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El pabellón de Colombia lleva los principales colores del iris; el del Perú lleva un Sol en el centro.
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El primer encuentro de nuestra caballería con la enemiga en el campo de Junín nos fue sumamente desfavorable.
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El general Necochea, natural del Río de la Plata, venció en Chacabuco mandando los famosos granaderos de a caballo, y ha sido celebrado en el poema de América, de que se han publicado algunos fragmentos en la Biblioteca Americana. La Patria y la buena literatura ya culpan la tardanza de esta bellísima composición.
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Cuando se escribía este poema todos creían que eran mortales las muchas heridas que Necochea recibió en Junín. Hoy la Patria se goza en poseer salvo a este ilustre defensor cubierto de honrosas cicatrices.
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La caballería peruana mereció por las hazañas de este día que el Libertador le diese el nombre de Húsares de Junín.
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Hasta ahora se creía que en el Perú, especialmente los hijos de Lima, eran poco hábiles para las artes y fatigas de la guerra, acaso porque se había dicho en Italia (quizá no sin verdad) que
| La terra molle, lieta e dilettosa | |||
| Simile a se gl'abitator produce. |
Pero nuestra juventud, desmintiendo la vulgar fama, se ha distinguido sobremanera en cuantos encuentros ha habido en los últimos cinco años. Tan cierto es que nadie puede decir de lo que es capaz el hombre antes de llegar el momento preciso de desenvolver sus dotes naturales, ocultos o sofocados por las costumbres y vicios de cada clima, por la educación y por la política de los gobiernos.
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La madre de Aquiles, para impedir que su hijo fuese a la guerra de Troya, le envió disfrazado de mujer a la corte de la isla de Sciros. Allí, prendado de la hija del rey, pasaba una vida digna de su disfraz, cuando Ulises, acompañado de otros fingidos mercaderes, le presentó una espada y otros adornos militares mal encubiertos entre varias y curiosas mercaderías extranjeras. Ulises espiaba el movimiento de Aquiles al ver las armas; lo reconoce, se descubre; y el joven de quien pendía el destino de la guerra se avergüenza de su estado, y recobrando su sexo y su valor, partió a Troya. Allí hizo tales prodigios combatiendo y triunfando, que parece que la naturaleza se vio como forzada a crear un genio como el de Homero para que le cantase.
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No es dado hacer en el poema mención de todos los que se distinguieron en Junín, Bruix, Pringles, Lizárraga, Savry, Blanco, Olavarría, Brown, Medina, Allende, Camácaro, Escobar, Sandoval, Jiménez, Peraza, Segovia, Tapia, Lanza, etc., etc. Es muy sensible no poder insertar los nombres de todos los jefes oficiales y aun soldados que combatieron en Junín. Este silencio forzoso sería más sensible si sus nombres para ser memorables necesitasen de mi canto.
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Homero fue hijo de Meón: también se cree que fue natural de Meonia, en el Asia menor.
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La acción de Junín empezó a las cinco de la tarde: la noche sobreviniendo tan pronto impidió la completa destrucción del ejército real.