131
Los tres vestidos, «española», «carolina» y «borbonesa o madrileña» se representan en sendos grabados en color al final de la obra; Juan de la Cruz, en dos estampas, la 79 y la 80 de su Colección de trajes de España..., iniciada en 1777, reproduce a su manera estos tres tipos de vestiduras, refiriéndose explícitamente y no sin gracia, en las difusas leyendas -amenizada la primera con tres redondillas-, al Discurso anónimo, lo cual permite fecharlas con bastante aproximación, pues la 76, que pertenece al último cuaderno, lleva la fecha del dibujo por Manuel de la Cruz, esto es, también 1788, y sabido es que murió D. Juan en 1790.
132
P. de Demerson, p. 159.
133
Serrano y Sanz, p. 453. La procedencia del documento, en Bordiga Grinstein, p. 346.
134
Véase R. A., Teatro y sociedad en el Madrid del siglo XVIII, seg. ed., M., Castalia, 1988, cap. IV.
135
«...si es montañesa, es fuerza / que le rebose la honra»
(Cañizares, El dómine Lucas, jorn. III, vv. 19-20). Doña Clara, tía de la joven «calavera» en La señorita malcriada, puede considerarse en cierta medida antecedente, menos pintoresco, eso sí, de doña Guiomar por los valores que defiende, su entereza y sensatez: «Yo, aunque dicen / peco de española rancia, / por el pundonor gradúo / el mérito de las damas, / por el juicio, discreción, / cortesanía y constancia»
(cito por la ed. de Russell P. Sebold, M., Castalia, Clás. Cast., nº 83, p. 363).
136
El sí de las niñas, II, 5.
137
La muerte de Abel es el título de la tragedia de Saviñón, estrenada el 30 de mayo de 1803. La de M. Fernández y Figuero se intitulaba La muerte de Abel vengada, y se anunció en la Gazeta de Madrid del 24 del mismo mes. Ambas eran traducción de la obra de Legouvé; la segunda no se representó, probablemente por haberla ganado la otra por la mano.
138
BAE, LXXXVIII, p. 222, n. 217. El Perico de Los vicios de Madrid, p. 216, al preguntarle su compañero cuáles son sus «comedias» predilectas, cita, después de las tragedias de Ayala, Huerta, Quintana, Cienfuegos y las cinco obras de Leandro Moratín, a «doña María Rosa de Gálvez y el famoso Arellano, que ha dado su Pintor fingido, la Fulgencia, Cecilia y Dorsán y otras.»