Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
Indice


 

31

Irisarri opina en carta a O'Higgins escrita desde San Luis el 30 de diciembre de 1818 sobre un empleo solicitado por Monteagudo «que, aunque sea tan malo como es, al fin nos ha servido en cosas de importancia».

Irisarri era Ministro de Gobierno cuando se asesina a Rodríguez y Monteagudo tuvo que noticiarlo de las providencias tomados con él.

 

32

Sobre esto dice San Martín en carta fechada en Mendoza al secretario del Ministerio de Guerra, el 28 de agosto de 1818.

«Prescindo de otras causales que exigían la remoción del comandante Cramer, como son la de no tener la menor disciplina en su cuerpo, tolerar sin castigar los excesos de algunos de sus oficiales, no ser exacto en el cumplimiento de las ordenes que se daban en el ejército, y, por último, juntándose más sospechas de colusión con el revoltoso don Manuel Rodríguez, como se comprobó por una carta interceptada por el gobernador intendente de la provincia de Cuyo escrita por Manuel Rodríguez a Cramer después del desgraciado suceso de Cancha Rayada; por último, este oficio no es seguro y no me queda dudas que no tiene el menor interés en favor de estas provincias y que prestaría sus servicios a cualquiera otra nación siempre que le resultaran más ventajas».



 

33

El viajero inglés John Miers, que estuvo en Santiago años después de estos sucesos, dice lo siguiente:

«El sargento que asesinó a Rodríguez y quien se habría retirado a Mendoza, donde se establece como pequeño comerciante, estuvo en este tiempo en Santiago por cuestiones de negocios. Al ser reconocido fue arrestado y acusado de su crimen. Confesó y los detalles son los que hemos relatado. Reconoció haber recibido de la caja militar 70 onzas de oro (equivalentes a 240 libras esterlinas) por la fidelidad con que había ejecutado su mandato. Puede suponerse que este criminal recibiría el castigo que merecía, pero lejos de eso, se le permitió salir en libertad y volvió nuevamente a Mendoza, donde vive respetado por los habitantes de aquel pueblo y se considera tan poco digno de reproche que no titubea en contar todos los detalles de su hazaña a cualquiera que se interesa en oírlo».


John Miers, Travels in Chile and la Plata, Tomo II, páginas 90-91.                


 

34

Navarro recibió como pago del crimen setenta onzas de oro, que significaban unas doscientas cuarenta libras esterlinas de esa época. A los soldados se repartieron setenta y cinco pesos por cabeza y, según los testigos, Alvarado dio dos mil pesos al autor. Estos equivalen más o menos a la suma en onzas y libras indicada por John Miers en sus recuerdos de viaje.

La noticia de la muerte fue llevada a O'Higgins por el capitán don Santiago Lindsay.

El cadáver fue sacado por el subdelegado don Tomás Valle, en compañía de su peón Hilario Cortés. Según declaraciones tomadas más tarde «fue dejado el cuerpo medio enterrado en la abertura de una ancuviña indígena». El muerto estaba destrozado por perros y pájaros, sin zapatos y con girones de ropa cubierta de tierra y sangre. Entre Valle y Cortés depositaron los despojos en una fosa abierta en la capilla de Tiltil, entrando al presbiterio, casi junto al altar y un poco hacia la izquierda del centro de éste.

Indice