Escena primera
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LARA y HEREDIA
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| LARA. | | Tornas, amigo,
a esta ciudad, y tornas | | | a verla arder en sedicioso fuego; | | | aun no aparece el sol en el Oriente, | | | Y ya reunido y agitado
el pueblo | | | de Zaragoza atruena los confines | | | con ronca furia
y pavoroso estruendo. | | | ¿Cuándo la dulce paz, cuándo
la calma | | | volverán a Aragón? |
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| HEREDIA. | Cuando
sus fueros, | | | cuando sus sabias sacrosantas leyes | | | recobren
el vigor que antes tuvieron. | |
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| LARA. | | ¿Y le han perdido acaso,
Heredia? |
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| HEREDIA. | Amigo, | | | ¿siendo tú aragonés, puedes no verlo? | | | ¿Qué
resta a nuestra patria sin ventura. | | | de su antiguo esplendor?
Sólo recuerdos | | | de grandezas pasadas y una sombra | | | de sus instituciones y derechos. | | | Con astucia y con pérfidos
halagos, | | | y a fuerza de cautelas y de tiempo, | | | de nuestra
libertad y nuestros usos | | | los déspotas minaron los
cimientos. | | | Pero, aunque desplomándose, existían, | | | y jamás con el rostro descubierto | | | osaron combatir
por derribarlos, | | | como ahora, Lara, atónitos lo vemos. | | | Las huestes numerosas que Filipo, | | | en Tarazona tiene, so
pretexto | | | de invadir a la Francia desdichada, | | | que de guerra
civil arde en el fuego, | | | para oprimirnos son, para robarnos | | | de nuestra antigua libertad los restos. | |
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| LARA. | | ¿Y el alboroto
de la plebe airada | | | los puede sostener? |
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| HEREDIA. | No
hay otro medio. | | | Cuando los magistrados corrompidos | | | se venden
al poder y aguardan premios, | | | y son conspiradores los prelados, | | | y los pudientes degradados siervos, | | | y los que se titulan
infanzones | | | al déspota feroz doblan el cuello, | | | entonces,
Lara, entonces lo que plebe | | | apellida tu labio por desprecio, | | | incorruptible, decidida, pura, | | | su libertad proclama y sus
derechos. | | | Derechos que pisados y abatidos | | | con la prisión
de Antonio Pérez fueron. | | | Mas si lo toleraron los
cobardes | | | y aplausos mereció de los perversos, | | | viólo
Aragón con ira, alzó la frente | | | y despertó
del prolongado sueño, | | | juré cobrar su libertad
perdida | | | y reclamó sus derrocados fueros. | |
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| LARA. | | Con
razones reclame la justicia; | | | mas con las armas... ¡Ah!... |
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| HEREDIA. | ¿Qué
estáis diciendo? | | | ¿Qué sirve la razón
para un tirano? | | | ¿Por ventura olvidasteis ya el respeto | | |
y la prudencia con que el buen Lanuza, | | | anciano justo, de
virtud modelo, | | | apoyado en las leyes y en el voto | | | de todas
las ciudades de este reino, | | | patentes hizo al rey en un principio, | | | con reverentes súplicas y ruegos, | | | las justas quejas
que a Aragón turbaban, | | | alterando su paz y su sosiego? | | | Y ¿qué logró? Decid... Nada; orgulloso | | | el
rey Filipo, en su poder soberbio, | | | del justicia mayor a las
demandas | | | con amenazas contestó y desprecios, | | | insultando
su bárbara osadía | | | la gloria y majestad de
todo un pueblo. | | | Mas temióle también. Y el
fiel Lanuza | | | de lealtad, de tesón, de canas lleno, | | | rindió al injusto filo de la Parca | | | el denodado y
generoso aliento. | | | Y... |
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| LARA. | ¿Qué esperanza sin Lanuza
queda? | |
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| HEREDIA. | | Vive Aragón, aunque Lanuza es muerto. | | | Cual vos imaginaban los malvados, | | | y tal vez un mortífero
veneno... | |
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| LARA. | | ¿Tal osáis sospechar? ¡Heredia! ¡Amigo! | |
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| HEREDIA. | | Cualquier maldad de los tiranos creo. | | | Mas ¡cuánto
se engañaron, si así fuese! | | | El patriotismo,
la virtud, el celo | | | del difunto Lanuza, arden más
vivos | | | del joven hijo en el heroico seno. | | | En él cifra
Aragón sus esperanzas; | | | de justicia mayor el alto
empleo, | | | que su padre ejerció, le conferimos, | | | y del
bien general está sediento. | |
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| LARA. | | Pero a su juventud
e inexperiencia | | | y a su carácter ardoroso temo. | |
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| HEREDIA. | |
Él nos ha de salvar. Las canas frías | | | de la
mustia vejez, el torpe hielo | | | que de la edad el curso perezoso | | | derrama tardo en los humanos pechos, | | | apagan el valor y
la energía | | | y engendran timidez y abatimiento. | | | El
peligro es urgente; no aprovechan | | | maduras reflexiones ni
consejos; | | | hierro sólo y poder, hierro y constancia, | | | y virtudes y honor. |
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| LARA. | ¿Y
tal denuedo | | | tendrá un joven que amor y amores sólo | | | supo abrigar en su fogoso pecho, | | | que adora a una belleza
castellana, | | | que está albergada en su palacio mesmo, | | | y con quien deben para siempre unirle | | | los deliciosos lazos
de himeneo? | | | ¡Ay Heredia!... Lanuza... |
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| HEREDIA. | Basta,
amigo; | | | no ofendas, no, su patriotismo excelso. | | | El amor
de la patria es compatible | | | con el de la beldad. |
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| LARA. | Y
si resuelto | | | está el joven Lanuza y decidido | | | a alzar
y sostener esos derechos, | | | que idolatra Aragón; si
convocado | | | tiene a las armas y a la guerra el reino, | | | usando
del poder que le confiere | | | de justicia mayor el ministerio, | | | ¿por qué en tal conmoción de Zaragoza | | | arde
en tumulto agitador el pueblo? | | | ¿Qué más quiere? |
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| HEREDIA. | No
sé. Yo en este instante | | | de convocar a las ciudades
vengo | | | en nombre de Lanuza y de las leyes. | | | Y todas, a su
voz y llamamiento, | | | juntan sus haces, sus pendones alzan | | | Y hacia aquí se encaminan, pues resuelto | | | está
todo Aragón. Pero a Lanuza, | | | ¿dónde le encontraré? |
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| LARA. | Donde
el estruendo | | | se advierta de la plebe amotinada, | | | allí
le encontrarás. Cuando los ecos | | | oyó de sedición
voló animoso | | | a sosegar el conmovido pueblo | | | y la
causa a inquirir... Mas él se acerca. | |
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Escena
II
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LARA, HEREDIA y LANUZA
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| LANUZA. | Amigos,
espantoso riesgo | | | a la patria amenaza. Los traidores | | | maquinan
sin cesar su perdimiento; | | | es preciso salvarla, y sólo
pueden | | | salvarla ya el valor y el duro hierro. | | | O muerte
o libertad. |
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| HEREDIA. | Ese
es el grito | | | que da todo Aragón. Pero ¿qué
nuevo | | | peligro ves? ¿Las huestes orgullosas | | | del rey Felipe...? |
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| LANUZA. | Heredia,
yo no temo | | | ni al rey Felipe ni al tropel de esclavos | | | que
el nombre de soldado envileciendo | | | sirven a la opresión
y tiranía; | | | seres tan degradados los desprecio. | | | Sólo
temo a los pérfidos traidores, | | | hijos espurios de
Aragón, que, fieros, | | | se gozan en los males de la
patria, | | | y, ocultos, ansian desgarrarle el seno. | | | El oro
corruptor, la atroz calumnia, | | | el disimulo astuto y el secreto | | | las armas son con que nos hacen guerra, | | | armas no conocidas
en los buenos. | | | Refrenar es preciso su osadía. | |
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| HEREDIA. | |
¿Qué atroz conjuración has descubierto, | | | Lanuza? |
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| LANUZA. | Cuando
la noche | | | tendió su manto por el ancho cielo, | | | y los
zaragozanos al reposo | | | se entregaban tal vez y al mudo sueño | | | creyendo asegurados de la patria | | | la santa libertad y antiguos
fueros, | | | al ver los aparatos de defensa | | | decretados por mí,
con gran secreto | | | los traidores, que siempre vigilantes | | |
están en nuestro mal, se reunieron | | | allá, en
la Inquisición. En ese inicuo | | | bárbaro tribunal,
apoyo horrendo | | | del despotismo y la opresión; en ese | | | tribunal espantoso que, a pretexto | | | de defender la religión
augusta, | | | como si no tuviera en nuestros pechos | | | un alcázar
fortísimo que basta | | | a mantener intactos sus preceptos, | | | difunde el fanatismo y la ignorancia | | | y a España
agobia con pesados hierros. | | | Sus infames ministros, animados | | | por los traidores que en su busca fueron, | | | decretaron quedase
en esta noche | | | destrozado Aragón, por siempre opreso, | | | sembrando en Zaragoza y su contorno | | | discordia, muerte,
horrores. Y resueltos, | | | de armas y partidarios prevenidos, | | | a favor de las sombras y el silencio, | | | con gran recato a
la vecina cárcel | | | de los manifestados dirigieron | | |
su bárbaro rencor. Rompen las puertas, | | | y a Antonio
Pérez, con furor tremendo, | | | arrancan y en sigilo se
lo llevan; | | | y tornaban después con el intento | | | de
sorprender a todos los valientes | | | que el honor de la patria
defendemos, | | | y, o cargarnos de horrísonas prisiones, | | | o, al hallarnos inermes y en el sueño, | | | cebarse en
nuestra sangre furibundos | | | y sus dagas hundir en nuestros
pechos. | |
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| HEREDIA. | | ¡Qué horror! ¡Cielos! ¡Qué
horror! |
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| LARA. | Mas
di, Lanuza: | | | ¿cómo saber pudiste...? ¿Estás
tú cierto...? | |
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| LANUZA. | | Cuando esos tigres, con altivo
arrojo, | | | se llevaban a Pérez, él, ardiendo | | | de justa rabia, en altos alaridos | | | llamó en su ayuda
al descuidado pueblo | | | Algunos, que escucharon sus clamores, | | | atónitos despiertan, el acero | | | empuñan diligentes,
sospechando | | | que a la patria amenaza oculto riesgo, | | | «¡Venganza
y libertad!», gritan; Y al punto | | | lanzan de Zaragoza el torpe
sueño, | | | y todos corren a las armas, corren | | | a Pérez
a salvar. Mas no pudieron, | | | que los traidores resistir osaron, | | | y de la Inquisición en un horrendo | | | calabozo le ocultan,
y defienden | | | el lóbrego recinto, y combatiendo | | | salen
a completar su negra trama | | | y a dar cima a sus pérfidos
intentos. | | | Y trábase la lid, y en fiera lucha | | | mézclanse
los malvados y los buenos. | | | Y el pavor de la noche y las
tinieblas | | | aumentan el horror. El frío suelo | | | se inunda
en sangre. La ciudad retiembla | | | al ronco son de temerosos
ecos. | | | Llega el rumor a mí, como anheloso | | | y al combate
feroz gritando llego. | | | Conócenme los fieles ciudadanos, | | | anímanse, y desmayan los perversos, | | | y las armas
arrojan, y, vencidos, | | | unos se acogen al palacio regio | | | do
esta la Inquisición; otros, cobardes | | | de este recinto
con presura huyeron, | | | y algunos que, humillados a mis plantas, | | | imploraban perdón, todo el secreto | | | de la conjura
atroz me revelaron, | | | y los que la dirigen, y los premios | | | que esperaban del rey, y los horrores | | | que iban a cometerse,
y de que el Cielo | | | piadoso nos salvó. Ved si hay peligro. | | | Muchos y poderosos y de esfuerzo | | | son los conspiradores;
seducido | | | tienen gran parte del incauto pueblo. | | | Ya han osado
mostrarse frente a frente, | | | y no desistirán de sus
intentos. | | | ¡Oh! Plegue a Dios librarnos de traidores, | | | cuyas
tramas y planes encubiertos | | | más que de las escuadras
enemigas | | | al bárbaro furor, amigos, temo. | |
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| LARA. | | Frustrado
ya su arrojo en esta noche, | | | no osarán otra vez acometernos. | |
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| HEREDIA. | | Y si, altivos, lo osasen, su ruina | | | encontrarán,
Lanuza. De los buenos | | | el número es mayor. Si Zaragoza | | | abriga tales monstruos en su seno, | | | todo, todo Aragón
a sostenerte, | | | y a las leyes contigo, está resuelto. | | | Teruel, Albarracín, Huesca, Barbastro | | | y las demás
ciudades de este reino | | | se encaminan ya aquí. De recorrerlas | | | y alzarlas todas, cual mandaste, llego. | | | Todos siguen tu
voz. |
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| LANUZA. | Valiente
Heredia, | | | jamás dudé que a defender sus fueros, | | | barrera que contiene el despotismo, | | | todo Aragón
uniera sus esfuerzos. | | | ¡Cuánto, al verte otra vez
en Zaragoza, | | | crecen mis esperanzas! En tu pecho | | | la libertad
y el patriotismo arden, | | | y tú me ayudarás,
y tú... |
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| HEREDIA. | Resuelto | | | a todo estoy: o libertad o muerte; | | | vida en la esclavitud
yo no la quiero. | |
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| LANUZA. | | Llega a mis brazos; mientras hombres
vivan | | | que alberguen tan honrados pensamientos | | | a pesar de
tiranos insolentes, | | | ser venturosos lograrán los pueblos. | | | Ya los instantes urgen; ahora mismo | | | de esta ciudad los
habitantes buenos | | | van en mi nombre a rescatar a Pérez, | | | y otra vez a la cárcel a traerlo | | | de los manifestados. |
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| LARA. | ¡Cuántos
males | | | de Antonio Pérez a Aragón trajeron | | |
los crímenes tal vez!... No sé, Lanuza, | | | por
qué demuestras tan osado empeño | | | en proteger
a un criminal. |
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| LANUZA. | Yo,
Lara, | | | al tal Antonio Pérez no protejo. | | | Protejo sólo
de Aragón las leyes, | | | protejo sólo de Aragón
los fueros. | | | Si es Pérez criminal, terrible caiga | | | la segur de la ley sobre su cuello. | | | Pero sólo la
ley ha de juzgarle, | | | no la arbitrariedad. Corre al momento, | | | Heredia; vuelva Pérez a la cárcel | | | de manifestación.
Ordena el pueblo | | | en escuadras de guerra, armas reparte, | | | vigila cuidadoso a los perversos; | | | de las altivas tropas
de Felipe | | | procura descubrir los movimientos. | |
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| LANUZA. | Lleguen.
¿Qué importa? | | | Pronto, su orgullo a nuestros pies
deshecho, | | | conocerán la fuerza irresistible | | | de los
que lidian por romper sus hierros. | | | « ¡O muerte o libertad!»,
el grito sea | | | de nuestras haces. Y el laurel eterno | | | adornará
nuestras gloriosas frentes, | | | Y o dulce muerte o libertad
tendremos. | |
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| HEREDIA. | | Gozoso marcho a obedecerte, amigo; | | | gozoso
en combatir seré el primero. | |
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| LANUZA. | | Y en vencer y
en triunfar. |
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Escena III
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LARA y LANUZA
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| LARA. | Calma
ese arrojo | | | de tu ardor juvenil y los consejos | | | de mi experiencia
y de mi amor escucha, | | | que tal vez convendrán a ti
y al pueblo. | |
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| LANUZA. | | A mí y al pueblo convenirnos
sólo | | | pueden la libertad y los derechos | | | que, de la
patria impenetrable escudo, | | | fundaron nuestros ínclitos
abuelos | | | cuando en Sobrarbe, en su constancia heroica | | | la
furia se estrelló del sarraceno. | | | Si exhortarme pretendes
animoso | | | a jamás desistir de sostenerlos, | | | habla,
pues, ya te escucho. |
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| LARA. | No,
Lanuza; | | | sólo calmar tu agitación pretendo. | | | El reino de Aragón... |
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| LANUZA. | Yace oprimido, | | | y es
preciso salvarlo y defenderlo. | |
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| LANUZA. | El
valor y la constancia | | | y el voto general de todo un pueblo. | |
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| LARA. | | ¿Y en el pueblo confías? ¿Tú no sabes | | | que, como arista a quien sacude el cierzo | | | acá y
allá se mueve, y, variable, | | | lo que ahora anhela lo
aborrece luego, | | | y que si ostenta un imprudente arrojo, | | |
pronto su furia se convierte en miedo? | |
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| LANUZA. | | Sólo
sé que la patria me ha encargado, | | | el sostener sus
vacilantes fueros, | | | y mientras tenga encargo tan glorioso | | | se sostendrán o moriré con ellos. | |
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| LARA. | | ¿Y
esperas que la próspera fortuna | | | coronará,
Lanuza, tus esfuerzos? | |
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| LANUZA. | | Cuando por la razón
y la justicia | | | y por la libertad lidiar debemos, | | | sé
que es fuerza lidiar, y en las resultas. | | | o prósperas
o adversas, nunca pienso. | |
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| LARA. | | ¡Joven acalorado!... ¡Cuántos
males, | | | qué desastres sin fin, ¡oh Dios!, preveo! | |
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| LANUZA. | | Cesa, Lara; no más. Si el hielo frío | | | de la vejez cansada en vuestro seno | | | derrama vil pavor,
sellad el labio; | | | no intentéis con pronósticos
funestos | | | ahogar nuestro entusiasmo y bizarría. | | | Y
advertid que el que siembra desaliento | | | cuando para salvar
la madre patria | | | redoblar es preciso los esfuerzos, | | | da sospechas
tal vez... |
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| LANUZA. | | De estos muros salid si os turba el miedo: | | | de estos muros, do reina la constancia | | | que admirarán
los siglos venideros. | |
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