Acto II, Escena VI (1836) | ||||
JUAN.- Y tú, hermosa mía, tan linda, tan graciosa, tan... (Se va acercando poco a poco a DOÑA LEONOR como para darle30un abrazo, cuando a DON SIMPLICIO, que durante el anterior diálogo ha estado haciendo mil aspavientos, se le cae el gorro. Levanta la vista DON JUAN y descubre a su rival.) ¿Qué veo? ¡Él es! | ||||
LEONOR.- (Riendo a carcajadas.) ¡Ah, ah! Pues ha debido divertirle la conversación. | ||||
JUAN.- ¿Qué está usted haciendo ahí? | ||||
SIMPLICIO.- Nada. Paseando al fresco. | ||||
JUAN.- (Muy enfadado.) Me alegro [de] encontrar[le] a usted. | ||||
SIMPLICIO.- Muy señor mío, crea usted que también celebro mucho... | ||||
JUAN.- Fuera broma. Vamos, abajo, y espada en mano. Leonor será el premio de la victoria. Disputémosla como caballeros. | ||||
SIMPLICIO.- Si yo no soy amigo de disputas; tengo el genio más pacífico... | ||||
JUAN.- ¡Ah! Bien veo que es usted tan vilmente cobarde como animal. | ||||
JUAN.- Poco a poco. ¿Qué es eso de animal y de cobarde? ¿Cómo se entiende? Sepa usted, caballero, que no me gustan tales indirectas, y que no acostumbro tolerarlas. | ||||
JUAN.- Baja, pues; aquí estoy para darte satisfacción. | ||||
SIMPLICIO.- Si estoy muy satisfecho; ¡así lo estuviera mi pobre estómago! | ||||
JUAN.- (Apuntando [con] una pistola.) Si no bajas, mira que te hago saltar la tapa de los sesos. | ||||
LEONOR.- Tente. ¿Qué vas a hacer? | ||||
SIMPLICIO.- Sí, sí, Leonor mía, vuelve por tu Simplicio, por tu futuro esposo. | ||||
JUAN.- ¿Su esposo tú? Antes muere... | ||||
SIMPLICIO.- Poco a poco. Allá voy. (Aparte.) Supuesto que de todos modos está en peligro mi vida, más vale probar si... (Baja y queda al lado del árbol como para resguardarse de DON JUAN.) | ||||
JUAN.- (A LEONOR.) Déjame dar una lección a ese jumento. (A DON SIMPLICIO.) Despacha. Espada en mano. (Apuntando una pistola.) Titubeas; mira que te... | ||||
SIMPLICIO.- ¡Ay, madre de mi alma! (Saca la espada, y de la vaina, que tiene tres cuartas, sale una hoja de cuatro varas de largo.) | ||||
JUAN.- ¿Qué es eso? | ||||
LEONOR.- (Riendo a carcajadas.) ¡Ah, ah, ah! | ||||
SIMPLICIO.- ¿Qué veo? ¡Traición, traición! Si se vale usted contra mí de magia y brujerías, las armas no son iguales. | ||||
LEONOR.- (Riendo.) Ya se ve que no lo son. | ||||
SIMPLICIO.- Agradezca usted que no pueda servirme esta espada; de lo contrario, voto a bríos... | ||||
JUAN.- ¿Qué te atreves a decir? | ||||
SIMPLICIO.- Es que yo tengo fama en la esgrima. Y si no, dígalo Laz... ¡Ah! Se me olvidaba que está ausente. Pues, como decía... | ||||
JUAN.- Calla, tonto. (A LEONOR.) Estoy tentado por guardar a ese majadero en rehenes. | ||||
LEONOR.- ¿Y qué quieres que hagamos con semejante trasto? | ||||
JUAN.- Huye, pues, miserable. | ||||
SIMPLICIO.- ¡Huir yo! Acción de cobardes. Lo que haré, sí, será echar a correr... Pero pronto volveré acompañado del tutor, de Lazarillo, de la justicia y de un ejército entero para conquistarles a ustedes con las armas en la mano. (Se va blandiendo su espada. DOÑA LEONOR y DON JUAN se ríen a carcajadas.) |
«Coplas de Don Simplicio cuando baja de la luna (profecía que oyó a un lunático)»
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Acto III, Escena II (1836) | ||||
CÍCLOPES.- (A VULCANO) Poderoso dios de los cíclopes, aquel afortunado mortal que resolvió favorecer tu sin par generosidad, y a quien tu mágico poder hizo bajar desde las cumbres del Pirene hasta estas nuestras entrañas del Etna, está en la cueva inmediata. ¿Qué hemos de hacer? | ||||
VULCANO.- Que venga. | ||||
CÍCLOPE.- Aquí está. | ||||
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(Llega con muestras del mayor susto DON SIMPLICIO, escoltado por media docena de Cíclopes.) | ||||
VULCANO.- Seas bien venido, insigne don Simplicio Bobadilla de Majaderano y Cabeza de Buey. | ||||
SIMPLICIO.- (Aparte. Calla, calla, ¡cómo sabe todos mis nombres...!) Muchas gracias, señor maestro. | ||||
CÍCLOPE.- (A DON SIMPLICIO, amenazándole con el martillo.) ¿Cómo maestro? | ||||
SIMPLICIO.- Poco a poco; no hay que enfadarse. Viendo yo todas las señas de unas fraguas, yo pensé que el que dirigía los trabajos... | ||||
VULCANO.- ¡Tonto...! ¿No conoces, según eso, la mitología? | ||||
SIMPLICIO.- La mito... ¿qué? | ||||
CÍCLOPE.- (Amenazándole otra vez.) Logía, majadero. | ||||
VULCANO.- Tu ignorancia sola puede desconocer en mí a un hijo de Saturno, al dios del fuego, al numen de los herreros. | ||||
Acto III, Escena VII (1836) | ||||
SIMPLICIO.- ... a ver, pues. Pero me dijeron que tan pronto como llegase a introducirme se me presentaría el mágico, y no aparece. Me sentaré a esperarle. Muy mal hecho dejar así solas las personas que vienen de visita. Esta muestra de impolítica del señor ministro de Pluto me da muy espina. ¡Eh! Éste será algún charlatán como el Vulcano; algún loco, algún... (Un enorme brazo ase a DON SIMPLICIO por los cabellos y le levanta a algunos pies del suelo sacudiéndole.) ¡Ay, ay! Señor mágico invisible, suelte usted, por caridad; suelte usted, que tengo el cutis de la cabeza sumamente sensible. ¡Perdón! ¡Perdón! (Le suelta el brazo.) ¡Uf! ¡Qué susto! Tienen razón en decir que no hay que murmurar de los ausentes. (Se levanta y sale de [la] tierra, entre sus pies, una llamarada muy viva. Quiere retroceder y encuentra otro tanto detrás y a los lados.) ¡Miren ustedes qué tontería! ¡Ir a encender lumbre ahí debajo! Me han quemado las cejas. Serán tal vez las cocinas de mágico. ¡Caramba, qué calientes! Por lo visto, lo más prudente es tomar las de Villadiego y renunciar a Leonor, que no vale ella ni toda su casta los trabajos sin número a que me expongo. (Se presenta a la embocadura por donde salió y encuentra en ella un horrible Cancerbero.) ¡Ay! ¡No salgo de ésta! ¡Señor mágico! ¡Don Lope! ¡Madre! ¡Señor mágico! (Se tira al suelo boca abajo. Truenos horrorosos. Sale del agujero del apuntador un MÁGICO que tiene alternativamente cuatro o siete pies de estatura, según se va bajando o alzando DON SIMPLICIO para hablarle. Tiene los ojos vendados. Su riquísimo ropón de púrpura, cubierto de monedas de todas clases, deja ver de cuando en cuando el cuerpo que cubre imperfectamente, y éste es un esqueleto asqueroso.) |