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61

El Ldo. Alonso Remón, después doctor en Teología y fraile mercenario desde el año de 1611, próximamente, escribió más de doscientas comedias, según se declara en los preliminares del Tratado de los Reinos de las Indias Orientales, impreso en Jaén, 1629 (4.º); segunda edición de las Relaciones verdaderas de la China, Conchinchina, etc., por el Ldo. Pedro Ordóñez de Ceballos (Jaén, 1628); libro a cuyo fin van insertas las dos comedias de El español entre todas las naciones y Clérigo agradecido, compuestas por el mismo Fr. Alonso Remón, que cifran las peregrinas aventuras de Ordóñez de Ceballos. Comprendidos estos dos dramas, sólo cinco se conocen actualmente con el nombre del fecundo Remón o Ramón; cosa verdaderamente singular e incomprensible. El Dr. Remón, alabado como poeta dramático por Rojas Villandrando, el Dr. Antonio Navarro, Fabio Franchi, Cervantes y Quevedo, lo fue como lírico y escritor de historia por Lope de Vega; y debió a Montalbán en el Para-todos un elogio relativo sólo a los cuarenta y seis libros que el elogiado llevaba en aquella fecha estampados con su nombre. De estos libros (biográficos, Historia de la Orden de la Merced, traducciones de Salmos y de los Proverbios de Salomón, Sermonarios, Política, Relaciones de fiestas, etc.) sólo encuentro diez y siete mencionados con lugar y año de impresión por Antonio y Tamayo de Vargas, y otros veintidós (Teología, Cánones, Política, Ascéticos) sin indicación alguna de esa especie. Añade Antonio que dejó imperfectas otras cuarenta y tantas obras. Fue natural de Vara de Rey en la provincia de Cuenca vivía en 1630 y había fallecido en 1633.

 

62

Mi amigo el erudito y laborioso escritor sevillano D. José María Asensio y Toledo, acaba de comunicarme un documento literario de singular y picante interés, relativo a la llegada de Lope a Sevilla, en la época de que tratamos. A continuación va trasladado, con el capítulo íntegro de la carta (fechada en Sevilla, 6 de abril de 1865) en que dicho señor le inserta y me le remite:

«Ha de saber V... que al ver contradicha mi opinión acerca de la cuna del Ingenioso Hidalgo (incidentalmente manifestada por mí en las Observaciones acerca de los nuevos documentos para ilustrar la vida de Miguel de Cervantes Saavedra), redoblé mis trabajos procurando completar argumentos que demostrasen claramente la permanencia de Cervantes en Sevilla, y sus trabajos. Hoy consulto a V. un punto solo: otro día extenderé a más la consulta.

»El MS. de la propiedad de D. Rafael Monti, donde yo encontré la primera noticia del verdadero retrato de Cervantes62.1, contenía muchas poesías atribuidas a D. Francisco de Quevedo, y entre ellas el siguiente soneto, cuya lectura creo ha de ser a V. agradable:




Contra Lope de Vega


   'Lope dicen que vino.-No es posible.
¡Vive Dios, que pasó por donde asisto!
No lo puedo creer.-¡por Jesucristo!
Que no os miento.-Callad, que es imposible.
   ¡Por el hijo de Dios, que sois terrible!
Digo que es chanza.-Andad, que ¡voto a Cristo!
Que entró por Macarena.-¿Quién lo ha visto?
Yo le vide.-No hay tal, que es invisible.
   ¿Invisible, Martín? eso es, engaño,
orque Lope de Vega es hombre, y hombre
como yo, como vos y Diego Díaz.
   ¿Es grande?-Sí: será de mi tamaño.
Si no es tan grande, pues, como es su nombre,
cágome en vos, en él y en sus poesías.'

»Ahora bien: Lope de Vega, según resulta de lo expuesto por el Sr. Hartzenhusch en su artículo titulado Cervantes y Lope en 1605, extractado y adicionado por V. en las Notas a las nuevas investigaciones, estuvo en Sevilla en 1601 y después en 1603, cuando dio a la estampa El Peregrino. A una de sus entradas en esta ciudad se refiere el soneto, el cual no puede ser de modo al uno obra de D. Francisco de Quevedo. ¿Por qué razones? Prescindiendo de otras, apuntaré aquí dos: la primera, por su corte y estilo que en nada se parecen a los de aquél; la segunda, porque D. Francisco nunca estuvo en Sevilla, y el soneto fue escrito en esta ciudad y por persona que frecuentaba la Puerta de Macarena.

»En mi entender, esa composición, a pesar de lo libre de su último verso, puede pasar muy bien por otra obra de Cervantes, que, según el informe de los contadores (recordado por V.). no había abandonado la Andalucía en enero de 1603. Debió de componerlo, sin ánimo de que se publicara en alguna reunión amistosa o literaria donde tal vez había manifestado también sus opiniones acerca del giro que daba Lope a sus producciones dramáticas. Lope tuvo quien le diera conocimiento de las opiniones de Cervantes, Y aun quizá de sus graciosos desenfados, Lope vio o pudo conocer de referencia el Quijote, y de este modo el soneto atribuido a Quevedo en el MS. de Monti nos daría la clave del rompimiento entre aquellos ingenios, cuyas relaciones eran muy afectuosas en 1398, fecha de la publicación de la Dragontea.

»Ese soneto explica también satisfactoriamente la carta de Lope, fecha en Toledo a 14 de agosto de 1604 en la erial se desata sobre Cervantes y habla del Quijote, que aun no estaba publicado. Y por último, nos explicaría también el por qué Cervantes aludió a El Peregrino de Lope y a sus amoríos con Camila Lucinda (quizá en desquite de los desprecios de aquél), porque ambas cosas tuvieron lugar en Sevilla, donde se encontraba escribiendo el Quijote el Príncipe de los Ingenios españoles. Hay más; Cervantes en ese tiempo estaba en la cárcel: allí quizá escribía su obra inmortal... ¿Cuánto va a que no se refería el prólogo de esta obra a su prisión. en Argamasilla, ni a la que sufrió en Castro del Río, ni a la de Sevilla en el año de 1379, sino a la que en esta misma ciudad sufría en el año de 1601 o 1602, cuando Lope de Vega vino a ella y dio a la prensa El Peregrino?

»Algunos datos tengo referentes a la permanencia de Cervantes en Sevilla, que serán objeto de otras cartas».



 

62.1

De este MS., da noticia el Sr. Asensio en las páginas 68 a 69 de su citada publicación: Nuevos documentos para ilustrar la vida de Miguel de Cervantes Saavedra... y las pruebas de la autenticidad de su verdadero retrato... (Sevilla: 1864), en los términos que siguen:

«Entre los libros de una biblioteca no muy numerosa, pero sí muy escogida, poseía el Sr. D. Rafael Monti, vecino de la ciudad de Sevilla, un volumen formado con varios cuadernos manuscritos de diferentes clases de letra, que tenía por título: Papeles curiosos, y que por mediación de un amigo de ambos pude yo disfrutar por el espacio de dos o tres meses en la primavera y verano del año de 1850. De él copié la Perinola, de Quevedo, creyéndola inédita, una parte de los Grandes anales de quince días, y algunas poesías del mismo autor, que conservo, y también tomé en un solo pliego de papel dos o tres noticias muy curiosas de las que contenía un folleto intitulado Relación de cosas de Sevilla de 1590 a 1640, al parecer original, según el carácter del escrito, incluido en el tomo sin nombre de autor. Entre aquellas noticias de las cuales ninguna carecía de interés, era importantísima la de que en uno de los seis cuadros que en competencia pintaron Francisco Pacheco y Alonso Vázquez para el claustro del convento y casa grande de la Merced, está retratado Miguel de Cervantes con otras personas que habían estado en Argel, y que el cuadro representa a los Padres de la Redención con algunos cautivos.»



 

63

Entre las cartas de Lope al Duque de Sessa, hallamos una preciosa para la historia de estos amores, fechada en Madrid a 2 de julio de 1611 y dirigida a Valladolid, donde a la sazón residía desterrado aquel magnate. He aquí la parte de ella que hace al propósito enunciado, y que insertamos anticipadamente como prueba documental.

(Madrid, 2 de julio de 1611).

«Desde que V. E., Señor, escribió que estaba indispuesto, sabrá ya qué sentimiento sería el mío quando lo leyese, y assí no tengo que encarecer, sino suplicarle mire mucho por su salud, que Dios le dé, como esta casilla le dessea, de quien V. E. es dueño de los cuerpos a las almas. Las mudanzas de las aguas causan siempre destemplanza en cualquier sujeto, por robusto que sea, quanto más las delgadas, yelos que deben proceder de las nieblas de los montes. Abrá siete años que fui a Granada en tiempo de los Reyes católicos Lucinda y Belardo, y dixéronme en llegando, que el agua de Xenil era tan delgada, que a todos los forasteros destemplava luego, y era causa de grandes enfermedades; era yo huésped de D. Álvaro de Guzmán63.1, y roguéle me librase de tales pronósticos, y el buen caballero, que todos los Guzmanes son buenos, mandó que nos diesen siempre vino puro, y que sólo se pegase el frío de la niebe de la cantimplora. Con que, mediante Dios, escapé de aquel peligro que me amenazaba por delante y por detrás. No creo que V. E. bebe vino, y así queda excluída por inutil esta inorme comparación, pero no el buen deseo de V. E. se guarde por detrás de destemplanzas. Dice V. E. que le ayudan a pasar las cámaras su hermano y Martín de Guzmán; no se cómo llebaran este término si le supieran; yo a lo menos, entendiéndolo bien, digo que con tal compañía mayores destierros y mayores cámaras puede pasar un hombre; y pues ya esta carta es para reir, y uno de los estilos del formulario italiano se llama burlesco, oyga V. E., Señor, este soneto que hice entonces al propósito de arriba, embiéndosele a Lucinda en la tal enfermedad que me dio una vez en Sevilla:


   'Por tu servicio, hermosa prenda mía,
mediré de las zonas la abrasada;
por tu servicio, en lira mal templada,
haré, parando el Sol, mayor el día.
   Por tu servicio, en la región más fría
desnudo pasaré la Scitia elada;
por tu servicio, la tormenta airada
del golfo de Narbana o Satalia.
   Paró Belardo aquí, porque un criado,
juzgando estos servicios sus antojos,
le truxo a toda prisa un vedrïado:
   ofrecióle Belardo sus despojos,
y dióle de estos versos un traslado
al dueño más ingrato de sus ojos.'»



 

63.1

Escribió esto D. Álvaro de Guzmán, al frente de El Peregrino en su patria, de Lope (Sevilla, 1604), un elegante soneto panegírico. Lope había celebrado antes a D.. Álvaro con otro soneto, que es el CXI de sus Rimas impresas con la Angélica, en Madrid, año de 1602.

 

64

Esta desacertada mudanza de la capital, dio, como todos los sucesos notables, amplio y abundante asunto a los escritores de romances y jácaras para ejercitar su fácil y popular numen. Tengo a la vista, perteneciente a la riquísima colección del Sr. D. Pascual de Gayangos, un pliego suelto con el siguiente encabezamiento:

«Aquí se contiene quatro Romances | nueuos muy curiosos. El primero de gran sentimiento que la no- | ble villa de Madrid hizo por la yda de su Majestad a Valladolid. | El segundo trata de las tiernas quexas que se propusieron a la parti- | da. El tercero de D. Álvaro de Luna. Y el quarto las respuestas | q da Valladolid a las quexas de Madrid. Compuesto todo por | Lope de bega, en este año de mil y | seyscientos y vno.» (Tosca estampa en madera que ocupa la mitad de la plana, y representa una ciudad murada a la margen de un río navegable.)

Colofón final. «Impresso con licencia en casa de Mi- | guel de Lorençana, frontero de la | Real Audiencia | de Seuilla.»

Para que el entendido lector juzgue y decida si pueden estimarse como debidos a la pluma de Lope los tres romances relativos al expresado suceso, ofrecemos por muestra el segundo, titulado:




La mudanza de la Corte


   Altas y encumbradas torres,
grandes y encumbrados riscos,
haced lugar que pasemos
a Babilonia cautivos
Romeros, sabinas, nervios,
encinas, cardos, quexigos,
hayas, alcornoques, fresnos,
cantuesos, hilo, tomillos:
abrid los convados brazos,
uertos sobervios y altivos,
ierras, tended vuestras faldas
y ensanchad vuestros caminos.
Descoged vuestras alforças,
montes del gran Apenino,
orque quepan nuestros duelos
en vuestros gruesos resquicios.
A Dios, amada Sión,
a Dios, prados, casas, ríos,
monasterios, anchas plazas,
fuentes, calles, edificios.
A Dios, Madrid, amada madre,
atria nuestra, Madrid rico,
Corte del gran Salomón,
hechura de Carlos quinto.
Que en lugar de rubias trenzas
eináis cáñamos y linos,
esparciendo por las plantas
de rico aljófar rocío.
¡Oh, tierra de promisión,
de leche, aceite y de vino,
de miel, azúcar y almendras,
de carne, caza y tocino,
abundante de cebada,
rica y colmada de trigo,
la más querida del cielo,
la de más ameno sitio.
A Dios, plaza de Madrid,
que ha llegado el plazo esquivo
de aquesta triste madrastra;
que los cielos dan castigo.
A Dios, Señora de Atocha,
que sois madre de Dios mismo,
a Dios, nuestro amado amparo,
a Dios, Virgen de Lorito,
la Merced, la Trinidad,
El Carmen y San Benito,
la Victoria, Santa Cruz,
a Dios, divino Agustino.
San Jerónimo y Bernardo,
San Andrés, San Bernardino,
San Pedro, San Sebastián,
la capilla del Obispo.
Los Angeles, Santa Clara,
Vallecas, Santo Domingo,
Constantinopla, el Colesio,
y el monesterio de Pinto.
Sante Iuste, San Miguel,
San Nicolás, San Francisco,
Santa María, San Gil,
Colesio de Teatinos.
Fuentes del Prado y Peral.
Lavapiés y Leganitos,
Puerta del Sol, puerta hermosa.
Soto, puente, Sante Isidro.
Guerta y jardines de Chipre,
Quinta de milagro quinto,
Brañegal, güerta del sol,
Alcázar gallardo y rico,
Casa del Campo, y del cielo.
Parque, soto, zarzas, río,
cavañas hechos de parras
or milagroso artificio.
A Dios todo, a Dios, pues todo
tiene de Dios el principio,
contra nuestro gusto vamos
al hondo valle de Epiro,
adonde cabrán apenas
or nuestros pecados mismos,
llorando por ti, Sión,
las quexas de nuestros hijos.
Allí los desiertos campos
erán anchos edificios,
y nuestras sobervias torres,
en vez de casas, garitos.
Las cuevas serán palacios,
ricos jardines los riscos,
ello alcázar, tristes chozas,
y sepolturas los ríos.
Aquí cantarán llorando
los pobres, y allí los ricos
cantarán tristes endechas
en vez de agradables himnos.
Entonces, querida patria,
de tu amparo y de tu sitio
ausentes, conoceremos
el bien que no conocimos.
Y mientras tus pedernales,
entre centellas y ruido,
alumbran la escura noche
turbando el silencio antiguo,
al brinco de tus centellas
los tiernos ojos heridos,
con lágrimas crecerán
del mar Bermejo los ríos.
Todo será llanto y pena,
dolor, rabia y alaridos,
hasta que alegres bolvamos
a ver tus campos floridos.

 
 
FIN
 
 



El primer romance comienza «Vuestro Madrid, vuestra corte»; el tercero, «Lunes era un triste día»; el cuarto, «Algo enfadada replica».

 

65

En las subsiguientes páginas del texto, proseguiremos dando noticias de Gaspar de Barrionuevo. Léense unas quintillas suyas al principio y en elogio de la Arcadia. Por abril y mayo de 1605 se hallaba con Lope en Toledo, y ambos concurrieron a la justa literaria que ilustró las funciones de aquella ciudad al nacimiento de Felipe IV. En ella presentó Barrionuevo un Romance de burla, que obtuvo primer premio, y está impreso en la relación que de las fiestas escribió Lope. Entre las cartas de éste, que originales existen en el archivo del Conde de Altamira, se hallan dos, dirigidas al Duque de Sessa, que contienen curiosas noticias de Barrionuevo. La primera, escrita en Madrid a fines de febrero de 1612, comienza así:

«Después de haber escrito a V. E. esta noche... se me ofreció enviar las cartas que tengo duplicadas en favor del contador Barrionuevo, tan servidor de V. E. y tan grande amigo mío, que va a Roma a algunas pretensiones de un nuevo estado que a mí me da mucha envidia. V. E. las firme seguramente, que empleará su favor en quien lo merece, y a mí me lo hace de los mayores que de su mano he recibido.»



La segunda, fechada en Madrid a 2 de marzo de 1612, principia:

«Beso a V. E. los pies por la merced de las cartas...: yo se las di al contador Barrionuevo; quedó tan agradecido, que prometió la primera misa a V. E. si aquellos Monseñores le volviesen a España con lo que pretende.»



Por los años de 1613 al 14 aun debía de continuar con su destino y sin haber logrado la pretensión de hacerse clérigo, pues que Cervantes le alaba en el Viaje del Parnaso, llamándole el contador Gaspar de Barrionuevo. Del sentido elogio que Lope le dedicó en el Laurel de Apolo, escrito de 1628 a 1630, consta que había ya muerto, y se refiere muy claramente que estaba sepultado en la isla de Sicilia. No debe ser confundido con el agudo entremesista Gabriel de Barrionuevo, que en 1610 fue a Nápoles con el Virrey Conde de Lemos.

 

66

No es para reducida a los estrechos límites de una nota la biografía del insigne D. Juan de Arguijo, que extensamente debiera escribirse al frente de una completa edición de sus obras. Nació en Sevilla a mediados del siglo XVI: fueron sus padres D. Gaspar de Arguijo, regidor, o séase Veinticuatro, de aquella ciudad, y D.ª Petronila Manuel. En 7 de abril de 1590 juró la plaza de regidor, aunque no entró en la vacante de su padre; y a 9 de diciembre de 93 fue elegido procurador a Cortes por Sevilla, cargo que cedió a D. Juan de Zúñiga. Sus prodigalidades y bizarrías de toda especie le redujeron a grande estrechez, y años antes de morir, sólo contaba con las escasas rentas de su esposa. Falleció durante el período transcurrido desde 8 de julio de 1622 hasta igual época aproximadamente de 1623. Lope le dirigió también (además de otro soneto inserto en estas Rimas) una bella epístola impresa en la Filomena (1621), y la comedia titulada La buena guarda (en su décimaquinta parte; 1621), cuya dedicatoria contiene este párrafo:

«Las virtudes de V. m. me obligaron a dedicársela (esta comedia), cosa a que tenía tan hecha la mano, que luego me llevó tras la imaginación la pluma. A sombra de su valor tubo vida mi Angélica, resucitó mi Dragontea y se leyeron mis Rimas; y si V. m. por modestia no me hubiera mandado que no pasara adelante en esta resolución tan justa, mi Jerusalem tubiera el mismo dueño.»



 

67

Formemos aquí aparte catálogo de estos panegiristas, por su orden respectivo, dando además tal cual noticia de algunos de ellos:

Al frente de la Angélica, y en loor de Lope: El Príncipe de Fez. El Marqués de la Adrada. El Comendador mayor de Montesa. El Conde de Villamor. El Conde de Adaquaz. D. Lorenzo de Mendoza. D.ª Isabel de Figueroa. Juan de Vergara. Juan de Piña. Lucinda. D. Mateo Pérez de Cárdenas. D. Félix Arias Jirón.

Al fin de las Rimas, en alabanza del autor: D. Diego de Agreda y Vargas. Diego Jiménez de Cabredo. Agustín de Castellanos.

Al frente de la Dragontea, en loor del mismo: El Duque de Osuna. Miguel Cejudo. Ldo. Carrillo Treviño, Miguel de Cervantes. Andrés de Balmaseda.

Al fin de la misma, en loor del mismo: Dr. Maximiliano de Céspedes. D.ª Catalina Zamudio. Leonardo Méndez Nieto. Gil Velázquez. Miguel Cejudo. Ldo. Matías de Porras.

Al principio de la Angélica, en loor de Arguijo: D. Luis de Alvarado. D. Baltasar de Luzón y Bobadilla. D. Francisco Niño del Carpio.

El Príncipe de Fez. Muley Zeque, hijo de Muley Mahomet, Rey de Fez y de Marruecos. Echado de aquel Reino por Muley Moluc, su primo, se refugió en España y abrazó la religión cristiana. Fue catequizado en Madrid por los frailes de la Victoria, y bautizado con gran solemnidad en las Descalzas Reales, siendo sus padrinos el príncipe D. Felipe III y la infanta D.ª Isabel. Recibió el nombre de D. Felipe de África. El hábito y encomienda de Santiago y la grandeza de España de primera clase. Como tal grande asistió al casamiento de Felipe III en Valencia (abril de 1599), y después al juramento del príncipe D. Felipe IV, en Madrid, a 13 de enero de 1608. Sirvió en Milán y después en Flandes, donde murió. Habitó en la calle del Príncipe, casas que fueron de Ruy López de Vega, hoy reedificadas con el núm. 40 nuevo, y que dan vuelta a la calle de las Huertas. Así lo ha descubierto y refiere el Sr. Mesonero Romanos en su apreciable libro El antiguo Madrid, impreso en esta capital, año 1861.

El Marqués de Ladrada. D. Gonzalo de La Lama y de la Cerda, hermano del Duque de Medinaceli. Fue Señor de las casas de Arteaga y Gamboa, y gentilhombre de la boca del Rey desde 1599. En Abril de 1603 casó, sin la competente licencia, con la hija de D. Pedro de Leiva, general de la Armada naval de Sicilia, por cuyo motivo fue preso en El Escorial y conducido a Uclés. Acompañó al Duque de Pastrana en su misión extraordinaria a París, año de 1612. Concurrió a la jura del príncipe D. Baltasar Carlos, el 7 de marzo de 1632.

El Comendador mayor de Montesa. Es el famoso poeta D. Francisco de Borja y Aragón, después Príncipe de Esquilache, Conde de Mayalde y de Sistallo, etc. Escribe también un prólogo al frente de la Dragontea.

El Conde de Villamor. D. N... de Alvarado, hijo de D. García de Alvarado, mayordomo de la Emperatriz, primer Conde de Villamor, a quien sucedió en este título por aquel mismo año de 1602. Había casado, a mediados de 1601, con la hija del Marqués de la Laguna, D. Sancho de la Cerda. De segundas nupcias contrajo enlace en abril de 1612 con D.ª Juana Pacheco, hermana del Conde de la Puebla de Montalbán; con esta ocasión le hizo el Rey merced de prorrogarle por tres vidas la renta que gozaba de encomiendas de indios, que se valuaba en 20.000 ducados anuales.

El Conde de Adaquaz. Natural de Valencia.

D.ª Isabel de Figueroa. Natural de Granada. Concurrió con una glosa al certamen que se celebró en las fiestas de Toledo al nacimiento de Felipe IV, año de 1605: glosa que se halla impresa en la relación que de dichas fiestas escribió Lope.

D. Lorenzo de Mendoza. «El doctísimo y nobilísimo D. Lorenzo de Mendoza y Figueroa», le llama López de Aguilar al incluir traducida en latín, en su Expostulario Spongiae, esta composición del mismo. Alabado por Cervantes en el Viaje del Parnaso («el grave D. Lorenzo de Mendoza»).

D. Félix Arias Jirón. Natural de Madrid. Hijo segundo de D. Juan Arias Portocarrero, Conde de Puñonrostro, y de su esposa D.ª Juana de Castro y Rivadeneira. Fue Sargento mayor de la villa de Madrid, y Capitán de Infantería española: militó en Borgoña y Flandes. Presidió la Academia de Madrid en que fue laureado Vicente Espinel.

D. Diego de Agreda y Vargas. Ingenio matritense; hijo de D. Alfonso de Agreda, granadino, del Consejo y Cámara de Castilla y Caballero de Santiago, y de D.ª Luisa de Vargas y Guevara, natural de Madrid. Sirvió en la milicia con grado de Capitán de Infantería, y con gente pagada a su costa, en el año de 1640, par cuyos servicios y los de su familia obtuvo en 1639 el hábito de Santiago. Escribió doce novelas morales y ejemplares (Madrid, 1620-1724), Lugares comunes de letras humanas (Madrid, 1616), y tradujo del italiano Los amores de Leucipe, 1617. Estaba enterrado en la capilla mayor del convento de Santa Inés, de monjas Clarisas, de Granada, en sepulcro con su retrato de medio relieve, por derecho de patronato de su casa.

Agustín de Castellanos. Sus quintillas principian: «Bien sé que es atrevimiento = sin letras tomar la pluma...» Escribió también un soneto laudatorio al frente de El peregrino de Lope, y una comedia titulada: Mientras yo podo las viñas, que MS. con fecha de 1610, se conserva en la biblioteca del Duque de Osuna.

Dr. Maximiliano de Céspedes. Natural de Madrid. Doctor en Medicina por la Universidad de Salamanca. Médico de Cámara de Felipe III por los años de 1612 al 18. Escribió también un soneto laudatorio al frente del Isidro de Lope, en la edición de 1602, y otro del mismo género en el libro de Proverbios morales... y Enigmas del Dr. Cristóbal Pérez de Herrera, su compañero en la regia cámara (Madrid, 1618).

De varios otros de los panegiristas citados, hablamos con mayor o menor extensión en diversos lugares de esta obra.

 

68

La dedicatoria dice así:

«A D.ª Ángela Vernegali.-Ofrezco a V. m. estos versos en reconocimiento de mis obligaciones, como los que salen de cautivos las cadenas al templo de su libertad, pues lo fue V. m. de mi salud en dos tan peligrosas enfermedades; que aunque se debe al cielo, él mismo manda honrar el instrumento por quien se consigue. Y confirma esta verdad, que en tan dudosos viajes me dio nuevo Ángel de Guarda como a Tobías, donde la virtud, la hermosura y el entendimiento igualaron al nombre. Al resplandor del cual piden estas humildades luz, que mejor la recibirán de un ángel, que del mismo sol. Dios guarde a V. m.-Lope de Vega Carpio.»



A esta misma señora dedicó años después nuestro autor su comedia titulada La corona merecida (Parte catorce de las suyas. Madrid, 1620).

«¿A quien (dice) se podía dedicar más justamente La corona merecida, que a quien merece tantas cuantas virtudes la adornan, donde se verifica que si las cosas convienen con los nombres, el que le dieron a V. m. no fue sin causa?... La segunda parte de mis Rimas di a luz con el nombre de V. m., poniendo a la puerta un ángel que supliese con su respeto lo que faltó mi pluma; y de entonces, ni mis sucesos me han dejado continuar el agradecimiento, ni tuve cosa digna de tan alto ingenio; mas viendo agora que el sujeto desta comedia era la historia de una señora tan celebrada por La corona merecida, que con ella dio honor a España, gloria a su nombre y nombre a sus descendientes...», etc.



El asunto de esta comedia es la historia de la famosa dama que, solicitada por el rey Alfonso VIII de Castilla, salvó su honra llagándose todo el cuerpo con un hacha ardiendo; en premio de cuya hazaña, la esposa del Rey, Leonor de Inglaterra, la ciñó su rica corona y la honró además con el nuevo apellido Coronel. Lope da en este drama el nombre de Lucinda a una criada de la heroína, y el de Belardo a un alcalde de aldea. Todo concurre a probar que en Sevilla fue donde padeció Lope las dos peligrosas enfermedades en que le asistió D.ª Angela Vernegali.

El MS. autógrafo de La corona merecida, con la fecha de 1603, existía en el archivo del Conde de Altamira. Parece excusada advertir que la dedicatoria de este drama, según de ella misma resulta, no fue escrita por el autor cuando lo compuso en 1603, sino en 1620 cuando lo imprimió en la Parte catorce de sus comedias.

 

69

De algunos de estos panegíricos daremos oportunamente cabal noticia en varios otros lugares de esta obra. Ahora hablaremos aquí de:

D.ª Isabel de Rivadeneira. Poetisa toledana; escribió excelentes versos a lo divino, según expresa Lope en el encarecido elogio que la dedicó en la silva primera del Laurel de Apolo. Hállase otro soneto suyo entre los preliminares del poema de San Josef del maestro Valdivielso, (1607).

Maestro Juan de Aguilar. Antequerano; profesor de Humanidades en aquella ciudad. Hubo de nacer por los años de 1580; y acaso fue el Aguilar de Antequera citado como poeta dramático por Agustín de Rojas Villandrando en la Loa de la comedia. Del elogio que le tributó Lope en el Laurel de Apolo (silva segunda) consta que carecía de entrambas manos, y que, sin embargo, hacía por sí mismo uso de la pluma:


    «Y en la misma ciudad Aguilar sea
su fama y su esperanza,
y sin haberle visto, nadie crea
que sin manos escribe.
Escribe, ingenio, y vive;
estorbos fueron vanos,
pues el ingenio te sirvió de manos.»



Compuso excelentes poesías latinas, que se encuentran diseminadas en diferentes libros de su tiempo; léese una de ellas al principio del de su paisano Rodrigo Fernández de Ribera, Lecciones naturales contra el descuido común de la vida (1629), que reimprimió el editor Padilla en el siglo pasado. En las Flores de poetas ilustres, que colectó el antequerano Pedro de Espinosa (Valladolid, 1605), hay de nuestro Aguilar una elegante versión castellana de la oda de Horacio Iam satis terris, etc. He visto en un antiguo códice, que fue del insigne pintor y poeta sevillano Francisco Pacheco y ahora pertenece al Sr. D. Serafín Estébanez Calderón, copia de una carta del maestro Aguilar dirigida al mismo Pacheco por conducto de cierto Sr. Jerónimo, con fecha del 5 de octubre de 1629, remitiéndole una inscripción latina para el retablo nuevo de la parroquia de San Miguel de Sevilla.

 

70

A continuación van transcritas ambas composiciones. La de Lope dice así:


    «Tantas virtudes, honras, glorias, famas,
sólo se hallan, Álvaro famoso,
en sangre de Guzmán, que el generoso
tronco produce siempre iguales ramas.
    Que muestre el sol al Austro ardientes llamas
es fuerza, está en la suya poderoso,
pero al Oriente, es caso prodigioso;
tal es la luz con que al nacer te inflamas.
    En el mirar al sol, claro y sereno,
para que de sus dudas se confirme,
es del águila el hijo conocido:
    probándote a su sol Guzmán el Bueno
llamarte puede, viéndote tan firme,
corona y gloria de su excelso nido.»




De D. Álvaro de Guzmán a Lope de Vega Carpio


    «No del Betis la playa que engrandece
a España con riquísimo tesoro,
no la tierra que el sol convierte en oro
y al Fénix oloroso incendio ofrece:
    no la que al mar Atlántico guarnece,
dando al Scita coral, perlas al Moro,
ni la vega en que vive el bien que adoro,
a quien Genil de jaspes enriquece:
    no la famosa Calidonia Selva
tu Vega igualan, de tu patria gloria,
ni cuantas mira el sol, del Cancho al Tauro:
    salga tu Peregrino al mundo, y vuelva
con sombrero de palma de victoria
y texido el bordón de aliva y lauro.»