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Para el estudio de la escuela sevillana debe consultarse la obra titulada Historia y juicio crítico de la escuela poética sevillana en los siglos XVI y XVII escrita por D. Ángel Lasso de la Vega y Argüelles y premiada por la Academia sevillana de Buenas letras, y muy en particular el juicio que la precede, debido al historiador de nuestra literatura Sr. Amador de los Ríos, quien expone en dicho juicio un plan bastante racional para una obra acerca de dicha escuela. De advertir es que no todos los poetas sevillanos que el Sr. Lasso de la Vega incluye en su Memoria, pertenecen a la escuela oriental o sevillana, pues que a no pocos de ellos sus estudios y sus obras les asignan un lugar en otras escuelas distintas. Así es que la Memoria en cuestión, más que una Historia y juicio crítico de la escuela poética sevillana, es una exposición histórico-crítica de los poetas sevillanos, o mejor dicho, andaluces, hecha sin establecer las relaciones que pudieron existir entre todos ellos, ni determinar las escuelas a que realmente pertenecieron, pues no todos militaron en la oriental o sevillana, ni en la mantenedora del buen gusto, en parte hija de ésta. En otro sentido se expresa D. Fermín de la Puente Apezechea en el Discurso que sobre «el carácter de los poetas andaluces y la influencia que han ejercido en la literatura patria» pronunció en su recepción como académico de la Española, en 1850; discurso que debe ser consultado.
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Al desarrollo del mal gusto contribuyó no poco el estado político. La decadencia de la nación y la centralización intelectual hicieron cortesana a la Poesía, perturbándola como en tiempos de Juan II, y produciendo la creación del dialecto poético que ya intentó Mena. Cerrados, por otra parte, todos los caminos al movimiento intelectual, se concentró éste en la Poesía, y como en esta, sólo se podía tratar un reducido número de asuntos, la novedad y la variedad que en éstos no había se buscó en las formas. La Inquisición y la monarquía fomentaron por su parte este espíritu que, apartando los ánimos de la ciencia, consolidaba su dominio. Debe además tenerse en cuenta que toda literatura galante y cortesana cae siempre en estos extravíos, como fácilmente lo comprueba la historia.
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El nombre de culteranismo se le dio a la manera de hablar de los gongorinos, el docto humanista D. Bartolomé Jiménez Patón. Lope de Vega dice:
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«Yo, señores, he creído siempre que el fenómeno de la corrupción literaria de Góngora principia en Herrera, y permanece incubado, por decirlo así, hasta que se presenta el destinado para desenvolverle. Me lo hace creer de esta suerte algún ligero rastro, que en aquél noto, de afectación o hinchazón: defectos que recogen con harta facilidad los imitadores». D. Fermín de la Puente y Apezechea en su Discurso ya citado.
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Sobre estos puntos debe consultarse el trabajo que con el título de: Escuelas místicas españolas inserta el Sr. Canalejas en su libro ya citado por nosotros, titulado: Estudios críticos de filosofía, política y literatura: el citado trabajo es una excelente exposición crítica del libro que sobre la escuela mística española dio a la estampa en París el año de 1867, Mr. Rousselot.
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La primera edición de las obras de Boscán fue publicada en 1543 por su viuda, que unió a ellas las de Garcilaso. Después se han hecho multitud de ediciones siendo la última debida al Sr. Knapp y publicada en 1875. Esta edición es la única que no comprende las obras de Garcilaso.
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Esta obra se considera como imitación de una poesía italiana de Pietro Bembo.
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Boscán tradujo una tragedia de Eurípides, que no llegó a imprimirse, y el Cortesano del mantuano Baltasar Castiglione, obra que los italianos han llamado libro de oro, y cuya traducción asigna a Boscán un lugar distinguido entre nuestros prosistas y es debida a las indicaciones de Garcilaso que la elogia sobremanera.
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Estas noticias las tomamos de los Apuntes biográficos que sobre Garcilaso nos suministra en el tomo 32 de la Biblioteca de autores españoles D. Adolfo de Castro, quien a su vez las extracta de las Vidas de dicho ingenio, escritas por Herrera y Tamayo de Vargas, y de la Vida de San Francisco de Borja por Cienfuegos. La mejor Vida de Garcilaso es la del citado Fernando de Herrera que la puso al frente de la edición que hizo en Sevilla (1580) de las poesías de aquel célebre poeta.
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Las principales de estas ediciones son: la que en 1574 hizo con un comentario, en el cual apenas dejaba al poeta pensamiento propio, Francisco Sánchez, conocido por el Brocense; la citada en la nota anterior de Herrera, quien también le puso un extenso comentario, en competencia con el anterior; la de Tamayo de Vargas, hecha en Madrid en 1622 y precedida de otro comentario, y últimamente, la que contiene el tomo 32 citado de la Biblioteca de autores españoles, de Rivadeneyra. Tan extraños son los comentarios que se han hecho sobre las obras de Garcilaso, que aparte de la tacha que sobre ellas ha recaído de imitación servil de Virgilio, no ha faltado quien, como don Sebastián de Córdoba, «perdiese 12 años en el trabajo de dar a materias religiosas las poesías que Boscán y Garcilaso habían escrito por el amor y para el amor a la mujer». «Sacrilegios, dice el Sr. Castro, se han visto de lo humano a lo divino. Éste fue sacrilegio que con color de divino se hizo a lo humano». Dicho trabajo vio la luz en Zaragoza el año de 1577, y sirvió sin duda de ejemplo a D. Juan de Andosilla Larramendi, que en 1628 publicó un poema con el título de Cristo nuestro Señor en la cruz, hallado en los versos de Garcilaso. No puede llevarse más lejos el afán escudriñador de desfigurar el sentido de las composiciones.