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Diego San José

Biografía de Diego San José

Por Francesca Marí Domènech (Universidad de Alicante)

Portada «Buena boda», Madrid, «La Novela Semanal», número 93, 21 de abril de 1923. (Ilustraciones de Aristo Téllez).

Diego San José de la Torre nació en Madrid el 9 de agosto de 1884 y falleció en Redondela el 10 de noviembre de 1962. Fue un periodista, escritor y poeta madrileño además de historiador y estudioso del Siglo de Oro español, reconocido cronista de Madrid y colaborador de las publicaciones periódicas de gran tirada La Novela Corta y El Cuento Semanal.

Fue el mayor de seis hermanos, hijo de Manuel San José y Corte, que regentaba un negocio de alquiler de coches de lujo y de Rufina de la Torre y Bayo. Cursó sus primeros estudios en el Colegio de Montserrat y el bachillerato en las Escuelas Pías de San Antón, donde cuenta que se aficionó a la lectura de los clásicos españoles del Siglo de Oro. Su paso por la Universidad fue muy fugaz y durante algún tiempo tomó lecciones de dibujo con don Alejandro Saint Aubin empujado por sus padres, sin embargo, abandonó ambas cosas pues quería dedicarse a la literatura y al periodismo.

La redacción de «El Globo». Octubre de 1896 (1896-10-02).

Sus primeras creaciones poéticas se publicaron en Vida Galante y Madrid Cómico. Fue el año 1908, por la mediación de Emilio Carrere, cuando empezó a colaborar regularmente en El Globo y también fue el año en el que estrenó en el Teatro de la Princesa su obra Un último amor y al año siguiente, El semejante a sí mismo.

Fachada del teatro María Guerrero, antiguo Teatro de la princesa.

Estos primeros años colaborará con Enrique Reoyo en lo que fueron las primeras refundiciones de obras de teatro clásicas como El lindo don Diego de Agustín Moreto. A partir de ese momento, se convirtió en un autor omnipresente publicando en casi todas las cabeceras activas entonces, destacando sus aportaciones en las revistas ilustradas: La Noche, El Imparcial, Mundo gráfico, Nuevo Mundo, La Esfera o Blanco y Negro.

Portada de Narciso Méndez Bringa/ José Arija (1899-04-29).

Su nombre empieza a hacerse popular y tiene infinitos seguidores de las constantes colaboraciones en los periódicos populares de la izquierda liberal como son El Heraldo de Madrid, El liberal y La Libertad.

Sus escritos siempre se caracterizaron por su aire clásico y arcaizante, dentro de la corriente imitativa de la literatura clásica española que tuvo bastantes seguidores en la década de 1910 y que Diego San José explotó sabiamente mezclándolo con el costumbrismo histórico también en auge.

Hasta aproximadamente 1914 publicó La canción de la esclava (1909); El primer novio (1909) y las refundiciones de obras como La dama boba (1912) de Lope de Vega; Marta la piadosa (1913) de Tirso de Molina o Los pechos privilegiados (1914) de Juan Ruiz de Alarcón.

A partir de esta fecha, Diego San José se dedicaría casi exclusivamente a la narrativa, publicando en las colecciones novelescas de gran demanda que presentaban La Novela Corta, Los Contemporáneos, La Novela Semanal, El libro Popular o la Novela de Hoy.

Títulos como Esposas del Señor que apareció en El Cuento Semanal, con ilustraciones de Robledano e Izquierdo Durán; Vida de pícaro en Los Contemporáneos con ilustraciones de Emilio Porset; En lo mejor de la vida… en El Libro Popular con ilustraciones de Marín y dedicatoria de Soutullo.

También publicaría algunas novelas de temas históricos, casi siempre situadas en la época de la España de los Austrias o en la época fernandina como fueron: La monarquía la privanza y el ingenio. Narraciones históricas compuestas en devoción del tiempo viejo (1922); La corte del Rey embrujado. Memorias de una dama de María Luisa de Orleáns (1923); La corte del Rey galán (1929) o Vida y milagros de Fernando VII (1929). Otras localizadas en la Guerra de la Independencia como De capellán a guerrillero (1928), así como anecdotarios históricos como El Madrid fernandino (1924), El Madrid de Goya (1928); Martirologio fernandino. Víctimas y verdugos del absolutismo (1931) y Los hombres de nuestra raza. Godoy, grandeza y servidumbre de un valido (1935).

Portada «Doña Constanza. Novela de una dama de honor, un hidalgo bobo y de una coima avispada como hay muchas, la compuso…» Madrid, Imprenta Hispano-Alemana, 1914. (Ilustración de cubierta de Izquierdo Durán. Dedicatoria a sus amigos Félix y Juan Martín Otaño y José García del Portillo).

Hasta los años 1930 o 1935 se mantuvo su éxito, pero a partir de esa fecha, del mismo modo que otros autores de su generación, fue desapareciendo de las publicaciones en formato libro aunque seguía colaborando con los periódicos más liberales. Con la llegada de la República en 1931 estuvo muy activo a través de los escritos en prensa y en conferencias hasta la finalización de la Guerra Civil en 1939.

Una vez terminada la guerra y a principios del mes de abril de 1939, exactamente el 10 de abril, fue llevado ante el Juzgado Especial de Prensa y encarcelado en la prisión de los Salesianos de Atocha. Antes de esto fue operado de una hernia, que retrasó la entrada a la cárcel, pero también vio en aquellos días la suspensión de El Liberal, con la consecuente depreciación de su dinero, la incautación de sus cuentas corrientes y con ello de su total economía, ganada con el trabajo constante y sus liquidaciones de la Sociedad de Autores.

Su obra De cárcel en cárcel es el claro testimonio sobre los años de su cautiverio y comprende desde el día 10 de abril de 1930 hasta el 12 de enero de 1944 en el que consiguió salir en libertad condicional.

En toda la documentación que se conserva de esos años sorprende como siempre existe la esperanza por parte del autor de la libertad y la imposición de una pena justa y debidamente sentenciada puesto que yo no había matado ni hecho daño a nadie. De manera jocosa también repasa los motivos por los que según el fiscal iba a ser condenado … y vine a saber que -sin haberme percatado de ello- mis modestos artículos de El Liberal, Heraldo, La Libertad y hasta ABC durante la guerra habían sido la causa eficiente que lanzara las masas a la quema de conventos y el asalto de cuarteles (De cárcel en cárcel, pág. 111).

Llama especialmente la atención el modo cómico con el que se enfrenta a algunas circunstancias vividas en la cárcel, no por ello dulcificando el proceso, muy al contrario, haciendo una denuncia descarnada de la realidad allí vivida. Confesará en sus memorias que una vez acostumbrados a esas cuatro paredes se dispone a hacer lo posible por pasarlo bien dentro de los elementos con los que contaban: así que organizaron una orquesta, festivales y esto le dio pie a escribir una comedia en tres actos y en verso, La Calderona. Dentro de la cárcel vieron también la luz El diablo está en Salamanca y los primeros capítulos de Memorias de un gato. Dirigió durante su cautiverio la revista Redención, y dedicó sus días a la organización de la biblioteca, claramente expurgada.

Tras su salida de la cárcel de Atocha pasó a la de Porlier donde tenía ya conocidos como Robledano, Marín Alcalde o Antonio de Hoyos y Vinent, aristócrata y notable escritor que murió a los pocos días.

Su familia no cejó en el empeño de conseguir que se transformara la pena de muerte en pena de cárcel e intentaron hablar con todos sus contactos previos a la guerra como su amigo Joaquín Álvarez Quintero o Zuloaga.

Fue su mujer quien consiguió a través de Millán Astray, al que Diego San José le estaba escribiendo su biografía, la conmutación de la pena de muerte a la que había sido condenado por la de treinta años el 7 de agosto.

Para poder cumplir la pena de treinta años lo trasladaran a la cárcel de San Simón, que fue más placentera de lo previsto. Aunque esta no fue su última cárcel, pues su condena la terminó en la de Vigo, al que fue trasladado al clausurarse. Estuvo un mes más en la cárcel, una vez que se hubiera decretado que los que tenían reducida su pena, que era su caso, podían volver a sus casas. Hasta enero de 1944 no fue puesto en libertad condicional pero quedó desterrado a Galicia y tenía que presentarse todos los meses en el cuartel de la guardia civil de Rendondela hasta la extinción de la pena.

Diego San José continuó escribiendo hasta su muerte en 1962 en Redondela, pero sin publicar o publicando con un pseudónimo, bajo el mecenazgo de José Regojo. La labor de extraer sus obras de ese periodo de casi 30 años y publicarlas todavía está por hacer en buena parte.

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