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JOAQUÍN GABALDÓN MÁRQUEZ: Memoria y cuento de la generación del 28. Caracas: s. ed., 1958, p. 23.

 

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JUAN BAUTISTA FUENMAYOR: op. cit., p. 22.

 

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ELÍAS PINO ITURRIETA: «Aproximación a los límites del poderío contemporáneo en Venezuela», en Actualidades, I, 1, Caracas (1976), pp. 38-39.

 

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«Un capítulo todavía inédito de la historia venezolana lo constituyen las pugnas secretas entre el imperialismo norteamericano y el imperialismo anglo-holandés por el dominio de Venezuela y por el control del petróleo venezolano», señala al respecto FEDERICO BRITO FIGUEROA (op. cit., p. 376).

 

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«Los tipos más interesantes de esta nueva sociedad, los que dan carácter e imprimen sello a esta época, se encuentran en escalas o zonas intermedias», observa ENRIQUE BERNARDO NÚÑEZ en su breve estudio «El cambio social bajo Gómez» (recogido en Bajo el samán. Caracas: Biblioteca Venezolana de Cultura, 1963. Cit. p. 134).

 

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Contra lo que suele comúnmente creerse, el crecimiento cuantitativo del proletariado venezolano en esta época tiene un ritmo extraordinariamente en consonancia con el crecimiento global del Continente. Según las cifras del libro de MANFRED USCHNER y otros Lateinamerika; Schauplatz revolutionärer Kämpfe (Berlin-DDR: Staatsverlag der DDR, 1975), entre 1917 y 1930 el crecimiento en números es de un 100% (1917: 5-6 millones; 1930: 10-12 millones). Si se compara esta cifra con las que entrega D. F. Maza Zavala para el proletariado petrolero entre 1923 (5.158) y 1935 (12.333), vemos que los porcentajes de aumento se corresponden casi matemáticamente (Cf. D. F. MAZA ZAVALA: «Historia de medio siglo en Venezuela», loc. cit., p. 475).

 

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Junto a estos aspectos básicos, importa también tomar en cuenta que el considerable desarrollo y perfeccionamiento que entonces adquieren los sistemas y medios de comunicación (especialmente radio y telégrafo) son elementos coadyuvantes de esta «internacionalización» de la vida cultural y social.

 

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Puede recordarse el revuelo que provocan algunos de los poemas de Lunario sentimental (1909) de LEOPOLDO LUGONES -uno de los cuales precisamente se titula «A Rubén Darío y otros cómplices»-, en los que, sin romper en conjunto con el lenguaje sonoro del Modernismo, figuran metáforas que anticipan las preferencias posteriores («... la luna repleta, / se puso con gorda majestad de ganso / a tiro de escopeta») o expresiones que firmaría un Futurista («en versátil aerostación de ideas»).

 

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FEDERICO DE ONÍS, que parece ser uno de los primeros en emplear la expresión para denominar un período literario (la primera edición de su Antología de la poesía española e hispanoamericana es de 1934; hay una edición más reciente en New York, Las Américas Publ., 1961), se refiere con este nombre a la poesía de 1905-1914, en la que él observa «una reacción conservadora, en primer lugar, del modernismo mismo, que se hace habitual y retórico como toda revolución triunfante, y restauradora de todo lo que en el ardor de la lucha la naciente revolución (modernista) negó». El período siguiente, que es al que nos referimos y donde con mayor propiedad puede encontrarse una búsqueda de superación, es el que Onís llama «ultramodernismo» (1914-1932). Tengo conciencia de la posible confusión a que pueda prestarse el hablar de una literatura post-modernista para referirse a toda la producción literaria nueva de la postguerra, ya que el uso tradicional tiende a limitar la aplicación del término a sólo una parte de ella (la literatura Mundonovista o criollista). Como no es la única irreverencia con los criterios tradicionales que se comete en este trabajo, es oportuno advertir que lo que se pretende es contribuir a una revisión crítica no sólo de algunas denominaciones (punto de menor importancia) sino de los criterios ideológicos que alimentan la historiografía literaria dominante.

 

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Cf. Breve historia de la novela hispanoamericana. Caracas-Madrid: Edime, 2ª ed., 1974, pp. 9 y ss. Como observa JULIO PLANCHART, también a veces se usó «modernismo» como sinónimo de «criollismo» (Cf. Temas críticos, Caracas: Ediciones del Ministerio de Educación Nacional, 1948, pp. 10-11 y p. 431).