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Várez de Castro sostuvo su taller en Madrid con bastante éxito hasta el año 1601; en el siguiente se le ve figurar como editor de obras que imprimían Luis Sánchez y Miguel Serrano de Vargas. Véase a Pérez Pastor, Tipografía Complutense, p. 187, y la Bibliografía Madrileña, t. I, pp. XXXV, 120, 121, 142, 287, 329 y 336.

Fue él también con quien, como a su tiempo lo veremos con más detalles, se concertó don Diego de Santisteban Osorio, en 20 de agosto de 1598, para la impresión de la segunda edición de la Cuarta y Quinta Parte de La Araucana, y otros libros, cediéndole el privilegio de aquél y dándole poder para que sacase el de los demás e hiciese las impresiones que quisiese; todo por el precio de 250 reales, 50 de ellos de contado, que habían de pagársele a fines de aquel mes, y los restantes para cuando tuviese en su poder los privilegios. Memorias de la Real Academia, t. X, p. 272: apuntamiento tomado por Pérez Pastor junto con otro sobre venta de libros y la transacción que celebró, en 18 de abril de 1602, con el escribano Baltasar García a propósito de las dificultades que surgieron entre ambos, con motivo de la impresión de los Consejos de Rodrigo Suárez, que efectuaron en compañía.

Ha debido trasladarse después con la imprenta a Valladolid, porque en 1603 dio a luz allí las Leyes y ordenanzas para la gobernación de las Indias, que hemos descrito bajo el número 478 del tomo II de la Biblioteca hispano-americana.

Pero no fueron sólo los negocios de imprenta los que ocuparon al editor de La Araucana: en mediados de 1598 se le halla en Soria, como juez de Su Majestad para la «conducción y armamento del reino y para provisión de armas dél»; en Madrid como agente de negocios del Arzobispo de Toledo, durante los años de 1601-1606, por lo menos; en principios de 1610 como corregidor de Alcalá de Henares y su tierra, por el mismo Arzobispo, cargo que desempeñó hasta ser nombrado gobernador de Valencia de Alcántara en abril de 1622; más tarde, finalmente, como corregidor de Brihuega por el Cabildo de la Catedral de Toledo. Vivía aún y se hallaba residiendo en Madrid con el título de abogado de los Consejos de la Corte en agosto de 1629, fecha en que hacía cierta donación a su hijo el licenciado de su nombre para ayuda a los gastos del grado de doctor que había de tomar.

Fue casado en primeras nupcias con Antonia Íñiguez de Lequerica, hija del impresor de su apellido, que tuvo su taller en Alcalá de Henares, y en segundas, en 18 de febrero de 1601, con doña Ana Tagle de Escobar y Meneses, de la cual enviudó también en diciembre de 1622.

Pérez Pastor publicó en las pp. 492-494 del tomo III de su citada Bibliografía Madrileña los extractos de los documentos de que constan estos antecedentes y varios otros relativos a sus negocios de impresor y a personas de su familia.

 

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Testamento de Gil Sánchez de Bazán y de doña Marquesa de Ugarte, otorgado en Madrid, a 11 de Septiembre de 1568, p. 344 de los Documentos.

 

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Las palabras de Ercilla fueron éstas: «Y mando á doña María, mi mujer, diez mill para ayuda al monasterio que quiere fundar, conque esté obligada á enterrarme con ella», p. 412.

Buen indicio de estos tempranos proyectos de doña María, y también de la aprobación que a ellos prestaba Ercilla, es la cantidad de objetos del culto que se inventariaron entre sus bienes: desde luego, los cuadros religiosos, un misal con manecillas de plata, una pieza de jaspe para ara de altar, tres frontales, tres casullas, un cáliz con su patena, un vaso para comulgar, un hostiario, dos hebillas de plata, un portapaz, varios corporales y una palia para altar.

 

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Biografía anónima de doña María, escrita por una monja del monasterio por ella fundado, que insertamos al final de esta Ilustración, y que copiamos de las hojas 1-2 del libro de fundación que se conserva en el convento de la calle de Ponzano en Madrid.

 

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«[...] en donde, decía ella, había empleado tan solamente la hacienda que heredó de sus padres, porque no quería que se juntase con la de su marido don Alonso...». Biografía inédita citada.

 

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Fray José de Santa Teresa, Reforma de los Descalzos de Nuestra Señora del Carmen, Madrid, 1683, t. III, cap. XIX.

 

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Posteriormente, en 15 de marzo de 1602, doña María añadió a esta cantidad otros 18 ducados más, que sobraban del monto anual de los dos juros en que había señalado aquella renta. Documentos, p. 509.

 

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Aquel cronista de la Orden dice respecto de los objetos del culto obsequiados por doña María, que fueron «muchos ternos y preseas excelentes para la iglesia y altares», y que «con el mismo intento ofrendó doce pedazos de cabezas de santos, obispos y vírgenes y una entera de las Once Mil, en un cuerpo de plata, y en una cruz de oro, una espina de la corona de Cristo, adornada de piedras muy finas».

 

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Bulto, por estatua, como se acostumbraba decir antaño, acepción que aún conserva según el léxico de la Academia y que en Chile tenemos relegada a los santos de bulto. Así aparece también escrito en La Araucana (381-I- I, 2):


Sobre columnas de oro sustentadas
Cien figuras de bulto en torno estaban...



Pedro Cieza de León, La crónica del Perú, p. 452, ed. Rivad., hablando de los artífices incásicos, dice: «también hacen bultos y otras cosas mayores, y en muchas partes se ha visto que los han hecho y hacen sin tener otras herramientas más que piedras y sus grandes ingenios».

El doctor Andrés de Perea (Espinosa, Flores de poetas ilustres, p. 247) «los bultos bien labrados, del mármol costoso...».

 

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El texto íntegro de esta escritura lo insertamos en las pp. 440-443, tomándolo del libro de fundación que poseen las monjas del convento de la calle de Ponzano en Madrid, que logramos obtener merced a la intervención del Visitador de la Orden que allí estaba entonces, cuando ya habíamos perdido la esperanza de obtenerla por la tenaz negativa que para facilitarnos la copia nos opusieron las de Ocaña y por no existir en el Archivo Notarial el respectivo protocolo del escribano ante quien se otorgó.