Charca en la selva [Fragmento]
Fernando Santiván
Franco Linares hunde la vista y el alma en el paisaje que se descubre desde lo alto de la colina y descansa con todo su peso en una exclamación:
-¡Llegamos!...
Interminables horas de viaje por lomas endemoniadas, riscosas. Piafa el caballo, sudoroso, como si ya oliera el pasto de la pesebrera. Un dolorcillo a los riñones, que por minutos se va haciendo más agudo, obliga a adoptar al hombre posturas violentas sobre la montura. Ya no le quedan ánimos para admirar la corpulencia de los árboles a la vera del camino. Árboles, troncos. Sucesión de fantasmas sombríos que limitan el horizonte. Raíces que hincan sus garras en el suelo con avidez de avaros y troncos que crecen sin vacilaciones -columnas vigorosas y ásperas-, hasta desparramar en la cúspide, cerca de las nubes, su cabellera indómita, afiebrada de quimeras.