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1

Ahora en Actes del cinquè Col.loqui Internacional de Llengua i Literatura catalanes, Andorra 1 a 6 d'octubre de 1979, Montserrat, 1980, pp. 571 a 585.

 

2

De hecho, puedo alegar la demostración práctica y experimental proporcionada por nuestros alumnos de Filología hispánica o románica de la Universidad Complutense que han tenido la ventaja de iniciarse en mi lengua en las clases de nuestra compañera, señora Argilés, leridana. Ventaja que resulta ser de tal calibre, que me aconseja pasar por alto otra también aducible, pero de carácter mucho más subjetivo: la confianza que el alumno adquiere en su aprendizaje, al «oírse» tan fácilmente hablar como quien le enseña. Basta con haberla señalado, sin explotarla. En cambio, sí me parece oportuno aprovechar esta evocación y los ejemplos con que ahora la he razonado para llevar todavía más a sus últimas consecuencias la solución proselitista: de entre los occidentales, los mejores maestros de iniciación resultarían, seguramente, los valencianos, dada su pronunciación de la -r (que leridanos y tortosinos omiten como nosotros), lo que determinaría que, v. gr., las cuatro palabras propuestas como ejemplos fueran del todo transparentes para los oídos de un castellanohablante desde la boca de un valenciano. (Naturalmente, habría que elegirlo de las áreas no «apitxades», esto es, procurar que, a su vez, distinguiera pertinentemente la oposición sonoridad/sordez en las series africadas y fricativas.)

 

3

Irresolución que, después de muchas dudas, me disuadió de llevar la sugerencia como comunicación al simposio que sobre la enseñanza del catalán a no catalanohablantes se celebró en Vic en abril de 1981.

 

4

Debo mi actualización en este sentido a la docta amabilidad de tu doctora M.ª Carmen Rodríguez Salido, que nos ilustró en este punto en el coloquio suscitado a raíz de su comunicación en el último simposio de la Sociedad Española de Lingüística (Madrid, 15-18 XII 1982), leída el 17 sobre Las gramáticas y la consideración lingüística del gallego. Y lamento que no pudiéramos conocer más que en el esquema publicado en tu página 33 del volumen de Resúmenes del Simposio la que sobre Estatuto lingüístico del gallego y Ortografía debemos al admirado amigo doctor Gil Hernández, a quien he de agradecer precisamente la invitación a participar en este merecido Homenaje.

 

5

Pro sistema en Gramàtica, «Miscel.lanea Barcinonensia» 5 (1963), pp. 137-150. Reproducido en las pp. 21-42 de Estudis estructurals de català, Barcelona, 1975.

 

6

Eugenio Coseriu, Algunes propostes per a una (eventual) reforma de l'ortografia catalana. «Bol. Filol. Univ. Chile» 31(1980-1981), pp. 461-464,

 

7

Cierto que, en su origen, la maravillosa ñ castellana era también del todo coherente con la representación de la palatal lateral mediante ll, pues también ella no era sino un compendio por superposición gráfica de un grupo de dos nn. Pero esto ya no es evidente para el aprendiz de lector en la actualidad, quien probablemente no se enterará de ello en su vida, a menos que se dedique a los estudios universitarios pertinentes.

 

8

Dejo sugerido con ello que no parece, en cambio, que se gane en facilidad ni en comodidad con los procedimientos que pretenden una mayor cohesión morfonemática: en muchas ocasiones, la representación explícita de fonemas latentes o bien de otros transformables dentro, de los mecanismos morfológicos resulta ser contrario a la biunivocidad antes programada.

 

9

Es la impresión optimista que deja la magnífica obra del doctor J. Polo, Ortografía y Ciencia del lenguaje, Madrid, 1974. Y conste que escrita sin pretensiones directamente reformistas.

 

10

Cf. J. Vachek, Written Language. General problems and problems of English, La Haya-París, 1973.

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