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Poesías

Fray Luis de León

Javier San José Lera (Ed. lit.)

Preliminares

Censura de José de Valdivielso

Muy Poderoso Señor

La merced que suplica a Vuestra Alteza don Francisco de Quevedo, Caballero de la Orden de Santiago, tiene tanto de justicia como de gracia: porque a las obras del docto y siempre venerable Maestro Fray Luis de León, de justicia se le deben estos honores que le solicita, restituyéndole a la luz para gloria de nuestra nación, por ser del Maestro de la elocuencia Castellana, cuyo nombre es su alabanza, y su ingenio su laurel, pues ningunos pueden ser mayores que los que con él se ha merecido; porque después de las plumas sagradas en todo género de buenas letras es la primera que en nuestro idioma enseñó a bien escribir, y la que trató delgadamente el Hebreo, Griego y Latino. Sean desempeños desta verdad sus libros De los nombres de Cristo, La perfecta casada, Los Cantares, y el Perfecto Predicador, con otros versos escritos, en fin, a la luz, no como los de algunos que en esta edad escriben, de quien se puede conjeturar que dilexerunt magis tenebras, quam luce. No digo yo dellos lo que Cristo Nuestro Señor: erant enim eorum mala opera, a lo menos es de fe que lo eran las de aquellos por quien la primera verdad lo dijo; pero digo lo que un discreto portugués, ponderando los desaciertos de los gobernadores de cierta República, con quanto traballo erraron. Y porque en esta materia, como en todas, con igual agudeza don Francisco de Quevedo escribe un discurso al prólogo destas obras, sólo digo que no hallo en ellas cosa no conforme al dictamen de nuestra santa fe católica, ni que ofenda a las más loables costumbres. Este es mi parecer salvo, etc. En Madrid, 20 de otubre 1629.

El Maestro Ioseph de Valdivielso

Aprobación de Lorenzo Vander Hammen y León

He visto por mandato del señor Licenciado don Juan de Velasco y Acebedo, Vicario General desta villa, y su partido, y del Consejo de su Alteza el serenísimo Cardenal Infante, lo que escribió en verso Castellano el muy Reverendo Padre Maestro Fray Luis de León, religioso agustino y uno de los grandes varones desta edad. Sujeto (si la afición no me engaña) tal, que bastaba él sólo a hacer glorioso el nombre de la Poesía de un polo a otro, cuando faltaran para realce de sus excelencias aquellos hombres que sirvieron de admiración al mundo; y sus obras, de arte para escribir con acierto en la posteridad. Causó su nombre, aún viviendo, respeto y reverencia, por donde sus obras son celebradas de propios y extraños con no gozarse todas: perdiéronse con su muerte algunas, como sucede de ordinario, pero conocemos y admiramos lo que escribió, aunque no todo, en las profesiones debidas a sus letras y estado.

Faltábanos gozar algo de aquello a que inclina un natural bizarro y valiente, como el suyo, para ser cabal en todo, que son las letras humanas, y en especial la Poética, en que fue singularísimo. Y esto es lo que ahora se pretende dar a la estampa. Obra, aunque en verso, grande, pía y docta, por los asuntos, por el estilo, y por el sujeto que lo escribió. No tiene cosa contraria a nuestra santa fe, ni a las costumbres; y así por esto, como por haber sido su autor el primero que abrió camino para escribir en nuestra lengua vulgar cosas altas y grandes, con gravedad y alteza, número y proporción, me parece se debe de justicia dar a don Francisco de Quevedo la licencia que pide, y muchas gracias por hacer común tesoro tan singular, y comunicarnos de aquel sol español rayo de luz tan peregrina. Acción liberalísima, pero muy de la condición deste caballero, aunque contraria a lo que se platica el día de hoy; pero es propio de ingenios mendigos y miserables valerse de vigilias de otros para lucir con ellas. Así lo siento, y firmo. Madrid y setiembre, 14 de 1629.

Don Lorenço Vander Hammen y León

Dedicatoria de Quevedo a don Manuel Sarmiento de Mendoza, Canónigo Magistral de la Santa Iglesia de Sevilla

Si de la manera que Vuestra Merced ha sido pródigo en alentar los varones que en su tiempo han sido insignes en la virtud y las letras, cuidando con caridad desvelada de preservar sus memorias, y alargar la vida a sus escritos hubiera desembarazado su modestia de escrúpulos encogidos, en que detiene grandes tesoros de sus vigilias en entrambos testamentos, y en toda lección, con mejor fruto se hubiera gastado el papel estos años. Dejome Vuestra Merced estas obras grandes en estas palabras doctas, para que sirviesen de antídoto, en público, a tanta inmensidad de escándalos que se imprimen, donde la ociosidad estudia desenvolturas, cuanto más sabrosas de más peligro. Yo obedecí a su orden de Vuestra Merced y a mi deseo dedicándolas al Conde Duque, en cuya grandeza deben tener amparo, y en cuyo talento con eminencia pueden hallar cabal la estimación de su precio. Así me desempeño con el tutor y con Vuestra Merced, a quien dé Dios larga vida con buena salud.

Al Excelentísimo señor Conde Duque, Gran Canciller, mi señor

Por sí hablan, excelentísimo señor, las obras del reverendísimo fray Luis de León con mejor pluma y lengua que lo podrá hacer algún apasionado suyo. Son en nuestro idioma el singular ornamento y el mejor blasón de la habla castellana; con inclinación tan severa a los estudios varoniles, que aun en el desenfado de las vigilias positivas y escolásticas, (desto le sirvieron los consonantes), nos dio fácil y docta la filosofía de las virtudes; y dispuso tan apacibles a la memoria los tesoros de la verdad (que con logro del entendimiento ocupa su recordación) que, faltos deste decoro, embarazan escritos o vanos o escandalosos.

En la parte primera, que es toda de intentos que eligió la madurez, de su seso, la dicción es grande, propia y hermosa, con facilidad; de tal casta, que ni se desautoriza con lo vulgar, ni se hace peregrina con lo impropio. Todo su estilo con majestad estudiada es decente a lo magnífico de la sentencia, que ni ambiciosa se descubre fuera del cuerpo de la oración, ni tenebrosa se esconde; mejor diré que se pierde en la confusión afectada de figuras, y en la inundación de palabras forasteras. La locución esclarecida hace tratables los retiramientos de las ideas, y da luz a lo escondido y ciego de los conceptos. Esto mandaron con imperio los que escribieron artes de poesía, y escribieron desta suerte los que tienen el imperio de los poemas. Y en todas lenguas, aquellos solos merecieron aclamación universal, que dieron luz a lo oscuro, y facilidad a lo dificultoso; que oscurecer lo claro, es borrar, y no escribir; y quien habla lo que otros no entienden, primero confiesa que no entiende lo que habla. Séneca, epístola XXII, libro 2: Irridenda facundia, quae rem non explicat, sed involvit; «Hase de menospreciar la facundia que antes envuelve la sentencia que la declara».

Y si los que afectan esta noche en sus obras quieren alabanza, por decir tiene dificultad el escribir nudos ciegos, y no ser inteligibles,-san Jerónimo ad Nepotianum los desnuda desta presunción cuando dice: Nihil tam facile, quam vilem plebeculam, et indoctam contionem linguae volubilitale decipere, quae quidquid non intelligit plus miratur; «No hay cosa tan fácil como engañar la indocta plática y la vil plebe con la taravilla de la lengua; porque la gente baja y ignorante más admira lo que menos entiende».

Dispuesto este discurso con tal autoridad, propondré el texto del escándalo, que en la Poética de Aristóteles dice así: De/cewz de\ a)reth\; basta, porque haga más fe, empezar el texto de que es tal la versión: Dictionis autem virtus, et perspicua sit, non tamen humilis; quae igitur ex propriis nominibus constabit, maxime perspicua erit; humilis tamen, exemplum sit Cleophontis Stheneli. Quae poesis illa veneranda, et omne plebeium excludens, quae peregrinis utitur vocabulis: peregrinum voco varietatem linguarum, translationem, extensionem, tam quodcumque a proprio alienum est; «La virtud de la dicción ha de ser perspicua, no humilde: la que constare de nombres propios será perspicua; sea ejemplo de la humilde la poesía de Cleofonte y de Stenelo. Aquella es venerable y excluye lodo lo que es plebeyo, que usa de vocablos peregrinos; peregrino llamo la variedad de lenguas, translación, extensión, y lodo lo que es ajeno de lo propio». Este lugar del filósofo a los que descansaron en este punto la lección (temiendo por larga jornada la de su desengaño, estando en otro renglón inmediato) ha dado ocasión de errar, no modo de escribir; son hombres que despiden el estudio en llegando a la cláusula que desean. Aclaman estos renglones por texto expreso, en disculpa de los barbarismos y solecismos que escriben, de que resulta la enigma; pocos pasos que dieran los ojos en el libro, leyeran el desengaño en estas palabras consecutivas: Verum si quis haec omnia simul congerat, vel aenigma efficiet, vel barbarismum: aenigma quidem si translationes, barbarismum quidem si linguas; «Empero si alguno rebuja todas estas cosas juntas, o hará enigma o barbarismo: enigma, si amontona translaciones; barbarismo, si lenguas». Aquel vel que la versión puso, Aristóteles en el texto lo usurpa por et, (h/ ai/nigma E/zau, h/ Barbarismo/s;/ y débese entender así. Poco duró el alborozo a los mezcladores de lenguas y translaciones. Y porque no se dude qué es enigma en estos estilos, el propio Aristóteles prosiguiendo lo dice: Aenigmatis forma ea erit oratio scilicet, quae ex minime congreuntibus ex se constet; «Aquella será la forma del enigma que constare de cosas menos congruentes entre sí». Hoc itaque per nominum compositionem minime effici potest: ut vidi igne, atque aere virum viro inhaerentem unum; «Y esto por la composición de los nombres no se puede hacer; puede hacerse por la translación desta manera: Vi con fuego y metal, varón a varón encima uno». Quiso decir el escritor enigmático: Vidi virum super viro cucurbitulam aeneam interventu ignis applicantem; fue translación fuego por llama, y segunda translación metal por cucurbita, y tercera aglutinare, que es metáfora, según la proporción. No me malquistaré con aplicar esto, ni decir de qué estilo sea apodo; desde el texto del filósofo es fiscal la cláusula de muchos escritos.

Hablar con vuestra excelencia en verificar este descamino de la pluma, es la autoridad mayor, ya se ve; más docta, ya se sabe: pues siempre ha escrito tan fácil nuestra lengua, y tan sin reprehensión, como se ha leído en la instrucción que vuestra excelencia dio al duque de Medina de las Torres, su hijo; tratado que juntamente le mostró buen padre y buen maestro; discurso que atesorarán las edades por venir, y que obedecerán en ellas los que en grandes lugares quisieren asegurar el acierto, y hacer bienquista la virtud eminente en la buena fortuna. Escribió vuestra excelencia otra carta, que imprimió el duque de Carpiñano, donde con las dudas enseña, y con las preguntas reprehende los halagos que desecha; y pidiendo vuestra excelencia advertimientos para la tolerancia de lo molesto en las audiencias, enseñó al autor lo que debió escribir y lo que pudo excusar sin afectación ni dificultades, enseñando juntamente a escribir y a obrar. Ni ha mostrado vuestra excelencia afición a otro estilo. Admitió con benignidad las obras de Fernando de Herrera, tesoro de la cultura española, siempre admirado de los buenos juicios. Prendas son todas que alentaron este discurso para enriquecerse con su nombre y asegurarse; pues sale cobrando enemigos de balde.

Pues lo que Aristóteles dice no es malicia mía; y menos cuando Demetrio Falereo, en el libro De elocutione, parece que le traslada y le repite: Dictionem autem in hac figura orationis exquisitam, et immutatam, nec nimis vulgarem oportet esse; sic enim amplitudinem, et dignitatem habebit. Propria autem et usitata dictio, dilucida quidem semper est; verum hoc ipso facile contemnitur. Primum igitur translationibus est utendum (hae enim, vel maxime et voluptatem, et amplitudinem conferunt orationibus); non tamen crebris, et frequentibus: alioquin dithirambos loco orationis scribemus: neque longe petitis, sed ex ipsa re, et ex simile sumptis; «Conviene que sea la dicción en esta figura de oración, exquisita, inmutable, y no demasiadamente vulgar; así tendrá amplitud y dignidad. Pero la dicción propia y usada, siempre es dilúcida, pero por eso se desprecia fácilmente. Lo primero, se ha de usar de translaciones, porque estas dan autoridad y ser a la oración, mas no han de ser frecuentes: de otra suerte, en lugar de oración haremos ditirambos. Y no se han de buscar de cosas remotas, sino de las propincuas y semejantes». No deja Demetrio disculpa a los que interpretan mal al filósofo; y es cierto que todos aborrecieron la afectada oscuridad y los enigmas.

Grande ejemplo es el que trae Erasmo en las Apotegmas de los Filósofos, tratando de Augusto: Maecenas vir alias laudatus, in stilo lasciviebat verbis affectatis et compositione insolenti frequenter indulgens. Augustus contra, verbum insolens quasi scopulum fugiendum esse dicebat: «Mecenas, por otras virtudes varón muy celebrado, escribió con estilo lascivo y afectado, y se dejaba llevar de la composición insolente. Al contrario Augusto, la palabra insolente, decía, se debía huir como escollo». Y refiere que solo cuando escribía a Mecenas, por burlar dél le escribía en aquel lenguaje ridículo; y refiere estas locuciones: Vale, mel gentium, metuelle; ebur ex Hetruria, laser Aretinum, adamas supernas, Tiberinum margaritum, Cilneorum smaragde, jaspis figulorum; esto más fue dar vaya a Mecenas que fin a su carta. Y prosigue la nota: Nec Tiberio pepercit interdum reconditas et obsoletas voces aucupanti. Marcum Antonium increpabat velut ea scribentem, quae homines mirentur potius quam intelligant; «Ni perdonó a Tiberio, que a veces usaba de voces recónditas y por la antigüedad desechadas de la conversación. Reprehendía a Marco Antonio, como a hombre que escribía lo que admirasen los oyentes, y no lo que entendiesen». Este lugar es sentencia contra los que escriben y los que los admiran porque no los entienden, juntándole el lugar que cité de san Jerónimo, habla de la plebe, y dice: Quae quidquid non intelligit plus miratur. «Que admira más lo que no entiende». Y Augusto reprueba en Marco Antonio que escribe antes lo que admiran que lo que entienden. Crédito y respeto se debe al parecer de Augusto, y veneración, cuando le apadrina en esta parte tan gran padre de la Iglesia.

Reprehendió estos escritores, como si hoy los leyera, Francisco Andreini de Pistoya, cómico geloso, en su libro, cuyo título es: Le Bravure del Capitan Spavento, folio 65, página 1: «Io v'intendo voi alle volte usate certe parole che non sono intense cosi da ogn' uno; e fate come fanno certi componitori moderni, i quali gonfiano gli scriti loro d'alcune parole forestiere e composite, che la materia ch'esi trata no diventa non volendo la predica del Piovano Ariotto, la quale non era intesa ne da lui, ne da chi l'ascoltava»; «Hacéis como hacen ciertos poetas modernos, que hinchan sus escritos de algunas palabras forasteras y compuestas, que lo que escriben, sin querer se vuelve plática de Piovano Arlotto, que ni él la entendía ni los que le oían».

Este modo de sentir, con suma elegancia se oye en el donaire de nuestro Marcial, libro X, epigrama XXI:

Scribere te, quae vix intelligat ipse Modestus,

   Et vix Claranus; quid, rogo, Sexte, iuvat?

Non leclore tuis opus est, sed Apolline, libris:

   Iudice te major Cinna Marone fuit.

Sic tua laudentur: sane mea carmina, Sexte,

   Grammaticis placeant, et sine grammaticis.



   ¿Qué aprovecha escribir lo que Modesto

y Clarano entender podrán apenas,

supersticioso Sexto?

No han menester letor tus libros, solo

han menester por adivino a Apolo.

Si lo juzga tu musa peregrina,

mejor poeta que Maron es Cina.

Tal alabanza tus escritos gocen;

pero mis versos, Sexto, yo deseo

que sin gramaticales prevenciones

agraden a los más gramaticones.



Y Estacio, en el libro V de las Silvas (Epicedion in patrem), hablando de los poetas, cuando trata de Licofron, que fue quien en griego enseñó esta seta, dice:

Carmina Battiadae latebrasque Lycophronis atri;


[...] escondrijos del ennegrecido Licofron.



No se pudieron estudiar palabras de mayor oprobio. Latebras atri, «Escondrijos del denegrido Licofron»; y Licofron aun tuvo disculpa, pues escribió un vaticinio, que llama Alexandra. Que la palabra ater es «condenada» en el estilo de los poetas, consta de Horacio en la Arte poética:

Vir bonus et prudens versus reprehendit inertes;

culpabit duros; incomptis allinet atrum

transverso calamo signum; ambitiosa recidet

ornamenta; parum claris lucem dare coget.



Tradúcelos con elegancia el docto y ingenioso Vicente Espinel en sus Rimas:

El varón bueno y de prudente pecho

los versos duros libremente culpa,

los que carecen de arte reprehende;

a los mal adornados, con la pluma

una negra señal los pone encima;

la demasía de ornamento corta;

los poco claros manda que se aclaren.



De suerte que no solo es reprehensible escribir escuro, sino poco claro. No le perdonó esta reprehensión al poeta escuro, en la Alexandra, Falereo cuando dijo; Dictione iniqua. Aristoteles ait, frigidum quatuor modis fieri, scilicet, quando utimur peregrino, et obscuro vocabulo, ut Lycophron, Xerxem, Pelorium hominem; «Con dicción reprobada. Aristóteles dice que la frialdad de cuatro maneras se escribe, conviene a saber: cuando usamos de vocablo peregrino y oscuro, como Licofrón hablando de Jerjes, hombre Pelorio». Súplese esto en Falereo, del tercer libro de la Retórica de Aristóteles; adonde irán por defensa los que escribiendo hoy de galantería a una afición amorosa, escriben estos escondrijos denegridos, cuando Propercio los reprehende, libro I, elegía 9, con tan ingeniosos gritos:

Quid tibi nunc misero prodest grave dicere carmen,

   aut Amphioniae a moenia flere lyrae?

Plus in Amore valet Mimnermi versus Homero,

   carmina mansuetus lenia quaerit Amor.

I, quaeso, et tristes istos depone libellos:

   et scribe quod quaevis nosse puella velit.



Yo con alguna licencia lo imité en estos versos, que pueden pasar por traducción:

   ¿De qué te sirven, di, los versos graves,

ni de Tebas llorar los fuertes muros,

de Troya el fuego, ni los hechos duros

que los griegos hicieron en las naves?

   Mas en amor Mimnermo blando agrada

que docto y grande el sin igual Homero:

condena blando amor el verso fiero,

y dios desnudo pluma ensangrentada.

   Deja pues de llorar la muerte fiera

que a Turno quiso dar el hado adverso;

y escribe en blando y dulce y fácil verso

cosas que cualquier niña entender pueda.



El arte es acomodar la locución al sujeto. Todo lo dijo Petronio Arbitro mejor que todos; oiga vuestra excelencia sin prolijidad la arte poética en dos renglones:

Effugiendum est ab omni verborum (ut ita dicam) vilitate; et sumendae voces a plebe semotae, ut fiat


Odi profanam vulgus, et arceo;



«Hase de huir de toda la vileza de los vocablos, y hanse de escoger las voces apartadas de la plebe, porque se pueda decir: Aborrecí el vulgo profano». Mas débese juntar esto con lo que dijo al principio de su libro (que más parece, según viene a propósito, fingido que citado); él dice con quienes habla: Pace vestra liceat dixisse, primi omnium eloquentiam perdidistis. Levibus eninm, atque inanibus sonis ludibria quaedam excitando, fecistis ut corpus orationis enervaretur, et caderet. Nondum umbraticus doctor ingenia deleverat... Grandis, et ut ita dicam, pudica oratio non est maculosa, nec turgida; sed naturali pulchritudine exurgit. Nuper ventosa istec et enormis loquacitas Athenas ex Asia commigravit; animosque iuvenum ad magna surgentes, veluti pestilenti quodam sidere adflavit, ac ne carmen quidem sani coloris enituit; «Séame lícito decir, con vuestra licencia, que sois los primeros que echaron a perder toda la elocuencia; y componiendo cosas ridículas con vanos y leves sones, hicistes que el cuerpo de la oración desmayado cayese. Aun no había el dotor escuro y sombrío borrado los ingenios... La grande y decorosa oración no es monstruosa y hinchada, antes se endereza con natural hermosura. Poco ha que esta enorme y fanfarrona parlería de Asia vino a Atenas; y los ánimos de los mancebos que se alentaban a grandes empresas los hirió de contagio a manera de pestilencial constelación, y de verdad ni un verso se vio de buen color». Siempre las razones da Petronio en otra pluma echaran menos sus palabras; mas si bien yo las desaliño con mi versión, no las he borrado las señas que da del dotor umbrático, de la parlería fanfarrona y del verso de mal color. Ni sé qué codicia o qué gloria mueve a los charlatanes de mezclas, y a los que escriben taracea de razonar prosa espuria y voces advenedizas y desconocidas, de tal suerte que una cláusula no se entiende con la otra.

No tiene mucha edad este delirio, que pocos años ha que algunos hipócritas de nominativos empezaron a salpicar de latines nuestra habla que, gastando de su caudal, enriqueció a Europa con tan esclarecidos escritores en prosa y en versos; y hoy duran de aquel tiempo muchos que sirven de antídoto con sus obras a la edad, preservándola de la inundación de jerigonzas; y otros que hoy florecen con admiración de las naciones. Sabrosamente y con sazón bien elegante lo dijo Antífanes, hablando de Filogeno, en sus fragmentos: Longe sane, est supra poetas omnes Philogenus. Primum enim nominibus propriis, et communibus utitur ubique; deinde modorum, et cantuum variationibus et chromatis, ut probe Deus in hominibus temperavit; erat peritus ille, et vere musicam tenebat. Qui vero nunc sunt poetae, hederaceos, fontanos et floridos cantus ac numeros vanis nominibus implicantes, edunt alienos modos: utrum cum dicturus sis ollam, dicam torni purgamentum fabrefactum, in alieno matris assatum tecto? an novelli vero gregis in se coagula lactinutria subjungi corpora irretientem? Dic boni scilicet, et necabis me: si mihi notis verbis et plane dicas, carnium ollam, benedices; «Con muchas ventajas es mejor poeta que todos los demás Filoxeno. Lo primero, usa de nombres propios y comunes en cualquiera parte; demás desto, usa de diferentes modos y variedades de cantos y tonos, como Dios elegantemente ordenó con los hombres; era doctísimo, y sabía con eminencia la música. Mas los poetas que se usan, enyedrados, fontanos y floridos, que revuelven los cantos y los números con nombres vanos, -estos sacan composiciones desconocidas: por ventura queriendo decir olla, ¿será bien decir del torno purgamento labrado, hecho de la tierra, cocido en ajeno techo de la madre; o los cuerpos del tierno ganado que juntan en sí los coágulos que apremian mezclados los lactinutrios? Por ventura acabarías conmigo si dijeses con palabras conocidas y claramente: carne en la olla; que era hablar bien». Lugar es ajustado y que dice lo uno y lo otro. Cansose deste lenguaje broma el sumamente elegante Aristófanes, en la comedia intitulada Ranas, que hasta el título de la comedia se apropia al estilo, que hace ruido desapacible y no se entiende, y es, por lo escuro y turbio, música del cieno. Acto 4, escena 2: Omnino igitur decet utiliter nos loqui, Euripides. An ergo licabetos et parnasos cum tu memoras, hoc sit bona et aequa dicere, quem humane loqui convenit? «De todas maneras, conviene hablar bien con utilidad, Eurípides. Por ventura, cuando tú dices licabetos y parnasos ¿es hablar bien y ajustadamente, cuando conviene hablar como humano?».

Excelentísimo señor, hablar como humano llamaban la habla decente y propia a lo que se escribía; así Petronio se burló del poeta: Saepius poetice, quam humano locutus es; «Mas veces has hablado como poeta que como humano». Gravemente afrenta estos fanfarrones de voces Epiteto (apud Arrianum, libro Disertationum) con tales palabras: Scholasticum esse animal quod ab omnibus irridetur; «El culto es animal de quien todos se ríen». No es achaque de mi malicia traducir la palabra escolástico culto: véase lo que dice Ritershusio sobre Salviano en esta propia palabra y sentencia.

De todo esto se asegura quien ama la propiedad y la luz, y la escribe y las razona. Severo censor es Quintiliano, y en el libro 8 de sus Instituciones, capítulo 3, alaba en Virgilio lo que un mal culto usurpador deste buen renombre arrojara por bajo y asqueroso. Virgilio en la Geórgica, libro 4. Saepe exiguus mus: «Muchas veces el pequeño ratón». Pondera el severo Fabio: Nam epitheton exiguus, aptum proprium efficit, ne plus expectaremus; et casus singularis magis decuit, et clausula ipsa unius sylabae non usitata addit gratiam. Imitatus est utrumque Horatius: Nascetur ridiculus mus; «Porque el epíteto pequeño, acomodado y propio previene para que no esperemos más, y el caso singular fue más conveniente, y la cláusula de una sílaba añadió gracia. Las dos cosas imitó Horacio: Nacerá el ridículo ratón».

Diferentes cosas estima Quintiliano que los supersticiosos y legos. En estas cosas se debe imitar a los poetas, no en los achaques que no pudieron excusar por la ley del ritmo: como las transposiciones latinas, que produjo la posición de vocales mudas o líquidas, no el estudio, sino las breves o largas; como se ve:

Inde toro pater Aeneas sic orsus ab alto;



Desde el asiento padre Eneas así hablo alto.



Más ridícula cosa es que el ratón de Horacio, imitar esto, donde no hay la propia condición de ritmo. Y aun desta mala invención no han sido autores los que presumen de serlo; que ya había escrítose esta demasía en España, como se lee en muchas partes del Cancionero general más antiguo, en Boscán y Garcilaso. Alguna vez Francisco de Figueroa dijo:

Estos y bien serán pasos contados.



El capitán Francisco de Aldana, doctísimo español, elegantísimo poeta, valiente y famoso soldado en muerte y en vida, dijo:

Tantas lo viste flores, que parece.



Léese en Soto Barahona y en don Alonso de Ercilla.

En los griegos, por ser las voces de muchas vocales hubo otra necesidad más frecuente que las transposiciones latinas para medir los versos, y fue el partir las voces en el principio de uno y en el fin del otro. Pindarus Olimpia I.

au)h/r tij e)/lpetai/ ti laqe/-

men e)/rdwn, a(marta/nei.



Vir aliquis desiderat quidpiam late-

re faciens, fallitur.



En español se escribiría así:

Si algún varón desea

que alguna cosa que hizo no se se-

pa, engáñase sin duda.



Y en la primera de los Pitios:

Xrusea fo/rmigc, Apo/llw-

noj.



Aurea cithara Apolli-

nis



Y así muchas veces en cada plana, cosa que disuena y bien áspera al oído y a la vista. Y con todo eso Horacio lo imitó una vez, como se ve en sus obras (Carminum libro 4, ode 2):

Pindarum quisquis studet aemulari, I-

ule, ceratis ope Daedalea;



y pocos ringlones más abajo lo hizo otra vez: aquí trataba de que Píndaro era inimitable, y parece ingenio mostrarlo con la imitación que hace dél en esta parte, que él frecuentó tanto, departir las voces. Sin esta necesidad lo hizo Horacio en el libro 2 Carminum, ode 2:

Labitur (ripa love non probante) U-

      xorius amnis.



Y no faltó quien imitase esto. El capitán Francisco de Aldana en unas estancias, reprehendiendo la codicia, dice:

Aguija, corre, ve, camina, perma-

neciendo triste. Etc.



Y nuestro autor el doctísimo fray Luis de León, en la traducción que hizo de la nave de Horacio, cuando juzgó las traducciones de Francisco de Espinosa, de Francisco Sánchez de las Brozas y de Juan de Almeida. Es tal la tercera estancia:

   No tienes vela sana,

no dioses a quien llames en tu amparo,

aunque te precies vana-

mente de tu linaje noble y claro,

y seas, noble pino,

hijo de pino noble en el Euxino.



Es de advertir que esto no lo hicieron por elegante ni agradable; hiciéronlo por la fuerza del consonante, que era vana, y no mente.

De buena gana lloro la satisfacción con que se llaman hoy algunos cultos, siendo temerarios y monstruosos; osando decir que hoy se sabe hablar la lengua castellana, cuando no se sabe dónde se habla, y en las conversaciones aun de los legos tal algarabía se usa, que parece junta de diferentes naciones, y dicen que la enriquecen los que la confunden.

Excelentísimo señor, en mi poder tengo un libro grande del infante don Enrique de Villena, manuscrito, digno de grande estimación; infante a quien la ignorancia popular ha vuelto el túmulo de piedra que tiene su cuerpo en San Francisco desta corte, en redoma. Entre otras obras suyas de grande utilidad y elegancia, hay una de la Gaya ciencia, que es la arte de escribir versos: dotrina y trabajo digno de admiración, por ver con cuánto cuidado en aquel tiempo se estudiaba la lengua castellana, y el vigor y diligencia con que se pulían las palabras y se facilitaba la pronunciación, cuando por mal acompañadas vocales sonaban ásperas o eran equívocas o dejativas a la lengua o al número, añadiendo y quitando letras; estudio de que no hay un otro libro noticia, y que sin ella mal se puede dar razón de las voces tan afectuosas de Las Partidas.

Hoy, señor, por no decir lo que sin asco ni escrúpulo es lícito, hay algunos que dicen lo que es torpe y abominable; Quintiliano lo enseña: Obscena vitabimus et sordida et humilia. Y en el propio libro 8, capítulo 2, acusa a estos que ni saben dejar ni escoger: Nec video quare clarus orator duratos muria pisces, nitidius esse crediderit, quam ipsum id quod vitabat; «Ni veo por qué el claro creyó era mejor decir los peces con la muria, que lo mismo que quería decir». Sea ejemplo, si en España alguno, por excusar la voz cabrito, que es decente, y no es sucia ni vil ni deshonesta, dijese cuerno; que es todo junto con ignominia, y de mala composición de letras.

No tienen en nuestra España, en los grandes y famosos escritores de aquel tiempo, comparación las obras de fray Luis de León, ni en lo serio y útil de los intentos, ni en la dialéctica de los discursos, ni en la pureza de la lengua, ni en la majestad de la dicción, ni en la facilidad de los números; ni en la claridad, virtud de quien hago tres diferencias: esta es su nomenclatura, a)/gno/thj, e)/uxri/neia, e)/na/rgeia.

Encarécela con tales palabras Antonio Lullo, libro 6 De oratione, capítulo 2: Ac de claritate quidem principio dicendum videtur: quae prima semper et maxima virtus existimata est orationis. Hanc alii puritate et castimonia quadam dictionis assequntur, alii explanatione seu distinctione et elegantia; alii demun evidentia, et subjectione eorum ab oculos quae dicuntur; «Lo primero diremos de la claridad, que siempre es la primera y la mayor virtud de la oración. Ésta, unos la alcanzan con cierta pureza y castidad de las dicciones, otros con la explicación, distinción y elegancia; otros, finalmente, con la evidencia, y poniendo delante de los ojos lo que dicen». Por eso, siendo vulgar sentimiento, dijo Virgilio en el 4 de la Eneida:

I, sequere Italiam ventis.



Ve, y sigue a Italia.



Y en otra parte:

Quos ego... Sed motos praestat;



A quien yo... Mas conviene por ahora.



Y al fin:

Hactenus Acca soror, potui.



Y por representar delante do los ojos lo que decía, ni excusó la menudencia en Palinuro:

Madida cum veste gravatum;


Cargado con mojada vestidura;



y en Dido:

Ter sese adtollens cubitoque innixa levavit:

ter revoluta toro est.



Tres veces afirmándose en el codo

procuró levantarse.



Y el repetir se, se, «así, así», es poner delante de los ojos las acciones.

Largo ha sido mi discurso, y con todo no llega a medirse con la raíz que ha echado esta cizaña de nuestra habla. No hago cargo a la grandeza de vuestra excelencia, de que por elección mía le dedico escritos de tanto precio, señor; antes ha sido necesidad forzada, porque no conozco otro que con tal afecto y estimación haya admitido autores desta nota, ni quien deje de molestar la atención ajena, hablando o escribiendo, con estas demasías mendigadas, si no es vuestra excelencia.

Estas obras se dividen en propias, y estas en morales o espirituales. Las ajenas, en traducciones de Horacio, Píndaro, Virgilio, Petrarca, Monseñor de la Casa, que es la parte segunda. La tercera, en perífrasis de salmos y cánticos, y capítulos de Job y de los Proverbios. Tan decente volumen obligación fue darle a vuestra excelencia, que con solo recebirle aniquilará la licencia en escribir; pues moderando esta desorden sabrosa, y acogiendo obras como estas (todas de virtud, y todas verdaderamente doctas), la esclarecida memoria de vuestra excelencia tendrá pública aclamación; y el estilo descaminado y extraño, castigo autorizado y eficaz, que en los que hallare vergüenza dejará enmienda.

Dé Dios a vuestra excelencia su gracia y larga vida, con buena salud, y le defienda de todo mal. En Madrid, 21 de julio 1629. -Excelentísimo Señor. -Besa a vuecelencia la mano. - Don Francisco de Quevedo Villegas.

Dedicatoria de fray Luis de León a don Pedro Portocarrero

Entre las ocupaciones de mis estudios, en mi mocedad y casi en mi niñez, se me cayeron como de entre las manos estas obrecillas, a las cuales me apliqué más por inclinación de mi estrella que por juicio o voluntad. No porque la Poesía, mayormente si se emplea en argumentos debidos, no sea digna de cualquier persona y de cualquier nombre -de lo cual es argumento que convence haber usado Dios della en muchas partes de sus Sagrados Libros, como es notorio-, sino porque conocía los juicios errados de nuestras gentes, y su poca inclinación a todo lo que tiene alguna luz de ingenio o de valor; y entendía las artes y mañas de la ambición y del estudio, del interés propio y de la presunción ignorante, que son plantas que nacen siempre y crecen juntas, y se enseñorean agora de nuestros tiempos.

Y ansí tenía por vanidad excusada, a costa de mi trabajo, ponerme por blanco a los golpes de mil juicios desvariados, y dar materia de hablar a los que no viven de otra cosa. Y señaladamente, siendo yo de mi natural tan aficionado al vivir encubierto, que después de tantos años como ha que vine a este Reino, son tan pocos los que me conocen en él, que, como Vuestra Merced sabe, se pueden contar por los dedos, por esta causa, nunca hice caso de esto que compuse, ni gasté en ello más tiempo del que tomaba para olvidarme de otros trabajos, ni puse en ello más estudio del que merecía lo que nacía para nunca salir a luz; de lo cual ello mismo y las faltas que en ello hay, dan suficiente testimonio.

Pero como suele acontecer a algunos mozos que, maltratados de los padres o ayos, se meten frailes, así estas mis mocedades, teniéndose como por desechadas de mí, se pusieron, según parece, en religión, y tomaron nombre y hábito muy más honrado del que ellas merecían, y han andado debajo dél muchos días en los ojos y en las manos de muchas gentes, haciendo agravio a una persona religiosa y bien conocida de Vuestra Merced, a quien se allegaron, con la cual yo en los años pasados tuve estrecha amistad, y no la nombro aquí por no agravialla más. La ocasión deste error Vuestra Merced la sabe; y porque es para pocos, y decilla aquí sería comunicalla con muchos, no la digo. Basta saber que la persona que he dicho, por condescender con mi gusto, que era vivir desconocido, disimuló, hasta que, fatigado ya con otras cosas que la malicia y envidia de algunos hombres pusieron a sus cuestas -de las cuales Dios le descargó como se ha parecido-, trató conmigo que, si no me era pesado, le librase yo también desta carga.

Si el reconocer mis obras y el publicarme por ellas fuera poner la vida en condición, en un ruego y demanda tan justa lo hiciera; y no aventurando en ello cosa que importe más que es vencer un gusto mío particular, si lo rehusara, no me tuviera por hombre. Y así lo hice, o por mejor decir lo hago agora. Y recogiendo a este mi hijo perdido, y apartándole de mil malas compañías que se le habían juntado, y enmendándole de otros tantos malos siniestros que había cobrado con el andar vagueando, le vuelvo a mi casa y recibo por mío. Y porque no se queje de mí, que le he sacado de la Iglesia adonde él se tenía por seguro, envíole a Vuestra Merced para que le ampare como cosa suya, pues yo lo soy; que con tal trueque bien sé que perderá la queja y se tendrá por dichoso.

Son tres partes las deste libro. En la una van las cosas que yo compuse mías. En las dos postreras, las que traduje de otras lenguas, de autores así profanos como sagrados. Lo profano va en la segunda parte, y lo sagrado, que son algunos salmos y capítulos de Job, van en la tercera.

De lo que yo compuse juzgará cada uno a su voluntad; de lo que es traducido, el que quisiere ser juez, pruebe primero qué cosa es traducir poesías elegantes de una lengua extraña a la suya, sin añadir ni quitar sentencia y guardar cuanto es posible las figuras del original y su donaire, y hacer que hablen en castellano y no como extranjeras y advenedizas, sino como nacidas en él y naturales. No digo que lo he hecho yo, ni soy tan arrogante, mas helo pretendido hacer, y así lo confieso. Y el que dijere que no lo he alcanzado, haga prueba de sí, y entonces podrá ser que estime mi trabajo más; al cual yo me incliné sólo por mostrar que nuestra lengua recibe bien todo lo que se le encomienda, y que no es dura ni pobre, como algunos dicen, sino de cera y abundante para los que la saben tratar.

Mas esto caiga como cayere, que yo no curo mucho dello; sólo deseo agradar a Vuestra Merced, a quien siempre pretendo servir. Y el que no me conociere por mi nombre, conózcame por esto, que es solamente de lo que me precio, y lo que, si en mí hay cosa buena, tiene algún valor.

Libro primero

Obras propias

Vida retirada

    ¡Qué descansada vida

la del que huye el mundanal rüido,

y sigue la escondida

senda, por donde han ido

los pocos sabios que en el mundo han sido!
5

    Que no le enturbia el pecho

de los soberbios grandes el estado,

ni del dorado techo

se admira, fabricado

del sabio moro, en jaspes sustentado.
10

    No cura si la Fama

canta con voz su nombre pregonera,

ni cura si encarama

la lengua lisonjera

lo que condena la verdad sincera.
15

    ¿Qué presta a mi contento,

si soy del vano dedo señalado;

si en busca deste viento

ando desalentado

con ansias vivas, con mortal cuidado?
20

    ¡Oh monte, oh fuente, oh río!

¡Oh, secreto seguro, deleitoso!

Roto casi el navío,

a vuestro almo reposo

huyo de aqueste mar tempestuoso.
25

    Un no rompido sueño,

un día puro, alegre, libre quiero;

no quiero ver el ceño

vanamente severo

de a quien la sangre ensalza o el dinero.
30

    Despiértenme las aves

con su cantar sabroso, no aprendido;

no los cuidados graves

de que es siempre seguido

el que al ajeno arbitrio está atenido.
35

    Vivir quiero conmigo,

gozar quiero del bien que debo al cielo,

a solas, sin testigo,

libre de amor, de celo,

de odio, de esperanzas, de recelo.
40

    Del monte en la ladera

por mi mano plantado tengo un huerto,

que con la primavera,

de bella flor cubierto,

ya muestra en esperanza el fruto cierto.
45

    Y como codiciosa

por ver y acrecentar su hermosura,

desde la cumbre airosa

una fontana pura

hasta llegar corriendo se apresura.
50

    Y luego, sosegada,

el paso entre los árboles torciendo,

el suelo de pasada

de verdura vistiendo

y con diversas flores va esparciendo.
55

    El aire el huerto orea

y ofrece mil olores al sentido,

los árboles menea

con un manso rüido,

que del oro y del cetro pone olvido.
60

    Ténganse su tesoro

los que de un flaco leño se confían;

no es mío ver el lloro

de los que desconfían

cuando el cierzo y el ábrego porfían.
65

    La combatida antena

cruje, y en ciega noche el claro día

se torna; al cielo suena

confusa vocería,

y la mar enriquecen a porfía.
70

    A mí una pobrecilla

mesa, de amable paz bien abastada

me baste; y la vajilla

de fino oro labrada

sea de quien la mar no teme airada.
75

    Y mientras miserable-

mente se están los otros abrasando

con sed insacïable

del no durable mando,

tendido yo a la sombra esté cantando.
80

    A la sombra tendido,

de yedra y lauro eterno coronado,

puesto el atento oído

al son dulce, acordado,

del plectro sabiamente meneado.
85


A don Pedro Portacarrero

    Virtud, hija del cielo,

la más ilustre empresa de la vida,

en el escuro suelo

luz tarde conocida,

senda que guía al bien poco seguida;
5

    tú dende la hoguera,

al cielo levantaste al fuerte Alcides;

tú en la más alta esfera

con las estrellas mides

al Cid, clara victoria de mil lides.
10

    Por ti el paso desvía

de la profunda noche, y resplandece

muy más que el claro día

de Leda el parto y crece

el Córdoba a las nubes y florece.
15

    Y por tu senda agora

traspasa luengo espacio con ligero

pie y ala voladora

el gran Portocarrero,

osado de ocupar el bien primero.
20

    Del vulgo se descuesta

hollando sobre el oro; firme aspira

a lo alto de la cuesta;

ni violencia de ira,

ni dulce y blando engaño le retira.
25

    Ni mueve más ligera,

ni más igual divide por derecha

el aire y fiel carrera,

o la traciana flecha,

o la bola tudesca un fuego hecha.
30

    En pueblo inculto y duro

induce poderoso igual costumbre,

y do se muestra escuro

el cielo, enciende lumbre,

valiente a ilustrar más alta cumbre.
35

    Dichosos los que baña

el Miño, los que el mar monstruoso cierra

dende la fiel montaña

hasta el fin de la tierra,

los que desprecia de Eume la alta sierra.
40


A Francisco de Salinas

    El aire se serena

y viste de hermosura y luz no usada,

Salinas, cuando suena

la música extremada

por vuestra sabia mano gobernada.
5

    A cuyo son divino

el alma, que en olvido está sumida,

torna a cobrar el tino

y memoria perdida

de su origen primera esclarecida.
10

    Y como se conoce,

en suerte y pensamiento se mejora;

el oro desconoce

que el vulgo vil adora,

la belleza caduca engañadora.
15

    Traspasa el aire todo

hasta llegar a la más alta esfera

y oye allí otro modo

de no perecedera

música, que es la fuente y la primera.
20

    Ve cómo el gran Maestro,

a aquesta inmensa cítara aplicado,

con movimiento diestro

produce el son sagrado,

con que este eterno templo es sustentado.
25

    Y como está compuesta

de números concordes, luego envía

consonante respuesta;

y entre ambos a porfía

se mezcla una dulcísima armonía.
30

    Aquí el alma navega

por un mar de dulzura, y finalmente,

en él ansí se anega,

que ningún accidente

extraño y peregrino oye o siente.
35

    ¡Oh desmayo dichoso!

¡Oh muerte que das vida! ¡Oh dulce olvido!

¡Durase en tu reposo,

sin ser restituido

jamás a aqueste bajo y vil sentido!
40

    A este bien os llamo,

gloria del apolíneo sacro coro,

amigos, a quien amo

sobre todo tesoro,

que todo lo visible es triste lloro.
45

    ¡Oh, suene de contino,

Salinas, vuestro son en mis oídos,

por quien al bien divino

despiertan los sentidos,

quedando a lo demás adormecidos!
50


Canción al nacimiento de la hija del Marqués de Alcañices

    Inspira nuevo canto,

Calíope, en mi pecho aqueste día,

que de los Borjas canto

y Enríquez la alegría

del rico don que el cielo les envía.
5

    Hermoso sol luciente,

que el día das y llevas, rodeado

de luz resplandeciente

más de lo acostumbrado,

sal, y verás nacido tu traslado.
10

    O si te place agora

en la región contraria hacer manida,

detente allá en buen hora,

que con la luz nacida

podrá ser nuestra esfera esclarecida.
15

    Alma divina, en velo

de femeniles miembros encerrada,

cuando veniste al suelo

robaste de pasada

la celestial riquísima morada.
20

    Diéronte bien sin cuento,

con voluntad concorde y amorosa,

quien rige el movimiento

sexto, con la alta dïosa

de la tercera rueda poderosa.
25

    De tu belleza rara

el envidioso viejo mal pagado

torció el paso y la cara,

y el fiero Marte airado

el camino dejó desocupado.
30

    Y el rojo y crespo Apolo,

que tus pasos guiando descendía

contigo al bajo polo,

la cítara hería

y con divino canto ansí decía:
35

    «Desciende en punto bueno,

espíritu real, al cuerpo hermoso,

que en el ilustre seno

te espera deseoso,

por dar a tu valor digno reposo.
40

    Él te dará la gloria,

que en el terreno cerco es más tenida,

de agüelos larga historia,

por quien la no sumida

nave, -por quien la España fue regida.
45

    Tú dale, en cambio desto,

de los eternos bienes la nobleza,

deseo alto, honesto,

generosa grandeza,

claro saber, fe llena de pureza.
50

    En su rostro se vean

de tu beldad sin par vivas señales;

los sus dos ojos sean

dos luces celestiales,

que guíen al bien sumo a los mortales.
55

    El cuerpo delicado,

como cristal lucido y transparente,

tu gracia y bien sagrado,

tu luz, tu continente

a sus dichosos siglos represente.
60

    La soberana agüela,

dechado de virtud y hermosura,

la tía, de quien vuela

la fama, en quien la dura

muerte mostró lo poco que el bien dura.
65

    Con todas cuantas precio

de gracia y de belleza hayan tenido,

serán por ti en desprecio

y puestas en olvido,

cual hace la verdad con lo fingido.
70

    ¡Ay tristes, ay, dichosos

los ojos que te vieren! Huyan luego,

si fueren poderosos,

antes que prenda el fuego,

contra quien no valdrá ni oro ni ruego.
75

    Ilustre y tierna planta,

gozo del claro tronco y generoso,

creciendo te levanta

a estado el más dichoso,

de cuantos dio ya el cielo venturoso».
80


A Felipe Ruiz

De la Avaricia

    En vano el mar fatiga

la vela portuguesa, que ni el seno

de Persia, ni la amiga

Maluca da árbol bueno,

que pueda hacer un ánimo sereno.
5

    No da reposo al pecho,

Felipe, ni la India, ni la rara

esmeralda provecho;

que más tuerce la cara

cuanto posee más el alma avara.
10

    Al capitán romano

la vida, y no la sed, quitó el bebido

tesoro persïano;

y Tántalo, metido

en medio de las aguas, afligido
15

    de sed está; y más dura

la suerte es del mezquino, que sin tasa

se cansa ansí, y endura

el oro, y la mar pasa

osado, y no osa abrir la mano escasa,
20

    ¿Qué vale el no tocado

tesoro, si corrompe el dulce sueño,

si estrecha el ñudo dado,

si más enturbia el ceño,

y deja en la riqueza pobre al dueño?
25


De la Magdalena

    Elisa, ya el preciado

cabello, que del oro escarnio hacía,

la nieve ha demudado:

¡Ay! ¿Yo no te decía:

«Recoge, Elisa, el pie, que vuela el día»?
5

    Ya los que prometían

durar en tu servicio eternamente,

ingratos se desvían

por no mirar la frente

con rugas afeada, el negro diente.
10

    ¿Qué tienes del pasado

tiempo sino dolor? ¿Cuál es el fruto

que tu labor te ha dado,

si no es tristeza y luto,

y el alma hecha sierva al vicio bruto?
15

    ¿Qué fe te guarda el vano,

por quien tú no guardaste la debida

a tu bien soberano,

por quien mal proveída

perdiste de tu seno la querida
20

    prenda; por quien velaste;

por quien ardiste en celos; por quien uno

el cielo fatigaste

con gemido importuno;

por quien nunca tuviste acuerdo alguno
25

    de ti misma? Y agora

rico de tus despojos, más ligero,

que el ave huye, y adora

a Lida el lisonjero;

tú quedas entregada al dolor fiero.
30

    ¡Oh, cuánto mejor fuera

el don de hermosura que del cielo

te vino, a cuyo era

habello dado en velo

santo, guardado bien del polvo y suelo!
35

    Mas hora no hay tardía;

tanto nos es el cielo piadoso,

mientras que dura el día;

el pecho hervoroso

en breve del dolor saca reposo.
40

    Que la gentil señora

de Mágdalo, bien que perdidamente

dañada, en breve hora

con el amor ferviente

las llamas apagó del fuego ardiente.
45

    Las llamas del malvado

amor con otro amor más encendido;

y consiguió el estado,

que no fue concedido

al huésped arrogante, en bien fingido.
50

    De amor guiada y pena,

penetra el techo extraño, y atrevida

ofrécese a la ajena

presencia, y sabia olvida

el ojo mofador, busca la vida.
55

    Y toda derrocada

a los divinos pies que la traían,

lo que la en sí fiada

gente olvidado habían,

sus manos, boca y ojos lo hacían.
60

    Lavaba, larga en lloro

al que su torpe mal lavando estaba;

limpiaba con el oro,

que la cabeza ornaba

a su limpieza, y paz a su paz daba.
65

    Decía: «Sólo amparo

de la miseria extrema, medicina

de mi salud, reparo

de tanto mal, inclina

a aqueste cieno tu piedad divina.
70

    ¡Ay!, ¿Qué podrá ofrecerte

quien todo lo perdió? Aquestas manos

osadas de ofenderte,

aquestos ojos vanos

te ofrezco, y estos labios tan profanos.
75

    La que sudó en tu ofensa

trabaje en tu servicio, y de mis males

proceda mi defensa;

mis ojos, dos mortales

fraguas, dos fuentes sean manantiales.
80

    Bañen tus pies mis ojos;

límpienlos mis cabellos; de tormento

mi boca, y red de enojos

les dé besos sin cuento:

y lo que me condena te presento.
85

    Preséntote un sujeto

tan mortalmente herido, cual conviene,

do un médico perfeto

de cuanto saber tiene

dé muestra, que por siglos mil resuene».
90


Profecía del Tajo

    Folgaba el rey Rodrigo

con la hermosa Cava en la ribera

del Tajo, sin testigo;

el pecho sacó fuera

el río, y le habló desta manera:
5

    «En mal punto te goces,

injusto forzador; que ya el sonido

oyo ya, y las voces,

las armas, el bramido

de Marte, de furor y ardor ceñido.
10

    ¡Ay, esa tu alegría

qué llantos acarrea! ¡Y esa hermosa,

que vio el sol en mal día,

a España, ay, cuán llorosa,

y al cetro de los Godos, cuán costosa!
15

    Llamas, dolores, guerras,

muertes, asolamientos, fieros males

entre tus brazos cierras,

trabajos inmortales

a ti y a tus vasallos naturales.
20

    A los que en Constantina

rompen el fértil suelo, a los que baña

el Ebro, a la vecina

Sansueña, a Lusitana,

a toda la espaciosa y triste España.
25

    Ya dende Cádiz llama

el injuriado Conde, a la venganza

atento y no a la fama,

la bárbara pujanza,

en quien para tu daño no hay tardanza.
30

    Oye que al cielo toca

con temeroso son la trompa fiera,

que en África convoca

el moro a la bandera,

que al aire desplegada va ligera.
35

    La lanza ya blandea

el árabe cruel, y hiere el viento,

llamando a la pelea;

innumerable cuento

de escuadras juntas veo en un momento.
40

    Cubre la gente el suelo;

debajo de las velas desparece

la mar; la voz al cielo

confusa y varia crece,

el polvo roba el día y le escurece.
45

    ¡Ay, que ya presurosos

suben las largas naves! ¡Ay, que tienden

los brazos vigorosos

a los remos, y encienden

las mares espumosas por do hienden!
50

    El Eolo derecho

hinche la vela en popa, y larga entrada

por el Hercúleo Estrecho

con la punta acerada

el gran padre Neptuno da a la armada.
55

    ¡Ay, triste! ¿Y aún te tiene

el mal dulce regazo? ¿Ni llamado

al mal que sobreviene

no acorres? ¿Ocupado

no ves ya el puerto a Hércules sagrado?
60

    Acude, acorre, vuela,

traspasa el alta sierra, ocupa el llano;

no perdones la espuela,

no des paz a la mano,

menea fulminando el hierro insano.
65

    ¡Ay, cuánto de fatiga!

¡Ay, cuánto de sudor está presente

al que viste loriga,

al infante valiente,

a hombres y a caballos juntamente!
70

    ¡Y tú, Betis divino,

de sangre ajena y tuya amancillado,

darás al mar vecino

cuánto yelmo quebrado,

cuánto cuerpo de nobles destrozado!
75

    El furibundo Marte

cinco luces las haces desordena,

igual a cada parte;

la sexta ¡ay! te condena,

¡oh, cara patria!, a bárbara cadena».
80


Noche serena

A Diego Oloarte

    Cuando contemplo el cielo

de innumerables luces adornado,

y miro hacia el suelo

de noche rodeado,

en sueño y en olvido sepultado;
5

    el amor y la pena

despiertan en mi pecho un ansia ardiente,

despiden larga vena

los ojos, hechos fuente,

Oloarte, y digo al fin con voz doliente:
10

    «Morada de grandeza,

templo de claridad y hermosura,

el alma, que a tu alteza

nació, ¿qué desventura

la tiene en esta cárcel baja, escura?
15

    ¿Qué mortal desatino

de la verdad aleja así el sentido,

que de tu bien divino

olvidado, perdido,

sigue la vana sombra, el bien fingido?
20

    El hombre está entregado

al sueño, de su suerte no cuidando,

y con paso callado

el cielo, vueltas dando,

las horas del vivir le va hurtando.
25

    ¡Ay, despertad, mortales,

mirad con atención en vuestro daño!

Las almas inmortales,

hechas a bien tamaño,

¿podrán vivir de sombra y solo engaño?
30

    ¡Ay, levantad los ojos

a aquesta celestial eterna esfera!;

burlaréis los antojos

de aquesa lisonjera

vida, con cuanto teme y cuanto espera.
35

    ¿Es más que un breve punto

el bajo y torpe suelo, comparado

con ese gran trasunto,

do vive mejorado

lo que es, lo que será, lo que ha pasado?
40

    Quien mira el gran concierto

de aquestos resplandores eternales,

su movimiento cierto,

sus pasos desiguales,

y en proporción concorde tan iguales:
45

    la luna cómo mueve

la plateada rueda, y va en pos della

la luz do el saber llueve,

y la graciosa estrella

de Amor le sigue reluciente y bella;
50

    y cómo otro camino

prosigue el sanguinoso Marte airado,

y el Júpiter benino,

de bienes mil cercado,

serena el cielo con su rayo amado.
55

    Rodéase en la cumbre

Saturno, padre de los siglos de oro;

tras él la muchedumbre

del reluciente coro

su luz va repartiendo y su tesoro.
60

    ¿Quién es el que esto mira

y precia la bajeza de la tierra,

y no gime y suspira,

y rompe lo que encierra

el alma, y destos bienes la destierra?
65

    Aquí vive el contento,

aquí reina la paz; aquí, asentado

en rico y alto asiento,

está el amor sagrado

de glorias y deleites rodeado.
70

    Inmensa hermosura

aquí se muestra toda y resplandece

clarísima luz pura,

que jamás anochece;

eterna primavera aquí florece.
75

    ¡Oh campos verdaderos!

¡Oh prados con verdad frescos y amenos!

¡Riquísimos mineros!

¡Oh deleitosos senos!

¡Repuestos valles de mil bienes llenos!
80


Las serenas

A Querinto

    No te engañe el dorado

vaso, ni de la puesta al bebedero

sabrosa miel cebado,

dentro al pecho, ligero,

Querinto, no traspases el postrero
5

    asensio. Ten dudosa

la mano liberal, que esa azucena,

esa purpúrea rosa

que el sentido enajena,

tocada, pasa al alma y la envenena.
10

    Retira el pie, que asconde

sierpe mortal el prado, aunque florido,

los ojos roba; adonde

aplace más, metido

el engañoso lazo está, ascondido.
15

    Pasó tu primavera;

ya la madura edad te pide el fruto

de gloria verdadera.

¡Ay, pon del cieno bruto

los pasos en lugar firme y enjuto!
20

    Antes que la engañosa

Circe, del corazón apoderada,

con copa ponzoñosa

el alma transformada,

te junte, nueva fiera, a su manada.
25

    No es dado al que allí asienta,

si ya el cielo dichoso no le mira,

huir la torpe afrenta;

o arde oso en ira,

o hecho jabalí gime y suspira.
30

    No fíes en viveza,

atiende al sabio rey solimitano;

no vale fortaleza,

que al vencedor gazano

condujo a triste fin femenil mano.
35

    Imita al alto griego

que, sabio, no aplicó la noble entena

al enemigo ruego

de la blanda Serena,

por do por siglos mil su fama suena.
40

    Decía conmoviendo

el aire en dulce son: «La vela inclina,

que del viento huyendo

por los mares camina,

Ulises, de los griegos luz divina.
45

    Allega, y da reposo

al inmortal cuidado, y entretanto

conocerás curioso

mil historias que canto;

que todo navegante hace otro tanto.
50

    Todos de su camino

tuercen a nuestra voz y, satisfecho

con el cantar divino

el deseoso pecho,

a sus tierras se van con más provecho.
55

    Que todo lo sabemos

cuanto contiene el suelo, y la reñida

guerra te cantaremos

de Troya y su caída,

por Grecia y por los dioses destruida».
60

    Ansí falsa cantaba

ardiendo en crueldad; mas él, prudente,

el camino atajaba

a la voz en su gente

con la aplicada cera suavemente.
65

    Si a ti se presentare,

los ojos, sabio, cierra; firme atapa

la oreja, si llamare;

si prendiere la capa,

huye; que sólo aquel que huye escapa.
70


A Felipe Ruiz

    ¿Cuándo será que pueda,

libre desta prisión volar al cielo,

Felipe, y en la rueda

que huye más del suelo,

contemplar la verdad pura sin duelo?
5

    Allí, a mi vida junto,

en luz resplandeciente convertido,

veré distinto y junto

lo que es y lo que ha sido,

y su principio propio y escondido.
10

    Entonces veré cómo

la soberana mano echó el cimiento

tan a nivel y plomo,

do estable y firme asiento

posee el pesadísimo elemento.
15

    Veré las inmortales

columnas do la tierra está fundada,

las lindes y señales

con que a la mar airada

la Providencia tiene aprisionada;
20

    por qué tiembla la tierra,

por qué las hondas mares se embravecen;

dó sale a mover guerra

el cierzo, y por qué crecen

las aguas del Océano y descrecen;
25

    de dó manan las fuentes;

quién ceba y quién bastece de los ríos

las perpetuas corrientes;

de los helados fríos

veré las causas, y de los estíos;
30

    las soberanas aguas

del aire en la región quién las sostiene;

de los rayos las fraguas;

dó los tesoros tiene

de nieve Dios, y el trueno de dó viene.
35

    ¿No ves, cuando acontece

turbarse el aire todo en el verano?

El día se ennegrece,

sopla el gallego insano

y sube hasta el cielo el polvo vano.
40

    Y entre las nubes mueve

su carro Dios, ligero y reluciente;

horrible son conmueve,

relumbra fuego ardiente,

treme la tierra, humíllase la gente.
45

    La lluvia baña el techo,

envían largos ríos los collados;

su trabajo deshecho,

los campos anegados

miran los labradores espantados.
50

    Y de allí levantado

veré los movimientos celestiales,

ansí el arrebatado

como los naturales,

las causas de los hados, las señales.
55

    Quién rige las estrellas

veré, y quién las enciende con hermosas

y eficaces centellas;

por qué están las dos Osas,

de bañarse en el mar siempre medrosas.
60

    Veré este fuego eterno,

fuente de vida y luz, dó se mantiene;

y por qué en el invierno

tan presuroso viene,

por qué en las noches largas se detiene.
65

    Veré sin movimiento

en la más alta esfera las moradas

del gozo y del contento,

de oro y luz labradas,

de espíritus dichosos habitadas.
70


Al licenciado Juan de Grial

    Recoge ya en el seno

el campo su hermosura; el cielo aoja

con luz triste el ameno

verdor, y hoja a hoja

las cimas de los árboles despoja.
5

    Ya Febo inclina el paso

al resplandor egeo; ya del día

las horas corta escaso;

ya Eolo, al mediodía

soplando espesas nubes nos envía.
10

    Ya el ave vengadora

del Íbico navega los nublados,

y con voz ronca llora;

y el yugo al cuello atados

los bueyes van rompiendo los sembrados.
15

    El tiempo nos convida

a los estudios noble, y la Fama,

Grïal, a la subida

del sacro monte llama,

do no podrá subir la postrer llama.
20

   Alarga el bien guiado

paso, y la cuesta vence, y sólo gana

la cumbre del collado;

y do más pura mana

la fuente, satisfaz tu ardiente gana.
25

    No cures si el perdido

error admira el oro, y va sediento

en pos de un bien fingido,

que no ansí vuela el viento,

cuanto es fugaz y vano aquel contento.
30

    Escribe lo que Febo

te dicta favorable, que lo antiguo

iguala y pasa el nuevo

estilo; y, caro amigo,

no esperes que podré atener contigo.
35

    Que yo de un torbellino

traidor acometido y derrocado

de en medio del camino

al hondo, el plectro amado

y del vuelo las alas he quebrado.
40


A Felipe Ruiz

Del moderado y constante

    ¿Qué vale cuanto vee

do nace y do se pone el sol luciente,

lo que el Indio posee,

lo que da el claro Oriente

con todo lo que afana la vil gente?
5

    El uno, mientras cura

dejar rico descanso a su heredero,

vive en pobreza dura,

y perdona al dinero,

y contra sí se muestra crudo y fiero.
10

    El otro, que sediento

anhela al señorío, sirve ciego,

y por subir su asiento,

abájase a vil ruego,

y de la libertad va haciendo entrego.
15

    Quien de dos claros ojos,

y de un cabello de oro se enamora,

compra con mil enojos

una menguada hora,

un gozo breve que sin fin se llora.
20

    Dichoso el que se mide,

Felipe, y de la vida el gozo bueno

a sí solo lo pide,

y mira como ajeno

aquello que no está dentro en su seno.
25

    Si resplandece el día,

si Eolo su reino turba, ensaña,

el rostro no varía;

y si la alta montaña

encima le viniere, no le daña.
30

    Bien como la ñudosa

carrasca, en alto risco desmochada

con hacha poderosa,

del ser despedazada

del hierro torna rica y esforzada.
35

    Querrás hundille, y crece

mayor que de primero; y si porfía

la lucha, más florece,

y firme al suelo envía

al que por vencedor ya se tenía.
40

    Exento a todo cuanto

presume la fortuna, sosegado

está y libre de espanto

ante el tirano airado,

de hierro, de crueza y fuego armado.
45

    «El fuego -dice- enciende;

aguza el hierro crudo, rompe y llega;

y, si me hallares, prende,

y da a tu hambre ciega

su cebo deseado y la sosiega.
50

    ¿Qué estás? ¿No ves el pecho

desnudo, flaco, abierto? ¡Oh! ¿No te cabe

en puño tan estrecho

el corazón, que sabe

cerrar cielos y tierra con su llave?
55

    Ahonda más adentro;

desvuelva las entrañas el insano

puñal, penetra al centro:

mas es trabajo vano;

jamás me alcanzará tu corta mano.
60

    Rompiste mi cadena

ardiendo por prenderme; al gran consuelo

subido he por tu pena;

ya suelto, encumbro el vuelo,

traspaso sobre el aire, huello el cielo».
65


De la vida del cielo

    Alma región luciente,

prado de bienandanza que ni al yelo

ni con el rayo ardiente

falleces, fértil suelo,

producidor eterno de consuelo:
5

    de púrpura y de nieve

florida la cabeza coronado,

a dulces pastos mueve

sin honda ni cayado,

el Buen Pastor en ti su hato amado.
10

    Él va, y en pos dichosas

le siguen sus ovejas do las pace

con inmortales rosas,

con flor que siempre nace,

y cuanto más se goza más renace.
15

    Ya dentro a la montaña

del alto bien las guía; ya en la vena

del gozo, fiel las baña

y les da mesa llena,

pastor y pasto Él solo y suerte buena.
20

    Y de su esfera cuando

la cumbre toca, altísimo subido

el sol, Él sesteando,

de su hato ceñido,

con dulce son deleita el santo oído.
25

    Toca el rabel sonoro,

y el inmortal dulzor al alma pasa,

con que envilece el oro,

y ardiendo se traspasa,

y lanza en aquel bien libre de tasa.
30

    ¡Oh son, oh voz, siquiera

pequeña parte alguna decendiese

en mi sentido, y fuera

de sí el alma pusiese

y toda en ti, oh, Amor, la convirtiese!
35

    Conocería dónde

sesteas, dulce Esposo, y desatada

desta prisión adonde

padece, a tu manada

viviera junta, sin vagar errada.
40


Al apartamiento

    ¡Oh ya seguro puerto

de mi tan luengo error! ¡Oh, deseado

para reparo cierto

del grave mal pasado,

reposo dulce, alegre, descansado!
5

    Techo pajizo, adonde

jamás hizo morada el enemigo

cuidado, ni se asconde

envidia en rostro amigo,

ni voz perjura, ni mortal testigo;
10

    sierra, que vas al cielo

altísima, y que gozas del sosiego

que no conoce el suelo,

adonde el vulgo ciego

ama el morir ardiendo en vivo fuego.
15

    Recíbeme en tu cumbre,

recíbeme, que huyo perseguido

la errada muchedumbre,

el trabajar perdido,

la falsa paz, el mal no merecido;
20

    y do está más sereno

el aire me coloca, mientras curo

los daños del veneno

que bebí mal seguro,

mientras el mancillado pecho apuro;
25

    mientras que poco a poco

borro de la memoria cuanto impreso

dejó allí el vivir loco,

por todo su proceso

vario entre gozo vano y casi avieso.
30

    En ti, casi desnudo

deste corporal velo, y de la asida

costumbre roto el ñudo,

traspasaré la vida

en gozo, en paz, en luz no corrompida.
35

    De ti en el mar sujeto

con lástima los ojos inclinando,

contemplaré el aprieto

del miserable bando

que las saladas ondas va cortando.
40

    El uno, que surgía

alegre ya en el puerto, salteado

del bravo soplo, guía

en alta mar lanzado,

apenas el navío desarmado;
45

    el otro, en la encubierta

peña rompe la nave, que al momento

el hondo pide abierta;

al otro calma el viento;

otro en las bajas sirtes hace asiento;
50

    a otros roba el claro

día, y el corazón el aguacero;

ofrecen al avaro

Neptuno su dinero;

otro nadando huye el morir fiero.
55

    Esfuerza, opón el pecho;

mas, ¿cómo será parte un afligido

que va, el leño deshecho,

de flaca tabla asido,

contra un abismo inmenso embravecido?
60

    ¡Ay, otra vez, y ciento

otras, seguro puerto deseado!,

no me falte tu asiento

y falte cuanto amado,

cuanto del ciego error es codiciado.
65


A don Pedro Portacarrero

    No siempre es poderosa,

Carrero, la maldad, ni siempre atina

la envidia ponzoñosa,

y la fuerza sin ley que más se empina

al fin la frente inclina:
5

que quien se opone al cielo,

cuando más alto sube viene al suelo.

    Testigo es manifiesto

el parto de la Tierra mal osado,

que cuando tuvo puesto
10

un monte encima de otro y levantado,

al hondo derrocado,

sin esperanza gime

debajo su edificio que le oprime.

    Si ya la niebla fría
15

al rayo que amanece odiosa ofende,

y contra el claro día

las alas escurísimas extiende,

no alcanza lo que emprende,

al fin y desparece,
20

y el sol puro en el cielo resplandece.

    No pudo ser vencida,

ni lo será jamás, ni la llaneza,

ni la inocente vida,

ni la fe sin error, ni la pureza,
25

por más que la fiereza

del tigre ciña un lado,

y el otro el basilisco emponzoñado.

    Por más que se conjuren

el odio y el poder y el falso engaño,
30

y ciegos de ira apuren

lo propio y lo diverso, ajeno, extraño,

jamás le harán daño;

antes, cual fino oro,

recobra del crisol nuevo tesoro.
35

    El ánimo constante,

armado de verdad, mil aceradas,

mil puntas de diamante

embota y enflaquece, y, desplegadas

las fuerzas encerradas,
40

sobre el opuesto bando

con poderoso pie se ensalza hollando.

    Y con cien voces suena

la Fama, que a la sierpe, al tigre fiero,

vencidos, los condena
45

a daño no jamás perecedero;

y con vuelo ligero,

viniendo la Victoria,

corona al vencedor de gozo y gloria.


Contra un juez avaro

    Aunque en ricos montones

levantes el cautivo, inútil oro,

y aunque tus posesiones

mejores con ajeno daño y lloro;

    y aunque, cruel tirano,
5

oprimas la verdad y tu avaricia,

vestida en nombre vano,

convierta en compra y venta la justicia;

    y aunque engañes los ojos

del mundo, a quien adoras, no por tanto
10

no nacerán abrojos

agudos en tu alma; ni el espanto

    no velará en tu lecho,

ni huirás la cuita, la agonía

el último despecho,
15

ni la esperanza buena en compañía

    del gozo, tus umbrales

penetrará jamás; ni la Meguera

con llamas infernales,

con serpentino azote la alta y fiera
20

y diestra mano armada,

   saldrá de tu aposento sola un hora;

y ni tendrás clavada

la rueda, aunque más puedas, voladora

    del tiempo, hambriento y crudo,
25

que viene, con la muerte conjurado,

a dejarte desnudo

del oro y cuanto tienes más amado;

    y quedarás sumido

en males no finibles y en olvido.
30


En una esperanza que salió vana

    Huid, contentos, de mi triste pecho.

¿Qué engaño os vuelve a do nunca pudistes

tener asiento, ni hacer provecho?

    Tened en la memoria cuando fuistes

con público pregón ¡ay! Desterrados
5

de toda mi comarca y reinos tristes,

    a do ya no veréis sino nublados

y viento y torbellino y lluvia fiera,

suspiros encendidos y cuidados.

    No pinta el prado aquí la primavera,
10

ni nuevo sol jamás las nubes dora,

ni canta el ruiseñor lo que antes era.

    La noche aquí se vela, aquí se llora

el día miserable sin consuelo,

y vence al mal de ayer el mal de agora.
15

    Guardad vuestro destierro, que ya el suelo

no puede dar contento al alma mía,

si ya mil vueltas diere andando el cielo;

    guardad vuestro destierro, si alegría

si gozo y si descanso andáis sembrando,
20

que aqueste campo abrojos cría;

    guardad vuestro destierro, si tornando

de nuevo no queréis ser castigados

con crudo azote y con infame bando;

    guardad vuestro destierro, que olvidados
25

de vuestro ser, en mí seréis dolores:

¡tal es la fuerza de mis duros hados!

    Los bienes más queridos y mayores

se mudan y en mi daño se conjuran,

y son por ofenderme a mí traidores.
30

    Mancíllanse mis manos, si se apuran;

la paz y la amistad me es cruda guerra;

las culpas faltan, mas las penas duran.

    Quien mis cadenas más estrecha y cierra

es la memoria mía y la pureza;
35

cuando ella sube, entonces vengo a tierra.

    Mudó su ley en mí naturaleza,

y pudo en mí dolor lo que no entiende

ni seso humano ni mayor viveza.

    Cuanto desenlazarse más pretende
40

el pájaro captivo, más se enliga,

y la defensa mía más me ofende.

    En mí la culpa ajena se castiga

y soy del malhechor ¡ay! prisionero,

y quieren que de mí la Fama diga:
45

    ¡Dichoso el que jamás ni ley ni fuero,

ni el alto tribunal, ni las ciudades,

ni conoció del mundo el trato fuero!

    Que por las inocentes soledades

recoge el pobre cuerpo en vil cabaña
50

y el ánimo enriquece con verdades;

    cuando la luz el aire y tierras baña

levanta al puro sol las manos puras

sin que se las aplomen odio y saña;

    sus noches son sabrosas y seguras;
55

la mesa le bastece alegremente

el campo que no rompen rejas duras;

    lo justo le acompaña y la luciente

verdad, la sencillez en pechos de oro,

la fe no colorada falsamente;
60

    de ricas esperanzas almo coro

y paz con su descuido le rodean,

y el gozo, cuyos ojos huye el lloro.

    Allí contento, tus moradas sean;

allí te lograrás, y a cada uno
65

de aquellos, que de mí saber desean,

les di que no me viste en tiempo alguno.


En la Ascensión

    ¿Y dejas, Pastor santo,

tu grey en este valle hondo, oscuro,

con soledad y llanto,

y tú rompiendo el puro

aire, te vas al inmortal seguro?
5

    Los antes bienhadados,

y los agora tristes y afligidos,

a tus pechos criados,

de ti desposeídos,

¿a dó convertirán ya sus sentidos?
10

    ¿Qué mirarán los ojos

que vieron de tu rostro la hermosura,

que no les sea enojos?

Quien oyó tu dulzura,

¿qué no tendrá por sordo y desventura?
15

    Aqueste mar turbado,

¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto

al viento fiero, airado?;

estando tú encubierto,

¿qué norte guiará la nave al puerto?
20

    ¡Ay, nube envidïosa!

aun de este breve gozo, ¿qué te aquejas?

¿Dó vuelas presurosa?

¡Cuan rica tú te alejas!

¡Cuan pobres y cuan ciegos, ay, nos dejas!
25


A todos los santos

    ¿Qué santo o qué gloriosa

virtud, qué deïdad que el cielo admira,

¡oh Musa poderosa!,

en la cristiana lira

diremos, entre tanto que retira
5

    el sol con presto vuelo

el rayo fugitivo en este día,

que hace alarde el cielo

de su caballería?

¿Qué nombre entre estas breñas a porfía
10

    repetirá sonando

la imagen de la voz, en la manera

el aire deleitando,

que el Efrateo hiciera

del sacro y verde Hermón por la ladera?
15

    A do ceñido el oro

crespo de verde hiedra, la montaña

condujo con sonoro

laúd, con fuerza y maña

del oso y del león domó la saña.
20

    Pues ¿quién diré primero

que el Alto y que el Humilde, y que la vida

por el manjar grosero

restituyó perdida,

que al cielo levantó nuestra caída?
25

    Igual al Padre Eterno,

igual al que en la tierra nace y mora,

de quien tiembla el infierno,

a quien el sol adora,

en quien todo el ser vive y se mejora.
30

    Después, el vientre entero,

la Madre desta luz será cantada,

clarísimo lucero

en esta mar turbada,

del linaje humanal fiel abogada.
35

    Espíritu divino,

no callaré tu voz, tu pecho opuesto

contra el dragón malino;

ni tú en olvido puesto,

que a defender mi vida estás dispuesto.
40

    Osado en la promesa,

barquero de la barca no sumida,

a ti mi voz profesa;

y a ti que la lucida

noche te traspasó de muerte a vida.
45

   ¿Quién no dirá tu lloro,

tu bien trocado amor, ¡oh, Magdalena!;

de tu nardo el tesoro,

de cuyo olor la ajena

casa, la redondez del mundo es llena?
50

    Del Nilo moradora,

tierna flor del saber y de pureza,

de ti yo canto agora,

que de la santa alteza

de Arabia esparce luz tu fortaleza.
55

    ¿Diré el rayo Africano?,

¿Diré el estridonés sabio, elocuente?

¿O del panal Romano?

¿O del que justamente

nombraron Boca de oro entre la gente?
60

    Columna ardiente en fuego,

el firme y gran Basilio al cielo toca,

mayor que el miedo y ruego;

y ante su rica boca

la lengua de Demóstenes se apoca.
65

    Cual árbol con los años

la gloria de Francisco sube y crece,

y entre mil ermitaños

el claro Antón parece

luna que en las estrellas resplandece.
70

    ¡Ay, Padre! ¿Y dó se ha ido

aquel raro valor? ¡Oh! ¿qué malvado

el oro ha destruido

de tu templo sagrado?

¿Quién cizañó tan mal tu buen sembrado?
75

    Adonde la azucena

lucía y el clavel, do el rojo trigo,

reina agora la avena,

la grama, el enemigo

cardo, la sin justicia, el falso amigo.
80

    Convierte piadoso

tus ojos, y nos mira, y con tu mano

arranca poderoso

lo malo y lo tirano,

y planta aquello antiguo, humilde y llano.
85

    Da paz a aqueste pecho

que hierve con dolor en noche escura;

que, fuera deste estrecho,

diré con más dulzura

tu nombre, tu grandeza y hermosura.
90

    No niego, dulce amparo

del alma, que mis males son mayores

que aqueste desamparo;

mas cuanto son peores,

tanto resonarán más tus loores.
95


A Santiago

    Las selvas conmoviera,

las fieras alimañas, como Orfeo,

si ya mi canto fuera

igual a mi deseo,

cantando el nombre santo Zebedeo.
5

    Y fueran sus hazañas

por mí con voz eterna celebradas,

por quien son las Españas

del yugo desatadas

del bárbaro furor y libertadas.
10

    Y aquella nao dichosa,

del cielo esclarecer merecedora,

que joya tan preciosa

nos trujo, fuera agora

cantada del que en Citia y Cairo mora.
15

    Osa el cruel tirano

ensangrentar en ti su injusta espada:

no fue consejo humano,

estaba a ti ordenada

la primera corona y consagrada.
20

    La fe que a Cristo diste

con presta diligencia has ya cumplido;

de su cáliz bebiste,

apenas que subido

al cielo retornó, de ti partido.
25

    No sufre larga ausencia,

no sufre, no, el amor que es verdadero;

la muerte y su inclemencia

tiene por muy ligero

medio, por ver al dulce compañero.
30

    ¡Oh viva fe constante!

¡Oh verdadero pecho, amor crecido!

Un punto de su amante

no vive dividido,

síguele por los pasos que había ido.
35

    Cual suele el fiel sirviente

si en medio la jornada le ha dejado,

que haciendo prestamente

lo que le fue mandado,

torna buscando al amo ya alejado;
40

    ansí, entregado al viento,

del mar Egeo al mar Atlante vuela,

do puesto el fundamento

de la cristiana escuela,

torna buscando a Cristo a remo y vela.
45

    Allí por la maldita

mano el sagrado cuello, fue cortado:

¡camina en paz, bendita

alma, que ya has llegado

al término por ti tan deseado!
50

    A España, a quien amaste

(que siempre al buen principio el fin responde),

tu cuerpo le enviaste

para dar luz adonde

el sol su resplandor cubre y esconde.
55

    Por los tendidos mares

la rica navecilla va cortando,

nereidas a millares,

del agua el pecho alzando,

turbadas entre sí la van mirando.
60

Y dellas hubo alguna

que, con las manos de la nave asida,

la aguija con la una,

y con la otra tendida

a las demás que lleguen las convida.
65

    Ya pasa del Egeo

y vuela por el Jonio, atrás ya deja

el puerto Lilibeo;

de Córcega se aleja,

y por llegar al nuestro mar se aqueja.
70

    ¡Esfuerza, viento, esfuerza;

hinche la santa vela, embiste en popa;

el curso haz que no tuerza,

do Abila casi topa

con Calpe, hasta llegar al fin de Europa!
75

    Y tú, España, segura

del mal y cautiverio que te espera,

con fe y voluntad pura

ocupa la ribera;

recibirás tu guarda verdadera.
80

    Que tiempo será, cuando

de innumerables huestes rodeada,

del cetro real y mando

te verás derrocada;

en sangre, en llanto y en dolor bañada.
85

    De hacia el Mediodía

oye que ya la voz amarga suena;

la mar de Berbería

de flotas veo llena;

hierve la costa en gente, en sol la arena.
90

    Con voluntad conforme

las proas contra ti se dan al viento,

y con clamor deforme

de pavoroso acento

avivan del remar el movimiento.
95

    Y la infernal Meguera,

la frente de culebras rodeada,

guía la delantera

de la morisca armada,

de fuego, de furor, de muerte armada.
100

    Cielos, so cuyo amparo

España está, ¡merced en tanta afrenta!

Si ya este suelo caro

os fue, nunca consienta

vuestra piedad que mal tan crudo sienta.
105

    Mas ¡ay! que la sentencia

en tablas de diamante está esculpida:

del Godo la potencia

por el suelo caída,

España en breve tiempo es destruida.
110

    ¿Cuál río caudaloso,

que los opuestos muelles ha rompido,

con sonido espantoso

por los campos tendido

tan presto y tan feroz jamás se vido?
115

    Mas cese el triste llanto;

recobre el español su bravo pecho,

que ya el Apóstol Santo,

un otro Marte hecho,

del cielo viene a dalle su derecho.
120

    Vesle de limpio acero

cercado, y con espada relumbrante,

como un rayo ligero,

cuanto le va delante

destroza y desbarata en un instante.
125

    De grave espanto herido,

los rayos de su vista no sostiene

el moro descreído;

por valiente se tiene

cualquier que para huir ánimo tiene.
130

    ¡Huye si puedes tanto!

¡Huye! Mas de más es, que no hay huida;

¡bebe dolor y llanto

por la misma medida

con que ya España fue de ti medida!
135

    Como león hambriento,

sigue, teñida en sangre espada y mano

de más sangre sediento,

al moro que huye en vano;

de muertos queda lleno el monte, el llano.
140

    ¡Oh gloria, oh gran prez nuestra,

escudo fiel, oh, celestial guerrero!

Vencido ya se muestra

el Africano fiero

por ti, tan orgulloso de primero.
145

    Por ti del vituperio,

por ti de la afrentosa servidumbre

y duro cautiverio

libres, en clara lumbre

y de la gloria estamos en la cumbre.
150

    Siempre venció tu espada,

o fuese de tu mano poderosa,

o fuese meneada

de aquella generosa

que sigue tu milicia religiosa.
155

    Las enemigas haces

no sufren de tu nombre el apellido;

con sólo aquesto haces

que el español oído

sea, y de un polo a otro tan temido.
160

    De tu virtud divina

la Fama que resuena en toda parte,

siquiera sea vecina,

siquiera más se aparte,

a las gentes conduce a visitarte.
165

    El áspero camino

vence con devoción, y al fin te adora

el ranco, el peregrino

que Libia descolora,

el que en Poniente, el que en Levante mora.
170


A Nuestra Señora

    Virgen que el sol más pura,

gloria de los mortales, luz del cielo,

en quien es la piedad como la alteza:

los ojos vuelve al suelo

y mira un miserable en cárcel dura,
5

cercado de tinieblas y tristeza;

y si mayor bajeza

no conoce ni igual el juicio humano,

que el estado en que estoy por culpa ajena,

con poderosa mano
10

quiebra, Reina del cielo, la cadena.

    Virgen, en cuyo seno

halló la Deïdad digno reposo,

do fue el rigor en dulce amor trocado:

si blando al riguroso
15

volviste, bien podrás volver sereno

un corazón de nubes rodeado;

descubre el deseado

rostro, que admira el cielo, el suelo adora,

las nubes hüirán, lucirá el día;
20

tu luz, alta Señora,

venza esta ciega y triste noche mía.

    Virgen y Madre junto,

de tu Hacedor dichosa engendradora,

a cuyos pechos floreció la vida:
25

mira cómo empeora

y crece mi dolor más cada punto,

el odio cunde, la amistad se olvida;

si no es de ti valida

la justicia y verdad que tú engendraste,
30

¿a dónde hallarán seguro amparo?

Y pues Madre eres, baste

para contigo el ver mi desamparo.

    Virgen del sol vestida,

de luces eternales coronada,
35

que huellas con divinos pies la luna:

envidia emponzoñada,

engaño agudo, lengua fementida,

odio cruel, poder sin ley ninguna

me hacen guerra a una;
40

pues, contra un tal ejército maldito,

¿cuál pobre y desarmado será parte,

si tu nombre bendito,

María, no se muestra por mi parte?

    Virgen, por quien vencida
45

llora su perdición la sierpe fiera,

su daño eterno, su burlado intento:

miran de la ribera

seguras muchas gentes mi caída,

el agua vïoleta, el flaco aliento,
50

los unos con contento,

los otros con espanto; el más piadoso

con lástima la inútil voz fatiga;

yo, puesto en ti el lloroso

rostro, cortando voy onda enemiga.
55

    Virgen, del Padre Esposa,

dulce Madre del Hijo, templo santo

del inmortal Amor, del hombre escudo:

no veo sino espanto.

Si miro la morada, es peligrosa;
60

si la salida incierta, el favor mudo,

el enemigo crudo,

desnuda la verdad, muy proveída

de armas y valedores la mentira:

la miserable vida
65

sólo cuando me vuelvo a ti respira.

    Virgen, que al alto ruego

no más humilde diste que honesto,

en quien los cielos contemplar desean:

como terrero puesto,
70

los brazos presos, de los ojos ciego,

a cien flechas estoy que me rodean,

que en herirme se emplean.

Siento el dolor, mas no veo la mano,

ni me es dado el huir ni el escudarme.
75

Quiera tu soberano

Hijo, Madre de amor, por ti librarme.

    Virgen, lucero amado,

en mar tempestuosa clara guía,

a cuyo santo rayo calla el viento:
80

mil olas a porfía

hunden en el abismo un desarmado

leño de vela y remo, que sin tiento

el húmedo elemento

corre; la noche carga, el aire truena;
85

ya por el suelo va, ya el cielo toca,

gime la rota antena;

socorre antes que embista en dura roca.

    Virgen, no inficionada

de la común mancilla y mal primero,
90

que al humano linaje contamina:

bien sabes que en ti espero

desde mi tierna edad; y si malvada

fuerza que me venció ha hecho indina

de tu guarda divina
95

mi vida pecadora, tu clemencia

tanto mostrará más su bien crecido,

cuanto es más la dolencia,

y yo merezco menos ser valido.

    Virgen, el dolor fiero
100

añuda ya la lengua, y no consiente

que publique la voz cuanto desea;

mas oye tú al doliente

ánimo que continuo a ti vocea.


A don Pedro Portacarrero

    La cana y alta cumbre

de Ilíberi, clarísimo Carrero,

contiene en sí tu lumbre

ya casi un siglo entero,

y mucho en demasía
5

detiene nuestro gozo y alegría.

    Los gozos que el deseo

figura ya en tu vuelta y determina,

a do vendrá el Lyéo,

y de la Cabalina
10

fuente la moradora,

y Apolo con la cítara cantora.

    Bien eres generoso

pimpollo de ilustrísimos mayores;

mas esto, aunque glorioso,
15

son títulos menores,

que tú, por ti venciendo,

a par de las estrellas vas luciendo.

    Y juntas en tu pecho

una suma de bienes peregrinos,
20

por donde con derecho

nos colmas de divinos

gozos con tu presencia,

y de cuidados tristes con tu ausencia.

    Porque te ha salteado
25

en medio de la paz la cruda guerra,

que agora el Marte airado

despierta en la alta sierra,

lanzando rabia y sañas

en las infieles bárbaras entrañas.
30

    Do mete a sangre y fuego

mil pueblos el morisco descreído,

a quien ya perdón ciego

hubimos concedido,

a quien en santo baño
35

teñimos para nuestro mayor daño.

    Para que el nombre amigo

-¡ay, piedad crüel! -desconociese

el ánimo enemigo,

y así más ofendiese;
40

mas tal es la fortuna,

que no sabe durar en cosa alguna.

    Ansí la luz que agora

serena relucía, con nublados

veréis negra a deshora,
45

y los vientos alados

amontonando luego

nubes, lluvias, horrores, trueno y fuego.

    Mas tú aquí solamente

temes al claro Alfonso, que inducido
50

de la virtud ardiente

del pecho no vencido,

por lo más peligroso

se lanza discurriendo victorioso;

    como en la ardiente arena
55

el líbico león las cabras sigue;

las haces desordena,

y rompe y las persigue

armado relumbrando,

la vida por la gloria aventurando.
60

    Testigo es la fragosa

Poqueira, cuando él solo y traspasado

con flecha ponzoñosa

sostuvo denodado,

y convirtió en huida
65

mil banderas de gente descreída.

    Mas, sobre todo, cuando

los dientes de la muerte agudos fiera

apenas declinando,

alzó nueva bandera,
70

mostró bien claramente

de valor no vencible lo excelente.

    Él, pues, relumbre claro

sobre sus claros padres; mas tú en tanto,

dechado de bien raro,
75

abraza el ocio santo;

que mucho son mejores

los frutos de la paz y muy mayores.


Al salir de la cárcel

   Aquí la envidia y mentira

me tuvieron encerrado.

Dichoso el humilde estado

del sabio que se retira

de aqueste mundo malvado,
5

y con pobre mesa y casa

en el campo deleitoso,

con sólo Dios se compasa,

y a solas su vida pasa

ni envidiado ni envidioso.
10


Libro segundo

Imitaciones

Imitación de diversos

    Vuestra tirana exención,

y ese vuestro cuello erguido

estoy cierto que Cupido

pondrá en dura sujeción.

Vivid esquiva y exenta,
5

que, a mi cuenta,

vos serviréis al amor,

cuando de vuestro dolor

ninguno quiera hacer cuenta.

    Cuando la dorada cumbre
10

fuere de nieve esparcida,

y las dos luces de vida

recogieren ya su lumbre;

cuando la ruga enojosa

en la hermosa
15

frente y cara se mostrare,

y el tiempo, que vuela, helare

esa fresca y linda rosa.

    Cuando os viéredes perdida,

os perderéis por querer,
20

sentiréis que es padecer

querer y no ser querida.

Diréis con dolor, señora,

cada hora:

«¡Quién tuviera, ay, sin ventura,
25

o agora aquella hermosura

o antes el amor de agora!».

    A mil gentes que agraviadas

tenéis con vuestra porfía,

dejaréis en aquel día
30

alegres y bien vengadas;

y por mil partes volando,

publicando

el Amor irá este cuento,

para aviso y escarmiento
35

de quien no sigue su bando.

    ¡Ay, por Dios, señora bella,

mirad por vos, mientras dura

esa flor graciosa y pura,

que el no gozalla es perdella!
40

Y pues no menos discreta

y perfeta

sois que bella y desdeñosa,

mirad que ninguna cosa

hay que a Amor no esté sujeta.
45

    El amor gobierna el cielo

con ley dulce eternamente,

¿y pensáis vos ser valiente

contra él acá en el suelo?

Da movimiento y viveza
50

a la belleza

el Amor, y es dulce vida;

y la suerte más valida,

sin él es pobre tristeza.

    ¿Qué vale el beber en oro,
55

el vestir seda y brocado,

el techo rico labrado,

y los montes del tesoro?

¿Y qué vale, si a derecho

os da pecho
60

el mundo todo y adora,

si, a la fin, dormís, señora,

en el solo y frío lecho?


Imitación del Petrarca

    Mi trabajoso día

hacia la tarde un poco declinaba,

y libre ya del grave mal pasado

las fuerzas recogía,

cuando, sin entender quién me llamaba,
5

a la entrada me hallé de un verde prado

de flores mil sembrado,

obra do se extremó naturaleza.

El suave olor, la no vista belleza

me convidó a poner allí mi asiento.
10

¡Ay, triste, que al momento

la flor quedó marchita

y mi gozo tornó en pena infinita!

   De labor peregrina

una casa real vi, cual labrada
15

ninguna fue jamás por sabio moro:

el muro plata fina,

de perlas y rubís era la entrada,

la torre de marfil, el techo de oro;

riquísimo tesoro
20

por las claras ventanas descubría;

y dentro una dulcísima armonía,

sonaba, que me puso en esperanza

de eterna bienandanza.

Entré, que no debiera,
25

hallé por paraíso cárcel fiera.

    Cercada de frescura,

más clara que el cristal hallé una fuente

en un lugar secreto y deleitoso;

de entre una peña dura
30

nacía, y murmurando dulcemente

con su correr hacía el campo hermoso.

Yo, todo deseoso,

lánceme por beber, ¡ay, triste y ciego,

bebí por agua fresca ardiente fuego!
35

Y por mayor dolor el cristalino

curso mudó el camino,

que es causa que muriendo

agora viva en sed y pena ardiendo.

    De blanco y colorado
40

una paloma, y de oro matizada,

la más bella y más blanca que se vido,

se vino mansa al lado,

cual una de las dos por quien guiada

la rueda es de quien reina en Pafo y Gnido.
45

¡Ay, yo de amor vencido,

en el seno la puse, y al instante

en mi pecho lanzó el pico tajante

y me robó, cruel, el alma y vida!

Y luego, convertida
50

en águila, alzó el vuelo;

quedé merced pidiendo yo en el suelo.

    Al fin, vi una doncella

con semblante real de gracia lleno,

de amor rico tesoro y de hermosura;
55

puesto delante della,

humilde le ofrecí, abierto el seno,

mi corazón y vida con fe pura.

¡Ay, cuan poco el bien dura!

alegre lo tomó, y dejó bañada
60

mi alma de dulzor; mas luego, airada,

de mí se retiró por tal manera,

como si no tuviera

en su poder mi suerte.

¡Ay, dura vida! ¡Ay, perezosa muerte!
65

Canción, estas visiones

causan en mí encendida

ansia de fenecer tan triste vida.


Imitación de la oda IX de Horacio

Non semper

    No siempre descendiendo

la lluvia de las nubes baña el suelo:

ni siempre está cubriendo

la tierra el torpe yelo,

ni está la mar salada
5

siempre con tempestades alterada.

    Ni en la áspera montaña

los vientos de contino haciendo guerra

ejecutan su saña;

ni siempre en la alta sierra,
10

desnuda la arboleda,

sin hoja, Nise, y sin verdor se queda.

    Mas tú continuamente

insistes en llorar a tu robada

madre, con voz doliente;
15

y ni la luz dorada

del sol, cuando amanece,

mitiga tu dolor, ni si anochece.

    Pues no lloró al querido

Antíloco sin fin el padre anciano,
20

que tres edades vido;

ni siempre en el troyano

suelo fue lamentado

el príncipe Troílo, en flor cortado.

    Da fin a tus querellas,
25

y, vuelta al dulce canto que solías,

o canta mis centellas,

o tus duras porfías,

que convierten en ríos

los siempre lagrimosos ojos míos.
30

    Di cómo me robaste

de en medio el tierno pecho, el alma y vida;

di cómo me dejaste,

nunca de mí ofendida,

y cómo tú de ingrata
35

te precias, y de amar yo a quien me mata.

    Y cómo, aunque fallece

en mí ya la esperanza y alegría,

la fe viviendo crece

más firme cada día;
40

y siendo el agraviado

perdón ante tus pies pido humillado.


Imitación de la oda XII, libro 2.°

Nolis

    El canto y lira mía

no dicen las escuadras, las francesas

banderas en Pavía

captivas, ni las armas cordobesas,

ni el nuevo mundo hallado,
5

ni el mar con turca sangre hora bañado.

    Al son de trompa clara,

y con heroico verso a ti conviene,

Grial, cantar la rara

virtud del de Vivar, que par no tiene,
10

o con más libre pluma

hacer de nuestros hechos rica suma.

    Mi musa no se emplee

más de en la ilustre Nise, en su hermosura

que el sol igual no vee;
15

en la luz del mirar, y en la dulzura

de voz que cuando suena

alimpia de dolor el alma y pena.

   ¿Por dicha habrá tesoro

que a su rico cabello se compare,
20

aunque se junte el oro

que el indïano suelo engendra y pare,

y cuanta pedrería

Ormuz a Portugal y Persia envía?

    ¿Pues qué sentido os deja?,
25

¿Qué libertad no roba cuando inclina

al beso, o falsa aleja

la boca hermosísima, y se indina

amando el ser forzada,

y a veces ella os besa no rogada?
30


Oración

   Señor, aquel amor por quien forzado

muriendo de mi mal hiciste enmienda,

nos libre de tu ira, y nos defienda.

    Mira, Padre amoroso,

cuánto es tenaz esta mundana liga,
5

y cómo el engañoso

contrario con mil lazos nos obliga,

y el dulce con que cubre su enemiga;

por donde, si acontece que nos prenda

tu blanda pïedad a esto atienda.
10

    ¿Quién hay que no confiese,

Señor, que son sin fin nuestras maldades?

Mas si culpa no hubiese,

¿a dó demostrarías tus piedades?,

¿en quién relucirían tus bondades?
15

Las cuales, porque el hombre las entienda,

no tomes a despecho que te ofenda.

    Tú, Padre, nos lanzaste

en este mar, y tú nos saca a puerto;

y si ya nos amaste,
20

cuando el suelo te tuvo vivo y muerto,

ámanos también hora, y nuestro tuerto

a tu dulce perdón no ponga rienda,

mas siempre más copioso en nos descienda.


De Joan de la Cassa

    Ardí, y no solamente la verdura

deste mi breve año, Amor, te he dado;

mas del maduro otoño una gran parte.

Pedía libertad, y hasme apretado

como a preso que huye, con más dura
5

cadena, y no me vale ruego ni arte.

¡Ay triste! ¿Habrá en el mundo alguna parte

segura, en cueva, en monte, en la mar honda,

abismo a do me esconda,

y libre deste mal que tanto temo,
10

siquiera de mi vida en el extremo?

Con razón temo tu poder crecido,

que el corazón mil veces me has abierto,

sin hallar contra ti defensa en nada,

más de con voz humilde y color muerto
15

confesarme a la clara por vencido.

Cualque región desierta y apartada

buscar quisiera agora que gastada

la fuerza siento y el cabello cano,

por huir de tu mano,
20

que entre el fuerte escuadrón que tu bandera

sigue, un soldado flaco, ¿qué honra espera?

Mas ¡ay triste! ¿Dó iré? Que por do quiera,

o por la húmeda mar o seca arena

tomado tiene el paso Amor primero;
25

do quiera el fuego luce, el arco suena,

y veo contra mí la punta fiera,

de cuyo golpe guarecer no espero,

que el blanco es cierto, el tirador certero.

Mas ¿que sirve si el tiempo ha ya secado
30

mi vigor, y agostado

como yerba, que al sol su fuerza pierde,

y sólo en mí el deseo queda verde?

Tiempo fue, cuando osé de amor vencido,

delante alguna bella y desdeñosa
35

presentar mis querellas y tormento;

hallé una voluntad blanda, amorosa,

debajo del desdén, y convertido

mi dolor y mi pena fue en contento.

Mas ¿quién oirá de hoy más mi triste acento?
40

¿Quién no condenará una edad cansada,

de nuevo enamorada?

La voz está ya ronca, y los sentidos,

como culebra al yelo, entorpecidos.

Tórname aquel vigor que el tiempo avaro
45

robó veloz, y torna la viveza

que me alentaba, y tiñe este cabello

cual fue primero, porque en la corteza

el mal secreto no se muestre claro;

y, si soy tuyo, haz que pueda sello,
50

que no huyo la guerra, antes en ello

el no poder me duele. Mas mi suerte

si no es ya para el fuerte

oficio tuyo, libertad te pido;

yo viviré, serás tú bien servido.
55

El invierno y las nubes de mi vida

sólo te quito, Amor, y aqueste yelo

de tus llamas y ardor tan diferente.

No te debe pesar, si el débil vuelo

convierto a mejor nido, pues seguida
60

ha sido ya de mí tan luengamente

tu vida amarga y dulce juntamente,

que justo es ya que sea libertado

un esclavo cansado

siquiera a la vejez, y así es costumbre,
65

donde se usa nobleza y mansedumbre.

Mas pues amor ningún consejo quiere,

síguele adonde fuere,

breve canción, y ante mi bien presenta

el contino dolor que me atormenta.
70


Amor casi de un vuelo me ha encumbrado

adonde no llegó ni el pensamiento;

mas toda esta grandeza de contento

me turba, y entristece este cuidado:

que temo que no venga derrocado
5

al suelo por faltarle fundamento;

que en lo que breve sube en alto asiento,

suele desfallecer apresurado.

Mas luego me consuela y asegura

el ver que soy, señora ilustre, obra
10

de vuestra sola gracia, y que en vos fío;

porque conservaréis vuestra hechura,

mis faltas supliréis con vuestra sobra,

y vuestro bien hará durable el mío.


Alargo enfermo el paso y vuelvo, cuanto

alargo el paso, atrás el pensamiento;

no vuelvo, que antes siempre miro atento

la causa de mi gozo y de mi llanto.

Allí estoy firme y quedo, mas en tanto
5

llevado del contrario movimiento

cual hace el extendido en el tormento,

padezco fiero mal, fiero quebranto.

En partes, pues, diversas dividida

el alma, por huir tan cruda pena,
10

desea dar ya al suelo estos despojos.

Gime, suspira y llora dividida,

y en medio del llorar sólo esto suena:

«¿Cuándo volveré, Nise, a ver tus ojos?».


«Agora con la aurora se levanta

mi Luz; agora coge en rico nudo

el hermoso cabello; agora el crudo

pecho ciñe con oro, y la garganta.

Agora vuelta al cielo, pura y santa,
5

las manos y ojos bellos alza, y pudo

dolerse agora de mi mal agudo;

agora incomparable tañe y canta».

Ansí digo y del dulce error llevado,

presente ante mis ojos la imagino,
10

y lleno de humildad y amor la adoro.

Mas luego vuelve en sí el engañado

ánimo, y conociendo el desatino,

la rienda suelta largamente al lloro.


¡Oh cortesía, oh dulce acogimiento!

¡Oh celestial saber, oh gracia pura!

¡Oh de valor dotado y de dulzura,

pecho real, honesto pensamiento!

¡Oh luces, del amor querido asiento!
5

¡Oh boca donde vive la hermosura!

¡Oh habla suavísima, oh figura

angelical! ¡oh mano, oh sabio acento!

Quien tiene en solo vos atesorado

su gozo y vida alegre y su consuelo,
10

su bienaventurada y rica suerte,

cuando de vos se viere desterrado,

¡ay!, ¿qué le quedará sino recelo,

y noche y amargor y llanto y muerte?


Después que no descubren su lucero

mis ojos lagrimosos noche y día,

llevado del error, sin vela y guía,

navego por un mar amargo y fiero.

El deseo, la ausencia, el carnicero
5

recelo, y de la ciega fantasía

las olas muy furiosas a porfía

me llegan al peligro postrimero.

Aquí una voz me dice: cobre aliento,

señora, con la fe que me habéis dado,
10

y en mil y mil maneras repetido.

Mas ¿cuánto de esto allá llevado ha el viento?

respondo; y a las olas entregado,

el puerto desespero, el hondo pido.


Égloga primera de Virgilio

Títiro y Melibeo

MELIBEO
    Tú, Títiro, a la sombra descansando

de esta tendida haya, con la avena

el verso pastoril vas acordando.

    Nosotros, desterrados; tú, sin pena,

cantas de tu pastora, alegre, ocioso,
5

y tu pastora el valle y monte suena.

TÍTIRO
    Pastor, este descanso tan dichoso

Dios me lo concedió, que reputado

será de mí por dios aquel piadoso,

    y bañará con sangre su sagrado
10

altar muy muchas veces el cordero

tierno, de mis ganados degollado.

    Que por su beneficio soy vaquero,

y canto, como ves, pastorilmente

lo que me da contento y lo que quiero.
15

MELIBEO
    No te envidio tu bien; mas grandemente

me maravillo haberte sucedido

en tanta turbación tan felizmente.

    Todos de nuestro patrio y dulce nido

andamos alanzados; vesme agora
20

aquí cuál voy enfermo y dolorido,

    y guío mis cabrillas; y ésta que hora

en medio aquellos árboles parida,

¡ay! con lo que el rebaño se mejora,

    dejó dos cabritillos, dolorida,
25

encima de una losa, fatigado,

de mí sobre los hombros es traída.

    ¡Ay triste! que este mal y crudo hado,

a nuestro entendimiento no estar ciego,

mil veces nos estaba denunciado.
30

Los robles lo decían ya con fuego

tocados celestial, y lo decía

la siniestra corneja desde luego.

    Mas tú, si no te ofende mi porfía,

declárame, pastor, abiertamente
35

quién es aqueste dios de tu alegría.

TÍTIRO
    Pensaba, Melibeo, neciamente

pensaba yo que aquella que es llamada

Roma, no era en nada diferente

    de aquesta villa nuestra acostumbrada,
40

adonde las más veces los pastores

llevamos ya la cría destetada.

    Ansí con los perrillos los mayores,

ansí con las ovejas los corderos,

y con las cosas grandes las menores
45

    solía comparar; mas los primeros

lugares, con aquélla comparados,

son como dos extremos verdaderos,

    que son de Roma ansí sobrepujados,

cual suelen del ciprés, alto y subido,
50

los bajos romerales ser sobrados.

MELIBEO
Pues di: ¿cuál fue la causa que, movido,

a Roma te llevó?

TÍTIRO
Fue libertarme;

lo cual, aunque algo tarde, he conseguido,

    que, al fin, la libertad quiso mirarme
55

después de luengo tiempo, y, ya sembrado

de canas la cabeza, pudo hallarme;

    después que Galatea me ha dejado,

y soy de la Amarilis prisionero,

y vivo a su querer todo entregado.
60

    Que en cuanto duró aquel imperio fiero

en mí de Galatea, yo confieso

que ni curé de mí ni del dinero.

    Llevaba yo a la villa mucho queso;

vendía al sacrificio algún cordero,
65

mas no volvía rico yo por eso.

MELIBEO
    ¡Y esto fue aquel semblante lastimero

que tanto en Galatea me espantaba!;

¡esto por que llamaba al cielo «fiero»!

    ¡Esto por que tristísima dejaba
70

la fruta sin coger en su cercado,

pues Títiro, su bien, ausente estaba!

    Tú, Títiro, te habías ausentado,

los pinos y las fuentes te llamaban,

las yerbas y las flores deste prado.
75

TÍTIRO
    ¿Qué pude? Que mil males me cercaban,

y allí para salir de servidumbre

los cielos más dispuestos se mostraban.

    Que allí vi, Melibeo, aquella cumbre,

aquel divino mozo por quien uno
80

mi altar en cada mes enciende lumbre.

    Allí primero dél que de otro alguno

oí: «Paced, vaqueros, libremente,

paced como solía cada uno».

MELIBEO
    Por manera que a ti perpetuamente
85

te queda tu heredad ¡oh bienhadado!

aunque pequeña, pero suficiente.

    Bastante para ti demasïado,

aunque de pedregal y de pantano

lo más de toda ella está ocupado.
90

    No dañará el vecino grey mal sano

con males pegadizos tu rebaño,

ni hará que tu trabajo salga vano.

    No causará dolencia el pasto extraño

en lo preñado dél, ni en lo parido
95

las yerbas extranjeras harán daño.

    Dichoso poseedor, aquí tendido

del fresco gozarás junto a la fuente

a la margen del río do has nacido.

    Las abejas aquí continuamente,
100

deste cercado hartas de mil flores,

te adormirán sonando blandamente.

    Debajo la alta peña sus amores

el leñador aquí, cantando al viento,

esparcirá, y la tórtola dolores.
105

    La tórtola en el olmo haciendo asiento

repetirá su queja, y tus queridas

palomas sonarán con ronco acento.

TÍTIRO
    Primero los venados las tendidas

lagunas pacerán, y el mar primero
110

denegará a los peces sus manidas.

    Y beberá el germano y parto fiero

trocando sus lugares naturales

el Albi, aquéste, el Tigri, aquél ligero;

    primero, pues, que aquellas celestiales
115

figuras de aquel mozo, de mi pecho

borradas, desparezcan las señales.

MELIBEO
    Nosotros pero iremos con despecho

unos a los sedientos africanos,

otros a los de Scitia, campo estrecho,
120

    y otros a los montes y a los llanos

de la Creta, y del todo divididos

de nuestra redondez a los britanos.

    Después de muchos días ya corridos

¡ay! si avendrá que viendo mis majadas,
125

las pobres chozas, los paternos nidos;

    después de muchas mieses ya pasadas,

si viéndolas diré maravillado:

¡Ay, tierras, ay dolor, mal empleadas!

    ¿Tan buenas posesiones un soldado
130

maldito, y tales mieses tendrá un fiero?

¡Ved para quién hubimos trabajado!

    Ved a cuán miserable y lastimero

estado a los cuitados ciudadanos

condujo el obstinado pecho entero.
135

    Ve, pues, ¡oh, Melibeo!, y con tus manos

en orden pon las vides, y curioso

enjiere los perales y manzanos.

    Andad, ganado mío, ya dichoso;

dichosas ya en un tiempo, id, cabras mías,
140

que ya no cual solía, alegre, ocioso,

    no estando ya tendido en las sombrías

cuevas os veré lejos ir paciendo,

colgadas por las peñas altas, frías.

    No cantaré; ni yéndoos yo paciendo,
145

vosotras ni del cítiso florido,

ni del amargo sauce iréis cogiendo.

TÍTIRO
    Podrías esta noche aquí tendido

en blanda y verde hoja dar reposo

al cuerpo flaco, al ánimo afligido.
150

    Y cenaremos bien, que estoy copioso

de maduras manzanas, de castañas

enjertas, y de queso muy sabroso.

    Y ya las sombras caen de las montañas

más largas, y convidan al sosiego;
155

y ya de las aldeas y cabañas

despide por los techos humo el fuego.


Alexis

    En fuego Coridón, pastor, ardía

por el hermoso Alexi, que dulzura

era de su señor, y conocía

que toda su esperanza era locura.

Solo, siempre que el sol amanecía,
5

entrando de unas hayas la espesura,

con los montes a solas razonaba,

y en rudo verso en vano así cantaba:

    «No curas de mi mal, ni das oído

a mis querellas, crudo, lastimeras,
10

ni de misericordia algún sentido,

Alexi, en tus entrañas vive fieras.

Yo muero en viva llama consumido;

tú siempre en desamarme perseveras,

ni sientes mi dolor, ni yo te agrado,
15

por donde me será el morir forzado.

    Busca el ganado agora lo sombrío,

y por las cambroneras espinosas

metidos los lagartos buscan frío,

y Téstilis comidas provechosas
20

compone, a los que abrasa el seco estío,

con ajos y con yerbas olorosas:

conmigo por seguirte, solamente

resuena la cigarra al sol ardiente.

    ¡Ay triste! ¿Y no me hubiera mejor sido
25

las iras de Amarilis, los enojos

y su desdén soberbio haber sufrido,

y haber dado a Menalca mis despojos?

Bien que es Menalca un poco denegrido,

bien que tú en color, blanco, hermoso en ojos;
30

mas no fíes en eso, que preciada

sobre la blanca rosa es la violada.

    Despréciasme arrogante, y no te curas

de mí, ni de saber cuánto poseo

en queso y en ganado; las alturas
35

pazco con mil ovejas del Liceo;

en el estío, en las heladas duras,

de fresca leche falto no me veo;

y canto como el Anfíon ya cantaba

las veces que sus vacas convocaba.
40

    Pues menos soy tan feo, que aun agora

estando el mar en calma he contemplado

mi rostro en la ribera, y si no mora

pasión en mí, con Dafni comparado,

no temeré tu voz despreciadora,
45

ni temeré de ti ser condenado:

¡ansí no condenases las cabañas,

el apriscar, la caza, las montañas!

    El perseguir los ciervos temerosos

con ponzoñosas flechas ¡ay! te agrade;
50

al pasto los cabritos deseosos

guiar con verde acebo no te enfade;

morar los montes yermos y fragosos,

a ti, ni la cabaña desagrade;

que puesto entre las selvas y cantando
55

conmigo irás al dios Pan imitando.

    El Pan fue el que primero sabiamente

en la flauta diversas voces puso;

de grueso y de tamaño diferente,

con cera muchas cañas Pan compuso.
60

Pan guarda las ovejas, Pan la gente

del campo; y no te pese hacer al uso

de la docta zampoña el labio bello,

que Amintas se perdía por sabello.

    Tengo de siete voces bien formada
65

una sonora flauta que me diera

Dameta, ya muriendo, en la pasada

siega, y diciéndome desta manera:

-«Tú me sucede en ésta, que tocada

por ti, te acordará de mí siquiera».
70

Dametas me la dio; quedó lloroso

Amintas, el tontillo, de invidioso.

    Tengo dos corzos que una oveja cría,

de pelo blanco a manchas varïados;

agótanle las tetas cada día,
75

y fueron con peligro mío hallados;

llevármelos la Téstilis porfía:

yo para ti los tengo muy guardados,

y al fin los llevará, pues en mis dones,

despreciador, los ojos aun no pones.
80

    Ofrécente las ninfas oficiosas

sus canastillos de azucenas llenos;

coge para ti Naís, la blanca, rosas,

la vïola, los lirios, los amenos

acantos y amapolas olorosas,
85

flores de anís y los tomillos buenos,

y casia y otras mil yerbas divinas,

junto con el jazmín las clavelinas.

    Pues yo te cogeré manzanas bellas

cubiertas de su flor, y las queridas
90

castañas de Amarilis, y con ellas

ciruelas que merecen ser cogidas.

Tú, mirto, y tú, laurel, iréis sobre ellas,

que juntos oléis bien. ¡Ay, tosco! ¿Olvidas

que Alexi de tus dones no hace caso,
95

y que, si a dones va, no es Yola escaso?

    ¿Qué hice? ¡Ay, sin sentido! puesto he fuego

en el rosal amado; en la agua pura

lancé los jabalís; turbé el sosiego

del líquido cristal. ¡Ay! la espesura
100

del bosque moró Apolo: ¿qué huyes ciego?

Y el Paris en el bosque halló ventura.

Palas more sus techos suntuosos,

nosotros por los bosques deleitosos.

    Por las montañas la leona fiera
105

al ya no osado lobo hambrienta sigue;

el lobo carnicero a la ligera

cabra, de día y noche la persigue;

en pos de la retama y cambronera

la cabra golosísima prosigue;
110

yo en pos de ti ¡oh, Alexi! y de consuno

en pos de sus deleites cada uno.

    Su obra ya los bueyes fenecida,

y puesto sobre el yugo el lucio arado,

se tornan, y la sombra ya extendida
115

de Febo, que se pone apresurado

huyendo, alarga el paso, y la crecida

llama, que me arde el pecho, no ha menguado

mas ¿cómo menguará?, ¿quién puso tasa?,

¿quién limitó con ley de amor la brasa?
120

    ¡Ay, Coridón! ¡Ay, triste! ¿Y quién te ha hecho,

tan loco, que en tu mal embebecido

la vid aun no has podado? Vuelve al pecho;

recobra el varonil vigor perdido;

haz algo necesario o de provecho,
125

de blando junco o mimbre algún tejido:

que si te huye aqueste desdeñoso,

no faltará otro Alexi más sabroso».


Dametas, Menalcas, Palemón

MENALCAS
Dime, ¿es de Melibeo este ganado?

DAMETAS
No es sino de Egón, que el mismo Ego

agora me le había encomendado.

MENALCAS
¡Ovejas desdichadas! Hace entrego

de sí mismo a Neera, preferido
5

porque yo no lo sea, y arda en fuego,

y fía su ganado de un perdido;

ordéñasle dos veces en un hora,

la madre dejas seca y desvalido

el hijo.

DAMETAS
Paso, amigo, que aun agora
10

nos acordamos quien... ya me entendistes,

y adónde, aunque la diosa que allí mora

con ojos lo miró no nada tristes,

y de través las cabras lo miraron.

¡Mirad que habláis con hombre! ¿Bien me oístes?
15

MENALCAS
Sí, sí; en el mismo tiempo que me hallaron

cortando de Miconis las posturas

con mala podadera, y me prendaron.

DAMETAS
O cuando junto a aquellas espesuras

el arco y la zampoña quebrantabas
20

de Dafni con entrañas, malo, duras;

en envidiosa rabia te abrasabas,

porque lo había el zagalejo dado,

y si no le dañaras, reventabas.

MENALCAS
¿Qué no osará quien puede, si un malvado
25

ladrón ansí se atreve? Di, atrevido,

¿no fue por ti un cabrón a Damo hurtado,

y la Licisca al cielo alzó el ladrido?

Grité: «¿Dó sale aquél? Títiro, mira»,

tú en la juncada estabas escondido.
30

DAMETAS
Cantando vencí a Damo. ¿Quién me tira

cobrar lo que mi musa mereciera,

si Damo de lo puesto se retira?

Si no lo sabes, mío el cabrón era,

y el mismo Damo serlo confesaba;
35

negábamelo no sé en qué manera.

MENALCAS
¿Tú a él?, ¿tú tocas flauta?, ¿no sonaba

tu caramillo vil por los oteros,

y el verso miserable aún no igualaba?

DAMETAS
¿Pues quieres que probemos esos fieros?
40

Yo pongo esta becerra, que dos cría,

e hinche cada tarde dos lecheros.

Yo pongo, no rehúyas la porfía;

tú di lo que pondrás, y experimenta

a dó llega tu musa, a dó la mía.
45

MENALCAS
Del ganado no pongo, que doy cuenta

por horas a mi padre, y una dura

madrastra aun los cabritos también cuenta.

Mas, si adelante llevas tu locura,

pondré lo que dirás que es más precioso:
50

dos vasos ricos de haya y bella hechura.

Labrolos Alcimedon ingenioso;

formó por la redonda entretejido

como de hiedra y vid un lazo hermoso.

En el medio, de bulto está esculpido
55

el Conon, y aquel otro que pusiera

el mundo por sus partes repartido;

el que mostró la siega y sementera,

y del arar el tiempo conveniente.

Nuevos los tengo en casa en su vasera.
60

DAMETAS
Del mismo tengo dos extrañamente

hechos: las asas ciñe un verde acanto,

y en medio del relieve está eminente

Orfeo, y su montaña atenta al canto.

Nunca los estrené; mas comparada
65

la vaca, los tus vasos no son tanto.

MENALCAS
Saldré a cualquier partido, y si te agrada

será juez Palemón, que allí viene;

que yo enmudeceré tu voz osada.

DAMETAS
A ello, que a mí nada me detiene;
70

mas para escarmentar aqueste osado,

que atiendas bien, Palemón, nos conviene.

PALEMÓN
Sobre esta yerba donde estoy sentado,

cantad, que agora el tiempo nos convida,

que viste de verdura y flor el prado.
75

Agora el bosque cobra la perdida

hoja, y agora el año es más hermoso;

agora inspira el cielo gozo y vida.

Comienza tú, Dameta, y tú, gracioso

Menalca, le responde alternamente,
80

que el responderse a veces es sabroso.

DAMETAS
De Júpiter diré primeramente,

que al cielo y a la tierra está vecino,

y escucha mi cantar atentamente.

MENALCAS
Y a mí Febo me ama, y de contino
85

sus dones le presento, el colorado

jacinto y el laurel verde, divino.

DAMETAS
Traviesa, Galatea me ha tirado,

perdida por ser vista, una manzana,

y luego entre los sauces se ha lanzado.
90

MENALCAS
Mi dulce fuego, Amintas, de su gana

se viene a mi cabaña, conocido

más ya de mis mastines que Diana.

DAMETAS
Ya tengo con qué hacer a mi querido

amor gentil presente, porque veo
95

adonde dos palomas hacen nido.

MENALCAS
Conforme yo al poder y no al deseo,

diez cidras a mi bien he presentado,

y mañana otras diez darle deseo.

DAMETAS
¡Oh, cuántas y qué cosas platicado
100

conmigo ha Galatea! ¡Oh, si el viento

algo dello a los dioses ha llevado!

MENALCAS
¿Qué me sirve que, Amintas, mi contento

desees, si yo aguardo en la parada,

y sigues tú del gamo el movimiento?
105

DAMETAS
Envíame a la Filis, que es llegada

mi fiesta; y ven tú, Yola, cuando fuere

la vaca por mí a Ceres degollada.

MENALCAS
Amo la hermosa Filis que me quiere,

y me dijo llorosa en la partida:
110

«Adiós, gentil zagal, si no te viere».

DAMETAS
El lobo es al ganado, y la avenida

a las mieses, al árbol, enemigo,

el viento, a mí Amarili embravecida.

MENALCAS
Ama el sembrado el agua, sigue amigo
115

la rama el cabritillo destetado,

la madre el sáuz, yo a sólo Amintas sigo.

DAMETAS
Mi musa pastoril ha contentado

a Polio; apacentad con mano llena,

Musas, una ternera a vuestro amado.
120

MENALCAS
De versos tiene Polio rica vena:

un toro le criad que a cuerno hiera,

y con los pies esparza ya la arena.

DAMETAS
Quien, Polio, bien te quiere, lo que espera

le venga, y de la encina dulces dones,
125

y amomo coja de la zarza fiera.

MENALCAS
Quien no aborrece a Bavio, los borrones

ame de Mevio y lea, y juntamente

las zorras junza, ordeñe los cabrones.

DAMETAS
Los que robáis el prado floreciente
130

huid presto ligeros, que se esconde

debajo de la yerba la serpiente.

MENALCAS
Mirad por el ganado, que no ahonde

el paso, que la orilla es mal segura;

¿no veis cuál se mojó el carnero, y dónde?
135

DAMETAS
No pazcas par del río; a la espesura

guía, Títiro, el hato, que a su hora

yo le bañaré todo en fuente pura.

MENALCAS
Las ovejas, zagal, recoge, que hora

si las coge el calor, después en vano
140

se cansará la palma ordeñadora.

DAMETAS
¡Ay, en cuán buenos pastos, cuán mal sano

y flaco estás, mi toro, y al ganado

y al ganadero mata amor insano!

MENALCAS
El mal de estos corderos no es causado
145

de amor, y tienen sólo hueso y cuero:

no sé cuál ojo malo os ha mirado.

DAMETAS
¿Dime dónde -y tendrete por certero,

tendrete por Apolo- deste cielo

apenas se descubre un codo entero?
150

MENALCAS
Mas dime tú ¿a dó produce el suelo

en las rosas escritos los reales

nombres, y goza a Filis sin recelo?

PALEMÓN
No es mío el sentenciar contiendas tales

y tú mereces y éste la becerra,
155

y quien canta de amor los dulces males,

y quien prueba de amor la larga guerra.


Sicelides

    Un poco más alcemos nuestro canto,

Musa, que no conviene a todo oído

decir de las humildes ramas tanto.

    El campo no es de todos recibido,

y si cantamos campo, el campo sea
5

que merezca del Cónsul ser oído.

    La postrimera edad de la Cumea,

y la doncella virgen ya es llegada,

y torna el reino de Saturno y Rea.

    Los siglos tornan de la edad dorada;
10

de nuevo largos años nos envía

el cielo y nueva, gente en sí engendrada.

    Tú, Luna casta, llena de alegría

favorece, pues reina ya tu Apolo,

al niño que nació en aqueste día.
15

    El hierro lanzará del mundo él solo,

y de un linaje de oro el más preciado

el uno poblará y el otro polo.

    En este vuestro, en este consulado,

Polio, de nuestra edad gran hermosura,
20

tendrá principio el rico y alto hado.

    En él comenzarán con luz más pura

los bienhadados meses su carrera,

y el mal fenecerá, si alguno dura.

    Lo que hay de la maldad nuestra primera
25

deshecho, quedarán ya los humanos

libres de miedo eterno, de ansia fiera.

    Mezclados con los dioses soberanos,

de vida gozarán, cual ellos, llena

de bienes deleitosos y no vanos.
30

    Veralos, y verán su suerte buena

y del valor paterno rodeado

cuanto se extiende el mar, cuanto la arena,

    Con paz gobernará. Pues, niño amado,

este primero don inculto y puro
35

el campo te presenta de su grado.

    Ya te presenta el campo el bien seguro

bácar, la verde yerba trepadora,

el lirio blanco, el trébol verde oscuro.

    Y las ovejas mismas a su hora
40

de leche vienen llenas, sin recelo

de lobo, de león y de onza mora.

    Tus cunas brotan flores, como un velo

derraman sobre ti de blancas rosas,

y no produce ya ponzoña el suelo,
45

    ni yerbas, ni serpientes venenosas;

antes sin diferencia ha producido

en todas partes yerbas provechosas.

    Pues cuando ya luciere en ti el sentido

de la virtud, y fueres ya leyendo
50

los hechos de tu padre esclarecido,

    De suyo se irá al campo enrojeciendo

con fértiles espigas, y colgadas

las uvas en la zarza irán creciendo.

    Los robles en las selvas apartadas
55

miel dulce manarán; mas todavía

habrá del mal antiguo sus pisadas.

    Habrá quien navegando noche y día

corte la honda mar, quien ponga muro

contra el asalto fiero y batería;
60

    quien rompa arando el campo seco y duro

habrá otro Tifi, y Argo, otros nombrados

que huyan por la gloria el ocio escuro.

    Habrá otros desafíos aplazados,

irá otra vez a Troya, conducido
65

de su virtud, Aquiles y sus hados.

    Mas ya cuando la firme edad crecido

te hiciere ser varón, el marinero

la mar pondrá y las naves en olvido.

    El pino mercader rico y velero,
70

no ya de sus confines alejado,

lo propio trocará con lo extranjero.

    Que adondequiera todo será hallado

sin reja y sin esteva o podadera,

sin que ande al yugo el toro el cuello atado.
75

    No mudará la lana su primera

color con artificios, enseñada

a demostrarse otra de lo que era.

    Porque en la oveja nace colorada

con carmesí agradable, y con hermoso
80

rojo y con amarillo inficionada.

    El sandix, de sí mismo, en el vicioso

prado pacido, viste a los corderos

por hado no mudable ni dudoso.

    Porque con voz concorde, y sus ligeros
85

husos las Parcas dicen volteando:

«¡Venid tales los siglos venideros!».

    Emprende, que ya el tiempo viene andando,

pimpollo, ¡oh, divinal obra del cielo!

lo grande que a ti solo está esperando.
90

    Mira el redondo mundo, mira el suelo;

mira la mar tendida, el aire, y todo

ledo esperando el siglo de consuelo.

    ¡Oh, si el benigno hado de tal modo

mis años alargase que pudiese
95

tus hechos celebrar y bien, del todo!

    Que si conmigo Orfeo contendiese,

y si cantando contendiese Lino,

aunque la madre y padre de éstos fuese

    Calíope de Orfeo, y del divino
100

Lino el hermoso Apolo, no sería

mi canto que su canto menos dino.

    Ni el dios de Arcadia, Pan, me vencería;

y aunque fuese juez la Arcadia desto,

la Arcadia en mi favor pronunciaría.
105

    Conoce, pues, con blando y dulce gesto,

¡oh, niño! ya a tu madre, que el preñado

por largos meses diez le fue molesto.

    Conócela; que a quien no han halagado

sus padres con amor y abrazo estrecho,
110

ni a su mesa los dioses le han sentado,

ni le admiten las diosas a su lecho.


Menalcas, Mopso

MENALCAS
Pues nos hallamos juntos, Mopso, agora

maestros, tú en tañer suavemente,

y yo en cantar con dulce voz sonora,

¿por qué no nos sentamos juntamente

debajo de estos córilos, mezclados
5

con estos olmos ordenadamente?

MOPSO
Tú eres el mayor; a ti son dados,

Menalca, los derechos de mandarme,

y a mí el obedecer a tus mandados.

Y pues que ansí te place, aquí sentarme
10

a la sombra que el céfiro menea,

o quiero, y es mejor, allí llegarme

al canto de la cueva, que rodea,

cual ves, con sus racimos volteando

silvestre vid que en torno la hermosea.
15

MENALCAS
Conmigo mismo estoy imaginando,

que Aminta en nuestro campo es quien contigo

tan sólo competir puede cantando.

MOPSO
¿Qué mucho es que compita aquél conmigo?

Presumirá vencer al dios de Delo.
20

MENALCAS
Mas di si hay algo nuevo, Mopso, amigo;

di del amor de Fili y desconsuelo,

o di en loor de Alcón, o de los fieros

de Codro; y de tu grey pierde el recelo.

Pierde, que habrá quien guarde los corderos.
25

MOPSO
Antes aquestos versos que he compuesto

quiero probar agora los primeros.

En la corteza escritos los he puesto

de un árbol, y su tono les he dado;

y di compita Amintas después desto.
30

MENALCAS
Cuanto es el blando sáuz sobrepujado

de la amarilla oliva, y el espliego

del rosal es vencido colorado;

tanta ventaja tú, si no estoy ciego,

haces al mozo Amintas. Mas di agora,
35

que ya en la cueva estamos, di hora luego.

MOPSO
A Dafni, pastor, muerto con traidora

y muerte crudelísima, lloraban

toda la dëidad que el agua mora.

Testigos son los ríos cuál estaban,
40

cuando del miserable cuerpo asidos

los padres las estrellas acusaban.

No hubo por quien fuesen conducidos

los bueyes a beber aquellos días,

ni fueron los ganados mantenidos.
45

Aun los leones mismos en sus frías

cuevas tu muerte, Dafni, haber llorado

dicen las selvas bravas y sombrías.

Que por tu mano, Dafni, el yugo atado

al cuello va el león y tigre fiero.
50

Tú el enramar las lanzas has mostrado;

tú diste a Baco el culto placentero,

tú de tu campo todo y compañía

la hermosura fuiste y bien entero,

ansí como del olmo es alegría
55

la vid, y de la vid son las colgadas

uvas, y de la grey el toro es guía;

cual hermosea el toro las vacadas,

como las mieses altas y abundosas

adornan y enriquecen las aradas.
60

Y ansí luego que, crudas y envidiosas,

las Parcas te robaron, se partieron

Apolo y sus hermanas muy llorosas.

Palas y Febo el campo aborrecieron,

y los sulcos que ya llevaban trigo,
65

de avena y grama estéril se cubrieron.

En vez de la violeta y del amigo

narciso, de sí mismo brota el suelo

espina, y cardo agudo y enemigo.

Pues esparcid ya rosas, poned velo
70

a las fuentes de sombra, que servido

así quiere ser Dafni desde el cielo.

Y con dolor, pastores, y gemido,

un túmulo poned, y en el lloroso

túmulo, aqueste verso esté esculpido:
75

Yo, Dafni, descansando aquí reposo,

nombrado entre las selvas hasta el cielo,

de hermosa grey pastor muy más hermoso.

MENALCAS
Cuanto al cansado el sueño en verde suelo,

cuanto el matar la sed en fresco río,
80

es causa de deleite y de consuelo,

no menos dulce ha sido al gusto mío

tu canto, y no tan sólo en la poesía,

mas en la voz, si yo no desvarío,

igualas tu maestro y su armonía.
85

Dichoso, que por él serás tenido

fuera de toda duda y de porfía.

Mas por corresponder a lo que he oído,

en la forma y manera que pudiere,

quiero poner mis versos en tu oído.
90

Al cielo encumbraré, cuanto en mí fuere,

a tu Dafni; diré a tu Dafni en canto,

que Dafni a mí también me quiso y quiere.

MOPSO
No hay don que a mi jüicio valga tanto,

y mereció en tus versos ser cantado,
95

y ya me los loaron con espanto.

MENALCAS
De blanca luz en torno rodeado

con nueva maravilla Dafni mira

el no antes visto cielo ni hollado;

y puesto so sus plantas, viendo, admira
100

aquellos eternales resplandores,

y aparta la verdad de la mentira.

Allí, pues, de otras selvas y pastores

alegre y de otros campos goza y prados

con otras Ninfas trata sus amores.
105

No temen allí el lobo los ganados,

ni las redes tendidas, ni el cubierto

lazo fabrica engaño a los venados.

Ama el descanso Dafni, y de concierto

los montes y las peñas pregonando
110

dicen: «Menalca es dios, éste es dios, cierto».

Favorece, pues, bueno, prosperando

los tuyos y sus cosas amoroso,

los tuyos que tu nombre están cantando.

Que en este valle agora y bosque umbroso
115

levanto cuatro aras, y dedico

a Dafni dos, y dos a Febo hermoso.

Y en ellas cada un año sacrifico

de leche dos lecheros apurada,

y de olio vasos dos te santifico.
120

Y sobre todo en mesa embrïagada,

abundante con vino y alegría,

a la sombra o al fuego colocada.

-A la sombra en verano, mas el día

en que reinare el yelo, junto al fuego-
125

tu honor festejaremos a porfía.

Dametas y el Egón cantarán luego;

Alfeo imitará también, saltando

los sátiros con risa y dulce juego.

Esto tendrás perpetuo, siempre cuando
130

el día de las Ninfas, cuando fuere

el día que los campos va purgando.

En cuanto por las cumbres ya paciere

del monte el jabalí; en cuanto amare

el río, y en el agua el pez corriere,
135

y en cuanto de tomillo se apastare

la abeja, y ansimismo de rocío

la cigarra su pecho sustentare:

tanto tu fama y nombre yo confío

irá más de contino floreciendo
140

al yelo siempre el mismo y al estío.

Como a Ceres y a Baco a ti ofreciendo

irán sus sacrificios los pastores,

y sus promesas tú también cumpliendo.

MOPSO
¿Qué dones no serán mucho menores
145

que los que a versos tales es debido,

tales que no es posible ser mejores?

Que a mí no me deleita ansí el sonido

del viento, que silbando se avecina,

ni las costas heridas con rüido,
150

las costas donde azota la marina,

ni el río sonoroso ansí me agrada,

que en valles pedregosos ya y camina.

MENALCAS
Primero, pues, por mí te será dada

esta flauta, con que el Alexi hermoso
155

de mí, y la Galatea fue cantada.

MOPSO
Y tú toma este báculo ñudoso,

que Antino mereciendo ser amado,

nunca me le sacó, y es muy vistoso

en ñudos, y con plomo bien chapado.
160


Prima Siracusio

    Primero con el verso siciliano

se quiso recrear la musa mía,

y no se desdeñó del trato humano

y pastoril vivienda mi Talía.

Los reyes ya cantaba y Marte insano,
5

mas al oído Febo me decía:

«Conviénete, mi Títiro, primero

ser guarda de ganado y ser vaquero.

    Conviénele al pastor pacer ganado,

y que la flauta y verso iguales sean».
10

Y pues contino, ¡oh, Varo! estás cercado

de tantos que de ti cantar desean,

y que en las tristes guerras su limado

ingenio de contino y verso emplean,

yo quiero con el son de la pastora
15

zampoña concertar mi musa agora.

    Mandado soy, y si por caso alguno

algún aficionado me leyere,

de ti, Varo, mi avena, de ti uno,

en cuanto el cielo en torno se volviera
20

el pino cantará, el lauro, el pruno,

y todo lo que el bosque produjere:

que no hay cosa que a Febo caiga en grado,

como la carta a do Varo es nombrado.

    Digamos, pues, Piérides: un día
25

de Cromis y de Mnasilo, fue hallado

Sileno en una cueva, que yacía

en sueño, y más en vino sepultado;

las venas hinchadísimas tenía

del vino que bebió el día pasado,
30

y la guirnalda por el suelo estaba,

mas el barril del asa le colgaba.

    Dieron sobre él los mozos, que burlados

del viejo muchas veces, se dolieron

acerca de unos versos; y llegados
35

con su guirnalda misma le prendieron.

Egle llegando ayuda a los turbados,

Egle bella entre cuantas ninfas fueron;

y ya despierto, y viéndolo, la frente

con moras le pintaron juntamente.
40

    Entonces él, riendo del engaño:

«¿A qué fin proseguís en más atarme?

Baste el haber podido hacerme daño,

baste el haber podido aprisionarme;

los versos que pedís luego os los taño;
45

podéis seguros, dice, desatarme;

los versos para vos, que a esa hermosa

yo la satisfaré con otra cosa».

    Y comenzó; y del canto la dulzura

los sátiros movió, movió las fieras,
50

del roble y de la encina misma dura

las cimas menear a compás vieras;

no se alegró de Pindo más la altura

con Febo y con sus nuevas compañeras,

ni el Ródope jamás admiró tanto,
55

ni el Ismaro de Orfeo el dulce canto.

    Cantaba en qué manera en el tendido

vacío descendiendo, derramadas

las menudas simientes, habían sido

por acertado caso en sí ajuntadas;
60

de dó la tierra, el aire, el encendido

fuego, las aguas dulces y saladas

nacían de principio, y cuan de presto

el tierno mundo fuera así compuesto.

    Y cómo comenzó a secarse el suelo,
65

y a su lugar la mar se retiraba,

y se figura todo; y cómo el cielo

con nuevo sol las tierras alumbraba:

ya toman las ligeras nubes vuelo,

ya el agua en largos hilos abajaba
70

ya crece la floresta, y van por ella

los raros animales sin sabella.

    Después dice las piedras alanzadas

por Pirra, y de Saturno el reino de oro;

las aves en el Cáucaso cebadas
75

en el sabio ladrón del gran tesoro,

y el Hila por las costas apartadas

buscado por demás con triste lloro,

la fuente do quedó, y la voz contina

que hinche de ¡Hila!, ¡Hila! la marina.
80

    Y habla con Pasifae dichosa

si nunca o vaca o toro hubiera habido,

y dice en su consuelo: ¡Ay! ¿Qué afrentosa

locura, ¡ay desdichada!, te ha venido?

Jamás apeteció tan torpe cosa
85

la Preta, aunque bramó por el ejido,

y aunque temió a su cuello el duro arado,

y en su frente los cuernos ha buscado.

    ¡Ay, virgen desdichada! Tú, perdida

andas por la montaña, y él, echado
90

debajo un negro roble, en la florida

yerba, reposa el bello y blanco lado,

y pace allí la yerba amortecida;

o por ventura sigue enamorado

en medio la copiosa y gran vacada
95

alguna vaca hermosa que le agrada.

    «Cerrad, Ninfas, del bosque las salidas,

Ninfas de las florestas, cerrad luego;

si acaso encontraré con las queridas,

con las vagas pisadas de mi fuego,
100

que, o las dehesas verdes y floridas

detienen, o por caso el amor ciego,

siguiendo, algunas vacas le han traído

al gortinio pesebre conocido».

    Y canta en pos de aquesto la doncella,
105

de la rica manzana aficionada,

y viste de corteza amarga aquella

hermosa compañía lastimada,

que del fraterno caso se querella,

y en álamos subidos transformada
110

y con raíz hondísima los planta,

y con ramas crecidas los levanta.

    Y canta cómo Galo en la ribera

de los ríos de Pérmeso hallado

por una de las nueve hermanas fuera,
115

y cómo de la misma fue llevado

al monte de Parnaso, y la manera

que el apolíneo coro levantado

le hizo reverencia, y cómo Lino

le dijo con acento y son divino.
120

    De flores coronado, le decía:

«Toma, que te da Euterpe, aquesta avena,

que antes dio al viejo Ascreo, que movía

los árboles las veces que la suena;

con ella cantarás el alegría
125

de la gortinia selva y suerte buena,

porque no haya bosque ni floresta

de quien se precie Apolo más que desta».

    ¿Qué servirá decir cómo cantada

es la Scila, que a Niso fue traidora,
130

o la de quien se suena que, cercada

las ingles de fiereza ladradora,

de Ulises fatigó la noble armada,

y en el profundo piélago do mora,

¡ay triste! los medrosos marineros
135

despedazó cruel con perros fieros?

    ¿O cómo refería del Tereo

los miembros transformados, los manjares,

los dones, el convite crudo y feo,

que le dio Filomela, los pesares
140

con que vengó su pena? Y dice arreo

las alas que la llevan por lugares

desiertos, con que vuela desdichada

sobre la que antes fuera su morada.

    Y todo lo que a Febo ya cantando
145

el bienaventurado Eurota oído

había, y el oíllo continuando

lo habían sus laureles deprendido,

Sileno lo cantaba, y resonando

los valles, a los cielos va el sonido;
150

hasta que ya la estrella apareciendo

del pasto las ovejas fue cogiendo.


Forte sub arguta

Melibeo, Coridón, Tirsi

MELIBEO
Debajo un roble que, movido al viento

blando, hacía estruendo, el Dafni estaba,

y Tirsi y Coridón al mismo asiento

su hato cada uno amenazaba;

el Tirsi conducía ovejas ciento,
5

cabras el Coridón apacentaba;

ambos zagales bellos, ambos diestros,

y en responder cantando muy maestros.

Allí fue, en cuanto encubro, defendiendo

los mirtos del mal cierzo, desmandado
10

del hato un cabrón mío, y yo siguiendo

al Dafni vi, y dél visto fui llamado:

«Aquí ven, Melibeo, aquí corriendo,

-dice- que tu cabrón aquí ha parado

y si te vaga un poco, aquí tendido
15

descansarás la priesa que has traído».

Aquí las vacas por el prado y eras

se vienen a beber; aquí florecen

del Mincio en verde hoja las riberas,

y los enjambres suenan y adormecen.
20

¿Mas quién diera recaudo a mis corderas,

que ni Filis ni Alcipe no parecen,

y estaban a cantar desafiados

el Tirsi, el Coridón, y muy trabados?

Al fin aventajé su canto y ruego
25

a mi negocio propio, y comenzaron

el uno acometiendo, el otro luego

volviendo la respuesta, y porfiaron

gran pieza así en el dulce y docto juego,

que a aquesta ley los mismos se obligaron.
30

El Coridón decía así cantando,

y el Tirsi así cantaba replicando.

CORIDÓN
Amadas Musas, inspiradme agora

de versos la feliz y docta vena,

del Codro, que con el que en Delo mora,
35

cantando a las parejas casi suena;

o si para aquél solo se atesora

el primor todo de la docta avena,

colgada para siempre desde luego

a aqueste pino mi zampoña entrego.
40

TIRSI
Este poeta que hora se levanta,

pastores los de Arcadia, coronado

de hiedra, levantad a gloria tanta,

que con envidia el Codro traspasado

reviente, o si excediere en lo que canta,
45

el uno le ceñid y el otro lado;

con bácar le ceñid la docta frente,

no prenda en él la lengua maldiciente.

CORIDÓN
De un jabalí cerdoso te presenta

esta cabeza el Títiro, ¡oh, Diana!
50

y estos ramosos cuernos, donde cuenta

el ciervo vividor su vida vana:

y si lo que en el alma representa

por medio de tu mano alcanza y gana,

de mármol estarás, y con calzado
55

de tornasol teñido y de violado.

TIRSI
Y tú de leche un vaso por ofrenda

de mí tendrás en cada un año cierto;

no es justo que el pequeño don te ofenda,

pues guardas tú, Priapo, un pobre huerto:
60

de piedra eres agora, mas si enmienda

el año, de riqueza irás cubierto;

con oro lucirás si acrecentare

la nueva cría el año y mejorare.

CORIDÓN
Nerine Galatea, más sabrosa
65

que el tomillo hibleo, y que el nevado

cisne más blanca mucho, y más hermosa

que el álamo de yedra rodeado;

si vive en tu sentido y si reposa

de aqueste tu pastor algún cuidado,
70

vendrás con pie ligero a mi majada,

en tornando del pasto la vacada.

TIRSI
Y yo más que el asensio desabrido,

más áspero que zarza y vil te sea,

más que las ovas viles; más huido
75

que el lobo es de la oveja yo me vea,

si no se me figura haber crecido

un siglo aquesta luz odiosa y fea.

Id hartos, id, novillos, a la estanza;

que ya es mala vergüenza tal tardanza.
80

CORIDÓN
Fuentes, de verde musgo rodeadas,

y más que el blando sueño yerba amena,

y vos, ramas, que en torno levantadas

hacéis sombra a la pura y fresca vena,

debajo de vosotras, allegadas,
85

sesteen las ovejas; que ya suena

el grillo, y la vid brota, y ya camina

viniendo el seco estío y se avecina.

TIRSI
Aquí hay hogar y fuego, aquí la llama

con tea resinosa siempre dura;
90

aquí, si el blanco cierzo sopla y brama,

matiza con hollín el techo, escura;

aquí si el blanco cierzo sopla y brama

curamos dél, lo mismo que se cura

de no robar el río su ribera,
95

o de guardar la grey el lobo entera.

CORIDÓN
Debajo de sus árboles caída

yace la fruta, y sobre la montaña

tuerce de su serbal al ramo asida

la serba, y del castaño la castaña;
100

la copia por los campos extendida

el valle y monte todo en gozo baña;

mas si Alexis sus ojos relucientes

cubre, se secarán las mismas fuentes.

TIRSI
Los campos están secos y agostados
105

por culpa del sereno aire, y muere

la yerba de sedienta en los collados;

tender su hoja ya la vid no quiere.

Serán aquestos daños remediados

al punto que mi Filis pareciere:
110

ante ella su verdor cobrará el suelo,

y abajará con lluvia larga el cielo.

CORIDÓN
El álamo de Alcides es querido,

de Baco la vid sola es estimada,

el mirto de la Venus siempre ha sido,
115

y en el laurel por Febo es Dafni amada;

el córilo es de Filis escogido,

del córilo la Filis pues se agrada;

al córilo conozcan por rey solo

el mirto y el laurel del rojo Apolo.
120

TIRSI
Bellísimo en el bosque el fresno crece,

el pino es en los huertos hermosura,

el álamo en los ríos bien parece,

la haya de los montes el altura:

mas cuando ante mis ojos aparece,
125

¡oh, Lícida divino! tu figura,

el pino de los huertos no es hermoso,

el fresno de los bosques no es vistoso.


Égloga VIII

Damón y Alfesibeo

El dulce y docto contender cantando

de Alfeo y de Damón, que embebecida

la novilla admiró, casi olvidando

la yerba y el pacer, por quien perdida

la presa tuvo el lince, y restañando
5

los ríos sosegaron su corrida;

digamos, pues, el canto y los amores

de Alfeo y de Damón, doctos pastores.

¡Oh, tú, que hora con remo victorioso

o pasas el Timavo, o la vecina
10

costa! ¿Si jamás día tan dichoso

veré, que me conceda con voz dina

cantar tu pecho, y brazo valeroso,

cantar tu verso y musa peregrina,

a la cual sola dice justamente
15

la majestad del trágico elocuente?

De ti hizo principio, en ti fenece,

y todo mi cantar en ti se emplea;

recibe aquestos versos que te ofrece

la voz que tu querer cumplir desea;
20

al vencedor laurel, que resplandece

en torno de tu frente y la hermosea,

consiente que, allegada y como asida,

aquesta yedra vaya entretejida.

Apenas de la noche el velo frío
25

había el claro cielo desechado,

al tiempo que es dulcísimo el rocío

sobre las tiernas yerbas al ganado,

vertiendo de los ojos largo río,

al tronco de un olivo recostado,
30

Damón tocó la flauta lastimero

y comenzó a cantar así el primero:

DAMÓN
«Procede ya, Lucero, ante el sol bello

en tanto que de Nise fementida,

por vil amor trocado, me querello
35

y notifico al cielo mi herida

-bien que nunca hallé provecho en ello-

en esta hora postrera de mi vida;

y tú suena y conmigo el son levanta,

zampoña, como en Ménalo se canta.
40

En Ménalo contino el bosque suena,

en Ménalo los pinos son cantores,

con la voz pastoril siempre resuena,

y siempre oye sus quejas, sus amores,

y siempre oye los dioses, de la avena
45

dulcísima primeros inventores.

Pues suena ya y conmigo el son levanta,

zampoña, como en Ménalo se canta.

Casó Nise con Mopso; ¿qué mixtura

no templará el amor? El tigre fiero
50

pondrá con la paloma, y por ventura

en uno pacerán lobo y cordero.

Dispónete que tuya es la ventura;

¡sus, Mopso, que por ti sale el lucero!

Y tú suena y conmigo el son levanta,
55

zampoña, como en Ménalo se canta.

Mas ¡qué bien empleada la que enfado

de todos, arrogante, burla hacías;

la que mi sobrecejo y mi cayado,

mi barba y mi zampoña aborrecías;
60

la que de nuestras cosas el cuidado

ajeno de los dioses ser creías!

Pues suena ya y conmigo el son levanta,

zampoña, como en Ménalo se canta.

Pequeña y con tu madre, y yo por guía,
65

te vi entre mis frutales hacer daño;

ya dende el suelo yo tocar podía

las ramas, y doblaba el sexto año.

Como te vi, te di, ¡ay!, la alma mía;

llevome en pos de sí preso el engaño.
70

Y tú suena y conmigo el son levanta,

zampoña, como en Ménalo se canta.

Ya te conozco, Amor. Entre las breñas,

en fiero punto, en día temeroso,

ni nuestro en sangre, ni con nuestras señas,
75

de duros Garamantes, del fragoso

Ródope procediste, y de las peñas

del Ismaro, do bate el mar furioso.

Y tú suena y conmigo el son levanta,

zampoña, como en Ménalo se canta.
80

Por ti, crudo, tiñó la cruda mano

en sus hijos Medea ensangrentada;

mas ¿cuál fue de los dos más inhumano,

o tú, malvado Amor, o tú, malvada?

Tú fuiste siempre, Amor, un mal tirano;
85

tú fuiste una cruel desapiadada.

Y tú suena y conmigo el son levanta,

zampoña, como en Ménalo se canta.

Mas ya siquiera huya perseguido

el lobo de la oveja, y sea arreo
90

del roble la azucena, y al sonido

del cisne se aventaje el cuervo feo,

y Títiro al Aríon preferido,

a Aríon sea en mar, en monte a Orfeo.

Y tú suena y conmigo el son levanta,
95

zampoña, como en Ménalo se canta.

Y siquiera se anegue todo el mundo,

vivid, selvas, por tiempo prolongado;

que yo del alto risco al mar profundo

venir me determino despeñado;
100

si no lo fue el primero, este segundo

servicio de ti, Nise, será amado.

¡Ay!, cesa ya, zampoña, y no levantes

el son ni como en Ménalo más cantes».

Aquí dio fin Damón a su lamento,
105

y suspiró profunda y tiernamente;

tocó del grave mal el sentimiento

al monte, que responde en son doliente;

y luego, puesto en pie, con nuevo acento,

sonando la zampoña dulcemente
110

Alfeo comenzó. Lo que ha cantado,

vos, Musas, lo decid, que a mí no es dado.

ALFEO
«Corona aqueste altar con venda y flores:

agua me da, y enciende la verbena,

incienso macho enciende; en mis dolores
115

veré si hay fuerza alguna o arte buena;

veré si torno a Dafni a mis amores;

no falta sino el canto, canta y suena,

y di: Ve, mi conjuro, y la mar pasa

y vuelve de la villa a Dafni a casa.
120

El canto y el conjuro es poderoso

a retraer la luna reluciente;

el rostro demudó Circe monstroso

con cantos del Ulises a la gente;

de canto rodeada vigoroso
125

revienta por los prados la serpiente.

Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa

y vuelve de la villa a Dafni a casa.

Tres cuerdas te rodeo lo primero,

de su color cada una variada
130

imagen, y con pie diestro y ligero

acerca de este altar y ara sagrada,

traerte alrededor tres veces quiero,

que el número de tres al cielo agrada.

Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa
135

y vuelve de la villa a Dafni a casa.

Añuda ¡oh, Amarilis! con tres ñudos

cada uno de estos hilos colorados;

añuda ya, y no estén los labios mudos;

di en cada ñudo destos por ti dados:
140

"Ñudos de amor, estrechos, ciegos, crudos,

ñudos de amor doy firmes y añudados".

Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa

y vuelve de la villa a Dafni a casa.

Ansí como esta cera torna blanda,
145

ansí como este barro se endurece

y un mismo fuego en ambas cosas anda

y juntamente seca y enternece,

ansí tú, Amor, conmigo a Dafni ablanda,

y para las demás le empedernece.
150

Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa

y vuelve de la villa a Dafni a casa.

Esparce ese batido de harina,

de farro y sal mezclada en esa llama;

al fuego aquel laurel verde avecina,
155

y encima dél el bálsamo derrama.

Dafni crudo me abrasa a mí mezquina,

yo quemo en su lugar aquesta rama.

Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa

y vuelve de la villa a Dafni a casa.
160

Cual la novilla de buscar cansada

su toro por los montes, junto al río

se tiende dolorida y olvidada

no huye de la noche ni del frío;

ansí me busques, Dafni, ansí buscada
165

en pago del amor te dé desvío.

Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa

y vuelve de la villa a Dafni a casa.

En los pasados años aquel ciego

y desleal me diera estos despojos,
170

entonces caras prendas, dulce fuego,

agora crudos y ásperos abrojos;

aquestos, tierra, agora yo te entrego,

porque le restituyas a mis ojos.

Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa
175

y vuelve de la villa a Dafni a casa.

También estas ponzoñas producidas

en Ponto, porque el Ponto es fértil dellas,

de su lugar las mieses traducidas,

y vuelto en lobo al Meris vi con ellas;
180

al Meris que las vidas fenecidas,

reduce a ver la luz de las estrellas.

Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa

y vuelve de la villa a Dafni a casa.

Esta ceniza coge y saca fuera;
185

adonde el agua corre ve a lanzalla;

por las espaldas la echa y ven ligera;

no mires, Amarilis, al echalla.

Con esto tentaré aquel alma fiera.

Mas ¿qué canto o qué dios podrá ablandalla?
190

Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa

y vuelve de la villa Dafni a casa.

¿No ves que las cenizas alzan llama

en cuanto me detengo? Por bien sea.

¡Ay! Yo no sé quién es, que alguno llama,
195

que la perrilla en el portal vocea.

¿Si viene por ventura, o si quien ama

soñando finge aquello que desea?

¡Ay! Pon a tu camino, pon ya tasa,

conjuro, que mi Dafni es vuelto a casa».
200


Lícidas, Meris

LÍCIDAS
¿A do, Meri, los pies te llevan hora?

¿Por caso vas adonde va el camino?

¿Por ventura a la villa vas tú agora?

MERIS
¡Oh, Lícida! Por nuestro mal destino

habemos a ver vivos allegado
5

lo que en el pensamiento nunca vino.

A que nos diga un malo apoderado

de nuestras heredades, sin mesura:

«Id fuera, que esto todo a mí me es dado».

Y ansí (¡que se le vuelva en desventura!)
10

le envío triste agora estos corderos,

pues todo lo trastorna la ventura.

LÍCIDAS
Oyera yo que desde los oteros

de do vienen cayendo los collados,

hasta del agua y haya los linderos,
15

que todos estos pastos y sembrados

por medio de sus versos y poesía

fueron a tu Menalca conservados.

MERIS
Oiríaslo, que ansina se decía.

Mas versos entre armas pueden tanto
20

como contra el león el ciervo haría.

Y si ya la corneja con su canto

a fenecer los pleitos como quiera

no me inclinara de contino tanto;

Si desto ya avisado no estuviera
25

por cierto ten que agora ni este amigo

tuyo, ni mi Menalca vivo fuera.

LÍCIDAS
¡Ay! ¿Cabe tal maldad ni en enemigo?

¡Ay! Casi nuestras fiestas acabadas,

Menalca, y nuestros gozos ya contigo.
30

¿Quién hiciera en las fuentes enramadas?

¿Quién cantara a las Ninfas de contino?

¿Quién sembrara con flores las majadas?

¿O los versos que ayer con arte y tino

a la Amaril hurté calladamente,
35

cuando conmigo a solazarse vino?

Títiro, en cuanto vuelvo prestamente

las cabras apacienta, y, en paciendo,

llévalas a la pura y fresca fuente.

Llévalas, y al llevar ten cuenta yendo
40

no enojes al cabrón, porque, enojado,

hiere mal con el cuerno acometiendo.

MERIS
O lo que para Varo no acabado,

mas lleno de primor y de dulzura,

cantaba deleitando monte y prado:
45

Los cisnes tu loor -si Mantua dura,

si Mantua de Cremona ¡ay! mal vecina-

cantando subirán en grande altura.

LÍCIDAS
Ansí huya tu enjambre de malina

árbol; ansí las ubres tu vacada
50

con pasto bueno ensanche a la contina.

Di, si te acuerdas de algo, que me es dada

la flauta a mí también, y de mi canto

me dicen los pastores les agrada.

Bien que no les doy fe, ni daré en cuanto
55

no merezco del Varo ser oído,

mas, como entre los cisnes, ánsar canto.

MERIS
En eso mismo estoy embebecido;

si pudiese tornallo a la memoria,

que no merece ser puesto en olvido.
60

¿Qué pasatiempo hallas, o qué gloria

en las ondas? ¡Oh! Aquí ven, Galatea,

a do de sus esmaltes hace historia;

a do el verano bello hermosea

y pinta la ribera, pinta el prado,
65

y todo en derredor cuanto rodea.

Aquí el álamo blanco, levantado,

hace sombra a la cueva deleitosa,

aquí teje la vid verde sobrado;

aquí hace la vid estanza umbrosa.
70

Aquí, pues, ven ya, y deja que en la arena

golpee a su placer la mar furiosa.

LÍCIDAS
¿Y lo que yo te oyera una serena

noche? Que si los versos hora olvido,

su tono en mis orejas siempre suena.
75

MERIS
Dafni, ¿qué miras, todo convertido

a los antiguos signos? Que más bella

que otra más bella luz ha aparecido.

Mira cuál sale y sube la alta estrella

de César, con la cual se goza el trigo,
80

y las uvas colora en la vid ella.

Enjiere con aquesta luz que digo,

enjiere, Dafni, los perales luego;

tus nietos cogerán el fruto amigo.

Todo lo lleva el tiempo y aún el fuego,
85

y del gusto el sentir que yo solía

largos soles pasar en canto y juego.

Y agora ya gastada la alma mía,

en demás de mil versos que me olvido,

aun la voz misma me huye y se desvía.
90

Primero de los lobos visto he sido;

mas cien veces aquesto todo arreo

te será de Menalca referido.

LÍCIDAS
Con achaques dilatas mi deseo,

y el mar se calla agora sosegado,
95

y ni resuena el viento, según veo.

Sus murmullos los aires han echado,

y éste es el medio espacio; que aparece

a donde el Bianor está enterrado.

Aquí sentados pues, si te parece,
100

cantemos; aquí asienta los corderos,

que en la villa estarás cuando anochece.

Y si temes algunos aguaceros

al venir de la noche, ansí cantando

iremos más alegres y ligeros.
105

El camino el cantar irá aliviando,

y yo te aliviaré de aqueste peso,

porque cantemos yendo caminando.

MERIS
Pon, Lícida, ya fin a este proceso;

hagamos lo que hacemos de presente,
110

que el tiempo y la sazón de todo eso

es cuando aquél tornare a estar presente.


Extremum

    Este favor de ti que es ya el postrero,

me sea ¡oh, Aretusa! concedido.

De Galo algunos versos decir quiero,

mas versos que convengan al oído

de la Lícoris, lazo estrecho y fiero,
5

en que padece preso el afligido;

que ¿quién jamás con buena y justa excusa

a Galo negará su verso y musa?

    Concédeme, pues, Ninfa, alegremente

esta merced debida y deseada,
10

ansí cuando huyendo tu corriente

debajo de la mar va apresurada,

la Doris no inficione osadamente

con su amargor tu agua delicada.

Comienza ya, y digamos el cuidado
15

de Galo, mientras pace mi ganado.

    Los montes dan oído a nuestro canto

-que tienen y los montes sus oídos-,

y a cuanto les cantamos otro tanto

al punto dellos somos respondidos.
20

Mas, náyades, ¿qué selva amastes tanto?

¿Qué bosque ansí ocupó vuestros sentidos,

cuando de amores Galo perecía,

pues ningún monte docto os detenía?

    Que cierto es que ni el Pindo ni el Parnaso
25

de algún detenimiento causa os fueron,

ni el Aganipe aonia de Pegaso,

ni la Castalia fuente os detuvieron.

Y fue tan lastimero y duro el caso,

que dél los insensibles se dolieron;
30

lloró el pino y lloró el laurel febeo,

y el Ménalo y las peñas del Liceo.

    Y las ovejas mismas lastimadas,

juntas con él estaban de contino;

a ellas no les pesa ser guiadas
35

por ti, el mayor poeta y más divino;

no deben ser de ti menospreciadas,

ni juzgues que el ganado no te es dino,

pues fue del bello Adoni apacentado

por prados y riberas el ganado.
40

    Y vino el ovejero; y vino luego

el porquerizo, y vino el gordo hinchado

Menalca de bellota: «¿Y tanto fuego

y tanto amor de dónde?», han preguntado;

y también vino Apolo, y dice: «Ruego
45

me digas, qué locura te ha tomado

Lícori, por quien, Galo, estás muriendo,

a otro por las nieves va siguiendo».

   Y vino el dios Silvano, y parecía

que sacudiendo recio meneaba
50

los lirios y espadañas que traía,

que con la frente en torno coronaba;

y el dios de Arcadia, Pan, también venía

con rostro rubicundo que agradaba;

por nuestros ojos mismos visto ha sido,
55

de negras moras y carmín teñido.

¿Y cuándo has de dar fin a tu tormento?

Que de estas cosas, dice, Amor no cura;

que nunca amargo lloro y sentimiento

hartaron del Amor la hambre dura,
60

ni se vio Amor de lágrimas contento,

ni cabra de pacer rama y verdura,

ni de flor las abejas, ni los prados

de en agua de contino andar bañados.

Él, sin embargo desto, doloroso
65

y triste respondió: «Vos, los pastores

de Arcadia, cantaréis con lastimoso

verso por vuestros montes mis dolores;

vosotros que en el canto artificioso

sois únicos maestros y cantores.
70

Reposará mi alma -¡oh, en qué alegría!-

si canta vuestra voz la suerte mía.

    Y aún ¡oh, si de vosotros fuera yo uno,

o guarda de ganado o viñadero!;

si amara a Fili, Aminta u otro alguno
75

-que si es moreno Aminta, no es tan fiero-

tendido so los sauces de consuno,

gozáramos en paz del bien postrero;

la Fili de guirnaldas me cercara,

y Amintas con su canto me alegrara.
80

    Aquí prados había deleitosos;

aquí, Lícori, hallaras fuentes frías,

y aquí, si te agradara, en amorosos

deseos traspasáramos los días;

mas ¡ay! que agora, Amor, por peligrosos
85

pasos llevas mis locas fantasías,

y entre las armas fieras y el bramido

de Marte tienes preso mi sentido.

    Y de la patria tú, y de mí alejada

-mas nunca crea yo tal desventura-
90

sola y sin mí, la nieve alpina helada,

y ves del Rin la sierra helada y dura.

¡Ay!, no ofenda a tu carne delicada

el frío, o menoscabe tu hermosura;

no corte de tu planta el cuero tierno
95

la escarcha rigurosa del invierno.

    Lo que en verso calcídico he compuesto,

poner quiero en la flauta siciliana,

y entre las selvas y alimañas puesto

quiero pasar mi duelo y pena insana;
100

entallaré en los árboles aquesto,

y tu quebrada fe, Lícori, y vana,

ellos creciendo se harán mayores,

y creceréis con ellos, mis amores.

    Y a veces con las Ninfas paseando
105

del Ménalo andaré por los oteros,

o si me diere gusto iré cazando

los tímidos venados y ligeros,

sin ser conmigo parte, ni lanzando

o nieve el cielo o turbios aguaceros
110

serán de mí con perros rodeados

los valles del Partenio y los collados.

    Y se me representa ya y figura

que voy por los peñascos discurriendo;

ya voy por la montaña espesa, escura,
115

ya encorvo el arco turco ya le extiendo;

¡ay! como si salud a mi locura

diese lo que ora triste voy diciendo,

o como si del mal del pecho humano

supiese condolerse aquel tirano.
120

    Mas ya ni quiero ninfas ni cantares;

los versos no me placen, ni los quiero,

ni gusto por montañas ni lugares

ásperos perseguir al puerco fiero;

las selvas no remedian mis pesares,
125

ni la cruel herida de que muero,

ni estudio mío, o pena o triste duelo

pueden mudar aquel que abrasa el suelo.

    No pueden, ni si en medio del invierno

pusiese dentro el pecho el Ebro helado,
130

ni si cuando del olmo el cuero interno

se seca en los Guineos, su ganado

paciese cometido a mi gobierno,

y cuando el Sol en Cancro está encumbrado.

Y pues vencido amor todo lo tiene,
135

rendírnosle de fuerza nos conviene».

    Esto me baste, Musa, haber cantado,

en cuanto un canastillo estoy tejiendo

al Galo, cuyo amor cual bien plantado

álamo, en mí por horas va creciendo.
140

¡Alto! que ya a la sombra estar sentado

daña, y de enebro más la sombra siendo;

y aun a las mieses son las sombras frías.

¡Id hartas, que anochece, id, cabras mías!


Geórgica primera

    Lo que fecunda el campo, el conveniente

romper del duro suelo, el sazonado

juntar la vid al olmo, y juntamente

cómo se cura el buey, cómo el ganado,

y de la escasa abeja diligente
5

su industria, y saber mucho no enseñado,

aquí, Mecenas claro, comenzando

por orden cada cosa iré cantando.

    ¡Oh, vos, lumbreras claras de la vida,

que el año producís andando el cielo,
10

alma Ceres y Baco!, si en florida

espiga por don vuestro mudó el suelo

la primera bellota, y la bebida

con las halladas uvas perdió el yelo,

y vos, dioses propicios del aldea,
15

venid, Faunos, a do mi voz desea.

    Venid, Faunos, venid, coro lucido

de Dríadas, pues vuestros dones canto:

y tú, Neptuno, a quien el campo herido

con el grande tridente, con espanto
20

el caballo produjo, y del florido

bosque el cultivador; y de otro canto

de novillos pastor tres veces ciento,

que pacen de la Cea el grueso asiento.

    Y tú, pastor de ovejas, Pan, dejados
25

tus bosques y tus valles de Liceo,

si son de ti tus Ménalos ya amados,

ven presto favorable aquí, ¡oh Tegeo!;

y tú, Minerva, ven, que a los collados

la gruesa oliva hallando diste arreo;
30

y el mozo inventador del corvo arado,

y el del ciprés entero por cayado.

    Y vos, dioses y diosas igualmente,

cuantos tenéis por obra y por oficio

la guarda de los campos, juntamente
35

aquellos que con vuestro beneficio

las mieses levantáis no sin simiente

y aquellos que enviáis del edificio

del cielo, para el bien de los sembrados,

largos hilos de lluvia derramados.
40

    Y finalmente tú, de quien se duda

a cuál divinidad serás alzado,

o si de lo terreno que se muda

querrás y de tu Roma el gran cuidado,

de arte que, colgada de tu ayuda,
45

la redondez te adore coronado

con el materno mirto frente y sienes,

señor del aire y campo y de sus bienes.

    O si fueres del mar por dios tenido,

y a ti solo adorare el marinero,
50

y Tule lo postrer de lo sabido,

y diere por ti Teti el mar entero,

por ti para su yerno, o añadido

a los meses tardíos por lucero

en el lugar que está desocupado,
55

entre Virgo y las Quelas asentado.

    Que, si lo miras, ya para tu asiento

los brazos encogió el Escorpio ardiente,

y más de la mitad con miramiento

te deja de su silla reluciente;
60

pues, o te venga de esto más contento,

o seas el que fueres finalmente

-que no te esperará rey el infierno,

ni tú desearás tan mal gobierno,

    aunque el Elísio campo Grecia admire,
65

y Proserpina huya demandada

volverse con su madre-, ansí que inspire

en mí tu dëidad apïadada

del labrador que ignora por dó tire,

y da favor a aquesta empresa osada.
70

Ven, pues, y desde luego acostumbrado

aprende como dios ser invocado.

    En el verano nuevo cuando el frío

humor en la alta sierra desatado

desciende, convertido en largo río,
75

y el campo con el céfiro alentado

el seno afloja, que cerraba el frío,

al punto gima el buey con el arado

hincándolo, y la reja, desgastada

con el arar relumbre como espada.
80

    Aquella mies sin duda corresponde

con lo que siempre el labrador desea,

que en dos tiempos el yelo en sí la esconde,

y en dos tiempos el sol la ve y recrea;

sus frutos las paneras rompen, donde
85

se encierran; mas tu estudio y vela sea

antes de abrir con reja el nuevo suelo,

las mañas conocer el viento y cielo.

    Los vientos y los modos diferentes

del aire y sus diversas calidades,
90

lo propio de las tierras, las simientes

qué huyen o a quién hacen amistades;

que aquí se dan los trigos, las ardientes

uvas mejor allí, las variedades

de frutas hallan dicha en otra parte,
95

y lo que sin cultura nace y arte.

    ¿No ves, por aventura, cómo envía

Cilicia su azafrán; el indio feo

nos da el rico marfil? ¿Y cómo cría

incienso el viciosísimo Sabeo;
100

los Cálibes dan hierro, y a porfía

el Ponto el venenoso castoreo;

y Epiro en dar las yeguas tiene gloria,

que en Elis se aventajan con victoria?

   Que luego, en el principio, divididas,
105

la suya a su lugar, naturaleza

aquestas leyes puso, establecidas

con liga y ñudo eterno de firmeza;

luego cuando las piedras esparcidas

lanzó Deucalïón por la grandeza
110

del yermo suelo y tierra espaciosa,

de do los hombres nacen, dura cosa.

    Ansí que, como digo, el mes primero

del año el fuerte buey con el arado

trastorne el fértil suelo, porque quiero
115

que cueza con su ardor el quebrantado

terrón el seco estío; y si es ligero

el campo, a la ligera sea tocado;

allí, porque no ahogue yerba el trigo,

aquí, porque no espire el jugo amigo.
120

    También harás que a veces repartido

goce el segado campo de reposo,

y que por luengo espacio entorpecido

con moho se endurezca el perezoso;

o sembrarás cebada allí, venido
125

su tiempo, de do en vaina sonoroso

o coges el legumbre, o fue arrancada

de do por ti la arveja delicada;

    o de donde sacaste del lupino

triste la caña flaca vocinglera.
130

Mas quema, adonde nace, el campo el lino,

y la bañada en sueño dormidera

le quema, y las avenas. El contino

uso trocando, ansí pues se aligera,

con tal que sin empacho ni recelo
135

hartes de estiércol grueso el flaco suelo.

    De estiércol y ceniza torpe, inmunda,

esparce largo el campo adelgazado,

que ansí y mudando esquilmo se fecunda

la tierra; y no es ninguna del no arado
140

suelo la utilidad. A la infecunda

haza provecho a veces ha causado

quemarla, y que al rastrojo seco asido

corra abrasando el fuego y dé estallido.

    O porque ansí se esfuerza ocultamente
145

y más se engruesa el campo, o porque luego,

quemado lo vicioso totalmente

perece, y suda el daño con el fuego;

o porque aquel ardor eficazmente

descubre más caminos y lo ciego
150

relaja de los poros, por do venga

el jugo a lo sembrado y lo mantenga;

    o es porque endurece el fuego al suelo,

y aprieta más las venas desatadas,

a que ni recios soles, ni del cielo
155

las lluvias muy menudas envïadas,

ni el cierzo penetrable, envuelto en yelo,

le abrase. Y mucho sirve a las aradas

quien rompe los terrones descuidados

con puntas y con zarzos arrastrados.
160

    No mira al que esto hace del dorado

cielo la roja Ceres sin provecho,

ni menos al que el brazo atravesado

los lomos que alzó arando en el barbecho,

los corta de través con el arado,
165

y al sesgo diligente y al derecho

la tierra sin cesar desasosiega,

y doma y trae sujeta ansí la vega.

    Húmidos equinocios, fríos serenos,

labradores, pedid, que el polvoroso
170

yelo da ricos panes, hace amenos

prados; y si presume de abundoso

el suelo de la Frigia, y si sus llenos

campos admira el Gárgaro gozoso,

desta sazón de tiempo más le viene,
175

que de cuanta cultura y labor tiene.

    ¿Qué diré del que luego que ha esparcido

la simiente, prosigue, y del arena

flaca lo amontonado y mal asido

deshace, y que después con larga vena
180

del agua que le sigue, el esparcido

campo baña; y lo mismo cuando pena,

y hierve el abrasado suelo ardiendo,

y sus yerbas que en él se van muriendo;

    al punto de la altura recostada
185

abre camino el agua, que cayendo

hiere las lisas piedras, y encontrada,

ronco murmullo mueve, y templa yendo

la tierra abierta y seca de abrasada;

y del que en yerba el vicio va paciendo
190

de las mieses, que igualan las aradas,

porque después no se echen de granadas?

    ¿Del que el humor en lagos recogido

con bebedora arena lo destierra?

El río, mayormente si salido
195

de madre, y largamente por la tierra

en los inciertos meses extendido,

con cieno que dejó la ocupa y cierra,

por do las anchas fosas llenas sudan

con aguas que estantías no se mudan.
200

    Y no -dado que el hombre y buey a una

cultivando la tierra y trabajando,

hayan aquesto hecho- no es ninguna

la ofensa que el mal ánsar hace andando

y las grullas de Tracia y la importuna
205

endibia los sembrados enredando

con sus amargas hebras, ni es beleño

las sombras a los panes muy pequeño.

    Que el mismo Padre eterno quiso en parte

no fuese la labranza del barbecho
210

fácil, y fue el primero que con arte

los campos meneó, porque de hecho

el cuidado forzoso fuese parte

para aguzar el torpe humano pecho;

no consintiendo que su monarquía
215

se entorpeciese con pereza fría.

    Porque ante de su reino por ninguno

el campo ni fue arado ni mollido,

ni el señalar con lindes cada uno

su parte o el dividir fue permitido;
220

servían al común sin miedo alguno;

la tierra daba fruto no pedido,

él ansimismo puso mal veneno

a las serpientes negras en el seno.

    Él les mandó a los lobos que salteen;
225

al mar que se levante, y, sacudida,

quiso que miel las hojas no goteen;

y dél la luz del fuego fue escondida,

los vinos que corrían no se veen,

que fue por él su vena reprimida,
230

para que imaginando el uso hiciese

las artes poco a poco y las puliese;

    y para que buscase el trigo arando,

y para que del seno el escondido

fuego, a los pedernales golpeando,
235

sacase. Allí primero fue sentido

el barco de los ríos, y allí, cuando

redujo a cierta suma, y su apellido

compuso a cada estrella el marinero,

Osas, Virgilias, Hiadas, Lucero.
240

    Y entonces se inventó el cazar las fieras

con lazos, y con ligas engañosas

el enredar las aves, y las fieras

selvas cercar con canes; las undosas

mares con redes largas barrederas
245

el uno escudriñaba; y con ñudosas

mangas el otro hiriendo a su albedrío,

el hondo penetró del ancho río.

    Y entonces el rigor del hierro vino,

y fue la cortadora sierra hallada,
250

que a fuerza de las cuñas cortó el pino,

fácil para el hender, la edad dorada.

Nacieron muchas artes, que el contino

trabajo pertinaz y la apretada

falta, que en lo preciso no reposa,
255

todo lo sobrepuja poderosa.

    Ceres nos enseñó a romper la tierra

con hierro, cuando ya casi faltaba

bellota en el sagrado monte y sierra,

y la comida Epiro nos negaba;
260

mas luego al pan le vino nueva guerra,

la niebla dañadora, que gastaba

la espiga, y el baldío y desechado

cardo, que se erizaba en el sembrado.

    Ahóganse las mieses, sube y crece
265

selva desagradable, abrojo, espina,

y en lo que cultivado resplandece

reina la grama inútil, la malina

avena; y si tu mano desfallece

en perseguir con rastro a la contina
270

el campo, y si no espantas con ruïdo

las aves, o con honda y estallido;

    si no estrechares tú con podadera

las sombras del umbroso y negro suelo;

si en el otoño y en la primavera
275

con votos no pidieres agua al cielo,

en vano ¡ay! los montones de la era

ajena mirarás, y tu consuelo,

con que consolarás tu merecida

hambre, será la encina sacudida.
280

    También nos convendrá que dicho quede

qué armas ha de usar el esforzado

rústico, sin las cuales no se puede

sembrar, ni mejorar lo ya sembrado.

La reja es lo primero, y le sucede
285

el roble del muy grave y corvo arado,

la carreta de Ceres Eleusina,

que despacio volviéndose camina.

    Los trillos, las rastreras, los pesados

rastros desigualmente, los tejidos
290

cestos, alhajas viles, los trabados

zarzos de rama y mimbre, los debidos

arneros al dios Baco, que ayuntados

con acuerdo tendrás y apercibidos

de antes todos éstos, si la amada
295

gloria del fértil campo te es guardada.

    Con tiempo, allá en la selva, retorcido

con fuerza valentísima es domado

el olmo para cama, y constreñido

recibe forma en sí de corvo arado;
300

de allí por ocho pies sale extendido

derecho ansí el timón, y a cada lado

su oreja y su dental, y de antemano

se corte al yugo el tejo bien liviano.

    El tejo y la alta haya, y juntamente
305

la esteva se apareje, que plantada

detrás en el arado prestamente

vuelva las bajas ruedas; y colgada

la leña dura en el hogar caliente,

allí será del humo examinada.
310

Y puédote decir otras mil cosas,

que los ancianos mandan provechosas.

    Mil cosas, si te place estar atento,

y tan menuda cuenta no es penosa:

la era, lo primero, de cimiento
315

trastórnala, y con greda pegajosa

macízala después, y desde el centro

por toda alderredor con poderosa

y bien rolliza piedra ansí rodando,

lo desigual del suelo irás quitando,
320

    porque no nazcan yerbas, ni, hendida,

el polvo en ella reine, ocasionada

a ser de mil cojijos ofendida,

que a veces hace en ella su morada

y su troj el ratón, y su manida
325

el topo ciego pone allí cavada,

y el sapo allí se halla cada día,

y cuanta sabandija el suelo cría.

    Y a veces el gorgojo átala y gasta

grande montón de trigo, y la hormiga
330

ensila mucho más de lo que basta,

temiendo la vejez pobre y mendiga;

que si tu diligencia no contrasta

mil daños amenazan a la espiga;

y atenderás también, si te es gustoso,
335

adivinar lo estéril, lo abundoso.

    Atiende cuando en flor el almendrera

se viste por el campo, y de florida

las ramas encorvare; la panera,

si el fruto viene a colmo, enriquecida
340

será por un igual, y grande era

verás con gran calor; mas, si caída

la flor, se fuere en hoja, muy menguadas

espigas trillarás, y mal granadas.

    Y visto he yo que muchos sembradores
345

los granos medicinan, y primero

con alpechín los bañan, con licores

otros, para que el fruto más entero

hincha la falsa vaina, y los ardores

del fuego, aunque pequeño, más ligero
350

los cuezan y enmollezcan, y aún he vido

el trigo desdecir muy escogido.

    He visto que después de gran cuidado

desdice poco a poco, si el humano

velar en cada un año lo granado
355

no escoge y lo mejor con propia mano:

que ansí por ley en todo lo criado

decae y vuelve atrás el ser liviano,

y viene, empeorándole contino,

a estado menos bueno y menos dino.
360

    No de otra forma y modo que acontece

al que con remo y fuerza apenas lleva

el barco el agua arriba, si enflaquece,

y si de cuanto puede no hace prueba,

si acaso el brazo afloja y desfallece;
365

ya la raudal corriente se le lleva

y al punto en pos de sí arrebatado,

y como cuesta abajo despeñado.

    Y, allende de esto, importa el tener cuenta

(tanto a nosotros como al marinero,
370

que el Ponto y que el estrecho Abido tienta

llevado por el mar ventoso y fiero

al patrio y dulce nido donde asienta)

con el Arcturo y con el Carretero,

sus Cabras y su día y juntamente
375

con la Culebra austral resplandeciente.

    Cuando la Libra iguales horas diere

al sueño y a la vela, y justamente

la redondez por medio dividiere

entre la noche y luz, el buey valiente
380

traed a la melena, y por do fuere

con mano, ¡oh, labradores! diligente

esparcid las cebadas, hasta cuando

lo crudo del invierno venga helando.

    Y por el mismo modo es apropiado
385

tiempo para entregar el lino al suelo,

y de la dormidera el dedicado

grano a la santa Ceres sin recelo,

cuando está seco el campo, y el nublado

alto y suspenso se anda por el cielo;
390

mas de las habas es la sementera,

cuando aparece ya la primavera,

    Y a ti también, alfalfa, los llovidos

sulcos te acogerán bien en su seno,

y al mijo en cada un año a sus debidos
395

cuidados sazón viene y tiempo bueno,

cuando ya el blanco Toro con lucidos

cuernos del año nuevo, y del sereno

aire la puerta abriendo, se pusiere

el Can contraria estrella, y le cediere.
400

    Empero si labrares para el trigo

las tierras, o si para las cebadas,

y fueres de los panes sólo amigo,

primero se te escondan las llamadas

Virgilias, y primero como digo
405

se esconda la Corona, que entregadas

al sulco las simientes le confíes,

y al suelo sin sazón tu año fíes.

    Que muchos comenzaron, no caída

la Maya, mas al fin la espiga vana
410

burló sus esperanzas. Si esparcida

la arveja, o vil faselo, o la gitana

lenteja fuere en precio de ti habida,

su tiempo te dirá, su sazón sana

sus rayos el Bootes cobijando;
415

comienza, y llega al yelo ansí sembrando.

    Que por aqueste fin del sol dorado

la redondez del cielo dividida

con número medido y limitado,

por doce claros signos es regida,
420

y en cinco zonas todo está cortado;

la una de las cuales encendida

la tiene de contino el sol presente,

y el fuego que la tuesta eternamente.

    De aquesta alderredor, las dos postreras
425

por la siniestra y por la diestra mano

se extienden verdinegras, con las fieras

lluvias, con el rigor del yelo insano;

y entre éstas y la media van dos veras

dadas por don, al hombre, soberano,
430

y en ambas al través hecho el camino

por do los signos andan de contino.

    Que cuanto se levanta el cielo alzado

encima los alcázares Rifeos,

tanto se va sumiendo recostado
435

hacia el Ábrego y Libia y los Guineos.

Aqueste quicio vemos ensalzado;

debajo de los pies aquellos feos

y hondos infernales; el Cerbero

le ve, y del negro lago el mal barquero.
440

    Aquí va dando vueltas la Serpiente

grandísima, a manera de un gran río,

por entre las dos Osas reluciente;

las Osas que en el mar nunca el pie frío

lanzaron; mas allí continamente
445

que es calma, dicen, todo y estantío,

en noche profundísima, espesando

lo escuro las tinieblas y engrosando.

    O dicen que la Aurora, despedida

de aquí, les lleva el día, y al momento
450

que torna a descubrírsenos nacida,

y que de sus caballos el aliento

nos toca, de la tarde la lucida

estrella allí con presto movimiento

sus luces les enciende. Por manera
455

que el cielo nos es seña verdadera.

    Es seña que nos dice sin engaño

del aire las mudanzas revoltoso,

la mies, la sementera, y cuándo el año

concede dar el remo al mar undoso;
460

cuándo se puede al agua echar sin daño

la nave, y cuándo el pino poderoso

con su sazón debida viene a tierra,

cortado en la fragosa y alta sierra.

    Ansí que no es sin fruto el tener cuenta
465

en ver si nace el signo, o si se pone,

y el año que con una y justa cuenta

de cuatro tiempos varios se compone.

Si fuere que la lluvia no consienta

salir al labrador, no se perdone
470

de hacer mil cosas, que, la nube huida,

convienen y se hacen de corrida.

    Que el labrador la reja allí embotada

afila de su espacio, y cava el leño

en barco; o si le place, a su manada
475

almagra, y el montón grande o pequeño

a cuenta le reduce; es aguzada

la horca de dos puntas; alza el dueño

el roto valladar; allí se apresta

lo que la vid caediza tiene enhiesta.
480

    Entonces con los mimbres es tejido

el fácil canastillo; tuesta el fuego

entonces las espigas, y es molido

el grano con la piedra, y al sosiego

santo el hacer también le es permitido
485

por ley algunas obras, porque el riego

no hay fiesta que lo vede, ni es vedado

cercar con valladares el sembrado.

    Ni menos el armar al ave engaño,

ni el encender los cardos, ni el roñoso
490

ganado zabullir en fresco baño;

y a veces sobrepone al espacioso

asnillo el labrador, conforme al año,

aceite o vil manzana, y va y gozoso

le torna del mercado a su morada
495

con pez o cualquier piedra aderezada.

    Y para el trabajar, también la luna,

a días, es feliz en su carrera;

huye su quinta luz, en quien a una

Tesífone nacieron y Meguera,
500

y el Orco verdinegro y la Laguna;

y en tal día la tierra lanzó afuera

con parto abominable a Tifoeo,

a Jápeto, Porfirio, Reto y Ceo.

    En tal día produjo infelizmente
505

a todos los hermanos conjurados

de dar asalto al cielo osadamente.

Tres veces procuraron levantados

sobreponer al Pelio el eminente

Osa y Olimpo, y fueron derrocados
510

tres veces con el rayo soberano

los montes, que el furor alzaba en vano.

    Empero es felicísimo el seteno,

que al décimo sucede, en poner vides,

en el domar los bueyes, y es muy bueno
515

para tejer lo urdido; y si partides

de vuestra casa, el propio es el noveno

aunque es malo a los hurtos y a sus lides.

Y a cosas es mejor la noche fría,

o cuando al alba el suelo se rocía.
520

    De noche muy mejor la paja leve,

de noche mejor mucho el seco prado

se corta, que a las noches se les debe

un correoso humor; y desvelado

a los candiles largos del sol breve
525

con hierro aguza alguno delicado

la tea, y su mujer, que también vela,

corre la lanzadera por la tela.

    Corre por el telar, y engaña el duro

y luengo trabajar ansí cantando,
530

o cuece el dulce mosto al fuego puro,

el cobre hirviente a tiempos espumando;

mas el estío al trigo ya maduro

la hoz aguda aplica, y volteando

en la espaciosa era, son trilladas
535

las mieses, del calor del sol tostadas.

    Ara cuando se puede arar, desnudo,

y siembra por el mismo modo y arte;

que el tiempo del invierno es como nudo,

que ata al labrador la mano y arte;
540

que cuando reina el frío y yelo crudo,

los labradores por la mayor parte

gozan de lo allegado, y juntamente

a veces es convidan dulcemente.

    Convídalos a ello el tiempo helado,
545

hecho para el regalo, y que del pecho

desata las congojas y cuidado;

como cuando con viento al fin derecho

entran el puerto dulce y deseado

cargados los navíos de provecho;
550

alegres con laurel los marineros

coronan a los árboles veleros.

    Bien es verdad que es propio a la cosecha

del roble y del laurel y verde oliva,

y del sangriento mirto, y que aprovecha
555

para enredar la grulla fugitiva,

para poner al ciervo en red estrecha,

seguir la liebre, herir la corza esquiva

con honda que estallide, en cuanto al suelo

la nieve cubre, al río enfrena el yelo.
560

    ¿Qué diré del otoño y su mudanza,

ya cuando van los días de corrida,

lo que se ha de velar en la labranza?

¿Y cuando va el verano de vencida,

y cuando por los campos la mies lanza
565

y eriza sus espigas conmovida,

y en las cañas los granos ya cuajados

de leche, se demuestran muy hinchados?

    Que he visto yo en la siega misma, y cuando

llamaba el labrador los segadores,
570

de mil contrarios vientos batallando

venir las guerras todas y furores,

que de raíz las mieses arrancando

enteras, por los aires voladores

subieron; y llevó la caña, el grano,
575

envuelta en torbellino el soplo insano.

    Y viene muchas veces desde el cielo

de agua innumerable un golpe fiero,

y las nubes derraman sobre el suelo,

que el cierzo amontonara, un mar entero;
580

húndese el alto cielo, y lo que al yelo

y al sol labrara el buey, el aguacero

lo anega, y quedan llenos los fosados;

los ríos resonando van hinchados.

    Crecen los hondos ríos; todo el llano
585

con olas hervorosas bulle, y luego

del nublo tenebroso la alta mano

lanza tronando rayos hechos fuego

con que la tierra tiembla, con que en vano

las alimañas huyen, con que el ciego
590

y abatido pavor generalmente

los ánimos humilla de la gente.

    Mas él con tino ardiente, fervoroso,

o las Ceraunias puntas encumbradas,

o el Ródope o el Ato montuoso
595

derrueca; y luego al punto, desplegadas

sus alas, se redobla furioso

el ábrego, y la lluvia, desatadas

las nubes, espesísima; al crecido

viento la playa y bosques dan bramido.
600

    Pues con recelo desto pon cuidado

en advertir los meses, las estrellas,

los signos do se esconde el viejo helado,

y a do el Cilenio esparce sus centellas;

mas sobre todo da lo situado
605

a las diosas y a Ceres, grande entre ellas,

a quien festejarás con larga mano,

fenecido el invierno, en el verano.

    En las primeras yerbas santo ofrece,

cuando se viste el campo de hermosura;
610

entonces el cordero es gordo y crece,

al sueño baña entonces la dulzura;

entonces ya, cocido, se enmollece

el vino, y de la sombra la espesura

entonce es agradable en la montaña,
615

entonces, pues, tu rústica compaña.

    Adore, pues, a Ceres lo aldeano,

y tú el panal le mezcla, y leche y vino,

y la dichosa hostia vaya a mano

tres veces de las mieses el camino;
620

la gente le acompañe y como ufano

y llame ansí con voces de contino

a Ceres, y ninguno sea osado

la hoz meter primero en lo sembrado;

    la hoz en las espigas, si primero,
625

de encina coronado, no dijere

a Ceres su cantar, y placentero

con saltos descompuestos la sirviere.

Y porque con indicio verdadero

podamos conocer lo que viniere,
630

las lluvias, los calores, los estíos,

los vientos que producen yelo y fríos:

    el cielo estatuyó lo que la luna

nos dice, que por meses se renueva;

qué signo aplaca el viento, y lo que una
635

y muchas veces visto es cierta prueba

para que el labrador por ley ninguna

de la cabana lueñe el hato mueva;

mas junto alrededor de su morada

apaste receloso su manada.
640

    Que en yendo ya los vientos a alterarse,

las costas de los mares conmovidos

comienzan enojadas a hincharse,

y se oyen por las sierras estallidos;

resuenan las riberas, que turbarse
645

empiezan, o se espesan los ruïdos

del bosque y sus murmullos de hora en hora,

indicios de la fuerza movedora.

    Y apenas ya las ondas se contienen

de hacer a los navíos guerra fiera,
650

cuando del mar sus cuervos prestos vienen

trayendo vocería a la ribera;

y cuando las cercetas se detienen

y espacian por lo seco, y la junquera

y los sabidos lagos olvidando,
655

la garza sobre el nublo va volando.

    Y vemos muchas veces los cometas,

si vientos se aparejan, derrocarse

del cielo, y de sus llamas luengas vetas

en pos de sí luciendo señalarse,
660

por las escuras noches y secretas,

y muchas revolando levantarse

las pajas y las hojas ya caídas,

y plumas sobre el agua andar movidas.

    Mas si fulmina de do el Cierzo espira,
665

si truena donde el Euro vive y mora,

cuanto del prado y campo el cielo mira

anda nadando todo en breve hora;

y todo marinero en la mar tira

las velas hechas agua y las mejora;
670

mas nunca por faltarles el aviso,

la lluvia al hombre ofende de improviso.

    Porque o la grulla luego alzando el vuelo

como el vapor del valle se levanta,

le huye, o la becerra vuelta al cielo
675

atrae el aire a sí, o suena y canta

la rana en el charcal su antiguo duelo

o vuela y no se cansa ni quebranta

de andar cercando el laso a la contina

mil veces la parlera golondrina.
680

    O saca del secreto de su techo

los huevos de ordinario la hormiga,

cursando su sendero angosto, estrecho;

y por beber las mares se fatiga

el arco grande de colores hecho;
685

o el escuadrón de cuervos de la amiga

comida en grande número volviendo,

con las espesas alas hace estruendo.

    También del mar mil aves diferentes,

y las que en torno de los asios prados
690

los lagos escudriñan diligentes,

los lagos del Caistro no salados

verás cómo a porfía hombros, frentes

se esparcen y rocían, y en los vados

ya corren, ya se sumen, y ansí en vano
695

se estudian de bañar con juego ufano.

    Y la sagaz corneja también llama

la lluvia con voz llena, y se pasea

a solas por la arena; y por la llama

del odio y vil candil, si centellea,
700

las siervas que, mandadas de su ama,

velan de noche e hilan su tarea,

conocen el llover, porque producen

las mechas unos hongos que relucen.

    Y puedes con señales no menores,
705

llovido, colegir lo raso y puro;

que ni en los celestiales resplandores

se muestra la luz bota, el rayo oscuro,

ni menos en la luna, los tenores

que siguen de su hermano rojo y puro,
710

ni andan por el aire derramadas

como unas lanas blancas y delgadas.

    Ni menos en el sol las alas tienden

los alcïones de la Teti amados,

ni los lechones con la boca entienden
715

en derramar los haces desatados;

mas antes a los valles se descienden,

y en ellos se recuestan rellanados

los húmedos vapores, y en el techo

apenas abre la lechuza el pecho;
720

    apenas viendo que es el sol ya ido

canta, y el esmerjón se ve ensalzado

altísimo en el aire; y su debido

paga por el cabello colorado

la Ciris, que o do quiera que del nido
725

cortando por el cielo va delgado,

la sigue el enemigo crudo y fiero

con grande estruendo y con volar ligero.

    Sigúela el esmerjón por donde quiera,

y ella de la parte do él se avía,
730

con ala el aire líquido ligera

huyendo va cortando, y se desvía;

y sus voces los cuervos o tercera

o cuarta vez repiten a porfía,

y a veces en los árboles alzados,
735

no sé con qué dulzura alborozados,

    alegres, más que suelen, travesean

consigo y con las hojas, con ruïdo;

y cuando ya las lluvias no gotean,

gustan de reveer su dulce nido,
740

y sus pequeños hijos. No que sean

por esto más divinos en sentido,

ni, cuanto a lo que creo, que por hado

más cierto o más discurso les sea dado;

    sino que cuando el tiempo varïable,
745

y el movedizo humor su senda altera,

y el Ábrego con soplo deleznable

lo ralo espesa, afloja lo que fuera

espeso; luego aviene que lo instable

del ánimo se trueca en su manera
750

y siente agora el pecho un movimiento,

y otro si conduce lluvia el viento.

    De aquí vienen aquellos acordados

cantos que dan las aves gorjeando;

el juego y el placer de los ganados,
755

los cuervos con los cuellos pompeando.

Mas si los soles miras presurados,

las lunas que los siguen rodeando,

ni el día venidero hará engaño,

ni la serena noche burla y daño.
760

    La luna en el principio que su puro

ardor, que se le torna, va cogiendo,

si con oscuro cuerno el aire oscuro

cercare en sí, gran lluvia apercibiendo

se va contra la mar y suelo duro;
765

mas si se colocare apareciendo,

es viento, porque al viento la dorada

luna se pone siempre colorada.

    Mas si en su cuarta luz -que siempre ha sido

pronóstico la cuarta, verdadero-
770

con afilado cuerno y con lucido

saliere, aquel día todo entero,

y los demás por todo el mes cumplido

sin vientos lucirán, y el marinero

dará sus votos, salvo en la ribera,
775

a Glauco, a Panopea, a Melicera.

    Y el sol, o cuando sale o cuando encierra

sus rayos en las ondas, da señales;

y el sol en sus señales nunca yerra,

o salga por las puertas orientales,
780

o láncese debajo de la tierra,

y suban las estrellas celestiales:

que lo que señalare el sol divino,

certísimo sucede de contino.

    Que si cuando en Oriente se mostrare,
785

con manchas esparciere su salida,

y nube en la mitad de sí encerrare,

su media redondez ansí escondida;

no dudes de la lluvia si tardare,

que ya de golpe viene, y de corrida
790

el Noto, despeñándose furioso,

a hatos, mieses y árboles dañoso.

    Y si por entre el nublo espeso opuesto,

por partes diferentes descubriere,

nacido el sol, sus rayos, o con gesto
795

la Aurora deslucido apareciere,

del lecho de Titón, de flor compuesto,

la hoja podrá mucho si pudiere

las uvas defender, según saltando

con el granizo el techo irá sonando.
800

    Y aun es más de provecho el tener cuenta

con cuando el sol, pasada su carrera,

se parte ya del cielo, que presenta

entonces cada vez de su manera

su rostro, como vemos; que, si alienta
805

la lluvia, es verdinegro; si la fiera

pujanza de los Euros, tiñe luego

su rostro de color de sangre y fuego;

    y si del claro rostro el ardor puro

con manchas a mezclarse comenzare,
810

verás en un momento el aire escuro

hervir en lluvia y viento; y, si cerrare

la noche, no será nadie tan duro;

seralo el que en tal noche me rogare

correr por la mar alta puesta en guerra,
815

desamarrar la nave de la tierra.

    Mas si y cuando el día el sol conduce,

y cuando nos esconde el que ha traído,

su redondez entera y pura luce,

en vano el nublo entonce habrás temido;
820

del cierzo, que a pureza le reduce,

verás la selva y monte ser movido.

Da el sol ciertas señales, finalmente,

de todo lo que al campo es conveniente.

    Él te dirá lo que la luz tardía,
825

la estrella de la tarde te acarrea;

él te dirá qué piensa el mediodía,

el húmido africano qué desea,

las nubes de dó el viento, y dónde guía,

él hace que se entienda y que se vea;
830

que ¿quién será tan tonto y tan osado,

que diga que el sol burla o que es burlado?

    También el sol avisa a la contina

los ciegos movimientos que se ordenan

las guerras que se emprenden, y adivina
835

los fraudes que en secreto se encadenan

del César en la muerte él mismo, indina

por quien ansí los hados nos condenan;

cubrió su luz, temieron los malvados

siglos en noche eterna ser dejados.
840

    Aunque también entonces y las tierras,

y los tendidos mares señas dieron,

las aves importunas y las perras;

al Etna muchas veces todos vieron

hervir y rebosar por campo y sierras,
845

rompidas las hornazas que tuvieron

los Cíclopes, y en bolas hecho el fuego

lanzar y piedras, hechas polvo luego.

    Sonó por todo el aire en Alemaña

de armas temeroso y gran sonido;
850

tembló más de lo usado la montaña

de los fragosos Alpes, y fue oído

en los callados bosques son de extraña

figura, y ya de noche oscurecido,

fantasmas fueron vistas matizadas
855

con formas y colores nunca usadas.

    Hablaron los salvajes animales

lo que no es de decir; el curso el río

detuvo; abriose el suelo en los umbrales

sagrados; sudó el bronce, lloró el frío
860

marfil, y el Po, venciendo sus canales,

con avenida enorme y desvarío

las selvas trastornaba, y del ejido

las chozas y el ganado lleva asido.

    Y siempre en aquel tiempo se hallaron
865

señales de amenaza en la asadura

que abría el sacrificio, y no cesaron

los pozos de manar en sangre pura,

ni las ciudades grandes se excusaron

de oír aullar los lobos por la escura
870

noche, ni en luz serena el cielo y clara

tantos rayos jamás de sí lanzara;

    ni tantas veces nunca sé encendieron

los aires con cometas. Y así avino

que vieron otra vez, los campos vieron
875

filipos los Romanos, que sin tino

escuadras contra escuadras concurrieron;

ni tuvo el crudo cielo por indino

que Ematia por dos veces ¡ay! bañada

con nuestra sangre fuese así engrosada.
880

    Será que en algún tiempo, trastornando

la tierra el labrador con corvo arado,

los hierros de los dardos irá hallando,

el hierro del orín casi gastado;

y en los vacíos yelmos arrastrando
885

encontrará con el ligón pesado,

y rotos los sepulcros, allí espesos,

con pasmo mirará los grandes huesos.

    Dioses, de nuestra patria propio amparo,

dioses, que os traspasastes della al cielo,
890

y tú, Remo, y tú, Vesta, a quien es caro

el Tibre turbio y el romano suelo;

que al menos este mozo alto y raro

socorra aqueste siglo envuelto en duelo;

no os pese, que ya asaz con muertes duras
895

penamos las troyanas falsas juras.

    Que veo que ya el cielo soberano

de ti nos tiene envidia, y se lamenta

que más te ocupes, César, con lo humano,

do en fuero o desafuero ya no hay cuenta,
900

do yerve en guerras todo, do el insano

furor en tantas formas se presenta,

la esteva no se precia, los sembrados

se yerman de cultores despojados;

    llevados los obreros, se ensilvecen;
905

las hoces se transforman en espadas,

los Partos de una parte se embravecen,

de otra las Germanias alteradas,

los pueblos que vecinos más parecen,

guerrean ya sus ligas quebrantadas,
910

esparce por do quiera el Marte crudo

lo fiero, lo sangriento, lo sañudo;

    como cuando del puesto libre extiende

el paso por el campo la cuadrega,

y cuanto se adelanta más se enciende,
915

y del correr las alas más desplega,

y en balde el cuadreguero tira, y tiende

las riendas, o le plega o no le plega,

llevado de los potros, de las ruedas,

que sordas a los frenos no están quedas.
920


Libro segundo de las Geórgicas de Virgilio

    Aquesto cuanto al campo y su cultura,

al tiempo y sus sazones dicho sea.

Agora de las vides la postura,

y de Baco mi voz cantar desea;

de Baco y de otras ramas de frescura,
5

con que se viste el monte y se hermosea:

y de la verde oliva juntamente,

que crece perezosa y lentamente.

    Aquí ven ¡oh, Leneo!, aquí te aplica,

pues aquí de tus dones todo es lleno:
10

que a ti florece el campo, y fructifica

del pampanoso otoño rico el seno,

y la vendimia en las tinajas rica

a ti hirviendo exprime vino bueno,

y conmigo, y desnudos del calzado
15

los pies, tiñe en el mosto ansí pisado.

    Pues cuanto a lo primero, es diferente

en lo que es el nacer del arboleda,

su ley y condición; que sin simiente

hay árboles que nacen, sin que pueda
20

preciarse de ello el hombre; y finalmente

se nacen de sí mismos, y no queda

ni monte do no crezcan, ni ladera

ni torcida corriente de ribera;

    cual es el blando mimbre, la hiniesta,
25

el álamo y el sauce verde escuro,

escuro desta parte, y blanco desta;

hay otros de más tosco ingenio y duro;

no nacen sino de simiente puesta;

ansí el castaño sube al aire puro,
30

la carrasca en los bosques señalada,

la encina de los Griegos consultada.

    De las raíces de otros pimpollece

un monte de renuevos casi entero:

el olmo y el cerezo así parece;
35

y en bajo la gran sombra del primero

laurel, ansí el pequeño lauro crece:

esto es lo natural, lo que primero

natura estableció, lo con que cría

las selvas y los montes cada día.
40

    Sin esto hay otros modos diferentes

del uso y del ingenio demostrados:

unos las ramas verdes y recientes

del cuerpo de sus madres desviados

extienden por los sulcos; otras gentes
45

entierran los pimpollos trasplantados;

o plantan las estacas, con cabezas

agudas o hendidas, en sus piezas.

    Y árboles a las veces hay que miran

forzados como en arcos en la tierra;
50

sus ramos vivos prenden, y se admiran

en ver cómo renacen; otro afierra

plantado sin raíces, y ansí tiran

seguros del suceso -que no yerra-

los podadores las más altas ramas,
55

y danles en el suelo hondas camas.

    También -lo cual es grande maravilla-

los troncos degollados, brota afuera

oliva de cortada y seca astilla;

y vemos muchas veces de lo que era
60

mudarse uno en otro, y en la silla

de la manzana injerta dulce pera;

y vestirse de sangre y rojo fino

la salvaje cereza en el endrino.

    Pues, ea, ¡oh labradores!, poned mientes,
65

y conoced qué formas de cultura

serán a cada suerte convenientes,

traed a mansedumbre las posturas

salvajes con industria y diligentes;

no duerman perezosas y seguras
70

las tierras; la vid reine en el esquivo

Ismaro, en el Taburno el verde olivo.

    Y tú también aspira, y juntamente

conmigo lleva al fin la comenzada

labor, ¡oh, gloria mía! ¡oh, justamente
75

la parte de mi fama más preciada,

Mecenas!, y volando al mar patente,

corre el abierto mar con vela hinchada;

mas no pretendo yo en mis versos todo

ponerlo, ni es posible en ningún modo.
80

    No, si me fuesen dadas lenguas ciento,

si cien voces, si voz de bronce duro;

pues ven, ya hacia la costa alienta el viento,

la tierra está en la mano; que no curo

con versos de fingido fundamento,
85

con versos de rodeo luengo, escuro,

con exordios prolijos y pesados

fatigar tus sentidos ocupados.

    El árbol que a luz viene y se levanta

de suyo, es el sin fruto; mas lozano,
90

y fresco y muy valiente se adelanta,

que el suelo le es conforme, propio y sano:

y el mismo si se injiere o se trasplanta,

lo montesino pierde y lo villano;

y si en beneficiarlo perseveras,
95

ligero seguirá por donde quieras.

    Y por la misma forma se mejora,

traspuesto en campo abierto, lo nacido

estéril de hondo tronco; porque agora

lo espeso de las hojas, lo tejido,
100

la sombra de la madre dañadora

lo tienen asombrado y revenido;

si quiere llevar fruto, se lo quitan;

si lleva, se lo queman y marchitan.

    Mas si por caso el árbol de sembrada
105

semilla se levanta, es muy tardío;

dará sombra a los nietos, ya pasada

la cuarta descendencia, en el estío;

su fruta viene a menos, olvidada

de su primero gusto y su natío;
110

la vid dará racimos desmenguados,

mesa de pajarillos desmandados.

    Es ello así, que al fin a toda suerte

de árboles se debe su cuidado,

a todos su labranza, a todos fuerte
115

brazo, que los reduzca a ley de arado,

a todos mucha costa; mas se advierte

que acuden más conforme al deseado

de cepa las olivas, de sarmiento

la vid; de firme estaca el mirto lento.
120

    De planta y de postura el avellano,

y el grande fresno nace, y la corona

de Alcides, árbol alto, verde y vano,

y el que del padre Epíreo se pregona;

y el tronco de la palma soberano
125

a este nacimiento se aficiona,

y la derecha haya y muy subida,

a ver los casos de la mar crecida.

    Y en cuanto al injerir, el espinoso

madroño sale habido de noguera;
130

y lleva en sí manzano poderoso

el plátano, que estéril por sí fuera;

la haya a la castaña da reposo;

y el roble con las flores de la pera

blanquísimo encanece, y vemos rota
135

debajo de los olmos la bellota.

    Ni es uno solamente, ni sencillo

el modo del injerto y del escudo;

porque por do la yema en el ramillo

se lanza y rompe el velo haciendo ñudo,
140

allí se hace un seno al arbolillo

ajeno, en que metido aprenda el rudo

en la corteza verde allí y jugosa

soldando, incorporarse en una cosa.

    O con aguda cuña en los cortados
145

francos y lisos troncos hondamente

por lo macizo hiende, y encastados

los palos fructuosos brevemente,

dellos con ramos verdes y poblados

un árbol grande sale a luz patente;
150

y admírase mirando el tronco lleno

de nuevas hojas, de no su fruto el seno.

    Y más allende de esto, de los fuertes

olmos, del sauce y loto y del Ideo

ciprés, no hay un linaje ni unas suertes;
155

ni las olivas grasas sin arreo

de un mismo talle todas; que, si adviertes

hay luenga, hay ocal, hay las que creo

que llaman pausia oliva, a quien ninguna

iguala en amargura de aceituna.
160

    Lo mismo en el manzano, en los frutales

de Alcínoo, en los limones acontece;

ni es una misma rama en los perales

la Sira y la que en Crústume florece,

las grandes y pesadas verdinales;
165

ni la vendimia misma, que parece

estar de nuestros árboles colgada,

en Medina de Lesbo es vendimiada.

    Hay vid de Tasia, hay blanca vid gitana;

aquésta es para el grueso, espeso suelo,
170

aquélla en el ligero más se ufana;

hay psitia, que entre todas alza el vuelo,

para el bastardo vino, hay la temprana;

hay la vestida de purpúreo velo;

hay la doncel lageos, producida
175

para tener el pie y la lengua asida.

    Y a ti, rética uva, ¿con qué canto

agora te diré? Mas si te empino,

no quiero que compitas tú por tanto

con las bodegas del falerno vino;
180

hay vides amineas, firmes cuanto

serán ningunos vinos, que el más fino

licor de lidio monte, el de Candía,

les hace reverencia y cortesía.

    Y la menor argés, con quien ninguna
185

competirá en ser larga en vino, en vida;

ni yo te callaré, ni a ti, vacuna,

en racimos hinchada y muy crecida;

ni a ti, agradable, rodia, más que alguna

a los dioses, y al fin de la comida:
190

mas sus linajes y sus nombres dellos

no hay número que pueda comprendellos.

    No hay número cabal, ni importa nada

en número tenerlo reducido,

que si quisiere alguno, o si le agrada
195

saberlo, es desear tener sabido

cuántas arenas turba en la espaciada

playa de Libia el céfiro movido;

o cuánta ola viene a la ribera,

cuando el fiero Levante el mar altera.
200

    Y advierte que tampoco es cada tierra

buena para llevar toda arboleda;

que el roble estéril en fragosa sierra,

en la margen del río la sauceda;

el chopo en el cenoso lago afierra;
205

al mirto la ribera es cosa leda,

y Baco los recuestos descombrados,

y los cierzos al tejo ama helados.

    Mira las tierras que en los fines doma,

del mundo, el labrador, y las moradas
210

del árabe, do el sol naciente asoma,

las gentes gelonesas muy pintadas;

tierras que para sí cada una toma

árboles, por do son diferenciadas;

el ébano da sólo el indio feo;
215

la rama del incienso es del sabeo.

    ¿Pues para qué es decirte del madero,

de donde suda el bálsamo oloroso?

¿Del fruto del acanto siempre entero

en su verde vigor y siempre hermoso?
220

¿Del bosque cano en lana, que el postrero

etíope cultivó artificïoso?

¿Y cómo el indio oriente en la arboleda

peina los blandos codos de la seda?

    ¿O las selvas que la India más vecina
225

al Océano cría, seno extremo

de todo lo poblado, a do se empina

tan alto la arboleda, que al supremo

cogollo de los árboles no atina

envïada saeta con extremo
230

de arte ni de fuerza; y es muy hecha

aquella gente al arco y a la flecha?

    Lleva la Media el agrio zumo, el duro

sabor del feliz árbol, que ligero

las veces que en el vaso amable y puro
235

la madrastra cruel con pecho fiero,

mezclando yerbas y no buen conjuro,

inficionó el sencillo bebedero,

viene más que otra cosa presto y bueno

y lanza de las venas el veneno.
240

    Es de grandeza el árbol señalada,

y al lauro es por extremo parecido;

y si de sí no diera derramada

otra diversa olor, laurel nacido

fuera; su hoja en sí tiene enclavada,
245

por más que sople el viento embravecido:

firme es su flor; con ella, el torpe aliento

cura el medo y el viejo de años ciento.

    Mas ni las selvas medas, rica tierra,

ni el Ganges de hermosura rodeado,
250

ni el Hermo, turbio en oro, que en sí encierra,

puede ser con Italia comparado:

no el llano bactrïano, ni la sierra,

no el indio de mil bienes abastado:

ni toda la Panchaya y sus arenas,
255

de árboles y de incienso todas llenas.

    No trastornan en ella los terrones

toros, que por la boca espiran fuego;

ni con sembrados dientes de dragones,

en astas y en almetes vueltos, luego,
260

se eriza la campaña de escuadrones;

mas por do quiera que el mirar desplego,

de mieses está llena, de viñedos,

de olivas verdes, de ganados ledos.

    De aquí el guerrero potro cuellierguido
265

se muestra por el campo y verde prado;

de aquí las blancas greyes, o el crecido

toro, mayor ofrenda, en tu sagrado

río, Clitumno, todo zabullido,

mil veces a los templos han guidado
270

de Roma los trïunfos; y el verano,

o siempre dura o viene más temprano.

    Al año aquí dos veces los ganados

esquilman; y dos veces los frutales

son útiles con fruta; aquí hallados
275

ni tigres son, ni fieros animales;

ni son entre las huertas engañados

con yerbas ponzoñosas y mortales

los tristes que las cogen, ni consiente

que se enrosque o extienda la serpiente.
280

    Ayuntemos a esto el muy crecido

número de ciudades señaladas;

sus obras de trabajo no creído,

tantas villetas fuertes, torreadas

en los tajados riscos, donde han sido
285

a fuerza de los brazos levantadas;

y junto a los antiguos altos muros

los ríos, que ya turbios van, ya puros.

    ¿Qué contaré dos mares, el que baña

lo alto de la Italia y el Tirreno?
290

¿Los lagos que embellecen la campaña?

¿Tú, Lari, de espacioso y ancho seno?

¿Tú, Bénaco, que en olas, furia y saña

te ensalzas como un mar? ¿O será bueno

decir los puertos todos del Lucrino,
295

sus muelles contra el ímpetu marino?

    ¿Sus muelles, y el enojo y los rumores

de onda rebatida aunque resuena

de lejos, y con voces no menores

del agua Julia la admitida vena;
300

lanzándose por medio los licores

del lago Averno la canal Tirrena;

y sobre todo aquesto tanta mina

de oro, de metal, de plata fina?

    De plata los arroyos, los metales
305

de cobre que en sus venas ha mostrado,

larga en mineros de oro, en minerales.

La misma ha producido y levantado

gentes de fama y de obras inmortales;

gentes de firme pecho, denodado:
310

los marsos, y la juventud sabela,

y el Lígur, hecho al polvo y a la vela;

    el Lígur, y los volscos, siempre armados

de dardo y azagaya; y juntamente

los Decios y los Marios, los preciados
315

Camilos; y en las armas el ardiente

valor de los Escipiones señalados;

y a ti, César, que ahora en el Oriente,

último de los límites romanos,

alejas vencedor los indios vanos.
320

    ¡Oh, salve, de Saturno tierra amada!,

grande madre de mieses, de varones

tierra producidora, aventajada,

por tu respeto emprendo en mis renglones

lo que enseñó y preció la edad pasada;
325

y del Ascreo cisne las canciones,

la sacra fuente osado descerrando,

por los romanos pueblos voy cantando.

    Agora es de decir la diferencia

de tierras, el vigor de cada una;
330

lo que podrán llevar, la conveniencia

que algunos frutos tienen con alguna.

La tierra, pues, sin jugo en apariencia

de estéril, pedregosa, de ninguna

o de espinosas matas; los collados
335

escasos, arcillosos y delgados;

    y la selva de Palas, vividera,

do gozan, y es señal que en ellos crece

gran copia de acebuche, y por do quiera

la silvestre aceituna se parece
340

sembrada por el suelo. Mas la entera,

la gruesa, la que el dulce humor bastece,

el de espeso y jugoso y fértil seno,

el campo de copiosa yerba lleno,

    cual vemos muchas veces ser los valles
345

sujetos a los montes, do caminan

arroyos de los riscos, que llevalles

útil grosura suelen; que se inclinan

al ábrego; que crían, sin sembralles,

helechos que las rejas abominan:
350

éste, pues, te dará muy poderosas,

y en vino largas vides y abundosas.

    Aquéste es fértil de uva, aquéste en vino,

cual es el que en las anchas tazas de oro

se vierte en el altar, cuando el divino
355

músico sopla ya el marfil sonoro,

y vuelve al sacrificio lo que es dino

en fuentes vaheando el sacro coro.

Mas si te aplicas más a los ganados

de cabras -bien que abrasan los sembrados-,
360

    de ovejas y de vacas, al baldío

caminad de Tarento, el abastado;

o cual aquel florido campo mío,

que fue a la triste Mantua mal quitado,

que pace blancos cisnes en el río,
365

que abunda en fuente pura, en verde prado;

y cuanto corta el diente en luengo día,

repara en breve noche el agua fría.

    La tierra negra casi, y que rompida

en bajo el corvo arado, su grosura
370

te muestra, la que está como podrida

-que aquesto mismo arando se procura-

es tierra para mieses escogida:

de tierra no verás por aventura

venir a tu morada perezosos
375

de bueyes tantos carros tan copiosos.

    O donde el labrador con mano airada

el campo desmontando, trujo al suelo

la selva muy antigua, ociosa, holgada;

y de cuajo arrancó sin ningún duelo
380

las casas poseídas, la morada

antigua de las aves, que hacia el cielo

volaron dando cantos doloridos,

dejando sus amados, dulces nidos.


Odas de Horacio

Libro primero, Oda primera

Maecenas atavis

De claros reyes claro descendiente,

Mecenas, mi honra toda y grande amparo,

a unos les agrada la carrera

y polvo del Olimpo, y la columna

con arte y con destreza no tocada
5

de la hervorosa rueda, y la victoria

noble, si la consiguen, con los dioses,

señores de la tierra, los iguala.

A otro, si a porfía el variable

vulgo le sube a grandes dignidades;
10

a otro, si recoge en sus paneras

cuanto en las eras de África se coge.

Con quien gusta del campo y su labranza

no será parte de Atalo el tesoro

a menearle dél, y hacer que corra
15

la mar, hecho medroso navegante.

Mientras que al mercader le dura el miedo,

de cuando el vendaval conmueve guerra

al golfo icario, loa a boca llena

los prados de su pueblo y el sosiego;
20

mas luego, a la pobreza no se haciendo,

se torna a rehacer la rota vela.

Algunos hay también a quien no pesa,

con el sabroso vino, ni de día

sus ciertos ratos darse a buena vida;
25

a veces so la verde sombra puestos,

a veces a la pura y fresca fuente.

Ama los escuadrones el soldado,

y el son del atambor, y la pelea,

de las que madres son tan maldecida.
30

El que la caza sigue, persevera

al yelo y a la nieve, descuidado

de su moza mujer, si acaso han visto

los perros algún corzo, o si ha rompido

el bravo jabalí las puestas redes.
35

A mí la hiedra, premio y hermosura

de la gloriosa frente, me parece

una divinidad: el monte, el bosque,

el baile de las Ninfas, sus cantares

me alejan de la gente, y más si sopla
40

Euterpe su clarín, y Polimnia

no deja de me dar la lesbia lira.

Y ansí, si tú en el número me pones

de los poetas líricos, al cielo

que toco pensaré, con la cabeza.
45


Maecenas atavis

    ¡Ilustre descendiente

de reyes, oh, mi dulce y grande amparo,

Mecenas!, verás gente,

a quien el polvoroso Olimpo es caro,

y la señal cercada
5

de la rueda que vuela y no tocada;

    y la noble victoria

los pone con los dioses soberanos.

Otro tiene por gloria

seguir del vulgo los favores vanos;
10

y otro, si recoge

cuanto en las eras de África se coge.

    Aquel que en la labranza

sosiega de las tierras que ha heredado,

aunque en otra balanza
15

le pongas del rey Átalo el estado,

del mar Mirtoo dudoso

no será navegante temeroso.

    El miedo, mientras dura,

del fiero vendaval al mercadante,
20

alaba la segura

vivienda del aldea, y al instante,

como no sabe hacerse

al ser pobre, en la mar torna a meterse.

    Habrá también alguno,
25

que ni el banquete pierda, ni el buen día;

que hurta al importuno

negocio el cuerpo, y dase al alegría,

ya so el árbol florido,

junto do el agua nace ya tendido.
30

    Los escuadrones ama,

y el son del atambor el que es guerrero,

y a la trompa que llama

al fiero acometer mueve el primero;

la batalla le place,
35

que a las que madres son tanto desplace.

    El que la caza sigue,

al yelo está, de sí mismo olvidado;

si el perro fiel prosigue

tras del medroso ciervo, o si ha dejado
40

la red despedazada

el jabalí cerdoso en la parada.

    La hiedra, premio dino

de la cabeza docta, a mí me lleva

en pos su bien divino;
45

el bosque fresco, la repuesta cueva,

las ninfas, sus danzares,

me alejan de la gente y sus cantares.

    Euterpe no me niegue

el soplo de su flauta, y Polimnia
50

la cítara me entregue

de Lesbo; que, si a tu juicio, es dina

de entrar en este cuento

mi voz, en las estrellas haré asiento.


Oda IV, Libro I

Solvitur acris

    Ya comienza el invierno riguroso

a templar su furor con la venida

de Favonio süave y amoroso,

que nuevo ser da al campo y nueva vida:

y viendo el mercadante bullicioso,
5

que a navegar el tiempo le convida,

con máquinas al mar sus naves echa

y el ocio torpe y vil de sí desecha.

    Ya no quiere el ganado en los cerrados

establos recogerse, ni el villano
10

huelga de estarse al fuego, ni en los prados

blanquea ya el rocío helado y cano.

Ya Venus con sus Ninfas concertados

bailes ordena, mientras su Vulcano

con los Cíclopes en la fragua ardiente
15

está al trabajo atento y diligente.

    Ya de verde arrayán y varias flores,

que a producir el campo alegre empieza,

podemos componer de mil colores

guirnaldas, que nos ciñan la cabeza.
20

Ya conviene que al dios de los pastores

demos en sacrificio una cabeza

de nuestro hato, o sea corderillo,

o si él quisiere más, un cabritillo.

    ¡Qué bien tienes, oh, Sexto, ya entendido
25

que la muerte amarilla va igualmente

a la choza del pobre desvalido,

y al alcázar real del rey potente!

La vida es tan incierta, y tan medido

su término, que debe el que es prudente,
30

enfrenar el deseo y la esperanza

de cosas, cuyo fin tarde se alcanza.

    ¿Qué sabes si hoy te llevará la muerte

al reino de Plutón, donde mal dado

jugarás si te cabe a ti la suerte
35

de ser rey de banquete convidado?:

ni te consentirán entretenerte

con el hermoso Lícida, tu amado,

de cuyo fuego saltarán centellas,

que enciendan en amor muchas doncellas.
40


Oda V, Libro I

Quis multa gracilis

    ¿Quién es ¡oh, Nise hermosa!

con aguas olorosas rocïado,

el que en lecho de rosa

te ciñe el tierno lado?

¿Y a quién con nudos bellos,
5

con simple aseo, Pirra, los cabellos

    ordenas? ¡Cuántas veces

su dicha llorará y tu fe mudada!

y del favor las veces

¡ay! y la mar airada,
10

sus vientos, su rencilla

contemplará con nueva maravilla,

    El que te goza agora.

y tiene por de oro, y persuadido

de liviandad, te adora,
15

y ser de ti querido

y siempre y solo espera,

no sabio de tu ley mudable y fiera,

    es triste y sin ventura

en cuyos ojos luces no probada.
20

Yo, como la pintura,

por voto al templo dada,

lo muestra, he ofrecido

mojado al dios del mar ya mi vestido.


Oda XIII, Libro I

Cum tu Lydia

    Cuando, Lydia, me alabas

la cerviz bella de color de rosa

de Télefo, y no acabas

de llamar a los brazos y a ella hermosa,

mi corazón llagado,
5

hirviendo con la cólera está hinchado.

    Entonces en su asiento

no me queda el color que antes tenía;

mas el dolor que siento,

por mi rostro las lágrimas envía,
10

de las cuales presumo

cuán con pequeñas llamas me consumo.

    En rabia y ira ardiendo,

si las burlas con vino demasiado

tanto fueron creciendo,
15

que han tus hermosos hombros señalado,

o si el mozo atrevido

tus colorados labios ha mordido.

    Mas temí que, señora,

no esperaras de ver siempre constante
20

quien los besos que adora

el verdadero amante,

daño como grosero,

do puso Venus su contento entero.

    ¡Oh, dichosos amantes,
25

a quien prendas de amor puro y sincero

entre sí tan constantes

tienen con un amor tan verdadero,

cual no será rompido

en cuanto al cuerpo el alma habrá regido!
30


Oda XIV, Libro I

O navis

    ¿Tornarás por ventura

a ser de nuevas olas, nao, llevada

a probar la ventura

del mar, que tanto tienes ya probada?

¡Oh, que es gran desconcierto!;
5

¡oh, toma ya seguro, estable puerto!

    ¿No ves desnudo el lado

de remos, y cuál crujen las antenas,

y el mástil quebrantado

del ábrego ligero, y cómo apenas
10

podrás ser poderosa

de contrastar así la mar furiosa?

    No tienes vela sana,

ni dioses a quien úames en tu amparo,

aunque te precies vana-
15

mente de tu linaje y nombre claro,

y seas noble pino,

hijo de noble selva en el Euxino.

    Del navío pintado

ninguna cosa fía el marinero,
20

que está experimentado

y teme de la ola el golpe fiero:

pues guárdate con tiento,

si no es que quieres ser juego del viento.

    ¡Oh, tú, mi causadora
25

ya antes de congoja y de pesares,

y de deseo agora

y no poco cuidado, huye las mares,

que corren peligrosas

entre las islas Cícladas hermosas!
30


Oda XIX, Libro I

Mater soeva Cupididum

    La madre de amor cruda,

y el hijo de la Sémeles tebana,

y la lascivia vana,

al alma que ya está suelta y desnuda

de amar, le mandan luego
5

que torne y que se abrase en vivo fuego.

    El resplandor me abrasa

de Glícera, que más que el mármol fino

reluce; y me hace brasa,

su brío desenvuelto, y del divino
10

rostro un no sé qué que espira,

grande deslizadero a quien le mira.

    Con ímpetu viniendo

en mí la Venus toda desampara

su Cipro dulce y cara,
15

que ni el escita quiere, ni el que huyendo

valiente se mantiene,

ni que diga lo que ni va ni viene.

    Aquí incienso y verbena,

aquí céspedes verdes juntamente,
20

y aquí poned, mi gente,

de vino de dos hojas una llena

taza; que por ventura

vendrá, sacrificada, menos dura.


Oda XXII, Libro I

Integer vitoe

    El hombre justo y bueno,

el que de culpa está y mancilla puro,

las manos en el seno,

sin dardo ni azagaya va seguro,

y sin llevar cargada
5

la aljaba de saeta enherbolada.

    O vaya por la arena

ardiente de la Libia ponzoñosa,

o vaya por do suena

de Hidaspes la corriente fabulosa,
10

o por la tierra cruda

de nieve llena y de piedad desnuda.

    De mí sé que al encuentro,

mientras por las montañas vagueando

más de lo justo entro
15

sin armas, y de Lálage cantando,

me vido, y más ligero

huyó que rayo, un lobo carnicero.

    Y creo que alimaña

más fiera y espantosa no mantiene
20

la más alta Alemaña

en sus espesos bosques, ni la tiene

la tierra donde mora

el moro, de fiereza engendradora.

    O ya en aquella parte,
25

que siempre está sujeta al inclemente

cielo, do no se parte

espesa y fría niebla eternamente,

do árbol no se vee,

ni soplo de aire blando que le oree;
30

    O ya me ponga alguno

en la región al sol más allegada,

do no vive ninguno,

siempre será de mí Lálage amada,

la del reír gracioso,
35

la del parlar muy más que miel sabroso.


Oda XXIII, Libro I

Vitas himnuleo

    Rehúyes de mí esquiva,

cual el corcillo ¡oh, Cloe! que llamando

la madre fugitiva

por montes sin camino va buscando,

y no sin vano miedo
5

de la selva y del viento nunca quedo.

    Porque si o la venida

del céfiro las hojas meneadas

eriza, o si ascondida

la verde lagartezna las trabadas
10

zarzas movió, medroso

con pecho y con pie tiembla sin reposo.

    Pues yo no te persigo

para despedazarte crüelmente,

o cual tigre enemigo,
15

o cual león en Libia. Finalmente

deja, ya casadera,

el seguir a tu madre por do quiera.


Oda XXX, Libro I

O Venus, regina...

    ¡Oh, Venus poderosa,

de Gnido y Pafo reina esclarecida,

    desampara la hermosa

Cipro, do fuiste siempre tan querida,

    y pásala volando
5

a do te está mi Glícera llamando!

    Venga en tu compañía

el mozuelo cruel, acelerado;

    y las Ninfas querría

con las Gracias trujeses a tu lado,
10

    la mocedad sabrosa,

do, si no bulle amor, es triste cosa.


Oda XXXIII, Libro I

Albi, ne doleas

    ¡Ay!, no te duelas tanto,

Tíbulo, ni te acuerdes del olvido

    de Glícera, ni en canto

publiques tus querellas dolorido,

    si, por un bien dispuesto
5

mozo, la fementida te ha pospuesto.

    Porque sabrás que muere

por Ciro, Licorisa, la hermosa;

    y Ciro no la quiere,

y vase en pos de Fóloe desdeñosa;
10

    y yo sé que primero

se amistarán el lobo y el cordero.

    A Venus ansí place

de aprisionar diversos corazones

    en duro lazo, que hace
15

compuesto de disformes condiciones,

    y de nuestro error ciego

saca su pasatiempo y crudo juego.

    Por mí lo sé, que siendo

de un principal amor muy recuestado,
20

    yo mismo consintiendo,

la Mírtale me tiene aherrojado,

    la cual es medio esclava,

y más enojadiza que mar brava.


Del Libro II, Oda VIII

Ulla si juris

    Si, Nise, en tiempo alguno

haber quebrado tú la fe jurada

daño tan solo uno

pusiera en ti, afeada

en la uña siquiera,
5

o solo un diente en ti se ennegreciera,

    yo te creyera agora:

mas por la misma causa que perjura

te muestras, se mejora

muy más tu hermosura,
10

y sales hecha luego

público y general estrago y fuego.

    Y engañas, aunque jures

por las cenizas de tu madre heladas,

y luego te perjures;
15

y aunque por las calladas

lumbreras celestiales

jures y por los dioses inmortales;

    Que burlas destas cosas,

y destas juras, Venus, y el ligero
20

pecho de las hermosas

Ninfas, y el Amor fiero,

que su saeta ardiente

aguza en crueldad continuamente.

    Y hácense mayores
25

creciendo para ti los mozos todos,

y en nuevos servidores

creces, y de tus modos

no huyen crudos, fieros,

por más que lo amenacen los primeros.
30

    De ti la cuidadosa

madre guarda sus hijos, y el avaro

padre; de ti la esposa

cela el esposo caro,

cuitada, si no viene,
35

pensando que tu vista le detiene.


ODA X, Libro II

Rectius vives

    Si en alta mar, Licino,

no te engolfares mucho, ni temiendo

la tormenta, el camino

te fueres costa a costa prosiguiendo,

entre la demás gente
5

sabrosa vivirás y dulcemente.

    Que quien con amor puro

la dulce medianía ama y sigue,

está libre y seguro

de las miserias en que el pobre vive,
10

y carece de grado

del palacio real, rico, envidiado.

    Que, al fin, más cruda guerra

el viento hace al pino más crecido;

la torre viene a tierra
15

cuanto es más alta con mayor rüido;

los montes ensalzados

más veces de los rayos son tocados.

    En los casos aviesos

no pierde la esperanza, ni confía
20

en los buenos sucesos

el ánimo que está de noche y día,

para ser combatido,

de templanza y valor apercibido.

    Con lluvia y noche escura,
25

si el cielo se escurece, él se serena;

no, si falta ventura

agora, ha de durar siempre la pena;

que Apolo ya su musa

despierta, y ya del arco y flechas usa.
30

    En las dificultades

te muestra de animoso y fuerte pecho;

y en las prosperidades,

cuando el favor soplare más derecho,

recoge con buen tiento
35

la vela, que va hinchada con el viento.


Oda XIV, Libro II

Eheu! fugaces

    Con paso presuroso

se va huyendo ¡ay Póstumo! la vida;

    y, por más religioso

que seas, no dilatas la venida

    a la vejez, ni un hora
5

detienes a la muerte domadora.

    No, aunque en sacrificio

degüelles, cada día que amanece,

    mil toros por servicio

del dios Plutón, que nunca se enternece;
10

    que estrecha la grandeza

del Ticio con las aguas de tristeza,

    por do pasarán todos

cuantos la liberal tierra mantiene,

    así el que de los godos
15

desciende, y en su mano el cetro tiene,

    como los labradores

que viven de tan solo sus sudores.

    Y no servirá nada

no haber en la cruel batalla entrado,
20

    ni de la mar airada

las bravas olas nunca haber probado,

    y en el otoño en vano

huido habrás el Ábrego mal sano;

    que del Cócito oscuro
25

las aguas perezosas es forzado

    que veas; y que el duro

trabajo a que Sísifo es condenado,

    y la casta alevosa

de Dánao y su suerte trabajosa.
30

    Y que dejes muy presto

la casa, tierra y la mujer amada;

    y que sólo, funesto,

el ciprés te acompañe en la jornada,

    sólo de todas cuantas
35

plantas, para dejar en breve, plantas.

    Y tus vinos guardados

debajo de cien llaves, del dichoso

    heredero gastados

serán, y del licor que en suntuoso
40

    convite aun no es gustado,

de tu casa andará el suelo bañado.


Oda XVIII, Libro II

Non ebur

    Aunque de marfil y oro

no está en mi casa el techo jaspeado

    con la labor del moro,

ni a las vigas de Himecia han sustentado

    columnas muy labradas
5

de los confines de África cortadas;

    y aunque no fui heredero

de las riquezas de Átalo y su estado,

    ni tengo en mi granero

el trigo que en la Apulia se ha sembrado,
10

    ni envían mis criadas

de Laconia las granas adobadas;

    pero una medianía

con un ingenio y vena razonable

    tengo, con que me hacía,
15

aunque pobre, a los ricos agradable;

    y en aquesta pobreza

nunca pedí a los dioses más riqueza.

    Ni pido al poderoso

amigo que me dé mayor estado,
20

    pues llamo yo dichoso

al que me da mi granja y campo amado:

    y veo cuál se alejan

los días que vuelan y vejez me dejan.

    Tú buscas oficiales,
25

casi entregado a la vejez odiosa,

    que te corten iguales

para tu entierro mármoles y losa,

    casi estando olvidado

de la muerte, que tienes tan al lado.
30

    Y poco le parece

a tu avaricia toda la ribera,

    que a edificar se ofrece

dentro del mar, quizá porque acá fuera

    no te sufre la tierra,
35

pues allá hallarás quien te haga guerra.

    Tomando vas a todos

tus vasallos la tierra que han comprado,

    y por todos los modos

que puedes en sus tierras te has entrado;
40

    y de sal avariento,

sólo a robar lo ajeno estás atento.

    A la mujer cuitada

cargada con sus hijas vas echando

    de su pobre morada,
45

su dura suerte y tu crueldad culpando;

    el marido lloroso

venganza pide al cielo poderoso.

    Aquesto les consuela,

ver que a aqueste señor de grande estado
50

    el infierno le espera,

do será por menudo castigado

    de cuantas sinrazones

hizo, tomando ajenas posesiones.

    ¿Qué andas imaginando
55

para adquirir aún más de lo adquirido?

    Que la muerte domando

a todos va, cuantos acá han nacido,

    así a los más señores,

como a los miserables labradores.
60

    Pues a la centinela,

que la infernal morada está guardando,

    no pienses con cautela

ni con puro dinero ir engañando,

    pues nunca por dinero
65

pudo engañar Prometeo al gran portero.

    Éste tiene en cadena

a Tántalo y a todo su linaje;

    éste saca de pena

al pobre que la vida le era ultraje;
70

    y al que vive contento

le hace gustar la muerte en un momento.


Del Libro III, Oda IV

Descende caelo

    Desciende ya del cielo,

Calíope, ¡oh, reina de poesía!;

por largo espacio el suelo

hinche de melodía,

o la flauta sonando,
5

o ya la dulce cítara tocando.

    ¿Oís? ¿O mi locura

dulce me engaña a mí? Porque el sagrado

canto se me figura

que oigo, y que el amado
10

bosque paseo ameno,

de frescas aguas, de aire blando lleno.

    En el monte Vulturo

do me crié, en la Apulia, fatigado

en mi niñez de puro
15

jugar, todo entregado

al sueño, me cubrieron

unas palomas, que sobrevinieron,

    de verdes hojas, tanto

que a todos admiró, cuantos la sierra
20

y risco de Aqueranto,

y la montuosa tierra

de Bata y de Fiñano

moran el abundoso y fértil llano;

en ver cómo dormía,
25

ni de osos ni de víboras dañado,

y cómo me cubría

de mirto amontonado

y de laurel un velo,

que este ánimo en un niño era del cielo.
30

    Por el alto Sabino

vuestro voy, vuestro, ¡oh Musas! y do quiera

que vaya, o si camino

al Tíbur en ladera,

o si al Penestre frío,
35

o si al bayano suelo el paso guío.

    Porque amo vuestros dones,

en los campos filipos en huida

los vueltos escuadrones,

no cortaron mi vida
40

ni el tronco malo y duro,

ni en la mar de Sicilia el Palinuro.

    Como os tenga primero

conmigo, tentaré de buena gana,

o hecho marinero,
45

del mar la furia insana,

o hecho caminante,

los secos arenales de Levante.

    Por entre los britanos,

fieros para los huéspedes, seguro,
50

y por los guipuzcoanos

que brindan sangre puro,

y por la Escitia helada

iré, y por la Gelona de arco armada.

    Cuando del trabajoso
55

oficio el alto César, de la guerra

buscando algún reposo,

en los pueblos encierra

la gente de pelea,

con vosotras se esconde y se recrea.
60

    Vosotras el templado

consejo y la razón dais, y por gloria

tenéis haberlo dado,

que pública es la historia

de la titana gente,
65

cómo la destruyó con rayo ardiente

    quien los mares, ventosos,

quien la pesada tierra, quien los muros

altos y populosos

y los reinos oscuros
70

y solo él los mortales,

y los dioses con leyes rige iguales.

    Bien es verdad que puso

aquella fiera gente, confiada

en sus brazos, confuso
75

temor en la morada

soberana del cielo,

a do subir quisieron desde el suelo.

    ¿Mas qué parte podían

ser Mimas, ni Tifón, ni el desmedido
80

Porfirio; o qué valían

el Reto, el atrevido

Encélado, que echaba

los árboles al cielo que arrancaba,

    en contra el espantoso
85

escudo de la Palas? A su parte

Vulcano herboroso

y Juno estaba, y Marte,

y quien jamás desecha

de sus hombros la aljaba, ni la flecha,
90

    y baña en la agua pura

Castalia sus cabellos, y es servido

de Licia en la espesura,

y el bosque do ha nacido

posee, y el que sólo
95

en Delo y en Patara reina Apolo.

    De sí mesma es vencida

la fuerza sin consejo y derribada;

mas la cuerda y medida

del cielo es prosperada,
100

a quien la valentía

desplace, dada al mal de noche y día.

    Testigo es verdadero

de mis sentencias Gías, el dotado

de cien manos, y el fiero
105

Orïón, el osado

tentador de Dïana,

domado con saeta soberana.

    Duélese la cargada

tierra sobre sus partos, y agramente
110

ver su casta lanzada

en el abismo siente,

ni el fuego a la montaña

de Etna sobrepuesto gasta o daña.

    Ni del vicioso Ticio
115

jamás se aparte el buitre, ni se muda

a su maldad y vicio

dado por guarda cruda;

y está el enamorado

Piritoo en mil cadenas apretado.
120


Oda VII, Libro III

Quid fles, Asterie

    ¿Por qué te das tormento,

Asterie? ¿No será el abril llegado,

que con próspero viento

de riquezas cargado,

y más de fe cumplido,
5

tu Giges te será restituido?

    Que en Orico, do agora,

después de las Cabrillas revoltosas,

del viento guiado mora,

las noches espaciosas
10

y frías desvelado

pasa, y de largo lloro acompañado.

    Bien que con maña y artes

de su huéspeda Cloe el mensajero

le tienta por mil partes,
15

diciendo el dolor fiero,

en que la triste pasa,

y cómo con su fuego ella se abrasa;

    y cómo la alevosa

Antea movió a Preto con fingida
20

querella a presurosa-

mente quitar la vida

al casto en demasía

Belerofonte, él mismo le decía.

    Y cuenta cómo puesto
25

en el último trance fue Peleo,

mientras que huye, honesto,

la Hipólita, y arreo

le trae toda la historia

del mal ejemplo el falso a la memoria.
30

    En balde, porque a cuanto

le dice está más sordo que marina

roca; ni por espanto

ni por ruego se inclina;

tú huye por tu parte
35

de Enipeo, tu vecino, enamorarte.

    Aunque ni en la carrera

ninguno se le iguala, ni con mano

revuelve más ligera

el caballo en el llano,
40

ni con igual presteza

nadando corta el Tibre y su braveza.

    En siendo anochecido

tu puerta cierra y no abras la ventana

al canto dolorido
45

de la flauta alemana;

y aunque mil veces fiera

te llame, tú más dura persevera.


Oda IX, Libro III

Donec gratus

HORACIO
    Mientras que te agradaba,

y mientras que ninguno más dichoso

los brazos añudaba

al blanco cuello hermoso,

más que el persiano Rey fui venturoso.
5

LYDIA
    Y yo mientras no amaste

a otra más que a mí, ni, desechada,

por Cloe me dejaste,

de todos alabada,

y más fue que la Ilia celebrada.
10

HORACIO
    A mí me manda agora

la Cloe, que canta y tañe dulcemente

la vihuela sonora;

y porque se acreciente

su vida, moriré yo alegremente.
15

LYDIA
    Y yo con inflamado

amor al Calais quiero y soy querida;

y si el benigno hado

le da más larga vida,

la mía daré yo por bien perdida.
20

HORACIO
    Mas ¿qué, si torna al juego

Amor, y torna a dar firme lanzada?

¿Si de mi puerta luego

la rubia Cloe apartada,

a Lydia queda abierta y libre entrada?
25

LYDIA
    Aunque Calais hermoso

es más que el sol, y tú más bravo y fiero

que mar tempestuoso,

más que pluma ligero,

vivir quiero contigo y morir quiero.
30


Oda X, Libro III

Extremum Tanaim

    Aunque de Escitia fueras,

y aunque más bravo fuera tu marido,

condolerte debieras,

Lice, del que ofrecido

al cierzo tienes en tu umbral tendido.
5

    ¿La puerta, la arboleda

oyes del fiero viento combatida,

cuál brama?, ¿cuál se queda

la nieve ya caída

del aire agudo en mármol convertida?
10

    Deja, que es desamada

de Venus esa tu soberbia vana,

no te halles burlada,

no te engendró toscana

a ser como Penélope inhumana.
15

    ¡Oh!, aunque a domeñarte

ni tu marido de otro amor tocado,

ni ruego ni oro es parte,

ni del enamorado

la amarillez teñida de violado,
20

un poco de mesura

usa conmigo, ¡oh, sierpe, oh, más que yerta

encina y roble dura!

Que no siempre tu puerta

podré sufrir al agua descubierta.
25


Oda XVI, Libro III

Inclusam Danaem

    Asaz tenían guardada

a Dánae de nocturnos amadores

la torre fabricada

de metal, y de perros veladores

la centinela alerta,
5

y más fuerte que acero la gran puerta:

    si del padre, medroso

guardador de la virgen, no burlaran

Venus y el poderoso

Júpiter, y ambos juntos acordaran
10

ser seguro camino

para entrar, convertirse en oro fino.

    El oro tiene tanta

fuerza, que va por medio de la guerra,

y las piedras quebranta
15

con más fuerza que el rayo viene a tierra:

por oro destruida

fue de Amfiarao la casa esclarecida.

    El rey Filipo hendía

las puertas y los muros torreados
20

con dones, y vencía

a los reyes contrarios obstinados;

pone el don extranjero

al feroz capitán grillos de acero.

    Cuanto más va creciendo
25

la riqueza, el cuidado de guardalla

tanto más va subiendo,

y la sed insaciable de aumentalla;

por esto huí medroso,

Mecenas, el ser rico y poderoso.
30

    Al que menos codicia,

le da Dios más, y se harta fácilmente;

desnudo de avaricia,

el bando sigo de la pobre gente,

y huyo muy contento
35

del real, del que es rico y avariento.

    Y soy más verdadero

señor de la hacienda no estimada,

que no si en mi granero

cuanto ara y coge Apulia yo encerrara,
40

en medio de riqueza

tanta, viviendo en mísera pobreza.

    No entiende el poderoso

señor, que manda el África marina,

que estado más dichoso
45

que el suyo me da el agua cristalina

de mi limpio arroyuelo,

mi fértil campo y monte pequeñuelo.

    La calabresa abeja,

aunque no me da miel blanca y sabrosa,
50

ni mis vinos añeja

la cueva listrigonia tan famosa,

ni traigo mis ganados

en los pastos de Francia apacentados;

    ni vivo con pobreza
55

ni la vida traer suelo alterada;

y si quiero riqueza

mayor, no me será por ti negada.

    Sin la codicia ardiente

los tributos daré más fácilmente,
60

que no si poseyere

juntas la Lidia y Tracia poderosas:

a aquel que mucho quiere,

le han de faltar por fuerza muchas cosas.

    No es mal afortunado,
65

a quien Dios poco, que le baste, ha dado.


Oda XXVII, Libro III

Impios parrae

    Agüero en la jornada

al malo de la voz del pico oída

y la perra preñada,

y la zorra parida,

y del monte la loba descendida;
5

    y rompa el comenzado

camino la culebra, que viniendo

ligera por el lado,

al cuártago temiendo

dejó; que yo no tema nada, habiendo
10

    con santa voz movido

de adonde nace el sol el cuervo abuelo,

primero que al querido

lago, rayendo el suelo,

volase la sagaz del negro cielo.
15

    Dichosa a do quisieres

podrás ir, Galatea, y acordada

de mí vive do fueres;

no veda tu jornada

ni pico ni corneja desastrada.
20

    Mas mira cómo lleno

el Orión de furia va al Poniente;

yo sé quién es el seno

del Adria luengamente,

y cuánto estrago hace el soplo Oriente.
25

    La tempestad que mueve

el resplandor egeo que amanece,

quien mal quiero la pruebe,

y el mar que brama y crece,

y las costas azota y estremece.
30

    Que ansí del engañoso

toro la blanca Europa confiada,

con rostro temeroso

miró la mar cuajada

de formas espantables, aunque osada.
35

    La que poco antes era

maestra de guirnaldas, robadora

de la verde ribera,

con breve espacio de hora

no vio más de agua y cielo y noche, y llora.
40

    Y luego que se vido

en la poblada Creta, enajenada

de todo su sentido

-¡Oh, padre!, ¡oh, voz amada!-

por un ciego furor tan mal trocada,
45

    y dijo: ¡Ay, enemiga

de mí! ¿Dó y de dó vine? Todo el bando

del mal no me castiga.

¿Por dicha estoy llorando,

culpada o inocente estoy soñando?
50

¿O velo, o sueño vano

del umbral de marfil aparecido

me burla? ¡Ay, cuán más sano

fuera el prado florido,

que las olas del mar embravecido!
55

Si me entregase alguno

aquel novillo malo, en que venía,

con fierro, uno a uno

quebrar me esforzaría

los cuernos que poco ha tanto quería.
60

    Desvergonzada, el techo

de mi padre dejé; desvergonzada,

¿después de lo que he hecho,

respiro? ¡Ay Dios! ¡Cercada

me viese yo, y de leones ya tragada!
65

    Antes que se desjugue

la presa, y que magrez aborrecida

el fresco rostro arrugue,

que ansí bella y florida

deseo antes de tigres ser comida.
70

    «Europa vil, tu ausente

padre te aprieta el nudo; da, mezquina,

-¿qué dudas?- prestamente

el cuello a aquesa encina

con este cordón tuyo, que, adivina
75

    ceñiste. O si te agrada

el risco agudo y el despeñadero,

¡sus!, muere despeñada,

entrégate al ligero

viento; si no es que, hija de rey, quiero
80

obedecer esclava

a bárbara mujer en vil estado».

    Presente al lloro estaba

riyendo, falsa, al lado

la Venus y su hijo desarmado.
85

    Y de burlar contenta,

le dijo: «Si aquel mal toro a deshora

tornare, tened cuenta,

no le hiráis, señora,

ni os le mostréis tan brava como agora.
90

    Aprende a ser dichosa;

¿del Júpiter -no llores- no vencido

no ves que eres esposa?

Del orbe dividido,

el tercio gozará de tu apellido.
95


Del Libro IV, Oda I

Intermissa diu

    Después de tantos días,

¡oh, Venus! ¿otra vez soplas el fuego

    de tus duras porfías?

¡No más, por Dios, no más, por Dios, te ruego!

    Que no soy cual solía,
5

cuando a la hermosa Cínara servía.

    No trates más en vano

¡oh, de amor dulce cruda engendradora!

    rendirme, que estoy cano

y duro para amar. ¡Vete en buen hora;
10

    revuelve allá tu llama

sobre la gente moza que te llama!

    Si un corazón procuras,

cual debes abrasar y si emplearte

    debidamente curas,
15

con Máximo podrás aposentarte;

    haz allí tu manida,

que de nadie serás más bien servida;

    porque es mozo hermoso

y en todo cuanto hace es agraciado;
20

    es noble y generoso,

de mil habilidades adornado

    y defensa elocuente

del acuitado reo diligente.

   Él llevará animoso
25

de tu capitanía la bandera

    y si más poderoso

que el rico contendor le echare fuera,

    por este beneficio

te servirá con templo y sacrificio.
30

    De mármol tu figura

pondrá so rico techo colocada

    acerca la agua pura

del lago Albano, a dó serás honrada

    con incienso abundante,
35

con cantos y con cítara sonante.

    Dos veces allí al día

las vírgenes y mozos escogidos

    cantarán a porfía

tu nombre en corro, de la mano asidos,
40

    y a son yendo cantando,

el suelo herirán de cuando en cuando.

    A mí ya no me agrada

ni mozo, ni mujer, ni aquel ligero

    esperar, que pagada
45

me es la voluntad, ni menos quiero

    coronarme de rosa,

ni la embriagada mesa me es gustosa.

    Mas, ¡ay de mí, mezquino!

¿qué lágrimas son estas que a deshora
50

    me caen? ¡Ay, Ligurino!

¡Ay!, di: ¿Qué novedad es esta que hora

    a mi lengua acontece,

que en medio la palabra se enmudece?

    De ti en la noche oscura
55

mil veces que te prendo estoy soñando;

    otras se me figura,

traidor, que en pos de ti, que vas volando,

    ya por el verde prado,

ya por las raudas aguas sigo a nado.
60


Oda XIII, Libro IV

Audivere, Lyce

    Cumpliose mi deseo,

cumpliose, ¡oh, Lice! A la vejez odiosa

    entregada te veo,

y todavía parecer hermosa

    cuanto puedes procuras,
5

y burlas y haces mil desenvolturas.

    Y con la voz temblando

cantas por despertar al perezoso

    Amor, que reposando

se está despacio sobre el rostro hermoso
10

    de Quía, la cantora,

que de su edad está en la flor agora.

    Que sobre seca rama

no quiere hacer asiento ni manida

    aquel malo, y desáma-
15

te ya; porque la boca denegrida

    y las canas te afean,

que en la nevada cumbre ya blanquean.

    Y no son poderosas

ni las granas de Coo, ni los brocados,
20

    ni las piedras preciosas

a tornarte los años, que encerrados

    debajo de su llave

dejó la edad, que vuela más que el ave.

    ¿Qué se hizo aquel donaire,
25

aquella tez hermosa? ¿Dó se ha ido

    del movimiento el aire?

¿Aquella, aquella, dó ha desparecido,

    aquella en quien bullía

Amor, que enajenado me tenía?
30

    No hubo más amada

beldad después de Cínara, más clara,

    de más gracias dotada;

mas, ¡ay! ¿cómo robó la muerte avara

    a Cínara temprano,
35

y con la Lice usó de larga mano?

    Diole que en larga vida

con la antigua corneja compitiese,

    de años consumida,

para que con gran risa ver pudiese
40

    la gente moza hirviente,

vuelta en pavesa ya la hacha ardiente.


De los epodos, Oda II

Beatus ille

Dichoso el que de pleitos alejado,

    cual los del tiempo antigo,

labra sus heredades no obligado

    al logrero enemigo.

Ni el arma en los reales le despierta,
5

    ni tiembla en la mar brava;

huye la plaza y la soberbia puerta

    de la ambición esclava.

Su gusto es o poner la vid crecida

    al álamo ayuntada,
10

o contemplar cuál pace desparcida

    el valle su vacada.

Ya poda el ramo inútil, ya injiere

    en su vez el extraño;

o castra sus colmenas o, si quiere,
15

    tresquila su rebaño.

Pues cuando el padre Otoño muestra fuera

    su cabeza galana,

¡con cuanto gozo coge la alta pera,

    las uvas como grana!
20

Y a ti, sacro Silvano, las presenta,

    que guardas el egido;

debajo un roble antiguo ya se sienta,

    ya en el prado florido.

El agua en las acequias corre y cantan
25

    los pájaros sin dueño;

las fuentes al murmullo que levantan,

    despiertan dulce sueño.

Y ya que el año cubre campo y cerros

    con nieve y con heladas,
30

o lanza el jabalí con muchos perros

    en las redes paradas;

o los golosos tordos, o con liga

    o con red engañosa,

o la extranjera grulla en lazo obliga,
35

    que es presa deleitosa.

Con esto, ¿quién el pecho no desprende

    cuanto en amor se pasa?

¿Pues qué, si la mujer honesta atiende

    los hijos y la casa,
40

cual hace la sabina o calabresa,

    de andar al sol tostada?

Y ya que viene el amo enciende apriesa

    la leña no mojada;

y ataja entre los zarzos los ganados,
45

    y los ordeña luego;

y pone mil manjares no comprados,

    y el vino como fuego.

Ni me serán los rombos más sabrosos,

    ni las ostras, ni el mero,
50

si algunos con levantes furiosos

    nos da el invierno fiero.

Ni el pavo caerá por mi garganta,

    ni el francolín greciano,

más dulce que la oliva que quebranta
55

    la labradora mano,

la malva o la romaza enamorada

    del vicïoso prado;

la oveja en el disanto degollada,

    el cordero quitado
60

al lobo. Y mientras como, ver corriendo

    cuál las ovejas vienen;

ver del arar los bueyes que volviendo

    apenas se sostienen:

ver de esclavillos el hogar cercado,
65

    enjambre de riqueza.

Ansí, dispuesto un cambio, y al arado

    loaba la pobreza.

Ayer puso a sus ditas todas cobro,

    más hoy ya torna al logro.
70


De Tibulo, Libro II, Elegía III

Rura tenent

    Al campo va mi amor, y va a la aldea.

El hombre que morada un punto solo

hiciere en la ciudad, maldito sea.

    La misma Venus deja el alto polo,

y a los campos se va; y el dios Cupido
5

se torna labrador por esto solo.

    ¡Ay, yo con qué placer, si permitido

me fuera ir, donde estás, con el arado

rompiera el fértil campo endurecido,

    y en hábito de aldea, disfrazado,
10

siguiera el paso de los bueyes lento,

de tus hermosos ojos sustentado!

    Si me abrasara el sol, ningún tormento

sintiera, ni dolor, ni si la esteva

las manos me llagara en partes ciento.
15

    Que Apolo bien ansí en forma nueva

de las vacas de Admeto fue vaquero,

e hizo de su amor ilustre prueba.

    La música y belleza contra el fiero

Amor no le valió, ni saludable
20

yerba de cuantas él halló primero.

    Toda su medicina al incurable

golpe quedó rendida, y traspasada

su alma fue con flecha penetrable.

    Llevó y tornó del pasto la vacada,
25

la leche fue exprimida por su mano

y en las redondas formas apretada.

    ¡Ay, cuántas veces, cuántas, de su hermano,

que en pos de algún novillo le encontraba,

se avergonzó Dïana; mas en vano!
30

    El cabello que al oro despreciaba,

revuelto le traía y desgreñado;

que el duro Amor así se lo mandaba.

    ¡Oh, venturosa edad, siglo dorado

cuando sin deshonor ni inconveniente,
35

aun a los mismos dioses era dado

servir al dulce amor abiertamente!


Olímpicas, Oda I

    El agua es bien precioso,

y entre el rico tesoro,

como el ardiente fuego en noche oscura,

ansí relumbra el oro;

mas, alma, si es sabroso
5

cantar de las contiendas la ventura,

ansí como en la altura

no hay rayo más luciente

que el sol, que es rey del día,

por todo el yermo cielo se demuestra;
10

ansí es más excelente

la olímpica porfía,

de todas las que canta la voz nuestra;

materia abundante,

donde todo elegante
15

ingenio alza la voz, ora cantando

de Rea y de Saturno el engendrado,

y juntamente entrando

el techo de Hierón, alto, preciado.

    Hierón el que mantiene
20

el cetro merecido

del abundoso cielo siciliano;

y dentro en sí cogido

lo bueno y la flor tiene

de cuanto valor cabe en pecho humano.
25

Y con maestra mano

discanta señalado

en la más dulce parte

del canto, la que infunde más contento,

y en el banquete amado
30

mayor dulzor reparte.

Mas toma ya el laúd, si el sentimiento

con dulces fantasías

te colma y alegrías;

la gracia de Fernico, el que en Alfeo
35

volando sin espuela en la carrera,

y venciendo el deseo

del amo, le cobró la voz primera.

    Del amo glorïoso

en la caballería,
40

que en Siracusa tiene el principado,

y rayos de sí envía

su gloria en el famoso

lugar que fue por Pélope fundado;

por Pélope que amado
45

fue ya del gran Neptuno,

luego que a ver el cielo

la Cloto lo produjo, relumbrando

en blando marfil uno

de sus hombros, al suelo
50

con la extrañez jamás vista admirando.

Hay milagrosos hechos,

y en los humanos pechos

más que no la verdad desafeitada,

la fábula, con lengua artificiosa
55

y dulce fabricada,

para lanzar su engaño es poderosa.

    Merced de la poesía,

que es la fabricadora

de todo lo que es dulce a los oídos,
60

y así lo enmiela y dora,

que hace cada día

los casos no creíbles ser creídos;

mas los días nacidos

después ven el engaño.
65

Lo que conviene al hombre

es fingir de los dioses lo que es dino;

siquiera es menor daño.

Por donde a mí me viene

al ánimo cantar de ti, divino
70

Tantálides, diverso

de lo que canta el verso

de los antepasados; y es, que habiendo

a los dioses tu padre convidado,

y en Sípilo comiendo,
75

Neptuno te robó de amor forzado.

    Domole amor el pecho,

y en carro reluciente

te puso donde mora su alto hermano:

a do en la edad siguiente
80

vino al saturnio lecho

en vuelo el Ganimedes soberano.

Mas como al ojo humano

huiste, y mil mortales,

que luengo te buscaron,
85

a tu llorosa madre no trajeron

ni rastro ni señales;

por tanto no faltaron

vecinos envidiosos que dijeron,

que por cruel manera
90

en ferviente caldera

cortado miembro a miembro y parte a parte

los dioses te cocieron, y traído

a la mesa desta arte,

entre ellos te comieron repartido.
95

    Mas tengo por locura

hacer del vientre esclavo

a celestial alguno, y carnicero.

Yo, al fin, mis manos lavo,

que de la desmesura
100

el daño y el desastre es compañero,

y más que de primero

el Tántalo fue amado

de los gobernadores

del cielo, si lo fue ya algún terreno;
105

bien que al amontonado

tesoro de favores

no le bastando el pecho de relleno,

rompió en un daño fiero,

que el Júpiter severo
110

le sujetó a la peña caediza,

y ansí el huir que siempre fantasea,

y el miedo que le atiza,

ajénale de cuanto se desea.

    Y de favor desnudo
115

padece otros tres males

demás deste mal crudo; porque osada-

mente dio a sus iguales

la ambrosía que no pudo,

y el néctar do los dioses colocada
120

tienen su bien hadada

y no finible vida.

¡Mas cuánto es loco y ciego

quien fía de encubrir su hecho al cielo!

Después desta caída
125

también el hijo luego

tornaron al lloroso y mortal suelo;

y como le apuntaba

la barba ya, y estaba

el mozo en su vigor y florecía,
130

al rico y generoso casamiento,

que entonces se ofrecía,

el ánimo aplicó y el pensamiento.

    Ardiendo, pues, desea

a la Hipodamía,
135

del claro Pisadón ilustre planta,

y a do la mar batía

cuando la noche afea

el mundo, sólo busca al que quebranta

las ondas, y levanta
140

al que encontinente

junto dél aparece,

le dice: «Si contigo aquel pasado

tiempo sabrosamente

algo puede y merece,
145

y si ya mi dulzor te vino en grado,

enflaquece la mano,

y lanza de Epomano,

y dame la victoria en Elis puesto,

que a dilatar las bodas y concierto
150

el padre está dispuesto,

dado que son ya trece los que ha muerto.

    Lo grande y peligroso

no es para el cobarde;

el alto y firme pecho lo presume.
155

Y pues temprano o tarde

es el morir forzoso,

¿quién es el que sin nombre y vil consume,

y en honda noche sume

el tiempo de la vida,
160

de toda prez ajeno?

Al fin estoy resuelto en esta empresa,

y tuya es la salida,

y el dar suceso bueno».

Y dicho esto calló; mas no fue aviesa
165

de aquesta su reqüesta,

la divinal respuesta:

porque dándole nueva valentía,

le puso en carro de oro, en los mejores

caballos que tenía,
170

con alas no cansadas voladores.

    Y así alcanzó victoria

del contendor valiente

y fue suya la virgen; y casados

viviendo luengamente,
175

de alto hecho y gloria,

seis príncipes, seis hijos engendrados

dejaron; y pasados

los días, yace agora

en tumba suntuosa
180

a par del agua alfea, a par del ara,

de las que el mundo adora

la más noble y gloriosa;

y hace que su nombre y fama clara

por mil partes se extienda
185

la olímpica contienda,

que se celebra allí, do el pie ligero,

do hacen las osadas fuerzas prueba,

y quien sale primero,

dulcísimo descanso y gozo lleva
190

    para toda la vida.

Tanto es precioso y caro

el premio que consigue; y siempre aviene

ser excelente y raro

el bien que de avenida,
195

y junto y en un día al hombre viene;

mas a mí me conviene

con alto y noble canto

por más aventajado

en el veloz caballo coronarte,
200

Hierón ilustre, y cuanto

a todos en estado

vences, y en claros hechos celebrarte

tanto con más hermosas

y más artificiosas
205

canciones yo presumo. Vive y crece,

que Dios tiene a su cargo tu ventura,

y si no desfallece,

aun yo te cantaré con más dulzura.

    Cantarte he victorioso
210

en voladora rueda,

y el Cronio, que hacia el sol contino mira,

para que tanto pueda

me infundirá copioso

don de palabras vivas, que en mí inspira
215

fortísima y me tira

a sí, hecha señora,

la Musa poderosa;

que cada uno en uno se señala,

y todo al rey adora.
220

No busques mayor cosa,

y el cielo que en lo alto de la escala

te puso, te sustente

allí continuamente.

Y yo, de tan ilustre compañía,
225

me vea de contino rodeado,

y, claro en poesía,

por todo el griego suelo andar nombrado.


Fragmento de la Andrómaca de Eurípides

    No trujo esposa a Troya cosa buena,

mas pestilencia mala y desventura,

cuando a su lecho Paris trajo a Elena,

    por quien cayendo ¡oh, Troya! de tu altura,

el Marte griego de mil naos cercado
5

con fuego te deshizo y lanza dura.

    y a mi esposo que triste al carro atado

le trajo en torno el muro por el suelo,

[...]
    Y yo de mi alto techo al desconsuelo

de aquesta triste playa fui traída,
10

cubierta de cautivo, horrible vuelo.

    ¡Cuánta agua por mi faz cayó vertida,

cuando dejé mi casa y mi marido!

[...]
¡Ay triste! ¿Para qué veo el sol lucido,

esclava de Hermione, brava y cruda,
15

que a aqueste duro estrecho me ha traído?

    Que ansiosa y de mortal favor desnuda,

estoy a aquesta imagen abrazada,

en lloro deshaciéndome, cual suda

el agua por la piedra destilada.
20


Otro fragmento de la misma

    O no nacer jamás escojo y quiero,

o ser de padres buenos,

y en techos suntuosos heredero,

y de nobleza llenos.

    Que si lo que es difícil acontece,
5

los que son bien nacidos,

no son de lo que ayuda y favorece

en la escasez validos.

    De la proeza antigua y celebrada

les viene honra y gloria,
10

que de los virtuosos no es gastada

con tiempo la memoria.

    Que aun muertos, su virtud les resplandece

como clara lumbrera;

y ansí es mejor perder lo que se ofrece
15

por no justa manera,

    que con ofensa odiosa y violenta

hollar a la justicia.

Bien es aqueste dulce, y bien contenta

a la mortal malicia;
20

    mas ésta con el tiempo se marchita

su flor, y seca queda,

y afrenta a las familias da infinita

en cuanto el siglo rueda.

    Por do el vivir que juzgo por debido,
25

es lo que digo agora,

en lo de la ciudad, en lo escondido

a do cada uno mora.

    El mando de igualdad desamparado

no debe ser preciado.
30


Fragmento de Séneca

De la tragedia de Tiestes

    Esté quien se pagase poderoso

de la corte en la cumbre deleznable,

viva yo en mi sosiego y mi reposo.

    De mí nunca se escriba ni se hable;

mas en lugar humilde, y olvidado
5

goce del ocio manso y amigable.

    No sepan si soy vivo, si finado,

los nobles y los grandes, y mi vida

se pase sin oír cosas de Estado.

    Así cuando la edad fuere cumplida,
10

y mis días pasados sin rüido,

la muerte no será mal recibida.

    No moriré enojoso y desabrido:

la muerte llama grave, y no la quiere

el que de todo el mundo conocido,
15

sólo de sí desconocido muere.


Libro tercero

Traducciones sagradas

En esta postrera parte van canciones sagradas, en las cuales procuré cuanto pude imitar la sencillez de su fuente y un sabor de antigüedad que en sí tienen, lleno a mi parecer de dulzura y majestad.

Y nadie debe tener por nuevos o por ajenos de la Sagrada Escritura los versos, porque, antes le son muy propios y tan antiguos, que desde el principio de la Iglesia hasta hoy los han usado en ella muchos hombres grandes en letras y en santidad, que nombrara aquí, si no temiera ser muy prolijo.

Y pluguiese a Dios que reinase esta sola poesía en nuestros oídos, y que sólo este cantar nos fuese dulce, y que en las calles y en las plazas, de noche, no sonasen otros cantares, y que en esto soltase la lengua el niño, y la doncella recogida se solazase con esto, y el oficial que trabaja aliviase su trabajo aquí. Mas ha llegado la perdición del nombre cristiano a tanta desvergüenza y soltura, que hacemos música de nuestros vicios, y no contentos con lo secreto dellos, cantamos con voces alegres nuestra confusión.

Pero esto ni es mío, ni de este lugar.

Beatus vir

    Es bienaventurado

varón el que en concilio malicioso

no anduvo descuidado,

ni el paso perezoso

detuvo del camino peligroso.
5

    Y huye de la silla

de los que mofan la virtud y al bueno;

y juntos, en gavilla,

arrojan el veneno,

que anda recogido en lengua y seno.
10

    Mas en la ley divina

pone su voluntad, su pensamiento,

cuando el día se inclina,

y el claro movimiento,

lo escuro de la noche en ella atento.
15

    Será cual verde planta,

que a las corrientes aguas asentada,

al cielo se levanta

con fruta sazonada,

de hermosas hojas siempre coronada.
20

    Será en todo dichoso,

seguro de la suerte que se muda.

No así el malo animoso,

cual si el viento sacuda

la paja de la era muy menuda.
25

    Por esto al dar la cuenta,

la causa de los malos, como vana,

caerá con grande afrenta;

allí la cortesana,

santa nación huirá de la liviana.
30

    Porque Dios el camino

sabe bien de los justos, que es su historia;

del otro desatino

de la maldad memoria

no habrá, como de baja y vil escoria.
35


Cum invocarem

    Cuando en grave dolencia

del alma te llamé, tú me escuchaste,

Dios, de la inocencia

autor, tú me ensanchaste

el corazón, que en sueño estrecho hallaste.
5

    Pues eres piadoso,

derrama sobre mí piadosos dones,

y vuelve tu amoroso

oído a mis razones,

que más son que mis culpas tus perdones.
10

    ¡Oh, hombres! ¿Hasta cuándo

tendréis el corazón endurecido,

la vanidad amando

del bien que os ha mentido,

siguiendo a rienda suelta su partido?
15

    Sabed cómo engrandece

a su amigo Dios, su voz oyendo;

mi alma favorece

luego le concediendo

cuanto en su corazón le está pidiendo.
20

    Enójeos el pecado,

y no pequéis jamás en vuestros hechos;

corregid lo pasado,

y en vuestros ricos lechos

sollozaréis en lágrimas deshechos.
25

    Un sacrificio justo

sacrificad a Dios, que es el que alcanza

perdón a todo injusto;

y tened esperanza,

que nadie se salvó sin confianza.
30

    Dicen los pecadores:

«¿Quién nos dirá dó están las cosas buenas?

¿No ven los resplandores

de mi rostro y las venas

de luz, de quien sus almas están llenas?
35

    Dísteme tu alegría,

joya que gozan solos tus privados;

mas a la compañía

de los que van errados,

frutos de vino y pan multiplicados.
40

    De paz favorecido

entre justos y santos reposando,

me quedaré adormido,

porque me estás guardando,

en confianza eterna descansando».
45


Dómine, ne in furore tuo

    No con furor sañoso

me confundas, Señor, estando airado,

ni con ceño espantoso

me castigues, tasado

cuanto merece al justo mi pecado.
5

    Mas antes sin enojo

doliéndote de mí te muestra humano;

pues a tus pies me acojo,

sáname con tu mano,

que no tiene mi cuerpo hueso sano.
10

    Mi alma está confusa

entre esperanza y miedo vacilando;

¿y dónde, Señor, se usa,

que a quien se está finando

y os llama le dejéis así? ¿Hasta cuándo?
15

    Vuelve, Señor, tu cara;

alienta aqueste espíritu afligido,

que tu clemencia rara

no atropella al caído,

ni quiere hacer justicia en el rendido.
20

    Que nadie en la agonía

se acordará de Ti sin Ti, por cierto;

y con la losa fría,

de tierra ya cubierto,

¿qué gloria puede darte un cuerpo muerto?
25

    Por esto en un gemido

las noches llevaré todas lavando

el lecho defendido,

que mancillé pecando,

mi cama con mis lágrimas bañando.
30

    La fuerza de mi llanto

de mis ojos la vista ha enflaquecido;

y de enemigos tanto

fui siempre combatido,

que estoy siempre arrugado y consumido.
35

    ¡Afuera pecadores!

¡No tengáis parte en mí los que habéis sido

de la maldad autores;

porque el Señor ha oído

el llanto de mis voces y gemido!
40

    Porque ya de mis quejas

la lamentable voz es recibida

dentro de sus orejas,

y tan bien acogida,

que luego fui librado en siendo oída.
45

    Túrbense avergonzados

todos mis enemigos grandemente;

las espaldas tornados

vuelvan confusamente,

huyendo a rienda suelta, velozmente.
50


Salvum me fac, Domine

    ¡Oh, sálvame, Señor! que no hay ya bueno,

que faltan las verdades;

    y trata aun con quien tiene dentro el seno

cada uno falsedades.

    Con labios halagüeños cada uno,
5

y con dos corazones:

    no dejes de estos labios, Dios, ninguno,

ni destos fanfarrones,

    que dicen: «prometamos largamente;

mi boca está en mi mano.
10

    ¿Qué cuesta el hablar largo, o qué viviente

me estorbará el ser vano?».

    Mas dice Dios: «Ya vengo, conmovido

de los menesterosos,

    de sus agravios dellos, del gemido
15

de los pobres llorosos,

    a serles su salud y su bonanza,

y soplo favorable».

    Y son, Señor, tus dichos sin mudanza,

y son firmeza estable.
20

    Son en hornaza plata, en fuego ardiente

mil veces apurada:

    y ansí nos librarás eternamente,

Señor, desta malvada,

    desta malvada gente, que contino
25

nos cerca a la redonda,

    y crece, porque tu saber divino

y tu grandeza honda

    les da pasar en gozo, y en convites,

y ansí se lo permites.
30


Usquequo, Domine

    ¡Dios mío!, ¿hasta cuándo

ha de durar aqueste eterno olvido,

que vas conmigo usando?

¿Hasta cuándo ofendido

de mí, tu rostro mostrarás torcido?
5

    Y entre consejos ciento,

¿hasta cuándo andaré desatinado?

¡Ay, duro y gran tormento!

¿Hasta cuándo hollado

seré del enemigo crudo, airado?
10

    Convierte ya tu cara,

aplica a mis querellas tus oídos,

¡Dios mío! y con luz clara

alumbra mis sentidos,

no sean del mortal sueño oprimidos.
15

    No pueda mi adversario

decir: «Prevalecíle en algún día».

Que si el duro contrario

viese la muerte mía,

extremos de placer y gozo haría.
20

    Mas tu misericordia,

en quien, Señor, confío, me asegura;

henchirá la victoria

mi alma de dulzura.

Yo cantaré, y diré que soy tu hechura.
25


Usquequo, Domine

   ¿Hasta cuándo, Dics bueno,

hasta cuándo estaréis de mí olvidado?

Y ese rostro sereno,

¿hasta cuándo de un lado

ha de estar para mí, triste, cuitado?
5

    ¿Hasta cuándo, pasmada,

entre varios consejos vacilando

tendré esta alma cuitada?

Y el dolor, ¿hasta cuándo

ha de estar mis entrañas traspasando?
10

    A mi enemigo airado,

¿hasta cuándo he de estar, Señor, rendido?

Ya basta lo pasado,

si vos atento oido

volvéis y rostro alegre al afligido.
15

    Si sola una centella

de vuestra luz tuviese en mi sentido,

yo quedaré con ella

tan vivo y tan lucido,

que nunca en mortal sueño esté dormido.
20

    Y ansí ni mi enemigo

se ufanará de haberme contrastado,

ni dirá que conmigo

sus fuerzas ha mostrado,

y que me deja ya domesticado.
25

    Tendrá el que mal me quiere,

si me quiere vencido, gran pujanza;

pero si yo pusiere,

Dios mío, mi esperanza

en Vos, ¿quién tomará de mí venganza?
30

    Mi corazón ya ufano,

tan próspero estará y tan victorioso,

que por tan soberano

bien, al nombre glorïoso

vuestro mil palmas cantará gozoso.
35


Diligam te, Domine

    Con todas las entrañas de mi pecho

te abrazaré, mi Dios, mi esfuerzo y vida,

mi cierta libertad y mi pertrecho,

    mi roca, donde tengo mi guarida,

mi escudo fiel, mi estoque victorioso,
5

mi torre bien murada y bastecida.

    De mil loores digno, Dios glorioso,

siempre que te llamé te tuve al lado,

opuesto al enemigo, a mí amoroso.

    De lazos de dolor me vi cercado,
10

y de espantosas olas combatido,

de mil mortales males rodeado.

    Al cielo voceé, triste, afligido;

oyérame el Señor desde su asiento;

entrada a mi querella dio en su oido.
15

    Y luego de la tierra el elemento

airado estremeció; turbó el sosiego

eterno de los montes su cimiento.

    Lanzó por las narices humo, y fuego

por la boca lanzó; turbose el día,
20

la llama entre las nubes corrió luego.

    Los cielos doblegando descendía,

calzado de tinieblas, y en ligero

caballo por los aires discurría.

    En Querubín sentado, ardiente y fiero,
25

en las alas del viento que bramaba,

volando por la tierra y mar velero;

    y de tinieblas todo se cercaba,

metido como en tienda en agua escura

de nubes celestiales, que espesaba.
30

    Y como dio señal con su luz pura,

las nubes arrancando acometieron

con rayo abrasador, con piedra dura.

    Tronó, rasgando el cielo; estremecieron

los montes, y, llamados del tronido,
35

más rayos y más piedras descendieron.

    Huyó el contrario roto, y desparcido

con tiros y con rayos redoblados,

allí queda uno muerto, allí otro herido.

    En esto, de las nubes despeñados
40

con un soplo mil ríos, hasta el centro

dejaron hecha rambla en monte, en prados.

    Lanzó desde su altura el brazo adentro

del agua, y me sacó de un mar profundo;

librome del hostil y crudo encuentro.
45

    Librome del mayor poder del mundo;

librome de otros mil perseguidores,

a cuyo brazo el mío es muy segundo.

    Dispuestos en mi daño y veladores

vinieron de improviso, y ya vencían;
50

mas socorrió con fuerzas Dios mayores.

    Ya dentro en cerco estrecho me tenían;

mi Dios abrió espacioso y largo paso,

porque mi vida y obras le aplacían.

    No se mostró en la paga corto, escaso
55

el premio; y la virtud y mi inocencia

vinieron, y su gracia al mismo paso.

    Porque perpetuamente en mi presencia

sus leyes conservé, sus santos fueros

ni por amor quebré, ni por violencia.
60

    Jamás fueron al mal mis pies ligeros;

huí todo lo que es de Dios ajeno,

no me aparté jamás de sus senderos.

    A las llanas anduve entero y bueno

delante del Señor continuamente,
65

y siempre a mi apetito puse freno.

    Y ansí correspondió perfectamente

el premio a mi justicia, a mi pureza,

que siempre ante sus ojos fue presente.

    Que cual cada uno vive, ansí tu Alteza
70

se hace con el bueno, bueno, y pío

y llano con el que usa de llaneza.

    Con el puro te apuras, Señor mío;

a cautelas, cautela; a mañas, maña;

y al desvarío pagas desvarío.
75

    En cuanto el sol rodea y la mar baña,

te muestras al humilde favorable,

y abates la altivez con ira y saña.

    Siempre lució ante mí tu luz amable,

y en mis peligros todos siempre tuve
80

de tu bondad consejo saludable.

    Por Ti traspaso el muro, que más sube;

por Ti, por los opuestos escuadrones

rompiendo victorioso y salvo anduve.

    El caso es que la regla y ley que pones
85

lo bueno es y lo puro, y ansí escuda

aquellos que le dan sus corazones.

    ¿Quién hay fuera de Ti, Señor, que acuda,

cuando la fuerza y seso desfallece?

¿Qué roca hay que asegure sin tu ayuda?
90

    Dios es el que me anima y fortalece,

el que todos mis pasos encamina,

y hace que ni caiga ni tropiece.

    Pusiste ligereza en mí vecina

al gamo; y me defiendes, colocado
95

en risco que a las nubes se avecina.

    Por Ti la espada esgrimo; tu cuidado

hace mi brazo diestro en la pelea,

y fuerte más que acero bien templado.

    Tu amparo, como escudo me rodea;
100

tu diestra me da fuerza, tu blandura

me sube a todo el bien que se desea.

    Dotaste de presteza y de soltura

mis pasos, que jamás en la carrera

doblaron por trabajo ni longura.
105

    Seguía, y alcanzaba la bandera

contraria que huía, y no tornaba

sin primero hacer matanza fiera.

    De los que destrozados derrocaba,

jamás se levantó ningún caído,
110

y con pie poderoso los hollaba.

    De fortaleza de ánimo ceñido

por Ti fui en la batalla, por Ti vino

el que se rebeló, ante mí rendido.

    Por Ti, sin corazón y sin camino,
115

huyó de mi cuchillo el enemigo;

desorden fue a su escuadra y desatino.

    Buscaban voceando algún abrigo,

y no hubo valedor; a Ti llamaron,

y ni rogado Tú les fuiste amigo.
120

    En partes menudísimas quedaron

deshechos por mi mano, como el viento,

volando, lleva el polvo, ansí volaron.

    Librástesme, Señor, del movimiento

del pueblo bandolero: a mi corona
125

sujetos allegaste pueblos ciento.

    Quien nunca vi, me sirve y me corona;

apenas le hablé, ya me obedece;

a su natural miente, a mí me abona.

    Esto hace el extraño. El que parece
130

mío, no mío ya, más extranjero,

cerrado en sus miserias vil perece.

    ¡Vívame, mi Señor, mi verdadero

peñasco, mi bendito, mi ensalzado,

mi Dios, y mi salud y gozo entero!
135

    Tú de venganzas justas has hartado

mi pecho, y no contento con vengarme,

mil gentes a mi cetro has sujetado.

    No te satisfaciste con librarme

del opresor injusto; hasta el cielo
140

te plugo sobre todos levantarme.

    Por todo el habitable y ancho suelo

celebraré tu nombre, y tus loores,

mi voz de Ti cantando alzará el vuelo.

    De Ti, que te esmeraste en dar favores
145

a tu querido Rey, a tu Mesías;

que amparas de David los sucesores,

en cuanto tras las noches van los días.


Salmo XVIII

Coeli enarrant

    Los Cielos dan pregones de tu gloria,

anuncia el estrellado tus proezas;

    los días te componen clara historia,

las noches manifiestan tus grandezas.

    No hay habla ni lenguaje tan diverso,
5

que a las voces del cielo no dé oído;

    corre su voz por todo el universo;

su son de polo a polo ha discurrido.

    Allí hiciste al sol rica morada,

allí el garrido esposo y bello mora;
10

    lozano y valeroso su jornada

comienza, y corre y pasa en breve hora.

    Traspasa de la una a la otra parte

el cielo, y con su rayo a todos mira.

    Mas ¡cuánta mayor luz, Señor, reparte
15

tu ley, que del pecado nos retira!

    Tus ordenanzas, Dios, no son antojos;

avisos sabios son, al tonto pecho;

    Tus leyes alcohol de nuestros ojos,

tu mandado alegría y fiel derecho.
20

    Temerte es bien jamás perecedero,

tus fuerzas son verdad justificada;

    mayor codicia ponen que el dinero,

más dulces son que miel muy apurada.

    Amarte es abrazar tus mandamientos,
25

guardallos mil riquezas comprehende;

    mas ¿quién los guarda, o quién sus movimientos

o todos los nivela o los entiende?

    Tú limpia en mí, Señor, lo que no alcanzo,

y libra de altivez el alma mía,
30

    que si victoria deste vicio alcanzo,

derrocaré del mal la tiranía.

    Darasme oído entonces; yo contino

diré: Mi Redentor, mi bien divino.


Ad te, Domine, levavi

    Aunque con más pesada

mano, mostrando en mí su desvarío

la suerte dura, airada,

me oprima a su albedrío,

levantaré mi alma a Ti, Dios mío.
5

    En Ti mi alma repuso

de su bien la defensa y de su vida;

no quedaré confuso,

ni la gente perdida

se alegrará soberbia en mi caída.
10

    Porque jamás burlados

los que esperando en Ti permanecieron

serán, ni avergonzados;

confusos siempre fueron

los que sin causa al bueno persiguieron.
15

    Enséñame por dónde

caminaré, dónde hay deslizaderos,

y el lazo dó se esconde;

con pie y huellos ligeros,

Señor, me enseña a andar por tus senderos.
20

    Guíame de contino,

Señor, por tu camino verdadero,

pues sólo a Ti me inclino,

y a Ti sólo yo quiero,

y siempre en Ti esperando persevero.
25

    Que es tuyo el ser piadoso;

esté siempre presente, en tu memoria,

y el número copioso

de tu misericordia

de que está llena toda antigua historia.
30

    Conforme a mis maldades

no me mires, Señor, con ojos de ira;

conforme a tus piedades

por tu bondad me mira,

por tu bondad, por quien todo respira.
35

    Es bueno, y juntamente

es fiel y justo Dios; al que sin tino

va ciega y locamente

redúcele benino,

mas con debido azote, al buen camino.
40

    A los mansos aveza

que sigan de sus huellas las pisadas;

a la humilde llaneza

por sendas acertadas

la guía, y por razón justificadas.
45

    Todo es misericordia

y fe, cuanto Dios obra y tiene obrado

por la antigua memoria,

con los que su sagrado

concierto y lo por Dios testificado
50

    conservan; y por tanto

que des dulce perdón, Señor, te pido

por el tu nombre santo

a lo que te he ofendido,

¡ay triste!, que es muy grave y muy crecido.
55

    Mas ¡cuál y cuán dichoso

aquel varón será, que de Dios fuere

y su ley temeroso!

Irá Dios donde él fuere,

será su luz en todo lo que hiciere.
60

    Su alma, en descansada

vida, de bienes mil enriquecida,

reposará abastada;

la tierra poseída

de su casa será y esclarecida.
65

    A los que le temieren

hará Dios su secreto manifiesto;

a los que le sirvieren

el tesoro repuesto,

que en su ley y promesa tiene puesto.
70

    Mis ojos enclavados

tengo, Señor, en Ti la noche y día,

porque mis pies sacados,

según mi fe confía,

serán por Ti del lazo y su porfía.
75

    Tus brazos amorosos

abre, Señor, a mí con rostro amado,

con ojos piadosos,

porque, desamparado,

soy pobre yo y de todos desechado.
80

    Los lazos de tormento,

que estrechamente ciñen mi afligida

alma, ya son sin cuento.

¡Ay, Dios, libra mi vida

de suerte tan amarga y abatida!
85

    Atiende a mi bajeza;

mira mi abatimiento; de mi pena

contempla la graveza;

con mano de amor llena

rompe de mis pecados la cadena.
90

    Y mira cómo crecen

mis enemigos más cada momento;

y cómo me aborrecen

con aborrecimiento

malo, duro, cruel, fiero, sangriento.
95

    Por Ti sea guardada

mi alma y mi salud; de tan tirano

poder sea librada;

mi fe no salga en vano,

pues me puse, Señor, todo en tu mano.
100

    Al fin, pues que te espero,

valdrame la verdad y la llaneza;

mas sobre todo quiero,

que libre tu grandeza

a tu pueblo de angustia y de tristeza.
105


Dominus illuminatio

    Dios es mi luz y vida,

¿quién me podrá dañar? Mi fortaleza

es Dios y mi manida;

¿qué fuerza o qué grandeza

pondrá en mi corazón miedo o flaqueza?
5

    Al mismo punto cuando

llegaba por tragarme el descreído,

el enemigo bando,

yo firme y él caído

quedó, y avergonzado y destruido.
10

    Si cerco me cercare,

no temerá mi pecho; y si sangrienta

guerra se levantare,

o si mayor tormenta,

en éste espero yo salir de afrenta.
15

    A Dios esto he pedido

y pediré, que en cuanto el vivir dura,

repose yo en su nido,

para ver su dulzura

y remirar su cara y hermosura.
20

    Que allí en el día duro

debajo de su sombra ahinojado,

y en su secreto muro

me defendió cercado,

como en roca firmísima ensalzado.
25

    Y también veré agora

de aquestos que me cercan el quebranto,

y donde Dios se adora,

le ofreceré don santo

de gozo, de loor, de dulce canto.
30

    Inclina, ¡oh, Poderoso!

a mi voz, que te llama, tus oídos;

cual siempre pïadoso

te muestra a mis gemidos;

sean de Ti mis ruegos siempre oídos.
35

    A Ti, dentro en mi pecho,

dijo mi corazón, y con cuidado

en la mesa, en el lecho,

mis ojos te han buscado,

y buscan hasta ver tu rostro amado.
40

    No te me escondas, bueno;

no te apartes de mí con faz torcida,

pues ya tu dulce seno

me fue cierta guarida,

no me deseches, no, Dios de mi vida.
45

    Mi padre en mi terneza

faltó, y quitó a mi madre el nombre caro

de madre su crueza;

mas Dios con amor raro

me recogió debajo de su amparo.
50

    Muéstrame tu camino

guía, Señor, por senda nunca errada

mis pasos de contino,

que no me dañen nada

los puestos contra mí siempre en celada.
55

    No me des en la mano

de aquestos que me tienen afligido;

con testimonio vano

crecer de mí han querido,

y al fin verán que contra sí han mentido.
60

    Yo espero firmemente,

Señor, que me he de ver en algún día

a tus bienes presente,

en tierra de alegría,

de paz, de vida y dulce compañía.
65

    No concibas despecho;

si se detiene Dios, ¡oh, alma!, espera,

dura con fuerte pecho;

con fe acerada, entera,

aguarda, atiende, sufre, persevera.
70


Salmo XXXVIII

Dixi, custodiam

    Dije: sobre mi boca

el dedo asentaré; tendré cerrada

dentro la lengua loca,

porque, desenfrenada

con el agudo mal, no ofenda en nada.
5

    Pondrela un lazo estrecho;

mis ansias pasaré graves conmigo;

ahogaré en mi pecho

la voz, mientras testigo

y de mi mal jüez es mi enemigo.
10

    Callando como mudo

estuve, y de eso mismo el detenido

dolor creció más crudo,

y en fuego convertido,

desenlazó la lengua y el sentido.
15

    Y dije: manifiesto

el término de tanta desventura

me muestra, Señor, presto;

será no tanto dura,

si sé cuándo se acaba y cuánto dura.
20

    ¡Ay, corta ya estos lazos,

pues acortaste tanto la medida,

pues das tan cortos plazos

a mi cansada vida!

¡Ay, cómo el hombre es burla conocida!
25

    ¡Ay, cómo es sueño vano,

imagen sin sustancia, que volando

camina! ¡Ay, cuán en vano

se cansa, amontonando

lo que deja, y no sabe a quién ni cuándo!
30

    Mas yo, ¿en qué espero agora

en mal tan miserable mejoría?

En Ti, en quien sólo adora,

en quien sólo confía,

en quien sólo descansa la alma mía.
35

    De todos (que sin cuento

mis males son) me libra; y a mi ruego

te muestra blando, atento;

no me pongas por juego

y burla al ignorante vulgo y ciego.
40

    En nadie fundo queja

callando, y, mudo, paso mi fatiga;

y digo, si me aqueja,

mi culpa es mi enemiga,

y que tu justa mano me castiga.
45

    Mas usa de clemencia;

levanta ya de mí tu mano airada,

tu azote, tu sentencia,

que la carne gastada,

y la fuerza del alma está acabada.
50

    No gasta la polilla

así como tu enojo y tu porfía

contra quien se amancilla;

consúmesle en un día,

que al fin el hombre es sueño y burlería.
55

    Presta a mi ruego oído;

atiende a mi clamor; sea escuchado

mi lloro dolorido,

pues pobre y desterrado

como mis padres, vivo a ti allegado.
60

   ¡Oh, da una pausa poca,

suspende tu furor para que pueda

con risa abrir la boca

en vida libre y leda

aqueste breve tiempo que me queda!
65


Quemadmodum desiderat

    Como la cierva brama

por las corrientes aguas, encendida

en sed, bien ansí clama

por verse reducida

mi alma a Ti, mi Dios, y a tu manida.
5

    Sed tiene el alma mía

del Señor, del viviente y poderoso.

¡Ay! ¿cuándo será el día

que tornaré gozoso

a verme ante tu rostro glorïoso?
10

La noche estoy llorando

y el día, y sólo aquesto es mi sustento,

en ver que preguntando

me están cada momento:

«¿Tu Dios, di, dónde está, tu fundamento?».
15

    Y en lloro desatado

derramo el corazón con la memoria

de cuando rodeado

iba de pueblo y gloria,

haciendo de tus loas larga historia.
20

    Mas digo: «¿Por qué tanto

te afliges? ¡Fía en Dios, oh, alma mía!,

que con divino canto

yo cantaré algún día

las sus saludes y la mi alegría».
25

    Y crece más mi pena,

Dios mío, de esto mismo que he cantado,

viéndome en el arena

de Hermón, y despoblado

de Mizaro, de ti tan acordado.
30

    Y ansí viene llamada

una tormenta de otra, y con rüido

descarga una nubada,

apenas que se ha ido

la otra, y de mil olas soy batido.
35

    Mas nacerá, yo espero,

el día en que usará de su blandura

mi Dios; en tanto quiero,

mientras la noche dura,

cantalle y suplicalle con fe pura.
40

    Decille he: «¡Oh, mi escudo!

¿Por qué me olvidas, di, por qué has querido

que el enemigo crudo

me traiga así afligido,

con negro manto de dolor vestido?».
45

    Como maza pesada

los huesos quebrantó en partes ciento,

la voz desvergonzada,

que cada día siento

decir: «¿Do está tu Dios, tu fundamento?».
50

    Mas no te acuites tanto;

en el Señor espera, ¡oh, alma mía!,

que con debido canto

yo le diré algún día:

«Mi Dios y mi salud y mi alegría».
55


Salmo XLIV (Primera versión)

Eructavit

    El pecho fatigado

de sentencias mayores y subidas

me sobra cogolmado;

al Rey van dirigidas

mis obras y canciones escogidas.
5

    Vuélase mi ligera

lengua, como la mano ejercitada

a escribir más entera,

sin que se borre nada,

ni canse hasta el fin muy concertada.
10

    Hermosísimo Esposo,

más que Adán y sus hijos esparcido

de gracias y sabroso,

y ansina más querido

y de Dios para siempre bendecido:
15

    ciñe tu rica espada,

prepotente de gloria y de grandeza

y salga bienhadada

esa tu gentileza,

y descúbrase a todos tu riqueza,
20

    sobre sublimes ruedas

de justicia, verdad y mansedumbre;

y verás cómo quedas

de hazañas en la cumbre,

vencida de enemigos muchedumbre.
25

    Tus agudas saetas

pueblos derrocarán muchos tendidos.

Rey, todo lo sujetas,

los lados van heridos,

no se verán de golpes tan crecidos.
30

    Tu real silla y asiento

dura siempre jamás, Rey poderoso;

de mudanzas exento,

tu cetro muy glorioso,

cetro de rectitud no riguroso.
35

    La justicia es tu celo,

y la desigualdad tu aborrecida;

por eso, Dios del cielo

ungió tu esclarecida

cabeza, en abundante y gran medida.
40

    Tu precioso vestido

lanza mirra de sí y olor süave,

cuando al marfil bruñido

se le quita la llave,

y se abren los almarios, donde cabe.
45

    A tu derecha mano

se asentará la Esposa, acompañada

de estado soberano

de reinas rodeada,

de oro luciente y puro coronada.
50

    Y vos, linda doncella,

poné a mi razón vuestros oidos;

dejad tierna querella

de padre y conocidos

y olvidad esos pueblos ya sabidos.
55

    Ya te es aficionado

el Rey a tu donaire y hermosura;

tenle muy acatado,

mira que eres su hechura,

postrarse ha la de Tiro a tu figura.
60

    Y en esto más graciosa,

que de estado real tan eminente

no se te asconda cosa,

y cuando eres presente

tienes a Rey que manda tanta gente.
65

    Vestida muy de gala,

con ropas de hilo de oro entretejidas;

te temen en la sala

mil damas bien garridas,

cantando a tus entradas y salidas.
70

    Por tus padres cansados

y viejos, de los años consumidos,

de mozos esforzados,

en números crecidos,

hijos verás por reyes escogidos.
75

    Muy dentro en mi memoria

mientras durare el sol y su rodeo,

tendré viva la historia

del dichoso himeneo,

pues dél me mana el bien que así poseo.
80

    Y por tal beneficio

mil pueblos prontamente conmovidos

a inmortal ejercicio,

los tus loores debidos

harán eternamente conocidos.
85


Salmo XLIV (Segunda versión)

Eructavit

Un rico y soberano pensamiento

    me bulle dentro el pecho.

A Ti, divino Rey, mi entendimiento

    dedico, y cuanto he hecho

a Ti yo lo enderezo, y celebrando
5

    mi lengua tu grandeza,

irá, como escribano, volteando

    la pluma con presteza.

Traspasas en beldad a los nacidos,

    en gracia estás bañado:
10

que Dios en ti a sus bienes escogidos,

    eterno asiento ha dado.

¡Sus! Ciñe ya tu espada, poderoso,

    tu prez y hermosura;

tu prez, y sobre carro glorioso
15

    con próspera ventura,

ceñido de verdad y de clemencia

    y de bien soberano,

con hechos hazañosos su potencia

    dirá tu diestra mano.
20

Los pechos enemigos tus saetas

    traspasen herboladas,

y besen tus pisadas las sujetas

    naciones derrocadas.

Y durará, Señor, tu trono erguido
25

    por más de mil edades,

y de tu reino el cetro esclarecido

    cercado de igualdades.

Prosigues con amor lo justo y bueno,

    lo malo es tu enemigo;
30

y ansí te colmó, ¡oh Dios!, tu Dios, el seno

    más que a ningún tu amigo.

Las ropas de tu fiesta, producidas

    de los ricos marfiles,

despiden en ti puestas, descogidas,
35

    olores mil gentiles.

Son ámbar y son mirra y son preciosa

    algalia sus olores;

rodéate de infantas copia hermosa,

    ardiendo en tus amores.
40

Y la querida Reina está a tu lado

    vestida de oro fino.

Pues ¡oh, tú, ilustre hija! pon cuidado,

    atiende de contino.

Atiende, y mira, y oye lo que digo:
45

    si amas tu grandeza,

olvidarás de hoy más tu pueblo amigo,

    y tu naturaleza.

Que el Rey por ti se abrasa, y tú le adora,

    que Él solo es Señor tuyo,
50

y tú también por Él serás señora

    de todo el gran bien suyo.

El Tiro y los más ricos mercaderes,

    delante ti humillados,

te ofrecen desplegando sus haberes,
55

    los dos más precïados.

Y anidará en ti toda la hermosura,

    y vestirás tesoro,

y al Rey serás llevada en vestidura

    y en recamados de oro.
60

Y juntamente al Rey serán llevadas

    contigo otras doncellas;

irán siguiendo todas tus pisadas,

    y tú delante dellas.

Y con divina fiesta y regocijos
65

    te llevarán al lecho,

do, en vez de tus abuelos, tendrás hijos

    de claro y alto hecho,

a quien del mundo todo repartido

    darás el cetro, y mando.
70

Mi canto por los siglos extendido,

    tu nombre irá ensalzando.

Celebrarán tu gloria eternamente

    toda nación y gente.


Deus, iudicium

    Señor, da al Rey tu vara

y al hijo del Rey da tu monarquía,

    que con justicia rara

él sólo regirá tu señoría.

    Alcanzarán derecho
5

los valles por su mano, y los collados

    no turbarán el pecho

del vulgo, ni los cerros encumbrados

    harán más sinjusticia,

porque él dará el debido a cada uno:
10

    al humilde justicia,

salud al injuriado, al importuno

    injuriador quebranto;

serás temido Tú mientras luciere

    el sol y luna, en cuanto
15

la rueda de los siglos se volviere.

    Influirá amoroso

cual la menuda lluvia y cual rocío

    en prado deleitoso;

florecerá en su tiempo el poderío
20

    del bien, y una pujanza

de paz, que durará no un siglo sólo;

    su reino rico alcanza

de mar a mar y de uno al otro polo.

    Y, puesto ante él postrado,
25

el negro montesino, el enemigo,

    el polvo besa hollado.

Los reyes de la mar con pecho amigo,

    y Grecia y los romanos

con los isleños todos, los sabeos,
30

    los árabes cercanos,

tributo le darán, y los deseos

    de todos los vivientes

a sí convertirá: las más lucidas

    coronas de las gentes
35

todas adorarán ante él caídas;

    por cuanto por su mano

será librado el pobre, que oprimía

    el soberbio tirano,

el triste a quien amparo fallecía.
40

    Sobre el menesteroso

derramará perdón; la empobrecida

    alma con don piadoso

será por Él del daño redimida,

    y de la vïolencia,
45

la sangre del cuitado muy preciosa

    delante su presencia,

y a vida le reduce muy gloriosa;

    y dale ricos dones.

Por donde, agradecido de contino,
50

    con debidos pregones,

ensalzará sus loas su divino

    amor; sin pausa alguna

por Él será bendito. ¡Oh, siglos de oro!,

    cuando tan sola una
55

espiga sobre el cerro tal tesoro

    producirá sembrada,

de mieses ondeando cual la cumbre

    del Líbano ensalzada;

cuando con más largueza y muchedumbre
60

    que el heno, en las ciudades

el trigo crecerá. Por do desplega

    la fama en mil edades

el nombre deste Rey, y al cielo llega

    el nombre que, primero
65

que el sol manase luz, resplandecía:

    en quien hasta el postrero

mortal será bendito; a quien de día,

    de noche celebrando,

las gentes darán loa y bienandanza,
70

    y dirán alabando:

«Señor, Dios de Israel, ¿qué lengua alcanza

    a tu debida gloria?

De maravillas solo Autor, bendito

    Tú seas; tu memoria
75

vaya de gente en gente en infinito

    espacio, y hincha el suelo

tu sacra majestad, cual hinche el cielo».


Salmo LXXXVII

Domine Deus salutis meae

    Señor de mi salud, mi solo muro,

jüez de mi defensa, a Ti voceo,

cuando está el aire claro, cuando escuro.

    Entrada en tu presencia sin rodeo

y halle en tus oídos libre entrada
5

la dolorida voz de mi deseo.

    De males crudos, de dolor colmada

el alma, y casi ya en la sepultura

está la vida breve y fatigada.

    Con los que moran la región escura
10

y triste, con aquéllos soy contado

a quien faltó el amparo y la ventura.

    Libre y cautivo vivo y sepultado,

cual el que duerme ya en eterno olvido,

del todo de tu mano desechado.
15

    Pusísteme en el pozo más sumido,

adonde a la redonda me contienen

abismos, y tinieblas, y gemido.

    Asiento en mí tus sañas firme tienen,

y sobre mi cabeza sucediendo
20

de tu furor las olas van y vienen.

    Su rostro mis amigos encubriendo,

porque, Señor, lo quieres, me declinan,

o por mejor decir, se van huyendo.

    Antes me huyen, antes me abominan;
25

contalles mis razones yo quisiera,

a quien ¡ay! tus entrañas no se inclinan.

    En cárcel me detienes ansí fiera,

que ni la pluma ni la voz se extiende

a publicar mi pena lastimera.
30

    Cegado he con la lluvia que desciende

continua de mis ojos, y contino

el grito a Ti, y los brazos la alma tiende,

    y dice: ¿si verán tu bien divino

los polvos, o los huesos enterrados
35

tus loas si dirán, con canto dino,

    tus hechos en la huesa celebrados?

¿Será de tus grandezas hecha historia

en la callada tumba, en los finados?

    ¿En las tinieblas lucirá tu gloria
40

o por ventura habrá de tus loores

en la región de olvido gran memoria?

    No ceso de enviarte mil clamores,

y aun antes que despiertes Tú la aurora,

despierto a referirte mis dolores.
45

    ¿Por qué, Señor, tu pecho, do el bien mora,

desprecia ansí las voces de un caído

y huyes de mirarme más cada hora?

    Bien sabes de mi vida cuánto ha sido

el curso miserable y cuán cuitado
50

los golpes de tu saña he sostenido.

    Encima de mis cuestas han pasado

las olas de tus iras; tus espantos

me tienen consumido y acabado.

    Un mar me anega de miseria y llantos;
55

no en partes, sino juntos me rodean

un escuadrón terrible de quebrantos.

    A los que mi salud y bien desean,

a todos de mí, triste, los destierras,

y porque en nada a mi dolor provean,
60

en sus secretos, crudo, los encierras.


Salmo CII (Primera versión)

Benedic, anima mea, Domino, et omnia

    Alaba a Dios contino ¡oh, alma mía!

y todas mis entrañas dad loores

a su glorioso nombre noche y día.

    Alaba, y nunca olvides sus favores,

sus dones tan diversos del debido
5

a tus malvados hechos y traidores.

    Él te perdona cuanto has ofendido,

y pone saludable medicina

en todo lo que en ti quedó herido.

    Tu vida, que al sepulcro era vecina,
10

él mismo la repara y hermosea

con ricos dones de piedad divina.

    Bastécete de cuanto se desea;

cual águila será por él trocada

en bella juventud tu vejez fea.
15

    Hace justicia Dios muy apurada;

da Dios a los opresos su derecho,

a los que oprime injusta mano osada.

    Notificó su ingenio y dulce pecho

al santo Moïsén; a su querido
20

pueblo manifestó su estilo y hecho.

    Y dijo: «Para todo lo nacido

soy de entrañable amor, soy pïadoso,

soy largo en perdonar, la ira olvido».

    No tiene en sus entrañas ni reposo
25

la saña, ni sosiego, ni le dura

entero en ira el pecho corajoso.

    No fue el castigo cual la desmesura,

mas al contrario incomparablemente

la pena es menos que la culpa dura.
30

    Cuanto se encumbra el cielo reluciente

sobre la baja tierra, tanto crece

su amor sobre la humilde y llana gente.

    Lo que hay de do el sol nace a do anochece,

tanto por su clemencia desvïada
35

de nos nuestra maldad se desparece.

    Con las entrañas que la madre amada

abraza a sus hijuelos, tan amable

te muestras a tu gente regalada.

    Conoces nuestro barro miserable,
40

y tienes dibujado en tu memoria,

que nuestro ser es polvo vil, instable.

    De nuestros días la más larga historia

es heno y tierna flor que en un momento

florece y muere su belleza y gloria.
45

    Pasó sobre ella un flaco soplo, un viento,

y como si jamás nacido hubiera,

aun no conocerás dó tuvo asiento.

    La gracia de Dios siempre es duradera

en quien dura en su amor, y sucediendo
50

por mil generaciones persevera

    en los que su ley santa obedeciendo

la escriben en su alma y sin olvido

y velando la cumplen y durmiendo.

    No sólo reinas sobre el sol lucido,
55

mas tu corona alcanza y comprehende

cuanto será jamás y cuanto ha sido.

    El coro que en el cielo amor enciende

te dé loor; el coro poderoso,

el que a tu voz alerto siempre atiende.
60

    Bendígate el ejército hermoso

de las eternas lumbres celestiales,

a quien hacer tu gusto es deleitoso.

    Bendígante tus obras inmortales;

loores dete cuanto el mundo cría:
65

por todos tus imperios generales.

Y alábete también el alma mía.


Salmo CII (Segunda versión)

Benedic, etc.

Alaba ¡oh, alma! a Dios, y todo cuanto

    encierra en sí tu seno

celebre con loor tu nombre santo

    de mil grandezas lleno.

Alaba ¡oh, alma! a Dios, y nunca olvide
5

    ni borre tu memoria

sus dones, en retorno a lo que pide

    tu torpe y fea historia.

Qu' Él solo por sí solo te perdona

    tus culpas y maldades,
10

y cura lo herido y desencona

    de tus enfermedades.

Él mismo de la huesa a la luz bella

    restituyó tu vida;

cercola con su amor, y puso en ella
15

    riqueza no creída;

y en eso que te viste y te rodea

    también pone riqueza;

ansí renovarás lo que te afea,

    cual águila en belleza.
20

Que, al fin hizo justicia y dio derecho

    al pobre saqueado:

tal es su condición, su estilo y hecho,

    según lo ha revelado.

Manifestó a Moisén sus condiciones
25

    en el monte subido,

lo blando de su amor y sus perdones

    a su pueblo escogido.

Y dijo: «Soy amigo y amoroso

    soportador de males,
30

muy ancho de narices, muy piadoso

    con todos los mortales».

No riñe y no se amansa; no se aíra,

    y dura siempre airado;

no hace con nosotros ni nos mira
35

    conforme a lo pecado.

Mas cuanto al suelo vence y cuanto excede

    el cielo reluciente,

su amor tanto se encumbra y tanto puede

    sobre la humilde gente.
40

Cuan lejos de do nace, el sol fenece

    el soberano vuelo,

tan lejos de nosotros desparece

    por su perdón el duelo.

Y con aquel amor que el padre cura
45

    sus hijos regalados,

la vida tu piedad y el bien procura

    de tus amedrentados.

Conoces a la fin que es polvo y tierra

    el hombre, y torpe lodo;
50

contemplas la miseria que en sí encierra,

    y le compone todo.

Es heno su vivir, es flor temprana,

    que sale y se marchita;

un flaco soplo, una ocasión liviana
55

    la vida y ser le quita.

La gracia del Señor es la que dura,

    y firme persevera,

y va de siglo en siglo su blandura

    en quien en Él espera;
60

en los que su ley guardan y sus fueros

    con viva diligencia,

en ellos, en los nietos y herederos

    por larga descendencia.

Que ansí do se rodea el sol lucido
65

    estableció su asiento,

que ni lo que será ni lo que ha sido

    es de su imperio exento.

Pues lóente, Señor, los moradores

    de tu rica morada,
70

que emplean valerosos sus ardores

    en lo que más te agrada.

Y alábete el ejército de estrellas,

    que en alto resplandecen,

que siempre en tus caminos, claras, bellas,
75

    tus leyes obedecen.

Alábente tus obras, todas cuantas

    la redondez contiene;

los hombres y los brutos y las plantas,

    y lo que las sostiene.
80

Y alábete con ellos noche y día

    también el alma mía.


Benedic, anima mea, Domino

Alaba ¡oh, alma! a Dios: Señor, tu alteza

    ¿qué lengua hay que la cuente?

Vestido estás de gloria y de belleza

    y luz resplandeciente.

Encima de los cielos desplegados
5

    al agua diste asiento;

las nubes son tu carro, tus alados

    caballos son el viento.

Son fuego abrasador tus mensajeros,

    y trueno y torbellino:
10

las tierras sobre asientos duraderos

    mantienes de contino.

Los mares las cubrían de primero

    por cima los collados,

mas visto de tu voz el trueno fiero
15

    huyeron espantados.

Y luego los subidos montes crecen,

    humíllanse los valles,

si ya entre sí hinchados se embravecen,

    no pasarán las calles,
20

las calles que les diste y los linderos,

    ni anegarán las tierras.

Descubres minas de agua en los oteros

    y corre entre las sierras.

El gamo y las salvajes alimañas
25

    allí la sed quebrantan;

las aves nadadoras allí bañas

    y por las ramas cantan.

Con lluvia el monte riegas de tus cumbres,

    y das hartura al llano;
30

ansí das heno al buey, y mil legumbres

    para el servicio humano.

Ansí se espiga el trigo, y la vid crece

    para nuestra alegría;

la verde oliva ansí nos resplandece,
35

    y el pan da valentía.

De allí se viste el bosque y la arboleda,

    y el cedro soberano,

adonde anida la ave, adonde enreda

    su cámara el milano.
40

Los riscos a los corzos dan guarida,

    al conejo la peña;

por ti nos mira el sol y su lucida

    hermana nos enseña

los tiempos. Tú nos das la noche escura,
45

    en que salen las fieras,

el tigre, que ración con hambre dura

    te pide y voces fieras.

Despiertas el aurora, y de consuno

    se van a sus moradas.
50

Da el hombre a su labor sin miedo alguno

    las horas situadas.

¡Cuán nobles son tus hechos y cuán llenos

    de tu sabiduría!

Pues ¿quién dirá el gran mar, sus anchos senos
55

    y cuantos peces cría;

las naves que en él corren, la espantable

    ballena que le azota?

Sustento esperan todos saludable

    de ti, que el bien no agota.
60

Tomamos, si tú das; tu larga mano

    nos deja satisfechos;

si huyes, desfallece el ser liviano,

    quedamos polvo hechos.

Mas tornará tu soplo, y renovado
65

    repararás el mundo.

Será sin fin tu gloria, y tú alabado

    de todos sin segundo.

Tú que los montes ardes, si los tocas,

    y al suelo das temblores.
70

Cien vidas que tuviera y cien mil bocas

    dedico a tus loores.

Mi voz te agradará, y a mí este oficio

    será mi gran contento;

no se verá en la tierra maleficio,
75

    ni tirano sangriento.

Sepultará el olvido su memoria:

    tú, alma, a Dios da gloria.


Confitemini Domino

    Cantemos juntamente,

cuán bueno es Dios con todos, cuán clemente.

    Canten los libertados,

los que libró el Señor del poderío

del áspero enemigo, conducidos
5

de reinos apartados,

de Oriente, de Poniente y Cierzo frío,

del Ábrego templado; que perdidos

por yermos no corridos,

sin encontrar poblado vagueaban,
10

ansiosos voceaban

remedio de su mal a Dios rogando;

el cual luego inclinando

su oído con piadoso

amor, salvos los puso en buen camino
15

y colocó en reposo.

Pues lóenle contino,

porque hartó la hambre y al cuitado

hizo de ricos dones abastado;

y digan: «Inmortales
20

loores ¡oh, Señor! te den tus obras,

tu amor con los mortales,

las no vistas grandezas que en nos obras».

    Aquellos que en cadena

moraron, en horror, en noche oscura,
25

de hierros rodeados y pobreza,

padeciendo la pena

debida a su maldad, a su locura,

porque amargaron malos la nobleza

de la divina alteza,
30

hollaron su consejo verdadero;

por donde los colmó el pecho mal sano,

sin que favor humano

les valga, con miseria y dolor fiero,

y libres del primero
35

error, vueltos al cielo,

llamaron al Señor que abrió la estrecha

cárcel, y vino al suelo

la cadena deshecha;

celebren el poder por quien quebradas
40

fueron las cerraduras aceradas,

y digan: «Inmortales

loores ¡oh, Señor! te den tus obras,

tu amor con los mortales,

las no vistas grandezas que en nos obras».
45

    Y los hombres livianos,

que por seguir sin orden ni medida

el deleitoso mal, la errada senda,

los miembros firmes, sanos,

hincheron de dolor, y de la vida
50

perdieron la más dulce y rica prenda,

que a la dura contienda

no iguales, de la fiebre derrocados

estando, y ya del todo al mal rendidos,

del vivir despedidos,
55

contra todo manjar enemistados,

a la muerte llegados,

con miserable lloro

pidieron tu favor; y Tú al momento

les mandaste un tesoro
60

de fuerzas y contento;

ofrézcante por este beneficio

agradecido y justo sacrificio,

y digan: «Inmortales

loores ¡oh, Señor! te den tus obras,
65

tu amor con los mortales,

las no vistas grandezas que en nos obras».

    También los que corrieron

la mar con flaco leño, volteando

por las profundas aguas, y probaron
70

en el abismo y vieron

de Dios las maravillas grandes, cuando

mandándolo Él los vientos se enojaron

y las olas alzaron

al cielo furïosos; ya se apega
75

con las nubes la nave, ya en el suelo

se hunde, y el recelo

atónitos los turba, ahíla y ciega,

el grito al cielo llega;

mas luego Dios llamado
80

los mares allanó, serenó el día,

y dentro el deseado

puerto con alegría

los puso; pues los tales de eminente

canten de Dios los hechos a la gente,
85

y digan: «Inmortales

loores ¡oh, Señor! te den tus obras,

tu amor con los mortales,

las no vistas grandezas que en nos obras».

    Dios secará las fuentes,
90

agotará los ríos, y la tierra

viciosa yermará por los pecados

de las malvadas gentes,

que moraban en ella; y de la sierra

estéril hará frescos, verdes prados,
95

y pondrá allí plantados

los pobres, donde hechos moradores,

la tierra labrarán, que no envidiosa

alegrará copiosa

con dulce y rico fruto a sus señores;
100

y con dones mayores

irán siempre creciendo

ellos y sus ganados; porque el daño,

y el ir disminuyendo

no nace del mal año,
105

mas de los malos dueños; y por tanto

sobre ellos verterá duelo y quebranto:

y al pobre dio riqueza,

y sucesión ilustre, y gozo al bueno;

al malo infiel, tristeza.
110

Y ponga esto el que es sabio dentro el seno.


Dixit Dominus

Asiéntate, -a mi Rey mi Dios le dice-,

    a mi mano derecha;

que yo pondré lo que te contradice

    peana a tus pies hecha.

Y de Sión tu vara fuerte envía
5

    sobre tus enemigos;

que todos tus vasallos en un día

    son nobles, son amigos.

Que Tú tienes en ti del nacimiento

    la fuerza y el rocío,
10

con que los haces llenos de contento,

    de luz y santo brío.

Más cierto que da el sol la blanca aurora,

    el parto el vientre lleno;

y el sacerdocio en ti por siempre mora
15

    conforme al del Rey bueno.

Que Dios lo juró así, que nunca tira,

    ni muda lo jurado;

y Dios destroza reyes, puesto en ira,

    a tu derecho lado.
20

Y pasará a cuchillo el mundo, llenos

    de muertos los fosados;

y los erguidos dél, ni más ni menos

    serán despedazados.

Mas tú que bebes turbio en la carrera,
25

    ensalzarás bandera.


Salmo CXIII

In exitu Israel

    En la feliz salida

del pueblo y casa de Jacob famosa,

de la desconocida,

bárbara y prodigiosa

tierra de Egipto, idólatra y viciosa,
5

    la celestial morada,

gloria del mundo y célebre Judea,

fue allí santificada,

con la cual se recrea

su Dios, y en sólo su favor se emplea.
10

    Siente el favor glorioso

con que a su pueblo lleva Dios triunfando

al mar, y temeroso

huye, y atrás volando

vuelve el Jordán su curso levantando.
15

    Allí de gozo el suelo

(como las ovejuelas y corderos

se alegran al señuelo

de sus pastores veros)

se alegran montes, valles y oteros.
20

    ¿Cuál poderosa mano

reprime ¡oh mar! tus fuerzas y violencia,

y al fiero curso ufano,

Jordán, de tu potencia

quiere enfrenar y hacerle resistencia?
25

   ¿Qué os roba el alegría,

montes, collados que como amorosas

ovejas y su cría

con las yerbas sabrosas

se alegran, os gozáis con estas cosas?
30

    El mar furioso y río

ante el aspecto de su Dios sagrado

no teme poderío;

por sólo su mandado

mueve la tierra a uno y otro lado.
35

    Y ansí del escabroso,

estéril risco y de la piedra dura,

con ruido sonoroso,

manaron en hartura

estanques y corrientes de agua pura.
40

    A Ti se debe sólo

de tan ilustres hechos gloria entera;

que en nuestro humilde polo

ningún mortal hubiera,

que de tan altas obras digno fuera.
45

    De tu piadoso celo

tenemos tantos bienes recibidos,

porque el bárbaro suelo,

viéndonos oprimidos,

no diga: «Están de Dios destituidos».
50

    Pues desde el sacro asiento

del cielo, do tu espíritu divino

reside, el fundamento

gobiernas, y camino

das sólo a lo que quiere tu destino.
55

    Los simulacros vanos,

que bárbaros adoran humilmente,

son obras de sus manos,

de plata reluciente,

de oro o de metal falso, aparente.
60

    Su lengua plateada

jamás hará, Señor, humano acento,

y la vista dorada

jamás verá el contento,

que se le da de sacrificio al viento.
65

    Los cánticos gozosos

no gozarán, que sordos los oídos

tienen los poderosos,

y olores ofrecidos

no los percibirán por muy subidos.
70

    Sus manos veneradas

no palparán su gloria, ni en el suelo

se verán sus pisadas,

ni aún para su consuelo

podrán ellos gemir su desconsuelo.
75

    Los bárbaros profanos,

que tales monstruos honran y veneran

y esperan en sus manos,

como plantas se injieran

en sus miserias, y como ellas mueran.
80

    La casa ennoblecida

del ilustre Jacob en Dios espera,

dador de eterna vida;

Él es su gloria entera,

esperanza y ayuda verdadera.
85

    En Él la planta bella

de Aarón tuvo florida su esperanza,

pues nunca en la flor della

se vio jamás mudanza,

creciendo con su ayuda y confianza.
90

    Los justos temerosos

en su piedad esperan humilmente,

y ansí viven gozosos,

porque con celo ardiente

Él es su ayuda y guarda eternamente.
95

    Con los que le adoramos

mil bienes está siempre repartiendo;

en su memoria estamos

siempre en favor creciendo,

y Él amoroso estanos bendiciendo.
100

    De su sagrada mano

la casa de Israel, su dulce amada,

y la del justo hermano,

Aarón, santificada,

está, y de privilegios adornada.
105

    A todos, finalmente,

los que con pecho humilde y digno espanto

le adoran rectamente

con celebrado canto,

los bendice su Dios glorioso y santo.
110

    Sobre estos ricos dones

con larga mano nuestro Dios anida

tesoros y blasones

de soberana vida,

a vos y a vuestros hijos sin medida.
115

    Cuán bienaventurados

seréis, benditos de la firme diestra,

cuyo poder, formados

para riqueza nuestra,

los claros cielos y la tierra muestra.
120

    Los príncipes del suelo

tienen de Dios terreno paraíso;

pero el empíreo cielo

para sí mismo quiso

se reservase eterno e indiviso.
125

    No alabarán tu gloria

los que del nudo humano desatados

sepultan su memoria,

ni todos los que dados

están al reino escuro desterrados.
130

    Solos los que el aliento

vital ayuda, alegres y gozosos,

con dulce y grato acento,

y títulos gloriosos

te alabamos, de ti muy deseosos.
135


Qui confidunt

    Como ni trastornado

el monte de Sión, y de su asiento

jamás será mudado,

ansí del mal exento,

será quien tiene a Dios por fundamento.
5

    De montes rodeada

está Jerusalén y defendida;

y Dios tiene cercada

a su gente escogida

con cerca que jamás será rompida.
10

    Ni entregará al injusto

cetro Dios la virtud, porque la rienda

no suelte acaso el justo,

y en la vedada senda

no meta el pie, ni al mal la mano extienda.
15

    Que Dios al bueno ampara,

y ciñe con su gracia y don divino;

y al que con libre cara

sigue por el camino

derecho, favorece de contino.
20

Mas los que por torcidos

senderos se desvían engañados,

serán de Dios traídos

a fines desastrados.

Libre el Señor de mal a sus amados.
25


Salmo CXXIX

De profundis

    De lo hondo de mi pecho

te he llamado, Señor, con mil gemidos;

estoy en grande estrecho,

no cierres tus oídos

a mis llantos y tristes alaridos.
5

    Si mirares pecados,

delante Ti, Señor, la luz no es clara,

presentes y pasados,

la justicia más rara

no osará levantar a Ti su cara.
10

    Mas no eres rigoroso;

a un lado está el perdón, a otro indulgencia:

Tú en medio vas sabroso

a pronunciar sentencia,

vestido de justicia y de clemencia.
15

    Y así los pecadores

teniendo en Ti, su Dios, tal esperanza,

te temen y dan loores,

que a tu justa balanza

saben que está vecina confianza.
20

    Yo, Señor, en Ti espero,

y esperando le digo al alma mía

que más esperar quiero;

y espero todavía,

que es tu ley responder al que confía.
25

    No espera a la mañana

la guarda de la noche desvelada,

ni así con tanta gana

desea la luz dorada,

cuanto mi alma ser de Ti amparada.
30

    En tal Señor espera,

Israel, tú, que en sus altas moradas

la piedad es primera;

las lucientes entradas

tienen mil redenciones rodeadas.
35

    De aquéllas vendrá alguna

a Israel libertad, ya yo la veo;

a tu buena fortuna

del mal que estabas feo

sanarás todavía tu deseo.
40


Salmo CXXXVI

Super flumina

    Cuando presos pasamos

tus ríos, Babilonia sollozando,

allí nos asentamos

a descansar llorando,

de ti, dulce Sión, nos acordando.
5

    Allí, de descontentos,

colgamos de los sauces levantados

los dulces instrumentos,

que en Sión acordados,

solían tañer a Dios salmos sagrados.
10

    Colgárnoslos de enojo

de ver que aquellas bárbaras naciones

tuviesen cruel antojo

de oír cantar canciones,

a quien hacen llorar mil sinrazones.
15

    Ellos como se vieron

cerca de Babilonia en su región,

«tañé y canta -dijeron-

y no cualquier canción,

sino uno de los cantos de Sión».
20

    Con amargos extremos

les respondimos: «¿Presos y en cadena,

nos mandáis que cantemos

salmos en tierra ajena

de Dios y de toda cosa buena?
25

    Si yo mientras viviere,

de ti, Jerusalén, no me acordare,

y doquiera que fuere,

tu ausencia no llorare,

olvídeme de mí, si te olvidare.
30

    Si en tal prisión y mengua

puesto, por mí canción fuere cantada,

mi voz ronca y mi lengua

al paladar pegada

quede de haber cantado castigada
35

    Si tuviere contento

sin ti, Sión, mi bien y mi alegría,

con áspero tormento

pague el placer de un día

con mil años de pena el alma mía.
40

    Y ten, Señor, memoria

de los hijos de Edón en la alegría

de tu ciudad y gloria,

vengando en aquel día

su furia, crüeldad y tiranía.
45

    Castiga a estos feroces

guerreros, que venciendo no contentos

dicen a grandes voces:

"¡Derribad los cimientos,

asolad, asolad los fundamentos!".
50

    ¡Oh, Babilonia triste!,

dichoso el que te diere justo pago

del mal que nos hiciste,

y dijere: "Yo hago

en nombre de Sión aqueste estrago".
55

    Y en la justa venganza

más bendito será quien más llevare

por rigor la matanza,

y los niños que hallare

con piedras sin piedad despedazare».
60


Lauda, anima mea

    Mientras que gobernare

el alma aquestos miembros, y entre tanto

que el aliento durare,

yo con alegre canto

mi Dios celebraré y su nombre santo.
5

    No funde su esperanza

en los reyes ninguno, ni en sujeto

ponga su bienandanza,

en poder imperfeto

en sí mismo a miserias mil sujeto.
10

    El alma por sí parte

a su esfera con presto movimiento;

y en polvo la otra parte

se torna, y al momento

los sus intentos todos lleva el viento.
15

    Aquél será dichoso

y de buena ventura, que en su ayuda

pone a Dios poderoso,

que en solo Dios se escuda,

y nunca su fiducia de Dios muda.
20

    De Dios, que el mar y tierra

y el cielo fabricó resplandeciente,

con cuanto dentro encierra;

de Dios, que a toda gente

mantiene fe y palabra eternamente.
25

    Y saca de cadena

los pies injustamente aherrojados;

da pan con mano llena

a los necesitados;

es fiel justicia de los agraviados.
30

    Con mano pïadosa

levanta y pone en pie al abatido;

da ver la luz hermosa

al ciego, y con crecido

amor abraza al bueno y su partido.
35

    A su sombra se acoge

el que anda desterrado y peregrino;

al huérfano recoge,

y a la viudez, y el tino

hace que pierda el malo en su camino.
40

    Dios reina sobre cuanto

o fue ya, o es agora, o después fuere;

Dios, que es tu Dios en tanto,

Sión, que mundo hubiere,

y un siglo a otro siglo sucediere.
45


Salmo CXLVII

Lauda, Jerusalem

    Jerusalén gloriosa,

ciudad del cielo amiga y amparada,

loa al Señor, gozosa

de verte dél amada;

loa a tu Dios, Sión, de Dios amada.
5

    Porque ves con tus ojos

de tus puertas estar sobrecerrados

candados y cerrojos;

y a tus hijos amados

bendijo en ti por siglos prolongados.
10

    De bien y paz ceñida

tanto te guarda Dios, que no hay camino

por do seas ofendida;

y con manjar divino

te harta y satisface de contino.
15

    Aqueste Dios envía

a la tierra su voz y mandamiento,

y con presta alegría

le obedece al momento

sin poder resistir todo elemento.
20

    Envía y lanza nieve

como copos de lana carmenada;

aqueste es el que llueve,

y esparce niebla helada,

menuda cual ceniza derramada.
25

    Envía también del cielo

cual planchas de cristal endurecido

el riguroso yelo,

cuyo frío crecido

no puede reparar ningún vestido.
30

    Y aunque está más helado,

se derrite al divino mandamiento;

sopla el sonido airado

de algún lluvioso viento,

y al punto suelta el agua el fundamento.
35

    Y aqueste Dios declara

su palabra a Jacob, su pueblo amado;

y en Israel, que ampara,

nos ha depositado

la ley y ceremonias que ha ordenado.
40

    No ha hecho Dios tal cosa

con todas las naciones juntamente,

ni con lengua piadosa

manifestó a otra gente

su corazón tan cierta y tiernamente.
45


De los proverbios de Salomón

Capítulo último

    El sabio Salomón aquí pusiera,

lo que para su aviso, de recelo

su madre, de amor llena, le dijera:

    «¡Ay, hijo mío, ay, dulce manojuelo

de mis entrañas!, ¡ay, mi deseado!
5

por quien mi voz contino sube al cielo,

    ni yo al amor de hembra te vea dado,

ni en manos de mujer tu fortaleza,

ni en daños de los reyes conjurado.

    Ni con beodez afees tu grandeza,
10

que no es para los reyes, no es el vino,

ni para los jüeces la cerveza.

    Porque, en bebiendo, olvidan el camino

del fuero, y ciegos tuercen el derecho

del oprimido pobre y del mezquino.
15

    Al que con pena y ansia está deshecho,

a aquel dad vino vos; la sidra sea

de aquel a quien dolor le sorbe el pecho.

    Beba, y olvídese, y no siempre vea

presente su dolor adormecido,
20

húrtese aquel espacio a la pelea.

    Abre tu boca dulce al que afligido

no habla, y tu tratar sea templado

con todos los que corren al olvido.

    Guarda justicia al pobre y al cuitado;
25

amparo halle en ti el menesteroso,

que así florecerá tu grande estado.

    Mas ¡oh si fueses, hijo, tan dichoso,

que hubieses por mujer hembra dotada

de corazón honesto y virtuoso!
30

    Ni la perla oriental así es preciada,

ni la esmeralda que el Ofir envía,

ni la vena riquísima alejada.

    En ella su marido se confía;

como en mercaduría gananciosa,
35

no cura de otro trato o granjería.

    Ella busca su lino hacendosa;

busca algodón y lana, y diligente

despierta allí la mano artificiosa.

    Con gozo y con placer continuamente
40

alegra, y con descanso a su marido;

enojo no, jamás, ni pena ardiente.

    Es bien como navío bastecido

por rico mercader, que en sí acarrea

lo bueno que en mil partes ha cogido.
45

    Levántase, y apenas alborea,

reparte la ración a sus criados,

su parte a cada uno y su tarea.

    Del fruto de sus dedos y hilados

compró un heredamiento, que le plugo;
50

plantó fértil majuelo en los collados.

    Nunca el trabajo honesto le desplugo;

hizo sus ojos firmes a la vela,

sus brazos rodeó con fuerza y jugo.

    Esle sabroso el torno, el aspa y tela,
55

el adquirir, la industria, el ser casera;

de noche no se apaga su candela.

    Trae con mano diestra la tortera,

el fuso entre los dedos volteando

le huye y torna luego a la carrera.
60

    Abre su pecho al pobre, que llorando

socorro le rogó, y con mano llena

al falto y al mendigo va abrigando.

Al cierzo abrasador que sopla y suena

y esparce yelo y nieve, bien doblada
65

de ropa, su familia está sin pena.

    De redes que labró, tiene colgada

su cama, y rica seda es su vestido,

y púrpura finísima preciada.

    Por ella es acatado su marido
70

en plaza, en consistorio, en eminente

lugar por todos puesto y bendecido.

    Hace también labores de excelente

obra para vender; vende al joyero

franjas tejidas bella y sutilmente.
75

    ¿Quién cantará su bien? Su verdadero

arreo es el valor, la virtud pura;

alegre llegará al día postrero.

    Cuanto nace en sus labios es cordura;

de su lengua discreta cuanto mana
80

es todo pïedad, amor, dulzura.

    Discurre por su casa; no está vana,

ni ociosa, ni sin que ya se le deba,

se desayunará por la mañana.

    El coro de sus hijos crece y lleva
85

al cielo sus loores, y el querido

padre con voz gozosa los aprueba.

    Y dicen: "Muchas otras han querido

mostrarse valerosas, mas con ella

compuestas, como si no hubieran sido".
90

    Es aire la tez clara como estrella,

las hermosas figuras, burlería;

la hembra que a Dios teme esa es la bella».

    Dadle que goce el fruto, el alegría

de sus ricos trabajos. Los extraños,
95

los suyos en las plazas a porfía

celebren su loor eternos años.


Libro de Job en tercetos

Capítulo primero

ARGUMENTO

Job, natural de Hus, provincia vecina a Idumea y Arabia, entre gente ajena de Dios gran siervo suyo; y de los bienes de la vida abastado: cercado de hijos, y rico de ganados, y de familia; y por estas causas en su pueblo y en los comarcanos señalado y tenido, para mayor bien suyo, y para ejemplo de virtud a los venideros, es entregado de Dios al demonio a petición suya, no para que le mate, sino para que le tiente y le azote. Quítale la hacienda, mátale los hijos, llágale fea y cruelmente en el cuerpo y tráele a tanto desprecio, que su misma mujer le baldona y le persuade a que se mate a sí mismo. Pues estando así, lleno de miseria y armado de paciencia, y sentado en un muladar, visítanle cuatro hombres principales y sabios de aquella tierra, y grandes sus amigos, con los cuales después de un largo silencio que causó en él el dolor con la vista de los amigos renovado, y en ellos el espanto de una mudanza de fortuna tan grande, al fin, comenzando él y respondiéndole ellos, trábase entre todos un largo y reñido razonamiento; que en substancia de parte de los amigos es decir que Dios, como justo que es, siempre a los malos y pecadores en esta vida los castiga con miserables sucesos; y que ansí le castigaba a él como a gran pecador. Y de parte de Job es defender que Dios ni castiga siempre ni a solos los malos en esta vida, ni él lo era entonces, por ser pecador y malo. Sobre lo cual, ansí por la una como por la otra parte, se dicen razones altísimas, llenas de artificio y de dulzura en las palabras y en las sentencias preñadas de grandes misterios. Píntanse las condiciones de los hombres malvados, el ingenio de los buenos y justos; engrandécese por extrañas maneras la grandeza del poder de Dios y de su saber. Dícese de su grande bondad y justicia, profetízase su venida al mundo, la resurrectión de la carne, el juicio último, con otras cosas de grande cualidad y provecho. Y al fin de todo, sobreviene Dios y habla con Job con forma sensible. Y enséñale que, pues es hombre, no se ponga con Dios en cuentas ni quiera apear sus juicios. Y después, vuelto a los amigos dél, díceles que no han acertado en sus razones y que han afligido sin causa a su amigo, y mándales que se le humillen y le pidan que le ruegue por ellos, y que rogándoselo Job los perdonará. Hácese ansí, y Dios sana a Job y restitúyele a su estado primero con mayor prosperidad que al principio.

    En la región de Hus, en la primera

edad, fue un hombre justo, Job llamado,

ejemplo de virtud simple y entera;

    temeroso de Dios y del pecado

enemigo mortal, y juntamente
5

de bienes y riquezas abastado.

    Clarísimo entre todos los d'oriente

hijos y hijas bellas Job tenía

y de servicio innumerable gente.

    Los anchos campos fértiles rompía
10

con toros mas de mil, tres mil camellos

y siete mil ovejas poseía.

    Sus hijos por su orden uno dellos

el uno cada día convidaba

en su casa a comer a todos ellos.
15

    Acabada la rueda madrugaba

el padre de mañana y con fe pura

por cada uno a Dios ofrenda alzaba.

    Porque decía ansí: «si por ventura

mis hijos allá dentro de su pecho
20

usaron contra Dios de desmesura».

    Aquesta fue de Job la vida y hecho

mientras los tiempos claros le duraron

y tuvo el viento próspero y derecho.

    Mas fue que un día entre otros que pasaron
25

delante de la majestad divina

Satanás y los ángeles llegaron.

    De Satanás la furia serpentina,

y díjole el Señor como le vido,

a cuya voz la tierra y mar s'inclina:
30

   «¿De dónde vienes tú?». Dice: «He corrido

por la tierra, Señor, y paseado

cuant' es de los mortales poseído».

    Y Dios: «Di, por ventura, ¿has contemplado

en mi sirviente Job, que en virtud pasa
35

a todos cuantos moran lo poblado?».

    -«Por la defensa suya y de su casa

te pones tú por muro díamantino

y es mucho si tus leyes no traspasa».

    Sigue, dice, Señor, otro camino
40

toquémosle con mano más pesada:

veréis dó llegará su desatino.

    -«Dispón de su hacienda, reservada

quedando su persona», dijo el alto

Señor, y la consulta fue acabada.
45

    Teñido de tristeza y de luz falto

el sol por el oriente se mostraba,

cuando con turbación y sobresalto

    a Job le vino un mozo y le contaba:

-«tus bueyes, oh señor, iban arando
50

y el hato de las yeguas junto andaba

    y súbito, su furia demostrando,

sobre nosotros el sabeo viene;

yo sólo me escape por pies volando».

    Esto contaba el mozo, y sobreviene
55

un otro luego y dícele afligido

que ni camellos ya ni guardas tiene,

    que el escuadrón caldeo, dividido

en tres partes, lo uno había robado

los otros a crüel fierro metido.
60

    Había aqueste apenas acabado

y llega otro diciéndole qu'el cielo

con fuego las ovejas ha abrasado.

    Y para dar remate al desconsuelo,

otro con lloro amargo le decía
65

que vista por sus hijos negro duelo

   porque estando comiendo en compañía,

la casa derrocada de un gran viento

debajo de sí muertos los tenía.

    Aquí se levantó Job de su asiento,
70

rompió sus vestiduras, y tendido

por tierra con humilde sentimiento

    dijo: «cual el principio, el fin ha sido;

desnudo vine al mundo, y es forzado

tornar desnudo allí donde he salido.
75

    El Señor, que lo dio, se lo ha llevado.

Alabado su nombre santo sea».

En todo aquesto Job nunca ha pecado

ni dicho contra Dios palabra fea.


Capítulo II

ARGUMENTO

Despojado Job de todos sus bienes, y no por eso vencido, torna el demonio a pedir licencia a Dios para afligirle más, y dásela y hiérele el cuerpo con enfermedad y llagas feas. Por donde su mujer, aborreciéndole, le convida a que desespere. A la cual él, con ánimo paciente y varonil, la reprehende y se asienta en el polvo. A donde cuatro amigos suyos que le vienen a ver y se admiran de velle, asentados y callando, y mirándose entre sí, pasan siete días.

    Ábrese ya otra vez la etérea entrada

y del eterno padre a la presencia

la corte celestial es convocada.

    Vino toda l'angélica potencia

y vino allí el demonio juntamente
5

haciendo su debida reverencia.

    Y preguntole Dios encontinente:

«¿De dónde vienes tú?». Y dice: «He andado

todo lo que posee la mortal gente».

    Y Dios: «di, por ventura, ¿has contemplado
10

en mi sirviente Job, que resplandece

de perfeta virtud raro dechado,

    y en cómo, perseguido, permanece

entero en su bondad? Tú m'has movido

sin causa a dalle el mal que no merece».
15

    «-Todo, dice, lo da por bien perdido,

desde el primero bien hasta el postrero

si queda con salud el afligido.

    Aun este mal no le ha llegado al cuero;

en lo vivo lo toque vuestra mano:
20

veréis quién es con testimonio entero.»

    «-No toques en su vida, -el soberano

señor dice-, y dispón de todo el resto».

Y el demonio se parte alegre, ufano.

    Y con hediondas llagas cuerpo y gesto
25

hiriéndole cruel le cubre todo

bien como lo llevaba presupuesto.

    Mas él, perseverando en su buen modo

tomó para raerse una corteza,

sentándose en vil polvo, en torpe lodo.
30

    «-¿Y duras todavía en tu simpleza?»

entonces su mujer le dijo airada,

«¡Ahógate, ya y sal de tu bajeza!».

    «-Hablaste como hembra mal mirada

-responde-; que ¿por qué do el bien recibo
35

la pena huiré cuando m' es dada?

    Si Dios nos place bueno, ¿por qué esquivo

nos ha de desplacer?». En tal manera

el santo no ha pecado en cuanto escribo.

    La fama voladora y pregonera
40

en mil naciones cuenta, en mil oídos

de Job la desventura grave y fiera.

    Por do tres sus amigos, conmovidos:

Elfaz el temanés y Zofarano

el d' Amatos, y Bildaz que en los tendidos
45

    Suguises imperaba, con humano

intento se disponen, aviniendo,

mover en su consuelo boca y mano.

    Y ya que se acercaban, extendiendo

los ojos, a Job vieron y espantados
50

quedaron, lo que vían no creyendo.

    Y levantando el lloro y sus preciados

mantos rasgando, polvo en sí esparcieron

y al cielo le lanzaron a puñados.

    Y atónitos doliéndose estuvieron
55

callando muchos días, sin que alguno

su boca desplegase, porque vieron

cuán grande es su dolor, cuán importuno.


Capítulo III

ARGUMENTO

Job a la fin rompe el silencio y maldice el día en que nació y su suerte dura, no por desesperación, ni por impaciencia, sino por aborrecimiento de los trabajos de la vida y de su condición miserable, sujeta por el pecado primero a tan desastrados reveses. Y ansí dice que es mejor el morir qu'el vivir, y la suerte de los muertos más descansada mucho que la de los vivos. Y refiere cuán sin pensar y a su parecer sin merecello, vino sobrél este mal.

    Al fin, creciendo en Job el dolor fiero

gimió del hondo pecho y, convertido

al cielo, lagrimoso habló el primero,

    y dijo, maldiciendo: «¡Ay, destruido

el día en que nací y la noche fuera
5

en que mezquino yo fui concebido!

    ¡Tornárase aquel día triste en fiera

tiniebla, y no le viera alegre el cielo

ni resplandor de luz en él luciera!

    ¡Tuviérale por suyo en negro velo
10

la muerte rodeada, para asiento

de nubes, de amargor, de horror, recelo!

    ¡Y aquella noche nunca entrara en cuento

con meses, ni con años, condenada

a tempestad obscura y fiero viento!
15

    Fue noche solitaria y desastrada;

ni canto sonó en ella, ni alegría,

ni música d'amor dulce, acordada.

    Maldíganla los que su amargo día

lamentando maldicen; los que hallaron
20

al fin de su pescar la red vacía.

    En su alba los luceros se anublaron,

el sol no amaneció ni con la aurora

las nubes retocadas variaron,

    pues de mi ser primero en la triste hora
25

no puso eterna llave a mi aposento

y me quitó el sentir el mal de agora.

    ¿Por qué no perecí luego al momento

que vine a aquesta luz, por qué, salido

del vientre, recogí el común aliento?
30

    ¿Por qué de la partera recibido

en el regazo fui? ¿Por qué a los pechos

maternos, fui con leche mantenido?

    Que si muriera entonces mil provechos

tuviera, ya durmiendo descansara,
35

pagara ya a la muerte sus derechos.

    Con muchos altos reyes reposara,

con muchos poderosos que ocuparon

los campos con palacios d'obra rara;

    y con mil ricos hombres que alcanzaron
40

de oro grandes sumas, hasta el techo

en sus casas la plata amontonaron.

    ¡Oh, si antes del nacer fuera deshecho

y cual los abortados niños fuera

que del vientre a la huesa van derecho!
45

    A do repuesta ya la vista fiera

el violento yace, y los cansados

brazos gozan de holganza verdadera.

    A do de las prisiones libertados

están, los que ya presos estuvieron,
50

sin ser del acreedor mas aquejados.

    Los que pequeños y los que altos fueron

mezclados allí son confusamente:

no tienen amo allí los que sirvieron.

    Que ¿para qué ha de ver el sol luciente
55

un miserable, y para qu'es la vida

al que vive en dolor continuamente?

    Al que desea ansioso la venida

de la muerte que huye y la persigue

más que la rica vena es perseguida.
60

    Al que se goza alegre si consigue

el fenecer muriendo, y si le es dado

hallar la sepultura aqueso sigue.

    Al qu'es como yo triste, a quien cortado

le tienen el camino, y uno a uno
65

los pasos con tinieblas le han cerrado.

    Mi hambre con sospiros desayuno

y como sigue al trueno, a mis gemidos

ansí sigue una lluvia de importuno

    lloro que me consume. ¡Ay, cuán cumplidos
70

veo ya mis temores, cuán ligeros,

cuán juntos en mi daño y cuán unidos!

    ¿En qué merecí yo males tan fieros?;

¿por dicha no traté templadamente

con el vecino y con los extranjeros,
75

y soy ferido ansí severamente?».


Capítulo IV

ARGUMENTO

Ofendiéronse los amigos de Job destas postreras palabras en que parece justificarse; y Elifaz, tomando la mano por todos, pídele primero licencia para hablar, y después reprehéndele lo uno de que se queje tan agriamente y lo otro de que ponga en duda la causa por que es así castigado, como sea notorio, según él dice, venir siempre los malos sucesos a los hombres por sus pecados. Y finalmente le amonesta a que no se justifique delante de Dios y cuéntale lo que en visión acerca desto le fue dicho.

    Elfaz de aqueste fin mal ofendido,

después de con los ojos haber dado

señas a los amigos, con fingido

    hablar, revuelto a Job, «aunque pesado

y grave, el disputar te será agora
5

-dice- ¿quién callará lo qu'ha pensado?

    ¿Qu'es esto? ¿Y eres tú el qu'antes d'hora

a todos consejabas?; ¿los caídos

alzabas con tu voz consoladora?

    ¿Eras por quien los brazos descaídos
10

cobraron nueva fuerza y el medroso

temblor huyó los pechos afligidos?

    Para otros sabio y para ti faltoso

quebraste al primer toque, y un avieso

caso, nos descubrió tu ser ventoso.
15

    ¿Por dicha no demuestra este suceso

que tu derechez era burlería,

tu religión, tu vida, y tu proceso?

    ¿Qué sirve preguntar cuál culpa mía

es digna deste mal?; ¿qué justo ha sido
20

cortado en la sazón que florecía?

    Como al revés ha siempre acontecido

qu'el hacedor del mal recoge el fruto

conforme a la simiente qu'ha esparcido.

    Su gozo se convierte en triste luto
25

en soplando el Señor; ante su aliento

el mal verdor se torna seco, enjuto

    Al bramador león en un momento

y a la fiera leona vuelve mudos

y quiebra al leoncillo el diente hambriento.
30

    Y quita de las uñas a los crudos

tigres, la amada presa, y despartidos

los pobres hijos van de bien desnudos.

    No te pregones justo; en mis oídos

sonó lo que diré y a malas penas
35

cogieron parte dello mis sentidos.

    Cuando tintas del negro humor las venas

carga la pesadilla al hombre y cuando

la noche ofrece formas d' horror llenas,

    adentro de los huesos penetrando
40

un súbito pavor me sobrevino

y sin saber de qué quedé temblando;

    y como soplo, un aire peregrino

pasó sobre mi rostro, y cada pelo

se puso en mí más yerto qu'el espino;
45

    y pareció ante mí en obscuro velo,

en pie, no supe quién, vi una figura,

oí como una voz qu'aguza el duelo».

    Y dijo: «¿a par de Dios por aventura

s'abonará el mortal?, ¿la vida humana
50

ante su facedor mostrarse ha pura?

    Si no dio a su familia soberana

constancia duradera y si no puso

en sus ángeles luz del todo sana,

    cuánto menos al hombre, que compuso
55

de polvo, que en terrena casa mora,

qu'el ocio le entorpece y gasta el uso,

    que nace como flor por el aurora

y en la tarde marchito desparece,

y no queda dél rastro en breve hora,
60

    porque no tiene apoyo. Ansí acontece

al escogido, al vil; ansí el preciado

y el miserable vulgo ansí perece,

y en esto es con los brutos igualado».


Capítulo V

ARGUMENTO

Prosigue Elifaz en su razón y pide a Job que le muestre que hombre santo haya sido maltratado de Dios, como le mostrará él habello sido siempre los que son malos. Que cual es cada uno, ansí le acontece. Y amonéstale después desto que vuelto a Dios haga penitencia, y le asegura de su favor si así lo hiziere.

    Y añade: «Pero si no soy creído

llama quien te defienda, si parece

alguno, o di cuál santo, cual tú ha sido.

    Cual vive, a cada uno ansí acontece:

a manos de su antojo el tonto muere,
5

el malo y revoltoso en lid perece.

    Por más bien arraigado que estuviere,

al malo si le veo le maldigo

y más cuanto más rico y feliz fuere.

    ¡Ay, cuán amargo trueque, ay triste, digo
10

te espera! Que tus hijos condenados

por cárceles irán sin bien ni abrigo.

    Langostas comerán los tus sembrados,

ni el seto los defiende ni la espina,

tus bienes del ladrón serán robados.
15

    Que cierto es que la tierra no es malina

de suyo, ni jamás produce el suelo

por culpa suya mal o cosa indina.

    El hombre es sólo aquel a quien desvelo

le viene el producir por culpa pena,
20

como es a la centella proprio el vuelo.

    Yo juzgo que el valor, la suerte buena

es el buscar a Dios; en el su oído

mi voz y mi oración contino suena.

    Gran facedor de hazañas que en sentido
25

no caben, de proezas cuyo cuento

no puede ser por sumas recogido;

    levanta adelgazando el elemento

del agua y vuelto en lluvia le derrama

por la faz de la tierra en un momento;
30

    del polvo sube en alto, y encarama

a la bajeza humilde, y al cercado

de noche torna a luz y buena fama.

    Deshace y desbarata el avisado

intento del engaño y no consiente
35

que consiga el traidor lo deseado.

    Con sus artes enlaza al más prudente,

con sus avisos mismos y la liga

destruye de la falsa y mala gente.

    La luz se le ennegrece y da fatiga,
40

y como en noche oscura estropezando

no sabe el resabido por dó siga.

    Valiente salvador del pobre cuando

le oprime ya el tirano, cuando el crudo

cuchillo encima dél va relumbrando.
45

    Es para el desarmado fiel escudo,

él solo, es rico bien, rica esperanza;

al opresor burlado deja, y mudo.

    Dichoso el hombre que de Dios alcanza

ser corregido aquí. Por esto amigo
50

sufre su disciplina con templanza,

    que si te pasa el pecho su enemigo

fierro, te sanará su blanda mano:

hará venir el bien tras el castigo.

    De los trabajos seis el soberano
55

victoria te dará, del mal seteno

te sacará gozoso alegre y sano.

    Él te sustentará si el muy sereno

cielo quemare el campo; en el sonido

al arma te pondrá dentro en su seno.
60

    Guardado te tendrá, y como escondido

de la perversa lengua, sano y ledo,

si el aire se dañare corrompido.

    Si la tierra temblare, estarás quedo;

si la asolare el robo, tu seguro
65

ni de las bestias fieras habrás miedo.

    Aun los peñascos mismos, aun el duro

roble te acatarán, y la fiereza

se volverá contigo en amor puro.

    De paz verás cercada y de nobleza
70

tu casa, y mirarás con diligencia,

y falta no verás en tu grandeza.

    Verás multiplicar tu descendencia

tus pimpollos crecer, cual crece el heno

a quien el cielo mira con clemencia.
75

    En la fuesa entrarás de días lleno,

maduro y bien granado como espiga

cogida con sazón en año bueno.

    Aquesto, la verdad que yo te diga

es todo cuanto alcanzo y cuanto hallo
80

y cierto es ello ansí. Tu oreja siga

mi voz, tu pecho empléese en pensallo».


Capítulo VI

ARGUMENTO

Job de nuevo lastimado con la plática de Elifaz, que oía sus quejas y no sentía sus dolores, desea que lo uno y lo otro se pudiera poner cada uno en su balanza, para que así se viese cuánto es más lo que le duele que lo que se queja. Desea acabar ya con la vida, laméntase del poco consuelo que halla en sus amigos. Y dice

    Los ojos en Lifaz como enclavados

de nuevo dolor lleno y d'amargura

los brazos sobre el pecho ambos cruzados,

    «Ojalá -dice Job- que mi ventura

tal fuera qu'en un peso se pesara
5

mi queja juntamente y suerte dura.

    Entonces vieras tú cuál traspasara

a cuál, cuánto es mayor el mal que siento

qu'el lloro, y que la voz me desampara.

    Agudos pasadores, ¡ay!, sin cuento
10

me beben sangre y vida ponzoñosos;

soy de dolores mil amargo asiento.

    ¿Bramó por yerba, dime, en los viciosos

bosques el corzo? O di: ¿dio el buey bramido

en los pesebres llenos, abundosos?;
15

    ¿o viste que pudiese ser comido

lo amargo, o que lo soso y desalado

no pareciese a todos desabrido?

    Ni el qu'está alegre llora, ni el cuitado

puede callar su mal: y yo ansí agora,
20

si querelloso estoy, estoy llagado.

    ¡Oh, quién me concediese en esta hora

aquello que demando!, ¡oh, si cumpliese

mi voluntad el qu'en lo alto mora!

    Que pues lo comenzó, me deshiciese,
25

que a su mano soltase ya la rienda

y qu'en menudas piezas me partiese.

    Y me consuele en esto, que no atienda

a si me dolerá, sino que acabe

seguro que yo nunca me defienda.
30

    Que ¿cuál es mi valor para en tan grave

mal no desfallecer?; ¿qué valentía

para durar al fin que no se sabe?

    ¿Por dicha es de metal la carne mía?

¿Soy bronce, soy acero, o mi dureza
35

con la del pedernal tiene porfía?

    Ni en mí para valerme hay fortaleza,

ni en los amigos hallo algún consuelo,

sino en lugar d'amor fiera extrañeza.

    ¡Oh! ¿Quién viendo al amigo por el suelo
40

olvida l'amistad? El tal ¿osado

será a poner las manos en el cielo?

    Mis deudos como arroyo m'han faltado,

como arroyos que corren de avenida

por los valles con paso acelerado;
45

    van turbios con la escarcha derretida,

van turbios y crecidos con el yelo

y nieve qu'en sí llevan escondida.

    Mas dende a poco tiempo como en vuelo

se pasan y deshacen al estío,
50

por do pasaron seco queda el suelo;

    por do sonaba hinchado un grande río

el paso va torciendo una delgada

vena, que falta y queda al fin vacío.

    Mirolos desde lejos la calzada
55

de Temano, mirolos el camino

de Arabia, la en riquezas abastada;

    violos el caminante, a ellos vino

con sed, cuando llegó ya se han pasado:

confuso condenó su desatino.
60

    Tal es lo que comigo habéis usado:

venistes a aliviarme, y sin alguna

causa mi duelo habéis acrecentado.

    ¿Dije, por aventura, dadme una

parte de vuestro haber? ¿Mi voz ha sido
65

en algo pedigüeña o importuna?

    ¿O he que me librásedes querido

d'algún grave enemigo temeroso?

¿Qué bien o qué rescate os he pedido?

    Habla, si tenéis qué, que con reposo
70

os prestaré atención. Decidme agora

si os he pecado en algo, o soy penoso.

    ¡Oh, cómo es poderosa y vencedora

en todo la verdad!; ¡oh, cómo en nada

me empece vuestra voz acusadora!
75

    En vuestro imaginar está fundada

vuestra reprehensión, de solo el viento

movistes contra mí la voz airada.

    El caso es que en cayendo uno al momento

todos son contra él. ¿A un herido,
80

a un amigo vuestro dais tormento?

    Quered bien atender a mi gemido,

mirad mi razón toda atentamente,

veréis que con vosotros no he excedido.

    O, si os place, tornemos blandamente
85

a razonar sobre ello, tornad luego

verase mi razón más claramente.

    No torcerá jamás por mal, por ruego

mi lengua a la maldad; que si me duelo

si lloro, soy de carne y ardo en fuego
90

y siento como cuantos tiene el suelo».


Capítulo VII

ARGUMENTO

Prosigue Job en su querella y relata muy por menudo sus males todos; y vuelto a Dios suplícale que les ponga fin o acabándolos o acabándole.

    ¡Ay, no tuviera el hombre un señalado

tiempo para morir!, ¡ay, no tuviera

como el obrero tiene un fin tasado!

    Con el deseo que la sombra espera

el siervo trabajado, o el jornalero
5

qu'el sol fenezca aguarda, su carrera,

    ansí esperando yo el día postrero,

en vano muchos meses he contado,

mil noches he tenido en dolor fiero.

    Cuando me acuesto digo: «ya es llegado
10

mi fin, no hay levantar»; y a la mañana:

«no hay tarde», y a la fin quedo burlado.

    Alárgase mi mal, toda es temprana

hora para mi fin, aunque vestido

de podre estoy, ni tengo cosa sana.
15

    Cual lanzadera en tela, así han corrido

mis días descansados; mi contento

voló, y el mi esperar en vano ha sido.

    ¡Ay, miémbrate de mí, Señor, pues viento

conoces qu'es mi vida y que, pasada
20

no tornare a gozar de luz, d'aliento!

    No me podrá más ver vista criada,

si un poco tu clemencia más s'olvida:

cuando me quieras, ver no verás nada.

    Llovió y pasó la nube, así es la vida;
25

ansí quien una vez bajó a la escura

región, no halla vuelta, ni subida;

    ni torna más a ver la hermosura

de su dorado techo y alta casa,

ni le conoce más su misma hechura.
30

    Si no, yo menos puedo poner tasa

a mi doliente voz, diré mi pena,

diré cuánto amargor el alma pasa.

    ¿Qué es esto, ¡ay, di señor!, soy yo ballena?,

¿soy mar, que a cada lado, a cada parte
35

yo encuentro en el dolor, ella en la arena?

    Si, digo, del dulzor que el sueño parte

mi lecho no será escaso comigo

allí podré olvidar de mi mal parte.

    Con temerosas formas enemigo
40

me tornas el descanso ansí espantoso

qu'el despierto dolor por bueno sigo.

    El lazo estrecho y crudo por sabroso

escoge l'alma mía, y cualquier suerte

y no este cuerpo flaco y doloroso.
45

    Aborrezco el vivir, amo la muerte

y pues es fin forzoso, ¡ay!, venga luego,

no guarde a un ser tan vil tu mano fuerte.

    ¿Cuál es sino bajeza el hombre y juego

para que cuide dél tu providencia
50

o le deshaga el hierro, o queme el fuego?,

    ¿para que en la alborada con clemencia

le mire cada día, y le remire

por horas, por momentos tu excelencia?

    ¡Ay! ¿Cuándo has d'acabar? O se retire
55

de vida sostener tan miserable

tu mano, o dame aliento en que respire.

    Si dicen que pequé, tu ser estable

¿qué pierde, para que por blanco opuesto

me tengas, y hecho peso intolerable
60

   a mí mismo? ¡Ay, señor amansa presto,

amansa ya tu brazo riguroso,

no tengas ya en tus ojos mi mal puesto!

    ¿No ves que si te tardas vagaroso

hoy me pondré a dormir en este suelo
65

y al alba, si me buscas pïadoso

no hallarás de mí ni solo un pelo?


Capítulo VIII

ARGUMENTO

Toma la mano otro de los amigos de Job, llamado Bildad, y como si Job hubiera acusado de injusto a Dios, así vuelve por su igualdad y defiende sus partes, afirmando que ni la maldad, por más que se disimule con apariencia de bien, florece, ni la virtud perece, aunque más la persigan; porque Dios justo da siempre favor al que lo merece.

    Aquí Bildad airado abrió la boca:

«¿qué fin ha de tener tu parlería,

dice, tu presunción ventosa, loca?

    ¿Hizo jamás Dios sobra o demasía?

¿Torció el derecho a nadie, armó la mano,
5

faltándole razón, con tiranía?

    Si ciegos de su error, tus hijos, vano

pecaron contra él, él justamente

también se les mostró crudo inhumano.

    Y tú, si con cuidado diligente
10

agora despertares tus sentidos,

si a Dios los convertieres húmilmente;

    si con pura limpieza en sus oídos

sonares, él también de madrugada

te colmará de bienes escogidos,
15

    y quedará zaguera tu pasada

felicidad, riqueza y buena suerte

con tus postrimerías comparada.

    Pregunta a los ancianos, ve y convierte

tus ojos por los siglos ya primeros;
20

en los antiguos casos mira, advierte,

    que nos ayer nacimos, y ligeros

volamos más que sombra, y como el viento,

y en el saber quedamos muy postreros.

    Ellos te enseñarán, con largo cuento
25

ellos te hablarán; y del divino

pecho producirán razonamiento.

    Dirante qu' es notorio desatino

pedir verdor al junco, ni hermosura

que no está junto al agua de contino.
30

    Que si parece estar en su frescura

sin que le toque el hierro, ni la mano

primero que ninguna otra verdura

    se seca; y que ansímismo el ser liviano

perece de cualquier que a Dios olvida,
35

de todo falso hipócrita profano.

    Al cual su vanidad a conocida

calamidad conduce, y su esperanza

es tela a do l'araña hace su vida.

    A do el flaco animal cuando el pie lanza,
40

no halla do estribar, y aunque procura

caído levantarse, no lo alcanza.

    También te enseñarán que cuando dura

a la planta el humor y el sol benino

la mira, crece en ramos y frescura.
45

    Y abriendo por las piedras da camino

a sus firmes raíces, y enredada,

las pasa como acero agudo y fino.

    Y si por caso alguna es arrancada

de su lugar así, que quien la vido
50

diga: no queda rastro, ni pisada.

    Entonces es su gozo más crecido,

por uno, mil pimpollos vigorosa

levanta d'entre el polvo removido.

    Ello es verdad perpetua, no dudosa:
55

jamás a la bondad Dios desampara,

jamás a la maldad hace dichosa.

    No le dejes tú a él, que él nunca para

hasta que de loor te colme el pecho,

hasta que bañe en gozo boca y cara.
60

    Los enemigos tuyos al despecho

entregará confusos: qu'el estado

del bueno nunca viene a ser deshecho,

ni del malo jamás es prosperado.


Capítulo IX

ARGUMENTO

Responde Job a Bildaz. Confiesa qu'es Dios justo y dice grandes cosas de su saber y poder; mas con ser Dios justo, está firme en decir qu'él no ha pecado conforme a lo que padece, y encarece lo que padece por nueva manera.

    Confieso qu'es ansí, que nadie es parte

si Dios, -respondió Job-, al hombre acusa

a con justa razón guardar su parte.

    Que quien con él baraja, si ya usa

de todo su saber, dará turbado
5

por mil acusaciones una escusa;

    es de corazón sabio, está dotado

de poderosa fuerza, ¿quién presume

trayendo lid con él gozar su estado?

    Los montes encumbrados trueca y sume
10

con tan presto furor, que apenas vieron

el golpe descender que los consume.

    En tocando él la tierra se movieron

los fundamentos della, y conmovidos

de su lugar eterno y firme fueron.
15

    Manda al sol que recoja sus lucidos

rayos y no los muestra, y los sagrados

ardores por él son escurecidos.

    Él tiende el aire puro; desplegados

los cielos son por él; y va y camina
20

por cima de los mares más hinchados.

    Él sólo cría el Norte y la Bocina

y el Carro, y del austral contrario polo

la retirada estrella peregrina.

    Poderoso obrador, de lo que él solo
25

entiende; de sus obras y grandeza

comencé el hombre el cuento, mas dejolo.

    Pondráseme delante, y mi rudeza

no le conocerá, subirá el vuelo,

y no le entenderé, tal es su alteza.
30

    Pues si de algo asiere, ¿quién del suelo

le quitará la presa? ¿Cuál osado

razón demandará al que tuerce el cielo?

    No enfrena con temor su pecho airado

que del mundo lo alto y lo crecido
35

debajo de sus pies tiene humillado.

    Pues ¿cuándo o cómo yo seré atrevido

de razonar con él?; para su audiencia

¿qué estilo hallaré tan escogido?

    Que ni sabré tornar por mi inocencia,
40

por más que limpio sea, mas tremiendo

le rogaré que juzgue con clemencia.

    Y puede acontecer también que habiendo

llamádole responda, y yo no crea

ni sepa que a mi voz dio entrada oyendo.
45

    Él como torbellino me rodea

y empina y bate al suelo, y presuroso

en añadir dolor en mí se emplea.

    No me concede un punto de reposo,

ni un solo recoger el flaco aliento:
50

en amargarme sólo es abundoso.

    Ansí que si va a fuerzas no entra en cuento

la suya; si a derecho no hay criado

que parezca por mí en su acatamiento.

    Seré yo por mi boca condenado
55

si hablo en mi defensa; limpio y puro

seré y convencerá que soy culpado.

    Yo mismo no estaré cierto y seguro

de mi justicia misma; lo más claro

de mi vida tendré por más escuro.
60

    Mas lo que he dicho y digo es que al avaro

al liberal, al malo, al virtuoso

les rompe de la suerte el hilo caro.

    Mas ya qu'el destruirme le es sabroso

acábeme de una y no haga juego
65

del mal de quien jamás le fue enojoso.

    Andáis mal engañados, hace entrego

del mundo, si le place, al enemigo

injusto, que lo pone a sangre y fuego.

    Y lo trastorna todo, y no hay testigo
70

ni vara que se oponga a su osadía,

decid ¿quién se lo dio si no es quien digo?

    Y a mí que no he pecado el corto día

me huye de la vida más ligero

que posta, y más que sombra mi alegría.
75

    No corre ansí el navío más velero,

ni menos ansí vuela y se apresura

a la presa el milano carnicero.

    Ni en el pensar jamás tuve soltura,

jamás dije entre mí: «quiero yo agora
80

hurtarme al sobrecejo, a la cordura».

    No me desenvolví siquiera un hora,

que siempre ante mis ojos figurada

tu mano truje y fuera vengadora.

    Mas si, como decís, soy malo, nada
85

me servirá el rogar, porque si fuese

justo no lo seré si a él le agrada.

    Si puro más que nieve emblanqueciese,

si más que la limpieza misma todo

en dichos yo y en hechos reluciese,
90

    ante él pareceré con torpe lodo

revuelto y sucio ansía que mi vestido

huya de mí con asco en nuevo modo.

    ¡Ay! que no es otro yo, no igual, ceñido

de carne con quien pueda osadamente
95

ponerme a pleito, oír y ser oído.

    Ni menos hay persona, no hay viviente

que medie entre los dos, que nos presida,

que mida a cada uno justamente.

    Ponga su vara aparte, su crecida
100

saña no me estremezca, y yo me obligo

a entrar con él en cuenta de mi vida;

mas ansí como estoy, no estoy comigo.


Capítulo X

ARGUMENTO

Prosigue Job quejándose, y vuelto a Dios, queréllase con él y pídele que mitigue su ira y le deje respirar siquiera un poco. Y dice:

   Este vivir muriendo noche y día

ansí me enfada ya, que sin respeto

la rienda soltaré a la lengua mía.

    Diré mis amarguras, mi secreto.

Señor, ¿condenarás a un no oído,
5

ni me darás razón d'aqueste aprieto?

    ¿Es bueno ante tus ojos oprimido

tener con vïolencia al que es tu hechura

y dar calor al malo, a su partido?

    ¿Tus ojos son de carne, por ventura?,
10

¿tu vista es cual la humana, tu juzgado?,

¿tu ser, es como el ser de la criatura?

    ¿Pesquisas lo que dudas engañado

por dicho o por sospecha? ¿Manifiesto

no sabes que jamás te fui culpado?
15

    ¿No sabes mi inocencia? Mas ni aquesto

ni fuerza, ni saber alguno humano

descargan de mis hombros, lo que has puesto.

    Tus dedos me formaron, con tu mano,

Señor, me compusiste a la redonda
20

y agora me despeñas inhumano.

    Acuérdate que soy vileza hedionda,

del polvo me feciste, y cuán en cedo,

harás qu'el mismo polvo en sí m'asconda.

    Como se forma el queso, ansí yo puedo
25

decir, que de una leche sazonada

me compusiste con tu sabio dedo.

    Vestísteme de carne cubijada,

de cuero delicado, y sobre estables

huesos con firmes nervios asentada.
30

    Vida me diste, y bienes no estimables

con tu visita dura y persevera

mi huelgo flaco y días deleznables.

    Bien sé que no lo olvidas, ni está fuera

de tu memoria aquesto, y qu'en tu pecho
35

mora lo que será, lo qu'antes era.

    Si te ofendí, Señor, bien me has deshecho,

si cometí maldad, a buen seguro

que no me iré loando de lo hecho.

    Y si fui pecador, ¡ay, cuánto es duro
40

mi azote!; y si fui justo ¿qué he sacado

más de miseria amarga y dolor puro?

    El cual como león apoderado

de mí, me despedaza; mas soy luego

por ti para más pena renovado.
45

    Con milagrosa mano en medio el fuego

por prolongar mi duelo me sustentas,

y muero siempre y nunca al morir llego.

    Renuevas mis azotes, y acrecientas

tus iras, y mudándolos contino
50

con un millón de males me atormentas.

    ¡Ay!, di ¿qué voluntad, Señor, te vino

de producirme a luz? ¡Ay, feneciera

antes que comenzara a ser vecino

    del mundo, y que mortal ojo me viera
55

y el vientre se trocara en sepultura,

y como el que no fue jamás, yo fuera!

    Mas pues lo poco que mi vivir dura

conoces, ten, Señor, la mano airada,

dame un pequeño espacio de holgura.
60

    Antes que dé principio a la jornada

para nunca volver, antes que vea

la tierra triste de negror bañada,

    la tierra negra tenebrosa y fea

de confusión y de desorden llena
65

falta de todo el bien que se desea

adonde es noche, cuando más serena.


Capítulo XI

ARGUMENTO

Sofar, el tercero de los amigos de Job, toma la mano y reprehéndele como los demás con ásperas palabras: llámale arrogante; pide a Dios que le confunda; dice mucho del poderío de Dios. Y a la fin amonéstale a que haga penitencia y prométele buena dicha si la hace.

    ¡Oh, cuánto, Job, lo tienes mal pensado,

si por juntar palabras, no argüído

si piensas por hablar no ser culpado!,

    dijo el Sofar nemano. Di ¿rendido

todo te callará?; ¿tú solo haciendo burla,
5

serás de nadie escarnecido?

    Di, falto, ¿no sonó tu voz diciendo:

«soy libre de maldad, soy limpio y puro

en obras en palabras reluciendo»?

    ¡Oh, si rompiese Dios su velo escuro
10

y puesto en clara luz, y boca a boca

hablase con tu pecho terco y duro;

    y descubriese a tu arrogancia loca

su abismo de saber, su derecheza

y cómo a tu maldad su pena es poca!
15

    ¿Por caso has apeado su honda alteza?

¿al último poder y ser divino

por dicha penetró tu gran viveza?

    Subido es más qu'el cielo cristalino

pues ¿cómo llegarás? Es más profundo
20

qu'el centro, ¿que fará tu desatino?

    Si mides de una parte a otra el mundo,

mayor es su medida, y con su anchura

compuesto el ancho mar es muy segundo.

    Si todo lo talare y si en escura
25

cárcel cerrado todo lo escondiere,

¿habrá qué se le oponga, criatura?

    Cuanto el mortal y vano pecho hiciere

él lo conoce y cala sus intentos,

y entiende aun al que a sí no se entendiere.
30

    Que el hombre es vanidad, sus pensamientos

carecen de substancia, y es movido

como salvaje bruto a todos vientos.

    Mas dígote que si hora convertido

te vuelves con estable y firme pecho
35

y tiendes y los brazos y el gemido;

    si alejas de tu mano y de tu hecho

a toda la maldad; si el desafuero

no reposare más dentro en tu pecho,

    podrás alzar al cielo puro entero
40

el rostro y sin mancilla, y confiado

no te pondrá temor ningún mal fiero.

    Y tú de aquestos duelos olvidado

no quedará en ti dellos más memoria

que de las aguas raudas qu'han pasado.
45

    Será cual mediodía, y más tu gloria

y si rodare el tiempo, como aurora

dará más luz creciendo tu memoria.

    Seguro morirás pues se mejora

tu suerte, y como si cavado hubieras,
50

ansí te será el sueño de aquel hora.

    Sin miedo que figura o voces fieras

te asombren o te rompan tu reposo

descansarás las horas postrimeras.

    Colgados de tu amparo provechoso
55

te acatarán los tuyos, los extraños,

con que será tu nombre más glorioso.

    Mas ¿quién dirá del pecador los daños?

El miedo le consume vida y ojos,

guarida le fallece, y de sus años
60

el fin son males crudos más que abrojos.


Capítulo XII

ARGUMENTO

Responde Job a Sofar y con algún más desprecio que a los demás amigos, porque se mostró más arrogante que ellos, muestra que él no desconoce el poder y saber de Dios grandísimo; y así dice dél muchas grandezas por hermosa manera. Mas insiste siempre en decir que no siempre es pecador el que es afligido y maltratado.

    Torciendo Job el rostro, dice: «el mundo

sin duda en vos se encierra, y acabado

con vos todo el saber irá al profundo.

    Y yo de entendimiento soy dotado,

y no menos que vos a lo que creo,
5

ni quedo en decir esto muy loado.

    Mas pues tan sabio sois, ¿no veis qu'es feo

reír de un vuestro amigo en tal fortuna?,

¿no veis que Dios no oirá vuestro deseo?

    Atiéndeme: una tea ardiendo o una
10

atocha en rico techo es abatida

y guía bien los pies, cuando no hay luna.

    No porque es maltratada fue perdida

mi vida, ni soy malo aunque azotado,

que a veces la bondad es afligida.
15

    ¿No viste alguna vez de bien colmado

el techo del logrero, y del que adora

el Dios que con su mano ha fabricado?

    Mas Dios es poderoso, ¿quién lo ignora?

El ave lo dirá, que el aire vuela,
20

la fiera que en los bosques altos mora.

    La tierra torpe y bruta es como escuela

que enseña esa verdad; el mar tendido

y cuanto pez por él nadando cuela.

    ¿A qué cosa criada es escondido
25

que Dios con poderosa y sabia mano

crió la tierra y cielo y sol lucido;

    y que de su gobierno soberano

la vida del viviente está colgando,

y el soplo que gobierna el cuerpo humano?
30

    De cuanto razonáredes hablando

la oreja es el jüez, y en los sabores

el gusto es el que tiene el cetro y mando.

    Los viejos son muy grandes sabidores,

los días y los años prolongados
35

en caso de saber son los mejores.

    Mas mucho más en Dios aposentados

están todo el saber y valentía

con otros mil tesoros encerrados.

    Lo que su mano airada al suelo envía
40

no se edifica más, lo que él encierra

cerrado quedará de noche y día.

    Secáronse las fuentes y la tierra

cuando él detiene el agua, y cuando quiere

lanzándola destruye campo y sierra.
45

    Puede cuanto le place, y cuanto hiciere

es ley; y ni a sufrir, ni a poner lloro

es parte algún mortal, si él no quisiere.

    Desnudos dejará de su tesoro

los pechos donde el seso y ley moraba,
50

y convirtió en vil soga el cinto d'oro.

    El cinto tachonado que cercaba

los lomos del tirano desatado

le muda en vestidura pobre, esclava.

    Del sacerdocio santo despojado
55

por él va el sacerdote, y por su mano

el brazo poderoso es quebrantado.

    A todo el buen decir del pecho humano

deslengua, y si le place en desvarío

convierte el saber todo y seso anciano.
60

    Derrama los desprecios como un río

encima de los que resplandecían

subidos o en linaje o señorío.

    Y los que en honda noche se sumían

los pone en clara luz, y saca al cielo
65

a los que los abismos ascondían.

    Ya multiplica el pueblo, ya con duelo

lo mengua, y ya lo esparce, y lo destierra

y lo reduce ya a su propio suelo.

    A las cabezas altas de la tierra
70

las ciega y por los yermos sin camino

las lleva sin saber a do el pie yerra.

    Como el que en noche escura pierde el tino

y abraza por valerse el aire en vano,

así van, y cual al que manda el vino
75

que rompe aquí ya el pie ya allí la mano».


Capítulo XIII

ARGUMENTO

Concluyendo Job en el principio deste capítulo lo que platicaba en el pasado, dice que por lo dicho conocerán su saber. Y volviéndose a todos tres, los reprehende como a hombres que lisonjeaban a Dios, procurando defender su justicia con poner culpa en él sin tenerla, siendo así que Dios no se agrada de la mentira, ni tiene necesidad della para defender lo que hace. Y ansí los deja como a hombres ni bienintencionados ni sabios, y vuelto a Dios se le queja de que sin oírle le castiga, y le sujeta a la pena sin preceder cargo de culpa.

    Y dijo prosiguiendo todo aquesto:

«Lo sé por vista de ojos, y me ha sido

con voces verdaderas manifiesto.

    Que si entendidos sois, soy entendido,

si sabios, yo soy sabio, y si avisados
5

de vuestro aviso el mío no es vencido.

    Mas por decir verdad, si ya otorgado

me fuese del Señor, con él deseo

hablar, y deslindar en qué he pecado.

    Que en vos y en vuestros dichos sólo veo
10

un modo de mentir artificioso,

un colorar lo falso con rodeo.

    ¡Oh, cuán más sano os fuera, y más honroso

callar, y así callando ser tenidos

por hombres de prudencia y de reposo!
15

    Prestadme pues un rato los oídos,

mirad bien lo que arguyo, y cómo quiero

mostrar vuestros errores ascondidos.

    Decidme ¿en qué ley vistes, o en qué fuero,

que defendáis a Dios con la mentira,
20

que honréis con falsedad al verdadero?

    El pleito perderá si no se mira

y si no se respecta su persona,

si no le defendéis su causa espira.

    ¿Pensáis que la mentira en él se abona
25

o cómo la lisonja al hombre agrada

ansí le aplace a él y la perdona?

    Con faz y con palabra dura airada

si la verdad torcéis por su respecto

será vuestra razón por Dios turbada.
30

    ¿Habrá por aventura en vos sujeto

al golpe de su azote, o por ventura

su espanto en vuestro pecho no hace efeto?

    Será vileza y polvo vuestra altura,

serán vuestras razones afiladas,
35

el artificio vuestro vil basura.

    Callad no habléis de mí, que a mí son dadas

las voces de mis duelos; yo las quiero

si malas por vosotros son juzgadas.

    ¿Por qué si en mí las cuezo, yo me muero,
40

yo rabio, y me consumo, y me deshago

y con mis dientes despedazo el cuero?

    Hundirme ha, si me quejo, yo lo trago,

direle mi inocencia; darme ha vida,

que al malo repartió y al bueno el pago.
45

    Mas sea de vosotros recebida

mi voz; oídme bien lo que hora os digo

y sea mi razón bien entendida.

    En tela de jüicio yo me obligo

si oigo y si respondo según fuero
50

salir libre de culpa, y de castigo.

    Mas cargo no me hace como a reo

ni quiere pleitear comigo un día,

y ansí padezco, y callo, y triste muero.

    Dos cosas, oh Señor, de mí desvía,
55

de dos cosas me libra, y me asegura

y trataré ante ti la causa mía.

    Aparta allá tu azote y mano dura,

no me lastimes no, ni con espantos

me vuelvas la luz clara en noche escura.
60

    Mis males uno a uno todos cuantos

he hecho me demuestra, y oye luego

o hablo yo, y responde tú a mis llantos.

    Dime con claridad, Señor, te ruego

cuáles y cuántas son las culpas mías,
65

las culpas que merecen este fuego.

    ¿Qué fice que ansí encubres y desvías

tus ojos de mi rostro, y cómo aleve

me huyes y las noches y los días?

    ¿Quebrantas una hoja frágil, leve
70

y en contra de una astilla vil, liviana

tu grandeza, Señor, su brazo mueve?

    No dejas parte de mi carne sana,

hácesme amargo en todo, y heredero

de mi niñez culpada sin mi gana.
75

    Prendes los pies del hombre en cepo fiero

y ciérrasle con guardas el entrada,

las piernas con redondo y fuerte acero.

    Él finalmente a suerte tan pesada,

menor y desigual es consumido,
80

cual leño de carcoma, y cual guardada

ropa, do la polilla puso nido».


Capítulo XIV

[ARGUMENTO]

Por ocasión de lo último que dijo en el capítulo pasado de la miseria del hombre, dice Job en este más largamente della; y luego, vuelto a Dios con una querellosa lástima le pide, que pues hizo mortal la vida, y de plazo tan corto, esto poco que dura aquí se la dé con descanso; y le deje vivir en paz este termino breve. Y dice y encarece esto mismo por muchas y diferentes maneras.

    Y dijo prosiguiendo: «El hombre es nada,

muy hijo de mujer, muy corto en vida,

muy lleno de miseria amontonada.

    Es flor que apenas nace y ya es cogida,

es sombra que camina y se apresura
5

en manera ninguna detenida.

    ¿Y pones en él mientes de tu altura

y tienes por no indigno de tu alteza

trabar pendencia con tan baja hechura?

    ¿Quién del cieno sacó jamás limpieza?
10

¿Quién puro y reluciente de enconado?

Ninguno a quien firmó naturaleza.

    Pues si el vivir del hombre es limitado,

si término sus días tienen cierto

con fuero por ninguno traspasado,
15

    no apesgues mas sobre él, que cedo es muerto,

afloja, que él se acaba, y deseoso

anhela al fin, cual nave anhela al puerto.

    El árbol si es cortado es poderoso

a renovarse en ramas y en verdura
20

más firme que primero y más hermoso;

    y si plantado acaso en tierra dura

se seca su raíz y se envejece;

si el tronco muere falto de frescura,

    en regándole, al punto reverdece
25

al olor de la vena derivada:

cual fértil planta en tallo y hojas crece.

    Mas del varón la vida si es cortada

cortada quedará: si muere, muere;

ni vuelve, ni de sí deja pisada.
30

    En cuanto por secretas minas diere

la mar a las corrientes cebo, y cuanto

la lluvia de las nubes descendiere

    el hombre durará en su sueño, y tanto

que olvidarán los cielos su carrera
35

primero que despierte al gozo, al llanto.

    En fuesa sepultado ¿quién me diera estar,

cuando tu enojo se pasara

y que de mi en pasando acuerdo hubiera?

    Por mucho que este plazo se alargara,
40

por muchos que nacieran y murieran,

mi plazo alegremente ansí esperara.

    Cumplido me llamaras y te oyeran

alegres mis oídos y obedientes,

y que tus obras amas todos vieran.
45

    Mas hora en mis pisadas pones mientes

en todos mis pecados, y en olvido

pondrás por aventura lo que sientes.

    Cuanto en la edad primera te he ofendido

debajo de tu sello está guardado
50

y cuanto sobre aquesto he añadido.

    El monte firme perderá su estado

y el peñasco más duro de su asiento

movido caerá desmenuzado.

    A la piedra deshace el humor lento
55

y en el vergel de ayer se nada agora,

mas el morir va fuera deste cuento.

    Irrevocable ley que vencedora

a todos los sujetas, y vendados

envías a la cruda y postrer hora,
60

    a donde eternamente sepultados

ni de sus nietos la dichosa suerte

ni los casos sabrán desventurados.

    Y corriendo ansí el hombre a cierta muerte

en eso poco que en la vida expira
65

en la carne padece dolor fuerte,

en el alma amargor, tristeza e ira».


Capítulo XV

[ARGUMENTO]

Torna a tomar la mano y la voz del pleito Elifaz el de Temán, y reprehendiendo primero a Job de arrogante para con ellos y de osado y desacatado para con Dios, y notándole de impío acerca de su providencia, después, a fin de reducirle a mejor parecer y de probar la sentencia suya y de sus compañeros que a los malos en esta vida les sucede [siempre mal] pinta con palabras elegantes y copiosamente un tirano en el parecer próspero, y en lo secreto [de la] verdad atormentado de muchas maneras.

    Aquí Elifaz torno a tomar la mano,

Lifaz de aquesta lid autor primero,

osado en el hablar, Lifaz Temano.

    «¿Es de sabio ser vano y palabrero,

echar razones d'aire por la boca
5

desde el principio hasta el fin postrero?

    ¿Es, dice, de persona que no es loca

hablar sin regla y fin inútilmente,

decir lo que al propósito no toca?

    Inútil antes falsa y malamente,
10

que quien a tus razones diere oído

ni teme, ni respecta a Dios viviente.

    El mal del alma al rostro te ha salido,

la lengua reprendió del falso pecho,

hablaste como habla el más perdido.
15

    No te condeno yo, tu mismo hecho,

tu boca te condena y tus razones;

por malvado te dan con gran derecho.

    Dime: cuando Dios hizo las naciones

humanas ¿fuiste tú el primer formado?
20

O si después de ti los montes pones

    ¿Ha Dios contigo por ventura hablado?,

¿entraste en su consejo, por ventura?,

¿las venas del saber has tú agotado?

    ¿Qué sabes que no sepa?, ¿qué hondura
25

alcanzas que no alcance, o qué doctrina

a ti es manifiesta, a mí obscura?

    También en nuestra escuela y disciplina

hay canas y vejez, y quien en días

a tus padres y agüelos s'avecina.
30

    Conozco tus secretas fantasías;

menores, dices, son todos sus bienes

que lo que piden las dolencias mías.

    ¿Qué te escalienta el pecho?, ¿qué contienes

en tu furioso seno?, ¿qué guiñea,
35

qué amenaza tu rostro, frente, y sienes?

    ¿Qué azote, por mayor y mas que sea,

pondrá sobre ti Dios que corresponda

a lo que tu voz mala aquí vocea?

    ¿Quién es el hombre, o cuál su masa hedionda
40

para llamalle limpio?, ¿quién nacido

de hembra, que a su origen no responda?

    En el coro seráfico escogido

halló flaqueza y mal; y amancillados

en sus ojos los cielos son y han sido.
45

    ¿Cuánto, pues, serán más los desastrados,

los corruptibles hombres, los que beben

como l'agua los males y pecados?

    Atiéndeme que quiero que se ceben

de aquesto que te anuncio tus sentidos
50

y no temo los sabios lo reprueben,

    que de ellos lo aprendieron mis oídos

y aun ellos de sus padres y mayores,

que fueron del saber antiguos nidos,

    porque eran de sus pueblos los señores,
55

en que el saber perfecto conservaron

sin mezcla peregrina, y sin errores.

    Pues dicen lo que vieron y probaron:

qu'el malo siempre tiembla, y los tiranos

de luz segura y cierta no gozaron.
60

    Resuenan de contino con insanos

horrores sus oídos y al sosiego

más suyo, el robador mete las manos.

    No espera del escuro tiempo y ciego,

de la espantosa noche salir vivo
65

y junto con la luz ve el fierro luego.

    La mesa a que se allega le es motivo

de espanto miserable, que imagina

envuelto en el manjar bocado esquivo.

    De ansías por doquiera que camina,
70

como rey de sus huestes rodeado,

el miedo se le muestra y avecina.

    Porque con el ciego pecho el brazo osado

tendió contra el señor omnipotente

y opuso contra él su rico estado.
75

    Descarga Dios sobre él con furia ardiente

y corta la cerviz rolliza y llena

y el peto le traspasa reluciente.

    Diose al regalo muelle y vida amena,

creció en viciosa carne y en grosura
80

con que fortaleció más su cadena.

    Edificó palacios de hermosura

en lugares desiertos, retraídos,

criados para montes y espesura.

    Mas ni sus muchos bienes mal cogidos
85

ni a colmo llegará su gran riqueza

en breve día en humo convertidos.

    O quemado su ramo o de aspereza

de cielo enflaquecido en lo sombrío

no brotará rompiendo la corteza.
90

    Y va tan adelante en desvarío,

que no teme ni el fin de su camino

ni vuelta de fortuna, ni desvío.

    Y ansí los corta el mal que sobrevino

en su mas claro día no pensado
95

y sin que llegue a flor su desatino.

    Cual tronco de sus tallos despojado

y como de su hojas verde oliva

en quien con fuerza hiere viento airado.

    Que en casa de fingidos no deriva
100

el cielo, como en yermo bien ninguno

y la casa del logro es llama viva.

    Conciben en el ánimo importuno

maldades y quebrantos, y a las manos

les sale traïción sin fruto alguno
105

y sus designios son engaños vanos».


Capítulo XVI

    Aquí dio fin Lifaz el de Temano,

y Job torciendo el rostro de cansado

y vuelto a él tornó a tomar la mano,

    y dijo: «Ya mil veces he escuchado

esas... no se cuál llame. Dais sin duda
5

tormento por consuelo, y grande enfado.

    ¿Qué fin ha de tener tan vana y ruda

razón?, ¿cuándo diréis lo que convenga

a aquesto que entre nos s'alterca y duda?

    Que yo también de coro sé esa arenga,
10

o troquemos, si os place, la ventura,

y lo que a mí me avino, eso os avenga

    ¡Oh, cómo os consolara, qué blandura,

qué compasión, qué entrañas, con qué afeto

curara mitigar la suerte dura!
15

    Mas ¡cuán contrario agora es vuestro efeto!

Forzáisme a que razone lo que es pena

y oiga lo que pone en nuevo aprieto.

    Sin duda qu'el Señor me dio en la vena:

de cuanto me rodea no ha dejado
20

en mí, ni en cosas mías, cosa buena.

    Las rugas de qu'el rostro tengo arado

mis males testifican, gran testigo

es este cuerpo magro, y tan gastado.

    Con ira ardiendo apechugó comigo,
25

regañó contra mí sus fieros dientes

los ojos me enclavó como enemigo.

    Abrió para tragarme diferentes

bocas; hirió mi cara, y con mi vida

hartó la cruda hambre de mil gentes.
30

    Cerrado en paso estrecho y sin salida

en manos me entregó del falso y fiero,

del que de hacer maldades no s'olvida.

    Quebrome cuando estaba más entero

asiome y arrojome, y quebrantado
35

me puso a sus saetas por terrero.

    Con mil saetas suyas traspasado

el pecho y la entrañas, tengo el suelo

d'amarga, y miserable hiel bañado.

    A mal añadió mal, a duelo duelo;
40

corrió y atropellome fiero y crudo

ajeno de pavor y de recelo.

    Cilicio me vestí sobre el desnudo

cuerpo, y derramé polvo en frente y pecho,

señales de dolor y mal agudo.
45

    Del contino llorar está deshecho

mi rostro y afeado: en mis dos ojos

la noche ciega asiento tiene hecho.

    Y no porque mis manos con despojos

ajenos ensucié, que al cielo puras
50

d'agravios las alzá siempre, y d'enojos.

    Tierra, a quien nuestras obras son no escuras,

no calles lo que sabes de mis males,

ni les des escondrijo en tus honduras.

    Mas bien sé que en las sillas celestiales
55

tengo de mi limpieza fiel testigo,

aunque de lo contrario dé señales.

    Este, y aquel, y aqueste es falso amigo;

yo quiero mis angustias y mis duelos

tratar con Dios a solas y comigo.
60

    Presumís engañar a quien los cielos

gobierna como a vuestros semejantes,

cuyos ojos se cubren con mil velos.

    Mas corre y vuela el tiempo y sus instantes,

y de la cuenta al fin descubre el día,
65

desengaño de falsos e ignorantes

a do caminan todos a porfía».


Capítulo XVII

    Apenas ya respira en mí el aliento,

mis días acortó mi desventura,

la huesa sola es ya mi bien y asiento.

    Y fuera menos grave esto que dura,

si de estos palabreros la torpeza
5

no me bañara l'alma en amargura.

    Contigo, si templaras tu braveza,

contigo razonara, y diera luego

fianza, si la hallara en tal bajeza.

    Que como del saber les falta el fuego
10

no alcanzan lo que encubre el mal vestido

y juzgan por la pinta sola el juego.

    Adulan al amigo favorido,

mas si por caso se revuelve el viento

ni el hijo aunque perezca es conocido.
15

    Hacen de mi hablilla, hacen cuento

y porque soy herido me condenan

y tiénenme por vil por mi tormento;

    y dicen que mis iras desordenan

mi lengua, y que fue engaño y sombra vana
20

lo que en mi virtud mil bocas suenan.

    Y que admirado el bueno, soberana-

mente da gloria a Dios del caso mío,

y dice: al fin el malo aquesto gana.

    Y que se abraza el bien, y con mas brío
25

alarga el paso el justo en su carrera

y se mejora con mi desvarío.

    Buscad otra razón más verdadera,

armad otra maraña, que yo espero

seréis los que habéis sido en la primera.
30

    Mas ¿qué contiendas nuevas pido y quiero?

Ni tengo fuerzas ya, ni ser, ni vida,

aun del pensar me priva el dolor fiero.

    Y del contino llanto enflaquecida

la fuerza, en las tinieblas hondas velo
35

y es para mí la noche luz nacida.

    Y de la huesa triste el frío suelo

por mucho que m'esfuerce, ya m'espera,

allí será mi estrado y mi consuelo.

    Al gusano tendré por verdadera
40

madre, y por mi linaje y parentela

la hediondez y corrupción postrera.

    ¿Qué puedo yo esperar, pues ya la tela

de mi vivir y bien está cortada

y en mi daño lo malo y duro vela?
45

    La sepultura espero arrinconada

su lóbrego secreto y tenebroso,

y aun dudo si mi muerte allí cerrada

y vuelta en polvo alcanzará reposo».


Capítulo XVIII

    Bildad el de Suhí mal satisfecho

de lo que de ambas partes se decía

tornó segunda vez a abrir el pecho:

    «¿Qué fin ha de tener tu parlería?

Entiende bien primero nuestro intento
5

y -dice- caerás de tu porfía.

    ¿En qué ley cabe de comedimiento

nos trates como a tontos, sin primero

abrir a nuestra voz tu entendimiento?

    Destrúyete el coraje, saber quiero
10

si el mundo trocará su estilo usado,

o si por ti tendremos nuevo fuero.

    Es ley que no se muda, que al malvado,

su luz de todo punto se obscurezca

según que la experiencia lo ha mostrado.
15

    Y en su misma morada el bien perezca,

su dicha se le acabe, y dentro el pecho

ansia y mortal congoja siempre crezca.

    Sus pasos hallan el camino estrecho

y su poder antiguo se enflaquece,
20

y él mismo por sí mismo cae desecho.

    Y cuando en forcejar se desvanece

con su porfía loca más se enreda,

que Dios a su mal paso red le ofrece.

    Y como el pie enlazado en la red queda
25

el cazador acude diligente

sin que escaparse de sus lazos pueda.

    Aqueste bien que sigue es quien le miente

debajo de él el lazo está escondido

y andando por la cuerda no la siente.
30

    Y al paso que en la red se ve caído

se llena el pecho de terrible espanto,

que allí sus mismos pasos le han metido

    Ocupará sus hijos el quebranto,

la fuerza de su diestra: a su querida
35

mujer la aguarda la tristeza y llanto.

    Enfermedad a muerte parecida

sus miembros gastará: será arrancado

el más estable apoyo de su vida.

    Al miedo y a la muerte ya entregado
40

vendrá a ser su enemigo el heredero

con que todo su haber quede asolado

    Y ya sin esperanza todo entero,

los ramos con el tronco juntamente

se acabará por modo lastimero
45

    Y más, de la memoria de la gente

su fama se caerá ni será puesto

su nombre en plaza pública eminente,

    vendrá su nombre a sepultarse presto

en noche del olvido, y su memoria
50

desterrarán del mundo con denuesto.

    No habrá con hijos ni con nietos gloria,

ni quedará de su linaje alguno,

ni de su descendencia larga historia.

    Y cuando muera a todos de consuno
55

los mozos y los viejos que lo vieron

el pasmo y el temblor será importuno.

    Este es el fin de los que no sirvieron

a Dios de corazón, y la morada

de los que como brutos vida hicieron
60

con este triste fin es derrocada».


Capítulo XIX

[ARGUMENTO]

Responde Job. Cansado ya de oír una cosa por tantas maneras, no replica a sus impertinencias, sino hace de los males que pasa lastimosa historia. Profetiza la resurrectión postrera.

    De tan luengo escuchar atormentado

responde Job, y dice: «¿Hasta cuándo

seré de vuestros dichos fatigado?

    Ya sobre nueve veces baldonando

perseveráis mi mal, y cada hora
5

os vais más contra mí desvergonzando.

    Pues digo lo qu'he dicho hasta agora:

erré, pues quiero errar, y de contino

aqueste error comigo vive y mora.

    Por más que me digáis que desatino,
10

por más que porfiéis soberbiamente

que soy de cuanto mal padezco dino.

    Digo, porque entendáis más claramente

que a ser jüicio aqueste, el soberano

juez procedería no igualmente.
15

    Estoy por la siniestra y diestra mano

sitiado en derredor, y si voceo

llamando a quien me ayude llamo en vano.

    Bramo por ser oído, mas no veo

manera de jüicio, ni acusado
20

ni defendido soy, cual suele el reo.

    Veo que Dios los pasos me ha tomado,

cortándome la senda, y con escura

tiniebla mis caminos ha cerrado.

    Quitó de mi cabeza la hermosura
25

del rico resplandor con que iba al cielo,

desnudo me dejó con mano dura.

    Cortome al derredor y vine al suelo

cual árbol derrocado; mi esperanza

el viento la llevó con presto vuelo.
30

    Mostró de su furor la gran pujanza

airado, y triste yo como si fuera

contrario, ansí de sí me aparta y lanza.

    Corrió como en tropel su escuadra fiera

y vino y puso cerco a mi morada,
35

y abrió por medio della gran carrera.

    Hizo de mi dolor muy alejada

la ayuda de mis deudos; mis amigos

huyeron la amistad y fe olvidada:

    y los vecinos de mi mal testigos
40

huyeron, ¡ay!, y cuantos me trataban

me son como si fuesen enemigos.

    De mis puertas adentro los que estaban,

mis siervos, como ajeno me extrañaron,

como si huésped fuera me miraban.
45

    Estos labios que veis ya vocearon

al siervo que me huye más qu'el viento,

y con palabras blandas le rogaron.

    Y mi propria mujer huyó mi aliento

con asco y mis abrazos, y rogada
50

no quiso en su regazo darme asiento.

    ¿Qué más? Hasta la gente despreciada

me befan, y si dellos me desvío

hacen risa de mí cruel, malvada.

    Los qu'antes eran del secreto mío
55

abominan de mí, estos preciados

amigos me maltratan con desvío.

    Mis huesos al pellejo están pegados

y ya de consumidos brotan fuera

los dientes sobre el cuero señalados.
60

    Merced habed de mí, merced siquiera

vosotros mis amigos, que la mano

del alto me tocó pesada y fiera.

    Conténteos que no tengo hueso sano

sin que me acrecentéis mayor tormento,
65

no hartos de mi mal crudo inhumano.

    ¡Oh, quién me concediese que este cuento

quedase por escrito figurado

en libro que durase siglos ciento!

    O con buril de acero señalado
70

en plancha, o para ser más duradero

en pedernal durísimo formado.

    Si bramo, no por eso desespero,

bien sé que hay redemptor para mi vida

qu'el suelo hollará el día postrero;
75

    por quien después de rota, y consumida

mi carne reformada y mas dichosa

verá del jüez alto la venida.

    Yo mismo le veré, su luz hermosa

verán mis ojos sin estorbo alguno,
80

esta esperanza firme en mí reposa.

    Dígolo porque todos de consuno

Decís: "demos en él, que d'acosado

dará de su maldad indicio no uno".

    Temed, por Dios, temed el acerado
85

cuchillo, aquel cuchillo que apacienta

sus filos en las carnes del malvado

sabiendo que de todo ha de haber cuenta».


Capítulo XX

ARGUMENTO

Torna Sofar a la plática y dice que no se tendría él por quien es si no le respondiese. Dice que a los malos les sucede mal, y pinta para esto un malo levantado y caído; y encarece su caída contando por menudo todos los males della.

    Callábase ya Job, mas el Nemano

Sofar de enojo lleno y de despecho

volviendo contra sí la diestra mano

    «¿para eso -dice- tengo yo en mi pecho

saber? ¿Para ese fin dentro en mí mora
5

razón, que me reduce a lo derecho?

    Que si disimulando paso agora

afrenta me será cuanto he velado

y viento cuanto el pecho en sí atesora.

    Dime, ¿por aventura has olvidado
10

que desde que la tierra tiene asiento,

desde que en ella el hombre es sustentado,

    el canto del malvado es un momento,

al gozo del hipócrita fingido

en un abrir del ojo lleva el viento?
15

    Si levantare al cielo el cuello erguido,

si tocare a las nubes en alteza,

en rico trono altísimo subido.

    Como basura vil con gran presteza

del todo acabará, los que le vieron
20

dirán, ¿qu'es de él?, ¿qué se hizo su grandeza?

    Cual sueño volador que no pudieron

prenderle desparece, y más ligero

que las nocturnas sombras nunca fueron.

    Los ojos que le vían de primero
25

no le verán jamás, ni su morada,

ni el mármol peregrino, ni el madero.

    Sus hijos en pobreza avergonzada,

mendigos andarán y de sus manos

sustentarán la vida lacerada.
30

    Pues ocupó sus fuerzas en livianos

hechos de mocedad, tenga por cierto

que irán con él al polvo, a los gusanos.

    Súpole bien el mal, el desconcierto

al gusto lo aplicó y sin dejar nada
35

le dio por la garganta paso abierto.

    Dañósele el estómago, llegada

la mal dulce comida, en ponzoñoso

tóxico por las venas transformada.

    Cuanto tragó sin orden codicioso
40

lanzó con mortal vasca, y de su seno

lo saca Dios con brazo poderoso.

    Huyendo del vivir tendrá por bueno

qu'el áspide le beba sangre y vida

o lance en él la víbora el veneno.
45

    No quiso la vivienda enriquecida

de bienes inocentes del aldea,

de miel y de manteca bastecida.

    Quiso que ajeno mal su censo sea,

mas no gozará dél, ni de alegría
50

si rica con mil cambios l'arca vea.

    Pues contra el pobre el brazo convertía,

aunque pueda usurpar la ajena casa

jamás podrá fundar su tiranía.

    Pues que no conoció su hambre tasa
55

verá puesto en deseo y en bajeza

que toda ajena mano le es escasa.

    Cruel, no consintió que a la pobreza

sobrase de su mesa algún reparo

por donde será humo su riqueza.
60

    Cuando tuviere lleno el vientre avaro

reventará de harto, y cien dolores

harán que el mal bocado le sea caro.

    Y Dios descargará mil pasadores

vaciando en él la aljaba, y encendido
65

con ira lloverá sobrél temores.

    Del hierro huirá triste, afligido

dará sobrel acero, de un liviano

peligro dará en otro más crecido.

    Con la espada desnuda en alta mano,
70

con el amargo fierro relumbrante

le seguirá terrible el soberano.

    Tendrá por gran riqueza el mal andante

la más cerrada cueva y más escura,

y allí le lucirá su mal delante.
75

    Y para más dolor y desventura

en triste soledad será abrasado

en fuego que sin soplo vive y dura.

    El suelo con el cielo concertado

aqueste de sus vicios hará cuento,
80

aquel se le opondrá terrible, airado.

    Y Dios destruirá desde el cimiento

su casa, esparcirá toda su gloria

con ira, cual al polvo esparce el viento.

    Aquesta de los malos es la historia;
85

su granjería es esta, sus provechos

ansí los paga Dios, esta memoria

envían por los siglos de sus hechos».


Capítulo XXI

    Dio fin al razonar presuntuoso

el Nemano Sofaz; y Job responde

de ver que no le entienden cuidadoso.

    «¿Vuestro saber -les dice- a dó se esconde?

Dadme siquiera os ruego este consuelo
5

que vuestro pecho mi razón ahonde.

    Un rato la escuchad y de mi duelo

acaso os doleréis y si no es buena

mofad de mis trabajos sin recelo

    ¿Por ventura no es Dios con quien mi pena
10

pretendo averiguar? Si le mintiera

¿mi alma hablara de temor ajena?

    Catad a mi sentencia verdadera

veréis cual os admira y pone espanto

y enmudece esa lengua tan parlera.
15

    Que cuando yo lo pienso ansí me espanto

que de temblor mis güesos se ven llenos

en ver que el malo vive y crece tanto;

    y que con mano larga Dios los senos

les enriquece, y pasa con parientes
20

con hijos y con nietos días serenos.

    Gozan de suma paz entre las gentes,

han hecho con el miedo estable asiento

y nunca vieron del rigor los dientes.

    Su vaca sin aborto engendra ciento,
25

sus hijos cual enjambre de riqueza

dan saltos por las plazas de contento.

    Olvidan con el arpa la tristeza,

alegres gozan de perpetuo día

y pasan por la muerte con presteza.
30

    Y si miráis su gran sabiduría

dicen a Dios: "de ti nos alejamos,

no queremos tu senda ni tu guía.

    ¿Quién es el poderoso a quien sirvamos?;

¿por quién nuestra fortuna aventajarse
35

podrá, y que sin empacho le pidamos?".

    Aquesta es su razón, sin acordarse

que no son bienes suyos: mas mi pecho

nunca pudo con estos ajuntarse.

    Direisme, por ventura, con despecho
40

que su prosperidad al fin fenece

y en quebranto y dolor queda desecho;

    que vuela como paja que se ofrece

al viento y cual el polvo se deshace,

que con el torbellino desparece;
45

    que Dios lo mismo con sus hijos hace:

castígalos también y en la amargura

conoce que su vida a Dios desplace.

    Sus ojos son testigos de la dura

muerte de sus hijuelos, de su estrago
50

y bebe del gran Dios la saña pura.

    Mas decid el que cuida de ese trago

después de muerto, y que su gente muera,

demás que este tal vez aun no es su pago.

    ¿Acaso entre vosotros hay quien quiera
55

prestar al alto Dios sabiduría,

o de advertirle de algo se prefiera?

    ¿Y decirle por qué con alegría

este rico, feliz, y con bonanza

se muere sin gustar melancolía?
60

    ¿Y el otro sin descanso, y sin holganza,

fenece su prolija amarga vida?

Secreto que mortal ninguno alcanza.

    El polvo es de los dos común manida;

juntos los acompaña el vil gusano,
65

la corrupción igual allí se anida.

    No podéis encubrirme que es muy llano

que blanco mira vuestro pensamiento

y lo que contra mí forjáis en vano.

    ¿Decisme cuál ha sido el firme asiento
70

de Job el poderoso?: cual ha sido,

cual suele ser del malo el fundamento.

    Preguntad a los hombres que han corrido

la tierra y hallaréis si en su vïaje

esto mismo que digo han conocido.
75

    Y aun porfiáis por solo darme ultraje

que al malo guarda Dios para el tormento

y para que a la fin pene y trabaje.

    Mas decid: ¿quién de tanto atrevimiento

que al tirano en su rostro le condene
80

y le amenace su vivir exento?

    Que en esta vida en gozo se entretiene

y cuanto en el sepulcro es encerrado

aun puesto allí, entre gentes vida tiene.

    Reposa en su sepulcro descansado:
85

y si murió, la muerte no fue pena,

mas suerte general de lo criado.

    Pues ¿cómo pretendéis mi vida ajena

de gozo consolar si me zahiere

vuestra razón de mil calumnias llena,
90

que es el golpe cruel que más me hiere?».


Capítulo XXII

    El Temano Elifaz aún no entendiendo

las razones de Job, muy indignado

la causa de su Dios mal defendiendo

    le dice así: «bien tengo penetrado

tu pensamiento, Job, lo que tu pecho
5

con el saber de Dios tiene encerrado.

    Qué dices: ¿por ventura, de provecho

el hombre a Dios será por más que viva

de su prudencia grande satisfecho?

    ¿Obliga acaso a Dios a que reciba
10

parte de su vivir o cosa alguna

le presta su virtud entera y viva?

    ¿O acaso por temer la desmesura

del malo le castiga o entra en cuenta?

¿Ni al bueno premia Dios ni al malo apura?
15

    ¡Oh, qué razón tan libre y tan exenta

tu gran maldad castiga, pues sacaste

prenda al deudor sin causa y con afrenta.

    Al que desnudo estaba despojaste,

negaste aun al sediento la bebida,
20

la falta del hambriento despreciaste.

    A gente poderosa y más valida

tuviste algún respeto y le ofrecías

tus bienes liberal y sin medida.

    A la viuda triste no acudías
25

y sin piedad las fuerzas quebrantabas

de los güerfanos tristes que afligías.

    Por esto cuando menos lo pensabas

mil lagos te cercaron de repente,

que por huir del uno en otros dabas.
30

    ¿Gozar pensaste acaso el sol luciente

sin que la noche escura te cogiera,

siendo Job tu maldad tan eminente,

    y siendo tu vivir de tal manera,

como si el alto Dios allá en el cielo
35

contando las estrellas no estuviera?

    Decías en tu pecho sin recelo:

no puede ser con tantas nieblas vea

Dios lo que pasa en nuestro bajo suelo;

    de nubes la espesura le rodea
40

los hechos de los hombres nunca advierte

y solo por los cielos se pasea.

    Apruebas la razón de aquesta suerte,

de aquellos que en la antigua edad pasaron

gente en las fuerzas y maldades fuerte.
45

    Que sin sazón su vida remataron

cual árbol que a mal tiempo fue cortado,

cual casa que crecientes derribaron.

    Los que a su mismo Dios de mano han dado

y el pecho de los tales le estimaba
50

como si fuera Dios un apocado.

    Y es él quien con largueza les colmaba

de bienes, de riquezas mil el seno,

mas nunca mi alma su sentir alaba.

    Veranos algún día el justo y bueno
55

y mostrarase alegre en su caída

el que se siente de maldad ajeno.

    Dirá con mofa: la cerviz erguida

que tanto se empinaba vino a tierra,

su raíz en pavesa convertida.
60

    Ese coraje, pues, de ti destierra;

habla a tu Dios humilde y mansamente,

verás los bienes que tu alma encierra.

    Recibe de su boca ley prudente

por regla de tus obras y procura
65

guardarla dentro el pecho diligente.

    Si a él con intención y vida pura

te vuelves, fraguará lo que labrares

y alejará de ti su mano dura.

    El polvo si en el polvo edificares
70

volverá en pedernal y hará precioso

oro las duras piedras que tomares.

    Será tu alcázar firme el poderoso;

habrás con gran placer de tu enemigo

los guardados tesoros vitorioso.
75

    Tendrasle por tu amparo y por abrigo;

de siglo en siglo crecerá tu gusto

y mirarasle como a fiel amigo.

    Oirá lo que demandas sin disgusto;

oiralo y cumplirás lo prometido,
80

tu dicho como ley de lo que es justo

    será de todo el pueblo obedecido;

que lucirá en ti Dios, que a suma alteza

aquí los que se humillan ha subido.

    Aquel que reconoce su bajeza
85

nunca le desechó, que el inocente

no solo libra a sí, mas su limpieza

escapa de peligro a mucha gente».


Capítulo XXIII

    Con esto diera fin el de Temano

de su razonamiento satisfecho

y cual si en él venciera alegre y vano.

    Mas Job tornando a abrir de nuevo el pecho

le dice: «¡Ay, Elifaz, mal engañado
5

vives y en tu juzgar no vas derecho!

    En querellas me juzgas demasiado,

condenas mis gemidos por locura

sin atender la causa que me han dado.

    Pues hoy que con más ansia y amargura
10

publico a voces el dolor que siento

se engravece al dolor su mano dura.

    ¡Ay, quién me diese que a su erguido asiento

pudiera yo llegar! Alarde hiciera

allí de lo que encierra el pensamiento.
15

    Atento sus razones recibiera

mi culpa, y la razón que a tal le mueve

con pureza y verdad de él entendiera.

    Que cierto estoy por lo que a justo debe

que no me barajara con violencia
20

seguro a esto el corazón se atreve.

    Siguiera mi derecho en su presencia

adonde la verdad sólo es valiente

y en mi favor se diera la sentencia.

    Pero aunque más le siga en el oriente
25

no le descubro, ni en la parte adonde

reposa su calor el sol ardiente.

    De la región del Cierzo no responde,

del alto se nos muestra al mediodía,

su vista de mis ojos siempre esconde.
30

    Que pues conoce la inocencia mía

saliera de sus ojos acendrado,

como de sí la fragua el oro invía.

    Estoy de mi inocencia confiado

pues asenté en sus huellas con firmeza
35

sin traspasar la ley que el mismo ha dado.

    Mas pudo en mí su ley que la fiereza

de mi pasión que Dios nunca se altera

y su poder se mide a su entereza.

   Y aqueste mi suceso es verdadera
40

prueba de lo que el alto puede y sabe

con otros muchos que decir pudiera.

    Por tanto de su faz y aspecto grave

mi alma se turbó y espavorece,

si en ella aqueste pensamiento cabe.
45

    Su gran poder mis fuerzas enflaquece

y a tanta desventura el Abastado

me trajo que mi mal perpetuo crece.

    Porque no da lugar que sea cortado

el hilo de la vida, y que en el manto
50

obscuro de la noche, ya olvidado,

descanse libre de amargura y llanto».


Capítulo XXIV

    ¡Ay, vos -dice- juzgáis por lo presente!

Forzoso es vuestro error, que el Abastado

que todo lo conoce es diferente.

    Celebra en otros tiempos su juzgado,

pronuncia su sentencia en otros días
5

los cuales no conoce el sabio hinchado.

    Que en este a veces baña de alegrías

al que ocupó lo ajeno, al que apacienta

por suyas propias las ovejas mías.

    Al que de los despojos acrecienta
10

del güérfano su haber y no perdona

el buey de la afligida viuda hambrienta.

    Por quien la patria huye y abandona

el pobre y desampara casa y tierra

sin ver aun del tirano la persona.
15

    Otros como el salvaje cebro en sierra

sale presto y feroz y se despierta

al robo que la hambre le destierra.

    Siegan su mies que de continuo acierta,

acúdenle las viñas de manera
20

que el fin de su vindimia es suma incierta.

[...]

Capítulo XXV

    Aquí tornó el Suhí a tomar la mano

Bildad el de Suhí fundando hinchado

sentencias grandes de principio vano.

    «Con él -dice- el imperio está asentado,

con él la majestad y pavor mora,
5

por él lo alto y bajo es ordenado.

    Por dicha habrá quien sume lo que adora

y sirve en escuadrón a su bandera

gloriosa deste Rey y vencedora.

    Pues dime, puesto ante él, en qué manera
10

el hombre será justo, el producido

de hembra será limpio dentro y fuera

    Mira, la luna misma se ha escondido

delante su presencia y se escurece

las luces celestiales no han lucido.
15

    ¿Y piensas lucirá quien se podrece,

quien podre y corrupción por padres tiene,

quien al punto que nace desparece,

quien es gusano y de gusanos viene?».


Capítulo XXVI

    Ceñudo feneció, como si hubiera

sacado a luz algún secreto obscuro

Bildad; y Job le habló desta manera:

    «¿A quién poner procuras en seguro?

¿a quién defiendes, di?; ¿por aventura
5

a quien ni cava ciñe, ni alto muro?

    ¿A quién aconsejaste, a quién de obscura

noche pusiste en luz?; ¿al que carece

por dicha de saber y de cordura?

    ¿Es mudo o serlo acaso te parece
10

aquel por quien razonas? ¿No respira

por él cuanto aquí nace y s' envejece?

    Por su mano sumido en mar suspira

el soberbio linaje acompañado

de cuanto el sol de entonces cerca y mira.
15

    No hay lugar tan hondo ni alejado,

tan sujeto a tinieblas, tan perdido

que huya de su vista y su cuidado.

    Por él en el vacío fue extendido

el polo celestial, la grave tierra
20

sin apoyo por él tenida ha sido.

    En sus nubes recoge el agua y cierra

y en lluvia menudísima formada,

descendiendo fecunda llano y sierra.

    Encubre a nuestra vista su dorada
25

silla de majestad con niebla fría

por todo el aire espesa y derramada.

    Al mar que por la tierra s'extendía

con término cerró que permanece

en cuanto sucediere noche al día.
30

    Su voz increpadora que estremece

del cielo las altísimas moradas

a quien todo se allana y obedece,

    sonó, con que las aguas apartadas

dejaron descubierto el ancho suelo
35

de su altivez primera despojadas.

    Su espíritu esparció por todo el cielo

hermosísimas luces por su mano

tuerce el culebro en el ejido el vuelo.

    De lo que sabe y hace el soberano
40

es esta una pequeña y breve parte,

es poco lo que alcanza el seso humano,

que a todas sus grandezas ¿quién es parte?».


Capítulo XXVII

    Y luego prosiguió principio dando

a nuevos argumentos, hacia el cielo

los ojos y la mano levantando.

    Y dijo: vive el que mantiene el suelo,

que tiene de amargor mi alma llena
5

y sin juzgar me hiere tan sin duelo.

    Que en cuanto en mi nariz y pecho suena

el aliento de Dios comunicado

y la muerte mis días no cercena.

    Jamás lo verdadero he falseado
10

encubierto jamás lo verdadero

ni lo falso será en mi boca hallado.

[...]

Capítulo XXVIII

    «Tiene la plata -dice- conocidas

minas y sus lugares señalados

con señales el oro muy sabidas.

    De piedras y de polvos golpeados

se forma el hierro, el cobre se derrama
5

de terrones con fuego desatados.

    Cuanto en tinieblas tiene asiento y cama

la tiene por un tiempo, y finalmente

por obscura que esté levanta llama.

    Que a luz vendrá por tiempo aquella gente
10

que la mar de nosotros dividía

no vista ni pisada de viviente.

    Y en tierra donde agora pan se cría

saldrá volcán de fuego rebosando

humo que espeso robe el claro día.
15

    Sus piedras son zafires relumbrando,

y la riqueza allí de asiento mora

oro por el arena derramando.

    No conoce su senda voladora

ave, ni peregrino y extranjero,
20

buitres no la fallaron hasta agora.

    Ni con nave atrevida el trajinero,

ni aquellos corazones más altivos,

ni a ella ha penetrado el león fiero.

    Mas sin embargo desto sus esquivos
25

riscos serán por hombres trastornados,

rotos con mano osada sus estribos.

    Y de sus ricos montes socavados

el hombre pertinaz con su osadía

agua saca y tesoros acendrados.
30

    Y a lo que más del cielo se desvía,

a lo hondo del río cala y llega,

y cuanto dentro encierra saca al día [...]».


Capítulo XXIX

ARGUMENTO

Prosigue Job y cuenta su felicidad pasada y la honra que todos le hacían, el respeto que le tenían. Y con la memoria del bien pasado, acrecienta y aviva el sentido de la miseria presente.

    Y dijo mas: «¡Oh, quién me concediera

el ser lo que fui ya en tiempo pasado,

en tiempo cuando Dios mi guarda era!

    Cuando su resplandor en mi sagrado

lucía como antorcha, y yo hollaba
5

la noche con su luz clara guiado.

    Cual fui cuando la edad florida daba

vigor y hermosura al rostro, y cuando

en mi secreto el alto reposaba.

    Al tiempo que duró perseverando
10

comigo el poderoso, y me ceñía

colgada mi familia de mi mando.

    Cuando nadaba cuanto poseía

en leche y en manteca, y aun la dura

peña, de aceite ríos me vertía.
15

    Cuando de gloria lleno y de hermosura

salía al tribunal, cuando en los grados

mi asiento se mostraba en grande altura.

    Cuando de ante mi faz avergonzados

los mozos se escondían, los ancianos
20

en pie me recebían levantados

    ponían sobre su boca las manos

la gente principal en mi presencia,

no osaban razonar por no ser vanos.

    Los hombres que tenían eminencia
25

en sangre y en valor enmudecían

atentos esperando mi sentencia.

    Oídos que me oyeron bendecían

mi lengua, y con las señas aprobaban

los dichos que de mis labios salían.
30

    Cuando a los pobres que favor clamaban

libraba general amparo, hecho

de cuantos sin abrigo se hallaban.

    Bendito fui de mil a quien mi techo

dio vida, y de la viuda hice llena
35

la boca de loor, de gozo el pecho.

    Como de rico manto en luz serena,

así con la justicia me vestía

la rectitud mi joya y mi cadena.

    Al pobre que de vista carecía,
40

sus ojos era yo y aun del lisiado

tollido fui sus pies y su fiel guía

    por padre pïadoso reputado

de la pobreza fui; si contendían,

en sus barajas puse mi cuidado.
45

    A los que violentos oprimían

las muelas les deshice, y de la boca

les arranqué la presa que tenían.

    Y díjeme (mas ¡ay, cuán falsa y loca

salió la mi esperanza!) en mi reposo
50

traspasaré esta vida que me toca.

    No faltará a mi tronco copïoso

gobierno de las aguas, del rocío

mi campo no será jamás faltoso.

    Injuria no faré el rigor del frío
55

a las mis verdes hojas, siempre entero

relucirá en mi mano el arco mío.

    ¡Ay miserable engaño, ay, cuán ligero

voló todo mi bien, cuanto esperaba!;

¡cuán otro estoy de aquel que fui primero!
60

    Callaba quien me oía cuando hablaba

por no perder de mis palabras una;

en mí los ojos firmes enclavaba.

    Jamás contra mis dichos hubo alguna

manera de respuesta, yo influía
65

como en sujeto humilde sin ninguna

    dificultad. Mi habla descendía

cual lluvia en sus oídos deseosos,

como en sediento suelo agua tardía.

    Si me reía a ellos de gozosos
70

apenas lo creían; al sentido

estaban de mi rostro cuidadosos.

    En caminando a ellos, recebido

de todos, me sentaba en cabecera,

cual rey que de su corte está ceñido,
75

cual el que da consuelo en pena fiera».


Capítulo XXX

    «Mas ríen los muchachos de mí ahora

cuyos padres yo -dice- no pusiera

por guarda de mis perros por una hora.

    Tan inútil su mano y obra era,

tan inútil su vida tan no digna
5

de ver los años de la edad postrera.

    Con hambre dura y mendiguez contina,

sin arte de valerse vagueaban

por donde no se mora ni camina.

    Con malvas verdes que en la sombra hallaban
10

y con raíz de árbol tierna o dura

como con pan sus duelos sustentaban.

    Quien su traje miraba y su figura

al punto los lanzaba voceando:

¡fuera ladrón, afuera desventura! [...]».
15


Capítulo XXXI

    «Ley tuve de modestia con mis ojos

y de vergüenza -dice- establecida.

Que ¿para qué a doncella mis despojos?

    Que ¿qué merced me fuera concedida

del que en l'altura mora, o qué heredara
5

del que hace en el cielo su manida?

    ¿Por dicha su derecha y justa vara

no desmenuza al malo, y no desvía

al que su ley malvado desampara?

    ¿Por dicha la carrera y vida mía
10

a sus agudos ojos se escondiera,

y cuanto hago y pienso noche y día?

    Si con engaño y fraude yo anduviera,

si con ligero paso acelerado

en pos de la mentira yo corriera.
15

    Yo fuese en peso justo y fiel pesado,

en balanzas iguales, verdaderas

vería mi quilate el Abastado.

    Si decliné mis pies de sus carreras,

si guía al corazón el ojo ha sido,
20

si el mal tiznó la mano en burla o veras.

    Yo siembre, y mi sembrado sea comido

de otro; y todo cuanto produjere,

ramas, tronco, raíces destruido.

    Si preso de casada alguien dijere
25

que tuve el corazón, o que al vecino

la puerta le rondé, mostrar pudiere.

    Ajeno trigo muela en su molino

mi consorte en mis ojos, y sin velo

al torpe abrazo sirva de contino.
30

    Bien sé que es gran maldad, bien sé que el cielo

aborrece este hecho, y le condenan

la ley y los jüeces en el suelo.

    Es fuego abrasador que no l'enfrenan

hasta dar fin de todo a honra y vida
35

cuantas olas en mar hinchado suenan.

    Si desdeñé el jüicio, el ser medida

por igualdad de ley la diferencia

entre mi siervo contra mí movida:

    que cuando Dios viniere a dar sentencia,
40

yo creo que respuesta le volviera,

si así su voz sonara en mi consciencia.

    ¿Por dicha no os formé de una manera,

de un barro, de unos miembros y figura

a siervos y a señores dentro y fuera?
45

    Si a pobre deseché con vista dura,

si a viuda que los ojos me enclavaba

con largas la detuve en amargura;

    si mi mesa del pobre retiraba,

si mi bocado a solas le comía,
50

si el huérfano su parte no gozaba:

    que entrañas paternales desde el día

que vine a aquesta luz se me imprimieron,

y la piedad en mí, y la edad crecía.


Capítulo XXXII

    Los tres pusieron fin a su porfía

cansados de ver cuán pertinazmente

por justo Job y bueno se tenía.

    Mas luego el Elihú incontinente,

el Elihú Barceles buzïano,
5

nacido de alta y poderosa gente,

    con ira y con desdén tomó la mano

airado contra Job, porque arrogante

culpaba con su abono el soberano,

    y airado con los tres que están delante,
10

que dan a Job por malo y por malvado

sin convencelle con razón bastante:

    que a todas las razones que han pasado

callara por ser el de menos días,

guardando a la mayor edad su grado.
15

    Y violos que después de sus porfías

respuesta les faltaba. Grave y fiero

ansí soltó la lengua el de Bucías:

    «Soy yo y ansí me tengo por zaguero;

como sois más ancianos, encogido
20

no osé decir lo que hora decir quiero:

    que el sabio razonar, -dice-, y pulido

es proprio de los años, la ancianía

es quien ha de enseñarnos lo escondido.

    Mas veo agora que esto es burlería,
25

que el hombre se sustenta de su aliento

y Dios es quien le da sabiduría.

    No es sabio porque ocupa un alto asiento,

ni porque viva uno cien mil días

por eso tiene más entendimiento.
30

    Oíd atentos las razones mías,

que yo quiero también mostrar agora

de lo que alcanzo yo las fantasías.

    No os corté la razón, que hasta la hora

postrera os atendí, hasta que hubistes
35

dicho cuanto en vosotros se atesora;

    atento estuve a cuanto respondistes:

no veo de ninguno a Job vencido

ni aun respondelle bien nunca supistes.

    Y porque no digáis, buen seso ha sido
40

dejar a quien de Dios es desechado,

a quien su ira tiene entontecido.

    Aunque él su falta a mí no ha enderezado,

yo hablaré con él y por camino

iré que de vosotros no es hollado.
45

    Ansí que pues pasmastes y no vino

razón a vuestra boca cual cumplía,

ni supistes decir lo que convino,

    pues os sostuve atento noche y día

y en fin hechos estatuas y pasmados
50

dejastes no vencida la porfía;

    no quiero yo más ya tener cerrados

mis labios, quitaré a mi lengua el freno

y mostraré de mi saber los grados,

    que tengo el pecho de razones lleno
55

y ardo por hablar; y el ardor fiero

ondeando me ruge dentro el seno.

    Reventaré ansí cual nuevo cuero

revienta con el mosto en el cerrado

cerrado y sin ningún respiradero.
60

    Dirá la lengua, pues, lo que ha formado

el ánimo, y con ello satisfecho

contento quedaré yo y descansado.

    Dirá más sin lisonja no mirando

respecto ni con títulos fingidos
65

la bajeza del hombre en alto alzando.

    Que nunca de mí fueron conocidos

el mentir ni el fingir, ni sé la hora

cuando en breve mis días fenecidos

me llevará ante sé el que el hielo mora».
70


Capítulo XXXIII

    Mas dice prosiguiendo: «tu sentido

aplica Job agora a lo que digo,

pon todas mis palabras en tu oído.

    Que yo mi boca abrir quiero contigo

y hallé dentro la lengua meneando
5

decirte mi razón con pecho amigo.

    Del ánimo mi voz no desviando,

del ánimo que el bien tan solo mira

iré purezas llanas pregonando:

    que quien me trajo a luz ese me inspira,
10

del soplo de Dios vivo y de su aliento

el ánima alentada en mí respira.

    Si osas responderme, estame atento,

haz de tu ingenio alarde y animoso

está firme ante mí y de miedo exento.
15

    Cumpliose tu demanda, ves yo oso

tomar la voz por Dios y soy formado

de lodo como tú vil y asqueroso.

    Y no podrás de mí ser espantado

con majestad no vista, ni oprimido
20

con brazo poderoso y muy pesado.

    Pues digo que si bien te he entendido

dijiste: "en mi presencia abiertamente

con mis oídos mismos le he yo oído"».

    Dijiste: "puro soy, soy inocente,
25

la ley de Dios rebelde no he pasado

como guardada joya estoy luciente".

    Dijiste: "empero ya de mí enfadado

el amistad conmigo ha Dios rompido

con quejas coloradas que ha buscado;
30

    y en duro cepo a mis dos pies metido

y por cortar del todo la huída

con guarda a la redonda me ha ceñido".

    En eso pues tu lengua desmedida

en eso mismo peca porque excede
35

el alto a los mortales sin medida.

    Tu seso contender con él no puede,

ni es suyo dar razones por menudo,

que cuanto por su mano acá sucede

    en una o dos maneras si no pudo
40

entender el aviso a la primera

declara Dios su vicio al hombre rudo.

    Primero con imagen más ligera

en el lecho en la noche obscura y cuando

el sueño amodorrece la mollera,
45

    entonces en la oreja murmurando

avisa y amenaza su castigo

en formas diferentes demostrando,

    a fin que de su obra el pecho duro

se aparte, y con temprana emienda pueda
50

cubriendo su pecar hacelle obscuro.

    Y ansí del hado duro la cruel rueda

que la contina culpa apresuraba

torne, cesando ella, estable y queda.

    Mas si no dio aquí el fruto que esperaba
55

acude lo segundo con dolores,

despiértale en sus huesos guerra brava,

    y hace que turbados los humores

del manjar de la vida tenga hastío,

lo dulce lo convierte en amargores,
60

    deshácese la carne y pierde el brío,

los huesos se descubren escondidos

con el ardor con el rigor del frío.

    Y casi al paso extremo conducidos

sus días y la muerte le es vecina,
65

los últimos desmayos doloridos.

    Mas si ni en este estrecho aun no adevina

la causa de su mal, con el tercero

remedio el piadoso a él se inclina.

    Dichoso si le envía un mensajero
70

discreto, uno entre mil y bien hablado

que al camino le vuelva verdadero.

    Que de piedad entonces Dios tocado

dirá, no muera ya, tornalde a vida

que ya para aplacarme he causa hallado.
75

    Y al punto como a un niño ansí lucida

su carne torna y muelle reducido

al tiempo alegre de su edad florida.

    Alabará al Señor enternecido

con entrañable amor, y muy gozoso
80

verale, y verá en sí lo que es y ha sido.

    Y dando a Dios loor en copïoso

pueblo dirá: pequé, fui condenado

con ley, y fue en mi pena Dios piadoso.

    ¿No veis cuál de la muerte me ha librado
85

y cómo ha reducido l'alma mía

al viso dulce deste sol dorado?

    Pues ya ves de qué modo Dios porfía

una, dos y tres veces inspirando

en el varón que ciego al mal corría,
90

    solo por retraelle que pecando

no muera el miserable y dalle asiento

en luz la que los vivos van gozando.

    Adviérteme bien, Job, estame atento,

encima de la boca pon el dedo,
95

óyeme en cuanto sigo lo que siento.

    Si tienes qué decir yo estaré quedo,

yo callo, tú replica y te defiende

que amo tu defensa cuanto puedo.

    Empero si no puedes lo que ofende
100

tus dichos rebatir, escucha agora,

la boca cierra y el oído extiende

publicaré el saber que en mi alma mora».


Capítulo XXXIV

    Y a la pasada plática añadiendo

otras razones nuevas y mayores

ansí habló el buzites prosiguiendo:

    «Oíd los qu' os preciáis de sabidores,

a mis palabras dad atento oído
5

vosotros de los doctos los mejores.

    Que del buen razonar o del perdido

la oreja es el jüez y de la buena

vianda el paladar tiene sentido.

    No reine aquí el enojo y ciega pena,
10

hablemos sin pasión, templadamente

y luego se verá del bien la vena.

    Y el mismo Job verá, cuán malamente

habló cuando ansí dijo: "No he pecado

hiriome, sin juzgar, Dios crudamente".
15

    Y cuando dijo: "¿Qué, yo a mí malvado

mintiendo me haré? nunca tal sea

quel fiero mal que paso es sin pecado".

    Mas di, por Dios, en cuanto el sol rodea

¿quién bebe como tú sin tasa y miedo
20

la mofa y la blasfemia torpe y fea?

    De pies has dado en cuanto juzgar puedo,

en aprobar del mal la grey perdida

y el ofender a Dios con pecho ledo.

    Que dices: No por eso ni herida
25

será ni más feliz la suerte humana

porque ha seguido Dios toda la vida.

    Oídme, pechos sabios, no profana

ni mezcla su bien Dios con el pecado,

ni mira con favor la ley tirana;
30

    qu'el hombre que mal hace ansí es pagado:

cual son de cada uno los caminos

tal es el paradero do es llevado.

    Que dios y sus jüicios son divinos

derechos, y que ni ira los malea,
35

ni gracia los corrompe, ni padrinos.

    Que ¿quién gobierna el mundo y le rodea?

¿Hay otro sobre Dios que visitando

la tierra en lo qu'él falta lo provea?

    Él sólo le fundó y si mirando
40

hincare el corazón y blandamente

su aliento así llamare respirando,

    al punto cuanto mira el sol luciente

deshecho caerá y a su primero

polvo se volverá la humana gente.
45

    Esta razón te baste; si de entero

seso dotado estás, atiende y mira

que quien gobierna al mundo es justiciero.

    Y allende desto, dime, ¿sirve a l'ira,

desama la equidad, quien tan piadoso
50

nuestras mortales llagas cura y mira?

    ¿Osas poner mancilla en Dios glorioso?

¿Decir mal, di, del rey o del privado

tiéneslo por seguro o por honroso?

    ¡Y cuánto menos dél, que ni ensalzado
55

respecta, ni le pone antel mendigo

por cuanto él solo a todos ha criado!

    ¿Dél, que en un punto acaba a su enemigo

y hace que en mitad de su reposo

le mate en un motín su pueblo amigo?
60

    ¿Dél, qu' es tan veedor cuan poderoso

que alcanza con su vista y determina

los pasos del más falso y engañoso?

    No hay tan profunda noche, tan malina

sombra de obscuridad, do el malo pueda
65

quitar de sobre sí la luz divina.

    ¿Dél, que la presurosa eterna rueda

que lleva a ser juzgados los mortales

no dio qu'el malo la tuviese queda?

    ¿Dél, que derrueca al suelo mil reales
70

cetros desmenuzados, y establece

otros después en altos tribunales?

    ¿Dél, que cuanto vicioso no parece

lo hace manifiesto a sus autores,

los quebranta en el punto que amanece,
75

    y bien como a notorios malhechores

los hiere con espada justiciera

en plaza de infinitos miradores.

    Y dice la voz alta, pregonera

por cuanto no siguieron la divina
80

huella, ni su doctrina verdadera.

    Hasta que por su causa la mesquina

voz del opreso pobre entró al oído

de aquel que a la humildad su oreja inclina.

    ¿A quién da Dios reposo, que nacido
85

podrá ponelle en mal?; mas si él olvida,

¿qué hombre o qué reíno no es perdido?

    Al punto se apodera dél torcida

vara que lazos arma do lacere

la gente pobre y mísera caída.
90

    Mas, pues es proprio a Dios cuando mas hiere

decir: "la mano alcemos y el castigo

y torne a dulce vida el que ya muere".

    Dile: "Si no miré bien lo que digo

enséñame, Señor, y si he pecado
95

a no pecar ya más a ti me obligo".

    ¿Mofas? ¡Como si fueses tú el dechado

del bien! Mas di: ¿no hablaste tú primero?;

preguntote en qué cosa has acertado.

    Los sabios cuyo dicho es verdadero
100

alaban mis razones, y allegados

los doctos me hacen auditorio entero.

    Tus dichos son los faltos y menguados

de todo buen saber; de entendimiento

ni de doctrina alguna son dotados.
105

    ¡Ojalá que arrancado de cimiento

diese fin el señor a este perdido

y fuese de blasfemos escarmiento!

    Porque según procede el atrevido

añadirá pecados a pecado
110

y hará con mil visajes sin sentido

un cerro de blasfemia amontonado».


Capítulo XXXV

    Mostrándose por horas más turbado

y calentando el pecho la porfía

el hijo de Barzel ansí ha hablado:

    «¿Parécete, di, Job, que permitía

jüicio, que tu seso a Dios dijese
5

tu justicia es menor, mayor la mía?

    Que si este mal en ti no se ascondiese

no dijeras: ¿qué gano de ser bueno?

¿qué, si como la nieve me volviese?

    Oye pues de mi voz agora el trueno
10

que a ti probaré yo y a quien te ayuda

que tú eres, tú, el que ganas en lo bueno.

    Levanta y mira el cielo que se muda

y sube más arriba al estrellado,

del suelo alejadísimo sin duda.
15

    Mas lejos está Dios de ser dañado

de los pecados tuyos; si hicieres

un monte de maldad ¿qué l'has quitado?

    Y por contrario modo, si lucieres

purísimo ¿qué das al rey del cielo?
20

¿Será él más rico tú si justo fueres?

   A ti y al que cual tú mantiene el suelo

el camino torcido o el derecho

conduce a triste fin o a gran consuelo.

    Dirás: pues si Dios juzga por derecho
25

¿por qué tan grande copia de oprimidos

gritando rompen cada día el pecho?

    ¿Por qué? Porque no llevan sus gemidos

a Dios que los formó y que en la obscura

noche despierta al canto sus sentidos;
30

    y que los alumbró con luz más pura

que a los brutos terrestres animales,

que a las aves que vuelan por l'altura.

    Ansí que no oye Dios a aquestos tales

librándolos por más que así voceen
35

del soberbio poder de otros mortales.

    Mas es falso decir que no proveen

las manos del Señor, o que su oído

es sordo, o que sus ojos no nos veen.

    Antes, cuando estuviere más dormido
40

a lo que te parece, ten por cierto

que juzga y susténtate en gemido.

    Y aun hora si en ti hubiera algún concierto

debrías confesar que no usa de ira,

que el castigo es menor que el desconcierto.
45

    Mas todo es vanidad, todo es mentira

cuanto ha sabido hablar este cuitado,

y ha como hombre tonto o que delira

palabras mil sin seso amontonado».


Capítulo XXXVI

    Y nuevos argumentos añadiendo,

por dar mayor firmeza a lo pasado,

abrió Eliud la boca ansí diciendo:

    «Espérame y atiende, que no he dado

a mis palabras fin: que todavía
5

por Dios razones nuevas han quedado.

    De lueñe mi discurso toma y guía

agora la razón, agora quiero

defienda a su hacedor la lengua mía.

    Firmísimo discurso y verdadero
10

de quien agora habla, Job, contigo

en perfección de ciencia es el primero.

    Todo ama su igual, todo es amigo

de lo que le semeja: Dios es bueno,

es sabio, es poderoso, tú el testigo.
15

    Luego no da favor, no admite al seno

al malo; luego al bueno y afligido

siempre da su derecho entero y lleno.

    No aparta dél los ojos ni el oído,

y por sus grados ciertos le levanta
20

al trono por los reyes poseído.

    Mas si dices que a veces los quebranta,

los sujeta a durísima cadena,

los ciñe y cerca con miseria tanta.

    Es para que conozcan por la pena
25

algunas faltas suyas que crecían,

de que aun la vida justa es siempre llena.

    Para que oigan lo que oír debían,

los oídos les tuerce, y los advierte

del camino perdido que seguían.
30

    Si oye y obedece y se convierte

en paz fenecerá su luenga vida

y la dulzura en él sus bienes vierte.

    Mas si sordo durare en la torcida

manera de vivir, espere espada,
35

espere olvido y suerte dolorida.

    Qu'es proprio de la gente muy malvada

cuando encienden a Dios el pecho en ira

callar aunque se vea aprisionada.

    Por donde a estos Dios su aliento tira
40

en los floridos años consumidos,

en deleites bañados, en mentira.

    No así con sus humildes y rendidos

que les será salud y entre sus males

les hablará consuelo a los oídos.
45

    Y a ti, si tus sentidos fueren tales,

te saca deste estrecho a grande anchura

más dulce que son dulces los panales.

    Tu pleito que hasta agora apena dura

ansí como a malvado te condena
50

convertirá en sentencia de soltura.

    Ni cuando sobre ti fulmina y truena

te dejes descaer, ni con regalo

el paso tuerzas; ni con luz serena.

    Que si perseverares en lo malo
55

ni oro, ni clamor, ni fuerza o arte

te librará del afrentoso palo.

    No duermas, confiando será parte

el pueblo bullicioso conjurado,

ni muchos pueblos juntos a librarte.
60

    ¡Ay, guarda, no prosigas el herrado

camino de maldad que comenzaste

al punto que te viste castigado!

    Mas ¡oh, Señor, cuán alto te encumbraste

en saber, en poder, en fortaleza,
65

en cuanto hiciste, y cuánto sentenciaste!

    ¿Qué ingenio tan subido, qué agudeza

o pudo penetrar tu seso o pudo

argüir tu justicia de flaqueza?

    No seas, pues, tú, Job, tan torpe y rudo
70

que olvides este bien que el mundo admira,

que calles lo que a voces dice el mundo.

    Que todo lo que vive aquí y respira

contempla esta labor maravillosa,

el que de lueñe y el que de cerca mira.
75

    Mayor es Dios, mayor que cuanto osa

tu seso presumir, su luenga vida

ni número la encierra ni otra cosa.

    Seca la nube y pónela en huida,

o si quiere la envía sobre el suelo
80

en largos hilos de agua convertida.

    Tiende su pabellón por todo el cielo,

de donde menudísimo gotea,

y cubre monte y llano escuro velo.

    Con temeroso estado se pasea
85

y envía resplandor que corre y vuela

por cuanto la mar húmida rodea.

    Tiene la disciplina allí y la escuela

del mísero mortal, y juntamente

de allí con mano llena le consuela.
90

    El rayo de la luz resplandeciente

asconde en tristes nubes y si quiere

en ellas reverbera reluciente.

    Y antes que el nublado al sol cubriere

la vaca por él mismo amaestrada
95

lo avisa al labrador que lo advirtiere

en alto la nariz abierta, alzada».


Capítulo XXXVII

   «Y sobre todo en esto se estremece

mi corazón turbado, y mi sentido

sacado de sus quicios desfallece.

    Que de improviso el uno y otro oído

os hinche con su voz de espanto llena,
5

con trueno de su boca producido.

    Primero resplandece y después truena;

primero sobre cuanto cubre el cielo

descubre de su luz tendida vena,

    y brama luego al punto y tiembla el suelo,
10

y suena con la voz de su grandeza

que pasa con ligero y presto vuelo.

    Rasga tronando el aire con braveza,

con nueva maravilla, poderoso

de lo que sobrepuja toda alteza.
15

    Manda que estén las nubes de reposo

por montes y por llanos, que descienda

el humor de las lluvias copïoso.

    Las manos sella el frío y pone rienda

el rigoroso yelo derramado
20

para que en su labor el hombre entienda.

    Huyen las alimañas al cerrado

abrigo de sus cuevas, y allí puestas

pasan morando todo el tiempo helado.

    De las partes del Ábrego repuestas
25

vienen las tempestades, viene el frío

del que limpia de nubes llano y cuestas.

    Él sopla y con su soplo enfrena el río

y pierde el agua puesta en duro estrecho

de su vago correr el desvarío.
30

    Y a veces con sereno cierzo ha hecho

venir la nube llena de agua fría

que embriaga los campos con provecho.

    Por todo a la redonda el paso guía

por consejo de quien es gobernada
35

y hace su querer de noche y día.

    Con ella anega a la nación malvada,

con ella fructifica valle y sierra

y de la pobre gente se apïada.

    Aparta agora Job, de ti y destierra
40

la saña, y mira bien y atentamente

las maravillas que en sí Dios encierra.

    ¿Sabrás, por dicha, tú puntualmente

la causa porque Dios manda al nublado

que cubra o que descubra el sol luciente?
45

    ¿Sabrás quién le extendió y quién colgado

le tiene en cierto peso, maravilla

del que en todo es perfecto y acabado?

    ¿Por qué la vestidura más sencilla

si sabes di calienta cuando espira
50

el que refresca la africana orilla?

    Al cielo Job, los ojos alza y mira,

y di si tú por caso le forjaste

vaciado como espejo en que se mira.

    Enséñame qué diga, tú que hallaste
55

la lumbre, que yo puesto en noche escura

ni tengo lengua ni saber que baste.

    Mas ¿qué razón podrá de criatura

decirlo?, o ¿quién tan sabio e ingenioso

que puesto no se pierda en tanta hondura?
60

    Ya pone escuro el aire y nebuloso,

ya con un blanco soplo desterrada

la nube, resplandece el sol hermoso.

    El norte nos envía luz dorada,

y Dios por todas partes nos convida
65

a reverencia con loor mezclada.

    Qu'es grande su poder, no conocida

la suma de sus ricos bienes, santo,

justo, gran amador de justa vida.

    No subirá en valor ninguno tanto
70

que no le tema y tiemble, ni habrá alguno,

que hinque en el los ojos sin espanto,

aunque más sabio sea que ninguno».


Capítulo XXXVIII

    Aquí callaron todos, mas queriendo

dar fin con la verdad a las porfías,

d'entre las nubes Dios sonó diciendo:

   «¿Quién es este que hablando demasías

su buena causa encubre y oscurece
5

el consejo de mis sabidurías?

    Ya lo que deseabas se te ofrece.

¡Sus, cíñete varón, y dime ahora

a lo que digo, lo que te parece!

    ¿Adónde estabas, dime, al punto y hora
10

que a plomo cimentaba yo la tierra?

Declara aquí la ciencia que en ti mora.

    ¿Quién hizo por medida llano y sierra?

¿Quién levantó nivel, colgó plomada

en todo lo que el ancho suelo encierra?
15

    ¿Qué apoyos, dime, tiene?; ¿en qué fundada

está su redondez? ¿Por cúya mano

la piedra de la clave fue asentada?

    Las lumbres celestiales a una mano

cantaban alabanzas, y el senado
20

angélico con gozo soberano.

    ¿Quien, di, con puerta y llave, quién cerrado

detuvo el mar al punto que nacía

de golpe y de tropel soberbio, hinchado?

    Cuando como con manto le cubría
25

de nubes, y con niebla espesa escura

como con faja a niño le envolvía.

    Y ley le establecí, que siempre dura,

y púsele firmísimos candados

y puertas con eterna cerradura.
30

    Y ven, dije, hasta aquí; los situados

límites no traspases; aquí sean

los bríos de tus olas quebrantados.

    Y di, por aventura, si se emplean

tus días en los carros del'aurora,
35

guiándolos al puesto que pasean,

    para que su luz bella alumbre ahora

aquesta zona vuestra, ahora aquella

y la gente destierre malhechora;

    y mude como cera en que se sella
40

el traje de la tierra y su figura

seca, verde, florida, yerma, bella.

    Conforme es de los malos la ventura

instable, que si lucen prosperados

paran en noche eterna y desventura.
45

    Y dime si por dicha penetrados

han sido ya de ti los hondos mares

los abismos secretos, apartados.

    ¿Abriose a ti la puerta en los lugares

a do vive la muerte dolorosa,
50

la casa de tinieblas y pesares?

   ¿Sabes, por aventura, la espaciosa

y grande redondez, y sus anchuras,

y la propria razón de cada cosa?

    Pues dime, si lo alcanzas, ¿en qué alturas
55

la luz manida tiene, o en qué cuevas

moran las horas de la noche escuras?

    ¿Podrás por aventura darme nuevas

de cómo a su morada las conduces

y guías por las sendas della y llevas?
60

    O dime, si supiste, a cuántas luces

habías de venir a aquesa vida,

tus años muchos, y tus graves cruces.

   Y dime: ¿dónde tengo recogida

la nieve y sus tesoros, dónde tengo
65

multitud de pedrisco apercebida

    para el amargo día, cuando vengo

con el opuesto ejército a las manos

y a mi furor la rienda no detengo?

    Y dime los caminos soberanos
70

por do la luz se esparce, por dó vienen

los soplos calurosos y malsanos.

    Quién abre las acequias que contienen

las lluvias con relámpagos mezcladas,

con truenos que a los hombres enajenen.
75

    Por dónde sus corrientes son guiadas

a partes que los hombres nunca vieron,

a selvas y a regiones no holladas.

    Con qué su sed los yermos despidieron

y hartos de agua fértil y floridos
80

de flores y de yerba se vistieron.

    Di el padre de las lluvias y estampidos,

de las sabrosas gotas rociadas,

al apuntar del día en los ejidos.

    ¿De qué vientre, di, nacen las heladas,
85

quién engendró la escarcha, quién el yelo,

quién las nieves blanquísimas sentadas?

    Convierte en piedra dura el puro cielo,

las aguas y las traba y las detiene,

y cubre con ajeno traje y velo.
90

    ¿Tu ñudo por ventura en orden tiene

las luces de Chimah?; ¿al Chesileo

desatas si te place o te conviene?

    Por tu mano e industria a lo que veo

juntaron sus figuras los luceros
95

ahora en modo hermoso ahora en feo.

    ¿Sabes del cielo los eternos fueros?,

¿o por ventura imprimes tú en la tierra

el ser de aquellos cuerpos verdaderos?

    ¿O cubres tú con niebla campo y sierra?;
100

¿o porque oyó tu voz y tu mandado

con nube espesa el agua el aire cierra?

    ¿Por ti, por dicha, el rayo es enviado

y dícete dispuesto y obediente

tú mandas, que a mi toca el ser mandado?
105

    ¿Quién puso en las entrañas de un viviente,

de un hombre terrenal sabiduría?;

¿y en el gallo un instinto tan prudente?

    ¿Quién cantará como él de noche y día

las horas celestiales sus momentos?,
110

¿quién contra el sueño alerto ansí porfía?

    Desde que de la tierra los cimientos

sobre el profundo centro se fundaron

desde que los primeros polvos lentos

en terrones sin cuento se apiñaron».
115


Capítulo XXXIX

    Y dijo: «¿Proveerás tú, por ventura,

de caza a la leona que ha parido

o a la hambre de sus hijos dura,

    cuando encorvados dentro su escondido

acechan por la presa deseada
5

por el manjar y pasto prometido?

    Al pollo de la cuerva descordada

que grita por comer y me vocea

me digas su ración ¿por quién l'es dada?

    De la montesa cabra en la rifea
10

montaña, o de la cierva temerosa

el parto, y la preñez me di cuál sea.

    Encórvase gimiendo dolorosa

por dar a luz el parto quebrantado,

el dolor, el gemido no reposa.
15

    En breve el cervatillo reparado

al pasto por los montes se desvía,

del pecho de la madre ya olvidado.

    Al asno, di, salvaje ¿quién le guía?,

¿quién le soltó las riendas?, ¿quién le lleva
20

libre por las montañas noche y día?

    Al cual las soledades di por cueva,

por morada los yermos salitrales

que azada no tocó ni rompió esteva.

    Desprecia de los míseros mortales
25

el trato, y del puro alcabalero

las voces no conoce desiguales.

    Contempla de las cumbres del otero

los campos de su pasto, y do florece

en verde yerba el suelo va ligero.
30

    De la vada me di si te parece

que te querrá servir, y hacer manida

contigo, cuando el aire se oscurece.

    ¿Por dicha para el sulco al yugo asida

della te servirás, osado, haciendo
35

que tus tierras cultive ansí traída?

    ¿O por caso su grande fuerza viendo

la fías tu cosecha y sementera

a ella todo el cargo cometiendo?

    Dime si fiarás que trille l'era,
40

que todo lo sembrado y producido

lo recoja y encierre en tu panera.

    El avestruz que en ala y cuello erguido

en pluma galanísima, ¿o es ave

o puede bien por ave ser tenido?
45

    Cuando en l'arena al sol sin puerta y llave

deja sus huevos, di, ¿quién los abriga?

¿Tú eres, o yo soy el que lo sabe?

    La madre no los cubre ni se obliga

que el pie no los esparza, ni patee
50

ni acuerdo tiene dellos, ni fatiga.

    Endurécese cruda y nunca vee

sus hijos, mas no suyos, pues los deja

sin que el temor la aparte ni la ojee.

    Della el acuerdo y el saber s'aleja;
55

no le cupo mayor entendimiento,

de su parte no cura ni se aqueja.

    Mas cuando ensalza el ala, en movimiento

al caballo traspasa y caballero,

ligera en la carrera como el viento.
60

    ¿Eres tú, por ventura, el que al guerrero

caballo proveyó de valentía,

quien de relincho le ciñó el garguero?

    ¿O que con fuerza salte y gallardía,

o que bufe le das, y ponga miedo
65

de su nariz el brío y lozanía?

    Cava la uña el suelo, y con denuedo

va para el enemigo y acomete,

ni freno le contiene ni voz quedo.

    No conoce temor, ni espada mete
70

espanto en sus entrañas, ni rüido

de golpes poderosos sobre almete.

    Ni encima dél la aljaba y su sonido,

ni la temida lanza blandeando,

ni el acerado escudo combatido.
75

    Herviente y furibundo, deseando

el son de la trompeta sorbe el centro,

no cree que llegará jamás el cuándo.

    Al punto que la oye alza el viento

y dice ¡halaha!, porque adivina
80

encuentros, golpes, voces, su contento.

    Y dime si a la muda se avecina

el gavilán por ti, si bate y tiende

las alas renovadas, y se empina.

    ¿O eres tú por quien en alto extiende
85

el águila su vuelo, y hace nido

adonde con la altura se defiende

    en apartadas breñas, en subido

peñasco, en pico altísimo tajado,

en risco que no puede ser vencido?
90

    De allí la cara presa ha contemplado,

que de muy lejos ve lo que conviene

para el sustento de su nido amado.

Con sangre de la caza le mantiene

que huele sangre el pollo, y donde quiera
95

que siente cuerpo muerto presta viene.

    Ansí le hablara Dios la vez primera

y viéndole que nada respondía,

tornole a preguntar desta manera.

    ¿Pues tienes ya por seso y valentía
100

comigo pleitear? ¿Ansí ha cesado,

ansí calla quien tanto prometía?».

    «-Soy polvo -dijo entonces-, desechado

pongo en la boca el dedo y solo digo

una vez y dos veces que no es dado
105

a mí ni a nadie barajar contigo».


Capítulo XL

    Tornó Dios otra vez a preguntarle

de nubes rodeado y de tronido

a fin de más y más perficionarle.

    Y dícele: «Los lomos, sús, ceñido

afila tu razón tan acendrada,
5

y enséñame después de haberme oído.

    Pregunto si por ti será anulada

mi sentencia y si para ser tú bueno

harás que mi bondad sea condenada.

    Dime: ¿tienes el pecho y brazo lleno
10

de fuerza, como yo, y de valentía

o truenas, por ventura, como trueno?

    Si puedes, de grandeza y gallardía

de gloria y resplandores tu persona

adorna, como adorno yo la mía.
15

    Ensancha tus narices, alza, entona

la voz contra el soberbio, por el suelo

derrueca la cerviz que s'enarmona.

    Rompe de la arrogancia altiva el velo,

desnuda su bajeza, y por la tierra
20

y bajo de tus pies la pon sin duelo.

    A los malos si puedes los destierra

y cubre con mortaja; en sepultura

escura y miserable los entierra.

    Que si esto haces, yo, por aventura,
25

confesaré que puedes con tu mano

formar como quisieres tu ventura.

    Mas dime a Behemoth ¿quién le hizo humano?

tan manso que de yerba se mantiene,

de yerba como buey y heno vano.
30

    Con lomos fuertes sobre sí sostiene

con fuerte vientre en lazo estrecho asido

el castillo con cuanto en sí contiene.

    Bien es igual al cedro más crecido

la cola que menea, y lo allegado
35

con niervos como ramas muy tejido.

    Sus huesos, cobre con metal mezclado,

canutos son de acero sus canillas

o de hierro durísimo colado.

    Es una de mis grandes maravillas,
40

de mis primeras obras señaladas

de las qu'es de mí sólo el destruillas.

    Los montes le dan yerba y las cañadas

lo que por pasto alegre bastaría

a cuantas alimañas hay juntadas.
45

    Mora debajo de la sombra fría,

de árboles y cañas, en el cieno

y en el pantano hondo es su alegría.

    El bosque espeso y de ramas lleno

le cubre con su sombra, y la sauceda
50

que baña el agua es su descanso ameno.

    Del río adelgazado tiene queda

si bebe, la corriente y se presume

que ni el Jordán henchir su boca pueda.

    Le sorbe hasta el suelo y le consume
55

adonde la enterrada estaca aguda

por la nariz herida se le sume.

    ¿Podrás al Leviatán con red menuda

prenderle o con anzuelo disfrazado

hacer que al cebo codicioso acuda?
60

    ¿Pondrás en su nariz cercillo osado

o puedes travesarle las quijadas

con duro garabato ensortijado?

    Humilde a lo que creo y ya olvidadas

las iras, te suplica blando en ruego
65

con palabras graciosas, enmeladas,

    y de sí mismo te hace largo entrego,

y jura no salir de tus prisiones

hasta que al mundo le consuma el fuego.

    ¿Como a pájaro preso en los balcones
70

le tienes de tu casa, por ventura,

y hacen con él fiesta tus garzones?

    ¿Harás con él banquete en noche escura

por dicha a tus amigos repartido

por los trinchantes sobre tabla dura?
75

    En redes como a pez le habrás asido,

en nasas que compone el mimbre verde

en garlitos de junco entretejido.

    Yo fío que escarmiente y que se acuerde

cualquier que le tocare con el dedo
80

de no trabar más lid que tanto muerde.

    De su esperanza vana y su denuedo

traído locamente y mal burlado

verá que de mirarle solo el miedo

le tiende por el suelo desmayado».
85


Capítulo XLI

   «Mas ¿quién es tan osado que a tal mostro

despierte a pelear? Pues, y comigo

¿quién osará ponerse rostro a rostro?

    ¿Ganome por la mano alguno, digo

cuanto perficioné las criaturas?
5

Todas son mías, y ellas son testigo.

    Mas no quiero callar ni las figuras

ni los valientes miembros d'esta fiera,

ni sus facciones, ni sus composturas.

    La tela que la cubre por de fuera
10

¿quién l'alza?, ¿quién con duro y doble freno

le osa encabestrar la boca fiera?

    Las puertas por do s'entra al hondo seno

de su espantable boca, ¿quién las vido,

y el cerco de sus dientes d'horror lleno?
15

    Las conchas de su cuero endurecido

fortísimos escudos acerados

qu'el uno con el otro está cosido.

    Los unos con los otros tan sellados

que no descubren chica o grande entrada,
20

ni para ser del aire penetrados.

    Ansí son sus escamas, tan llegada

cad' una a su vecina, y tan asida

que no podrá jamás ser apartada.

    Llama sus estornudos encendida,
25

los ojos rasgadísimos parecen

arreboles del sol en su salida.

    Por la boca despide y resplandecen

centellas poderosas hechas fuego

que en alto suben y se desparecen.
30

    De la nariz le sale espeso y ciego

humo como de olla rodeada

de llamas hervorosa y sin sosiego.

    Al ardor de su aliento la mojada

leña se abrasará, que es rayo ardiente
35

cuanto le sale por la horrible entrada.

    Es el reposo su cerviz valiente

de todo lo robusto y fuerte, y lleva

el destrozo ante sí continamente.

    Es maciza su carne y hecha a prueba,
40

sus partes muy unidas y trabadas,

no hay brazo fuerte qu' apartarlas pueda.

    No hay piedras ni tan duras ni apretadas

cual es su corazón, decirte puedo

ser más duro que yunques golpeadas
45

    Si alza la cabeza, no hay denuedo

que baste, que a los hombres esforzados

desata el vientre y corazón su miedo.

    De brazos poderosos arrojados

ni dardos le traspasan, ni armadura,
50

ni en sabia fragua estoques bien templados.

    Del hierro no se guarda ni se cura

más que de flacas pajas, y el acero

es palo frágil a su carne dura.

    No huye ni de flechas ni flechero,
55

ni de la fuerte piedra rodeada

con estallido de honda y brazo entero.

    La hacha d'armas della es reputada

como si fuese astilla, y se escarnece

de lanza con cuchilla aguda armada.
60

    Del sol los rayos cubre y escurece

y se recuesta como en blando lecho

sobre puntas agudas si se ofrece.

    Hace que hierba cuando opone el pecho

cual olla el hondo mar y cual caldera
65

adonde los aceites junta han hecho.

    Deja por donde pasa gran carrera

y hace parecer de canas llenos

los espumosos mares por de fuera.

    No vive ni en la tierra ni en los senos
70

hondísimos del mar tal terribleza,

de quien todos los miedos son ajenos.

    La más sublime y la mayor alteza

con desprecio soberbio burla y mira

qu'el cetro de su reino y su grandeza
75

es sobre cuanto altivo aquí respira».


Capítulo XLII

    Y finalmente Job reconocido

y a los pies del señor todo humillado

dijo, rompiendo el pecho con gemido:

    «Conozco solamente a ti ser dado

el poder sumo, y el conocimiento
5

aun de lo que en el pecho está encerrado.

    Pues ¿quién te encubrirá su pensamiento?

Hablé lo que no supe, y tontamente

tendí las alas sobre mí, y al viento.

    Mas óyeme, Señor, atentamente
10

y con amor agora lo que digo,

y respóndeme dulce y blandamente.

    Mi trato antes de ahora era contigo

tan sólo por oídas, mas agora

en clara luz te veo hablar comigo.
15

    Por donde yo a mí mismo en esta hora

me acuso y reprehendo, y me condeno,

y envuelta en polvo mi conciencia llora».

    Con esto el rostro demostró sereno

el amoroso Dios, y vuelto luego
20

al Temanés habló, revuelto en trueno.

    «Apenas de mi enojo enfreno el fuego

que arde contra ti y tus compañeros

-dice-, que de mi siervo hecistes juego.

    No habláis con pechos como él sinceros,
25

mas tomad siete toros no domados

y otros siete purísimos corderos;

    llevádselos, y en santo altar quemados

ofrézcamelos él, que es de quien fío:

seréis por su respecto perdonados.
30

    No miraré ya a vuestro desvarío,

ni os imputaré no haber hablado

con la sinceridad qu' el siervo mío».

    Al punto, pues, cumplieron lo mandado

Lifaz, y el de Namath y el de Suida,
35

y fue por Job el sacrificio alzado.

    Y Dios templó la ira concebida

en oyendo la voz humilde y pura

de Job por sus amigos ofrecida.

    Aquí, pues, tuvo fin su desventura
40

y Dios le reparó; desde aquel día

ha doblado mejor y más ventura.

    Que luego sus hermanos a porfía

hermanas, conocidos, compañeros,

viniendo le cercaron d'alegría.
45

    Se condolieron de sus males fieros,

comieron en su casa y le entregaron

su oveja cada uno y sus dineros.

    Bendijo Dios sus fines, que sobraron

a su feliz principio en gran manera;
50

en breve las riquezas se allegaron.

    De catorce millares y más era

la copia de la oveja, y los camellos

seis mil, de vacas y asnas gran hilera.

    Siete hijos garzones, fuertes, bellos
55

le torna Dios a dar, y juntamente

tres hijas hermosísimas con ellos.

    Yasmina la primera, y la siguiente

llamada fue Quesilda, y la tercera

Corina en tiernos años floreciente.
60

    No hubo antes, ni después hubiera

mujeres de belleza más dotadas

que estas qu'engendró en su edad postrera.

    Dejolas muy bien puestas y heredadas

en medio de su gente y parentela,
65

de placer y de bienes abastadas.

    Vivió después del fin de aquesta tela

cuarenta grandes soles sobre ciento

y vio sus cuartos nietos, y a la vela

se hizo de años lleno y de contento.
70


Dos poemas latinos

(De In Cantica Canticorum Salomonis Explanatio, 1580)

¡Quo mens plena Deo, quantoque exaestuat igne

inque vicem quanto flagrat amore Deus,

dum resero interpretes divini carminis, olim

numinis impulsu quod cecinit Salomon!

¡Supremo, o virgo, penitus dilecta tonanti,
5

ipse amor e cuius prosiluit gremio!,

da sensus rectos: da verba decentia: posse

da sanctos ignes concipere,

scilicet ut magno perfunctus munere laudes,

¡Diva, tuas grato carmine concelebrem!1
10


Ad Dei genitricem Mariam

Carmen ex voto

    Te servante ratem, maxima virginum,

iam portum incolumis, iam teneo, licet

iactatus graviter, dum sua Protheus

    in nos suscitat agmina.

    Te fas teque pudor nudaque ventas
5

et recti studium et simplicitas potens

et frangi indocilis mens bene conscia

coniuncto sequitur pede.

    His tu me sociis aequoris improbi

mersum vorticibus lucis ad aureae
10

usuram revocas, et melioribus

    laetum constituis locis.

    Et donas facilis, qua sacer Idida

mulcebat Iebusi culmina barbito,

dum flammae impatiens pectora saucia
15

    pandit carmine nobili.

    Donatum et studiis vilibus eripis,

illatumque polo lucis ad intima

admittis pavidum templa, animum et novi

    inspiras niihi carminis.
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   Abscede, impietas, iam penetralia

caeli sacra patent, iam videor pios

exaudire sonos, alma canentium

    alterno pede gaudia

    et sanctos thalamos, hinc bona virginum
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sponsum turba sonant, hinc nitidus chorus

lectorum iuvenum dulcia matris et

    Sponsae nomina concrepant.

VIRGINES
    «Audin? Quae teneas, dic, bone, pascua?,

Quo, dilecte, cubes dum terit igneus
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sol caelis medium, ne vaga montibus

    incerto pede deferar?

IUVENES
    O reclude fores, sidere pulchrior

Virgo, o cur renuis?, nam irruit atra nox

et venti resonant, aethereaque aqua
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    perfusus madeo caput.

VIRGINES
    Quae saltus colitis, calida tendere

nervos turba, meo dicite virgines

dilecto ut properet, nam aestuo amoreque

    saevo saucia langueo.
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IUVENES
    O nymphae Hermonides, sic capreas manu

sit certa et celeri cuspide figere,

dilectae placidum parcite rumpere

    somnum atque alta silentia.

VIRGINES
    Ut silvas reliquas ardua vertice
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praecellit Libani culminibus sacris

cedrus, sic iuvenes inter amor meus

    formosum caput extulit.

IUVENES
   Adnatas nitet ut purpureo rosa

spinas inter hians ore Sionias,
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sic formae egregio lumine virgines,

    o coniux mea, praeteris.

VIRGINES
    Aure an ne cupida vocem ego amabilem?

An fallor potius? quin vocat abditus

obiectis foribus, quin caput aureum
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    inter reticula emicat!

IUVENES
    Quid cessas? abiit pulsa tepentibus

Auris frigida hiems, iam pluviae graves

iam cessant, vane floribus enitet

    tellus multicoloribus.
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    Iam cantu quaerulo carmina turtures

audite canere et iam crepuit iugis

falx in vitiferis, et sua protulit

    ficus dulcia germina.

    O surge, o propera, carior o mihi
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ipsis vita oculis, surge, columbula,

exesus paries vel cava saxea

    cui dant grata cubilia.

    Ostende, o!, faciem, vox tua personet

aures, sponsa, meas, nam neque dulcius
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quicquam est eloquio, nec mage fulgidum

    aut pulchrum facie est tua.

VIRGINES
    Quantum cerva micat montibus aviis

quantumque hinnuleus, dum pavet omnia,

seu vox insonuit seu nemus infremit,
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    dilecte, haud secus advola».

    Haec lecti iuvenes turbaque virginum

alternant liquido gutture: caelitum

applaudit manibus coetus, et insonant

    caeli laeta palatia.2
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