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ArribaAbajoActo Tercero

 

Retrete o gabinete de ISABEL. Dos puertas.

 

Escena I

 

ISABEL, TERESA

 
 

Aparece ISABEL ricamente vestida, sentada en un sillón junto a una mesa, sobre la cual hay un espejo de mano, hecho de metal. TERESA está acabando de adornar a su ama.

 

TERESA  ¿Qué os parece el tocado? Nada, ni me oye. Que os miréis os digo: tomad el espejo.  (Se le da a ISABEL, que maquinalmente le toma, y deja caer la mano sin mirarse.)  A esotra puerta. Miren ¡qué trazas éstas de novia! - ¡Ved qué preciosa gargantilla voy a poneros!  (ISABEL inclina la cabeza.)  Pero alzad la cabeza, Isabel. Si esto es amortajar a un difunto.

ISABEL  ¡Marsilla!

TERESA    Aparte. (Dios le haya perdonado.) Ea, se concluyó. Bien estáis. Ello, sí, me habéis hecho perder la paciencia treinta veces.

ISABEL  ¡Madre mía!

TERESA  Si echáis menos a mi señora, ya os he dicho que no está en casa, porque para ella la caridad es antes que todo. El juez de este año, Domingo Celladas, tenía un hijo en tierra de infieles: Jaime, ya le conocéis. Hoy, sin que hubiese noticia de que viniera, se le han encontrado en el camino de Valencia unos mercaderes, herido y sin conocimiento. Por un rastro de sangre que iba a parar a un hoyo, se ha comprendido que debieron echarle dentro; y se cree que hasta poder salir habrá estado en el hoyo quizá más de un día, porque las heridas no son recientes. Vuestra madre ha sido llamada para asistirle; me ha encargado que os aderece; os he puesto hecha una imagen, y ni siquiera he logrado que deis una mirada al vestido para ver si os gusta.

ISABEL  Sí: es el último.

TERESA  ¡El dulcísimo nombre de Jesús! No lo quiera Dios, Isabelita de mi alma; no lo querrá Dios: antes os hará tan dichosa como vos merecéis. Pero salid de ese abatimiento; mirad que ya van a venir los convidados a la boda, y es menester no darles que decir.

ISABEL   Con sobresalto. ¿Qué hora es ya?

TERESA  No tardarán en tocar a vísperas ahí al lado, en San Pedro. Es la hora en que salió de Teruel don Diego, y hasta que pase, mi señor no se considera libre de su promesa.

ISABEL  Sí, a esa hora, a esa hora misma partió... para nunca volver. En este aposento, allí, delante de ese balcón, estaba yo, llorando sobre mi labor, como ahora sobre mis galas. Continuamente miraba a la calle por donde había de pasar, para verle; ahora no miro: no le veré. Por allí vino, dirigiendo el fogoso alazán enseñado a pararse bajo mis balcones. Por allí vino, vestida la cota, lanza en la mano, al brazo la banda, último don de mi cariño. Hasta la dicha o hasta la tumba, me dijo. Tuya o muerta, le dije yo; y caí sin aliento en el balcón mismo, tendidas las manos hacia la mitad de mi alma que se ausentaba. -¡Suya o muerta! Y voy a dar la mano a Rodrigo ¡Bien cumplo mi palabra!

TERESA  Hija mía, desechad esas ideas. Yo ¿qué os he de decir para consolaros? Que os he visto nacer, que habéis jugado en mis brazos y en mis rodillas... y que diera yo porque recobraseis la paz del alma y fuerais feliz, ¡ay! diera yo todos los días que me faltan que vivir, menos uno para verlo.

ISABEL  ¿Feliz, Teresa? Con este vestido, ¿cómo he de ser feliz? ¡Pesa tanto, me ahoga tanto!... Quítamele, Teresa.  (Levantándose.) 

TERESA  Señora, que viene don Rodrigo.

ISABEL  ¡Don Rodrigo! Busca pronto a mi madre.  (Vase TERESA) 



Escena II

 

DON RODRIGO, ISABEL

 
RODRIGO
Mis ojos por fin os ven
A solas, ángel hermoso.
Siempre un amargo desdén
Y un recato rigoroso
Me han privado de este bien.
Trémula estáis: ocupad
La silla.
ISABEL
¡Ante mi señor!
RODRIGO
Esclavo diréis mejor.
Soberana es la beldad
En el reino del amor.
ISABEL
¡Mentida soberanía!
RODRIGO
De mi rendimiento fiel,
Que dudarais no creía.
¡Si a conocer, Isabel,
Llegaseis el alma mía!
ISABEL
¿Para qué? Señas ha dado
Que indican su índole bella.
RODRIGO
Mi destino desastrado
Sólo mostrar me ha dejado
Lo deforme que hay en ella.
Un Azagra conocéis
Orgulloso y vengativo;
Y otro por fin hallaréis,
Que en vuestro rigor esquivo
Figuraros no podéis.
El Azagra que os adora,
El Azagra para vos,
Aún no le visteis, señora,
Y nos conviene a los dos
Una explicación ahora.
ISABEL
Mis padres pueden mandar,
Yo tengo que obedecer;
Nada pretendo saber:
Hiciera bien en callar
Quien ha logrado vencer.
RODRIGO
El vencedor, que aparece
Lleno ante vos de amargura,
Manifestaros ofrece
Que sabe lo que merece
Doña Isabel de Segura.
Os vi, y en vos admiré
Virtud y belleza rara,
Digno de vos me juzgué,
Y uniros a mí juré
Costara lo que costara.
Maldición más espantosa
No pudo echarme jamás
Una lengua venenosa,
Que decir:-No lograrás
Hacer a Isabel tu esposa.
-Lidiaré, si es necesario,
Por ella con todo el orbe,
Clamaba yo de ordinario.
¡Infeliz el que me estorbe,
Competidor o contrario!
En mi celoso furor
Cabe hasta lo que denigre
Mi calidad y mi honor.
Amo con ira de tigre...
Porque es muy grande mi amor.
-No el vuestro, tan delicado,
Me pintéis para mi mengua:
Quizá no lo haya expresado
En seis años vuestra lengua,
Sin que me lo hayan contado.
Cuantas cartas escribió
Marsilla ausente, leí;
Él su retrato no vio,
Yo sí: junto a vos aquí
Siempre tuve un guarda yo.
Ha sido mi ocupación
Observaros noche y día,
Y abandonaba a Monzón
Siempre que lo permitía
La marcial obligación.
Viendoos al balcón sentada
Por las noches a la luna,
Mi fatiga era pagada:
Jamás fue mujer ninguna
De amante más respetada.
Para romper mis prisiones,
Para defectos hallaros
Fueron mis indagaciones,
Y siempre para adoraros
Encontré nuevas razones.
Seducido el pensamiento
De lisonjeros engaños,
Un favorable momento
Espero hace ya seis años,
Y aún llegado no lo cuento.
Pero, por dicha, quizá
No deba estar muy distante,
ISABEL
¡Qué! ¿Pensáis que cesará
Mi pasión, muerto mi amante?
No: lo que yo vivirá.
RODRIGO
Pues bien, amad, Isabel,
Y decidlo sin reparo;
Que con ese amor tan fiel,
Aunque a mí me cueste caro,
Nunca me hallaréis cruel.
Mas si ese afecto amoroso,
Cuya expresión no limito,
Mantener os es forzoso,
Yo, mi bien, yo necesito
El nombre de vuestro esposo.
No más que el nombre, y concluyo
De desear y pedir;
Todas mis dichas incluyo
En la dicha de decir:
¡Me tienen por dueño suyo.
Separada habitación,
Distinto lecho tendréis...
¿Queréis más separación?
Vos en Teruel viviréis,
Yo en la corte de Aragón.
¿Teméis que la soledad
Bajo mi techo os consuma?
Vuestros padres os llevad
Con vos; mudaréis en suma
De casa y de vecindad.
Nunca sin vuestra licencia
Veré esos divinos ojos...
¡Ay! dádmela con frecuencia.
Si os oprimen los enojos,
Hablad, y mi diligencia
Ya un festín, ya una batida,
Ya un torneo dispondrá.
Si lloráis... ¡Prenda querida!
Cuando lloréis, ¿qué os dirá
Quien no ha llorado en su vida?
Míseros ambos, hacer
Con la indulgencia podemos
Menor nuestro padecer.
Ahora, aunque nos casemos,
¿Me podréis aborrecer?
ISABEL
¡Don Rodrigo! ¡Don Rodrigo!

 (Sollozando.) 

RODRIGO
¡Lloráis! ¿Es porque me muestro
Digno de ser vuestro amigo?
¿No sufrí del odio vuestro
Bastante el duro castigo?
ISABEL
¡Oh! no, no: mi corazón
Palpitar de odio no sabe.
RODRIGO
Ni al mirar vuestra aflicción
Hay fuerza en mí que no acabe
Rindiéndose a discreción.
Es ya el caso de manera
Que el infausto desposorio
Viene a ser obligatorio
Para ambos: lo demás fuera
Dar escándalo notorio.
Pero el amor que os consagro
Se ha vuelto a vos tan propicio,
Que si Dios en su alto juicio
Quiere obrar hoy un milagro...
Contad con un sacrificio.
Ayer, si resucitara
Mi aciago rival Marsilla,
Sin compasión le matara,
Y sin limpiar la cuchilla
Corriera con vos al ara.
Hoy, resucitado o no,
Si antes que me deis el sí
Viene... que triunfe de mí.
ISABEL
¡Vos sí que triunfáis así
De esta débil mujer!

  (El llanto le ahoga la voz por unos instantes; luego, al ver a DON PEDRO y a los que le acompañan, se contiene, exclamando:) 

¡Oh!


Escena III

 

DON PEDRO, DON MARTÍN, DAMAS, CABALLEROS, PAJES.-ISABEL, DON RODRIGO. Después, TERESA

 

PEDRO  Hijos, el sacerdote que ha de bendecir vuestra unión ya nos está esperando en la iglesia. Tanto mis deudos como los de Azagra me instan a que apresure la ceremonia; pero aún no ha fenecido el plazo que otorgué a don Diego. Al toque de vísperas de un domingo salió de su patria el malogrado joven, seis años y siete días hace: hasta que suene aquella señal en mi oído, no tengo libertad para disponer de mi hija.  (A DON MARTÍN.)  Porque veáis de qué modo cumplo mi promesa, os he rogado que vinierais aquí.

MARTÍN  ¡Inútil escrupulosidad! No os detengáis. No romperá mi hijo el seno de la tierra para reconveniros.

ISABEL   Aparte. (¡Infeliz!)

PEDRO  Fiel a lo que juré me verá desde el túmulo, cual me hallaría viviendo. (Sale TERESA.) 

RODRIGO  Isabel deseará la compañía de su madre: pudiéramos pasar por casa del juez...

TERESA  Ahora empezaba el herido a volver en su conocimiento. Si antes de vísperas no se halla mi señora en la iglesia, es señal de que no puede asistir a los desposorios: esto me ha dicho.

PEDRO  La esperaremos en el templo.  (A DON MARTÍN.)  Si la pesadumbre os permite acompañarnos, venid...

MARTÍN  Excusadme el presenciar un acto que debe serme tan doloroso.

PEDRO  Estad seguro de que mientras no oigáis las campanas, no habrá dado su mano Isabel. Estos caballeros podrán atestiguar que se esperó hasta el cabal vencimiento del plazo. Marchemos.

ISABEL   Aparte. (¡Morada de mi pasado bien, adiós para siempre!)

 

(Vanse todos, menos DON MARTÍN.)

 


Escena IV

DON MARTÍN   Con pena, con celos veo yo a Isabel dirigirse al altar. Hubo un tiempo en que la tuve por hija: hoy me quitan su filial cariño, y ella consiente. Pero ¿qué falta hace al mísero cadáver de mi hijo la constancia de la que él amó? ¡Si su sombra necesita lágrimas, bien se puede satisfacer con las mías!



Escena V

 

ADEL, DON MARTÍN

 

ADEL  Cristiano, busco a Martín Marsilla, que está aquí, según se me dice. ¿Eres tú?

MARTÍN  Yo soy.

ADEL  ¿Qué sabes de tu hijo?

MARTÍN  ¡Moro!... su muerte.

ADEL  Esa noticia... ¿quién la ha traído?

MARTÍN  Un joven forastero.

ADEL  ¿En dónde para?

MARTÍN  Apenas se detuvo en Teruel: yo no pude verle.

ADEL  ¿Qué ha pasado con Jaime Celladas?

MARTÍN  Le han herido gravemente al llegar a la villa: en su lecho yace todavía sin voz ni conocimiento.

ADEL  ¿Luego tú nada sabes?

MARTÍN  ¿Qué vas a decirme?

ADEL  Acabo de averiguar que disfrazada con traje de hombre, ha entrado en Teruel Zulima, la esposa del Amir de Valencia.

MARTÍN  ¿La que fue causa de la pérdida de mi hijo?

ADEL  Él la desdeñó, y ella se ha vengado mintiendo.

MARTÍN  ¿Mintiendo?

ADEL  ¡Anciano! Bendice al Señor: aún eres padre.

MARTÍN  ¡Dios poderoso!

ADEL  Tu hijo libró de un asesinato pérfido al Amir de Valencia, y el Amir le ha colmado de riquezas y honores. Herido en un combate, no se le permitió caminar hasta reponerse. Jaime venía delante para anunciar su vuelta. Sígueme, y no pararé hasta poner a Marsilla en tus brazos. (Vase.) 

MARTÍN   Alzando las manos al cielo, arrebatado de júbilo. ¡Señor! ¡Señor!



Escena VI

 

MARGARITA, DON MARTÍN

 
MARGARITA
Dentro.
¡Isabel! ¡Isabel!  (Sale y repara en DON MARTÍN, que se retiraba con ADEL.)  don Martín.
MARTÍN

 Deteniéndose. 

Margarita, sabedlo...
MARGARITA
Sabedlo el primero. Jaime Celladas...
MARTÍN
Ese moro que veis...
MARGARITA
Ha vuelto en sí.
MARTÍN
Viene de Valencia.
MARGARITA
Jaime también.
MARTÍN
Vive mi hijo.
MARGARITA
Lo ha dicho Jaime. Corred, impedid ese casamiento.

 (Óyese el toque de vísperas.) 

MARTÍN
¡Ah! ya es tarde.
MARGARITA
¡Dios ha rechazado mi sacrificio!
MARTÍN
¡Hijo infeliz!
MARGARITA
¡Hija de mis entrañas!

 (Vase.) 



Escena VII

 

Bosque inmediato a Teruel.

 
MARSILLA

 Atado a un árbol. 

Infames bandoleros,
Que me habéis a traición acometido,
Venid y ensangrentad vuestros aceros:
La muerte ya por compasión os pido.
Nadie llega, de nadie soy oído:
Vuelve el eco mis voces, y parece
Que goza en mi dolor y me escarnece.
Me adelanté a la escolta que traía:
Su lento caminar me consumía.
Yo vengo con amor, ellos con oro.
Enemigos villanos,
Los ricos dones del monarca moro
No como yo darán en vuestras manos.
Tienen quien los defienda.
Pero las horas pasan, huye el día.
¿Qué vas a imaginar, Isabel mía?
¿Qué pensarás, idolatrada prenda,
Si esperando abrazar al triste Diego,
Corrido el plazo ves y yo no llego?
Mas por Jaime avisados
En mi casa estarán: pronto, azorados
Con mi tardanza... Sí, ya se aproxima
Gente. ¿Quién es?


Escena VIII

 

ZULIMA, en traje de hombre.-MARSILLA.

 
ZULIMA
Yo soy.
MARSILLA
¡Cielos! ¡Zulima!
¡Tú aquí! ( Aparte.  ¡Presagio horrendo!)
ZULIMA
Vecinos de Teruel vienen corriendo
A quienes más que a mí toca librarte:
Yo sólo en esta parte
Me debo detener mientras te digo
Que Isabel es mujer de don Rodrigo
MARSILLA
¡Gran Dios! Mas no: me engañas, impostora.
ZULIMA
Zaén, que llega de Teruel ahora,
Zaén ha visto dar aquella mano
Tan ansiada por ti.
MARSILLA
Finges en vano.
Tú ignoras que mi próxima llegada
Previno un mensajero.
ZULIMA
Tú no sabes
Que un tirador certero
Supo dejar tu previsión burlada,
Saliéndole al camino al mensajero.
Yo hablé con Isabel; yo de tu muerte
La noticia le dí, y a los bandidos
Encargué que tu viaje detuvieran.
Yo, celebradas de Isabel las bodas,
Te las vengo a anunciar.
MARSILLA
¿Con que es ya tarde?
ZULIMA
Mírame bien, y dúdalo si puedes.
Inútiles mercedes
Rey te prodigó: más he podido
Prófuga yo que mi real marido.
Yo mi amor te ofrecí, bienes y honores,
Y te inmolé mi fe y el ser que tengo;
Tú preferiste ingrato mis rencores:
Me ofendiste cruel, cruel me vengo.
Adiós: en mi partida
Te dejo por ahora con la vida,
Mientras padeces en el duro potro
De ver a tu Isabel en brazos de otro.

 (Vase.) 



Escena IX

MARSILLA
Monstruo, por cuya voz ruge el abismo,
Vuelve y di que es engaño
Todo lo que te oí.

 (Forcejea para desatarse.) 

Lazos crueles,
¿Cómo me resistís? ¡Ligan cordeles
Al que hierros quebró! ¿No soy el mismo?
¡Ah! no. Mujer fatal, cortos instantes
Me quedan que vivir, si no has mentido;
¡Pero permita Dios que mueras antes!


Escena X

 

ADEL, pasando por una altura -MARSILLA

 
ADEL
Rumor aquí he sentido.
Atraviesan el valle bandoleros
Con Zulima a caballo.
Yo, cueste lo que cueste,
La tengo de prender: voy a ver si hallo
Cerca mis compañeros.
MARSILLA
¿Quién va?
ADEL
Marsilla es éste.

 (A voces.) 

¡Aquí! ¡Por este lado, caballeros!

 (Vase.) 



Escena XI

 

DON MARTÍN, CABALLEROS, CRIADOS.-MARSILLA

 
MARTÍN
Dentro.
Él es.
MARSILLA
¡Mi padre!

  VOCES, dentro. 

Él es.
MARSILLA
¡Padre!
MARTÍN
Dentro.
¡Hijo mío!
Subid, corred, volad: líbradle pronto.
Salen caballeros y criados.
MARSILLA
Desatadme, decidme...

 (Desatan a MARSILLA) 

MARTÍN
Saliendo.
¡Hijo querido!
MARSILLA
¡Padre!
MARTÍN
Por fin te hallé.
MARSILLA
Decid... ¿Es tarde?
Yo quisiera dudar... Mi mal ¿es cierto?
MARTÍN
Respóndante las lágrimas que vierto.
Hijo del alma, a quien su hierro ardiente
La desgracia al nacer marcó en la frente,
Tu triste padre, que por verte vive,
Con dolor en sus brazos te recibe.
¿Quién tu llegada ha retardado?
MARSILLA
El cielo...
El infierno... No sé... Facinerosos...
Una mujer... Dejadme.
MARTÍN
¿La Sultana?
¿Esos bandidos que cobardes huyen
De los guerreros que conmigo traje?
¿Te han herido?
MARSILLA
¡Ojalá!
MARTÍN
¿Te han despojado?
MARSILLA
Nada he perdido. La esperanza solo.
MARTÍN
¡Suerte cruel! Cuando el fatal sonido
De la campana término ponía...
MARSILLA
¡Esa tigre anunció la muerte mía!
MARTÍN
¿Lo sabes?
MARSILLA
De ella.
MARTÍN
¡Horror! Entonces era
Cuando Jaime, el sentido recobrando,
La traidora noticia desmentía.
Corro al templo a saber... Miro, enmudezco...
¡Eran esposos ya! Tu bien perdiste...
Dios lo ha querido así... Pero aún te quedan
Padres que lloren tu destino triste.
MARSILLA
El ajeno dolor no quita el mío.
¿Con qué llenáis el hórrido vacío
Que el alma siente, de su bien privada?
¡Padre! sin Isabel, para Marsilla
No hay en el mundo nada.
Por eso en mi doliente desvarío
Sed bárbara de sangre me devora.
Verterla a ríos para hartarme quiero,
Y cuando más que derramar no tenga,
La de mis venas soltará mi acero.
MARTÍN
Hijo, modera ese furor.
MARSILLA
¿Quién osa
Hijo llamarme ya? ¡Fuera ese nombre!
La desventura quiebra
Los vínculos del hombre con el hombre
Y con la vida y la virtud. Ahora,
Que tiemble mi rival, tiemble la mora.
Breve será su victorioso alarde:
Para acabar con ambos aún no es tarde.
MARTÍN
¡Desgraciado! ¿qué intentas?
MARSILLA
Con el crimen
El crimen castigar. Una serpiente
Se me enreda en los pies: mi pie destroce
Su garganta infernal. Un enemigo
Me aparta de Isabel: desaparezca.
MARTÍN
Hijo...
MARSILLA
Perecerá.
MARTÍN
No...
MARSILLA
¡Maldecido
Mi nombre sea, si la sangre odiosa
De mi rival no vierto!
MARTÍN
Es poderoso...
MARSILLA
Marsilla soy.
MARTÍN
Mil deudos le acompañan...
MARSILLA
Mi furia a mí,
MARTÍN
merézcate respeto
Ese lazo...
MARSILLA
es sacrílego, es aleve.
MARTÍN
En presencia de Dios formado ha sido.
MARSILLA
Con mi presencia queda destruido.