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De todos los antiguos historiadores es el cronista Herrera el que ha dado mejores noticias sobre las marchas que precedieron a esta jornada. Véase la dec. VIII. lib. VII, cap. 8. La simple lectura de esas páginas deja ver que este cronista, que no podía tener un conocimiento cabal de la topografía de esa región, ha seguido fielmente algún documento contemporáneo que no ha llegado hasta nosotros. Esas noticias nos parecen tan claras, que hasta leerlas a la vista de un mapa para comprender perfectamente estas operaciones.
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Esta fecha está consignada por uno de los actores en esta jornada, por el capitán Mariño de Lobera, en el cap. 55 de su crónica, y dice así: «Sucedió esta felice victoria en el año 1555, jueves último del mes de abril». La designación equivocada del año no puede atribuirse sino a un error de copia. El último jueves de abril de 1557 fue el día 29. Esta fecha, por lo demás, guarda perfecta concordancia con el encadenamiento general de los sucesos.
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Esta jornada ha sido referida sumariamente y sin muchos accidentes por Góngora Marmolejo, cap. 22; por Mariño de Lobera, cap. 55 y por Antonio de Herrera en el lugar citado. Ercilla, que la ha contado en los cantos XIII, XIV y XV, la ha embellecido con todos los recursos de la poesía y con hermosos episodios que la historia no puede recoger. Figura entre éstos el cuadro de los amores de Lautaro con una india llamada Guacolda, en el cual el poeta ha prestado a esos bárbaros los sentimientos tiernos y patéticos que sólo se hallan entre las gentes de una civilización mucho más adelantada.
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Alonso López de Haro, Nobiliario jenealójico de los reyes i títulos de España, Madrid, 1622, lib. X, cap. 14, tomo II. p. 349 y ss.; Villar y Pascual, Diccionario jenealójico de las familias ilustres de España, Madrid, 1860, tomo V, pp. 317-410.
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Carta del marqués de Cañete al Rey, Lima, 15 de septiembre de 1556. Muchos de los antiguos cronistas y, aun, algunos de los historiadores modernos han supuesto que el cabildo de Santiago había pedido al virrey del Perú que diese a su hijo el cargo de gobernador de Chile. No hay nada en los documentos que autorice esta invención. Más aún, en Chile se ignoraba que hubiese llegado al Perú el marqués don Andrés Hurtado de Mendoza y que hubiese muerto Alderete, cuando ya don García estaba designado para reemplazar a este último. Es posible, sin embargo, que los militares de Chile que entonces se hallaban en Lima, pidieran por sí mismos y sin autorización del cabildo de Santiago, el nombramiento de don García. Así, al menos, lo cuentan algunos de los cronistas primitivos y Ercilla en las estrofas 12, 13 y 14 del canto XIII de La Araucana.
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Da estas cifras precisas el mismo don García Hurtado de Mendoza en una relación de sus servicios escrita en Lima en 1561. Este documento, de autoridad incontestable, rectifica las divergencias que a este respecto se hallan en las diversas relaciones.
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Los españoles llamaban clavero de las órdenes militares al caballero a cuyo cargo estaba la custodia y defensa del principal castillo o convento de la orden.
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Constan estos hechos en los documentos relativos a las cuentas de los gastos de la expedición de don García en que aparecen los libramientos de las cantidades gastadas para comprar tres caballos y una silla para el emisario del Gobernador. De esos documentos aparece que el valor de esos artículos había bajado mucho respecto del que tenían algunos años atrás.
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La Crónica de Mariño de Lobera destina la primera parte del libro segundo a la historia del gobierno de don García Hurtado de Mendoza. Revisada y rehecha esta crónica en Lima por el jesuita Escobar, siendo virrey del Perú el mismo don García, y bajo los auspicios de éste, tiene en esta parte un gran valor histórico, como lo demostraremos más adelante.
En el cap. 2, al referir el arribo de don García a Coquimbo, dice la crónica que llegó el 18 de abril; pero se empeña en recordar que era viernes, día que siempre fue próspero para ese personaje. Ahora bien, el 18 de abril de 1557 fue domingo de Pascua de Resurrección. El viernes siguiente fue el 23 de abril. Esta fecha se comprueba con un documento auténtico, el acta del recibimiento oficial de don García por el cabildo de La Serena, que tuvo lugar dos días después, el 25 de abril, domingo de Cuasimodo.
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Mariño de Lobera, Crónica del reino de Chile, lib. II, cap. 2. Suárez de Figueroa, Hechos de don García Hurtado de Mendoza, lib. I. Debemos advertir que estas dos autoridades no constituyen en realidad más que una sola. Como lo explicaremos más adelante, es evidente que el doctor Suárez de Figueroa tuvo a la vista una copia de la crónica de Mariño de Lobera revisada y rehecha por el padre Escobar, y que ella le sirvió de guía principal y casi única para escribir la historia de la campaña de don García en Chile.