Semblanza crítica de Luis Jiménez Martos

Por Ángel L. Prieto de Paula (Universidad de Alicante)

Luis Jiménez Martos, 1956 (Fuente: Imagen cortesía de los herederos de Luis Jiménez Martos).

La promoción poética de los años cincuenta, o del medio siglo, se organizó historiográficamente en torno a dos núcleos, radicados respectivamente en Barcelona y Madrid. Cada uno de ellos presentaba ciertos rasgos de relativa homogeneidad, derivados de una formación y unas lecturas compartidas, así como de la influencia de determinadas figuras tutelares que actuaban como referentes estéticos. Esta polarización supuso la segregación -quizá involuntaria, pero efectiva- de los poetas andaluces, muchos de ellos cultivadores de un neosimbolismo en el que confluían culturalismo, sensorialidad y confesionalismo intimista. Resulta llamativa esta relegación del componente andaluz tras el extraordinario protagonismo que había tenido en la constitución de la generación del 27.

A este contexto responde la posición que ocupa Luis Jiménez Martos (Córdoba, 1926-Madrid, 2003) dentro de aquella promoción. Formado en las universidades de Sevilla y de Granada, por la que se licenció en Derecho, mantuvo desde muy temprano una estrecha conexión con los círculos literarios de las ciudades de su juventud -Córdoba, Sevilla, Granada-. En el capítulo «Sevilla, en dos tiempos» de Tientos del arca y el aire (1991), evoca a varios compañeros de aula que no tardarían en alcanzar relevancia cultural y literaria: Antonio Gala, Antonio Murciano, Aquilino Duque, Bernardo Víctor Carande, Manolo García-Viñó, Amalio García-Arias, Manuel Olivencia; es decir, casi todos de la poesía en ciernes, de los que surgió, poco después, Aljibe, Alcaraván, Ixbiliah, algunos de los papeles que, en los años cincuenta, ayudaron a que el Sur recobrara sus relumbres líricos (p. 77). El propio Jiménez Martos impulsó modestas revistas literarias, como Veleta y Arkángel.

Instalado en Madrid en 1955, logró armonizar su vocación creadora con una intensa actividad profesional en el ámbito de la poesía. Tras iniciarse en la editorial Aguilar como corrector tipográfico, asumió pronto responsabilidades de mayor alcance. Allí se hizo cargo de la Antología de poesía española, proyecto iniciado por Rafael Millán que registraba anualmente la evolución de la escritura lírica en castellano. En sus últimas entregas, ya bajo el título de Poesía hispánica, la selección amplió su horizonte para incorporar autores hispanoamericanos publicados en España, así como textos en catalán, gallego y vasco.

En 1963 sustituyó a José Luis Cano en la dirección de la colección Adonáis, tarea que desempeñó hasta su muerte en 2003. Fundada en 1943 y vinculada desde 1946 a la editorial Rialp, la colección había contribuido decisivamente, sobre todo a través del premio homónimo con sus correspondientes accésits, al descubrimiento de numerosos autores del medio siglo, entre ellos Caballero Bonald, Claudio Rodríguez, José Ángel Valente, Ángel González y María Elvira Lacaci. Cuando Jiménez Martos pasó a dirigirla, la creciente diversificación editorial había reducido la influencia hegemónica que Adonáis ejerció en sus primeras décadas, pese a lo cual continuó desempeñando un papel fundamental en la detección y promoción de nuevas voces.

Aquel año, 1963, puede tomarse también como uno de los hitos que señalan la transición entre los poetas del medio siglo y los autores más precoces del 68, que comenzaban a publicar sus primeros libros; de ese año es, por ejemplo, Mensaje del tetrarca, de Pedro Gimferrer. A partir de entonces irían dándose a conocer, a menudo a través de Adonáis, muchos nombres de la llamada por algunos «promoción del sesenta» -Antonio Hernández, Miguel Fernández, Joaquín Benito de Lucas o Ángel García López, entre otros-, todavía caracterizados por ciertos rasgos temáticos y formales del medio siglo, aunque ya abiertos a nuevas orientaciones estéticas.

Portada de «Encuentro con Ulises», Madrid, Rialp (col. Adonáis), 1969 (Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes).

Lo mismo en esta labor editorial que en otras afines, como la coordinación del Aula de Poesía del Ateneo, Luis Jiménez Martos dejó una señalada impronta cultural, hasta el punto de que su propia obra poética pareció quedar en un segundo plano. Su estreno relativamente tardío como poeta en volumen fue Por distinta luz (1963), libro de raíz elegiaca inspirado por la muerte de su padre. Todavía habrían de pasar algunos años antes de que alcanzara notoriedad lírica con su segunda entrega, Encuentro con Ulises (1969). Galardonado con el Premio Nacional de Literatura, este libro reúne varios motivos centrales de su obra: la evocación del mundo mediterráneo, el diálogo con el mito clásico y la afirmación de raíces afectivas vinculadas al Sur. En él se evidencian asimismo los rasgos más peculiares de su lenguaje: sensorialidad contenida, mesura metafórica, equilibrio entre confesión personal y referencias culturales, y una natural asimilación de la tradición clásica.

Los anteriores nudos temáticos reaparecen, con las oportunas modulaciones formales, en sus libros posteriores. La matriz elegiaca del primero encuentra continuidad en Madre de mi ceniza (1982), mientras que la dimensión mediterránea y más ampliamente marítima del segundo se prolonga en Los pasos litorales (1976). Junto a ellos cobra relieve la exploración de la memoria personal y familiar, presente en títulos como Con los ojos distantes (1970) -una recopilación antológica de poemas escritos entre 1952 y 1970-, Molino de Martos (1985) y Casida del Buen Suceso (1988), distinguido con el premio Ibn Zaydun. A estas colecciones se suman Monólogo del Río Grande (1993), soliloquio lírico atribuido a un río, y Celebraciones (1998), homenaje a autores y personajes literarios integrados en su universo vital.

En el título de su último libro, Caerse desde la tarde al rompeolas (2002), resuena el rompeolas de todas las Españas con que Antonio Machado identificó Madrid. Y no es en balde, pues el volumen reúne una serie de viñetas líricas de la ciudad de acogida, por cuyas páginas desfilan cafés, plazas, calles, escritores y ambientes que conforman el paisaje sentimental madrileño desde el que Jiménez Martos contempla retrospectivamente su personal trayectoria.

Como creador, Luis Jiménez Martos cultivó también la prosa. Buena parte de ella está constituida por los «tientos», textos que participan a la vez del esbozo lírico, del relato apenas desarrollado y de la estampa costumbrista: Tientos (1969), Tientos de la pluma y el plumero (1976), Tientos de los toros y su gente (1981) y el ya citado Tientos del arca y el aire (1991). Otros títulos son Historia de Juan Opositor (1956) y Leyendas andaluzas (1964), además del libro memorialístico Mis memorias de «Adonáis» (1996).

Luis Jiménez Martos, 1976 (Fuente: Imagen cortesía de los herederos de Luis Jiménez Martos).

Como atento observador de la poesía española contemporánea, preparó numerosos estudios, antologías y recopilaciones críticas. Sobresalen en este ámbito las antologías Nuevos poetas españoles (1961), A nova poesia espanhola (1962), Poetas del Sur (1963) y La generación poética de 1936 (1972), además de las sucesivas entregas de Antología de poesía española y Poesía hispánica. A ello deben añadirse las distintas selecciones de poesía publicada en Adonáis, tanto las de carácter panorámico como las parceladas por décadas. Es asimismo autor de Informe sobre poesía española (siglo XX) (1976). Esta actividad se amplió en prólogos y ediciones de autores como Garcilaso de la Vega, san Juan de la Cruz, Francisco de Quevedo, Gustavo Adolfo Bécquer, Gabriel y Galán, Francisco Villaespesa, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, así como en la aproximación biográfico-crítica Juan Valera (un liberal entre dos fuegos) (1973).

Todo ello permite perfilar una figura singular dentro de la literatura española de la segunda mitad del siglo XX: la de un poeta que desarrolló una obra de acento elegiaco y tono meditativo, en la que convergen la tradición andaluza, el imaginario mediterráneo y una constante indagación en la memoria personal. Al mismo tiempo, su sostenida labor como editor, antólogo y animador cultural contribuyó decisivamente a la configuración del panorama poético español de varias generaciones.