Presentación «Brevs»
Presentación en buenos Aires, 2004
Guillermo Piro
Este libro, titulado Brevs, es, como explicaremos más adelante, el resultado de la transformación (por supresión y, sobre todo, por adición, pero también por contraposición y exclusión y animadversión) de una serie de manuscritos y ediciones copiadas a mano iniciada prácticamente en tiempos de Alberto el Grande. Su autora ha escrito mucho, tal vez demasiado, y el presente libro es el resultado de un cuidadoso proceso de decantación y añejamiento en cubas de roble a lo largo de los oscuros años que precedieron a éste que estamos viviendo. Algunos de los aspectos biográficos y legendarios que rodean a su autora son bastante significativos. Fue una monja jerónima, pero quizá el mérito más destacable de su labor, independientemente de la obra a la que nos estamos refiriendo, fue el haber sabido rodearse de un numeroso grupo de religiosos que intentaron, con afán enciclopedista, acumular los conocimientos tanto naturales como metafísicos provenientes de la cultura helénica, árabe y orientales, constituyendo lo que se dio en llamar la «escuela experimental de los jerónimos del barrio de Belgrano». Se ha considerado a Luisa Valenzuela, porque de ella estamos hablando, como uno de los eslabones que, en la oscuridad cultural del siglo XX, engarza con el pensamiento clásico europeo, especialmente el aristotélico. Algunos de los textos de Brevs son, en ocasiones, meras traducciones comentadas de Aristóteles, Teofasto, Dioscórides, Galeno, Isidro de Sevilla, Alberto el Grande, Jamblico y Avicena, entre otros. Veamos un ejemplo:
Veamos otro:
Lo cierto es que además de enciclopedista es una experimentadora nata que toma nota de sus observaciones del mundo animal y vegetal (en una ocasión la autora hace una minuciosa descripción de la vida y costumbres de las ballenas) y realiza experimentos de alquimia, mecánica y medicina. Sus aportaciones más sustantivas en el campo de la alquimia se refieren a los metales y las sales; fue ella quien designó por primera vez el ácido sulfúrico como vitroleum y se le supone la descubridora del cinabrio, del arsénico y de la potasa cáustica.
ESE TIPO ES UNA MINA
Se ha escrito que en un convite que hizo cierta vez a Eugenio, (el conde de Holanda, no el otro), transformó el invierno en verano, fabulación concebida probablemente a partir de la viva impresión producida en sus huéspedes por un invernadero que había mandado construir en el jardín del fondo de su casa, o que tal vez había construido ella misma.
Según la leyenda, Brevs es el libro que se leen entre sí los santos en el Paraíso. Pero no es más que una habladuría infundada, porque a esta altura ya sabemos que el Paraíso no es más que un Infierno decoroso, y dado que en el Infierno domina un cierto malestar y el legítimo deber de pasarla mal, es muy probable que la lectura de Brevs les esté vedada, porque de lo contrario se la pasarían riendo. Porque, de más está decirlo, el clima que se vive allá abajo (allá arriba) debe ser necesariamente de una superficialidad absoluta. En el Paraíso todos deben tener demasiado tiempo a su disposición, y dado que la cantidad de aventuras que pueden contarse los santos entre ellos es limitada, con el paso de los años, a fuerza de repetir siempre las mismas historias, cada santo debe haber reducido su vida a una fábula que ha aprendido de memoria, y que parece sacada del libro de Valenzuela. De ahí el equívoco. Parece que los santos, en su santa simplicidad, son como niños, y no se cansan nunca de escuchar historias. Continuamente en el Paraíso se forman grupitos, por ejemplo alrededor de San Vito, o San Pedro, o Santa Catalina, y todos piden oír otra historia, y otra, y otra. Son historias que a nosotros nos escandalizarían, pero que a ellos los entretiene, historias de persecuciones, en las que abundan las torturas, el aceite hirviendo y el plomo derretido. Hasta que alguien, preso del entusiasmo, eleva la voz para hacerse oír, y dice: «¿No podría contarnos una valenzuelada?» Y se hace un silencio sepulcral, todos se persignan como locos, y cada uno escapa para un lado diferente, con la cabeza gacha, mirando el piso, silbando y pateando ramitas. Y entonces se escucha:
ABECEDARIO
El hecho es que para ellos estos relatos surten en ellos el mismo efecto que en nosotros los relatos de terror y todo ese anecdotario macabro con que solemos amenizar las noches al aire libre, a la luz de un sol de noche, en medio del campo, junto al fuego. Se mueren de miedo. Escuchan por ejemplo:
NARCISA
...y una vez que el relator ha terminado se abrazan entre sí y lloran como locos, aterrados, buscando consuelo en el abrazo del santo hermano. Hay que comprenderlos, la realidad de la literatura no es una, indivisible: la que no mata, hace fuerte. De modo que fortalecidos sonríen cuando escuchan:
CRISIS
Brevs no es un libro que contenga nada sobrenatural; es como una catedral sin terminar, un grandioso fracaso, como todos los grandes libros de literatura contemporánea, porque en este mundo imperfecto las obras maestras del arte no son más que restos del naufragio de las grandes inteligencias. El lector encontrará allí un tratado sobre la generación del hombre, la influencia de los astros sobre el cuerpo humano y sobre los animales, la indicación de los signos de fecundidad en las mujeres y las señales de su pureza, la virtud de muchísimas hierbas y piedras preciosas y de determinadas partes de algunos animales, un trabajo de campo detallado, escrito día a día con la minuciosa frialdad del erudito, acerca de la vida sexual de las almejas, y el análisis de otras materias primas poco conocidas y a veces injustamente menospreciadas, no obstante su reconocida utilidad: el sexo como misterio, la soldadura autógena como receta secreta para evitar el catarro, las formas de las partes del cuerpo como los determinantes insólitos y previsibles del carácter, cosas así, siempre tan tristes. Brevs es también un catálogo bizarro de los complejos que aquejaban a los guerreros cruzados de la Gran Guerra, antes, pero no mucho antes, digamos, un poco antes de la guerra atómica y bactereológica a la que sólo sobrevivieron los pocos a los que está destinada hoy en día esta obrita miserable, y a quienes el pesimismo y la tensión onírica que reina en ella les hará sonreír con disimulo.
PRINCIPIO DE LA ESPECIE
En el centro del caos valenzueliano hay un orden precario, hasta el punto que, como el lector podrá observar, le asignó un número a cada página. Su estilo no evita a veces la sintaxis vulgar, e incluso, abiertamente, la blasfemia. Recoge hechos en su momento inverosímiles, pero la historia ha demostrado con posterioridad que esta mujer es una verdadera visionaria. Los dogmas por los cuales toma partido son los siguientes: el cielo no es esférico, la Tierra no es esférica, pero el primero es como una bóveda que envuelve a la otra, que tiene forma de rectángulo, y los límites del cielo están en íntimo contacto con los de la Tierra; todos los astros se mueven porque los ángeles impulsan sus movimientos, y otras estupideces de ese tipo. En una especie de digresión recuerda el Génesis y el Éxodo. Dice que los demonios no están en el Infierno, sino que moran bajo el firmamento, aquí, con nosotros. Que Cristo, en su ascensión, penetró el espacio intermedio entre el cielo próximo y el lejano, y que este espacio determinado, finito, calculable, no es otra cosa que el tan mentado reino de los cielos, al que se puede acceder simplemente inflando un globo aerostático y dejándose llevar, dejándose llevar. Pero dice muchas más cosas mucho más absurdas todavía, cosas como ésta:
LO QUE NO DEBE SABERSE
O ésta:
INVENCIBLE?
Su lectura es sin duda amena y muy a propósito para distraer el ánimo, y en esta creencia es ofrecida hoy a los sobrevivientes del globo y a sus futuros descendientes. Que les sirva de lección a ellos. Quien sabe lo que les espera, pobrecitos.
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