El teatro representa un punto de vista de las cumbres de los Pirineos cubiertas de nieves.
Escena I | ||||
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DON LOPE, LAZARILLO y varios Criados y Paisanos, mirando todos al cielo como para descubrir el globo que se llevó a DON SIMPLICIO. DON LOPE tiene un inmenso telescopio. | ||||
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(Música.) | ||||
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(Hablado.) | ||||
LOPE.- ¿Nada divisáis vosotros? | ||||
PAISANO.- ¡Toma! ¿Y quién ha de ver primero, teniendo sus ojos de usted el auxilio de ese armatoste? | ||||
LOPE.- Pues, señor, no parece el dichoso globo. Sin embargo, a ver... ¿Qué es eso? No... nada... ¡Pobre Simplicio! ¡Qué viaje ese que está haciendo! | ||||
CRIADO.- Ya se ve: ¡pobre señor! Verse volar por esos aires ni más ni menos que una milocha, como quien dice. ¡Ay! Señor, señor; ahí arribota se descubre algo negro. ¿Si será don Simplicio? | ||||
LOPE.- ¿Dónde, dónde? | ||||
PAISANO.- Sí, sí; hacia la izquierda. No hay duda: él es, él es. | ||||
LOPE.- Callen ustedes, animales. ¡Si es un cuervo! | ||||
CRIADO.- ¿Un cuervo? ¡Animalillo! | ||||
TODOS.- Aquí está, aquí está. | ||||
LOPE.- Sí, sí; él es, él es. ¡Pobrecito! | ||||
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(DON SIMPLICIO, roto el globo que le sostenía, cae en medio de la nieve, dando gritos tremendos.) | ||||
| LOPE.- Pronto, corriendo, ¡a socorrerle! | ||||
TODOS.- ¡A socorrerle! | ||||
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(Sacan a DON SIMPLICIO de la nieve y le traen hacia el proscenio.) | ||||
SIMPLICIO.- ¡Ay, ay, ay! ¡Mis costillas! ¡Mis riñones! | ||||
LOPE.- ¡Amigo mío! | ||||
TODOS.- ¡Pobre señor! | ||||
LOPE.- No se ha matado usted, ¿no es verdad? | ||||
SIMPLICIO.- No, señor; me parece que no. | ||||
LOPE.- ¿Y se ha roto usted algo? | ||||
SIMPLICIO.- Y eso, ¿cómo lo he de saber antes de un debido registro de todas las partes de mi individuo? (Va meneando alternativamente, con muchos quejidos, cada brazo, cada pierna, y luego la cabeza.) No, no; nada está roto, excepto el espinazo, sin embargo. ¡Ay, ay! | ||||
SIMPLICIO.- ¡Paracaídas! Para caídas nada mejor que un globo roto; y si no, dígalo mí batacazo. Con todo, bien mirado no tengo por qué sentir lo que me ha sucedido, porque he hecho un viaje que me ha proporcionado el conocimiento de tantas cosas admirables. | ||||
LOPE.- Sí, ¿eh? | ||||
CRIADO.- Calla, ¿qué ha visto usted? | ||||
SIMPLICIO.- ¿Qué he visto? He visto... | ||||
PAISANO.- Chitón... ¡Atención! | ||||
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(Todos se colocan alrededor de DON SIMPLICIO, a quien han sentado en una silla de campaña.) | ||||
SIMPLICIO.- Pues, señor, he visto... Pero hombre, si me faltan las fuerzas. | ||||
LOPE.- A ver, Lisardo, dadle24unas gotas de lo del frasquito. | ||||
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(El Criado da de beber en un frasco a DON SIMPLICIO.) | ||||
SIMPLICIO.- ¡Uf! Eso es otra cosa; ya empiezo a respirar. Con que, como decía, he visto... | ||||
LOPE.- (Acercándose más.) A ver, a ver... | ||||
SIMPLICIO.- ¿En qué quedamos? ¿Tengo la palabra o la toma usted? | ||||
LOPE.- Nada, hombre; no se enfade usted: aquella natural impaciencia... | ||||
SIMPLICIO.- Pues calle usted, si quiere que prosiga. | ||||
LOPE.- Vamos; callaré, callaré. | ||||
SIMPLICIO.- Dale... ¡Silencio una vez! Pues, señor, han de saber ustedes que he visto... Pero luego podrán ustedes enterarse mejor por medio de un libro que me propongo publicar con la ayuda de Dios y del dómine, a no ser que algún impresor de Valencia lo dé a luz aun antes de acabarlo yo y sin contar conmigo, por supuesto, a usanza de esos señores. Con que a la relación impresa me remito. | ||||
LOPE.- Hombre, ¡después de habernos hecho entrar en ganas, salir ahora con esa pata de gallo! Vamos, vamos; así por encima, como quien dice, en forma de... Está usted, verbi gratia, como ciertos análisis que nos trae de cuando en cuando el Correo. | ||||
SIMPLICIO.- Pues quedarían ustedes enterados. | ||||
LOPE.- Pues bien: cuéntelo usted como quiera, siempre que satisfaga algún tanto aquella natural curiosidad que usted mismo suscitó. | ||||
SIMPLICIO.- No apurarse; vamos, lo contaré por encima. He visto en primer lugar, he visto a mis pies la tierra que iba disminuyéndose, disminuyéndose hasta reducirse al parecer al grueso de una avellana. Luego he visto... he visto... que ya no veía nada. Y tan pronto tenía un frío que me helaba como un calor que me abrasaba. | ||||
LOPE.- Vamos, como en Madrid. | ||||
SIMPLICIO.- Y así de frío en calor, y de calor en frío, llegué subiendo, subiendo, subiendo, llegué... a la luna. | ||||
TODOS.- ¡A la luna! ¡Ha visto la luna! | ||||
SIMPLICIO.- Ya se ve que la he visto, y de muy cerca; como que he estado hablando más de dos horas con una multitud de lunáticos que estaban allí reunidos en la25plaza para ver si llegaba a apearme.26 | ||||
| LOPE.- ¿Y lo consiguió usted? | ||||
SIMPLICIO.- ¡Ca! Si estaba haciendo más evoluciones con las patas y con los brazos... Imposible; el maldito globo se mantuvo siempre a más de diez varas del suelo. | ||||
LOPE.- Qué sorprendido se quedarían los lunáticos al verle a usted, ¿no es verdad? | ||||
SIMPLICIO.- No lo quedé yo menos de cuanto me estuvieron contando de su tierra. Figúrense ustedes que allí todo está al revés de acá: verbi gratia, los amantes son constantes, los esposos son fieles, no engañan los mercaderes, los oficiales hablan a todos con buen modo, no votan los soldados, los oficinistas hablan a todos con buen modo, los cómicos tienen una especie de solfeo donde están escritas todas las inflexiones de su voz, los cantantes buscan las suyas en su propio entendimiento y en el estudio del corazón humano. | ||||
LOPE.- Hombre, ¡al revés me las calcé! | ||||
SIMPLICIO.- La moda allí está sin imperio: ni aun la medicina llega a sujetar. En el comer, en el vestir y hasta en las diversiones públicas prefieren los lunáticos las cosas nacionales a las extranjeras. | ||||
LOPE.- (Con mucha admiración.) ¿Qué dice usted? | ||||
SIMPLICIO.- Lo que usted oye. Allí la literatura está en honor. Todos los hombres de talento son ricos, y todos los ricos son hombres de talento. Los periodistas hablan con imparcialidad de las cosas que pueden juzgar o callan acerca de las que ignoran. La polémica es urbana. Todo al revés, amigo mío, todo al revés; en fin, allí no son necios los que escriben comedias de magia. ¿Qué más quiere usted? | ||||
LOPE.- ¿Sabe usted que una relación de tantos prodigios no dejará de interesar? Lo malo es que no querrán creerlo a usted. | ||||
SIMPLICIO.- Les diré que lo vayan a averiguar. | ||||
PAISANO.- ¡Vaya un viaje! ¿Cómo salió usted de la luna y pudo volver por acá? | ||||
SIMPLICIO.- Con la facilidad del mundo, hombre. Una mudanza de aire... Pff... Dejé la luna sobre la izquierda y en un credo me encontré jugando a la gallina ciega con un enjambre de planetas, de estrellas, de cometas... ¡Ay, los cometas, qué colas, qué colas tenían los cometas! En fin, del paso que llevaba iba infaliblemente a almorzar al sol, a no ser por un pajarillo chiquirritín, como... como una casa, el cual, dando con el pico en mi gorro, le deshinchó y me hizo bajar con una rapidez superior a la de la subida. Como que estaría aún bajando, a no haber encontrado de por medio esas benditas rocas que me detuvieron. | ||||
LOPE.- Y diga usted, ¿no ha encontrado usted de camino a don Juan y a Leonor? | ||||
SIMPLICIO.- ¿Cómo se habían de atrever a seguir la dirección que yo llevaba? | ||||
LOPE.- He mandado un sin número de gentes en persecución suya, y pronto sin duda recibiremos noticias. Lo que interesa por ahora es cuidar de usted. ¿Usted por supuesto necesitará descanso? | ||||
SIMPLICIO.- ¡Digo! Después de haber viajado tanto, y de tantos modos... Ya, ya... | ||||
LOPE.- Vamos, amigos. El pobrecito apenas puede moverse. A ver si le llevamos a casa en las mismas parihuelas que dispusisteis para traerme a estas cumbres escarpadas; en la inteligencia que yo pagaré muy bien vuestras fatigas. | ||||
PAISANO.- Calle usted, señor amo, que no lo haremos por el mezquino interés. Nos gusta naturalmente hacer un favor, sobre todo cuando hay algo que ganar. | ||||
SIMPLICIO.- Excelente idea la del papá-suegro. A ver las parihuelas. (Se sienta en ellas.) Está uno aquí como un... (A DON LOPE.) Pero yo no he de sufrir que vaya usted a pie. Venga usted; que venga también mi inseparable Lazarillo. | ||||
LOPE.- No, señor. Nosotros estamos sanos y robustos, gracias a Dios, y la bajada nos servirá de paseo. Con que adelante. | ||||
SIMPLICIO.- Pues, señor, ¡adelante! | ||||
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(Cuando van los Paisanos a levantar las parihuelas desaparece DON SIMPLICIO, hundiéndose en la tierra. Gritos generales...) | ||||
LOPE.- ¿Qué es eso? ¿Dónde está? ¿Qué ha sido de él? Ay, pobre Leonor, bien lo veo, ¡el infierno está conjurando contra la felicidad que te aseguraba tal marido! ¿Qué hemos de hacer ahora? Pudimos trepar por estas cumbres para seguirle en lo posible mientras le veíamos volar por ahí arriba... Pero si se desvanece como un Silfio, sin dejar huella alguna, ¿dónde le hemos de buscar? ¿Cómo ha de ser? No nos queda más que irnos a casa a esperar con resignación el desenlace de tanto embrollo. | ||||
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(Todos se van, llevándose el frasco, la silla de campaña, las parihuelas, el telescopio, etc.) | ||||
Escena II | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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El teatro representa las fraguas de VULCANO; los Cíclopes están ocupados en sus trabajos. Los preside VULCANO. Todo anuncia la región del fuego, del ruido: en una palabra, las entrañas del Etna. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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(Música.) | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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(Aquí los Cíclopes toman actitudes amenazadoras para que DON SIMPLICIO se asuste.) | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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(Hablado.) | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- Acércate y no tiembles. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- Acércome gustoso. En cuanto a lo de no temblar, no está en mi mano obedeceros. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- No tiembles, repito; nada tienes que temblar. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- Eso es otra cosa, señor... Sí, como quien dijera, verbi gratia, el jefe de los chisperos, ¿eh? Ya, ya. ¿Y cuál es su gracia de usted? | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- Vulcano, tonto. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- ¡Ah! ¿Vulcano tonto se llama usted? Pues, señor, sea enhorabuena por el nombre y el empleo. Y ahora, ¿me harán ustedes el favor de explicarme con qué objeto he venido rodando de abismo en abismo, aunque sin lastimarme, hasta estas hornillas? | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- Vas a saberlo. Yo he resuelto a apadrinarte de hoy en adelante y hacerte triunfar de las persecuciones que dirige contra ti tu rival, o por mejor decir su picaruelo protector. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- ¿Y le conoce usted a ese protector? ¿Quién es? | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- Cupido, alias el amor. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- No tengo el honor de conocerle. Pero no por eso le debo a usted menos gracias por el favor que me dispensa. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- Nada tienes que agradecerme, porque me inclino naturalmente a favorecer a todas las víctimas del pérfido Cupido, no tanto por interés hacia los perseguidos como por odio al perseguidor. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- ¡Calle! ¿Y qué os ha hecho ese señorito Cupido, que le tenéis tantas ganas? | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- Eso fuera largo de contar. Además, son asuntos de familia. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- Sí, chismes de la portera y del ama de cría. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- En breve estarás en estado de comprender mi resentimiento, pues si, como lo espero, consigo casarte... | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- ¡Casarme! ¿Y con quién? | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- ¡Toma! Con tu Leonor. Con que vamos por partes. Tú la quieres, pero ella no te quiere a ti, ¿no es verdad? | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- Ni migaja. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- Eso no tiene nada de particular. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- ¿Cómo? | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- Quiero decir que son cosas que suceden; y si no, dígalo yo. Pero dejémonos de digresiones. Ella prefiere a cierto don Juan, ¿no es verdad? | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- Sí, señor; y, mire usted, está ese mequetrefe muy distante de valer tanto como yo. Capricho de mujeres... | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- Pues bien, es preciso desafiar a tu rival en batalla campal; le vences, y Leonor es tuya. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- Con que le venzo, ¿eh? Ya. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- Pero, como me parece que no eres de los más valientes... | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- Diré a usted. Eso es conforme; hay días en que el temple de uno... | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- (Sonriéndose.) Ya me hago cargo, y por lo mismo quiero regalarte armas que te harán invencible. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- Eso es otra cosa, porque, ya ve usted, en sabiendo uno que es invencible ya puede ser muy valiente, porque al fin y al cabo ya está seguro de que no tiene nada que temer. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- (Llamando después de haber dado unos martillazos en una bigornia.) ¡Polifemo! Trae en primer lugar el casco que en otros tiempos fue fabricado en estos talleres para el célebre Rey Midas. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- Muchas gracias. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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(Un CÍCLOPE entrega a DON SIMPLICIO un casco de plata que tiene en la cimera un rabo de asno y en sus partes laterales dos descomunales orejas del mismo cuadrúpedo.) | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- Pues mire usted, estoy persuadido que me sienta a las mil maravillas. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- (A unos Cíclopes.) Ahora forjad un escudo y una lanza del mejor temple, y hacedlos superiores, si es posible, a las armas célebres que recibieron de mí tantos héroes. (A otros Cíclopes.) Y vosotros divertid a este interesante mortal con vuestros juegos y vuestras danzas. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- Muchísimas gracias. ¿Quién hubiera dicho que fueran tan finos unos hombres tan espantosos a primera vista? | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- (Con voz muy fuerte a DON SIMPLICIO.) Acércate y siéntate. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- (Temblando.) No se incomode usted. Estoy muy bien así. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- (Con voz más fuerte.) Vamos, ¿te sientas? ¿Por qué temblar? Bien pudiera serenarte la suavidad con que te hablo. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- (Aparte.) Por vida del tío, con su suavidad tremenda. (Se sienta al lado de VULCANO. Unos Cíclopes, armados con martillos, ejecutan una danza de un carácter apropiado al sitio y a las personas. Otros trabajan con horroroso estrépito en forjar y pulir las armas pedidas por su señor. Dos Cíclopes vienen a arrodillarse a los pies de VULCANO y a entregarle una lanza y un escudo que éste pasa a las manos de DON SIMPLICIO.) | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- Armado con esta lanza y protegido por este escudo difundirás el terror entre tus enemigos. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- (Tomando la lanza.) ¡Ay, ay, que quema! ¡Vaya una chanza pesada! ¡Miren ustedes qué gracia! | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- ¿Eh? No repares en esas frioleras. Ahora voy a darte un escudero que te acompañará en adelante. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- Muy bien, porque a mí me gusta la conversación. Y luego... ya se ve... Con que, ¿donde está el compañero? | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- (Se presenta un enorme CÍCLOPE, armado con una desaforada cachiporra.) Aquí le tienes. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- ¡Jesús mil veces! Yo no quiero ir con tal compañero; sería capaz de comerme en el camino. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- No tengas cuidado; fíate de él, que siempre te protegerá. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- (Temblando al CÍCLOPE.) ¿Me lo promete usted, señor compañero? (El CÍCLOPE hace seña [de] que sí) . ¡Toma! ¿Y es eso todo lo que habla?¿Si estaré destinado a tener siempre escuderos mudos? Pues estoy fresco; no dejará de divertirme la conversación del compañero. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- Él no va solo; tendrás a tus órdenes ocho valientes cíclopes que bastan para arrollar un ejército. Vamos, disponte a volver con ellos a tu tierra. En un minuto te encontrarás trasladado por magia a la orilla del mar, donde paran en este momento los dos amantes. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- ¿Está usted en su juicio? ¿A la orilla del mar, y ellos están en las cercanías de Zaragoza? | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- Déjate de escrúpulos geográficos, que no vienen al caso. ¿No sabes, tonto, que no hay magia sin su correspondiente marina? | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- Eso es; y después la gloria, ¿eh? Pues, señor, vamos allá, vamos allá. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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(Ocho Cíclopes llevan en andas a DON SIMPLICIO en pie sobre una bigornia.) | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
VULCANO.- Tribútensele todos los honores que corresponden al protegido de vuestro amo. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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(Marcha triunfal. Muda la decoración.) | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Escena
III | ||||
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El teatro representa una campiña con el mar en el horizonte. Hacia el proscenio existe un banquillo de piedra, donde a su tiempo han de venir a descansar los dos amantes. | ||||
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DON JUAN y DOÑA LEONOR. | ||||
JUAN.- Descansa un momento, Leonor mía. (Se sientan en el banco.) En breve, lo espero, volveremos a encontrar el asilo que nos tenía ofrecido la amistad. | ||||
LEONOR.- ¡Qué triste estás, amigo mío! ¿Te arrepientes acaso de haberme confiado el secreto de la protección a que hemos debido tantos prodigios? | ||||
JUAN.- Lo has exigido, Leonor, y has vencido. Pero mi generoso bienhechor, que me había encargado tan encarecidamente el mayor sigilo, no tardó en manifestarme su resentimiento. Ya lo has visto: tan pronto como se me escapó el secreto encargado, desapareció, con mi preciosa patita, el carro mágico en que viajábamos. Y ojalá que este primer efecto de su venganza no sea precursor de mayores desgracias. | ||||
LEONOR.- (Riendo.) ¡Calla! ¿Tú también ahora vas a volverte caviloso? ¡Qué tonto eres! Miren ustedes el gran delito: haberme dado a conocer el protector a quien debemos la dicha de vernos reunidos lejos de nuestros perseguidores. | ||||
JUAN.- Ay, dueño mío, lo veo; aunque desesperara del favor de mi padrinito, los encantos de tu conversación, las gracias de tu lindísimo genio, lograrían consolarme. Pero no, desconfío aún de recobrar el singular talismán que ha de labrar mi felicidad. | ||||
LEONOR.- (Riendo.) ¡Ah, ah, ah! ¿Sabes que es muy original nuestro protector? ¡Haber colocado su poder y nuestra felicidad en una pata de cabra! ¡Qué idea tan extravagante! En verdad, yo que soy tan loca no haría más. | ||||
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(Preludios de música que recuerda la marcha triunfal de DON SIMPLICIO.) | ||||
Escena
IV | ||||
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Dichos, DON SIMPLICIO y sus ocho Cíclopes. | ||||
JUAN.- ¿Qué ruido es ése? ¡Gran Dios! ¿Qué he visto? ¡Simplicio! | ||||
LEONOR.- ¿Y qué monstruo es ese que le acompaña? | ||||
JUAN.- (Desenvaina la espada.) Les ha de costar cara mi vida. | ||||
SIMPLICIO.- Aquí están. (Quiere adelantarse el jefe de los Cíclopes y le detiene DON SIMPLICIO.) Poco a poco, no estamos aún con suficientes fuerzas. No hay que aventurarse con ese bicho; es el mismo demonio. (Llegan los demás Cíclopes.) Ahora sí: al menos tenemos fuerzas iguales ambas partes beligerantes. Con que, amigos, a la refriega. (Embisten los Cíclopes a DON JUAN, que se defiende un momento, pero no tarda en sucumbir. Entrega su espada a DON SIMPLICIO uno de los Cíclopes. Atan a los dos amantes a unos postes que salen de tierra, para cuya operación el jefe de los Cíclopes habrá dejado su cachiporra entre DON JUAN y DOÑA LEONOR.) Bueno, bueno: esta espada podrá reemplazar la que me echó a perder ese cocodrilo con sus hechicerías infernales. (A DON JUAN.) ¿Qué tal, señor don temerario? (A LEONOR.) ¿Qué tal, ingrata, rebelde, cruel, etc.? ¿Y ahora os burlaréis de mí? Es que yo también ahora tengo mi protector, y famoso que es. (Señalando al CÍCLOPE principal.) Si no, dígalo el señor, que es un mero pajecito suyo. (A dicho CÍCLOPE.) Encárguese usted con un par de esos muchachos de guardar a los dos prisioneros ínterin voy yo a casa de don Lope escoltado por los demás, por si acaso. Ay, cuánto va a admirarse don Lope así que me vea al frente de semejante ejército, así hecho un general, un sargento, un... ¿qué sé yo? (Al CÍCLOPE principal.) Con que, cuidado. No se fíe usted de esa caruchita engañosa con sus ojazos hipocritones... Es capaz de pegársela al mismo señor Vulcano. Pronto vuelvo; con que hasta la vista, compañero. (A los seis Cíclopes que han de ir con él.) Y vosotros adelante; ¡marchen! (Vase con los Cíclopes.) | ||||
Escena V | ||||
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DON JUAN y DOÑA LEONOR encadenados; CUPIDO oculto, tres Cíclopes, las tres Gracias. | ||||
JUAN.- Y bien, Leonor, ya ves los nuevos efectos de mi indiscreción: quedamos a merced de nuestros enemigos. | ||||
LEONOR.- Según lo que voy viendo, amigo mío, pudiera tener mis dudas sobre si el amor ha sido, como me lo dijiste, el director de tus anteriores prodigios. Porque, ¿cómo hubiera castigado tan cruelmente una falta tan leve y tan natural? Y pudiera él, acaso, ofenderse de esta falta, cuando por él la cometiste, porque, en fin, si me hubieses amado menos, seguro está que hubieses cedido a mis ruegos. | ||||
JUAN.- Tienes razón: el amor no puede habernos abandonado. Pues, no lo dudes, él fue quien me protegió, él es quien ahora parece abandonarme. Pero a pesar de esta aparente contradicción, no puedo dejar de confiar en las promesas que arrancaron de mis manos los instrumentos destructores con que traté, en mi delirio, de poner fin a mis males. Éstas, no lo dudemos, sus promesas se realizarán. | ||||
LEONOR.- Sí, lo creo, me lo dice el corazón; se realizarán. | ||||
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(Sale CUPIDO de la chachiporra que el CÍCLOPE dejó entre los dos amantes.) | ||||
CUPIDO.- Esto me basta. | ||||
LEONOR.- ¡Ah! | ||||
JUAN.- ¿Qué veo? | ||||
CUPIDO.- Chitón... Silencio... Para probarte hasta qué punto me gusta el misterio que te encargué, resolví castigarte un momento por haber faltado a él, aun por mí, aun sin consecuencia. ¿Has rabiado un poquito? Estoy satisfecho. ¿Has persistido en fiar de mis promesas? Vengo a recompensarte: pronto os restituiré la libertad. | ||||
LEONOR.- ¿Y esperas tú poder reducir a nuestros terribles guardas? | ||||
CUPIDO.- Yo no soy más que un niño; pero puedo mucho, mucho, lindísima Leonor; vuestro enemigo cuenta con el imperio de la fuerza que llamó en su ayuda; enhorabuena. Mas yo también tengo mi ejército para las ocasiones: invocaré el auxilio de las gracias, mis fieles hermanas, y no será la primera vez, hija mía, que el amor y las gracias habrán triunfado de la fuerza. Nadie menos que usted, bella Leonor, debiera dudar de su poder. | ||||
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(Aprovecha CUPIDO el momento en que los Cíclopes no le pueden ver para acercarse a la orilla del mar. Toca el agua con una de sus flechas y salen de las ondas las tres Gracias en una hermosa concha de nácar tirada por tres cisnes. Las Gracias y CUPIDO vienen a desatar a los amantes; los descubren los Cíclopes y llegan furiosos con el martillo levantado. Las Gracias los enlazan con guirnaldas de rosas; ellos, admirados, no se atreven a hacer uso de sus armas, como detenidos por una fuerza desconocida; se burla de ellos CUPIDO. Este juego se repite dos o tres veces en el curso de un sexteto bailado por las tres Gracias y los tres Cíclopes. Éstos, rendidos, en fin, ceden a una especie de sueño y caen al suelo. Mientras duermen, CUPIDO, con dos golpecitos que da con una flecha en los postes que tienen los amantes encadenados, los hace desaparecer. Éstos quedan libres.) | ||||
CUPIDO.- No perdamos tiempo; seguidme. | ||||
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(Corren todos a refugiarse en la concha.) | ||||
LEONOR.- (No atreviéndose a embarcarse.) ¿Cómo? ¿Todos en esta débil concha? | ||||
JUAN.- ¿Qué temes? (Señalando al amor.) Llevas a César y su fortuna. | ||||
CUPIDO.- (A LEONOR.) ¿No te parece suficiente este esquife? Nada más fácil que complacerte. | ||||
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(Se transforma la concha en un magnífico navío del gusto griego antiguo, servido por una tripulación de cupidillos.) | ||||
Escena VI | ||||
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Dichos, DON LOPE, DON SIMPLICIO, LAZARILLO y Cíclopes. | ||||
SIMPLICIO.- (Desde el interior de los bastidores.) Verán ustedes, verán ustedes qué bien amarrados los tenemos. | ||||
LOPE.- (Saliendo.) ¿Dónde están? | ||||
SIMPLICIO.- (Saliendo y buscando.) ¿Quién los ha libertado? | ||||
LOPE.- ¡Toma, toma! Ahí los tenemos embarcados. | ||||
SIMPLICIO.- ¡Traición! ¡Traición! (Despierta a los Cíclopes.) ¿Así cumplís con vuestra obligación? ¡Alarma, alarma! | ||||
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(Todos corren hacia la nave, la cual se transforma así que se acercan en un espantoso monstruo marino que vomita llamas sobre ellos. Muda la decoración.) | ||||
Escena VII | |||||||||||||||||||||
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El teatro representa una cueva. Hay un banquillo de peñasco hacia el proscenio de la izquierda. En el fondo existe un agujero que figura la embocadura de la cueva, por donde sale a gatas DON SIMPLICIO. | |||||||||||||||||||||
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DON SIMPLICIO. | |||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- ¡Loada sea mi santísima paciencia! Heme aquí embarcado para otra expedición. ¿Si saldré de ella tan lucido como de las anteriores? ¿Si acabarán una vez de jugar a la pelota conmigo? Pero de cuantas me han pegado de algún tiempo a esta parte, ninguna como la última. Las armas invencibles del señor don Vulcano, ¿eh? El irresistible auxilio de su tuerto pajecito... Y todo eso al suelo por un mocoso que protege a mi rival, por el señorito Cupido que todo lo vence, según las expresiones de la Leonorzuela. Pues por más que diga ésta, por más chascos que me esté llevando a todas horas. Yo no puedo creer a ese niño con tanto imperio. Piensan lo propio aquel cantorcito italiano y la tía Casturia, bruja setentona, con quienes consultaba ahora poco mi apuro; y a su consejo me atengo. Ellos me han dicho que en esta cueva vivía un mágico que recibe del dios Pluto, del numen de las riquezas, las inspiraciones de su ciencia, y que nadie sería poderoso más que él a asegurarme el triunfo.28Pero a nadie veo por aquí. ¡Ave María Purísima! Vaya un par de estafermos... ¿Saben ustedes decirme si está visible el señor mágico?... Mil gracias por la respuesta... Sin duda éstos también son sordo-mudos. ¡Y qué bien atados los tienen! Ahora que empiezo a ver más claro distingo claramente que me hallo en una caverna formada por pedruscos de oro. Si vieran esto los mineros de Madrid... No sería malo llevarme un pedacito para muestra; formar una sociedad y luego dejar a otros el cuidado de buscar el filón... Pero el mágico no viene, y esta tardanza me da muy mala espina. Éste será también algún charlatán como Vulcano... algún... fanfarrón... algún... (Uno de los gigantes le da a DON SIMPLICIO un golpe en la cabeza con una enorme piedra.) ¡Ay! Vaya una barbaridad... A bien que está atado y quitándome del alcande de su brazo podré insultarle a mi placer. Pues sí, señor... Usted es un mostrenco, un alcornoque, y su amo de usted un mal criado que hace esperar a las visitas. (Se ha ido retirando, y cuando llega cerca de otro gigante, éste le da un puntapié.) ¡Cuerno! Me ha deshecho la rabadilla. Huyamos antes de que acaben conmigo. (Óyense gritos y algazara.) ¿Qué es esto, Dios eterno? Algún nuevo peligro. Aquí me oculto. | |||||||||||||||||||||
(Salen una multitud de Brujas con escobas.) | |||||||||||||||||||||
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(Canto.) | |||||||||||||||||||||
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(Vanse las Brujas. [DON SIMPLICIO] quiere huir por la embocadura por donde salió y encuentra en ella un horrible cancerbero.) | |||||||||||||||||||||
SIMPLICIO.- (Hablado.) ¡Ay! ¡No salgo de ésta! ¡Señor mágico! ¡Don Lope! ¡Madre! ¡Señor mágico!... (Se tira al suelo boca abajo. Truenos horrorosos. Sale del agujero del apuntador un MÁGICO, que tiene alternativamente cuatro o siete palmos de estatura, según se va bajando o abriendo DON SIMPLICIO para hablarle. Tiene los ojos vendados. Su riquísimo ropón de púrpura, cubierto de monedas de todas clases, deja [ver] de cuando en cuando el cuerpo que cubre imperfectamente, y éste es un esqueleto asqueroso.) | |||||||||||||||||||||
Escena VIII | ||||
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DON SIMPLICIO y el MÁGICO. | ||||
MÁGICO.- Levántate, mortal pusilánime. | ||||
SIMPLICIO.- Si estoy exánime. | ||||
MÁGICO.- Levántate, repito, y serénate ya. Sólo quise hacerte pagar con algunos instantes de susto el haber dudado de mi ciencia y de mi poder. | ||||
SIMPLICIO.- (Levantándose) Pues si os propusisteis asustarme, quedad persuadido de que lo habéis logrado completamente. ¿Y bueno, eh? ¿Y la parienta y los chicos? | ||||
MÁGICO.- No tienen novedad. | ||||
SIMPLICIO.- Lo celebro. Ojalá pudieseis ahora hacerme tanto bien como me hicisteis mal. Pero, ¿por dónde habéis entrado? | ||||
MÁGICO.- (Señalando el agujero del apuntador.) Por ahí. | ||||
SIMPLICIO.- ¡Por ese agujero! ¡Cosa rara! | ||||
MÁGICO.- ¡Ingrato! Más de una vez tú y los tipos encontrasteis ahí un bienhechor auxilio... Más de una vez salieron prodigios de ese agujero. | ||||
SIMPLICIO.- Ya, pero las riquezas... Eso es otra cosa. | ||||
MÁGICO.- Vamos al caso: ¿qué exiges de mí? | ||||
SIMPLICIO.- Quiero... creo... espero... deseo... apetezco... ambiciono... ¿qué sé yo? En una palabra, hacedme todo el bien que pudiereis en la inteligencia que nunca me quejaré de las sobras. | ||||
MÁGICO.- Conozco el motivo que te ha traído a este misterioso albergue. | ||||
SIMPLICIO.- Me alegro mucho, porque me ahorráis el trabajo de decíroslo. | ||||
MÁGICO.- Debo confesarte que en el caso en que te encuentras mi poder es inferior al del numen que protege a tu dichoso rival. A la verdad, tu venganza está probablemente en el porvenir que espera a tus contrincantes; pero como mi ciencia no alcanza sino lo presente... | ||||
SIMPLICIO.- Entiendo; eso quiere decir que hay mágicos y mágicos, y que como los hay que prevén lo futuro, no prevéis vos más que lo presente; otros no prevén sino lo pasado, etc., etc. | ||||
MÁGICO.- No; lo que quiero decir es que mis favoritos nunca pueden confiar en el porvenir, y que mis más opulentos dones no pueden comprar aquella felicidad que sólo pueden asegurar el corazón de una esposa, el cariño de los hijos, la paz de la conciencia, la influencia del mérito, la cultura de las letras y de las ciencias, y sobre todo la virtud, el honor. | ||||
SIMPLICIO.- Vamos, vamos, yo saco en limpio de todo eso que ni la autoridad de un tutor, ni el imperio de la fuerza, que ya usé, ni el prestigio de las riquezas que he venido a invocar, pueden con el amor. | ||||
MÁGICO.- Que puede con todo. | ||||
SIMPLICIO.- Pues, señor, a lo que habré venido aquí es a bailar un rigodón en el aire, a chamuscarme los bigotes, etc. Sea enhorabuena, y muchas gracias. | ||||
MÁGICO.- Lo único que puedo hacer en favor tuyo es informarte de que don Juan y doña Leonor están a la hora esta en poder de don Lope. | ||||
SIMPLICIO.- (Saltando de alegría.) ¡Ah! Pues esto me basta. ¿Por qué no me lo dijisteis desde luego sin tanto preámbulo? Pero, ¿está usted seguro? | ||||
MÁGICO.- Va a confirmártelo inmediatamente la propia boca de don Lope. | ||||
SIMPLICIO.- ¿Inmediatamente? ¿Y cómo? | ||||
MÁGICO.- Van a encontrarse trasladados ahora mismo al lado tuyo. Adiós. | ||||
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(Se hunde el MÁGICO y salen llamas del escotillón.) | ||||
SIMPLICIO.- Que se va usted a quemar, señor mágico. ¡Cómo va rodando! Válgame Dios, ¡qué profundas son las profundidades de la tierra! | ||||
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(Truenos. Llegan como atontados de una caída DON LOPE y LAZARILLO.) | ||||
Escena IX | ||||
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DON SIMPLICIO, DON LOPE y LAZARILLO. | ||||
LOPE.- ¡Ay, ay! ¿Qué es esto, dónde estamos? ¡Ah, mi querido Simplicio! ¡Cuánto celebro encontrarle a usted! Su nueva ausencia me tenía ya con cuidado. | ||||
SIMPLICIO.- Y a mí también. | ||||
LOPE.- Estábamos temiendo que le hubiese sucedido a usted nuevo chasco. | ||||
SIMPLICIO.- Yo también. Afortunadamente no ha sido nada. Alguna que otra travesurilla de un señor mágico cortilargucho. | ||||
LOPE.- Amigo, ¡gran noticia! | ||||
SIMPLICIO.- Ya la sé. | ||||
LOPE.- ¿Cómo? | ||||
SIMPLICIO.- Sí, que están ya en poder de usted nuestros fugitivos. | ||||
LOPE.- ¿Y quién ha podido enterarle a usted? | ||||
SIMPLICIO.- El mágico. | ||||
LOPE.- ¿Qué mágico? Yo nada entiendo de lo que usted me dice. | ||||
SIMPLICIO.- No lo extraño, pues yo tampoco lo entiendo. | ||||
LOPE.- En fin, sea lo que fuere: ya no se nos pueden escapar; y le preparo al don Juanito un castigo igual a su audacia. | ||||
SIMPLICIO.- Bien hecho. | ||||
LOPE.- Quiero que Leonor no salga de la torre donde la tengo nuevamente encerrada sino para darle a usted su mano, ya que mañana, al despuntar el día, ya casados en fin el sol os vea. Leonor será de usted... yo juro... | ||||
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(Estrépito de tam tam.) | ||||
VOZ.- [Estruendosa.]29No jures, temerario Lope. No jures cumplir lo que no está en tu poder; antes bien, apresúrate a unir a don Juan con su Leonor. | ||||
SIMPLICIO.- (Con voz de falsete.) Amiguito, tarde piace. | ||||
VOZ.- Temed mi cólera. | ||||
LOPE.- Ta, ta, ta. Ya están en jaula, y me río yo de la cólera de cualquiera. | ||||
VOZ.- Tu audacia y tu incredulidad van a quedar confundidas. | ||||
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(Muda la decoración al son de una música suave.) | ||||
Escena X | ||||
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El teatro representa el palacio aéreo de CUPIDO. Éste está sentado en un trono de rosas entre DON JUAN y DOÑA LEONOR. | ||||
CUPIDO.- Y bien, ¿dudaréis aún de mi imperio y resistiréis más a mis decretos? | ||||
LOPE.- Perdona mi temeridad y cuenta con mi sumisión. | ||||
CUPIDO.- Sólo exijo de ti que hagas felices a estos dos amantes. | ||||
LOPE.- La felicidad de mi pupila era mi único anhelo. Una vez que don Juan puede asegurársela, no resisto más: unidos sean. | ||||
JUAN.- ¿Y qué dice a todo esto el noble don Simplicio Bobadilla de Majaderano y Cabeza de Buey? | ||||
SIMPLICIO.- Digo que, supuesto que Leonor no me quiere ni migaja, que don Lope la da por esposa a don Juan y que no me queda absolutamente medio ni arbitrio alguno para conseguirla, renuncio generosamente su mano y la cedo a mi favorecido rival. Me parece que me porto como caballero; y si no, que lo diga Lazarillo. | ||||
LEONOR.- Bravo, bravo, don Simplicio. Cumpliendo con lo que les ofrecí antes, quedan ustedes convidados a mis bodas. Van a dar principio los festejos; tomen ustedes asiento. | ||||
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(Una nube que se levanta recoge sentados a DON LOPE y DON SIMPLICIO.) | ||||
SIMPLICIO.- Una vez que quedamos amigos, ¿me harán ustedes el favor de explicarme quiénes son esos demás convidados tan cucos que nos rodean? | ||||
LEONOR.- Todo aquí recuerda las glorias de mi benéfico protector. Hércules hilando a los pies de Onfales; Diana y Endimión; Cibeles, Neptuno, Vulcano, Céfiro, Tritón y la Aurora; en fin, el amor dominando la tierra, el fuego, los aires, el agua, y triunfando de la fuerza, de la prudencia, de la vejez, de todo. Ya os habréis convencidos, querido tutor, y vos también, obstinado pretendiente, de que todo... todo lo vence Amor. | ||||
JUAN.- (Enseñando su talismán.) O la Pata de Cabra. | ||||
SIMPLICIO.- (Aparte.) Perdonad sus muchas faltas, etc., etc. | ||||
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(Bailete general.) | ||||
FIN