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Este ensayo se ha realizado en el marco de dos proyectos de investigación; Mujer y Esfera Pública en la Literatura Española (1900-1950) (FFI2009-11455) y Representaciones de Género en la Industria Cultural. I. Mujer y Artes Escénicas (FEM2009-09092).

 

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Véase, sin ir más lejos, el análisis de la repercusión en el teatro de preguerra de la polémica sobre el voto femenino de Vilches de Frutos (2008).

 

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Oyarzábal ejerció el periodismo en medios españoles e internacionales, prestando en sus artículos una señalada atención al análisis de la situación social femenina y a las reivindicaciones feministas, destacadamente, el derecho al sufragio (Rodrigo 266 y Quiles 64).

 

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Posteriormente, contrajo matrimonio en 1909 con el hijo de ésta, el pintor Ceferino Palencia, cuyo apellido unió al suyo para firmar sus obras (Isabel Oyarzábal de Palencia).

 

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Se incluyen en este volumen los siguientes «Diálogos»: La mujer que no conoció el amor; El miedo; La que más amó; La ceguera; La mujer que dejó de amar; La vejez; Madre nuestra; Gestas, el mal ladrón y La cruz del camino, junto con un cuento titulado «Alcayata». Los nueve diálogos han sido editados por Rodríguez Alonso (1999). La mujer que dejó de amar no se aborda en este artículo porque se aleja del tema que aquí se analiza. Existe noticia de otra obra teatral inédita, el drama en 1 acto El gran delito, registrado en la Unión Nacional de Artistas de México, de la que no se ofrece fecha (Hormigón 896-987).

 

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Sobre la construcción de la figura materna en otro de los dramas de García Lorca, desde una lectura antropológica, veáse Moneó 2010. En relación con Oyarzábal, se ha ocupado del tema recientemente Capdevila-Argüelles.

 

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«La mujer soltera inspira cierto desdén; reminiscencia brutal, como hemos dicho, de los tiempos en que no se la consideraba más que como hembra, y efecto de que, por falta de educación, no es todo lo útil que pudiera ser. A veces parece que su vida sin objeto es una carga para la sociedad [...] La mujer es mujer aunque no sea madre, es decir, que es compasiva, paciente, afectuosa y dispuesta a la abnegación. Más aún, sin ser madre, tiene afectos maternales. [...] La mujer soltera [...] puede consagrar toda su existencia al bien de la sociedad» (Arenal 77-8).