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Un loco hace ciento es la única obra dramática de la Gálvez que condesciende a elogiar, de labios afuera, Antonio Alcalá Galiano en 1834 («Literature of the nineteenth Century: Spain», The Athenaeum, ab.-jun., trad. al castellano por V. Lloréns Castillo, M., Alianza editorial, Libro de bolsillo, 1969, p. 97).
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De la voz italiana «caricatura» se vale el Memorial Literario de 1 dic. 1801 (nº XI, p. 64) para calificar la comicidad o «ridículo» de Un loco hace ciento.
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En el citado número del Regañón General de 1803 (p. 300), un tal «Munster» critica a un español (¿real o supuesto?) recién llegado de correr cortes que empieza su relato «con una declamación tan descortés contra los españoles, sus costumbres y talentos, y a hacer tan grosero alarde de su parcialidad a favor de las naciones extrangeras» que disgusta al auditorio.
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Su nombre suena casi sinónimo del de un personaje de El don de gentes iriartiano, barón de Sotobello, si bien legítimo éste, con algunas características semejantes a las del anterior: «...ha viajado a Francia; se le han pegado ciertas contorsiones, ciertos modales afectados; hace ascos de todo lo de España; habla un castellano mezclado de Galicismos, &c.», según escribe D. Tomás, calificándole primero de «marqués», en unas notas mss. anteriores a la redacción de la comedia (BNM, 7922). Gran viajante, al menos según dice, es también el Fontecalda iriartiano, cuyo lenguaje adolece, como el de los anteriores, de cierto cosmopolitismo.
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Don Panuncio, en la escena cuarta del acto segundo, fecha en efecto su escritura de donación «en Madrid a seis de Agosto del siglo nuevo», esto es, de 1801, pues en 1804, fecha de la publicación, no hubiera tenido ya ninguna justificación este tipo de datación, y por otra parte, a diferencia de los que hace poco nos vendían por primero del siglo XXI y del tercer milenio el año 2000, nuestros antepasados, a pesar de su impaciencia por celebrar la entrada del XIX, sabían que el XVIII, como los anteriores, constaba de cien años y no de noventa y nueve, por lo que no concluía hasta las 12 en punto de la Noche Vieja de 1800. «Vaya para el menos entendido», como solía decir Fray Gerundio: a ningún fumador se le ocurre abrir una cajetilla nueva antes de haberse fumado el vigésimo y último cigarro de la anterior. La advertencia vale también para los autores del libro Goya, the Last Carnival (Londres, Reaktion Books, 1999), cuyo punto de partida, se nos dice, fue el descubrimiento de que el pintor eligió para la publicación de sus Caprichos la fecha del miércoles de Ceniza de 1799...
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Véase D. Whitaker, «Los Figurones Literarios of María Rosa Gálvez as an Enleightened Response to Moratin's La Comedia Nueva», Dieciocho, 11, 1, 1988, pp. 3-13.
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En El vano humillado, traducción, por Valladares, de Le Glorieux, de Destouches (estreno en junio de 1802), se españoliza el nombre del protagonista en «conde del Viento».
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«Volver de París muy raro / al cabo de un año o dos, / preguntando cómo llaman / la lechuga en español, / a esto se llama en el día / la moderna educación»
(La moderna educación, tonadilla a solo, 1799, en José Subirá, Tonadillas teatrales inéditas, Mad., 1932, p. 53). «¿Es de aquellos que se emplean / en hablar bien el francés, / y el español deletrean?»
(Comella, El hijo reconocido, 1799).
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En el periódico El Regañón General de 8 de oct. de 1803 (nº 38, p. 297) se critica a este tipo de persona como sigue: «Otros hay (y son los más) tan amigos de dar y de recibir noticias así extrangeras como nacionales, que no parece sino que están encargados de hacer la Gazeta o el Mercurio [dos periódicos oficiales], según el ansia con que las inquieren. Qualquiera que los oiga creerá sin duda que en cada corte de Europa tienen un corresponsal...» Hojeando la Gazeta de Madrid y el Mercurio Histórico y Político era como encontraba don Eleuterio, modelo de dramaturgos populares en La comedia nueva moratiniana, los apellidos extranjeros de los protagonistas de sus comediones. Y unos cuarenta años antes, Clavijo y Fajardo, en El pensador (Discurso LXIII), reproducía el supuesto diario íntimo de un oficinista en el que las noticias y conversaciones de tipo escapista relativas a Polonia, Rusia, Turquía, compensan la trivialidad y prosaísmo de los quehaceres cotidianos.
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| Aunque es muy jovial, es franca, | |||
| Y dice aquello que siente | |||
| Sin rodeos. |
| (I, 2) | ||