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Juan Bautista de Loyola: «Loyola, aquella de Audalla / que todas fueron muy buenas», en la Loa. Véase WILLIAMS, John, «Juan Bautista de Loyola and the spanish religious drama of the sixteenth century», Hispanic review, 24.4 (1956), pp. 271-277.
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Es valoración generalmente aceptada entre los neoclásicos, recogida en las Memorias de Armona y Murga, que son fuente de Jovellanos: «Este [Cristóbal de] Virués y, principalmente el mismo Lope de Vega fueron los que en tiempo de Cervantes empezaron a corromper el teatro, corrupción que después fue tomando cada día más cuerpo, al paso que la nación perdía el buen gusto y las letras iban caminando a su total decadencia. Lope, fiado de su prodigiosa facilidad en el decir y del río suave y blando de su elocuencia, despreció las reglas del teatro que nos dejaron los antiguos, desterrando de sus comedias la verosimilitud, la regularidad, la propiedad, la decencia, el decoro y, en una palabra, todo cuanto concurre a sostener la ilusión de la fábula y a desempeñar el principal fin del poema dramático. No hay que buscar en sus comedias las unidades de acción, tiempo y lugar: sus héroes se ven nacer, andar en mantillas, crecer, envejecer y morir. Vagan como perdidos desde oriente a poniente y desde el septentrión al mediodía. Y, llevándolos como por el aire, aquí les hace dar una batalla, allí galantean, acullá se hacen frailes, en otra parte mueren, y aun se representan sus milagros después de haber fallecido»
(Memorias, tomo II, edición de Davis y Varey, p. 274.) Las consideraciones de Luzán, Blas Nasarre, Montiano y Luyando y Luis José de Velásquez en MIGUEL y CANUTO, Juan Carlos de, «Casi un siglo de crítica sobre el teatro de Lope: de la Poética (1737) de Luzán a la de Martínez de la Rosa (1827)» Criticón, 62 (1994), pp. 33-56.
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Felipe III y Margarita de Austria asientan la corte en Valladolid desde 1601 hasta 1606.
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Quizá la afirmación de que su protección era más apasionada de lo conveniente aluda al hecho de que su hijo bastardo Juan José de Austria era hijo de su amante, la actriz María Calderón. No hay pruebas de su faceta como comediógrafo.
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El coliseo, diseñado por el escenógrafo Cosimo Lotti, comenzó a construirse en 1638 y abrió sus puertas en 1640 con Los bandos de Verona de Rojas Zorrilla. El conjunto del Palacio del Buen Retiro fue construido por los arquitectos Giovanni Battista Crescenzi y Alonso Carbonell por orden del Conde-Duque de Olivares junto al cuarto real del monasterio de San Jerónimo. De la calidad de su perspectiva reseña Calderón «Es el coliseo de forma aovada, que es lo más a propósito para que casi igualmente se goce de cada una de sus partes»
, prólogo a Hado y divisa de Leónido y Marfisa, Comedias, tomo IV, edición de Juan Eugenio Hartzenbusch, BAE, 14, p. 355. Véase también VERDÚ RUIZ, Matilde, «Transformaciones dieciochescas del teatro del Buen Retiro», en AA. VV., El arte en las cortes europeas del siglo XVIII, Madrid, Comunidad de Madrid, 1989, pp. 804-808; FERNÁNDEZ MUÑOZ, Ángel Luis, Arquitectura teatral en Madrid, Madrid, Avapiés, 1988.
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[Nota de Jovellanos] «Debemos muchas noticias de las que contiene este artículo a la generosidad de nuestro buen amigo el señor don Jose´Antonio de Armona, corregidor de Madrid, que nos confió para extractarlo el precioso manuscrito de sus Memorias sobre los teatros, obra escrita con mucha diligencia y llena de muy curiosas noticias. Y no porque la muerte lo haya arrebatado nos juzgamos libres de pagarle este tributo de gratitud, tan debido a su nombre y buena memoria como a la tierna amistad que nos unía»
.
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Según Armona, siguiendo el Teatro de los teatros del avilesino Francisco Bances Candamo (edición de D. W. Moir, Londres, Tamesis, 1983), el marqués de Heliche (Eliche o Liche, según las fuentes; Gaspar de Guzmán, encargado de las representaciones del Retiro desde 1661) fue «el primero que mandó delinear en el teatro de Palacio las mutaciones, las máquinas fingidas y las apariencias teatrales»
, y con el almirante Juan Gaspar Enríquez de Cabrera, «la vista se pasma en el teatro, viendo cómo usurpa el arte todo el imperio de la naturaleza, porque las luces convexas, las líneas paralelas (aprovechando el pincel de los mejores matices de ella) saben dar concavidad a la plana superficie de un lienzo y acercan las mayores distancias con suma propiedad»
, p. 145.
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Son aquéllas de que hablaba en las romerías de Asturias: «los romances suelen ser de guapos y valentones»
(Obras completas, tomo IX, p. 113.), vinculados a aquella Tonadilla del guapo que había mandado recoger en Sevilla en 1779.
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Lope estrenó La selva sin amor en 1629, «cosa nueva en España» por ser una égloga enteramente cantada; en 1648, Calderón estrena en el teatro del nuevo palacio de la Zarzuela El jardín de Falerina; de ahí la asociación del género y el espacio.
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Variante textual. Sancha, 1812: alhalagüeña.