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Cf. Carrasco Urgoiti, «Las cortes señoriales del Aragón mudéjar y El Abencerraje» en Homenaje a Casalduero (Madrid, Gredos, 1972), pp. 115-128, y The Moorish Novel: 'El Abencerraje' and Pérez de Hita (Boston, Twayne, 1976); Francisco López Estrada, Introducción a El Abencerraje (Novela y romancero), 9 ed. (Madrid, Cátedra, 1993); López-Baralt, «Las dos caras de la moneda: El moro en la literatura española renacentista», en Huellas del Islam en la literatura española: De Juan Ruiz a Juan Goytisolo (Madrid, Hiperión, 1985), pp. 149-180, y las reflexiones de Márquez Villanueva en distintas secciones de El problema morisco.

 

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La información reunida en torno a este círculo de ingenios por Francisco Rodríguez Marín, en su biografía del poeta Luis Barahona de Soto, es sometida a revisión crítica por José Lara Garrido, La poesía de Luis Barahona de Soto (Lírica y épica del manierismo) (Málaga, Diputación, 1994).

 

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Véase Darío Cabanelas Rodríguez, El morisco granadino Alonso del Castillo (Granada, Patronato de la Alhambra, 1965). Estos ejemplos de moriscos asimilados y en general la complejidad de la Granada mudéjar, ya emergían en Los moriscos del reino de Granada (1957) de Julio Caro Baroja y en monografías tempranas de Domínguez Ortiz.

 

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Al caracterizar a Barahona de Soto, señala esta condición Lara Garrido, p. 46. En cuanto a Pedro Soto de Rojas, Aurora Egido desarrolla los conceptos de jardín-libro y libro-jardín, en que converge el legado del medio granadino con la tradición clásica y española. Introducción a Soto de Rojas, Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos (Madrid, Cátedra, 1981).

 

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Un historiador granadino opina que «los mejores y más hondos atributos culturales de los expulsos perduran y conquistan al repoblador castellano, indefenso ante la inexorable sugestión de una civilización superior, al menos en aquellos rasgos de cultura material que manifiestan más propiamente la comunión del hombre con su medio». Manuel Barrios Aguilera, «Historia, leyenda y mito en la Alpujarra: de la guerra de los moriscos a la repoblación viejo-cristiana», en Pensar la Alpujarra, ed. por J. A. González Alcantud (Granada, Diputación, 1996), p. 26.

 

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Examina la variable actitud emocional de los granadinos, a partir de la conquista, ante el legado árabe y sus símbolos, José Antonio González Alcantud, «En la frontera imaginaria: fascinación y repulsión de lo musulmán para la Granada real», La extraña seducción. Variaciones sobre el imaginario exótico de Occidente (Granada, Universidad, 1993), pp. 85-130.

 

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José Luis Orozco Pardo, Christianópolis: urbanismo y contrarreforma en la Granada del 600 (Granada, Universidad, 1985).

 

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«Vituperio y parodia del romance morisco en el romancero nuevo» Culturas Populares: Diferencias, Divergencias, Conflictos [Coloquio: Casa de Velázquez. 1983] (Madrid, Casa de Velázquez / Universidad Complutense, 1986), pp. 115-138.

 

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Los Mandari, posiblemente emparentados con Sidi Alí-al-Mandari, alcaide de Tetuán. Guillermo Gozalbes Busto, «Antroponimia morisca en Marruecos», Actes du VI Symposium, pp. 77-115. Véase p. 107.

 

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Dato en el «Catálogo de mercedes reales» (#393 y #416 y #452), publicado por Ladero Quesada, Granada después de la conquista: repobladores y mudéjares (Granada, Diputación, 1988).