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Halláronse a principios de abril de 1863, con ocasión de ciertas investigaciones histórico-literarias que practicaba en aquel archivo el académico de la Historia don Tomás Muñoz y Romero. Examinando entonces. y a lo que entiendo para el fin indicado. el señor don Luis Buitrago y Peribáñez, oficial de dicha dependencia. varios legajos de papeles antiguos de ella, encontró uno rotulado Diversos de curiosidad, que contenía. entre otros, la desconocida epístola de Cervantes al Secretario de Felipe II y uno de sus privados, Mateo Vázquez de Leca Colona, y el manuscrito autógrafo de la comedia de Lope Los Benavides. El entusiasmo con que los aficionados recibieron la nueva de este hallazgo, y las conversaciones y memorias que suscitó, impulsaron al señor don José Genaro Vilanova. apoderado general del señor Conde, a comunicar al expresado Muñoz y Romero, y poner luego a disposición del señor Hartzenbusch, Director de la Biblioteca Nacional, tres tomos en folio de cartas originales, y en su mayor parte autógrafas, de Lope de Vega Carpio, que se guardaban reservados en aquel archivo y son resto de una colección (según he oído asegurar) que constaba de ocho a nueve volúmenes. Van estas cartas, a excepción de un corto número, dirigidas al Duque de Sessa. Tienen los tres tomos iguales portadas, de letra del siglo XVII, que dicen: Cartas y billetes de Belardo a Luçilo sobre diversas materias. Tomo... Como ya hemos indicado, el señor Vilanova, con beneplácito del Conde, puso tan preciosos documentos a disposición de la Biblioteca, para que en el mismo archivo, y por comisionado de aquel establecimiento nacional, se sacase de ellos un completo y genuino traslado. Elegido al efecto el señor don Isidoro Rosell, del Cuerpo de Archivos Bibliotecarios, ha llevado a cabo tan importante tarea copiando los tres volúmenes de cartas con fidelidad tan escrupulosa, ya respecto de la viciosa y desigual ortografía con que están escritas y, de las marcadas erratas que contienen, ya en orden a su material disposición y forma, que puede su traslado en cierta manera estimarse como un facsímile. De esta copia he disfrutado yo en mi casa, con las formalidades y garantías que exige el Reglamento de la Biblioteca Nacional.
Cabalmente muy poco antes de hacerse pública la existencia de esta colección en el archivo de Altamira, había yo concluido de trasladar ordenar y anotar sesenta y dos de estas mismas cartas, correspondientes al tomo I de los originales, que el señor don Agustín Durán poseía, copiadas de su mano y había facilitado años hace el barón Adolfo Federico Schack, quien se aprovechó y dio la noticia de ellas, insertando algunos fragmentos de las mismas en su Historia del arte y de la literatura dramática en España (Geschichte der dramatischen literatur und kunst in Spanien... Frankfurt und Main... 1854). Fragmentos que yo en parte reproduje en mis Notas a la vida de Cervantes por Navarrete (Revista de ciencias, literatura y artes de Sevilla: año de 1857, t. III, pág. 474), y después en mi citado Catálogo bibliográfico y biográfico del Teatro antiguo Español. Madrid, 1860. Comunicó Durán dichas sesenta y dos cartas en 1862 al señor Hartzenbuch, para que utilizase los datos que contienen acerca del inmortal Cervantes al corregir y, comentar la edición del Quijote que se imprimía en Argamasilla de Alba: mandó el señor Hartzenbusch sacar un traslado, que me facilitó, y yo a mi vez hice copiar. Por fin el señor Durán, poco antes de su fallecimiento. me prestó la copia suya (por cierto bien poco fiel, como lo han evidenciado los originales), manifestándome acerca de su procedencia lo siguiente: Un íntimo amigo suyo le proporcionó en tiempos manejar esa colección de siete y ocho tomos de cartas originales de Lope, autógrafas la mayor parte, y las de mano ajena por él firmadas: colección que, según entendía el mismo señor Durán, debió de pertenecer al archivo del Duque de Sessa. Comenzó a trasladarlas. y habiéndose cansado, no copió más que las sesenta y tantas por él años después comunicadas al Barón de Schack.
Hasta aquí todo cuanto puedo yo a la fecha indicar acerca de la historia de tan precioso documento. Réstame advertir que en los tomos originales se hallan colocadas estas cartas (salvo algún corto número) revuelta y desordenadamente: y, que por esta causa, y por carecer de fecha la mayor parte de ellas, he necesitado emplear tan afanoso estudio en su coordinación, y quedan por reducir a tiempo y época muchos datos de grande interés y curiosidad.
Febrero de 1861.
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Palabras del mismo Lope en una de sus cartas, autógrafa y firmada, pero sin fecha, escrita, según mi cálculo, por los años de 1604 a 1605, y dirigida a persona de elevada estirpe; en mi opinión, a uno de los hermanos del Conde de Castro (después fray Agustín de Castro), o don Fernando, Conde de Gélvez. Como esta carta fuese una de las copiadas por el señor Durán, y el pasaje donde se hallan esas palabras, de los publicados por Schack, la alteración hecha por el copiante en la frase pared y medio, que aparece bien clara en el original autógrafo, sustituyendo la de pared en medio, a la verdad más corriente y gramatical, dio justo motivo a las dudas que el señor don Ramón Mesonero Romanos, diligente historiador de Madrid, manifestó al exponer la contradicción que hasta cierto punto resultaba entre esa frase y las noticias documentadas que había obtenido en consecuencia de sus investigaciones acerca del sitio que debió ocupar la casa natal de Lope. Demos cuenta, en primer lugar, de esas indagaciones. Montalbán, en la Fama póstuma, es quien afirma que Lope «nació en casas de Jerónimo de Soto, en la Puerta de Guadalajara». Y el señor Mesonero, partiendo de esta noticia, ha reconocido los registros de todas las de aquellas inmediaciones, sin encontrar más que en uno de los sitios o solares que concurren a formar el de la moderna casa números 7 y 8 antiguos y 82 moderno de la manzana 415, la circunstancia de haber pertenecido a los herederos de Jerónimo de Soto. Esta casa, de construcción moderna, que reúne en su área de 3.340 pies otros sitios que pertenecieron a Gaspar Rodríguez cortés y a Francisco López, se halla situada en la manzana de la calle Mayor que hace frente a la que comprende las casas y el torreón de las Lujanes, mal pudiera la frase pared en medio expresar la relativa situación de ambos edificios; y así, el señor Mesonero recurrió a calificar la tal frase de locución poética o figurada del ilustre escritor. Con el descubrimiento del legítimo texto cesa todo género de duda, pues que las palabras pared y medio no indican medianería, sino distancia, y se refieren indudablemente al trozo de adarve o muro que enlazaba las dos manzanas dejando entre ambas el arco o hueco de entrada que llevaba el nombre de Puerta de Guadalajara. La casa que describe el señor Mesonero es, en efecto, una de las más contiguas al sitio que ocupó dicha puerta, y tiene accesorias al callejón sin salida de la costanilla de Santiago. Fue luego perteneciente a las memorias fundadas por don Pedro de Uribe y Salazar.
Jerónimo de Soto se llamó uno de nuestros más célebres ingenieros de aquella época. Floreció desde 1587 a 1629.
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Se hallaba situada esta iglesia en el terreno que hoy es plazuela de San Miguel, y su fábrica primitiva databa del siglo XIV. Era apellidada de los Ottores u Octoes Por el nombre de una rica familia, su feligresa y bienhechora, y distinguida así de la otra Parroquia, aun más antigua, de San Miguel de la Sagra, que estaba cerca del Alcázar. Gonzalo Fernández de Oviedo, en sus Quinquagenas, 2.ª, fol. 73, la llama Sant Miguel Ottores. Reedificada en tiempo de Felipe III, era su templo hermoso y capaz, y contenía preciosos objetos de arte, cuando fue destruida en gran parte por el horroroso incendio de la Plaza Mayor, el 16 de agosto de 1790. Sus restos fueron demolidos en la época de la dominación francesa. (Mesonero Romanos: El antiguo Madrid... Madrid, 1861).
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Son frases de Montalbán. (Fama póstuma a la vida y muerte del Doctor Frey Lope Félix de Vega Carpio... Madrid, 1630 Lope, que repetidamente habla de su «humilde sangre», de la «humilde casa de sus padres» en las cartas al Duque de Sessa, dice en la epístola al contador Gaspar de Barrionuevo:
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En la primera edición de la Arcadia (Madrid, 1598) hizo grabar su escudo de armas con esta leyenda: «De Bernardo es el blasón; las desdichas mías son», aludiendo a Bernardo del Carpio. El escudo Presenta en su centro nueve castillos o torres, y diez en la orla o franja que le rodea4.1.
No falta quien asegure, dice el señor don Cayetano Rosell en el prólogo de su Colección escogida de obras no dramáticas de Lope; Madrid, 1856 (Biblioteca de Autores españoles del señor don Manuel Rivadeneyra), que su padre era cestero o sillero de paja, fundándose en los siguientes bellísimos versos de la Epístola a don Francisco Herrera Maldonado (La Circe; Madrid, 1624):
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O estos otros de la segunda parte del poema La Filomena, que parecen afirmarlo más claramente:
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Pero ¿quién torna a la letra una expresión sin duda metafórica, en que ni por asomo pensaría regularmente Lope aludir a la condición de su padre?... Yo añadiré que bien pudo Félix de Vega tener la habilidad de trabajar en mimbre o paja, y servirse de ella para fabricar objetos de su propio uso. Consta, como veremos, que poseía alguna hacienda.
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La escribió Lope en contestación a otra bella epístola de Amarilis en silva, que va con la suya inserta en La Filomena. (Madrid, 1621.) Era esta incógnita dama, según claramente indica en su referida composición, natural de la ciudad de León de Guanuco, situada 50 leguas al Norte de la de los Reyes, y en aquélla residía. Después, acaso se trasladó a Santa Fe de Bogotá, adonde la refiere Lope al elogiarla en su Laurel de Apolo, silva segunda. Descendía de los conquistadores de aquellos países, que fundaron la dicha ciudad de León. Sus padres murieron prematuramente, quedando ella y otra hermana, a quien llama Belisa (Isabel), a cargo de su tía, herederas de un patrimonio muy suficiente para su cómoda subsistencia. Vivían juntas las hermanas, Belisa, menor, la casada, y nuestra Amarilis
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La ciudad de León del Guanueo fue fundada por el capitán Gómez de Alvarado (hermano del adelantado don Pedro) en 1539, con poder del virrey Pizarro. Despoblada algunos años después, por consecuencia de un alzamiento de los indios, la reedificó Pedro Barroso, y acabó de asentalla Pedro de Puelles. (Cieza de León: Prim. parte de la Crónica del Pirú; Sevilla, 1553.) Acaso, pues, era el nombre de esta señora doña María de Alvarado.
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Montalbán: Fama póstuma a la vida y muerte de Lope.
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El mismo: En ambas citas es literal lo que va entre comillas.
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Es el interlocutor de La Dorotea, llamado Julio, confidente en ella y compañero del protagonista Fernando, en quien está representado Lope. El amigo y ayo de éste no pudo ser Claudio Conde, que, según adelante veremos, tenía próximamente su misma edad. Véase el pasaje que ahora copiamos en el acto cuarto, escena primera, de La Dorotea.
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Soneto CXV de la Segunda parte de las rimas, que va con el poema La hermosura de Angélica; Madrid, 1602. Comienza:
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Le escribió Lope siendo ya mozo, y demuestra la confianza con que trataba a Labaña.
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Con efecto, he hallado después en su autobiografía, que le siguió siendo ya galán de Dorotea, a los dieciocho años o diecinueve de su edad.