeón
que sigue estos estandartes?
Soldado que retrocede,
75
más valdría que no pelease.
No negaré que venciste,
cuando tenaz trabajaste
armado de aplicaciones,
monstruos de dificultades.
80
FÉLIX
Pues si eso, señor, conoces,
¿con qué razón te desabres?
Campeón que siempre pelea,
algún día es bien descanse.
Más tenacidad requieren
85
las palestras militares,
y allí, alguna vez, es triunfo
lo que siempre fue certamen.
LUIS
Quien venció la ignorancia
tiene enemigos más graves,
90
pues son flojedad y olvido
de la ignorancia auxiliares.
Si contra éstos no pelea
tu aplicación incesante,
vendrás, de vencedor sabio,
95
a ser vencido ignorante.
Con estas fases te hablo,
siquiera porque estas frases,
puesto que tanto te gustan
te reprehendan más fácil.
100
Indecencia es que un rapaz,
que apenas paladear sabe
dulce leche de Minerva,
lance cóleras de Marte.
¿Piensas que en una ciudad,
105
que monstruo mil bocas abre,
se han de callar tus excesos?
Pues no, no. Todos se saben.
La pena que yo querría
es que el rapaz encontrase
110
quien dándole, no por gracias,
perdonara sus desmanes.
Vaya en hora mala y sepa
que más le gustan a un padre
hijos que el seso madura,
115
que espadachines rapaces.
FABIO
Señor...
FÉLIX
Tu reprehensión,
bien vi que traía más grave
causa. Y si de eso te afliges
poco tienes que enojarte,
120
que mi cólera, cual fuere,
trae origen de mi sangre.
Si mi poco sufrimiento,
el tuyo tanto desabre,
quéjate de ti, pues tú,
125
mal sufrido me engendraste.
Si no es culpa, ¿qué me imputas?,
y si lo es, ¿no has de borrarle
de original imperfecto
quien sacó perfecta imagen?
130
¿Cómo quieres que paciente

(Cajas y clarines.)

oiga?
VOCES

(Dentro.)

¡Mueran los infames
Manzanos!
LUIS
¿Qué escucho? ¡Cielos!
FÉLIX
Es el seso, en estos lances,
bueno.
VOCES

(Dentro.)

¡Los Monroyes vivan
135

(Tocan.)

pues así vengarse saben!
FABIO
Señor, toda Salamanca
derramada por sus calles
corre y ya...
FÉLIX
Contra nosotros
hacen sus voces alarde.
140
Quédate tú, que no gustas
de espadachines rapaces.

(Vase.)

LUIS
En este caso, excepciones

(Clarín.)

no hay.

(Vase.)

VOCES

(Dentro.)

¡Mueran los infames
Manzanos!

(Tocan y salen por el patio a caballo DOÑA MARÍA, DON ANTONIO, DON EUGENIO y los más que pudieren trayendo en dos astas las cabezas de los MANZANOS.)

DOÑA MARÍA
Parciales míos,
145
plaza no quede, ni calle
que en la ciudad no paseen
nuestros enojos triunfantes.
EUGENIO Y ANTONIO
Todos, más que por servirte,
lo hacemos por resguardarte.
150
DOÑA MARÍA
Yo amaba patria mía,

(Yendo para el tablado.)

emporio de la luz, cuna del día,
crisol sin competencia
de la nobleza, concha de la ciencia.
Ya, bella Salamanca,
155
ciudad hermosa, noble, rica, franca,
sin embozo, saluda tus almenas
la que verse de ti dejaba apenas.
La que salió agraviada,
a vivir en ti, vuelve bien vengada.
160
De su venganza son fieles testigos
las dos cabezas de sus enemigos.
Con ellas dos orlara
mis armas, si más timbres deseara,
mas baste que a mis manos
165
hayan muerto, cobardes, los Manzanos
y que en su sangre, mi ferviente furia
haya lavado manchas de mi injuria.
Recibe sin desdoro mi nobleza,
pues ves que vuelve a su primer limpieza.
170
Y por mí, de ti misma decir oyes
en blando estruendo.
ELLA Y TODOS
¡Vivan los Monroyes!
DOÑA MARÍA
Mas ¿qué súbito estruendo

(Cajas y clarines.)

al nuestro le sucede repitiendo
cuando sus voces nuestro enojo alteran?
175
VOCES

(Dentro.)

¡Manzanos vivan y Monroyes mueran!
EUGENIO
Amigos, de los Manzanos
conmovidos los parciales,
por toda la ciudad vagan
tropezando en sus vitrajes.
180
ANTONIO
Teme tu riesgo, María.
DOÑA MARÍA
Ya no hay riesgo que me espante.
Ésta, de santo Tomé,
es la fábrica, admirable
donde sepulcro a mis hijos
185
les labraron mis pesares.
Entremos.

(Entran y salen. Entran y vuelven a salir descubriéndose la fachada de un templo y en él dos sepulcros.)

ANTONIO
Pues ¿qué procuras?
DOÑA MARÍA
La ejecución, sin voz, hable.
¿Veis esos dos mausoleos
que ricos el mármol hace?
190
Pues de esta sangre teñidos
han de hacer el mármol jaspe.
EUGENIO
¿Qué intentas?
DOÑA MARÍA
Que en los sepulcros
de mis dos muertos infantes
clavadas estas cabezas
195
sean padrones inmortales.
Que esas lápidas blancas
con caracteres de sangre
publiquen. «Aquí dos muertos
y sus homicidas yacen.»
200
ANTONIO
Mira que...
DOÑA MARÍA
Cuando el enojo
mira...
PABLO Y ANDRÉS

(Dentro.)

Más no nos agravies,
que los nobles no profanan
la inmunidad de un cadáver.
ANTONIO
¡Qué horror!
EUGENIO
Las yertas cabezas
205
articularon palpables.
ANTONIO
Y aún, sin alma ya,

(Voces.)

se quejan de tus crueldades.
DOÑA MARÍA
Pues que se quejan, aun sienten,
y porque al sentir señales
210
dan de vivos, quiero que,
ya que en sangriento certamen
mi acero no los mató,
estas escarpias los maten.

(Clava las cabezas.)

EUGENIO
Ni aún el cielo niega a un cuerpo
215
sepulcro; pues sus capaces
bóvedas sublime pira
le fabrican.
DOÑA MARÍA
Pues, yo darles
mejor sepulcro no puedo
que en el que mis hijos yacen.
220
Fuera que si el cielo quiere,
para mostrar sus piedades,
darles sepulcro mejor
el cielo que los desclave.
Pero, ¿qué es esto? La tierra
225

(Ruido de tempestad.)

a terremotos se abre,
y todo el suntuoso templo
se desploma vacilante.
EUGENIO
Las cabezas, que tenaz
contra el mármol remachaste,
230
chocando contra él se libran
de las escarpias tenaces.
DOÑA MARÍA
Cierto es que las mueve el cielo,
mas lo que hice no deshace.
Ahí han de estar.
ANTONIO
¿Qué no temes
235
con espantos semejantes?
DOÑA MARÍA
Confiésote que me alteran,
mas no tanto que me espanten,
y así...
FÉLIX

(Dentro.)

Mueran los traidores,
aunque del templo se amparen.
240

(Salen DON LUIS, FÉLIX y FABIO con pistolas y disparando todos a un tiempo quedan riñendo con espadas y broqueles.)

FÉLIX
La esfera de nuestro enojo
balas, por rayos, dispare.
LUIS
Moriréis, que aunque el delito
al templo os retrae cobardes,
a culpas de honor no hay
245
prescritas inmunidades.
DOÑA MARÍA
Tus jactancias desmintiera,
pero esas cabezas lo hacen.
FABIO
Todas las vuestras serán
poco precio a tanto ultraje.
250
EUGENIO Y ANTONIO
Quien comenzó no es difícil
que con vosotros acabe.

(Vanse.)

(Éntranse riñendo y sale PEDRO de lego agustino, corriendo.)

PEDRO
Téngalo, que tras mí viene
volando por esos aires
el noviciado, y temo
255
que ha de volver a enclaustrarme.
¡Qué recio y difícil es,
Oh Dios, el parto de un fraile!
En el noviciado ya
se para, y aún no se pare.
260
Nace al fin de nueve meses
cualquier hijo de su madre,
y un fraile, al cabo de un año,
si no se ayuda, no nace.
Gracias doy al terremoto
265
de que de madre me saque,
que un vientre de cal y canto
con menos torno no se abre.
Sólo el terremoto -haciendo
que la fuente reventase
270
a mi madre la clausura-
hacer pudo que abortase,
teniendo yo los dolores,
un parto de tanta sangre.
Díganlo mis altos lomos
275
que, en huecas cuevas de carne,
llevan un cónclave entero
de ermitaños cardenales.
Siempre los tendré novicio,
pues, como a un lego, no es fácil
280
coronar la criatura,
nunca novicio sale.

(Cajas y clarines.)

¡Pero qué rumor!
DOÑA MARÍA

(Dentro.)

Amigos,
ningún Manzano se escape.
LUIS

(Dentro.)

No haréis poco en defenderos.
285
PEDRO
¡Qué falta en el mundo hace
un hombre de mi virtud!
En un solo año que falte
no hay santo que se averigüe
con...

(Sale EUGENIO y ANTONIO acuchillando a DON LUIS.)

ANTONIO
¡Mi rabia!
EUGENIO
Mi coraje
290
tiñendo esa yerta nieve
en vergonzosos corales,
os dirá cómo los nobles
Monroyes deben tratarse.
LUIS
¡Traidores! Yo... pero en vano
295
me animo, porque ya frágil
la torre de mis alientos
tropieza en lo deleznable.
PEDRO
¡Ténganse digo, de lejos!
EUGENIO Y ANTONIO
¡Muere cruel!
LUIS
¿Qué ahora faltases,
300
arruinado vigor mío?

(Cayendo.)

Félix, hijo, no me faltes,
que muere, aunque noblemente,
infelizmente tu padre.

(Sale FÉLIX.)

FÉLIX
Ve si es rapaz mi valor
305
viendo la falta que te hace.
LUIS
Hijo, en ti libro mi vida.
FÉLIX
¡Ahora lo veréis, cobardes!
EUGENIO YANTONIO
¡Morid, traidores!

(Sale SAN JUAN de religioso agustino.)

SAN JUAN
Amigos,
deteneos. ¡Baste! ¡Baste!
310
PEDRO
Ahora sí, ténganse digo.
¿No ven aquí a nuestro padre?
SAN JUAN
¿Qué hacéis, amigos? No hagáis
que el acero penetrante,
hiriendo de vuestros pechos
315
los vivientes pedernales,
contra la estopa del alma
centellas del odio saque.
EUGENIO Y ANTONIO
Quite, padre.
LUIS Y FÉLIX
Aparte, el necio
no quiera...
PEDRO
que no se maten.
320

(Riñen.)

SAN JUAN
Aquí me tenéis, amigos,
haced de este pecho infame
blanco, donde vuestro encono
gustosamente descanse.
Pierda yo la vida, como
325
os consigan mis afanes,
al vil precio de mis riesgos
comprar las seguridades.
FÉLIX
Aparte el hipocritón.

(Dale un empellón y cae.)

SAN JUAN
Aunque aquí, a vuestros pies yace
330
mi humildad, no he de dejaros.
LUIS
¿Qué logras en tus ultrajes?

(Riñen.)

SAN JUAN
Ver si este humilde gusano,
aunque a vuestros pies se arrastre,
puede ser rémora activa
335
de tanta deshecha nave.
PEDRO
Levántese, padre mío.
EUGENIO
Y cuando no se levante,
por sobre él, mis enemigos
morirán.
FÉLIX
¡Muere cobarde!
340
SAN JUAN
No en mí la imagen de Dios
atropelles.
FÉLIX
¿Qué fuerza hace
que quien por culpas de honor,
con Dios y sus respetables
preceptos atropelló,
345
atropelle con su imagen?

(Vanse.)

(Éntranse riñendo, levanta PEDRO a SAN JUAN lleno de lodo.)

SAN JUAN
Ayuda, Pedro.
PEDRO
Levanta,
que parece en tu semblante
haber jugado con lodo
carnestolendas y Martes.
350
No porque si a los valientes
atiendo, y aun a esa sangre
juzgo que, aunque fue jugando,
hubo sus quitadas carnes.
SAN JUAN
Poco mi oprobio importare,
355
como yo, al fin, alcanzase
Pero...
VOCES

(Vanse.)

¡Fuego! ¡Fuego!
EUGENIO

(Vanse.)

Amigos,
envuelto en llamas voraces,
nuestro enojo hasta la casa
de los Manzanos abrase.
360
VOCES

(Vanse.)

¡Fuego! ¡Fuego!
SAN JUAN
Dios benigno,
tú, que solo enfrenar sabes
horribles brutos, enfrena
desbocados racionales.
PEDRO
¿Adónde vas?
SAN JUAN
Al convento
365
guíe, hermano, que ya es tarde.
PEDRO
Y noche, pero de día
el voraz incendio la hace.

(Vanse.)

CLARA

(Vanse.)

¡Favor! ¡Favor!
OTROS
¡Fuego! ¡Fuego!
ANTONIO
¡Acudid!

(Sale DIEGO.)

DIEGO
¡Ay patria mía!
370
¡Y cómo, de una mujer,
te ha puesto la imprudente ira!
¿De qué sirvió su venganza
si de mil gracias es hidra,
mal cortadas dos cabezas
375
resultaron mil desdichas?
Bien hice en no acompañarla
cuando triunfante venía.
Pero, ¿qué jactó? Si siendo
ya reo de su malicia,
380
acción que impugno por suya,
debo defender por mía.
De los Manzanos la casa
es ya una Troya encendida,
y es amenaza a la nuestra,
385
la que para ella ruina.
¡Oh desgracia de mi amor!
¡Oh cómo entre esas activas
llamas doña Clara muerta,
será salamandra viva!
390
¿Cómo de ellas la sacara?

(Sale CLARA.)

CLARA
Caballero, si la dicha
piadoso os hizo, amparad
a una mujer afligida
que, en el incendio, ¡ay de mí!,
395
muerta soy.

(Queda desmayada en brazos de DON DIEGO.)

DIEGO
¡Cielos! ¿Qué miran
mis ojos a lo que, vaga,
la luz del fuego ministra?
¿No es Clara? ¿Quién te dijera
que, al pecho que presumía
400
construirle dulce regazo,
te había erigir la pira?

(Cajas y clarines.)

¿Quién?...
LUIS

(Dentro.)

¡Mueran los Monroyes!
Y de su estirpe atrevida
rama no quede, que al fuego
405
no se deshaga en cenizas.
DIEGO
¿Qué oigo? ¡Cielos! Nuevo empeno
sobreviene a mis fatigas
en empeño, en que mi amor
y mi honor juntos instan.
410
¿Qué haré? ¡Cielos!
CLARA
¡Ay de mí!
DIEGO
¡Albricias, amor, albricias!
¡Que aún vive!
CLARA
Felice quien
DIEGO
¿Qué decís?
CLARA
No sé qué diga,
sólo sí, que cuando os vi
415
mintió mil veces la vista
que, aunque en el traje, otra vez
en vos creyó villanías.
DIEGO
¡Ojalá mi amor creyeras!
CLARA
Yo creo a quien lo atestigua.
420
DIEGO
Ésta es mi casa segura.

(Van a entrar y salen llamas.)

VOCES

(Dentro.)

¡Fuego! ¡Fuego!
DIEGO
¡Ay!, más fatigas.
VOCES

(Dentro.)

¡Mueran los crueles Monroyes!
DIEGO
Volver es acción precisa.

(Van a entrar por otra parte y sale FÉLIX.)

FÉLIX
Mueran todos como yo,
425
Eneas de mi querida
Leonor. Pero ¿con quién sale?
¿Quién va allá?
CLARA
Yo soy perdida
porque el que ves es mi hermano,
y recelo.
DIEGO
No te aflijas,
430
que mi brazo...
FÉLIX
¿No responde?
DIEGO
Si acaso no se retira,
lo retirará al infierno
mi espada.
FÉLIX
¡Ah fementida!,
tu muerte y la de tu amante
435
mis justos celos rediman.

(Riñen.)

CLARA
Muerta soy.
DIEGO
Castigará
mi enojo tu grosería.
VOCES

(Dentro.)

¡Fuego! ¡Fuego!
LEONOR

(Dentro.)

¡Favor, cielos!
FÉLIX
Mintió la sospecha mía,
440
ésta es Leonor, en su amparo
arriesgar debo la vida.

(Vase.)

DIEGO
¿Qué veo? Fuese y entró
en casa doña María.

(Aparte.

Nuevo empeño me combate
445
pues mi sangre me obliga
el socorrerla.) Segura
mi Clara en esta vecina
casa aguardarme y guardarte
puedes.
CLARA
¿Mi riesgo no miras?
450
DIEGO
Yo aseguraré, en la tuya,
la vida que tú me quitas.
CLARA
Callada correspondencia
es obedecerte.

(Vanse.)

(Vanse y saca FÉLIX a LEONOR.)

FÉLIX
Anima,
que ya segura y conmigo
455
estás.
LEONOR
Sólo tanta dicha
puede, a mi enfermo vigor,
ser sabrosa medicina.
FÉLIX
Sígueme.

(Sale DIEGO.)

DIEGO
Paso adelante
no dará vuestra osadía,
460
sin que esa liviana dama
vuelva hasta la casa misma
de donde salió.
FÉLIX
Y a vos,
¿qué os va en eso?
DIEGO
Lo que os iba
no ha mucho a vos.
LEONOR
Muerta soy,
465
por que el que presente miras,
Félix, mi primo es don Diego.
FÉLIX
Nada, Leonor, te aflija.
En esa próxima casa
asegúrate, advertida
470
de que te defiendo yo.
LEONOR
A ella voy.

(Vase.)

DIEGO
¡Tente enemiga!
FÉLIX
En vano seguirla intentas.
DIEGO
Aunque tenaz lo resistas,
abriré por tu vil pecho
475
senda por donde seguirla.

(Salen DON LUIS y FABIO con espadas desnudas.)

LUIS
A él, hijo, que a más de ser
el principal homicida
de los dos muertos Manzanos,
ha robado de mi misma
480
casa a tu hermana Clara.
FÉLIX
¡Muere traidor!
DIEGO
A mis iras

(Riñen todos.)

sois pocos.

(Sale DOÑA MARÍA en su traje; DON ANTONIO y DON EUGENIO con espadas desnudas.)

DOÑA MARÍA
Noble don Diego,
en ti mi cuidado libra
el nuevo agravio de haber
485
robado a Leonor, tu prima,
ese traidor.
DIEGO
Mi coraje
ese exceso le castiga.

(Riñen.)

DOÑA MARÍA
¿Aún no morís?
FÉLIX

(Aparte.)

Entre tanto
que confusamente lidian,
490
mi fe a Leonor vida, y muerte
a Clara dar solicita.

(Vase.)

DIEGO
Mientras confusos batallan,
a mi amor y honor obliga
dar a Leonor la muerte,
495
guardar de Clara la vida.

(Vase.)

LUIS Y FABIO
Aunque tanto os defendéis,
rayos nuestro enojo vibra.
DOÑA MARÍA
Sabréis, muriendo, quién es
la Brava Doña María.
500
¡A ellos, parciales!
EUGENIO Y ANTONIO
¡A ellos!

(Vanse.)

(Éntranse riñendo, salen FÉLIX y LEONOR.)

FÉLIX
Pues ya de ser conocida,
te libra el embozo. Sigue
mis pasos.
LEONOR
En ti libra
tu seguridad mi riesgo.
505

(Salen por el otro lado DON DIEGO y CLARA.)

DIEGO
Cubierta tu peregrina
hermosura seguir puede,
sin riesgo, las huellas mías.
CLARA
Y el alivio que en tu amparo
me permite mi desdicha.
510
FÉLIX
Gente viene.
DIEGO
Gente llega.
FÉLIX
Y si no miente la vista,
CLARA
y si la vista no engaña,
LEONOR
don Diego me parecía.
CLARA
Félix mi hermano parece.
515
Pues para que no nos sigan
revolvamos hasta que
pasen.
DIEGO
Volver es precisa
acción en tanto que pasan.

(Llegan hasta la mitad del tablado y trocándose las damas, revuelve FÉLIX con CLARA y DIEGO con LEONOR.)

FÉLIX
Ven tras mí.
DIEGO
Tras mí camina.
520
LEONOR

(A DIEGO.)

¿Dónde, don Félix, me llevas?
CLARA

(A FÉLIX.)

¿Dónde, don Diego, me guías?
DIEGO
YFÉLIX ¿Qué oigo? ¡Cielos! ¡Ah tirana!,
daránte muerte mis iras.
LEONOR
Don Diego es éste. ¡Desgracia!
525
CLARA
Éste es don Félix. ¡Desdicha!
DIEGO Y FÉLIX
Daréte muerte aunque más
te apresures fugitiva.

(Al seguir FÉLIX a CLARA y DIEGO a LEONOR encuéntranse y riñen.)

FÉLIX
Mas ¿quién?
DIEGO
¡Morirás, traidor!
FÉLIX
¡Muere infame!
CLARA Y LEONOR
¡Ay más desdichas!
530
LEONOR
Pero, en tanto, aquí me oculto.

(Escóndese.)

CLARA
Aquí resguardo mi vida.

(Escóndese.)

FÉLIX
Aunque oculta, mataréla.
DIEGO
Aunque el mismo abismo elija
para ocultarse, a mis manos
535
morirá.
FÉLIX
¡Y tú a las mías!

(Vanse.)

(Éntranse riñendo. Salen CLARA y LEONOR sin verse.)

LEONOR
¿Cuándo, contraria fortuna,
sabrás mostrarte benigna?
CLARA
Contraria fortuna, ¿cuándo
te veré menos impía?
540
LEONOR
¡Que con don Diego me viese,
cuando con don Félix iba!
CLARA
¡Que con don Félix me hallase,
cuando otro mis huellas guía!
LEONOR
¿Qué puedo hacer?
CLARA
¿Qué haré, cielos?
545
¿Cuándo?
FÉLIX

(Dentro.)

¡Leonor!
DIEGO

(Dentro.)

¡Clara mía!
LEONOR
Ésta es de Félix la voz...
CLARA
Mi amparo, esta voz me acusa...
FÉLIX

(Dentro.)

¿Adónde estás?
LEONOR
... seguiréla
DIEGO

(Dentro.)

Sígueme.
CLARA
... yo he de seguirla.
550
DOÑA MARÍA

(Dentro.)

¡Don Diego, muere! ¡Parciales,
acudid!
LUIS

(Dentro.)

Llegad aprisa,
amigos, que muere Félix.
LEONOR
A nuevo riesgo me abriga
nuevo asilo.

(Escóndese.)

CLARA
De otro riesgo
555
ocultarme aquí me libra.

(Escóndese.)

(Escóndese LEONOR donde estaba CLARA y CLARA donde estaba LEONOR y sale FÉLIX.)

FÉLIX
Mentís mil veces que, así
este alboroto me impida,
ya que sé dónde está Clara,
saber dónde mi afligida
560
Leonor está.

(Sale DIEGO.)

DIEGO
¡Que no pueda
hallar a mi peregrina
Clara!
DIEGO YFÉLIX
Pero libre de uno,
daré a otro empeño salida.

(Sale DON LUIS por donde está FÉLIX, y DOÑA MARÍA por donde está DON DIEGO y representan sin estorbarse este bando con el otro.)

LUIS
¿Qué fue esto, Félix?
DOÑA MARÍA
Don Diego,
565
¿qué es?
FÉLIX
Cumplir con las precisas
obligaciones de honor.
DIEGO
Esto es arriesgar la vida
porque del honor, así,
el menoscabo redima.
570
FÉLIX
Y para que así lo veas,
cuando de mi valor fías.
DIEGO
Para que tu inquietud cese
viendo ya nuestra honra limpia.
¡Ésta es Leonor!
FÉLIX
¡Ésta es Clara!
575

(Llega DIEGO y MARÍA donde está CLARA, y LUIS y FÉLIX donde está LEONOR y descúbrenlas.)

LEONOR
¿Qué intentas?
CLARA
¿Qué solicitas?
DIEGO
¿Qué veo? Clara, ¿cómo aquí?
FÉLIX
¿Cómo aquí, Leonor, te miras?
LUIS
Acabarála mi enojo.
DOÑA MARÍA
Beberé su sangre indigna.
580
FÉLIX
¡Tente, señor!
DIEGO
¡María, tente!
LUIS
¿Tú la defiendes?
DOÑA MARÍA
¿Tú evitas
su muerte?
FÉLIX
Yo, pues que ya
por ella arriesgué la vida,
yo mismo la he de guardar.
585
DIEGO
A mí, guardarla me obliga.
FÉLIX

(Aparte.)

Cumpla yo ahora con mi amor
que, después la suerte esquiva
querrá que, hallando a Clara,
dé el castigo a su malicia.
590

(Vase con LEONOR.)

DIEGO
Saque yo a Clara del riesgo
que aunque en casa escondida
la tenga a Leonor después
castigará mi osadía.

(Vase con CLARA.)

DOÑA MARÍA
Aunque don Diego la ampare,
595
quitaré a Leonor la vida,
que sólo lava la sangre,
de tanta mancha, la tinta.

(Vase.)

LUIS
Aunque la defienda Félix
morirá Clara atrevida,
600
que las manchas del honor
sólo la muerte las limpia.

(Vase.)

(Salen DON EUGENIO y DON ANTONIO de camino.)

EUGENIO
Mucho, don Antonio, extraño
lo poco que de mí fías;
pues sólo porque de vuelta
605
a Salamanca caminas,
vengo a saber que saliste
de ella.
ANTONIO
Fue tan breve la ida
como la vuelta. Pues, fiada
en mi diligencia activa,
610
doña María instó
porque partiera a la villa
de Ledesma a prevenir
contra no sé qué noticia
al corregidor que, como
615
nuestro bando patrocina,
en él, para cualquier trance
sus seguridades finca.
Y vuelvo tan breve, no
tanto por doña María,
620
como huyendo de ese rayo,
de esa centella, que anima
Dios en el fray Juan Sahagún,
pues, como por luz divina
mis intentos penetrase,
625
hasta Ledesma camina,
y como rayo de Dios
que las torres más erguidas
abate. Al corregidor
reprendió con santa ira
630
que, enfurecido de verse
vencido a su persuasiva,
le recompensó en rigores
los bienes de su doctrina.
Y convenido con el
635
gobernador de la villa,
como a malhechor, mandaron
azotarle. Ignominia
que sintió tan poco que,
aun viendo que lo expelían
640
del lugar por revoltoso,
lleno de una paz tranquila,
tras mí a Salamanca vuelve.
EUGENIO
Antonio, esas maravillas
ser por mí experimentadas
645
les falta para creídas.
Yo sólo sé que de aplausos
se labra una hidropesía.
Mas él llega, retirarnos
será bien. Pues, su vista
650
yo la huyo porque me enfada,
tú porque te atemoriza.
ANTONIO
Mientras pasa, almorzaremos
a la margen cristalina
del Tormes.

(Vanse.)

(Salen SAN JUAN y PEDRO con sombreros y báculos.)

PEDRO
Venimos bien.
655

(Se pone el río.)

SAN JUAN
Que mejor, pues de ignominias
nos han cargado, que son
regalos que Dios envía,
volvamos a Salamanca,
porque si allí la perfidia
660
nos azota y nos destierra,
el sacro evangelio intima
ir a otra ciudad.
PEDRO
La vuelta
la dan primero mis tripas
que, aun siendo gordas, están
665
tan delgadas que se ahílan.
SAN JUAN
Tiene razón, mientras yo
por la pedregosa orilla
sigo espacio mi derrota,
tome algo.
PEDRO
No sino guindas...
670
Voy allí, que dos comiendo
están que se despepitan.

(Vase.)

SAN JUAN
¡Válgame Dios! Qué serenas,
aun en su misma fatiga

(El río se descubre.)

se ven del undoso Tormes
675
las corrientes fugitivas.

(Descúbrese la apariencia del río muy caudaloso por cuya alta orilla va caminando SAN JUAN de modo que caiga dentro.)

A su Creador las aves,
que suaves motetes trinan,
siendo a tanto Orfeo, el río
de plata templada lira.
680
Yo, con ellas, templando
de su corriente plata las clavijas,
y música alternando
las duras cuerdas de las negras guijas.
Entre tanto, mi Dios, Anfión de pluma,
685
alabaré tu omnipotencia suma.
Pero que en vano quiero
alabar, Dios amado, tu grandeza,
si nunca el mundo entero
acaba de alabarte y siempre empieza.
690
Bien que en tan disculpables devaneos,
suplirán lo imposible mis deseos.
Mis amantes congojas
quisiera fueran puros corazones
cuantos, en leves hojas,
695
son de la aérea región verdes garzones.
Y sé, que aun ricos de infinitas creces,
no te alabarán, no, como mereces.
Quisieran mis estrenos
que fuesen serafines uniformes
700
cuantas aquí, en sus senos,
invisibles arenas lava el Tormes.
A tanto aspira, ¡oh Dios!, mi firme anhelo.
Mas ¿dónde tropecé? ¡Válgame el cielo!
ANTONIO

(Dentro.)

¡Echa el barco, molinero!
705
EUGENIO

(Dentro.)

¡Al agua!, que de la orilla
a lo profundo del Tormes
cayó un religioso.
ANTONIO
¡Aprisa,
que se desparece!

(Sale PEDRO comiendo.)

PEDRO
¡Ay Dios!,
¡que se ahoga! ¡Cuántos me gritan!
710
El padre bebiendo, y yo
comiéndome una gallina.

(Salen EUGENIO y ANTONIO.)

ANTONIO
Ya del todo sumergido,
los ojos no le divisan.
PEDRO
Favor, señores.
EUGENIO
Veamos
715
si sus embustes lo libran.
Pero ¿qué miro? Librado
sobre el agua, de rodillas
firmes, los ojos al cielo,
a la puente se encamina
720
diciendo cuando convierte
el fracaso en alegría.

(Pasa el santo sobre el agua como dicen los versos, y en el aire van dos ÁNGELES cantando, y SAN JUAN repitiendo.)

MÚSICA
Por tan extraño favor
mares, ríos, balsas, fuentes
y cuanto, en vuestras corrientes,
725
vive a merced de su amor.
ÁNGELES Y SAN JUAN
Bendecid, bendecid al Señor.

(Desaparécese.)

ANTONIO
¡Raro caso!
EUGENIO
¡Prodigioso
milagro!
PEDRO
Yo bien decía
que todo el Tormes no era agua
730
en que ahogarse podía
nuestro padre. Pero él viene.
Pues se volvió el llanto risa,
reyes míos, acabemos
de almorzar.

(Sale SAN JUAN.)

SAN JUAN
Sea bendita,
735
Señor, tu bondad.
PEDRO
Mi padre,
exiforas la camisa
para que la ropa al sol
se seque.
SAN JUAN
Por la divina
misericordia, las aguas
740
no me humedecieron pías
ni aun los zapatos.
EUGENIO
Los ojos
dudan lo mismo que miran.
ANTONIO
A lo menos, tomaréis
para templar la fatiga
745
algún alimento.
SAN JUAN
Me hace
la necesidad que admita.
ANTONIO
Saque hermano.
PEDRO
¿Cómo saque?
EUGENIO
Lo que con nosotros iba
a almorzar.
PEDRO
Polla mechada.
750

(Sácala.)

¡Ahora te me despabilan!
SAN JUAN
¿Qué es esto?
PEDRO
Una linda polla.
SAN JUAN
¿Y vianda tan exquisita
he de comer? No, mi Dios.
PEDRO
Mire, padre, así se trincha.
755
SAN JUAN
Quite, fray Pedro.
PEDRO
En la boca
no me cabe la saliva.
ANTONIO
Comed, por Dios.
PEDRO
No por Dios
coma, sino por su vida.
SAN JUAN
Mucho temo que la gula,
760
aun más que la hambre, me rinda.
¡Qué manjar tan regalado!
¡Qué raro, Dios lo bendiga!

(Echa la bendición y vuela la ave.)

PEDRO
Agárrenla, que se va,
que es ahora imposible digan
765
ver volar un buey. Pues, gorda
como un toro, una gallina
arranca por esos aires.
EUGENIO
De pluma otra vez vestida,
se remonta a su región.
770
ANTONIO
Tu piedad, padre, permita
que en perdón de mi molestia,
mi boca bese rendida
tus pies.
EUGENIO
A ellos te suplico
SAN JUAN
¡Teneos!, que si la divina
775
bondad obra en estos portentos,
no es por mí, sí por sí misma.
Huya yo a la vanidad
esas traidoras caricias.

(Vase.)

PEDRO
¡Ay!, que también se me vuela
780
el padre. No me le sigan,
que, por no daros los pies,
se pondrá patas arriba.

(Vase.)

ANTONIO
Huyendo el vulgar aplauso
llegó hasta su portería.
785
Seguiréle.

(Vase.)

EUGENIO
Yo no, que aunque
me confunde, no me inclina.

(Vase.)

(Sale DON LUIS con la espada desnuda y una luz.)

LUIS
Del día, la obscura noche
se me ha dilatado un siglo.
Mas ya llegó, y la ocasión
790
de que quede mi honor limpio.
Allí a Clara, Félix, más
por defensa que castigo,
tiene enclaustrada. Mas no,
no ha de valer el arbitrio.
795
Que, ahora, dejaré mi acero
en su vil sangre teñido.

(Vase.)

LEONOR
Pasos siento, ¿sí será
Félix?

(Sale FÉLIX.)

FÉLIX
Hasta que dormidos
todos en casa estuviesen,
800
ver a Leonor no he querido,
que, como juzgan que es Clara,
este recato es precioso.

(Vase.)

LEONOR
Él es sin duda. En mis brazos
recibirle determino.
805

(Vase.)

(Sale DOÑA MARÍA con una luz y EUGENIO.)

DOÑA MARÍA
Esto ha de ser.
EUGENIO
¿Que Leonor
ha de morir?
DOÑA MARÍA
Así evito
mi deshonor, si es amago,
y si es golpe lo castigo.
EUGENIO
Y ¿dónde está?
DOÑA MARÍA
En ese cuarto,
810
más que castigarla quiso
asegurarla don Diego
y puesto que de ti fío
este empeño,
EUGENIO
... con su muerte
repare tu honor y el mío.
815

(Vase.)

(Éntrase desnudando la espada y sale DON DIEGO.)

DIEGO
Hasta que todos pagasen
al sueño el tributo digno,
no he querido ver a Clara.
Pues, como en casa han creído
que es Leonor, de que la vean
820
he recelado el peligro.
Pero ella está aquí. Mi bien,
mi amor, mi luz, mi hechizo,
perdóname si antes no
a tus plantas me he rendido.
825
No por menos diligente
mi amor acuses de tibio,
que, para más dilatarlo,
quise astuto reprimirlo.
DOÑA MARÍA

(Aparte.

¿Qué es lo que oigo? ¿A mí, don Diego,
830
galanteos tan rendidos?
¿Más, qué dudo, si excitado
aquel su antiguo cariño,
al soplo de mis promesas
se puede haber encendido?)
835
Don Diego, como merecen
tus finezas las estimo,
y pagaré con mi mano.
DIEGO
(Aparte. ¿Qué escucho, cielos divinos?
con doña María hablaba
840
cuando a Clara solicito.
Pero esforzaré el engaño.)
Señora, aunque advertido,
quise reprimir mi amor
impaciente y fugitivo
845
de la cárcel de mis labios
llegó a entrar por tus oídos.
DOÑA MARÍA
Pagaré tu rendimiento.
Pero, en tanto, en este sitio
que a Eugenio esperes te ruego.
850
DIEGO
Harélo así.
DOÑA MARÍA

(Aparte.)

Así impido
que, a su piedad, de Leonor
estorbe el justo castigo.

(Vase.)

DIEGO
¿Qué pasa por mí?
CLARA

(Dentro.)

Detente
porque primero a esos filos
855
moriré.
DIEGO
¡Cielos! ¿Qué escucho?
¿No es ésta Clara?

(Sale EUGENIO forcejeando con CLARA.)

CLARA
¡Atrevido!
Primero...
EUGENIO
Juzgándote otra
entré a matarte, mas fino
morí a tus divinos ojos,
860
permite...
DIEGO
Tus desvaríos
castigará mi valor.
EUGENIO
Y el mío a ti, fementido.
CLARA
¡Ay de mí! Que conocida
de mis mismos enemigos
865
he de morir. Y si huyo,
es más claro, entre los míos,
mi riesgo.
LUIS

(Dentro.)

¡Muere traidora!
LEONOR

(Dentro.)

Tente, señor.
FÉLIX

(Dentro.)

No sin tino
huyas, que yo te defiendo.
870

(Sale LEONOR.)

LEONOR
¡Hay más forzoso peligro!
Huyendo, ¡ay Dios!, de la muerte,
hasta mi casa he venido.
Al fin, ciego delincuente
que, no encontrando otro asilo,
875
necio se viene a retraer
donde cometió el delito.
EUGENIO
¿Dónde te ocultas infame?

(Sale LUIS.)

LUIS
Aunque te oculte el abismo
te daré muerte.

(Sale FÉLIX.)

FÉLIX
En tu amparo
880
estoy, Leonor.
EUGENIO
Atrevidos,
a mi enojo acabaréis.
DOÑA MARÍA

(Dentro.)

Favor, acudid amigos,
que en mi casa los Manzanos
nos asaltan.
FÉLIX
¿Qué he oído?
885
Hasta su casa, Leonor
ciega y fugitiva vino.

(Sale DOÑA MARÍA y DON ANTONIO con luces.)

DOÑA MARÍA
En vuestro favor estamos.
LUIS
¡Ah, traidores! Mas ¿qué miro?
DIEGO
¿Aquí Leonor?
FÉLIX
¿Aquí Clara?
890
FÉLIX Y DIEGO
Mejor el acaso lo hizo.
LUIS

(A LEONOR.)

¡Ah traidora!
FÉLIX
Señor, tente.
EUGENIO Y ANTONIO
Moriréis a nuestros bríos.
FÉLIX
Vosotros sí, a mi valor.

(Mata la luz y riñen todos.)

DOÑA MARÍA
Ahora lo veréis, impíos.
895
FÉLIX
Sígueme, Leonor.
LEONOR
Tras ti
estoy.
DIEGO
Ven, Clara, conmigo
que segura quedarás
dentro de mi cuarto mismo.

(Vanse.)

(Éntranse riñendo. Repican dos campanas y salen SAN JUAN y PEDRO.)

PEDRO
Si no lo queréis creer,
900
mirad los cascos se dijo,
y ahora que todos se cascan
lo mismo, padre, le digo.
SAN JUAN
De la trabada contienda,
avisa el sonoro ruido
905
de las campanas de santo
Tomé y de san Benito.
PEDRO
Es que a su muerte, estos locos
tocan como a su bautismo.

(Cajas y clarines.)

Pero acá, según las voces,
910
se va acercando el bullicio.
UNOS

(Dentro.)

¡Vivan los Manzanos!
OTROS
¡Mueran
los Monroyes atrevidos!

(Salen riñendo LUIS, FÉLIX, FABIO con DON DIEGO; ANTONIO y EUGENIO.)

FÉLIX

(Aparte.)

Ya asegurada Leonor,
nada recela mi brío.
915
DIEGO

(Aparte.)

Pues ya a Clara aseguré,
obre ahora mi destino.
UNOS

(Dentro.)

¡Favor al rey!
OTROS
¡Mueran todos,
si se resisten!
SAN JUAN
Amigos,
temed vuestro riesgo.
LUIS
¿Qué oigo?
920
Ya por orden del invicto
Enrique Cuarto, rey nuestro,
nos cerca con sus ministros
ese escuadrón numeroso.
EUGENIO
Afrenta es quedar vencidos.
925
FÉLIX
Pues a ellos, caballeros,
nobles sean nuestros bríos,
aunque siempre tan contrarios,
en esta ocasión, amigos.
DIEGO
A ellos, todos advirtiendo
930
que son, en este conflicto,
nuestros alientos parciales,
pero después, enemigos.

(Vanse.)

SAN JUAN
Tú sólo, Dios, de tal odio
apagarás lo encendido.
935

(Tiros.)

UNOS

(Dentro.)

¡Arma! ¡Arma! ¡Arma! ¡Guerra! ¡Guerra!

(Cajas.)

UNO

(Dentro.)

¡Muerto soy!
PEDRO
Uno, tres, cinco,
para ensaladas de plomo,

(Disparan.)

estos son buenos pepinos.
Huyamos, padre.
SAN JUAN
¿Qué es huir?
940
Dios eterno, Dios benigno,
para apagar tanto incendio
enciende los labios míos.

(Vase.)

PEDRO
Yo huyo, no me apelotee

(Disparan.)

el demonio de este tiro.
945

(Vase.)

(Salen todos riñendo.)

FÉLIX
Pues ya ellos lo están, nosotros
veamos quién queda vencido.
¿Pero quién?

(Sale SAN JUAN.)

SAN JUAN
¡Favor! ¡Favor,
cristianos!
TODOS
¿Qué ha sucedido?

(Dejan de reñir.)

SAN JUAN
¡Qué horror! Los cielos se caen
950
a la tierra y, divididos
los polos, sus astros se
desencajan de sus quicios.
No así, reloj concertado
suelta el ruidoso artificio
955
de sus ruedas para dar
la hora que ahora oímos.
Como la esfera del cielo,
en más horrorosos giros,
se devana y atropella,
960
toda es espantosos signos.
Sol y luna se obscurecen
y oprimidos, en sí mismos,
de pelear fatigados
se ven en sangre teñidos.
965
Enfurécense los mares,
chocan entre sí los riscos,
braman airados los vientos,
cae el fuego de sus sitios.
Las fieras se despedazan.
970
¡Oh Dios! ¡Qué horribles bramidos,
contra nosotros pelean!
¡Huid hombres, huid amigos!
Mas no, que una voz sonora
a todos nos llama, oídlo.
975
Sobre nosotros se ve,
¿cómo a su vista no expiro?
¡Qué severo! ¡Qué enojado!
TODOS
¿Quién, padre?
SAN JUAN
El juez Divino
que a juzgarme y a juzgaros
980
baja del cielo.

(Sale PEDRO.)

PEDRO
Eso es lindo,
que no hay cosa para locos
como un sermón de juicio.
SAN JUAN
¡Qué razón daré del odio
con que os busco vengativo!
985
¡Qué de rencores me arguye!
¡Qué de culpas y homicidios!
LUIS Y ANTONIO
¡Qué horror! ¡Huyamos sus voces!

(Vanse.)

DIEGO Y FABIO
De oírle me atemorizo.

(Vanse.)

FÉLIX
Su presencia temo más
990
que la de mis enemigos.

(Vase.)

EUGENIO
¡Qué vergüenza! Caballeros,
¿posible es que persuadidos
de un infame orador, de un
hipócrita fementido,
995
vuestra venganza dejéis?
¡Hola! ¿No hay criados míos
que maten a palos a este
fraile vil, a este enemigo
de la honra de los nobles?
1000
Mas, yo hacerlo sabré.

(Toma un palo y al darle queda con el brazo levantado e inmoble.)

SAN JUAN
¡Amigo!
PEDRO
Que lindo, don Pedro Palo
larga el palo.
EUGENIO
Ni aun ánimo,
padre.
SAN JUAN
Vaya, que Dios es
el Hércules peregrino
1005
que, eslabonando sus voces,
los prende por los oídos.
EUGENIO
De su vista huyendo voy,
más que confuso, corrido.

(Vase.)

PEDRO
Ir puede al palo de la horca.
1010

(Sale una MUJER.)

MUJER
Mi padre, un único hijo...
PEDRO
¿Qué es eso, hermana? ¿La ahorcan
y reza el credo conmigo?
MUJER
... que tenía, en ese pozo,
por mi desdicha, ha caído
1015
y en su intercesión espero
que le saque.
PEDRO
Los colmillos.
MUJER
¡Haced!
PEDRO
No es nada un milagro.
No lo haré yo ni por cinco
reales, que me tiene más
1020
de costo.
SAN JUAN
Pues, ¿cómo ha sido?
MUJER
Dos horas, padre, ha que está
en el agua sumergido
y ya muerto.
SAN JUAN
No se apure,
no, que quizás estará vivo.
1025
MUJER
¿Vivo, padre?
SAN JUAN
¿Dónde está?

(Llegan al pozo.)

MUJER
Aquí cayó.
SAN JUAN
¡Ah, tierno niño!
NIÑO

(Dentro.)

¿Quién me llama?
MUJER
¡Qué portento!
Desde abajo ha respondido.
SAN JUAN
Vivo está, mas tan profundo
1030
está el pozo, que imagino
que a sacarle de su fondo
no bastará humano arbitrio.
Pero fía en Dios, que yo
desciñéndome este cinto,
1035
veré cómo puedo. Pero,
aún no llega.
PEDRO
Échale hilo,
que la correa no alcanza.
SAN JUAN
Ya creciendo en cristalinos
penachos, el hondo pozo
1040
lo sobreagua hasta el mismo
brocal. Tenga la correa
con fuerza y suba, hermanito.

(Sube el niño como dicen los versos.)

PEDRO Y MUJER
¡Qué portento!
NIÑO
Sus pies
le he de besar, padre mío.
1045
PEDRO
A tus plantas...
SAN JUAN
¡Quita! ¡Aparta!
PEDRO
No me le hagan dar de brincos.
UNOS

(Dentro.)

¡Milagro! ¡Milagro!
OTROS
Nuestro
santo predicador lo hizo.
SAN JUAN
¿Cómo, de la vanidad,
1050
huiré este torbellino?
Muy bien, porque si David
fingido loco advertido
supo, por librar la vida
corporal, yo determino,
1055
por librar la espiritual,
hacer ahora lo mismo.

(Vase.)

NIÑO
Sigámosle, madre mía.
MUJER
Tras él, clamando el prodigio
vamos.

(Vanse.)

PEDRO
¿Qué es aquello, Dios?
1060
¿Qué a mi padre ha sucedido?
SAN JUAN

(Dentro.)

¡Al loco! ¡Al loco, muchachos!

(Dentro silbos.)

UNOS
¡Al loco!
OTROS
¡Qué lindo tiro!
PEDRO
¿Qué es aquello? Por la plaza
corre, y hallando en su sitio
1065
una banasta que encaja
en su cabeza, sin tino
viene, de muchachos que
le apedrean, perseguido.

(Sale SAN JUAN como dicen los versos, mal puesto el hábito, lleno de lodo, con una banasta en la cabeza, repitiendo.)

(Dentro los silbos.)

SAN JUAN
Yo soy muchachos. ¡Al loco!
1070
Al loco, pues. ¡Víctor! ¡Víctor!
PEDRO
Espere padre, no huya.
¿Cómo, pues, se ha corrido?
¿Tiene tan pocas correas
teniendo tan largo el cinto?
1075
SAN JUAN
¡Qué contrario viento corre!,
écheme lodo. Angelitos,
miren, no me lleve el aire
que sopla, que estoy vacío.

(Corre.)

PEDRO
¡Que se lo lleva!
SAN JUAN
No puede,
1080
que para eso, en-lo-que-he-sido,
advierto que soy un loco,
y que seré. ¡Víctor! ¡Víctor!

(Vase corriendo.)

PEDRO
¡Vaya! Que el prior lo hará
cobrar, a azotes, el juicio.
1085

(Vase.)

(Sale el PRIOR, viejo venerable.)

PRIOR
¿Quién con tan grande algazara
de clamores y de silbos
llega a la puerta?

(Sale SAN JUAN del mismo modo.)

SAN JUAN
Ya a salvo,
huyendo el enfurecido
huracán, con otro norte,
1090
deshecho bajel venimos.
PRIOR
Padre, ¿qué es eso?, ¿qué veo?
Así viene...

(Sale PEDRO.)

PEDRO
Padre mío.
Deo gratias.
PRIOR
¿Qué es esto, hermano?
PEDRO
Cosas del padre que engreído
1095
en ser pescador de hombres
fue también a pescar niños
por señas, que absorto el pozo
hasta hoy se llama Amarillo.
PRIOR
¿Cómo así?
PEDRO
¿Cómo no
1100
hace, padre, lo que dijo?
Pues, predica el juicio a otros
y luego él pierde el juicio.
PRIOR
¡Qué indecencia! ¿No bastaba
el continuado delirio
1105
con que nos molesta, haciendo
ya que los fieles ministros
de Dios gasten todo el día
en confesarle a su arbitrio?
Si entra, si sale, si al coro
1110
entra o sale.
SAN JUAN
Reprendido
debo ser, que como peco
cada hora al remedio aspiro.
PRIOR Y para gastar dos horas
en el santo sacrificio
1115
de la misa, tan molesto
que el pueblo, más distraído
que devoto, su imprudente
virtud condena por vicio.
¿Qué disculpa puede haber?
1120
Ninguna. Y así le digo
que no consuma en la misa
más tiempo que el preciso.
Advirtiéndole mi voz
que el primer prelado Cristo
1125
quiso que sus siervos fuesen
no tan libres, sí ceñidos.

(Vase.)

PEDRO
Sí, el cinto se ciña. Pues
ya en cintura lo han metido.

(Vase.)

SAN JUAN
¡Con qué razón de mis culpas
1130
soy, Santo Dios, argüido!
Mas, ¿cómo en mí, tus favores
se pueden llamar delitos?

(Híncase.)

Tú del polvo me levantas,
tú me traes, por ti mismo,
1135
el cielo a la tierra en el
incruento sacrificio.
En ti, Dios Sacramentado,
en la hostia sagrada miro
de ti, Dios uno el arcano;
1140
de ti, el misterio Dios trino.
En leer secretos en ti
dos horas gasto advertido.
Y no son tiempo dos horas
para ver tantos prodigios,
1145
si de esta dicha me falta
el tiempo con el auxilio.
¿En qué escuela aprenderé
lo que en la tuya registro?

(Cruzan por diversos lados dos ÁNGELES cantando hasta llegarse a juntar en el aire. Aparécese sobre sus manos una custodia, y sube en elevación SAN JUAN, de modo que quede debajo de los ángeles, que en el aire mantienen la custodia.)

ÁNGELES

(Cantan.)

Y rompiendo del aire las ráfagas
1150
de alados serafines, los espíritus
ministrarán, a tus ojos, la cándida
escuela sagrada de que eres discípulo.
SAN JUAN
Bien puedo, con el profeta
rey decir favorecido,
1155
Señor, que cuando tu gloria
aparece me sacio.
ÁNGEL 1º
El pan de los ángeles
es libro blanco ínclito.
ÁNGEL 2º
Que te hará leyendo
1160
querubín científico.
ÁNGEL 1º
A sus blancas páginas
estrechándote íntimo.
ÁNGEL 2º
Beberás, magnánimo,
raudales vivíficos.
1165
SAN JUAN
Ya veo, Sagrado Cordero,
que el libro eres en que, fino
vestido de nuestra piel,
encuadernas tus prodigios.
Tú, sí, de todas las ciencias
1170
eres el fin y el principio.
Y a ti llega en un Jesús
el que sólo sabe el Christus.
Por eso, en tu Apocalipsi,
cuando Cordero Divino
1175
te veo, a la diestra del Padre,
después te venero, Libro,
si en siete sellos cerrado,
por dentro y por fuera escrito.
Y así yo, cuando cual dulce
1180
abeja tus hojas libo
anegado en las dulzuras
de tu suave dulce estilo,
saco para mí el remedio
para el próximo alivio.
1185
Favor que me obliga a que,
con tus alados ministros,
alternando suaves voces
te repita en dulces himnos.
ÁNGELES Y SAN JUAN

(Cantando.)

Bendecid al Señor criaturas,
1190
que en el sacro velo, donde está escondido,
manifiesta al humano discurso
de letras y ciencias favores divinos.
Alabad, bendecid sus piedades
por instantes, por horas y por siglos.
1195

(Vanse.)

Jornada tercera

FÉLIX

(Dentro.)

¡Parad! ¡Parad!
OTROS
A tu arbitrio
nuestros alientos se postran.
FÉLIX

(Dentro.)

Sígueme Leonor divina
y vosotros, bala en boca,
a mi vida y a las vuestras
5
haced vigilante escolta.

(Sale FÉLIX de bandolero y LEONOR.)

LEONOR
Felix, felix muchas veces
quien ya libre de zozobras
en el catre de tus brazos
seguramente reposa.
10
FÉLIX
Feliz yo que, aunque arrastrando
por mis excesos la soga,
en tu regazo reposo.
Mas dejemos esto ahora.
Es ésta, que teje el prado,
15
florida turquesa alfombra.
Descansa, que aunque mi amor
te aclame entre flores, flora
para que mejor halagues
el gusto que me enamoras.
20
Quiero que, entre tantas flores,
te corones tú por rosa.

(Sale SAN JUAN.)

SAN JUAN
Dices bien, Félix, que no es
más que una flor engañosa
la hermosura que en el campo
25
de los deleites adoras.
Por eso, logrando impío
de tu vida deliciosa,
de esas rosas, antes que
se marchiten, te coronas.
30
Rosa es ese bello riesgo,
flor es, y tan venenosa,
que, ministrando a los hombres
tósigos que confecciona,
no hay abejas que la chupen,
35
porque siendo arañas todas,
en las copas del deleite
beben nociva ponzoña.
Mas pintártela no quiero
con resabios de dañosa.
40
Bella como es te la pinto,
para que así reconozcas
que es, Félix, lo que te halaga
lo mismo que te inficiona.
Bella, cual reina, descuella
45
sobre el trono de sus hojas
siendo arqueros que la guardan
cuantas espinas la rondan.
Luna o espejo del sol
en el prado se colora.
50
Copa vegetable de ámbar,
que a las humanas lisonjas
aún más que las pajas leves,
atrae hacia sí, industriosa,
éstas y otras preeminencias,
55
le das, ¿no? Pero éstas y otras,
el áspid, entre las flores,
paliadamente te enroscan.
Poco te importa que sea
bella esa flor. Poco importa
60
que a gozar de ella te arrastren
derramados sus aromas.
Si es tan falaz, aunque bella,
que en el punto que la cortas
en la pira de tu afecto
65
muerta su belleza llora.
Luna es de los prados, pero
tan frágil y vidriosa,
que la empañas si la miras
y la quiebras si la tocas.
70
Es ámbar, mas de otra especie
que son las fragantes gomas
que respira ajado el ámbar
y ajada espira la rosa.
¿Hubiera Moisés tomado,
75
di, la vara prodigiosa,
si viera que era serpiente
la que vara se le endona?
¿Epimeteo tomara
el don que le dio Pandora,
80
si viera que áspides eran
liso fondo de su copa?
Pues, ¿por qué ha de cautivarte
hermosa flor tan traidora
que deja de ser lo que es
85
al instante que la tomas?
¿No conoces?
FÉLIX
Si ya lo hice,
¿qué importa que lo conozca?
SAN JUAN
Mucho, que así enamorado
de aquella virtud que sola
90
en campos de la pureza
es azucena olorosa,
asegurarás la dicha
de aquella postrera hora
de que depende lo eterno
95
de una pena o de una gloria.
FÉLIX
Al fuego de tus razones
es mi resistencia estopa
que, aunque se vio encendida,
apagada ya se postra.
100
Haz que de tu religión
vista la sagrada ropa
y que en sus claustros...
LEONOR
¿Qué escucho?
Félix mi bien, mi amorosa
perdición, ¿qué es lo que dices?
105
¿Yo sin ti? ¿Yo sin la sombra
que me ampara? ¿Sin la luz
que me alumbra?
FÉLIX
No... Sí...
SAN JUAN
Rompan
firmes determinaciones
esas tenaces esposas.
110
FÉLIX
Vamos, padre.
LEONOR
Félix mío,
¿que te vas? ¿Qué mis copiosas
lágrimas, a tus pies,
grillos de cristal no forjan?
SAN JUAN
Seguid, amigos, mis voces.
115
FÉLIX
¡Ay, padre mío!, ¡que llora!
SAN JUAN
No sus lágrimas te enfrenen,
que cocodrilo engañosa
llora porque...
FÉLIX
A tanto impulso
es mi resistencia poca.
120
SAN JUAN
Pues huir, amigo, huir,
porque en lid tan peligrosa
no el que acomete, el que huye,
sólo alcanza la victoria.
FÉLIX
Pues, si he de vencer huyendo,
125
a Dios gustos, a Dios glorias.
Tuyo fui, Leonor, mas ya
sólo es tuya la memoria.

(Vase.)

SAN JUAN
Dios te guíe. Y de ti Dios
me libre, mujer celosa.
130

(Vase.)

LEONOR
¿Qué es esto que por mí pasa?
¡Plantas, ramas, flores, hojas,
tierra, cielos, mares, ríos,
valles, montes, cuevas, rocas,
hombres, fieras, peces, aves,
135
aire, fuego, aguas, ondas,
sed testigos que, en la línea
de finezas amorosas,
hay mujeres que así adoren
hombres que así corresponden!
140
Pero, ¿cómo así me quejo
y lamentándome sola,
tristes álamos fatigo
cual tórtola gemidora?
Fiera soy despedazada.
145
Tigre soy, soy leona
a quien cazador mañoso
los tiernos hijuelos roba.
¡Félix! ¡Félix! ¿Dónde estás?
Encuéntrete yo o furiosa
150
me hallarás tú, el cielo, el mundo
y quien de ti me despoja.

(Vase.)

(Sale PEDRO.)

PEDRO
¿Habrá vieja que sea del
Padre nuestro tan devota,
que diciendo el pan que amasa
155
con una boca de sopas,
ya que no masca cortezas,
de una torta de limosna
a un mendicante perpetuo
que, por provincias remotas,
160
es el fray Juan de fray Juan
Sahagún, hombre de tal forma
que, como un día predique,
más que un ano no coma?
Tengo hambre.
LUIS

(Dentro.)

Cercadlos todos
165
y, puesto que nos provocan,
acaben a nuestras manos.
PEDRO
¡Que estos diablos me respondan!
Yo apuesto que, en vez de pan,
me dan una buena torta.
170

(Salen DON ANTONIO y DON EUGENIO de camino.)

ANTONIO
Aunque en número son tantos,
morir será acción gloriosa.
EUGENIO
¿Qué más gloria que morir
en defensa de la honra?
Y, más, cuando ya empeñada
175
está nuestra valerosa
resolución en llevar
a Leonor, infame nota
de nuestro linaje. Pues,
con liviandad cautelosa,
180
robada de este don Félix
con él y los suyos mora.

(Salen DON LUIS y FABIO con espadas desnudas.)

LUIS Y FABIO
¡Ahora lo veréis, traidores!
PEDRO
Pan de perros es ahora.
EUGENIO Y ANTONIO
Buscando venís la muerte.
185

(Al ir a reñir sale SAN JUAN y se suspenden.)

SAN JUAN
¡Teneos fieras rabiosas!
No vomitando venenos
os deis la muerte así propias.
Yo sé que si en un espejo
viera el hombre su fogosa
190
ira, aunque más enojado,
temiera su furia loca.
Pues alto, amigos, dejad
que claramente os proponga
el cristal en que os veáis,
195
la claridad de mi boca.
PEDRO
Aquí era, ¿quién tuviera una
boca de vidrio? ¡Gran cosa!
Mas no faltará lo grande,
si es el sermón de dos horas.
200
El tal púlpito no tiene
gradas, pero tiene losas.

(Siéntase en el suelo tras el santo.)

SAN JUAN
¿Qué es vuestra locura, fieles?
¿Quién vuestras iras provoca
a tanto exceso? ¿Diréis
205
que os irrita quien baldona
vuestro honor? Pues no es así,
porque el honor en sola
la virtud consiste. Y no hay
quien a la virtud se oponga
210
si no es el vicio. Luego, éste
solo es quien, con vuestra propia
malicia, a vosotros mismos
os deslustra y abandona.
Luego a vosotros, vosotros
215
mismos os quitáis la honra.
¿Diréis que son las venganzas
acciones pundonorosas
de caballeros? Mentís,
que caballeros no nombra
220
la fama si no es a aquellos
ilustres héroes que, a costa
de sus continuas fatigas,
de sus acciones heroicas,
en paz tranquila mantienen
225
repúblicas numerosas,
los que la virtud señala,
los que a sus patrias honran,
los que infieles enemigos
siguen, ahuyentan y asombran.
230
No los que resguardados
de gente facinerosa
su misma patria destruyen,
su misma cuna deshonran.
No los que por consentirlo
235
calles y caminos roban.
¿Cómo serán caballeros
hombres que tanto se enconan
en el odio, que por él
no respetan las coronas
240
de sus reyes? Los que a Enrique
Cuarto, que el cielo socorra,
obligarán -tal es ya
el exceso- a que en persona
venga y corte, justo, tantas
245
cabezas cuantas se opongan
a la paz de Salamanca.
Y lo que más me congoja,
es que en los jóvenes se halle
la docilidad más pronta,
250
que en otros, a quien el seso
madura ya, y perfecciona.
¿Qué importa que por las sienes,
hilada, la plata corra?
Si sólo las canas son
255
plata, ¿por qué yerros doran?
Tales hombres propiamente
son etnas de abrasadoras
llamas que, si su exterior
de cándida nieve bordan,
260
sólo es porque más seguro,
entre la nieve que asoma,
el voraz fuego del odio
hipócritamente escondan
éstos; Dios por Isaías.
265

(Toca PEDRO una campanilla o fingiéndola con la boca dice.)

PEDRO
Padre mío, ya dio la hora.
SAN JUAN
Llama niños de cien años.
PEDRO
Su paternidad es sorda,
tiro el hábito.
SAN JUAN
Y contra ellos
hace sus iras notorias.
270
PEDRO
Ya yo acabo por el padre.

(Levántase.)

Aquí paz, y después gloria.
LUIS
Ello es, padre, que muy bien
habéis soltado la boca.
Y, sé que no será mucho
275
que por el camino, ahora,
se os dé el justo pago
de vuestra elocuencia loca.
SAN JUAN
Cierto, que si alguno hubiera
que de palabra o de obra
280
me maltratara, con este
breviario...
PEDRO
¡Desenvainóla!
SAN JUAN
... le daría tantos golpes,
que tuviese por no poca
dicha escapar de mis manos.
285
PEDRO
Miren, ¡ay!, lo que inficiona
pues, de predicar a guapos,
ya el padre mío echa roncas.
EUGENIO YFABIO
Allá lo veréis, infame,

(Vanse.)

PEDRO
Fueron unos y viene otra.
290

(Sale LEONOR.)

LEONOR
Vos, padre, me habéis quitado
lo que más mi amor adora.
Pues, yo haré que no acabéis
el año.

(Vase.)

ANTONIO
¡Muere. alevosa!

(Va a darle.)

SAN JUAN
Tente, y no la des muerte,
295
que así, el dármela malogras.
ANTONIO
¿Cómo?
SAN JUAN
Sabrás algún día
lo que por ahora ignoras.

(Vase.)

ANTONIO
¿Qué querrá decir?
PEDRO
No más
que todas son unas locas.
300

(Vase.)

ANTONIO
Tras él y Leonor iré.

(Vase.)

LUIS
Mucho este necio me asombra.
Él lo verá. Mas que Félix
no parezca me acongoja.

(Vase.)

(Salen SAN JUAN y PEDRO con sombreros y báculos.)

SAN JUAN
Volvamos a Salamanca.
305
PEDRO
Padre mío, ¿y si nos roban?
SAN JUAN
Dar gracias a Dios.
PEDRO
Y luego
ir al convento en pelota.
SAN JUAN
Ande aprisa.
PEDRO
¿Cómo andar,
divisando en esa loma
310
ya dos hombres que a caballo
contra nosotros abordan?
SAN JUAN
¡Ay hermano! Que sospecho
que su furia maliciosa
viene a tentar de paciencia
315
nuestras resistencias cortas.
Mas, si Dios es con nosotros,
¿quién podrá ofendernos?
PEDRO
¡Contra!
En estos casos el credo
es muy bueno con pelotas.
320
¿Qué buena alhaja es aquesta?
Pues no es mala esta redonda.
Si no creen que cogí piedras,
pregúntenselo a la historia,
que el poeta es un bendito,
325
y queriendo bien mi cholla,
sólo porque a piedras tire,
no había de volverla loca.
SAN JUAN
¿Qué hace fray Pedro?
PEDRO
Cogiendo
bizcochos para la ronda.
330
SAN JUAN
Tire esas piedras, hermano,
¿ésa es acción religiosa?
PEDRO
A eso se tira, a tirarlas
para que el casco les rompan.
SAN JUAN
. Si no las suelta, de aquí
335
no he de pasar.
PEDRO
Hay tal broma
tírolas, porque ya están
sobre nosotros.

(Aparécense sobre una cuesta DON EUGENIO y FABIO a caballo, desnudas las espadas, y de modo que, balanceando en la tramoya, los caballos revuelvan sobre los pies como que despeñan los jinetes hasta que, expelidos de la silla, caigan por la cuesta como temblando.)

EUGENIO
Ahora
verá el ruin fraile cómo
a los nobles se baldona.
340
FABIO
De los dos, justo castigo
será la muerte.
SAN JUAN
Piadosa
nos librará la bondad
divina. ¿Qué se alborota?
PEDRO
Por si acaso no quisiere,
345
vayan piedras como bolas.
EUGENIO
¿Qué nos retarda?
FABIO
Bajemos,
mas ¡qué moción tan penosa
es ésta!
EUGENIO
Enfurecidos
los caballos se desbocan,
350
y a esa barranca inclinados
parece que nos arrojan.
FABIO
¡Padre, piedad!
EUGENIO
¡Piedad, padre!
PEDRO
¡Qué buena está la tramoya!
FABIO
¡Jesús mil veces!
EUGENIO
¡Jesús!
355
¡Qué me despeña!
PEDRO
No corran.
SAN JUAN
Pues, ¿adónde ibais amigos?

(Caen y desaparecen los caballos.)

FABIO
¡Qué horror! ¡Cielos!
PEDRO
¡Qué temblona!
EUGENIO
El corazón no me cabe
en el pecho. Por la boca
360
sale fugitiva el alma.
Padre, a vuestros pies se postra
mi soberbia.
FABIO
Perdonad
mi culpa.
SAN JUAN
La poderosa
diestra que guardó mi vida
365
vuestro delito os perdona.
PEDRO
Déjelos, padre, pernear
aunque sea desde la horca.
SAN JUAN
Andad y sabe amigos,
que Dios, que mi lengua informa,
370
me manda intimar verdades,
no paladear con lisonjas.

(Vase.)

PEDRO
Vayan, y otra vez no agarren
los caballos por la cola.

(Vase.)

EUGENIO
Ciego y confuso me deja
375
una acción tan prodigiosa.

(Vase.)

FABIO
¡Ay de don Luis, que también
me estimuló a esta alevosa
locura! Luz le dé el cielo
para que su error conozca.
380

(Vase.)

(Sale DON FÉLIX de novicio agustino.)

FÉLIX
¿Qué más puede hacer el que
escapó de la derecha
borrasca, que consagrar
a la agradecida peña
que le recibe la tabla?
385
Liso delfín de madera
que, ya excelso, ya abatido,
fue pez y ave en la tormenta.
Por eso, yo...

(Sale SAN JUAN.)

SAN JUAN
Naufragando
la nave de tu soberbia
390
de apetitos y pasiones,
hinchada más que de velas,
al sacro puerto la votas
para que siempre en él penda.
FÉLIX
Es así.
SAN JUAN
Y así será,
395
como sordas tus orejas
no escuchen los dulces cantos
de engañadoras sirenas.
FÉLIX
¿Qué aún me seguirán?

(Sale el PRIOR y PEDRO.)

PEDRO
Todo esto
sucedió.
PRIOR
Mucho me cuentas.
400
PEDRO
Y aún nada es. Pero, aquí está.

(Sale FABIO.)

FABIO
Padre, a vuestros pies puesta,
en mí de don Luis Manzano
la persona, os representa
su culpa y pide el remedio
405
para su mortal dolencia.
Pues, como matar mandase
a fray Juan Sahagún su ciega
cólera, al instante mismo
-según su relación hecha-
410
que Dios defendió a su siervo
castigando la fiereza
de sus parciales, a él
le asaltó una violenta
enfermedad, un ardor,
415
un furor, un fuego, un Etna
que, luchando con la muerte,
os suplica, pues, que pena
de obediencia le mandéis
que, antes que rabiando muera,
420
vaya a que de su virtud
el perdón y alivio obtenga.
PRIOR
Vaya, padre.
SAN JUAN
De Dios sólo
el azote es quien lo aqueja.
PEDRO
Pues para azotarlo más
425
hazte tú ahora de pencas.
PRIOR
Vaya presto.

(Vase.)

SAN JUAN
Para ir,
alas me da la obediencia.

(Vase con FABIO.)

PEDRO
Vamos allá y no le culpen
de mal gramático al poeta.
430
Que una es la persona que hace,
aunque otra la que padezca.

(Vase.)

FÉLIX
¡Qué ceguedad de mi padre!
Sabe el cielo santo que ella
me aflige más que...

(Sale LEONOR.)

LEONOR
Leonor
435
es la que está en tu presencia
Félix, mi señor, mi bien,
¿posible es que no te muevan
mis voces?
FÉLIX
¿Cómo aquí?
LEONOR
Como
no hay riesgo que no acometa,
440
no hay estorbo.
FÉLIX
No he de oírte
engañadora sirena.

(Vase.)

LEONOR
¿Qué oigo? ¡Cielos! Ya no tiene
a qué aspirar mi paciencia.
¿Yo despreciada? Pues, ¿cómo
445
cual víbora a quien varean
contra la tierra que piso
no me mato yo a mí misma?
¿No hay un rayo que se vibre
contra mí? ¿No hay una fiera
450
que me despedace? ¿Un monte
que me sepulte? ¿Una saeta
que el corazón me traspase?
¿No hay un...? Pero, tente lengua.
Deja, que lo que he de hacer
455
sólo el silencio lo sepa.

(Vase.)

(Sale DON DIEGO.)

DIEGO
Cierto, que enfermó de ingrato
amante, que dijo que eran
continuadas posesiones
resfríos de las finezas.
460
Posesor lo diga yo
de Clara. Pues poseerla
me obliga a que más rendido
arda en su amorosa hoguera.
Errante, al fin, mariposa,
465
que como amante rodea
las llamas, se abrasa más
mientras más a ellas se acerca.
Clara, mi bien, ¿dónde estás?
¿No respondes?

(Sale CLARA.)

CLARA
¿Cómo no entras?
470
DIEGO
Como juzgué.
CLARA
Ocupación
no hay en mí que tú no sepas.

(DOÑA MARÍA al paño.)

DOÑA MARÍA
Llegó, al fin, el desengaño.
¿Que esto mi rabia consienta?
CLARA
Al blando rigor del peine,
475
aliviaban mi cabeza
permitidas extensiones
de su copada molestia.
DIEGO
Sí, pero no aliviarás
a mi garganta con ellas.
480
Pues, amor, para que al verte
mis pensamientos suspenda,
dogales de oro a mi cuello
le terció de tu madeja.
DOÑA MARÍA
¿Qué oigo? ¿Que don Diego oculte
485
dentro de mi casa misma
a su dama, enemiga,
cuando a mí me galantea?
DIEGO
Prosigue, en tanto que yo
a vivir, viéndote vuelva.
490

(Vase.)

DOÑA MARÍA

(Aparte.)

No será sino a morir,
del susto de hallarla muerta.
CLARA
Anda en paz.

(Al írse, sale DOÑA MARÍA y detiénela.)

DOÑA MARÍA
¡Tente traidora!
CLARA
¿Yo? ¿Cuándo?
DOÑA MARÍA
¿Qué te amedrentas?
¿No sabías cuando aquí entraste,
495
que de esta casa dueño era
doña María de Monroy?
Aquella heroína, aquella
que por el valor y furia
con que se vengó y se venga
500
de tu manchado linaje
llama el mundo, a boca llena,
doña María, la brava.
CLARA
Sí... Yo... No... A mover la lengua,
toda en hielo congelada,
505
no acierto.
DOÑA MARÍA
¿No sabías que eras,
por la sangre que a tus pies
va corriendo por tus venas,
mi enemiga? ¿No sabías
que de nuevo mi nobleza
510
tu hermano agravió, robando
de mi casa a Leonor? Bella
acción, que aunque a ti don Diego
te haya robado, no templa
mi enojo, pues los agravios
515
uno a otro no se compensan.
Pues, ¿cómo, dime, en mi casa
tan descuidada sosiegas?
¿Qué te gozas con tu amante,
te prendes, pules y peinas?
520
¡Qué rica madeja de oro!
Cierto que acertado fuera
que como a otro cuello oprime,
también el tuyo oprimiera.
Y vive Dios, que mi enojo...
525
CLARA
Señora, a tus plantas, puesta,
perdón de mi culpa.
DOÑA MARÍA
Eso
es decir que te conceda
quien, antes que yo te ahogue,
de tus pecados te absuelva.
530
Y lo haré, sí, por cristiana.
CLARA
¡Don Diego, mi bien!
DOÑA MARÍA
¡Ea! Entra,
advirtiendo que no son
-aunque con razón pudieran-
celos los que a esto me irritan.
535
Agravios sí, y con tal fuerza,
que yo sólo la ejecuto,
pero ellos dan la sentencia.

(Vanse.)

(Éntrala de un brazo.)

(Baja LEONOR sobre un dragón, despacio, diciendo los siguientes versos.)

LEONOR
Rasgue mi rabia fiera
de su mismo, deseo la alta esfera.
540
Y mi coraje mismo,
subiendo, baje hasta el profundo abismo
sobre este monstruo fiero,
ponzoñoso bajel, dragón velero
que, porque al viento aplauda
545
con el timón lo azota de su cauda,
y, asombrando los cielos,
el monstruo representa de mis celos.
Para que así, sin que mi enojo aplaque,
del negro imperio enfurecida saque
550
el terno de sus furias
a vengar mis agravios, mis injurias
-ya que en Félix no puedo-, en ese espanto
que Salamanca adora como santo.
Y, pues ya varo a vista del abismo,
555
¡ah del infierno de mi enojo mismo!
¡Ah de las Furias!

(Dentro las FURIAS.)

FURIAS

(Cantando.)

¿Quién, ciego,
incita las Furias?
LEONOR
Yo,
que, ofendida y despreciada,
sobre este fiero dragón
560
a quien alas mi coraje
y vuelo mi enojo dio.
Parciales, a mi venganza
os llama mi indignación
tan rabiosa, tan airada,
565
que revolviéndose los
infiernos, abismos, Furias,
acá en mi imaginación,
para que a la vista os ponga
está demás la ficción.
570
Salid, salid a mi amparo
que si en común opinión
las Furias, los tres hermanos
dañosos afectos son
de ira, deseo, lascivia
575
para el empeño en que estoy.
A todas tres os incito,
a todas os llamo.

(Sube ALECTO por un escotillón vestida de negro, velo en el rostro, hacha en la mano.)

ALECTO

(Cantando.)

Yo,
que siendo Alecto el afecto
de la ira que excitas soy
580
a tu voz. Del negro abismo
dejo la obscura mansión
y para la venganza
de tu dolor
rasgo, volando, el velo
585
de la región.

(Vuela.)

LEONOR
A la ira que Alecto lleva,
¿quién acompañará?

(Sube TISÍFONE del mismo modo.)

TISÍFONE

(Cantando.)

Yo,
pues que Tisífone siendo
soy el deseo que, a tu voz,
590
dejo las fétidas ondas
del obscuro Flegetón,
y para la venganza
de tu dolor
rasgo, volando, el velo
595
de la región.

(Vuela.)

LEONOR
A tal ira y tal deseo,
¿quién puede seguirse?

(Sube del mismo modo MEGERA.)

MEGERA

(Cantando.)

Yo,
que, cual Megera, agotando
de la lascivia el ardor
600
dejo las inmundas ondas
del cenegoso Aquerón
y para la venganza
de tu dolor
rasgo, volando, el velo
605
de la región.

(Vuela.)

LEONOR
Después de todas las Furias
aún falta en mí la mayor.
¡Ea! Fray Juan Sahagún, teme
mi enojo, mi ira, mi horror,
610
que contra ti va el infierno
todo, y lo que es más, Leonor.

(Vuela.)

(Sale DON DIEGO.)

DIEGO
Por más que quise volver,
antes no pude venir.
CLARA
(Dentro.) ¡Jesús me ayude!
DOÑA MARÍA

(Dentro.)

A mis manos
615
muere, traidora.
CLARA
¡Ay de mí!
DIEGO
¿Qué voz tan triste será ésta?

(Sale DOÑA MARÍA.)

DOÑA MARÍA
Llegó de su vida el fin.
Don Diego, cómo me alegro...
DIEGO

(Aparte. Fuerza es otra vez fingir.)

¿De qué te alegras bien mío?,
620
adorado serafín
de mis potencias.
DOÑA MARÍA
¿Y son
esos requiebros a mí?
DIEGO
A ti, a quien humilde espero,
para que me haga feliz.
625
DOÑA MARÍA
No te admire que lo dude que,
aunque yo jamás creí,
en sueños, desconfiada,
me tiene uno.
DIEGO
¿Cómo así?
DOÑA MARÍA
Como soñé que a otra dueña
630
adorabas.
DIEGO
Ahora sí,
que fue sueño puedes creer.
DOÑA MARÍA
Pues sólo por desmentir
mi pena, lo haz de escuchar.
DIEGO
Obedézcote en oír.
635
DOÑA MARÍA
Soñé -pues tan breve fue
que soñé puedo decir
soñé que junto a mi casa
-y aun dentro- vivía, sí,
una dama de tal garbo,
640
belleza y talle gentil
que retratártela quiero,
aunque enojada la vi.
Tendido al aire su rizo
pelo le daba sutil,
645
rubias ondas ciento a ciento,
hebras de oro mil a mil.
Del rostro la blanca tez
formó gracioso matiz,
amasado en sus mejillas
650
con la púrpura, el jazmín.
Sus ojos, aunque llorosos
estaban, puedo decir
que densa lluvia de aljófar
su luz no pudo extinguir.
655
En su boca, naufragando
perlas en mar de carmín,
la alba se vía llorar
cuando la aurora reír.
La geometría de amor
660
tiró, con pulso feliz,
un círculo en sus dos cejas,
una línea en la nariz,
su talle, de amor el torno.
DIEGO
Que dama tan bella, en fin,
665
objeto era de mis gustos
y de tus pesares.
DOÑA MARÍA
Sí,
pero me vengaba bien
de ella y su amante ruin.
Pues, haciendo dogal grueso
670
de su madeja de ofir,
con ella misma el labrado
limpio, viviente marfil,
de su torneado cuello
tanto apreté y oprimí,
675
que apenas el alma halló
hueco por donde salir.
DIEGO

(Aparte.)

Palpitante el corazón
no cabe dentro de sí.
DOÑA MARÍA
Y aunque fue sueño, don Diego,
680
puedo con verdad decir
que eres tú el galán traidor
y ésta la dama infeliz.

(Vase.)

(Vase apareciendo CLARA en una silla ahogada con sus mismas trenzas.)

DIEGO
¿Qué es lo que mirando estoy?
Caiga el cielo sobre mí.
685
Clara, mi bien, ¡ah tirana!
Ciertas tus crueldades vi.
¿Clara? Pero ya nieve es
el que antes fuego sentí,
ya retama es el clavel.
690
Y a su furia y rabia vil
es moreteado lirio,
el que antes blanco jazmín.
Ilustres, nobles Manzanos,
un Monroy os va a servir.
695
Con ellos, cruel tirana,
yo me vengaré de ti.

(Al irse llevando la cortina salen DON EUGENIO y DON ANTONIO y embiste con ellos DON DIEGO.)

DIEGO
Vuestro enemigo, traidores,
os he de acabar.
EUGENIO Y ANTONIO
Así
morirás a nuestras manos.
700

(Riñen.)

(Sale SAN JUAN y PEDRO y dejan de reñir.)

SAN JUAN
Teneos, amigos, que a mí
me toca más vuestra pena,
pues habiendo ya don Luis
en mí librado su honor
PEDRO
Gracias a que yo le di
705
la salud yendo contigo.
SAN JUAN
... siento esa desgracia así
por él, como porque puede
excitar más el civil
incendio de la discordia.
710
DIEGO
El remedio espero en ti.
SAN JUAN
Vamos allá.
EUGENIO
¿Que don Diego
se haya atrevido a reñir
contra nosotros? Yo haré
SAN JUAN
Caballeros, ¡Ea!, id
715
por vuestro camino. No
nos sigáis.
EUGENIO Y ANTONIO
Hemos de ir
con vosotros.
SAN JUAN
Pues, mirad
que ninguno saque aquí
la espada, porque lo mismo
720
es sacarla que morir.
PEDRO
Trabajo es ser, en maromas
de pendencias, arrenquín.
DIEGO
De ti mi cuidado fío.
SAN JUAN
Fíe en Dios.
PEDRO
Y en san Martín.
725
EUGENIO
¿Qué, contra nosotros, Diego,
sacaste la espada? ¡Ah, vil!,
¡muere!
DIEGO
Pero, muerto soy.
¡Favor, cielo!

(Saca la espada y, al ir a darle a DIEGO, cae, como muerto, al vestuario.)

SAN JUAN
¡Oh infeliz!
castigó tu furia el cielo.
730
ANTONIO Y DIEGO
¡Qué horror!
PEDRO
¡Qué espanto!
SAN JUAN
Y así
quien más duelos provocare
padecerá el mismo fin.
ANTONIO
De mí y de él huyendo voy.

(Vase.)

SAN JUAN
¿Adónde es la casa?
DIEGO
Aquí.
735
SAN JUAN
Esperad.

(Vase.)

DIEGO
Ni aun esperanza
tengo ya.
PEDRO
Pues se puede ir
al infierno.

(Salen SAN JUAN y CLARA.)

SAN JUAN
Salga hermana.
CLARA
¿Dónde estoy? Cielos, ¿qué vi?
DIEGO
¡Qué portento! ¡Clara mía!
740
SAN JUAN
Vuestra será, como aquí
le deis la mano de esposo.
DIEGO
Y el alma.
PEDRO
Pues ya salir
se puede de la comedia,
porque, aunque en tu muerte el fin
745
le falta, lo mismo, creo,
es casarse que morir.
SAN JUAN
Dejarlos quiero en su casa.
PEDRO
Pues, no me dejes a mí.

(Vanse.)

(Vanse y salen las FURIAS cantando, con cestilos de flores, y LEONOR también repitiendo la música.)

FURIAS

(Cantando.)

Al impulso, al encono de mi ira,
750
sea la tierra venenoso jardín,
y áspides brote el suelo sembrado
de flores y yerbas de mayo y abril.
Derramad venenos,
verted, esparcid
755
y pues, celosa, yo rabiando muero,
muera rabiando quien me tiene así.
LEONOR
Negras auroras del día
tenebroso e infeliz,
de la merecida muerte
760
de este hipócrita ruin.
Yerbas y flores, que pudo
nuestro conjuro exprimir,
en venenos esparzamos
por donde su planta vil,
765
cuando, a su convento vuelva,
las pueda hollar y oprimir.
Repitiendo conmigo mis Furias,
porque más arda mi enojo civil:

(Ella y FURIAS cantando.)

FURIAS
Al impulso, al encono, etcétera.
770
LEONOR
Lugar ninguno se deje
sin ocultar ni cubrir
de flores, que exequias son

(Esparcen flores por el tablado.)

aunque parecen festín.
FURIA 1ª

(Cantando.)

Yo, porque puedas mejor
775
tus intentos conseguir,
te doy, con hojas del opio,
estos haces de alhelí.

(Dale las flores y espárcelas LEONOR.)

LEONOR
Si tú mi ira representas,
¿cómo no lo harás así?
780
FURIA2ª

(Cantando.)

Yo, en ramas de espagirita,
quiero a tu mano rendir
estos claveles bañados
de veneno de carmín.

(Dale las flores y espárcelas LEONOR.)

LEONOR
Haciendo tú a mi deseo,
785
ya advierto que haces por mí.
FURIA 3ª

(Cantando.)

Yo, con yerbas del beleño,
ofrezca a tu frenesí
estas violas entre quienes
es blanco rey el jazmín.
790

(Dale las flores y espárcelas LEONOR, etcétera.)

LEONOR
Obscuridades en flores
me ofreces lascivia, al fin.
Pero, si no me he engañado,
mi enemigo viene allí.
¡Ahora lo verás, tirano!
795
Presto, amigas, proseguid
repitiendo conmigo mis furias
porque más arda mi enojo civil.

(Ella y FURIAS cantando.)

Derramad venenos,
verted, etcétera.
800

(Vanse.)

(Vanse esparciendo flores y sale SAN JUAN.)

SAN JUAN
Gracias te hago, Señor, pues
en tu virtud conseguí
el que a tus pies la discordia
doble la enhiesta cerviz.
En fin, sanó Salamanca
805
del rabioso frenesí
de sus bandos. Y, ya sano
y satisfecho don Luis
Manzano, primero móvil
del ardimiento civil
810
doña María de Monroy,
cede también a la lid
del tenaz sangriento encono
de su aliento femenil.
Sólo Leonor se ha ocultado
815
a mis voces, pero en fin,
en lugar tendrá de Félix
otro amante más feliz,
puesto que en clausura a Cristo
por esposo ha de elegir.
820
¡Qué fresco y florido está
este sitio! A su matiz
parece que cortó el mayo
toda la gala de abril.
Que bien parecen las flores
825
a los pies que, como al fin
de las humanas delicias,
es el pincel un pensil.
No son para poseerse,
para despreciarse, sí
830
en ellas la humana gloria
quiero pisar.
VOZ

(Cantando.)

Tente.
SAN JUAN
¿Qué oí?
VOZ

(Cantando.)

Tente incauto pasajero
que, con cauteloso ardid,
835
el áspid junto a la flor
se sabe astuto encubrir.
Huye, oye que aún dice
el aura sutil.

(Ella, LEONOR y las FURIAS a lo lejos.)

Al impulso, al encono de mi ira,
840
sea la tierra, etcétera.
SAN JUAN
De mi loca fantasía
es esta ficción sutil.
Mas, si es honesto mi intento,
nadie lo podrá impedir.
845
VOZ

(Cantando.)

Suspende, Eurídice, el paso
que en ese fértil confín
el áspid, entre las plantas,
puede tus plantas herir.
Huye, oye que aún dice
850
el aura sutil.

(Ella, LEONOR y las FURIAS a lo lejos.)

Derramad venenos,
verted, etcétera.
SAN JUAN
A otro intento es bien se ajuste
esta canción, y no a mí,
que si yo confío en ti,
855
¿quién habrá, Dios, que me asuste?

(Va pasando y pisando las flores.)

Pero, ¿qué es esto? ¡Qué incendio!
¡Qué rabia! ¡Jesús me ayude!
En vivas llamas me abraso.
Repugnantemente se unen
860
en mi ofensa fuego y nieve.
Un hielo manso discurre
por mis venas. Traspillados,
mis débiles huesos crujen.
¿Qué es esto? La contextura
865
de mis nervios se desune;
las alas al corazón
sólo le sirven, porque huye.
No hay nervio que no me ofenda,
pelo que no me atribule.
870
En pie, tenerme no puedo.

(Cae.)

Mas fuego el suelo me infunde.
¡Que me abraso! ¡Que me quemo!

(Sale PEDRO.)

PEDRO
Pues por eso, como un duque,
tendido estás en el fresco
875
catre que el mayo te mulle.
SAN JUAN
¡Que me quemo!
PEDRO
¿Va de veras?
SAN JUAN
¿Por qué, amigo, de mí huyes?
PEDRO
Pues ¿qué es, padre?
SAN JUAN
¡Fuego! ¡Fuego!
Llégate acá.
PEDRO
Ni por lumbres
880
y más, mi padre, que hieden
las dichas flores a azufre,
pero voy.
SAN JUAN
Aguarda. Espera.
PEDRO
¿Qué va que me introduces
loco por fuego? Ya que
885
loco por viento te tuve,
más loco por tierra estás
y por agua que te inunde.
SAN JUAN
Espera, conjuraré
esas flores.
PEDRO
Que conjures
890
tus locuras es mejor.
SAN JUAN
No huyas, Pedro. No te asustes,
En nombre de Dios...

(Echa una bendición y vuelan las flores, algunas culebras, y otras huyen por el tablado.)

PEDRO
¡Qué espanto!
De las flores salen y huyen
sierpes que me hacen bailar.
895
SAN JUAN
Ven, que ya no hay quien te injurie.
PEDRO
¿Cómo ir?
SAN JUAN
¡Pedro, que me abraso!
Por tu vida, que me ayudes
para huir de este lugar
que, cruel contra mí, produce
900
ardores que me atormenten,
horrores que me perturben.
Cruel Leonor, en tu aprecio,
¿qué razón hay que me culpe
para que, abanderizada
905
con los contrarios comunes
que aborta el infierno, hagas
que mis alientos caduquen?
PEDRO
Vamos, padre.
SAN JUAN
No tan recio
me muevas, que me introduces
910
en cada acción un dolor,
en cada aliento una lumbre.
PEDRO
Penas de los pisaflores
en estos dolores sufres.
¡Escarmentad los que os dais
915
un verde con dos azules!

(Llévalo casi en brazos.)

(Sale el PRIOR y DON LUIS.)

LUIS
Dar a este ejemplar convento
debo, rendido, las gracias
por las recibidas honras.
PRIOR
A mí incumbe retornarlas
920
a vuestro juicio. Y más, viendo
tan felizmente ajustadas
las paces entre los nobles
Monroyes y la aclamada
estirpe de los Manzanos.
925
LUIS
Todo fue divina traza
de fray Juan Sahagún, quien no
pudo mejor afianzarlas
que con el vínculo estrecho
del matrimonio que enlaza
930
los Monroyes y Manzanos
en don Diego y mi hija Clara.
A que se le añaden solemnes
juramentos, observadas
algunas condiciones,
935
como son que siempre salgan
juntas las dos cruces de
sus dos parroquias, nombradas
santo Tomé y san Benito,
y tan conformes entrambas
940
que ésta un día a la diestra
y aquélla otro día vaya.
Pero, se añade a este gusto
el pesar de la gravada
enfermedad que padece
945
nuestro fray Juan.
PRIOR
Remediarlo
querrá Dios.
LUIS
Verle quisiera.
PRIOR
Vamos. Veréis la extremada
paciencia con que padece.
FÉLIX

(Dentro.)

Por mi causa...

(Sale FÉLIX.)

FÉLIX
...por mi causa
950
hace sufrir quien bien me hizo
tales dolores.
PRIOR Deo gratias.
Hable a su padre, fray Félix.
FÉLIX
Señor, humilde a tus plantas
LUIS
Llega a mis brazos, columna
955
de mi senectud cansada.
FÉLIX
En ellos finco mi dicha.
LUIS
Dios te conserve en su gracia.

(Vanse.)

FÉLIX

(Recuéstase.)

Ya de descansar es hora.
Mas, ¡ay Dios!; que mal descansa
960
quien viendo que causa fue
del mal que a tu siervo acaba,
los dolores de su cuerpo
está sintiendo en el alma.
Tú eres fuente de la vida,
965
permite que, de tus aguas,
temple el dulce refrigerio
el incendio de sus ansias.
Pero el sueño a mis fatigas
con sus dulzuras halaga.
970

(Queda como dormido y baja un ÁNGEL.)

ÁNGEL
No temas Félix. Persiste
de Dios en la santa casa,
que ya para que descanse,
a su siervo, el Señor llama.

(Vuela.)

FÉLIX
¿Qué oigo? Tente. Aguarda. Espera
975
bello lúcido fantasma
de mi idea. ¿Qué me dices?
¿Que ya la hora es llegada
en que serán posesiones
cuantas fueron esperanzas?
980
¿Que ya tiempo es...
SAN JUAN

(Dentro.)

¡Ay de mí!
FÉLIX
Bien, Señor, me lo declaran
esos ayes que a mi pecho
son continuas aldabadas.
Pero, si es tu voluntad,
985
Dios, tu voluntad se haga.

(Vase.)

(Descúbrese a SAN JUAN tirado en el suelo.)

SAN JUAN
¡Ay de mí! Bien decir puedo,
cuando crueles me asaltan
los dolores de la muerte,
que aquejarme también tratan
990
los peligros del infierno
en el potro de esta cama.
Todo soy fuego y ardores.
Todo penas. Todo ansias.
El contrario de la muerte
995
ya me embiste cara a cara.
Solo estoy. Mas, en tal trance
las obras sólo acompañan.
¿Qué éxito, mi Dios, tendrá
el proceso de mi causa
1000
en tu tribunal severo?
Plegue a ti que con bien salga.
¡Qué dolor! Ya el corazón
hiriendo y rasgando pasa
el que entró, letal veneno,
1005
por la puerta de mis plantas.
¡Padres! ¡Parciales! ¡Amigos!
Pero ninguno me ampara.
¡Jesús! ¡Jesús! En tus manos,
Dios mío, encomiendo mi alma.
1010

(Queda como muerto. Sube en elevación de rodillas. Suena música y cruzan dos ÁNGELES cantando y esparciendo flores con que quedarán formadas sobre la cabeza de SAN JUAN corona.)

ÁNGELES

(Cantando.)

En la hora dichosa
camine a la patria
triste pasajero,
que el desierto acaba.
ÁNGEL 1º
Con flores ornemos
1015
senda a su jornada,
y viva con flores
a quien flores matan.
ÁNGEL 2º
Las cuales, tejidas
en cuatro guirnaldas,
1020
son laureolas cuatro,
a un tiempo le aclaman.
LOS DOS
Virgen, confesor,
doctor y, en sus ansias,
mártir que por Cristo
1025
dio la vida amada.

(Desaparecen. Baja la elevación.)

(Salen el PRIOR, DON LUIS y FÉLIX.)

PRIOR
¡Qué gloria igual a la que
goza en eternas moradas!
FÉLIX
Muriera, si mi pesar
esta gloria no templara.
1030
LUIS
Señale el once de junio,
por día infausto, Salamanca.

(Sale PEDRO.)

PEDRO
¿Que mi padre murió? Mienten,
si lo dicen las campanas.
¡Mi padre! Mas ya está frío.
1035
¡Ah, bruja, hechicera! ¡Maga!
Infame Leonor.

(Sale LEONOR.)

LEONOR
Aquí
me tenéis. Vibre la espada,
contra mí, de su justicia
el que es Dios de las venganzas.
1040
Pero no, que de mi culpa,
arrepentida y postrada
a sus pies conozco que es
obra suya mi mudanza.

(Sale DOÑA MARÍA.)

DOÑA MARÍA
Lo mismo digo yo. Pues,
1045
a prodigios admirada,
es centro de mansedumbres
doña María la brava.

(Sale DIEGO.)

DIEGO
Verlo quieren mis fatigas.

(Sale CLARA.)

CLARA
Lo mismo buscan mis ansias.
1050
PEDRO
Véanlo, que los quiso mucho
su padrino de su alma,
más que lo que aquí sale,
¿es que ninguno se casa?
LEONOR
Yo sí, con Cristo, pues quiero
1055
que, quien suelta y desahogada
vivió de ira vestida,
muera en clausura descalza.
TODOS
¡Prodigiosa mutación,
con que felizmente acaba,
1060
entre tempestades de iras,
el Iris de Salamanca!