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171

Biblioteca Nacional, ms. 7193: Nota de Rafael de Floranes: «En prueba de esto podrá verse la descripción que hace el secretario don Antonio Hurtado de Mendoza, cortesano fino en aquel tiempo de las tres comedias que se representaron el año de 1632 en la jura del Príncipe don Baltasar Carlos, la una compuesta por el príncipe de Esquilache don Francisco de Borja, la otra por don Antonio de Mendoza, ambas de capa y espada, y la tercera del Júpiter Vengado, con tramoya y otros ingenios e invenciones por el excelente ingenio don Diego Jiménez de Enciso; la que se repitió tres días: el primero a SS. MM. y a las damas, grandes, mayordomos, gentiles, hombres de cámara y otras personas de la primera distinción de la corte; en el segundo, a los consejos en público y en celosías a los Ministros de Estado y Guerra, embajadores, prelados y eclesiásticos graves, y en el tercero, al reino y villa, sin el demás numeroso concurso que se permitió por el festejo de tanta celebridad. Estos tres días fueron el domingo, lunes y martes de Carnestolendas; el ingeniero Cosme Loti, florentín, que lo era por oficio de S. M. y muy sobresaliente en su profesión, el lucimiento, el concurso y el aplauso cual nunca se había visto, y así también las decoraciones, galas y gastos. Hubo también máscaras y parejas sumamente brillantes, y todo correspondió a la grandeza del motivo. Véase a dicho secretario en el librito que de aquella jura dio impreso en Madrid pocos días adelante y es tan estimado de los curiosos, folios 41 y 42».

Para la crítica de Calderón en el siglo XVIII: URZAINQUI MIQUELEIZ, Inmaculada, De nuevo sobre Calderón en la crítica española del siglo XVIII, Oviedo, Universidad, Cátedra Feijoo, 1984; PALACIOS, Emilio, «Juicios críticos sobre Calderón desde Europa (siglo XVIII)», en HUERTA CALVO, Javier, PERAL VEGA, Emilio y URZAIZ TORTAJADA, Héctor (eds.), Calderón en Europa, Actas del Seminario Internacional celebrado en la Facultad de Filología (23-26 octubre 2000), Sevilla, Iberoamericana, Vervuert, 2002, pp. 203-242.

 

172

Variante textual. GC: prestar oído.

 

173

Armona cita a Bances Candamo: «Hoy estamos experimentando que, para celebrar con lícitos festines las felicísimas bodas del rey, Nuestro Señor, no se han podido formar dos compañías moderadas para representar y, en faltando dos o tres partes de las que mantienen el teatro con algún aplauso, es fuerza que fallezca muy presto de sí mismo, porque no hay quien las reemplace», p. 147. Tal era la situación en 1690.

 

174

Aunque Zamora y Cañizares representan la perduración de las formas barrocas en la primera mitad del siglo XVIII, Jovellanos defenderá algunas de sus obras; en 1777 le decía a su traductor, Ángel de Eymar: «si en lugar de juzgar de nuestros dramas por la escena, se hubiera usted dirigido a quien le señalase las mejores comedias de Calderón, Moreto, Zamora y Cañizares, hallaría en ellas cosas excelentes y dignas del más encarecido elogio. Éstas son las que alaban nuestros literatos, pero las alaban sin desconocer sus defectos, y están muy lejos de compararlas a los pocos, poquísimos dramas perfectos que poseen otras naciones» (Obras completas, tomo II, p. 92.)

 

175

COTARELO y MORI, Emilio, Orígenes y establecimiento de la ópera en España hasta 1800, Madrid, 1917; y CARNERO, Guillermo (ed.), Historia de la literatura española, Madrid, Espasa-Calpe, 1995, pp. 372-389. Esta afirmación, tachada en el manuscrito de la Real Academia de la Historia.

 

176

La alusión a la persecución, no en vano tachada en el manuscrito de la Real Academia de la Historia, hace pensar en el proceso de la Inquisición a Olavide, impulsor como Asistente de Sevilla de la renovación teatral en que el propio Jovellanos había participado; coincide que en tal momento ya no está Aranda al frente del gobierno, lo que conduce a una sucesión de reglamentaciones restrictivas, como la de Floridablanca que suprime los teatros de los Reales Sitios en 1777, en el contexto de censuras y ataques a que alude a continuación. Véase RUBIO JIMÉNEZ, Jesús, El conde de Aranda y el teatro, Zaragoza, IberCaja, 1998.

 

177

Real Academia de la Historia: Especifica Madrid, Barcelona y Cádiz.

 

178

Significativamente en el manuscrito de la Real Academia de la Historia, revolución, aparece tachado y sustituido por reforma.

 

179

[Nota de Jovellanos] «Los Santos Padres declamaron contra los teatros gentílicos, y de seguro no conocieron otros. Cuáles fuesen los de la Edad Media, además de lo dicho en el texto se puede colegir de uno de los capitulares de Francia, que según nuestra conjetura pertenece al siglo X. "Histrionum quoque (dice) turpium et obscoenorum insolentias jocorum et ipsi episcopi animo effugere, ceterisque sacerdotibus effugienda praedicare debent". Additiones ad capitula regum francorum, capítulo 71.º. Véase la Colección de Canciani, tomo III, p. 382». BAE: obscaenorum.

 

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Biblioteca Nacional, ms. 7193: Nota de Rafael de Floranes: «Salió su prohibición por cédula de 2 de mayo de 1598, que cesó pronto, y volvieron a abrir los teatros. En tiempos de su hijo don Felipe III se volvió a suscitar la controversia y en 1610 salió a la luz el libro del padre agustiniano fray Juan González de Critana, defendiendo las comedias con ciertas limitaciones. Los bailes chocantes y provocativos se prohibieron de orden del Senado. Dícelo de J. C. toledano Pedro Pantoja de Ayala en su docto comentario De Aleatoribus a que dio fin en el año 1620 e imprimió en Madrid en 1629, fol. 46b, n. 4: "Durarentque (son sus palabras) diutius apud nos ni tanto malo regii senatus deceto sanctissimo provissum foret: utinam et scenicis ipsis spectaculis? Unde non leviora sed graviora suborintur damna". Renóvase el mismo problema por lo respectivo a las comedias en tiempo de su hijo don Felipe IV, por los años de 1645 con motivo de los lutos de la reina doña Isabel de Borbón, su primera mujer y, sin embargo, aquel soberano no permitió se quitasen. En esta época salieron varios papeles en pro y contra. Uno de los favorables fue el del abogado don Melchor de Cabrera Núñez de Guzmán ya retirado a Torrelobatón su patria, de donde le dedicó al marqués de Camarasa don Manuel Gómez de los Cobos en 29 de mayo de 1690 habiéndole acabado de escribir en Madrid a 2 de abril de 1646, en el cual entra refiriendo todas tres controversias y tomando de ellas motivo. Pero este papel es uno de aquellos que justamente pueden entrar en el número de aquellas imprudentes censuras y necias apologías que con no menos justicia critica el sabio autor del presente: porque no es otra cosa que un mal fárrago de textos amontonados al uso de entonces, sin filosofía, juicio ni oportunidad». Véase COTARELO y MORI, Emilio, Controversias, pp. 577-578.