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Rafael Altamira literato

Vicente Martínez Morellá





Poco conocida es la figura de Rafael Altamira y Crevea como literato. Su fama universal fue como historiador y jurista. Si repasamos bibliógrafos que hagan referencia al ilustre alicantino no aparecerá jamás ninguna obra literaria en la larga nómina de sus escritos.

En el número 4 de la calle de Cienfuegos, nació el 10 de febrero de 1866. Y una vez cursadas sus primeras letras, parecería que siguiera la tradición familiar, debería cursar la música, pues su padre, nacido en Murcia, era músico mayor del Regimiento de guarnición en nuestra plaza y su madre era hija del famoso compositor de Cocentaina, el maestro Crevea, que era director de la capilla de música de nuestra iglesia de San Nicolás.

Sin embargo, no fue así. Estudió el bachillerato en nuestro Instituto y, entre otros, tuvo por profesor, aunque por breve tiempo, al santo abad Penalva. Por cierto, al pasar los años, y el profesor de la Universidad Central, doctor don José María Martínez Pacheco, al solicitar a la curia eclesiástica la apertura del proceso de canonización del santo Abad, quiso Altamira firmar también la petición.

Terminado el Bachillerato marchó a Valencia para cursar la carrera de Derecho en su universidad. Obtuvo también el grado de maestro. Luego pasó a Madrid, en donde se doctoró en la Universidad Central. Y a poco ganó la cátedra de Historia del Derecho en la Universidad de Oviedo. Un viaje a América de extensión cultural española fue coronado por el éxito. A su regreso tuvo homenajes en Oviedo, Madrid y Alicante, que le dedicó una calle.

Después pasó a Madrid, a la cátedra de Instituciones de América, que se cursaba en el doctorado. Su gran fama le llevó a ser nombrado asesor jurista del Tribunal de Justicia Internacional de La Haya, profesor del Colegio de Francia y doctor honoris causa en las universidades de París, Burdeos, La Plata, Santiago de Chile y San Marcos de Lima.

En 1936 marchó a Méjico en donde residió hasta su muerte ocurrida el primero de junio de 1951. Y en esa época fue presidente del Instituto Iberoamericano de Derecho Comparado y profesor de la Universidad Nacional Autónoma de Méjico.

Altamira, desde joven, se dedicó a la literatura. A más de colaborar en la prensa diaria, escribió, en sus ratos libres, «Mi primera campaña» que contiene trabajos sobre crítica y cuentos, y que llevan un prólogo de L. Alas, que escribió con el seudónimo de Clarín; «Cuentos de Levante», en un volumen; varias novelas que eran cortas, compiladas en otro volumen; y en tal camino prosiguió en «Novelitas y cuentos» que apareció en un tomo en la famosa colección «Diamante»; «Cuadros levantinos» que contienen cuentos de amor y tristeza; «De historia y arte» que es un volumen de críticas y trabajos de erudición; su última novela lleva por título «Pesopo»; y en «Psicología y literatura», nos presenta un ensayo.

Altamira, ya catedrático de Historia en la Universidad de Oviedo cree que su deber es escribir sobre historia y sobre crítica. Se lo han hecho ver sus amigos, al enjuiciar sus publicaciones sobre esas materias, y en él, España tiene sus esperanzas, en el que va abriendo nuevo camino a la investigación histórica y heurística.

Y de literato se despide en sus «Fantasías y recuerdos», en que reúne sus últimos escritos literarios de amena literatura. Para demostrar su afecto a Alicante quiere que se imprima y edite en Alicante y para más sellarlo con sello alicantino, irá ilustrado con dibujos del también alicantino Vicente Bañuls. Se imprimiría en 1910, en la imprenta de Hijos de V. Costa, tres años después de escrito.

El prólogo termina diciendo que «Alicante será siempre una de mis musas. En el amor que le tengo, confío hallar fuerzas para volver a rendirle culto con otro libro que vengo soñando hace años y que sería mi obra más querida. La historia de esa tierra en que nació mi madre, en que mi padre dejó un nombre venerado y en que yo recibí las primeras influencias que habían de formar mi espíritu». Desgraciadamente para la historiografía local, sus ilusiones no se vieron cumplidas.





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