La producción dramática de Agustín Moreto (Madrid, 1618-Toledo, 1669) en su trayectoria vital
María Luisa Lobato
Universidad de Burgos
Grupo Proteo de investigación: Poder y representaciones festivas (1450-1750)
Agustín Moreto es uno de los dramaturgos más representativos del Siglo de Oro español y ocupa un papel prioritario en el tercer cuarto del siglo XVII. Considerado el mejor de los seguidores de Calderón, su obra recoge numerosos motivos y argumentos que estaban ya en el teatro anterior, en especial en el de Lope de Vega, en uno de los casos de reescritura más llamativos de su tiempo, que hace necesario leer su obra en su contexto y desde las costumbres dramáticas que la vieron nacer.
Su producción teatral revisita la anterior aportando una poética renovada a las comedias que compone a mitad de siglo. Entre sus rasgos más personales están la estilización dramática que se manifiesta en la disminución de la complejidad argumental, el estupendo trazado del personaje del gracioso, el equilibrio en la manifestación de los conceptos, la incorporación de pasajes musicados a sus obras, la sobriedad en los elementos espectaculares y la presentación en los argumentos de un tipo humano que parte de comportamientos sociales excesivos y termina las obras consiguiendo un equilibrio moral y social.

De ascendencia familiar italiana, Moreto nació en Madrid en 1618 de una familia acomodada y fue el sexto de nueve hermanos. Estudió súmulas, lógica y física en Alcalá de Henares desde 1634 hasta 1637 y se graduó en Artes en 1639. No son muchos los datos que tenemos de su biografía, pero interesan especialmente los que relacionan su vida con su producción teatral, formada por más de cincuenta comedias de las que un tercio las escribió en colaboración con otros autores de su tiempo, en especial con Matos Fragoso, Cáncer y Martínez de Meneses. A ellas hay que sumar treinta y cinco piezas cortas: loas, entremeses y bailes dramatizados, compuestas para los intermedios del teatro mayor propio y ajeno.
Primera etapa literaria (1639-1654)

Durante sus años de estudiante comenzó a componer sus primeros poemas y obras teatrales breves como el entremés El poeta, en el que se encuentran referencias a los concursos poéticos que eran habituales en ambientes académicos. También temprana parece ser la comedia La renegada de Valladolid, escrita en colaboración con Belmonte y Martínez de Meneses, lo que da pie a pensar que Moreto tenía ya el suficiente prestigio como para trabajar con nombres bien conocidos en la época. En 1639 se publicaron sus poesías panegíricas a la muerte temprana de Juan Pérez de Montalbán y esa fecha se suele dar como la primera de su reconocimiento literario.
Ese año la compañía de Antonio García de Prado representó en Sevilla su entremés La Perendeca, quizá con ocasión de las fiestas del Corpus por algunas referencias que contiene la obra. En ese primer periodo escribió también el Entremés para la noche de San Juan.
Se ordenó clérigo de órdenes menores en 1642 y obtuvo un beneficio simple servidero en Santa María Magdalena, iglesia parroquial de Mondéjar perteneciente a Guadalajara, que era diócesis de Toledo, aunque su residencia habitual fue Madrid. Más tarde entró en contacto con el rey Felipe IV y el Conde-Duque de Olivares y comenzó su actividad dramática en la Corte, en la que coincidió con dramaturgos reconocidos, aunque no trabajó en las grandes fiestas de la Corte como su amigo Calderón, pero sí en numerosas representaciones particulares en los espacios de la Corte. Antes del año 1644 -fecha de la muerte de Luis Vélez de Guevara- se improvisó una comedia en el Coliseo del Buen Retiro ante Felipe IV, en la que actuó junto a Vélez de Guevara y Calderón de la Barca.

Cuando en 1643 murió su padre, sus comedias se representaban en Madrid junto a las de autores como Calderón, algunas de ellas escritas en colaboración con otros dramaturgos, hasta nueve incluso en La mejor luna africana de esta primera etapa. Fueron años difíciles para el teatro porque la muerte de la reina Isabel, primera esposa de Felipe IV, hizo que se cerrasen los teatros en Madrid en señal de duelo hasta 1651. A pesar de ello Moreto compuso comedias durante este periodo que se hicieron en especial a partir de 1647 como particulares en palacio o para celebrar diversos acontecimientos festivos y religiosos, como la dedicada a El lego del Carmen, San Franco de Sena, con motivo de esa canonización en 1651. Ensayó también argumentos en obras escritas entre varios dramaturgos, como Hacer remedio el dolor, sobre los que volvería en la única comedia cuyo autógrafo conservamos, El poder de la amistad, y en la magnífica El desdén, con el desdén, ya avanzada la década de 1650.
Fue entonces cuando Moreto entró a formar parte de la Academia Castellana y con poco más de treinta años era ya un escritor reconocido a principios de los años cincuenta. Lo testimonian sus representaciones en palacio durante este periodo oscuro para los corrales de comedias, cuyo fin hizo posible que, además de en la Corte, sus obras volvieran a representarse en los tablados públicos. Algunas muestras de ello pueden ser dos obras representadas en el Cuarto de la Reina entre 1650 y 1652: Nuestra Señora de la Aurora, escrita en colaboración con Cáncer y El licenciado Vidriera.
Para la apertura de los corrales debió preparar algunas piezas breves, entre las que se cuenta el baile entremesado de El rey don Rodrigo y la Cava, de carácter burlesco, impreso por primera vez en 1655. Fue en 1654 cuando en el texto de La fuerza de la ley se manifestó como buen conocedor de los entresijos del mundo teatral.

Moreto seguía en Madrid en 1654 cuando Diego Díaz de la Carrera publicó la Primera parte de sus comedias a costa de Mateo de la Bastida, con las doce obras acostumbradas entre las que se encontraba una de sus mejores comedias, El desdén, con el desdén, que debió escribirse poco antes. Parece que el dramaturgo custodió de forma personal este grupo de obras, que quiso dedicar a su mecenas Francisco Fernández de la Cueva, el cual había sido militar en Barcelona y en aquellos momentos era virrey en México. Además de esas doce obras reunidas en su Primera parte de comedias, el dramaturgo compuso durante el mismo periodo otras nueve en solitario y colaboró en dieciocho comedias escritas según la costumbre del trabajo en colaboración, que firmaron desde dos dramaturgos hasta nueve, pasando por todas las alianzas posibles intermedias. Entre sus colaboradores más habituales estuvieron Matos Fragoso y Cáncer, como se ha dicho, pero cabe citar también a Martínez de Meneses y a Rodríguez de Villaviciosa.

La primera etapa de producción de Agustín Moreto (1639-1654) se cierra entonces con casi cuarenta obras, treinta y nueve para ser exactos, escritas en solitario o en compañía de otros autores y corresponde principalmente al periodo en que el dramaturgo vivía en Madrid. En fechas recientes, hemos podido documentar que se ordenó sacerdote en 1659, lo que supuso un cambio en sus costumbres vitales y laborales, que podemos concretar en un cambio de domicilio, la dependencia del arzobispo de Toledo, don Baltasar de Moscoso y Sandoval, su incorporación a tareas profesionales clericales en la ciudad toledana y, en lo que afecta a su labor teatral, el desapego de sus obras en cuanto que no volvió a reunir ninguna «Parte de comedias» aunque tenía material para hacerlo. También en esta segunda fase disminuyó su producción de obras para corral, si bien se mantuvo la de comedias para ser representadas en espacios privados de la Corte.
Segunda etapa literaria (1655-1669)
La segunda parte de su producción la podríamos centrar, pues, entre 1655 y 1669, fecha de su fallecimiento. No volverá a haber una colección de obras impresas de Moreto hasta siete años después de su muerte, la que será la Segunda parte de sus comedias, impresa en la imprenta de Benito Macé de Valencia a costa de Francisco Duarte, que no recogió solo obras de esta etapa, como por ejemplo El lindo don Diego (1662), sino algunas de la anterior. Priman las comedias de capa y espada y las palatinas. Además de recopilar comedias de la primera etapa de Moreto, esta Segunda parte imprime otras que estaban ya editadas en diversas colecciones, especialmente en la de Comedias escogidas de los mejores ingenios. Solo una, la titulada El parecido, se edita aquí por primera vez. El hecho de que cada uno de los más de cuarenta volúmenes de Comedias escogidas impresos en el siglo XVII contengan al menos una obra de Moreto, da idea de su popularidad.

Además de las seis comedias escritas en esta segunda fase que pasaron a la Parte de comedias de 1676, Moreto compuso otras. El cambio más notable se dio en su producción de obras mancomunadas con otros autores, pues en esta etapa solo datamos la que hizo con Matos Fragoso titulada San Froilán. Este cambio tan notable pudo deberse tanto a su alejamiento espacial de Madrid, ya que Moreto ejercía en ese momento sus tareas sacerdotales en Toledo, como de la propia corte de los Austrias, pues las representaciones particulares en palacio eran uno de los destinos más habituales de sus obras. Pero, sobre todo, fue la muerte de sus principales colaboradores la que alejó a Moreto de esta práctica, ya que Belmonte falleció en torno a 1650, Cáncer en 1655 y Martínez de Meneses en 1661. Más de cincuenta obras componen, pues, su producción de comedias, de las que las escritas en solitario casi duplican en número a las que compuso con otros autores. A ellas se sumarían las treinta y cinco piezas breves cómicas, entre las que hay loas, entremeses y bailes dramatizados que el público reclamaba en los teatros.

Las fiestas reales tuvieron gran desarrollo en el inicio de esta segunda etapa de Moreto a partir de 1655, fecha en que se encargaron al Marqués de Heliche. El baile entremesado de El Mellado, dedicado al mundo del hampa, lo escribió para celebrar en 1655 el cumpleaños de la Princesa niña Margarita María, a quien llama «pimpollo tierno». Aquel mismo año representó también en Madrid la Loa para los años del emperador de Alemania, dedicada a Fernando III, que moriría dos años después. Poco posteriores fueron algunos de sus mejores entremeses, entre los que cabe citar El retrato vivo, El hijo del vecino y La reliquia, impresos ya en 1658.
Aunque muy probablemente ya era sacerdote en aquellos momentos, sus obligaciones no impidieron que escribiese para fiestas privadas en la Corte, tanto piezas breves como otras más extensas. Los entremeses El alcalde de Alcorcón y Las fiestas de palacio se representaron en enero de 1658 con motivo de la salida de la Reina a misa a la Real Capilla y formaron parte de un grupo de festejos con los que el pueblo de Madrid manifestó su contento al ver asegurada la sucesión de la monarquía. Por otra parte, el baile Los oficios coincide en los principales actores con los que representaron el entremés El alcalde de Alcorcón en 1658, por lo que pudieron representarse en torno a las mismas fechas.

En cuanto a sus comedias, según los datos de que disponemos hasta el momento, predominaron las representadas en espacios privados de la Corte frente a las que lo fueron en corral. Entre estas últimas cabe destacar que, en noviembre de 1659, Sebastián de Prado hizo ante el Rey la obra de Moreto No puede ser el guardar una mujer, a la que la documentación llama «nueva comedia» en aquella ocasión, por lo que debió estrenarse entonces. Algunas obras alternaron entre corral y Corte, como sucedió con la comedia «vieja» Lo que puede la aprehensión, que el 3 de mayo de 1660 se vio en el Corral de la Cruz hecha por la compañía de Jerónimo Vallejo y al día siguiente la representó Francisca Bezón en palacio. La demanda de representaciones por parte de la Corte obligó en algunas ocasiones a que el director de la compañía tuviese que reponer obras ya estrenadas cuando no había suficiente tiempo para preparar bien el festejo. Con ocasión del tercer cumpleaños de Felipe Próspero en 1660, Diego Osorio volvió a representar De fuera vendrá quien de casa nos echará, comedia compuesta posiblemente en 1653 pero representada aquí con loa y sainetes nuevos, para reemplazar a la «fiesta grande» que se aplazó hasta que los actores la aprendiesen bien. También en el Retiro se hizo el año siguiente Fingir y amar.

Los datos localizados hasta ahora sobre representaciones de comedias permiten suponer que el ritmo de estrenos decreció desde esas fechas hasta los años ochenta en que se repusieron numerosas de sus obras, especialmente en palacio, a cargo de las compañías más famosas de la época entre las que se cuentan las de Manuel Vallejo, Jerónimo García, Francisca Bezón, Simón Aguado, Eufrasia María, Rosendo López de Estrada y Agustín Manuel. Con todo, sí hay datos que permiten afirmar que el dramaturgo continuó escribiendo teatro después de su ordenación sacerdotal. Poco después de la comedia que hizo en el Buen Retiro, citada antes, preparó para los autos del Corpus de Madrid de 1661 el que sería uno de sus mejores entremeses, El vestuario, dedicado a la vida teatral.

El cardenal arzobispo de Toledo, don Baltasar de Moscoso y Sandoval, lo tomó pronto bajo su protección. En su biografía se indica que nombró a Moreto capellán de la Hermandad del Refugio o de San Pedro. Sus nuevas responsabilidades le llevaron a permanecer en Toledo al menos entre los años 1662 y 1668, en los que era ya sacerdote, vinculado como presbítero a la iglesia de San Nicolás y, frente a opiniones que han defendido que dejó de escribir al ordenarse sacerdote, el estudio de la cronología de sus obras indica que las compuso y que se representaron hasta su muerte. Por ejemplo, en 1662 se representó el entremés La loa de Juan Rana, para celebrar a la reina Mariana y también en una fiesta real se hizo El ayo que tuvo como protagonista de nuevo a Juan Rana, esta vez en una de sus últimas actuaciones. Algunas de sus mejores comedias son de esta segunda etapa y se publicaron en la década de 1660: El lindo Don Diego y Primero es la honra. No muy lejos de ellas debió escribirse el entremés El aguador, impreso por primera vez en 1661, que contiene un tema muy relacionado con el de El lindo.
Los entremeses Los galanes y La bota debieron ser poco posteriores pues su primera edición fue en el volumen titulado Tardes apacibles de 1663.
Los corrales del Príncipe y de la Cruz interrumpieron sus representaciones por la muerte del rey Felipe IV entre 1665 y 1667. Buena parte de esa década la pasó Moreto en Toledo y en su testamento de 1669 dijo ser vecino de esa ciudad. En esa última voluntad indicó que dejaba todos sus bienes a los pobres. Parece que en aquella época escribía Santa Rosa de Perú, que el público demandaba para festejar a la primera santa de América recién canonizada, pero esta obra la debió acabar su colega en el oficio, Lanini, a la muerte de Moreto en 1669, que tampoco logró ser enterrado donde él quería, en el cementerio de los pobres, el Pradillo del Carmen, sino en la Capilla de la Escuela de Cristo, en la Parroquia de San Juan.
De las noticias hasta aquí expuestas podemos concluir que el periodo de máxima actividad dramática de Moreto se desarrolló en los años cincuenta del siglo XVII, en especial sus comedias escritas en solitario y sus obras en colaboración con otros dramaturgos. Su producción puede dividirse en dos periodos marcados por varios hechos notables, que pueden delimitarse antes y después de 1655. La primera etapa vendría marcada por la composición de la mayor parte de sus obras en solitario hasta manifestar su interés por reunir doce de sus mejores comedias en la Primera parte de 1654, así como por su periodo madrileño de colaboración con otros dramaturgos que culminó en 1655 con la muerte de Cáncer, uno de sus más estrechos colaboradores. El cambio en sus circunstancias vitales, derivado de su ordenación sacerdotal y sus nuevas responsabilidades en Toledo, se manifestaron en la segunda etapa por un cierto aislamiento que complicó la composición de nuevas obras en colaboración con otros dramaturgos, la disminución de sus comedias en solitario y el incremento de sus piezas cómicas breves.
Dan cuenta de la calidad de su teatro, además de las numerosas representaciones que reflejan el gusto del público, el ver incluidos entre los autores de las compañías que las escenificaron a los más célebres de su siglo, al frente de actores y actrices de gran popularidad, como indican las nóminas que se han conservado. También son índice de su popularidad la influencia de algunas de sus comedias en autores europeos de la categoría de Molière, quien se inspiró en El desdén, con el desdén para La Princesse d'Élide (1664), obra que también dejó sus huellas en otras composiciones como Lo sdegno con lo sdegno si vince, de Arcangelo Spagna (1709), La Principessa filosofa de Carlo Gozzi (1772) y Donna Diana, de Joseph Schreyvogel, con pseudónimo de C. A. West (1816), por citar algunas de las que recibieron su influencia aunque no mejoraran la original. La incidencia de esta y de otras comedias moretianas, tanto en reescrituras como en traducciones, es objeto de atención reciente.
Agustín Moreto en los teatros
El teatro de Moreto fue uno de los más representados en su época, tanto en corrales de comedias como en palacio, en especial en los años cincuenta del siglo XVII, que son el momento álgido de su producción dramática. El ritmo de los estrenos se aminoró en torno a mediados de los sesenta, decreciendo tras su muerte en 1669. Pero del estudio de la cartelera madrileña del siglo XVIII, se desprende que las «comedias viejas» de Moreto, es decir las ya estrenadas con anterioridad, se repusieron a menudo en los corrales de comedias de Madrid junto a las de Calderón, Matos Fragoso, Diamante y Rojas Zorrilla, cuando las de Lope de Vega tuvieron un notable descenso de puestas en escena por un cambio de estética.
Si dejamos a un lado el éxito indiscutible de El desdén, con el desdén, con 112 representaciones durante el siglo XVIII, cifra superior, por tanto, a las 66 puestas en escena de La dama duende de Calderón en el mismo periodo, vemos que se representaron con continuidad comedias que hoy nos resultan prácticamente desconocidas, como De fuera vendrá quien de casa nos echará, con 59 representaciones en el Madrid del XVIII, Primero es la honra con 37 puestas en escena, ambas por encima de El lindo don Diego, que se pudo ver 18 veces, Trampa adelante en 30 ocasiones o La fuerza de la ley, con 14 representaciones. Junto a ellas, el público madrileño de aquel siglo pudo ver El licenciado Vidriera y No puede ser el guardar una mujer. También fueron muy bien recibidas por el público dieciochesco algunas de las que compuso en colaboración con otros dramaturgos, como El mejor Par de los doce, El príncipe perseguido o La fuerza del natural.
Solo entre 1708 y 1719 se representaron 17 comedias moretianas en un total de 213 representaciones, con una asistencia media por actuación de 334 espectadores, y 4 de sus comedias figuran bien situadas entre las 42 obras más representadas en Madrid, lo que viene a corroborar la aceptación de Moreto como autor barroco. Las puestas en escena se desplazaron también a otras provincias y tenemos noticias de varias representaciones de Antíoco y Seleuco, La fuerza de la ley, El poder de la amistad y Lo que puede la aprehensión en Valencia ese siglo, así como de esas tres últimas obras en Barcelona y Sevilla. Otras como La fuerza de la ley y Lo que puede la aprehensión se vieron también ese siglo en Valladolid.
La producción de Moreto en los escenarios se redujo en el siglo XIX, si bien sabemos que hubo en torno a una decena de puestas en escena de Trampa adelante y otras tantas de El lindo don Diego, además de algunas de otras comedias, como San Franco de Sena. Estas producciones se pudieron ver en lugares alejados de los grandes centros de teatro, como Toledo, las Palmas de Gran Canaria, León, Pontevedra y Ferrol, por citar algunos lugares.
También ese siglo vio su internacionalización. Además del Patio de las Arcas de Lisboa, donde se representó Lo que puede la aprehensión y muchas otras, tenemos también noticias de su difusión en América y, en especial, en México. Solo en las temporadas de 1790 a 1792 se representaron en el Coliseo Nuevo de la capital novohispana 21 títulos de Moreto, incluidas 4 obras escritas en colaboración. Entre los primeros, destacó El desdén, con el desdén, seguida por Antíoco y Seleuco, Trampa adelante y Lo que puede la aprehensión. Comedias como El poder de la amistad se vieron, además de en México, en Lima, Callao, Potosí y La Habana.
En los siglos XIX y XX, se han representado 29 obras individuales de Moreto y se han producido 3 montajes colectivos en los que se pudo ver también piezas teatrales breves. Tras Lope, Tirso y Calderón, Moreto es uno de los autores más veces representado en este periodo: sobresalen los 19 montajes de El lindo don Diego, seguidos a notable distancia de los 4 de El desdén, con el desdén, 3 de De fuera vendrá y 1 de No puede ser el guardar una mujer. El conjunto es interesante, pero nuevas puestas en escena esperan a obras de estupenda calidad, todavía desconocidas por el público, entre las que cabe citar Trampa adelante, Lo que puede la aprehensión y El poder de la amistad.
En el primer cuarto del siglo XXI 23 compañías distintas [véase EscenaMoretoXXI. Base de datos de puestas en escena moretianas del siglo XXI. Repertorio de puestas en escena españolas representadas en el siglo XXI que parten de textos teatrales de Moreto, en solitario, o acompañados de otros autores] han llevado a las tablas las obras de Moreto. El lindo don Diego ha sido representado en España en ocho montajes distintos, por lo que continúa siendo la obra moretiana predominante en los teatros. Le siguen los 4 montajes de De fuera vendrá quien de casa nos echará y los 2 de El desdén, con el desdén. También se han podido ver en los teatros No puede ser el guardar a una mujer y La confusión de un jardín. Gracias a festivales de teatro clásico, como los de Almagro y Olmedo, se ha potenciado especialmente que dramaturgos del Siglo de Oro como Moreto vuelvan a la vida a través de sus obras en el siglo XXI.