Pequeña noticia de mi muerte
Omar Lara
Cuando ella vino
y me abrazó y me besó efusivamente
y se puso a toquetearme de lo lindo
con premura y ninguna delicadeza
tanto
tanto
que estuve a punto de espetarle el famoso poema
de don Nicanor
cuando ella vino
les confieso
no me di cuenta de nada (quién era o en qué andaba)
yo estaba en otras cosas
(a pesar del Anuncio, a pesar de la Advertencia)
yo estaba en otra cosa y quede claro
yo quería escribir a toda costa mi obra maestra
yo acababa de enterarme que era más o menos
inmortal (a pesar del Anuncio a pesar de la Advertencia)
yo había logrado, como era mi sueño
despertar una mañana hablando rumano
y así fue
sucedió exactamente como lo había soñado
entonces
me puse a saludar a los poetas
a saludarlos con entusiasmo aunque con el mayor respeto
buna ziua
noapte buna
ce mai faci
pofta mare
iba yo por la calle con mis queridos amigos
con Marin y con Dinu
con Maria y Verónica
con Mircea y Mihai
con Augustin y Ion
los viejos y los nuevos
me saludaba incluso Eminescu
a quien retribuía con mis mejores y más ampulosos
gestos nohualhinos
mientras Lucian Uriasul me explicaba sobre el espacio mioritico
y Nichita su extrema pasión por la palabra la palabra la palabra
vinieron también Aurel y Victor
Andrei y Ioanid
Marilena por cierto, el dulce Teodor
Ioana y Mazilescu
y Petre, qué decir de mi querido Petre
con quien nos peleamos una noche de copas a causa del Che
la gacela Gabriela se escapaba volando
de balcón a balcón
y Eugen y Geo y Gellu
y Cezar y Vasile y Mioritza
la que una tarde
de rodillas sobre las piedras cárpatas
rezó por mí.
A todos ellos saludé con mi nuevo reloj
(porque otro tiempo marcaba esa sed de saludos)
a todos ellos les di la mano y bebimos cerveza
y tzuica y nos bañamos.
Cuando ella llegó
les repito
no me di cuenta de nada
me mantuve lejano a su concupiscencia
ya tenía reservad
y oculto a cualquier ojo
mi pasaje sagrado a Portocaliu
adonde llegué una tarde
y de donde no me sacan
ni a la rastra.