331
Las comedias togadas son todas latinas, esto es, compuestas según el uso y costumbres de los romanos: llámanse togadas porque para su representación usaban de la toga.
332
Quieren algunos que hable aquí Quintiliano de Plinio; pero otros con más fundamento lo entienden de Cornelio Tácito. Suprimió muchas cosas por temor de los que entonces imperaban; mas después se resarció esta pérdida.-Rollin.
333
Ya dijimos que en Atenas no se permitía a los oradores mover los afectos.
334
Gelio dice en el libro XII que Séneca intentó vituperar a Cicerón y a Virgilio, y reprenderlos en muchos lugares.
335
Por número oratorio se entiende el orden de las palabras y de toda la oración, la cual continúa toda igual y causa una armonía muy agradable al oído.
336
Da a entender Quintiliano que la libertad que usan los poetas en algunas expresiones llenas de fuego y entusiasmo contribuyen para levantar el estilo y dar sublimidad a los pensamientos de la oración; porque puede
muy bien ésta tener pensamientos poéticos en lenguaje oratorio, como vemos en la de Cicerón (Pro Arquia, número 9): Vrbem... ex omni impetu regio, ac totius belli ore, ac faucibus ereptam.
337
Por modo de hablar recto entiende Quintiliano el estilo sencillo, natural y vulgar, cual se usa comúnmente en conversaciones familiares.
338
Por la palabra basílica del original se entiende una de las salas o piezas que había en el foro. A esta sala quería Porcio Ladrón que se trasladasen los asientos, porque era semejante a su escuela. Algunos han creído que el foro, por lo menos entonces, era un lugar descubierto: y este lugar de Quintiliano parece que confirma la conjetura. Ged.
339
Por la palabra comentarios se entienden aquí aquellos libros que solamente contienen el compendio de las cosas. Éstos los hacían los oradores para tener más fácilmente las cosas en la memoria.
340
Había en Atenas la costumbre de que a los reos que no tenían delito capital, luego que eran condenados, les preguntaban qué sentencia les parecía habían merecido. Y Sócrates respondió que él había merecido que lo diesen de comer públicamente en el Pritaneo, que era el honor más grande que se hacía entre los griegos. (Orator, I, 231).