Ocios de la soledad
Jacinto Polo de Medina
[Nota preliminar: edición digital a partir de la edición de Murcia, Luis Verós, 1634, y cotejada con la excelente edición crítica de Francisco Javier Díez de Revenga (Poesía. Hospital de incurables, Madrid, Cátedra, 1987, pp- 193-207), cuya consulta es imprescindible para la correcta valoración crítica de la obra. Seguimos la fijación textual del citado profesor, quien depuró en su edición unos textos cuya transmisión había supuesto un proceso degenerativo presente en otras ediciones y recopilaciones. ]
¡Oh tú, grande blasón de
los Marines!
que a la fatiga popular entregas
la vida y los sentidos,
en su vana ambición tan embebidos
que a ti
mismo te niegas,
5
para vivir te tienes ocupado;
¡oh
tú, grande blasón del sol dorado!,
escucha
de una vida que se vive
una voz que te llama,
y en
esta soledad, pueblo de flores,
10
la vida te apercibe,
que es la quietud, del alma, nutrimento;
todo serás
de ti, sin que un momento
no fabriques la vida y aun
la fama.
Exento de cuidados burladores,
15
pesadumbres
con título de honores,
y sin afán, que
cansa a los mortales,
todas las horas vivirás
iguales,
y en soledad, que es toda compañía,
desde que nace vivirás el día.
20
Ven a la aldea, ven, que te esperamos
Anfriso y yo,
o el uno propiamente,
que en unión competente
tanto con la amistad nos enlazamos,
tanto nos convenimos,
25
que ya en uno vivimos;
él vive por los dos
y yo a su cuenta.
Ven, que Anfriso
te llama, dulce afrenta
de cuantas perfecciones
hacen
al sol hermoso,
30
aquel Anfriso, aquél, triunfo
glorioso
de cuantas perfecciones
de los siglos pasados
son blasones;
aquel Anfriso, aquél, alta victoria
de cuantas perfecciones
35
serán de siglos
venideros gloria;
Anfriso, en cuyos labios
aun los
silencios se acreditan sabios,
en cuyo bozo deletrea sutiles
el abril de sus años veinte abriles.
40
Anfriso en fin, Anfriso,
de este oriente de flores
mayorazgo,
a que vivas te llama al paraíso;
ven y hallarás la vida que perdiste,
y nos darás
el verte por hallazgo,
45
que con tu ausencia vive el
alma triste.
Ven a este modo de
vivir moderno
donde de tanto tiempo son las horas
que te cansen de siglos las auroras,
y te murmurarás
tal vez de eterno;
50
que parece que alienta esta esperanza
el no hallar en los meses la mudanza,
pues joven
siempre aquí florece el mayo,
siempre el abril
galán creyó su vida
inmortal, de sus flores
guarnecida;
55
no la descortesía del invierno
tiró de nieve un rayo
de quien la primavera
esté ofendida;
sólo en mosquetas se atrevió
el noviembre,
sólo nieva jazmines el diciembre,
60
porque en catre de flores, blando y tierno,
el
alba duerme aquí que, lisonjera,
bosteza en cada
aliento primavera,
y en vez de hacer calor, con bizarría
hace auroras el sol a mediodía.
65
Tendrás, si vienes, todas las mañanas
(siempre aquí más tempranas)
hermoso
un ruiseñor, coral de pluma,
que camarero siempre
te despierte,
que reloj de los vientos sonoroso,
70
dé las horas armónicas del alba
y a los
dos juntamente os haga salva;
si bien ella las horas
las advierte
en mudo grito de oro, tan lustroso,
que aun estando en la cuna
75
desmaya las estrellas una
a una,
pedernales de luz, chispas de fuego.
Saldrás
al campo luego,
y en los renglones que escribió
el arado,
la escritura leerás en que se obliga
80
a volverlo al agosto cien doblado,
y siendo logro
nunca se castiga.
A más
urbana tierra, a más aseo
podrás volver
si quieres el deseo,
y en el jardín, provincia
de Amalthea,
85
hallarás más primores,
más que tu arbitrio holgado te desea.
Ven y
en calles de flores,
en calles de cipreses te pasea,
verdes gentilhombres deste prado,
90
hermosos chapiteles
de esmeralda,
o torres eminentes,
donde trepando
en lazos maravillas,
son tocadas del viento campanillas.
Volviendo a esotro lado,
95
pavones de colores diferentes,
los árboles verás,
plantadas aves,
sembrados de la copa hasta la falda
de tan fingidas flores, que la vista,
por verdades
las huele coronista,
100
y si a cogerlas va de algún
ramillo,
la que tuvo por flor es pajarillo.
También verás aquí (porque se precia
de reducirse el mundo en esta parte)
muchos arroyos,
calles cristalinas,
105
que por calles los tengo de Venecia,
recogido destrozo permanente,
y vertidas ruïnas
del edificio antiguo de una fuente,
que en migajas
de nieve a la campaña,
110
tan limpias, que han
nacido en la montaña,
desde el azul cogollo
del escalón soberbio de un escollo,
se derriba
a ser vida destas flores,
en su margen notadas por mejores.
115
Aquí verás la
rosa
(rojo penacho que despluma el viento)
como se
explica en brújula encarnada,
y el arroyo la lleva
trasladada,
y remedando el agua sus colores,
120
tantos
Narcisos lleva como flores.
El armiño verás
de una azucena,
en la margen hermosa,
y otra dentro
el cristal, floresta amena,
fragante espuma es, cisne
de Flora,
125
y caducando en olas repetidas,
tembladera
es de plata, donde bebe,
la abejuela sutil perlas de
nieve;
chinas que alegre le tiró la fuente,
si no son de la Aurora
130
lágrimas endechadas
o reídas.
Aquí sin
tantos daños
la maravilla, que les da de breves
con galas los ejemplos,
y de tan buen olor los desengaños
135
a lo lindo y hermoso de las flores;
sin caducar
del Sol a los rigores,
sin que a su fuerza su beldad
se rinda,
no adolece de linda.
Y ya con más
salud lo peligrosa
140
no es queja tan común el
ser hermosa;
y la verás, Liseno, sin mancilla
(con haber sido ayer) hoy maravilla;
naciendo floreciente
del llanto de la Aurora,
145
que tiene tan buen gusto
en lo que llora,
que es flores lo que siente.
A la violeta enana,
puedes por el ruïdo conocella,
que no se ve y se siente,
150
trasgo oloroso ya, duende
fragante.
También en cielo verde, blanca estrella
en el jazmín verás, que a la ventana
marco pone florido.
Aquí verás en púrpura
encendido
155
el clavel, que es la llama deste campo.
Más que de nieve el campo,
verás en
el narciso la blancura,
toda siendo perdón de
su locura.
Mucho puedo cansarte,
160
si de todas las flores te refiero
el jaspe hermoso,
que ha imitado el arte,
estrado de las Musas lisonjero.
Ven, y tú las verás, que es mucha mengua,
que yo quiera hacer flores con la lengua,
165
y tan
bellos despojos
son mejor para el trato de los ojos.
Si el sentido quisieres más
activo,
no tan contemplativo,
la fruta deste prado
te convoca,
170
tan intacta del árbol a tu boca,
que aun de la mano nunca se profana.
En la cereza
comerás la grana:
y el membrillo tan fresco todo
el año,
que no se vale del melifluo engaño,
175
ni sabe embalsamarse en la conserva,
con que el
duro tiempo se reserva,
arte para durar, que ya es del
hombre
engaño muchas veces repetido;
pues
quiere con fragante estratagema,
180
con los sudores que
exprimió el Arabia,
hacer, porque te asombre,
de la casta de eterno lo podrido;
vivir quiere por
tema,
y al gran precepto con su intento agravia,
185
¡oh ignorancia rebelde a las porfías
de la
anciana doctrina de los días!
Con triunfante corona
la granada verás que
te abre el pecho,
pelícano en el prado de Pomona,
190
y en panal de rubí, miel de corales.
Mas
si della quedares satisfecho,
con nueva golosina,
hambre segunda te dará la endrina,
del polvo
de la Aurora tan bañada,
195
que se desmiente toda
la morada.
La manzana, ocasión
de nuestros males,
aquí tan solamente,
puede
con su memoria darte susto,
que siempre ha sido causa
de disgusto
200
desde aquella primera pesadumbre.
Mostrándote prudente,
dejando
del jardín flor, fruta y aves
(Real palacio de
las más suaves),
a cada hora le darás su
oficio
205
y ocupando en científico ejercicio,
sin que pueda estorbarte la techumbre
contemplarás
del cielo las figuras,
y en su campaña rasa,
como marchan ejércitos de estrellas,
210
de
la causa del día limaduras,
lucientes flores bellas,
de aquel hermoso carro,
astillas que saltaron, cosa
es propia,
cuando descaminándose bizarro,
215
fueron sus luces tizne de Etiopía,
o son de
los caballos de diamante
las espumas de luz, que tasca
el freno.
Ven, Adonis galán,
culto Liseno,
meditarás el modo con que chupan
220
las doradas esponjas de los rayos,
lentamente
el humor más importante,
y en nubes lo convierten
que lo escupan,
y llueve a eneros y aprovecha a mayos.
Contemplarás después
cómo se forma
225
en el cóncavo pecho de
una nube
el que San Telmo es destas borrascas,
arco
vestido de colores ciento,
donde soplando con rumor violento
de la región tercera cuatro bascas,
230
esta
nube se baja, ésta se sube,
todo en fin se desforma,
y por el aire las verás rodando,
y en tanto
mar del cielo, si lo sumas,
a las nubes tendrás
por las espumas.
235
Desta contemplación
diferenciando
tendrá el libro las horas señaladas,
donde verás del tiempo los excesos,
y en estatua
los siglos y sucesos;
curiosa retentiva de los años,
240
que leyéndose tantos en sus hojas
parece
que se vive lo pasado,
memorias inventadas,
para
el olvido fáciles engaños,
en sus principios
artificio bronco,
245
cuando en la basta lámina
de un tronco,
papel silvestre, que nació en el
monte,
en lugar de batido fue aserrado.
De más culto cuidado
con daño ajeno,
con ajena muerte,
250
mejoraron su suerte
en fajas
de una piel, que se rollaban;
cuya encuadernación
fue el umbilico,
donde ausentes secretos se explicaban;
que admiración no poca
255
causó en
el mundo rico
al indiano horizonte,
por ver que plana
bruta,
para tan lejos casos tenga boca.
Dejarás de los libros la disputa,
260
y al
culto de las Musas puedes darte,
en quien tiene tu ingenio
tanta parte,
liciones aprendidas en las Tablas
de
nuestro gran Cascales,
de nuestro gran Licurgo del Parnaso,
265
de cuya fuente corren
(sin que los años
sus cristales borren)
tantos doctos cristales
en
quien tantos preceptos le bebemos.
Pasarás deste extremo a otros extremos,
270
y despoblando el bosque con tu mano,
tantas fieras darás
a la cuchilla,
presas en los corchetes de los perros
(diestros salteadores destos cerros),
que anegues
en coral todo este llano.
275
Nunca tu intento en vano,
nunca en balde tu intento,
a la simple avecilla
(dosel de pluma, que entapiza el viento,
y pesándose
está sobre las alas)
280
el correo de plomo de
las balas
despacharás, que puedes
en fe de
estar segura, hacer mercedes,
si en repetido vuelo
tantas aves asombran este suelo
285
que, si a los aires
el incendio fías,
para poder llegar a quien lo
envías
hace su fuego rizo
por dentro de otras
aves pasadizo.
Pretendiente después
de mayor presa
290
bajarás de la alcándora
a tu mano,
al baharí britano,
y quitándole
el yelmo, que no pesa,
o celada de cuero que le oprime,
desde tu mano, que su planta sella,
295
de una carrera
llegará a una estrella,
y desde allí, de
las esferas dueño,
con vuelo no pequeño,
braceando la una y otra ala
(o se la rice el viento
o la maltrate),
300
de la garra afilando el acicate
y con el pico que rigor exhala,
las veredas del aire
va cruzando
hasta una garza, que la vio nadando
(con
un ruido lento)
305
en el golfo del viento,
donde
si no era espuma
viviente escollo es, isla de pluma:
envístela animoso,
y del golpe furioso
310
la mitad de las plumas le desfleca;
luego la garra
con el pico trueca,
y prendiéndola toda con las
uñas
en almohada a lo señor las pone;
lo descompuesto al punto se compone,
315
y volviéndose
asido con la presa
tu planta besa él y ella la
besa.
Variando otras veces
te darás a la caza
de los peces,
y en este estanque (mapa cristalino
320
del árbol y del monte convecino)
prenderás
con las redes a las aves
que en vientos de cristal vuelan
suaves.
También te ocuparás
a lo de corte,
que no todo ha de ser la serranía,
325
y en la caballerosa cetrería,
de ilustre
juventud lucido norte,
te apostarás de viento
con el viento,
y aprenderás de ave en un caballo,
en la carrera exhalación de nieve,
330
hijo
del Betis que el Segura bebe,
y tú que sólo
puedes imitallo
imitarás de Anfriso la carrera,
en su docto caballo, tan ligera
que a la mitad se
queda el pensamiento,
335
y aun no corrió el caballo
muy del todo,
pues con galante, con airoso modo,
corriendo con el viento una pareja
no se apresura todo,
no se deja,
que en su curso solemne
340
por esperar
al viento se detiene.
También
en esta paz serás guerrero,
y estudiando los golpes
del acero
en el acero de la negra espada
ensayará,
científico, el coraje,
345
y burlarás la
cólera que incita,
en nuestro Anfriso doctamente
escrita,
al obrar imperioso de su brazo
culta ciencia
extremada
en Fuster y Narváez estudiada.
350
Descansará el furor, y los
zagales
(a quien tu condición los hará
iguales)
porque vienes al valle, agradecidos,
músicas
te darán reconocidos,
y aquí un zagal (Adonis
aldeano)
355
más por tu gusto que el de su pastora
círculo breve moverá en su mano,
donde
estará sonora
(porque así te agasaja)
con su dulce trastorno la sonaja.
360
Con el gusto
más noble
otro de la vigüela
aserrando
las cuerdas con el arco
la solfa limará para servirte,
mientras aquel con cabriolas vuela,
365
sólo por
darte agrado,
mas lo mereces tú, y él es
honrado,
porque no basta sólo el merecerlo,
que lo bueno a la envidia se la olvida.
La vista, en estos tratos encogida,
370
porque no sólo
en esto se resuelva,
desperezarla puedes por la selva,
inmensidad florida,
y verde longitud de hechura
ovada,
opulento tesoro
375
que su esmeralda se convierte
en oro,
por los gusanos, seda alambicada,
cuyos
árboles son muro frondoso.
De Murcia, patria nuestra
que siempre fue en la paz y en la palestra
380
lucido
triunfo honroso,
desmasïado cargo de la Fama,
y mucha ocupación de las historias,
la que
gasta a los siglos las memorias,
la que leal se llama,
385
aquella que en el bélico ejercicio
valiente
alcanzar pudo
las seis coronas de oro de su escudo,
ciudad reina y metrópoli del orbe
cuyo grande,
grandísimo edificio
390
temeridad de jaspe el viento
empiedra,
y escándalo de mármol le guarnece,
tan alto, que en su punta
siempre de día
ha sido,
que el sol, dorada yedra,
395
rodeando sus torres
lo ha vestido,
que aun desde el otro oriente le amanece
y la distancia con sus rayos junta;
donde siempre
se puede
si la noche porfía
400
con escaleras
el subirse al día
A tanta
majestad de arquitectura
a tanta reina y a grandeza
tanta
con labios de cristal besa la planta
retórico
el Segura,
405
pues antes de llegar, por veinte gradas
bachilleres gradúa sus cristales,
presas
de tantos siglos aprobadas,
grave inmortalidad de los
romanos,
enteros pedernales,
410
al curso del cristal
contradicciones,
que descendiendo va por escalones
y, rizando al bajar su hermosa greña,
precipicio
de plata, se despeña,
y exaltando los cielos soberanos
415
llega a ser pez en él cualquier estrella,
y diluvio del aire, sus espumas
bellas anegan animadas
plumas.
En fin, de cuanto huella
los líquidos cristales,
420
en fin, de cuanto
pisa
el monte desde el centro a los umbrales,
en fin, de cuanto vive con la risa
o el llanto de la
aurora,
en fin, de cuanta población sonora,
425
naves de otro elemento,
navegan el océano del
viento,
en fin, de cuanto fruto
le da al gusto
tributo,
serás dueño si vienes;
430
¿cómo
a tanta caricia te detienes?
Ven a ver las lisonjas sin
engaños,
donde, en pureza hermosa,
es lo
mismo que es cualquiera cosa.
¡Oh, cuán sin escarmiento,
cuán sin daños,
435
gozarás las verdades!
que como están desnudas
no van a las ciudades
y claro te hablarán, aunque están mudas.
Ven, pues, a nuestro amor agradecido,
440
y serás
destos valles el Cupido.
Ven, que todas las flores te
han llamado,
y serás el Adonis de su prado.
Ven, pues, a este horizonte
y serás el Apolo
deste monte.
445
Ven, pues, Liseno, luego,
que aun siendo
tanto gozarás sosiego.