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La «Arcadia mexicana» y sus traducciones de Anacreonte1

Ramiro González Delgado


Universidad de Extremadura

Resumen: Este artículo busca rescatar del olvido y analizar las traducciones de las Anacreónticas publicadas por los miembros de una asociación literaria denominada la «Arcadia Mexicana» a comienzos del siglo XIX en El Diario de México. En las páginas de este periódico aparecen la versión de la Anacreóntica 38 (Campbell) firmada por Flagrasto Cicné (pseudónimo de Francisco Manuel Sánchez de Tagle); dos traducciones diferentes de la Anacreóntica 24, una probablemente del mismo Sánchez de Tagle y la otra fue la también publicada por Luzán en su Poética (Zaragoza, 1737); una misma traducción del epigrama erótico de Mosco (Antología Griega XVI, 200) realizada por Manuel Martínez de Navarrete fue publicada ahí mismo dos veces en unos pocos meses.

Translations of Anacreon by the «Mexican Arcadia»

Abstract: The purpose of this paper is to recall from oblivion and analyze the translations of the Anacreontea that were published by some members of a literary group called the «Mexican Arcadia» at the start of the 19th Century in El Diario de México. In this journal a translation of Anacreontea 38 (Campbell) by Flagrasto Cicné (pseudonym of Francisco Manuel Sánchez de Tagle) was printed, as well as two different translations of Anacreontea 24, one probably due to Sánchez de Tagle himself, while the other was the one Luzán included also in his Poetic (Zaragoza, 1737); likewise, Moschus' erotic epigram included in the Greek Anthology (XVI, 200) was translated by Manuel Martínez de Navarrete and published twice within a couple of months in the same journal.

Palabras clave: Traducción literaria, lírica griega, Anacreonte, siglo XIX, Arcadia Mexicana. Keywords: Literary translation, greek lyric poetry, Anacreon, 19th century, Arcadia Mexicana. Fecha de recepción: 10 de agosto de 2011.

Fecha de aceptación: 7 de diciembre de 2011.




Introducción

Es sabido que en los siglos XVIII y XIX uno de los autores griegos clásicos más queridos y conocidos era Anacreonte, especialmente por la antología de poemas atribuida a él y que recibió el nombre de Anacreontea. Las composiciones de las que vamos a hablar aquí todavía aparecen bajo el nombre del poeta griego, ya que será a lo largo del siglo XIX cuando se zanje la «cuestión anacreóntica» pues, tras una larga disputa filológica, se asienta ya la opinión de que todo el corpus editado en París en 1554 por Henricus Stephanus era apócrifo2. Desde el Renacimiento, esta obra se había convertido en una de las preferidas por los lectores y había ejercido una gran influencia en la literatura occidental, generando múltiples versiones e imitaciones3. Numerosos poetas componen sus versos a modo anacreóntico, inspirándose en su estilo y temas, e incluso realizando versiones libres de sus poemas. Dejando a un lado a estos múltiples imitadores4 y centrándonos en sus traductores, las versiones más importantes al castellano que encontramos de los poemas anacreónticos con anterioridad a 1805 (fecha de publicación del primero de los textos sobre los que versa el presente trabajo) son las siguientes:

  1. Las Eróticas ó amatorias, versión de Estevan Manuel de Villegas, Náxera, Imprenta Juan de Mongastón, 1618. Se traducen 46 odas, con poca fidelidad al original griego, en versos prosaicos y duros, pero llenos de gracia y con una versificación y un estilo muy cuidados. Parece ser, según Gail, que se reimprimieron en Nájera en 1714 con 68 odas. Sin embargo, en la reimpresión de Madrid de 1797 (Impr. Sancha), aparecen de nuevo 46. Conde censuró esta traducción con dureza, pero la versión gozará de sucesivas reediciones hasta bien entrado el siglo XX5.
  2. Poesías varias, heroicas, satíricas y amorosas, versión de Francisco Trillo y Figueroa, Granada, Casa de Juan Bolívar, 16526.
  3. El Parnaso Español, Libro IV, pp. 166-167, publica la traducción de dos odas de Ignacio de Luzán, versiones que ya había incluido el autor en su Poética, Zaragoza, 1737.
  4. Anacreón castellano con paraphrasis y comentarios por Dn. Francisco Gómez de Quevedo, Madrid, Imprenta Sancha, 1794 (reimpr. 1877)7.
  5. Obras de Anacreonte traducidas del griego en verso castellano por D. Joseph y Bernabé Canga-Argüelles, Madrid, Imprenta Sancha, 1795. Traducen de forma bastante fiel setenta y cinco odas en verso8.
  6. Poesías de Anacreón, traducidas del griego por D. Joseph Antonio Conde, Madrid, Of. Benito Cano, 1796, con un total de noventa y un odas9.
  7. Poesías, de Nicasio Álvarez de Cienfuegos, incluye la traducción de cuatro odas (Madrid, 1798)10.

A lo largo del siglo XIX y, sobre todo, a finales del mismo, se revitaliza la figura y la obra de Anacreonte11. En este estudio vamos a rescatar del olvido cuatro traducciones realizadas a comienzos del siglo XIX (concretamente entre 1805 y 1810), durante los últimos años del Virreinato de Nueva España, de poemas que la crítica ha atribuido a Anacreonte12 (que, como veremos, se corresponden con dos anacreónticas y un epigrama de Mosco), y que se publicaron en las páginas de El Diario de México, periódico en que se dio a conocer una asociación literaria: la Arcadia de México. Estas versiones, poco conocidas ya que aparecieron en las efímeras páginas de dicho diario y nunca más volvieron a editarse, se corresponden, por orden de aparición, con las Anacreónticas 38 y 24 (esta última con dos versiones diferentes) y con el epigrama XVI, 200 de la Antología Griega (publicado en dos ocasiones)13. Las analizaremos y comentaremos aquí, y también hablaremos brevemente del periódico y del grupo de literatos que las dio a conocer.

Antes de comenzar el estudio debemos señalar dos cosas importantes: la primera es que la situación de la enseñanza de las lenguas clásicas, y especialmente la del griego, en el siglo XVIII y comienzos del XIX en la Nueva España es lamentable o más bien, especialmente tras la expulsión de los jesuitas en 1767, pésima14; la segunda, el concepto diferente de traducción que había en la época, más propensa a realizar ampliaciones y recreaciones del texto original que la tendencia a la literalidad y escasas libertades de hoy día. Ambas características se perciben bien en nuestros poemas.






El Diario de México y los árcades mexicanos

El martes 1 de octubre de 1805 aparece en el Virreinato de Nueva España el primer periódico cotidiano, El Diario de México (DM), que se publicará durante poco más de once años (hasta el 4 de enero de 1817); se creó para que la ciudad española más importante del territorio americano contara con un diario como los que se difundían en las capitales europeas, semejante al Diario de Madrid (1754), rompiendo así el monopolio y la información controlada que ostentaba la Gazeta de México (1784-1809), órgano oficial dependiente de la Corona15. Dos hombres ilustrados serán los encargados de dirigirlo: Carlos María de Bustamante y Juan Jacobo de Villaurrutia. El sencillo diario, una hoja impresa por ambos lados y doblada formando cuatro páginas, se iniciaba con noticias religiosas, santoral y efemérides, y en los primeros años se incluyó con bastante regularidad un poema en la primera página16. De esta forma, el DM se convierte en la principal fuente para estudiar la literatura de principios del siglo XIX, ya que invitaba a sus lectores a enviar a la redacción todo tipo de escritos, y aquellos remitieron, sobre todo, poesías. Los hombres que colaboraban eran, en su mayoría, jóvenes criollos ilustrados que simpatizaban con los ideales de independencia de las colonias españolas. Así, el DM ayuda a reunir a un grupo de poetas neoclásicos mexicanos, la Arcadia, pues ya el 10 de noviembre de 1805, poco más de un mes después de la fundación del periódico, se publicó una «Cantinela» dedicada «a los de la Arcadia mexicana», firmada por «El pastor Guindo», seudónimo de Juan José de Güido, por lo que estos poetas ya comenzaban a ser conocidos. No obstante, será el 16 de abril de 1808 cuando se anuncia la creación oficial de la Arcadia de México en un artículo de José Mariano Rodríguez del Castillo17.

Los árcades se ajustaron a la corriente literaria del neoclasicismo. Son herederos de la actividad poética del siglo XVIII, que llega a México con retraso18, y cultivan así formas de corte clásico, como églogas, anacreónticas, bucólicas, etc. Además, en sus poemas son frecuentes las alusiones mitológicas, los nombres bucólicos de las amadas y el uso de palabras y frases latinas, recurriendo en muchos casos a citas eruditas. La calidad literaria19 de este tipo de poesía no difiere en mucho de las composiciones que se escribían en España o Francia20. Se caracterizan también los árcades por intentar alejarse del lenguaje oscuro en que, según ellos, habían caído los poetas barrocos, intentando restaurar el buen gusto por las formas sencillas, claras y concisas y por las emociones humanas. Por otro lado, hay poetas que pedían el sometimiento absoluto a la métrica y a la versificación. Todos ellos utilizarán las páginas del DM como campo de discusión estética21.

Esta asociación literaria que, pese a la época, podemos denominar virtual, pues muchos de sus integrantes no se conocían en persona y vivían en ciudades y pueblos lejanos, surge al modo de la Arcadia de Roma (creada en torno a la reina Cristina de Suecia a mediados del siglo XVII), antecedente de las Arcadias española (las escuelas salmantina y sevillana del siglo XVIII), francesa, portuguesa, brasileña, etc.22, que tuvieron un programa restaurador del buen gusto. Los árcades siguieron la moda europea de designar a sus académicos con nombres pastoriles (cuando los mexicanos firman sus escritos emplean además iniciales, seudónimos, anagramas...), y al frente de todos, el Mayoral del grupo, que fue fray Manuel Martínez de Navarrete (1768-1809)23, al que seguirá Francisco Manuel Sánchez de Tagle. Es este un nombramiento honorífico, pues el peso recayó en Juan María Lacuriza y José Mariano Rodríguez del Castillo. Cultivaron, con la intención de lograr un renombre de su institución, una poesía de tipo bucólico, amatorio, religioso, satírico y, a partir de 1808, político24. En todos ellos encontramos alusiones nacionalistas a través de la flora, la fauna, el paisaje, los productos típicos, las tradiciones y la Virgen de Guadalupe, como símbolo de la nueva nación en formación.

La Arcadia de México se dio a conocer especialmente durante la primera etapa del DM, que comprende desde 1805 hasta diciembre de 181225, cuando se suspendió la libertad de prensa (el DM interrumpe su aparición del 5 al 9 de diciembre, y el día 20 del mismo mes se anuncia que se seguirá publicando con nuevos editores). Lo cierto es que esa primera época vive momentos convulsos, como la invasión napoleónica de 1808 y la gestación de la guerra de Independencia. Nuestras traducciones de Anacreonte aparecen precisamente en esta primera época del DM26, y son anteriores a septiembre de 1810, momento en que comienza la guerra de independencia, que culmina en 1821. Son, por tanto, las últimas traducciones españolas de la literatura griega que se publican en México, ya que las de Safo que aparecen en la segunda época del diario serían ya, propiamente, mexicanas27. Eso sí, la primera gran traducción mexicana de la literatura griega será la Odisea de Homero, ó sean, Los trabajos de Ulises en metro castellano, realizada en octavas reales por Mariano Esparza (Mégico, Impr. M. Arévalo en la oficina de Galván, 1837)28. No obstante, en el DM se publican también traducciones de poetas latinos, como Horacio (de quien más poemas aparecen), Ovidio, Catulo, Marcial y Séneca, o de poetas neolatinos como el padre Abad o el padre Remond29.

Omitimos en este estudio lo que no es traducción30, como, por ejemplo, una anacreóntica anónima publicada el viernes 3 de marzo de 1815 (tomo V, n° 62, pp. 3-4), y que dice así31:


¡Qué triste estoy, muchacho!
Llena, lléname esta
gran taza de ese vino
criado en Valdepeñas...
¿Qué tal será?... Muy bueno...  5
Échame otra, echa
de aquel, que es de Peralta...
¡Oh qué buen gusto deja!...
de Málaga es este otro. [...]
Echa otra taza... Tenla...  10
¿No ves que se derrama
porque el pulso me tiembla?...
Ya está bueno... Mas antes
que cecee la lengua,
al padre de las viñas  15
rindamos gloria eterna.






Anacreóntica 38 (Campbell)

La primera de las Anacreónticas hace su aparición el viernes 18 de octubre de 1805 (DM, I, n° 18, p. 69) bajo el título «El Himno de Anacreón», que se corresponde con la Anacreóntica 38 (Campbell), y que reproducimos a continuación32, acompañada del texto griego original para que se vea que no es una traducción directa:

Bebamos y cantemos 'Ιαροὶ πίωμεν οἶνον,
En loor del padre Baco,ἀναμέλψομεν δε ` Βάκχον,
Que ríe con nuestras danzasτὸν ἐδευρετὰν χορείαζ,
Y ríe con nuestros cantos.τὸν ὅλαζ ποθοῦντα μολπάζ
En cuyo dulce jugo τὸν ὁμότροπον 'Ερώτων
Las mohínas anegamos,τὸν έρώμενον κυθήρηδ
Las envidias, los odios,δι ὂν ἡ Μέθη λοχεύθη,
Y todos los cuidados.δι ὂν ἡ Χάπιζ ἐτέχφη,
De cuyo blando senoδι ὂν ἀμπαύεται Λύπα,
Sin pausa están brotandoδι ὂν εὐνάζετ ''Ανία.
Mil gracias seductoras,τὸ μὲν οὖν πῶμα κερασφἑν
Y mil amores almos. ἁπαλοὶ δέρουσι παῖδεζ,
Bebamos pues y amemos, τὸ δ' ἄχοζ πέφευγε μιθέν
Cantando en loor de Baco.ἀνεμοτρόφῳ θυέλλη
Incierto es lo futuroτὸ μὲν οὖν πῶμα λάβῶμεν,
Y muy presto pasado τὰζ δε ` φροντίδαζ μεθωμεν
Será el tiempo presente,τί γάρ ἐστί σοι τὸ κέρδοζ
Que se huye a grandes pasos,ὀδυνωμένω μερίναιζ;
Y así solo vivimosπόθυεν οἴδαμεν τὸ μέλλον;
El tiempo que gastamosὁ βίοζ βροτοῖζ ἄδνηλοζ
En brindis y deleites μεθύων θέλω χορεύειν
Amores y regalos.μεμυρισμέβοζ τε παίζειν...
Bebamos pues y amemos,μετὰ καὺ καλῶν γυναικῶν
Cantando en loor de Baco.μελέτω δε ` τοῖζ θέλουσι.
Con nuestros gustos ricosὅσον ἑστὶν ἐν μερίμναιζ,
Y en la locura sabios ἱλαροὶ πίωμεν οἶνον,
Hollemos, ea, la tierraἀναμέλψομεν δὲ Βάκχον.
Con sus honores vanos.
Y en éxtasis dulce,
Y en el sacro entusiasmo,
Que en tan bellos momentos
Circula en nuestros vasos,
Bebamos y cantemos
En loor del padre Baco.

Flagrasto Cicné

En una nota a pie de página, el traductor, Francisco Sánchez de Tagle, que firma con el seudónimo Flagrasto Cicné, lo confirma:

Esta oda es, traduccion del extracto que de las piezas de Anacreon hizo el famoso Ab. Barthélemy en su obra Viage de Anacársis, tem. pag. 129. de la edicion de Madrid, y hemos tenido presente para la mayor exâctitud, la version que del referido griego hizo la insigne literata Madama Dacier.



El poema es, por tanto, traducción de un pasaje francés (en prosa) de la famosa obra de la época Voyage du jeune Anacharsis en Grèce vers le milieu du quatrième siècle avant l'ère vulgaire (1787), del erudito francés Jean-Jacques Barthélemy (1716-1795), que la Imprenta madrileña de Benito Cano editó en 179633, aunque, como vemos a continuación, solo será de dos tercios del poema mexicano:

Buvons, chantons Bacchus;Bebamos y cantemos
En loor del padre Baco,
il se plait à nos danses;Que ríe con nuestras danzas
il se plait à nos chants;Y ríe con nuestros cantos.
il étousse l'envie,En cuyo dulce jugo
la haine et les chagrins;Las mohínas anegamos,
Las envidias, los odios,
Y todos los cuidados.
De cuyo blando seno
Sin pausa están brotando
aux graces séduisantes, Mil gracias seductoras,
aux amours enchanteurs,Y mil amores almos.
il donna la naissance.Bebamos pues y amemos,
Aimons, buvons, chantons Bacchus.Cantando en loor de Baco.
[...]
Sages dans nos folies, riches de nos plaisirs,Con nuestros gustos ricos
Y en la locura sabios
soulons aux pieds la terreHollemos, ea, la tierra
te ses vaines grandeurs;Con sus honores vanos.
et dans la douce ivresse,Y en éxtasis dulce,
Y en el sacro entusiasmo,
que des momens si beauxQue en tan bellos momentos
sont couler dans nos ames, Circula en nuestros vasos,
buvons, chantons Bacchus.Bebamos y cantemos
En loor del padre Baco.

Vemos, por tanto, que la parte central de la oda es una recreación del autor, a pesar de que este manifieste tener presente la traducción francesa de Anne Dacier (1647-1720), importante traductora de autores clásicos al francés. El poema que leemos en Les Poésies d'Anacréon et Sappho (1681) es muy diferente:

Etans guais & de Belle humeur, beuvons & chantons Bacchus, ce Dieu qui est l'inventeur de la danse, qui prend tant de plaisir à la Musique, qui s'accorde si bien avec l'Amour, & qui est si aimé de la belle Venus. Ce Dieu qui est le père de la débauche & des Graces; qui fait cesser les plus grandes tristesses, & par qui les ennuis sont assoupis. Si-tôt que de beaux garçons m'apportent une coupe pleine de bon vin, alors il n'y a point de chagrin qui ne se dissipe. Beuvons donc de cette excellente liqueur, & nous défaisons de toutes nos inquietudes. Car quel profit revient-il de se chagriner & de soûpirer toute sa vie ? Quelle connoissance avons-nous de l'avenir ? La vie s'évanouît dans un moment. Je veux donc danser après avoir bû, je veux me parfumer, & aller so- lâtrer avec de jeunes beautez. Prenne du chagrin qui voudra ; pour nous, étans guais & de belle humeur, beuvons, & chantons Bacchus34.



El autor mexicano se inspira en esta versión de Dacier (especialmente en la parte central) cuando elabora los versos 15-22, incluyendo al final de ellos el estribillo que es exactamente igual al de los versos 13-14 (ambos, inexistentes en el texto original, son una pequeña variación con el que se comienza y finaliza el poema). Es evidente que Francisco Manuel Sánchez de Tagle (1782-1847), joven abogado y futuro alcalde de México, diputado electo a las Cortes de España y redactor del Acta de Independencia35, no tenía presente el texto griego, ni conocía la lengua helénica tan a fondo como para traducir este poema. Lo cierto es que era un enamorado de la literatura, como se aprecia en el hecho de que fue Mayoral de la Arcadia tras la muerte de Navarrete, y quiso que su tierra contara con versiones anacreónticas propiamente mexicanas. En este sentido, hablará unos días después de la publicación de esta oda en las páginas del DM, reivindicando el modelo de la poesía anacreóntica, sobre la licitud de «componer imitando», que es lo que precisamente realiza en esta versión que acabamos de analizar:

el célebre maestro Fr[ay] Luis de León, gloria inmortal de nuestro parnaso y de la v[enerable] religión agustiniana (para no citar otros extranjeros y propios), y hombre tan conocido por su piedad y religión, no tuvo escrúpulo en traducir y aun componer imitando en excelente verso castellano muchas odas del ya citado Horacio, tan mal moralista como Anacreón36.



Si la versión de Barthélemy es bastante libre, la traducción literaria de esta y la recreación que se hace a partir de la versión de Anne Dacier hacen que el resultado esté bastante alejado del original griego, como hemos podido comprobar. No obstante, la métrica del poema está muy cuidada: si en el original griego encontramos versos octosílabos (dímetros jónicos menores con anaclasis en la cuarta y quinta sílaba -en el verso 16 también en la primera-), el poeta recurre a versos heptasílabos con rima asonante en los pares (- a - a...) que, junto al estribillo y el ritmo yámbico (la acentuación recae sobre las sílabas pares), dan como resultado un poema muy armonioso.




Anacreóntica 24 (Campbell)

El lunes 20 de enero de 1806 (DM, II, n° 112, p. 77) aparece una «Traducción de la Oda segunda de Anacreón», que no es otra que la Anacreóntica 24 (Campbell), ampliada y recreada especialmente en la parte final, como podemos ver a continuación37:

Naturaleza al toro,Φύσιζ κέρατα ταύρποζ,
Armó con duras astas,
Y al generoso bruto,ὁπλὰζ δ' ἕδωκεν ἵπποῖζ,
Con las veloces plantas. ποδωκίην λαγωοιζ,
Dejó de corvos dientes,λέουσι χάσμ' ὀδόντων,
La boca al león sembrada,
Y a la prófuga liebre
Dio acelerada marcha.
El nadar dio a los peces,τοῖζ ιχθύσιν τὸ νηκτόν
Prestó a las aves alas,τοῖζ ὀρνέοιζ πέτασθαι,
La sensatez al hombre;τοῖζ ἀνδράσιν φρόνημα
¿Y se dejó olvidada γυναιζὶͺν οὐκ ἔτ εἶχεν.
A la mujer? Natura τί οὖν; δίδωσι Κάλλοζ
Le dio belleza y gala,
Arma la más potenteἀντ' ἀσπίδων ἁπασῶν,
Entre todas las armas,ἁντ' ἐγχέων ἁπάντων
Que rinde los Imperios
Y testas coronadas,
Pues ceden hierro, y fuegoνικᾶ δὲ καὶ σίδηρον
A las hermosas damas.καὶ πῦρ καλή τιζ οὖσα.

El traductor anónimo recurre a los adjetivos para cometer sus ampliaciones: «duras» (v. 2), «generoso» (v. 3), «veloces» (v. 4), «sembrada» (v. 6), «prófuga» (v. 7)... Entre los versos 11-18 recrea e interpreta el contenido de los versos 8-11 del original (justo el doble número de versos). Como dato curioso, traduce ἰπποζpor «generoso bruto» y trastoca a la liebre de posición a tal punto que las «veloces plantas» que atribuye al caballo se corresponderían mejor, según el original, con el epíteto ποδωκίην de la liebre.

Vuelve a aparecer esta oda el 23 de junio de 1810 (DM, XII, n° 1725, p. 700), pero es otra traducción diferente y surge a propósito de la defensa que el autor hace de la educación de las mujeres, pues estas tienen en contra su naturaleza, como ya había indicado el poeta griego38. La versión es la siguiente39:

Naturaleza al toroΦύσιζ κέρατα ταύρποζ,
dio astas en la frente,
uñas a los caballos,ὁπλὰζ δ' ἕδωκεν ἵπποῖζ,
ligereza á las liebres:ποδωκίην λαγωοῖζ,
A los bravos leones λέουσι χάσμ' ὀδόντων,
sima de horribles dientes:
dio el volar a las aves:τοῖζ ιχθύσιν τὸ νηκτόν
dio el nadar a los peces:τοῖζ ὀρνέοιζ πέτασθαι,
Dio prudencia a los hombresτοῖζ ἀνδράσιν φρόνημα
mas para las mujeres,γυναιζὶͺν οὐκ ἔτ εἶχεν.
no le quedó otra cosa,
que liberal las diese.
¿Pues qué las dio? Belleza:τί οὖν δίδωσι Κάλλοζ
la belleza, que puede
aún más, que los escudos,ἀντ' ἀσπίδων ἁπασῶν,
y que las lanzas fuertes.ἁντ' ἐγχέων ἁπάντων
Porque en poder y en fuerza
una hermosura excede, νικᾶ δὲ καὶ σίδηρον
al hierro que más corte,καὶ πῦρ καλή τιζ οὖσα.
al fuego que más queme.

Después de ejemplificar con Anacreonte, el autor continúa comentando el poema en tono jocoso:

¿Que dice Vm. amigo mio? ¿No parece, que su naturaleza misma las repele de la sociedad? Pues este es un error vulgar; porque como ya dixe á Vm., la belleza, en razon de lo que mas se trata, comunica y versa,


es hierro que no corta,
es fuego que no quema.



La aparición de este poema responde, por tanto, a una cita erudita, y su traducción está más ajustada al original griego que la anterior. Recurre a ampliaciones, como «en la frente» (v. 2), «bravos» (v. 5), «horribles» (v. 6)... o todo el verso 12. Otra forma de ampliación diferente es la anáfora del verbo ἔδωκεν entre los versos 7-9. Por el contrario, encontramos omisiones, como el compuesto ποδωκίην (v. 3), que no refleja su primer elemento: «ligereza [de pies]» (v. 4). No es muy acertada la traducción de ὁπλὰζ por «uñas» (v. 3), aplicada a los caballos, ya que estos cuentan con cascos y el número de silabas de este sustantivo no afectaría a la métrica. Es llamativo el laísmo del v. 13, y el juego de raíces que presenciamos en el original griego ἁπαντ-, «todo», vv. 10-11) no se refleja en la traducción, omitiéndose el primero y transformando el segundo en «fuertes». La recreación aparece en los dos versos finales del original, que resultan ser el doble en la traducción y que son aprovechados por el autor en su comentario posterior.

Un término importante en esta composición es φρόνημα, ya que sirve tanto para oponer a hombres y mujeres como para calificar esta oda de misógina. El sustantivo hace referencia a la inteligencia, y los traductores han acertado al traducirlo por «sensatez» y «prudencia».

Ambas versiones son distintas de las castellanas de Quevedo, Villegas y Conde, con las que se han cotejado, e incluso superiores a estas. No así con las de los Canga-Argüelles o Cienfuegos. Esta comparación intertextual nos ha dado una sorpresa, y es que la segunda versión, la de 1810, es la que Ignacio de Luzán había incluido en su Poética (Zaragoza, 1737)40, obra de preceptiva literaria muy citada y seguida por los árcades mexicanos.

En ambas odas se utiliza el mismo esquema métrico: los dímetros yámbicos catalécticos del original griego son vertidos en heptasílabos con rima asonante en los versos pares, coincidiendo también así el número de sílabas. La métrica nos permite sospechar que la primera versión, con un ritmo yámbico continuo, puede deberse al mismo autor de la anterior anacreóntica analizada, es decir, a Francisco Manuel Sánchez de Tagle, aunque la composición aparece como anónima, algo habitual entre los árcades y especialmente en Sánchez de Tagle41.




Anthologia Graeca XVI 200

El jueves 23 de julio de 1807 (DM, VI, n° 662, p. 333) aparece un «Epigrama del amor arando, traducido del griego al latín, Y de este al castellano», que se vuelve a editar por segunda vez unos meses después, el viernes 9 de octubre de 1807 (DM, VII, n° 740, p. 153), en el que se indica, a diferencia del anterior, que se trata de una paráfrasis: «El amor arando, traducida del griego al latino, y de este al castellano = Paráfrasis». Aunque la crítica lo ha atribuido a Anacreonte, en realidad se corresponde con un epigrama del bucólico Mosco que está recogido por Planudes en la Antología Griega XVI, 200, bajo el lema εἰζ 'Ερωτα ἀροτριωντα, y que reproducimos a continuación con el texto original42:

De los cándidos hombros abajabaΛαμπάδα θυὲζ καὶ τόξα, βοηλάτιν εἵλετο ῥάβδον
el dorado carcaj Amor un día,οὖλοζ '᾿Ερωζ, πήρην δ' εἶχε κατωμαδίην
y en su lugar ponía
la alforja, que a propósito llevaba.
Igualmente arrojaba
la abrasadora tea,
y el grosero cayado apercibía.
Y uncidos ya los bueyes, prontamenteΚαὶ ζεύξαζ ταλαεργὸν ὑπὸ ζυγὸν αὐχένα ταύρων
para que abran el surco aguijonea.ἔσπειρεν Δηουζ αὔλακα πιροφόρον.
Ya esparce la semilla conveniente
en el fecundo preparado suelo:
y dice, levantando al claro cieloΕἶπε δ' ἄνω βλέψαζ αὐτῷ Διΐ. "Πλῆσον ἀρούπαζ,
sus ojos: haz, oh Júpiter, que veaμή σε τὸν Εὐρώπηζ βοῦν ὑπ' ἄροτρα βάλω'
la siembra acrecentarse en mi decoro;
si no quieres que sea
tu deidad convertida en manso toro,
y te veas obligado
por quien otra ocasión hacerlo pudo,
a llevar aquel yugo tan pesado
de Europa con infamia de cornudo.

F. M. N.

La traducción está firmada con las iniciales «F. M. N.», que se corresponden con fray Manuel Martínez de Navarrete43 La oda aparece sin presentación, sin mencionar la edición utilizada u otras versiones y sin ofrecer el texto griego o latino de donde fue tomada. A diferencia de las anteriores, la métrica no es muy acertada. Los dísticos elegíacos del original griego son transformados aquí en una sucesión de versos endecasílabos y heptasílabos, sin ninguna agrupación estrófica, con rima consonante, siendo su esquema: A B b A a c B D C D E E C F c F g H G H.

Más que una traducción se trata de una paráfrasis que sigue de cerca el texto original y que indica que también los dioses están sujetos al poder de Eros. Así, el primer dístico origina cinco versos en la traducción, porque amplía prácticamente todos los sintagmas al desdoblar Λαμπάδα καὶ τόξα, que traduce por «abrasadora tea» (v. 6) y «dorado carcaj» (v. 2), y el participio θείζ, que da lugar a todo el verso primero (junto con el adjetivo κατωμασίην calificando a la «alforja», que vuelve a recoger en el v. 4, «que a propósito llevaba») y al quinto. También la forma verbal εἵλετο origina todo el verso tercero y el «apercibía» del séptimo. Sin embargo, omite adjetivos relevantes, como el οὐλοζ atribuido a Eros, y cambia el sentido de βοηλάτιν, describiendo el cayado, que nada tiene que ver con «grosero». El segundo dístico es el que menos versos recrea, tan solo cuatro, tal vez porque omite términos griegos al darse por supuestos gracias al contexto, como ταλαεργὸν ὑπὸ ζυγὸν αὐχένα (v. 3), o cambiar la divinidad Deo, Deméter, por «suelo». No obstante, se producen ampliaciones, aunque no tantas como en el tercer dístico, ya que el pentámetro y, especialmente, la aposición τὸν Εὐρώπηζ βουν dan lugar a seis versos. Se enfatiza así, por tanto, la «punta» del epigrama, pues, cómicamente, Eros amenaza a Zeus con uncirlo al yugo, ya que este se metamorfoseó en toro para raptar a Europa (recordemos que Mosco es autor de un epilio titulado precisamente «Europa»), si no llueve. Gramaticalmente, en este dístico no se respeta el tiempo pasado del verbo principal, y el dativo de a quién va dirigida la plegaria se introduce en ella a modo de vocativo. El autor dice que es traducción de otra traducción latina, sin saber de dónde la tomó o quién realizó la versión.






Conclusiones

En las páginas del DM vemos pocos textos de Anacreonte, ya que las traducciones de poemas que la crítica le atribuye son en realidad dos Anacreónticas, es decir, imitaciones, y un epigrama del bucólico Mosco. Lo importante es que estas versiones aparecen en un medio que «abrió la puerta a la nación mexicana»44 y que son hijas de su tiempo. Ya hemos comentado la precaria situación de los estudios helénicos en Nueva España. También hemos identificado a sus autores, uno por el seudónimo que empleó, otro por firmar con las iniciales de su nombre. Respecto a las traducciones anónimas, una es de Luzán y la otra podemos vincularla por razones métricas con Sánchez de Tagle.

A modo de recapitulación, si analizamos estas traducciones según los presupuestos teóricos de J. S. Holmes45, atendiendo a los diferentes niveles de análisis, podemos hacer las siguientes consideraciones:

Ámbito lingüístico. Percibimos respecto al original que la versión presenta considerables adiciones, en algunos casos recreaciones e interpretaciones, y pequeñas omisiones que parecen responder a varios motivos: a la creatividad poética de sus traductores, a que no están hechas directamente del griego y, también, por tratarse de poesía, a la imposición del metro. También hemos visto algunas modificaciones léxicas y semánticas.

Ámbito socio-cultural. La traducción respeta el contenido cultural que transmite el texto, aunque prefiere para Eros el teónimo latino al griego, y en el caso de Deo, directamente lo suprime.

Ámbito literario-poético. Los traductores tratan de imitar el metro original; también se percibe claramente el influjo de la tradición literaria (el cultivo del género anacreóntico) y la influencia de la literatura francesa; respecto al nivel léxico, se emplea un vocabulario y un tipo de lenguaje culto y elegante, intentando adaptarse perfectamente al estilo y lenguaje original.

La traducción no deja de ser una forma de comunicación entre dos culturas, pues en la historiografía literaria este fenómeno ha permitido que estos poemas, que reflejaron cierto gusto estético, fuesen conocidos en otra época y en tierras lejanas. Esto permite que obras y autores extranjeros, helénicos en este caso, entren a formar parte de la vida cultural de un virreinato de Nueva España que está llegando a su ocaso, enriqueciendo su caudal literario con la recepción de obras canónicas que originalmente estaban escritas en otras lenguas y que, por el ansia de querer contar con ellas y por el escaso desarrollo de los estudios helénicos, se recurre a textos intermedios, en francés o en latín, y nunca en castellano, reivindicando así sus orígenes mexicanos y su independencia de la metrópoli. En este sentido, es llamativo que se tome la traducción de Luzán y el autor no haga ninguna mención a él, cuando podía omitirlo fácilmente, pues dicha composición ya estaba traducida en las páginas del DM. Por otro lado, Navarrete también hace lo mismo, ya que no nos indica de qué texto latino ha traducido el epigrama de Mosco. México quiere así contar con una literatura que los igualaría con otras naciones.




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