241
Carta a Felipe II, sin fecha (1591). Documentos, p. 579.
242
Véase la provisión del virrey don Francisco de Toledo; fecha 15 de septiembre de 1570, que insertamos bajo el número LXIV de los Documentos, por la cual se ordenó que no pudieran ser presos ni ejecutados por deuda alguna, ni les fuesen embargados sus casas, ropas, esclavos ni caballos.
La recopilación de sus privilegios, que renovaron el mismo don García Hurtado de Mendoza, cuando pasó a ser virrey del Perú, don Martín Enríquez y el Marqués de Guadalcázar, la describimos aquí, por ser tan rara que no habíamos logrado verla en biblioteca alguna cuando publicamos nuestra Imprenta en Lima.
-Previlegios / y excencio / nes, y preeminen / cias concedidas a / los Gentiles Hombres de las /Cõpañias de Lanças, y Arcabuzes de la guarda deƒ / te Reino del Perú, cerca de las perƒonas / de los ƒeñores Virreyes. / Con licencia del Excelen- / tiƒsimo ƒeñor Virrey dõ Luiys (sic) Hieronimo Fernãdez de
Ca / brera y Bouadilla, Cõde de Chinchon, de los Conƒejos / de Eƒlado, y Guerra de ƒu Mageƒtad; Gen / til hõbre de ƒu Camara, / (Gran escudo de armas del Virrey entre filetes transversales y viñetas perpendiculares)./ A pedimiento del Capitán Pedro Coello / de Reynalte, Teniente de las Compañias de los g
tiles hom / bres, Lanças, y Procurador General della, / y de los Arcabuzes / ¶ Con licencia en Lima, Por Frãciƒco Gomez Paƒtrana; / en la calle de ƒan Aguƒtin. Año de 1632.
Fol.-Port. orl. -v. en bl.- 9 hojas s. f. y final bl.-Signs. A-E, de 2 hojas.
243
Lizárraga, Descripción breve de toda la tierra del Perú, etc., p. 584 del tomo XV de la Nueva Colección de Autores Españoles.
Hablando también de las lanzas y arcabuces que asistían cerca de la persona del Virrey, se expresaba así el arcediano Barco Centenera en nota marginal puesta a la hoja 215 de su Argentina: «...porque tiene Su Magestad dos géneros de soldados asalariados, unos que llaman lanzas, y otros que llaman
arcabuces: gana una lanza ochocientos pesos ensayados, y un arcabuz, seiscientos, y esto aunque no haya guerra, porque estas situaciones están situadas en la Caxa Real para lo que pueda suceder, y así, comen estos honradamente, y asisten en la ciudad de los Reyes»
.
244
Presentamos este hecho como muy verosímil, en vista de lo que decía el mismo Ercilla en el parecer que años más tarde dio sobre ese punto a Felipe II y sus consejeros, a que hemos hecho ya referencia: «No sólo pongo en duda poder juntarse el dinero que a V. M. dicen, pero téngolo por imposible, como se dexará entender por lo que en el mismo negocio puesto en execución otra vez sucedió, al cual me hallé presente, cuando el licenciado Muñatones, Diego de Vargas Carvajal y Ortega de Melgosa fueron a la perpetuidad de aquel reino...»
Documentos, p. 378.
El regreso a España de estos comisarios reales debió de tener lugar muy pronto, al menos por lo que toca a Ortega de Melgosa, porque en el Archivo Notarial de Madrid (protocolo de Pedro de Torres) hallamos que estaba en aquella ciudad el 16 de septiembre de 1564, fecha de una escritura en la que aparece con el cargo de contador de la Casa de la Contratación.
245
La licencia del Conde de Nieva y el tiempo por que se la concedió constan de la real cédula de 24 de julio de 1566 (Documentos, p. 63): «...y porque a él [Ercilla] le habían corrido cuatro años de la dicha lanza, los
dos de licencia que le dio el Conde de Nieva...»
El libramiento hecho aparece consignado en la Relación sacada de los libros de Provisiones de los comisarios Reales arriba nombrados, firmada por Domingo de Gamarra, una de cuyas partidas es esta: «Don Alonso de Ercilla.- A don Alonso de Ercilla
se le dio nombramiento para los Oficiales de la ciudad de los Reyes que le paguen de la caxa real tres tercios de los mil pesos que le dio el Marqués de Cañete de lanza para ayuda a venirse a estos reinos, como aparece en el dicho libro a fojas 24»
. Presentada por el fiscal Jerónimo de Ulloa en el pleito con los hijos y herederos de Diego de Vargas Carvajal, Madrid, 23 de mayo de 1567. Es lástima que ninguno de esos documentos lleve fecha.
246
En la «Relación de las personas que componían las compañías de lanzas y arcabuces y alabardas» en 6 de abril de 1562, se lee: «La compañía de lanzas:... Don Alonso de Arcilla». Página 287 de la Nueva colección de documentos inéditos para la historia de España y sus Indias, por don Francisco Zabálburu y don José Sancho Rayón, Madrid, 1897, 4.º.
Este documento, que parece alejar toda duda por lo tocante a la fecha que buscamos, y más aún con lo que se lee en la real cédula de 24 de julio de 1566 (Documentos, p. 62) de que Ercilla decía que hasta ese entonces «le habían corrido cuatro años de la dicha lanza, los dos de licencia que le dio el Conde de Nieva, y otros dos...»
; ofrece, con todo, algun reparo, pues si no deja duda de que Ercilla formaba parte de la compañía de los gentiles-hombres lanzas, como era perfectamente exacto, no prueba que todavía permaneciera en Lima; y, sobre todo, se halla en contradicción con lo que él asevera en La Araucana (585-2-1 a 5) al hablar del tiempo de su permanencia en Lima:
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Ahora bien: Lope de Aguirre formó parte de la expedición que el virrey Marqués de Cañete confió, en 1560, a don Pedro de Urzúa para descubrir y poblar los territorios de las orillas del Amazonas. Salió la columna del astillero que tenía a orillas del Guallaga, en número de 400 soldados, a fines de septiembre de aquel año, hasta tomar tierra cerca de la desembocadura del Putumayo. Allí mataron a Juan de Vargas, lugarteniente de Urzúa, y a esté, a principios de junio, y después de haber asesinado también a don Juan de Guzmán y a no pocos más, a Inés de Atienza entre ellos, y todavía otros en el camino, salieron al Atlántico a principios de junio de 1561, para dirigirse a la isla Margarita. De ahí, donde cometió atrocidades nunca vistas, Aguirre se encaminó a la costa de Venezuela, y reducida ya su gente a 150 hombres, desembarcó en Burburata, cuyos habitantes huyeron. Alarmadas las poblaciones inmediatas, él capitán Bravo de Molina y García de Paredes organizaron en Mérida alguna gente que se reunió en Trujillo. Continuó su camino Lope de Aguirre hasta llegar a la Nueva Valencia, cuyos habitantes la desampararon; siguió a Barquisimeto; que ocupó el 22 de octubre, y allí se encerró en una casa fortificada, alrededor de la cual luego comenzaron a escaramucear los capitanes Gutierre de la Peña y Paredes, provocando las deserciones de los que seguían a Aguirre; en una salida que hizo, le abandonaron varios y a él le mataron el caballo, y viéndose ya casi solo, acabó a puñaladas a su propia hija; entráronle, por fin, la casa, donde le mataron de dos arcabuzazos. Se le descuartizó, y su cabeza, dentro de una jaula, estuvo muchos años expuesta en Tocuyo, una de sus manos en Mérida y la otra en Valencia.
Véase a Simón, Noticias historiales (sexta noticia), El Mararón y Amazonas del P. Rodríguez, -que incurren en el error de decir que la muerte de Aguirre tuvo lugar en Trinidad,- y la Relación de lodo lo que sucedió en la jornada de Omagua y Dorado hecha por el Gobernador Pedro de Orsúa. Madrid, 1881, 4.º.
De la forma en que Ercilla apunta la fecha de su partida de Lima, parece, pues, que pudiéramos referirla a la que indicamos en el texto, con tanto, mayor fundamento, cuanto que en su relato expresa en seguida que llegó a Panamá el mismo día en que allí se había tenido noticia de la muerte de Aguirre, que, por lo que queda dicho de «haber llegado por el aire», ha debido de ser en los primeros días de noviembre de aquel año de 1561. Es posible que en el Archivo de Indias, entre las cartas de Panamá, se encuentre tal noticia, que descuidamos de buscar cuando en él estuvimos.
Si tuviéramos la del libramiento del anticipo que se le hizo, ciertamente que podríamos salir de la dificultad; si contáramos siquiera con la de su llegada a Panamá, también nos sería dado conjeturarla con bastante aproximación; pero, ni una ni otra constan, y, en último resultado, todos los indicios alegables se reducen a las vagas expresiones del mismo Ercilla. Apoyados, además, en el dato incuestionable de que su partida, según hemos de verlo luego, se verificó desde Tierrafirme para España en 1563, resulta así, conforme a esto, que se pasaron cerca de dos años desde que partiera de Lima antes de que llegara a España, tiempo que abarcaría, en gran parte quizás, su permanencia en Panamá y especialmente en Cartagena, por causa de aquella enfermedad larga y extraña de que igualmente nos habla en La Araucana.
Todavía, al allegar los elementos que pueden servirnos para la determinación de la fecha que buscamos, se ofrece otro problema de mucho mayor alcance en la vida de nuestro poeta, cual es, qué puede haber de verdad en lo que da a entender en los versos en que trata de su partida de Lima que dejamos copiados, respecto a que la hiciera con él, propósito de ir a combatir a aquel tirano, y que especifica aún cuando dice (585-3-1 a 3:)
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frase que completa en el último verso de esa misma estrofa, después de referir que su llegada a Panamá se verificó precisamente el día en que se tuvo noticia de la muerte de Aguirre:
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Según eso, habría partido de Lima formando parte de una expedición enviada desde allí por el Virrey en contra de Aguirre, posiblemente por la costa, a falta de embarcaciones, hasta que en un punto que no indica, pudo tomar la vía marítima. Induce a esa sospecha la frase suya de que ese camino hecho por tierra era en parte despoblado.
Todavía otra hipótesis, que encuentra también asidero en sus palabras. Dice, refiriéndose a Lima, y (585-1-1, 2):
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¿Refiere, así, según eso, el límite de su permanencia en aquella ciudad hasta el momento en que fue despachada la expedición de Ursúa, de la que formaba parte Lope de Aguirre, como queda dicho? Parece que no, y que ese momento debe buscarse en el de la salida de la gente enviada por el Virrey para combatir al tirano.
Aún más: también se presta a creer, guiándonos siempre por el texto del poema, que después de
haberse incorporado a la tal expedición, hubiese tenido que regresar a Lima, cuando expresa en los versos copiados más arriba en que habla de la distancia de dos mil millas, «luego de allí por mar tomé la vía»
.
De que tomó parte Ercilla en una jornada contra Aguirre, cualquiera que fuese la dirección que siguió, se hace también eco Garibay en términos generales, cuando expresa que volvió de Chile al Perú, no con intento de descansar, sino de servir «en las alteraciones de otro tirano llamado Lope de Aguirre»
. Ya sabemos lo que hay de cierto en cuanto al motivo de su regreso de Chile a Lima, y en esta parte debemos desestimar la relación del cronista; para dejar en pie sólo el aserto de que Ercilla sirvió en la jornada contra Aguirre, -cualquiera que ella fuese,- y que remata diciendo que, «concluido con este tirano, tornó a España»
. (Documentos, pp. 524-525). Y cuando es notorio que Garibay
escribía por lo que había oído al mismo Ercilla, sus palabras son de peso y robustecen lo dicho por el poeta en su obra. Y en el aserto de Garibay se han fundado todos los principales biógrafos de Ercilla, Cerdá y Rico246.1, a Vargas Ponce246.2 y Ticknor246.3 para repetir la misma especie, y nada hay, en verdad, que se oponga a ella.
Ahora bien; llega el caso de comprobar estos dictados si fuera posible con lo que acerca de ellos consta de documentos y de los historiadores. ¿Hubo tal expedición despachada desde Lima en persecución de Aguirre? Puede parecer extraña esta pregunta, sobre todo de nuestra parte, que nos hallamos convencidos más que nadie de la veracidad absoluta gastada por Ercilla en su poema, y la formulamos sólo en vista de que ha fracasado nuestro empeño para hallar huellas siquiera de ella, desde luego, en Herrera, el P. Simón, el jesuita Rodríguez, Fernández de Piedrahita, Oviedo y Baños, entre los antiguos historiadores, y Mendiburu entre los de ogaño, que no dicen de ella una palabra. Posiblemente, algún feliz hallazgo de documentos que existan en el Archivo de Indias vendrá en definitiva a dar razón a Ercilla y a completar sus afirmaciones.
Una investigación en los archivos notariales de Lima, nos revelaría, quizá, la existencia de alguna escritura pública, otorgada por Ercilla en el tiempo que allí residió, cosa que no ha estado a nuestro alcance.
| 246.1 | Página X del prólogo a la edición de La Araucana, de Sancha, Madrid, 1776, 8.º. | |
| 246.2 | Memorias de la Real Academia, t. VIII, p. 32. |
| 246.3 | Historia de la Literatura española, traducción castellana, t. III, p. 139. |
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Era, más o menos, lo que entonces demoraba aquella travesía. En la que hizo don Pedro Gasca, por ejemplo, tardó 34 días. Vida suya escrita por Calvete de la Estrella, t. II, p. 345. Tal cómputo se aviene, además, con el hecho de haber llegado Ercilla a Panamá cuando «por el aire», esto es, en brevísimo tiempo, se había sabido allí la noticia de la muerte de Aguirre, ocurrida el 27 de octubre de 1561.
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Dice a este respecto Bartolomé de Pineda en su declaración (Documentos, p. 41) «...aunque venían del Perú todos...»
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Núñez de Vargas en su declaración expresó que habiendo ido a su alojamiento a verle y hablando sobre el caso le dijo Ramírez de Cartagena: «¿habéis visto las cosas en que me mete el licenciado Santillán que, si no fuera porque yo me he gobernado bien, me hubiera muerto don Alonso de Arcilla por su causa?»
El capitán Francisco de Bolonia refería, por su parte. (p. 45) sobre esto mismo, que habiendo salido a encontrarle cuando salía de San Francisco y preguntándole qué había sido aquello, «le dijo que cierta chismería quel
dicho licenciado Santillán había dicho al dicho don Alonso de Arcilla, sobre que
le había sacado al campo a matarse con él y que había sacado a Bartolomé de Pineda para que fuese padrino»
.
Todos los incidentes de ese lance de nuestro poeta pueden verse en las actuaciones judiciales de aquellos licenciados, -que se aborrecían al extremo de que un testigo aseguró que al separase de la entrevista que a su presencia tuvieron, se
amenazaron con hacerse todo el mal que pudieran, -los hemos publicado bajo el número XXIX de los Documentos. Léase especialmente la declaración de Ercilla, inserta en las pp. 48-49, en la cual aseguró que en las palabras que le dirigió a Ramírez cuando ya estuvieron a orillas del mar, «no le dijo que se había de matar con él»
y que su intención no fue «más de satisfacer» a Santillán.
Ese pleito de compadres no llegó a alcanzar resolución.
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Tal era la ruta ordinaria, decimos, pero en el caso presente puede, además, comprobarse con lo que dijo el capitán Bolonia en la declaración que prestó en el pleito de Santillán y Ramírez de Cartagena (Documentos, p. 45), a saber: «que vino desde Cartagena hasta España»
.
Para señalar a este punto como el de su forzada detención, hemos tenido presente que Ercilla habla en su Araucana de uno situado en Tierrafirme, dentro de cuyos límites no se comprendía Panamá, o al
menos, esta ciudad era designada como cabeza de la gobernación de su nombre; a lo que se añade que en la aprobación que Ercilla dio a la Segunda y Tercera Parte de las Elegías del Nuevo Reino, de Juan de Castellanos, que tratan
casi por entero de Venezuela y Cartagena, dijo: «en lo que toca a la historia, la tengo por verdadera, por ver fielmente escritas muchas cosas y particularidades que yo vi y entendí en aquella tierra, el tiempo que pasé y estuve en ella»
.