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321

He dicho antes en alguna parte, que hace años, cuando visité a las monjas jerónimas de Sevilla, me mostraron una pequeña revista en la que publicaban colaboraciones las monjas de distintos conventos; quisieron aclararme; que a los varones no se les permitía publicar en dicha revista.

 

322

Ibidem, p. 56.

 

323

Antonio Alatorre, Sor Juana Inés de la Cruz. Enigmas ofrecidos a la Casa del Placer, 1994, p. 17.

 

324

Idem.

 

325

Ibidem, pp. 30-31 y 34.

 

326

Para los elogios que las monjas portuguesas y la condesa de Paredes le prodigan a Sor Juana, véanse las composiciones mismas, y los comentarios, relacionados con los enigmas, que Antonio Alatorre hace en la p. 48. En esa misma página, nota 15, trata de explicar los versos siguientes de Sor Simoa (véase su composición completa, dirigida a Sor Juana, en Antonio Alatorre, 1994, pp. 91-93): «Estrellas serán quantas / ideas escrivió / tu pluma, que en su vuelo / previno mejorarlas de región», que le parecen poco halagadores para Sor Juana. Creo que, al contrario, lo que quiere decir Sor Simoa es que «todas cuantas ideas escribió Sor Juana, con su pluma, son estrellas, la cual pluma, en su vuelo (al volar alto en su escritura), impidió, anticipándose, que esas ideas pudieran mejorarse de región», es decir, que ellas, las monjas, pudieran mejorar esas ideas en sus respuestas. Entre las varias entradas que el Diccionario de Autoridades da para «prevenir», están «estorbar ò impedir alguna cosa», «advertir ò avisar à otro de alguna cosa» y «Se toma también por anticiparse à otro en algún juicio, discurso ù acción».

 

327

Antonio Alatorre, op. cit., 1994, pp. 52-53.

 

328

Véase la nota-reseña que he mencionado en la nota 319. Ese fue un trabajo en colaboración con Elías L. Rivers, pero la parte de búsqueda de explicaciones de los enigmas me corresponde a mí. Voy a utilizar aquí, explicándolos con más espacio, las «respuestas» de los enigmas que ofrezco en ese artículo, al mismo tiempo que intento algunas más. Allí ofrecí explicaciones para diez enigmas, aquí las aumento al número de catorce además de haberlas revisado todas y, casi siempre, aumentado.

 

329

Antonio Alatorre, op. cit., 1994, pp. 49-51.

 

330

En 1692-93 se habían publicado las siguientes ediciones del tomo I, Inundación castálida, Madrid, 1689; Poemas, Madrid, 1690, y con el mismo título, en Barcelona, 1691 y Zaragoza, 1692. Del tomo II, el Segundo volumen de Sevilla, 1692 y, menos seguro, las tres ediciones de Segundo tomo de Barcelona, 1693. Lo acertado es pensar que las monjas portuguesas conocían las dos primeras ediciones del tomo I y la edición de Sevilla del tomo II. Véase a Alatorre y los comentarios suyos sobre las explicaciones de los enigmas (pp. 49-53); el 1 lo explica basándose en un soneto de Sor Juana sobre la esperanza. Lo que yo propongo es que pueden encontrarse todos en su obra.

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