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ArribaAbajo- XI -

Catorce años de edad había cumplido en 1619 la hija mayor de Lope, D.ª Marcela del Carpio. Dedicola en su Trecena parte la comedia El remedio en la desdicha, dedicatoria que con su epígrafe trasladamos a continuación:

«El remedio en la desdicha, comedia de Lope de Vega, dedicada a D.ª Marcela del Carpio, su hija.

»Escribió la historia de Xarifa y Abindarráez, Montemayor, autor de la Diana, aficionado a nuestra lengua con ser tan tierna la suya, y no inferior a los ingenios de aquel siglo; de su prosa, tan celebrada entonces, saqué yo esta comedia en mis tiernos años. Allí pudiérades saber este suceso, que nos calificaron por verdadero las crónicas de Castilla en las conquistas del Reino de Granada; pero si es más obligación acudir a la sangre que al ingenio, favoreced el mío con leerla, supliendo con el vuestro los defectos de aquella edad, que en la tierna vuestra me parece tan fértil, si no me engaña amor, que pienso que le pidió la naturaleza al cielo para honrar alguna fea, y os le dio por yerro, a lo menos a mis ojos les parece así, que en los que no os han visto pasará por requiebro. Dios os guarde y os haga dichosa, aunque tenéis partes para no serlo, y más si heredáis mi fortuna, hasta que tengáis consuelo, como vos lo sois mío.

»Vuestro padre.»



Estaba Marcela en lo más florido de su edad adolescente, era bella y discreta189, habíase educado en la escuela de amor. Amiga y compañera inseparable de doña Marta de Nevares Santoyo, conocía sin duda todo el secreto (si así puede llamarse) del trato amoroso que nos ha revelado la correspondencia hallada en el archivo de Altamira. La hemos visto incesantemente ocupada, por mandato de su padre, en recobrar de la hermosa Amarilis, sin reparar en los medios, cuantas cartas y poesías amorosas él mismo había dirigido a ésta su querida, y la dirigía continuamente; papeles de tal género, que Lope se avergonzaba de que el Duque de Sessa, para quien se recogían, los dejase ver del encuadernador. Mostrábase cuidadosa de vestidos y galas190! y por otra parte, la escogida sociedad de poetas, escritores y artistas, caballeros y próceres que frecuentaban su casa en obsequio del Fénix de los Ingenios, no debía, por cierto, de inspirarla costumbres y deseos muy opuestos a los que denomina mundanos el lenguaje ridículo del fanatismo. No la faltaban amartelados galanes que rondasen su puerta, y a deshora saludasen a cuchilladas al buen Lope, a pesar de su investidura y sus fueros de Familiar de la Suprema. Véase la siguiente carta del mismo, señalada con el núm. 152 entre las del tercero de los tomos originales:

(Sin fecha.)

«Señor, yo he tenido grandes disgustos; porque una noche de éstas, a las doce, me quisieron matar: baliome mi advertimiento y el mostrar ánimo. He sabido la causa, que procede de aquel pícaro que quería por fuerza ynquietar mi casa por esta niña: de todo deseo hablar a V. ex.ª, que ya sabe que yo no le puedo encubrir lo más adentro del alma y de los pensamientos: pienso que esta tarde iré a bessar esos pies, y a lo que digo; con que no passo adelante en éste, porque son cosas tan pesadas que no las sufre el papel. Dios guarde a V. ex.ª»



En la dedicatoria que arriba dejamos transcrita, Lope había expresado bien claramente su deseo de que Marcela abrazase el natural estado de matrimonio.

«Dios os guarde y os haga dichosa... hasta que tengáis consuelo como vos lo sois mío.»



Contraria fue, sin embargo, la decisión definitiva de la malaventurada joven a tan señalados antecedentes y deseos. A fines del año de 1620, o principios del inmediato, escribía Lope en su epístola séptima de las contenidas en la Filomena, contestando a la poetisa peruana, encubierta con el nombre de Amarilis (¿D.ª María de Alvarado?), los versos que siguen:


    «Marcela con tres lustros ya me obliga
a ofrecérsela a Dios, a quien desea,
si él se sirviese que su intento siga.
    Aquí, pues, no ha de haber nadie que crea
amor de un padre, no es decir exceso
que no fue necia, y se libró de fea.»



El 28 de febrero de 1621 tomó el hábito de religiosa de coro en el convento de Trinitarias Descalzas de esta corte, calle de Cantarranas (hoy llamada de Lope de Vega), donde ya lo era desde 1614 la hija natural de Cervantes D.ª Isabel de Saavedra. Solemne y famoso fue este monjío: Lope le describió en su epístola a don Francisco de Herrera Maldonado, publicada en la Circe, colección de rimas y prosas que sacó a luz, año de 1624. Escuchemos su interesante relación:


    «Marcela, de mi amor primero cuidado,
se trató de casar, y libremente
una noche me dijo el desposado.
    Yo, viendo que era término prudente
examinar mejor su pensamiento,
que hay cosas que gobierna el accidente,
    hice mis diligencias, siempre atento
a no quitarla el gusto, si tenía
en la verdad del alma el fundamento.
    Mas creciendo sus ansias cada día,
determinéme a dársela a su esposo,
que con tan grande amor la pretendía.
    Era galán, discreto, rico, hermoso,
altamente nacido, y con un padre,
que no es menos que todopoderoso.
    Yo os juro que por parte de su madre
toca en sangre Rëal, y que es tan buena,
que no hay gloria y virtud que no le cuadre.
    Es madre de tan altas gracias llena,
que las dispensa Dios por ella al mundo:
lirio, rosa, ciprés, palma azucena.
    Con esto yo (si bien rigor profundo
apartarla es de mí) las escrituras
tierno concierto y concertado fundo.
    Las esposas de Dios, las almas puras,
que aquí llaman Descalzas Trinitarias,
que andan descalzas, pero van seguras,
    advertidas las cosas necesarias,
y adornando su templo mi cuidado
de ricas telas, de riquezas varias,
    previenen a la boda el desposado,
supuesto que él estaba prevenido,
si bien las hace siempre disfrazado.
    Visten un niño, que de sol vestido
(no digo bien, que él viste al sol), y luego
se suena en voz alegre que ha venido.
    Sale Marcela, y perdonad, os ruego,
si el amor se adelanta, que quien ama
juzga de las colores como ciego.
    No vi en mi vida tan hermosa dama,
tal cara, tal cabello y gallardía;
mayor pareció a todos que su fama.
    Ayuda a la hermosura la alegría,
al talle el brío, al cuerpo, que estrenaba
los primeros chapines aquel día.
    Madrina, de la mano la llevaba
la señora Marquesa de la Tela,
que pues no la deshizo, hermosa estaba.
    No pudo encareceros a Marcela
hipérbole mayor que su hermosura,
si a la envidia deslumbra, al sol desvela.
    Aunque iba nuestra novia tan segura,
el Marqués de Povar fue con la guarda,
honrando su modestia y compostura;
    pero mejor el ángel de la guarda,
que la llevaba a su divino esposo,
para quien años deciseis la guarda.
    Iba el Duque de Sessa, generoso,
y otros señores, de quien siempre he sido
honrado, no por bueno, por dichoso.
    Cantó las letras tierno y bien oído
el canario del cielo, de su canto
dulce traslado, Florïán florido,
    Ponce y Valdés; que encareceros cuanto
extremaron sus gracias, fuera agora
contar las luces al celeste manto.
    Sonaba el arpa de Anfión sonora
entre mis versos, dulces por llorados,
que no por ayudados del aurora.
    Estaba de la puerta en los sagrados
umbrales el esposo, que tenía
una niña en los brazos regalados.
    Niño el esposo, y niña le traía,
que gusta Dios para tratar de amores
de disfrazarse en tanta niñería:
    y como si ella le pidiera flores,
cubierto dellas el divino Infante
a desmayos de amor le dio favores.
    Aquel descalzo templo militante
estaba con las velas encendidas,
y los velos del tálamo delante.
    Marcela, las dos rosas encendidas,
y bañada la boca en risa honesta,
mirome a mí, para apartar dos vidas.
    Y el alma, a tanta vocación dispuesta,
con una reverencia dio la espalda
a cuanto el mundo llama aplauso y fiesta;
    y ofreciéronle al niño la guirnalda
de casta Virgen, abrazó su esposo,
besándole los ojos de esmeralda.
    Cerró la puerta el cielo a mi piadoso
pecho, y llevome el alma que tenía;
de que no fueron mil estoy quejoso.
    Bañome en tierno llanto de alegría,
que mis pocas palabras y turbadas
con sentimiento natural rompía.
    Volvimos a la iglesia, y despojadas
las galas de la novia, piedras y oro
las vi en sayales toscos transformadas.
    Cortados los cabellos, que el decoro
tiene de la hermosura, sin cabellos
(testigo de las Vírgenes del coro),
    asió su esposo la ocasión por ellos
y se la tuvo un año por tan suya
que apenas nos quedó reliquia dellos.»



Profesó nuestra Sor Marcela de San Félix (que este nombre tuvo en el claustro) por el mes de abril del siguiente año, ceremonia que Lope continúa sin interrupción describiendo en la misma epístola:


    «Pidiome luego a voces que concluyera
el casamiento; así con él se hallaba,
porque el deseo del contento arguya.
    Y la que yo tiernamente amaba,
que más galán que padre, en oro y seda
su persona bellísima engastaba;
    como la rosa que marchita queda
cayó en sí misma al espirar el día,
perdió la pompa la purpúrea rueda.
    Sobre las pajas ásperas dormía,
y descalza y desnuda, en pobre mesa.
el alma por los ojos descubría,
    fundando el fin de tan gloriosa empresa
en darle el velo, y que a su dulce esposo
besase los sagrados pies profesa.
    Peinaba el vellocino luminoso
con rayos de oro el sol, y el prado en flores
bañaba alegre el céfiro amoroso
    cuando por dar descanso a sus temores
(que aun no pensaba verse en gloria tanta)
pintó la iglesia de oro y de colores.
    Lo poco que la fábrica levanta,
con varios hieroglíficos y versos
a las máquinas altas se adelanta.
    Gradas de tela, flores, vasos tersos,
forman altar vistoso relevados,
en oro iguales y en labor diversos.
    Sustentaban las piras de los lados
los dos mejores primos, el lucero
y el sol, del alba hermosa acompañados.
    En medio estaba el cándido cordero,
que disfrazado al desposorio vino,
a quien la novia recibió primero.
    El dulce Hortensio, Hortensio peregrino,
elocuente Crisóstomo segundo,
Crisólogo español, Tulio divino,
    predicó tan valiente y tan profundo,
que nunca vi más rico dulce esposo,
ni con menos valor pintado el mundo.
    Fue el coro de la música famoso,
y celebró con devoción la misa,
un caballero docto y generoso.
    En claveles, en gloria, en cielo, en risa
bañado el dulce esposo, trujo el velo,
de las arras espléndida divisa.
    Allí postrada en el sagrado suelo,
sus exiquias penúltimas cantaron,
tan triste el mundo, cuanto alegre el cielo.
   Todas una por una la abrazaron,
fuéronse con su esposo, y a la mesa
con el divino Niño la sentaron.
    Allí Marcela vive, allí profesa;
lejos del loco mundo y sus engaños,
del cielo sigue la divina empresa.
    ¡Oh santos, oh floridos desengaños!
Pues tan hermosa virgen, tierna y casta
consagra al Dios de amor deciseis años!»



Sobrevivió Marcela, cincuenta y tres a su padre: murió en su convento de Madrid, el 9 de enero de 1688, a la edad de ochenta y tres años.

De muy diverso carácter, inquieto y con asomos de díscolo y malvenido con el yugo paterno, hubo de salir el joven Lope Félix del Carpio y Luján. Prueba de ello ofrecen, no solamente sus inclinaciones, sino el siguiente pasaje de un billete de su padre al Duque de Sessa, no fechado, que en el tercero de los tomos originales va marcado con el núm. 8, y quizá pertenece al año de 1616:

«Con los disgustos de Lopito no he podido, Señor, acabar esto que V. ex.ª me ha mandado. Él queda ya, con harto dolor mío, en los Desamparados191; que quien me dijera que a esto me havía de obligar, pensara yo que estaba loco; pero porque no lo seamos entrambos, él por falta de castigo, y yo por sobra de pesadumbre, bien es que allí se tienple por algunos días, y yo descanse.»



Tenía emprendidos el travieso Lopito por los años de 1615 al 16 los estudios de latinidad. Fue sin duda en aquella época (así parecen demostrarlo todos los indicios) cuando su padre le dedicó la comedia El verdadero amante, gran pastoral Belarda, que incluyó luego, como llevamos dicho, en su Parte catorce, preparada desde 1619 y publicada en 1620. Véanse el epígrafe y algunos párrafos de la dedicatoria de este drama:

«El verdadero amante, primera comedia de Lope de Vega Carpio, dirigida a Lope de Vega, su hijo.»

«Mirando un día el retrato de vuestro hermano Carlos Félix, que, de edad de cuatro años, está en mi estudio, me preguntaste qué significaba una celada que, puesta en un libro en una mesa, tenía por alma del cuerpo esta empresa: Fata sciunt; y no os respondí entonces porque me pareció que no érades capaz de la respuesta. Ya que tenéis edad y comenzáis a entender los principios de la lengua latina, sabed que tienen los hombres para vivir en el mundo, cuando no pueden heredar a sus padres más que un limitado descanso, dos inclinaciones: una a las armas, y otra a las letras, que son las que aquella celada y libro significan con la letra, que... dice que el cielo sabe cuál de aquellas dos inclinaciones tuviera Carlos... Vos quedastes en su lugar; no sé con cuál genio... Ni aun conozco la calidad de vuestro ingenio, que San Agustín tuvo por felicísimo al que nacía con él... Mas ¿para qué os persuado con autores, cuando aun estáis en los primeros rudimientos de la lengua latina? Cosa que no podéis escusar, aunque, si hubiera quien os enseñara bien la castellana, me contentava más de que la supiérades.

»Vos me habréis entendido; y en razón de la inclinación, que fue el principio desta carta, no tengo más que os advertir, si no os inclináredes a las letras humanas, de que tengáis pocos libros, y esos selectos...; y si por vuestra desdicha vuestra sangre os inclinare a hacer versos (cosa de que Dios os libre), advertid que no sea vuestro principal estudio, porque os puede distraer de lo importante, y no os dará provecho...

»...Yo he escrito novecientas comedias, doce libros de diversos sujetos, prosa y verso, y tantos papeles sueltos..., que no llegará jamás lo impreso a lo que está por imprimir; y he adquirido enemigos, censores, asechanzas, envidias, notas, reprehensiones y cuidados; perdido el tiempo preciosísimo, y llegada la non intellecta senectus, que dijo Ausonio, sin dejaros más que estos inútiles consejos. Esta comedia, llamada El verdadero amante, quise dedicaros por haberla escrito de los años que vos tenéis; que aunque entonces se celebraba, conoceréis por ella mis rudos principios, con pacto y condición que no la toméis por ejemplar, para que no os veáis escuchado de muchos y estimado de pocos. Dios os guarde.

»VUESTRO PADRE.»



Hemos dicho al hablar de la justa poética a la beatificación de San Isidro, celebrada el 19 de mayo de 1620, que Lope de Vega Carpio el mozo, poeta nuevo, que no había cumplido catorce años, concurrió a ella presentando una glosa. Era este el asunto del quinto certamen, respecto del cual decía el cartel:

«Al que con mayor propiedad y agudeza glosare estos cuatro versos:


    'A ninguno, Isidro, el cielo
premió por arar tan bien;
porque fuiste sólo quien
aró con el cielo el suelo',

le ofrece la musa Melpomene un Agnus Dei de oro, de peso de treinta ducados. Al segundo, dos vueltas de cadena de resplandor de precio de veinte ducados. Y al tercero, una banda de gasa bordada de oro, de precio de ciento y cincuenta reales.»



Las composiciones que el libro contiene relativas a este combate, son trece: sus autores, y el orden de su colocación, los que siguen: Lope de Vega el mozo, Juan Izquierdo de Piña, D. Juan de Jáuregui, Ldo. Juan Pérez de Montalbán, Sebastián Francisco de Medrano, Miguel Moreno, D. Alonso de Oviedo, el Mro. Calvo, Diego de Otáñez, Fernán Ruiz de Biedma, Fr. Hernando de Prado, Ldo. Barbosa, el Mro. Burguillos (Lope).

La de nuestro Lopito dice así:


    «Entre los hijos de Adán
que comieron con sudor,
como Dios lo dijo, el pan,
ninguno tuvo el honor
que el cielo y la tierra os dan.
    Que como a vos, por el celo
que da la tierra os destierra
no ha dado mayor consuelo
ni más honor en la tierra,
a ninguno, Isidro, el cielo.
    Que como Dios las leyes
favorecen las menores,
con laurel de oro y con bueyes
sois Rey entre labradores
y labrador entre Reyes.
    Coronado, Isidro, os ven
cielo y tierra, porque arastes
tan bien, que el Señor, a quien
arando el cielo agradastes,
premió por arar tan bien.
    Si labradores hacéis
los ángeles, ese día
trocado el nombre tenéis;
ángel sois de hierarquía,
que por tres juntos valéis.
    ¿Quién alcanzó mayor bien
arando, Isidro, de Dios,
si con vos ángeles ven?
Mas ellos dirán que vos,
porque fuistes sólo quien.
    En vos con arar y orar
parece que el cielo fragua,
para coger y sembrar,
un labrador harto de agua,
pues que se hartó de llorar.
    Oh felice a quien el cielo
hizo labrador tan santo,
que a fuerza del santo celo,
ayuno, oración y llanto,
aró con el cielo el suelo.»



En el romance panegírico de los justadores, que hace veces de vejámen, va nombrado por Lope su hijo en el penúltimo lugar, siguiéndole D. Antonio Hurtado de Mendoza, que escribió sin aspirar a premio. La mención es realmente vejatoria; dice de este modo:




De Lope de Vega el mozo


    «Dicen, no sé si lo crea,
que él y su padre van horros
en las armas destas fiestas.
    Y que le puso en la glosa
el emplasto de una enmienda,
para cazar con hurón
el Agnus o la cadena.»



A fines de 1620, o principios del 21, al escribir Lope su citada epístola (inserta en la Filomena, cuya aprobación es de 31 de mayo de ese último año) a la poetisa peruana encubierta bajo el seudónimo de Amarilis, ya había el malogrado mancebo, declarando terminantemente su vocación militar, dado de mano a los estudios. Cifra allí su padre esta noticia en este solo terceto:


    «Lope quedó, que es el que vive agora:
¿No estudia Lope? ¿Qué queréis que os diga
si él me dice que Marte le enamora?»



Y luego, en la dirigida a D. Francisco de Herrera Maldonado, escrita de 1622 al 23, a terceto seguido del relato, que ya dejamos transcrito, del monjío de Marcela, se expresa en estos términos:


    «Esto, Francisco, de Marcela basta:
Lope se fue a la guerra, que la guerra
muchos estudios fértiles contrasta.
    Por eso no os le dí, que en vuestra tierra
sirviéndoos se criara más seguro
que en ésta, de quien tanto se destierra.
    Creciera yedra en tan valiente muro,
y de vuestras virtudes aprendiera
aquel estilo vuestro honesto y puro.192
    Mas ya que Lope, de Belona fiera
quiere seguir el arte, tan distinto
de lo que yo pensé que le tuviera;
    ya que del cortesano laberinto
salió a otro cielo, haced, Francisco, cuenta
que halló las armas del planeta quinto.
    Un Aquiles cristiano representa
el gran Marqués de Santa Cruz, que el nombre
entre los nueve de la fama intenta:
    a su sombra podrá Lope ser hombre,
si no es que la fiereza de Minerva
tierno le canse, o tímido le asombre.
    Mas como nace, crece y se conserva
la tierna vid al verde tronco asida
y por los prados fértiles la yerba,
    la sombra de Bazán le dará vida;
Bazán, terror del Asia, honor de España,
la espada en sangre bárbara teñida.»



Tomó partido, pues, el joven Lope en los tercios de Marina que guarnecían la armada puesta bajo las órdenes del Marqués de Santa Cruz, hijo del famoso don Álvaro Bazán, primero de este título. Aguardábale al embarcarse la bandera de alférez que se le concedió por gracia extraordinaria, suplida la edad, de que no contaba sino quince años. Hallose, y peleó bizarramente, en varios y numerosos encuentros marítimos, a que dio ocasión la guerra que sosteníamos contra holandeses y turcos. Adulto ya, y cuando, por merecido premio de su valor, estaba próximo a obtener el grado de capitán, codicioso de más pronta y positiva fortuna, tomó parte en la expedición que a la isla Margarita, y con objeto de dedicarse a la pesca de perlas,


«Blanca ambición como amarilla el oro»,



emprendía un fuerte buque mandado por su amigo el valeroso capitán Antandro (este nombre poético le da Lope), y guarnecido por 250 soldados veteranos. ¡Lamentable suceso! Al segundo día de navegación hizo el bajel agua, y sumergiose en pocos momentos con toda su tripulación y gente. Tal fue el desgraciado fin de Lope de Vega, el mozo, de quien los biógrafos, siguiendo ciegamente a Baena, que le supone muerto a la edad de quince años, no han acertado a dar las noticias que yo acabo de estampar con presencia de la égloga en que Lope lloró su temprana y desdichada muerte. Imprimiose póstuma esta composición en la Vega del Parnaso, colección de obras líricas y dramáticas del Ingenio Fénix, publicada por su hija Feliciana y su yerno Luis de Usátegui (Madrid, 1637). Insertamos a continuación los correspondientes fragmentos de ella, y el encabezamiento que tiene:




Felicio, égloga pescatoria


en la muerte de D. Lope Félix del Carpio y Luxán


Interlocutores: TIRRENO. ALBANO.



... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

«Albano

Tu hermosa Galatea [...]
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Estaba agora consolando a Eliso,
de la muerte de un hijo lastimado;
que no hay cosa mortal que no lo sea.

Tirreno

¿A Eliso Galatea?
¿Pues cómo tuvo de su muerte aviso?

Albano

Es calidad del mal ser avisado.
Iba Felicio ¡ay cielos! embarcado
en un ligero leño,
infausta cama a su postrero sueño,
a, más feliz que Arabia, Margarita:
tal nombre, por las perlas solicita.

Tirreno

Blanca ambición como amarilla el oro.

Albano

Perlas, dice el pastor Artemidoro193,
que significan lágrimas, Tirreno.

Tirreno

Bien se cumplió en Eliso, cuando ajeno
estaba del suceso que me dices.

Albano

Las de Felicio fueron infelices.

Tirreno

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Cuéntame lo que sabes de Felicio,
Felicio aquel que en la ribera nuestra
criaron las Nereydas [...]
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

Albano

Estaba el viejo pescador sentado
en su barquilla ayer, al sol tendida
la parda red nudosa,
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
cuando, con tiernas ansias y temores
por acercarse al mar, cuando no llega,
que el paternal amor jamás sosiega,
así le dijo al mar: 'Claro Océano,
que conduces las naves españolas
al occidente indiano,
así jamás a tus serenas olas
quite la justa fama
la canal tormentosa de Bahama;
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
que me digas de aquella prenda mía,
que ha tanto que me falta,
ya por el campo que tu seno esmalta
de varias islas y naciones lleno,
en apacible o áspero terreno,
o ya por el confín de sus riberas,
combatiendo las armas y banderas
de fieros holandeses;
después que los ingleses
con nuestros castellanos,
dadas en santa paz las diestras manos
al pie de Guadarrama,
abrazándose Carlos y Felipe,
las confirmaron por eternos años,
volando al orbe la parlera fama':
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Esto Eliso decía,
cuando del centro (horrísono portento)
bella ninfa del mar mudo elemento,
y en nubes de agua, para hallar camino,
el roto vidrio en círculos previno:
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
luego que respiró la blanca diosa
en el aire común a los mortales,
con la azucena de la mano hermosa
apartó los cabellos y corales,
unos oro de Ofir y otros guirnalda,
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
y sentada en un nácar en la forma
de un carro, que tiraban dos delfines,
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
así con triste voz a Eliso informa:
'Eliso, cuyo nombre en los confines
del contrapuesto Sur repiten tanto
sonoros ecos de tu dulce canto,
por la firme opinión de tus escritos,
prodigios inexhaustos, infinitos,
aunque te ofenda esta alabanza justa;
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
escucha, pues, lo que saber deseas,
con inmenso dolor y sentimiento
de ser de tus desdichas instrumento:
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
después que con la espada
(la ninfa prosiguió) mostró valiente
el joven animoso
en tantas ocasiones que la armada
se opuso al holandés y al insolente
Tracio, que todo es uno;
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
sin deponer el brío
de Marte riguroso,
probar quiso también a ser dichoso,
no viniéndole el serlo por herencia;
oyendo que consiste en diligencia,
que los que quieren adquirir riqueza
llamaron diligencia a la bajeza;
y va por capitán de un fuerte leño
el valeroso Antandro,
no en dichas, en hazañas Alejandro,
y de doscientos y cincuenta dueño,
soldados veteranos,
que también Alejandros por las manos
dignos del mismo nombre,
a la madre de perlas, Margarita,
de la corona de Felipe invita:
caso para que asombre,
que apenas navegando
salió sin alegría
la blanca aurora del siguiente día
cuando dan voces que se va anegando,
y el eco triste en todo el mar rimbomba;
que ni el baldetirreno ni la bomba
pueden ser de provecho
cuando es la muerte el huracán deshecho:
ya no hay jarcia ni vela que distinga
lo que hay desde la gavia a la carlinga;
no allí desnuda el Orión la vaina
a la espada cruel bañada en ira,
ni hay amura, ni hay vira,
ni zozobra, ni amaina;
las amarras y cables
son confusos lamentos miserables;
ni allí se arrojan entre ropa y jarcias
al mar riquezas, ni defensas marcias;
que en círculo redondo,
barreando cristal, se vino a fondo.
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Pero en el breve instante
los dos tiernos amigos se abrazaron
con tímido semblante,
Y lo que ya las lenguas no podían,
los ojos y las lágrimas hablaron,
y fueron, como el Géminis del cielo,
del marítimo suelo
Castor y Pólux, porque no divida
sus brazos ni la muerte ni la vida.'
Dijo; y cual suele flecha despedida
de arco chileno al ánade marino
que apenas toca el agua con las plumas,
rompió las ondas con veloz corrida,
y a poco trecho, en breve remolino
la desapareció nube de espumas.
Era este tiempo cuando Eliso en vano
versos al triste joven dirigía,
y con amor paterno refería
lo que apenas obró su tierna mano;
puesto que del valor prólogo fuese,
viendo en la luz que la mañana envía
lo que ha de ser el sol a mediodía;
contento de que hubiese,
de tres lustros apenas,
visto turbantes rojos
con tocas tunecíes,
y de Argel y Viserta las almenas.
¡Oh míseros despojos!
¡Oh flor, que al alba entre el aljófar ríes,
y cuando el sol mayores pompas haces
cierras las hojas, y marchita yaces;
que la más satisfecha lozanía,
o la derriba el sol, o falta el día!
Mas cuando oyó que el hijo que ya era
adulto, con valor la disciplina
militar prosiguiendo,
no sólo enarbola la bandera
que en cartas le aguardaba en la marina,
la tierna edad cuando partió supliendo,
pero de capitán, debido nombre
a aquel valor que desde niño es hombre,
cayó no de otra suerte desmayado
que suele a la segur robusta encina,
o como el suelo el verde tronco inclina
el olmo descubierto de raíces,
de los discordes vientos derribado.
Mas vuelto en sí, las canas infelices
duramente rasgaba,
diciendo: '¡Oh mi Felicio, oh mi Felicio!
Cuando tu airoso talle imaginaba,
bizarro de colores,
con más plumas que el pájaro fenicio,
¿así mis años, que esperé nestores,
cubres de triste y miserable luto,
siendo tu fin de mi esperanza el fruto?
¿Para qué quiero yo vida sin verte?
¡Oh perezosa muerte,
contraria del estilo sucesivo
de la naturaleza,
pues para más rigor de tu fiereza
lo que debe morir, perdonas vivo,
pues muere quien tan tierna edad vivía,
y vivo yo cuando morir debía!'
-Ya se mostraba Arturo
por las almenas del celeste muro,
y opuesta a su brillante lumbre pura
en el ártico polo Cinosura,
cuando de su cabaña
algunos pescadores a la orilla,
de Flérida vinieron conducidos.
Amor le lleva y llanto le acompaña,
y con vulgar aplauso y maravilla,
de premios pastorales prevenidos,
a los años floridos
de Felicio escribieron epigramas.
Mas porque ya por entre aquellas ramas
descienden de la aldea
Lisis y Galatea,
aquí suspendo el trágico suceso.

Tirreno

Con lágrimas, Albano, queda impreso
en la memoria mía.

Albano

A morir a la noche nace el día».194



El texto que acabamos de copiar no puede ser más terminante. De su irrecusable testimonio consta que el joven D. Lope Félix del Carpio y Luján, cuando pereció tan lastimosarnente, era ya adulto, y por sus repetidos hechos de valor en la carrera marino-militar, había merecido nombre de capitán, y (en mi opinión) obtenido este grado, ascendiendo a él desde el de alférez abanderado que ya desempeñaba. Esta noticia, y la de su triste fin, llegaron al mismo tiempo a conocimiento de su padre, después de un largo período en que ninguna había tenido de su paradero. Parte de los combates a que asistió, y su desgraciada muerte, fueron posteriores a la paz con Inglaterra y a la visita que, para confirmarla, y en solicitud de la mano de nuestra infanta D.ª María, hermana de Felipe IV, hizo a este Monarca en Madrid, año de 1623, el infortunado Carlos, Príncipe de Gales. La despedida y abrazo de ambos Príncipes, a que hace Lope referencia expresa, tuvieron efecto en el Campillo, sitio próximo a El Escorial en la sierra de Guadarrama el día 11 de septiembre de dicho año. Resulta, pues, que el joven Lope no murió, por lo menos, hasta el de 1625, en que llegaba a los diez y nueve de su edad.

No faltan, por otra parte, indicios muy señalados para conjeturar con algún fundamento que tan desgraciado suceso fue acaso bastante posterior a la fecha indicada. En efecto: Lope dio a luz sus Rimas Humanas y Divinas del Ldo. Tome de Burguillos, en el año de 1634, y entre ellas su lindísimo poema jocoso La Gatomaquia, dedicado a D. Lope Félix del Carpio, soldado en la armada de S. M. Los versos de la silva primera, que constituyen dicha dedicatoria, son los que siguen:


    «Tú, don Lope, si acaso
te dexa divertir por el Parnaso
el holandés pirata,
gato de nuestra plata,
que infesta las marinas
por donde con la armada peregrinas;
suspende un rato aquel valiente acero
con que al asalto llegas el primero
y escucha mi famosa Gatomachia;
así desde las Indias a Valachia
corra tu nombre y fama,
que ya por nuestra patria se derrama,
desde que viste la morisca puerta
de Túnez y Biserta
armado y niño, en forma de Cupido
con el Marqués famoso
de mejor apellido,
como su padre por la mar dichoso.
No siempre has de atender a Marte airado,
desde tu tierna edad ejercitado,
vestido de diamante,
coronado de plumas arrogante;
que alguna vez el ozio
es de las almas cordial socrocio,
y Venus en la paz, como Santelmo,
con manos de marfil le quita el yelmo.»



La composición de este poema fue, sin duda alguna, poco anterior a la poca en que salió a la pública luz. Infiérese desde luego el contexto de esa dedicatoria, que el joven Lope, al dirigírsela su padre, estaba ya bien entrado en la edad adolescente; había pasado de aquella «tierna edad» en que abrazó la carrera de las armas. Pudo ser escrita por los años de 1624 al 25, pero repugna, en verdad, el creer que, si al tiempo de su publicación, en 1634 había ya perecido el joven y bizarro militar, su padre, a quien esta pérdida, por sí misma y por las circunstancias que la causaron, debió de dejar inconsolable, no dejase de alguna manera expresada su aflicción a esos versos, que, por el contrario, están rebosando satisfacción y envanecimiento paternal y prueban implícitamente la existencia, en el acto de imprimirse el libro, de la persona a quien se dirigen. Si además se tiene presente que según indica Montalbán en la Fama póstuma, Lope tuvo en el año último de su vida dos graves disgustos que le sumieron en la más profunda tristeza, y que la égloga en la cual lloró la muerte de su Felicio salió a luz póstuma, no parecerá tan falta de probabilidad la conjetura que hacer pudiéramos fijando en 1634 la fecha de suceso tan desgraciado.

Terminada la historia, nada feliz, de estos dos vástagos del Fénix de los Ingenios, volvamos al año de 1620.

Escribió Lope el prólogo de la Trecena parte de sus comedias, no alegóricamente, a nombre del Teatro, sino en el suyo propio. En este documento son dignos de especial nota los pasajes que siguen:

«Otros se les oponen a las comedias con razones frías, y válense de las que algunos padres de la antigüedad escriben de ellas, como si fueran de aquel tiempo las de España, no siendo más antiguas que Rueda, a quien oyeron muchos que hoy viven. Pero ya no es este el mayor mal que tienen, pues se les hacen de más consideración los que las escriben, y aun los que las presentan, hurtando, imitando y envidiando. Los poetas que las escriben con erudición, aunque pocos, puesto que no siempre agradan al vulgo, son dignos de estimación, pero los legos ignorantes, aunque alguna vez le agraden y contenten hablándole en su lengua, no aspiren a más fama que los médicos empíricos que curan sin arte, y por uno que sanan por dicha, matan mil por temeridad, pues muchas veces acontece estar solo el filósofo en el teatro, y saliéndose el vulgo poder decir:

»Representa, que Cicerón te oye.

»A eso se añade el hurtar las Comedias estos que llama el vulgo, al uno Memorilla y al otra Gran memoria, los cuales, con algunos versos que aprenden, mezclan infinitos suyos bárbaros, con que ganan la vida vendiéndolas a los pueblos y autores extramuros: gente vil, sin oficio y que muchas veces han estado presos. Yo quisiera librarme de este cuidado de darlas a luz, pero no puedo, porque las imprimen con mi nombre, y son de los poetas duendes que digo. Reciba, pues, el lector esta Parte, lo mejor que ha sido posible corregirla, y con ella mi voluntad...», etcétera.



Sólo conocemos dos MSS. dramáticos de Lope con fecha del año de 1620. El primero es original autógrafo, existente en la Biblioteca Nacional (por galante regalo, hecho en 1835, de su director el Sr. D. Agustín Durán), del auto, sacramental inédito Obras son amores. Al fin lleva la protestación: «Si quid dictum contra fidem...», etc., y la firma «Lope de Vega Carpio». El segundo es uno, al parecer autógrafo, que se guarda en la biblioteca del Sr. Duque de Osuna (omitido en el catálogo que formó Gallardo), de la comedia En los indicios la culpa, no citada en las listas de El Peregrino, y que salió a luz en la Parte veinte y dos de las comedias del Fénix de España Lope de Vega Carpio, y las mejores que hasta ahora han salido... 1630... «En Zaragoza, por Pedro Verges. A costa de Iusepe Ginobart, mercader de libros.» Este volumen contiene dos comedias que no son de Lope, y debe ser clasificado entre las colecciones de varios.

A mediados del siguiente año de 1621 publicó nuestro autor uno de sus más estimables libros de poesía lírica y prosas varias, la Filomena, que hemos tenido y repetidamente tendremos ocasión de mencionar. Es un tomo en 4.º de 220 folios sencillos, con cuatro hojas más de preliminares, inclusa la portada, que va grabada en cobre, y dice así:

«La Filomena con otras diversas Rimas, Prosas y Versos. De Lope de Vega Carpio. A la Ilma. Señora Doña Leonor Pimentel. Con Privilegio En Madrid. En casa de la biuda de Alonso Martín, a costa de Alonso Pérez: 1621.»

La estampa es de buena mano, pero no tiene firma. Inscrito lo principal del título en una lápida que ocupa el centro de un gran pedestal, van las palabras «Con Privilegio. En Madrid», dentro de un tarjetoncillo al pie, y al de la estampa el de imprenta. Ornan el pedestal cuatro pilastras dóricas, y delante de ellas, en dos resaltos del zócalo, descansan dos estatuas alegóricas; a la derecha, desnuda, deslizando el pie izquierdo sobre un pequeño globo y con una vela de nave henchida por el viento en la derecha mano, se ostenta la Fortuna, leyéndose en la base esta letra: «Nec timui, nec volui»; al opuesto lado un rey en pie, de frente, vestido a la romana; por los lados de su cabeza asoman dos testas coronadas, de joven una de ellas; la inscripción dice: «Omnes idem.» Coronan el frontis unos remates y el escudo ducal de armas de la ilustre dama a quien la obra va dedicada, sostenido por dos figuras que parecen simbolizar el valor y la fidelidad.

Los preliminares del libro son: Suma del Real privilegio al autor, por diez años, dado en Madrid a 13 de junio de 1621. Tasa, ib., 19 de julio ídem. Fe de erraas, ib., 7 ídem íd. Aprobación del Mro. Vicente Espinel, ib., 31 de mayo ídem. Dedicatoria (sin fecha) de Lope a la expresada señora. Prólogo del mismo. «A la Ilustrísima Sra. D. Leonor Pimentel.» (Es otra dedicatoria del autor, en un soneto.) Stephanus Torcatulus (dístico latino). Soneto de Lope.

Comprende el texto: Poema la Filomena, a la Ilma. Sra. D.ª Leonor Pimentel195: divídese en dos partes: la primera consta de tres cantos en octavas; la segunda, casi de igual extensión, forma un solo canto en silva, con octavas al principio y al fin. Las fortunas de Diana, novela, a la Sra. Marcia Leonarda (doña Marta de Nevares Santoyo). «Descripción de la Tapada, insigne monte y recreación del Excmo. Sr. Duque de Verganza», poema en 91 octavas y un solo canto, dirigido al Duque de Braganza, D. Teodosio. La Andrómeda, a la misma Sra. Pimentel: poema de un solo canto, dirigido al Duque de Braganza, D. Teodosio. La Andrómeda, a la misma Sra. Pimentel: poema de un solo canto, en 98 octavas. Diez epístolas en tercetos: 1.ª, a D. Francisco de la Cueva y Silva, insigne jurisconsulto, 2.ª, al Dr. Gregorio de Angulo, regidor de Toledo; 3.ª, a Baltasar Elisio de Medinilla; 4.ª, a D. Diego Félix Quijada y Riquelme; 5.ª, al Conde de Lemos, presidente de Indias; 6.ª, Amarilis a Belardo (La desconocida poetisa peruana, de quien ya hemos hablado, a Lope); 7.ª, Belardo a Amarilis; 8.ª, El jardín de Lope de Vega: al Ldo. Francisco de Rioja, en Sevilla; 9.ª, a D. Juan de Arguijo, Veinticuatro de Sevilla. 10.ª, Baltasar Elisio de Medinilla a Lope de Vega Carpio. Al fin de ella escribe Lope:

«Puse esta epístola de Elisio antes de la elegía a su muerte, para que quien no hubiere visto su libro de la Concepción, conozca su ingenio y sus virtudes, y se lastime de que en tan tiernos años, tan desgraciadamente y con tanta inocencia, le quitasen la vida.»



(De la muerte del infeliz Baltasar Eloi (Elisio) de Medinilla, asesinado en 1620, siendo en ella principal cómplice el señor de Olías, don Jerónimo de Andrada y Rivadeneira, y su causa, las elecciones municipales, hemos dado ya noticia en su lugar oportuno.) «En la muerte de Baltasar Elisio de Medinilla», elegía. «Canción por el Marqués de Santa Cruz, o Nuestra Señora de las Nieves, en las exequias que hizo la insigne ciudad de Zaragoza al rey D. Felipe III», canción. «Papel que escribió un Señor destos Reinos a Lope de Vega Carpio en razón de la nueva poesía (el culteranismo).» Respuesta de Lope de Vega Carpio.-Del mismo señor a Lope de Vega. «La respuesta.» Égloga en la muerte de doña Isabel de Urbina, de Pedro de Medina Medinilla... Y diez composiciones sueltas de Lope a varios sujetos y asuntos.

En la primera parte del poema la Filomena, canta nuestro poeta la conocida fábula de Progne. Filomena y Tereo. El asunto de la segunda, en extremo interesante para la biografía del autor, hállase compendiado en este breve prólogo que la precede:

«Aunque para V. S. no sea necesario este advertimiento, es argumento de la segunda parte desta fábula la contienda del Tordo y Filomena, que afligido y envidioso de verla cantar suave y doctamente, se le opuso en desafío como Marsias a Apolo con la flauta de Palas, y a risa de los Dioses. Filomena trae por Padrinos tres aves o tres hombres científicos, defiende lo que ha cantado; el Isidro, la Arcadia, la Jerusalem, las Rimas humanas y divinas, el Belén, el Triunfo de la Fe, El Peregrino, la Angélica y las Comedias. V. S. los oiga y juzgue, que el Abuvilla que trae el Tordo a este duelo, y otras iguales aves que aún no merecen nombre, luego volverán las espaldas, que el divino sol de su entendimiento les dé en los ojos. Dios guarde a V. S. como de seo.-Lope de Vega Carpio.»



El Ruiseñor, el ave canora en que se convirtió la hermosa y agraviada Filomena, es el mismo Lope; bajo la negra y no lustrosa pluma del Tordo, va descubiertamente representado el Mro. Pedro de Torres Rámila. Son las cuatro aves u hombres científicos padrinos de Lope: el Mro Simón Chauvel (Xabelo) (el gallo = galo, francés);


    « [...] por quien la arena
de Manzanares oro y perlas cría,
después que honró su docta pluma a España.»



el Dr. Peña Castellanos, Luis Tribaldos de Toledo, y D. Francisco López de Aguilar (El Águila).


    «Los Pilades y Orestes
que trajo el Tordo, fueron la Abuvilla
y el ave infelicísima a Castilla.»



Sin duda, aquellos mismos Philocalo y Curio que se pintan en el Oneiropoegnion. Véase la preliminar noticia que da Lope de su mordaz satirizante:


    «Criose un Tordo negro y no lustroso,
de plumas de otras aves envidioso,
al son de la mecánica armonía
de quien jamás perdió la consonancia,
si bien le despreció con arrogancia,
con ser propio Chirón de tal Aquiles,
y así, con engañada fantasía,
acuchillando el aire las sutiles
alas, pasó de Thetis las espumas,
y fue a mudar las plumas
desde las pajas de su pobre nido,
a la Academia ilustre que ha tenido
mayor nombre en el mundo196;
y allí, Platón segundo,
perdone la ironía,
que Pitágoras, no pues no sabía
callar sus propias faltas,
cuanto más las ajenas,
el número añadió por las almenas
de aquellos edificios,
a cuyos frontispicios
Grecia humilló sus célebres liceos.
Diole su lengua la divina escuela,
por lo menos principios y deseos,
que es imposible al de Etiopía el baño;
y allí después, con presunción y engaño
(así entre garzas cuervos infausto vuela),
entre Fénices rojos, amarillos,
blancos, azules, verdes197
(¡oh vana presunción, a cuántos pierdes!),
enseñaba ignorantes pajarillos,
y para hacer a los mayores mengua,
decía que en secreto
les daba los escritos desta lengua,
porque ignoraban todos su dialecto,
y de lo que ignoraba,
que es propio de ignorantes, blasonaba,
y astuto, mas no sabio como Ulises,
a cuestas su soberbia por Anchises,
y por Penates bárbara poesía
que ni en latín ni en español sabía,
salió de las escuelas,
y pensando valerse de cautelas
entre pájaros legos cortesanos,
en cuya condición se prometía
poder solicitar aplausos vanos,
llegó a las puertas Áulicas un día.
Luego se le ofreció la portentosa
fábrica de ignorantes, que la fama
diciendo mal presumen que se adquiere;
y tiñendo la pluma latinosa
en el ajeno honor, lució la llama
al torno de la débil mariposa,
Icaro de su luz, sol en que se muere,
quedando más ardiente y victoriosa;
que el envidioso ciego
de añadir combustible sirve al fuego.»



Emprendida la contienda, canta primero Filomena un discurso compuesto de sentencias, axiomas y definiciones de Filosofía Aristotélica, proponiéndose sin duda Lope acreditar con él que no había carecido de esta clase de estudios, como su crítico afirmara. Entra luego en la palestra el osado contrincante:


    «El Tordo entonces con la voz remisa,
que no le obedecieron
valles, fuentes y prados,
desató la garganta a los templados
vientos, que algunos de su parte había
(pero no es sabio quien del viento fía),
y mirando risueño la Abuvilla,
que estaba ya cobarde y amarilla,
aunque el eco se hacía mudo y sordo,
dijo con voz retórica de Tordo:
'Las partes son de la oración, Senado
amplísimo, ilustrísimo,
ocho, según Antonio las describe:
nombre, pronombre, etcétera; mas dado
que fue varón doctísimo,
en cuyos libros su memoria vive,
prolijo y nimio escribe,
mas a personas de tan altos méritos
no quiero hablar de género y pretéritos;
pero decir que son de la doctrina
las letras fundamento,
en la lengua caldea,
en la sagrada hebrea,
la griega y la latina:
de la caldea fue inventor primero
Abraham, de la hebrea Moisés santo,
si bien antes tenían los hebreos
las letras de Fenicia'...», etc.



A este modo continúa vertiendo erudición; habla de los autores latinos, italianos y españoles; de la gramática y sus excelencias, dejando ver a trechos el descaro, ignorancia y atrevimiento con que a su adversario le convenía representarle. Por último, Lope, en voz de Filomena, hace cumplida defensa de sus publicadas obras, dando, a vueltas de ella, noticias acerca de sus años juveniles, que, si bien poéticamente disfrazadas, presentan notable, interés y curiosidad.

Va dedicada la novela de Las fortunas de Diana a D.ª Marta de Nevares Santoyo, bajo el seudónimo, en parte anagramático, de Marcia Leonarda, encubierta para la generalidad de los lectores, En el preámbulo escribe Lope un elogio, algún tanto regañado, del inmortal Cervantes.

«También hay (dice) libros de novelas, dellas traducidas de italianos, y dellas propias, en que no le faltó gracia y estilo a Miguel de Cervantes. Confieso que son libros de grande entretenimiento y que podrían ser ejemplares...; pero habrían de escribirlos hombres científicos, o por lo menos grandes cortesanos, gente que halla en los desengaños notables sentencias y aforismos.»



Viene más adelante en el volumen la fábula de Andrómeda y Perseo, acerca de la cual podemos consignar una circunstancia curiosísima, cuyo conocimiento debemos a cierta afortunada casualidad. Refiriendo el nacimiento del caballo Pegaso, que forma uno de los episodios de dicha fábula, escribe nuestro poeta:


[...]
    «Pero en la cumbre del Parnaso, monte
sublime, verde, ameno y matizado
de varias flores, en tan fresca parte,
que la naturaleza usó del arte.
Allí del diestro pie, que en vez de acero
calzaba un nácar transparente y puro,
salió una fuente clara, y con ligero
paso, buscó por verde yerba un muro;
aquí bebió primero el docto Homero,
y Virgilio después; aquí, seguro
de no tener igual...; pero no es justo
decir quién es, por no causar disgusto.»



¿Aludió Lope a sí mismo en estos reticentes versos? Todo induce a creerlo así. En un ejemplar que poseo de la Filomena, léese al margen de ese pasaje la siguiente nota, de puño y letra de D. Luis de Góngora:

«Si lo dices por ti, Lopillo, eres un idiota sin arte ni juicio.»



Nota que concuerda exactamente con lo que del libro de que vamos hablando dijo Góngora en aquel soneto que, poco después sin duda, escribió satirizando las obras de Lope:


    «¡Aquí del Conde Claros! dijo, y luego
se agregaron a Lope sus secuaces:
Con la Estrella de Venus, mil rapaces,
y con los Soliloquios sólo un ciego.
    Con la Epopeya un lanudazo lego,
con la Arcadia dos dueñas incapaces;
tres monjas con la Angélica locuaces,
y con El Peregrino un fray Borrego.
    Con el Isidro un cura de una aldea;
con Los pastores de Belén, Burguillo,
y con la Filomena un idiota.
    Vinorre, Tifis de la Dragontea,
candil, farol de la estampada flota
de las Comedias siguen su caudillo».198



Góngora, que tiempo antes de salir a luz la Filomena, en 1617, «estaba ya más humano» con Lope, según vimos por una de las cartas de éste, hubo de recrudecer sus enojos con motivo de la publicación en el propio libro de la correspondencia de su autor con el Duque de Sessa, impugnatoria del culteranismo.

La carta en que Lope contesta al papel que le escribió un «Señor destos Reynos» (a mi juicio el de Sessa), en razón de la nueva poesía, es, a lo que yo entiendo, la misma de que habló el expresado magnate en billete de principios de septiembre de 1617, que dejo trasladado. Lleva en los epígrafes paginales el de Discurso de la nueva poesía; ocupa más de nueve hojas, y escrita con fuerza de raciocinio, excelente doctrina estética, adecuada erudición e intachable decoro, es uno de los papeles antiguos de este género que merecen mayor estimación. En ella Lope llama constantemente a Góngora «este caballero»; terminándola con un soneto que compuso (dice) «en su alabanza, cuando a sus dos insignes poemas (El Polifemo y las Soledades) no respondió igual la fama de su misma patria». Es el siguiente:


    «Canta, cisne andaluz, que el verde coro
del Tajo escucha tu divino acento,
si ingrato el Betis no responde atento
al aplauso que debe a tu decoro.
    Más de tu soledad el eco adoro,
que el alma y voz del lírico portento;
pues tú solo pusiste al instrumento
sobre trastes de plata, cuerdas de oro.
    Huya con pies de nieve Galatea
gigante del Parnaso, que en tu llama
sacra ninfa inmortal arder desea.
    Que como, si la envidia te desama,
en ondas de cristal la lira orfea,
en círculos de sol irá tu fama.»199



Las ocho epístolas de Lope que incluye el volumen dirigidas a D. Francisco de la Cueva y Silva, al Dr. Gregorio de Angulo, a Elisio de Medinilla, Quijada y Riquelme, al Conde de Lemos, a la desconocida Amarilis, poetisa peruana (¿D.ª María de Alvarado?), al Ldo. Francisco de Rioja y a D. Juan de Arguijo200, son artículos doblemente apreciables, por su valor como obras de poesía y por las noticias que contienen. Agréganseles dos ajenas joyas: una epístola del desgraciado Medinilla, y otra, en silva, de la expresada señora, que motiva la citada de nuestro Lope en que la da contestación.

A conjeturas e interpretaciones varias da lugar la estampa que sirve de portada a la edición príncipe del precioso libro La Filomena. Cuatro meses antes de su publicación, el 31 de marzo de 1621, había fallecido el rey D. Felipe III. Heredó el trono su hijo Felipe IV, y el mando y la privanza el célebre D. Gaspar de Guzmán, Conde de Olivares. Cayeron miserablemente por tierra los antiguos ídolos; al grabar el artista aquellas dos principales figuras del intencionado frontis, el Duque de Uceda gemía rigurosamente encarcelado (desde el 24 de mayo) en el castillo de Torrejón de Velasco; Fr. Luis de Aliaga retirábase maldecido a su convento de Huete, de donde poco después pasaba desterrado a Hortaleza; lloraban la común desgracia Tapia, Bonal, Tovar, y otros favoritos de menor cuantía, y el famoso D. Rodrigo Calderón, Marqués de Siete Iglesias, preso ya desde el mes de diciembre de 1618, veía con espanto seguida en justicia y actividad su causa, y aguardaba la sentencia de muerte, que se le notificó en 9 de julio y fue ejecutada en 21 de octubre de 1621.

Desde el 24 de septiembre de 1620 estaba aprobada por el censor la Décimaquinta parte de las comedias de nuestro poeta, a quien se concedió el Real privilegio un mes después. El tomo vio la luz al terminar el siguiente año. He aquí su nota bibliográfica:

«Décimaquinta parte de las Comedias de Lope de Vega Carpio, Procurador fiscal de la Cámara Apostólica y Familiar del Santo Oficio de la Inquisición, dirigidas a diversas personas. Año (Emblema.) 1621. Con privilegio. En Madrid Por la viuda de Alonso Martín, A costa de Alonso Pérez, mercader de libros.» (4.º). Tabla de los títulos. Tasa: 17 de diciembre de 1621. Fe de erratas. Aprobación del Mro. Vicente Espinel: 24 de septiembre de 1620. Suma del privilegio al autor, por diez años, expedido en 24 de octubre de 1620. «El Teatro a los lectores.» (Prólogo de Lope;) Texto. Contiene las comedias cuyos títulos, con los nombres de las personas a quienes van dedicadas, se expresan a continuación:

La mal casada.-A D. Francisco de la Cueva y Silva.

Querer la propia desdicha.-A Claudio Conde.

La vengadora de las mujeres.-A la Sra. Fenisa Camila.

El Caballero del Sacramento.-A D. Luis Bravo de Acuña, Embajador de Venecia.

La Santa Liga.-A Aparicio de Oribe, secretario del Duque de Osuna, Virrey de Nápoles (tragicomedia).

El favor agradecido.-Al Sr. Pedro de Tapia, del Consejo de S. M.

La hermosa Esther (tragicomedia).-A D.ª Andrea María de Castrillo, señora de Benazuza.

El leal criado.-A D. Francisco de Solís, caballero de la Orden de Alcántara capitán de infantería española en el reino de Nápoles.

La buena guarda.-A D. Juan de Arguijo.

Historia de Tobías.-A la Sra. D.ª María Puente Hurtado de Mendoza y Zúñiga.

El ingrato arrepentido.-A D. Rodrigo de Tapia, esposo de la antedicha señora.

El Caballero del milagro.-A Pedro de Herrera201. Los títulos segundos o variantes con que se hallan algunas de estas designadas en impresiones sueltas, etc. son: La Santa Liga (La batalla naval de Lepanto), El Caballero del Sacramento (y blasón de los Moncadas), La hermosa Esther (La soberbia de Aman y humildad de Mardoqueo, La horca para su dueño), La buena guarda (La encomienda bien guardada), El Caballero del milagro (y arrogante español). Están citadas en la primera lista de El Peregrino la quinta, sexta, octava, undécima y duodécima; en la segunda, la cuarta; las restantes no aparecen en ninguno de los dos catálogos. Reimprimiose esta Décimaquinta parte. Año 1621. Con privilegio. En Madrid. Por Fernando Correa de Montenegro. A costa de Alonso Pérez, mercader de libros; el mismo que costeó la edición príncipe. Habiendo sido tasada ésta en 17 de diciembre y, por consecuencia, salido a luz a fines del propio mes, ¿cómo pudo hacerse ya una reimpresión en el mismo año? ¿Será quizás que a la vez se tirasen ejemplares en dos diversas imprentas, por cuenta del mismo editor? A la verdad, es anómalo y extraño cuanto se (refiere a las partes décimaquinta, décimasexta, décimaseptima de comedias de Lope de Vega, como vamos a observar. Pero antes será bien dejar aquí trasladados del prólogo de la décimaquinta algunos retazos que ofrecen singular interés.

«El Teatro a los lectores.-Cumpliendo va el autor de estas comedias la palabra por mí, mejor diré por sí mismo, en dar a luz las que le vienen a las manos o a los pies, pidiéndole remedio. Él hace lo que puede por ellas; mas puede poco; que las ocupaciones de otras cosas no le dan lugar a corregirlas como quisiera; que reducirlas a su primera forma es imposible; pero tiene por menos mal que salgan de su casa, que no de las ajenas, por no las ver como las primeras en tal desdicha, ya con loas y entremeses que él no imaginó en su vida, ya escritas en otros versos y por autores no conocidos, no sólo de las musas, pero ni de las tierras en que nacen. Estas son suyas, en la lengua que los poetas de este año llaman antigua; ¡caso notable, que tengan muchos por bueno aquello sólo que no entienden!... No quiere el poeta de las presentes singularizar las suyas, ni quitar a los que agora las escriben, lo que merecen...; que de haberlas puesto en él presente hábito no les pide agradecimiento, ni jamás tuvo arrogancia; porque teniendo ingenio y letras para los libros que corren suyos por Italia y Francia, tiene las comedias por flores del campo de su Vega, que sin cultura nacen; sólo pide a los noveleros o novatos que no levanten a Roma testimonios tan fríos, diciendo que mandaban enterrar sus senadores a los sacerdotes de sus dioses que las escribían, para satirizar sin habilidad los que agora las escriben... Lea, pues, el desapasionado el libro, el que no quiere con una comedia sola escurecer novecientas y veinte y siete que este autor ha escrito, contando las que se llaman autos, perdonando los yerros, que por haber corrido por tantas manos serán forzosos...»



Hemos visto que el privilegio para la impresión de la décimaquinta parte fue expedido con fecha del 24 de octubre de 1620. Con la misma se concedió el relativo a la décimasexta, y siete días después el de la decimaséptima. Había el censor aprobado la décimasexta en 24 de septiembre y la decimaséptima en 20 de octubre del mismo año. La impresión de los tres volúmenes parece que hubo de llevarse a efecto simultáneamente: sin embargo, consta por advertencia expresa en el prólogo de la decimasexta, que esta parte salió a luz después de la decimaséptima, a causa de una ausencia del autor: y si hubiéramos de juzgar por las fechas que llevan las respectivas tasas y certificaciones de erratas, diríamos que la parte decimaséptima había precedido en su publicación, no sólo a la décimasexta, sino también a la décimaquinta. Véase la tabla siguiente:

Parte decimaséptima. Fe de erratas: 25 enero 1621. Tasa: 27 ídem.

Parte décimasexta. Tasa: 27 septiembre 1621. Erratas: 15 diciembre ídem.

Parte décimaquinta. Tasa: 17 diciembre 1621. Erratas: sin fecha.

Pero habiéndose verificado la publicación en ese orden inverso, parece que en el indicado prólogo debiera también de hallarse consignada, respecto de la parte décimaquinta, la advertencia correspondiente. No podemos salir garantes de que los guarismos que representan las fechas de esos documentos no estén equivocados, como frecuentemente sucede en las antiguas impresiones. Dándolos por exactos se viene a deducir que la parte decimaséptima se estampó en los dos últimos meses de 1620 y primera mitad de enero de 1621 y pudo salir a luz por febrero siguiente; que la décimasexta se imprimió durante el mismo año de 1621 y quedó terminada en septiembre; pero dilatada la expedición de su fe de erratas no menos que hasta el 15 de diciembre, no pudo ver la luz pública hasta fines del año, y que juntamente con ella hubo de salir la parte décimaquinta, al mismo tiempo impresa, y a la vez, según parece inferirse, en dos oficinas tipográficas.

Pasemos a la descripción de los tomos XVI y XVII.

«...Décimasexta parte de las Comedias de Lope de Vega Carpio, Procurador fiscal de la Cámara Apostólica. Quibusdam enim canibus sic innatum est, ut non pro feritate sed pro consuetudine latrent. Seneca de Rem. Fort. Año (Ens. del impr.) 1621. Con privilegio. En Madrid. Por la viuda de Alonso Martín. A costa de Alonso Pérez, mercader de libros.» (4.º). Tabla de las comedias. Suma del privilegio al autor, por diez años, dado en 24 de octubre de 1620. Tasa: 27 de septiembre de 1621. Fe de erratas: 15 de diciembre de ídem. Aprobación de Espinel: 24 de septiembre de 1620. Prólogo dialogístico entre el Teatro y un Forastero (de Lope) Texto. Comprende las comedias:

El premio de la hermosura.-Al Conde de Olivares.

Adonis y Venus (tragedia).-Al Duque de Pastrana.

Los prados de León.-Al Duque de Huéscar.

Mirad a quién alabáis.-A D.ª María de Noroña.

Las mujeres sin hombres (¿Las Amazonas?).-A Marcia Leonarda (D.ª Marta de Nevares Santoyo).

El Perseo (La fábula de Perseo, La bella Andrómeda).-A Antonio Domingo de Bobadilla, Veiniticuatro y fiel ejecutor de Sevilla (tragicomedia).

El laberinto de Creta (tragicomedia).-A la señora Tisbe Fénix, en Sevilla.

La serrana de Tormes («comedia antigua, dice Lope, en que probé la pluma en el principio de mis estudios»).-Al Conde de Cabra.

Las grandezas de Alexandro.-Al Duque de Alcalá.

La Felisarda.-Al conde de la Roca.

La inocente Laura.-A D. Diego Jiménez de Vargas.

Lo fingido verdadero (El mejor representante: vida, muerte y martirio de San Ginés, tragicomedia).-Al Padre presentado Fr. Gabriel Téllez.202

De estas piezas, la segunda, la quinta (si en efecto es la misma que Lope escribió con título de Las Amazonas) y la octava se hallan citadas en la primera lista de El Peregrino; la tercera, séptima y duodécima en la segunda lista; las demás faltan en ambas. El Prólogo dialogístico, es pieza en extremo interesante para la historia de las representaciones cómicas en aquel tiempo. He aquí el pasaje donde se hace la advertencia de que hemos hablado, relativa a la publicación del tomo:

«Forastero.-  ...Pero, porque no te diviertas de tu primero intento, ¿qué libro es este que estás mirando?

»Teatro.-  La Parte diez y seis de las comedias de Lope, que no se acabó de imprimir por su ausencia, y así viene después de la decimaséptima

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«Forastero.-  Tú debes de estar bien con el poeta destas fábulas.

»Teatro.-  Ha muchos años que le tengo notables obligaciones.

»Forastero.-  He notado que en sus libros dice bien de otros poetas: indicio que los reconoce por mejores.

»Teatro.-  Todos dicen mal dél, y él bien de todos: no se quién miente...»

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«Forastero.-  Lástima te tengo, porque como se acabaron los Cisneros, los Navarros, Loyolas, Ríos, Solanos, Ramírez, Tapias, Leones, Rochas, Salvadores y Cristóbales, ¿qué han de hacer los autores, sino, convertidos en volatines, remitir a las comedias y los poetas los conceptos a los aros de cedazo?»



«Decimaséptima parte de las Comedias de Lope de Vega Carpio, Procurador fiscal de la Cámara Apostólica y Familiar del Santo Oficio de la Inquisición. Dirigida a diversas personas. Año (Ens. del impr.) 1621. Con privilegio. En Madrid. Por la viuda de Alfonso Martín. A costa de Miguel de Siles, mercader de libros. Véndense en su casa en la calle Real de las Descalzas.» (4.º). Debieron de imprimirse al mismo tiempo ejemplares de esta parte. «En Madrid. Por Fernando Correa de Montenegro. A costa de Miguel de Siles, mercader de libros. Véndense en su casa en la calle Real de las Descalzas.» Hállase uno de esta tirada en la biblioteca de la Universidad de Madrid. De la impresa por la viuda de Martín hay ejemplares en el Museo Británico y en las colecciones de los Sres. J. R. Chorley y Labouchére, en Londres. Se reimprimió en las mismas oficinas, año 1622 (de una de ellas aparece ya dueña «la viuda de Fernando Correa»), «a costa de Miguel de Siles, mercader de libros. Véndense...», etc. De la tirada de casa de Correa existe ejemplar en la Biblioteca Nacional de Madrid, procedente de la colección del Sr. Durán. Este es el que he tenido presente.

Tabla de las comedias. Aprobación de Espinel: 20 de octubre de 1620. Tasa: 27 enero 1621. Suma del privilegio; dado en 31 octubre 1620. Fe de erratas: 25 de enero 1621. «Prólogo al lector» (de Lope).

Los títulos de las comedias que contiene y los nombres de sus Mecenas son:

Con su pan se lo coma.-A la Ilma. Sra. D.ª Francisca Salvador.

Quien más no puede.-A D.ª Ana María Margarita Roig, Marquesa de Villaroz.

El soldado amante.-A D.ª Ana de Tapia.

Los muertos vivos.-Al Ldo. Damián Salucio del Poyo.

El primer rey de Castilla.-A D. Fernando de Ludeña.

El dómine Lucas.-A Juan de Piña.

Lucinda perseguida.-A Manuel Sueiro.

El ruiseñor de Sevilla.-Al Ldo. D. Francisco de Herrera Maldonado.

El sol parado.-A D. Andrés de Rozas.

La madre de la mejor203.-A D. Fr. Plácido de Tosantos, Obispo de Guadix.

Jorge Toledano.-A Juan Pablo Bonet.

El hidalgo Abencerraje. (El gallardo Jazimín).-A D.ª Ana de Piña204.

La novena, El sol parado, lleva el segundo título de «Ascendencia de los maestres de Santiago».

La tercera, cuarta, quinta, sexta, séptima, novena y undécima están en la primera lista de El Peregrino, y en la segunda la primera y segunda; faltan en una y otra la décima y duodécima.

Dos solos MSS. dramáticos de Lope conocemos fechados en el año de 1621. Guárdase en la Biblioteca Nacional, procedente de la colección del señor Durán, el autógrafo de la comedia Amor, pleito y desafío, que lleva fecha de 23 de noviembre de dicho año. A su fin tiene esta aprobación:

«Pocas veces tienen las comedias de Lope de Vega Carpio que advertir, porque lo es él tanto en sus escritos, que no deja en qué reparar; y en esta del Amor, pleito y desafío ha demostrado su ingenio y atención. Madrid, 14 de Enero de 1622. Puédese representar. Pedro de Vargas Machuca.»



Este drama es inédito, como extensamente se verá en su lugar. En la biblioteca del Sr. Duque de Osuna existe un MS. de El Tusón del cielo, auto sacramental de nuestro poeta, con la siguiente nota: «Fue sacado del segundo traslado que se sacó en Madrid, y éste se sacó en Aranda a 17 de Mayo de 1621.» Es inédito, si bien se halla citado en el Catálogo de Huerta.205